ESCUELA PROFESIONAL DE ENFERMERÍA
Funcionamiento familiar y agresividad en adolescentes en el marco de la pandemia por COVID-19
Autoras:
Br. Casamayor Florian, Sandy Jemina.
Br. Díaz Vejarano, Ana Lucía de Fátima.
Asesor:
Dr. Bustamante Edquén, Sebastián.
TRUJILLO - PERÚ
2021 TESIS
PARA OPTAR EL TÍTULO PROFESIONAL DE
LICENCIADA EN ENFERMERÍA
iii
iii DEDICATORIA
A mis padres, por su esfuerzo; a mi hija Antonella, por ser uno de mis principales motivos; a Emilio, por su apoyo incondicional y a mi hermano Joel, quienes contribuyeron en el transcurso de mi carrera universitaria.
Sandy Casamayor Florian
A mi familia y amigos que cada uno con su apoyo me mantuvo firme e interesada en concluir esta investigación.
Esto es para ustedes.
Ana Lucía Díaz Vejarano
iv AGRADECIMIENTO
Nuestro profundo y sincero agradecimiento a nuestro asesor, Dr. Sebastián Bustamante, por brindarnos sus conocimientos, experiencia y tiempo, gracias por
contribuir al cumplimiento de nuestros objetivos.
Sandy Casamayor y Ana Lucía Díaz
v ÍNDICE
Pág.
DEDICATORIA iii
AGRADECIMIENTO iv
ÍNDICE v
RESUMEN vi
ABSTRACT vii
I. INTRODUCCIÓN 1
II. DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN 26
III. RESULTADOS 34
IV. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN 39
V. CONCLUSIONES 48
VI. RECOMENDACIONES 49
VII. BIBLIOGRAFÍA 50
VIII. ANEXOS 62
vi RESUMEN
Investigación de tipo cuantitativo, descriptivo y correlacional, de corte transversal, realizada con estudiantes de la Institución Educativa Pública “Simón Lozano García” del distrito de Florencia de Mora, provincia de Trujillo, departamento de La Libertad (Perú), con el objetivo de determinar la relación que existe entre las variables funcionamiento familiar y agresividad. Participaron 75 adolescentes, los mismos que fueron sometidos a dos instrumentos de evaluación: Test de Funcionamiento Familiar y el Test de Agresividad. Los datos reportan que el funcionamiento familiar de nivel alto es predominante en los participantes representado por el 53,3 % y en la agresividad, el 66,7 % de adolescentes presentaron nivel bajo. Se estimó, según Tau-b de Kendall, que existe relación estadística altamente significativa entre el funcionamiento familiar y la agresividad (p= 0,001; p< 0,05) y se halló relación significativa inversamente proporcional (Tau-b de Kendall= -0,403) que para un adecuado funcionamiento familiar corresponde menor presencia de agresividad en los adolescentes.
PALABRAS CLAVE: Relaciones familiares, Adolescente, Agresión.
vii ABSTRACT
Cross-sectional, quantitative, descriptive and correlational research carried out with students from the “Simón Lozano García” Public Educational Institution in the district of Florencia de Mora, province of Trujillo, department of La Libertad (Peru), with the aim of determining the relationship between the variables family functioning and aggressiveness. 75 adolescents participated, the same ones who were subjected to two evaluation instruments: Family Functioning Test and the Aggression Test. The data report that high-level family functioning is predominant in the participants, represented by 53.3% and in aggressiveness, 66.7% of adolescents presented a low level. It was estimated, according to Kendall's Tau-b, that there is a highly significant statistical relationship between family functioning and aggressiveness (p = 0.001; p <0.05) and an inversely proportional significant relationship was found (Kendall's Tau-b = -0.403) that for an adequate family functioning there is less aggressiveness in adolescents.
KEYWORDS: Family relations, Adolescent, Aggression.
1 I. INTRODUCCIÓN
REALIDAD PROBLEMÁTICA
Entre 1990 y 2010, un porcentaje importante de la población dejó de pertenecer a hogares nucleares biparentales, descendiendo de 50,5 % a 40,3 %. No obstante, aún hasta el 2010 representaban la mayoría de los hogares (52,1 %) en América Latina y el Caribe. Además, la proporción de hogares monoparentales encabezados principalmente por mujeres ascendieron de un 13 % al 17,2 %, siendo tendencia en la mayoría de los países de la región (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2014).
Las cifras demuestran que la familia, en los últimos años, está atravesando por cambios demográficos y jerárquicos importantes. En el Perú, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2018) revela que existen 8 252 284 hogares; de estos, el 53,9 % son nucleares, es decir hogares compuestos por la pareja con o sin hijos.
El 65,3 % del total de hogares tienen como jefe de hogar a un varón y el 34,7 % son hogares con jefatura femenina; lo cual, respecto al año 2007, muestra un incremento significativo de más de 900 mil mujeres que dirigen sus hogares. Además, el promedio de miembros por hogar es de 3,5 alcanzando en algunos departamentos como Loreto 4,3 miembros por hogar (INEI, 2018).
El aumento de los hogares monoparentales y de jefatura femenina son los principales cambios que a nivel familiar podemos observar, esto implica la falta de una de las figuras importantes para el desarrollo del grupo familiar. Por otro lado, el descenso del número promedio de personas por familia significa, para la familia misma, la disposición y capacidad de ahorro; traduciéndose en mejor calidad de vida de los miembros, ya que es sabido que existe relación positiva entre el tamaño del hogar y la pobreza.
2 El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP, 2013) menciona que en los últimos años las familias han experimentado cambios originados por los avances tecnológicos, cambios sociales, políticos, trasformación demográfica y, principalmente, por el protagonismo y mayor alcance de las mujeres en espacios políticos y laborales; así como la falta de la figura paterna. Todo esto ha traído consigo cambios dentro de la dinámica familiar.
Actualmente, el grupo familiar atraviesa por problemáticas comunes, las cuales tienen que ver con sus necesidades: el equilibrio entre el trabajo y el cumplimiento de su rol dentro de la familia; la erradicación de la violencia en el hogar y aminorar la pobreza (Oliva y Villa, 2014).
Algo que involucra, afecta a la familia, y está seriamente comprometida en nuestro país, es la salud mental; y entre estos problemas psicosociales predomina la violencia familiar, cuyas manifestaciones se producen principalmente contra la mujer alcanzando cifras preocupantes: a nivel nacional la prevalencia es de 63,2 %, principalmente la violencia de tipo psicológica y/o verbal representada por el 58,9 % (INEI, 2018).
En los últimos años, la población entre 10 a 29 años se ha visto involucrada cada vez más en actos violentos. La Organización Mundial de la Salud reporta que se cometen en todo el mundo alrededor de 200 000 homicidios, lo que representa el 43 % del total mundial de homicidios al año, ubicándose así en la cuarta causa de muerte de este grupo etario. Sin embargo, las consecuencias de la violencia juvenil no solo son mortales, tiene también repercusión física, psicológica y social en la víctima y victimario (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2020).
3 En nuestro país, dentro de los 120 distritos con mayor incidencia de crimen y violencia, basado en la tasa de homicidios, victimización e internos de la Dirección General de Seguridad Ciudadana, se encuentra encabezando la lista el distrito de Florencia de Mora de la provincia de Trujillo; seguido de Bellavista, Callao, entre otros distritos (Ministerio del Interior [MINTER], 2019).
Costa y Romero (2014) mencionan que los factores sociales del crimen están relacionados al deterioro familiar, la escuela y comunidad, las cuales son instancias principales de socialización y control social para la niñez y adolescencia. El crecimiento de hogares monoparentales con jefatura femenina, altos niveles de deserción escolar, la necesidad de trabajar de los adolescentes son características que favorecen el inicio y participación de los jóvenes en conductas antisociales y delictivas.
La participación de adolescentes y jóvenes en actos delincuenciales es cada vez mayor, ante ello, es conveniente el énfasis en los actores sociales de educación, salud, trabajo y en la prevención social mediante la minimización de los factores de riesgo y potenciación de los factores protectores en las escuelas, familias y los centros de salud.
La crisis sanitaria y económica propiciada por la COVID-19 ha afectado a las familias de todo el mundo desde que se identificó por primera vez en China y, debido a la acelerada expansión y gravedad, en marzo de 2020 fue declarada como pandemia.
En el Perú, el primer caso confirmado fue el 6 de marzo del mismo año. Desde entonces, rápidamente el número de contagios y muertes incrementó; ante ello, se implementaron diversas medidas a fin de frenar la expansión de la enfermedad, declarándose el estado de emergencia nacional diez días después, donde el aislamiento social obligatorio fue la medida de mayor impacto social (OMS, 2020).
4 Las medidas implementadas para contener esta enfermedad, el estilo de vida común interrumpido, el cierre de centros de estudios como colegios y universidades, la enseñanza virtual, el aislamiento social, el distanciamiento físico, el desempleo, la enfermedad o la muerte de seres queridos viene afectando cada vez más a la población en su salud mental, en su economía y en su condición social.
El daño psicológico durante y tras un confinamiento se evidencia en las alteraciones emocionales o conductuales en la persona, causado por un alto estrés familiar por el perjuicio económico, social y de salud a la que se ha visto expuesta; sin embargo, el daño puede ser también de tipo inespecífico, debido a los cambios contextuales originados por la pandemia y se relaciona con sensaciones de preocupación o ansiedad por la salud, miedo al contagio, incertidumbre al porvenir y sensación de vulnerabilidad y debilidad (Espada et al., 2020)
La infección por COVID-19 y la crisis que esta ha producido a nivel mundial ha generado estrés y preocupación, siendo reacciones usuales la angustia por enfermar o morir, sensación de estrés. soledad, desamparo, aburrimiento, la depresión e impotencia; las mismas que pueden tener repercusión a largo plazo tales como el deterioro de su entorno social, deterioro la dinámica económica, agresión contra la pareja, hijos e influir en los mecanismos de afrontamiento (Hernández, 2020).
Si bien los niños y adolescentes no son los más afectados por la enfermedad, están expuestos durante los brotes de enfermedades al estrés que puede generar problemas psicológicos o agravar los existentes. El estrés del cuidador, el cierre de las escuelas y el consumo de sustancias toxicas han sido catalogados como causales del descuido de los padres y del maltrato físico y emocional en el hogar (Alianza para la Protección de la Niñez y Adolescencia en la Acción Humanitaria, 2019).
5 En tal sentido, si bien el adolescente tiene bajo riesgo de ser gravemente afectado por COVID-19, ha sido vulnerable emocionalmente debido a las restricciones sociales para contener la enfermedad; al quedarse sin poder asistir a la escuela y otros lugares de socialización, siendo en esta etapa muy importante las relaciones con sus iguales.
La problemática social y el contexto por el cual atraviesa la familia actualmente le dificulta satisfacer las necesidades de sus miembros en todo momento. Así, por ejemplo, se sacrifica la necesidad de calidad de tiempo y afecto, por el ejercicio laboral de ambas figuras paternas y el acceso a la tecnología que cada vez distancia y empobrece la comunicación familiar. Todo esto propicia distanciamiento y disfuncionalidad en la familia repercutiendo negativamente en la salud mental de sus miembros.
En la etapa adolescente, donde se consolida la personalidad del individuo, se tiende a mostrar conductas antisociales y agresivas como forma de hacer frente a la carencia o disfuncionalidad en la familia. Por esta razón, se hace imprescindible facilitar los medios para recobrar el equilibrio familiar y así reducir el riesgo del adolescente, en este caso, de desarrollar conductas negativas en la construcción de su personalidad y afrontamiento de situaciones adversas.
La familia constituye un espacio de importante de socialización y desarrollo de sus integrantes, sin embargo, si esta instancia no funciona adecuadamente se incrementa el riesgo de desarrollar conductas antisociales, siendo los más vulnerables los hijos en etapa adolescente; afectando la convivencia pacífica intrafamiliar e interpersonal, la integridad de los miembros y del bien de la sociedad en general.
6 Para que el adolescente adquiera competencias necesarias que le permitan afrontar las presiones que experimenta y lograr una transición adecuada de la infancia a la adultez, depende y necesita de la participación de la familia, comunidad, escuela y servicios de salud. Estas instancias son responsables de promover el óptimo desarrollo y una adecuada adaptación al medio, interviniendo eficazmente cuando surjan problemas que representen una amenaza para el adolescente (OMS, 2018).
La enfermera escolar es el nexo de enlace entre las instituciones educativas y los servicios de salud. Presta atención y cuidados de forma autónoma en el ámbito educativo, brinda servicios de promoción de la salud y prevención de riesgos de tipo físico, psicológico o social en la asistencia al niño y adolescente, además es quien vela por el bienestar de la comunidad educativa al estar integrada y presente en la institución durante todo el horario académico (Asociación Nacional e Internacional de Enfermería en Centros Educativos [AMECE], 2016).
Además, la comunidad educativa se enfrenta a nuevos retos en la salud o a exigencias difíciles de abordar por los padres de familia y docentes sin la intervención de un profesional de la salud; tal es así la necesidad del enfermero(a) en las instituciones educativas, lugar donde el niño o adolescente pasa la mayor parte del día, para ello, el perfil y las funciones de este profesional deben estar orientados a abordar la salud del escolar de manera holística y anticipada a los retos de esta etapa de vida.
7 MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL
La familia es un organismo social, agrupación inseparable y completa, donde los lazos normados de parentesco, consanguineidad no son los únicos e incluye otros vínculos, como el afectivo y económico. Entendida la familia como una institución, debe realizar socialmente funciones y/o tareas, las cuales están dirigidas a la concepción y preparación de los hijos, conservación del vínculo emocional y la instrucción del individuo para su participación en la sociedad, mediante la transmisión de conductas, normas y valores (Bustamante, 2004).
Entre los objetivos familiares se destaca la creación de hábitos de gobierno conductual, proporcionar a cada uno de sus miembros seguridad afectiva; conservar tradiciones, cultura e identidad social; respeto a la autoridad; manejo de crisis, manejo de emociones y el reconocimiento de roles, reglas y autoridad (Oliva y Villa, 2014).
Bustamante (2004) menciona que la familia es una agrupación heterogénea y posee características propias, y agrega que las relaciones dentro de la familia son más profundas que en cualquier otro grupo social. Las características de la estructura familiar cambian y estipulan los límites del núcleo familiar, donde además las interrelaciones familiares evidencian el impacto frente a dificultades y generan un nuevo equilibrio.
Entendemos como funcionamiento familiar, al resultado de los esfuerzos de los integrantes de la familia para enfrentar situaciones de incertidumbre y conseguir equilibrio, armonía y coherencia. Pero para que la familia logre conseguir y mantener ese estado es necesario que promueva favorablemente la salud de sus miembros, la autonomía de sus miembros, interacción, tenga límites esclarecidos, comunicación abierta y explícita y toma de decisiones democráticas (Casasa et al., 2016).
8 Se destaca la importancia de la familia, ya que hasta el momento ninguna otra institución ha logrado suplir su funcionamiento. Es en la familia donde el individuo se hace persona, se humaniza y socializa para alcanzar los valores, normas y conductas que le permitan coexistir de manera admisible dentro de la sociedad. A pesar de que cada miembro tiene la posibilidad de desarrollarse con propio estilo y bajo la influencia externa, siendo mayormente conducido por los distintos valores promovidos en el seno familiar, los cuales se traducen en criterios o formas de comportamiento (Casasa et al., 2016).
La familia en su constitución de colectividad tiene principios elementales que deben cuidar, estos son: identidad, conversación, solidaridad, amor y la lucha por la vida; además, son el punto de partida o de donde nace la vida familiar. De estos principios surge el entrelazamiento de las relaciones intrafamiliares que guían la funcionalidad familiar y todo lo que concierne a la vida en familia. Cada uno de estos principios permite identificar y articular al individuo con su familia y dar soporte a su manera de conceptuar, concebir o entenderla (Bustamante, 2004).
En la presente investigación, estos principios fueron incluidos como predictores de la variable funcionamiento familiar, siendo así que los atributos de cada principio antes señalados fueron básicos para la construcción del respectivo instrumento.
El principio de identidad, sirve de referencia o auto identificación con un determinado grupo, en este caso, su familia (Bustamante, 2004).
Según Esquer (2000) el termino identidad es entendida como la pertenencia del sujeto con un determinado grupo, en este caso con su familia y como es que él se identifica con este grupo, según el nivel en que se consolide las características decisivas.
9 La identidad de cada integrante de la familia nace en el seno familiar y la generación de la persona no termina en el nacimiento, al contrario, continúa con la enseñanza de los padres hacia sus hijos. Por lo tanto, la familia no solo es la unidad básica de la sociedad; es, además, el origen de la persona y fuente de su identidad personal y es en el grupo familiar donde se puede aprender fluida y naturalmente (Rodríguez y Altarejos, 2004).
De los atributos de identidad: referencia y auto identificación grupal, se originan las preguntas que se tomaron en cuenta en la construcción del instrumento de funcionamiento familiar descrito en el Diseño de la Investigación.
El principio de conversación, es el enlace o interacción de las conductas y las emociones que ocurren al convivir. Para Maturana (1988) el lenguaje ocurre en el fluir de coordinaciones conductuales y consensuales, como un ponerse de acuerdo; la conversación ocurre en el entrelazamiento de las ambas coordinaciones y las emociones. Tal es así que la comunicación es más que la transmisión de información, sino más bien, es la coordinación de comportamientos entre organismos vivos.
De los componentes de conversación: coordinación, interacción y consensuar surgen las preguntas que se tomaron en cuenta en la construcción del instrumento.
En la familia, la solidaridad hace que esta se distinga de otro grupo social, pues prepara para la formación solidaria de la existencia humana, donde la actitud y práctica solidaria de sus miembros están dirigidas al fortalecimiento de toda la familia (Bustamante, 2004).
La solidaridad consiste en asumir los intereses del otro como propios (De Lucas, 1993, como se citó en Duque, 2013). En el entorno familiar, la práctica de la solidaridad se hace más intensa durante las épocas de crisis y cambio social; siendo, además, las
10 prácticas solidarias en la familia parte de las estrategias de vida. (García, De Oliveira, y Muñoz, 1982).
Sin embargo, debido al proceso de transformaciones sociales de la familia, nuevas costumbres y solidaridades dentro de ella, podrían derivar a que se cargue de individualismo, conflicto, competitividad; donde los problemas de algún miembro son entendidos como dificultades apartadas, de interés exclusivo del dueño del conflicto y es su deber resolverlo, sin ninguna participación del resto de la familia, desvalorizando este principio (Bustamante, 2004).
De las características de solidaridad: intereses compartidos, ayuda y ayuda mutua, se originaron las preguntas que se tomaron en cuenta para la elaboración del instrumento de funcionamiento familiar.
El principio del amor, es una manifestación básica y emoción que constituye la existencia de la sociedad, es también la raíz de la concretización de la relación entre los individuos, que se materializa en las expresiones de amor en la familia (Bustamante, 2004).
El amor es una emoción, la cual constituye la aceptación del otro. Si el amor (aceptación) se cultiva, se consolida y se conserva, se vuelve reiterativo y se hace de entendimiento mutuo y bilateral; de esta manera, el comportamiento o conductas que surgen, corresponde a las interacciones previas, las cuales no podrían haber surgido independientemente (Ibáñez, 1999).
A la luz de la concepción de Boff (1999), el amor es la manifestación más importante del cuidado, asegurando que se cuida lo que se ama. Además, para que se hable de prestar cuidado, se requiere la muestra de interés y el dar un trato agradable, donde la persona que tiene cuidado se envuelve afectivamente con el otro.
11 De los atributos de amor: aceptación y expresión o manifestación de cuidado, nacen las preguntas que se tomaron en cuenta en la construcción del instrumento de funcionamiento familiar.
Finalmente, el principio de la lucha por la vida se traduce como el acto de dedicación y resguardo para el aseguramiento de la existencia y de una vida con dignidad; para ello la familia utiliza estrategias, planifica y delega responsabilidades de sus movimientos rutinarios, se comunica e interactúa con los demás miembros con la finalidad de protegerse, velar por las pertenencias, del ingreso económico y cuidado de los animales domésticos como parte del mundo de la familia (Bustamante, 2004).
Bajo el pensamiento de Boff (1999), los conceptos esenciales del cuidado son la actitud de vigilia, atención, preocupación e intranquilidad hacia el otro. La familia busca y lucha por la vida de sus miembros orientando su atención a cuidarlos contra los peligros, de tal manera que identifica que el estar aislados los hace vulnerables y recurre a la integración comunal y se mantiene ligada a los grupos sociales para afrontar los peligros (Bustamante, 2004).
De las características de lucha por la vida: resguardo, organización, integración colectiva y afrontamiento, se constituyen las preguntas que se elaboraron para el instrumento de funcionamiento familiar.
El acceso a visualizar la dinámica de los principios expuestos permite predecir el funcionamiento de la familia. Para efecto de este estudio, el funcionamiento de la familia a partir de la identificación de cómo fluyen estos principios en la vida familiar de los sujetos que participaron fueron fundamentales.
Por otro lado, la adolescencia, etapa comprendida entre los 11 y 19 años, es la transición del desarrollo que implica cambios físicos, cognoscitivos, emocionales y
12 sociales; que adopta distintas formas en los diferentes escenarios sociales, culturales y económicos. Además, brinda oportunidades para crecer no solo físicamente, sino también cognoscitiva y socialmente en autonomía, autoestima e intimidad (Papalia et al., 2017)
A nivel familiar, es en la adolescencia donde pueden sobrevenir grandes tensiones y ser fuente de conflictos tanto para el propio adolescente, los padres y demás integrantes, ya que el primero modifica su comportamiento, actitudes y reacciones conforme se producen sus cambios físicos. De manera gradual, inicia su transformación física y aumenta su discrepancia con la familia o con su entorno social, critica los aspectos ideológicos recibidos, asimila nuevas ideas y creencias y manifiesta franca oposición a las opiniones de sus padres; pareciera que la familia ingresa a un periodo de crisis (Casasa et al., 2016).
Junto al funcionamiento familiar y adolescencia descritos, otro de los conceptos de estudio es la agresividad, la cual consiste en cualquier conducta con intencionalidad que pretende herir física o psicológicamente a alguien. La agresividad a diferencia de la agresión es la tendencia más no el acto propiamente dicho (Berkowitz, 1996, como se citó en Carrasco y González, 2006).
Tomando en consideración el enfoque positivo que Winnicott otorga a la agresividad, esta es un impulso esencial que contribuye a la internalización de lo exterior y cuya integración a la personalidad es fundamental para el desarrollo de un sano ser, de manera que influye en el desarrollo emocional de la persona y que le permitirá aportar constructivamente a la sociedad en lo futuro (Ortega, 2017).
Winnicott define a la agresividad como manifestación de vitalidad, desvinculada del concepto de frustración y diferente al enojo. La agresividad para este autor
13 representa una energía vital que surge en el niño al nacer y se expresa si el entorno lo facilita y adecuadamente lo sostiene, sin embargo, cuando esto no sucede, reaccionará con sumisión, teniendo dificultad para defenderse, o con una agresividad destructiva y antisocial (Chagas, 2012).
La causa de una conducta destructiva y antisocial radica en una relación inadecuada entre los padres. En la niñez se incorpora este ejemplo de agresividad y lo expresa por identificación con ellos utilizando toda su energía psicológica en frenar esta experiencia en su interior, la cual se denomina fantasía; desencadenando un conjunto de reacciones depresivas o afecciones somáticas. Ese medio represor se vuelve pulsante para él y puede integrar un patrón reactivo con agresividad oculta y vuelta contra sí como un esfuerzo por suprimir lo que siente en su interior como negativo, y al repetirse esta conducta de represión llega un momento en que no puede contenerse, manifestando conductas agresivas de intensidad variable (Chagas, 2012)
La agresividad primaria, primera fase o no intencional, toma denominaciones como avidez, apetito primario o amor oral, como un impulso sin la intención de causar daño. Winnicott postula que el primer conflicto importante que debe enfrentar el infante se da entre expresar la agresión primaria, o tener que utilizarla para reaccionar a irrupciones, o ataques del ambiente al punto de quedar privado de sentir sus experiencias como propias. A esta última expresión de agresividad Winnicott la denomina agresividad por reacción o reactiva (Winnicott, 1965).
Winnicott señala que la agresividad considera como objetivos positivos alcanzar el reconocimiento del otro como tal, reconociendo su diferencia, y propiciar el sentimiento de responsabilidad, afecto y cuidado hacia el otro, a la vez que motiva el progreso de la creatividad (Bareiro, 2011).
14 Además, formula que el inconveniente real no es la demostración de la agresividad, sino su opresión precoz que modificaría el positivo impulso agresivo primario, imprescindible para el reconocimiento del otro, en agresión reactiva. En ese sentido expresa: "Si la sociedad está en peligro no es a causa de la agresividad del hombre, sino de la represión de la agresividad" (Winnicott, 1981, p. 281).
En la infancia, los padres, al tratar de complacer absolutamente los anhelos de sus hijos, dificultan la expresión de la motilidad de agresividad necesaria para su desarrollo normal. Entre los dos y tres años, edad caracterizada por la expresión de rabietas, el niño expresa con su enfrentamiento su rudimentaria identidad. De igual manera, la rebeldía del adolescente está ligada a la confirmación de su identidad, sin embargo, se puede convertir en patológica o conducta antisocial, cuando la familia, la escuela, el personal de salud y los amigos no son medios protectores adecuados o no intervienen de manera efectiva a tiempo (Winnicott, 1965).
Durante la niñez y adolescencia las personas desarrollan su pensamiento, asimilando, afianzando su personalidad y forjando el carácter a partir de los cuidados y modelo inculcado por los padres, la satisfacción de las necesidades primarias, así como figura de autoridad y ejemplo. De acuerdo a Winnicott, la agresividad es un factor concluyente de la carencia de la figura paterna (Hernández y Acuña, 2015).
La misión que cumple la madre es fundamental, sin embargo, Winnicott enfatiza la importancia del padre. Resalta la necesidad del padre para que la madre desempeñe su rol con comodidad y destaca que la figura paterna es quien pone restricciones a la agresividad del niño hacia su progenitora, así como es necesario para el desarrollo familiar, económico; además de ser ejemplo de resolución de conflictos de manera asertiva y empática en una familia saludable (Chagas, 2012).
15 Es así que Winnicott subraya la importancia de la familia en facilitar la inmadurez del adolescente y el logro gradual de su madurez, sin pérdida de su espontaneidad. Desde esta perspectiva, la familia se debe adaptar al adolescente para contener su crecimiento, sin embargo, si la familia no puede cumplir ese fin, se hace necesaria la intervención de unidades sociales que puedan cumplir ese rol (Klein, 2014).
La agresividad innata puede aumentar por situaciones externas adversas, sin embargo, puede menguar por medio de la manifestación de afecto y comprensión. Estas condiciones extrínsecas intervienen en el proceso de desarrollo del niño y adolescente;
y es la familia la primera instancia encargada de disminuirlas (Hernández y Acuña, 2015).
De acuerdo a Winnicott, cuando el entorno no facilita los cuidados imprescindibles en la etapa de dependencia total la denomina privación, mientras que la pérdida de un entorno suficientemente bueno, la denomina deprivación. Este último contexto es el que se relaciona con la tendencia antisocial; tal inclinación puede presentarse en el niño sano, como en el que padece algún desequilibrio psíquico, la diferencia entre uno y otro recae en los mecanismos de adaptabilidad que utilice para hacer frente a ese vacío o los recursos que utilice del entorno (La Cruz, 2013).
La tendencia antisocial puede materializarse en comportamientos de tipo acto y omisión como lo son el fraude, hurto, acciones destructivas, crueldad y perversión. Las causales que originarían estas inclinaciones se relacionan con el lapso de dependencia en el que la figura materna dejó de acoplarse a las exigencias del yo del niño; como resultado, el niño responde de manera defensiva, atacando y suprimiendo la capacidad de sentir culpa alguna. Ante ello, Winnicott distingue la relevancia que tiene el
16 colectivo social para evitar y corregir conductas destructivas causantes de la tendencia antisocial (La Cruz, 2013).
La agresividad reactiva es esencial para comprender la tendencia antisocial. Es un fenómeno que resulta del fallo en la provisión ambiental (deprivación) y repercute facilitando el desarrollo de diversos problemas mentales. La tendencia antisocial según Winnicott, es la esperanza de llenar un vacío para integrar la continuidad de los impulsos; es también la expectativa de acceder a la culpa y responsabilidad, como una orden del ego para sentirse más real (Ortega, 2017)
El origen de la tendencia antisocial se centra en: La deprivación: perder ciertas características o recursos que tenía con anterioridad generando angustia (aislamiento);
la necesidad de recuperar el vacío de alguna forma (agresividad); el ambiente, con la diversidad de factores de riesgo; y la esperanza de recuperar lo perdido mostrando signos como robo, violencia y reclamos (Longhi, 2011).
Para Winnicott existen dos vías de externalización para esta tendencia: El primero es el impulso de buscar, en otro lugar, aquello que le fue quitado través de la deprivación; y el segundo, la destructividad, la que simboliza la esperanza de encontrar cierto nivel de estabilidad ambiental, busca un recurso ambiental perdido que le dé confianza para actuar; la falla en este recurso dificulta el proceso de socialización y le permite adquirir conductas antisociales (Longhi, 2011).
La violencia expresada significa en realidad un grito de auxilio y representa la necesidad de contención, un intento de que el entorno identifique sus demandas y necesidades. Los vínculos que el individuo genera con las figuras de autoridad dentro de la escuela pueden subsanar el daño sufrido, implicando una esperanza para el
17 individuo y la sociedad al dar pie a la detección precoz e intervención oportuna generando los mecanismos que el sujeto de cuidado necesita (La Cruz, 2013).
Para Winnicott la agresividad parte del impulso primitivo del “amor-lucha” o agresividad primaria. Los desenlaces negativos de la agresividad ocurren cuando el entorno la oprime, expresándose través del sentimiento de culpabilidad, devaluación, sometimiento, problemas de aprendizaje, limitación de la creatividad o manifestarse como agresividad reactiva destructiva y como consecuencia depresión, tendencia antisocial, hipocondría, paranoia o psicosis (Chagas, 2012).
Para el desarrollo de la identidad personal es necesario que el medio provea y sostenga saliendo a su encuentro. Winnicott postula que es necesario admitir la individualidad del sujeto, permitir su soledad, mas no dejarle solo con su sufrimiento;
otorgar espacio, pero estar cerca cuando lo necesita. (Equiza, 2012).
La agresividad es una herramienta, una habilidad dentro del comportamiento humano que está dirigida a obtener resultados favorables en torno a un conflicto dentro del espacio cotidiano de desenvolvimiento. La delgada línea que separa la agresividad de la violencia se delimita en cuanto al criterio del daño físico, aunque no es necesario causar injuria para ser agresivo, se necesita tener cierto grado de agresividad descontrolada (impulsividad) o conducida de manera equivocada (Tobeña, 2001, como se citó en Mingote, 2013).
De acuerdo a Mingote (2013), la agresividad puede surgir en las relaciones intrafamiliares. En la mayoría de casos, los adolescentes expresan con mayor intensidad este tipo de comportamientos cuando en la niñez fueron testigos de ambientes hostiles, sin embargo, también repercute el estilo parental, el tipo de familia y el afrontamiento
18 de conflictos a nivel familiar. El niño que ha estado expuesto a un ambiente con condiciones desfavorables para su desarrollo, lo expresan durante la adolescencia.
Es clara la conexión entre el desequilibrio psicológico de los jóvenes y el desarrollo del binomio agresividad/violencia. El poder detectar e intervenir en edades tempranas como la adolescencia es fundamental para disminuir los niveles de agresividad desmedida en pro de prevenir conductas antisociales en adolescentes y jóvenes ampliamente relacionados con predictores de criminalidad (Kaplan y Szapu, 2020).
Cuando los adolescentes presentan un nivel de agresividad descontrolada hay consecuencias para ellos y el entorno, altera su desarrollo, interfiere en las relaciones interpersonales, en el pensamiento, aprendizaje y la resolución de problemas;
observándose un empobrecimiento y desequilibrio de la personalidad trayendo como resultado un estado continuo de alerta y disposición al ataque, como único modo de conseguir sus expectativas (Kaplan y Szapu, 2020).
La extensa variedad en las estructuras de las familias: padres separados, aquellos que pasan mayor tiempo trabajando que en casa, madres y/o padres con otros vínculos de pareja; ha desencadenado que los roles que antes desempeñaban los padres, como asignar responsabilidades y establecer límites, normas y dirigirlos en la resolución de problemas, haya quedado implícitamente a cargo de la institución educativa, y por consecuencia, al docente (Chagas, 2005).
Desde esta perspectiva, se puede afirmar que la función de los padres respecto a la satisfacción de las necesidades psicológicas es primordial, las figuras parentales deben procurar un entorno negociador donde se desarrollen satisfactoriamente los mecanismos y estrategias de afrontamiento, produciendo así un modelo, esquema o
19 prototipo el cual al ser adquirido por el adolescente es posteriormente actualizado en su interacción y superación de inconvenientes diarios; disminuyendo así el comportamiento agresivo, siendo este entendido como reflejo de la deficiencia en cuanto a la mediación de impulsos.
MARCO EMPÍRICO
De la Torre et al. (2014) en su estudio titulado “Relaciones entre Estilos Educativos Parentales y Agresividad en Adolescentes” aplicado a 371 estudiantes entre 12 y 16 años, con el objetivo de determinar la relación que existe entre la percepción de los adolescentes sobre el estilo educativo exhibido por sus progenitores y el nivel de agresividad (física y verbal), ira y hostilidad que manifestaban hacia sus iguales; revelan que los adolescentes que atribuían a sus progenitores un estilo de socialización autoritario obtenían puntuaciones mayores en la dimensión agresividad física y mental, comparado con sus iguales que catalogaron a sus progenitores como democráticos.
Vergaray y Benavides (2020) realizaron un informe de investigación titulado
“Relación entre funcionamiento familiar y bienestar psicológico en estudiantes adolescentes de instituciones educativas de Lima” aplicado a 350 estudiantes entre 12 y 18 años, se expone resultados que demuestran un mayor porcentaje de funcionamiento familiar medio (56,1 %), seguido el nivel balanceado o idóneo (30,6 %) y en menor proporción la muestra posee un funcionamiento familiar extremo (13,2 %).
Cubas y Salinas (2020), en su investigación cuyo objetivo principal fue determinar la relación que existe entre las relaciones intrafamiliares y agresividad, en 224 estudiantes del nivel secundario de Trujillo, entre los 14 y 17 años; determinaron una relación negativa y muy significativa. Además, se observó que el 55,4 % de
20 participantes presentaron nivel Bajo de agresividad; el 28,1 % nivel Medio; y tan solo el 16,5 % nivel Alto.
La investigación realizada por Julca (2018) tuvo como objetivo determinar la relación entre las variables funcionamiento familiar y agresividad, cuyos participantes fueron 302 estudiantes de nivel secundario de Lima. Los resultados evidenciaron correlación significativa entre las variables del estudio. Respecto a la agresividad, los adolescentes presentaron mayores puntajes en la categoría medio (32 %) y alto (30 %).
El estudio realizado por Huallpa (2016) en 181 adolescentes participantes, también evidencia relación significativa entre las variables funcionamiento familiar y conducta agresiva. Los resultados indican que los adolescentes provenientes de una familia “Funcional” tienen conductas “un poco agresivos” (13,3 %) y “nada agresivo”
(10,5 %), aquellos que provienen de una familia “Moderadamente Funcional” presentan conductas “Un poco agresivo” (3,7 %) y “Nada agresivo” (19,9 %), sin embargo aquellos procedentes de una familia “Disfuncional” o “Severamente Disfuncional”
presentan conductas “Un poco agresiva” (12,7 %) y “muy agresivo” (3,3 %) .
En la investigación de Orihuela (2017) “Percepción de estilos parentales y agresividad en estudiantes de 2. ° a 5. ° grado de secundaria de una Institución Educativa de Lima”, se demostró que existe relación significativa (p< 0,05) entre el estilo parental autoritario con la agresividad; el estudio también muestra que los niveles de agresividad con mayor incidencia fue el moderado (64,4 %). Finalmente, a partir de lo encontrado, el estudio concluye que la relación instaurada entre padres e hijos es esencial para el desarrollo conductual y psicosocial del adolescente.
Acevedo y Barrantes (2014), en su estudio “Clima Social Familiar y Agresividad” realizada en adolescentes de secundaria, muestra que los participantes
21 presentaron un grado de agresividad medio (56 %), bajo (43 %) y en menor proporción (1 %) grado de agresividad alto. La investigación concluye que cuando exista un mal clima social familiar, la agresividad se presentará en porcentajes altos.
Para Cruz y Güere (2019) en su investigación “Patrones educativos parentales y conducta agresiva en adolescentes”, demostraron que el 53 % de los participantes percibía un patrón educativo democrático y el 60,9 % presentaba una tendencia baja a la conducta agresiva. El estudio concluye que existe relación estadísticamente significativa entre patrones educativos parentales y conducta agresiva.
En la investigación de Fernández y Franco (2018) “Exposición a violencia intrafamiliar y conducta agresiva en adolescentes de 4. ° y 5. ° año de secundaria”, en cuanto a la conducta agresiva los resultados mostraron que el 58,2 % de los participantes presentaron nivel alto. El estudio concluye que existe relación significativa y positiva entre la exposición a violencia intrafamiliar y conducta agresiva.
Ostiguín (2016) en su estudio “Dimensiones Ética, Estética y Ontológica del Cuidado Familiar en la población Mexicana”, cuyo objetivo fue explorar las dimensiones y el proceso del cuidado familiar en dicha población, sus resultados exponen que una de las dimensiones por la cual el cuidado familiar se expresa es la Dimensión del cuidado, donde se encuentran la ética, hábitos y actitudes virtuosas del cotidiano vivir, y además el cuidado familiar se encuentra promovido por los principios familiares del amor, la singularidad e identidad.
Guillén (2015) en su investigación “Cuidado a la familia y política pública”, cuyo objetivo fue describir y comprender el cuidado a la familia desde las políticas públicas mexicanas, señala que hay en las reglamentaciones la tendencia a proteger a los individuos en cuanto a educación, salud, economía, trabajo y vivienda; sin embargo,
22 este cuidado se desvirtúa cuando no se identifica quien debe proveerlo y expresándose como no-cuidado. El estudio concluye que hay una falta de correspondencia entre la importancia de la familia y su ausencia en las políticas públicas para ejercer su rol cuidador, intervenciones poco coordinadas sin contemplar la heterogeneidad familiar y en diferentes contextos, donde las enfermeras pueden ejercer una práctica avanzada.
En la revisión bibliográfica de Cid et al. (2008) “Agresión y violencia en la escuela como factor de riesgo del aprendizaje escolar” se expone que la agresión y violencia observada en la comunidad escolar es un problema actual y ascendente, el cual afecta las relaciones interpersonales y el ambiente escolar. Señala además que está asociada a diversos factores: individuales, familiares y su entorno social. Finalmente menciona que el equipo de salud, y dentro de este el profesional de enfermería, tienen la tarea de implementar acciones estratégicas para la atención a los niños y familias que se encuentran en riesgo de violencia.
Por lo anteriormente expuesto, si bien se puede afirmar que la agresividad tiene origen multifactorial, los factores o condiciones intrafamiliares para adoptar este patrón son fundamentales. En las investigaciones encontradas sobre agresividad y familia, muestran que estas condiciones contribuyen a una menor o mayor presencia de agresividad; es decir, que a mejores condiciones intrafamiliares se presentaría menor agresividad y cuando estas son deficientes hay mayor presencia de agresividad.
23 JUSTIFICACIÓN
Durante los últimos años, el aumento sostenido en los casos de grescas, agresiones de tipo físico, verbal, psicológico y sexual entre adolescentes y su participación en perjuicio a la sociedad ha sido considerable. En su mayoría se han debido en gran medida a las condiciones familiares en las que el individuo ha interiorizado o aprendió e hizo propias ciertas conductas, deviniendo en deserción escolar e involucramiento en actos delincuenciales.
En consecuencia, consideramos de interés investigar la relación del funcionamiento de familias con integrante adolescente y la agresividad con el fin de contribuir a mejorar e innovar estrategias desde el primer nivel de atención; es decir, en la promoción y prevención mediante el cuidado del profesional de enfermería.
Al mismo tiempo, fundamentar la incorporación del profesional de enfermería a la comunidad educativa a fin de contribuir en el diagnóstico precoz de adolescentes con conductas agresivas y el fortalecimiento del funcionamiento familiar, articulando al adolescente con el medio familiar, lo que conducirá a forjar una adolescencia saludable y futuros adultos con conductas pro sociales contribuyendo así a lograr una sociedad sana y productiva.
Siendo, además, bajo el contexto de salud actual, la enfermera(o) escolar, una necesidad pertinente y oportuna como agente de cuidado para el retorno de los niños y adolescentes a las aulas. Para que la enfermera(o) asuma este nuevo espacio de práctica profesional, es necesario que comprenda e identifique las necesidades, deficiencias y expectativas del escolar y su familia para poder preservar la salud biopsicosocial de la comunidad educativa donde se encuentra inmerso el adolescente.
24 PROBLEMA
¿Existe relación entre el nivel de funcionamiento familiar y el nivel de agresividad en los adolescentes de la I.E. Simón Lozano García, Florencia de Mora, Trujillo, 2020?
HIPÓTESIS
• 𝐻𝐴:: Existe relación significativa entre el nivel de funcionamiento familiar y el nivel de agresividad en los adolescentes de la I.E. Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo, 2020.
• 𝐻𝑜:: No existe relación significativa entre el nivel de funcionamiento familiar y el nivel de agresividad en los adolescentes de la I.E. Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo, 2020.
OBJETIVOS Objetivo general
• Determinar si existe o no relación entre el nivel de funcionamiento familiar y el nivel de agresividad en los adolescentes de la I.E. Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo, 2020.
Objetivos específicos
• Determinar el nivel de funcionamiento familiar en los adolescentes de la I.E.
Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo, 2020.
• Determinar el nivel de agresividad en los adolescentes de la I.E. Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo, 2020.
25 II. DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN
2.1. TIPO DE INVESTIGACIÓN
El presente trabajo de investigación es de tipo cuantitativo, descriptivo y correlacional, de corte transversal; basado en verificar la hipótesis y las relaciones causales entre variables (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018), se desarrolló durante los meses de octubre a diciembre del 2020, en la provincia de Trujillo, departamento de La Libertad.
2.2. POBLACIÓN Y MUESTRA
• El universo estuvo conformado por 120 adolescentes de 3.°, 4.° y 5.° año de secundaria de la Institución Educativa Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo; que cumplieron con los criterios de inclusión.
• La muestra estuvo constituida por 75 adolescentes de la misma institución educativa obtenidos mediante muestreo aleatorio simple (Anexo 1) los cuales por afijación proporcional (Anexo 2) fueron tomados de cada sección.
2.3. CRITERIOS DE INCLUSIÓN
• Adolescentes de sexo masculino y femenino.
• Adolescentes entre 11 y 19 años.
• Adolescentes matriculados y asistentes regulares del año académico 2020 de la I.E. Simón Lozano García.
• Estudiantes de 3. °, 4. ° y 5. ° año de secundaria de la I.E. Simón Lozano García.
• Adolescentes que aceptaron participar voluntariamente en la investigación.
26 2.4. UNIDAD DE ANÁLISIS
La unidad de análisis estuvo conformada por cada uno de los estudiantes de 3. °, 4. ° y 5. ° año de secundaria de la Institución Educativa Simón Lozano García de Florencia de Mora, Trujillo; que cumplieron con los criterios de inclusión.
2.5. INSTRUMENTOS
Los datos fueron obtenidos a través de dos instrumentos, los cuales se detallan a continuación:
A. TEST DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR (Anexo 3)
El instrumento elaborado por los investigadores del presente estudio, cuyo contenido se ha originado de los Principios de Familia de Bustamante (2004) como se encuentra expresado en el marco teórico, consta de 16 ítems, de los cuales los tres primeros pertenecen al principio de Identidad, que según Esquer (2000) es entendida como la identificación del sujeto con el grupo al cual pertenece, en este caso su familia.
Los ítems 4, 5, y 6 que se originan del principio de Conversación, que a la luz de Maturana (1988) es el entrelazamiento de las coordinaciones conductuales, consensuales y las emociones que ocurre al convivir.
Los ítems 7, 8 y 9 del principio de Solidaridad, consiste en asumir los intereses del otro como propios (De Lucas, 1993, como se citó en Duque, 2013); y que además según García, De Oliveira, y Muñoz (1982) se intensifica durante las épocas de crisis y cambio social.
Los ítems 10, 11 y 12 pertenecen al principio de Amor, fundamentados en Boff (1999) que señala que el amor es la manifestación más alta de cuidado, se cuida lo que se ama y es a través del cuidado que se aprende a ser más amoroso.
Finalmente, los ítems 13, 14, 15 y 16 se originan del principio de Lucha por la vida, que es el acto de dedicación y resguardo para el aseguramiento de la existencia y
27 de una vida con dignidad. La familia cuida y lucha por la vida de sus miembros manteniéndose ligada a grupos sociales coordinando sus movimientos a fin de proteger las pertenencias materiales e ingreso familiar (Bustamante, 2004).
Este cuestionario se evalúa mediante una escala tipo Likert que considera tres opciones de respuesta: Nunca, asume el valor de 1 punto; A veces, 2 puntos y Siempre, 3 puntos. El puntaje total del instrumento se obtiene sumando sus 16 ítems que lo componen, con lo cual se alcanza un puntaje máximo de 48 puntos y mínimo de 16 puntos, permitiendo determinar la funcionalidad familiar y clasificarla según el puntaje alcanzado en funcionamiento familiar alto, medio o bajo.
B. TEST DE AGRESIVIDAD (Anexo 4)
Es un instrumento elaborado por los investigadores de la presente investigación, cuya base teórica del mismo se centra en Winnicott (1981), señalada en el Marco Teórico.
El test está compuesto por 22 ítems, de los cuales los ítems 1, 2, 3, y 20 corresponden al acompañamiento de los padres (holding); los ítems 12, 13, 18 y 21 corresponden al ambiente o entorno facilitador (handling), el ítem 15 holding y handling, los ítems 16, 17 y 19 valoran la culpabilidad y responsabilidad sobre sus actos; los ítems 9, 14 y 22 valoran la agresividad primaria y, por último, los ítems 4, 5, 6, 7, 8, 10 y 11 se enfocan en valorar la agresividad reactiva, destructiva, inadecuada resolución de conflictos y conducta antisocial.
Se evalúa mediante una escala tipo Likert que considera tres opciones de respuesta: No, A veces y Sí. En los ítems 1 al 13, la opción No tiene un valor de 1 punto; A veces, 2 puntos y Sí, 3 puntos. En los ítems 14 al 22 la calificación es inversa para dar dinamismo a la prueba y coherencia lógica del puntaje con el ítem.
28 El puntaje final del instrumento está formado por la suma de cada uno de los ítems, alcanzando 66 puntos como máximo y 22 puntos como mínimo. Clasificando, según el puntaje obtenido, en Agresividad Alta, Moderada o Baja.
2.6. CONTROL DE CALIDAD DE DATOS VALIDEZ:
La prueba de validez discriminante o divergente utilizada al correlacionar el Test de Agresividad con la Escala de Bienestar Percibido de Reker (1984) (Anexo 5) y la Escala de la Felicidad de Alarcón (2006) (Anexo 6), arroja correlación inversa en los 27 casos de la prueba piloto, tal como se observa a continuación:
** Correlación altamente significativa (p< 0,01).
Instrumento Escala Correlación de
Pearson
Significación
Test de Agresividad
Escala de Bienestar Percibido de Reker, G.
-0,697 p: 0,000**
Escala de la Felicidad de Alarcón, R.
-0,601 p: 0,001**
29 La validación convergente utilizada al correlacionar el Test de funcionamiento arroja resultados significativos con la Escala de Bienestar Percibido y altamente significativos con la Escala de la Felicidad en los 27 casos de la prueba piloto, tal como se muestra a continuación:
* Correlación significativa (p< 0,05).
** Correlación altamente significativa (p< 0,01).
CONFIABILIDAD:
El análisis de la fiabilidad de los instrumentos “Test de Funcionamiento Familiar” y “Test de agresividad” se realizó mediante prueba estadística del coeficiente Alpha de Cronbach. Los resultados arrojaron valores de 0,754 y 0,703 respectivamente, siendo ambos instrumentos significativamente confiables.
Instrumento
Escala Correlación de Pearson
Significación
Test de Funcionamiento
Familiar
Escala de Bienestar Percibido de Reker, G.
0,460 p: 0,016*
Escala de la Felicidad de Alarcón, R.
0,542 p: 0,004**
30 2.7. PROCEDIMIENTO
La obtención de datos se realizó de la siguiente manera:
• Se coordinó con las autoridades correspondientes de la I.E Simón Lozano García (director y tutores de cada año y sección) a fin de obtener el permiso, los correos electrónicos y grupos de WhatsApp de tutoría de los estudiantes.
• Los estudiantes que aceptaron participar del estudio recibieron el Consentimiento informado (Anexo 7) y el link del sitio web donde se encontraban los instrumentos. La administración de los cuestionarios se realizó a través de la plataforma online Google Forms; al ingresar, procedían a adjuntar el consentimiento y asentimiento ya firmado, así como registrar sus datos de la Ficha Descriptiva Familiar (Anexo 8), para luego proceder a responder los ítems de cada uno de los instrumentos de la investigación.
• Finalmente, la información obtenida se revisó para asegurar que esté completa y posteriormente se calificó según los puntajes establecidos para cada instrumento. Los resultados obtenidos se tabularon para ser debidamente procesados y analizados.
2.8. PROCESAMIENTO DE DATOS
La información obtenida a través de los instrumentos, previamente detallada, fue ingresada y procesada en el programa estadístico IBM SPSS STATISTICS Versión 25. Para determinar la existencia de relación entre las variables de estudio se hizo uso de la medida Tau-b de Kendall, la cual identifica la relación entre dos variables cualitativas ordinales con la misma cantidad de niveles; considerando que existen evidencias suficientes de significación estadística si la probabilidad de equivocarse es menor o igual al cinco por ciento (p≤0,05).
31 2.9 DEFINICIÓN DE VARIABLES DE ESTUDIO
• VARIABLE INDEPENDIENTE: Nivel de Funcionamiento familiar
DEFINICIÓN CONCEPTUAL: Relaciones del sujeto y familia sustentadas en la identidad, conversación, solidaridad, amor y la lucha por la vida que articulan al individuo con su grupo familiar; los cuales además dan soporte a su manera de conceptuar, concebir o entenderla y aseguran su equilibrio (Bustamante, 2004).
DEFINICIÓN OPERACIONAL: Según los puntajes alcanzados se clasificará en alto, medio y bajo de la siguiente forma:
• VARIABLE DEPENDIENTE: Nivel de Agresividad.
DEFINICIÓN CONCEPTUAL: Fuerza, manifestación de vitalidad, la cual, cuando no se desarrolla dentro de un entorno facilitador (handling) y un adecuado acompañamiento y sostenimiento de los padres (holding) se traduce en una agresividad destructiva y antisocial (Winnicott, 1981).
DEFINICIÓN OPERACIONAL: Según los puntajes obtenidos se clasificará:
Nivel Puntaje
Alto 53-66
Medio 36-52
Bajo 22-35
Nivel Puntaje
Alto 42-48
Medio 29-41
Bajo 16-28
32 2.10. CONSIDERACIONES ÉTICAS Y DE RIGOR CIENTÍFICO
Los principios éticos considerados en la investigación son:
Autonomía: Libertad de la persona para elegir razonablemente y gobernarse según sus intereses y en la medida de sus posibilidades (Ruiz de Chávez y Koepsell, 2015). La noción de asentimiento informado solicitado al adolescente en el estudio, permitió ampliar su autonomía. Si bien es necesario el consentimiento informado de los padres debido a su menoría de edad, el adolescente, al estar informado acerca de los objetivos del estudio, incrementa su capacidad de libre elección de participación y el respeto a su decisión de suspenderla cuando lo crea necesario.
Confidencialidad: En el estudio se informó y mantuvo el anonimato de los participantes, así como a la privacidad de la información que es revelada por los mismos; la cual fue de uso exclusivo para la investigación y de conocimiento solo de los investigadores. Los datos proporcionados fueron guardados en un USB exclusivo para la investigación, evitando que los datos puedan ser de conocimiento y uso externo a la investigación.
Beneficencia: La beneficencia significa cuidar a los sujetos de un estudio y a la sociedad en general, así como asegurarse de que los beneficios superen a los daños (Ruiz de Chávez y Koepsell, 2015). El estudio contribuye al mantenimiento o propicio al bienestar del adolescente, su familia y comunidad, siendo este también de impacto social positivo.
33 III. RESULTADOS
Tabla 1
CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LOS ADOLESCENTES DE LA I.E.
SIMÓN LOZANO GARCÍA DE FLORENCIA DE MORA, TRUJILLO, 2020.
Características no %
Edad
14 6 8,0
15 19 25,3
16 30 40,0
17 17 22,7
18 1 1,3
19 2 2,7
Sexo Femenino 42 56,0
Masculino 33 44,0
Grado de estudios
3.° 23 30,7
4.° 29 38,7
5.° 23 30,7
Tipo de familia
Extensa 11 14,7
Monoparental 30 40,0
Nuclear 34 45,3
Grado de instrucción del padre
Sin instrucción 3 4,0
Primaria incompleta 11 14,7
Primaria completa 15 20,0
Secundaria incompleta 17 22,7
Secundaria completa 24 32,0
Superior 5 6,7
Grado de instrucción de la madre
Sin instrucción 13 17,3
Primaria incompleta 19 25,3
Primaria completa 14 18,7
Secundaria incompleta 12 16,0
Secundaria completa 7 9,3
Superior 10 13,3
34
Características no %
Ingreso familiar mensual
500-930 58 77,3
930-1200 8 10,7
1200 a + 9 12,0
Alguien tuvo COVID en la familia
No 50 66,7
Si 25 33,3
Percepción de la funcionalidad familiar afectada por la pandemia
No 18 24,0
Si 57 76,0
Percepción del aumento de la agresividad por la
pandemia
No 58 77,3
Si 17 22,7
Total 75 100,0
Nota: Casamayor, S. Díaz, A. y Bustamante, S. (2021). Funcionamiento familiar y agresividad en adolescentes en el marco de la pandemia por COVID-19.
35 Tabla 2
NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR DE LOS ADOLESCENTES DE LA I.E. SIMÓN LOZANO GARCÍA DE FLORENCIA DE MORA, TRUJILLO, 2020.
Nivel de funcionamiento familiar no %
Bajo 2 2,7
Medio 33 44,0
Alto 40 53,3
Total 75 100,0
Nota: Casamayor, S. Díaz, A. y Bustamante, S. (2021). Funcionamiento familiar y agresividad en adolescentes en el marco de la pandemia por COVID-19.
36 Tabla 3
NIVEL DE AGRESIVIDAD DE LOS ADOLESCENTES DE SECUNDARIA DE LA I.E. SIMÓN LOZANO GARCÍA DE FLORENCIA DE MORA, TRUJILLO, 2020.
Nivel de agresividad no %
Baja 50 66,7
Moderada 23 30,7
Alta 2 2,6
Total 75 100,0
Nota: Casamayor, S. Díaz, A. y Bustamante, S. (2021). Funcionamiento familiar y agresividad en adolescentes en el marco de la pandemia por COVID-19.
37 Tabla 4
RELACIÓN ENTRE EL NIVEL DE FUNCIONAMIENTO FAMILIAR Y NIVEL DE AGRESIVIDAD DE LOS ADOLESCENTES DE LA I.E. SIMÓN LOZANO GARCÍA DE FLORENCIA DE MORA, TRUJILLO, 2020.
Nivel de agresividad
Nivel de funcionamiento familiar
Total
Bajo Medio Alto
no % no % no % no %
Baja 0 0,0 17 22,7 33 44,0 50 66,7
Moderada 0 0,0 16 21,3 7 9,3 23 30,7
Alta 2 2,7 0 0,0 0 0,0 2 2,7
Total 2 2,7 33 44,0 40 53,3 75 100,0
Tau b de Kendall= -0,403 p = 0,001 (p< 0,05) Relación altamente significativa
Nota: Casamayor, S. Díaz, A. y Bustamante, S. (2021). Funcionamiento familiar y agresividad en adolescentes en el marco de la pandemia por COVID-19.
38 IV. ANÁLISIS Y DISCUSIÓN DE RESULTADOS
El trabajo de investigación realizado a fin de determinar la relación que existe entre el funcionamiento familiar y la agresividad en los adolescentes de la I.E. “Simón Lozano García” de Florencia de Mora, arrojó los siguientes resultados:
En la Tabla 1 se resumen las características sociodemográficas de los adolescentes participantes. En cuanto a la edad, de los 75 adolescentes que conformaron la muestra, el 40 % lo ocupan los adolescentes de 16 años, seguido de los adolescentes de 15 (25,3 %) y 17 años (22,7 %); y en cuanto al sexo, se encontró que el 56 % son de sexo femenino. Estos resultados son similares a los hallazgos de Orihuela (2017), donde el 50,6 % de los adolescentes son de sexo femenino y el 75,3 % tienen entre los 14 y 17 años.
Según la distribución por grado de estudios fue similar entre tercer año y quinto año (30,7 %) respectivamente, sin embargo, la muestra fue relativamente mayor en cuarto año (38, 7%).
Según el tipo de familia, los resultados muestran que el 45,3 % de los adolescentes pertenecen al tipo de familia nuclear; mientras que el 40 %, al tipo monoparental y el 14,7 %, al tipo de familia extensa. Los resultados guardan similitud con los del INEI (2020): hogares con menores de 18 años en el área urbana, el 70 % integran hogares de tipo nuclear y el 29 % hogares monoparentales.
El grado de instrucción paterno, la mayoría alcanzan un grado de instrucción de secundaria completa (32 %), seguido de secundaria incompleta (22,7 %). En cuanto al grado de instrucción alcanzado por la madre, la mayoría alcanza el nivel académico de primaria incompleta (25,3 %), seguido de primaria completa (18,7 %). Estos resultados son similares a los presentados por INEI (2019), los cuales indican que los hombres de 25 años a más alcanzan en su mayoría un grado académico de secundaria (42,4 %); sin
39 embargo, difieren los resultados en las mujeres, donde el 34,1 % alcanza un nivel secundario, seguido por el nivel primario representado por el 27,2 %.
Otra de las características sociodemográficas resaltantes es el ingreso familiar mensual, donde el 77,3 % indica que este es entre 500 a 930 soles. Esto quiere decir, que percibe ingresos iguales o inferiores a una remuneración mínima vital, fijada desde el año 2018. Esto podría deberse a que, durante la pandemia y las medidas preventivas impuestas, solo los trabajadores formales gozan de protección establecida en las normas y los trabajadores independientes han carecido de ella. Además, que la proporción de asalariados formales en el mercado laboral peruano es muy pequeña y en esta coyuntura sanitaria, solo una porción limitada de los hogares ha contado con protección normativa y los demás hogares son los más afectados (Jaramillo y Ñopo, 2020).
Respecto a la presencia de la enfermedad de COVID-19 en el entorno familiar, el 33,3 % asegura que alguno de los miembros de su familia ha sido afectado con esta enfermedad; sin embargo, el 66,7 % manifiesta que ningún miembro de su familia ha enfermado por este virus. Además, el 76 % percibe que la pandemia afectó la funcionalidad de su familia, mientras el 24 % reporta no haber sido afectada. Por último, el 77,3 % manifiesta no haber percibido aumento de agresividad durante la pandemia, mientras el 22,7 % manifiesta que sí.
En relación al funcionamiento familiar, en la Tabla 2 se observó predominio de adolescentes con familias cuyo funcionamiento familiar se encuentra en el nivel alto (53,3 %), seguido del nivel medio (44 %) y en menor proporción en nivel bajo (2,7 %).
Los resultados evidencian un funcionamiento familiar adecuado, pues en su mayoría el nivel alto y medio componen la muestra. Similar a los hallazgos de Cornejo (2018), donde el 78,1 % de adolescentes se ubican en el nivel adecuado de funcionamiento familiar.
40 Así mismo, Vergaray y Benavides (2020) describen que el 86,7 % de sus participantes proviene de familias con un adecuado funcionamiento familiar y solo un 13,2 % posee un funcionamiento familiar bajo o extremo.
De igual forma, en los hallazgos de Higuita y Cardona (2016) el 69,4 % de los adolescentes señaló ser parte de hogares funcionales; mientras el 30,6 %, integrar familias disfuncionales. El estudio también menciona existe una elevada prevalencia de disfuncionalidad familiar en aquellas familias con miembros adolescentes próximos a los 16 años, con padres con escasa escolaridad, así como en las que hay ausencia de al menos uno de los progenitores.
Otras investigaciones presentan mayor prevalencia de un funcionamiento familiar bajo o extremo, Quispe y Rodríguez (2016) señalan que el 62,8 % de los participantes presentaron un funcionamiento familiar medio, 19,1 % extremo o bajo y solo el 18 % presentaron nivel balanceado o alto.
Esto difiere con la presente investigación donde predomina un adecuado funcionamiento familiar, lo cual pueda deberse a la proximidad generada por el confinamiento y el miedo a la enfermedad o muerte de un ser querido.
Si bien ante situaciones de emergencia de salud pública habitualmente el clima familiar empeora(Lee, 2020); también sucede que las familias ante acontecimientos de alto estrés pueden experimentar resiliencia y crecimiento postraumático, adaptándose adecuadamente a estas situaciones perturbadoras reforzando así los vínculos afectivos dentro del sistema familiar (Prime et al., 2020).
Es importante también mencionar que las investigaciones mencionadas coinciden con la presente en el predominio de la estructura familiar de tipo nuclear. En base al Marco Teórico considerado en el presente estudio y a los hallazgos en los diferentes antecedentes, podemos decir que el tipo de familia es un factor determinante