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ESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

Índice:

Ángeles maraqueros. Trazos neobarroc-s-ch-os en las poéticas latinoamericanas

ed. Ángeles Mateo del Pino

Francisco Juan Quevedo García

Doña Feliciana Enríquez de Guzmán. Crónica de un fracaso vital (1569-1644)

Piedad Bolaños Donoso

Juan Manuel Carmona Tierno

Calipso eclipsada. El teatro de Cervantes más allá del Siglo de Oro

Jesús G. Maestro

Elena Cano Turrión

Góngora y el epigrama. Estudios sobre las Décimas

eds. Juan Matas Caballero, José María Micó, y Jesús Ponce Cárdenas

José Enrique López Martínez

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Ángeles maraqueros. Trazos neobarroc-s-ch-os en las

poéticas latinoamericanas

Ed. Ángeles Mateo del Pino (Buenos Aires, Ed. Katatay, 2013)

Si consideramos libro de referencia a un texto sobre el que pivota un determinado

asunto, y se convierte su lectura en un eficiente mecanismo para la comprensión de la

materia sobre la que asienta su estudio, esta obra recién lanzada a las librerías por la

editorial Katatay, cuya edición está supervisada por la doctora Ángeles Mateo del Pino,

es un libro de referencia sobre el neobarroco latinoamericano, y por extensión, sobre

cualquier manifestación neobarroca. El título ya se incardina, como observamos, en esta

estética de amplio recorrido, de hibridismo, de parodia, de juego y de transformaciones

varias: Ángeles maraqueros. Trazos neobarroc-s-ch-os en las poéticas latinoamericanas. Para entender todo este universo, que parece desbocarse sin valla capaz de acotarlo, tal es su fuerza y su facultad para rehacerse de modo infinito, es

básico el estudio preliminar de la editora, Ángeles Mateo del Pino: «Barroco constante

más allá…». La autora se concede la licencia de participar en el salón lúdico del

neobarroco, así que abre las puertas con una simulación poética que trae a colación el

famoso soneto de Quevedo «Amor constante más allá de la muerte». El amor se

transfigura en barroco, y ahí empieza la jugada. Para no desdecirse de su propósito de

encaramarse en el hábitat neobarroco, Mateo del Pino arranca con esta subyugante

interrogación: «¿Qué pueden tener en común un ángel, una medusa, un camaleón y una

sirena?».

Lo que viene a continuación es un profundo y esclarecedor ensayo sobre el

neobarroco, con la peculiaridad de que la autora se llena del espíritu que emana de esta

estética y enfunda su texto en el equipaje del exceso neobarroco. La profusión de datos

en todas las vertientes que expone es abrumadora, y no hace más que demostrar el

inmenso abanico de conocimientos que atesora en un terreno tan multidisciplinar como

son los estudios culturales. A través de una imagen de Alejo Carpentier, en Los pasos perdidos, en la que el maestro cubano describe cómo los ángeles de una iglesia selvática tocan instrumentos variados, procedentes de espacios y culturas diferentes, a los que se

unen las maracas, Mateo del Pino sienta un principio fundamental del hacer neobarroco

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una nueva identidad, aquella que nos transporta al espacio latinoamericano». Al tiempo

que un ángel con maracas para una mentalidad europea puede resultar extraño, nuevo,

algo que está fuera del centro o de la norma, convirtiéndose en excéntrico; aporta

también su configuración una seña de identidad simbiótica. Como traslación del

entramado cultural americano, el ángel maraquero representa el mestizaje, el encaje

entre las etnias, razas, tradiciones que se dan cita y se trasponen y superponen. Este

maridaje se potencia en un espacio, como el americano, donde de por sí todo es

exuberante, originando una retahíla inmensa de posibilidades de colores, formas,

ornamento, etc. Si el barroco es el arte de la desmesura, en este contexto americano

toma cartas de identidad propia, como bien señala Mateo del Pino, a través de múltiples

referencias de autoridades literarias, como la de Lezama Lima o la de Severo Sarduy.

Tal es así que deviene, según la editora, el barroco en América en una suerte de

plutonismo que aporta un sesgo diferenciador. A partir de aquí, se centra en la

explicación teórico del neobarroco, con sus derivados del neobarroso y el neobarrocho.

En consonancia con esta expresión artística, la autora profundiza valiéndose de una

rebosante documentación, que confiere al trabajo de un soporte ideológico de máxima

envergadura.

La expresión de Mateo del Pino se integra dentro de las lindes de la retórica

neobarroca, así utiliza con destreza la parodia y el misterio. Pareciera haberse

contagiado de los síntomas de los creadores; la crítica también se convierte en creación

participativa, donde, entre otras cosas, se explicará la sugestiva interrogante con la que

inició este ensayo introductorio, por más que este calificativo nos parezca reductor

puesto que, sin duda, es un auténtico tratado teórico de una de las más importantes

experiencias literarias que han venido desarrollando los autores latinoamericanos, hasta

el punto de identificarlos.

Tras el estudio-prólogo-tratado, la obra se estructura en cuatro apartados: 1. Neobarroco y otras perlas bruncas, que agrupa los textos vinculados a Brasil, Cuba y Costa Rica; 2. Del neobarroso al neoborroso rioplatense se ubica en los márgenes del Río de la Plata; 3. Neobarrocho en la loca geografía, en Chile, en las orillas del Mapocho; 4. Transbarroco, mise en scène y atrezzo, en el que vemos las extensiones del barroco hacia otras formas culturales, afín a su ansia expansiva y transformadora.

Diecisiete ensayos firmados por ensayistas europeos y latinoamericanos: Roberto

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Siganevich, Enrique Foffani, Jimena Néspolo, Fernando Moreno, Macarena Areco,

Zenaida Suárez, María A. Semilla Durán, Javier Bello, Ángeles Mateo del Pino, Gloria

Godínez, Nieves Pascual y José Rodríguez Herrera.

Tras hacer este somero seguimiento de Ángeles maraqueros. Trazos neobarroc-s-ch-os en las poéticas latinoamericanas, nos reiteramos brevemente en lo que manifestamos al principio: estamos ante un texto referencial de la historia de la crítica

latinoamericana, desde su epicentro que es la literatura hasta las más diversas

manifestaciones culturales. Todo un lujo neobarroco a nuestro alcance.

Francisco Juan Quevedo García

Doña Feliciana Enríquez de Guzmán. Crónica de un fracaso

vital (1569-1644)

Piedad Bolaños Donoso (Sevilla, Universidad de Sevilla, 2012)

Una de las líneas actuales de la investigación en la literatura del Siglo de Oro es la

recuperación de autores y obras que a lo largo del tiempo han caído, a veces

injustamente, en el olvido. En esta tendencia se inserta la monografía de la Dra. Piedad

Bolaños, Doña Feliciana Enríquez de Guzmán. Crónica de un fracaso vital (1569-1644). No obstante, no esperen los lectores encontrar en esta obra un estudio de la producción literaria de esta autora, sino una minuciosa biografía, la primera que se

dedica a esta poeta de acuerdo con criterios científicos y tras la que hay toda una

rigurosa y exhaustiva labor de archivo, pues mediante la exhumación de una inmensa

cantidad de documentación notarial la Dra. Bolaños ha podido no solo reconstruir los

avatares cotidianos y las relaciones personales de doña Feliciana, sino también los de

las personas más cercanas a ella, como los de sus familiares y maridos, hecho que nos

permite hacernos una idea bastante cabal de los ámbitos sociales por los que esta

dramaturga se movió.

Precisamente, los primeros dos capítulos del libro no tratan tanto de nuestra autora

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está dedicado a los abuelos, progenitores, tíos y primos de doña Feliciana, centrándose

en su padre, don Diego García de Torre, y en sus negocios, ruinosos en muchas

ocasiones. Por su parte, el segundo capítulo nos presenta a «Doña Feliciana Enríquez de

Guzmán y sus hermanos», ofreciendo las partidas de nacimiento, inéditas, de la poeta,

de sus hermanas Carlota y Magdalena y de un tercer hermano cuya existencia ha sido

ignorada desde siempre: Rodrigo.

A partir de entonces, la figura de doña Feliciana cobra más protagonismo. El

tercer capítulo nos habla de cómo la autora gestionó una capellanía y un patronato de

obras pías que había establecido una pariente suya, doña Isabel Núñez Farfán, tía de su

abuela, que dejó unas rentas para dotar con doscientos ducados a las jóvenes de su

familia que quisieran casarse. Especialmente interesante es el cuarto capítulo, en que se

nos habla de un conato ―pues no llegó a celebrarse― de matrimonio, hasta la fecha

desconocido, entre la autora y un tal don Juan de Avellaneda y en el que se ofrece un

inventario de los bienes que doña Feliciana declaró poseer los días previos al enlace.

Por su parte, en el quinto se nos presentan los negocios y personalidad del primer

esposo de la dramaturga, don Cristóbal Ponce de Solís Farfán, rico y poderoso

prestamista, aunque buena persona y amigo de sus amigos.

Los capítulos que siguen giran en torno a la relación de la poeta con el que fue el

gran amor de su vida: don Francisco de León Garavito, cuya familia se presenta en el

capítulo sexto. En el séptimo se nos narra la vida de la nueva pareja, cuyo casamiento

tuvo lugar el 9 de octubre de 1619, fecha destacable porque es la que doña Feliciana

emplea a la hora de firmar su única obra dramática, la Tragicomedia de los jardines y campos sabeos, en dos partes (1624-1627); este detalle sirve a la Dra. Bolaños para analizar cómo se reflejan en la pieza la vida sentimental de su autora y las relaciones

con sus amantes, pues la tragicomedia es de un marcado carácter autobiográfico; el resto

del capítulo estudia los problemas económicos con los que el matrimonio tuvo que

luchar y analiza sus testamentos y codicilos. El octavo es quizás el capítulo más

filológico de la monografía, pues a partir del inventario de la biblioteca personal de don

Francisco, la Dra. Bolaños trata de deducir cuáles fueron las lecturas de la dramaturga

que la marcaron a la hora de componer la susodicha tragicomedia; en este sentido, la

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su estilo preciosista. El último capítulo cuenta el declive económico y físico que doña

Feliciana tuvo que afrontar una vez muerto su segundo marido y cómo tuvo que hacerse

cargo de la gestión de su patrimonio.

La obra concluye con la bibliografía, un índice onomástico y un extenso apéndice

en que se reproduce la documentación notarial que ha servido para redactar la biografía,

de la que destacan los testamentos. Además, la obra se completa con abundante material

gráfico, como cuadros genealógicos que nos ayudan a no perdernos en la maraña de

personajes que desfilan por la historia o reproducciones facsimilares de los documentos

más importantes y de las firmas de los protagonistas.

En definitiva, la lectura nos revela la vida de una mujer luchadora y con una fuerte

personalidad, que no se conformó del todo con asumir el papel que la sociedad de

entonces reservaba a las de su sexo. No solo fue la primera sevillana en tratar de hacerse

un hueco en el mundo masculino que era el teatro, sino que además se alejó de la

fórmula lopesca que a la sazón triunfaba en los corrales de comedia. Se trata esta, por

tanto, de una biografía completa e interesante, indispensable para aquellos que deseen

acercarse a la obra de doña Feliciana Enríquez de Guzmán.

Juan Manuel Carmona Tierno

CALIPSO ECLIPSADA.EL TEATRO DE CERVANTES MÁS ALLÁ DEL SIGLO DE ORO

Jesús G. Maestro (Madrid, Ed. Verbum, 2013)

Bajo la metáfora de «Calipso eclipsada» ―por los héroes de los que se enamoraría y

que nunca le corresponderían―, yace la consideración de Jesús G. Maestro acerca del

teatro de cervantino eclipsado por su obra en prosa, la obra dramática de Lope y la

tendencia de la crítica académica a interpretar este teatro como elemento marginal.

Calipso eclipsada ofrece al lector un conjunto de ensayos sobre el teatro de Cervantes a la luz de la Literatura Comparada, cubriendo la necesidad de salir de la

literatura española para interpretar la dramaturgia cervantina. Se encuadra esta obra en

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Miguel de Cervantes, y que se cerrará con la obra futura El triunfo de la heterodoxia. El teatro de Cervantes en la literatura europea.

Ya en el primer capítulo, «Historia y presencia del teatro de Cervantes», el autor

nos invita a leer desde la literatura europea, y partiendo de la heterodoxia y la

extemporaneidad, características básicas del teatro de cervantino, se sitúa en la

perspectiva comparatista y abierta de Edward E. Riley para analizar lazos y conexiones

existentes con el mundo grecolatino y los contemporáneos de Cervantes, y apuntar

algunas de las tramas que desarrollará en el siguiente capítulo al respecto de los grandes

clásicos de la modernidad, como Shakespeare y Molière, la heterodoxia de estos

clásicos y los ilustrados, Alfieri, Büchner, Kleist y Slowacki, y, finalmente, los

dramaturgos contemporáneos Brecht, Lorca, Pirandello y Alejandro Casona, Manuel

Altolaguirre, Jean Paul Sartre, Camus y Gonzalo Torrente Ballester.

Sobre el teatro de Cervantes, Shakespeare y Molière, propone Maestro una

interpretación «como un discurso que reacciona, antes que otros géneros y formas

literarias, contra los fundamentos metafísicos de un orden moral trascendente, que al

menos hasta bien entrado el siglo XVIII se consideró en la cultura occidental como una

realidad inmutable y perfecta», para, a continuación, poner el teatro cervantino en la

perspectiva del teatro del siglo XVI y sus tragediógrafos en España y analizar la

secularización cervantina de la tragedia ante la obsolescencia del clasicismo clásico.

Tendrá su lugar también el estudio del espacio antropológico formalmente

expresado en cinco entremeses atribuidos a Cervantes, es el caso de Los habladores, La cárcel de Sevilla, El hospital de los podridos, Famoso de los romances y Los mirones.

Hilo conductor del estudio de Cervantes y Shakespeare será el uso del metateatro,

expresión formal de una «literatura de confrontación» y analiza Maestro su presencia en

La Numancia (1585?), Los baños de Argel (1588?), El viejo celoso (1615), El retablo de las maravillas (1615), El rufián dichoso (1615), La entretenida (1615) y Pedro de Urdemalas (1615) de Cervantes y en Titus Andronicus (1594), A Midsummer Night´s Dream (1595), Love´s Labour´s Lost (1598), King Henry IV (1598) y Hamlet (1603) de Shakespeare.

La construcción e interpretación de la experiencia trágica en La Numancia

(1585?) y Samson Agonistes (1671) centran el análisis de la obra de Cervantes y John Milton, en el que se da cuenta del papel de ambos en la expresión de una literatura

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como principio poético, la supremacía del sujeto como principio estructural y

teleológico de la fábula, el personaje frente a la voluntad de un orden moral

trascendente y la imposible reducción del mismo a un arquetipo lógico de conducta son

algunas de las claves que nos conducen a una superación del modelo clásico de la

tragedia.

La poética de la Edad Contemporánea, según Maestro, encuentra, desde La Numancia de Cervantes, en el sufrimiento de los seres humildes y la crueldad ejercida contra seres inocentes un «estatuto de dignidad estética y de legitimación laica que

conservará para siempre».

El análisis de la obra de Vittorio Alfieri, estudia una serie de concomitancias

presentes en la poética teatral de ambos autores; así, la ausencia de una explícita poética

del teatro, el fin moral en el arte, la concepción del teatro como obra de arte escrita

―más destinada a la lectura que a la representación―, una poética de la libertad, la

desmitificación de hechos heroicos y el rechazo a la representación de referentes

metafísicos; mientras respecto a Georg Büchner se reflexiona acerca de la experiencia

trágica en la obra post-romántico alemán en relación con la poética de la tragedia de

Cervantes, centrandose en La Numancia y Woyzeck, y cómo la poética de lo trágico expresada en La Numancia es asimilada por la dramaturgia post-romántica alemana, y la presencia germinal en la obra cervantina de aspectos esenciales de la experiencia

trágica del teatro de la edad contemporánea, para ocuparse, posteriormente, de las

analogías literarias presentes en ambas obras, destacando el sufrimiento de seres

humildes e inocentes como protagonistas trágicos y la identificación en ambos autores

de la libertad como valor supremo del ser humano.

Finalmente, los tres últimos ensayos de la obra están dedicados al estudio de la

dramaturgia de tres autores españoles del siglo XX: Alejandro Casona, Federico García

Lorca y Gonzalo Torrente Ballester. Se estudia la interpretación creativa del episodio

del gobierno de Sancho Panza en la Ínsula Barataria en el Retablo Jovial de Casona, para continuar con el análisis de dos obras pertenecientes al teatro modernista de Lorca,

El maleficio de la mariposa (1920) y Doña Rosita la soltera (1935), y finalizar este volumen de ensayos con la desmitificación de religión y política que constituye la

dramaturgia de Gonzalo Torrente Ballester.

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alejada de los márgenes que, en ocasiones, encorsetan el hispanismo en perspectivas que

pueden resultar excesivamente autorreferenciales.

Elena Cano Turrión

Góngora y el epigrama. Estudios sobre las Décimas

Eds. Juan Matas Caballero, José María Micó, y Jesús Ponce Cárdenas

(Madrid/Frankfurt, Iberoamericana/Vervuert, 2013)

Las décimas han sido uno de los campos, o «parcelas», en palabras de los editores de

este volumen, más olvidados en los copiosos estudios dedicados a la lírica de Luis de

Góngora. Es por ello que en este valioso libro se ha decidido reunir a varios de los más

reconocidos especialistas en la obra del poeta cordobés y de la lírica hispánica para

hacer un primer acercamiento, aunque lleno de erudición y de acertadas

interpretaciones, a este grupo de textos que ocuparon una amplia etapa de la creación

gongorina. Un estudio que puede considerarse una introducción general al tema es el

que presenta Antonio Pérez Lasheras, en el que ofrece sucintamente algunos datos

básicos sobre la décima, como sus antecedentes más importantes y también del género

epigramático, o las principales colecciones de la época. A continuación analiza otros

aspectos relacionados con la poesía gongorina, como el paulatino proceso de autonomía

de las décimas, después de ser usadas en composiciones más extensas; otras piezas

cercanas a la décima, particularmente algunas letrillas; y su clasificación en los más

importantes testimonios de la poesía del cordobés, donde se hace notar que

mayoritariamente fueron consideradas burlescas o satíricas. En la parte final, Pérez

Lasheras propone un corpus de las décimas sueltas en el que reúne 41 títulos; analiza las

dos décimas en las que hay un juego metaliterario sobre la creación, y cierra con una

lista de las piezas y su clasificación en Delicias del Parnaso y en Hoces. Otra aportación de carácter introductorio es la útil contribución de Sagrario López Poza,

quien hace un recorrido por un periodo amplio de la literatura española para exponer las

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cordobés en ese contexto. Tras analizar cerca de 120 epigramas de diversos autores, y

varias preceptivas, López Poza señala determinados aspectos constantes en esa

tradición, como los tipos de estructura, modalidades, materias, o importancia concedida

a la agudeza. También ofrece algunos apuntes sobre el desarrollo del epigrama clásico

en España, especialmente el uso de ciertas formas vernáculas, como la copla castellana

y la décima espinela; y concluye con una exposición general de los 154 poemas

gongorinos que ha identificado como epigramas.

Dos de los trabajos del volumen que nos ocupa se dedican de forma exclusiva a

cuestiones de crítica textual. Antonio Carreira analiza numerosos ejemplos de los

epígrafes que acompañan estas composiciones gongorinas en los más importantes

testimonios de la poesía del cordobés, y señala cómo estos epígrafes, incluso en el ms.

Chacón, ofrecen con frecuencia información errónea. A partir de ello, considera muy

probable que no fuesen escritos originalmente por Góngora sino por los distintos

recopiladores, y hace una serie de recomendaciones metodológicas sobre la relación

entre los testimonios para una futura edición crítica de las Décimas. En la segunda parte, Carreira ofrece una detallada noticia del ms. 20620 de la Biblioteca Nacional, que

contiene una importante cantidad de poemas de Góngora y un notable corpus de

décimas de diversos autores, y transcribe algunos de los que tienen más interés, por

inéditos, como una décima muy posiblemente escrita por Quevedo. También de

problemas textuales se ocupa Sara Pezzini, quien propone incluir como testimonios

algunos manuscritos no considerados en las ediciones críticas de poesía gongorina,

como el titulado «Mendes de Brito» o el «Rennert»; y señala el hecho de que solamente

5 décimas fueron impresas en vida del poeta, con algunas posibles razones para este

olvido, especialmente su caracter circunstancial. A continuación, Pezzini se ocupa de las

décimas que Carreira considera de autoría indudable, y analiza el hecho de que su

contenido satírico fue probablemente la razón de la exclusión de la mayoría de ellas en

el ms. Chacón; comenta el poema «Señor marqués trinitario», y especialmente sugiere

la inclusión en el corpus de cuatro décimas más.

Algunos de los artículos del libro se ocupan de analizar varias poesías gongorinas

desde determinados enfoques o esquemas metodológicos. Mercedes Blanco hace una

lectura de varias de las décimas epigramáticas del poeta a partir de conceptos de la

agudeza, como los describió Gracián, y también de los paratextos en que están basadas.

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Góngora hace una imitación general de temas, como el tomar por asunto anécdotas

aparentemente inocuas o aludir a los vínculos personales del autor, comparando

ejemplos del poeta con piezas del vate de Bílbilis; y continúa con el análisis de varias

décimas a la luz de la idea de correspondencia entre objetos o de la semejanza

conceptista. En la parte final, la autora hace notar aquellos epigramas en los que se

hacen alusiones más directas a su carácter literario, y otros en los que hay una agudeza

de acomodación de verso antiguo, donde también señala algunas imitaciones de Virgilio y de Marcial no reconocidas hasta ahora.

Juan Matas Caballero hace un interesante análisis de varios de los casos en que

Góngora se ocupó de un mismo tema tanto en sonetos como en décimas. Un estudio del

uso de las dos estrofas, con especial atención a la cronología, su relación con el

epigrama clásico, o la posible clasificación de las décimas, da lugar al análisis de las

poesías, que comienza con el ciclo dedicado a la toma de Larache. Continúa con los

poemas dedicados a la muerte de la reina Margarita, y finalmente, entre los ciclos que

tal vez se originaron por relaciones personales de Góngora, revisa los poemas sobre

Rodrigo Calderón, sobre todo los escritos a su muerte, que se distinguen por su tono

pesaroso de otros versos escritos en la época al mismo asunto, frecuentemente desde el

chisme o la maledicencia. En su conclusión, Matas Caballero señala cómo la décima

ofreció a Góngora, en su mayor variedad de temas y menor complejidad técnica, un

campo más versátil que el soneto.

Begoña Campllonch y José María Micó estudian varias composiciones desde la

identificación de figuras o de estructuras geométricas, para lo cual inician con breves consideraciones sobre el carácter pictórico de la poesía gongorina, y la historia del

término figura, también en el ámbito de la retórica. Con ello, los autores ofrecen ejemplos de diversas figuraciones plásticas en el corpus de las décimas. En «Murió

Frontalete, y hallo» se desarrollaría una «parábola y movimiento cóncavo»; la décima

«Por más daños que presumas» representaría una «recta y movimiento rectilíneo» en la

imagen de la caída de Ícaro y de los álamos del río; y en «La que ya fue de las aves»

tendríamos una «elipse y movimiento elíptico» en la descripción central del vuelo del

pájaro y las metáforas derivadas. En otros poemas, además de identificar este tipo de

estructuras, también se constataría que la figuración no está limitada a representabilidad

plástica sino que también se desarrollaría de forma abstracta, conceptualmente, como

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En el volumen se presentan asimismo cuatro trabajos dedicados exclusivamente al

análisis de poemas individuales. Begoña López Bueno hace un profundo estudio de una

de las composiciones de intención polémica más conocidas del poeta, «Por la estafeta he

sabido». Aclara el sentido de las principales ideas e imágenes del texto, como el motivo

de la lechuza que bebe el aceite, entre otros; y ofrece una noticia sobre los romances de

Garcilaso y Muza con los que juega el poeta al final de su composición. Este análisis se

complementa con el estudio del contexto en el que debió ser escrita: en opinión de

López Bueno, no se trata solo de una respuesta a las primeras noticias sobre el Antídoto, sino también a las censuras de Lope, polémica constatada en la correspondencia de 1615

y 1616 entre los dos poetas. Como colofón, la autora comenta la defensa que el Abad de

Rute hizo de apologizar según el sentido que aquí le da Góngora, documentando el mismo significado de ‘ataque’ o ‘censura’ con otros textos vinculados precisamente a

polémicas literarias.

Se puede considerar también un análisis individual el estudio de Jesús Ponce

Cárdenas, que se ocupa en su mayor parte del soneto «Clarísimo marqués, dos veces

claro». Después de consignar algunos datos sobre la relación entre retrato y epigrama

desde la Antología griega hasta el XVI español, y su importancia en Góngora, se analiza cada estrofa del soneto, con amplísimas referencias a la poesía italiana,

concluyendo con una identificación de elementos de la poesía de Garcilaso que le

sirvieron igualmente de modelo y algún antecedente en su propia obra juvenil. El texto

se ocupa brevemente de otro poema que desarrolla el mismo tema, «De un retrato de la

duquesa de Ayamonte», en el que Ponce Cárdenas se opone a la identificación de una

pintura de cacería como posible motivo, señalando en su lugar varios pasajes o

imágenes que también se encuentran en la Soledad segunda. Concluye con una breve nota sobre el retrato en la poesía de Góngora y su estela de imitaciones por parte de

autores como Villamediana, Salcedo Coronel, Pantaleón De Ribera o Sor Juana.

Juan Manuel Daza propone interpretar el poema «Cristales el Po desata», escrito

para el Faetón de Villamediana, en el contexto de la polémica gongorina y de la amistad entre los dos ingenios. Principalmente, el autor sugiere ver en la décima una alusión a la

polémica por los poemas mayores gongorinos, y una afirmación no solo de esos textos

sino, a través del propio poema de Villamediana, de todo un «ideal estético»

reivindicado por ambos poetas. Aunque es sugerente este análisis, no es sin embargo

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panegírica habitual en tales poesías preliminares; en ese sentido, contrasta la intención

polemista de otros textos aquí recordados con esta décima que solo confronta

metafóricamente al Po y al Tajo en tanto túmulos de Faetón, como interpreta Carreira. Concluye Daza recordando, con otros autores, que Góngora prefería el cauce de la

poesía para cuestiones teóricas o polémicas antes que textos argumentativos, y también

con un repaso por los datos conocidos sobre su relación literaria con Villamediana.

Giulia Poggi ofrece una útil noticia de antecedentes poéticos, antiguos y del

Renacimiento italiano, sobre varios temas de la décima «Yace aquí Flor, un perrillo»,

como los animales de compañía, los epitafios dirigidos a ellos, o la envidia que le

provocan al amante. Sin embargo, en su lectura del texto, en la que propone asimismo

identificar algunos conceptos de Gracián, Poggi no ofrece sustancialmente ninguna

aportación a la interpretación del sentido burlesco-sexual que ya han hecho tanto

Carreira como Pérez Lasheras y Micó: el perro que suple eróticamente al esposo. No se

sustentan algunos elementos del análisis, como la supuesta alusión al marido ausente en

la «lengua de buey», o el sentido sexual que se propone para la imagen del «clavel»

(sexo de la mujer), que en Góngora siempre es una metáfora de «labios». En cambio, es

muy acertada la reflexión final sobre el hecho de que el poeta no debió de basarse en un

hecho real o dirigir la décima a una mujer en particular, como sugirió en su momento

Jammes y han secundado otros críticos, sino que seguramente la décima es parte «de

una serie de variaciones lúdicas», junto con otros poemas análogos.

Para finalizar, Laura Dolfi analiza el uso de la décima en los tres textos teatrales

que se conservan del autor: Las firmezas de Isabela, y las inconclusas El doctor Carlino

y la Comedia venatoria. A pesar de que no se puede hacer un estudio cronológico, por el breve número de piezas, la profesora Dolfi extrae otras conclusiones interesantes,

como el hecho de que en ninguna de las obras la décima es autónoma, y que tampoco se

usa para la representación de un monólogo, sino que siempre forma parte de secuencias

dialogadas. La segunda y más extensa sección está dedicada a una revisión de los

diálogos en décimas de Las firmezas de Isabela y del Doctor Carlino.Sin embargo, la descripción un tanto excesiva de esta distribución dialogística queda lejos de demostrar

un uso sistemático, según sugiere la autora. Al contrario, y como se desprende del

propio análisis, parece difícil establecer conclusiones precisas equivalentes a las que se

han propuesto para otros autores, particularmente por el reducido corpus teatral del

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Como se puede observar, los estudios reunidos en este volumen suponen una

aportación fundamental para el conocimiento de las décimas ―y aunque en menor

medida, del epigrama como género poético―, en la obra del gran escritor cordobés y en

la poesía española del Barroco. Son sobre todo un mosaico ejemplar de las diversas

perspectivas de análisis, y una guía de los principales problemas metodológicos y

textuales, que los investigadores tienen para continuar con el estudio de este interesante

grupo de poesías, notoriamente olvidadas en la erudición gongorina. Gracias a este

estupendo volumen, no tenemos ahora ninguna buena razón para no apreciar en su justo

peso el auténtico tesoro de creación poética que se contiene en aquellas pequeñas piezas

de nuestro poeta.

José Enrique López Martínez

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Referencias

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