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PERIODISTAS SEDUCIDOS POR EL PODER, UN RELATO A TRES VOCES
AUTORES
DINA PAOLA HERNÁNDEZ CARAZO
TRABAJO DE GRADO PARA OPTAR EL TÍTULO DE COMUNICADOR(A) SOCIAL
CAMPO PROFESIONAL PERIODISMO
DIRECTOR
NELSON CASTELLANOS
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y LENGUAJE
COMUNICACIÓN SOCIAL
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ARTÍCULO 23
DE LA RESOLUCIÓN No. 13 DE JUNIO DE 1946
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Agradecimientos
Agradezco a Dios quien me dio de su gracia frente a los entrevistados para que se sinceraran y hablaran de sus secretos periodísticos sin el menor de los miedos. A mi familia, por su apoyo
constante en cada proceso y por creer que este trabajo es el comienzo de otras muchas y valiosas investigaciones. Finalmente, un agradecimiento especial a cada una de las personas que
dieron con amor de su tiempo y de sus recursos para el desarrollo de esta investigación.
Dedicatoria
Dedico este trabajo a todos aquellos colegas periodistas que creen en la independencia como única vía para la creación de una conciencia colectiva que sirva, sin tapujos, a la sociedad
4 ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ... 4
Capítulo I ... 7
ENTRE EL PERIODISMO Y LA POLÍTICA: LA RELACIÓN DE DOS EJERCICIOS ... 7
El abrebocas ... 7
El escenario político-periodístico en América Latina ... 8
Una aproximación histórica: Un acercamiento a los origenes de profesiones siamesas ... 10
La delgada línea divisoria ... 12
La labor periodística: El resultado de un carácter intelectual ... 20
La pasión por escribir sin un centavo ... 21
El común acuerdo periodístico a mediados del siglo XIX y el siglo XX ... 22
Capítulo II ... 27
RICARDO GALÁN. UNA APUESTA GANADORA: EL AZAR DE CAER ENREDADO CON EL PODER ... 27
Capítulo III ... 60
MIKE FORERO NOUGUES. CAMARADERÍA DE DOLBE FILO: LA TENTACIÓN DE PASAR DE PERIODISTA A PARTIDARIO ... 60
Capítulo IV ... 71
RODRIGO PARDO. EL PRECIO DE ELEGIR LA VOCACIÓN INCORRECTA ... 71
Capítulo V ... 76
LA VOZ DE LOS EXPERTOS... 76
Javier Darío Restrepo ... 76 Un poco de su vida ... 76 Un ojo crítico a la puerta giratoria... 77 El papel del a ética en la conciencia periodística ... 87
Entre anécdotras ... 88
María Teresa Herrán ... 90
Un poco de su vida ... 90
Su panorama periodístico ... 94
Hablando de ética ... 97
CONCLUSIONES ... 100
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INTRODUCCIÓN
La vinculación de periodistas al ámbito político como funcionarios públicos no solo genera inquietud a nivel profesional sino también a nivel social, dicho tránsito merece ser analizado desde una mirada crítica a través de la experiencia real de quienes han pasado por él; es por esto que dicho fenómeno es el motivo de construcción de esta tesis.
Dentro del tema a tratar surgen los siguientes interrogantes: ¿Se ve afectada la independencia periodística cuando el periodista cede frente al poder político? Y ¿Cuáles son las razones que impulsan a un periodista a atravesar la llamada “puerta giratoria”?.
Para responder a estas inquietudes recurriremos al formato entrevista para mostrar la experiencia de tres reconocidos periodistas colombianos que han ejercido de manera alternada y/o simultánea cargos públicos. Una pequeña muestra que reflejará la situación tangible del periodismo colombiano.
Mike Forero Nougues quien se ha desempeñado en el campo periodístico como cronista deportivo, redactor de los periódicos El Gráfico, El Siglo y de El Espectador, y en el campo político como director de Coldeportes en el gobierno de Julio César Turbay; Ricardo Galán, ex subdirector del noticiero CMI y actual director general del medio digital Libreta de Apuntes, quien desempeñó el cargo de secretario de información y prensa de Presidencia durante el gobierno de Álvaro Uribe; y Rodrigo Pardo, ex director de la revista Cambio, redactor en la revista Semana, El Tiempo y El Espectador y actual director de noticias RCN y en el ámbito político como canciller y embajador de Colombia en Venezuela durante el gobierno de César Gaviria, fueron los elegidos para mostrarnos desde su experiencia, cómo maniobraron en ambos campos y cuáles son las conclusiones de su paso por el poder.
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Ambos expondrán su postura frente al desarrollo de periodistas en el campo político y el impacto que genera en el periodismo colombiano dicho tránsito. Junto a ellos, veremos los pros y contras de dicha relación en miras a dar a los lectores de esta investigación, un panorama claro respecto al tema a tratar.
Es necesario aclarar que en un primer proyecto se consideró la posibilidad de hacer entrevistas a 15 personajes que fueran ejemplo del tránsito de periodistas al sector público, sin embargo, por ser un número extenso y dado a la complejidad para encontrar a tal número de personas, se decidió reducir la búsqueda a solo tres personajes. De forma similar sucedió con los líderes de opinión respecto al caso y concluimos con solo dos opiniones críticas del tema.
7 Capítulo I
ENTRE EL PERIODISMO Y LA POLÍTICA: LA RELACIÓN DE DOS EJERCICIOS El objetivo de este capítulo consiste en hacer una aproximación histórica de la relación entre el periodismo y la política en Colombia, para identificar al periodista como un sujeto “intelectual”, con capacidades distintas a las del sujeto que ejerce el poder político. Además, describiremos el origen de la prensa escrita como un momento clave para reconocer la influencia que ha ejercido la política en la configuración del ejercicio periodístico colombiano; y en qué momentos históricos se puede evidenciar una parcial desvinculación entre ambos oficios.
En la primera parte del capítulo titulada “El escenario político-periodístico en América Latina” daremos un ejemplo de cómo se evidencia en América Latina este fenómeno y cuál ha sido su impacto en materia periodística, señalando algunos casos particulares para generar una aproximación al caso colombiano. En la segunda parte “Un acercamiento a los orígenes de profesiones siamesas” se involucrarán distintos momentos históricos que dan cuenta de la formación, desarrollo y conclusiones de la relación entre el periodismo y la política teniendo en cuenta la definición conceptual de las mismas. En el tercer apartado llamado “La delgada línea divisoria” mostraremos la cercanía y las disparidades entre ambos ejercicios, y cuáles son, tanto las ventajas como las desventajas de dicha relación.
El siguiente subtitulo “La labor periodística: el resultado de un carácter intelectual” abordará el rol del periodista dentro de la sociedad como un sujeto con capacidad para definir la realidad a partir de las representaciones que se encuentran en la misma; de allí su valor para ser involucrado en situaciones de carácter político. En el subtítulo “La pasión por escribir sin un centavo”abarcaremos uno de los motivos más importantes para que se genere de forma más repetitiva casos de periodistas vinculados al poder político como funcionarios públicos.
Finalmente en “El común acuerdo periodístico a mediados del siglo XIX y el siglo XX” se abordarán los diferentes códigos éticos relacionados con la independencia del periodista y cuál ha sido la postura del periodismo mundial frente a dicho tema.
El abrebocas
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conocido como la puerta giratoria que obliga a mirar la naturaleza de dos oficios, similar y distinta al mismo tiempo.
Existe en el periodismo una fascinación que lo hace deseable para todos, especialmente para quienes hacen de la política su forma de vida. Si en dicha relación resultara perjudicado el periodismo, entonces es necesario una comprensión más profunda del problema debido a que, junto a éste están atados como hijas (a decir verdad, casi pródigas) la verdad y la independencia. ¿Es por sí mismo que decide pelear el periodismo? Ciertamente no. Existe un valor, un sujeto que trasciende la razón de ser periodística: su público.
En Colombia, muchas veces el periodismo termina rindiéndose al poder político y por ello es necesario descubrir qué motiva a los periodistas a renunciar a su olfato de perro sabueso, acostumbrado a desenmascarar las artimañas del poder, para terminar involucrándose con lo que persigue. En este sentido, conviene indagar dichas motivaciones que rozan con aspectos éticos, proyectos de vida, motivaciones personales y muy específicamente, a la concepción del oficio periodístico.
El escenario político-periodístico en América Latina
El panorama del periodismo en América Latina es hoy en día algo complejo. La existencia de grupos económicos que controlan los medios de comunicación y la presión de sus dueños, en su mayoría pertenecientes a poderosas familias con trayectoria política, promueven la decadencia del oficio, limitando la exposición de temas “vedados”.
Como resultado, encontramos una opinión pública pobremente informada y con poca oferta para elegir, una opinión que se mantiene al margen de las decisiones a tomar y que por ende no participa de forma activa en el debate público. Además de esto, se restringe la pluralidad y se establecen monopolios configurados como grandes monstruos que usan al periodismo para llegar a su fin, fenómeno que hace cada vez más difícil la rendición de cuentas hacia la opinión pública y la fiscalización hacia los medios de comunicación.
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promover la justicia social y contribuir con la formación de la ciudadanía”1 anuncio que realmente condena al silenciamiento de quienes usan el espectro electromagnético, la radio, la televisión y cualquier otro medio de opinión pública bajo la sutil mordaza de “responsabilidad social”.
Daremos ahora un pequeño ejemplo de cómo debería funcionar el ejercicio periodístico. En el año 2000, el presidente peruano Alberto Fujimori constituyó una fábrica especializada de falsificación de firmas para acceder nuevamente al poder, hasta que este acto delictivo fue denunciado por el periódico El Comercio de Perú en una investigación en la que se mostraron pruebas y se presentaron testigos de la falsificación. No sobra esclarecer que la persecución hacia el periódico El Comercio fue inmediata a través de una multa multimillonaria.
Situaciones como estas, en las que el periodismo cumple con su papel de “perro guardián de la democracia”, son ejemplos de cómo debería desempeñarse la labor periodística en casos en los que se ve amenazada la libertad de expresión y el deber de informar a las audiencias. Es por esto que en los últimos años, este oficio ha adoptado un carácter trascendental, tanto en lo social como en lo político, batallando contra plataformas de fuerte oposición, lideradas por los diferentes gobiernos.
La relación de dependencia y conveniencia a la vez entre un periodismo cercano al poder y a gobiernos autoritarios, genera recelos sociales que permean la consolidación de una opinión pública fuerte, imposibilitan que los lectores logre generar una visión crítica del gobierno y hace “tragar entero” informaciones que pueden no ser ciertas. La independencia, más que un hermoso eslogan, es una de las razones de ser del periodismo, es un canon que posibilita la credibilidad ciudadana, la denuncia y la integridad del oficio.
Ahora bien, la independencia desencadena otro tipo de categorías necesarias y útiles para generar una comprensión vasta del tema. A continuación daremos algunas definiciones sobre las cuales gira este escrito para que, una vez expuestas, el lector reconozca cual es nuestra visión de las mismas. De igual manera, serán fundamentales al momento de realizar las entrevistas con los periodistas, con el fin de identificar en cada uno de los entrevistados su respectiva posición frente al tema para luego proponer una mirada comparativa.
Independencia: Es la capacidad crítica que tiene el periodista sin presiones ni prebendas que limiten su ejercicio, ya sea dentro del mismo medio o fuera de él. Es un valor ajeno a los
1“Ley RESORTE” (2004) [en línea], disponible en: http://www.leyresorte.gob.ve/leyresorte/100
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miedos, intereses, y sentimientos propios del periodista o a la presión del medio para quien trabaja. 2
Opinión pública: La opinión pública se configura como una construcción cultural que establece a cada momento el grado de respaldo popular del gobierno, la cuota de legitimidad 3 . Para Habermas, la opinión pública se concibe como “La notoriedad pública representativa o divulgada, de personas e instituciones y los bienes de consumo.4
Poder: Puede entenderse, desde la definición de Norberto Bobbio como la relación entre sujetos integrados a partir de ciertos medios por los cuales, unos individuos ejercen dominio sobre otros para conseguir alguna ventaja o ciertos efectos deseados. 5
Credibilidad: Es la confianza que se tiene hacia el medio de comunicación o hacia el periodista que ofrece la información. Depende en gran media de la opinión pública y del grado de certeza que se tiene de lo que se presenta. 6
Una aproximación histórica: Un acercamiento a los orígenes de profesiones siamesas “Los primeros periódicos en Colombia tuvieron un vientre político” es la primera de las consideraciones imprescindibles para hacer de Colombia, un caso particular.
El principio “El periodismo es el agente fiscalizador del poder” no hizo historia en las imprentas colombianas. La única forma de fiscalización que se generó en Colombia y que motivó al periodismo fue la realizada entre partidos políticos durante el siglo XIX, en donde los diferentes tintes partidistas se dedicaron a vigilar con ahínco las actividades de sus oponentes políticos.
Es entonces cuando surgió la pregunta ¿Es el periodista, político? Quizás en este momento es oportuno, a propósito del dilema a tratar, citar a la escritora Mariluz Vallejo cuando dice en su libro A plomo herido lo siguiente: “… habría entonces que despejar el viejo interrogante acerca de la verdadera vocación de los hombres de prensa: sin son escritores o políticos
2Restrepo, J.D. (2012,01 de marzo), entrevistado por Hernández, D., Bogotá.
3Ortega, F. y Humanes, M. (2000) Algo más que periodistas. Sociología de una profesión, Barcelona,
Ariel, p.p 74
4Habermas, J. Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública,
(1986) México y Barcelona, Gustavo Gili.
5Bobbio, N. “Política”. En Diccionario De Política. 12ª edición Vol 2, (2000), México, Siglo XXI.
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extraviados en el trajín de la información. Lo cierto es que los grandes escritores del siglo XX alternaban con igual destreza los cargos de jefe de redacción, con sus curules y con las letras mayores sin experimentar el menor síntoma de confusión o pérdida de identidad, y sin que los lectores cuestionaran el obvio conflicto de intereses”7
Y luego complementa diciendo que, por cuestiones propias del crítico periodo en el que escritores, novelistas y poetas se ubicaron, optaron por usar los periódicos para ser escuchados, sabiendo que, sin duda, serían acogidos con el mayor de los gustos por los ciudadanos lectores.
Porque parece como si el ser periodista dotara al sujeto de una cierta capacidad inexplicable que le permite ser polifacético y medírsele a cualquier otro oficio, profesión y labor, especialmente las relacionadas con lo social, en las que se involucren los fenómenos reales, en donde trasciende el hecho de ser individuos con necesidad de ser escuchados, leídos y hasta gobernados. Es en este escenario donde los periodistas optaron por ser políticos a la vez.
Desde sus orígenes, muy especialmente cuando el periodismo tocó las puertas de nuestro país, la realidad estuvo llena de circunstancias razonables que unieron como hermanos siameses al periodismo y a la política. Como bien se mencionó anteriormente, no era complicado hacer de los periodistas, individuos que con facilidad subían a un escenario a conseguir seguidores, ya sea para su partido político o como lectores para sus propios periódicos.
Más que periodistas, eran sabelotodos destacados en todo tipo de labores. Esta denominación los hizo ser lo que son hoy día, y aún más a adquirir un plus superior, el de “intelectuales”. Juan B, Pérez y Soto, Carlos Martínez Silva, Fidel Cano, Rafael Uribe Uribe, Carlos Arturo Torres, Enrique Olaya Herrera, Ricardo Tirado Macías, Laureano Gómez, Silvio Villegas, Eduardo y Enrique Santos, José Mar, Abelardo Forero Benavides, Alberto y Felipe Lleras Camargo, Belisario Betancur, Darío Samper, Alberto Zalamea Borda, Gilberto Vieira, y Consuelo de Montejo8, son solo algunos de los personajes que, debido a su influencia en medios impresos saltaron a plataformas políticas como parlamentarios.
No es exagerado decir que la voz escrita de un periodista en las páginas de un periódico, pesaba igual o más que la de los mismos agentes del poder; era por esto que las agremiaciones entre estos dos oficios fueron el pan de cada día. Un ejemplo de este fenómeno fueron las llamadas generaciones de literatos durante la generación del Centenario que representaron una punta de lanza para el Estado y se convirtieron en la mano derecha del mismo; escritores como Eduardo
7Vallejo, M. (2006), A plomo herido: una crónica del periodismo en Colombia, Bogotá, Planeta
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Santos, Alfonso Villegas Restrepo, Luís Eduardo Nieto, Ismael Arciniega entre otros muchos, se trasladaron al escenario del congreso y fueron ellos mismos los que inauguraron la paz después de la guerra de los Mil Días.9
Tal era la camaradería que durante el año de 1900 los centenaristas se aliaron a los nuevos escritores para bajar del poder al dictador Rafael Reyes, luego atacaron los gobiernos de Marco Fidel Suárez, Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía Méndez, lo cual repercutió de manera notable en las decisiones políticas y en la opinión pública del momento.
Los periodistas mostraron sin tapujos su posición política en las columnas que escribían, mucho más por la tendencia partidista de esta época. Si eran conservadores o liberales era un asunto que dejaban bien en claro en los periódicos; ni los lectores ni los colegas del oficio criticaban la falta de imparcialidad porque lo correcto era profesar un credo político.
Para dar solo un ejemplo, encontramos el caso del periódico El Espectador. En su primera edición convenció a sus lectores de poder ser un medio desinteresado y capaz de plasmar dentro de sus páginas la lucha partidista, pero no fue así. Bajo el lema “Noticias fidedignas, abundantes y recientes” se escurrió la más feroz devoción por la defensa del liberalismo en el periodo de la Regeneración.
Y El Espectador no fue el único, ya que en general, la prensa era considerada un verdadero vehículo político para avivar asperezas y atraer seguidores.
La vinculación entre el periodismo y la política era tal, que en situaciones de tensión gubernamental como la separación de Panamá en 1903, la guerra contra Perú en 1932, el ascenso del General Rojas Pinilla y su caída en el 1957, los periódicos, tanto liberales como conservadores, se aliaron para un objetivo en común, ya fuera para ir en contra o a favor de estos sucesos.
La delgada línea divisoria
Para dar una respuesta a lo que definimos como “embrollo” daremos las aproximaciones básicas para esclarecer lo que consideramos como política y periodismo, en un acercamiento a su origen no sólo gramatical sino también consensual.
Sin duda, los conflictos latentes y manifiestos entre la relación de lo político con lo periodístico, ha revelado que el impacto en cualquiera de los dos campos, repercute de manera directa en el
9Vallejo, M. (2006), A plomo herido: una crónica del periodismo en Colombia, Bogotá, Planeta
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otro, por las relaciones de interdependencia entre ambos. Para dicha compresión es necesario reconocer de antemano cuáles son los conceptos latentes que se involucran en ambos campos y que esbozan las señaladas interacciones, en miras de establecer posibles o remotas conexiones.
La tendencia a ser político y periodista a la vez, o por lo menos haber versado sobre ambos campos tiene su razón de ser en lo que para Félix Ortega podría llamarse la Teoría de la Representación. “Creerse social y políticamente representativo tiene al menos dos significados. La primera que el liderazgo de la opinión reside principalmente en la profesión periodística (…) gobernar la opinión es competencia periodística no solo legítima sino preferente y que por ello quien aspire a influir en tal opinión ha de necesitar el respaldo del legitimador de la profesión” 10
Llegar a decir que el periodista depende de manera directa de los políticos puede ser más equivocado que decir que los políticos dependen de los periodistas. Es decir, la representatividad antes mencionada tiene un nicho mucho más fuerte en las salas de redacción, en los periódicos, en la Web y en los diferentes medios de comunicación que en los despachos del poder. Son los políticos quienes necesitan ser mostrados para venderse, mientras que los periodistas ya son. En este sentido, son los políticos quienes requieren estar rodeados de cámaras y reflectores para garantizar que sus palabras serán conocidas por la opinión pública, tanto así, que es posible medir el nivel de acogida pública por la cantidad de periodistas que estén a su alrededor.
Ahora bien, el fenómeno es de parte y parte. En Colombia, y en general en la mayoría de los principales medios del mundo, se presenta una notable preferencia por las noticias políticas antes que por las sociales; las secciones políticas son más amplias, ocupan los primeros puestos, llevan el mayor número de cuartillas y se ubican en las portadas. Esto tiene su razón de ser, ya que son precisamente las noticias políticas quienes impactan a una mayor población, ya sea por una nueva reforma, la creación de una política pública o cualquiera de las determinaciones ligadas con las leyes de un país. Sin embargo, esta tendencia genera una mayor empatía con el poder y permite además, una mayor proximidad con los “poderosos”. Los periodistas tienen algo muy en claro: Ellos no solo están para influir en los políticos sino que además desean
10Ortega, F. y Humanes, M. (2000), Algo más que periodistas. Sociología de una profesión,
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lograr un poder autónomo que los haga indispensables para ellos, a tal punto de llegar a ser necesitados para asegurar su permanencia en el poder. 11
Otra de las muchas características que conservan estos periodistas es la relacionada con su posición política, ya que aparentemente no desean ser parte de ningún bando político y en la mayoría de los casos no tienen un tinte o afinidad política para así ser llamados “Periodistas del mundo” es decir, aquellos que no se arraigan a una sola clase política sino al poder en general, con el cual sí tienen toda afinidad.
Entre el periodista y el político existe algo en común: lo público. El reportero, escritor, redactor o cualquier sujeto periodístico hacen de todo lo que producen un objeto encaminado a lo público y al servicio de lo social para ser conocido por todos. De allí que los políticos los prefieran sobre cualquier otra profesión. Como el periodista y su producto son conocidos por toda la sociedad, entonces se convierten en un buen medio para el reconocimiento y para ganar mayor cantidad de seguidores políticos. Para este caso mencionemos a Weber cuando dice: “La carrera periodística sigue siendo una de las más importantes vías para la profesionalización política” 12
Se debe entender entonces que la Teoría de la Representación deja en claro que ambos oficios se necesitan debido a su carácter público, en donde tanto el político como el periodista, representan de manera similar a la sociedad; sin embargo, mientras el político la representa por un periodo específico de tiempo, el periodista lo hace cada día y a cada minuto de su existencia.
Por otro lado, una vez abordado esa línea común-divisoria, es el momento de remitirnos a lo que entendemos como lo político partiendo de la visión contemporánea del politólogo Norberto Bobbio.
En la actualidad, autores como Bobbio, vinculan lo político a la concepción de poder, entendido como “la relación entre sujetos integrados a partir de ciertos medios, a través de los cuales, unos individuos ejercen dominio sobre otros para conseguir ventajas y efectos deseados” 13 y aunque resulte pretencioso, resume de forma acertada el tipo de relación que se genera a partir de los hábitos dentro del ejercicio del mismo poder, es decir, en cuanto a sus demandas, vicios y oportunidades para alcanzar los fines, ya sea de forma coercitiva, coactiva o flexible.
11Ortega, F. y Humanes, M. (2000), Algo más que periodistas. Sociología de una profesión, Barcelona,
Ariel, p.p 212 12Ibíd., p.p 56
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Bobbio sustenta algunos de sus postulados relacionados con la política en autores como Michelangelo Bovero cuando dice que “Política y poder forman un binomio inescindible. El poder es la materia o la sustancia fundamental del universo de entes que llamamos “política” 14 Es en este sentido en el que se puede entender que el poder es un factor necesario y que por
tanto hace parte de manera vital para ejercer la política, y en nuestro caso particular un cargo público.
La política es por tanto, la contraposición, la lucha, la dominación y la imposición del dominio del más fuerte. ¿Es posible afirmar que quien ejerce un cargo público puede considerarse como la representación del más fuerte? Es bien sabido que quien ejerce un cargo público y se encuentra ligado a la política es de por sí un sujeto con poder para determinar y para tomar decisiones trascendentales en la sociedad y es precisamente por este motivo que surgen de manera notable las ansias por acceder a ocupar un lugar en este rango social.
El poder se traduce en la capacidad de un individuo para usar los medios que tiene en el presente, para obtener un aparente bien futuro15 es así como, quien opta por un cargo público, se configura como un agente que busca un fin determinado, en muy pocas ocasiones valorado como un fin público. Dada la deslegitimación actual de la política y todo lo ligado a ella, el fin se convierte a la vista del público, en un bien privado y perverso, que maniobra de manera aventajada usando como estrategia el poder que de por sí, ya posee.
Dado esto, no es gratuito que tras el poder como principal mecanismo de la política, ésta se defina, según el politólogo canadiense David Easton, como el fenómeno social por medio del cual se asignan de forma autoritaria, valores dentro de la sociedad16. Esto, articulado a la comprensión del politólogo y político Josep Vallés, para el cual la política es una práctica social capaz de regular y gestionar los conflictos sociales por medio de las decisiones vinculantes17, introduce a un escenario complejo el manejo de las situaciones sociales y de los instrumentos que se requieran para su resolución.
14
- (1990), Origen y fundamentos del poder político. México, Grijalbo. p.p 37
15
- (1989), Estado, gobierno y sociedad por una teoría general de la política. México, Fondo de Cultura
Económica.
16Easton, D. (1979), Esquema Para El Análisis Político, Buenos Aires, Amorrortu, p.p 90
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Por otro lado, es importante aclarar que para hablar del oficio político no nos remitiremos a cargos políticos que sean de elección popular, ya que entendemos que es la sociedad misma quien elige a sus gobernantes; sino que optaremos por aquellos cargos que son nombrados por el presidente o por su equipo de gobierno, aquellos en los que no interviene la ciudadanía.
Es decir que, si un periodista decide ser candidato a la presidencia de la República, a la Alcaldía de su municipio, a la Gobernación, o a cualquier cargo de elección popular, no es asunto de este escrito. Diferente caso de aquellos que una vez ejerciendo la labor periodística, adquieren cargos por nombramiento, y muy especialmente pasan a ser parte de la rama ejecutiva del país.
Los funcionarios que pertenecen a la rama ejecutiva, se configuran como un brazo político de gran influencia para el presidente y de cierta forma tienen más distancia frente a la sociedad civil que aquellos elegidos de forma democrática. El periodista por su parte, es un veedor autónomo que se avala dentro del Articulo 73 de la Constitución Política de Colombia como representante de una actividad que gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional.18
El concepto independencia mencionado en este artículo será abordado más adelante, aún así, es importante destacar que representa el valor más vulnerado dentro de la relación entre ambos ejercicios, especialmente cuando se atenta contra el derecho de los ciudadanos a recibir un tipo de información desligada de intereses partidarios. Como breve esbozo podemos decir que se refiere a un principio fundamental para mantener los límites con respecto de aquellos que informan. En este escenario se aborda al periodista como el principal agente decisor en términos de independencia ya que es él mismo quien decide o no renunciar a sus principios cuando se enfrenta a una lucha de intereses personales.
Una vez abordado lo político, ¿Cómo se puede entender el periodismo dentro de este escenario? En general, el periodismo es una profesión que consiste en abordar y transmitir de manera oportuna y veraz sucesos que repercutan en la vida social de los habitantes de un territorio, para que a través de ellos, puedan ser enterados y comunicados unos con otros. Sin embargo, y al igual que con el concepto de política, el periodismo no posee orígenes precisos, pero puede ser relatado a partir de la tradición oral y escrita de los pueblos como se muestra a continuación.
Tanto la palabra “periodismo” derivada de “periodo” en español, como su traducción “journalism” en inglés proveniente de “journal” o “diario” están relacionadas con la noción “tiempo”, es decir que, en el periodismo es indispensable el manejo de los diferentes momentos
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clave de una sociedad a una velocidad específica que permite la valoración de la trascendencia de los acontecimientos.
Con la llegada de materiales similares al papel muchos de los relatos e historias contadas oralmente fueron plasmados sobre manuscritos en papiro o en pergaminos, a través de los cuales algunas civilizaciones como la persa o la griega transmitieron su cultura a las generaciones nacientes. Estos escritos eran un símbolo de poder para los reyes quienes ordenaban plasmar sus hazañas en grandes libros, llamados crónicas19y luego, eran recopilados hasta completar una vasta biblioteca. Aunque no se mencionan las personas que realizaban éste trabajo, se infiere que hacían parte de las cortes de los reyes, ocupaban cargos de honor y eran considerados sabios por conocer el arte de las letras.
Siglos después, durante la ilustración europea, esta capacidad de estar informados se trasladó a la gente del común. Por medio de pequeñas hojas, distribuidas en lugares públicos como cafés o parques, se daba a conocer los principales sucesos del mes y así fue como nacieron en Paris “las gacetas” pequeños cuadernillos con hojas anexadas llenas de variedad de contenido, muchas veces catalogados como inoportunos o inmorales.
Muchos de los anuncios expuestos en las gacetas eran de carácter privado con contenidos perjudiciales para la corona, que ponían en duda su soberanía o que debatían temas cruciales de impacto en la sociedad; por lo cual algunas de ellas fueron censuradas hasta llegar al extremo de asesinar a quienes las producían.
Con esto evidenciamos que, por un lado, el periodismo surge ligado a las altas cortes (a lo que podemos llamar político) para narrar complicidades y proezas de los reinos; pero por otro, se desarrolla como un enemigo latente que pone en tela de juicio las acciones del poder y que además involucra a la sociedad como lector con capacidad para debatir y reflexionar sobre lo expuesto.
Finalmente, será a mediados del siglo XIX cuando aparece la prensa del centavo o del penique y solo eran considerados como periodistas aquellos que se dedicaron de tiempo completo a realizar esta labor20. El periodismo nace muy ligado a la reportería de guerra en donde eran enviados corresponsales a traer las novedades de la situación; en Estados Unidos por ejemplo, la guerra de Secesión en el año de 1864 abrió las puertas para la profesionalización del oficio a
19“Historia del periodismo” (2010) [en línea], disponible
en:http://periodismomundial.grilk.com/hdelpmundial.htm, recuperado: 15 de octubre de 2010 20Vallejo, M. (2006), A plomo herido: una crónica del periodismo en Colombia, Bogotá, Planeta
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través del reconocimiento de reporteros de guerra. En general, la profesionalización se unió al fenómeno de la prensa de negocio durante la segunda mitad del siglo XIX21 como consecuencia del desarrollo industrial, un periodo incesante en donde ni solo las innovaciones mecánicas iban a la velocidad de la luz.
Para el caso de Colombia la profesión también se generó de manera silvestre entrado el siglo XX; Luís Cano, Guillermo Cano, Luís Eduardo Nieto Caballero, Roberto García Peña, Laureano Gómez22 entre otros, son ejemplos de esto. Ellos, a punta de caídas, avances y retrocesos, marcaron el futuro de la profesión en el país a través de su pasión arraigada por un oficio que al parecer no correspondía con la inversión en trabajo, dinero y esfuerzo. No fueron instruidos en escuelas especializadas en donde se les enseñara cómo no dejarse vencer de la oposición, cómo titular o como atraer lectores, sólo fue necesaria la experiencia de apasionados silvestres para inaugurar un oficio incierto.
Sólo después de los años 60, el periodismo “silvestre” da un paso agigantado al toparse de frente con las nuevas escuelas de periodismo, una moda traída fuera de las fronteras latinoamericanas.
Ahora bien, es en este panorama que podemos identificar un fenómeno significativo de transición en el concepto de lo político y la capacidad comunicativa del periodista. El politólogo Norberth Lechner mencionó que “La política ya no es lo que era antes”23, ya no es el centro de la vida social de las personas ni mucho menos el eje de convergencia de las diferentes manifestaciones de la vida pública del individuo; de hecho para este politólogo, lo político genera un cierto choque con las otras esferas de la vida social.
Mientras tanto, sucede algo contrario con la comunicación (abordaremos la comunicación como la capacidad fundamental del periodista para traducir y digerir la compleja realidad y transmitirla a sus audiencias de manera simple) esta se levanta como el motor social, como la necesidad básica de informar y estar informado. Dicho de otro modo la comunicación posee un carácter flexible que atrae a cualquier individuo; no necesita de un espacio específico, se expande y se contrae a su gusto, genera afinidades y apatías, pero sobre todo, involucramiento.
21Ortega, F. y Humanes, M. (2000), Algo más que periodistas. Sociología de una profesión,
Barcelona, Ariel, p.p 97
22Ibíd, p.p 31
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La política es cada vez más lejana al público, no tan digerible para los lectores y mucho más ajena a la sociedad. Es en este escenario que el periodista abastece la necesidad de cercanía, de comprensión y de permanencia real en los escenarios inalcanzables por la política. Para quien ejerce un cargo público esta es una verdad inconfundible y es por este poder que los periodistas adquieren un rango superior, no solo por tener el control de la información que se genera en los medios de comunicación sino porque además de esto, exceden el derecho a la información, definen los temas de la agenda pública, tienen una importante tarea fiscalizadora y son un contrabalance al poder de los gobernantes. 24
“Los medios de comunicación han pasado a ser suprapoderes (…) Vinculados a los sectores económicos por supuesto, tienen más poder que el militar, que el ejecutivo, que la propia iglesia y que los partidos políticos. Han reemplazado totalmente a los partidos políticos. Se han instalado en el centro de la sociedad lo que es bueno para el control de los otros poderes, pero al mismo tiempo, si existe un control, ese poder puede convertirse en una inquietante perversión”25 Desde esta visión es importante resaltar que el periodistas como operador de los medios masivos de comunicación poseen de tanta o más credibilidad que quienes ejercen un cargo público.
Para el caso colombiano es importante recordar que desde el siglo XIX, la prensa escrita fue el escenario privilegiado de la construcción del debate político y que cada fracción partidista necesitaba tener un periódico para apoyar, defender o en caso contrario, para atacar al adversario político. De este modo, el ejercicio del periodismo respondía menos a intereses económicos o sociales y más a intereses partidistas, por tanto, el ejercicio de este tipo de periodismo caracterizó en buena parte, una cultura política sectaria, excluyente y claro, violenta, como se constata con las guerras civiles y luego, en el siglo XX, con la violencia política que dejó más de 300. 000 muertos. De modo que esta tradición del periodismo partidista debe ser tenida en cuenta para ver algunas herencias y prácticas que se mantienen en el tiempo.
La labor periodística: el resultado de un carácter intelectual
El poder realizar casi cualquier oficio, medírsele a cualquier profesión y pasar como “Pedro por su casa” de la redacción de un periódico a la sala de cualquier despacho político, convirtió a los
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Alfaro, R. (2005), Comunicación y política en una democracia ética para construir, Lima, Veeduría ciudadana de la comunicación social, p.p 28
25La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, PNUD, 2004,
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periodistas colombianos en algo más que eso. Su credibilidad, aún en la carencia de imparcialidad por la tendencia partidista durante el siglo XIX, no se vio modificada; todo lo contrario, por este motivo daremos a estos periodistas un nuevo status: El de intelectuales.
El periodista se concibe entonces como “Un sujeto con capacidad de traducir la compleja realidad, en una forma de acceso del conocimiento de forma social. Se entiende además como el sujeto capaz de crear y transmitir cultura, de pensar públicamente.”26 El periodista no es sólo quien valora la información como un total de hechos científicos y fácilmente calculables, sino que además posibilita el desarrollo intelectual de la compresión de la esfera pública.
Una vez definido al periodista como tal, daremos una concepción enfocada a su “quehacer” es decir a lo que significa ejercer el periodismo. Para tal punto tendremos en cuenta la definición de Félix Ortega y María Luisa Humanes, como una de las múltiples posibles: “La tarea central del oficio periodístico consiste en relatar lo que acontece en su entorno social, en devolver a la sociedad su propia dinámica mediante la representación simbólica que de ellas llevan a cabo las narraciones periodísticas. Para eso necesita de: 1) Una concepción más o menos implícita sobre lo que para él es la sociedad 2)Una selección de lo que considera más relevante dentro de esa concepción y 3) La utilización de métodos de acercamiento adecuados que permitan conocer el acontecer social” 27
Y es precisamente por esta capacidad de integrar a la sociedad y llegar a ser referentes culturales, lo que ubica a los periodistas en una posición de trascendencia política. A esto le agregamos que el periodista influye de manera trascendental en la acción política; él da luz u opaca a quien quiere dependiendo de sus preferencias.
En muchas ocasiones los periodistas usan los medios de comunicación como un espacio propicio para influir políticamente en la opinión del ciudadano para que éste decida elegir o no, a un sujeto político. Los medios se han convertido en un arma poderosa para los políticos, poder que en parte le han otorgado los mismos periodistas para saltar a la fama.
Los políticos son seres creados a partir del poder que dan los medios, y una vez formados a cabalidad, se independizan de los medios para determinar los gustos y las tendencias culturales. Es en este fenómeno en el que participa incorrectamente el periodismo cuando usa la capacidad de sus “intelectuales” para influir en el público, ya sea para modificar un voto, o para tomar una decisión trascendental de carácter político
26Ortega, F. y Humanes, M. (2000), Algo más que periodistas. Sociología de una profesión, Barcelona,
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El periodista se encuentra entonces en una dicotomía de carácter intelectual entre la lealtad a su propia independencia y las posibles ventajas que obtendría sirviendo como puente elevadizo para apoyar a un político. Ahora bien, se trata de evidenciar si efectivamente ésta, puede no ser una dicotomía sino una forma aprovechable para profundizar el status como intelectual al conocer más a fondo un oficio alterno y mucho más aún, adquirir una comprensión cabal de la realidad en la esfera pública.
La pasión por escribir sin un centavo
El escenario periodístico en Colombia y en gran parte de Latinoamérica para quienes ejercen este oficio, es delicado. Además de las amenazas a las que comúnmente están expuestos, los asesinatos y hasta los maltratos verbales, se suma la falta de garantías laborales y los malos pagos como periodistas. A pesar de que el oficio periodístico constituye, si es posible afirmar, la voz de quienes no son escuchados, de las diferentes audiencias y de la opinión pública, la remuneración por su labor es deficiente. En Colombia, no existen garantías laborales que respalden el oficio y en muchos casos ésta se convierte en un detonante para la deserción.
Esto no es nuevo, de hecho, los padres del periodismo colombiano, entre ellos Fidel Cano, evidenciaron lo que sería el futuro de una profesión mal pagada. Cano se caracterizó por ser desinteresado por el beneficio económico que podría darle dirigir un periódico, porque de igual manera había más pérdidas que ganancias. Muchos de los periodistas apasionados por el oficio dieron hasta el último peso de su bolsillo para sacar adelante sus medios.
Según el estudio Situación laboral del periodista en Colombia del año 2003 realizado por Alejandro Manrique y Juliana Cano, la mayoría de periodistas que trabajan para la prensa tienen un contrato definido y un 20 por ciento de éstos genera otra fuente de ingresos a través de la venta de publicidad (especialmente en televisión), a esto se suma un 67 por ciento de periodistas que combinan el oficio con labores relacionadas a la política o negocios comerciales. La cifra de quienes deciden vincularse con cualquiera de las ramas del poder es realmente alta y esto se debe en la mayoría de los casos a las jugosas sumas monetarias que reciben al ser comparadas con los sueldos en un medio de comunicación.
Aunque es imposible afirmar con certeza que ésta sea la razón fundamental para que se dé el tránsito de un ejercicio a otro, sí son factores importantes para ser evaluados a la hora de tomar una decisión laboral. La falta de contratos, la inestabilidad y los bajos ingresos, son algunos de estos factores, e inciden para que los periodistas adopten más de un empleo.
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Debido a las diferentes tensiones antes mencionadas, en el siglo XIX y muy fuertemente en el siglo XX se hace claridad en los códigos periodísticos (conjunto de normas o principios de la profesión que reúnen el deber ser de la misma) las relaciones posibles entre el periodismo y la política. Dichas normas reflexionan sobre situaciones particulares que involucran la ética periodística y en nuestro caso adoptaremos las que se relacionan con el conflicto de intereses que se genera entre el poder político y la función periodística.
Daremos mayor prioridad a los códigos americanos y solo en casos particulares a algunos países del resto del mundo. Las consideraciones al respecto, pueden variar de acuerdo a cada país, pero en la mayoría de los casos permanecen inmutables los valores de la verdad, la independencia y la lealtad hacia los lectores.
Comenzaremos con el credo periodístico de Walter William, el primer decano de la primera escuela de periodismo en los Estados Unidos de la Universidad de Missouri, quien publicó en el año de 1905 lo siguiente:
“Creo que el periódico es la confianza del público; que todos los conectados con él, son en toda la capacidad de su responsabilidad, depositarios de la confianza del público; y que la aceptación de un servicio en menoscabo del servicio al público, es una prevaricación de confianza” y continúa diciendo “Creo que el periodismo que mejor éxito tiene y que merece el mejor éxito, teme a Dios y honra al hombre; es resueltamente independiente, inamovible por orgullo de opinión o por codicia de poder. Es constructivo y tolerante, pero nunca descuidado, tiene dominio sobre sí, y es paciente y respetuoso para con los lectores, pero nunca se dejará intimidar; es rápido en indignarse con la injusticia; es inamovible por la atracción del privilegio o el clamor de la turba; trata de darle una oportunidad a todo hombre” 28
A partir de este, las nacientes escuelas, clubes y círculos periodísticos, inauguraron su propio conjunto de normas éticas o catálogo de principios, como algunos lo llamaban. Dado a que el oficio como profesión se desarrolló de forma más rápida en Norteamérica, las declaraciones son más antiguas que las nuestras. Uno de ellos fue la Declaración de los Principios de la ASNE- American Society Of News Editors, antes llamada Cánones del periodismo en el año de 1922, que dice en su artículo III acerca de la independencia, lo siguiente:
“Los periodistas deben evitar caer en actos impropios o que tengan la apariencia de tales, así como en cualquier conflicto de interés o algo que se le asemeje. No deben aceptar ni procurar
28Taufic, C. (2005)La autorregulación del periodismo: Manual de ética periodística comparada,
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obtener cualquier cosa o actividad que pudiera comprometer o parecer comprometer, su integridad”29
De forma similar dice el código de ética de la sociedad de Periodistas Profesionales de Estados Unidos del año 1996 “Los periodistas no deben estar sujetos a ningún interés que no sea el derecho del público a saber. Los periodistas deben: evitar conflictos de interés, reales o aparentes; estar libres de vínculos y actividades que puedan comprometer su integridad o perjudicar su credibilidad; rechazar regalos, favores, pagos, viajes gratuitos y tratamiento especial, y evitar empleos secundarios, participación política, cargos públicos y el servicio en organizaciones comunitarias si comprometen su integridad periodística; revelar los conflictos de interés inevitables; mostrarse alerta y valientes en cuanto a pedirles cuenta a los que ejercen el poder; negarles trato de preferencia a anunciantes y personas con intereses particulares, y rechazar sus presiones para influir en la cobertura noticiosa; desconfiar de fuentes que ofrecen información a cambio de favores o dinero y evitar ofrecer pagos por noticia”
En Colombia, se dieron a finales del siglo XIX las primeras agremiaciones periodísticas en donde ya se debatían temas similares, como es el caso de Prensa Asociada fundada por Ramón González en el año de 1880, de la Asociación de Periodistas de Medellín en el 1884 en donde se trató la situación de las tarifas de los anuncios y la moderación del lenguaje a usar en los medios impresos y una más reciente en el año de 1947: El Círculo de Periodistas de Bogotá, esta última fue la primera en involucrarse con los asuntos de la ética periodística.
Sin embargo, en ninguna de ellas se hizo explícita la participación de periodistas en política, la vinculación a cargos públicos o a algún conflicto de interés de esta índole. El siguiente es uno de los artículos del Círculo de periodistas de Bogotá relacionado con los favores y privilegios en su capítulo octavo:
“La independencia del periodista es indispensable para su ejercicio profesional. En consecuencia, son prácticas contrarias a la ética, porque crean dependencia: Usar su influencia, o la de su medio, para buscar ventajas personales o privilegios; recibir de la fuente que se cubre, pagos, regalos o favores de cualquier índole incluidos distinciones o premios, otorgados por las mismas fuentes; mantener familiaridad o cercanía con la fuente; ejercer
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actividades de venta de publicidad, comercialización de programas y de relaciones públicas, simultáneamente con el desempeño profesional periodístico”30
Si bien es cierto que las palabras “relaciones públicas” aparecen dentro de la declaración, no se hace explícito si son aquellas que se relacionan con la política. De igual forma se hace énfasis en la palabra “simultáneamente” que se refiere a la posibilidad de establecer dichas relaciones siempre y cuando no se esté ejerciendo con el oficio periodístico al mismo tiempo.
En un estudio comparativo realizado por Javier Darío Restrepo y María Teresa Herrán, a 68 códigos y normas periodísticas de los diferentes continentes, se descubrió que sólo en 30 de ellos se manifestaba una especial atención a la independencia y sólo en algunos pocos casos se hacía referencia a conflictos de intereses relacionados con la política de sus países. La independencia como valor periodístico ocupaba el sexto puesto de doce principios fundamentales, siendo superada por la verdad, el secreto profesional, el rechazo a ventajas personales, la libertad de la información y el rechazo del plagio.
A pesar de que, tal como se dijo antes, las palabras “política” o “gobierno” son escasas en la mayoría de códigos, es posible tomar un ejemplo en el Código Profesional de Ética para los periodistas de Québec adoptado en noviembre de 1996. En su numeral 2 dice:
“Los valores fundamentales de los periodistas incluyen: un punto de vista crítico, con lo cual metódicamente dudan todo; la imparcialidad, así que investigan y exponen los aspectos diversos de una situación dada; la imparcialidad, es decir, ve a todos los ciudadanos iguales ante la prensa y como lo son ante la ley; la independencia, así que se mantienen distanciados de grupos de la autoridad y del gobierno; el respeto y la compasión pública, es decir, demuestran moderación; la honradez, así que exhiben un respeto escrupuloso por los hechos y son abiertos mentalmente. Esto, finalmente, demuestra una receptividad hacia las realidades menos conocidas, y una capacidad de divulgar sobre estas realidades sin prejuicios”31
30“Código de ética” (2012) [en línea], disponible en:
http://www.circulodeperiodistasdebogota.com/descargas/codigo_etica.pdf, recuperado: 14 de febrero de 2012.
31“Ética periodística” (2012) [en línea], disponible en:
25 Y en lo relacionado con el conflicto de intereses dice:
“Si es monetario o no, los periodistas deben evitar las situaciones que pudieran crear un conflicto de intereses, o incluso tener el aspecto de un conflicto de intereses. Deben evitar cualquier comportamiento, comisión o trabajo que pudiera debilitar su postura independiente, o sembrar dudas en la mente del público. Cuando los periodistas sirven o parecen servir intereses específicos, hay un conflicto de intereses. Estos intereses pueden ser los suyos propios o los de otros individuos, grupos, uniones, compañías, partidos políticos, etc. El conflicto de intereses puede ocurrir con diversos contratos, favores o comisiones del público. El interés público debe ser el único principio que dirige la opción de un periodista para publicar la información”32
A pesar de que este, no corresponde a un código colombiano, es posible evidenciar que la necesidad por la independencia del poder, surge en situaciones de tensión, en donde las características se asimilan con nuestra realidad.
En conclusión, se deduce que “La combinación de oficios, especialmente relacionados a la asesoría de políticos pueden generar un riesgo, porque es posible que el público los identifiquen con la ideología del partido que asesora”33 y además se sugiere que en caso de que el periodista acepte trabajar con políticos, no es ético acercarse a los medios durante el periodo que decida laborar; aun así, si es capaz de vivir con ambas profesiones es necesario que reflexione en lo que para él tiene mayor importancia. “El político sólo dura lo que dura su mandato, pero el ejercicio periodístico es de por vida y vive de la credibilidad de su público; si ésta se pierde, se pierde todo”34
La independencia del poder es un factor trascendental para la integridad y la identidad del periodista mismo, especialmente si se relaciona con la lealtad a su público. El oficio periodístico debe convertirse en una piedra en el zapato del poder, analizar y determinar sus acciones, sin olvidar que además, es un camino para evitar que el poder político esconda la información que la sociedad necesita saber.
32Ibíd.
33Cano, J. y Manrique, A. (2003) Situación laboral del periodista en Colombia, Bogotá, Antropos. Ltda.
Fundación Konrad Adenhauer, p.p 10
34Cano, J. y Manrique, A. (2003) Situación laboral del periodista en Colombia, Bogotá, Antropos. Ltda.
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27 Capítulo II
RICARDO GALÁN
UNA APUESTA GANADORA: EL AZAR DE CAER ENREDADO CON EL PODER
“Lo que yo estaba haciendo (y soy consciente de eso) era hipotecar mi independencia, me estaba poniendo una marca y así fue. Estaba renunciando a un prestigio ganado en el periodismo como buen periodista, inquisidor e independiente… pero pues nada, hay que sobrevivir y hay que pagar las cuentas.” Galán
Un poco de su vida
Ricardo Galán es bogotano y se describe como “un colombiano normalito”. Tiene 52 años de edad, de los cuales lleva 27 ejerciendo el periodismo en radio, prensa, televisión, y en los últimos 10 años ocupó el cargo de jefe de prensa durante la presidencia de Álvaro Uribe. Es conservador y sigue fielmente los pasos de sus “cuatro jefes” como les llama a Álvaro Gómez, Yamid Amat, Juan Carlos Pastrana y a Álvaro Uribe, de quien aprendió el refrán: “el gran valor de las personas está en que digan lo que piensan y hagan lo que dicen”
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pero lo que sí hace muy bien es “botar la plata como loco en nuevos aparatos y en tecnología” como él mismo dice.
Estudió la primaria y el bachillerato en la escuela pública y en los años 80 entró a estudiar en el Inpahu. Cuando estaba en segundo semestre entró a los medios y el estudio pasó a ser algo secundario, porque donde verdaderamente aprendió la profesión fue en la práctica. Mientras estudiaba decidió ingresar a Caracol radio en donde le dieron algunas responsabilidades de reportería en un programa de variedades y de música.
En poco tiempo ya estaba involucrado a tiempo completo con el canal bajo la supervisión de Yamid Amat y de allí pasó al periódico El Siglo con Álvaro Gómez en el año 1984. También Recibió un doctorado profesional en Comunicación Social y periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla en donde estudió a distancia, así que se considera un “cachaco con titulo costeño”. Por último, se desempeñó como subdirector del noticiero CMI en compañía de periodistas como Yamid Amat, Juan Gossain, Daniel Coronel, Néstor Morales, Consuelo Cepeda, Nora Correa, William Parra, Orlando Guerrero entre otros.
Una de sus experiencias más importantes fue su paso por el gobierno. Lideró la campaña de elección del presidente Álvaro Uribe y por su éxito fue elegido como jefe de prensa de Presidencia, cargo que desempeñó durante cuatro años.
Existen para él cinco cosas que rigen su vida: El periodismo, la verdad, la honestidad, la transparencia y su familia, la primera de las cuales ha sido la clave para determinar su éxito como profesional. Es precisamente de este oficio y de su rol como funcionario público que hablaremos en la siguiente entrevista.
Su labor periodística
DH: ¿Para usted qué es el periodismo?
RG: Un oficio que consiste en contarle a la gente lo que pasa, cuándo pasa, cómo pasa, por qué pasa y cuáles son los efectos de eso.
DH: ¿Cuáles son los valores fundamentales de ese oficio que usted menciona?
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objetividad, es la honestidad, es decir, que la gente le quede claro desde qué punto de vista se le está informando.
Se habla mucho de la objetividad y de la imparcialidad y eso no es verdad, porque los periodistas somos seres humanos y nuestro trabajo consiste en estar pendiente de aquellas cosas que afectan a los seres humanos; es decir, las cosas que nos afectan a nosotros, y eso hace que nos gusten, no nos gusten, nos hieran o nos causen dolor. Más bien creo que en el periodismo se debe ser honesto para decir cuál es la postura o punto de vista desde cual se informa.
Me parece que la objetividad es un sofisma porque siempre tenemos puntos de vista distintos. Cuando uno como reportero escoge a quién entrevista y a quién no, ya está tomando una postura abusiva frente al lector o al televidente. Cuando uno decide cuál es el enfoque que le va a dar a la nota que escribe, ya está tomando una decisión inconsulta con las personas a las cuales va a informar; cuando un editor decide o no, publicar una nota que uno escribe con determinado enfoque y con determinado título (largo o corto) son decisiones abusivas que se toman frente a una información.
Entonces ¿Para qué decir que somos objetivos si siempre estamos pensando en el rating, en ganar a la competencia o en lograr un premio? Son tonterías decir que somos imparciales, siempre tenemos un punto de vista y lo honesto es decirle a la gente lo que va a leer.
DH: ¿Y cuáles de los valores que mencionó hacen parte de su vida personal?
RG: Todos. Los periodistas somos como los médicos, no somos periodistas de 8: a.m. a 5:00 p.m. sino todo el tiempo.
DH: ¿Para quién trabaja el periodista, a quien le debe rendir cuentas?
RG: Debería ser al público, pero en la práctica es al dueño del medio, al jefe y los anunciantes, aunque también es necesario tener en cuenta que todas esas personas son el público.
DH: Ya que usted ha estado en ambos campos, en la política y el periodismo, ¿En cuál de ellos cree que se ejerce de manera más directa un impacto en la opinión del público?
30 DH: ¿Se considera usted más político que periodista?
RG: Yo soy periodista y mi éxito de haber participado en política es nunca haber dejado de serlo. Aun estando en el plan de asesor de una campaña de gobierno nunca se me olvidó que era periodista y actué siempre como tal. Creo que los periodistas y los médicos podemos hacer muchas cosas sin dejar de ser periodistas y médicos a la vez, y yo trato de hacer eso. Steve Job, fundador de Apple, decía que uno solo hace bien las cosas que lo apasionan y las que aman; y yo amo al periodismo por eso lo hago bien. Mi vida gira alrededor de eso.
DH: ¿Cuál fue su primer trabajo?
RG: En el Siglo. Me pagaban 3.000 pesos mensuales y mi responsabilidad era hacer la página de Bogotá, es decir, la información del Distrito, ahí estuve un año y medio trabajando directamente con Álvaro Gómez, de allí me fui a la Prensa, el primer medio que fundé y fue un experimento que hizo la familia Pastrana para fundar un periódico en Bogotá parecido a El País de España. He tenido la suerte de fundar 3 medios de comunicación.
DH: ¿Cuáles son?
RG: El periódico la Prensa, la radio Radionet que fue un experimento de radio de noticias de 24 horas que fracasó porque eso era demasiado costoso para nuestro medio, y CMI, que todavía está.
DH: ¿Y sus trabajos no pagos?
RG: Caracol en la primera etapa. Fui a hacer un trabajo de campo y mientras esperaba a Jorge Antonio Vega, un locutor de Caracol importante que tenía Colombia, pasó alguien diciendo que estaban buscando un apoyo para deportes los sábados por la tarde. Esos eran los peores rating en los medios y a ningún periodista le gustaba ese horario; escuché a Yamid que decía que no encontraban a nadie y fue entonces cuando alcé la mano para proponerme, él me preguntó, ¿Usted quién es? Yo le respondí que era estudiante y él me dijo: ¿Por qué cree que puede? Y le dije que porque quería ser periodista, luego me puso a hacer una cuartilla y le gustó. Además de Caracol, también estuve gratis en Súper donde me tocó pasar turnos de año nuevo, como locutor.
DH: ¿Por qué periodismo y no otra cosa?
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Cancillería. Cuando tenía ocho años mi tío me llevó a un cambio de guardia y estaban algunos periodistas trasmitiendo eso, todos nosotros estábamos detrás de un cordón y me dio envidia que los periodistas estuvieran tan cerca, que pudieran saludar al presidente y ver las cosas sin la presión de la policía. Ahí decidí que yo quería estar allí, en primera fila por la comodidad y la posición, finalmente no me equivoqué, porque se necesitan cosas especiales para ser periodista: ser curioso, leer mucho, saber escribir, ser audaz, valiente y algo cobarde.
DH: De eso que acaba de mencionar ¿Qué tiene más desarrollado como periodista y qué le hace falta?
RG: Hoy en día creo que nada porque lo que no tenía o me hacía falta, ya lo aprendí. Yo era muy tímido, no era capaz de preguntar, se me ocurrían las preguntas pero no me llegaban las palabras a la boca, sudaba y dejé de hacer muchas cosas por eso. Eso lo superé con el tiempo, a los golpes. Ahora, he hecho lo que he querido. Quise ser periodista y lo fui, quise trabajar en radio y lo logré. Tomé las decisiones correctas y no son muchas las personas que trabajan en lo que ellas quieren. Me he atrevido a hacer lo que me gusta, a ser feliz y no necesariamente a ser rico o a tener el poder.
DH: Y en cuanto a la independencia como valor ¿Cómo la definiría?
RG: Eso no existe. Debería ser que uno pueda informar sin tener que pensar en nada distinto a contar lo que pasó, pero en la vida real lo que pasa es que uno vive pendiente de no molestar a las fuentes porque no vuelven a dar noticias, que no molesten al anunciante porque se acaba la publicidad, que no molesten al jefe porque te despide; y uno termina haciendo malabares tratando de quedar bien con muchas personas al mismo tiempo.
De su paso por el gobierno
DH: ¿Cómo termina un periodista siendo jefe de prensa del gobierno de Uribe?
RG: De pura carambola. Yo llevaba 10 años en el noticiero CMI y ya había escalado de reportero a director. Eso fue en el año 2001. Había que cambiar y aparecieron varias ofertas, entre ellas la de Álvaro Uribe.
DH: ¿Cómo lo llega a conocer?
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DH: ¿Por qué en cierto momento de su vida, decide aceptar la propuesta de Uribe y ser su jefe de campaña?
RG: Por una apuesta y era la siguiente: cobrar el doble de lo que ganaba en CMI y perder las elecciones (porque cuando Uribe me ofreció el puesto como jefe de comunicaciones, él tenía 4%, Serpa tenía 42% y Noemí como 35% y no había posibilidades de ganar) entonces el negocio era: me gano el doble, ahorro un año de sueldo y me voy a Europa a pasear con la plata de Uribe; pero ganamos, entonces se me dañó el viaje a Europa.
DH: ¿Cómo termina un periodista haciendo que se estalle el porcentaje de favoritismo de Uribe?
RG: Uno aprende muchas cosas en la universidad y en la vida, y es básicamente aprender a comunicar. Es como si me hubieran dicho, pruebe esta bebida llamada Coca- Cola (que es Álvaro Uribe) y me dice qué hago para vender mucho. Yo probé la Coca-Cola y dije: Lo único que este señor necesita es una botella y unos camiones. Yo puse la botella y los camiones. Lo que hice fue detectar el talento, ponerle nombre y empaque.
DP: Hábleme de esa campaña
RG: Yo no sabía hacer nada, no sabía hacer campañas, pero a él se le ocurrió que yo era un buen jefe de prensa y uno no es bobo, entonces dije: Aprendo a hacer campañas, aprendo política, me gano un mundo de plata, perdemos las elecciones y me voy de vacaciones; lo que no calculé era que iba a hacer tan bien mi trabajo, que ganaríamos o que lo que yo creía que iba a funcionar, funcionó.
Lo único que hice fue montar una oficina que parecía un periódico. En realidad no me inventé nada. Cuando me senté en la oficina de prensa de este tipo (que era yo solo con un portátil que no servía para nada) me pregunté: ¿Qué hago con este tipo? y comencé a leer cosas sobre cómo se hacían las campañas en el mundo y sobre cómo eran las oficinas de prensa y dije: Esto no sirve para nada en una campaña, yo quiero hacer otra cosa, y como yo ya había fundado tres medios, dije: voy a fundar un medio porque aquí hay plata y lo único que necesita este tipo es que lo conozcan.
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Aproveché el Internet y los celulares recién llegados a Colombia. Fuimos la primera campaña que usó el correo electrónico, la fotografía digital, la televisión por cable y el satélite.
Lo que hice fue traer mi experiencia de los medios a una oficina en la que yo era el “manda callar”, era hacer todo lo que ya había hecho antes, pero más chiquito, es decir, para una campaña.
DH: ¿En qué consistió la campaña?
RG: Una de fotos, porque Uribe era simpático y le gustaba a las muchachas, era muy inteligente, preparado y con una capacidad de hablar formidable, caía bien y entonces solo era que lo conocieran. Lo único que tuve que hacer con Álvaro Uribe fue ponerlo en la televisión y en la radio (eso lo sé hacer porque soy periodista) luego, presentárselo a mis amigos periodistas para que lo entrevistaran, lo sacaran en televisión, tomarle una buena foto y listo.
DP: Cuando se fue a trabajar con el gobierno de Uribe, ¿Qué dijeron sus colegas?
Galán: No las creían porque lo que yo estaba haciendo (y soy consciente de eso) era hipotecar mi independencia, me estaba poniendo una marca y así fue. Estaba renunciando a un prestigio ganado en el periodismo como buen periodista, inquisidor e independiente, pero pues nada, hay que sobrevivir y hay que pagar las cuentas.
DP: Pero entonces el principal factor que lo hizo salir del noticiero fue el dinero.