6 DESARROLLA TU PROYECTO VITAL
10. Relatos zen para meditar Relato zen: «El cielo»
El ser humano consciente entiende el poder y fuerza no como una herramienta de dominio y sumisión hacia los demás, sino como la herramienta de enfrentarse a las dificultades de la vida y cumplir cada uno de sus sueños disfrutando de sus triunfos y fracasos, disfrutando de cada una de sus emociones. Cuando cae se levanta cada vez con más fuerza. Observa la inmensidad del cielo, no tienes límites para cada uno de tus proyectos o deseos. El mundo es tu casa y el cielo tu tejado. Relato zen: «El agua» No existe ningún obstáculo que retenga o reprima a esta sustancia tan necesaria para la vida. Somos fisiológicamente 80% agua. Sé tan flexible como ella. Cambia la rigidez por la flexibilidad. Acepta la vida tal cual es. Si no esperas nada especial, todo será una sorpresa. Cambia tus pensamientos y creencias. Adáptate a cada nueva situación, aprende de ella. No te recrees en ninguna emoción. Se flexible, deja que todas surjan y se marchen de forma natural. Vive la tristeza cuando tengas que hacerlo. No permitas que la tristeza se convierta en tu forma de vida. Introduce la disciplina y las normas como parte de tu vida, pero sé capaz de romperlas si fuera necesario y por una razón de peso. No seas rígido con otras formas de pensar y actuar.
Piensa, reflexiona y habla con profundidad. Los grandes sabios afirmaban que era mejor callar si no se tenía nada interesante que decir. Comunícate con estilo y profundidad puesto que tus comentarios llegan y pueden hacer daño en lo más profundo de los demás seres. En su alma.
Relato zen: «La montaña»
La montaña es el símbolo para todo practicante de meditación. En cada sesión debes imaginar que tu cabeza es la cumbre y tu tronco y piernas su falda. Recuerda, cuando observes las montañas, la tranquilidad que inunda tu interior. Compórtate como la montaña. Sé cauto en todos los pasos que des en tu vida. Esto te puede ayudar a pensar antes de hablar, a utilizar la reflexión antes de comunicar tu mensaje. Muchas veces hacemos al contrario, primero hablamos y luego nos arrepentimos de lo que acabamos de decir o hacer. Practica la cautela en tu vida. Relato zen: «La tierra»
alimentarnos y disfrutar de los aromas de las flores. Es fiel en su esencia. No expulsa de sus dominios a nada que se encuentre dentro de ella. El ser humano es el encargado de los trasplantes de las plantas y flores.
Si aprendemos su lenguaje, entenderemos que debemos ser receptivos con los comentarios y opiniones de los demás. A ser sumisos. Ser sumiso no es tener que tragar y aguantar todo, sino aceptar lo que nos dicen. Si los alumnos no son sumisos, un profesor jamás podría enseñar nada. Con todo esto nos convertiremos en seres inteligentes y no en seres arrogantes. Nos ayuda a alcanzar la sabiduría.
Protege tu entorno, tus relaciones, tus amigos, familia y compañeros con respeto y cariño. Dedícales tiempo y no les exijas nada que tú no harías por ellos. Sé fiel a tus creencias y valores más profundos. No actúes en otra dirección por la influencia de los demás o tu propia hipocresía. Aléjala de tu vida. Sé fiel a valores tan importantes como la generosidad, el respeto, la educación, la humildad, la honestidad, la sinceridad, etc. Defiéndelos y sé íntegro. Relato zen: «El trueno» El trueno y el rayo se caracterizan por ser pura impulsividad y pasión. Pura energía. Cada vez que piensas, la conexión entre tus neuronas dentro de tu cerebro se produce gracias a una descarga eléctrica. ¿Aún crees que la naturaleza y tu interior se comportan de forma diferente? Nuestra sociedad compra, come y gasta de forma impulsiva. Acumulamos dentro de nuestro organismo y en nuestras casas cosas que no necesitamos realmente. La felicidad depende de otras cuestiones, como estamos viendo.
Vive con pasión tu vida, como si fuera tu último día. Vive el presente, el futuro ya se verá. Aprende de tu pasado. Pasa inmediatamente a la acción, y aquí puedes ser impulsivo de forma positiva. ¿A qué estas esperando? La vida puede ser larga o corta dependiendo de lo que hagas con ella. Realiza todos tus sueños y deseos con mesura. Pero hazlos. Ten una lista con todo aquello que desees realizar. Vive con pasión un beso, una conversación, una lectura, un apretón de manos. Si actúas sin metas ni objetivos, no pasas a la acción y no te mueves con pasión en la vida, solo tendrás en ella falta de ilusión y falta de ganas de vivir, tristeza, depresión y ansiedad. Relato zen: «El lago»
Observa esta imagen. ¿Qué te produce? ¿Quizás serenidad, unos momentos de felicidad y placer? Entonces debemos convertirnos en un lago. Debemos irradiar serenidad y placer dentro de nuestro interior y por todos los poros de la piel. Te aseguramos que esto es posible.
darte cuenta de que la felicidad ya la posees. La felicidad es estar a gusto contigo mismo en cada momento. A aceptar tus virtudes y mejorar tus debilidades. A aprender a dominar tus emociones, a aceptar cuando estés triste. Tienes todo tu derecho. Llora con pasión y si lo necesitas grita fuerte. Aprende a pedir perdón con humildad y a tragarte tu orgullo. Aprende a respetar cualquier forma de vida y a no poseer demasiadas o innecesarias cosas. A ser generoso contigo mismo y los demás. A comer y hablar con mesura. Aprende a acariciar y ser acariciado por otro ser vivo o por el viento. A decir hola y adiós sin importarte si los demás lo hacen. Entonces empezarás a compartir y a comportarte con la fuerza y firmeza del cielo, la suavidad del viento, la profundidad del agua, la tranquilidad de la montaña, a ser generoso como la tierra, a ser pasional como el trueno, a ser cálido como el fuego y en definitiva a alcanzar la serenidad y paz convirtiéndote en un ser pleno y consciente.
11. Tu garantía para el éxito: Planifica tu vida en función