Atención psicológica en casos de desastre
Dr. Sergio Sánchez Pintado** Médico Psiquiatra y Psicoanalista. Presidente de la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría, A.C. Vocal Ejecutivo del Programa de Atención Psicológica en Casos de Desastre, SSA.
Miembro del Comité Ejecutivo de la Sección de Psiquiatría Militar e Intervención en Desastres de la Asociación Mundial de Psiquiatría.
ARTÍCULO DE REVISIÓN
Correspondencia: Dr. Sergio Sánchez Pintado
Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría Calle Presa Santa Teresa # 124, Depto. 2 Col. Irrigación, Del. Miguel Hidalgo C.P. 11500, México, D.F.
RESUMEN
Estrés, trauma y desastre son conceptos que están ínti-mamente relacionados, la reacción de estrés es cada vez más frecuente, toda vez que el ser humano está sujeto constantemente a apremios y conflictos de diversa índo-le. La imagen tradicional de un desastre consiste en un escenario violento y dramático, con desintegración de la unidad social, aunque el caos y el desorden no correspon-dan a lo que en realidad ocurre; son más las ocasiones en que se manifiesta una conducta racional. Las conductas in-adaptadas comprenden la conmoción, la huida, la agitación y la violencia. Durante el impacto sólo una cuarta parte de los individuos reaccionan coherentemente, el resto presenta en grado variable desorden por estrés agudo y otros pocos pue-den presentar reacciones neurovegetativas severas, histéri-cas y aun cuadros psicóticos como respuesta ante el estrés masivo provocado por el evento traumático. Las secuelas más importantes son los trastornos psicosomáticos y los es-tados depresivos. Se consideran como predisponentes la alta densidad de población, la dificultad en la convivencia social, el clima de crisis política mundial, etc. Son más susceptibles los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con con-flictos mentales. En la prevención y tratamiento de las conduc-tas inadaptadas son importantes la rapidez y el orden en la instrumentación de las medidas de socorro y salva-mento, la información rápida y oportuna. Finalmente se expone un resumen del Programa de Atención Psicológi-ca en Casos de Desastre de la Secretaría de Salud.
Palabras clave: Desastres, trauma, estrés, guerra, caos.
ESTRÉS, TRAUMA Y DESASTRE
Angustia y miedo
En el curso de su evolución, el ser humano ha de-sarrollado la capacidad para reaccionar
preventiva-ABSTRACT
Stress, trauma and disaster are closely related concepts; the stress reaction is more and more frequent, since the hu-man being is constantly subjected to harassments and flicts of different nature. The traditional image of a disaster con-sists in a violent and dramatic setting, with social unity disintegration, even though chaos and disorder are not corres-ponded with the real happening situation, a rational conduct are manifested in most cases. Inadaptable behaviors included commotion (shock), runaway, agitation and violence. During the impact, only a fourth part of subjects reacts coherently, the rest of them present a variable degree of acute stress disorder and another few could show severe neurovegetative reactions, hysteria and also psychotic disorders as response to massive stress due to a traumatic event. More important sequelae are psychosomatic disorders and depressive status. High density of population, difficulties for social cohabitation, worldwide poli-tical crisis, etc., are considered as predisposing factors. Chil-dren, women, older people and patient with mental conflicts are more susceptible to disasters. Into prevention and treat-ment of inadaptable behavior, the speed and order in the ins-trumentation of help and salvage measurements, the quick and opportune information are very important. Finally, a sum-mary of the Program of Psychological Attention for Disaster Cases from the Health Department of Mexico are presented
Key words: Disaster, trauma, stress, war, chaos.
apremios, la angustia y el miedo se apoderan de no-sotros, ya sea que dichos peligros resulten reales o imaginarios, distorsionados o no por nuestra pro-pia interioridad psíquica, lo cierto es que en estas condiciones se van a dar cambios en toda la econo-mía orgánica.
Cuando la situación amenazante se mantiene, la emoción crece en intensidad y los cambios orgánicos y fisiológicos se suceden (Garelli J.C., 1983). El
miedo o temor que representa la reacción más in-mediata puede convertirse en espanto, que es una emoción de mayor intensidad y éste puede llegar al terror, y si el peligro continúa se desemboca en el
pánico o pavor, que es la emoción extrema y que implica la desorganización más grave de la persona-lidad, tal como ocurre en el estrés masivo colectivo de los grandes desastres, o en el terreno individual en los cuadros psicóticos agudos de diversa natura-leza.
Reacción de estrés
Hans Selye, el científico canadiense, conocido y galardonado por sus estudios sobre la reacción de estrés (tensión, esfuerzo), la definió como la res-puesta inespecífica del organismo a toda exigencia o demanda de éste (Jalife A. y Nadal M., 1991), es-pecíficamente ante situaciones traumáticas, res-puesta que se caracteriza por la activación del siste-ma hipotálamo-hipófisis-suprarrenales, y por reacciones neurovegetativas diversas que preparan física y psíquicamente al individuo para la huida o el ataque, dando lugar a lo que podemos definir como un estado de alarma y defensa.
El estrés se inicia con la aceleración del pulso, aumento de la frecuencia respiratoria, contracción arterial, hipertensión, liberación de glucosa, aumen-to de la masa de glóbulos rojos en la sangre, dismi-nución de la fatiga muscular por descarga de las su-prarrenales, etc., constituyendo estos fenómenos la
fase de alerta (Crocq L., 1974)que tiene como obje-tivo preparar al organismo ante la amenaza; una vez que ésta ha desaparecido o se ha alejado, la hipófi-sis y las suprarrenales secretan las hormonas que realizan el fenómeno inverso, y el diencéfalo ordena el relajamiento neurovegetativo, ésta es la fase de resistencia; si la reacción de alerta es excepcional-mente súbita o si la alternancia alerta-resistencia se repite con mucha frecuencia, el individuo puede pre-sentar trastornos irreversibles que constituyen el
estado de agotamiento, que puede conducir a lesio-nes orgánicas y aun a la muerte.
Trauma psíquico
El término traumatismo es ante todo somático, y se aplica a la acción vulnerante de agentes físicos so-bre los tejidos y órganos; sin embargo,
metafórica-mente los hemos trasladado al terreno de lo psico-lógico, para designar a todo acontecimiento que irrumpe bruscamente en la organización psíquica del individuo. Existen eventos como los grandes de-sastres, que resultan traumáticos para casi todas las personas, pero también hay otros sucesos que sólo afectan a algunos individuos; dicho de otra for-ma, la naturaleza de lo traumático va a depender del estímulo ciertamente, pero, sobre todas las caracte-rísticas de la personalidad, sobre la que actúa (Sán-chez Pintado S., 1991). Hay factores que predispo-nen, como la historia traumática del sujeto, los conflictos psíquicos que suponen necesariamente desgaste de energía, la realización de algún trabajo o esfuerzo previo y en general todo aquello que haga parecer al estímulo como inesperado para esa per-sonalidad, de tal forma que no le permita articular adecuadamente sus defensas y activar la señal de angustia protectora de su psiquismo.
HISTORIA Y ANTECEDENTES
La historia de la humanidad está jalonada por una serie de hechos lamentables o desgraciados, al-gunas veces producto de la propia naturaleza y otras provocadas por el hombre, en su afán de dominio y poder (Crocq L., 1984). La erupción del volcán Vesubio en el año 79. d.C. que sepultó a las ciuda-des de Pompeya y Herculano, y que fue interpretada como un castigo divino, en los tiempos antiguos; desgracias ocurridas en los tiempos modernos como el terremoto de San Francisco en 1906, el de Messi-na en 1908 (100,000 muertos), el de Tokio en 1923 (80,000 muertos), el de Guatemala en 1972, los te-rremotos de la Ciudad de México en 1985 (10,000 víctimas), y otros, son ejemplos de grandes desas-tres naturales que ha sufrido la humanidad.
de existir otra guerra mundial después de una terce-ra tendría que hacerse con garras y garrotes. Esta advertencia de una mente tan preclara como la del físico germano-americano, autor de la teoría de la re-latividad, y el clima de conflictos que agobian a la po-blación mundial, nos conduce a la necesidad de revi-sar la diferencia entre los conceptos violencia y agresión, que usan indistintamente en informacio-nes periodísticas, y aun en escritos de profesionales de la salud (Benyakar M., 1998)
Los desastres provocados por el hombre en for-ma intencionada se pueden dividir en dos clases que aparentan ser similares, pero que son absolutamen-te diferenabsolutamen-tes. Unos son los desastres desencadena-dos por la agresión, el ejemplo más característico es la guerra convencional, en la que existe un agresor declarado que se postula como el hacedor del daño y una persona o población que es dañada. En estos casos el damnificado puede desarrollar defensas ante la agresión, que pueden ser: defensas concretas para resguardar sus vidas y/o integridad psíquica, ya que puede ubicar al agresor; en otras palabras, la agresión es la conducta que está dirigida a produ-cir daño físico o psíquico, en la que el efector del daño está identificado.
Diferente es la situación de los desastres provo-cados por la violencia como en el caso de los ata-ques terroristas, los secuestros, las violaciones sexuales, los abusos a menores, etc., en los cuales la persona o el grupo se encuentran indefensos ple-namente, por eso es que la violencia a diferencia de la agresión se refiere al daño provocado por figuras no identificadas y cuya meta es la de infligir el dolor o daño sin posibilitar que el damnificado pueda de-sarrollar ningún tipo de defensa (Curran P. S., 1988). Si bien por lo general las consecuencias psí-quicas ante cada una de estas situaciones son dife-rentes, erróneamente se tiende a homologar el con-cepto de violencia con el de agresión (Benyakar M., 1998, Benyakar M. 2000).
CONCEPTOS Y DEFINICIONES
Pero volvamos al tema central de este trabajo, los términos desastre, catástrofe y siniestro tienen un significado similar cuando se utilizan para hacer re-ferencia a un accidente repentino e inesperado o a una desgracia muy grande que le puede ocurrir a un individuo, a una familia, a un grupo pequeño, a una comunidad, a una nación o al mundo entero. El de-sastre supone el dislocamiento de la estructura so-cial y la interrupción de alguna de todas las funcio-nes vitales de la sociedad.
Estos sucesos se pueden originar por múltiples causas naturales o ser desencadenados por el hom-bre: terremotos, inundaciones, huracanes,
erupcio-nes volcánicas, explosioerupcio-nes, incendios, guerras, se-cuestros, terrorismo, etc.
F.D. Jones define el desastre de la siguiente for-ma: Es un estado de estrés masivo colectivo causa-do por una amenaza externa sobre la que ni el indi-viduo ni la comunidad tienen control (Sánchez Pintado S., 1986).
Raquel Cohen define a los desastres como even-tos extraordinarios que originan destrucción consi-derable de bienes materiales y pueden dar por re-sultado muerte, lesiones físicas y sufrimiento humano. (Cohen, R. E.; Ahearn (jr.), F. L., 1989).
Crocq, L. define catástrofe como un evento nefas-to, súbito y brutal que causa:
1.Destrucción material importante (o de geografía humana).
2.Un gran número de damnificados.
3.Una desorganización notable o las tres cosas a la vez.
4.Catástrofes sociales: pánicos terrorismo en tiem-po de paz, etc.
(Benyakar M., 1987)
Una situación de desastre, además de daños ma-teriales, trae consigo una serie de repercusiones que desorganizan los aspectos cognoscitivos y emociona-les de los individuos. Al momento del desastre se deteriora la capacidad de atención y concentración, hay una fuerte sensación de ansiedad e impotencia mezclada con sentimientos de ira y tristeza. Estos sentimientos, en ocasiones, pueden permanecer en-cubiertos por algún mecanismo de defensa, por ejemplo: la negación que provoca una disminución en la capacidad de sentir o enfrentar las circunstan-cias externas desagradables.
ESTUDIOS E INVESTIGACIÓN PSICOLÓGICA
A pesar del impresionante avance y la investiga-ción en múltiples campos del saber humano los es-tudios científicos sobre la conducta humana en los desastres son relativamente recientes (Sánchez Pin-tado S., 1986).
Cen-tre DEtudes de Catastrophes es fundado en Fran-cia en 1968. Actualmente existen otros centros si-milares en Bélgica, Canadá, Italia, Japón, Suecia, Noruega, Israel, España y Argentina.
La Asociación Mundial de Psiquiatría se ha dedi-cado al estudio de estos problemas a través de su Sección de Psiquiatría Militar e Intervención en De-sastres, la cual realiza conferencias, cursos, encuen-tros, etc., con el objetivo de promover la información e intercambio de conocimientos entre los profesiona-les de salud mental, y fomentar la formación de espe-cialistas en la atención psicológica en desastres en los diversos países y otra serie de actividades que ayudan al conocimiento de este nuevo campo de las problemá-ticas emocionales; y fue con esos propósitos que du-rante el último Congreso Mundial de Psiquiatría, rea-lizado en Yokohama, Japón, en agosto de 2002, el autor de este trabajo fue elegido representante de nuestro país, como miembro del Comité Ejecutivo de la Sección de Psiquiatría Militar e Intervención en Desastres de la Asociación Mundial de Psiquiatría.
Por otra parte, la Organización Mundial de la Sa-lud, OMS, cuyos objetivos están orientados a pres-tar ayuda en los principales problemas que aquejan a la humanidad en el planeta, dedica una parte im-portante al asunto de los desastres en el mundo, y es en este sentido que busca integrar el auxilio psi-cológico en sus programas, considerando que en todo desastre 36% de la población es afectada psí-quicamente.
DESASTRES Y CONDUCTA
La imagen tradicional de un desastre consistente en un escenario violento y dramático con desintegra-ción de la unidad social; caos y desorden no corres-ponden a lo que en realidad ocurre.
Los estudios de campo han mostrado que el pá-nico no es una forma de conducta común en estos casos. La población golpeada por los desastres, por lo general, no se comporta de una manera histérica o desorganizada, como es fácil pensar, antes, al con-trario, se ayudan unos a otros realizando ellos mis-mos la mayor parte de las tareas de rescate y salva-mento. El problema mayor está representado por la convergencia de un gran número de espontáneos que viven fuera del área del desastre, obstaculizando y entorpeciendo los trabajos.
Son importantes también las reacciones de los equipos de auxilio y salvamento, de las autoridades, de los vecinos del área y del resto de la comunidad no afectada directamente (Crocq L., 1974).
Los comportamientos colectivos dependerán de las condiciones emocionales del grupo, básicamente de su cohesión interna. Estos comportamientos pueden ser racionales, emocionalmente controlados
y adaptados o bien manifestarse patológicos con predominio de la irracionalidad, la impulsividad y el peligro, lo que aumenta el número de víctimas y pro-voca la desorganización social.
Conductas adaptadas, dirigidas o espontáneas Son más las ocasiones en las que la población reacciona en forma coherente y adaptada, que con-serva la sangre fría y realiza medidas eficaces de de-fensa e inicia la reorganización social. Estas conduc-tas pueden observarse debido a la obediencia de órdenes, a la observancia de consignas y a la organi-zación que establecen los más fuertes (psicológica-mente), que orientan como líderes naturales la eva-cuación del área y los primeros auxilios (Crocq L. et al, 1987), como ocurrió el 19 de septiembre en la Ciudad de México, dándose las mayores muestras de organización espontánea en las labores de resca-te y salvamento por las mismas víctimas del desas-tre en los primeros minutos de pasado el temblor y el derrumbe de edificios.
Conductas inadaptadas
Se habla de un comportamiento colectivo de de-sastre (Crocq L., et al, 1987) para descubrir la conducta que manifiesta un grupo, una población o parte de ella ante la amenaza de un evento que im-plica peligro de destrucción material, de daño a los individuos (muertos, lesiones, etc.) y que provoca una desorganización social notable: la reacción con-moción-inhibición-estupor, se ha observado des-pués de severos cataclismos (bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki). La agitación y el fenómeno del pánico son menos frecuentes, pueden ocurrir después de la caída de un local, un edificio, una nave, en estadios y sitios descubiertos; Guggenbuhl cita otro tipo de comportamiento colectivo de excita-ción y agitaexcita-ción denominándole la tempestad de movimientos, con manifestación digestos desordena-dos e ineficaces y el pánico de tiro es decir, la utili-zación sin ningún motivo de las armas de fuego, esti-mulado por la necesidad de hacer algo, dar sentido a la angustia y consiguiente agitación que invade al in-dividuo en un estado propiamente alucinatorio (Cua-dro 1).
CLASIFICACIÓN DE CONDUCTAS
Las conductas observadas se pueden clasificar de acuerdo con varios criterios, por ejemplo:
La naturaleza del desastre: naturales, accidentes o de guerra.
El perfil del desastre, diseñado por el Disaster Research Center de la Ohio State University, re-sulta muy útil, ya que enfatiza la urgencia (Cuadro 2).
Una de las clasificaciones de Berren y Beigel del Southerm Arizona Mental Health Center (Berren M. y Beigel A., 1980), tiene en cuenta los cinco paráme-tros siguientes:
1.Grado del impacto sobre las personas. 2.Tipo de desastre.
3.Riesgo de recurrencia.
4.Control sobre impactos futuros. 5.Duración del desastre.
PERIODOS O FASES DEL DESASTRE:
LA CONDUCTA OBSERVADA
Glass, citado por Jones (1983), describe cinco fases durante el desastre de acuerdo con las cuales se debe realizar la intervención psiquiátrica:
1.Periodo de advertencia. La planeación, el entrena-miento y las medidas precautorias deben ser eje-cutados en este tiempo. Los psiquiatras partici-pan detectando y ayudando a dominar las actitudes de negación y de fatalismo que caracte-rizan este periodo.
2.Periodo de amenaza. El desastre es inminente, puede ser pasajero o durar minutos, e inclusive horas. El pánico ocurre cuando el individuo se siente incapaz de escapar a la amenaza y respon-de con una reacción aguda respon-de temor o pérdida respon-de control, conducta irracional y antisocial.
3.Periodo de impacto. La amenaza se convierte en realidad y el desastre ha ocurrido. La duración del desastre varía desde segundos y hasta horas, dependiendo del tipo de desastre.
Durante esta fase ocurren tres tipos de reaccio-nes psíquicas:
a) De 12 a 25% de los individuos, aunque ten-sos y excitados, serán capaces de una conduc-ta afectiva.
Cuadro 1. Conductas humanas en catástrofes.
A. Conductas adaptadas B. Conductas inadaptadas
Obediencia de Conmoción. Inhibición. Estupor
órdenes Huida centrífuga
Seguimiento de Desmoralización
consignas Suicidios
Bajo órdenes Ejecución de acciones Víctimas Agitación
aprendidas Interrogatorios ansiosos
Evacuación en orden a todo mundo
Permanencia en sus Violencia
puestos Pánico
Éxodo
Estructura del grupo
Ayuda mutua destruida
Espontáneas Cooperación Características Liderazgo destruido o Líderes naturales sociales inactivo
Propagación colectiva de rumores
Crocq. L. Collective Behaviors in Wartime and Peacetime Catastrophes
Cuadro 2. Perfil del desastre.
Orden Extensión de la Grado de urbanización Número de Importancia de Naturaleza del de Urgencia zona de impacto e industrialización víctimas los daños desastre
1 Varias comunidades Urbanizada e Más de 1,000 Importantes Imprevisto y
industrializada repentino
2 Una sola comunidad Urbanizada o De 100 a 1,000 Moderados y Imprevisto y industrializada dispersos repentino
3 Un barrio No urbanizado ni Menos de 100 Débiles Previsto y
industrializado progresivo
Disaster Research Center. Ohio State University.
s
s
s
b) De 50 a 75% estarán trastornados, aturdi-dos, confundidos y relativamente inmóviles y sin habla. Presentan lo que se llama síndro-me del desastre o fatiga del desastre. c) El restante 12 a 25%, pueden estar altamente
agitados, incontrolados, con severos desórde-nes afectivos, con reacciodesórde-nes histéricas y aun estados psicóticos.
Este periodo de desorganización de la estructura social y la lucha por sobrevivir no posibilita la asis-tencia psiquiátrica.
4.Periodo de retroceso o retirada. Ocurre cuando el estrés primario ha pasado y los equipos de res-cate y salvamento comienzan a entrar en el área del desastre.
Los patrones de las conductas observadas son los siguientes:
a) El tipo efectivo. Son aquellos poco afectados o que han denominado el síndrome del desas-tre. En este grupo emergen los líderes cons-tructivos.
b) El tipo dependiente. Son los que presentan el síndrome del desastre y algunos del tipo agi-tado. Estos individuos se muestran como ni-ños, dependientes, verborreicos, con accesos emocionales y en búsqueda de seguridad. Son altamente sugestionables.
c) El tipo no funcional. Son aquellos que no han podido superar el síndrome de desastre y permanecen trastornados y agitados, para esta minoría la ayuda psiquiátrica debe ser directa.
5.El periodo de postimpacto. Algunos autores ha-cen referencia a los periodos de luna de miel y desilusión (Benyakar M., 1999); el primero que es inmediato al desastre se caracteriza por la necesidad de expresar sentimientos y compartir experiencias con otros, y el segundo surge cuan-do el apoyo se ha interrumpicuan-do y la población tiene que enfrentarse a la resolución de sus pro-blemas. Este periodo es ilimitado, corresponde a la rehabilitación y construcción de una nueva vida, cuando la asistencia externa ha terminado y la comunidad afligida inicia la reorganización de su estructura social. Al principio hay reac-ciones de culpa y dolor que después se cambia a coraje y resentimiento dirigido contra alguna au-toridad a la que se culpa de la causa o resulta-do del desastre. Se pueden incrementar las en-fermedades psicosomáticas, los trastornos depresivos y las reacciones de estrés postrau-mático.
COMPLICACIONES POSTRAUMÁTICAS
Las manifestaciones ansiosas
Entre estas reacciones se encuentra el desorden por estrés agudo y el llamado trastorno por estrés postraumático; sin embargo, hay otros cuadros en los que el individuo manifiesta su ansiedad, obser-vándose, por ejemplo, con un comportamiento inhi-bido que puede llegar hasta el estupor y presentar cambios bruscos hacia la hiperactividad con con-ducta desordenada e impulsiva y con fugas que pue-den llevarlo a la auto o heteroagresividad. La gran crisis aguda de angustia o ataque de pánico se pue-de expresar en este contexto, o bien aparecer abrup-tamente después de un estrés insostenible para el sujeto: hay una sensación de muerte inminente, des-órdenes neurovegetativos diversos, perturbaciones severas del comportamiento y ruptura de toda con-ducta coherente (Sánchez Pintado S., 2002). Exis-ten otras formas de manejo de la angustia, como las fóbicas, que se expresan en la negativa de enfrentar aquello que siente peligroso, o bien reacciones diso-ciativas que se manifiestan por cambio de personali-dad y del papel del individuo (Belenky G.L., 1982).
Las manifestaciones confusionales En muchas ocasiones, la conciencia del siniestra-do se encuentra centrada exclusivamente en el esce-nario del desastre, por lo tanto, es muy fácil que se pierdan las referencias del espacio y tiempo que lo conectan con la realidad, y que, por lo tanto, se muestre desorientado, confundido y lleno de enso-ñaciones; sin embargo, lo más frecuente es que es-tas manifestaciones se reduzcan a problemas de atención y memoria, pero si la ansiedad predomina pueden ocurrir descargas motrices impulsivas y pe-ligrosas (Sánchez Pintado S., 2002).
Las formas delirantes agudas
En algunos casos pueden presentarse cuadros psicóticos agudos, con síntomas diversos y fácil-mente reversibles, sin que cristalicen en las psicosis comúnmente conocidas, su carácter transitorio y el polimorfismo de sus síntomas nos permiten consi-derar a estos desajustes como severos, pero de rápi-da solución (Sánchez Pintado S., 2002).
Las manifestaciones histéricas
Manifestaciones psicosomáticas
El rechazo social y cultural hacia las manifesta-ciones histéricas de los pacientes, ha determinado que las respuestas a la ansiedad del desastre se ca-nalicen por la vía más disimulada, que constituyen los sistemas neurovegetativo y endocrino, y desde luego se exprese por respuestas diversas; las más frecuentes son las digestivas (vómitos, dispepsia, úlceras gástricas y duodenales, etc.). Existen otras manifestaciones como las cardiovasculares y endo-crinas; por ejemplo, ha sido referido que entre los muertos del terremoto de la Ciudad de México, en 1985, muchos de ellos no presentaban lesión exter-na alguexter-na, por lo que su muerte se debió a infarto del miocardio por estrés masivo agudo (Sánchez Pintado S., 2002).
Los trastornos psicosomáticos a veces tienden a tornarse en epidemia, afectando a la población civil, como ocurrió con la hipertensión arterial durante el sitio de Leningrado, y las úlceras gástricas que de-sarrollaron los habitantes de las ciudades alemanas bombardeadas en la Segunda Guerra (Dresden). En nuestro tiempo estas manifestaciones son bastante frecuentes debido a las complicaciones socioeconó-micas de la vida, sobre todo en las grandes ciuda-des.
Los estados depresivos
Las manifestaciones depresivas se presentan con más frecuencia durante la fase de reconstrucción, aunque también se pueden presentar inmediata-mente después del impacto al tomar conciencia de la muerte de familiares y otras personas con las que existían lazos de amistad u hostiles, lo que genera sentimientos de culpa (Sánchez Pintado S., 2002).
Crocq y sus colaboradores diferencian entre esta-do de ansiedad, estaesta-dos ansiofóbicos, estaesta-dos his-téricos y neurosis traumáticas:
a) Estados de ansiedad: Se pueden presentar como sintomatología somática (precordalgias, espas-mos digestivos, temblores, etc.) o como sinto-matología psíquica (sensación de muerte inmi-nente, etc.). Esta ansiedad puede aparecer de diferentes maneras: inquietud, subagitación, agresividad, etc. A pesar de que algunos indivi-duos despliegan reacciones de angustia o de agi-tación motriz, la mayoría de éstos se comportan adecuadamente en situaciones disruptivas, en-contrando la manera de canalizar la angustia y el exceso de tensión.
b) Estados ansofóbicos: Su expresión clínica es si-milar a los estados ansiosos, con la particulari-dad de que pueden desencadenarse por la evoca-ción de un estímulo fobígeno, cuyo contenido se
refiere a escenas relacionadas con la catástrofe: las ruinas, los muertos, el olor a incendio, la sangre, las ambulancias, etc.
c) Estados histéricos: Lo más típico de estas mani-festaciones son las crisis psicomotrices, conver-siones, despersonalizaciones y conductas suici-das; por otro lado, puede expresarse como parte de una personalidad histérica la espectaculari-dad.
LAS REACCIONES DE LOS EQUIPOS DE AUXILIO Y LOS RESPONSABLES COMUNITARIOS
Durante un desastre, los profesionales y volunta-rios dedicados al salvamento pueden manifestar re-acciones inadaptadas, que sin ser francamente pato-lógicas suelen comprometer la eficacia de su trabajo e influir negativamente sobre los damnificados.
1.Pueden padecer un shock emocional inicial, que sucede en el periodo en el que Crocq y colabora-dores llaman periodo sensible inicial, el cual se caracteriza por un breve periodo de inhibición psicomotriz, olvido momentáneo de los actos que deben efectuar, repetición mecánica de gastos in-útiles, tendencia a aglutinarse con los otros tra-bajadores e imitarlos, en lugar de cumplir su ta-rea específica. En general esta ta-reacción dura sólo unos minutos y pasa rápidamente, pudiendo vol-ver a cumplir sus tareas: existen excepciones en personas psíquicamente muy vulnerables. (Crocq L. et al, 1987).
2.Shock emocional prolongado: Se traduce por un grado relativo de inhibición, hipoprosexia, indecisión, realización de la actividad de un modo casi automático. Este automatismo re-sulta de una actitud de defensa que produce una disociación entre la actividad técnica del salvamento y la sensación de que el medio am-biente es caótico y agresivo. Retrospectivamen-te, estas personas suelen darse cuenta de que han afectado las tareas como si estuvieran en un estado de personalización, con un compor-tamiento aparentemente adaptado, pero que no es tal, ya que carecen de la capacidad de adap-tarse a los cambios de las circunstancias y de la realidad externa.
FACTORES PREDISPONENTES
Las conductas colectivas inadaptadas en los ca-sos de desastre dependen de ciertos factores pre-disponentes ocasionales o permanentes (Sánchez Pintado S., 1984) que debilitan la estructura social. Las poblaciones urbanas con gran densidad de población en las que no es posible la convivencia so-cial, ni la existencia de ligas estrechas ni sentimiento de pertenencia a grupos (Freud S., 1982), contradic-ciones y valores permanentes, son más susceptibles de sufrir desorganización social ante una amenaza.
Los niños, las mujeres, los ancianos y las perso-nas con conflicto mental resultan presa fácil del pá-nico y del desarrollo de conductas inadaptadas.
La multitud tiene una unidad mental distinta de la individual, por lo que se habla de un alma de la masa, una serie de características agresivas e in-fantiles: impulsividad, sugestibilidad, simplicidad, exageración de los sentimientos, predominancia de la imaginación sobre el pensamiento racional, conta-gio mental y tendencia a la imitación, que juegan un papel importante en la génesis de los comporta-mientos inadaptados.
El clima de crisis política mundial que genera un constante estrés en la sociedad y que disminuye el umbral para la tolerancia a los estímulos cotidianos es otro factor importante para generar reacciones in-adaptadas.
LA SITUACIÓN EN MÉXICO
México, por su ubicación geográfica, topografía, factores climáticos y condiciones socio-económicas, sufre con frecuencia de desastres, y, por otra parte, la ola de violencia y criminalidad que azota al país desde hace varios años ha creado un clima de incer-tidumbre que propicia la aparición de cuadros como los antes descritos.
A raíz del terremoto de 1985 que devastó la Ciu-dad de México y produjo un número incalculable de víctimas, se creó el Sistema Nacional de Protección Civil, organismo encargado de coordinar las acciones de las entidades públicas y privadas que intervienen en estas contingencias, y que hasta ese momento se realizaban de forma aislada y dirigidas exclusivamen-te al rescaexclusivamen-te, salvamento y reparación de los daños materiales, pero sin haber tomado en consideración la afectación psicológica de las personas.
Esta situación fue constatada y preocupó al pro-pio Presidente de la República en el mes de diciem-bre de 2000, cuando visitaba las comunidades asentadas en las faldas del volcán Popocatépetl, or-denando la implementación de un Programa de Atención Psicológica en Casos de Desastre, que de-biera incorporarse al Sistema Nacional de
Protec-ción Civil y a las acciones que se implementan en ta-les circunstancias.
Debo agregar que los atentados terroristas del pa-sado mes de septiembre en los Estados Unidos con-tribuyeron a incrementar la conciencia sobre la nece-sidad de la ayuda psicológica en estos casos, tanto en autoridades como profesionales y población general.
La estadística sobre la afectación psicológica, re-sultado de estos eventos en nuestro país, es prácti-camente nula, ya que la atención de ésta ha sido de forma espontánea y dispersa.
EL PROGRAMA DE MÉXICO
El Programa de Atención Psicológica en Casos de Desastre se encuentra inserto en el conjunto de los otros programas enfocados a la atención de trastor-nos específicos de salud mental; en este contexto se inició la elaboración del Proyecto que sustentara las acciones a realizar.
PLAN DE ACCIÓN Y ESTRATEGIAS
Se procedió a la integración de un grupo de ex-pertos de todas las entidades públicas y privadas que intervienen en estas contingencias, este equipo de trabajo se ha denominado Comité Consultivo Académico del Programa de Acción Atención Psico-lógica en Casos de Desastre,cuyo objetivo es el de unificar criterios y acciones.
OBJETIVO GENERAL
Preservar y restaurar la salud mental de la po-blación que pueda afectarse debido a la amenaza u ocurrencia de una emergencia o desastre, así como del personal que participa en las tareas de auxilio, mediante la coordinación de los esfuerzos interinsti-tucionales.
El Programa se ha dividido en cinco subprogra-mas, de acuerdo con las necesidades de operatividad:
1.Planeación.
2.Educación para la Salud. 3.Tratamiento y Rehabilitación. 4.Investigación.
5.Legislación y Normatividad.
Este programa se implementará en los tres nive-les de gobierno: Federal, Estatal y Municipal.
I. PLANEACIÓN
Integrar y Coordinar el trabajo de los expertos en esta área.
Elaborar, de acuerdo con los criterios del Comité Consultivo Académico, los materiales de informa-ción para poblainforma-ción general y especialistas
Fomentar ante las instituciones educativas del país que en sus programas de estudios se inclu-yan materias relativas a estas problemáticas.
Participar en cursos, talleres, congresos, etc. na-cionales e internana-cionales, en los cuales se aborde esta problemática, a fin de recabar información y actualizar constantemente el programa de trabajo.
Se pretende que sumado a otras estrategias de atención, se logre una cultura consistente, preventi-va, de mitigación y alerta, preparada psicológica-mente para hacer frente a los desastres con el obje-tivo de preservar, mantener o restaurar la salud mental de los grupos de individuos o poblaciones que puedan afectarse debido a la ocurrencia amena-za, emergencia o desastre y coadyuvar en la atención a damnificados, minimizando a las alteraciones psi-cológicas y conductuales causadas por desastres.
II. EDUCACIÓN PARA LA SALUD
Crear una cultura general de prevención del im-pacto psicológico que estos fenómenos tienen en la población general a través de los medios masi-vos de comunicación y otros recursos de divulga-ción.
Promover el Programa de Atención Psicológica en Casos de Desastre en todos los sectores de la po-blación: administración pública, sector privado y sociedad civil.
Elaborar lineamientos, guías y manuales para la aplicación de técnicas de intervención psicológica en desastres.
Crear redes locales preparadas para la interven-ción inmediata a partir de la propia comunidad.
Incluir dentro de los programas académicos de los diferentes niveles de educación, materias rela-cionadas con la atención psicológica en desas-tres.
Formar y capacitar en las materias de atención psicológica al personal de primer contacto con las víctimas de desastre.
Implementar estrategias exclusivas de apoyo para grupos de alto riesgo y especiales.
III. TRATAMIENTO Y REHABILITACIÓN
Desarrollar e implementar a nivel interinstitu-cional un Modelo Unitario de Diagnóstico, Clasi-ficación y Atención de los afectados por el desas-tre.
Desarrollar e implementar modelos de interven-ción individuales, familiares y grupales dirigidos a los diferentes grupos de población, consideran-do los de mayor vulnerabilidad.
Establecer el sistema de referencia y contrarrefe-rencia institucional de los afectados.
IV. INVESTIGACIÓN
Establecer convenios y acuerdos con entidades públicas y privadas, para realizar protocolos mul-tidisciplinarios de investigación en la materia.
Incluir dentro del Sistema Único de Información y Vigilancia Epidemiológica del país, característi-cas de las reacciones psicológicaracterísti-cas en desastres.
V. LEGISLACIÓN Y NORMATIVIDAD
Hacer las propuestas sobre las modificaciones legislativas necesarias para que la Atención Psi-cológica sea obligatoria por parte del Sistema Na-cional de Salud.
Proponer modificaciones a la Ley General de Pro-tección Civil y a la Ley General de Salud, para que en dichas legislaciones se incluya el concepto de atención psicológica.
Tramitar ante el Gobierno Federal el acceso a los recursos económicos necesarios para la vigencia y funcionamiento del Programa.
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