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IZQUIERDO DERECHO Verbal

Desarrollo y formación intelectual

IZQUIERDO DERECHO Verbal

Activo Objetivo Analítico Simbólico: el lenguaje

Abstracto. Científico. Intelectual. Cuantitativo Temporal, con acceso secuencial Orientado, ordenado

Lógico. Racional. Realista Numérico o digital

Memoria de nombres y cifras Factual. Preciso Lineal y convergente

Frío, calculador

detallada, ordenada Se orienta a hechos, a pruebas, al análisis Va de la parte al todo

Se dirige a resultados y a la realidad Capta el contenido verbal del lenguaje e ignora el lenguaje no verbal No verbal

Receptivo: la armonía musical, la reserva Subjetivo Sintético, holístico

Concreto: las imágenes, la imaginación Analógico. Artístico. Sensual Atemporal, con acceso directo, simultáneo. Libre Visual, creativo Irracional. Espiritualista

Espacial

Memoria de las imágenes Intuitivo, impreciso Global y divergente Emocional, impresionable

Fácil para las relaciones humanas y públicas Información experiencial, espontánea y desordenada cargada de emotividad y sorpresa Se queda con la síntesis

Intuye rápidamente el todo

Cuida mucho las relaciones, el ambiente Capta tonos de voz, mensajes corporales, contenidos no verbales del lenguaje

La lateralidad cerebral (Roger Sperry, Split brain, 1981)

Tipos de cerebros (de inteligencia racional)

Antes se creía que el hemisferio derecho controlaba el 50% de nuestro cuerpo y el izquierdo, la otra mitad. Hoy se sabe que cada hemisferio cerebral tiene características diferentes entre sí, y su intervención varía dependiendo de los procesos que controla, del grado en que interviene en ellos y de las diferencias individuales. A continuación puedes volver a ver una breve radiografía de la lateralidad cerebral (Roger Sperry, Split

brain, 1981), ya citada en el capítulo 3; es decir, de las características que

definen cada hemisferio. ¿Cuál te caracteriza a ti, a tu pareja, hijos, compañeros...?

El liderazgo tiene mucho de carisma, de arte y filosofía; de atención, intención y relaciones humanas. Absorbe mucha de su energía del cerebro derecho, pero también del cerebro izquierdo. De todas formas, el más constructivo es el que tiene un equilibrio formado entre los dos.

Fases de la inteligencia humana

Independientemente de cuál sea el lado que prevalezca en ti, en las personas que te rodean, una cosa sí es cierta: a la hora de ejercitar la

inteligencia, todos pasamos por estas mismas fases, aunque no siempre las contemplemos en cámara lenta:

Ciclo de la vida intelectual

razonamientos o 5

argumentaciones 1

Percepción mediante los sentidos, memoria e imaginación

Para triunfar en la lucha de la vida, el hombre ha de tener o una gran inteligencia o un corazón de piedra.

(Máximo Gorki)

Vida

intelectual

No hay saber que no sea sistemático. (Octave Hamelin)

Raciocinio o

relación de unos 4 juicios con otros 2

Abstracción y conceptualización 3

Formulación de juicios: afirmaciones y negaciones

Es mejor gastarse que enmohecerse. (Richard Cumberland)

La mayor parte de los hombres tienen una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella.

(José Ortega y Gasset)

a) Percepción mediante los sentidos, imaginación o memoria. b)

Abstracción en conceptos o palabras abstractas.

c) Formulación de juicios positivos (afirmaciones) o negativos (negaciones). d) Raciocinio o relación de unos juicios con otros.

e) Organización de estos razonamientos o argumentaciones en ciencias o tratados.

Y todas estas fases también las puedes realizar sobre ti mismo. Es lo que se llama autoconciencia o autoconocimiento; es decir, la capacidad para pensar en los propios procesos de pensamiento. ¡Exclusividad de la persona! Te permite examinar los propios pensamientos.

Retomando la analogía de la vida psíquico-emocional, podemos decir que la vida intelectual es el “segundo ojo” con el que la persona entra en contacto con la realidad. Y lo hace a través de estas cinco fases que se pueden y se deben forjar y enriquecer, directamente ellas, y a través de distintos ejercicios de la inteligencia, como son el análisis, la síntesis, la

reflexión, la búsqueda de la verdad, la creatividad, la intuición y previsión, el estudio, la lectura, la formación permanente, etcétera.

Cuándo desarrollar la inteligencia

En la década de los 70 conocí a un soldado alemán, Herman, que había participado en la campaña contra Rusia en la Segunda Guerra mundial. Los años no hacen personas sabias; solamente

hacen viejos.

(Madame Swetchine)

Dimensión intelectual

La peor vejez

es la del espíritu. (William Hazlitt)

Cómo y qué desarrollar de la inteligencia

Ignorancia, incultura, subcultura, pereza, veleidad, superficialidad, indiferencia,

racionalismo, soberbia, vanidad, prejuicios, supuestos, esquemas mentales, paradigmas...

Era uno de los pocos que regresaron tras el desastre frente al “General invierno”. Según él, puesto que era muy difícil llevar el avituallamiento detrás de las filas, por las condiciones del clima y de la geografía (lluvia, nieve, atolladeros), a cada uno se le entregó un frasco con píldoras que contenían las vitaminas y proteínas necesarias para la subsistencia, por lo menos durante algunos días. Al cabo del tiempo, su estómago se achicó. Cuando lo conocí, con el equivalente a 2-3 cucharadas de sopa, dos de arroz y media albóndiga ya estaba satisfecho y harto.

La inteligencia es como el estómago: si no se usa, se achica y esclerotiza; cada vez se empobrece más. De aquí la conveniencia de tenerla en

constante ejercicio a lo largo de toda la vida.

Como sucede con los árboles, la mejor época para enriquecerla y

encauzarla son los primeros años, cuando aún está tierna, flexible y ávida de enriquecerse. Con el paso del tiempo, cuesta más adquirir los buenos hábitos, y tanto las meninges como las neuronas no dan tan fácilmente de sí. Tenlo presente a la hora de decidir sobre la formación permanente y la

actualización constante tuya y de tus subordinados.

Cómo y qué desarrollar de la inteligencia

Hay que estudiar

mucho para saber poco. (Montesquieu)

Como todas las personas, el líder tiene ya la capacidad de ser inteligente por el hecho de ser persona. Pero debe ser una persona que perciba,

abstraiga, razone y sistematice más que los demás. Por eso ha de mejorarse sistemáticamente y al máximo. ¿Cómo? Enriqueciendo:

No por el pensamiento, sino por los sentidos, nos llega todo el conocimiento.

(Emil Ludwig)

a) La capacidad de percepción u observación mediante los sentidos

Según la sentencia aristotélica, “ nada hay en el intelecto que no se haya

filtrado antes por los sentidos”. Por ello, el líder tiene que aprender a

fijarse, a observar más, y con los cinco sentidos, como ya se puntualizó en el capítulo anterior.

Por tanto, céntrate y concéntrate en lo que estás haciendo. Olvida la dispersión. Disciplínate: haz lo que haces. Observa con objetividad, sin prejuicios, barreras, filtros y las limitaciones propias de tus sentimientos, intereses, inercias, cultura, educación... Cuidado con tus prejuicios,

supuestos, “orejeras” mentales... Tienes que percibir más, y de mejor manera, de lo que los otros lo hacen.

¿Qué ves en las cuatro figuras de la página siguiente? En la primera puedes descubrir una copa si eres amigo de la enología, o la base de una mesa si eres mueblero, o dos rostros encarados si se te da la fisonomía.

Si los sentidos no son veraces, toda nuestra razón es falsa.

(Lucrecio)

La mayoría de las

personas no quieren ver las cosas como son, sino como se las representan.

(Hjalmar Schacht)

No vemos las cosas mismas; nos limitamos a leer las etiquetas pegadas sobre ellas. (Henri Bergson)

Tantos hombres,

La primera obligación de la inteligencia es desconfiar

de ella misma.

(Stanislaw J. Lec)

En la segunda, la silueta de un perro o puras manchas inconexas sobre un fondo blanco. En la tercera, una vieja o una joven. Y se te fijas con algo más de detenimiento, observarás un conejo o un águila, aunque sea en parte de la figura. En la última, puedes ver ángeles o demonios si eres religioso; águilas o palomas si eres aficionado a la cetrería; un plato de Talavera si tu profesión es la cerámica, o la superficie de una mesa de juego o de adorno llena de incrustaciones si te dedicas a la ebanistería. En fin, que en la vida vemos las cosas como somos, más que como son. Y por eso, podemos ver sólo problemas o sólo soluciones, cualidades o defectos, críticas o alabanzas, amenazas u oportunidades, futuro negro o

esperanzador. ¡Qué importante resulta la dimensión psíquico-emocional! Ya lo comprobamos en el capítulo anterior: si entre un grupo de amigos o colegas contemplan una imagen, un cuadro, un paisaje, una noticia o hasta una desgracia, se percatarán de que cada quien ve cosas diferentes, se fijan en detalles distintos, e interpretan la misma realidad —una sola, la que ha sido expuesta ante todos— de forma sorprendentemente diferente. ¿Y quién tiene la razón? ¿Quién está en la verdad? ¿Acaso no compartimos un trozo entre todos?

Todos tendemos a pensar que vemos las cosas como son, que somos

objetivos. Y, sin embargo, las vemos como somos. Describimos las cosas, no como son, sino como somos. Nos descubrimos a nosotros mismos cuando hablamos, con nuestras deficiencias, prejuicios, cultura, paradigmas... Por eso todos vemos las cosas diferentes, a través de

cristales distintos: unos ven a la joven, otros a la anciana; unos se fijan en los diablos y otros en las palomas.

Recuerda que el ser humano tiende a precipitarse, a dejarse llevar por la primera impresión, a pronunciarse antes de analizar y diagnosticar bien. Por tanto, acostúmbrate a tomarte el tiempo necesario para observar bien, para escuchar y conocer el punto de vista del otro, para empezar a

comprender profunda y realmente las cosas.

Recuerda también que no existe el conocimiento absoluto. Toda percepción es imperfecta: está sujeta a ciertas leyes, ilusiones, alucinaciones, manipulación. En consecuencia, toda información es imperfecta. Tienes que reconocerlo con humildad, y tomar medidas para subsanarlo.

Uno nunca puede ver la totalidad. Lo que vemos y percibimos está

limitado o condicionado por nuestras experiencias, limitaciones, creencias y supuestos. Está limitado, además, por el ambiente, la cultura e

influencias emocionales. A todos nos gusta tener la razón, sobre todo en el campo profesional y laboral. No obstante, a todos se nos escapan aspectos críticos.

Tendemos a suponer que nuestra forma de ver las cosas es la correcta y única. Si nos cerramos a otras opciones, nos resultará difícil acceder a la verdad y a la totalidad.

La necesidad de tener siempre la razón es un impedimento también para las buenas relaciones humanas y para la toma de decisiones. Uno no siempre tiene la razón. Es parte de nuestra condición finita y limitada. Y ésta no debe humillarnos ni angustiarnos.

(Juan de Echano Basaldúa et al., Filosofía Arjé, 1993)

1. ¿Qué tiene que ver el desarrollo intelectual con el liderazgo? ¿El líder tiene que ser siempre el más inteligente?

2. ¿Qué tipo de inteligencia usas con más frecuencia: la racional (humana) o la irracional (propia de los animales)?

3. ¿Cómo puedes equilibrar mejor las funciones de tu cerebro derecho con las del izquierdo? ¿Puedes ser más inteligente emocionalmente y más emocional inteligentemente?

4. ¿Te riges a diario por la inteligencia –la cualidad que te distingue de los animales– frente a la irracionalidad de los golpes, maldiciones, arrebatos, corajes, venganzas, rencores, instintos básicos...?

5. ¿Cómo la desarrollas? ¿Cuál de estas facetas de tu inteligencia deberías desarrollar más: percepción, observación, concentración, abstracción, reflexión, análisis, síntesis, juicio,

lectura sistemática y activa, información de noticias, conversaciones culturales?

6. ¿Ya has aprendido a observar y fijarte en las cosas y en las personas, libre de todo prejuicio, barrera y filtro subjetivo?

7. ¿Lo haces con más profundidad y sensibilidad que los demás? ¿Te fijas en los detalles de orden y limpieza en la casa, en el despacho, en la institución? ¿Te percatas de las necesidades y carencias de tu gente, hijos, subordinados, vecinos, empleados? ¿Observas lo que pasa y ocurre todos los días, en la naturaleza, en tu cuerpo, en tus ciclos físicos y emocionales?

8. ¿Estás seguro de que tu visión es la completa y total? ¿Ves superficialmente, manipuladamente, desde tus intereses, cultura, necesidades personales, conveniencias, ilusiones, alucinaciones, falsa y parcialmente por tanto?

9. ¿Excluyes los puntos de vista de los otros, o escuchas, entiendes y después dialogas? ¿Te cierras y apasionas en tu postura? Si así lo haces, no obras de forma muy distinta de la de los animales.

b) La capacidad de abstracción Consiste en apoderarse de las cosas, de la

realidad, no física y materialmente, sino mediante conceptos o palabras abstractas. Esto implica

En las argumentaciones utilizamos las palabras en lugar de las cosas, porque no podemos disponer de las cosas mismas. (Aristóteles)

La lengua no es la envoltura del

pensamiento, sino el pensamiento mismo. (Miguel de Unamuno)

La palabra es el vehículo del

pensamiento; el que no habla no piensa. (Hebe Clementi)

El lenguaje no es el aya, sino la madre del pensamiento.

(Karl Kraus)

Reflexiono mucho y bien, pero lo hago tarde. Y comprender tarde es no comprender.

conocer bien el idioma, su estructura gramatical, además de tener un

amplio vocabulario. Sin su auxilio, difícilmente podrás abstraer las cosas y procesarlas mentalmente.

El lenguaje traduce la percepción a la vez que la modela. El lenguaje es factor importante para enfrentar problemas complejos y encontrar

soluciones estratégicas. Sin el lenguaje, el pensamiento tal como lo conocemos no existiría.

La lengua, por tanto, es el vehículo para pensar, además de servir para expresarse oralmente y por escrito. Difícilmente pensarás bien;

difícilmente lo harás rápido si no dominas tu lengua. Y tendrás un

problema mayor a la hora de comunicarte con los demás. En consecuencia, tienes que buscar la precisión en los términos, salirte de los giros trillados. Y esto lo harás incrementando tu léxico, tu vocabulario. Sólo así pensarás

mejor, más rápido y traducirás mediante sonidos o signos escritos tus pensamientos para comunicarlos a los demás.

c) La capacidad de reflexionar

A un líder se le reconoce también por su gran capacidad de reflexionar, de comprobar, verificar, comparar las cosas. Y esto lo logra porque realiza sobre ellas una mirada más profunda y detenida que la simple y espontánea de la observación o el instinto. Los carpinteros tienen el hábito de medir

dos veces antes de cortar una. Los buenos líderes piensan bien dos veces, antes de actuar una. Lo hacen sobre lo de fuera, pero comienzan por lo de

dentro, por su interior.

Aunque la historia está llena de ejemplos de líderes que tuvieron éxito siguiendo sus intuiciones —contrarias aparentemente a todo pensamiento lógico, pues tras bastidores había toda una formación y preparación previa extraordinaria—, no cabe duda de que la reflexión, el análisis científico y metódico, paso a paso, de los problemas es el mejor camino para acertar en las decisiones que implican un gran riesgo.

Ordinariamente nos persuaden mejor las razones que uno ha encontrado en sí mismo que las encontradas por los demás.

(Blas Pascal)

d) capacidad de autoanálisis, autoexamen, autorreflexión

Al líder se le exige una gran capacidad de autoanálisis, autoexamen,

autorreflexión. El ser humano no sólo conoce, sino que conoce que

conoce. Quien se esfuerza un poco por entenderse a sí mismo, comprende mucho mejor al otro, y puede establecer mejores relaciones con él.

Frente a un espejo, el animal no se distingue a sí mismo. Por eso un pájaro se picotea o un perro se ladra. La persona, por el contrario, sabe que es ella misma y que esa imagen le ayuda a conocerse.

Pero estamos habituados a analizar y comprender las cosas externas, a los otros, pero no a nosotros mismos. Nos acostumbran a analizar lo de fuera, pero no nuestra persona ni los procesos mediante los que conocemos. Reflexionamos mucho sobre lo que tenemos, y tal vez nada sobre lo que

somos. Por eso nos cuesta tanto conocernos. En la práctica, pocos

aprendemos a pensar por y sobre nosotros mismos. Más bien somos autómatas; a lo sumo merolicos o cajas de resonancia de lo que otros van

profiriendo. Y todo porque no reflexionamos sobre nosotros mismos. El autoanálisis, la autorreflexión es lo que llamamos autoconciencia. Mediante ésta, el líder puede evaluar y aprender de las experiencias de los otros, tanto como de las propias. Por eso podemos crear y destruir nuestros esquemas mentales y hábitos. Por eso podemos distanciarnos de nosotros mismos, y analizar nuestros paradigmas. La autoconciencia nos permite observarnos, examinarnos a nosotros mismos, conocernos y aprender a aceptarnos tal y como somos, para luego mejorarnos. Decir que la persona tiene conciencia reflexiva es sostener que es capaz de tomar distancia y reflexionar acerca de su propia existencia, así como de la percepción que tiene de su entorno.

El ser humano debiera estar en permanente reflexión sobre sí mismo, antes que sobre su entorno. Y, sin embargo, hoy nos viven nuestra vida, nos “sorben el coco”, nos instalan las ideas porque no las tenemos propias o no nos dedicamos suficiente tiempo para nosotros. ¿Cuánto tiempo te

consagras para ti mismo en un día ordinario, por ejemplo?

¿Cómo podemos esperar que la gente aprenda cuando tiene escaso tiempo para pensar y reflexionar individualmente? Y cuando lo tiene, la mayoría no reflexiona sobre sus actos y lo que sucede, sobre sus fracasos y por qué no funcionan las estrategias.

Revisando la historia, casi todos los grandes líderes han practicado alguna forma de meditación (plegaria, contemplación u otros métodos para

silenciar la mente consciente). ¿Tienes tú momentos específicos en tu jornada diaria para reflexionar, para pensar sobre ti mismo, tu existencia, tu trabajo, tu vida familiar, social y profesional; sobre lo que ocurre, sobre la forma y estilo de tratar a los demás, de influirlos, de motivarlos y

enriquecerlos? Proponte ahora mismo un momento para ello. Tómate un tiempo al día para ti, para reflexionar, revisar y fijar tus prioridades. Se necesita a veces un momento de verdad para darse cuenta de lo que realmente vale la pena; para ser uno mismo lo que ha decidido ser. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿En qué consiste mi vida: en perseguir ideales ajenos o propios?

Estar solo, en soledad, es la conquista más difícil. Pero es en ella donde confirmas todas tus certezas. Para aprender a ver procesos lentos y gra

El mejor maestro es el que nos enseña a estudiarnos a nosotros mismos. (Stephen Crane)

El primer paso del saber es saberse. (Baltasar Gracián)

El conocimiento y la comprensión sobre los demás es “sabiduría”. El conocimiento y comprensión sobre sí mismo es iluminación. (Lao-Tsé)

¡Qué poderoso don sería poder vernos como nos ven los demás!

(Robert Burns)

El silencio es un amigo que jamás traiciona. (Confucio)

La soledad es la

suerte de todos los espíritus excelentes. (Arthur Schopenhauer)

El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor

de su propio silencio. (Rabindranath Tagore)

Hoy día nos encontramos con un individuo que se comporta como un

autómata, que no se conoce ni se comprende a sí mismo.

(Erick Fromm)

A mis soledades voy / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis

pensamientos.

(Félix Lope de Vega)

duales, tienes que aminorar tu ritmo frenético y prestar atención, no sólo a lo evidente, sino también a lo sutil.

En la medida en que conservemos nuestra capacidad de autocrítica, de autorreflexión, de comunicarnos con honestidad con nosotros mismos ante nuestros triunfos y errores, seremos capaces de analizar nuestras acciones y tomar decisiones que nos permitan mejorar, volver a nacer diariamente. Debes ser capaz de mirarte siempre en tu propio espejo y quedar contento con lo que eres, lo que has llegado a ser y lo que puedes llegar a ser. No pierdas de vista lo que existe en tu adentro. Nada de lo de fuera importa. A la larga, tendrás que sentirte bien contigo mismo. Éste es el negocio de la vida.

e) Capacidad de análisis

de distinguir, separar o descomponer las partes de un todo, para conocer sus principios, propiedades y funciones.

Esta faceta nos viene muy bien para resolver los problemas y conflictos, estudiar sus causas, consecuencias y posibles soluciones; para reflexionar sobre las opiniones de los demás... La capacidad de análisis se reduce a