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Consejos para que Pepa y P

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Academic year: 2018

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Amortización de hipoteca, exceso de cuentas, tarjetas innecesarias...

A diario cometemos muchos disparates en la gestión de nuestro dinero. Más de

la cuenta, porque tenemos que contar lo que hacemos mal, pero también lo que

no hacemos, que es otra forma de hacer mal las cosas. En este reportaje

nos situamos en la piel de dos personajes ficticios (Pepa y Pepe) para saber

cómo podemos optimizar nuestras finanzas cotidianas y no hacer tonterías con

el dinero que tanto nos cuesta ganar.

¡Rápido, quiero

dinero!

Viendo la tele, Pepa ha encontrado la solución per-fecta para poder ir todos en verano a Eurodisney. Ha hecho caso al «¡Llama ahora!» del anuncio y ha llamado a una de esas empresas que te dan 3.000 euros en 48 horas.

–¡Cómo no se me había ocurrido antes!– se lamenta.

La opción que más le con-vence es la que le ofrece una cuota de 100 euros al mes. De esta forma tiene 42 meses para devolver el crédito. Lo que no ha queri-do oír Pepa es que el tipo de interés que pagará es

Disparates financieros

T

e presentamos a Pepe de Sastre y Pepa Cala Midad. Son un matro-monio feliz que tienen dos hijos: Paquito, el mayor, ha cumplido ocho años, y Currita, la pequeña, seis. Su vida transcurre con normalidad en casi todos los aspectos. Salvo en una cosa, que son un absoluto desastre en las cuestiones del dinero. Los dos trabajan y tienen bue-nos sueldos. Pero no consiguen poner orden en sus cuentas y, sobre todo, son incapaces de controlar los gastos y, a fin de cuentas, vivir más desahogados.

‘Tened’ en cuenta

Con lo desastres que son, no confiamos nada en que Pepe y Pepa se pongan en manos de un experto para que les ayude a cuadrar sus cuentas. Por eso, nosotros lo hemos hecho por ellos. Y, para ponérselo

Consejos para que Pepa y P

CUENTAS Y CRÉDITOS

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del 24%, al borde de la usu-ra. Cuando acabe de devol-ver el crédito, habrá pagado 4.250 euros (3.000 + 1.250 de intereses). Eurodisney les habrá salido por un pico.

Esta cuenta

no interesa

Cuando Pepa le ha contado que ya está solucionado el tema de las vacaciones, a Pepe no le ha parecido mal. Sólo le quedaba una duda: –Pero, si tenemos 3.000 euros en la cuenta, ¿por qué no pagamos el viaje con ese dinero?

–No, no podemos utilizar-lo para el viaje porque, si viene una urgencia, ¿qué hacemos?

Argumento irrefutable para Pepe. Tienen dinero sufi-ciente para pagarse el viaje en una cuenta corriente que, para más inri, no está remunerada. Los dos saben que si lo invirtieran en Bolsa o en un fondo podrí-an sacarle un dinerito muy rico. Pero las dudas les asaltan: «¿Y si la Bolsa baja y lo perdemos todo?». «¿Y si lo necesita-mos mañana mismo?».

Dinero en cuenta

– ¿Y uno de esos depósi-tos on line que ofrecen

un 10% el primer mes y luego un 3% el resto de

los meses? Además, si vamos trasladando el

dinero de un banco a otro para aprovechar el

tipo de interés del primer mes de cada banco,

podemos sacar un 10%

durante todo el año–. Pepa hace unas cábalas

cargadas de lógica. Pero Pepe no se atreve. En

la oficina ha oído que,

desde que estalló el caso

Afinsa-Fórum, el siguiente en estallar va a ser el de

alguno de estos bancos on

line. Así que, mantienen el

disparate financiero de

tener una cantidad de dine-ro en una cuenta corriente

no remunerada.

¡Cuántas cuentas!

Un día Pepe y Pepa se sen-taron a intentar poner en

orden su vida bancaria. Y descubrieron que tenían

¡12 cuentas corrientes!:

una de Pepa que le

abrie-ron sus padres cuando hizo la comunión; otra de Pepe que le abrió su padre cuan-do se fue a la mili; cuan-dos que les abrieron ellos a los niños cuando nacieron para ir ahorrando; otra de Pepa para las vacaciones, dos

e-cuentas por aquello de

operar desde Internet... –Tenemos que poner orden en todo este caos, cancelar todas las cuen-tas y quedarnos sólo con una. Dos, como mucho. Hasta hoy. Buenas intencio-nes y los mismos dispara-tes de siempre.

más fácil, les hemos elaborado un decálo-go, un top ten de lo que deben hacer y, sobre todo, lo que no hacer en el día a día con su dinero.

No te fíes de Pérez. Ni de las sirenas. A

menudo, a la hora de tomar una decisión que tenga que ver con nuestro dinero sole-mos dejarnos llevar por Pérez. Pérez puede ser cualquiera: tu compañero de oficina; la vecina del quinto, cuyo hijo trabaja en una caja de ahorros, o el propio director de sucursal bancaria que, presionado para colocar este o aquel fondo, no tiene repa-ros en intentar colártelo.

Pues no. No hagas caso a quien no debes: sólo a los profesionales de verdad. Y no tomes tú solo las decisiones de inversión ni te dejes llevar por cantos de sirena de valores que se disparan en Bolsa al calor de quién sabe qué razones y que no son otra cosa que atrapa-incautos.

No tengas lo que no necesitas. “La

mayo-ría tenemos varias cuentas, que a veces ni

siquiera miramos, y un montón de tarje-tas, que realmente no necesitamos. Inclu-so tienes créditos que perfectamente podrías estar ahorrándote. Todo esto son gastos, muchos euros al año en comisio-nes. Y, sobre todo, un descontrol que te im-pide estar al tanto de los cargos y llevar tus cuentas a rajatabla”, comenta José Antonio Almoguera,director general de la firma de asesoría Megaconsulting.

No te quedes deudor. A menudo, lo que

hace que tengas muchas cuentas y mu-chas tarjetas es que, en el descontrol, ten-gas a cero aquella en la que te van a pasar un cargo. Y eso hace que te quedes en nú-meros rojos, que es el mejor negocio para un banco porque inmediatamente te apli-can intereses mucho más altos. “Si te que-das deudor con la tarjeta, la broma te puede costar un 20% o un 30%. Y si te quedas con la hipoteca, te pueden quitar un ojo de la cara”, comenta Almoguera.

Cuidado con las comisiones. Los bancos

te cobran por todo, hasta por la carta que te mandan para informarte de los movi-mientos de tu cuenta o de este o aquel cargo o ingreso. Por eso recibes tantas cartas de tu banco, no por otra cosa. En tus manos está evitar que el banco viva de tus comisiones. Y, si no puedes evitarlo, reducirlo. Elige aquellas entidades que cobran menos o no cobran, reduce tus cuentas y tarjetas y, sobre todo, reclama aquellas que te parecen injustas o abusi-vas. Reclamar con la amenaza de irte a otro banco da resultado.

No confundas los meses con los años. No

es una perogrullada. A menudo, las entida-des financieras camuflan el interés anual en el mensual y y te dicen que te cobran un 1,15% cuando en realidad te están cobrando un 14,71%. Es decir, el 1,15% es el tipo mensual, pero lo que debes mirar es la TAE, la Tasa Anual Equivalente que, como su propio nombre indica, es anual y equivale a un 14,71%.

epa y Pepe puedan sacar partido a su dinero

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Esto ocurre sobre todo con las tarjetas de crédito, a la hora de fraccionar el pago. Por ejemplo, 100 euros al mes. Es lo que muchos bancos llaman la tarifa plana: todos los meses pagas 100 euros, aunque en realidad, amortizas 97,2 euros y los otros 2,68 euros son intereses: 1,15%, que es, efectivamente, un 14,71% al año.

Cuidado con los créditos

Muchas entidades de crédito inmediato utilizan el señuelo de la inmediatez. Desde el «¡Llama ahora!« hasta eso de «¡En menos de 48 horas tendrás el dinero en tu cuen-ta!». Eso, para empezar, casi nunca es así, ni tan fácil ni tan rápido.

No tengas prisa. “Si haces las cosas con

calma y no te dejas llevar por los anuncios, te ahorrarás muchísimo dinero porque en tu banco puedes conseguir el mismo dinero a un tipo de interés del 8%. Mien-tras que la empresa de crédito rápido te va a cobrar un 24%. Si no más”, comenta

Manuel Pardos,presidente de Adicae.

Echa la cuenta al revés. El reclamo de las

empresas que se dedican a la reunificación de deudas es que puedes reducir a la mitad lo que pagas al mes por tus créditos y préstamos. Eso es sólo una verdad a medias, porque al final, pagarás mucho más porque al alargar la vida de tus deu-das los intereses se disparan.

No te hipoteques por un coche. Reunificar

deudas significa meter todo lo que has comprado a crédito bajo el paraguas de tu casa. Es decir: incluir en la hipoteca el crédito del coche, el del televisor de plas-ma y lo que compraste con la tarjeta de crédito. Piensa que lo que estás haciendo es utilizar tu casa como garantía de pago. Antes, si no pagabas el crédito del coche, el banco podía embargártelo. Ahora, si no pagas la cuota irán contra tu vivienda.

Gestiona bien tus inversiones

Sólo lo que te sobra. “Debes invertir sólo el

dinero que te sobra y hacerlo en función de tu perfil de riesgo”, aconseja Almogue-ra. “No puedes caer en riesgos que no puedes asumir. Por tanto, no debes inver-tir en productos que no son de tu perfil. Sería una irresponsabilidad que una per-sona que está a punto de jubilarse invirtie-ra en fondos emergentes o en hedge funds. Pues lo mismo para todos”, advierte

Invierte en Bolsa

sólo lo que te sobra

y hazlo según

tu perfil de riesgo

Pepe ha oído en la radio que, si reunifica todos sus crédi-tos, una familia puede reducir su cuota mensual ¡a la mitad! De 1.200 a 600 euros. Ellos suman cuotas por el piso (687 euros), el nuevo Audi (360), créditos varios y las tar-jetas. Total: 1.512 euros al mes que se pueden quedar –les han dicho en la empresa de reunificación de deudas-en ¡707 euros al mes! La reunificación consiste en abrir una nueva hipoteca por un importe mayor y cancelar todos los préstamos y

crédi-tos para, así, unificarlos en

uno solo. Tiene dos ventajas: la primera es que te financias más barato: ahora, en torno al 4,5%, que es el tipo de in-terés de los préstamos hipo-tecarios. La otra es sólo una ilusión: pagas menos al mes (incluso la mitad), pero duran-te 30 años o más. Al final, pa-gas mucho más.

En el ejemplo de Pepe y Pe-pa, por todos los bienes

fi-nanciados, cuando lo paguen

todo, habrán pagado de inte-reses 82.432 euros. Reunifi-cando deudas, al final de los 30 años pagarán 76.000 eu-ros más ¡sólo en intereses! Por meses, significa ¡211 eu-ros más al mes!

Además, la reunificación re-quiere cancelar los présta-mos anteriores. Para el ejem-plo de Pepe y Pepa, eso su-pone en comisiones casi

HIPOTECA

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1.700 euros. Los gastos de apertura de una nueva hipo-teca sumarían 4.000 euros. Además, hay que pagar la comisión al intermediario. La comisión media se aproxima a los 7.000 euros. Total: 12.700 euros.

¿Quitarse peso?

Pepe y Pepa han descartado la opción de la reunificación y han decidido que la única forma de vivir más desahoga-dos es quitarse cuanto antes la hipoteca y los créditos. Así que ahora todo lo que aho-rran lo dedican a

amortiza-ciones anticipadas de la hipo-teca. Este año han consegui-do ahorrar ¡11.256 euros! ¡De nuevo, error! Por la hipo-teca pagáis un tipo de interés del 4,5%. Por ese dinero, bien invertido por profesionales, podéis sacar una rentabilidad mayor. Pero si realmente queréis hacer amortizaciones anticipadas, lo que paguéis de hipoteca cada año, inclui-das las letras mensuales ¡no debe superar los 9.015,18 euros al año! Sólo por esa cantidad os podéis deducir el 15% en vuestra Declaración de la Renta. Si no queréis

invertir el resto, podéis aho-rrarlo en un plan de pensio-nes, que también desgrava.

¿Una casa en Japón?

Pérez, el director de la sucur-sal de su banco, le ha conta-do a Pepe que hay una op-ción interesante para ahorrar en la hipoteca: cancelar su préstamo hipotecario y abrir uno nuevo en divisas para pagar la hipoteca en yenes. A él todo le ha sonado a chino, o a japonés, y le ha dicho que no. Pero si hubiera echado números, comprobaría que se estaría ahorrando dinero.

La hipoteca en divisas con-siste en beneficiarse de los bajos tipos de interés de otro país pero... hay que pagar la hipoteca en su divisa. La opción más habitual es abrir-la en yenes porque en Japón es donde más bajos están los tipos: en el 0,50%. A eso hay que sumarle un diferencial, que está en torno al 1,5%. En total, un 2%. Es decir, menos de la mitad de tipo de interés que pagamos en la zona eu-ro. Pero esta fórmula tiene riesgos. El primero, como aquí, es que suban los tipos. El segundo, y más

importan-te, es el tipo de cambio. Para pagar en yenes, hay que cambiar cada mes nuestros euros en yenes. El problema es que el cambio euro-yen no es fijo; varía a diario, aun-que mínimamente. Ahora, con un euro podemos com-prar 160 yenes. Pero si la divisa nipona se aprecia a, por ejemplo, 130 yenes, el negocio ya no será tan redondo. Al tratarse de una hipoteca multidivisas, siem-pre queda la opción de cam-biar, por ejemplo, a francos suizos, que es la moneda más estable del mundo. Pepe tiene visas de todos los

colores: platino, oro, plata, bronce... Las lleva como quien se cuelga una medalla. Pero lo que nunca ha hecho es sumar lo que le cuesta su colección de tarjetas. Es ab-surdo tener más de una tar-jeta de crédito. Ni siquiera aunque vayas a viajar al ex-tranjero. Como mucho, un par por aquello de no que-darte colgado en momentos de necesidad. Y un consejo: mejor visas vinculadas a em-presas. Al menos, puedes conseguir descuentos en ga-solina o puntos para viajar.

Tarifa plana

Pepa también tira de tarjeta con agilidad. Pero ahora ha

descubierto una forma de controlar los cargos mensua-les de la tarjeta: la tarifa pla-na. Gaste lo que gaste, y has-ta que se le agote el crédito, sólo paga 100 euros al mes porque ella eligió esa opción que le dio el banco. Por pagar 100 euros al mes paga, sin embargo, un 14,7% al año. Es decir, de cada 100 euros, realmente está amor-tizando 97,3. Los otros 2,7 euros son de intereses. Pecata minuta sí, pero suma.

Pagar en efectivo

Aunque tiene muchas tarje-tas de crédito, Pepe no acaba de fiarse del dinero de plástico. Por eso, lo que hace muchas veces es bajar

al cajero automático que hay en su empresa y sacar dinero con la tarjera de cré-dito para luego pagar en efectivo. Lo que no sabe es que por esa operación le cobran una comisión muy elevada, aunque varía según el sistema de pago. Mien-tras que pagar con tarjeta en la tienda o en el restau-rante no tiene comisión porque se la cargan al comercio.

Caer en las redes

Tampoco caen en la cuenta, ni Pepa ni Pepe, de que cada vez que sacan dinero con su tarjeta de débito en un cajero automático que no pertenece a la red a la

que está adscrita la tarjeta (Servired, 4B o Red 6000) les cobran comisión. Y ahora, la moda es que te

cobren comisión si sacas dinero en otros cajeros que no sean de tu banco, aun-que sean de la misma red.

¿TU HIPOTECA ES SUIZA O JAPONESA?

TARJETAS

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Acciones como

de la familia

Pepa y Pepe tienen unas acciones de Tele-fónica. Las compraron en 1999, cuando coti-zaban casi al doble que ahora. Y siguen esperando a que re-cuperen aquellos pre-cios para venderlas y rescatar así los 12.000 euros que invirtieron. El apego a la inversión es algo recurrente. Lo que no tiene en cuen-ta Pepe es el coste de oportunidad: lo que ha dejado de ganar si hubiera asumido esa pérdida e invertido ese dinero en uno de los muchos valores que, en todo este tiempo, se ha revalorizado un 100% o un 200%.

Me lo dijo Pérez

Pepe y Pepa, con dolor de corazón, han vendi-do sus telefónicas y han recuperado los 7.000 euros que les quedaban. Ahora están pensando dónde inver-tirlo. A Pepe le ha dicho Pérez, el director de su sucursal, que lo invierta en no sé qué empresa, que va a salir a Bolsa y que va a ser un pelotazo. Pepe le cuenta a Pepa: –Le he hecho caso a medias y sólo hemos

invertido la mitad. La otra mitad vamos a invertirla en no sé qué otra empresa que me ha dicho Suárez, el del equipo de futbito. Dice que es el pelotazo del año en Bolsa.

¿Cuánto puedes

perder?

Pepe y Pepa van este domingo a una barba-coa benéfica del cole-gio de Currita. Allí han coincidido con la mamá de Claudia, la mejor amiga de su hija, que trabaja en el departamento de inversión de un gran banco americano. Y ha salido el tema de cómo está la Bolsa. –¿Cuánto dinero podéis perder?– les ha preguntado la madre de Claudia A Pepe y Pepa la pre-gunta le ha descoloca-do por completo. –Lo primero que tenéis que hacer si queréis entrar en Bolsa es determinar qué tipo de inverso-res sois, invertir sólo el dinero que os sobre y saber de antemano cuánto estáis dispuestos a perder– les aconseja. –¡Cómo! No estamos dispuestos a perder

nada. Si invertimos en Bolsa es para ganar– contestan Pepa y Pepe un tanto airados. Con esa máxima, sus incursio-nes bursátiles han sido apuestas; nunca estrategias de inver-sión aconsejadas por un experto. El resulta-do es que casi siem-pre la han pifiado.

Invertir

con retrovisor

Finalmente, las corna-das bursátiles les han hecho convencerse de que eso de la Bolsa es complicado y que, si no te dejas asesorar, lo normal es salir escaldado. Por eso, han decidido invertir

en fondos de inversión gestionados gente que sabe y olvidarse. Ahora falta saber en qué fondo invertir. Como ya no se fía ni de los Pérez ni de los López, Pepe ha decidi-do mirar en el periódi-co qué fondo ha sido el que más ha subido y meter ahí el poco dinero que aún les queda. Es lo que se llama “invertir con el retrovisor”, sin tener en cuenta que renta-bilidades pasadas no garantizan rentabilida-des futuras. Tampoco ha tenido en cuenta que lo mejor es repar-tir el dinero y no invertirlo todo en la misma cesta.

EN LA BOLSA NO SE APUESTA, SE INVIERTE

BOLSA

A estas alturas ya debe haberte quedado bastante claro que Pepe y Pepa no son precisamente un ejemplo a imitar en cuestio-nes financieras. Quizás no haya en toda la urbanización, ni en toda la ciudad, una pareja que cometa tantos disparates con su dinero. Pero lo que no se les puede negar es arrojo; osadía que, generalmente, no es más que fruto de la ignorancia. Su cartera de inversión es otro disparate que se debe evitar.

No te dejes llevar

por los consejos

de amigos, familia,

compañeros...

Juan Luis García-Alejo,director de Análisis y Gestión de Inversis Banco.

Tú también eres Hacienda. No dejes que

tu dinero se lo lleve Hacienda: sólo lo justo y cuanto menos, mejor. Sin trampas, claro. “Uno de los disparates más habituales que cometemos es una mala gestión fiscal. Nos centramos en la parte financiera y descui-damos la fiscal. Luego llega Hacienda y reclama lo suyo”, advierte García-Alejo.

“La optimización de la factura fiscal es clave. Hay muchas fórmulas, desde apor-taciones a un plan de pensiones hasta amortizar préstamo hipotecario o buscar el mejor momento para realizar una plus-valía o una minusplus-valía. Quien no se dedi-ca al tema fisdedi-cal no tiene por qué conocerlas todas, pero para eso están los profesionales”, dice Almoguera.

Luis M. Lianes Ilustr

aciones:

Diego Blanco

Referencias

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