La Sociedad Española de Beneficencia de Pachuca, Hidalgo, mejor conocida como “la bene”, fue fundada en 1843 por Don Francisco Preto y Neto, con la intención inicial de brindar un nosocomio de calidad a la comunidad española que habitaba el Estado de Hidalgo en aquella época.
Posteriormente este hospital abrió las puertas a la comunidad hidalguense en general con la intención de dar los mejores cuidados a quien lo requiriese.
En el mismo tenor de renovación e innovación, durante el mes de agosto del año 2019 se fundó el departamento de Investigación y Prensa de nuestro Hospital, a modo de colocar a la bene en la vanguardia del conocimiento en el área de las Ciencias Médicas. Como un producto de nuestros esfuerzos en dichas áreas presentamos el primer fascículo de la Revista de la Sociedad Española de Beneficencia, donde llevamos al
público general, así como al especializado, información novedosa y relevante en el área de las Ciencias Médicas.
Cualquier persona puede aprender de nuestra colección
de artículos “Medicina con manzanas”, la cual contendrá artículos de difusión acerca de temas de interés general.
Puede encontrar nuestros artículos impresos en nuestras instalaciones en Av. Juárez #908, Col. La Villita. C.P. 42060. Pachuca, Hidalgo, México. También puede buscar en línea nuestros artículos en:
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Esperamos de todo corazón que disfrute la lectura del fascículo.
Sociedad Española de Beneficencia
13 de Marzo 2020 2020(1):3-14
Coronavirus COVID-19: ¿receta para el desastre?
Todo lo que siempre quisiste saber y no te atrevías a preguntar
1. Introducción
Es común escuchar que se habla indistintamente acerca de los virus y bacterias como agentes que generan
enfermedades graves y
potencialmente letales. En el imaginario colectivo ambos patógenos aparecen como un grupo de “gérmenes” indeseables que sólo aparecen para causar problemas, y siempre surge la pregunta “¿Es peor un virus o una bacteria? Es incluso común que pese a las regulaciones sanitarias con respecto al uso de los antibióticos la gente tienda a iniciar tratamientos con éstos por su cuenta, aun cuando los antibióticos no tienen ningún tipo de actividad contra los virus. Más aún, la reciente pandemia con el coronavirus COVID- 19 tiene al mundo entero preocupado, pues abunda la concepción de que es
un agente
altamente
peligroso, para el cual la me-dicina actual no está preparada, y en la cabeza de mucha gente esto es una receta para el desastre.
Ante un fenómeno de clase mundial como este, surgen muchas pre- guntas como: ¿el virus fue creado por alguien con malas intenciones?, ¿es cierto que al exponernos al sol podemos evitar enfermarnos?,
¿deberíamos de usar antisépticos y tapabocas para evitar enfermarnos?,
¿tenemos una alta probabilidad de morir a causa del COVID-19?
La realidad es, en un amplio margen, diferente a la concepción popular. Y este artículo tiene la finalidad de Dr. Fernando Sevilla-Castillo1,2
Dr. Mario F. Gómez-Núñez1,2 LITF. Cristian J. Jiménez-Pérez3 Dr. Alberto N. Peón1,3,*
1 Sociedad Española de Beneficencia.
2 Área Académica de Medicina, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
3 Escuela Superior de Apan, UAEH.
*Autor de correspondencia. Diríjase a:
Patógeno: agente capaz de generar una enfermedad.
Parásito: entidad que tiene la capacidad de relacionarse con un organismo, y en dicha
relación le produce un daño.
Cápside: cápsula que contiene el genoma de un virus.
desmitificar esta pandemia al responder estas y otras preguntas.
2. ¿Qué es un virus?
El mundo de la microbiología es sumamente interesante pues estudia a entidades microscópicas como los virus, las bacterias, los protistas y algunos hongos. Si bien los últimos tres van más allá del objetivo de este artículo, sí es pertinente definir con propiedad lo que es un virus, cómo actúa y qué ocurre cuando alguno de estos infecta nuestro cuerpo.
En primer lugar cabe aclarar que los virus no son seres vivos, pues no poseen la estructura típica de los seres vivos, es decir, no están hechos del conjunto complejo de moléculas y organelos celulares que componen a las células, las cuales son la unidad más sencilla de composición de los seres vivos. Un virus solamente está constituido por un genoma (de ADN o ARN), una cápside (cápsula hecha de proteínas, la cual protege al genoma) y, en ocasiones, una envoltura.
Figura 1: Estructura de un virus.
Además, los seres vivos tienen la capacidad de alimentarse y aprove- char los nutrimentos presentes en sus alimentos mediante el metabo-
lismo, sin embargo los virus no se alimentan de nada. Nunca. No necesitan hacerlo pues, a diferencia
Figura 2. Características de los seres vivos.
de los seres vivos, los virus no crecen ni se desarrollan.
Los seres vivos responden a estímulos presentes en su ambiente, por ejemplo, vibraciones, cambios en la luz, olores, etc., sin embargo, los virus nunca responden frente a ningún fenómeno que ocurra en su ambiente.
Sin embargo, tal vez lo más interesante de los virus es que carecen de la capacidad para reproducirse por medios propios.
Todos sabemos que los animales pueden reproducirse entre ellos sin ningún problema, lo mismo que las plantas y otros seres vivos. Incluso las bacterias, quienes carecen de sexos (no hay bacterias macho o hembra, se reproducen asexual- mente), pueden reproducirse por ellas mismas. Los virus, en cambio, necesitan parasitar a una célula y obligarla a hacer copias de su genoma, cápside y envoltura a modo de que puedan construirse más copias del virus. Esta característica es interesante pues provoca que los virus sean parásitos de forma
Hospital de la Sociedad Española de Beneficencia obligada. Si
bien hay bacterias parásitas, que requieren de un hospedero para sobrevivir, hay también bacterias de vida libre, que pueden habitar perfectamente en el suelo o el agua.
Lo mismo ocurre con otros tipos de microorganismos: no necesaria- mente son infecciosos. Pero los virus sí, y eso define su existencia. Hay algunas bacterias capaces de generar más daño que algunos virus, y viceversa. Pero los virus siempre dañarán a algún ser vivo.
En primer lugar, los virus deben fijarse a la membrana de alguna célula, para después penetrar en ella.
Una vez adentro abrirán su cápside para exponer su genoma y obligar a la célula que infectaron (célula hospedera) a producir copias del genoma y de las proteínas que componen al virus. Estos compo- nentes después se ensamblarán para producir nuevos virus, y finalmente ellos matarán a la célula hospedera para diseminarse e infectar a otras células en nuestro organismo.
Figura 3. Ciclo infeccioso de un virus.
¡El nivel de reproducción de los virus es tan alto que se calcula que por cada virus que logra penetrar una célula, se producirán hasta 50,000 nuevos virus! Así, las enfermedades producidas por virus se manifiestan
debido a la pérdida masiva de células en nuestros órganos.
Por otra parte los virus no pueden fijarse o penetrar en todas las células de un organismo, por lo que solamente afectan un pequeño conjunto de tejidos. Por ejemplo, el COVID-19 solamente puede parasitar a las células de los pulmones. De igual manera, existen virus que afectan a animales, plantas u otros seres vivos, pero al ser humano no pueden dañarlo. Un ejemplo de esto es el parvovirus, que suele afectar a los perros pero no al humano.
Ahora, si los virus no son seres vivos,
¿entonces qué son? Fácil: son molé- culas hipercomplejas con la capa- cidad de parasitar. Y no podrían existir si no lo hicieran.
3. Coronavirus: familia y origen Los virus se clasifican de acuerdo a similitudes en las moléculas que los componen, de tal suerte que los virus que se parecen entre sí son considerados como miembros de una
“familia”. Así, la familia coronaviridae, o coronavirus, es un grupo de virus con genoma de ácido ribonucleico (ARN) que tienen en común la capacidad de afectar el tracto respiratorio de aves y mamíferos.
Las infecciones que producen son generalmente leves, como el resfriado común, aunque existen algunos miembros de la misma familia, como el SARS, el MERS y el COVID-19, que son capaces de producir la muerte en algunas personas. El término
coronavirus proviene de la apariencia de corona solar o halo que estas moléculas parásitas poseen.
La familia se conoce desde los años 60s, y los primeros coronavirus que se descubrieron son aquellos que producen infecciones relativamente leves en pollos o en cavidades nasales del ser humano. No fue hasta inicios del siglo XXI que empezaron a conocerse los miem-bros más peligrosos de la familia, de los cuales el más recientemente des-cubierto es el COVID-19. No obstante, de forma más reciente se han encontrado ancestros de los corona-virus actuales en muestras de hielo del año 8,000 A.C., por lo que la idea de que el COVID-19 fue sintetizado en el laboratorio de una empresa farma- céutica con muy malas intenciones es muy poco probable, por no decir descabellada. Sencillamente la familia ya existía, y es normal que la evolución natural de las especies de como resultado a nuevos orga- nismos. No fue sino hasta el 31 de Diciembre del 2019 que se empezaron a detectar casos de infecciones con el COVID-19 en humanos dentro de Wuhan, China.
Aunque inicialmente se le dio el nombre provisional de 2019-nCoV, el 11 de Febrero del 2020 la Orga- nización Mundial de la Salud (OMS) le dio el nombre oficial de COVID-19:
“CO” por corona; “VI” por virus; “D”
por disease, del inglés que significa enfermedad; y 19 por el año en el que se descubrió. Más tarde, el Comité Internacional en Taxonomía de los Virus lo nombró SARS-CoV-2, debido a que es una variante del ya conocido SARS. Otra vez, esto apunta a que el
virus tiene un origen natural. Nadie lo inventó en ningún laboratorio.
Si bien en un inicio se pensaba que el COVID-19 había surgido de un mer- cado de pescados y mariscos llamado
“Huanan”, una investigación epide- miológica más profunda revela que no fue así. Aparentemente el paciente 0 (primer paciente que presenta una enfermedad dentro de una epidemia o pandemia) llegó a dicho mercado ya enfermo, y en tal lugar contagió sin saberlo a otras personas. Aun cuan- do la hipótesis de que el virus llegó a la población humana en una sopa de murciélago parecía bien fundamen- tada, dado que los murciélagos son uno de los conocidos reservorios del virus. La realidad es que no se conoce la fuente verdadera del COVID-19.
Figura 4. Mercado de Huanan.
4. ¿Epidemia?, ¿pandemia?, ¿qué ocurre en el mundo?
No todas las enfermedades ocurren todo el tiempo en todos los lugares del mundo. De hecho existen lugares libres de algún tipo específico de enfermedad, así como hay otros lugares donde algún padecimiento es muy común. De cualquier forma, si en un lapso de tiempo determinado se detecta un número de casos de al- guna enfermedad superior a lo nor- mal para dicho sitio, entonces se habla de una epidemia. Si el número de casos del padecimiento aumenta en más de una región o país, enton- ces hablamos de una pandemia.
Reservorio: organismo que aloja algún microorganismo infeccioso, y por lo mismo es
capaz de transmitirlo. Dicho organismo generalmente no presenta síntomas de la
enfermedad
Hospital de la Sociedad Española de Beneficencia El COVID-19
inició como una epidemia, mientras todavía ocurría so-lamente en Wuhan, pero cuando empezó a interna-cionalizarse se volvió una pandemia. En últimas fechas la OMS la declaró como una pandemia global debido a que ya se extendió por todos los continentes.
Como se ha mencionado, los corona- virus son una amplia familia de virus con gran importancia para humanos y animales. Uno de los miembros más famosos de esta familia se presentó ante el mundo en el año 2003, cuando la OMS informó acerca de 300 casos identificados en la provincia de Guangdong, China. Estos se carac- terizaban por una enfermedad res- piratoria severa. Meses más tarde la epidemia se transformó en pan- demia, dando un total de 8,096 casos en todo el mundo, de los cuales hubieron 774 muertes. Así, para dicha enfermedad se puede calcular una tasa de letalidad de 9.6%. Dicha enfer-medad fue causada por el virus conocido como coronavirus del síndrome respi-ratorio agudo grave, o SARS-CoV, el cual
es transmitido por la civeta (un mamífero que habita las zonas donde se originó el brote). Posterior a este suceso, en el año 2012 fue detectada la infección ocasionada por el coronavirus causante del sín- drome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV), el cual tiene como re-
servorio a los dromedarios, y una tasa de morta-lidad del ≈34%, muy
superior a la del SARS y el COVID-19 juntos.
Así, las autoridades competentes en materia de salud se preocuparon bastante cuando datos de un nuevo brote con un coronavirus desco- nocido empezaron a surgir. Afor- tunadamente el COVID-19, con una tasa de mortalidad global de 3.39%, no ha resultado ser tan letal como sus primos SARS y MERS, aunque de todas formas es un patógeno de cuidado, sobre todo por su gran capacidad para transmitirse con rapidez. Se estimó que para cerrar el año 2019 se habían reportado unos 80,000 casos de dicho patógeno solamente en China, mientras que a nivel mundial se han reportado más de 140,000 casos en solo tres meses después de su aparición. Dichos casos se encuentran dispersos en 126 países. Esto forzó a la OMS a declarar el 30 de enero del 2020 que el brote de COVID-19 es una emergencia de salud pública con carácter inter- nacional, lo cual generó una gran preocupación por la propagación mundial del virus.
Figura 5. Distribución de casos de COVID-19.
A finales de febrero se dio a conocer la noticia de que un caso confirmado
por infección de COVID-19 se encon- traba en México. Un hombre de 35 años residente de la CDMX al cual se le relacionó con un caso confirmado en Italia. Inició con síntomas leves y afortunadamente se mantuvo estable, sin embargo, al identificarlo se realizaron las medi-das adecuadas para un aislamiento seguro en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), y así mismo se tomaron medidas necesarias con los miembros más cercanos de su familia, quienes tuvieron contacto con él, a modo de contener al virus.
En México hasta este día se han confirmado 16 casos y existen 82 casos sospechosos que están en investigación.
Figura 6. Técnica correcta de lavado de manos.
Los pacientes infectados a la fecha se encuentran en los siguientes esta- dos: CDMX, Torreón, Chiapas, Sina- loa, Estado de México, Puebla, Queré- taro y Nuevo León. El primer paciente en nuestro país que estuvo internado en el INER ha sido dado de alta el 2 de marzo al encontrarse estable, mien-
tras que el 10 de marzo se dio de alta a otros tres. Hasta la fecha no ha muerto ningún mexicano a causa del COVID-19.
A pesar de que aun en el país existen pocos casos a diferencia de otros países no se descarta que el número de contagios aumente y por lo tanto el país sigue manteniendo un protocolo de mitigación recomen- dado por la OMS, en el que se inclu- yen todas las medidas para evitar el contagio.
5. ¿Cómo ocurren los contagios?
Para desarrollar estrategias orien- tadas a evitar los contagios, es nece- sario entender cómo es que se propaga el virus. En este tenor, lo primero que hay por entender es que en un principio el COVID-19 proba- blemente se transmitió desde un animal infectado (posiblemente el murciélago) hacia el humano. A esto se le llama transmisión zoonótica.
Esto haría posible que el virus siga existiendo aún si se le elimina de la población humana, pues seguiría existiendo en estos animales, quienes servirían de reservorio para dicho agente. No obstante, es poco probable que la transmisión zoonótica vuelva a ocurrir si nos mantenemos fuera del territorio de este tipo de animales.
Por otra parte, la principal vía de propagación para este virus parece ser la transmisión de persona a persona. Se cree que fundamen- talmente este virus se transmite por gotitas de saliva y/o fluidos respira- torios que se producen cuando una persona enferma habla, tose o estor- nuda, y dichas gotas se depositan en las membranas mucosas de la boca, nariz u ojos de las personas que se
Hospital de la Sociedad Española de Beneficencia encuentren
cerca del paciente enfermo.
A su vez, el COVID-19 también puede propagarse cuando una persona toca una superficie u objeto que está contaminado con es-tas gotas y después se toca la boca nariz u ojos.
El virus puede man-tenerse viable en las manos, tejidos y otras superficies hasta por 6 horas, y aun cuando estas gotas ya se han secado pueden vivir hasta tres horas adicionales. Sin embargo esta posi- bilidad se ve muy reducida si tenemos un correcto lavado de ma- nos. Adicionalmente, con una buena técnica para cosas tan esenciales como cubrir nuestra boca al estor- nudar usando el ángulo interno del codo, podemos prevenir el propagar el virus a la gente que nos rodea. De igual forma, evitar lugares populosos, o estar a no menos de metro y medio de distancia de las personas puede resultar de gran utilidad, ya que las gotículas de saliva no suelen llegar a más de un metro del paciente infec- tado.
6. …Y a todo esto, ¿qué puedo hacer para no enfermarme?
Teniendo en cuenta que la principal ruta de transmisión de este virus es de persona a persona, a través de aerosoles (pequeñas gotas de saliva que salen disparadas al estornudar, toser o hablar), o por contacto directo con pacientes infectados, se han recomendado medidas útiles para cortar estas vías de contagio y así evitar la propagación de la infección.
Dentro de las recomendaciones ge- nerales para la población cabe des- tacar las siguientes:
• Lavarse las manos: llevar a cabo higiene de las manos con
frecuencia, usando agua y jabón o un desinfectante para manos a base de alcohol con concentración entre 60%
y 80%, procurando que el lavado de manos ocurra cuando estas estén sucias, antes de comer y después de utilizar el sanitario. Los geles y jabones “antibacteriales” no tienen un mayor efecto que los aquí reco- mendados.
• Adoptar medidas de higiene respiratoria: cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar con el codo flexionado o con un pañuelo, ya que así se evita la propagación del virus, posterior a esto re- alizar un lavado de manos.
Figura 7. Modo correcto para toser o estornudar.
• Mantener el distanciamiento social: mantenga al menos 1 metro de distancia entre usted y las demás personas, particularmente aquellas que tosan, estornuden y/o tengan fiebre. No salude de beso o mano a nadie. Procure no acudir a eventos o lugares muy populosos.
• Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca: ya que las manos tocan muchas superficies que pueden estar contaminadas con el virus.
• Al presentar fiebre, tos y dificultad para respirar, solicitar atención médica inmediata: los síntomas de la neumonía inducida por el COVID-19 pueden fácilmente confundirse con otros tipos de neumonía infecciosa, por lo que es mejor solicitar el diagnóstico de un profesional.
• Aislamiento social de casos sospechosos: si estuvo en contacto con un paciente infectado, o regresa de un país donde la prevalencia del virus es alta, procure mantenerse aislado en su domicilio por lo menos durante 14 días.
7. Y si me enfermo, ¿qué pasa?
Los signos y síntomas clínicos de una infección por coronavirus son alta- mente inespecíficos, e incluyen los propios de un resfriado común, des- tacando la fiebre (en el 77–98% de los casos), la tos (46%–82%), el dolor muscular o fatiga (11–52%) y dificultad para respirar (3-31%). Dichas mani- festaciones pueden variar en inten- sidad según el estado de salud general de los pacientes. Otras mani- festaciones menos comunes inclu- yen dolor de garganta y/o cabeza y tos con sangre o esputo (mucosidad).
En ocasiones también se han notificado síntomas gastrointes- tinales, como vómito, nausea y eva- cuaciones disminuidas en consis- tencia. En los casos más severos, cuando no se hace una correcta detección y se deja progresar la enfermedad, la infección puede causar bronquitis o neumonía (infla- mación de bronquios o pulmones), insuficiencia renal (fallas en los riñones) e incluso la muerte. El periodo de incubación, es decir el tiempo que transcurre desde que te infectas hasta que los síntomas comienzan, es de 2 a 7 días, y los síntomas, una vez que empiezan, du- ran en promedio dos semanas.
Es destacable que por la ines- pecificidad de tales manifestaciones, el diagnóstico por examinación física es imposible, y más bien debe diagnosticarse de forma epide-
miológica. Por esto, los médicos preguntarán si ha visitado otros países u otras zonas en donde abun- da el COVID-19, de ser así, solamente una prueba de laboratorio puede confirmar el diagnóstico.
De manera importante, la severidad y la mortalidad de la infección varían mucho según el estado de salud y la edad del paciente. Por ejemplo, pacientes que no tienen ninguna enfermedad aparte del COVID-19 presentan una tasa de mortalidad de apenas 0.9%, mientras que las personas con enfermedades previas tienen una tasa de letalidad incrementada, sobre todo en enfer- medades de tipo cardiovascular (un 10% de la mortalidad), diabetes (un 7,3% de mortalidad) y afecciones respiratorias crónicas (un 6.3%).
En cuestión de edad, los afectados de entre 10 y 49 años han registrado un índice de mortalidad de entre el 0.2%
Hospital de la Sociedad Española de Beneficencia y 0.4%. Solo
hay tasas superiores al 1% en las personas que mayores de 50 años.
Dicho índice se eleva al 3.6% en las personas de entre 60 y 69 años, probablemente porque estas pre- sentan muchas más comorbilidades que un adulto joven. La mortalidad incluso se eleva hasta el 8% en personas entre los 70 y los 79 años.
Hasta el momento los niños parecen estar a salvo de los efectos más graves, ya que ninguno ha fallecido a causa del virus en lo que va de este año, y los que se han enfermado han presentado una forma de la enfer- medad mucho menos peligrosa. De igual manera, parece que los contagios ocurren con mayor fre- cuencia en los pacientes de mayor edad. Aparentemente las mujeres embarazadas no corren mayores riesgos, pero no hay suficientes datos para estar seguros.
Si analizamos los datos en conjunto, todo ello resulta en una mortalidad general del 3.4% para el COVID-19. No obstante, la OMS ha informado que esa tasa de mortalidad corresponde más con la realidad de Wuhan que con la del resto del mundo, donde el índice se queda en un 0.7%. Cabe destacar que solamente 20 a 30% de los casos de COVID-19 requieren hospitalización, y el resto pueden descansar en su casa con suficiente
seguridad. De esta forma parece que el COVID-19 no es tan severo y mortal como podría parecer, aunque sí es muy contagioso.
Al ser un virus nuevo, no ha habido tiempo para desarrollar un trata- miento específico para combatirlo, no obstante, a la fecha hay muchos ensayos clínicos en marcha para la obtención de un tratamiento eficaz, mientras que hay otros fármacos que apenas se están diseñando. Algunos tratamientos que se han propuesto no ofrecen la misma seguridad para adultos jóvenes y mayores, es por eso que en los ensayos se busca hacer un tratamiento efectivo para cada grupo de edad, y también en caso de que los pacientes presenten comorbilidades. Publicaciones re- cientes han mencionado el posible beneficio de utilizar cloroquina (que se utiliza como un medicamento antimalaria) en el tratamiento para pacientes con reciente diagnóstico de este tipo de coronavirus. Entre tanto, para los pacientes que requie- ren hospitalización la enfermedad se está manejando mediante oxige- nación, hidratación y monitoreo es- tricto, a modo de asegurar que sus condiciones no empeoren.
8. COVID-19: mitos y verdades.
Mito Realidad
El COVID-19 puede transmitirse a través de picaduras de mosquitos.
El COVID-19 es un virus respiratorio, por lo que ni siquiera puede encontrarse en la sangre. No existe transmisión por ninguna picadura que se conozca.
La orina infantil puede proteger frente al nuevo coronavirus.
La orina no posee propiedades antisépticas útiles frente al COVID-19.
Exponerte al sol o al frío puede matar al COVID-19 y curarte.
El cuerpo humano es homeostático. Esto quiere decir que aunque te asolees o expongas al frio tu organismo conservará la misma temperatura, por lo que el sol o la nieve no tendrán efectos sobre el virus.
La cocaína puede proteger frente al nuevo coronavirus.
No tiene ningún efecto conocido sobre dicho patógeno, pero sí se sabe que dicha sustancia es pésima para la salud.
El nuevo COVID-19 puede transmitirse a través de objetos, como monedas y billetes.
El riesgo de infectarse por el contacto con objetos, como monedas, billetes o tarjetas de crédito, es muy bajo. Existe información que indica que este virus puede sobrevivir en una superficie durante apenas unas horas.
El coronavirus puede llegar hasta 8 metros de distancia de una persona que tose o estornuda.
Las gotículas respiratorias llegan hasta 1 metro de distancia de una persona que tose o estornuda. Estar a más de un metro de distancia le protegerá.
Se puede matar el nuevo coronavirus en 30 segundos con un secador de manos como los de los baños públicos.
Los secadores de manos no matan el COVID-19.
El uso de tapabocas puede evitar el contagio con el COVID-19.
Los cubrebocas estándar no son efectivos para limitar el contagio con este tipo de virus.
Solamente las
mascarillas de tipo N95 pueden hacerlo, pero no son necesarias. Con las medidas de higiene y distancia ya
mencionadas es suficiente. Por favor
no compre tapabocas pues contribuiría al desabasto de este insumo que sí es necesario en hospitales.
¿Se puede matar el COVID-19 con una lámpara ultravioleta para desinfección?
No se deben utilizar lámparas ultravioletas para esterilizar las manos u otras partes del cuerpo, ya que la radiación ultravioleta puede causar eritemas (irritación de la piel), e incluso cáncer.
¿Se puede matar al nuevo coronavirus rociando el cuerpo con alcohol o con cloro?
No. Rociar todo el cuerpo con alcohol o cloro no sirve para matar los virus que ya han entrado en el organismo. Pulverizar estas sustancias puede dañar la ropa y las mucosas.
¿Es seguro recibir una carta o un paquete procedentes de China?
Sí. Las personas que reciben paquetes de China no corren riesgo de contraer el nuevo coronavirus. Gracias a estudios realizados anteriormente, sabemos que los coronavirus no sobreviven mucho tiempo en objetos como las cartas y los paquetes.
¿Pueden los animales de compañía
propagar el COVID- 19?
Por el momento, no hay ninguna prueba de que el nuevo
coronavirus infecte a animales de compañía como los perros y los gatos.
Las vacunas contra la neumonía protegen contra el nuevo coronavirus.
No. Las vacunas contra la neumonía, como la neumocócica y la vacuna contra Haemophilus influenzae de tipo B (Hib), no protegen contra el nuevo coronavirus.
Existen alimentos y/o aceites capaces de evitar el contagio.
No existen datos científicos que confirmen esta idea.
El COVID-19 es una mezcla de SIDA e influenza.
El COVID-19 puede inducir defectos en la respuesta inmune, al igual que el virus del VIH, y también produce neumonía, igual que la influenza.
No obstante, es un virus completamente diferente, y no es tan peligroso como cualquiera de los otros dos.
Hospital de la Sociedad Española de Beneficencia
9. ¿Qué pasará mañana?
Dentro de las preguntas más interesantes que podemos hacernos están aquellas acerca del futuro.
¿Qué tan rápido llegará el virus a todo el mundo?, ¿qué probabilidad tengo de contagiarme?, ¿cómo será el mundo ahora que existe el COVID- 19?, ¿qué nuevos fármacos existirán para prevenir o combatir dicha enfermedad?
Para entender un poco más acerca de esta expansión tan progresiva que se está dando, es necesario comprender el “R0”, o número reproductivo básico. Dicho parámetro hace referencia al número de personas que un solo paciente enfermo puede contagiar. Por ejemplo, el virus H1N1 que atacó a México en el 2009 obtuvo un R0 estimado de 1.5, lo cual quiere decir que un solo paciente enfermo de influenza en promedio puede contagiar a 1.5 personas. Varios grupos han calculado el R0 para este nuevo coronavirus, el del Imperial College de Londres calcula que el R0 está entre 1.5 y 3.5. En cambio, científicos de la Academia China del Instituto de Ciencias de la Auto- matización y la Universidad de la Academia de Ciencias de China es- timan una cifra mucho más alta: 4.08.
Esta variación tan grande en los datos es reflejo del corto tiempo que ha pasado desde que surgió el
COVID-19. Cabe resaltar que el brote ya ha llegado a nuestro país, y en caso de que este salga de control, se espera que en un futuro llegue a afectar a un tercio de la población, como lo hizo el virus de la influenza H1N1.
Otra consideración importante es que los microorganismos que se reproducen más rápidamente, como los virus, tienen una mayor proba- bilidad para presentar mutaciones o cambios en sus genomas. Dichas mutaciones pueden asociarse a efectos diversos, como el aumento o disminución de la severidad con la que nos afectan, del efecto que los medicamentos tienen sobre ellos, o de la efectividad de las vacunas para prevenirla.
El COVID-19 no es una excepción a esta regla, pues desde su comienzo hasta el tercer mes del año, científicos de China han encontrado dos tipos de mutación en el virus: una muy agresiva conocida como “L”, y otra menos agresiva conocida como
“S”. Pese a que la variante S es la forma original del COVID-19, desde los inicios de la pandemia se empezó a propagar más la variante L, llegando a provocar hasta el 70% de los casos; se cree que esto fue producto de su capacidad mejorada de transmisión. No obstante, al pro- ducir una enfermedad más fuerte que la forma S, los esfuerzos humanos por combatir al corona-
virus tipo L han sido mayores, por lo que se ha limitado su propagación. Como resultado de esto, los nuevos casos de coronavirus han presentado una cantidad cada vez menor de la variante L, mientras que la versión S se vuelve cada vez más común.
Así, no es descabellado pensar que en un futuro el coronavirus será similar a la influenza, en el sentido de que existirán virus capaces de producir una enfermedad leve, y serán los más comunes. Mientras que aquellos capaces de inducir una enfermedad intensa serán cada vez más raros.
Tomando en cuenta la alta tasa de transmisibilidad y el hecho de que el virus tiende a mutar, actualmente se están haciendo muchos esfuerzos por encontrar soluciones farma- cológicas que nos ayuden a prevenir los contagios con el COVID-19, así como a tratar de manera más eficaz a los pacientes que ya están infec- tados. El Káiser Permanente Washin- gton Health Research Institute en Seattle actualmente se está prepa- rando para evaluar a 45 voluntarios con diferentes dosis de vacunas rápidamente desarrolladas en conjunto entre el National Institute of Health (NIH) de Estados Unidos y por Moderna Inc. Adicionalmente, una droga antiviral de amplio espectro que hasta el momento se usaba para tratar infecciones con MERS, SARS y ébola, llamada remdesivir se está evaluando como un agente anti COVID-19. Si los resultados de sus pruebas demuestran eficacia en la prevención y tratamiento de la
infección, así como seguridad en cuanto a su uso, es probable que en tiempo record ya contemos con medicamentos capaces de combatir eficazmente al COVID-19.
10. Reflexión final
El COVID-19 no es tan malo como aparece en los medios. Si bien se debe tener cuidado con él, no es razón para caer en la histeria, hacer compras de pánico y esperar lo peor.
Solamente debemos tener precau- ciones para evitar contagiarnos y difundir información de calidad, ya que la histeria colectiva, en parte, se debe a información errónea que se ha difundido sin control.
Tal vez no esté en nuestra mano encontrar la cura, pero sí está en nuestra mano evitar que un pro- blema de salud se vuelva también un problema social.
11. Lee más al respecto en:
https://academic.oup.com/nsr/advance-
article/doi/10.1093/nsr/nwaa036/5775463#author NotesSectionTitle
https://www.gob.mx/salud/documentos/informac ion-para-personal-de-salud
https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/fil e/539611/Comunicado_Tecnico_Diario_COVID- 19_2020.03.08.pdf
https://www.who.int/es/emergencies/diseases/n ovel-coronavirus-2019
https://www.cdc.gov/coronavirus/2019- ncov/index.html
https://www.sciencemag.org/news/2020/01/wuh an-seafood-market-may-not-be-source-novel- virus-spreading-globally
https://www.cdc.gov/coronavirus/2019- ncov/hcp/clinical-guidance-management- patients.html