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Prostitución: una vuelta y un decir

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Academic year: 2020

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(1)1 Prostitución: Una Vuelta y un Decir. LEONARDO RUÍZ APONTE. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE ARTES ASAB MAESTRÍA EN ESTUDIOS ARTÍSTICOS BOGOTÁ, 2017.

(2) 2 La Prostitución: Una Vuelta y Un Decir. LEONARDO RUÍZ APONTE. Directora SANDRA CAMACHO LÓPEZ. Trabajo presentado como requisito para optar el título de Magíster en Estudios Artísticos. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE ARTES ASAB MAESTRÍA EN ESTUDIOS ARTÍSTICOS BOGOTÁ, 2017.

(3) 3. NOTA DE ACEPTACIÓN. _______________________________ Jurado 1. _______________________________ Jurado 2. BOGOTÁ, 2017.

(4) 4 AGRADECIMIENTOS Gracias infinitas a la doctora Sandra Camacho, mi guía, mi tutora. A la universidad, a cada docente que hizo parte de este trasegar. Gracias a Steven Poveda por poner cada tilde de este documento. Gracias a las mujeres que compartieron sus historias, sus vidas, sus sueños, sus odios, sus felicidades y, sobre todo, sus mentiras, para hacer de este texto lo que es hoy en día: una vuelta y un decir. Gracias a mi grupo, al Colectivo Artístico La Otra Puerta, por ser testigos fieles de este proceso y de estos escritos. Gracias por confiar en mí y en mis palabras. Les prometí una nueva obra nueva, hoy “Cementerios de cartón” es de ustedes Gracias a las noches que acobijaron mis ideas, a todos lo que me acompañaron y se perdieron conmigo en algún rincón de esta ciudad. Gracias eternas, gracias infinitas a mi familia. Gracias a mi madre Ana Isabel, por no dejarme perder y enseñarme a persistir, por haberme sacado del oscuro agujero en el que caí. Gracias a Angelita por ser ese soporte incondicional y por tenerme tanta paciencia. Gracias a mi hijo Alejito por darme vida cuando ya no la había. Gracias por existir. Gracias por tus sonrisas. Gracias por tus berrinches. Gracias por decirme papá. Gracias y mil gracias..

(5) 5. A mi madre. A mi hijo. Al Colectivo Artístico La Otra Puerta.. Esto es de ustedes. Una vuelta y un decir por este Cementerio de cartón..

(6) 6 Contenido. Introducción: una vuelta............................................................................................................8 Capítulo I: la prostitución: una vuelta, un relato y un decir............................................15 La prostitución.................................................................................................................17 La prostitución como condición: más allá de un concepto............................................. 20 La construcción de un estigma............................................................................................ 24 Entre el cuerpo prostituido y el espacio que habita.........................................................25 Construcción de un cuerpo estigmatizado.......................................................................28 Una mirada política y cultural al cuerpo prostituido.......................................................31 Relato y prostitución: una marca desde las voces............................................................... 36 El relato y la experiencia: migraciones corporales..........................................................38 Relato y abandono: la familia y los otros........................................................................43 Relato y vivencias: las marcas del maltrato.................................................................... 47 Relato y dinero: el valor de un cuerpo............................................................................ 51 Relatos y calle: voces en la gran ciudad..........................................................................54 Capítulo II: Palabras al vacío.................................................................................................. 58 El acto de contar: relatos de vida........................................................................................ 58 Historias emergentes: ellas y yo..........................................................................................63 El inicio: encuentro de experiencias................................................................................64.

(7) 7 El extranjero y la droga................................................................................................... 66 La familia y el dinero...................................................................................................... 71 El coraje...........................................................................................................................75 Teatro: el síndrome de la diva y la explotación.............................................................. 79 Capítulo III: el canto del investigador, breve recorrido por la experiencia.............................82 De los relatos, del arte y la dramaturgia..............................................................................82 De los relatos.......................................................................................................................84 Del arte................................................................................................................................ 89 De la dramaturgia................................................................................................................ 93 Reflexiones finales: un decir................................................................................................... 99 Referencias............................................................................................................................ 105 Anexos: cementerios de cartón. La Santa fé de las prostitutas............................................. 108.

(8) 8 Introducción: una vuelta Cada situación, cada minuto, cada día, cada año es un universo que se crea a partir de incontables sucesos en el vaivén de la vida. Salir a la calle y encontrar la miseria andante, ser testigo de la constante caída del ser humano, me ha llevado a pensar que habitan miles de historias que deben ser contadas en el teatro. Historias de una sociedad sin sentido, historias que conocemos solo desde lo bárbaro, estigmatizado o terrible de las noticias; historias mal contadas, relatos y personajes con miles de rostros y facetas. Estas vidas que merecen ser contadas en la escena para re-significar sus historias olvidadas, para re-descubrir la vida que se diluye con el paso del tiempo y para re-crear momentos que sólo habita en las memorias de aquellos que las vivieron. Día a día observamos una realidad, participamos de ella, la olemos, la tocamos, la escuchamos, la sentimos y la interpretamos como si realmente la viviéramos. Nos encontrarnos con aquello que creemos que no existe, que creemos ajeno y nos esforzamos en ocultar. Es tan fácil hablar de aquellas problemáticas que circundan en todo nuestro ambiente, pero es tan difícil transformar y re-significar los pensamientos que han llevado a diferentes personas a vivir en condiciones de miseria y estigmatización frente a toda la sociedad. Nos quejamos, gritamos, insultamos y nos volvemos a quejar; luego cansados de todo seguimos quejándonos y señalamos a los seres humanos, estigmatizamos sus relatos y sus vidas, los culpamos, juzgamos sus procedencias sin atrevernos a ir más allá. . Observamos a un sinnúmero de personas caminando por las calles, tratamos de describirlos, les creamos un pasado, un presente y un futuro; estamos seguros que esos seres son lo que son porque así lo quisieron. Siento en aquellas mujeres, las que viven en condición de prostitución, una desgarrada algarabía, un mordido deleite sexual, un gusto por venderse. No puedo ocultar la.

(9) 9 incomodidad al mirar sus ojos y pensar que una simple transacción las desnudaría y cumplirían cualquier fantasía sexual. Miramos por cualquier fría calle de la ciudad y, sin ocultarlo, vemos muy de cerca una población que osados llamamos como si fuera un trabajo, pero en realidad es una condición, una situación de prostitución que se ha construido por múltiples sucesos y situaciones de la vida. Estas son mujeres abandonadas, desnudas, vulneradas, flageladas, vendidas, maltratadas, traicionadas. Mujeres, dolientes, caprichosas, amadas y odiadas. Seres como cualquier otro que ocultan grandes misterios detrás de una delgada capa de piel. Cuerpos delgados, gordos, altos, bajos, sucios, limpios, fríos, cálidos, todos hermosos. Personas con problemas, con sacrificios, con familias, con alegrías; cuerpos presentes que se significan y se valoran desde una transacción: mujeres en condición de prostitución. Las mujeres que decidieron acompañarme en este viaje, son mujeres que hace muchos años se vieron inmersas en este universo, un universo que no solo se construyó desde una decisión personal, sino también desde una decisión construida por la sociedad, desde los otros. Los “otros”, es decir, nosotros mismos quienes las miramos, las señalamos, re-interpretamos sus situaciones, sus vivencias, sus historias. Juzgamos sus proveniencias, las matamos a diario, las vemos como objetos del placer. Le ponemos un valor a sus cuerpos, las volvemos a reinterpretar sin ni siquiera conocer sus nombres de pila, somos expertos creadores de vidas, de señalamientos malsanos: somos expertos en juzgar sin conocer. Ante este contexto, la presente investigación busca re-interpretar esas historias de vida de mujeres en condición de prostitución, re-significar sus relatos desde el sentir de sus acciones, desde sus vivencias, desde su pasado, su presente y su futuro. Para esto, se dispone una ruta metodológica a partir del acto de contar historias y relatar cientos de situaciones para producir un.

(10) 10 encuentro con la opción dramatúrgica, donde el arte sirve como canalizador de transformación y re-significación de momentos vividos por estas mujeres y, de esta misma manera, recrearlos en el teatro como una forma de visibilización de estas historias. De ahí que, se hace necesario ver al ser detrás del objeto, aportar en la auto-integración de lo que llamamos sociedad. Es un camino hacia la ganancia y construcción de la autoestima, de la aceptación como seres que pueden aportar grandes cosas a la comunidad. Las mujeres en condición de prostitución, son mujeres, seres humanos con un sinnúmero de huellas, de experiencias, de memorias que señalan historias de vida que ruegan ser contadas sin señalamientos o estigmas violentos o mentirosos. Son historias como las nuestras, que hacen parte de las travesías que da el camino de la vida y resalta la importancia de cada uno de nosotros dentro de esta sociedad. Por esta razón, es de considerar que estamos hablando de un grupo poblacional que apartamos de nuestros núcleos, que in-visibilizamos, que negamos, pero que en realidad hacen parte de los que llamamos nuestra sociedad. Por lo tanto, esta investigación lleva consigo un deber moral, social, cultural y, sobre todo, personal. Debe ser un punto de reconocimiento, de aceptación tanto de estas mujeres como de nosotros mismos ante una gran pirámide sensible y socio-moral, pues cualquiera de nosotros puede estar sumergido en procesos vulnerables que afectan nuestros comportamientos y nuestras aceptaciones como seres humanos y sociales. En este sentido, es claro que cada cuerpo que encontramos en las calles está lleno de historias, de lugares, de amores, de sentidos eróticos, de memorias y biografías, por esto buscaremos la relación del relato de la mujer en condición de prostitución con algunas categorías sociales como el estigma, el dinero, el maltrato, la violencia; descubriendo que hay más allá de lo simple, de lo que a duras penas podemos ver, de lo superficial. Así, el ejercicio es re-interpretar.

(11) 11 dramatúrgicamente las historias de vida, dándoles a los cuerpos vulnerados de estas mujeres un espacio consciente, estimado y real que contribuya a la aceptación como seres humanos. Las palabras surgirán a partir de todas aquellos relatos llenos de sentidos que crearán mundos paralelos para ser contados en la escena. Por ende, la dramaturgia es la herramienta que permitirá sistematizar no solo las vivencias en acción sino también las sensaciones que se nos escapan al juzgar. Es mirar como un simple olor, un sonido, una sensación táctil o una imagen nos lleva a la formulación de miles de situaciones escénicas, partiendo de palabras y personajes reales. Cada palabra de esta creación dramatúrgica reflejará las múltiples realidades en la que vivimos sumergidos, con el objetivo de sembrar un profundo cambio ante la desigualdad social, partiendo de un lenguaje poético y dejando atrás el amarillismo y morboso deleite de las producciones cinematográficas y televisivas de nuestro país. La re-significación de estas historias de vida, desde la dramaturgia, serán un motor de reconocimiento por parte de estas mujeres, donde encontrarán sus vidas puestas en palabras teatrales y podrán comprobar que sus vidas, sus cuerpos, sus pensamientos son tan importantes y verdaderas como la de los demás. Se verán como personajes ficticios, constituidos desde sus realidades, lo cual fortalecerán sus autoestimas, rehabilitarán sus deseos por vivir, perdonarán sus acciones y aceptaran sus almas dentro de esta comunidad. Se trata de señalar la importancia que tienen sus historias en la construcción social, en sanar sus heridas y encontrar que son seres muy importantes, seres que hacen parte de la maquinaria social. Esta investigación sugiere la necesidad de la aceptación del ser humano, de las mujeres en condición de prostitución, y el cuestionamiento de cómo estas realidades nos construyen y nos re-significan en esta sociedad; teniendo en cuenta que, salir a la calle y encontrarse con una realidad que negamos a diario es negar algo que nos identifica como seres humanos. Esta.

(12) 12 realidad que circunda la cultura, la sensibilidad del ser colombiano, la constante caída de la nación, la injusticia, la violencia, la sangre, la propia vida y la muerte, no es otra cosa que constantes historias envueltas en una poética única de nuestra sociedad: historias que parten del cuerpo, de lo sensible, del rol social, de la familia, de la nación. A este propósito, se presenta el siguiente documento construido a partir de tres capítulos que buscarán involucrarnos en un viaje que decidí seguir hace algunos años, un viaje que me transformó y me obligó a ver la realidad desde otros puntos, desde otra orilla. Una orilla que sin dudar me confrontó con tres grandes aspectos como lo son: la construcción del estigma, los relatos de vida y la dramaturgia. Fue un hermoso viaje que finalmente re-significó mi vida desde los relatos de ellas; son cientos de momentos vividos y puestos en tensión, que confrontaron mi ser y mi pensamiento en relación con la práctica de la prostitución y, que por su misma naturaleza narrativa, se presentan en los siguientes apartados: Un primer capítulo llamado la prostitución: una vuelta, un relato y un decir, donde, más allá de dar un recorrido por la historia de la prostitución, se expondrá una relación de esta práctica con nuestra nación y, lo más importante, las distintas relaciones con la vida y sus características, ponderando la construcción de una población desde la mirada del otro, desde el estigma. Este será el inicio de un viaje que, desde el primer momento, pondrá como factor principal los relatos, las historias y las vidas de tres mujeres en condición de prostitución, mujeres que fueron señaladas por la práctica que realizan, pero olvidadas por la vida que les correspondió vivir. En un segundo capítulo llamado Palabras al vacío, centraremos la mirada en los relatos de estas mujeres, indagando no sólo en las justificaciones que pueden emerger sino también en las relaciones que existen entre la prostitución, el maltrato físico y psicológico, el dinero, el amor, el.

(13) 13 abandono, la familia, la guerra y muchas más situaciones de nuestra sociedad. Este capítulo busca generar un diálogo directo, certero y sincero con el relato de cada historia puesta en este texto, señalando y dando la importancia necesaria a las voces de estas mujeres. Este será un espacio para conocer desde la vida y las diferentes situaciones que preceden a las mujeres detrás de la prostituta, a las madres, hermanas, hijas, amantes, esposas, entre otros roles. Es un capítulo que señalará historias emergentes, palabras que quedaron en el aire y que construyeron micro universos olvidados, pues aquello que prevalece es el estigma, la prostituta. Un tercer capítulo titulado el canto del investigador, breve recorrido por la experiencia, que contendrá la relación que busqué plantear entre la creación dramatúrgica y el relato de las mujeres en condición de prostitución, centrado en la re-significación de los relatos, de las historias y de las vidas de todos lo que hicimos parte de esta investigación. Este capítulo tendrá el deber de desnudar mi alma frente a las concepciones de la prostitución y de todo el proceso investigativo, de aquellas pequeñas cosas que surgieron en el camino y pernearon mi ser. Este será el final de una pregunta o duda, pero será el comienzo de muchas otras. En un último apartado, se presentan las consideraciones y reflexiones finales de esta propuesta investigativa; también, los referentes bibliográficos que orientaron, desde diferentes perspectivas, el camino teórico de la investigación. Finalmente, como anexo, aparece la primera versión de una obra que se construye en la vida, que se crea a partir de las palabras que quedan en el vacío de este grupo de mujeres; palabras al vacío que se ordenan para comunicar, gritar, susurrar, denunciar y que se congregan bajo una propuesta dramatúrgica titulada: cementerios de cartón. Entre tanto, aquí comienza una vuelta y un decir. Ahora inicia la vuelta, un hermoso e interesante recorrido por la vida putrefacta que vemos a diario pero que no tenemos idea de cómo.

(14) 14 se construyó. Es una vuelta para conocer, para imaginar y para tener las suficientes herramientas para justificar aquella pregunta que dio vida a este escrito, a saber:¿De qué manera resignificar, desde la creación dramatúrgica, los relatos de vida de las mujeres en condición de prostitución, para comprender una práctica que señala, estigmatiza y olvida la construcción de estas mujeres? Relatos, mujeres, prostitución, dramaturgia, teatro, familia, violencia, amor, odio, olvido, historias, entre otras palabras constituyen el conocimiento expuesto en las siguientes líneas. Un conocimiento que parte desde la experiencia y que se consolidad desde ella misma, una vuelta por la vida in situ para lograr un decir en el papel... la prostitución: una vuelta y un decir..

(15) 15 Capítulo I: la prostitución: una vuelta, un relato y un decir ¿Quién reconoce a la puta como suya? ¿Acaso la puta tiene un padre que diga: "ésta es mi hija"? ¿Acaso la puta tiene una madre que diga: "ésta es mi hija"? ¿Qué mujer dice: "esta puta es mi amiga"? ¿Hay una cultura que la nombre como perteneciente, o una comunidad Que la nombre como parte suya? Galindo & Sánchez (2007, p.23). Desde hace varios años atrás me he preguntado cuál es la posición o el deber del arte en una sociedad como la nuestra, caracterizada por los contrastes y devenires de una ciudad donde el proceso de crecimiento y la cohabitación de diversas culturas se entremezclan con la desigualdad social, cultural, racial y de género. Una sociedad que invisibilidad las prácticas que algunos de sus habitantes deben realizar para sobrevivir; una ciudad que no es otra más que Bogotá, capital de Colombia, aquella donde se concentra y deteriora la igualdad y la equidad de los habitantes dentro de un mismo contexto. Bajo otra perspectiva, Bogotá es sin duda el epicentro de los movimientos empresariales, comerciales, educativos, culturales y artísticos de todo un país; lugar al que arriban un sin número de tendencias sociales que se sitúan en la realidad del diario vivir y en la apropiación de la escena artística. Es, por decirlo de alguna manera, un ambiente de oportunidades económicas, culturales y artísticas que hallan en la creación de “arte” la oportunidad para generar encuentros dialógicos y establecer, en opinión de Ospina (1996), la búsqueda por la belleza y la poesía en los seres anónimos y en los rincones humildes de esta ciudad moderna. De modo que, Bogotá surge como el espacio propicio para tomar un rasgo de nuestra sociedad, tratarla y convertirla en un lenguaje dramatúrgico capaz de enfrentar la prostitución con las vidas detrás de su práctica. Por consiguiente, es a partir de la creación dramatúrgica, desde el contar y escuchar historias reales, donde pretendo encontrar el punto inicial, pues, en consonancia con los paradigmas de las.

(16) 16 manifestaciones artísticas, estas no pueden existir solo para divertir. El arte debe disponerse para toda la sociedad como una estrategia para transgredir, denunciar, criticar y configurar espacios de diálogo y de verdad, en un contexto que enfatiza el compromiso con la sociedad y, de acuerdo con Pérez (2013), “para avanzar hacia procesos de radicalización de la democracia, profundización de la ciudadanía y construcción de sujetos emancipados” (p.193). Dado que, el arte debe permitirnos emprender una búsqueda por la equidad social o, por lo menos, de las circunstancias para poner en tensión las desigualdades de las que somos presos. Todo inició cuando, antes de recibir mi título como Maestro en artes escénicas de la Facultad de Artes ASAB, tuve la oportunidad de radicarme en México y allí comienzo a hallar diferentes fugas sociales con respecto al devenir político y cultural de estas dos naciones: México y Colombia. Son fugas que señalan el deterioro del ser humano; la drogadicción, el hurto y la prostitución se encuentran como agujeros que muchas personas escogen para poder sobrevivir en los ambientes hostiles que les han correspondido. En Guadalajara, logré salir a la calle sin el temor que Bogotá me impugnaba, pude imaginarme una vida más tranquila, más segura; sin decir que México, claro está, es un paraíso donde nada despiadado ocurre, pero con la total seguridad de que no acontece con la misma frecuencia que en la carrera Décima o la Zona de Tolerancia del centro de Bogotá. Viví en México alrededor de un año, al caminar por las calles sin el temor que infunde la capital colombiana me preguntaba una y otra vez ¿Qué pasa en Bogotá? ¿Cuál es la degradación que nos atormenta? ¿Cuál es el miedo? ¿Quién infunde este miedo? ¿Qué puedo hacer yo para generar procesos que puedan aportar a la construcción social de mi ciudad? Inmediatamente encuentro una respuesta, una que sin dudarlo me hace caer en el agujero del conejo. De regreso, vuelvo a sentir ese miedo y me refugio en mi trabajo como profesor de artes y director de teatro;.

(17) 17 encontrando un vacío sin explicación, inicio una tímida investigación que me lleva a reunirme de nuevo con el teatro, con la dramaturgia y con la constante pregunta sobre ¿Qué le aporta el teatro a la sociedad? En este momento de mi vida son muchos los temas que me interesan, todos relacionados de manera puntual con la desigualdad y la inequidad social. El juego de la vida me indica un camino para responder la pregunta sobre la trascendencia del arte y reafirmar la importancia del sujeto en tanto ser social; para re-descubrir la sociedad y las prácticas estigmatizadas de la misma; para escribir y provocar una propuesta lo más clara posible de lo que es la degradación del ser humano en Bogotá. Es aquí donde aparece la prostitución, en mi opinión de investigador y bajo mi perspectiva de artista, como el epicentro que reúne todas aquellas cosas que me preocupan. La prostitución La prostitución hace parte de un proceso histórico que va de la mano con el desarrollo de las sociedades (Martínez & Rodríguez, 2002) , lo es porque involucra los cuerpos maltratados de un sinnúmero de personas. No se trata de una cuestión reciente, es una práctica tan antigua que diversos cuestionamientos y conocimientos se han generado en su entorno, llegándose a considerar como cualquier otra “profesión”. Su evolución deja ver como diversas modalidades incurren en las prácticas sexuales, aunque no ha variado en su operación, que se resume en la compra y venta del cuerpo que pone en cuestión la moral y la ley dentro de la sociedad (Martínez & Rodríguez, 2002) . En algunas comunidades es aceptada, valorada y, por consiguiente, reconocida en los ejes sociales que comprenden el respeto y trato “digno” hacia las personas involucradas..

(18) 18 Según Alcívar, Aguirre & Calderón (2015), en la Grecia Clásica la prostitución fue practicada tanto por mujeres como por hombres jóvenes: ellas eran consideradas como independientes e influyentes; obligadas a vestirse con ropas distintivas y pagar impuestos, según su categoría. Tal era el caso de las famosas prostitutas de la antigua Grecia Lais de Corinto y Lais de Hyccara, quienes se destacaron tanto por su agradable compañía como por su belleza, cobrando sumas extraordinarias por sus servicios. Por su parte, registros históricos atribuyen a Solón la fundación del primer burdel estatal de Atenas durante el siglo VI a. C., cuyos beneficios fueron aprovechados para la construcción de un templo dedicado a Aprodites Pandero diosa patrona de este negocio. Paralelamente, la prostitución masculina practicada por jóvenes y adolescentes, fue común en Grecia. Los jóvenes esclavos trabajaban en burdeles en Atenas, mientras que un muchacho libre que vendiera sus favores se arriesgaba a perder sus derechos políticos una vez alcanzase la edad adulta (Aguirre, et al., 2015). Todas estas formas de prostitución eran consideradas una práctica completamente profesional, legitima para el ser humano, por esto se ganó el calificativo de “profesión”. Sin embargo, si se examina a fondo este modo de comercialización no hallamos el mínimo respeto por los individualidades involucradas, pues, como práctica sexual ha configurado ideas que, tanto hombres y mujeres inmersos en esta, tienen de su cuerpo, de su sexo, de su género y hasta de su emocionalidad (Barriga & Trujillo, 2003). Durante la Edad Media, la prostitución fue considerada “un mal necesario” para evitar pecados mayores como el adulterio, la homosexualidad o la masturbación, lo cual la convertía en una labor funcional a los propósitos del Estado y la Iglesia. Fue hasta los principios del siglo XIV cuando el ejercicio de la prostitución cayó bajo la lupa del moralismo social, así las.

(19) 19 personas que lo ejercían fueron categorizadas como parte de los “desechables” que afectaron la salud pública de la sociedad (Alcívar, Aguirre, & Calderón, 2015). Por su parte, las instituciones religiosas señalaron la prostitución como un “algo” mal obrado, indigno e impuro, alimentando con ello un imaginario social para enjuiciar las prácticas que conllevan a la pérdida de los valores morales y religiosos. De acuerdo con Navas (2014), la Iglesia, lejos de la realidad, ha contribuido a la creación de complejos culturales que llevan a muchas mujeres caídas a ser rechazadas; sin olvidar que, estas ideas encierran la representación de desarraigo y vulnerabilidad, en torno a los peligros que acarrea la prostitución: abusos, enfermedades, delincuencia, abandonos. Por tanto, las primeras concepciones de la palabra nos invitan a un desprecio por el actante pues solo con el hecho de nombrar, observar, gustar o escuchar este término nos sugiere un campo sucio, cruel, femenino y sin decoro alguno. Por otro lado, en la naciente América fue durante la época del descubrimiento y la colonia donde la emigración y el ejercicio de la prostitución se convirtió en una estrategia socioeconómica para las mujeres, pues “(…) la decisión de mudarse tiene la meta de mejorar la posición económica, social y cultural, tanto en los movimientos migratorios de las mujeres del campo a la ciudad, cuanto de países del Sur del mundo rumbo al Norte rico y sofisticado” (Trifiró, 2003, pág. 21). Así pues, históricamente, la práctica de la prostitución se ha caracterizado por ser un ejercicio transaccional denigrante para el sujeto que vende su cuerpo; un ejercicio que estigmatiza los cuerpos involucrados en la transacción y que señala al ser humano como un objeto mercantil, en la afirmación del cuerpo como fuerza de trabajo y la relación sexual como herramienta para tal fin (Avalle & Brandán, 2011)..

(20) 20 La prostitución como condición: más allá de un concepto. Considerando lo anterior, es un factor común ver como las subjetividades implicadas en el ejercicio de la prostitución han sido negadas, señaladas y cercadas en un muro de exclusión, enfermedad y marginación; se trata de un fiel retrato de la antigua Babilonia, donde se suponía que la mujer debía ofrecer su cuerpo para tener relaciones sexuales extranjeros en demostración a su hospitalidad, por lo menos una vez en su vida, obligadas y maltratadas si no lo cumplían, sin derechos, sin beneficios, sin cuidados. De manera que, aunque la búsqueda sobre un determinante acerca de las formas de prostitución en Occidente existen fundamentos teóricos contundentes y precisos, la presente investigación no constituye un recuento histórico sobre las dimensiones de la prostitución, pues su propósito se orienta a re significar los sujetos inmersos en esta práctica, por tal, es necesario escuchar las voces de las mujeres señaladas y ponerlas en constante diálogo con la política, la poética, el arte, y el resto de la sociedad. Con esto en mente, comienzo a pensar la prostitución como una condición provocada por la falta de oportunidades sociales, por la falta de apoyo estatal, por la anulación del ser. Encuentro al ser humano escondido tras una definición que, más allá del deleite sexual, esconde contrariedades tales como la drogadicción, el abuso, la inequidad, la desigualdad, el maltrato físico y mental, las carencias socio-afectivas, el desarraigo, el desplazamiento forzado. Defino una posibilidad a través de la creación dramatúrgica y de la puesta en escena teatral, para proponer espacios de diálogo y crítica de una práctica que ha sido señalada y, por ende, invisibilizada; un espacio creado a partir del diálogo y el encuentro con mujeres inmersas en esta construcción estigmatizada de un cuerpo: un cuerpo que se deconstruye gracias a los señalamientos del otro..

(21) 21 Al respecto, es justo decir que existe una vieja tesis que ostenta enunciados bastantes apáticos a la situación que observo, algunas definiciones despiadadas que dejan ver un estado de la cuestión desde la anulación del cuerpo, no solo en Colombia sino en el mundo entero; definiciones que, tal y como lo hace Medina (1972) acudiendo a algún tratadista francés, comprenden la prostitución como “el acto por el cual una mujer se entrega a todos los hombres, sin distinción alguna y mediante un pago en dinero, permitiendo el uso de su cuerpo sin restricción” (p.2). Es un cuerpo que, desde la perspectiva de Foucault (citado en Galindo, 2012), tiene por misión de sostener una economía servil y, por ende, está inmerso en unas relaciones de poder que lo constituyen como fuerza de producción y comercio, vulnerando así cualquier muestra de humanismo: Cualquiera de nosotros puede estar inmerso en el universo de la prostitución, vendiendo, comprando, observando o ignorando. Todos estamos involucrados en el proceso de construcción de los cuerpos vulnerados por esta práctica, en el proceso de denigración de los seres afectados, todos hacemos parte del señalamiento social, sin conocimiento de causa. (Relato recogido). En este sentido, Medina (1972) trae a colación una definición de Schrank que señala a la prostitución como la deshonestidad practicada dentro del negocio por el cuerpo humano, resaltando así el surgimiento de una concepción sobre el cuerpo dirigida al campo de la condición moral, donde se destruye una práctica para solventar la “necesidad” de sobrevivir dentro de una sociedad. Al respecto, en la expresión de una mujer que ha vivido durante mucho tiempo un sin número de situaciones en la práctica de la prostitución, en una entrevista responde frente a ¿Qué es la prostitución Stella? ¿Qué es este oficio? luego de unos segundos, con lágrimas en sus ojos:.

(22) 22 La prostitución es tristeza, es señalamientos, es dinero por sexo. La prostitución es como caer en un agujero interminable, en un agujero sin salida… Es un espacio donde cualquiera puede caer, donde cualquiera puede naufragar en un inmenso mar de desolación y de olvido sin encontrar su alma. Donde cualquiera puede ser señalado, estigmatizado y denigrado sin conocer realmente su ser. Donde cualquiera puede ser cualquiera, en cualquier lugar en cualquier momento, en cualquier situación supeditada por la vida. La prostitución también es un trabajo muy lucrativo que deja grandes ganancias, pero también que deja grandes pérdidas como nuestras familias. (Relato recogido). De esta manera, el cuerpo prostituido aparece como parte de un dispositivo político marcado por las dinámicas de estigmatización y de un placer sin compromiso, de un erotismo vacuo, como parte de las fuerzas que genera todo un juego de poder, de pago y de búsqueda de los medios para vivir (Galindo, 2012); lo cual genera un conflicto de género, pues en la mayoría de los casos, el cuerpo prostituido expuesto es el de la mujer. Por eso, en palabras de Stella, una de las mujeres protagonistas de estas historias, podemos decir que: Todos podemos llamar puta, ramera, cualquiera o fufurufa, a esa mujer que se esconde detrás de un rol, a esa mujer que es mujer y solo la concebimos como una “cosa” o como un “algo”, como un producto sin memoria, sin sentidos, sin ser. (Relato recogido). Este testimonio señala una construcción simbólica del ser mujer- prostituta, asentada en una separación disonante entre el cuerpo, la memoria y los sentidos (Palacios, 2013) . La concreción de una identidad impuesta desde la percepción que tiene la sociedad, evidencia la negación de un ser que siente y piensa, centrada en la codificación de un cuerpo: la propia mirada sobre un cuerpo-objeto que se piensa como repositorio del deseo mercantilizado (Galindo & Sánchez, 2007) . Por consiguiente, la dominación corporal y sensible es una característica completamente irrisible pero continua en esta labor. El cuerpo de la mujer se convierte en un objeto fácil de.

(23) 23 abusar, de manchar, en cuerpos sin posibilidades, gracias al maltrato masculino y social ejercido por los “otros”. Ante este panorama, es justo afirmar, de acuerdo con Navas (2008), que la prostitución es una condición, en la medida en que son demasiadas las razones que llevan una mujer a prostituirse y a mantenerse en esta situación: la pobreza, la ignorancia, la falta de oportunidades, la desintegración familiar, la falta de acción de entidades políticas y sociales. Esta situación condensa en sí misma los desencadenantes, motivos y las dimensiones sustanciales que ponen en tensión las necesidades del ser humano, los placeres y las obligaciones del sujeto que por razones de dominación, en la gran mayoría de los casos, tienen que acceder al ejercicio del cuerpo prostituido. En consecuencia, según Galindo & Sánchez (2007), es la prostituta quien sostiene la condición de prostitución “no en un acto de voluntad propia, sino en una prolongación de la agonía, de la vida en la condición de objeto, en una actitud de sobrevivencia que prolonga el atontamiento, la mudez y la complicidad con su fiolo [proxeneta]” (p.62). Por estas razones, la prostitución se califica por destruir la imagen del ser humano e imposibilitar la integración de los cuerpos en la comunidad, por mantener fuertemente las ataduras. Aquí se olvida al ser que ejerce la práctica y queda el cuerpo económico que vale solo por el número y valor que la sociedad le asigna; tal y como lo demuestra Stella que, entre amarguras y sonrisas, está segura que la prostitución deja grandes ganancias económicas pero destruye los caminos fraternales: Tanto que gané. Tantos billetes que junté. Tantas zapatillas, tantas joyas, tantos regalos, tanto y tanto que se perdió. Pensé que era suficiente para criar a mis hijos y ahora sé que no era nada. Recuerdo que era mucha plata, pero muchas veces esa plata era llena de sangre, llena de muertos, llena de golpizas, llena de alientos pútridos. (Relato recogido)..

(24) 24 Pero bien ¿por qué el cuerpo de la mujer es el cuerpo históricamente más comprometido con la prostitución? Se puede señalar que la cuestión data desde la misma construcción de la sociedad donde el cuerpo de la mujer se configura como un elemento exótico y “fácil” de marcar. Existe un temor por exponer el cuerpo masculino pero es un alivio comprometer el cuerpo femenino como un objeto. Solo basta con ver los titulares de la prensa que desacreditan y moralizan los cuerpos protuberantes de las mujeres que se encuentran en determinada zona de la ciudad, pero que exaltan los cuerpos de otras mujeres que venden un producto, con la gran diferencia que ellas son limpias, de cuna noble, sin desmanes sociales, con vidas perfectas, sin pobreza en su sangre, sin necesidades sociales. En definitiva, los medios y nosotros, señalamos cuerpos, creamos sujetos según nuestros intereses, creamos un estigma social. La construcción de un estigma Para Lamus (2007) el cuerpo “es más que una simple ‘envoltura’ del sujeto pues implica una integralidad orgánica, mental y psíquica” (p.2). En este sentido, los cuerpos en condición de prostitución son cuerpos sintientes, complejos, llenos de misterios, de secretos, de vidas y de muertes. Son cuerpos historizados que almacenan marcas, nombres, golpes y caricias; banalizados y categorizados por la sociedad, dadas sus prácticas, sus devenires laborales, sus emociones, sus actos. Se trata de cuerpos expuestos a la intemperie, al frío y al calor de la calle, a los olores y sudores de los transeúntes, a las palabras que los señalan, que les dan vida y la quitan; son cuerpos perdiendo sus nombres, sus vidas e historias, cayendo sin amortiguadores, luchando por hacer parte de la sociedad, por ser aceptados nuevamente. En este orden de ideas, abordar la comprensión de la estigmatización de los cuerpos femeninos en condición de prostitución, precisa ahondar en tres elementos, que a consideración propia, son indispensables para tal fin: el primero, remite al universo visual de estos sujetos,.

(25) 25 centrado en la concepción del estigma a partir de una relación entre el cuerpo prostituido y el espacio que habita; el segundo, sugiere una construcción sensible desde lo que significa un cuerpo estigmatizado en condición de prostitución; y, un tercero definido en una mirada social, política y cultural a partir de la situación en la que se encuentran estos cuerpos. Entre el cuerpo prostituido y el espacio que habita. Con esto en mente, basta con salir a dar un paseo a cualquier hora del día en Bogotá, dirigirnos por las llamadas zonas de tolerancia, espacios que los gobiernos cercan para no mostrar y permitir comercios delictivos, como el hurto, la drogadicción y la compra-venta sexual (Silva, 2003) . Estos espacios apartan a ciertos agentes sociales no admitidos en el marco comunal, espacios cuyo ambiente ilegal es el diario vivir de los cuerpos que lo habitan. Son lugares fríos que resguardan a personificaciones citadinas cuya realidad es la prostitución: mujeres, niñas, jóvenes o mayores con escotes pronunciados, faldas que no dejan nada a la imaginación, maquillajes exacerbados, figuras delgadas, flácidas, obesas, tonificadas, operadas; gestos de provocación, de placer, de lujuria, pero también de ira, de dolor, de rabia, de obligación, de frustración, de muerte, de olvido. Los cuerpos prostituidos se caracterizan por habitar espacios marginados, espacios difíciles de concurrir, cerrados y señalados, donde no se puede tener acceso si no se hace parte de la compleja relación que desde allí se establece. Estos cuerpos se funden en las condiciones del espacio y asemejan sus características, descubriendo dimensiones corporales similares al del ambiente concreto que se habita. Según Bianchi (2010), el cuerpo se resignifica por los espacios donde transita, se trata de cuerpos que se mueven entre la clandestinidad y la visibilidad: si el espacio mantiene una atmósfera clandestina, el cuerpo se comporta clandestinamente, tanto el de.

(26) 26 la mujer “prostituta” como el del sujeto prostituyente. De esta forma, los cuerpos se constituyen a partir de la matriz física y simbólica de los espacios que se habitan (Bianchi, 2010). De manera que, en el proceso de señalamiento o estigmatización de los cuerpos en condición de prostitución, el lugar condiciona las particularidades que deben tener los sujetos que habitan un delimitado espacio. Este espacio es un hábitat que se fusiona con los cuerpos fijando los actos, acciones y reacciones del ser en cuestión; las trayectorias de vida y de cotidianidad se posan en este territorio cuyo marco determinan la singularidad de los cuerpos (Palacios, 2013) . Observamos cómo las “prostitutas” gesticulan la sexualidad, los deseos más lúgubres o cándidos interpretando un cuerpo ajeno, un cuerpo como objeto de un espacio. Entre las luces tenues de los bares, el olor a alcohol o sustancias psicoactivas se encuentran cuerpos desnudos “sin pudores”, escarchados y perfumados, prestos a brindar placer por una suma económica. En otros términos, el cuerpo opera bajo una política del deseo, en tanto que el espacio habitado mantiene unos mecanismo de poder que, según Foucault (2002) “enmarcan la existencia de los individuos; una adaptación y un afinamiento de los aparatos que se ocupan de su conducta cotidiana, de su identidad, de su actividad, de sus gestos aparentemente sin importancia, y los vigilan” (p.71). Por ende, se configura una política que encauza la corporalidad dentro del marco de la prostitución, expresado en los movimientos eróticos y en bailes calientes que ostentan hasta el último rincón de piel; movimientos que venden una imagen “aterradora” pues transgreden la naturalidad de los seres: piernas abiertas y objetos recorriendo todas las cavidades de los cuerpos, prolongando sus extremidades a un punto que socialmente se conciben solo en la intimidad. Al respecto, Jaidive, una mujer muy sensual que sabe muy bien el poder que su cuerpo puede ejercer sobre otros, expresa:.

(27) 27 Yo era la bailarina, la más provocativa. Soy mona y eso les gusta a los indiecitos. A los hombres les gusta que les refreguemos las nalgas en sus narices, que le rocemos los pezones en sus rostros al calor de un buen reggaetón. A todos, mujeres y hombres les gusta que nos metamos cosas o que juguemos con objetos en nuestro cuerpo. Al compás de la música todo resulta tan erótico, tan sensual. Los hombres vienen buscando lo que no encuentran en sus casas, LOCURAS, pero esas locuras son inmorales para los demás. ¿Cómo si todos no nos dijéramos cosas cochinas cuando tenemos sexo con nuestras parejas? ¿Cómo si no nos arrecháramos de vez en cuando? (Relato recogido). Así, tanto los gestos como los movimientos desacerbados de estas mujeres constituyen un universo moral, que señala a los seres practicantes de la prostitución. Desde ahí surge el estigma sobre los cuerpos sumergidos en el mundo de la prostitución, advirtiendo con Goffman (1970) que un ser estigmatizado es aquel individuo inhabilitado para una plena aceptación social, debido a actitudes que se perciben como faltas de voluntad o antinaturales; recalcando que aquello que transmite el ser humano ante los demás es lo que lo nombra y lo posiciona como un ser irrepetible. Por ello, cada palabra y cada acción que se realiza es un continuo nombramiento social, que involucra la pérdida de la identidad personal, pues el otro, aquel que nos observa es quien nos da un valor: nos nombra, estereotipa y acepta bajo determinados círculos sociales. Entonces, caminar y pensar únicamente en aquello que se observa superficialmente: la puta, el objeto, la transacción, es comenzar a desacreditar al individuo dentro de las interacciones sociales, al asignarle un nombre ajeno, convirtiéndoles en agentes biográficos; es decir, aquellos sujetos que, por sus ocupaciones y quehaceres diarios, entran en diálogo con diferentes espacios y sus otros habitantes, desde realidades demasiado lejanas, demasiado impensable, demasiado inimaginables (Bonet, Fernández, Gallego, & Obradors, 2006)..

(28) 28 Construcción de un cuerpo estigmatizado. No cabe duda que el cuerpo femenino en situación de prostitución se ha convertido en un objeto cuyo principal propósito es realizar una transacción económica, donde el placer sexual es el resultado para el comprador y el sustento económico es el aliciente para la mujer. Pero realmente ¿Qué es lo que se esconde detrás de la práctica, de esa mujer que vende su cuerpo, de ese cuerpo que es agredido, señalado y mal nombrado por los demás? Respuesta que fácilmente se puede hallar recabando las voces de ellas mismas: Detrás de la puta se esconde una familia, se esconde una historia, se esconde una rosa que fue marchitada por varias cosas. Aquí solo ven las medias, los tacones, el labial, los cucos más corticos, aquí solo nos ven el culo y nos tildan de lo peor. (Relato recogido). Precisamente, este tildar del que habla Maruja es el resultado de las acciones tomadas por la sociedad frente a los comportamientos que considera inaceptables (Goffman, 1979). Por ello, trata de no verse ni sentirse observada, pues ya ha dejado la prostitución, pero, evidentemente, las huellas que dejó el paso por esta condición la hunden en un abismo sin regreso a la que ha sido expulsada. Entre tanto, Maruja dice odiar a la gente, no confiar en ella ni en los demás; se siente un poco perseguida, acorralada, clasificada por todos nosotros. Maruja, aun sin ya serlo, se siente como una puta, la definición de sí misma (Lamus, 2007) se construye desde los comentarios y percepciones de los demás; a partir de una imagen condensada en las miradas de los otros, como un objeto encarcelado en categorizaciones y estereotipos. Por ello, desde la óptica de Foucault (2002), el cuerpo es un campo en el que se inscriben un conjunto de saberes propios de la realidad social que habita. De esta forma, el cuerpo, históricamente, ha estado inmerso en una serie de circunstancias políticas que establecen unas relaciones de poder, las cuales “operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo.

(29) 29 doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos” (Foucault, citado en Sossa, 2012, p.5). A esta razón, el cuerpo prostituido se constituye en un dispositivo político en el cual se reconocen señales de regulación que son impuestas por las miradas de los Otros. Es claro que nosotros, en tanto simples transeúntes, solo vemos lo que a primera vista nos permiten. Observamos esos cuerpos desnudos ofreciendo sus senos, sus piernas, sus sexos, sus maquillajes, sus cuerpos escarchados, sus olores fingidos. Dentro de nuestros juicios morales, los tildamos de “impuros”, de faltos de valor, los señalamos como un mal, como algo podrido, pero somos incapaces de comprender sus necesidades, lo que se encuentra detrás de sus vidas y sus historias. Si escudriñáramos un poco más, encontraríamos que interpretan un personaje para poder llevar un sustento económico a sus casas, observaríamos cómo luchan a diario para ofrecerles a sus hijos una vida diferente a la de ellas. Descubriríamos que no disfrutan abrir sus piernas y dejar que les hagan cualquier cosa por un simple pago, no les gustan los golpes o los señalamientos que se hacen. Son mujeres con vidas, con cientos de problemas, en busca de una oportunidad, de la aceptación social; son mujeres que se enamoran y sienten placer con sus parejas, que son felices con sus hijos, con sus roles de madres, hermanas, hijas. También, son seres solitarios con miedo a salir a la calle pues comprenden que la calle es un universo peligroso; estos cuerpos son una búsqueda constante del ser perdido o del ser que pudo existir. Con lo anterior, es necesario reconocer el estigma como un elemento configurador de corporeidades bajo la sombra de los señalamientos primarios de la sociedad, los cuales “facilitan” el “entendimiento” de una situación general del diario vivir (Goffman, 1970) . Una condición que creemos saber cómo opera y, por ende, se opta por mirarlo y entenderlo como la.

(30) 30 sociedad pretende que se haga. De aquí, es posible decir que el cuerpo en condición de prostitución, entre otras cosas, es un cuerpo que se vende por un cambio económico; así, la prostitución está sujeta a la estigmatización que busca camuflar lo que realmente sucede en los cuerpos de aquellas quienes la ejercen. En este sentido, es claro que existe un conocimiento sobre el cuerpo visible, pero no por el cuerpo, en tanto construcción histórica y social, a partir de las muchas situaciones y espacios corporales construidos con y desde el otro (Barreiro, 2004) . A este respecto, es simple construir un cuerpo desde afuera, significándolo sin conocer sus verdaderos devenires y las experiencias que ha tenido que recorrer para sobrevivir; por ello, los cuerpos en condición de prostitución se construyen y toman significados a partir del rastro de su caminar por las calles, desde las orillas del deseo, desde el trasegar simple y banal de las miradas. Entre tanto, el estigma se crea porque existe una necesidad de construir una ideología que defina las inferioridades del ser, dando cuenta del peligro social que representa la persona dentro de determinada comunidad. De aquí que, el problema de la estigmatización se enmarque en el lenguaje de la desaprobación sobre una determinada práctica o forma de pensamiento; donde los asuntos morales de las sociedades intervienen en las concepciones de las mujeres en situación de prostitución. Entonces, la práctica de la prostitución enmascara al ser que habita detrás del cuerpo vendido por placer, opaca sus devenires, sus razones individuales y personales, dejando solamente al aire la práctica sexual; olvidando los motivos y necesidades del cuerpo involucrado en esta actividad o, lo que a esto Goffman (1970) llama control de la información e identidad personal, la cual se tergiversa gracias a las lecturas sociales de la actividad sexual..

(31) 31 Una mirada política y cultural al cuerpo prostituido. En el transitar de esta investigación se opta por ver, bajo la lupa de la sensibilidad, a esos cuerpos que se van forjando día y noche, para intentar comprender unas vidas, con más preguntas que respuestas, llenas de señalamientos que en su gran mayoría pierden la objetividad de los cuerpos construidos por las miles de situaciones que los preceden. Por lo tanto, el cuerpo es más que un simple significado inamovible, es pensado desde la experiencia, como huella y como posibilidad de un conjunto de relaciones sensoriales que construyen formas físicas y mentales que devienen en el comportamiento humano (Ferreirós, 2015): cuerpo doloroso, feliz, sincero, depresivo, oportunista, arriesgado; una sensibilidad construida en lo táctil, lo olfativo, lo visual y lo auditivo, pues, es a partir de ello que se absorben todas aquellas experiencias que construyen los nuevos devenires del sujeto. Así las cosas, el cuerpo debe ser contemplado no solo como un estigma sino como una construcción completa del ser, dado que “el estigma encasilla política, social, cultural e ideológicamente todo aquello que opera en nuestro entorno” (Goffman, 1970, p.15). Por esto, la prostitución es vista como un trabajo impuro, vulgar e inmoral, lo cual genera que los cuerpos sumergidos en este ejercicio queden obsoletos, denigrados e invisibilizados. En esta perspectiva, los cuerpos en condición de prostitución son resultados malformados y reconstruidos de las heridas que dejó el paso por el abandono, por el maltrato, por la negación del ser y la anulación de sus identidades (Barreiro, 2004)..

(32) 32. Prostituta (Veras, 2008).. Al lado de ello, siguiendo lo propuesto por Ferreirós (2015), es necesario repensar el cuerpo, no ya desde la anatomía o la fisiología, sino desde la experiencia vivida, como parte de una construcción de muchas situaciones, vivencias y sensaciones que nacen de la práctica social. De esta forma, surge un cuerpo comprendido desde las memorias y los relatos que se distienden entre el pasado, los recuerdos y el presente, como una reacción de aquello que sucedió hace mucho tiempo atrás. El cuerpo, emerge entonces, como un espacio sensible presente permeado y construido desde un pasado, que entra en íntima relación con otros cuerpos: cuerpos refugios y cuerpos testigos de todo aquello que alguna vez sucedió con sus universos familiares, sexuales, económicos y violentos. Sin embargo, en este punto es indispensable preguntarnos ¿Qué es entonces el cuerpo? A esto es posible responder desde diferentes posturas donde el cuerpo se manifiesta como una.

(33) 33 entidad objetiva instrumentalizada y aislada de las experiencias subjetivas. Empero, la postura tomada aquí, parte del trasegar de la vida, de mi vida y de la vidas de las mujeres en condición de prostitución, a partir de las cuales se evidencia que el resultado y los comportamientos del ser humano, en ese momento presente, son respuestas de los pasados, pasados que a todos como seres sintientes nos marcan desde diferentes puntos. Esos cuerpos marcados por la deformación, tanto física como mental, no solo por haber consumido por muchos años sustancias psicoactivas, sino también por ser víctimas del maltrato y por comportarse dentro de la imposición social de cumplir con sus roles de prostitutas. Así las cosas, decir ¿Qué es un cuerpo prostituido? implica, según Barreiro (2004), develar posturas para comprender la generalidad de forma, donde lo físico y concreto predominan sobre la verdadera imagen construida por todas las situaciones vividas. Asimismo, donde el cuerpo hace parte de todo un proceso económico de rentabilidad y control, pero también de formas de interacción al ser “un instrumento de expresión de nuestra propia personalidad” (p. 135) que entra en comunicación con las sensibilidades de la vida, por medio de los gestos, utilizados a diario para comunicarnos con los demás. A mi modo de ver, el cuerpo se comporta dependiendo del lugar, de la situación y de los demás; por ello, una mujer en condición de prostitución camina de cierta forma porque sabe que tendrá más opciones de encontrar un cliente, este caminar lo aprendió por determinada necesidad, pero tuvo en algún momento contacto con el universo sensual y erótico que ahora usa para un fin determinado. En este contexto, el énfasis también subyace, siguiendo a Martínez (2009), en que el cuerpo se significa a través de universos sensuales, eróticos, afectivos y de deseo que proporcionan elementos para el proceso de subjetivación, materializado en la reacciones del cuerpo vivo y latente, que olfatea, observa, siente con las manos, con los pies, con los labios, con el corazón y.

(34) 34 las lágrimas que derrama. Por tanto, las mujeres a las que ahora hago referencia, son seres que han puesto a su disposición todos estos universos para sobrevivir a la calle, al abandono, a la tristeza, a la violencia. Los cuerpos prostituidos no son solo cuerpos sucios, ni tirados a la calle, son cuerpos que han pasado por un sin número de facetas que las construye como cuerpos presentes: cuerpos que deviene en cada instante, que se transforman y se adaptan con cada situación. Esos universos sensibles sólo se presentan en el diario vivir del cuerpo dentro de cada momento, de ahí que sirvan para “explicar la acción individual y las causas que determinan la inhibición en el ejercicio de la acción” (2009, p. 270). Por consiguiente, ¿Cómo poder esperar una reacción ajena a la acción? Si te tiran al piso, te dan patadas y dicen que eres una escoria, seguramente no vas a sonreír; tendrás que llorar, sentir dolor y tal vez sentirte despreciable. Luego, esto vendrá a la memoria y seguramente se odiará a quién lo hizo, también habrá miedo y hasta sumisión; pero al pasar los días, los meses y los años, el cuerpo guardará esas huellas como el recuerdo presente en la piel, como algo que advierte de los peligros y también de los nopeligros; es, por decirlo de alguna forma, una huella que físicamente se da en la piel, pero que cala hasta el alma, se queda en el recuerdo y siembra vestigios en los sentidos. De aquí que, el cuerpo deba ser visto como un monumento a los sentidos, a las huellas y a las vivencias que significan un cuerpo que se lamenta y siente el padecer de cada día; el cuerpo sensible es aquel cuerpo que llora, ríe, odia, enfrenta y huye. Es también un cuerpo, que al pensar de Ferreirós (2015), es un todo superficial y profundo abierto a “las sensibilidades, estremecimientos, a las afectaciones mutuas” (p.3); lo que de por sí, le permite alimentarse de las vivencias, de los seres que lo rodea, de las huellas que dejan las situaciones. A este punto, podemos afirmar que las tres mujeres en condición de prostitución con las que decidí emprender.

(35) 35 este viaje de re-significación de sus vidas, son seres que en algún momento tuvieron un cambio en su modo de existencia, por situaciones que determinaron su proceder y que les dejaron huellas en sus pieles y en sus almas. Estas tres mujeres, Jaidive, Maruja y Stella, como otras miles en toda Bogotá y el mundo, tuvieron que soportar el maltrato físico de sus padres, de los extraños, soportaron la inclemencia de inequidad social cuando no tenían ni siquiera para comer; soportaron el desplazamiento de sus territorios y la pérdida del primer amor por las manos anónimas de la violencia. Sin duda, esta serie de situaciones marcan en el cuerpo-huella que evolucionan en algunas decisiones que determinan los comportamientos presentes; pues un simple grito o un violento golpe en el rostro pueden deformar a un ser humano, así como un simple gesto político de negación económica nos puede llevar a realizar algunas prácticas “malsanas” para sobrevivir. Se trata pues de cuerpos que han vivido situaciones límites traducidas en golpes que dejaron cicatrices, las cuales destruyen y deconstruyen sus formas corporales, para dar paso a nuevas formas de caminar, de comer, de hablar y sobre todo de pensar y sobrevivir. Sus cuerpos, antes eran cuerpos tranquilos, seguros, libres y hasta juguetones, pero dada las coyunturas fue necesario, siguiendo a Pabón (2002), reconstruir esas existencias que ahora operan como un punto de giro en una obra de teatro que se articula con la vida. Estos cuerpos pueden estar pensando que esa es la única forma de brindarles ciertas comodidades básicas a sus hijos o a sus padres, son cuerpos que posiblemente están viendo en el horizonte cómo quemaban su casa y dentro de ella se hallaban sus hermanos atados de pies y manos. Estas situaciones sin duda fueron puntos de giros y detonantes para escoger la vida que les correspondió vivir, pero también se encuentran los primeros devenires y transformaciones del cuerpo después de estos episodios oscuros que ellas ya inmersas en la prostitución escogieron:.

(36) 36 robar, matar, engañar, abandonar; solo esto como resumen de todas las decisiones que se tomaron cuando estaban inmersas en el mundo de la prostitución. A estos cuestionamiento, me ha conducido el ver, escuchar, sentir y oler la prostitución, hallando en este oficio a cuerpos desnudos que se muestran superficialmente y se entregan en un frío rincón de la ciudad a otros cuerpos que buscan compasión, placer y tal vez amor. Aquellos cuerpos femeninos que, en el opinar del poeta Sabines (1997) “(…) soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados” (p.205). Relato y prostitución: una marca desde las voces Ahora, busquemos señalar cada emoción, situación, persona, cada desplazamiento, cada origen y destino que han atravesado aquellos cuerpos marginales; aquellos sujetos prostituidos, que cargan tras de sí sus historias como unas huellas impresas en el cuerpo a causa del dolor, del desplazamiento forzado, del campo, de las disonancias familiares, de quereres y de no quereres. Haciendo énfasis en los relatos como aquellos que configuran y reconstruyen las subjetividades de esos cuerpos; comprendiendo qué, como bien lo señala Arendt (citada en, Quintero & Ramírez , 2009), los relatos “expresan una manera de ser y de no ser al mismo tiempo, por lo que se constituyen en una estructura que manifiesta la singularidad” (p. 39)..

(37) 37. Afrodita (Prieto, 2008).. Son cuerpos que han llegado a Bogotá, que han tenido que echar raíces en un espacio que no conocen y que no desean, espacios urbanos desconocidos que los atropella, los envuelve y los transforma. Es por ello que, a continuación daré paso a tres relatos y experiencias correspondientes a las vidas de estas mujeres en condición de prostitución que vivieron y aún transitan por nuestra ciudad, ya no con el cuerpo de la niña, ni de la jovencita, mucho menos el de la señora; centrado la mirada en la forma en que estos cuerpos llenos de vidas, de historias, de golpes, de huellas y de muchos dolores se construyen a partir de su relación con la migración y el desplazamiento, el maltrato, el abandono familiar y las calles que habitan..

(38) 38 El relato y la experiencia: migraciones corporales. Un territorio es aquel pequeño o amplio espacio dispuesto para vivir, algunas veces para escapar de los señalamientos o para encontrar una vida que perdieron en otro contexto (Quintero & Ramírez, 2009). Los cuerpos, en su forma metafórica, son cuerpos que se mudan por el querer o por las situaciones que los preceden, pero son cuerpos que se atraen y terminan en un mismo lugar; son territorios que ocupa otro territorio, un territorio que se construye con el paso del tiempo y se identifica con las mil y una acciones que los proceden. De esta forma, las migraciones corporales se comprender como un desplazamiento que se realiza por una u otra razón, es un cambio de lugar, de espacio, de percepción de los olores, de contaminación, de sensaciones, fríos y calores; es un cambio por un sinnúmero de dificultades que se evidencian en las lejanías de sus territorios originales: es una cicatriz encima de otra herida. Las migraciones corporales son cambios de espacio por la fuerza que se da en cualquier momento y busca que el cuerpo asimile y se adapte a dicho cambio (Barreiro, 2004) . Así, sin querer generalizar una problemática como lo es el origen y el destino de los cuerpos en situación de prostitución, es de señalar que aquel pequeño grupo de mujeres con las cuales he compartido un vasto cúmulo de experiencias pasadas y presentes, me han llevado a comprender que el campo es el alma mater de sus vidas y que, por una u otra razón, han determinado el devenir de sus cuerpos en desplazados portátiles que, al decir de Bustamante (2005), son “esos itinerantes que no duermen/ y que copulan hacía adentro/ mientras van/ por el agujero negro de cualquier calle/del día o de la noche (…) (p.25). Con esto en mente, el campo se comprende como aquel lugar olvidado por los hombres del concreto, por los hombres de la ciudad (Ospina, 1996); el campo cobija grandes tristezas que son opacadas por el sonido de los árboles, por el sonido de los manantiales, por el ruido del silencio..

(39) 39 El campo significa tranquilidad para estas mujeres, un lugar propio donde poder respirar sin ser cuestionadas, sin preocupaciones por la simplicidad que debe ser tener que comer. Estas tres mujeres relatan cómo fueron botadas del campo, humilladas por los hombres armados, cómo vieron convertirse los manantiales en ríos llenos de sangre; la manera en que cambiaron sus juegos por trabajos, cómo tuvieron que olvidar lo que les pertenecía y olvidar a sus seres queridos. En pocas palabras, cómo estos cuerpos tuvieron que superar las pérdidas y se transformaron en otros cuerpos, en cuerpos de la calle.. Ramona en la intimidad (Verni, 1965).. Es por ello que, el campo se presenta como la esfera en la cual sus prácticas y relaciones se encontraban justificadas desde los sentimientos de tranquilidad, equidad y sostenibilidad (Quintero & Ramírez , 2009) ; pero, dadas las travesías del poder, aquellos cuerpos que solían sembrar los campos fueron desplazados, tirados y migrados a otras tierras. En esta perspectiva, surge el desplazamiento forzado como un elemento narrativo que, implícitamente, seccionó la existencia de estos cuerpos en un pasado y en un presente:.

(40) 40 Corríamos no sé muy bien por qué pero corríamos, no mirábamos atrás, solo dejábamos lo poco que habíamos cultivado. Mi padre entre sollozos protegía a mi madre, me empujaba para que corriera más, el gritaba una y otra vez… Yo miraba cuando podía hacia la casita, una casita envuelta en llamas. Si mi padre hubiese accedido a la petición de esos hombres, tal vez nada de esto habría pasado. (Relato recogidos). Este pequeño grupo de mujeres no decidió ser lo que son, o por lo menos no lo decidieron en un comienzo. Un día cuando por juegos de la vida, la violencia les arrebató un pedazo de tierra, o por la dominación sexual de un pariente, o porque se cansaron del maltrato de sus padres, madres o padrastros, tuvieron que correr y conocer el mundo que les era completamente extraño; en ese momento cuando no contaban con un pedazo de pan para ellas o para sus hermanos, tomaron una decisión, tomaron un camino que si bien aún no era la prostitución, las acercaba a este sombrío paraje: Pues fue como cuando te arrancan algo y te dejan con un inmenso dolor. Yo creo que cuando tuvimos que salir corriendo el mayor desplazamiento se dio en nuestras cabecitas; era aceptar que no volveríamos a la casa, era aceptar que lo de nosotros ya no era de nosotros, que aquello por lo que tanto habíamos luchado ahí quedaba. (Relato recogido). Este relato centra su atención en los efectos colaterales de un desplazamiento en manos de grupos armados, que tiene como causa directa la muy frecuente pérdida de seres queridos (Sosa, 2012); generando con ello una huída en medio de una noche cualquiera cuando, sin saber cómo ni por qué: Stella vio cómo su padre caía a causa de un disparo que le perforó el cráneo, su padre, su héroe; Maruja, una mujer que no vivía con su madre biológica tuvo que compartir el desplazamiento con su madre adoptiva y olvidar la cosecha en la que tanto habían trabajado;.

(41) 41 Jaidive, una niña temerosa, amante del teatro que tuvo que correr con sus hermanos y su madre para logar salvarse, su padre yacía tendido en su humilde rancho: Tenía diez años y vi a mi padre morir. Delante de mis ojos murió. Creo que aún era muy pequeña para entenderlo, creo que era muy pequeña para aceptar todo lo que sucedía. (Relato recogido). Comprendemos entonces que estos relatos asumen un sentimiento de pérdida mezclado con lo que Quintero & Ramírez (2009) llaman el menosprecio de la personalidad moral, es decir, “la confianza en sí mismos y en los otros al sentir que sus aprendizajes ciudadanos pasan a ser desconocidos” (p.29) por aquellos quienes los arrojaron y por aquella sociedad a la que ahora se ven obligadamente arrojados: Ellos [la sociedad] no se imaginan que fui violada por mi padrastro cuando solo tenía 13 años, que fui desplazada por la violencia y que el gobierno nunca nos apoyó. Ninguno se imagina que fui un “puta” por más de 15 años y que en este espacio me toco aprender más cosas, cosas ilícitas para sobrevivir. (Relato recogido). Es claro cómo, cada uno de estos cuerpos arribó a una gran ciudad, a una ciudad con pocas oportunidades que opacó sus espíritus y los convirtió en otros cuerpos; ya eran consideradas víctimas del conflicto, eran señaladas como desplazadas, pero nadie, ningún organismo de control les tendió la mano, convirtiéndolas en un problema social y político. Las necesidades no se hicieron esperar, sin techo y sin comida, tuvieron que salir a las calles, vendieron chicles, dulces, cigarrillos, flores, luego pasaron a vender droga, pues era un poco más lucrativo, pero no era lo que esperaban: “No contaba con dinero así que decidí vender mi cuerpo que ya no valía nada”(relato recogido). Así pues, la opción más deleble fue operar sobre el cuerpo como una mercancía enajenable, aplicando la lógica de disponer libremente de él con la serie de riesgos que, en opinión de Ciriza.

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