© José Antonio González Suárez y David González Pujana, 2016 © Ilustraciones: Jonathan González Pujana, 2016 © EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2016 Henao, 6 – 48009 Bilbao www.edesclee.com [email protected] EditorialDesclee @EdDesclee Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.
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ISBN: 978-84-330-3786-2
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Este libro está dedicado… … A Mary Paz González Suárez Hermana y tía, lucero en el amanecer de nuestras vidas, guía en las noches turbulentas donde el miedo atenaza nuestra existencia. Gracias por existir y por tener siempre abierta la puerta de tu corazón. … A Ane Juanes González Nieta y sobrina. Tu llegada a este planeta fue para nosotros un suspiro de esperanza, un retorno a la inocencia perdida. Has cautivado nuestros corazones y has logrado que nuestros labios dibujen sonrisas de ternura y amor.
PRÓLOGO
por Begoña Ibarrola
Existen en el mercado muchos libros de autoayuda que prometen al lector un cambio en su vida, casi mágico, después de su lectura. El libro que tienes ahora entre las manos también puede ayudarte a cambiar, pero siempre y cuando recorras paso a paso el camino que, de forma sencilla y magistral, te muestran los autores, sin prisas, a tu ritmo, mejor dicho, al ritmo que tu corazón te pida.
Puedes estar seguro de que los cambios llegarán a tu vida si abres tu consciencia, si decides emprender este emocionante viaje. Primero debes preparar tu maleta, luego saber dónde quieres ir y en tercer lugar utilizar los medios que tú elijas para llegar a tu destino.
Por eso, en principio, tendrás que seleccionar bien qué ideas, creencias, emociones y hábitos quieres llevar contigo pero también es importante decidir lo que no quieres llevar, aquello que quizás en otras ocasiones metiste en tu maleta, casi de forma automática o por costumbre, y que luego no te sirvió para nada e hizo que el peso de tu equipaje aumentara inútilmente.
Este libro puede ayudarte a decidir qué quieres llevar en tu viaje y a dónde quieres ir, pero serán tu alma y tu corazón quienes te indiquen cuál es el destino que en este momento de tu vida necesitas, pues la aventura de la vida te ofrece numerosas estaciones de paso que no están reflejadas en un plano, aunque te van a ser de mucha utilidad para llegar al final del viaje, lo que significa morir en este plano limitado de manifestación. Esta es la razón por la cual este libro te puede ayudar a vivir y a morir, las dos caras de la misma moneda, aprendizaje que todos debemos hacer y que muy pocos hemos recibido en nuestro proceso educativo.
Otro motivo por el cual te recomiendo este libro tiene que ver con unas palabras escritas en piedra en el frontispicio del templo de Delfos hace ya muchos siglos, pero que siguen teniendo vigencia: “Conócete a ti mismo”. Tienes en tus manos un manual de autoconocimiento que te va a guiar por caminos interiores, despertando tu sabiduría interna para llegar a ser una persona más madura y feliz, dueña de tu vida y creadora de tu realidad personal.
El descubrimiento de ese fantástico mundo interior lleno de emociones, sentimientos, pensamientos, creencias, etc., es quizás uno de los objetivos de este libro, pero descubrir
cómo soy no es nada comparado con descubrir cómo quiero ser: es aquí donde radica, a mi modo de ver, el valor máximo de “Abre tu consciencia”, pues, después del primer paso, debe llegar el segundo y el tercero y así, de forma práctica te encontrarás disfrutando de su lectura mientras reflexionas sobre aspectos de tu persona a menudo desconocidos, pero importantes.
Las preguntas al final de cada capítulo, el escribir en paralelo a su lectura, las propias reflexiones, el valorar los relatos que te han “tocado el corazón”, son elementos muy valiosos y complementarios a su lectura, pero necesarios si quieres que este libro te ayude en tu proceso de crecimiento personal. Tus respuestas pueden sorprenderte, a lo mejor las esperabas, pero seguro que te descubren aspectos de ti muy interesantes.
José Antonio es una gran persona, un gran amigo, y un profesional extraordinario que ha sabido descubrir en sí mismo ese universo interior que él tan bien define y te invita a descubrir. Solo un experto explorador puede convertirse en guía, y de eso doy fe, de que los caminos que la vida le ha ido mostrando en el mapa, los ha recorrido reflexivamente, con impecabilidad y fuerza, como los mejores guerreros, por eso es un lujo contar con sus experiencias como viajero por los territorios de la vida interior, volcadas en este libro. Y en su caminar no ha estado solo pues su hijo, ha sido compañero de viaje en estos últimos años en los que han creado un vínculo aún más fuerte que el de la genética, al compartir las aventuras del desarrollo de la consciencia. Madurez y juventud, experiencia calmada y afán de descubrir y explorar, reflexión y acción, deleite y disfrute de conocer juntos cómo cambiar la propia realidad, un poder que todos tenemos y que solo algunos saben usar.
Te animo a una lectura pausada y constante. Prepara tu equipaje y embárcate en la gran aventura que te propone este libro. Te garantizo que no te arrepentirás, pero eso sí, no vas a cambiar tu vida solo por leerlo, así que, al igual que un mapa no es un territorio, te invito a comenzar el viaje más emocionante que puedas realizar: un viaje al interior de ti mismo.
PRESENTACIÓN
Calentando motores
(Evalúa cada uno de los relatos)
La consciencia es la capacidad que nuestro cerebro tiene y que nos permite no solo ser consciente de la realidad exterior, sino de nuestra propia realidad interna. Ser consciente de lo que, de manera continua, está ocurriendo en nuestro interior. Es como la luz interior, que si la tenemos encendida, ilumina y nos permite observar todo lo que va ocurriendo dentro de nuestro cerebro. Las personas conscientes, son las personas que han logrado comprenderse a sí mismas, asumen la responsabilidad de su vida y viven una vida de plenitud, irradian energía y entusiasmo, seducen y atraen.
Las personas inconscientes son las personas que su luz interior está apagada. Se dedican solo a sobrevivir, sin darse cuenta de la inmensidad de oportunidades que cada día se abren a su paso. Caen en la rutina y el aburrimiento, en el sinsentido y la depresión. Son seres fácilmente manipulables o manipuladores.
Estimado lector, estimada lectora, sea tu vida la que realmente sea, tu nivel de consciencia se puede abrir, expandir mucho más allá de lo sensorial y material. Las cosas que merecen la pena suelen ser la mayoría de ellas intangibles, inmateriales. Están a nuestro alcance, nos pertenecen y pueden ser la pieza clave para encontrar lo que continuamente buscamos: el sentido a nuestra existencia, en este periodo de tiempo que vamos a transitar por el planeta tierra.
El libro que te presentamos no es un libro solo para leer y pasar un rato más o menos agradable. Es un libro que te va a hacer pensar y sentir, cuestionarte muchas cosas que estamos seguros, ocurren en tu vida. Te aseguramos una cosa, si continúas, durante el resto que te queda de vida, pensando de la misma forma que piensas, sintiendo y actuando como siempre lo has hecho, no esperes que cambie nada en tu vida. Cosecharás, día tras día, mes tras mes y año tras año más de lo mismo. Nada va a cambiar y con los años las cosas posiblemente vayan a peor.
Te presentamos aquí una oportunidad que te permitirá ir abandonando los pensamientos o ideas negativas que sueles tener, las emociones tóxicas y desagradables que atenazan tu cuerpo y te privan de gozar del bienestar que tanto deseas.
Lo que tú eres hasta el día de hoy, es una consecuencia de situaciones vitales impuestas por las circunstancias. Es el momento en que te animamos a que cojas las riendas de tu vida y la reinventes como tú deseas y quieres. Te animamos a que seas tú quien cree la realidad de cada día.
Pronto te darás cuenta de que la obra que te presentamos te va a invitar a la acción, a reflexionar y meditar, a que una vez que leas cada uno de los relatos, los interiorices y los hagas tuyos. Pasa a la acción, compra un cuaderno y vete escribiendo cada una de las respuestas que vas a ir dando a las preguntas que, relato a relato, te vamos a ir haciendo.
Las personas que escriben estas letras, se han hecho estas mismas preguntas y se las continúan haciendo en sus vidas y han obtenido grandes ventajas gracias a ellas. Como vas a ver, no hemos dividido el libro en capítulos, sino en bloques. Bloques que te ayudarán a ir construyendo la casa de tu vida. En la casa de tu vida es importante que te sientas cómodo, a gusto, que te sientas dueña o dueño, señor o señora de ella.
Cada bloque de relatos está diseñado para ayudarte a desarrollar una de las seis competencias (del bloque 2º al 7º) que configuran la inteligencia emocional. Observarás que en el índice, las primeras páginas de cada bloque están marcadas con una llave. Son las páginas, que te aconsejamos leas primero, ya que te van a dar una visión global de las competencias que deseamos ayudarte a desarrollar.
Luego puedes empezar a leer los relatos, pero despacio. Sabemos que leer todos seguidos no es aconsejable. Deja espacios de tiempo entre lecturas, sobre todo si aparece el cansancio. Verás que cada uno de los relatos conlleva un sistema de evaluación (cinco estrellas) te animamos a que otorgues una puntuación del 1 al 5 a cada uno de los relatos, de la siguiente forma:
Es algo importantísimo para mí y estoy dispuesto a aplicarlo en mi vida desde hoy
Es muy importante y con frecuencia me ocurre esto en mi vida
Es interesante y en parte me identifico con ello
Es interesante pero nada tiene que ver conmigo
No me ha dicho nada nuevo
Una vez que termines la primera lectura y hayas valorado la importancia para ti de cada relato, es importante que ahora solamente vuelvas a leer los relatos que has evaluado con 4 o 5 estrellas.
Y a la vez es muy interesante que en el cuaderno que te hemos aconsejado, escribas las respuestas que vas dando a cada una de las preguntas.
Este libro no solo va dirigido a ti y puede ser muy útil para:
Regalar a una persona que consideras le va a venir muy bien. Nunca lo recomiendes si antes tú no lo has leído y no has notado resultados positivos para tu vida. Es un libro para aconsejar a personas que están en algún proceso psicoterapéutico o de cambio personal, como complemento al trabajo que están desarrollando.
En tertulias y reuniones con amistades, puede ser un libro para comprometerse a leer el mismo o los mismos relatos y compartir después experiencias y puntos de vista diferentes. Es un libro que conviene volver a ojearlo de vez en cuando. No es un libro para, una vez leído, dormitar en una librería. Es un libro que te va a invitar a volverlo a leer y releer, a pensar y a sentir. Es un libro que, tarde o temprano, formará parte de tu vida. Despertará en ti abundantes emociones positivas. En esta obra están recogidas muchas, muchísimas alusiones a experiencias vividas por las personas que aquí escriben desde hace más de treinta años. Conscientemente hemos querido que el lenguaje de este libro fuese sencillo, amable, cercano, evitando en todo momento tecnicismos y palabras de difícil comprensión. Nuestro público lector es una persona normal que no ha tenido acceso a estudios de psicología o filosofía. Que tiene todo el derecho a saber qué está ocurriendo en su interior y qué caminos le pueden ayudar a ser cada día una persona más consciente y algo más feliz.
Este es un libro que necesariamente te va a conducir a entender, comprender y disfrutar del viaje más apasionante de todos los viajes. El viaje de vivir tu propia vida. Ese viaje solo lo puedes hacer tú.
PLATAFORMA DE DESPEGUE
Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias.
Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo
Este libro está en el instante preciso de despegar. Sin ti, lector o lectora, este libro no tendría sentido. Gracias por estar ahí, por empezar a tenerlo y sentirlo entre tus manos. Disfrutamos mucho escribiéndolo y esperamos que ahora tú lo disfrutes. Porque los libros son para disfrutarlos, no solo para leerlos. Si los leemos y no los disfrutamos no llegan al corazón y se quedan atrapados en la razón y muy pronto, demasiado pronto, se olvidan y pasan a ser parte de los libros olvidados en cualquier estantería. Lo hemos escrito para que te llegue al corazón y, si tú lo consideras importante, te ayude a levantar el vuelo y volar por el bosque grandioso, entrañable y apasionante de la vida. Aunque existan personas y medios de comunicación social (manipulación) que cada mañana, al escuchar un telediario nos quieran hacer ver que la vida es algo terrible, monstruoso; donde las guerras, el hambre, la escasez y la miseria hayan anidado en sesenta millones de seres humanos y en estos momentos estén, algunos de ellos, arriesgando su vida por llegar a la tierra prometida del dios dinero y del becerro de oro que unos pocos nos sentimos dueños y poseedores, propietarios en exclusiva.
Queremos que tú junto a nosotros, los autores, demos un paseo por el precioso bosque de tu vida. Tal vez hasta ahora no lo has visto así o sientas que tu vida es un bosque peligroso y aburrido.
Alguien dijo, nada menos que el mensajero del rey del universo, según versión de los cristianos, que para entrar en el Reino de los Cielos tenemos que convertirnos en niños o niñas. A nosotros eso no nos corresponde explicártelo. Pero te podemos augurar que según vayas adentrándote en las historias que te vamos contando, empezarás a observar tu bosque, el mismo bosque de tu vida que tantas veces has visitado, desde otra perspectiva, no en blanco y negro, sino con todos los colores del arco iris. Y en tu bosque, sin tener que esperar a morirte, vas a encontrar el bienestar que tanto buscas, la paz interior que tanto anhelas, la respuesta desde dentro de ti a muchas preguntas que hasta ahora has querido encontrar fuera de ti, en
libros, cursillos, conferencias u otras personas ajenas a tu vida.
Mientras que el libro va alzando el vuelo y empieza a despegar, queremos empezar contándote un cuento o más bien una pequeña historia. Léela con ojos de niño o niña. Porque para leer las historias de este libro, este puñadito de historias, tenemos que regresar a la niñez y disfrutarlas tanto como disfrutábamos cuando nuestro padre, madre, abuela o abuelo nos las contaban en el momento de ir a la cama.
RELATO
La colonia de gusanos
En el tronco de un frondoso y robusto árbol de un bosque milenario, vivía una colonia de gusanos. Eran felices a su modo, nunca habían conocido otros árboles ni eran conscientes de que estaban en mitad de un bosque repleto de árboles y otras colonias de gusanos. Su actividad diaria consistía exclusivamente en comer, llenar su estómago y que su cuerpo fuese grande y esbelto. Este era su único objetivo en la vida.
Uno de los gusanos que formaba la colonia, empezó a aburrirse y a pensar que aquel estilo de vida no le satisfacía. Entró en una profunda depresión. Una depresión existencial, no acababa de encontrar el sentido a su existencia. Decidió entonces aislarse del resto de gusanos, incomunicarse, para dedicar el tiempo suficiente a reflexionar sobre aquello que tanto le atormentaba. Se aisló y empezó a meditar. Su cuerpo empezó a desprender un finísimo hilito de seda que poco a poco iba envolviendo su cuerpo.
El resto de gusanos no entendían nada y pensaban que su compañero se había vuelto loco. “Le va a pasar algo” se decían los unos a los otros. Otros lo criticaban diciendo: “Con lo ricas que están ahora en primavera estas cortezas, no sabe lo que se pierde”.
Pasaban los días y las noches, pero todo el día alguno de los gusanos iba a visitarlo, pensando que tal vez pronto lo encontrasen muerto.
Un buen día, cuando uno de los gusanos se acercó para ver cómo se encontraba su amigo, se llevó la gran sorpresa de que había desaparecido, no estaba. Estaban los hilitos de seda que rodeaban su cuerpo, su interior estaba vacío. Miró para ver si estaba fuera en el resto de la corteza de aquel árbol, pero tampoco lo encontró. Levantó su cabeza un poco y muy cerca del árbol observó que una bella y radiante mariposa iba volando y posándose de flor en flor. Jamás pensó que su amigo se había convertido en esa mariposa, ni tampoco llegó a darse cuenta de que también él, era capaz y estaba dotado para convertirse en una bella mariposa y de esta forma disfrutar de aquel frondoso bosque y no pasarse la vida en aquel tronco del árbol.
Los humanos también vivimos en colonias y también necesitamos con cierta frecuencia reflexionar sobre nuestra propia existencia, el sentido que tiene nuestra vida. Las grandes preguntas que todos nos hacemos y que tan difícil es responder a ellas.
Hay muchos humanos que se pasan la vida en el mismo árbol y que hasta llegan a creer, que en el frondoso bosque de la vida no existen más árboles que el suyo, ni más colonias de gusanos. Pasan su vida aburridos, desesperados, ansiosos, estresados y su único objetivo consiste en adorar al becerro de oro que es el dinero. Se hacen egoístas, tacaños, egocéntricos y codiciosos. Su mente se estrecha, sus rutas neuronales se van paralizando y pronto empiezan a padecer miopía emocional. No son capaces de percibir más allá del placer o del objetivo inmediato, sin importarles para nada el precio que si no son ellos, otros tienen que pagar. Están convencidos de que el poder y la riqueza material son lo único que merece la pena.
Amigo lector o lectora, sin duda alguna el poder y la riqueza material son recursos valiosos y útiles; pero reducir la vida humana a solo eso, es renunciar a la capacidad que tenemos de volar, de salirnos de la corteza de ese árbol e ir volando por el bosque de la vida, disfrutando
de muchísimas más cosas.
La inteligencia emocional nos informa de que los humanos, al igual que los mamíferos, nacemos con la capacidad de sentir una serie de emociones arraigadas en nuestro cuerpo. Emociones de supervivencia, mecanismos que permiten adaptarnos a los entornos e ir superando las dificultades. Dichas emociones son, la alegría, la tristeza, el miedo, la rabia, la sorpresa, al asco y la vergüenza.
La buena gestión de estas emociones nos convierte en animales inteligentes, que han aprendido a utilizar adecuadamente cada uno de estos mecanismos.
Pero esto no es suficiente. Somos un gusano de seda, capaz de desarrollar alas que nos permitan volar e ir más allá de los sentidos, al mundo de lo intangible. Desarrollar en nuestra vida emociones, que ya no son mecanismos de supervivencia, sino mecanismos que nos permiten poder comprender nuestra realidad personal y la realidad de este planeta desde una dimensión extrasensorial.
Los humanos que un día se dan cuenta de que son capaces de desarrollar alas y volar, se adentran en un mundo no solamente de emociones de supervivencia, sino de emociones que vamos a llamar elevadas. Echamos alas y volamos cuando somos capaces de ser generosos, agradecidos, solidarios, sensibles, altruistas, compasivos, tiernos. Estas son las emociones elevadas que nos hacen sentir niveles de bienestar y de paz interior sublimes.
Tenemos que tomar decisiones en nuestra vida de una forma continuada, pero hay decisiones muy importantes, decisiones que pueden cambiar radicalmente el rumbo de nuestras vidas. Sobre todo la decisión de reflexionar para darnos cuenta que cada ser humano es una mariposa, no solo un gusano, pero el desarrollar alas requiere su tiempo y espacio.
Espero encontrarte, amigo lector o lectora, volteando por el bosque de la vida de flor en flor.
¿Eres consciente de que tú eres un auténtico gusano de seda que se puede convertir en una bella y radiante mariposa?
¿Te sientes, como mariposa, volando por la vida de flor en flor, disfrutando y sintiendo el placer de una vida plena?
¿Tal vez necesites, como el gusano del relato, envolverte en tus hilitos de seda e ir fortaleciendo
tus alas de mariposa?
1
ESCUCHA Y COMPRENDE EL LENGUAJE DE TU CUERPO
1ª competencia emocional
Introducción
En una ocasión una mujer pidió nuestra opinión respecto a si sería para ella oportuno separarse o continuar viviendo con su marido. Entre otras muchas cosas, nos comentó que hacía mucho tiempo la estaba maltratando, llegando incluso a la violencia física. Pero tenía muchas dudas, ya que pensaba que, a pesar de todo, lo quería mucho.
La miré fijamente a los ojos y le pregunté con voz firme: «¿Cómo es posible querer a una persona que te está maltratando?». En aquel mismo momento con sus palabras me contestó: «Yo lo quiero mucho». Pero a la vez que su voz me transmitía el anterior mensaje, el puño de su mano derecha daba golpes sobre la izquierda entreabierta. Es decir, con su mente racional se sentía obligada a querer a su marido por el contrato de por vida que había firmado, pero con los golpes su cuerpo nos informaba de la enorme cantidad e intensidad de rabia retenida dentro de ella durante muchos años. El lenguaje de nuestro cuerpo es silencioso, no utiliza palabras para comunicarnos cómo se siente. Es el lenguaje no verbal de los gestos, movimientos corporales, tonos de voz, mirada, expresiones faciales. Así nos dice nuestro organismo cómo se está sintiendo. En un relato anterior definíamos la inteligencia emocional como «la capacidad de elegir la emoción más adecuada en cada situación de la vida, dentro de las posibles». Ahora a través de los seis bloques siguientes, vamos a hablar de las competencias emocionales que debemos tener bien desarrolladas para poder utilizar esta capacidad de elección.
En este relato vamos a presentar la primera y fundamental competencia emocional:
Primera competencia emocional
«Ser capaces de darnos cuenta de los cambios que experimenta nuestro organismo cuando está en presencia de una determinada emoción. Ser capaces de identificar la emoción que estamos sintiendo y de ponerle nombre a cada una de ellas».
Los analfabetos emocionales no han desarrollado esta capacidad. Existen personas que cuando se les pregunta: «¿Qué emoción estás sintiendo?». Suelen responder: «Me duele mucho la cabeza» o, como mucho, «me siento muy mal» o «muy bien», pero nada más.
Si las emociones son la fuerza interior, la energía nos empuja a tomar decisiones, a hacer cosas, a ser conscientes de la emoción que acompaña a cada decisión; nos podemos dar cuenta de qué emociones nos mueven a tomar cada decisión. No es igual tomar una decisión empujados por el miedo, la rabia o el asco que por la curiosidad o la seguridad.
Las páginas de este bloque te pueden ayudar a potenciar y desarrollar tu conciencia emocional.
1. Relato: Un paseo de Buda con su discípulo
Cuenta una fábula que una tarde otoñal Buda sale de su casa junto a su discípulo, ambos dispuestos a atravesar unos cuantos valles y montañas, por caminos polvorientos y pedregosos. La fatiga y el cansancio van cogiendo forma en el rostro plagado de arrugas del ya viejo Buda. Extenuado, agotado de tanto caminar y caminar, Buda se sienta a la vera del camino y dice a su discípulo:
«No puedo más, estoy sediento y hambriento, ya soy muy mayor. Retrocede en el camino y encuentra de nuevo el río que antes hemos tenido que atravesar, ¿te acuerdas? Cuando llegues a él, llena este cuenco que ahora te doy de agua cristalina y tráemela lo antes posible».
El discípulo, a la velocidad del rayo, responde: «Sí, maestro, cuenta con ello», emprendiendo así el camino de retorno. Después de volver a atravesar algunos valles y montañas, vislumbra el cauce del río, acelera el paso y se aproxima a él. Cuando está en la misma orilla y se dispone a coger agua cristalina para su maestro, unos campesinos que guían carros de caballos atraviesan el río y el lodo que dormitaba en el fondo de las aguas enturbia toda la corriente.
Cuando se dispone a llenar el cuenco con el agua cristalina de aquel río de abundantes aguas, se da cuenta, de que el agua está muy turbia. El discípulo se pone triste, lloroso, y piensa que no puede satisfacer a su maestro. Sin esperar más, reemprende el camino para encontrarse con Buda.
Cuando llega donde está sentado y maltrecho Buda, descorazonado, se acerca a él y le dice: «Maestro, lo siento muchísimo, el cuenco viene vacío, el agua no era cristalina como tú la querías y por eso estoy triste y abatido. Lo siento mucho». Buda sacando fuerzas de donde estaban agotadas, levanta la mirada y dice a su discípulo: «¿Y vuelves con el cuenco vacío, sin agua cristalina? ¿Por qué no te has sentado a la orilla del río y has esperado a que los lodos volviesen a dormitar en el fondo del río, ya que con el paso de las carretas sus lodos enturbiaron toda la corriente?». Con voz firme y tajante da una nueva orden a su discípulo: «Retrocede y vuelve a andar el camino y cuando llegues al río, si las aguas están de nuevo turbias, espera, siéntate en la orilla y da tiempo para que las aguas recuperen su tez cristalina. Entonces y solo entonces podrás llenar el cuenco y traerme el agua cristalina que tanto necesito. Entonces y no antes, llena el cuenco y me lo traes».
¿Sueles ser consciente de cuándo el río que pasa y atraviesa tu mente, lleva aguas turbias y revueltas, repletas de pensamientos negativos, emociones tóxicas, creencias irracionales, hábitos negativos?
¿Eres consciente de que todo eso que enturbia tu río interior es temporal y pasajero? Hasta que los lodos vuelven a dormitar en el fondo y dentro de la corriente de tu río, el agua cristalina repleta de sentimientos y emociones bellas y nobles, de pensamientos positivos, de creencias firmes y sanas, de hábitos de vida saludables, van a correr por la abundante corriente de tu río interior.
¿Has desarrollado (o tal vez sea bueno que desarrolles) el hábito, cuando notes que las aguas de tu río interior estén revueltas, de sentarte a la orilla y esperar a que los lodos vuelvan a dormitar en el fondo? Es entonces cuando puedes tomar buenas decisiones, expresar y compartir lo que sientes y piensas, resolver problemas o enfrentarte, desde la calma, a situaciones difíciles y complejas.
Solo tienes que sentarte en la orilla, cortar la respiración el tiempo que puedas hasta que recuperes la calma, y cuando tu mente y tu cuerpo estén de nuevo en armonía, llenar tu cuenco de agua cristalina. Si tienes sed, bébela; y si otros son los que la tienen, ofrécesela para que la beban.
2. Vivir en la escasez: La historia del ranchero de Texas
Según un mito que pasan de generación en generación por los hogares de Texas, vivió un ranchero muy pobre, apenas sin medios para poder subsistir en su rancho que, aunque era muy extenso, servía para poco, debido a la falta de agua y de recursos. Así había llegado a sus 80 años de edad. Un día aparecieron unos señores que, para su sorpresa, le ofrecieron una suma muy importante de dinero por su propiedad. Habían descubierto que en esos terrenos yacía la bolsa de petróleo más grande de EEUU. A la vez le regalaron un carro americano y dos caballos que él les pidió como intercambio. El ranchero, cuentan los habitantes de un cercano poblado, todas las mañanas amarraba su gran carro a sus dos caballos, para que tirasen de él y aparecía por la calles, para impresionar con su fortuna a sus vecinos. Él no sabía conducir y, a su edad, nunca aprendió. ¿Existía el petróleo desde siempre en la finca? ¿Este ranchero siempre había sido rico, pero desconocía la riqueza que poseía? ¿Eres consciente del petróleo que tal vez yazca dormido dentro de ti o aún llevas una vida llena de limitaciones y escasez? ¿Puedes hacer algo para explorar y sacar a la superficie el potencial que duerme dentro de ti y que aún no has explorado? ¡Puntúa el relato!:
3. Recuerdos de la infancia: Una tarde de circo
Recuerdo que, cuando era muy niño, mi padre, ese gran maestro que fue para mí, me llevó a ver el circo. Me impresionaron muchas cosas, pero sobre todo cómo unos elefantes, animales tan grandes y poderosos, obedecían ciegamente a lo que su domador les decía. Le pregunté por qué se comportaban así y mi padre, que nunca me engañaba, me dio la siguiente explicación:
«Mira, hijo mío, cuando esos elefantes eran todavía muy pequeños, recién nacidos, les pusieron una cadena en una de sus patas, y siempre la llevaron puesta, toda la vida. Al principio estaba atada a una estaca, de tal forma que no podían hacer lo que querían. Después la cadena que cada uno lleva deja de estar sujeta a ninguna parte, pero el elefante continúa pensando que está amarrado como cuando era pequeño y cree que no le queda más remedio, es decir, cree que no puede hacer otra cosa distinta de lo que su domador le dice que tiene que hacer».
Mi padre añadió a esta explicación otra que caló muy dentro de mí: «Como sabes, yo siempre te digo la verdad de las cosas. Pero imagínate que todos los días cuando te levantas y desayunamos juntos», cosa que nos encantaba tanto a mi padre como a mí, «te digo que eres poco inteligente, una mala persona y que la vida es muy dura y difícil. Si esto ocurriera y yo ahora te preguntase sobre cómo eres tú, ¿qué me dirías? ¿Que eres un niño inteligente, que eres una buena persona y que la vida es estupenda?». Mi padre no necesitó mi respuesta, se dio perfecta cuenta de que su mensaje había calado. Lo que tal vez nunca supo fue la poderosa fuerza que aquellas palabras han tenido en situaciones complejas de mi vida, para fortalecer mi autoestima personal, para continuar pensando que, a pesar de observar muchos días un panorama social corrupto, negativo y absurdo, la vida continúa mereciendo la pena y yo cuento con suficientes recursos para poder afrontar con éxito cualquier situación, por compleja que sea.
¿Alguna vez te ha pasado, suponer que las cosas van a ir a mucho peor, lo ves todo negro, se cierra el futuro y te sientes en un pozo sin salida? ¿Sabes que el mayor grado de sufrimiento que alcanzan muchas personas es por pensar en cosas que creen que les pueden llegar a pasar y nunca les llegan a suceder?
¿Cuántas cosas en tu vida has dejado de hacer porque pensabas que no eras capaz y ni siquiera lo intentaste? Y mientras tú o yo estamos pensando eso, una persona con grandes incapacidades está tocando con los dedos de sus pies, porque no tiene manos, una bella y armoniosa sinfonía.
quién te parecías, cómo tenías que ser, qué no tenías que hacer? ¿Te lo has llegado a creer y ahora llevas una vida que no te gusta y te dedicas cada día de tu vida a invertir tu tiempo en cosas de muy poco valor y a la vez piensas que las cosas que tú deseas, o lo que quieres ser o hacer, no están a tu alcance?
Si esto te pasa, te animo a que rompas esas barreras interiores que te amarran a la estaca que llevas arrastrando toda la vida. Recupera la libertad y deja de hacer caso a los domadores que a lo largo de tu vida te obligaron a obedecer ciegamente sus órdenes. No permitas que nadie te limite o te diga qué y cómo tienes que vivir. Reinventa tu vida cada día. Empieza a hacer las cosas que nunca te has atrevido a hacer. No continúes haciendo caso del refrán: «Vale más lo malo conocido, que lo bueno por conocer». Sal del mundo conocido, arriésgate a lo desconocido, porque en ese mundo de lo que desconoces y a lo que nunca te has arriesgado, es donde están tus sueños, tus ilusiones, tus mejores deseos, tu felicidad verdadera. En el mundo que conocemos podemos llegar a sentirnos acomodados, pero muy poco cómodos. La comodidad está mucho más allá, arriésgate a encontrarla.
Una de las fuentes más importantes de donde se alimentan nuestras limitaciones interiores son nuestras propias «creencias limitadoras». Te animo a que cojas un papel y escribas cada una de las creencias que, precisamente por creer en ellas ciegamente, no te han permitido lanzarte a ser una persona distinta a la que crees que eres.
Ahora te animo a que en otro papel vuelvas a escribir las creencias limitadoras que acabas de identificar, pero por cada una tienes a continuación que escribir una «creencia de permiso», es decir, una creencia que no te limite sino al contrario, que te ayude a romper la creencia limitadora. Por ejemplo, si como creencia limitadora has puesto «creo que soy una persona muy tímida como mi padre», canjéala por una creencia de permiso: «Estoy dispuesto a afrontar mis miedos al ridículo y a arriesgarme a ser y comportarme como una persona abierta y segura de mí misma».
Romper las barreras interiores te va a requerir valentía y mucha práctica. Imagínate que eres un caballo que tiene que aprender a superar los distintos obstáculos que le han puesto en la pista.
Date tiempo, persiste una y otra vez, no te des nunca por vencido y convierte cada obstáculo en un reto, en un pequeño triunfo, en un aprendizaje.
4. Los diálogos internos: Con ellos alimentamos nuestra mente
Podríamos decir que el cerebro y la mente humana son la gran fábrica productora de pensamientos y emociones que tiene cada persona. Dicha fábrica trabaja a tres turnos, nunca está parada.
La calidad de vida de cada uno de nosotros dependerá de la calidad de los productos que genera de manera continua. Los pensamientos y emociones que producimos nos sirven para comunicarnos con los demás seres humanos por medio del lenguaje. Pero a la vez es importante que seamos muy conscientes de que tanto los pensamientos como las emociones las utilizamos también para comunicarnos con nosotros mismos.
Todos mantenemos diálogos internos, conversaciones silenciosas. En ellas invertimos mucho tiempo y mucha energía.
En una ocasión una mujer que estaba sufriendo una fuerte y larga depresión me decía: «Quiero que usted me ayude a no tener los pensamientos y las emociones que continuamente estoy sintiendo. Son muy negativos, me atormentan y me hacen sufrir, estoy metida en un hoyo sin salida. Me siento indefensa ante ellos, tienen más fuerza que yo. Están presentes en todas partes, no sé qué puedo hacer para liberarme de ellos».
Los diálogos internos, cuando son negativos, se convierten en una fuente de alimentación tóxica insoportable. Agrandan los problemas, hacen que estemos dando vueltas y vueltas a lo mismo día y noche. Lo vemos cada vez más negro.
Cuando son nocivos, nos alejan de la realidad, la tergiversan, amplían la parte negativa. Son la mayor fuente de preocupaciones.
¡Cuántas personas se pasan la vida pensando en cosas terribles que les pueden llegar a ocurrir, bien a ellos o a sus seres queridos y nunca llegan a ocurrir! Son muchas las personas que sufren por problemas no reales sino imaginarios y que alimentan y agrandan con sus diálogos internos.
Estos diálogos negativos generan una fuente de retroalimentación: Los pensamientos negativos crean emociones negativas y estas vuelven a generar otros pensamientos negativos. Con ello entramos en una espiral de continua preocupación.
Suelen ser inconscientes, ajenos a nuestra voluntad, como si saliesen de nuestro subconsciente y nada pudiéramos hacer para evitarlos.
Es importante hacerles frente, liberarnos de ellos. Y en el mismo momento que tomemos conciencia de que los estamos generando, con coraje y firmeza, rechazarlos. Di mentalmente: «¡Fuera!» Y a continuación intercámbialos por otros positivos.
Reconvierte tu lenguaje interior y ve poco a poco incorporando un nuevo hábito de diálogos positivos.
Anímate a ti mismo. Reconócete las cosas positivas, piensa en la parte optimista de la vida, es decir, siempre que te sorprendas dialogando contigo mismo negativamente, cambia el rumbo de ese mismo diálogo a un tono amable y positivo.
Los seres humanos tenemos que aprender a ser nuestro mejor amigo, nuestro mejor consejero, nuestro mejor vecino. Y ya que estamos siempre dialogando con nosotros mismos, procurar que dichos diálogos se conviertan en una fuente de automotivación y de ayuda y dejen de ser algo destructivo.
¿Cuánto tiempo sueles pasar dialogando contigo mismo?
Tus diálogos internos, cuando son negativos, ¿qué tipo de emociones tóxicas suelen generarte con más frecuencia?
¿Qué puedes hacer, a partir de ahora, cuando te sorprendas dialogando negativamente contigo mismo?
Reconducirlo y que produzca un diálogo positivo y enriquecedor para ti.
5. Tus creencias irracionales: Las barreras mentales que nos imponemos
Una creencia es aquello que ciegamente damos por hecho que existe o que es verdad, que es real y que necesariamente tenemos que tener en cuenta y hacerle caso. Por ejemplo, que las cosas hay que hacerlas siempre de manera perfecta. Que cometer errores es malo e inútil. O que tenemos que complacer a todas las personas o siempre decir e ir con la verdad por delante.
Las creencias nos aportan seguridad y nos dan confianza ante la constante incertidumbre y riesgos que nos depara la vida. Son necesarias, es donde los seres humanos nos apoyamos para hacer frente a las adversidades que nos pueden y nos van a ocurrir. Las creencias pueden ser racionales o irracionales.
Las racionales se fundamentan en hechos y principios lógicos, donde nuestra mente se fundamenta. Son como los cimientos que aportan seguridad a lo que pensamos y sentimos. Que existimos, que somos materia que tiene la capacidad de reflexionar sobre la propia materia, que somos seres sociales que necesitamos a los demás para sobrevivir y muchísimas cosas más. Que los errores pueden ser una fuente inagotable de conocimiento y de experiencia. Que no tenemos por qué complacer a todas las personas. Que no siempre conviene decir la verdad.
Estas creencias fundamentan nuestra vida en la verdad, en la lógica. Nos ayudan a comprender que todo es relativo y que cada persona crea su propia realidad, su propio mundo. Que cada ser humano es un ser único e irrepetible, limitado y finito. Las irracionales son falsas creencias que hemos ido incorporando a nuestra vida de manera inconsciente, muchas por tradición o por una interpretación falsa o errónea de cosas que nos han contado u ocurrido. Sus fundamentos suelen tener alguna pequeña parte de razón, pero una gran parte de mentira. Por esta razón, este tipo de creencia no nos aporta seguridad, sino que crea emociones de miedo, de incertidumbre, de angustia, ya que, por ser falsas, se alejan de la realidad y nunca se pueden cumplir o llevar a cabo. Generan en las personas altos niveles de frustración. Pero de la misma forma, la falsa creencia nos ofrece la clave para que no nos afecte todo lo negativo que nos aporta.
Voy a contarte, amigo lector, una leyenda que durante muchas generaciones ha rondado por los hogares de un pequeño y bellísimo pueblo de la alta montaña leonesa llamado Canseco, lugar donde uno de los autores de esta obra nació y permaneció durante su primera infancia. Su abuela Rosa, en las largas nevadas y frías noches de invierno, al calor de la cocina de leña, le contaba esta leyenda, además de muchas otras.
estrecho camino de caballos.
Los mayores de esta población contaban que a mitad de este desfiladero, a la mano derecha del río, había una fuente llamada la fuente de las Ánimas Benditas. En frente de ella, un precioso puente romano y al otro lado, a mano izquierda la cueva de las Brujas Chanas.
Cuentan que antes, cuando todavía no había carretera sino un camino más bien estrecho, cuando los habitantes salían del pueblo o los arrieros asturianos pasaban por el desfiladero para ir a tierras de Castilla a intercambiar madreñas (zuecos asturianos para aislarse del frío y de la humedad del clima) y castañas por harina y posiblemente vino y legumbres, con bastante frecuencia eran asaltados por bandoleros que les quitaban todo lo que portaban en sus burros, machos o caballos.
Como es natural, cualquier viajero tenía que pasar mucho miedo cuando atravesaba este precioso desfiladero.
Entonces apareció la falsa creencia, que en aquel tiempo donde no había ningún tipo de seguridad aportaba confianza a los viandantes. La leyenda cuenta que en aquella cueva vivían tres brujas, llamadas las Chanas y que se alimentaban comiendo la carne de los viandantes que mataban al pasar por el desfiladero. Pero a estas tres brujas lo que más les gustaba era la rica miel que cosechan los habitantes de Canseco. En uno de sus aquelarres las tres brujas que habitaban la cueva decidieron lo siguiente: En lugar de continuar matando y comiendo personas, decidieron chantajear a los posibles viajeros y para ello empezaron a correr la voz, de casa en casa, de que el pasajero que dejase al lado de la fuente de las Ánimas Benditas un buen cuenco de miel, no lo matarían, ni se lo comerían, ni quitarían ninguna de las pertenencias que llevasen. Las brujas pusieron de disculpa que la miel era para liberar las ánimas de personas muertas, del tiempo que tenían que pasar en el purgatorio.
Mi abuela me contaba que algunas noches de luna llena se oía decir a una de las brujas, juntamente con el ruido que el agua de un riachuelo vierte del fondo de la cueva: «Machaca ajos, Marusiña [nombre de una de las brujas] que esta noche tenemos carne fresca [iban a matar a algún viajero]”.
¿Qué tipo de creencias irracionales están profundamente arraigadas en tu vida, que hacen que vivas sintiéndote víctima de tus miedos? ¿Podrías hacer algo por canjearlas por otras creencias más racionales?
Todos tenemos brujas que las noches de luna llena nos hablan al oído y nos dicen cosas malas que nos van o nos pueden ocurrir, pero también contamos con la fuente de las Ánimas, de las cosas que tenemos que hacer para liberarnos de que algo malo nos pase. ¿Cuáles suelen ser tus Chanas y tu fuente de las Ánimas Benditas?
¿Tu vida se basa en creencias racionales que te aportan conciencia y seguridad, o en creencias irracionales que hacen que vivas de manera continua en un estado de alerta emocional y con las emociones de supervivencia alteradas?
6. Relato: La historia de la tigresa que creía que era una oveja (Relato hindú) En un lugar de la India una tigresa estaba atacando un rebaño de ovejas cuando se puso de parto y dio a luz un hermoso cachorrito. Poco después murió. El cachorrito fue adoptado por el rebaño y creció feliz, creyendo que era una oveja más del mismo. Así comía hierba, balaba y retozaba tiernamente en los campos. Vivía apaciblemente con su familia adoptiva desconociendo su verdadera naturaleza, hasta que un día el rebaño fue atacado de nuevo por un tigre que se sorprendió de encontrarlo allí y le preguntó: —¿Cómo es posible que actúes como un oveja? ¡Tú eres un tigre! El tigre-oveja simplemente baló asustado por encontrarse con un animal tan fiero. Así que el tigre decidió llevarlo a un lago cercano para que su reflejo le convenciera de que no era una oveja, sino un tigre. El tigre-oveja vio su reflejo en el agua, tan parecido al del tigre… pero nada cambió. Seguía convencido de que era una oveja, y muy asustado por estar alejado de su antiguo rebaño y en presencia de un animal tan libre, independiente e instintivo. El tigre se fue a cazar y al llegar la noche volvió a darle un trozo de carne de su presa a su nuevo compañero, pero este no quiso comer, horrorizado por el ofrecimiento.
Entonces el tigre lanzó un increíble rugido que se oyó en todo el valle y ordenó al tigre-oveja que comiera.
Este, asustado, baló levemente y le dio un bocado a la carne. Entonces su cuerpo reaccionó y sintió su naturaleza real.
Y así fue cómo descubrió su instinto perdido por la educación e identificación dentro del rebaño que le había acogido al nacer.
¿Te sientes tigre o más bien también te han hecho creer que eres una oveja y te comportas como tal? ¿Qué cualidad del tigre, qué potencial interior, tienes dormido dentro de ti y todavía no has desarrollado? ¿Cuánto se diferencia «tu Yo real» (tigre-oveja) aprendido en función de las circunstancias que te han tocado vivir, de tu «Yo ideal» (el auténtico tigre que duerme dentro de ti)? ¡Puntúa el relato!:
7. Aprende a utilizar tu rejilla emocional: Abre tu consciencia al universo emocional
Vamos a utilizar una pequeña rejilla, como la que aparece en la gráfica adjunta, que nos puede ayudar a darnos cuenta de lo que nuestro cuerpo está sintiendo y por tanto, ayudarnos a desarrollar nuestra conciencia emocional. Dicha rejilla consta de dos variables. Una variable vertical que llamamos «Energía». Y otra variable horizontal que llamamos «Emoción». La variable energía se refiere a que las emociones que sentimos y que equivalen a aquello que nos mueve desde nuestro interior nos invitan a dar pasos hacia la acción. Dicha fuerza o energía puede ser más o menos intensa, en una escala del 1 al 10, cada emoción se posiciona, según el grado con el que sintamos, en un punto de esta.
Esta variable nos facilita el poder ser conscientes de la intensidad con la que estamos sintiendo cualquier tipo de emoción, sea la que sea. Ello es importante, porque si la intensidad es muy alta, es posible que la emoción tenga más fuerza que la capacidad o recursos que poseemos para gestionarla, nos pueda sobrepasar y causar graves daños, bien a mí o a los demás. Por ejemplo, un ataque de rabia, el resentimiento que voy almacenando hacia cualquier persona, el grado de miedo que me puede paralizar o el grado de tristeza que me puede conducir a una fuerte depresión. Por tanto, cuando sientas cualquier tipo de emoción dale una puntuación, dentro de la escala, en función del grado de intensidad con la que la estés sintiendo. De acuerdo con ello, colocaremos la emoción en el cuadrante de abajo o de arriba de la rejilla. A la variable horizontal le llamamos emoción. Es decir, ahora tenemos que tratar de ponerle un nombre al conjunto de cambios corporales que estamos sintiendo. Y para ello, lo primero que tenemos que observar es si la emoción que sentimos es agradable o desagradable, de esta forma la situaremos en uno de los cuadrantes de la izquierda o de la derecha. Como se puede
observar la rejilla emocional se compone de cuatro:
CUADRANTE SUPERIOR DERECHO: En el cual situamos cualquiera de las emociones que sentimos
que tengan una energía alta, entre las puntuaciones 5 y 10 y a la vez sea una emoción que genera sensaciones agradables.
CUADRANTE INFERIOR DERECHO: En él posicionamos las emociones de bajo grado de intensidad
del 1 al 5; la emoción genera sensaciones agradables.
CUADRANTE SUPERIOR IZQUIERDO: En él situamos las emociones de alta intensidad, entre el 5 y el
10; la sensación que produce es desagradable.
CUADRANTE INFERIOR IZQUIERDO: Situamos emociones de intensidad baja, entre el 1 y el 5; la
emoción genera sensaciones desagradables.
A modo de ejemplo, hemos nombrado varias emociones que podemos sentir en cada uno de estos cuadrantes y que nos ayudan a identificar lo que nosotros estamos sintiendo.
Si utilizamos esta rejilla, nos puede ayudar a darnos cuenta rápidamente de qué emoción sentimos en cada situación que nos toque vivir cada día. Es muy importante saber que no es ni bueno ni malo estar en alguno de esos cuadrantes y que lo importante es saber lo que podemos hacer cuando nos hemos identificado en uno de ellos y qué hacemos con eso que sentimos y qué beneficio o daño nos aporta en la vida.
Ninguna emoción que sintamos es negativa en sí. Cualquier emoción nos puede dañar en función del uso que hagamos de ella. Por ello es tan importante aprender a gestionarlas bien. Una emoción agradable, nos informa del grado de bienestar que nuestro organismo siente y nos invita a mantenerlo o poder provocarlo cuando lo consideremos oportuno. Una desagradable nos informa del grado de malestar al que nuestro organismo se enfrenta; dicha información nos va a ser muy útil para hacer cosas que nos permitan, lo antes posible, retomar el equilibrio y el bienestar perdido. Aunque muchas veces, si no sabemos gestionarlas bien, en lugar de hacer cosas que nos facilitan retomar el equilibrio, nos alejan más de él. Es cuando la emoción se convierte en tóxica. Dichas emociones las guardamos en la memoria emocional, fuera del control de nuestra voluntad, y reiterativamente aparecen y desaparecen de nuestras vidas, alejándonos cada vez más de la felicidad y del bienestar.
Por tanto, tenemos que aprender a no rechazar las emociones que sintamos, sean agradables o desagradables. Lo que tenemos que aprender es que, sea la emoción que sea, debemos lograr que nos aporte bienestar y beneficio tanto para nosotros como para las personas de nuestro entorno.
El odio, el rencor o el resentimiento, mal gestionados, se convierten en venganza y en una fuente inagotable de sufrimiento. Pero a su vez, bien gestionados, se pueden convertir en
acciones sociales grandiosas y altruistas, como ayudar a muchas personas a que no les ocurra lo mismo que a mí.
Las emociones tienen dos caras: La positiva, que es cuando las gestionamos inteligentemente. Ello hace que las emociones sean mis mejores amigas, mis aliadas y me permiten ser cada día más feliz y sentirme dichoso.
La negativa es cuando las gestionamos mal. Y convertimos la emoción en nuestra peor enemiga, en una auténtica tirana que lo único que nos genera es dolor y sufrimiento. Dejamos de visitar el país de la alegría y de la calma y penetramos en los sombríos y fríos pasajes de la depresión. Nos complica la vida y vemos todos los días, cuando nos levantamos, el cielo gris, el sol se esconde y no vuelve a salir.
¿Qué provecho puedo sacar al uso de esta rejilla, de cada uno de sus cuatro cuadrantes?
Cuadrante energía alta, emoción agradable: Me dice que estoy haciendo cosas que me
hacen sentir bien. Ello es importante. Saber qué cosas me permiten disfrutar, en qué invierto mi tiempo, estar a gusto. Yo puedo provocar esas situaciones para que esto me ocurra con la mayor frecuencia posible, tanto en mi trabajo como en mi vida personal.
Cuadrante de emoción agradable, energía baja: Me informa de qué cosas, aunque no sean
importantes, me relajan, me ayudan a descansar y a recuperar fuerzas. Conviene que las practique a nivel de hobbies, de tiempos de descanso y de relaciones interpersonales.
Cuadrante de energía alta, emociones desagradables: Me informa de las cosas que me
generan estrés, ansiedad, malestar y con las que tengo que tener cuidado. Invertir en ello el menor tiempo posible y si no queda más remedio, ser consciente de ello para que me haga el menor daño.
Cuadrante de energía baja, emoción desagradable: En lo posible debemos permanecer
poco tiempo, pero cuando tengas que estar en él, ser consciente de ello.
¿Podrás durante una semana llevar en tu bolsillo esta rejilla y utilizarla al levantarte de la cama y enfrentarte al nuevo día, en el momento de empezar a trabajar, al salir de trabajo y dirigirte a tu casa y a la hora de ir a dormir?
¿Podrías, en función de lo que hayas observado la anterior semana, empezar a realizar cambios en tu vida, que te permitan estar cada día más satisfecho de cómo estás gestionando tus emociones?
¿Podrías, sin necesidad de llevar la rejilla en tu bolsillo, interiorizarla, de tal forma que mentalmente empezases a utilizarla inconscientemente, como un nuevo hábito en tu vida diaria?
8. Potencia tu control interno: Toma las riendas de tu vida
La vida humana es un corto viaje que un día empieza, si tenemos suerte, con un hola y termina otro buen día, también si hemos tenido suerte, con un adiós.
Entre ese primer saludo y el último adiós han ocurrido muchas, muchas cosas. Como en el teatro, en la vida humana, existen distintas clases de obras: algunas convierten tu vida en una comedia romántica, en un drama o una tragedia, con resultado no siempre feliz, como ocurría en casi todos los cuentos que nos contaban cuando éramos niños. Si comparásemos la vida con un coche, existen dueños de ese vehículo que son ellos los que lo conducen, van al volante, saben y son conscientes de dónde están en cada instante, en cada momento y también a dónde se dirigen y a dónde desean llegar. Asumen la responsabilidad del viaje de su vida. Cuando surgen contrariedades y hay que cambiar una rueda o meter el coche en un taller lo hacen y vuelven a retomarlo. Son ellos mismos y se sienten los principales protagonistas de su corto viaje terráqueo. Lo viven con intensidad, con pasión, lo disfrutan y lo saborean. Ante cualquier adversidad no se achican, la afrontan con valentía y la convierten en un reto de tal manera que cuando lo superan, esto les hace sentirse fortalecidos. Son conductores optimistas, afectivos, amables, agradecidos y satisfechos. Da gusto acompañarlos y montar en su coche, ir en el asiento de al lado disfrutando de su compañía y del paisaje. Estaríamos dispuestos a pasar a su lado una buena parte del viaje. Se sienten dueños y señores de sus vidas. Son conscientes de que existe la buena o mala suerte, la ley de la gravedad, que hay tormentas en la vida que vienen sin pedirlas. Pero en todo momento saben cómo reaccionar, cómo dar la mejor respuesta a cada situación real o posible. No tienen tiempo para lamentarse, estar quejándose continuamente, criticando todo y a todos. Destierran de su corazón los rencores, los odios, las envidias y resentimientos, la ofensa y la agresión.
Cultivan en sus corazones emociones elevadas como la gratitud, generosidad, amabilidad, ternura, dulzura, compasión y serenidad. Son personas honestas, coherentes y solidarias. Las encuentras en todos los países desarrollados o no desarrollados, en cualquier carretera o camino vecinal, en entornos altamente culturales y en barrios pobres y repletos de analfabetismo, en el norte y en el sur. Se sienten ciudadanos no solo terráqueos, sino también cósmicos. Consideran que la vida es un regalo y lo saben apreciar.
Pero por otro lado, también nos encontramos con personas que no han aprendido a conducir el coche de su vida o consideran que es mejor ir en el asiento de al lado y dejar que otros sean los conductores. Son personas que se pasan la vida quejándose y criticando todo; están convencidos de que todo o todos menos ellos tienen que cambiar para que el viaje de su vida
sea placentero y grato. Los demás, incluyendo las circunstancias, son la causa de todo lo que a ellos les pasa; son los demás los que tienen que llevarles en sus coches y cuando no van en la dirección o a la velocidad que ellos desean, se dedican a criticar, agredir, protestar, exigir derechos adquiridos, culpar y hasta castigar con dureza.
Su corazón está lleno de emociones negativas y tóxicas, de experiencias dolorosas que, aunque hayan pasado muchos años, continúan viviéndolas con tanta intensidad en el presente como cuando se produjeron. No aprenden del pasado y sus recuerdos son una fuente de sufrimiento, de amargura. El futuro lo viven como una amenaza y una fuente de miedos y preocupaciones. Se sienten tristes e inseguros. Vivir junto a ellos es complejo, difícil. Piensan que la vida es cruel y dura y que ellos son presas de la mala suerte.
No tienen ningún control de sus vidas. Su vida es como un pequeño barco que navega por alta mar a capricho de los vientos, de las fuertes olas y de las tormentas. Piensan que el destino es el único responsable. ¿Cómo te ves en tu vida actual, en el volante de tu coche, dirigiendo tu vida a donde deseas ir? o por el contrario ¿te ves como ese velero perdido por no se sabe qué mares a merced de los vientos y tempestades? Si continuas en tu viaje por la vida haciendo lo mismo que has hecho hasta ahora, ¿qué te espera en el tiempo que te queda por vivir hasta que llegue el último adiós? ¿Tienes que cambiar de rumbo, ir por otras carreteras? o ¿tal vez, meter tu coche en el taller para repararlo? ¡Puntúa el relato!:
2
SIÉNTETE DUEÑO DE TUS EMOCIONES
2ª competencia emocional
Introducción
Por naturaleza y como especie (animales mamíferos), traemos incorporada en nuestros genes la capacidad de sentir las diez emociones básicas que en otro relato ya hemos identificado. Ninguna persona necesita aprender a sentir tristeza, miedo o alegría. Ya nacemos con dichas capacidades. Ahora bien en los múltiples mecanismos biológicos que poseemos, como la respiración, regulación de la temperatura corporal, etc., no solo vienen incorporadas la capacidad de cada uno de los mecanismos, sino que también todo el proceso que las regula y para el que no necesitamos ningún tipo de aprendizaje.
En los mecanismos emocionales no pasa lo mismo. El funcionamiento perfecto del proceso de cada una de las emociones no viene incorporado en nuestros genes y depende fundamentalmente del aprendizaje que cada ser humano realice a nivel individual.
Por ejemplo para sentir rabia, tristeza o miedo no necesitamos ningún tipo de aprendizaje. Pero con respecto a la forma en que canalizamos y nos liberamos de la rabia que sentimos, de
la tristeza o del miedo, necesitamos saber y aprender cómo hacerlo. Por eso ante los mismos estímulos sensoriales que despiertan en nosotros una misma emoción, las reacciones emocionales que cada persona desarrolla pueden ser muy distintas. Cuando experimentamos rabia o enfado, una persona puede reaccionar de manera pacífica expresando lo que siente, sin ningún tipo de agresión, otra lo expresa insultando y otra agrediendo físicamente a otra.
Por tanto se requiere un aprendizaje emocional, que permita a las personas canalizar de manera adecuada cada una de las emociones que siente y compartirla con los demás. Las emociones, cada una de ellas, tienen un grado de mayor o menor intensidad. Cuando una emoción tiene mucha intensidad, por ejemplo alegría, miedo, asco o cualquiera de ellas, no es fácil su canalización y su liberación. La falta de aprendizaje emocional ha ocasionado, a través de la Historia de la Humanidad, grandes desastres; ha destrozado a muchísimas personas y, en bastantes ocasiones, llegamos a sentir profunda vergüenza por el comportamiento irracional de algunos seres humanos, por llamarlos de alguna forma. Hace unos días dieron la noticia de que un grupo de milicianos talibán-pakistaníes había entrado en la Escuela Pública del Ejército en Peshawar, en el noroeste de Pakistán y matado indiscriminadamente a más de 130 niños.
Los animales solo matan por necesidad. Los humanos matamos por placer, por ideología, por dinero, por odios y venganzas.
A la tercera competencia emocional la llamamos «regulación emocional» y es:
La capacidad de canalizar y exteriorizar cada una de las emociones de forma adaptativa y adecuada, sintiéndonos dueños de cada una de ellas.
Los diferentes relatos que describimos en este bloque pueden ayudarte a aprender y a mejorar tu forma de canalizar las distintas emociones que sientes. Esperamos que te sirvan de ayuda y ello te permita sentirte más dueño de ti mismo y aumente tu nivel de bienestar.
1. Cuento: El samurái y el viejo sabio monje
Un joven guerrero samurái se paró respetuosamente ante el anciano maestro zen y dijo: «Maestro, enséñame sobre el Cielo y el Infierno».
El maestro se volteó rápidamente con disgusto y dijo: «¿Enseñarte a ti sobre el Cielo y el Infierno? ¡Pues dudo que ni siquiera puedas aprender a evitar por qué tu propia espada se oxida! ¡Tonto ignorante! ¿Cómo te atreves a suponer que tú puedes entender cualquier cosa que yo pudiera tener que decir?».
El anciano siguió así, lanzándole cada vez más insultos, mientras que la sorpresa del joven espadachín se convertía primero en confusión y después en ardiente coraje, aumentando por
momentos más y más. Maestro o no maestro, ¿quién podía insultar a un samurái y vivir? Finalmente, con los dientes apretados y la sangre casi hirviendo de rabia y furia, el guerrero ciegamente desenfundó su espada y se preparó para acabar con la lengua filosa y la vida del anciano, todo en un solo golpe. En ese mismo instante, el maestro miró directamente a sus ojos y le dijo suavemente: «Ese es el Infierno». En la cúspide de su rabia, el samurái comprendió que el maestro de hecho le había dado la enseñanza que él había pedido. Lo había llevado al Infierno en vida, conducido por un coraje y ego incontrolable. El joven, profundamente impactado, guardó su espada y se inclinó en reverencia a este gran maestro espiritual. Mirando hacia arriba y viendo la cara anciana y sonriente, sintió más amor y compasión que en cualquier momento de su vida. En ese momento, el maestro levantó su dedo índice y dijo gentilmente: «Y ese es el Cielo». ¿Sabes, en tu vida terrenal, cuándo estás en el Cielo o en el Infierno? ¿Dónde sueles pasar más tiempo? ¿Qué cosas podrías hacer en tu vida para salir del Infierno y permanecer más tiempo en el Cielo? ¡Puntúa el relato!:
2. Aprende a canalizar bien tu rabia: Deja de sentirte víctima de tus impulsos
La emoción de la rabia la podemos definir como: una señal emotiva desagradable universal que pone en alerta a nuestro organismo y lo predispone para hacer frente a una situación amenazante.
Es una emoción por una parte muy mal vista socialmente, y por otra muy utilizada y no siempre de manera adecuada.
Existen personas que tienen mucha dificultad en exteriorizarla, la reprimen y la trasforman en otra emoción falsa, como el miedo o la tristeza. Otras personas tienen mucha dificultad en canalizar su fuerza y energía, reconvirtiéndola en agresión, insulto, desprecio o maltrato.
Requiere un buen aprendizaje, su regulación la convierte en una emoción de mucho valor, ya que ayuda a nuestro organismo a concretar la atención y energía que será necesaria para superar el obstáculo que se nos presenta.
La represión de esta emoción, con el tiempo causa trastornos psicosomáticos y puede afectar a órganos como el corazón o el hígado.
Las personas impulsivas suelen convertir la rabia en agresión y ello hace que constantemente se tengan que enfrentar a problemas de relación social.
Es importante que empieces por ser consciente de cuándo tu organismo está sintiendo dicha emoción.
Cuando te des cuenta de la presencia de la rabia, lo primero que tienes que hacer es respirar profundamente y a la vez relajar tus músculos, hasta retomar de nuevo el equilibrio. Una vez que recuperes la calma es el momento de expresar aquello que no te ha gustado o que te ha ofendido, pero sin necesidad de insultar, agredir o maltratar. Empieza a percibir la rabia como una fuerza interior positiva que te puede ayudar a superar muchas dificultades en tu vida. La tienes que ver como un valor y no como un problema. No luches en contra de ella, sino a su favor. No tienes que reprimirla, sino canalizarla bien. Este aprendizaje es muy personal, no a todas las personas les pasa lo mismo. Conviene que observes a personas que son capaces de canalizar bien esta emoción, fíjate en qué y cómo lo hacen y trata de imitarlas.
¿Qué sueles hacer con la rabia? cuando la sientes, ¿la expresas y canalizas al exterior de forma provechosa? ¿La reprimes y te la comes? ¿La somatizas? o ¿la expulsas al exterior de manera agresiva e incontrolada? Si no te satisface esta forma de canalizar tu rabia, ¿de qué otras maneras podrías empezar a canalizarla?
rabia y, a continuación, ve escribiendo, además de la forma que sueles utilizar, otras posibles que podrías empezar a practicar a partir de ahora, más saludables y beneficiosas.
3. Evita el miedo a sentir miedo: Acércate a tus miedos y no los rechaces La emoción del miedo tiene mala imagen social. Se vende como una imperfección a evitar. Se presenta como lo opuesto a valentía. El miedo es una emoción desagradable (no por ello negativa) universal (la sentimos todos los seres humanos) que nos informa de que estamos ante la presencia (real o imaginaria) de un peligro o amenaza, superior a los recursos personales con que contamos para poder afrontarla y superarla, lo cual nos invita a evitarla y huir. La primera conclusión es que el miedo es una emoción que tenemos todo el derecho a sentir. Y sentirlo no es malo, es absolutamente necesario y útil. Con toda seguridad nos podemos encontrar en la vida con peligros o amenazas que ponen en riesgo nuestra supervivencia, y lo mejor que podemos hacer es evitarlos o alejarnos de ellos. Ahora bien, también tenemos que tener en cuenta que nuestro cerebro es una gran fábrica de miedos, muchísimos de ellos irreales e irracionales, totalmente alejados de la realidad y fruto más bien de nuestra fantasía. Por tanto, hay miedos que pueden ser falsos, en el sentido de que no hay razones objetivas para sentirlos. Pueden ser miedos aprendidos al haber tenido malas experiencias, o bien miedos heredados de nuestros padres, cosa que también suele ocurrir.
En cualquiera de los casos, a nivel cerebral da igual que nuestro cerebro no sea capaz de diferenciar el mundo real del virtual. Para nuestro cerebro un miedo generado por la fantasía, es tan real como el miedo a un tigre que se aproxima a nosotros.
Otra cosa importante es que dentro de nuestro cerebro emocional, sede de todos nuestros miedos, no existen los conceptos de pasado, presente y futuro, todo se vive en el momento actual. Por tanto cuando sentimos miedo lo sentimos siempre en el aquí y ahora.
Hemos dicho que el miedo es bueno y necesario. Lo que tenemos que conseguir es que no perjudique ni paralice nuestra vida. Vamos a diferenciar tres clases de miedo, que pueden llegar a perjudicarnos o a paralizar nuestra vida:
Temores: Nos generan mucha inseguridad y desconfianza, nos hacen sentirnos mal,
desasosegados, inquietos. Logramos hacer las cosas, pero pasándolo mal o muy mal.
Fobias: Provocan en nosotros una conducta de evitación y de huida, de alejamiento. Nos
bloquean y nos impiden realizar acciones concretas y específicas, como montar en un ascensor o viajar en avión.
Ataques de pánico: Llegan a paralizar a nivel personal y fisiológico y pueden convertirse en
Es muy posible que, si padecemos señales de estos tres tipos de miedos, sea muy oportuno o tal vez necesario solicitar la ayuda de algún psicoterapeuta especializado que pueda ayudar a liberarnos de su esclavitud. Nos obligan a vivir como en una jaula de gruesos barrotes que no sabemos cómo rebasar. Pero hay salidas.
Lo peor que nos puede ocurrir es sentir miedo al miedo. Lo cual nos conduce a una actitud defensiva y proclive a evitar cualquier tipo de temor. A los miedos, lo mejor que podemos hacer, es mirarlos a los ojos y hacerles frente, no huir o alejarnos sino poco a poco aproximarnos, dentro de unos límites de seguridad. Hazte amigo de tus miedos paso a paso y los miedos desaparecerán.
Existen muchos grados o niveles de miedos, según su intensidad: timidez, temor, tensión, ansiedad, angustia, horror, pánico, desesperación, terror.
Cuando sabemos que los miedos son ficticios y nada tienen que ver con la realidad, solemos buscarlos y provocarlos, nos atraen y nos seducen, nos permiten vivir experiencias límite y gozar de fuertes aventuras, tal vez las que no nos sentimos capaces de correr en la realidad. Pero a la vez, al saber que son falsos, ficticios, nos sentimos protegidos, fuera de cualquier peligro. Por eso atraen tanto las películas de terror y de aventuras.
Los miedos que se apoderan de nuestras entrañas y nos bloquean son miedos reales o imaginarios, que nuestra mente crea y vive como reales y posibles.
El polo opuesto al miedo no es la valentía. La valentía emocional es un recurso, una estrategia que podemos utilizar para sentir nuestros miedos, mirarlos de frente y superarlos, en lugar de tratar de evitarlos, alejarnos o huir. Pero en ocasiones la mejor alternativa ante miedos auténticamente amenazantes es huir, alejarlos y como medida preventiva evitarlos.
¿Te das permiso para sentir miedo y cuando lo sientes eres consciente de ello?
¿Sientes alguno de esos miedos que perjudican o paralizan tu vida y sabes que te hacen sentir como prisionero dentro de una jaula?
¿Qué puedes hacer para ir saliendo de la jaula de tus miedos y sentirte un pájaro libre volando por el cielo azul de la vida?