UNA BIBLIOTECA PÚBLICA TAMBIÉN PARA LOS JÓVENES
Teresa Mañà Terré
Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Barcelona
Resumen
Los servicios bibliotecarios para niños y jóvenes en España suelen concentrar su atención en los prim-eros descuidando el segmento juvenil a partir de la adolescencia, que se asimila a los adultos. A través de las distintas Pautas elaboradas por la IFLA para los servicios de bibliotecas públicas (1986; 2001) y de las Pautas específicas para los servicios infantiles (1993) y juveniles (1996) se muestra la importancia que este público ha ido adquiriendo para la profesión. A partir de la reflexión sobre estos textos y del análisis de las experiencias que llevan a cabo las bibliotecas, se apuntan distintas líneas de actuación que permiten mejorar la atención al público juvenil.
0. Introducción
La existencia de servicios bibliotecarios para niños, ya sea incorporando secciones infantiles en las bibliotecas o creando bibliotecas especiales destinadas a este público, es un hecho desde la creación de las bibliotecas públicas modernas. Estas secciones incluyen tanto a los niños como a los jóvenes, aunque la práctica bibliotecaria ha demostrado que los servicios que se prestan se dirigen preferentemente a los menores de 12 años y olvidan el segmento restante, que nosotros consideramos hasta los 18 años y que respondería al calificativo de juvenil1. Este segmento de público, con necesidades y características propias, se asimila a las secciones de adultos, donde no halla, en general, suficiente acogida debido, en parte, a la poca importancia que los propios textos normativos les han otorgado y en parte porque la precaria situación de las bibliotecas públicas españolas ha requerido actuaciones en aspectos más básicos. En estos momen-tos, la aparición de nuevas pautas (2001) impone una reflexión sobre los servicios que nuestras bibliotecas ofrecen a los jóvenes y sobre los que podrían ofrecer.
1. Los servicios para jóvenes: evolución de las directrices bibliotecarias
El punto 4.13 de las anteriores Pautas de bibliotecas públicas (1986)2 dice así:
No ha sido costumbre ofrecer departamentos independientes para los jóvenes y probablemente no conviene que los haya. Más vale ayudarles en su tránsito a la edad adulta que insistir en su temporal separación. El hecho de que los jóvenes comprendidos entre los catorce y veinte años tiendan a ale-jarse de la utilización de las bibliotecas públicas no debe preocuparnos mucho: lo único importante es que los bibliotecarios no deberían apartarles mediante medidas de selección faltas de imaginación y una atmósfera triste y desagradable en el conjunto de la biblioteca.
La lectura de este apartado sorprende, en primer lugar, si se tiene en cuenta el interés manifiesto de la IFLA/UNESCO por el público infantil y, en segundo lugar, porque exime a los bibliotecarios de la
respon-1 Las Pautas para bibliotecas públicas (respon-1986) consideran “joven” la población comprendida entre los respon-14 y 20 años. Por su parte, las Pautas sobre servicios en las bibliotecas para niños (1993) sitúan los límites entre 5 y 14 años, las edades “más típicas de la niñez, adolescencia y primera juventud”, aunque recuerdan que “los límites de edad de la audiencia juvenil dependen de la tradición sobre la gradación psicológica y pedagógica, aceptada por los diversos países”.
sabilidad de captar a los jóvenes. De todas maneras, la recomendación de evitar excluirlos y de ayudarles en su tránsito a la edad adulta frente a la temporal separación invita a reflexionar sobre la oferta que la biblioteca hace a sus jóvenes lectores. Afortunadamente las nuevas y recientes Pautas (2001)3 rectifican esta actitud e incluyen explícitamente la atención a los jóvenes como una de las finalidades de la biblioteca pública:
3.4.3 Prestaciones para jóvenes:
Los jóvenes se desarrollan como personas miembros de la sociedad con una cultura propia. Las bibliotecas públicas han de comprender sus necesidades y prestarles los servicios pertinentes para satisfacerlas. Les debe proporcionar materiales, comprendido el acceso a los recursos de la infor-mación electrónica, que reflejen sus intereses y su cultura, para lo cual será preciso en algunos casos adquirir materiales que representen la cultura de la juventud en distintos medios que tradicionalmente no forman parte de los fondos de las bibliotecas, como las novelas populares, las series de libros y de televisión, música, las cintas de vídeo, las revistas para adolescentes, los carteles, los juegos de orde-nador o las novelas gráficas. Para que todo ello corresponda a sus intereses, es importante conseguir la ayuda de los jóvenes en su selección. En las bibliotecas de mayor tamaño y junto con el mobiliario adecuado, puede constituir una sección especial, lo que facilitará el que perciban la biblioteca como algo propio y les ayudará a superar la sensación, corriente en este grupo de edad, de que la biblioteca es algo ajeno a ellos. Asimismo, se les debe ofrecer programas y charlas que puedan interesarles. Antes que se manifestara este cambio de actitud, la Sección de bibliotecas infantiles de la IFLA elaboró unas directrices para los servicios infantiles4 consideradas como un suplemento a las Pautas de 1986. Estas recomendaciones, a pesar de que limitan la edad del público hasta los 14 años, contienen abundantes orientaciones igualmente válidas para servicios juveniles, como las que destacamos a continuación:
- Se deben crear especialistas mediante progamas formativos especializados y procurarles recono-cimiento profesional;
- la ratio bibliotecario/usuario debe ser mayor para los niños que para los adultos porque los primeros requieren más atención;
- la difusión de las actividades de la biblioteca debe hacerse dentro del propio sistema bibliotecario y a los grupos que trabajan con niños en todos los ámbitos: educativo, lúdico, social;
- se aconseja la creación de una área independiente para este público puedan sentir como propia aunque ello no excluye la posibilidad de integrar las colecciones para niños con las de adultos; - las instalaciones deben ser adecuadas para todas las edades y para todos los usos5;
- las actividades deben atender a todos los grupos de edad, no sólo a las primeras edades;
- el servicio de información es el servicio más importante que la biblioteca debe ofrecer a este público puesto que dicho grupo no esta en condiciones de obtenerla a través de otros medios y porque la bib-lioteca no aplicará ningún tipo de censura o limitación como podrían hacer sus padres o superiores. En febrero de 1996, la misma Sección de bibliotecas para niños y jóvenes difundió unas pautas especí-ficas para los servicios juveniles6. Mucho más breves y concretas que su precedente dejan claro, desde un
3 Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas. IFLA/UNESCO, 2001. 4 Fasick, A. M, ed. Pautas sobre servicios en las bibliotecas para niños. La Haya: IFLA, 1992 (Revisado 1993).
principio, la necesidad de servicios propios para los jóvenes a pesar de que ésta no haya sido la tendencia general, y otorgan a la biblioteca la misión de facilitar al individuo el paso de la infancia a la edad adulta; dotándole de recursos y de un entorno que promueva el desarrollo intelectual, emocional y social; y que ofrezca una alternativa positiva a los problemas sociales7. La cuestión de la edad se deja a la libre inter-pretación: los young adults se definen como un grupo intermedio entre la infancia y la edad adulta, sin especificar los años.
El documento presenta una introducción sobre las misiones y objetivos de este tipo de servicio, seguido de cuatro secciones en las que se formulan directrices sobre la colección, los servicios y actividades, el trabajo en red, la planificación y marketing. Del conjunto, extraemos simplemente tres principios que a nuestro parecer deberíamos tener presentes en la planificación de servicios para jóvenes:
- formar a los profesionales en conocimientos y aptitudes relacionadas con los jóvenes: conocer las características psicológicas de esta etapa; ser capaz de comprender a los jóvenes, ser flexible, y estar plenamente convencido de la importancia de los servicios para jóvenes;
- contar con la participación de este segmento de público en el diseño de los servicios, la selección de fondos y la programación de las actividades, implicándoles en la planificación y ejecución de programas y materiales, desde la elaboración de folletos y guías hasta las sugerencias de temas a tratar;
- trabajar conjuntamente con las personas y los organismos que tratan con jóvenes para establecer sistemas de información, difundir esta información en los foros adecuados y conocer mejor a nuestro público (por ej. se sugiere la creación de grupos formados por profesionales, padres, usuarios que puedan asesorar sobre tendencias y desarrollo de los problemas sociales);
Como puede verse, estas directrices están muy lejos, afortunadamente, de las formulaciones exculpato-rias del primer texto comentado. La sociedad ha cambiado y las bibliotecas se ha adaptado a este cambio.
2. La atención a los jóvenes en las bibliotecas actuales
La cuestión de los jóvenes en la biblioteca no resulta nueva para los profesionales. En España, hasta el momento, el tema ha generado poca bibliografía seguramente porque la profesión ha debido atender a otras preocupaciones más inmediatas: la incorporación de las nuevas tecnologías, la atención a públicos con necesidades especiales, el desarrollo de servicios y, en el caso del público infantil, la ampliación de las secciones infantiles a los pre-lectores8. Entre las aportaciones destacan los artículos de Alejandro Delgado9 que demuestran cómo la biblioteca puede atender a un amplio abanico de necesidades que van más allá del estudio y cómo los jóvenes responden satisfactoriamente a la oferta. Entre la bibliografía en español, merece especial atención el estudio de Michèle Petit10 que pone de relieve la incidencia que la biblioteca pública ha tenido en la vida de jóvenes de medios desfavorecidos que han encontrado en ella no
6 IFLA. Section of Libraries for Children and Young Adults. Guidelines for young adult services. Third draft, february 1996. <http: www.ifla.org/VII/s10/1996/g-ya.htm> Consulta: 18 julio 2002.
7 “Libraries can be an important force for the individual in achieving a successful transition from childhood to adulthood by pro-viding the resources and the environment that will foster intellectual, emotional, and social development and offer a positive force for an alternative to societal problems”.
8 Una relación exhaustiva de publicaciones referidas a los servicios infantiles y juveniles puede consultarse en Paloma Fernández de Avilés. Servicios de lectura pública para niños y jóvenes. Gijón: Trea, 1998.
9 A. Delgado Gómez. El segmento de adultos jóvenes en la biblioteca pública. La experiencia de la biblioteca Rafael Rubio. En:
Asociación Andaluza de Bibliotecarios, 42 (1996), p. 41-60.
sólo oportunidades para la formación y el ocio sino un espacio de encuentro y acogida.
Aceptado ya que las bibliotecas públicas deben atender al público juvenil, se plantean cuestiones más concretas: ¿deben las bibliotecas crear secciones -es decir, espacios- para este público? ¿Deben agrupar los materiales específicos para ellos en este espacio? ¿Qué tipo de actividades deben programar para atraerlos a la biblioteca? ¿Qué deben ofrecerles?
En principio, la atención a los jóvenes en la biblioteca no implica, necesariamente, la creación de un espacio propio. Si bien es cierto que en las bibliotecas norteamericanas existe una tradición de atender específicamente a los teenagers y concederles un espacio propio en el cual, además de los documentos de su interés -sexualidad, drogadicción, moda, música moderna- el mobiliario y la decoración -sofás, sillones, carteles y posters- ayudan a que este público encuentre físicamente su lugar en la biblioteca, también es cierto que se dan otras practicas que demuestran que lo importante no es el espacio sino la atención: saber atender a sus necesidades, facilitarles la información y proporcionarles recursos para el ocio.
Quizás la práctica más extendida ha consistido en simplificar y modificar los sistemas de clasificación para facilitar el acceso a los fondos. Las novelas para el público joven, que malvivían un tanto olvidadas en un extremo de las secciones infantiles, se han visto trasladadas en algunos casos a la sección de novela de adultos o junto a otros documentos o formatos que reclaman la atención de los jóvenes (comics, discos, videos, ordenadores). La agrupación de novelas por géneros o temas ha facilitado también el encuentro de los libros con sus posibles lectores. En muchas bibliotecas es habitual utilizar códigos iconográficos en los lomos de las novelas que indican el género o la temática -ciencia-ficción, aventuras, novelas románticas, terror y misterio. En estos casos, sin alterar el orden alfabético tradicional, se facilita al lector la elección según sus preferencias. En cuanto a los materiales de información, las agrupaciones por centros de interés (aficiones, música moderna, deportes de aventura.) también contribuyen a hacer más fácil su consulta.
En otros casos, sin embargo, la decisión no ha sido separar sino mezclar: se trata de eliminar las dife-rencias de destinatarios según la edad y dejar que los propios lectores busquen según sus prefedife-rencias y capacidades. En este caso, las novelas se encuentran todas en una sola sección; al igual que los documentos de información, tanto infantiles como para adultos, las revistas o los discos compactos11. Como beneficio se obtiene un mayor rendimiento de los fondos y se facilita el paso entre la sección infantil y la adulta ya que dejan de existir como tales. La coexistencia de públicos en un mismo espacio obliga, asimismo, a cumplir ciertas reglas de comportamiento para garantizar la convivencia.
En otras bibliotecas, los intentos de aproximación se han materializado en la programación de activi-dades dirigidas específicamente al público juvenil. Un tanto por costumbre y un tanto por descuido, los programas de dinamización de bibliotecas tienden a dirigir sus actividades al público infantil y al publico adulto, olvidando a los jóvenes menores de 18 años que seguramente no comparten intereses con los adul-tos, a quienes se asimilan. Para que los jóvenes traspasen las puertas de la bibliotecas, hay que elaborar una estrategia de aproximación que pasa por la difusión de las actividades en sus puntos de encuentro habitu-ales (¿por que no distribuir flyers en los bares, insertar anuncios en los fanzines, o mandar la información a los ateneos okupas?), por el contacto con los colectivos que tratan con ellos (centros de información juve-nil, grupos de actividades recreativas) y, ocasionalmente, por realizar las actividades en su terreno, como charlas y exposiciones preparadas por la biblioteca pero realizadas en los centros de ocio y estudio de los jóvenes y viceversa. Todo programa de actividades debe tener en cuenta los gustos y preocupaciones de los jóvenes desde los más integrados a los mas alternativos: la presentación de una ONG, un debate sobre los okupas, o un encuentro con un DJ, seguramente tendrán más reclamo que un escritor.
11 Helène Jacobsen. Section des jeunes et section des adultes: faut-il décloisonner?. En: Butlletin des Bibliotheques de
Además de conocer y mejorar estas prácticas positivas, existen otras líneas de trabajo que hay que desarrollar:
- recoger datos
El rendimiento y eficacia de un servicio se mide a través de los resultados: en el caso de los jóvenes no existen estadísticas que indiquen el uso que realizan de las bibliotecas, ya que se incluyen en el grupo de los adultos. Tampoco estamos en condiciones de saber cuales son sus necesidades de ocio e información porqué no contamos con estudios de usuarios fiables, por lo que desconocemos su opinión sobre los servicios que les ofrecemos.
- trabajar en equipo
En las bibliotecas se llevan a cabo iniciativas que no encuentran o no disponen de la difusión adec-uada con lo cual muchas veces ignoramos practicas interesantes que de ser conocidas podrían aplicarse en otras bibliotecas. Por ello, sería conveniente crear foros de encuentro de los profesionales en ejerci-cio para intercambiar y debatir sobre las practicas y otros aspectos de interés común12.
- desarrollar y ampliar los servicios
Nuestras bibliotecas han puesto en marcha en los últimos años servicios para público con nece-sidades especiales (inmigrantes, presos, hospitales), pero todavía no han podido ampliar dichos ser-vicios a niños y jóvenes que, de momento, quedan al margen de estos serser-vicios especiales: los niños que padecen deficiencias de desarrollo mental; los adolescentes con problemas de marginalidad; los jóvenes recluidos en centros de acogida… deben estar presentes en la planificación de los servicios de la biblioteca. Asimismo, ocurre con los servicios de información y referencia que en ningún caso se han desarrollado para el público infantil ni juvenil, en parte, por falta de tradición de este servicio en nuestras bibliotecas y, en parte, por la falta de personal especializado en los temas referentes al público infantil y juvenil13. El desarrollo de nuevos servicios deberá tener en cuenta, primero, las necesidades de nuestro público real y potencial y, en segundo lugar, las posibilidades de establecer el servicio con suficientes garantías de calidad y continuidad14.
- reclamar una formación especializada
Como todos sabemos, en la formación inicial del bibliotecario en España no se contempla ninguna especialización relacionada con los diversos servicios o secciones de las bibliotecas. La especialización se adquiere a través de la práctica o a través de cursos de formación avanzada15, y cuenta con poco reconocimiento dentro de los sistemas bibliotecarios (es habitual dejar la responsabilidad de la sección infantil al último recién llegado o a la persona con menos preparación bibliotecaria, considerando, de manera equivocada, que para trabajar con los niños no se requiere saber mucho).
12 Nos referimos, por ejemplo, a publicaciones especializadas como Journal of Youth Services de la sección juvenil de la American Library Association o la reciente Youth Library Review editada por el grupo de bibliotecas juveniles de Chartered Institut of Library and Information Professionals; grupos de trabajo como el que existe en el seno del Col.legi de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya o grupos de trabajo en las mismas bibliotecas como el Grupo Ados de la mediateca de la Villette. 13 A título de ejemplo, podemos citar la creación en bibliotecas estadounidenses de servicios de información especializada
sobre control de embarazos o para madres adolescentes y los servicios de ayudas para la realización de trabajos escolares presta-dos en muchos casos por personal voluntario.
14 La Young Adult Library Services Association, sección de la American Library Association, impulsa la creación de servicios para el público juvenil de 12 a 18 años con un concurso de proyectos en el cual las mejores ideas reciben una dotación económica para su aplicación.
- colaborar con las entidades que trabajan con los jóvenes