de líderes
Desarrollo integral de la persona
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de líderes
Desarrollo integral de la persona
Francisco Sánchez Fuentes
®
Paideia
México, D. F.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos los sistemas electrónicos de almacenaje, el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos, sin la autorización escrita de los titulares del «Copyright».
Título original: «Desarrollo y formación de líderes, Perfil humano del
líder» Autor: Francisco Sánchez Fuentes
© 2003 EL ARCA, S.A. de C.V.
© 2010 EDUCACIÓN EMPRESARIAL, S.C.
Primera edición: enero del 2003 Segunda edición: noviembre del 2010 ISBN: 978-607-8109-00-5
® INDAUTOR: 03-2002-121813055200-01
Diseño de portada: Educación Empresarial, S.C. Foto de portada: Andrés Rodríguez/Dreamstime.com Composición: Educación Empresarial, S.C. Impreso en México - Printed in Mexico
A mi esposa, por haber creído en mí y en este proyecto a lo largo de laboriosos meses.
A mis hijos, por el tiempo que les resté de atención y compañía durante sus primeros años de crecimiento.
A mis padres biológicos y a todos los «padres» intelectuales y espirituales que han hecho de mí lo que hoy soy.
Este libro no hubiera sido posible sin la formación que me brindaron
durante años muchos maestros y libros de quienes bebí toda esta sabiduría. Para ellos, mi admiración y mi reconocimiento más hondo.
Tampoco hubiera visto la luz sin el entrenamiento que me supusieron los incontables cursos impartidos a lo largo de años, en los que comprobé la veracidad y aplicación de estas ideas. A cuantos asistieron, me corrigieron y enriquecieron, ¡muchas gracias!
Un recuerdo agradecido también para Monserrat Estaragués, mi solícita asistente, quien con su mecanografía, lecturas revisoras y su aliento constante me empujó a concluirlo.
Índice
Presentación ... 11 Introducción ... 13 1. El líder es... Definición de líder ... 21¿Cuál es la visión actual del liderazgo?
... 24 Formas de ejercer el liderazgo
... 25
2. El líder: ante todo, una persona
Importancia del conocimiento de la persona
... 27
¿Qué es la persona? ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo?
... 30 Descripción de persona
...
33
La vida como proyecto
34
3. Desarrollo y formación físico-biológica ¿Somos o tenemos un cuerpo?
... 39
¿Qué es la vida?
... 40
Como mejorar la calidad de vida
... 41
El valor de la vida
... 46
4. Desarrollo y formación psíquico-emocional Importancia de la vida
psíquico-emocional... 49
Base fisiológica de la vida psíquico-emocional
... 50 Proceso de la vida psíquico-emocional
... 52 Desarrollo de la vida psíquico-emocional
... 53 Respuestas ante las sensaciones, percepciones, memoria e imaginación ... 66
Las enfermedades psíquicas
... 85
5. Desarrollo y formación intelectual Importancia de la formación intelectual
... 89 Definición
... 91
Base fisiológica de la vida intelectual
Tipos de cerebros (de inteligencia racional)
... 93 Fases de la inteligencia humana
... 93
Cuándo desarrollar la inteligencia
... 94
Cómo y qué desarrollar de la inteligencia
... 95 Enemigos de la formación de la inteligencia
... 122 6. Desarrollo y formación de la voluntad
Importancia de la voluntad ... 129 Definición de voluntad ... 130 Fases de la voluntad ... 131
Cuándo y cómo desarrollar la voluntad
... 133 Qué desarrollar de la voluntad
... 133
7. Desarrollo y formación ético-moral Importancia de la ética para un líder
... 177 Justificación de la ética y de la moral. ¿Por qué somos éticos?
... 179 Materia de la ética y de la moral
... 180
¿Es igual hablar de acto moral que de acto ético? Diferencia entre ética y moral ... 182
... 183
Presupuestos del acto ético y moral
... 185 ¿Sobre que criterios o parámetros se hacen los juicios éticos y morales? ... 186
¿De dónde surge la ética y la moral?
... 187 Ética y religión
... 189
¿Ética inmutable, válida hoy y siempre, o cambiante de acuerdo con los tiempos? ... 191
¿Ética universal, válida para mí y para todos los hombres o relativa a las culturas y geografías?
... 193 ¿Crisis y cambio de valores hoy? ¿Qué puede y qué no puede cambiar en los valores éticos?
... 194
La conciencia moral
... 195
Momentos, pasos o fases de la conciencia. ¿Cuáles son los tiempos o plazos de este juicio?
... 196
Materia del juicio ético, o fuentes de la moralidad. ¿Qué se juzga? ... 197
Resultados del juicio de conciencia
... 199 Juicios de casos concretos
... 201
¿Y qué ocurre cuando el jurado, el juez o el tribunal (la conciencia) es incompetente, por ignorancia, pereza, duda o está en un error? ... 203
Condicionamientos que puede tener la conciencia
... 205 Formación de la conciencia
... 208
¿Educación ética basada en principios y valores o en obligaciones, leyes, normas y códigos éticos?
... 212
Ética y competitividad profesional
... 214
8. Sentido humano y trascendente del trabajo Definición de trabajo
... 218
Sentido humano del trabajo
... 218 Trabajo y persona ... 220 Trabajo y desempleo ... 222
Trabajo, empresarios y promotores de empleo
... 222 Trabajo, cansancio y descanso
... 224
Trabajo, crecimiento y autorrealización profesional
... 226 Formas de autorrealización en el trabajo
... 227 Sentido trascendente y espiritual del trabajo
... 230 9. Desarrollo y formación religiosa
... 233 10. Desarrollo y formación histórico-trascendente El ser histórico
239
Eres histórico, pero también trascendente
... 241 11. Madurez y formación integral del líder
Madurez psíquica ... 245 Madurez intelectual ... 246 Madurez volitiva ... 246
Madurez ética y moral
... 247
Madurez social y profesional
... 248
Madurez religiosa e histótico-trascendente
... 249 Conclusión... 251 Bibliografía ... 253
Presentación
El libro que tienes en tus manos es fruto de muchos años de reflexión, docencia, lecturas y experiencia. A lo largo de este tiempo y tras
incontables contactos con líderes de todos los estratos, mi convicción se confirma: el liderazgo que el mundo requiere, el que siempre ha
necesitado, es el constructivo.
Si revisas la historia, te percatarás de que quienes han hecho avanzar este mundo son las personas positivas. Gracias a ellas, este planeta todavía es viable y sigue adelante. Son las más. Es verdad que en los manuales de historia, y hoy en las noticias, los destructivos suelen tener más prensa que
los positivos. Pero quizás no sea tanto por morbo, cuanto por un mal enfoque pedagógico: “¡A ver si exhibiendo a los malos y sus errores,
aprendemos mejor...!” ¡Craso error! El ser humano aprende mejor con el
aplauso, con el elogio, que con la crítica; se motiva más con el modelo positivo que con el negativo.
No creo sin más, al estilo del Emilio rousseauniano, en la bondad ingenua de la naturaleza humana. La historia misma se encargaría de desmentirme. Creo, sí, y con todas las fuerzas, en los resultados de su formación. Lo he palpado. La ley irrefutable de “lo que se siembra, se cosecha” no sólo me la ha enseñado la naturaleza y la historia de la humanidad, sino la historia de muchas personas anónimas o conocidas con las que he entrado en contacto particularmente en estos últimos años.
El líder nace y se hace. El famoso adagio medieval de que lo que la
naturaleza no da, ni [la Universidad de] Salamanca lo remedia (“quod natura non dat, Salmantica non praestat”) sólo es válido en parte. Es
verdad que se necesita la plataforma humana elemental. Pero todos los seres normales la tenemos. El mero hecho de nacer y ser “persona” nos da ya todo el potencial. Pero si no lo desarrollamos... Por eso el liderazgo es un asunto de educación y formación más que de innatez. De formación com
Yo pagaría más por alguien que supiera manejar a la gente que por cualquier otra habilidad bajo el sol. (John D. Rockefeller)
Los hombres son crueles, pero el
hombre es bueno. (Rabindranath Tagore)
Dios da el talento; lo que nosotros
ponemos es el trabajo. (Manuel Alvar)
Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como
él mismo se hace.
(Miguel Servet)
El talento no es un don celestial ni un milagro caído del cielo, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales. (José María Rodero)
El líder nace en y de la masa. En ella llena sus expectativas de dirección; sus ansias, ideales futuros, visión y aspiración al poder.
El talento es algo
sino la constancia. (Doris Lessing)
pleta: íntegra, integrada e integral. Éste es el liderazgo que queremos y necesitamos. Parte de la premisa de que “somos, pero no estamos hechos”, de que todavía nos falta mucho por realizar. Y sólo quienes “se hacen” lo logran.
El liderazgo no es, pues, un asunto congénito. Por lo menos el constructivo. ¿O acaso las mamás dan a luz grandes y reconocidos directivos, líderes, investigadores, políticos, comunicadores y doctores? Las mujeres dan a luz bebés. Lo que después sean es resultado de su vida, trabajo y formación.
Es verdad que el fenómeno del liderazgo también depende de otras causas externas que estorban o facilitan la aparición y efectividad del líder, como son las circunstancias de tiempo y lugar. Pero volvemos a lo mismo: si no hay formación previa no despunta el liderazgo, al menos el constructivo. De este enfoque se va a hablar en este libro. No lo hará de forma teórica — presentando sólo el camino—, sino también práctica: te ayudará a
recorrerlo conociéndote más y, sobre todo, mejorándote. Combinará la teoría con la práctica para transformarte en un líder de los que la
humanidad quisiera su clonación.
Puesto que el tema es suficientemente amplio, te sugiero no leértelo todo de un tirón. Los atracones, si no ya perjudiciales, generalmente no son suficientemente provechosos. Lo mismo pasa con las lluvias torrenciales: dejan poco empapada la tierra, además de correr el riesgo de erosionarla. Léete un capítulo por vez, reflexiónalo bien, responde su cuestionario y formúlate un programa de trabajo. Verás el efecto transformador en tu liderazgo. Y en cuanto a las citas de los márgenes, rúmialas con fruición: es lo mejor del pensamiento universal y de todos los tiempos que confirma la razonabilidad de estas cuantas ideas.
Introducción
¿Quién puede ser líder? ¿Acaso yo? Sí, “todos llevamos un líder dentro”. Un día, cuando Miguel Ángel Buonarotti esculpía en su taller una de las estatuas por las que ha pasado a la historia, El Moisés, el hijo de un vecino espiaba por la puerta semiabierta cómo golpeaba sin piedad el mármol. Intrigado, el pequeño entró y encaró al artista:
— Sr. Miguel Ángel, ¿por qué golpea usted con tanta crueldad y tan despiadadamente ese mármol? ¿No ve que le duele?
— Mira hijo —le respondió paternalmente el maestro—, debajo de este
mármol hay un ángel y yo le estoy ayudando a salir, a dejarlo volar.
En cada uno de nosotros hay una buena persona, un gran líder. Todos llevamos un líder dentro. Pero hay que ayudarle a salir. Ésta es la tarea de la formación, de la educación: dejar volar a la buena persona que traemos dentro. No es gratis: es el resultado de mucho cincel, martillo y esmeril e, incluso, hasta de taladro. Y durante años.
El liderazgo no es instantáneo. No tiene fórmulas mágicas ni secretas. Es un proceso de formación y entrenamiento que comienza con el mismo nacimiento y dura años. Esto significa que a la persona hay que enseñarle cómo ser líder desde la gestación. Debe ayudársele a descubrir esta
capacidad desde su llegada a este mundo, a convencerse de ella y a prepararse para ejercerla.
Los buenos líderes no nacen: llegan a serlo mediante su esfuerzo y mucha educación; a través de un largo proceso de formación en el que van
adquiriendo un conjunto de cualidades y atributos, no sólo para ejercer la autoridad o el poder, sino para motivar, entusiasmar y dirigir a la gente, como son la fina sensibilidad y el equilibrio emocional, la riqueza
intelectual y la fortaleza de voluntad, el sentido ético y la capacidad para actuar por motivos trascendentes. Lo llegan a ser a través de un proceso de aprendizaje para ponerse al servicio de los demás y usar el poder y los Los líderes son el
recurso más escaso de cualquier organización. (Peter Drucker)
No ceses de esculpir tu propia estatua. (Plotino)
El hombre no puede hacerse sin sufrimiento, pues es a la vez el mármol y el escultor. (Alexis Carrel)
Edúcate: es algo que nadie podrá arrebatarte jamás. (Blenda J. Wilson)
No podemos tener una isla de excelencia en un mar de indiferencia. (Ernest L. Boyer)
El hombre no es más que lo que la educación hace de él.
(Emmanuel Kant)
recursos de que disponen en beneficio de los demás, evitando la tentación de usarlos con fines exclusivamente egoístas o vanidosos...
Se ha querido elitizar el liderazgo, hacerlo exclusivo de unos cuantos carismáticos. Y no. No es privilegio de los de arriba, de quienes detentan el poder político o económico, de los de la cúspide de la pirámide social u
organizacional. No hay que ser famoso ni encumbrado para ser líder. Es una posibilidad de todos; también lideran los de abajo, independientemente de la posición, salario, título, nombramiento o escolaridad. Es líder el buen padre y la buena madre, el obrero responsable y la mejor vendedora. Todos podemos e incluso tenemos la obligación y la responsabilidad de liderar. Todos podemos asumir un papel de liderazgo. Tenemos que aprenderlo y desarrollarlo. Tenemos que enseñarlo y compartirlo.
Afortunadamente hoy ya se ha democratizado mucho más el liderazgo. Nos hemos dado cuenta de que es un proceso, una competencia que todos podemos aprender y no una herencia congénita con la que se nace. Sólo hace falta educar ciertas destrezas y aptitudes, y facultar para que cada persona sea capaz de liderar.
No hay genes especiales para ser líder. Revisando la historia, los
encontramos de todos los colores y estilos: inteligentes e ignorantes, altos y pequeños...
En materia de liderazgo se ha ensayado toda la gama a lo largo de la
historia. Han dirigido a veces los sacerdotes de Amón, como en Egipto, y a veces los abogados de ferrocarriles, como Lincoln en Estados Unidos. Los banqueros, los Médicis de Florencia, y los poetas como Almutamid de Sevilla. Los militares, todos, y de todas las graduaciones: generales,
coroneles, sargentos. Napoleón era un petit caporal. Ha habido cazadores y cerrajeros aficionados, como Luis XVI. Y cardenales y obispos, para no hablar de papas y de imanes. El rey David era un pastorcillo. Francisco Pizarro, un porquerizo. Roma tuvo un filósofo, Marco Aurelio, y Estados Unidos un actor de cine, Ronald Reagan. Un pianista, Paderewsky, intentó más o menos gobernar Polonia. La señora Thatcher era licenciada en
farmacia. Tanto Manuel Antonio Noriega como George Bush eran agentes secretos...
Y todos —los mendigos, los filósofos, los tenientes coroneles, los
funcionarios, los hacendados, los tratantes de negros o los fanáticos de la ópera—, todos se transforman al llegar al poder: se convierten en políticos y líderes profesionales.
(Antonio Caballero, 1992)
El liderazgo está determinado por las circunstancias, sí, pero sobre todo, por el grado de educación y formación. En concreto, por la educación y
formación de la persona. Porque, ¿qué es un líder? una persona que guía y motiva, dirige y convence a otras personas. La persona es, pues, el
fundamento del liderazgo. Su educación no es una receta más: es la única y principal. La educación y el ejercicio son mucho más importantes —junto con las circunstancias externas, es verdad, las cuales detonan su aparición y efectividad—, que toda la herencia y código genético.
La formación de la persona es, por tanto, el fundamento de todo lo demás. Ésta es la salvación, la única solución. La calidad de un buen líder está en proporción directa con la calidad de su educación como persona. Por contra, es también el problema individual y social más grave. Todos los conflictos (sociales, políticos, económicos, de negocios, religiosos...) están relacionados con la persona; surgen en el núcleo más profundo de ella. Resulta imposible resolverlos mientras no se resuelva su problema como persona.
Y esto mismo que se dice de una persona se puede afirmar de cualquier organización. Sin personas bien formadas, no puede haber buenas organizaciones, porque “es imposible que una institución quiera volar
como águila, si trabaja con guajolotes, con gente que piensa, visiona, habla y actúa como guajolote”.
Si una empresa no tiene personas bien educadas y formadas, simplemente no puede tener éxito, ni local ni nacional o mundial. El futuro y el presente pertenecen a los que se educan, sean personas, organizaciones o países. Si queremos una persona líder, una institución o una sociedad líder,
necesitamos una educación líder para la persona.
Es verdad que el 20% de la población mundial está hoy mejor formada que antes, pero también que el 80% restante lo está proporcionalmente peor. Sigue teniendo vigencia la ley del 80-20 de Pareto...
El liderazgo es uno de los resultados del sistema educativo. Puede aprenderse, y también enseñarse. Lo enseña el sistema de formación de una familia y de un país, la sociedad misma y desde luego lo modelan los líderes que ya fungen como tales. Por eso pesa tanto la clase dirigente de un país.
El verdadero líder guía, pero sobre todo potencia, faculta, enseña, motiva, libera la energía volcánica y la creatividad que hay en la gente. Forma a otros líderes, alienta su autonomía, proporciona dirección y da apoyo. Ser
líder es liberar todo el potencial de la gente, porque antes se ha liberado el propio.
¡Fuera, pues, el mito de que el líder nace, y no se hace! El inicio del liderazgo comienza con la educación. Todos y cada uno de los miembros de una familia, los ciudadanos de un país o los empleados de una
institución merecen ser bien educados. La fortaleza de un país, empresa o individuo radica primordialmente en su educación.
El hombre no es una creación de las circunstancias. Son éstas las
creaciones del hombre. (Benjamín Disraelí)
Cuanto más se eleva un hombre, más
pequeño les parece a los que no saben volar. (Friedrich
Nietzsche)
En el fondo, en la vida no hay más que lo que en ella metemos.
(Madame de Swetchine)
Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.
(Pitágoras)
La educación y la formación son el fundamento del liderazgo.
El hombre tiene unas alas que no conoce. (Gustave Thibon)
A fin de cuentas, no es el general quien gana las batallas, sino el ejército. Y cuanto
más ayude uno a las personas para que
sean autosuficientes, orgullosas de sí mismas y verdaderamente hábiles, más lograrán en la organización
y en la sociedad.
(Reuben Mark)
En el futuro,
necesitaremos ver al líder en cada uno de nosotros. (Blenda J. Wilson)
Todo hombre es útil a la humanidad por el solo hecho de existir. (Jean-Jacques
Rousseau)
Estamos hablando de educación, no de adiestramiento o simplemente de capacitación. Los sistemas educativos en general, a pesar de sus muchas reformas y planes, no enseñan a “ser persona íntegra, integrada e integral”; a ser compañero, padre, ciudadano, y a comprender y manejar las
actitudes, emociones, percepciones, carácter, inteligencia, voluntad, ética y sentido de la trascendencia... Enseñan a ser ingenieros, técnicos,
arquitectos, abogados, artistas, veterinarios..., pero ser un buen tecnócrata no garantiza ser una persona íntegra, integrada e integral.
Educar —educare: e-ducere en latín—, es ayudar a sacar fuera lo mejor de
uno mismo que todos llevamos dentro. Es conducir al individuo hacia la plenitud, a la felicidad, a la verdad, a los valores... Y se logra dando motivos y entusiasmando a la persona para que quiera realizarse a sí misma; para que quiera ser todo lo que es capaz de ser, y se le enseñe el camino; para que se le ayude a conocerse a sí misma, a describir sus fortalezas más íntimas, a advertir las posibilidades pero también los defectos y debilidades.
La educación tiene que ver con la escuela, con la carrera, es verdad; pero es mucho más que eso: es aprender a organizar y vivir la vida. Es la conjunción del saber ser con el saber hacer; con el saber poder, tener,
presumir, y hasta con el saber, consumir y aparentar. Aprender todo esto
es lo que hace que la formación sea un éxito y no un mero entrenamiento o capacitación. Es preciso formar a las personas, no sólo para saber hacer,
tener o poder, sino también para saber ser.
Educar no es sólo crear eruditos o favorecer la excelencia académica y
multiplicar la capacidad de leer y escribir, sino crear también una cultura de responsabilidad, con valores trascendentes y sentido de misión. La ética también es un componente fundamental de la educación. Pero hoy no basta con que el líder sea intachablemente ético; es necesario que comprenda los problemas éticos con los que se va a enfrentar y se convierta él mismo en una escuela o universidad ética. Porque también es forjador de criterios y líder de opinión.
No pienses que con la sola escuela o la posterior lectura de un libro, o con un curso de 20-30 horas convertirás a la gente ya en líder. Al igual que en cualquier carrera, se necesita tiempo, método, sistema, entrenamiento. Y así sí, las personas pueden aprender y ejercitar con eficacia las
características del liderazgo. Por eso conviene revisar sistemáticamente los programas educativos de un país. ¿Para qué están educando a nuestros hijos? ¿Cuál es el tipo de liderazgo que les estamos forjando? A fin de cuentas, ellos serán quienes nos dirijan mañana.
Dentro de cada persona hay una buena persona. Hay que ayudarle a salir, a dejarla volar. Éste es el trabajo de la educación; ésta es la tarea de los sistemas e instituciones educativas: dejar salir a la buena persona que
todos llevamos dentro. Pero a fuerza de cincel y martillo. De trabajo y formación. “Deja volar, deja salir la buena persona que llevas dentro”. Porque con “mejores personas, mejores países, empresas y mejor servicio
y resultados”.
En muchos países y organizaciones existe la creencia —al menos la
práctica— de que “el entrenamiento” es para los de abajo y la “formación” para los de arriba. Por eso siguen siendo tercermundistas y poco o nada competitivos. Es verdad que el liderazgo del más alto nivel de una familia o institución tiene que ser el primero en formarse y educarse, para ser así ejemplo para el resto de la sociedad. Pero hay que dar un vuelco total: tenemos que ver en cada uno de nuestros hijos, ciudadanos, indígenas, obreros y empleados a un líder, y prepararlos como tales. Hoy el liderazgo educativo está al alcance de todos, si es que queremos aspirar realmente al liderazgo productivo y con resultados a nivel internacional. Por eso se tiene que rehabilitar también al pordiosero, así como potenciar al
empleado de línea o del más bajo escalafón. La miseria mental es la mayor fábrica de pobreza material. Frente a ella está la educación. Hemos de convertirla en el mayor reto de nuestro tiempo.
El liderazgo compete a todo el mundo. De lo contrario, no tendremos un país o una organización líder. Todos podemos ser líderes, todos valemos la pena, todos podemos hacer algo por los demás. Todos podemos hacer que las cosas mejoren en al menos una parcela de la sociedad: el joven y el viejo, el enfermo o impedido y el que goza de buena salud, el educado y el ignorante, el trabajador y el patrón, el pobre y el rico, el indígena y el mestizo...
Sin embargo, no todos son conscientes y aceptan esta realidad. Ante la palabra “liderazgo”, hoy muchos huyen despavoridos y se sacuden el
calificativo como si de una acusación o desprestigio se tratara. Y es porque el término se ha identificado mucho con el de manipulador, interesado,
asaltante del poder, aprovechado de los demás. ¡Tan buen ejemplo nos
han legado muchos de los dirigentes actuales, sobre todo políticos y
sindicales! Otros, por el contrario, lo acarician, porque es el horizonte y el ideal de su vida para satisfacer sus ansias inconfesables de poder o
intereses y ambiciones egoístas. ¿Cómo te explicas si no el hecho de que algunas personas estén satisfechas con no ser líderes, mientras otras no solamente están dispuestas, sino ansiosas de ir adelante de un grupo como líderes?
¡Fuera la concepción de que un líder es un manipulador! Puede serlo. De hecho, los hay, pero han prostituido la palabra. La esencia del liderazgo es positiva. Un auténtico líder siempre es transformadoramente positivo. A un verdadero líder se le sigue por su credibilidad e integridad, por su congruencia entre las palabras y los hechos, por su dedicación y servicio a los demás. Con desinterés. Y un líder así siempre es constructivo y
transformador: los frutos lo evidencian y la historia lo reconoce. Una persona que
siempre se esfuerza, se convierte en un líder natural, simplemente poniendo el ejemplo. (Joe Di
Maggio)
Lo trascendental es la revolución en el espíritu humano. (Henrik Ibsen)
Lo que tenemos
que aprender a hacer, lo aprendemos haciéndolo.
(Aristóteles)
La multitud, la masa anónima no es nada por sí misma. La multitud será un
instrumento de barbarie o de civilización según carezca o no de una alta dirección moral. (José
Enrique Rodó)
La gente es nuestro recurso más importante. (Marjore M. Blanchard)
La esperanza principal de una nación radica en la educación adecuada de su gente. (Erasmo de Rotterdam)
Se conoce mucho
mejor el fondo del valle cuando se está en la cumbre de las
montañas.
(Napoleón)
Señor, no sigas
produciendo gigantes. ¡Eleva la raza!
(Robert Browning)
A menudo relegamos nuestra más fuerte
inversión: la inversión en el crecimiento y en el desarrollo personal, nuestro y de los demás.
Después de formarse con integridad, el líder se convierte en líder en
gerundio: comportándose como líder. Es decir, asumiendo responsabilidad, compromiso y autoridad en favor de los demás. En lugar de esperar a que otros se muevan, él actúa y se compromete. No esperes, pues, a que
alguien venga y te diga lo que debes hacer; nunca serás líder. Quien espera en la vida a que le digan lo que tiene que hacer, lo más seguro es que se muera sin hacer nada.
El mundo está hambriento de auténticos líderes, de verdadero liderazgo. La gente quiere ser inspirada, motivada, dirigida y llevada a los ideales a los que tiene que ser llevada, porque ella no es capaz de verlos o seguirlos. Los seres humanos seguimos por instinto a quienes tienen el poder de darnos lo que deseamos; a quienes tienen la visión clara de llevarnos a donde nosotros tal vez no hemos vislumbrado todavía que queremos ir. En síntesis, el líder satisface las necesidades, resuelve los problemas de sus seguidores y, además, transforma y da significado existencial y
trascendente a sus acciones.
Para constituir una empresa y para hacerla funcionar se necesitan cuatro ingredientes básicos: dinero o recursos financieros, tecnología, sistemas
administrativos u organización, y personas. Su efectividad depende de que
estos cuatro factores estén en equilibrio. Muchas veces se subraya uno y se descuidan los demás. Con frecuencia, el más menospreciado son las
personas. ¡Craso error! Sin las personas, sin la formación de las personas
como líderes, ni los sistemas ni las nuevas tecnologías o estrategias, ni los abundantes recursos financieros funcionarán.
Las personas formadas marcan la diferencia entre la productividad y la improductividad de una organización, entre el éxito y el fracaso. Aunque cuente con mucho capital, tecnología de punta o buenos y probados procedimientos administrativos, si no cuenta con buenas personas, con líderes, no habrá resultados. En todo proceso, en toda organización, los protagonistas supremos son siempre y en última instancia los seres humanos, las personas.
Hoy, las empresas y los países que, además de modernizar la tecnología, no se preocupen por la formación de su gente, de las personas, no tienen futuro. Por el contrario, las que invierten mucho en la formación de las personas, saben que están invirtiendo en la nación, en la misma
organización. La calidad humana es el origen y sustento de la calidad en el producto o servicio. Y es lógico, la calidad de lo hecho es una
prolongación de la calidad de quien lo hace. Con mejores personas, pues,
mejores instituciones y, por tanto, mejor producto o servicio. Y puestos ya
en el ámbito de los resultados, muchos más beneficios.
Los líderes inteligentes saben que la inversión más importante que pueden hacer en su institución es en la gente, en la multiplicación de sus líderes, sobre todo en periodo de crisis, cuando resulta tentador reducir costos y los presupuestos de formación.
El líder constructivo no sólo se forja a sí mismo: invierte también en su gente; no la considera como fuerza laboral o recurso humano prescindible, sino como personas líderes. Y cuando invierte en su gente, sabe que
invierte en la organización y en su liderazgo.
El propósito de este libro es desarrollar y formar líderes. Y ayudar a hacerlo en la familia, en la escuela, en la organización, en el país y en la sociedad. Se trata de enriquecer nuestro liderazgo propio y de descubrir o potenciar el de aquellos que tenemos a nuestro cargo. Se trata de ser mejores de lo que ya somos. Se trata de hacer mejor aquello que ya hacemos bien. En resumen, ¡libera a la buena persona que llevas dentro! ¡Ayuda a salir al líder que cada persona esconde bajo su ropaje! porque el líder no nace; se hace.
1. ¿Crees que tú y tu gente pueden llegar a ser líderes a través de una buena formación? ¿O crees que el liderazgo es totalmente innato o formado?
2. ¿Estás acostumbrado a ver en tus hijos, empleados y colaboradores a líderes potenciales y, por ello, los preparas como tales?
3. ¿Ves tu formación integral como un viaje o como un destino? Es decir, ¿piensas que ya la concluiste o que te tienes que seguir formando toda la vida?
4. ¿Estás comprometido en los hechos con el aprendizaje y crecimiento personal tuyo y con el de tus seguidores durante toda la vida?
5. ¿La formación, la educación integral y permanente tienen una alta prioridad en tu institución, porque es la salvación, la única solución para todo, liderazgo incluido?
6. En tu institución, ¿la gente es su “recurso” más importante, el que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso y, por eso, se preocupa de formarla?
7. ¿Tu organización tiene una cultura de la formación y del desarrollo de su gente, que haga hincapié en formar, orientar, entrenar y educar el liderazgo de todos y cada uno de los empleados? 8. ¿Sigues pensando que el “entrenamiento” es para los de abajo y la “formación” para los de arriba?
9. ¿Cuánto tiempo, dinero y recursos estás invirtiendo en ello? ¿Cuánto dedican en tu organización? ¿Y en el país? ¿Estás personalmente comprometido con el liderazgo formativo?
1El líder es...
Si alguien te pidiera que señalaras las cinco cualidades más determinantes del líder del mañana, sin duda reseñarías algunas de éstas: una gran visión
y valores muy claros, fuerza de carácter, equilibrio emocional y madurez mental, capacidad para pensar con lógica y claridad, sentido común, flexibilidad en los puntos de vista, capacidad de diálogo y de escucha, formalidad y responsabilidad, capacidad de generosidad y de servicio, motivación como forma primaria de tratar a la gente, capacidad de
convencimiento y persuasión para alcanzar las metas propuestas, empatía para con los otros y sus sentimientos, cooperación y trabajo en equipo,
capacidad para tomar decisiones, buen conocimiento de la organización, conocimiento especializado del trabajo que se realiza, capacidad para organizar y controlar, técnicas de dirección, instinto directivo... ¡Un
momento! ¿Cuántas encarnas tú? ¿Y quién es el líder del futuro? ¿Te consideras entre ellos?
Definición de “líder”
Como pasa con muchos de nuestros términos, la palabra líder tiene múltiples acepciones en el lenguaje coloquial. Conviene que nos pongamos de acuerdo desde el inicio sobre su significado. Cuando hablamos de líder nos referimos a alguna de estas definiciones: a) Etimológica: palabra sajona proveniente del verbo “to lead: guiar, dirigir”. De aquí se deriva “leader: el que dirige”, y “leadership: liderazgo, clase dirigente”.
b) En una organización: es la persona más influyente en los procesos de una empresa (planeación, producción, supervisión, control...), para
conseguir los mejores resultados para los dueños o accionistas, mediante el servicio o producto que ofrece.
Liderazgo : el arte de lograr que alguien haga lo que uno
quiere porque
esa persona quiere. (Dwight D.
Eisenhower)
El liderazgo es el uso del poder para influir en los pensamientos y las actividades de otras personas. (Abraham Zaleznik)
Por todas partes vemos a aquellos que se
empeñan por orientar y dirigir la vida de los demás, al mismo tiempo que ellos no darían nada por la suya propia.
(William Morris)
El talento es
profundamente injusto: no se puede transmitir. (Vittorio Gassman)
c) Desde el punto de vista humano: es una persona que convence y motiva,
guía y dirige a las demás personas por “algo especial” que tiene. No se
trata de manipulación, inducción, coacción física o moral,
condicionamiento... ya que esto atenta contra la libertad de las personas, y entonces no se podría hablar de liderazgo, sino de coacción, manipulación o esclavitud.
En nuestro lenguaje diario, por “ líder” generalmente se entiende el sentido
etimológico (“dirigente o clase dirigente en turno”) o, a lo sumo, se llega a
una interpretación organizacional (“el jefe de proyecto”). Este libro se refiere a un enfoque esencialmente humano: a la persona que convence y
motiva, guía y dirige a otras personas por “algo especial” que tiene.
Este “algo”, aunque puede encontrarse en muchos factores, en realidad se reduce a uno solo: a la capacidad de liberar el potencial propio y la energía de las otras personas. Se conoce como carisma. ¿Cuál es la base sobre la que se asienta este “carisma” o la “fuerza” de una persona para que “otros hagan lo que ella desea”? Sin afán de agotar el tema, lo podemos cifrar en algo:
— Circunstancial o situacional (tenemos así al líder situacional): logra su influencia mediante un acto de autoridad que se deriva de un
nombramiento, sin importar si tiene talento y capacidad, o de una
casualidad de la vida: las circunstancias lo ponen en esa situación porque fallece el papá o el presidente de la institución y, por estatutos, tiene que sucederle el hijo, el vicepresidente, valga o no, tenga competencia o no, dé o no la talla.
Es verdad que las circunstancias, la situación no convierten a uno en un verdadero líder. Hay que demostrarlo. Pero también es cierto que muchos que no dan la talla al inicio, cuando las circunstancias los espolean, dejan salir al líder que llevan dentro. ¡Se descubren y forman!
— Aprendido (líder tecnócrata): cualquier persona puede aprender a ser líder en sentido etimológico u organizacional mediante el entrenamiento, la formación, técnicas o hábitos que le permitan influir en los demás. También, aunque es más arduo y difícil, cualquiera puede formarse para ser líder humano.
— Heredado de sus padres o de los antecedentes de su familia (líder
heredado o tradicional). Es el caso de los reyes, de los herederos de
grandes fortunas o emporios, y hasta el de los notarios en muchos lugares. — Natural, carismático, personal (líder natural): es el que conquista fácilmente la voluntad y simpatía de las personas, por su talento y capacidad, por sus aptitudes y actitudes.
naturales por su don de gentes y de conquista, o por otro sinfín de
cualidades. La mayoría ha pasado por un largo proceso de formación, pues no cabe duda de que también el carisma se enriquece y se forma.
Carisma viene del griego karisma, que significa “don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad, y no en
beneficio personal”. Es el don, talento, fuerza, recursos (belleza, oratoria,
audacia, valentía, iniciativa, conocimiento...) que tienen algunas personas para atraer o seducir con su presencia o palabras. Este carisma, ese algo que motiva y convence puede surgir de varias fuentes, como el:
— Ser inteligente, mejor, íntegro, capaz, competente, fuerte, guapo, con
una fuerte personalidad, revestida de cualidades físicas o intelectuales superiores como belleza, estatura, agudeza intelectual, bondad, ética, responsabilidad, fiabilidad, don de mando y capacidad de servicio... La persona que tiene cualidades o rasgos físicos más desarrollados (corpulencia, altura y cuerpo atlético); la persona que posee una inteligencia más alta que el promedio de sus seguidores para detectar problemas y encontrar soluciones; la persona con una personalidad rica, madura, dotada de rasgos físicos, mentales y sociales, segura de sí misma, buena comunicadora, resistente a los fracasos y a la frustración, hábil para trabajar en equipo; la persona proactiva y con resultados... es probable que ejerza cierto liderazgo sobre sus seguidores.
— Tener dinero, relaciones, contactos, títulos, experiencia, puestos de
preeminencia...
— Poder, autoridad, jerarquía, mando, nombramiento...
— Hacer cosas, proyectos, empresas, innovaciones...
— Saber más que los demás, por formación esmerada, preparación privilegiada o investigación durante mucho tiempo...
—Castigar, por contar con poder de sancionar, amenazar o corregir... — Recompensar: el ascendiente surge al descubrir una ventaja que puede ser compartida por los demás y ambos salir beneficiados.
— Presumir, aparentar más que los demás, basándose en su tener, hacer o
saber...
— Ambicionar: ansia de imponerse y sobresalir por encima de los demás, y no pocas veces, a costa de los demás.
—Trascender, perdurar en el tiempo con los hechos y obras. Es muy fácil reconocer a un buen líder una vez que ha desaparecido. Todo el mundo lo echa en falta. Trasciende en su fama y en sus hechos.
El liderazgo es el carisma de una persona que impulsa a otras personas a hacer ciertas cosas; a hacerlas de forma atractiva y, sobre todo, a conseguir que actúen por valores y motivación trascendente.
En resumen, el líder tiene algo indefinible que brota de su ser, de su filosofía de vida, de una visión, de su enfoque básico hacia la vida y los demás seres humanos. Y esto es el carisma. Este ingrediente no puede comprarse, venderse o construirse. Si la persona lo tiene claro, sólo puede ser nutrido y cultivado. Y aquí es donde entra la formación. Si no lo
Pobre no es el que tiene poco, sino el que desea mucho. (Séneca)
Aparentar tiene
más letras que ser. (Karl Kraus)
La obra de cada quien, ya sea literatura, música, planos de
arquitectura o cualquier otra cosa, siempre es una imagen
de sí mismo.
(Butler)
tiene descubierto, todos los cursos de entrenamiento y formación de liderazgo existentes en el mundo no podrán hacer de él un líder hasta que él, y sólo él lo descubra. Y aun teniendo este componente místico o
carismático, si no hay una buena armonía entre sus talentos y las
circunstancias o situaciones, este líder fracasará o nunca llegará a serlo. No despuntará.
Visión actual del liderazgo
Si elaboras tú solo o entre tus conocidos una lista de los veinte líderes que han sobresalido a lo largo del siglo XX, nombrarán sin dudar a Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Juan XXIII, Einstein, Madre Teresa de Calcuta, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Juan Pablo II, Gorvachov, Jomeini, J. F. Kennedy, Winston Churchill, Charles De Gaulle, Hitler, Stalin, Benito Mussolini, Mao Ze Tung, Augusto Pinochet, Francisco I. Madero, Pancho Villa, Zapata, Lázaro Cárdenas, John Lennon, Bill Gates, Los Beatles... Con sus variantes, estoy seguro de que varios de estos
personajes estarán en tu lista.
Han sobresalido por su ser, tener, poder, hacer, saber, aparentar,
presumir, trascender...
Si exprimes un poco la lista y te quedas con los tres más positivos y constructivos, con los que más han aportado a la humanidad y que
quisieras que se clonaran, de seguro que entre ellos aparecerían Gandhi, Madre Teresa, Einstein, Juan Pablo II, Martin Luther King, Bill Gates... ¿Por qué? Porque queremos gente que nos enriquezca y nos construya, que nos “visione” los ideales más sublimes y nos aliente con su ejemplo a alcanzarlos. Porque privilegiaron el desarrollo de su ser, frente a la búsqueda del hacer, tener, poder, saber... Y así fueron sus resultados: reflejo e imagen de su ser. No desdeñaron las otras tareas. A lo mejor hasta se vieron obligados a ejercerlas, pero lo hicieron a la luz del ser, y no al revés. Por el contrario, quienes endiosaron o idolatraron el poder, el tener,
el hacer, administrar o ambicionar, han terminado olvidados, hasta
odiados y aborrecidos, porque han hecho mucho daño a la humanidad. ¡Más valdría que no hubiera nacido! podríamos decir de alguno de ellos. Sufrimos una ambivalencia: por un lado reconocemos y aplaudimos a quienes han mejorado la civilización del ser, pero, por otro, en la vida diaria nos absorbe y encandila el tener, poder, hacer, presumir, consumir y hasta aparentar. A sus representantes se les festeja e idolatra. Porque, ¿cuáles son los ídolos de hoy en los medios de comunicación, en la aspiración subconsciente de muchos de nosotros, en el horizonte de la juventud actual? ¿A quiénes nos fabrican de la noche a la mañana como los grandes líderes de nuestra sociedad? ¿No es acaso a quienes detentan el
poder, se encaraman a toda costa en los puestos directivos, acumulan el tener, se consumen entre el hacer, el consumir y el aparentar o presumir?
En los libros de liderazgo se subrayan demasiado las técnicas para dirigir, las habilidades y los talentos para manejar el poder, el tener y el hacer, en lugar de comenzar por desarrollar más bien el ser. Al revisar la incontable bibliografía se advierte que la mayoría de los casos sólo son meras técnicas comunicativas o directivas; puras propuestas para planear, delegar, facultar o cultivar fructíferas relaciones interpersonales. Son importantes, y se deben tener y desarrollar, pero no absolutizar. Son medios, no fines. Recuérdalo: los líderes constructivos han tocado el corazón de su ser; no se han quedado en la cáscara.
El verdadero líder, el perdurable, destaca fundamentalmente por su ser, por su prestigio basado en la riqueza de una personalidad armónica, por la coherencia de su vida, por su veracidad e integridad, y por la calidad de sus frutos.
No hay desgracia
mayor que la anarquía: ella destruye los
estados, conmociona y revuelve las familias. (Sófocles)
Independientemente del origen y del carisma que lo sustente, se puede ejercer de diversas formas. Tenemos así al líder:
— Anárquico: típico de las primeras tribus, pueblos antiguos y grupos subdesarrollados. Se dio en los primeros siglos antes de Cristo, pero sigue persistiendo hoy en naciones débiles y desorganizadas, en democracias inmaduras y en empresas familiares y públicas que no tienen rumbo ni dirección.
— Autocrático rígido: fue característico de los gobernantes
todopoderosos, reyes y emperadores absolutistas, además de las dictaduras militares. Hoy persiste en la institución llamada ejército y en algunas
empresas. Sólo se interesa por el trabajo, la tarea y los resultados. — Autocrático paternalista: propio de las colonias imperiales. Es característico también de algunas instituciones religiosas y empresas estatales, paraestatales y familiares.
— Autocrático incompetente: es específico de los príncipes herederos. Lo encarnan también los empresarios por herencia y los funcionarios
asignados por dedazo, enchufe o compadrazgo.
— Tecnocrático: está presente en las naciones más desarrolladas de hoy, así como en las sociedades anónimas y empresas transnacionales.
— Responsable o democrático: es el propio de los gobiernos
representativos y democráticos actuales. Así funcionan también la mayoría de las buenas multinacionales de hoy: fijan los objetivos, forman y
facultan a la
El Estado soy yo. (Luis XIV)
Es legal porque es mi voluntad. (Luis XVI)
gente, y le conceden libertad y responsabilidad para conseguirlos de acuerdo con su propia creatividad.
Independientemente de la fuente de tu liderazgo, de la forma en que lo ejerzas, del estilo de dirección de personas o gestión de responsabilidades que tengas, recuerda que se puede enriquecer. Conócelo y poténcialo. Te acompañaremos en tu camino.
1. ¿Qué tipo de líder eres: natural, heredado o situacional? ¿Anárquico, autocrático,
2. ¿Por qué influyes, impulsas y convences a los demás: por tu poder, tener, hacer, castigar,
recompensar, presumir, ambicionar, saber o por tu ser y trascender?
3. ¿Por qué te siguen o no te siguen?
4. ¿Eres amado u odiado? ¿Querido o temido?
5. ¿Qué necesitas cambiar para irte transformando en un líder auténtico?
6. ¿En qué quisieras fundamentar tu liderazgo: en tu ser, en tu herencia o en tu puesto y nombramiento?
7. ¿Cómo crees que será el líder dentro de 10 años? ¿Qué estás haciendo tú para empezar a vivir este futuro desde este momento?
2
El líder: ante todo, una persona
Importancia del conocimiento de la persona
Al revisar la historia de la humanidad confirmamos que el liderazgo más constructivo y positivo es el que se basa en el ser, el que privilegia el ser por encima del tener, hacer y poder, saber, consumir y aparentar... Pero, ¿ser qué? ¡Ser persona! El líder es en primer lugar persona y, después, dirigente, jefe, investigador o directivo, presidente, profesional o político. No se puede separar lo que es la persona de lo que es el líder. No se puede aislar el estilo de motivar, dirigir, guiar, convencer, impulsar a los demás de la forma en que uno ha aprendido desde la infancia a percibir, imaginar, reaccionar, reflexionar, decidir, ser ético, trascendente, a relacionarse con los demás y con el entorno.
En la actualidad, el que se dice líder se preocupa más por desarrollar aspectos externos (técnicas de su especialidad, marketing, habilidades de comunicación, manejo de audiencias y masas, conocimientos de
finanzas...: hacer) que por desarrollar todo el potencial interior que posee como persona: ser. Con demasiada frecuencia privilegia el actuar
ignorando o inmolando el ser. Esto significa voltear un principio filosófico fundamental, y es que del ser se sigue el operar, como decía Aristóteles. El liderazgo se desarrolla a partir del estilo personal de ser persona. Toda persona que quiere ser líder, cualquiera que sea su posición, piensa, siente y actúa en primer lugar como persona. Y para que sea líder integral, antes tiene que ser y operar como persona íntegra, integrada e integral.
Pero en el líder no basta la consecución narcisística de una persona total y completa. Es preciso que forje personas totales y completas. En efecto, uno de los secretos y de las responsabilidades de los líderes de siempre es
lograr lo mejor de la gente, de las demás personas. Un buen líder sabe que el talento humano es el más importante en sus colabo
Hay que ser algo para hacer algo. (Johann Wolfang von Goethe)
El comportamiento
Como me veo, te veo. Como te veo, te trato. Y como te trato, en eso te convierto (o te pervierto).
De querer ser a creer que se es ya va la distancia de
lo trágico a lo cómico. (José Ortega y Gasset)
Una persona se delata por sus amistades y seguidores, al igual que una empresa se conoce por la calidad de sus empleados.
Aceptarnos como
somos exige definirnos, subrayar lo que somos
–nuestra identidad– renunciando a lo que no somos. La rosa, para ser rosa, tiene que renunciar a ser orquídea.
(Rafael Llano Cifuentes)
El mayor bien que uno tiene es uno mismo.
No salgas fuera de ti, vuelve a ti; en el interior del hombre habita la verdad.
(Agustín de Hipona)
El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima en menos de lo que vale. (Johann W.
Goethe)
No te robes a ti mismo lo que te pertenece. (Ramón Llull)
radores; es el recurso más indispensable. El líder exitoso es el que
desarrolla y aprovecha más a su gente, sin importar su sexo, etnia o estilo personal. Sabe que en cada ser humano hay grandeza, mucha grandeza; que cada persona puede hacer contribuciones especiales a toda la sociedad. El líder lo sabe, lo ve y lo potencia. Y es capaz de hacerlo porque
comienza por conocerse y mejorarse a sí mismo, y termina conociendo, aceptando y potenciando a los demás.
Y cuando los seguidores se sienten tratados por su líder como su “recurso” más precioso, como personas, se comprometen mucho más con él y con su misión. Empiezan a pensar y a actuar como creadores o propietarios de las metas y objetivos de su líder. No hay duda de que las personas que sienten que se las trata bien, trabajan mejor. Y cuando trabajan bien y se les
refuerza su motivación con estímulo y reconocimiento, corresponden todavía mejor.
En la medida en que los líderes de una organización se mejoren a sí mismos y a los demás, esta institución tendrá más posibilidades de sobresalir por su liderazgo. Con mejores personas, mejores
La persona es algo más que fuerza de trabajo o un simple factor de
producción, más que un montón de necesidades físico-químicas, más que un simple “recurso humano” desgastable y desechable. Por eso el líder no trata a sus colaboradores como máquinas, como objetos, como mercancía, como mero recurso. Trata a cada uno de forma especial, porque cada ser humano es especial, irrepetible, con una dignidad sublime e
insubordinable. Cuando así lo hace, despierta en la persona su potencial total, hace salir lo mejor que hay en ella.
Pero para llegar a este nivel, para tratar y entender bien a los demás, el líder tiene que entenderse primero a sí mismo: sus capacidades,
motivaciones y habilidades: su persona. Por eso, para que un líder sea completamente persona, necesita cuatro actos conscientes y muy
humanos: conocerse con lealtad; aceptarse con generosidad; estimarse con modestia; mejorarse con valentía.
“Entonces, yo ya no tengo solución” . ¡No es verdad! Remedio lo tenemos
todos hasta que nos muramos. Es cierto que no hay ningún interruptor que, con sólo pulsarlo, pueda convertirte de golpe en otra persona. Pero con un ideal apasionante, y mucho esfuerzo, te maravillarás de hasta dónde
puedes llegar.
¡Conócete, acéptate, estímate y mejórate! Haz esto por ti mismo: es un buen negocio ser un buen ser humano. Rinde los mejoress dividendos. El verdadero éxito, es el éxito que se obtiene con uno mismo. No consiste en
tener, hacer o poder hacer cosas, sino en la victoria y enriquecimiento de
sí mismo; en ser todo lo que puedes y estás llamado a ser. Y cuando lo hayas logrado, tienes la mejor plataforma para conocer y dirigir a los demás: para liderar.
¿Qué puedes hacer en cuanto líder para fomentar el crecimiento personal de ti mismo y de los demás? Valora de veras la formación permanente; transfórmala en un proceso continuo. Trabaja sin pausa para mejorarte guiado siempre por tu visión; ten principios sólidos que sean los que rijan y dirijan tu vida cotidiana.
No se puede obligar a nadie a desarrollar su persona. Sin embargo, líderes y organizaciones lo intentan todos los días creando programas obligatorios de crecimiento personal. Y por eso son líderes en sus ámbitos respectivos. ¿Por dónde comenzar? Por el conocimiento y definición de ti mismo.
¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Qué es persona? ¿Qué significa para ti eso de ser persona? Por la complejidad de sentimientos, ideas y experiencias, a veces incluso hasta contradictorias, la persona es difícil de definir, pero no puedes claudicar. Está en juego, no sólo tu liderazgo, sino tu misma vida, tu proyecto de vida.
La mayor sabiduría que existe es conocerse a sí mismo. (Galileo Galilei)
Dentro de poco
estaremos en situación de conseguir la
estructura genética de una buena persona. Todavía no se sabe seguro cuándo ocurrirá, pero será sin duda
antes de que hayamos definido qué es una buena persona.
(Robert S. Morison)
¿Qué es la persona? ¿Quién soy yo? ¿Quiénes son los demás seres humanos? Este interrogante es en cierto modo justificado. Se han dado tantas definiciones de “persona”..., que es lógico que reine la perplejidad. Todavía hoy, en el siglo XXI, no sabemos qué es exactamente el hombre. Continuamos siendo un misterio para nosotros mismos. ¿Por qué todavía este enigma sin descifrar en el siglo de los vuelos espaciales, de las
conquistas fisicoquímicas y electrónicas, del dominio de la genética y de los grandes descubrimientos médicos, de la comunicación por satélite y de la navegación por Internet?
¿Qué es el ser humano? ¿“Una caña pensante”, como lo definió Blas Pascal? ¿Acaso “un animal enfermo”, como lo diagnosticó Miguel de Unamuno, o sólo “un animal político”, en palabras de Aristóteles? ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la persona? ¿“Un lobo para el otro hombre”, como dijo de él Thomas Hobbes? ¿“Una cuerda entre el animal y el
superhombre”, según la concepción de Nietzsche? ¿”La medida de todas las cosas”, de acuerdo con el pensamiento de Protágoras? ¿“Un animal de consumo” o sólo “un medio para instaurar el proletariado universal”, como han propugnado el capitalismo y el comunismo respectivamente? ¿Sólo uno más de la especie animal? Entonces se tratará con recetas veterinarias. ¿Acaso un amasijo de células? ¿Sólo fuerza laboral y capital de trabajo? ¿Qué es la persona? Esta pregunta es justificada, porque “como me veo, te
veo; como te veo, te trato; y como te trato, en eso te convierto o te pervierto”.
Si alguien te pidiera escribir tu propia definición de persona, de ti mismo, ¿cómo te definirías? No dudo de que hasta ampliarías el menú tan
variopinto presentado en la lectura. Lo más seguro es que entre las cua No hay en la
naturaleza dos seres completamente iguales. (Gottfried Wilhelm
von Leibniz)
Nací sin saber por qué. He vivido sin saber cómo. Y muero sin saber cómo ni por qué. (Pierre
Gassendi)
Nunca me he entendido lo suficiente a mí mismo.
(Emmanuel Kant)
Semiángel o semibestia, el hombre es un animal extraño. (Pío Baroja)
Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna tan portentosa como el hombre.
(Sófocles)
lidades descritas aludas, aunque sea colateralmente, a lo racional. En nuestro mundo occidental, somos en parte herederos de la definición filosófica dada por Boecio en el siglo V (480-525 d.C.): substancia
individual de naturaleza racional. Esta concepción fue retomada después
por Tomás de Aquino (1225-1274) y por casi toda la tradición filosófica escolástica, kantiana, idealista, existencialista y personalista, hasta llegar a nuestros días.
Una descripción un poco más desglosada de “ persona” podría ser ésta: Un
ser único, irrepetible, diferente de cualquier otro, finito, limitado,
compuesto de materia y forma, de naturaleza intelectual; es decir, con una naturaleza dotada de inteligencia y voluntad, con inmortalidad en su
dimensión espiritual, con origen en Dios y con destino en Dios (esto ya
según una visión religiosa de persona).
Podríamos seguir con la lista de definiciones, pero, ¡un momento! ¿te
llenan, te definen, te satisfacen estas definiciones? ¿Te marcan la ruta de tu trabajo y formación personal? Me late que te dejan indiferente, como
cuando contemplas un bicho de experimentación que se conserva en cloroformo o en formol.
A los animales se les lanza a este mundo (utilizando una analogía
moderna) con su hardware y con su software precargado. Saben qué es lo que tienen que hacer, cómo y cuándo lo tienen que hacer. Y fuera de esta
conducta instintiva tienen muy poco margen de maniobra. Ni disciernen ni tienen libertad. Por eso tampoco tienen responsabilidad.
La persona, el ser humano, por el contrario, llega a esta vida con el
hardware y con algo de software —muy elemental— ya precargado. El
resto se lo tiene que diseñar y programar él. Él se tiene que descubrir y descifrar a sí mismo. Él se tiene que marcar el destino u objetivo de su vida. Él se tiene que buscar y dar el sentido. Y a partir de ahí, a él y sólo a él le corresponde “instalarse” paquetes formativos, crearse una
personalidad, imponerse unos principios, incorporar hábitos y virtudes, dotarse de conocimientos, realizar una carrera..., y cosechar los logros o los fracasos, todo según lo que elija. Y, como en la naturaleza, también él si siembra, cosecha. Pero lo tiene que hacer él. Por eso es el artífice de su destino, el dueño de su vida, el constructor de su proyecto, el responsable de su realización o fracaso.
¿Qué es la persona? ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo?
El hombre es la encarnación de la paradoja.
(Charles C. Colton)
El lema del templo griego de Delphos, “ Conócete a ti mismo”, es una obligación fundamental; la piedra de toque para el enriquecimiento de cualquier liderazgo.
¿Qué soy yo? ¿Sólo materia orgánica e inorgánica, calcio, hierro, potasio,
agua, oxígeno, anhídrido carbónico...? Si es así, no valemos más que 500 dólares a buen precio de mercado.
Para algunos parecería que sí, porque sólo viven para alimentarse, engordar o adelgazar, emborracharse, embrutecerse... Su futuro es el presente. Viven sólo para hoy, comiendo, durmiendo, divirtiéndose. No hay más actividades y otro futuro en su horizonte. En estas personas, su objetivo de vida es disfrutar de las “bacanales” de Dionisos, o ser un
Adonis que encarne el “canon de Policleto”, o una top model que
personifique a la “Venus de Cnido”, idolatrando el cuerpo o alguna de sus cualidades. Con razón se entiende la depresión en la que se despeñan cuando el dinero ya no les alcanza para ello o la repetición ñoña les hastía. ¿No sucede así con muchos atletas y artistas?
persona también se reduce sólo a esto. En consecuencia, organizan
políticas y economías de salarios mínimos suficientes únicamente para la sobrevivencia biológica de una persona y la de su familia, que le
“entretienen el hambre”, sin brindarle posibilidades de progresar ni culturizarse. Más aún, hasta llegan a experimentar sobre ella la energía atómica, las armas químicas, los efectos de la contaminación... como si fuera una cobaya, un bicho de experimentación. Convierten los fetos humanos en cosméticos, explotan sexualmente a los menores de edad, comercializan la pornografía en todas sus posibilidades, y controlan con dispositivos intrauterinos, a lo veterinario, el crecimiento demográfico, sin conocimiento y sin consentimiento de las personas interesadas.
Es verdad que las cualidades físicas (belleza, proporción, fuerza, altura, agilidad...) determinan muchas veces la personalidad de muchos
individuos y, en consecuencia, su liderazgo. Pero cifrar todo el liderazgo sólo en estas cualidades es arriesgarse a perderlo muy pronto, con el marchitarse de ellas; a no explicarlo con el paso del tiempo.
¿ Qué soy yo? ¿Pura vida vegetativa y animal, preocupada y ocupada en los procesos digestivo, circulatorio, respiratorio, secretor y excretor? En otras palabras, ¿la salud, mi salud física es mi única ocupación sobre la que gira mi vida entera? Para algunos parece que sí, pues su única preocupación es la obsesión hipocondriaca por su salud. Determinada publicidad dietética y antidietética, además, así considera al hombre. Pero, ¿te define a ti esta concepción?
¿Qué soy yo? ¿Pura vida sensitiva que sólo busca disfrutar de las
sensaciones fuertes que me causan la vista, el tacto, el gusto, el oído y el olfato? En otros términos, ¿vivo polarizado por la comida, los buenos manjares, los agradables perfumes, los suaves vestidos, los vistosos colores y los armoniosos sonidos?
El hombre: un milímetro por encima del mono, cuando no un centímetro por
debajo del cerdo.
(Pío Baroja)
El hombre respira, aspira y expira. (Víctor Hugo)
El hombre es
un dios en ruinas. (Ralph W. Emerson)
No somos sólo nuestros sentimientos. No somos sólo nuestros estados de ánimo. Ni siquiera somos nuestros
pensamientos.
Somos muchas cosas. (Stephen R. Covey)
El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, y
de las que no son
en cuanto que no son. (Protágoras)
¿Cuál es el primer deber del hombre? La respuesta es muy breve: ser uno mismo. (Henrik Ibsen)
Quien opta por la muerte es que ya no encuentra salida a la vida.
¿Qué soy yo? ¿Pura emoción y sentimientos, instinto, temperamento y
carácter primario? ¿Mi horizonte existencial es lograr una personalidad madura emocionalmente, segura de sí misma, sin complejos ni
frustraciones, con actitudes sociales constructivas y facilidad para el trabajo en equipo, que no se apachurra ante el fracaso ni se desorbita ante el éxito? Es una buena plataforma para el liderazgo. Pero tampoco se puede cifrar únicamente ahí el ser persona.
¿Qué soy yo? ¿Pura vida social y relaciones humanas? Para algunos parece
que sí, pues lo único que les preocupa y para lo que viven es para las fiestas, juergas y pachangas. Y cuando éstas faltan, se desinflan. Sin vida social no tienen horizontes. Necesitan obligadamente de los demás para vivir y rehúyen la soledad como el peor de los males.
¿Qué soy yo? ¿Adicción constante a la cultura y a los valores
trascendentes y que olvida o tal vez menosprecia la salud, alimentación y trato con los demás? Hay gente que desprecia el orden, los demás y hasta la hora de los alimentos de tan absortos que están en sus lecturas o
creaciones intelectuales. No obstante lo sublime que puede resultar la cultura, un líder no puede transcurrir toda su vida sumido en un perpetuo éxtasis. Asociar la esencia de la persona, las destrezas del líder sólo con la inteligencia, el juicio analítico y la facilidad verbal más altos es correr el riesgo de perder el liderazgo en poco tiempo.
¿Qué soy yo? ¿Pura vida espiritual, que vive con el cuerpo en este mundo,
pero con la mente y el espíritu en otra dimensión? Quienes así proceden, pronto desprecian al hombre. Poseídos por un fanatismo irracional, en nombre del Creador matan a sus criaturas.
Cuando no se tiene un concepto claro e íntegro de persona, no se la
reconoce y menos se la respeta; al contrario, se la usa y explota o hasta se la extingue como a las pulgas, piojos o ratas. Cuando no se tiene una idea
clara de la propia persona, la gente se envilece y se denigra en el
submundo de los instintos o se aniquila mediante el suicidio. Poco a poco se va desguazando hasta convertirse en chatarra humana, vacío para sí, y mísero y despreciable para los demás.
1. ¿Estás convencido de que el liderazgo más constructivo y positivo es el que se basa en el ser, el que privilegia el ser por encima del tener, hacer y poder, saber y consumir, aparentar, castigar y
recompensar?
2. Para ti, ¿qué es más importante: ser persona o ser profesionista, político, dirigente, jefe...? 3. ¿Ya te conoces con lealtad, te aceptas con generosidad, te estimas con modestia y, sobre todo, te
mejoras con valentía, o te escudas en la postura cómoda y cobarde del “yo soy así”?
4. ¿Sabes quién eres? ¿Qué eres? ¿Sabes qué y quiénes son los demás: pareja, hijos, subordinados, colaboradores...? Las ideas han regido el mundo. Tus ideas, están rigiendo tu mundo: tu ser y tu actuar. Y recuerda que “como me veo, te veo; como te veo, te trato, y como te trato, en eso te convierto o te pervierto”.
5. ¿Cuál es el sentido y destino de tu vida? ¿Tienes una visión íntegra (congruente), integrada (coordinada) e integral (totalizante) de tu vida, o es sinsentido, pasional, desordenada y anárquica?
Por el contrario, cuando se tiene un concepto íntegro de persona, de mi persona y de la de los demás, se respeta su suprema e inviolable dignidad y se es capaz de motivar a la gente para conquistar su corazón y ganar su voluntad. Adornado un líder con todo el equipo que un ser humano puede cargar, provoca la admiración. Sus hechos convencen y suscitan el
seguimiento.
Descripción de persona
Lejos de nosotros el dar una definición absoluta o apegarnos a alguna de ellas. Pretendemos algo más simple: una descripción que nos sirva de guía para trabajarnos, mejorarnos. Y para hacer lo mismo con nuestros
seguidores o con quienes dependan de nosotros.
Entendemos como persona integral al ser humano que tiene una dimensión
físico-biológica, una psíquico-emocional, una intelectivo-volitiva, una ético-moral, una social, una religiosa y una más histórico-trascendente.
Un “pastel” con, al menos, siete raciones. Es la síntesis de materia y forma. Un mar con superficie y profundidad.
Dimensiones de la persona
Cada hombre
tiene su precio. (Hugh S. Walpole)
Quien conoce a los otros es sabio. Quien se conoce a sí mismo es iluminado.
7. Histórico1. Físicotrascendente biológica 2. Psíquico6. Religiosa emocionalYo
Es la suma de todas sus huellas lo que define a un hombre. (Margaret L. Runbeck)
5. Ético3. Social moral
4. Intelectivovolitiva
El hombre se ha de inventar cada día. (Jean Paul Sartre)
No reconozcas como superior más que a un hombre mejor que tú. (Pitágoras)
Gracias a esta visión, cada uno de nosotros somos un ser único e
irrepetible, con una dignidad absoluta. El líder es irrepetible e invaluable, y está consciente de que sus seguidores también lo son: porque son
personas.
La persona humana es todas y cada una de estas dimensiones en una proporción de equilibrio. Con ellas (enriquecidas o desintegradas) se desenvuelve en todos los órdenes de su vida: personal, familiar, social, laboral-profesional. Con ellas visiona y planea o camina sin rumbo ni proyecto; con ellas ejerce el poder con autoridad y valía o con
autoritarismo; faculta o anula a los demás, integra o desintegra, motiva o frustra y desalienta, soluciona o incendia los conflictos; es factor de cambio o freno y sabotaje para él.
Con mayor razón debería hacerlo el líder. En efecto, el verdadero líder es una persona por antonomasia, que ha forjado y desarrollado más que los demás todas estas siete dimensiones de su vida, y lo manifiesta en todas las áreas o ámbitos: personal, familiar, social y profesional.
Quien ya está funcionando como líder o quien quiera fungir como líder tiene que conocer, aceptar, estimar y trabajar cada uno de estos estratos de su persona. Si olvida o desprecia alguno de ellos, será un ser
desequilibrado, desintegrado; hasta un posible monstruo. Si privilegia uno sobre los demás, puede acabar como aborrición de la naturaleza, como ya ha ocurrido en la historia. ¿Y quién quiere ser una persona negativa? ¿Quién quiere ser un líder destructivo?
La vida como proyecto
La existencia es esfuerzo, es deseo, es dolor.