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El arte coreográfico en la historia de las relaciones internacionales europeas

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Academic year: 2020

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Agradecimientos

Siendo como siempre fue emocionante el deseo de elaborar esta tesis, y

arduo y sinuoso el camino hasta verla hecha realidad, su conclusión fue

posible merced a la beca otorgada por la AECID (Agencia Española de

Cooperación Internacional para el Desarrollo - Ministerio de Asuntos

Exteriores); por eso muestro hondamente mi agradecimiento por las

decisiones en tal sentido a Jorge Sobredo Galanes, Clara Fernández Castrillo

y José Manuel Ojeda Domínguez.

Al mismo tiempo, no es menor mi gratitud por sus horas de desvelo,

derroche de entrega y apoyo, y por el abrigo intelectual que me brindó la

directora de la tesis, María Elena Gómez, quien tan sabia y acertadamente

supo encaminar mi trabajo y sirvió a la vez como fuente de inspiración en la

orientación y el desarrollo de la investigación.

También quiero agradecer a Begoña Fernandez Cabaleiro su impulso, que

me condujo a iniciar este laborioso y emocionante trabajo. Igualmente

quiero recordar aquí a Alicia de la Corte, cuya ayuda fue inestimable a la

hora de encontrar fuentes de documentación imprescindibles para un

desarrollo adecuado de la tesis doctoral. No podría excusar similares

sentimientos de gratitud para Begoña Learreta Ramos por su apoyo en

(8)

Mis pensamientos más profundos se dirigen hacia a ti, Jesús, mi amor, mi

amigo, mi apoyo, que estuviste a mi lado todo este tiempo dándome el

apoyo material y moral para sacar adelante esta tesis , y también hacia

quien está por venir…

Y, por último, agradezco a mis padres que encaminaran mis pasos hacia el

(9)

A los poemas que me abrieron el camino de la vida (mis padres),

a los versos que me acompañan por él (mi entrañable Jesús),

a la rima que ya siento conmigo (mi hijo),

(10)
(11)

ÍNDICE

PRÓLOGO ... 19

INTRODUCCIÓN ... 25

CAPÍTULO 1. LA POLITICA COMO INSTRUMENTO PARA LA DIFUSIÓN DE LA DANZA ... …33

1.1. La dimensión cultural de Europa ... 33

1.2. Política europea e instrumentos jurídicos en la cooperación cultural ... 42

1.3. Tratado UE de Maastricht – artículo 151, sobre la cultura ... 52

1.4. Interpretación personal del artículo 151 sobre la cultura, a favor del arte coreográfico ... 58

CAPÍTULO 2. LAS RELACIONES CULTURALES EUROPEAS, QUINTAESENCIA DEL DESARROLLO DEL ARTE COREOGRÁFICO ... ………71

2.1. Introducción ... 71

2.2. El arte coreográfico, lazo de la cultura europea en las relaciones entre Italia, España, Francia e Inglaterra en los siglos XV-XVII ... 73

2.2.1. Contexto político ... 73

2.2.2. Contexto cultural ... 78

2.3. Italia, promotora de la danza en las cortes europeas ... 89

2.4. La danza cortesana, espejo de una sociedad europea ... 110

2.5. Francia, centro europeo del desarrollo de la danza ... 126

2.5.1. La danza, entre la armonía y la estética... 126

(12)

2.5.3. La danza geométrica y la alegoría ... 135

2.5.4. Los estilos de la danza cortesana ... 148

CAPÍTULO 3. LA DANZA, INSTRUMENTO PARA LA PROMOCIÓN DE LA POLÍTICA ... 171

3.1. Los ballets políticos de los siglos XVI a XVII ... 171

3.2. El ballet en la época de Richelieu ... 197

3.3. Luis XIV, el rey de la danza ... 206

3.4. Mazarino y su política cultural en el arte ... 224

3.5. Las cortes europeas bajo la efigie del modelo francés del ballet ... 230

3.5.1. El caso inglés ... 231

3.5.2. El caso español ... 250

3.5.3. El caso italiano ... 256

3.5.4. El caso del Imperio Alemán ... 259

3.5.5. El caso danés ... 264

3.5.6. El caso sueco ... 265

3.6. El ballet en el contexto político-cultural de los siglos XVIII-XIX ... 267

3.6.1. Contexto político ... 267

3.6.2. Contexto cultural ... 271

3.7. Politización de la danza en el siglo XVIII ... 274

3.7.1. Francia ... 274

3.7.2. Italia ... 298

3.8. Las ideologías totalitarias del siglo XX en el ballet y la danza ... 304

3.8.1. Contexto político ... 304

3.8.2. Contexto cultural ... 308

(13)

3.8.4. Repercusiones de la ideología marxista en el arte coreográfico

rumano ... 342

3.8.5. La influencia nazi en la danza alemana ... 382

3.8.6. Coros y Danzas, producto del franquismo español ... 434

3.8.7. El fascismo italiano en la danza ... 447

CAPÍTULO 4. EL ARTE COREOGRÁFICO Y SU CONSERVACIÓN EN UN MUNDO GLOBALIZADO ... 459

4.1. El ballet, un patrimonio común que define la identidad europea . 459 4.1.1. Características generales del ballet ... 460

4.1.2 La danza europea: elemento de unidad en la diversidad ... 463

4.1.3. El aporte español a la cristalización del ballet ... 472

4.1.4. Marius Petipa, creador del patrimonio común europeo ... 481

4.1.5. Los Ballets Rusos de Diaghilev en España ... 485

4.2. Mundialización y globalización en el arte coreográfico ... 490

4.2.1. Consideraciones generales sobre los dos conceptos ... 490

4.2.2. Percepción de la mundialización y globalización cultural en el espacio europeo ... 495

4.2.3. Influencia de la mundialización y globalización en el arte coreográfico ... 503

CAPÍTULO 5. CONCLUSIONES ... 519

(14)
(15)

RESUMEN

Europa, unida en su diversidad es enseña del propósito de esta tesis

doctoral, que se desarrolla al hilo de la conexión entre el arte

coreográfico y las relaciones internacionales europeas. El binomio

danza-política se analizará bajo el prisma del artículo 151 (Cultura) del Tratado

de Maastricht (1992), que contiene referencias clave como patrimonio

común, diversidad nacional, intercambios culturales y difusión de la

cultura, aspectos que se analizarán en un periplo histórico que abarcará

desde el siglo XV hasta el siglo XX.

La cristalización del vasto material étnico en el arte de la danza le

permite hoy expresar el lenguaje de todos los pueblos, de todos los

tiempos. En una conjugación de pasos, sonidos, colores y formas, el arte

coreográfico refleja la cultura europea en su diversidad, cristalizada en el

patrimonio común inmaterial.

En este marco, los intercambios culturales se consideran como piedra

angular en el conocimiento de las culturas europeas y un vínculo al que

recurrimos para expresar un mundo que define nuestra identidad

europea a través de la danza.

La tesis doctoral está estructurada en prólogo, introducción, cuatro

capítulos y conclusiones:

(16)

Capítulo II: Las relaciones culturales europeas, quintaesencia del desarrollo del arte coreográfico

Capítulo III: La danza, instrumento para la promoción de la política

Capítulo IV: El arte coreográfico y su conservación en un mundo globalizado

Conclusiones

El presente trabajo supone un estudio exhaustivo acerca de los

momentos decisivos del binomio danza-política, los tiempos y épocas en

que se influyeron mutuamente y en los que el arte de la danza pasó de

ser un arte de élite a un arte para las masas. El objetivo, en suma, de esta

tesis doctoral es ofrecer una visión global de la conexión entre el arte

(17)

Europe united in its diversity is a motto that could exemplify the purpose

of this doctoral thesis, which offers a deep insight of the connection

between choreographic art and European international relations. The

relationship dance-politics is analyzed in the light of the Article 151

(Culture) of the Maastricht Treaty (1992), which contains key words such

as common heritage, national diversity, cultural exchange and

dissemination of culture that will be studied in a cultural journey

throughout the history of the fifteenth to the twentieth century.

The crystallization of a vast ethnical material in the art of dance allows

nowadays to express the deepest and most basic needs of all human

beings, from all times. In a conjunction of steps, sounds, colors and

shapes, the choreographic art reflects a European culture in its diversity,

gathered around in a common heritage.

Within this frame, cultural exchanges are considered a milestone in the

process of discovering different European cultures and a valuable link

towards a better expression of our European identity through the dance.

This doctoral thesis is divided into a prologue, an introduction, four

chapters and conclusions:

Prologue Introduction

Chapter 1: Politics as a tool for dissemination of dance

Chapter 2: European cultural relations, quintessence of the development of choreographic art

(18)

globalized world Conclusions

This research offers a deep study that underlines the key moments of the

relationship dance-politics, the times and ways in which they influenced

each other and the processes through which the art of dance turned

from being an elite art to an art for the masses. In a few words, the aim

of this doctoral thesis is to provide a comprehensive overview of the

connection between choreographic art and European international

(19)
(20)
(21)

PRÓLOGO

La aspiraciónde esta investigación es abordar la conexión surgida durante la

historia entre la danza y las relaciones internacionales europeas, con

especial atención al estudio del factor político como impulso para la

conversión definitiva de la danza en un arte en sí mismo.

En la “Introducción” se aborda una visión global del binomio política-danza,

a partir de las palabras del artículo 151, sobre la Cultura, del Tratado de

Maastricht de la Unión Europea (1992) (que posteriormente fue incluido en

los demas Tratados), y su interpretación a favor del arte coreográfico. La

aplicación del artículo 151 de este Tratado al arte coreográfico se hace

partiendo de algunos de sus conceptos clave (patrimonio cultural común,

intercambios culturales, diversidad nacional y regional), buscando dar

sentido a una visión política-cultural de la danza y analizando la presencia

implícita de esos conceptos en un recorrido histórico que avale nuestra

hipótesis sobre la influencia de la danza en la política, y de la política en la

danza, en la construcción del espacio europeo.

En el primer capítulo, La política como instrumento para difusión de la danza,

se perfilan los instrumentos jurídicos de la Unión Europea que apoyan y

canalizan la promoción de la cultura y del arte. En él se hace una

aproximación, además, al modo y medida en que se podría proyectar una

estrategia para la preservación del patrimonio cultural inmaterial, como es,

(22)

En el segundo capítulo, Las relaciones culturales europeas, quintaesencia del

desarrollo del arte coreográfico, se han definido tanto la importancia que

tuvo la política y los intercambios culturales en el desarrollo del ballet

durante los siglos XVI y XVII, como los aspectos sociales que constituyeron la

base de su nacimiento. La orientación política que la danza recibió durante

las monarquías absolutistas del siglo XVII encuentra una prórroga en la

época napoleónica de los siglos XVIII-XIX y en los regímenes totalitarios del

siglo XX, como analizaremos en el tercer capítulo de la tesis. En él, titulado

La danza, instrumento para la promoción de la política, se abordan las

similitudes encontradas desde la perspectiva del análisis de la actividad

política entre la narrativa y la estética del espectáculo de ballet. Al plasmar y

entrelazar los rumbos políticos y coreográficos de un amplísimo periodo,

que abarca desde la presencia de los ballets políticos de los siglos XVI a XVII

hasta la importancia de la coreografía en relación con los regímenes

totalitarios del segundo y tercer cuarto del siglo XX, nuestro propósito es

mostrar cómo se fue realizando, paulatinamente, la transición del arte

coreográfico desde un arte elitista a un arte de masas.

El cuarto capítulo, titulado El arte coreográfico y su conservación en un

mundo globalizado, tiene dos partes diferenciadas. En la primera de ellas (El

ballet, un patrimonio común que define la identidad europea) retornamos

momentáneamente al siglo XIX y a principios del XX para mostrar, con tres ejemplos concretos (el surgimiento de la conocida como danza europea, la

influencia española en la cristalización del ballet y la visita de los Ballets

rusos de Diaghilev a España) esos lazos que, de modo a veces explícito, en

otras ocasiones casi imperceptible, muestran los trasfondos políticos y las

(23)

europeo. Nuestro objetivo, con ese análisis, es retomar las palabras clave

que planteamos como inicio de nuestra investigación, emanadas del artículo

151 del Tratado de Maastricht para estudiar si, efectivamente, podemos

hablar del arte coreográfico en términos de patrimonio común e

intercambios culturales y si el ballet fue un resultado de la diversidad

cultural europea. La segunda parte del capítulo analiza cómo por los

conceptos de globalización e, incluso, mundialización, pueden relacionarse

también con nuestro objeto de estudio, pues, en nuestra opinión, tanto por

la trayectoria de sus representaciones, como por las de sus intérpretes y

creadores, algunas de las obras coreográficas concebidas a lo largo del

tiempo hoy podrían considerarse como pertenecientes no solo al

patrimonio cultural europeo, sino incluso al universal.

Para finalizar, las conclusiones de nuestro estudio trazan un peculiar “hilo de

Ariadna” con el que mostramos –resumidamente el modo en el que la

mutua influencia de la danza y la política han contribuido decisivamente, a

lo largo de los siglos, a la creación de un arte coreográfico que debe

(24)
(25)
(26)
(27)

INTRODUCCIÓN

Es conocido que el arte de la danza es el arte que encanta al ojo, ahonda los

sentidos y alimenta los sueños, brisa que nos transporta a un mundo

efímero que vive solo a través de una mágica interpretación; pero, ¿nos

hemos planteado alguna vez si este arte ha tenido en su historia

connotaciones políticas o si esta historia sirvió de vínculo para la promoción

de una determinada política? Cual diapasón de la historia, encantó y amainó

tiempos sinuosos y belicosos marcando senderos ajenos a los impulsos más

primarios, irracionales o arrogantes de los que escribían aquella a lomos de

aspiraciones enfrentadas en ambiciones personales insufladas de grandes

egos.

Metáfora del tiempo, el ballet se perfiló en un ambiente en el que la

simbiosis de culturas y la difusión de estilos de danzas promovidas por las

monarquías europeas favorecieron el desarrollo de las relaciones

internacionales europeas bajo aspectos sociales, políticos y culturales. A día

de hoy, el ballet es conocido como un arte internacional que expresa a

través de su lenguaje universal un mundo que depende de la historia de

Europa; un arte cuyo desarrollo lo relacionamos también con los

intercambios culturales establecidos entre los países europeos. Por eso, el

propósito de esta investigación es, por un lado, buscar una sintonía entre el

artículo 151 del Tratado de Maastricht de la Unión Europea (1992) (de ahora

en adelante, UE) y la danza y, por otro, mostrar la importancia de las

relaciones culturales europeas y de la política en el desarrollo del arte

(28)

A lo largo del tiempo, las dinastías monárquicas empezaron a considerar la

representación coreográfica como un factor estratégico en la afirmación de

sus supremacías en el mundo. Se crearon ciertas reglas y normas (sociales,

artísticas, metodológicas, etc.) que todas las cortes prefirieron adoptar, para

poder integrarse en el juego internacional de aquella época. Como

consecuencia de los hechos, a partir del siglo XVI, la danza se convirtió en el

medio más representativo para ilustrar las intenciones políticas de las

coronas europeas.

El fruto de estos intercambios culturales, surgidos en el occidente europeo

en los siglos XVI-XVII, determinó la creación de los principios fundamentales

de la danza que, gracias a Luis XIV, comenzaron a ser aplicados con la

fundación de la Academia de Danza. En el siglo XVIII el afán por la danza

llega a expandirse hasta la parte oriental del continente. Allí es donde la

corte imperial rusa, al absorber los estilos y las escuelas extranjeras, como la

francesa y la italiana, genera una forma primigenia conocida con el nombre

de ballet ruso.

Mientras que a finales del siglo XIX el ballet en occidente muestra un

decaimiento, en Rusia, bajo la directa protección de su corte imperial, toma

una forma académica gracias a los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov.

Posteriormente, bajo el mecenazgo de Sergéi Diaghilev y los intérpretes de

aquella época, el ballet ruso se difundío en el occidente europeo; esta

expansión otorgó a San Petersburgo la supremacía en la danza. Durante

mucho tiempo, Rusia actuó como promotora del ballet académico. Se

(29)

representan, en nuestra opinión, el patrimonio común europeo y mundial

del arte coreográfico.

Tomando como hipótesis de trabajo la conexión surgida durante la historia entre la danza y las relaciones internacionales europeas, esta tesis aborda

tres vías que la perfilan:

De una parte, nos acercaremos a la actualidad política a través del

artículo 151 (sobre la cultura) del Tratado de Maastricht de la UE y

procuraremos interpretar el texto jurídico valorando sus palabras en

un recorrido histórico que marca las islas del tiempo en las que el

ballet resulta ser una consecuencia de las relaciones culturales

europeas.

Por otro lado, se subrayará la participación directa o indirecta de los

reyes, emperadores, o Jefes de Estado en la percepción del ballet

como instrumento de la política del momento.

En tercer lugar, argumentaremos que el ballet es el resultado de una

confluencia de culturas europeas, y que su carácter universal

procede de los intercambios producidos entre monarquías o/y

estados.

En un periplo histórico por la memoria de Europa se revelará cómo las relaciones culturales europeas influyeron en la evolución del arte

coreográfico. En los siglos XVI-XVII la danza se convirtió en un vínculo

(30)

tarde, en el siglo XX, llegó a ser un instrumento de propaganda política en

los sistemas políticos totalitarios.

Una primera relación entre el arte de la política y el arte de la danza se

encuentra en los siglos XVI-XVII. Fue el momento en el que la danza se erige

como una de las formas de entretenimiento en la celebración de bodas

reales y otras alianzas matrimoniales que darán valor a la representación de

la imagen del poder de las monarquías absolutistas. Posteriormente,

asistiremos a otro encuentro entre la danza y la política durante el siglo XVIII,

cuando Napoleón ejerce su máxima implicación en los asuntos artísticos de

Francia e Italia. Un siglo más tarde, el ballet y la danza vuelven a ser las

formas artísticas más adecuadas para la propaganda de la política totalitaria.

El amplio campo de las relaciones internacionales culturales nos ha llevado a

limitar este trabajo al tratamiento exclusivo de los intercambios culturales

surgidos en los siglos XVI-XVIII entre Italia, Francia, España, Inglaterra y

Rusia. Las relaciones diplomáticas establecidas entre estos países facilitaron

el nacimiento y la expansión de la danza. Por otro lado, se ha examinado la

forma en la que las ideologías políticas del siglo XX (comunismo, nazismo y

fascismo) de los regímenes totalitarios de Rusia, Rumania, Alemania, España

e Italia actuaron sobre la forma y el contenido del espectáculo coreográfico.

A través de esta visión panorámica se ha encaminado la percepción de la

danza como medio diplomático o como vínculo de promoción de las

doctrinas políticas. Asimismo, este trabajo subraya el valor de la danza

clásica y su repertorio como patrimonio común europeo. La dualidad

(31)

estructura de esta tesis, cuyos referentes se encuentran en continua

sintonía.

La limitación de la bibliografía en español ha obligado construir todo un

trabajo de investigación buceando en una complejidad idiomática y

multilingüística, esfuerzo que en todo momento ha merecido la pena en

tanto que la riqueza y la diversidad que se ha aportado con ello ha

enriquecido este trabajo en todos los sentidos. Al respecto, cabe mencionar

que, salvo que se indique otra cosa, debe entenderse que las traducciones

(32)
(33)

1. LA

POLÍTICA

COMO

INSTRUMENTO

(34)
(35)

CAPÍTULO 1. LA POLÍTICA COMO INSTRUMENTO PARA DIFUSIÓN

DE LA DANZA

1.1.

La dimensión cultural de Europa

Con solo pronunciar la palabra Europa nos imaginamos un recorrido por la

historia y la cultura del viejo continente, recorrido con el que se quiere

explorar un pasado común y vivir un nuevo presente. El diseño político

europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial creó paulatinamente para

sus ciudadanos una dimensión social y cultural que fue percibida como

estímulo del conocimiento y del intercambio de opiniones, experiencias,

culturas y costumbres. No por casualidad nos detendremos sobre el

concepto de dimensión cultural europea, porque su utilización nos ayudará a

definir las raíces históricas que unen a Europa.

A pesar de sus divisiones geográficas y políticas, Europa fue el lugar en el

que las distintas corrientes artísticas y espirituales convergieron durante

siglos, creando una herencia que hoy representa la cultura (cfr. COMISIÓN

EUROPEA, 2002, “Construir la europa de los pueblos”). La expresión Europa

de la cultura implicaría más bien un perfil que puede evocar una

uniformidad que, por suerte, no existe.

La dimensión de la cultura europea no necesitaría tanto una definición

cuanto una explicación de los conjuntos culturales y un análisis de las

diferencias y de las similitudes que caracterizan su historia (LEJEUNE, G.:

(36)

país al desarrollo de los elementos culturales comunes creados durante

siglos en Europa; por eso, no se podría percibir su entidad como global, sino

solamente a la luz de la cultura que formó su civilización.

Si tomamos en cuenta una acepción tradicional de la cultura, esta se

definiría como “un conjunto de rasgos distintos, espirituales, materiales,

intelectuales y emocionales que caracterizan a una sociedad o a un grupo

social, incluyendo no solo las artes y las letras, sino también los estilos de

vida, los derechos fundamentales, los sistemas de valores, las tradiciones y

las creencias. En la cultura se destaca la interacción humana en la que

utilizamos la conciencia como instrumento para interpretar las experiencias

y para generar una conducta social” (RODRÍGUEZ, F.: 2003, 1). En una

acepción más contemporánea, la cultura sería más bien percibida en su

dimensión comercial y por su capacidad de impacto político, social y

económico, así como por su difusión a nivel mundial. En este intento de

buscar el punto común de Europa nos preguntamos si sería la cultura el

vínculo que da sentido al concepto de identidad europea común.

La relación entre la cultura y la identidad es una cuestión relativamente

reciente y fue abordada tanto por algunos cambios surgidos en la estructura

de la sociedad como también por la progresiva convergencia entre los

sistemas socio-económicos. Si se quiere valorar la idea de una identidad

europea tendrá que tenerse en cuenta la complejidad de la relación entre

cultura e identidad. Los debates sobre una Europa cultural o sobre una

identidad común han propiciado la idea de que si existiera una cultura

(37)

cultural europea existe, tendríamos que buscarla a partir de una dimensión

histórica.

Kryzsztof Pomian (POMIAN, K.: 1990, 91) apreciaba que en la historia de

Europa hubo tres intentos de unificación. Un primer impulso hacia una

cierta unidad europea se dio bajo el Imperio de Carlomagno, en el cual, a

pesar de sus ideas de unidad política, aquella no resistió más de cien años;

en cambio, lo que ganó la perennidad en el tiempo fue la unidad propiciada

por la religión cristiana. Por su parte, para Ferdinand Braudel (GENICOT, A.:

1993, 49), el nacimiento de Europa se da en el siglo X, época en la que el

continente llega a ser más homogéneo debido al desarrollo del eje

Italia-Países Bajos. A partir del siglo XV, el auge de sus economías contribuirá a la

afirmación de Europa como entidad y favorecerá el acceso a la modernidad.

Este periodo fue reconocido como el segundo intento en el proceso de

unificación de Europa.

Esta época estuvo marcada por una serie de estallidos de los que surgieron

la Reforma, el Renacimiento (versado en las ideas humanistas que llegaron a

ser una propiedad común de la élite europea), la burguesía y los

Estados-nación. La supremacía del Estado se consolida con el Tratado de Westfalia

(1648), cuando Europa se vuelve multipolar y los Estados-naciones

intentarán mantener el equilibrio entre ellos a través de las guerras. Con el

siglo XV se consolida el concepto de comunidad internacional por el

surgimiento del Estado y el desarrollo de los movimientos intelectuales y

(38)

El Renacimiento propició un desarrollo intelectual y artístico sin fronteras y

sin precedentes que le permitió transformarse en un movimiento

pan-europeo. El Humanismo se extendió por toda Europa a través de las

monarquías y fue aceptado por todas las cortes como la corriente cultural

más en boga. En una amalgama de diálogos y conflictos permanentes

nacidos en el siglo XVI, la cultura europea mostrará un rostro cambiante que

oscilará entre “el hombre creado según la imagen de Dios, y el hombre

fundamento de todos los valores” (GENICOT, A.: op.cit.,51).

A finales del siglo XVIII el perfil de Europa llegará a ser más complejo con el

aumento del germen de la ciencia, con el conocimiento del pensamiento

no-religioso y con el redescubrimiento de la noción de persona (GENICOT, A.:

op. cit., 51). Estas transformaciones políticas y sociales favorecieron el

nacimiento del Estado-nación1 y la Revolución industrial. Por otro lado, la

Revolución Francesa produjo un desencuentro entre las naciones que

Napoleón intentará reconducir a través de nuevas tentativas para

restablecer la unidad europea. Las expectativas napoleónicas iniciales de

unificar el continente se derrumbaron con el surgimiento del nacionalismo a

consecuencia del abuso del concepto imperialista de su proyecto (cfr.

BEKEMANS, L.: 1996).

1

(39)

Aunque en el siglo XIX las voces de los hombres de cultura, como Víctor

Hugo y Émile Zola, reclamaban la unificación de Europa, en aquellos

momentos se vivía el auge del Estado-nación. El futuro de la Europa de las

patrias, como solía decir Charles de Gaulle, presagiaba batallas de

independencia que al final concluyeron con el estallido de la Primera Guerra

Mundial.

La Gran Guerra finalizó con el Tratado de Versalles de 28 de enero de 1919,

y, a pesar de las continuas aspiraciones de reencuentro y unificación de los

Estados europeos, dicho sueño no se pudo realizar. Por varias razones, los

enfrentamientos entre diversos Estados desembocaron en una nueva

confrontación, la Segunda Guerra Mundial.

Durante cuatro siglos, Europa quiso conquistar el mundo, colonizar tierras y

espíritus, difundir en todo el planeta su cultura. Con una perspectiva distinta

a la de aquellos deseos de hegemonía, y años después de la Segunda Guerra

Mundial, el hecho de la integración venció finalmente toda resistencia al

destino unificador. Cuando los pueblos de Europa fueron por primera vez

unidos bajo un mismo techo (cfr. SCHMIDT, H.: 2002) se crearon las

primeras instituciones europeas. Su primer objetivo fue garantizar la paz a

través de un encadenamiento de sectores vitales, como el de la industria.

En un plano más específico, y más vinculado al tema de nuestra

investigación, la solución del problema cultural de la unidad europea reside

(40)

diferentes corrientes del pensamiento que aparecieron en el horizonte de

nuestra cultura y de nuestra vida2. Si bien es cierto que la cultura tardó unos

años en tener un lugar de importancia en la política de la Unión Europea,

hoy día ella representa el alma de Europa, da un valor fundamental a la

unidad europea y juega un papel vital en la plasmación de la sociedad

internacional. Asimismo, la cultura puede ser vista como un vínculo para los

valores europeos y un catalizador entre los europeos y el resto del mundo.

Las innumerables formas de definir la cultura no desembocaron en un

consenso en la literatura científica. Para que la cultura tenga una definición

adaptada a la realidad europea habrían de tomarse en cuenta varias

interpretaciones; una de ellas es la de la Comisión Europea que, según

algunos críticos, parece un poco paradójica:

La unidad de la cultura europea, consecuencia de la historia de la diversidad cultural, regional o nacional, es la piedra angular de las ambiciones de la construcción de los objetivos de la UE. (SHELTER, K.: 1996, 209)

Lograr poner juntos los términos de diversidad y de unidad parece ser un

objetivo no muy fácil de definir y respaldar en una aplicación práctica.

Construir una identidad común a través de la diversidad cultural también

parece a primera vista una meta que contiene contradicciones. De hecho,

constatamos que los valores en los que pensamos no son solo europeos,

2

(41)

sino comunes a cualquier sociedad post-industrial; pero entonces, ¿cuáles

serían los valores que definirían nuestra identidad europea? Sin duda, la

existencia de una herencia cultural-histórica común que envuelve una rica

diversidad cultural, enraizada en la misma civilización.

Actualmente, la UE está intentando establecer una política cultural común,

una de cuyas prioridades es la de preservar la diversidad cultural, como

contraposición al proceso de homogenización que podría surgir con la

globalización. Además, la UE aspira a proteger las culturas minoritarias de

Europa; si no, en una sociedad globalizada, la identidad de estos pueblos y

sus culturas podrían perderse.

Respecto a la cuestión de cómo definir una identidad europea, Ferry(FERRY,

J. M.: 1991, 80-83) distinguió dos formas de abordar el tema: por un lado,

tenemos un acercamiento tradicional por el que la identidad europea se

establece a través de una base espiritual y religiosa y, por otro lado,

tenemos el acercamiento moderno, por el cual la identidad europea se

construye a través de un área cultural homogénea, de las nuevas

tecnologías de comunicación o de diversos proyectos y programas europeos.

Para Europa sería importante conservar los valores universales con su

diversificada riqueza cultural. Europa representa al mismo tiempo a Sócrates

y a Pascal, a San Benito y a San Ignacio, a Shakespeare y a Goethe, a Miguel

Ángel y a Velázquez, a Beethoven y a Mozart, a Marx y a Freud, a Petipa o a

Cechetti. ¿Podemos considerar todas estas personalidades como

pertenecientes solo a las culturas alemana, inglesa, francesa, italiana o

(42)

reverberaron sobre ella en su globalidad. Sus nombres están esculpidos en

una memoria histórica y en la conciencia de una Europa sin fronteras (cfr.

LEJEUNE, G.: op. cit., 33).

Siendo percibida como arte, ciencia o religión, o como promotora de los

ideales de libertad, dignidad e igualdad, la dimensión cultural europea está

relacionada con la dimensión humana y la identidad nacional y cultural. Por

eso, se considera que la noción de identidad cultural de Europa es un reflejo

de los valores fundamentales que comparten los europeos y el ideal en el

que se basa la construcción europea. En este sentido, un papel de relevancia

en la preservación de la identidad de los pueblos lo juegan los bienes

culturales, por los valores y las ideas que dan un sentido social a la

integración europea. Para subrayar los valores comunes que contribuyen a

la formación del concepto de identidad cultural europea tenemos que

redescubrir nuestras raíces más profundas. Por eso hay que fomentar la

diversidad de las tradiciones culturales todavía vivas en la realidad europea

y favorecer la reconstrucción histórica de un pasado que se refleja en el

presente.

La identidad cultural europea vista desde una perspectiva estética

proporciona la imagen de una gran obra de arte concebida en un juego

atemporal de formas que se perpetuaron durante una cadena de épocas

históricas. Mauss (cfr. COURT, R.: 1993, 147) nombraba la naturaleza

dialéctica de la dimensión estética de la cultura como un hecho social total

cuya dirección es determinada por factores económicos, técnicos, políticos,

jurídicos, morales, religiosos y estéticos. Esta acepción confirma la existencia

de una conexión entre la cultura y la historia de forma que la cultura se dejó

(43)

cultura. Gracias a la historia, la cultura tiene un estilo propio, encontró su

camino en una forma existencial concretada en las representaciones

estéticas: los monumentos arquitectónicos, las bellas artes, la música, la

literatura, la danza. Sin embargo, a través de la dimensión estética la cultura

toma conciencia de sí misma en su representación, conquistando a la vez su

propia identidad y proclamando su afirmación ante los ojos del mundo.

A través de Europa resuena un ideal de sociedad de naciones en cuyas raíces

culturales encontramos una mezcla de influencias mediterráneas, orientales

y bárbaras, un nuevo espíritu concretado en una nueva civilización y una

nueva vida expresada en su arte y cultura. Con el Renacimiento y las épocas

barroca, clásica y romántica se instauró en el arte europeo el gran sistema

de representación que respondía a la misma dinámica racional, fuertemente

unificadora, dominante y quizás dominadora (cfr. COURT, R.: op. cit., 150).

La cultura como corolario del imperialismo europeo ha sido seguida del

ideal de la Belleza, que pudo valerse durante mucho tiempo de una norma

estética absoluta.

Dentro de una cierta perspectiva que podría explicar el concepto de

identidad europea, las relaciones culturales jugaron un papel fundamental

en la política exterior de los Estados europeos3. Según Marcel Merle

3

(44)

(ARENAL, C.: 1987, 342), la dimensión cultural de las relaciones

internacionales comporta tres posiciones: podría ser considerada como

subproducto de la actividad política y económica de los Estados; o entender

que las relaciones interculturales conservan una autonomía en relación con

los otros factores o considerar que “el factor cultural no podría ser limitado

a un espacio o a un sector particular, porque él constituye el elemento

determinante en el conjunto del comportamiento de los actores

internacionales” (ARENAL, C.: op. cit., 343).

Perteneciente al gran retrato cultural europeo, el arte coreográfico es una

de las formas artísticas que fomenta nuestro patrimonio común inmaterial.

Este patrimonio artístico que tenemos refleja la existencia de una identidad

europea cuya conservación se facilitaría con la implementación y la

aplicación de los programas culturales, bien nacionales, bien de la Unión

Europea.

1.2. Política europea e instrumentos jurídicos en la cooperación

cultural

Europa cambia su rostro a través de la dimensión que perfila al respetar la

expresión cultural de cada pueblo, una dimensión mantenida y enriquecida

por la cooperación entre los países. Los intercambios culturales como

(45)

particulares, o de orden filosófico y universal, tuvieron un fuerte impacto

sobre la paz, la prosperidad y la diversidad.

Con respecto a la cultura, la Unión Europea actúa como supervisor de las

políticas internas de los Estados Miembros vigilando el buen desarrollo de

sus objetivos; por lo tanto, estas políticas se convierten en una meta

europea. Sin embargo, es necesario decir que el papel que desempeña

actualmente la UE en política cultural está en una fase incipiente. Los

Estados son todavía sensibles a lo que podría significar una influencia mayor

de la UE en las políticas culturales, porque a estas se les considera el alma

de las identidades nacionales. Pero también, si miramos a Europa desde el

punto de vista de la identidad cultural, cabría decir, como señala Mowat (cfr.

MOWAT, R.: 1993, 31) que “Europa es una sola, estando perfiladas todas sus

partes según el patrimonio común desde Grecia y Roma”.

En el plano comunitario, los países miembros negocian programas de

cooperación, pero no se puede hablar de una injerencia en las políticas

nacionales. El artículo 151 existente en el Tratado de la UE reafirma que las

políticas culturales son un dominio de competencia nacional y que la Unión

Europea no puede intervenir más que en acciones de respaldo. Quizás por

eso todavía los Estados son reticentes a debatir sus políticas culturales en un

contexto internacional. Un intento de evaluar las políticas culturales

nacionales lo tuvo el Consejo de Europa en 1980; aunque fue una iniciativa

positiva en este sentido, todavía no se ha conseguido crear una plataforma

(46)

La UE tiene unas reglamentaciones con las que los Estados pueden ajustar

sus políticas culturales o de educación. A través de estos medios, la práctica

de cooperación cultural europea se desarrolla con la participación de los

Estados miembros en coproducciones, programas europeos, festivales,

establecimiento de redes transnacionales, etc. En el nuevo contexto de la

ampliación4 José Manuel Barroso reconocía que “Europa entra en una nueva

fase que será difícil para la Unión”. Con respecto a la cultura, surgió la

pregunta de qué es lo que podría hacer Europa por ella y lo que podría

hacer la cultura por Europa (CHENAL, O.: 2005, 6)

.

Probablemente, si

emergiera una política cultural europea esta debería completar las políticas

nacionales y reforzarlas. Una de las propuestas de la UE consiste en

estimular a los institutos y centros culturales de los países europeos para

experimentar un modo de trabajo concertado que no tenga valor de acción

concurrente sino que sea una alternativa a sus propuestas por la

diversificación y la solidaridad de la Europa de las culturas5.

4

Tras la caída del muro de Berlín y los movimientos políticos surgidos en el Bloque del Este, la UE abrió sus puertas para el ingreso de nuevos países. La primera ampliación tuvo lugar en 2004 cuando se adhirieron a la UE Polonia, Republica Checa, Eslovenia, Hungría, Chipre, Estonia, Letonia, Lituania y Malta. En 2007 se adhirieron dos países más: Bulgaria y Rumanía.

5

La colaboración entre los institutos de relaciones culturales internacionales de los Estados miembros de la Unión Europea se concreta a través de European Union National Institute of Culture (http://www.eunic-online.eu/node/153; Consulta: 05.03.2011).

(47)

Los instrumentos que la Unión Europea utiliza para el respaldo de sus

acciones culturales son de orden político, jurídico o técnico. Los jurídicos

ofrecen el marco propicio tanto para que los Estados organicen sus políticas

culturales como también para que estos aseguren el acceso a la cultura de

todo ciudadano.

En la categoría de instrumentos técnicos, el medio más usual en las

estrategias políticas de los Estados es el de los medios de comunicación,

importante agente para la información y socialización. Como consecuencia

del desarrollo de la industria cultural se facilitó la transmisión de la

información a las masas, pero al mismo tiempo, la tecnología y su aplicación

al arte dejaron menos lugar a la creatividad individual y a la artesanía

artística. En cierta forma las nuevas tendencias determinaron una “erosión

del mundo restringido y elitista de la alta cultura” (cfr. DÍAZ, C.: 1991).

Parte integrante de las relaciones internacionales, la cooperación cultural

determina la promoción de actividades culturales a través de mecanismos

que implican estructuras técnicas y creativas. Los beneficios de la

cooperación cultural internacional se confirmaron en la historia en una

afinidad cultural entre los pueblos, en una tradición comunitaria y en una

confluencia de sistemas culturales nacionales. En este sentido, la forma

tradicional de la cooperación cultural fue la del acuerdo bilateral, como

instrumento jurídico internacional intergubernamental a través del cual las

(48)

interacciones diplomáticas se tradujeron en la promoción de vínculos

culturales materiales e inmateriales.

A lo largo de la historia algunos países se comprometieron a involucrarse en

una cooperación internacional en el ámbito cultural tan solo por alcanzar

sus objetivos políticos. A día de hoy, la cooperación cultural europea

consiste en un flujo de iniciativas y proyectos que se desarrollan no solo a

nivel macro estructural, sino también a nivel micro estructural con el que se

da acceso al campo privado de la cultura. La tendencia actual de la

cooperación cultural es la de orientarla al gran público y no solamente al

medio elitista6.

La cultura es una exportación invisible, un arma del placer a través de la cual

se escucha la voz y se percibe la imagen de un país que suscita un efecto

agradable para cualquier tipo de actos, sean públicos u oficiales. Saber

promover una imagen valiosa de un país dependía de la destreza los

emisarios especiales o de los diplomáticos. Quizás por esta razón Talleyrand7

solía despedir a los embajadores de Francia con las palabras: ¡Haced que

amen a Francia!

6

La tradición de la cooperación cultural encuentra sus raíces en las relaciones internacionales promovidas por las antiguas estructuras diplomáticas que las monarquías europeas crearon de forma temporal. En la época moderna estas estructuras recibieron un régimen permanente con formas y reglas bien organizadas en las que se daba más importancia a la tradición y el peso del ceremonial.

7

(49)

En el siglo XX, la idea de construir una nueva Europa se debe a Jean Monnet,

quien quiso contribuir al acercamiento de las poblaciones de los países de

los Estados miembros. En 1957 el sueño llegó a hacerse realidad al firmarse

el Tratado de Roma.

Aunque las prioridades de los signatarios del

Tratado de Roma fueron más de orden político y

económico, las de orden cultural se apreciaron más

tarde, cuando se incluyó el artículo sobre la cultura

en el Tratado de Maastricht de 19928. La

importancia de la cultura en el nuevo contexto

europeo parece que determinó a Jean Monnet a

considerar al final de su vida que “si tuviera que

rehacer Europa, empezaría por la cultura”. (SCHELTER, K.: 1996, 207).

Al perfilarse un concepto de identidad europea a través de la cultura, los

Estados pensaron principalmente en la conservación de la diversidad

cultural como forma de orgullo nacional que podría fomentar la idea de

unidad europea y cuya consistencia residiría en la multiplicidad de sus

formas expresadas en su unicidad. Estos argumentos fueron suficientes

como para provocar que la percepción de la diversidad cultural, como punto

8

En sus principios, la Comunidad Europea no vio la cultura como una prioridad en sus asuntos. En aquellos años el proceso de integración económica y política de los países de la parte occidental europea era todavía más importante. Este proceso tenía unos objetivos que consistían esencialmente en la consulta popular, coordinación y armonización en el campo económico, con un efecto indirecto en la integración de las políticas nacionales.

(50)

de partida en el establecimiento de unas relaciones entre los Estados

miembros, fuera bastante compleja; por eso, el planteamiento inicial

buscaba un sentido común en el desarrollo de los intereses políticos y

económicos de sus países.

Jean Monnet quiso dejar claro que la perspectiva de una nueva entidad

europea no iba a amenazar la diversidad de Europa. Cuando presentó el

Plan Schumann al Canciller alemán Adenauer, Monnet subrayó este aspecto

con estas palabras:

La unidad de Europa no va a interferir en la diversidad. Al contrario, esta diversidad, que es una riqueza, va a influir en la civilización; va a influir en la evolución de los poderes como la de EEUU. (SCHELTER, K: op. cit., 210).

Después de la Segunda Guerra Mundial, bajo un espíritu de solidaridad, los

Estados europeos desearon compartir los bienes y los valores comunes bajo

un proceso oficial de intercambios. Fue el principio de la diplomacia cultural.

Posteriormente a la caída del Muro de Berlín, la noción de diplomacia

cultural evolucionó notablemente, llegando a ser el tercer pilar en las

negociaciones internacionales después de la política y de la economía. Con

el fin de reforzar el sentimiento de pertenencia a la misma comunidad, la

Unión Europea situó a la cultura en un lugar oficial en su política,

favoreciendo la cooperación entre los Estados miembros.

Dentro del respeto de la diversidad cultural enfocada en la herencia común

europea, la responsabilidad conferida a los Estados miembros de crear un

(51)

acción comunitaria; las primeras iniciativas al respecto fueron la

implementación de proyectos y redes financiadas por la Unión Europea. A

partir de 1996 se iniciaron varios programas sectoriales con una duración de

cuatro años, llamados Kaleidoscope, Ariane y Raphael (véase

http://europa.eu/legislation_summaries/culture/l29006_es.html; Consulta:

05.03.2011). Estos programas estaban destinados a fomentar las artes del

espectáculo y las artes plásticas, el patrimonio arquitectónico y el libro.

La congruencia ideológica europea que facilitó la cooperación cultural entre

los países se materializó en la creación del Programa Cultura 20009. Este

programa fue considerado como el instrumento y la piedra angular del

diálogo internacional con tendencias interculturales. Con la implementación

del Programa Cultura 2000, la Unión Europea se proponía establecer un

marco jurídico con el que se planeaba un nuevo acercamiento frente a las

acciones culturales comunitarias. Al mismo tiempo, el programa permitía

responder tanto a los desafíos de hoy como a las aspiraciones del público en

el campo cultural.

La cultura es considerada por la UE como una fuerza conductora en la

sociedad, a través de la cual se establece el diálogo y la cohesión entre los

pueblos. Dicha mención perfila a la cultura como un concepto que abarca no

9

El Programa Cultura 2000 fue renovado con el Programa Cultura 2007, que entró en vigor el primero de enero de 2007, hasta el 31 de diciembre de 2013;

(52)

solo la élite de esta (bellas artes, música, danza, teatro, literatura) sino

también la cultura popular10 y la de masas11.

Entre los objetivos del Programa Cultura 2000 destacaron la importancia del

desarrollo de la creación artística, el conocimiento de la historia y de las

culturas europeas, la difusión internacional y el desarrollo de nuevas formas

de expresión, la valorización del patrimonio y de la integración social.

10

“La cultura popular se define como aquella cultura que es producida para el pueblo. La cultura popular implica una cultura arraigada en procesos, relaciones y valores sociales particulares (a menudo, basados en un criterio de clase); ‘el pueblo’ no son ‘las masas’ anónimas. En resumen (…), cultura popular es un concepto cuantitativo y cualitativo; se refiere a la extensión del público-para ser popular. […] La cultura popular, en una palabra, es esa cultura que expresa valores estéticos, ideológicos, hedonistas, espirituales y simbólicos de un grupo determinado de personas; podemos leer esos valores en prácticas, textos y objetos populares”. (PAYNE, M.: 2002, 124). Según Sara Núñez (NÚÑEZ DEL PRADO, S.: 2002, 889) “la cultura popular es una manifestación típica de la Edad Moderna que consigue perdurar hasta tiempos contemporáneos”. En nuestra opinión, la cultura popular es la que crea el pueblo asimilándola como tal, identificándose con ella y que es producto de su historia y sus raíces.

11

“La cultura ‘de masas’ es concebida como producto industrial, de importancia central para la manipulación ideológica de deseo y la necesidad” (PAYNE, M.: op.cit.,

(53)

El apoyo que la Unión Europea (ec.europa.eu/culture/portal/activities/

dance/dance_en.htm; Consulta: 05.03.2011) otorgó al arte coreográfico se

concretó en acciones culturales en campos como:

La formación de bailarines

La creación y difusión de la danza

La integración social a través de la danza

A través del Programa Cultura 2000 se fomentó la cooperación entre

escuelas de danza en torno a proyectos comunes y festivales, o proyectos

relativos a la danza como DEPARTS o dance WEB Europe, con el fin de

contribuir a la formación de los bailarines. También fueron incluidos proyectos como el de Trans Danse Europeo Redeuropea de músicas y bailes

tradicionales, con los quela Unión Europea apoya la creación artística y su

difusiónen terceros países. El proyecto denominado ContactArt se dedica a

facilitar la integración social a través de la danza de las personas con

discapacidad. Además, a través del Fondo Social Europeo los jóvenes artistas

tienen la oportunidad de recibir una financiación para sus formaciones

artísticas.

El Programa Cultura 2000 (y su renovación, Cultura 2007) viene a respaldar

el artículo 151 del Tratado Europeo con el que se establecieron los objetivos

y las prioridades expresadas por la Comisión, el Parlamento y el Consejo

Europeo en el campo cultural.

La nueva visión de los organismos europeos frente al acercamiento de la

cultura se establece con los nuevos objetivos del Cultura 2007, que

(54)

mediante una cooperación cultural entre creadores, agentes culturales e

instituciones culturales de los países participantes, con el fin de favorecer el

surgimiento de una ciudadanía europea” (http:// europa.eu/legislation

_summaries/culture/l29016_es.htm; Consulta: 08.06.2011). Como ya hemos

señalado, la acción comunitaria en el campo cultural no sustituye la política

cultural de los Estados miembros sino que contribuye al mantenimiento de

una diversidad de las culturas europeas y a la vez protege los valores

comunes de los países europeos.

1.3. Tratado UE de Maastricht – artículo 151, sobre la cultura

Respetando la diversidad cultural, nacional y regional, y contribuyendo al

desarrollo y a la difusión de una cultura cuyos rasgos comunes se traducen

en un patrimonio común, con el artículo 151 del Tratado de Maastricht, en

vigor desde 1993, la Unión Europea destaca la importancia de la cultura

como sector primordial en la difusión y la promoción de nuestra herencia.

Antes de exponer nuestra interpretación del artículo mencionado se

(55)

CULTURA - Artículo 151

1º. La Comunidad contribuirá al florecimiento de las culturas de los

Estados miembros, dentro del respeto de su diversidad nacional y regional,

poniendo de relieve al mismo tiempo el patrimonio cultural común.

2º. La acción de la Comunidad favorecerá la cooperación entre los

Estados miembros y, si fuera necesario, apoyará y completará la acción de

estos en los siguientes ámbitos:

La mejora del conocimiento y la difusión de la cultura y la historia de los pueblos europeos,

La conservación y protección del patrimonio cultural de importancia europea,

Los intercambios culturales no comerciales

La creación artística y literaria, incluido el sector audiovisual

3º. La Comunidad y los Estados miembros fomentarán la cooperación

con terceros países y con las organizaciones internacionales competentes en

el ámbito de la cultura, especialmente con el Consejo de Europa.

4º. La Comunidad tendrá en cuenta los aspectos culturales en su

actuación en virtud de otras disposiciones del presente Tratado, en

particular a fin de respetar y fomentar la diversidad de sus culturas.

5º. Para contribuir a la consecución de los objetivos del presente

artículo, el Consejo adoptará:

(56)

pronuncia por unanimidad durante todo el procedimiento previsto en el artículo 251.

Por unanimidad, a propuesta de la Comisión, recomendaciones.

Con este artículo se establece una base jurídica con la que la Unión Europea

concreta su acción en el dominio cultural. A través de estas disposiciones se

define el lugar de la cultura en la construcción europea, expresándose la

regla de derecho para encauzar la acción cultural de la UE.

La política cultural llegó a ser un factor de importancia en el marco de la UE,

pero con unas competencias bastante limitadas. Esta interfiere

directamente o indirectamente en las áreas de competencia de la UE y, de

manera particular, en la política de competencia, política comercial común y

en el marketing interno. La aplicación de estas acciones provocó algunas

contradicciones en el seno de las instituciones europeas, por lo que fue

necesaria una búsqueda de equilibrio en esos organismos.

Entre las primeras medidas adoptadas por la Comunidad estuvieron las de

favorecer la libre circulación de bienes y servicios culturales, mejorar las

condiciones de trabajo de los artistas y crear puestos de trabajo en el sector

cultural. Estas iniciativas confirieron un cambio de perspectiva frente a los

beneficios que la cultura podría traer a la consolidación de los principios

fundamentales de la UE. En consecuencia, en una Comunicación de la

Comisión (Communication de la Commission intitulée Plan de relance de

(57)

et au PE en décembre 1987, COM (87) 603 final, Bull.CE 4/87, p.5) de 1987

se expresó la necesidad de promover la especificidad cultural europea.

La idea de despertar en el seno de los ciudadanos el sentimiento de

pertenencia a una cultura europea tuvo que ser corroborada con una

política que facilitara la deducción de esta perspectiva. La inserción del

artículo 151, sobre Cultura, en el Tratado de la UE es una prueba de

consenso entre los Estados miembros en este sentido, pero su contenido no

quedó libre de planteamientos de una percepción distinta de la definición

misma de la cultura, o de las formas de protegerla.

Las nociones que atañen a la cultura y sobre las que vamos a reflexionar se

refieren tanto a la elitista como también a la de masas, difundida a través de

los medios propagandísticos. También se tendrá en cuenta la distinción

entre los términos de cultura popular y la cultura de masas que es definida

como producto difundido masivamente a través de la multiplicación

tecno-industrial de los medios (DELCOURT, J. y PAPINI, R.: 1987).

Con el artículo 151 no se expresa un derecho a la cultura, sino que se

estipula la voluntad de promover la cultura en favor de un concepto de

ciudadanía europea. Prácticamente no podemos hablar de una política

común porque, según el artículo, se habla de una contribución de la

Comunidad al florecimiento de las culturas de los Estados miembros y la

palabra contribución puede ser interpretada como un impulso que la Unión

da a las políticas de los estados para promover sus culturas y artes. Por otra

parte, lo que se evidencia es que no hay una competencia exclusiva de la UE

(58)

cuyo papel sería el de fomentar la cooperación entre los países europeos. En

este sentido, a la Comunidad se le atribuye un papel de respaldo frente a las

políticas de los Estados (LAFAY, F.: 1995, 368). Al manifestar que la

Comunidad contribuirá al florecimiento de las culturas dentro del respeto de

su diversidad nacional y regional, poniendo de relieve al mismo tiempo el

patrimonio cultural común cabe interpretar que la política de la UE va a

promover la diversidad cultural de cada país europeo completando la acción

de los países miembros en sus políticas culturales.

En el punto segundo se especifica que la acción de la Comunidad (…)

apoyará y completará la acción de los Estados miembros; es decir, que el

papel de la UE será el de coordinar las actividades de los países y de hacerlos

responsables para su aplicación práctica. La afirmación precisa de este

punto confirma que la Comunidad ofrecerá un apoyo que completará las

iniciativas de los Estados en sus actividades culturales con el fin de

garantizarles y de asegurarles el ámbito propicio para la difusión de sus

propias culturas, así como la posibilidad de poder compartir los mismos

valores comunes.

Al enumerar estas atribuciones de la UE, los Estados miembros guardarían

sus integridades culturales nacionales y a la vez sus identidades. Los ámbitos

en los que la UE va a completar las acciones culturales de los Estados

miembros son mencionados en el artículo 151. En el apartado la mejora del

conocimiento y la difusión de la cultura y la historia de los pueblos europeos,

se utiliza el plural, pueblos europeos, para una mejor percepción de la idea

(59)

de la Comunidad en cuyo conocimiento podría profundizarse a través de la

educación, manifestaciones e interferencias culturales.

El párrafo que se refiere a la conservación y protección del patrimonio

cultural de importancia europea subraya la necesidad de compartir los

mismos valores comunes en el espacio europeo. Se trata de perfilar la

dimensión cultural europea imprescindible a los Estados miembros (LAFAY,

F.: op. cit., 369).

El artículo, por tanto, da sentido a la interpretación de los dos binomios,

identidad europea/ diversidad nacional y patrimonio/arte (coreográfico),

que serán tratados en esta tesis. Además, para que las palabras del artículo

puedan dar sentido a una interpretación a favor del arte coreográfico se

debe considerar que este es un patrimonio que tiene sus raíces en el pasado

y con el que podemos afirmar la existencia de una identidad europea; a la

vez, se debe tomar en cuenta que al asegurar una calidad de las creaciones

artísticas actuales se garantizará la calidad del futuro patrimonio.

Si bien es cierto que en la mayoría de los casos tenemos la tendencia a

otorgar más atención al patrimonio material, hay que destacar también el

patrimonio espiritual o inmaterial europeo. Con la acción comunitaria sobre

la cultura y el arte podríamos gozar de una nueva percepción sobre su

potencial, dándole valor como instrumento de la política social, como fuente

de empleo y como medio fundamental para la política exterior. De la misma

manera, con estas iniciativas destinadas a crear un sentimiento de

pertenencia europea mejora la calidad de la cooperación tanto entre los

(60)

En el artículo 151 también se precisan los intercambios culturales no

comerciales con los que la UE otorga su apoyo a través de becas y la libre

circulación de bienes, valores, capitales y personas. Al destacar las

atribuciones que se le han conferido a la UE con este artículo, se suprime la

posibilidad de que haya una armonización de las disposiciones legislativas

de los Estados miembros, lo que confirma que en este caso se acepta una

concepción particularmente amplia del principio de la subsidiariedad

(LAFAY, F.: op. cit., 371). Aunque todas estas medidas están dirigidas a los

Estados, el principal beneficiario debe ser el ciudadano europeo.

1.4. Interpretación personal del artículo 151 sobre la cultura, a favor

del arte coreográfico

Europa es el mito con el cual se identifican los pueblos y las culturas de

origen indo-europeo, destacándose entre ellas las culturas griega y romana.

La preocupación por la preservación del fruto cultural y por la perpetuación

de una tradición étnica fue un reto para cualquier época histórica. Con el

devenir del tiempo, hemos heredado un vasto material étnico que

empleamos como fundamento para crear el arte; una forma de

manifestación dentro de la cual los sentimientos de temor o pasión se

transforman en una idea dramática, en emociones refinadas y sutiles del

espíritu que existen solo en un espacio mágico e imaginario.

Nietzsche decía en La voluntad de poder que disponemos del arte para no

(61)

apariencia, aparición transitoria, superficie sensible. La vida misma es

estética porque se dirige únicamente a la apariencia, al sentido, al error, a la

decepción, a la simulación, a la ilusión y a la autoilusión, y el arte es fiel a

esta realidad precisamente en su falsedad (cfr. EAGLETON, T.: 2006, 331).

La danza es “una poesía muda o una imagen viva de nuestras acciones, una

expresión de nuestros pensamientos secretos” (COLLETET, G.: 1632, 3). Esta

crea a través de una trascendencia metafórica una simbiosis de pasos,

sonidos, colores y formas coreográficas expresadas en su diversidad; en una

palabra, un patrimonio común perteneciente a la cultura europea. La

representación coreográfica como género se forjó, por una parte, debido a

factores de orden cultural que se manifestaron por medio del sincretismo

de las artes, y por otra parte, debido a factores de orden político que

intervinieron en su narrativa y estética.

A lo largo de la historia el sincretismo en las artes influyó en el concepto de

la función artística. En la danza, el sincretismo marca las representaciones

del teatro de la Grecia Antigua, de los ballets del Renacimiento (empezando

con el Ballet Comique de la Reine de 1581), de los Ballets Rusos nacidos

gracias al movimiento artístico Mir Iskusstva del siglo XX, y por último, del

espectáculo coreográfico actual, concebido al compás de las nuevas

tecnologías. Al principio del siglo XX, la evolución de la forma del

espectáculo de ballet se afinó con los progresos técnicos y la

comercialización de este arte, llegando a ser un espectáculo total. Las

nuevas tecnologías ofrecen al espectáculo de la danza un decorado

(62)

El arte coreográfico podría identificarse con tres concepciones que lo

definirían como:

Un arte universal.

Una forma de exaltación de la identidad cultural de cualquier país.

Una forma de cultura de masas.

El arte es una alegoría de la felicidad, pero a la vez encierra verdad e

ideología. Como hemos mencionado anteriormente, el arte de la danza

estuvo influido por factores de orden político que se manifestaron a través

de los intercambios culturales y se entrevieron en las tramas políticas

tratadas en las representaciones coreográficas de la época absolutista del

siglo XVII o de los regímenes totalitarios del siglo XX.

En el siglo XVI, las ambiciones políticas fueron alumbradas sutilmente a

través del llamado ballet político. Con el siglo XVII, la representación

coreográfica toma todavía más categoría en la vida cultural de las

monarquías, y en este sentido el rey Luis XIV decide su transformación en

arte a través de la fundación en Francia de la primera Academia de Danza de

Europa (1661). El ballet alcanzó el auge de su expansión y desarrollo a fines

del siglo XIX y comienzos del XX con un repertorio12 que hoy valoramos

como patrimonio común del arte coreográfico.

12

(63)

Como consecuencia de lo mencionado podemos afirmar que en el desarrollo

del ballet influyeron varios eventos políticos y relaciones culturales

establecidos entre los países europeos. Al incluirse la danza en los

acontecimientos festivos de las monarquías con los que se celebraban

matrimonios o tratados, el conocimiento de este arte era en cierto modo

una ventaja en el juego diplomático europeo. Además, si en sus principios la

danza servía como género artístico de divertimiento para las cortes, con el

tiempo la realeza empezó a invertir más dinero en la munificencia de los

espectáculos, que se convirtieron así en la forma más adecuada de exaltar el

poder del monarca y de mostrar a los visitantes extranjeros el bienestar del

país.

De forma subyacente a toda nuestra investigación, para recordar –y

mostrar- la trayectoria en la que el ballet se convirtió en un arte europeo se

recurrirá a algunas de las palabras clave del artículo 151 del Tratado

Comunitario, como patrimonio común, diversidad cultural, intercambios y

difusión a través de las cuales se podrá establecer una conexión entre ballet

y política. A continuación nos detendremos brevemente en cada una de

ellas.

El primer punto de este artículo del Tratado estipula que La Comunidad

contribuirá al florecimiento de las culturas de los Estados miembros, dentro

del respeto de su diversidad nacional y regional, poniendo de relieve al

mismo tiempo el patrimonio cultural común. Acorde con el enfoque que se

le da en el artículo, ofrecemos a continuación una definición relacionada

Referencias

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