LA SAGRADA
ESCRITURA
Esquema Revelación
Revelación: acontecimiento por el cual Dios se da a conocer y da a conocer su designio.
Tradición es la transmisión del acontecimiento de la revelación desde Cristo a los apóstoles, y de generación en generación.
Escritura es la transmisión escrita de la revelación.
Magisterio es el interprete auténtico de la revelación.
La Sagrada Escritura
Hay dos medios de transmisión de la revelación.
como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación (DV 7).
…fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo,…
Reconocemos aquí la Tradición, pero también reconocemos la Escritura.
Ella es también expresión de la Tradición puesto que expresa aquello que ha sido recibido de Cristo a los apóstoles.
Al enfrentarnos con la Escritura nos preguntarnos
¿por qué la Iglesia considera y venera como Palabra de Dios aquello que encuentra en la Escritura?
¿Qué criterios tiene para determinar y discernir esa palabra?
¿Cómo ha podido determinar cuáles son lo libros sagrados?
Inspiración
La Iglesia declara que la Escritura es Palabra inspirada por Dios.
«En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos» (DV 21) (CEC 104).
En la sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13).
Lo central es que en ella se encuentra con Cristo, la única y definitiva palabra de salvación dicha por Dios para nuestra salvación (CEC 102).
De esta manera la Iglesia venera “las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor.
No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21)” CEC 103.
Lo que hay detrás de esta gran veneración es la convicción de que todos los libros de la Escritura han sido inspirados por Dios mismo, y lo tienen a Él por autor.
Un acontecimiento, la palabra de un profeta que está movido por Dios, hace suponer también que el escrito que alude a estos hechos es inspirado.
Está idea parte con los israelitas: ellos habían llegado a la convicción de la inspiración, pues creen en las intervenciones históricas de Dios.
Hay referencias explicitas en el AT que hacen pensar en la inspiración:
Expresiones como ‘dijo Dios’ u órdenes divinas para que se pongan por escrito sus palabras (Ex 17,14, Jr 36,2).
Más explícito se hará esto en épocas tardías como en la orden dada a Eleazar de que leyera el libro sagrado (2M 8,23).
Los primeros cristianos, siendo judíos aceptaron sin problema la autoridad del AT.
Más aún si Jesús es la Palabra definitiva del Padre
Pero este proceso no es instantáneo, pues el carácter sagrado de estos libros se reconoce con el tiempo.
En el NT hay muchos testimonios que reconocen la inspiración del AT, de la ‘ley y los profetas’ o de la Escritura.
Pero tengan presente, ante todo, que nadie puede interpretar por cuenta propia una profecía de la Escritura.
Porque ninguna profecía ha sido anunciada por voluntad humana, sino que los hombres han hablado de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.
En la época de los padres, incluso para los herejes, la Biblia fue recibida y venerada como un libro inspirado.
Tenemos menos textos que mencionan la inspiración del mismo NT pero también hay, especialmente en los escritos más tardíos.
Por ejemplo, 2P 1,20-21:
La naturaleza de la inspiración
Primero se pensó la inspiración desde la analogía del
‘instrumento’. Así se quería asegurar la acción directa de Dios en la Biblia, y la autenticidad de la Escritura.
La Iglesia tuvo una comprensión progresiva de la inspiración hasta llegar a su forma más depurada en el Concilio Vaticano II.
Otra analogía que se utilizó fue la del ‘dictado’ (Jerónimo y Gregorio Magno) con lo que se acentúa aún más que la autoría divina del texto sagrado.
Aquí casi no cuenta el elemento humano.
Santo Tomás describirá la inspiración vinculándola al principio de la causa principal e instrumental y la entenderá como un carisma profético, afirmando con esto que el autor principal es el Espíritu Santo.
Por otra parte va a distinguir revelación e inspiración.
La revelación es la manifestación de una verdad escondida que permite la percepción de la realidad divina. Dios la puede manifestar a un hombre, pero no por eso se le ocurrirá escribirla.
La inspiración es un elemento complementario de la revelación por el que un hombre registra por escrito este acontecimiento de revelación.
En Trento no quiere definir la inspiración sino responder a la doctrina protestante que niega la Tradición.
“Inspiración” fue tomado por el magisterio para describir la autoría divina de la Escritura por primera vez en el concilio de Florencia (1438-1442; DH 1334).
Luego el concilio de Trento (1545-1563) designó a Dios como autor de ambos testamentos y explicó que la Escritura y la Tradición han llegado hasta nosotros ‘Spiritu Santo dictante’
(DH 1501).
Esto parece una reducción del papel de los hagiógrafos a quienes copian lo que el Espíritu dicta.
Posteriormente la teología siguió afirmando la doctrina de Dios autor, pero la inspiración se confundió con la necesidad de fundamentar la autenticidad de la doctrina.
En este sentido el Concilio Vaticano I, enfrentado a las posiciones racionalistas y positivistas afirmó que la Escritura tiene a Dios por autor y como tal fue entregada a la Iglesia. Con esto defiende el origen divino de la Biblia (DH 3006).
Luego de esto el concepto de inspiración fue depurado progresivamente para profundizar más en la participación del elemento humano en ella.
Hubo un importante avance con Pío XII, quien en
‘Divino Afflante Spiritu’ dio una gran importancia a los géneros literarios y los modos de hablar antiguos para llegar a los que el autor quiso decir en realidad.
El aporte del C. Vaticano II
La constitución Dei Verbum para abordar el tema de la inspiración
tendrá en cuenta la íntima relación que ésta tiene con la auto- manifestación y no se buscará tanto afirmar la autenticidad del texto sagrado.
Se hace una diferencia entre revelación e inspiración, describiendo a ésta última en relación con la primera y como un servicio a ella.
Para comprenderla rectamente es necesario tener en cuenta su íntima conexión con la auto-manifestación de Dios en Cristo, de la cual la inspiración es un instrumento en orden a la comunicación perenne de la Palabra divina…
La DV en esta lógica describirá de la siguiente forma la inspiración:
Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo.
La santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia (Concilio Vaticano I).
Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería (DV 11).
La inspiración relaciona la Palabra con la Revelación haciendo de la primera la fijación y consignación por escrito de la segunda.
Así hay relación y distinción entre Palabra escrita y Revelación
La inspiración es un carisma, un don hecho por Dios a algunos hombres para que transmitieran el mensaje de salvación a la posteridad por escrito.
Poco importa si la revelación fue hecha o no en primer lugar al hagiógrafo.
Destaca en el texto conciliar la importancia de la participación de los autores sagrados.
Se destaca su elección divina, y la utilización de todas sus facultades humanas que no son soslayadas por la acción divina.
La Palabra divina fue inspirada por Dios y escrita por un autor humano en determinadas circunstancias históricas y culturales que se deben tener en cuenta al examinar y abordar el texto bíblico.
Esto es, sin duda, una consecuencia de la historicidad de la revelación, condición esencial de ésta.
¿Responde Dios de todas las palabras usadas hagiógrafo?
Sí, porque de otra forma la inspiración se detendría en las ideas sin alcanzar a los términos mismos en que ésas son expresadas, cosa bien difícil de entender.
De ahí el interés por establecer con la mayor fidelidad cuál es el texto primitivo, pues está la convicción de que la Palabra de Dios toma cuerpo en concretas palabras humanas.
Verdad de la Escritura
Si la Biblia es Palabra de Dios, no se puede pensar que haya error en ella. A esto no se opuso ninguna objeción hasta el s. XVI con el caso Galileo.
Frente a este caso y la evolución posterior que este tema tuvo se llega a definir en que sentido la Biblia no contiene error.
La verdad que contiene la Escritura es fundamentalmente la verdad de la salvación en Cristo.
Hacia esta verdad se orientan todos los escritos del AT y del NT.
De este modo no podemos considerar la Biblia como un conjunto de verdades abstractas y metafísicas, sino como la que nos transmite una verdad histórico-salvífica.
Así lo afirma la DV al decir:
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación.
Así, pues, "toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena"
(2 Tim., 3,16-17) (DV 11; CEC 107).
El catecismo aclara al terminar de abordar este tema que “la fe cristiana no es una «religión del Libro».
El cristianismo es la religión de la «Palabra» de Dios, «no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo»
(San Bernardo de Claraval, Homilia super missus est, 4,11: PL 183, 86B).
Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas (cf. Lc 24, 45)”
(CEC 108).
Se enfatiza que es en la relación viva de Cristo en el Espíritu Santo con los fieles que se produce la revelación.
El Canon de la Escritura
Los libros son considerados canónicos no porque la Iglesia lo declare así, sino porque reconoce en ellos un texto inspirado.
Al reconocer un libro como canónico, la Iglesia pone de relieve su condición de inspirado, viendo en él un escrito hecho bajo la especial asistencia del Espíritu Santo para comunicar y conservar por escrito todo lo que Dios ha querido.
Dado que la Sagrada Escritura es la norma de fe y de vida para la Iglesia, desde mediados del s. IV se designa a la colección de los escritos sagrados como ‘canon’ por antonomasia.
De esta forma, los libros canónicos son los que sirven de regla de vida y de fe, de norma en la creencia y en la práctica.
El concepto de canon aparecía ya en la filosofía epicúrea para designar los criterios que servían en la lógica para encontrar el fundamento del conocimiento y de la verdad de una afirmación.
En el cristianismo, especialmente durante los tres primeros siglos, ‘canon’ designaba todo lo que, para la Iglesia y los cristianos, es ley interna y norma imperativa.
La determinación del canon
El canon se determina definitivamente en el Concilio de Trento, que confirma las decisiones del Concilio de Florencia, el cual había recogido antiguas tradiciones de la Iglesia al respecto.
Junto al Espíritu Santo que inspira, aparece la Iglesia como la encargada de guardar el depósito inspirado.
Esta relación de la Escritura con la Iglesia es lo que propiamente expresa el término canónico, aplicado a los libros sagrados.
Los libros canónicos son 45 del AT y 27 del NT.
Todos los libros de la Biblia son santos y canónicos porque
“escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor y como tales han sido entregados a la Iglesia”.
Criterios de canonicidad del NT
Origen apostólico:
al tener la Escritura estrecha relación con la fundación de la Iglesia y expresar por eso la fe apostólica, este es el primer criterio.
Este criterio tiene que ver con la relación que los libros sagrados tienen con la revelación fundante y directamente con el acontecimiento de Cristo y su misterio.
Lo primero es entonces aceptar por los libros que confirman la realidad de Cristo y explican su doctrina auténtica, proclamando la fuerza de la salvación. A esto se agregan los libros del AT que apuntan y anuncian este acontecimiento.
Pureza del evangelio:
este último criterio completa todo los que dan cuenta de la canonicidad de los libros. El que un texto sea expresión y este en conformidad con el mensaje esencial fue también decisivo para reconocer si inspiración.
Uso litúrgico:
el criterio anterior no basta, pues existen escritos tardíos que no fueron directamente escritos por los apóstoles y pertenecen al NT, expresando la fe normativa de la Iglesia.
Así un criterio es la progresiva incorporación de estos escritos al culto cristiano. En forma muy existencial la Iglesia va haciendo estos libros expresión de su fe y experiencia de Dios y además norma de vida.
Interpretación de la Revelación
Las condiciones de su tiempo y de su cultura
«Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en
obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o
en otros géneros literarios» (DV 12,2) (CEC 110).
Todo hace necesario que al momento de acudir al texto sagrado se tenga en cuenta:
1. El texto mismo, que puede ir más allá de la intención del autor mismo.
Esto es especialmente importante en la Escritura, donde sumado a los autores humanos, es Dios mismo el autor principal, y los textos alcanzan su pleno sentido a la luz del acontecimiento de Cristo.
2. el autor, pues para penetrar el sentido del texto es importante
conocer las fuentes que tuvo el autor, las formas literarias que
usa, los motivos por los que escribió, a quienes escribió.
3. el hombre de hoy, pues Dios llama a la conversión al hombre hoy.
Se debe tener en cuenta su situación existencial e
inquietudes.
Los principios teológicos que nos presenta la Iglesia para realizar la interpretación (cfr. DV 12):
Unidad de la Escritura: Todos los libros de la Biblia forman una unidad por la unicidad de su autor divino. Desde la antigüedad cristiana hubo gran conciencia de esta unidad la cual vieron en el acontecimiento de Cristo.
La Tradición viva de la Iglesia: otro problema que plantea la exégesis es la diferencia que se presenta al interior de los libros de la Escritura.
El Magisterio: estamos insertos en una comunidad creyente