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Descubre el universo emocional de los demás: El poder de la escucha activa

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3. Descubre el universo emocional de los demás: El poder de la escucha activa

No es igual oír que escuchar, como no es igual hablar que comunicarse. La escucha requiere muchos más ingredientes. Requiere prestar atención e interés, preguntar, aclarar, hablar con el lenguaje del otro, interesarse por él, tenerlo en cuenta, ser consciente y prestarle atención plena.

Escuchar para mí significa un acto de amor por el otro, conseguir que la otra persona con la que nos comunicamos está sintiendo que en aquel momento para nosotros es lo más importante de la vida, y que libre y gustosamente estamos invirtiendo unos instantes en entenderla y si es posible, comprenderla y ayudarla a satisfacer sus necesidades.

Desde que he entendido la escucha desde este punto de vista, para mí, escuchar a una persona, se ha convertido en un acto de amor y de disfrute.

Sabemos que cada ser humano es único y distinto. Ello conlleva que cada uno pensamos, sentimos, creemos y nos comportamos de manera distinta. Sin embargo, muchos cuando nos comunicamos hacemos lo posible para que los otros, piensen, sientan y se comporten de acuerdo a nuestras creencias y expectativas, y si no es así, nos enfadamos y nos ponemos agresivos.

Cuando éramos niños, nuestros maestros utilizaron casi todo el tiempo de enseñanza para que aprendiésemos a leer y escribir bien. El tiempo para hablar y escuchar bien no fue tenido en cuenta. Cuando abandonamos los estudios muchas personas dejaron de leer y escribir o le dedicaron muy poco tiempo de su vida, sin embargo continuamente tenemos que hablar y escuchar a los demás, cosa para la que nadie nos ha enseñado.

La escucha activa se llama así porque cuando escuchamos a alguien no podemos permanecer pasivos, ya que en ese caso lo único que hacemos es oír. Tenemos que estar activos y ello nos permite prestar atención, provocar dentro de nosotros interés por lo que alguien nos cuenta y por la persona que nos lo cuenta. A la vez tenemos que emitir señales, de tal forma que ella perciba y se dé cuenta de mi interés y que lo que me comunica es importante para mí. Haciéndole preguntas, mirándola a los ojos, o resumiendo lo que me dice, con el fin de darme cuenta si lo he comprendido e interpretado bien.

Todo esto que parece tan sencillo y tan de sentido común conlleva muchas dificultades. A continuación vamos a ver las dificultades más frecuentes que a cada persona se nos pueden presentar en cualquier momento.

Las podemos dividir en dos categorías, utilizando barreras internas que nos dificultan y disminuyen significadamente nuestros niveles de escucha activa y el haber desarrollado malos

hábitos de escucha a través de nuestra vida.

Vamos a ver ahora las posibles barreras internas que dificultan el ser capaces de escuchar activamente.

Las barreras internas que las personas a veces utilizamos, cuando estamos escuchando a alguien son: La barrera del quién; del qué; de la predilección; de los pensamientos y de las emociones.

La barrera del quién

No escuchamos de igual forma a una persona o a otra. Con unas nos comunicamos mejor que con otras, y ello depende de muchas variables. Escuchamos mejor a las personas que consideramos interesantes, valiosas, creíbles, fiables, piensan como nosotros, sienten lo mismo que nosotros.

Sin embargo, a personas poco o nada significativas, nada fiables, contrarias a nuestra ideología, con formas diferentes a nuestro modo de vivir y de pensar, tendemos a no escucharlas o a dar poco valor a lo que nos dicen.

Ello puede crearnos muchos problemas, ya que algunas personas contrarias a nosotros pueden decir cosas de mucho valor e importantes para nosotros y otras afines a nosotros pueden decir cosas poco valiosas y hasta perjudiciales e incluso faltar a la verdad.

La barrera del qué

Hay personas que solo son capaces de escuchar palabras e ignoran el significado emocional de las palabras. No son capaces de leer entre líneas lo que nos han querido transmitir emocionalmente. Es decir, no son capaces, a la vez que escuchan lo que el otro dice, lo que está sintiendo y la emoción subyacente debajo de la palabra. La barrera de las predilecciones Hay personas que solo retienen y tienen en cuenta todo aquello que les beneficia y tienden a oír, pero no a escuchar, sacando fuera de contexto las ideas e interpretándolas de tal forma que les beneficie. La barrera de los pensamientos Cuando escuchamos, a la vez estamos necesariamente pensando y nuestros pensamientos en ocasiones no nos permiten escuchar. Estamos pendientes de ellos, no de lo que nos dicen. Esta barrera crea muchas dificultades en la escucha activa. La barrera de las emociones

permiten escuchar. Un ejemplo es cuando nos cuentan un chiste y nos hace mucha gracia. Poco tiempo después quiero recordar el chiste y se me ha olvidado por completo. He puesto toda la atención en la emoción de risa, no en el contenido conceptual del chiste.

A modo de conclusión te propongo que respondas, si es posible por escrito y lo guardes para ti, a una serie de cuestiones que tal vez te puedan ayudar a mejorar, en tu vida, tu capacidad de escucha activa o empatía. ¿Cómo piensas que se comporta en la vida una persona con un nivel escaso de conciencia social? ¿Qué cualidades consideras que tienen las personas con un nivel alto de conciencia social? ¿Cuál consideras que es tu nivel de entrenamiento en conciencia social? ¡Puntúa el relato!:

Reflexiona sobre las cinco barreras de la escucha activa y mira a ver si sería conveniente que empezases a utilizar menos alguna de ellas.

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