52 mientras, en las narrativas, la comprensión surge desde la narra-ción misma y por consiguiente son particulares de cada si tuación. El significado está en constante
pro-ceso, nunca se lo alcanza por com-pleto. El terapeuta abre un espacio conversacional en relación a los problemas e inquietudes que el paciente y su familia plantean.
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Psicoterapia y posmodernidad.
Perspectivas y reflexiones
GILBERTO LIMÓN ARCE
Terapeuta, profesor y coordinador del programa de la Maestría en Terapia Familiar en la Facultad
de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México. e-rnail: limó[email protected]
RESUMEN
Partiendo de una breve crítica sobrealgunospresupuestos modernistas relacionados con el discurso de la verdad, en el presente artículo se señalan algunas desus implicaciones, sobre todocuando éste es llevado por el paciente oel
terapeuta alámbito dela psicoterapia. Se argumenta sobre la relatividad de nuestros discursos y sobre las propuestas identificadas con la teoría del construccionismo social y con el movimiento posmoderno, orientaciones que están
propiciando un interesante giro interpretativo en nuestra forma deconcebir la psicoterapia, para, finalmente, proponerabrimos a la posibilidad delas múltiples perspectivas y, con ello, a buscar nuevas formas que promuevan alternativas de vida más adaptativas y satisfactorias, congruentes con las
características sociales del mundo contemporáneo. Palabras clave: psicoterapia,
posmod
e
rnismo
,
construccionismo,socioconstruaionismo. ABSTRACT
Startingfrom a briefcritic on somemodernist budgetsrelated to thespeecb of trutb, in this paper some implications are outlined mostly when ibisspeecb is taken by tbe patient or therapist to the psychoterapy contexto It is argued on the relativity of ourspeechesand on the identified proposals with the theory of social
constructionism and with the postmodern movement approaches that are encouraging an interesting interpretative turn in ourway toconceive psychoterapy, so tofinally propos to beopen to the posibility of multiple perspectives and with this enable us to look for new ways topromote more
adaptatible and satisfactory fijealternatives, congruent with social characteristics of contemporary world
54 EL SíNTOMADELAVERDAD dualmente trasminando hacia otras nera, sobre todo si partimos de la la preponderancia de la inspiración 55 esferas de nuestra existencia y,por lo premisa de que «el discurso de la divina como rector último de la
ver-A
margen de su utilidad o mismo, hacia nuestros proyectos y verdad» no admite que ésta pueda dad (<<razón última» que siempre eficacia para abordar los estilos personales de vida. llegar a ser compartida. Se trata de procedía del pater intelligibilis lu-problemas de los pacientes En un sentido similar, aunque un discurso autocontenido que no cis);la Ilustración, en donde se bus-que buscan ayuda en psicoterapia, pueda no ser exactamente igual para nos proporciona ninguna salida y, caba hacer «una revisión de la con-la mayoría de las orientaciones o todos los casos, al mismo tiempo ini- además, que puede «atraparnos» cepción del mundo y del hombre a aproximaciones tienen una creencia ciamos un proceso de devaloración o jI dentro de una lógica o conceptua- la luz de la razón y de la experien-compartida sobre la validez o vera- descalificación del resto de las orien-
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lización que no nos facilitará pen- cia», lo cual empezaba a poner cada cidad de sus presupuestos para co- raciones.' Esto es, se trata de un pro- sar de otra manera. Haciendo una vez más énfasis en las facultades nacer la realidad, «la realidad» de, ceso que incluye la creencia generali- extrapolación un poco arbitraria personales del hombre y en el poder por ejemplo, la problemática de zada de que «nuestro» respectivo del discurso de la terapia familiar de la observación (Ferrater Mora,una persona, pareja o familia. Setra- marco teórico de referencia efectiva- sistémica, se trataría de una espe- 1984); el Romanticismo, una época ta de una creencia que constituye mente está explicando o conociendo cie de creencia compartida que que le atribuye un matiz oculto y
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toda una forma de ser, en ocasionessólo implícita dentro de los enun- la realidad y, por tanto, que el restode las propuestas teóricas existentes traciene atrapado,tiva, el síntoma de la verdaden una pauta inte-. misteriosoy la Modernidad,a la naturalezauna época que re-humana;ciados y estilos narrativas de los te- son falsas o simplemente están equi- toma la herencia del movimiento
rapeutas, pero que puede llegar a te- vocadas, pues se suele tener la con- ilustrado del siglo XVIII, que res-ner importantes restricciones. vicción de que sólo puede existir una
f HISTORIAyREALIDAD cata la idea del poder de la razón y
Esta forma de ser es esencialmente verdad; la convicción de que la ver
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de la observación como «baseúlti-una característica del mundo occi- dad, como la madre, sólo hay una. Genéricamente hablando podrí- ma del conocimiento verdadero»
dental contemporáneo y de la época Pero ¿es posible considerar que exis- I, amos decir que la humanidad ha (Gergen, 1991). En este último caso identificada con la modernidad, so- ta más de una verdad? Piénselo us- I atravesado por diferentes momen- se trata de una muy importante
bre todo en la primera mitad delpre- ted, lector de estas líneas: ¿cree usted tos históricos que, entre otras cosas, época con impresionantes avances C\
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'9sente siglo. Aunque a lo largo de los posible que exista más de una verdad han sido caracterizados por una pe- tecnológicos pero que, aparente- "'"'" siglos ha habido diferentes «formas para explicar larealidad? culiar manera de concebir la reali- mente, le está cediendo terreno a ,~<:>., de estar en el mundo», sólo reciente- Cualesquiera que hayan sido sus dad. Así, la concepción de lo verda- una nueva forma de pensar ya una :;¡
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mente nos hemos venido percatando respuestas, e independientemente dero no ha sido otra cosa que una nueva «conciencia colectiva» que '8 de su relatividad histórica como de los matices, sesgos o giros in- ~ creencia compartida que se ha veni- algunos importantes teóricos con- ~
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perspectiva. Se trata de una forma de terpretativos que les demos a las
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do modificando a lo largo de la his- temporáneos han venido identifi- 'l'E! pensar que se ha impregnado en to- preguntas anteriores, si responde- toria, pero una creencia asociada cando con la posmodernidad, una I¡j
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dos los ámbitos de nuestra existen- mas de acuerdo a su lógica int
er-/ con una serie de prácticas sociales y
época en donde constantemente nos -.¡ cia, incluidas las instituciones donde na, evidentemente que la respues- auna «actitud epistemológica» que estamos exponiendo a otros valores, ~
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se forma uno como terapeuta. Me re- ta tendría que ser negativa, pues I integra la experiencia, además de opiniones y estilos de vida,
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fiero al marco teórico que le subyace desde la lógica del discurso que una normatividad para la acción ción que permanentemente nos está :;:i
a toda forma de ejercer una profesión habla de la verdad, simplemente moral. De aquí que algunos autores empujando a una nueva conciencia ·ll<':"'>.,~ que, de alguna manera, se irá gra- no podríamos pensar de otra ma- ,¡
identifiquen ciertas épocas con cier- de nosotros mismos. 2 ~
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de la Edad Media, caracterizada por mencionar la existencia de otras in- ~
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-2. En El yo saturado, Kenneth Gergen tiene un interesante análisis con res- ~
..!'! tar cambiando, lo cual podría ser un indicador del giro conceptual que se está
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gestando en las nuevas generaciones y,por lomismo, delastesis postmoder- pecto a las tendencias que, según él, caracterizaron algunas de las épocas his- t
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teresantes observaciones acerca del
actual momento histórico, como es
el caso de la propuesta de
Haber-mas sobre el proyecto inconcluso
de la Modernidad, la
caracteriza-ción de «moderno tardío» que hace
Giddens o, incluso, de las fechas
que abarca este período.
Igualmen-te se podría hacer una analogía con
el Renacimiento, sobre todo
por-que muchas de las características
identificadas con la
posmoderni-dad tienen cierto parecido con
aquella época histórica, como fue la crisis de creencias e ideas, el
descu-brimiento de nuevos hechos, la
am-pliación del horizonte geográfico e
histórico, la fermentación de
nue-vas concepciones sobre el hombre y
el mundo, las tendencias
escépti-cas, la actitud crítica, etc., o porque
este período se distingue de los
otros por su carácter multiforme,
conflictivo y, sobre todo,
transicio-nal, lo cual siempre ha dificultado
su adecuada caracterización para
perfilado con mayor precisión
(Fe-rrater Mora, 1984), tal y como está
aparentemente sucediendo con la
llamada «posmodernidad». De
cual-quier manera, y al margen de que
pudiéramos tener una más adecua
-da caracterización del momento
histórico contemporáneo,
conside-ro que muchos de los
planteamien-tos aquí señalados siguen siendo,
por lo menos, interesantes.
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LA REALIDAD EN APRIETOS
En concordancia con la idea gene-ralizada de que estamos en un
mun-do que se hace cada vez más peque
-ño, en lo que Marshall McLuhan
identificó como «la aldea global» y
los economistas con el término «glo
-balización», la tendencia
identifica-da con la posmoderniidentifica-dad considera
que estamos cada vez más inmersos
en un mundo de múltiples
perspec-tivas, de otras perspectivas acerca de
la realidad y de «otras verdades»
que, como la nuestra, también están
impregnadas de valores y
costum-bres (Gergen, 1991). Esta tendencia
habla de esas «otras verdades» que
implícita y explícitamente están
permanentemente cuestionando la
supuesta obviedad y solidez de
nuestras más arraigadas creencias y
valores (que es cuando también se
han estado relativizando nuestros
particulares conocimientos del mun-do), lo cual ha empezado a poner en
entredicho a la retórica exclusivista
de la verdad, y es, al mismo tiempo, cuando empezamos a vede la cola al diablo, esto es, cuando empezamos a ver la lucha por el poder y el
predo-minio social en las distintas
versio-nes o interpretacioversio-nes de la realidad,
de esa supuestamente única versión
verdadera de la realidad que tanto
daño le ha causado a nuestra
maltre-cha humanidad, sobre todo cuando
aquélla se dogmatiza y en su
obsti-nación le cierra las puertas a otras
versiones o perspectivas, y, sobre
todo, al diálogo enriquecedor que
puede proveernos la pluralidad. No
habría que olvidar, como lo señala Ibañez,
« ...que las más grandes atroci
-dades siempre se han cometido en
el nombre de la retórica de la
ver-3. Aunque tiene importantes antecedentes en el campo de la filosofía y de la sociología, como se puede ver en la propuesta de Peter Berger y Thomas
Luckmann, publicada originalmente en 1966 (La construcción social de la
re-alidad, Buenos Aires, Amorrortu, 1968), las particularidades de la teoría
del construccionismo social se desarrollaron en el campo de la psicología
social.
4. El constructivisrno es una interesante perspectiva que ha venido
incur-sionando con éxito en el ámbito de la terapia familiar, y donde se puede ob-servar la presencia de una tradición relacionada con la filosofía idealista, con
la biología
y
con la psicología cognoscirivista. En esta orientación se destaca,por ejemplo, que la persona funciona por medio de mapas cognoscirivos ela
-borados internamente, que ésa es la única realidad cognoscible, que la «reali
-dad externa» es incognoscible y, por tanto, que solamente podemos llegar a
tener un «encaje aproximativo» (<<Íit»)hacia la realidad. Diferente a la
pro-puesta construccionista que está poniendo el énfasis en las relaciones sociales,
enel papel que juega el lenguaje en la construcción social de la realidad y, más
particularmente hablando, en los sistemas de significado implícitos en el
dis-curso con el que nos comunicamos. De ahí que se haya empezado a identificar a esta tendencia, y a las prácticas asociadas a tales sistemas de significados,
con los nombres genéricos de «terapias narrativas», «enfoques colaborati
-vos» y «aproximaciones conversacionales».
dad. La verdadera religión, la ver
-dadera divinidad, lanzó las
cruza-das, creó la inquisición y masacró
a los calvinistas. La verdad
presi-dió la revolución francesa. El
prauda justificó el terror
bolchevi-que, y fue con verdades
aplastan-tes e irrefutables que los nazis
aplastaron cráneos de judíos e
iz-quierdistas ( ... ) Los peores
peli-gros no vienen de los ataques a la
verdad, sino de la creencia en la
verdad, independientemente del
metanivel donde la supuesta
ver-dad se localiza, sea religión o cien-cia.» (Ibañez, 1993, pág.50).
mente como «consrruccionismo», es otra forma de pensar que
recien-temente ha empezado a deslizarse,
primero en las universidades,
parti-cularmente en el campo de la
psico-logía social.' para posteriormente
emigrar a los escenarios de la terapia
familiar. Esta perspectiva produjo
en sus inicios cierta confusión,
so-bre todo por su similitud semántica
con el constructivismo que, inclu
-so, llevó a pensar que se trataba de
sinónimos o en problemas de
tra-ducción. Sin embargo, aunque se
pueden encontrar puntos de
con-tacto entre ambas aproximaciones, sobre todo en su traslación al
ámbi-to de la terapia familiar (Efran y
Clarfield, 1992), considero que son
formas de pensar que nos «mon
-tan» sobre tendencias conceptuales
y pragmáticas diferentes.4
Considerada como heredera
in-telectual del racionalismo y de su
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LA TEORíA
DEL CONSTRUCCIONISMO SOCIAL
La teoría del construccionismo
social, también identificada como
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vertiente teórica contemporánea, al mismo tiempo podríamos seña-lar que, por sus fuentes de inspira-ción, la teoría del construccionis-mo social es una aproximación ecléctica, característica que,
ade-más de proponer una nueva
ten-dencia o perspectiva, al mismo tiempo nos está dejando la puerta abierta para retomar otros estimu-lantes puntos de vista o analogías, sobre todo aquéllas que han ido nutriendo a esta interesante orien-tación y a la tendencia identificada con el movimiento posmoderno,
como Wittgenstein, Foucault,
Gadamer, Ricoeur, Rorty, Feyera-bend, Lyotard y Derrida, además de las valiosas aportaciones de al-gunos de sus principales
promoto-res, como Kenneth Gergen y
To-más Ibañez. En cierta medida el resultado es, nos dice Ibañez, una amalgama de las aportaciones más
sustantivas de cada una de las
orientaciones para, como lo señaló Gergen, dilucidar los procesos mediante los cuales las personas consiguen describir, explicar o dar
cuenta del mundo en que viven
(Ibañez, 1990).
En este sentido, y contrario a las creencias de la tradición científica identificada con la modernidad (que afirma que el lenguaje refleja el contenido de la mente y que ésta refleja la realidad), la tendencia socioconstruccionista afirma que la mente no refleja el mundo, que las palabras no reflejan el conteni
-do de la mente y, por tanto, que las palabras no reflejan al mundo o a la realidad. Dentro de esta nove-...,
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dosa aproximación se afirma
(Iba-ñez, 1990) que la realidad son
convenciones culturales
histórica-,mente situadas y mediadas a tra-vés del lenguaje; que el significa-do de las palabras no se deriva de los procesos que supuestamente representa, sino, como lo mencio-na Wittgenstein, de su posición en las secuencias, de la acción o «juegos de lenguaje»; que ellen-guaje es metafórico por naturaleza propia, como lo afirma el decons-truccionismo de Jacques Derrida,
y que éste, el lenguaje, no deriva sus características de la realidad, sino de otro lenguaje en donde el significado «último» de las pala
-bras suele llegar a perderse entre los complejos laberintos de la his-toria o, mejor dicho, entre las pá-ginas de los libros de historia y diccionarios.
Es por esto que para algunas teo
-rías identificadas con la postmo-dernidad, como es el caso de la teo-ría del construccionismo social
para la psicoterapia (Gergen y
Kaye, 1992),una historia en parti -cular no es «falsa» ni «verdadera»,
sino una construcción social como
muchas otras, lo cual relativiza to-das nuestras concepciones previas acerca de la «verdad» y, al mismo tiempo, le da sentido y coherencia
al planteamiento del «todo vale»
de jean-Francois Lyotard, del
«todo sirve» de Paul Feyerabend:
dos planteamientos que nos invi-tan a aceptar la viabilidad de los «múltiples relatos» sin pensar en que ningún discurso en particular se convierta en el discurso
privile-giado; un relativismo que nos invi-ta a acepinvi-tar la «veracidad» de las múltiples perspectivas o discursos sin que tengamos que comprome-ternos, necesariamente, con nin-guna creencia o discurso en parti-cular. Se trata de una perspectiva que, como se puede prever, puede llegar a tener importantes impli-caciones para la construcción del conocimiento científico contem-poráneo y, en el caso que nos ocupa, para la construcción de «realidades alternativas» en el ámbito de la psicoterapia.
NARRATIVA yREALIDAD
Con contadas excepciones, nos
dice Kenneth Gergen (994), la
mayoría de las teorías terapéuticas tienen una narrativa o conceptua-lización a priori, lo que las consti-tuye en un sistema de compren-sión cerrado que suele impedir otras interpretaciones, y, por lo mismo, donde las alternativas de vida están prematuramente trun-cadas por los límites restringidos de dicha conceptualización, ade-más de que, por lo general, éstas casi siempre se mantienen al mar-gen de las particularidades histó-ricas y sociales que las contextuali-zan como perspectivas.
Un ejemplo que nos podría per-mitir observar con más precisión al-gunas de estas limitaciones, lo po-demos ver en el libro El yo y los
mecanismos de defensa. Entre otras
co-sas, en este libro Anna Freud señala el caso de una niña que «había lo-grado de tal modo reprimir la envi
-dia al pene de su hermanito
-afec-to que dominaba enteramente su
vida-, que inclusive en el análisis resultaba sobremanera difícil des-pistar sus rastros». 5 Sin embargo, aquí podemos detectar, entre otras cosas: 1) que se trata de una perspec-tiva teórica cerrada, auto-conteni-da, que no permite otra explicación ni facilita las posibilidades para otras interpretaciones, ni para el te-rapeuta ni para el paciente; 2)que es un punto de vista que está histórica y culturalmente descontextualiza-do (aunque podría ser una excelente interpretación de las costumbres y preocupaciones de un sector de la sociedad austriaca o europea de fi-nales del siglo pasado o principios de éste); 3) que se trata de una pers-pectiva con tendencias «patologi-zantes», pero, y esto es importante, de una perspectiva patologizante para la mujer; en otras palabras, para la mujer es patológico no tener envidia por el pene del hermanito; 4) que habla de una supuesta «ex-plicación» o «lectura clínica» que no brinda opciones «sanas» o alter-nativas más adaptativas para la mu-jer y, por supuesto, tampoco para el terapeuta (no hay vuelta de hoja: así lo dice la teoría); y 5) que se trata de una visión o perspectiva masculi-nista que lleva a un plano ideológi-co y de poder los supuestos
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ticos y evaluaciones clínicas que, se dice, son procedimientos científi-cos, pero procedimientos cientí-ficos que, además, suelen llegar a auto contemplarse como « neutra-les» y «objetivos».
Al margen de la actualización del psicoanálisis y de las nuevas interpretaciones o interesantes lecturas contemporáneas del mis-mo ¿ no podríamis-mos pensar, por ejemplo, que se trata de una visión o perspectiva que nos pudiera es-tar hablando de una especie de in-terpretación de una época yde un momento histórico en particular, y no de un supuesto «reflejo de la universalidad de la realidad psico-lógica»? Porque yo creo que si Freud estuviera en este momento queriendo hacer una lectura de nuestra época, seguramente en-contraría muchos casos de herma-nitos que tienen envidia por la va-gina de la hermanita, y que más que «parologizante», ellos « aser-tivamente» podrían encontrado como una opción más de vida, o como una legítima elección sexual que la Declaración Universal de los Derechos Humanos les garan-tiza como un derecho inalienable.
En este punto considero impor
-tante mencionar la influencia del movimiento feminista dentro de las tendencias posmodernas y, sobre todo, de la gradual deconstrucción del entramado social y conceptual relacionado con la preponderancia
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masculinista en nuestras creencias y valores más arraigados. Tal es el caso de la mayoría de las creencias reli-giosas en la construcción de ese an-damiaje ideológico de dominación del hombre sobre la mujer (como es el casode la tradición judeocristiana de que el hombre, y no la mujer, es el que fue creado a imagen y seme-janza de «El Señor»), o de la creen-cia repetida, siglo tras siglo, de que
la mujer no era otra cosa más que sexo, un sexocasi siempre enfermoe
inductor de enfermedades, ese anti-quísimo movimiento que se preci -pitó hacia el siglo XVIII y cuya
con-secuencia fue la patologización de la mujer, lo cual, nos dice Michael Foucault (1981), convertía su cuer-po en cosa médica cuer-por excelencia.
MAs ALLA DELA NARRATIVA
Así, en un sentido innovador y creativo, la propuesta socioconstruc-cionista de Gergen y Kaye (1992) nos sugiere hacer más énfasissobre el pensamiento narrativo y, al mismo tiempo, abrir al paciente a huevos contextos, contextos narrativos deri-vados de procedimientos que hagan más énfasis en la generación de nu
e-vos significados derivados a través
del diálogo, tal y como se ha venido trabajando en el Instituto Galves-ton-Houston6 que, a decir de Lynn
Hoffman (1992), desertaron de las
filas de la cibernética para tomar el
6. Importante Escuela,con Harry GoolishianyHarlene Anderson como
sus principales exponentes, pionera en retomar el lenguajeyel «giro posrno-derno»en sus intervenciones terapéuticas.
a la posibilidad de una serie infini-tamente cambiante de reglas, es, entonces, dice] ames Carse, cuando se hace más promisorio el juego de la existencia (Gergen, 1991).
En este sentido, lo que se reque-riría para empezar a delinear una nueva perspectiva en el ámbito de la psicoterapia, de acuerdo a Ger-gen y Kaye (1992), es «aceptar la idea de un diálogo transformador, un diálogo en donde los nuevos sig-nificados pudieran ser negociados junto con un nuevo cuerpo de pre-misas» y,al mismo tiempo, « evo-car una actitud expectante sobre lo aún no visto», esto es, sobre «las historias aún no contadas». Se trata de un diálogo transformador que no es otra cosa, según estos autores, que «una progresión para aprender nuevos significados, para desarro-llar nuevas categorías de significa-dos y para transformar las premisas acerca de la naturaleza de los signi-ficados», lo cual nos está hablando de un procedimiento terapéutico que pudiera ser pensado para libe-rar, a todos los participantes en una terapia, incluido el terapeuta, de una posible «zambullida» en algu-nas de las limitadas construcciones del mundo, en alguno de los« jue-gos finitos» de ]ames Carse.
JUEGOS DE LENGUAJE Y PSICOTERAPIA
En congruencia con el plantea-miento wittgensteiniano sobre la
7. Kenneth Gergen habla del libroF inite and lnfinite Games, Nueva York,
Ballantine Books, 1986.
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estandarte de la hermenéutica. Se trata, genéricamente hablando, de un procedimiento que propone, en-tre otras cosas,una exploración gene-rativa para el análisis de la multi-plicidad de los significados y la aceptación de que no es necesarioad-herirnos a una historia invariante, como tampoco es necesario buscar una historia definitiva para el pa-ciente. Más que establecer una nueva narrativa, lo importante aquí es tra-tar de trascender el«alojamiento na-rrativo» del discurso predominante que, presumiblemente, está obsta-culizando otras opciones de vida.
Aquí cabría hacer una observa-ción adicional que, en lenguaje construccionista, adquiere matices de invi tación. Me refiero a la invi-tación para enriquecer nuestras perspectivas en el ámbito de la psi-coterapia, para perderle el miedo a la retórica exclusivista de la verdad, y para emprender la marcha por el estimulante camino de la plurali-dad. De ahí la importancia del des-cubrimiento de Kenneth Gergen en los planteamientos de ] ames Carse." Según este autor, existen dos tipos de jugadores: los que jue-gan juegos finitos y los que juejue-gan juegos infinitos. Los jugadores fi-nitos juegan entre las fronteras (de una construcción particular de la realidad), en cambio, los jugadores infinitos juegan con las fronteras (de diferentes construcciones), y
62 ubicuidad del lenguaje y, al mismo tiempo, de la imposibilidad de tras-cender sus propios límites, considero que los terapeutas POdríamos ir pen-sando en aceptar la invitación para trascender los límites restringidos de
un discurso científico o terapéutico en particular y, al mismo tiempo, en arriesgarnos por curiosear más allá de las fronteras de los juegos de len-guaje que hemos venido heredando sin cuestionar. No deberíamos olvi-dar, como lo señaló Sluzki (985),
que los modelos son herramientas para pensar" y, como lo menciona Robert N euburger (1991), que el ser humano tiene la capacidad para ope-rar desde diferentes perspectivas, desde diferentes puntos de vista, sin dejar de recordar que ya Thomas Kuhn señalaba que no mejorábamos
nuestro conocimiento, sino que
cambiábamos nuestra forma de ver el mundo, y que Paul Feyerabend se refería a la verdad como un asunto de perspectiva.
Para el caso de la psicoterapia, se trata, a final de cuentas, de tras-cender la supuesta narrativa «dis-funcional» para buscar navegar por otra u otras narrativas más
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adaptativas, esto es, ir más allá de los límites restringidos de una
«realidad» que pudiera tener
atra-pada una «sintomatología» para
escudriñar, eventualmente, en
otras «realidades» que hagan in-necesaria la presencia del patrón disfuncional o sintomático, pero tratando de buscar narrativas, perspectivas o realidades que en verdad sean alternativas y, por lo mismo, más adaptativas y funcio-nales para los contextos en los que se desenvuelve una persona, pareja o familia. Y es en este mismo con-texto donde tendríamos que resal-tar, nuevamente, que no es la valo
-rización de la verdad lo que le da
sentido a las palabras, sino su posi-bilidad para ayudar a coordinar las acciones y emociones de las perso-nas que están involucradas en di-versas actividades en un contexto histórico y social, pues las
pala-bras, antes que otra cosa, son
«ayudas ilocutivas» para la inte-racción social y, en el caso que nos
ocupa, para tratar de comprender
y abordar los problemas indivi
-duales y sociales que profesional-mente nos ocupan."
Así, como yo lo veo, el problema acerca de la realidad, sobre todo para el caso de la psicoterapia, no es que existan diferentes orientacio-nes, versiones o perspectivas, pues esto es enriquecedor y personal y socialmente legítimo, sobre todo en los ámbitos contemporáneos de la democracia. El problema es que alguna de las versiones no se reco-nozca como perspectiva y, peor aún, que en los escenarios institu-cionales que involucran poder, in-cluso en la academia, alguna de ellas quiera apropiarse del discurso de la verdad, pues difícilmente po-dría negarse, parafraseando a Mi-chael Foucault, que la ciencia siem-pre ha sido una de las más efectivas máquinas de poder (Ibañez, 1990).
PLURALISMO yMULTIPLICIDAD
Para redondear la idea que busco aquí trasmitir, me gustaría hablar de una analogía. Cuando en otra ocasión quería trasmitir la idea del lenguaje como perspectiva, utilicé la analogía de la fotografía para tratar de resaltar, entre otras cosas, el componente histórico que invo-lucra a las diferentes versiones o perspectivas de la realidad. Así, en aquella ocasión comentaba que el planteamiento psicoanalítico era
como una fotografía de un
mo-mento histórico en particular, y 8. El artículo donde Sluzki hace esta apreciación fue presentado en 1985en
el Primer Cogreso Argentino y Segundo Encuentro Nacional de Terapia Fami -liar (ver referencia al final), época en que estaba, al parecer, muy cercano a lapo
s-tura constructivista. En esa ocasión Sluzki señalaba que los modelos «nos pe
r-miten describir las cosas de una cierta manera, pero nunca de la manera en que
las cosas son», mencionando, además, que «tal vez no haya una manera en que
las cosas son», argumentos que, desde mi punto de vista, le daban un sesgo
constructivista a sus planteamientos. Actualmente, sin embargo, considero
que su postura está cada vez más cercana a la propuesta socioconstruccionista.
9. Como se puede ver en la primera parte de este párrafo, al hablar de na -rrativas alternativas menciono: «...perspectivas o realidades que en verdad
sean alternativas ... »(e igualmente pude haber escrito: «perspectivas que re
-almente sean alternativas»), lo cual parecería ser una contradicción con mi
una fotografía que incluso pudo haber llegado a captar, con extraor-dinaria fidelidad, algunos de los rasgos de personalidad y culturales más importantes de su época, pero que se trataría de una fotografía en la que muy poca gente podría ac-tualmente identificarse. Sin em-bargo, a pesar de que al principio creía que era una buena analogía, ahora pienso que se quedó un poco corta, además de que nos podría hacer creer que en verdad pudiera estar captando la realidad de la época freudiana. Se trataba de una analogía que ahora considero con-ceptualmente más cercana a la idea positivista de la realidad.
Fue por ese motivo que preferí cambiar la analogía de la fotogra-fía por la de la pintura, sobre todo porque me parece que ésta explica mejor el papel de la retórica, tanto para la vida cotidiana como para el ámbito de la ciencia en general, pues al igual que en la pintura, pienso que un discurso identifica estilos, técnicas, emociones, in-tenciones, fuerza interpretativa ...
y un sinnúmero de manifestacio-nes relacionadas con una persona, con un momento histórico, con un país, con un matiz cultural, con
una corriente de pensamiento o
con una combinación de éstas. Y es en este sentido mi considera-ción de que toda narrativa o dis-curso no es otra cosa que una
acti-postura en este artículo. Sin embargo, con ello también quisiera destacar la posibilidad de su utilización como herramienta discursiva (< <ayudasilocuti-vas»), tal y como lo señalo en la segunda parte del párrafo.
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vidad humana donde las palabras
son como las pinceladas sobre el
lienzo de la realidad social, pero de
un lienzo que nunca terminamos
de retocar.
Es por esto que creo que las
dife-rentes versiones de la realidad,
metafóricamente hablando, son
como cuadros o pinturas de la
mis-ma, y que no podemos considerar
a ninguna de ellas como la versión
privilegiada para comunicar «la
realidad de la realidad». Genérica
-mente hablando podría yo afirmar
que se trata de versiones parciales
de la realidad en un momento
his-tórico determinado (aunque el
«referente» de dicha realidad no
exista, como es el caso de la
mito-logía o de las creencias en la
exis-tencia divina). Sin embargo, para
todos los casos podemos estar
se-guros que se está pintando un
cua-dro con un estilo peculiar, llámese
realismo, impresionismo, sur
rea-lismo ... terapia de la conducta, te
-rapia familiar, o psicoanálisis, por
mencionar algunas perspectivas.
yes precisamente en este co
n-texto donde veo posible la supe
r-vivencia de prácticamente todas
las perspectivas teóricas en psico
-logía, pero siempre y cuando éstas
no se consideren como «la única
versión verdadera de la realidad»,
lo cual, adicionalmente, facilita
que no se inmovilicen como marco
inrerpretativo y que
eventual-mente puedan continuar enrique
-ciéndose como una perspectiva
más. Se trata de una forma de pe
n-sar que, me parece, nos acerca a la
práctica liberal y al anarquismo
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estimulante propuesto por Feye
-rabend, pues difícilmente
podría-mos seguir creyendo que alguno
de los planteamientos teóricos
contemporáneos pudiera llegar a
tener una única yunívoca expl
ica-ción de la vida. Así, dice Feye
ra-bend:
«.:.mi tesis es que el anarqu
is-mo estimula el, progreso, cu
al-quiera que sea el sentido en que se
tome este término. Incluso una
ciencia basada en la ley yel orden
sólo tendrá éxito sipermite que se
den pasos anarquistas ocasionales
e..
),
pues resulta claro que la ideade un método fijo, ola idea de una
teoría fija de la racionalidad, des
-cansan sobre una concepción ex
ce-sivamente ingenua del hombre y
de su entorno social. A quienes
consideran el rico material que
proporciona la historia y no inte
n-tan empobrecerlo
e
.
.
)
a esas perso-nas les parecerá que sólo hay un
principio que puede defenderse
bajo cualquier circunstancia yen
todas las etapas del desarrollo h
u-mano. Me refiero al principio de
todo sirve» (Feyerabend, 1975,
págs.11-12).
De aquí mi planteamiento,
ge-néricamente hablando, de la
posi-bilidad de la coexistencia de las
múltiples perspectivas oversiones
de la realidad y,eventualmente, de
la viabilidad de una fructífera c
o-laboración entre distintas formas
de ver el mundo, lo cual, tengo
que decido, requiere del recon
oci-miento de la pluralidad y de una
actitud respetuosa para las dife
-rentes versiones, puntos de vista o
perspectivas acerca de la realidad,
incluida, por supuesto, la realidad
del paciente que busca ayuda en
psicoterapia.
TODO SIRVE Y VALE.•. MA NON TROPPO
Al margen de mi particular
con-vicción de que en última instancia
«todo sirve» y «todo vale»
(para-fraseando a Feyerabend y a
Lyo-tard, respectivamente), considero
que existen ciertos límites que
di-ficultan o hacen imposible su
apli-cabilidad in tuto sens, lo cual,
siendo congruentes con nuestros
planteamientos, nos llevan a
rela-tivizar su respectiva utilidad y
va-lidez como enunciados. En el
primer caso estamos hablando
esencialmente de límites
concep-tuales y prácticos, aunque
even-tualmente posibles, pero en el
se-gundo caso estamos hablando de
límites culturales en ocasiones
im-posibles de rebasar, sobre todo en
algunos de los aspectos genérica
-menteidentificados con la ética. 10
Sin embargo considero que, dentro
de los márgenes culturales más
sustantivos, sí podríamos trabajar
con las diferentes perspectivas
existentes, sobre todo para propi
-ciar nuevas formas de
conceptuali-zar nuestra realidad y, al mismo
tiempo, para generar nuevos, más
amplios y satisfactorios
conoci-mientos disciplinarios y
perspecti-vas para la sociedad, incluidas las
alternativas de vida para las
perso-nas que asisten a psicoterapia.
yes por lo mismo que también
considero fundamental y necesario
«ubicar», con la mayor
congruen-cia y sensibilidad posibles, la
pro-blemática de nuestros pacientes o
clientes dentro del contexto social e
histórico contemporáneo (lo
váli-do, lo permitiváli-do, lo ético, etc.),
di-ferenciándolo de épocas y contextos
del pasado (sobre todo si estamos
de acuerdo en que muchas de las
«patologías» del pasado ahora son
una peculiaridad, una idiosincrasia
o un derecho civil o humano) y, a
partir de ello, ayudarlas a construir
una realidad que les evite el
sufri-miento y les proporcione
alternati-vas de vida más adaptatialternati-vas que,
por lo mismo, pudieran llegar a ser
más satisfactorias.
Dos EJEMPLOS Y UNA REFLEXIÓN
U n ejemplo de lo hasta aquí
mencionado lo podemos ver, muy
brevemente, en una propuesta
te-rapéutica personal donde he
llega-10. A pesar de que en ciertas condiciones éstos hayan sido modificados
por las tendencias culturales predominantes en algún momento histórico,
como sucede en las guerras, donde los valores más elementales para la
convi-vencia humana suelen llegar a ser pisoteados sin mayores contemplaciones,
incluso con justificaciones «culturales» de corte religioso, humanista o cien-tífico; y la historia está llena de estos ejemplos. Y, aunque sería una temática
interesante a desarrollar, pienso que ello requeriría de un análisis cultural y
con textual que rebasa los propósitos originales de este artículo.
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~do a utilizar procedimientos
ori-ginalmente derivados de marcos
teóricos diferentes. Dentro de esta
propuesta es importante
conside-rar que, para algunos casos,
ade-más de la intervención sistémica
(en una familia) para construir una realidad alternativa «que no haga necesaria la presencia del
sínto-ma», al mismo tiempo pienso que
es posible utilizar, por ejemplo, un
entrenamiento en conducta aserti-va para uno de sus miembros (que
bien puede ser el«paciente
identi-ficado»). Esta forma de
interven-ción se sustenta en que un pacien-te, además de estar atrapado en
una pauta interactiva que suele
llegar a durar varios años, al mis-mo tiempo, y por lo mismis-mo, pudo estar alejado de las situaciones, contextos y personas que le
ha-brían podido permitir, a su vez,
generar las narrativas o establecer los repertorios más acordes con su
normatividad social. Y sin tener
que casarnos con los
planteamien-tos últimos de la terapia cogni
ti-vo-conductual, bien podríamos
reconceptualizar las
característi-cas de un comportamiento
aserti-va como una forma particular de
narrativa que, además de«proveer
al paciente de un repertorio
social-mente efectivo», al mismo tiempo
le puede ayudar a inmiscuirse en contextos narrativas más adapta-tivos.
Otro ejemplo lo podemos ver en una adaptación, más o menos libre, de las tendencias narrativas y de algunas ideas derivadas del
procedimiento
cognitivoconduc-...'
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de «el cultivo del sí-mismo»
fou-caultiano como guía alegó rica para
reconceptualizar nuestra función
como terapeutas.
Es por lo anterior que mi postu-ra actual incluye dos aspectos que quisiera finalmente enfatizar. U no de estos aspectos está relacionado con una postura crítica hacia las
diferentes versiones de «la
reali-dad», y el otro con una actitud de
respeto. Esto es, considero
impor-tante mantener una postura críti-ca (incluso hacia nuestra propia perspectiva) pero, al mismo tiem-po, hacer esto con una actitud de
respeto hacia todas las formas
de ver el mundo. Sin embargo,
considero importante resaltar la
necesidad de mantener dicha pos-tura crítica hacia las versiones que
se autocontemplan como
privile-giadas, cuando éstas obstaculizan
cualquier otra versión o
interpre-tación y,por ende, la posibilidad
de generar nuevos conocimientos
e interpretaciones de la realidad.11
CONCLUSIONES TENTATIVAS
Mi conclusión al respecto,
siem-pre tentativa, es que no existe una
11. Sobre todo cuando alguna de ellas se encarama en alguna instancia de
podery,al margen de criterios mínimos de respeto o tolerancia a la
plurali-dad,utiliza esaposición para apropiarse de los recursos institucionales que le
niegaaotras perspectivasya otras formas de pensar o de generar
conocimien-to, talycomo está sucediendo actualmente en algunas universidades ycon
«los criterios» derivados para fortalecer, supuestamente, lasactividades
aca-démicasyde investigación en mi país.Ytodo esto, como se podrá fácilmente
prever, con graves efectos recesivospara la libre generación del conocimiento (si se me permite este tropo economicista),el cual debería ser uno de los patri-monios más preciados para el desarrollo de una nación.
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tual en solución de problemas, ambos utilizados para el análisis de las tendencias dentro de un
es-tilo de vida en particular (por lo
cual una persona asiste a
psicote-rapia) y, al mismos tiempo, para detectar algunos elementos
narra-tivas sustantivos dentro del sist
e-ma de significados de un paciente
y de su problemática. Aunque la
explicación de est~
procedimien-to requeriría de un espacio mayor,
genéricamente podemos señalar
que se trata de un procedimiento
que les permite, tanto a los
pa-cientes como al terapeuta, hablar
acerca del sistema de significados
explícitos e implícitos en el
dis-curso dominante y en la configu-ración de la problemática o moti-vo de consulta; les permite hablar acerca de la tendencia a mediano y largo plazos dentro de la lógica de dicho patrón (en donde a los pa-cientes se les pide que se vean a dos, cinco o diez años), lo cual in-cluye el análisis de la congruencia
entre el «patrón» y sus
expectati-vas, deseos y necesidades; les
per-mite hablar acerca de la historia,
de la relatividad y de posibles
mundos colindantes (pero
siem-pre atentos, cuidadosos y
respe-tuosos de los límites «en última
instancia» de sus contextos,
prin-cipios y capacidades personales);
y, más importante aún, les
permi-te hablar acerca de las múltiples opciones y tendencias que even-tualmente se podrían vislumbrar en el horizonte.
Hablo de la idea, propuesta por Kenneth Gergen, de trascender el
alojamiento narrativo de la
pro-blemática de nuestros pacientes, además de la exploración creativa del sistema de significados predo-minante y de la aceptación de los múltiples relatos posibles. Hablo, pensando en] acques Derrida, del deslizamiento del sistema de sig-nificados y, también, de su
posi-ble deconstrucción. Hablo de los
juegos de lenguaje wittgenstei-ni anos y de la posibilidad de
tras-cender las convenciones Iingü
ísti-cas prestablecidas, además del
trabajo de Michel Foucault sobre las relaciones de poder y sobre la tiranía que puede ejercer una
cre-encia cultural. Hablo de la
relati-vización de la experiencia y de su
contextualización, y, como lo
se-ñalan Kenneth Gergen y ] ohn
Kaye, de sensibilizar a nuestros
pacientes sobre el contenido rela-cional donde está situada su
pro-blemática. Hablo, parafraseando
a ]ean-Fran<;ois Lyotard y a Paul
Feyerabend, del «todo vale» y
«todo sirve» como directriz para iniciar un diálogo transformador y para propiciar una actitud
ex-pectante, como diría Hans-Georg
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orientación en psicoterapia que
posea la patente de la verdad. Lo
que existe son diferentes versiones
operspectivas que están inevita
-blemente enraizadas en un
con-texto histórico y social, y, por lo
mismo, que están inevitablemen
-te mediadas a través del lenguaje,
lo cual, me parece, es una inte
re-sante invitación para aceptar la
pluralidad de los múltiples rel
a-tos, narrativas o discursos, y para
generar opciones más
satisfacto-rias y estimulantes entre nosotros,
con los pacientes ycon el conjunto
de la sociedad. Hablo depropiciar
una actitud que favorezca
escu-chamos, hablo de una atenta invi
-tación al diálogo respetuoso y
co-laborativo entre nosotros. De lo
que se trata, haciendo extensivas
algunas ideas deGergen y Kaye en
su propuesta para la psicoterapia,
es de liberamos de la opresión de
las narrativas restringidas (esa ca
-misa de fuerza de la modernidad,
ese corset decimonónico del
ro-manticismo), yde buscar una más
permanente y creativa participa
-ción en el despliegue sin final de
los significados que puede llegar a
tener la vida.
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