ALGUNOS TEXTOS DE ORTEGA Y GASSET
El realismo
“El mundo o realidad, o lo que verdaderamente es, se nos presenta, pues, como la gran cosa. Su modo de ser, su tipo de realidad, es el que se nos ofrece ante cualquiera de esos algos que llamamos cosas. (…) Una cosa es: 1º, algo que encuentro, que, por tanto, está ya ahí por sí, con independencia de mí; 2º, el ser de lo que está ahí, en cuanto está ya ahí, es un ser concluso, fijado, un ser ya lo que es. (…) Esta tesis significa elevar a prototipo de todo ser el modo peculiar de ser la “cosa”, la res, y por ello se llama realismo. El realismo, pues, consiste en la afirmación o tesis de que todo lo que es, en definitiva, es como la cosa.”
Ortega y Gasset, J.: “Unas lecciones de metafísica”
El idealismo
“Afirmar que la realidad radical son las cosas era un error porque la realidad de las cosas sólo es segura mientras un sujeto pensante asiste a ellas (…) La realidad de las cosas, pues, coimplica la realidad del pensamiento. (…) El pensamiento sería, pues, la materia de que todo está hecho, sería la realidad radical, la única (…).
El idealismo dice entonces: por lo tanto no hay una pared sin más, sino que sólo hay el
“ser para mí de una pared” y a este “ser para mí algo” llama pensamiento, un sujeto que piensa la pared, un sujeto para el cual hay pared. No hay cosas, hay sólo conciencia o pensamiento de las cosas.”
Ortega y Gasset, J.: “Unas lecciones de metafísica”
Insuficiencia del realismo y del idealismo
“El modo de ser de toda cosa tiene un carácter estático y consiste en estar siendo lo que es y nada más (…)
Para Descartes el pensamiento deja de ser realidad, apenas lo ha descubierto como primera realidad y se convierte en simple manifestación o cualidad de otra realidad estática.
(…) Je ne suis qu´une chose qui pense. ¡Ah, una cosa! Hemos recaído en el ser inerte de la ontología griega.”
Ortega y Gasset, J.: “¿Qué es filosofía?”
Crítica al realismo y al idealismo
“Para los antiguos, realidad, ser, significaba “cosa”; para los modernos, ser significaba
“intimidad, subjetividad”; para nosotros ser significa “vivir” –por tanto- intimidad consigo y con las cosas”.
Ortega y Gasset, J.: “¿Qué es filosofía?”
“Sería, pues, oportuno que nos preguntásemos: cuando además de estar viendo algo tenemos su concepto, ¿qué nos proporciona este sobre aquella visión? Cuando sobre el sentir el bosque en torno nuestro como un misterioso abrazo, tenemos el concepto del bosque, ¿qué salimos ganando? Por lo pronto, se nos presenta el concepto como una repetición o reproducción de la cosa misma, vaciada en una materia espectral (…). Comparada con la cosa misma, el concepto no es más que un espectro o menos aún que un espectro.
Por consiguiente, a nadie que esté en su juicio se le puede ocurrir cambiar su fortuna en cosas por una fortuna en espectro. El concepto no puede ser como nueva cosa sutil destinada a suplantar las cosas materiales. La misión del concepto no estriba, pues, en desalojar la intuición, la impresión real. La razón no puede, no tiene que aspirar a sustituir a la vida.
Esta misma oposición, tan usada hoy por los que no quieren trabajar, entre la razón y la vida, es ya sospechosa. ¡Como si la razón no fuera una función vital y espontánea del mismo linaje que el ver o el palpar!”
Ortega y Gasset, J.: “Meditaciones del Quijote”
La vida como invención. Libertad y fatalidad
“La vida que nos es dada tiene sus minutos contados y, además, nos es dada vacía.
Queramos o no tenemos que llenarla por nuestra cuenta; esto es, tenemos que ocuparla de este o del otro modo. Por ello la sustancia de cada vida reside en sus ocupaciones. Al animal no sólo le es dada la vida, sino también el repertorio invariable de su conducta. Sin intervención suya, los instintos le dan ya resuelto lo que va a hacer y evitar. Por eso no puede decirse del animal que se ocupa en esto o en lo otro. Su vida no ha estado nunca vacía, indeterminada.
Pero el hombre es un animal que perdió el sistema de sus instintos o, lo que es igual, que conserva de ellos sólo residuos y muñones incapaces de imponerle un plan de comportamiento. Al encontrarse existiendo se encuentra ante un pavoroso vacío. No sabe qué hacer; tiene él mismo que inventarse sus quehaceres y ocupaciones. Si contase con un tiempo infinito ante sí, no importaría mayormente: podría ir haciendo cuanto se le ocurriese, ensayando, una tras otra, todas las ocupaciones imaginables. Pero -¡ahí está!- la vida es breve y urgente; consiste sobre todo en prisa, y no hay más remedio que escoger un programa de existencia, con exclusión de los restantes; renunciar a ser una cosa para poder ser otra; en suma, preferir unas ocupaciones a las demás.”
Ortega y Gasset, J.: Prólogo a “Veinte años de caza mayor”
El proyecto de vida y la circunstancia
“Este programa vital es el yo de cada hombre, el cual ha elegido entre varias posibilidades de ser que en cada instante se abren ante él (…)
Sobre estas posibilidades de ser importa decir lo siguiente: 1) Que tampoco me son regaladas, sino que tengo que inventármelas, sea originalmente, sea por recepción de los demás hombres incluidos en mi vida. Invento proyectos de hacer y de ser en vista de las circunstancias. Esto es lo único que encuentro y que me es dado: la circunstancia.”
Ortega y Gasset, J.: “La historia como sistema”
“Yo soy yo y mi circunstancia, si no la salvo a ella, no me salvo yo (…); mi vida consiste en que yo me encuentro forzado a existir en una circunstancia determinada. No hay vida en abstracto. Vivir es haber caído prisionero de un contorno inexorable. Se vive aquí y ahora. La vida es, en este sentido, absoluta actualidad.”
Ortega y Gasset, J.: “Meditaciones del Quijote”
“Nuestra vida, según esto, no es sólo nuestra persona, sino que de ella forma parte nuestro mundo: ella –nuestra vida- consiste en que la persona se ocupa de las cosas o con ellas, y evidentemente lo que nuestra vida sea depende tanto de lo que sea nuestra persona como de lo que sea nuestro mundo. Ni nos es más próximo el uno que el otro término: no nos damos cuenta primero de nosotros y luego del contorno, sino que vivir es, desde luego, en su propia raíz, hallarse frente al mundo, con el mundo, dentro del mundo, sumergido en su tráfago, en sus problemas, en su trama azarosa. Pero también, viceversa: ese mundo, al componerse sólo de lo que nos afecta a cada cual, es inseparable de nosotros.”
Ortega y Gasset, J.: “Unas lecciones de metafísica”
La cultura y la vida
“Contraponer la cultura a la vida y reclamar para ésta la plenitud de sus derechos frente a aquélla no es hacer profesión de fe anticultural. Si se interpreta así lo dicho anteriormente, se practica una perfecta tergiversación. Quedan intactos los valores de la cultura; únicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusivamente de la necesidad que la vida tiene de la cultura. Sin desvirtuar lo más mínimo esta necesidad, se sostiene aquí que la cultura no necesita menos de la vida.”
Ortega y Gasset, J.: “El tema de nuestro tiempo”
El perspectivismo
“Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo -persona, pueblo, época- es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere un dimensión vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omnímoda verdad, quedaría ignorada.
El error inveterado consistía en suponer que la realidad tenía por sí misma, e independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonomía propia.
Pensando así, claro está, toda visión de ella desde un punto determinado no coincidiría con ese su aspecto absoluto y, por tanto, sería falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tienen infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única.”
Ortega y Gasset, J.: “El tema de nuestro tiempo”
“La verdad, lo real, el universo, la vida –como queráis llamarlo- se quiebra en facetas innumerables, en vertientes sin cuento, cada una de las cuales da hacia un individuo. Si este ha
sabido ser fiel a su punto de vista, si ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina por otra imaginaria, lo que ve será un aspecto real del mundo.
Y viceversa: cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está otra; lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios.
“Sólo entre todos los hombres llega a ser vivido lo humano”, dice Goethe. Dentro de la humanidad cada raza, dentro de cada raza cada individuo es un órgano de percepción distinto de todos los demás y como un tentáculo que llega a trozos de universo para los otros inasequibles.
La realidad, pues, se ofrece en perspectivas individuales. Lo que para uno está en último plano se halla para otro en primer término. El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina, y nuestro corazón reparte los acentos. (…) En vez de disputar, integremos nuestras visiones en generosa colaboración espiritual y, como las riberas independientes se aúnan en la gruesa vena del río, compongamos el torrente de lo real.”
Ideas y creencias
“Conviene, pues, que dejemos este término –“ideas”- para designar todo aquello que en nuestra vida aparece como resultado de nuestra ocupación intelectual. Pero las creencias se nos presentan con el carácter opuesto. No llegamos a ellas tras una faena de entendimiento, sino que operan ya en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar en algo.”
Ortega y Gasset, J.: “Ideas y creencias”
“De aquí que (…) los cambios más decisivos en la humanidad sean los cambios de creencias, la intensificación o debilitación de las creencias. (…). Las creencias que coexisten en una vida humana, que la sostienen, impulsan y dirigen son, a veces, incongruentes, contradictorias o, por lo menos, inconexas. Nótese que todas estas calificaciones afectan a las creencias por lo que tienen de ideas. Pero es un error definir la creencia como idea. La idea agota su papel y consistencia con ser pensada y un hombre puede pensar cuanto se le antoje y aún muchas cosas contra su antojo. En la mente surgen espontáneamente pensamientos sin nuestra voluntad o deliberación y sin que produzcan efecto alguno en nuestro comportamiento. La creencia no es, sin más, la idea que se piensa, sino aquella que además se cree. Y el creer no es ya una operación del mecanismo “intelectual”, sino que es una función del viviente como tal, la función de orientar su conducta, su quehacer.”
Ortega y Gasset, J.: “La historia como sistema”
La razón pura debe dar paso a la razón vital
“Hasta ahora la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación con otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación.”
Ortega y Gasset, J.: “El tema de nuestro tiempo”
La razón histórica
“Pues bien, el hombre ha sido siempre así: ha sido una cosa y luego otra, se ha embarcado en un ideal, lo ha agotado y en virtud de la experiencia que esto le proporcionaba, ha ensayado otro. Las formas más dispares del ser han pasado por el hombre; pues para desesperación de los intelectualistas, el hombre es pasar, es irle pasando cosa tras cosa, es pasarle ser estoico, ser cristiano, ser racionalista, ser positivista, ser lo que ahora vaya a ser..
El hombre pasa y atraviesa por todas esas formas de ser; peregrino del ser, las va siendo y des-siendo, es decir, las va viviendo. El hombre, no tiene naturaleza, lo que tiene es historia; porque historia es el modo de ser un ente que es constitutivamente, radicalmente, movilidad y cambio. Y por eso no es la razón pura, eleática y naturalista quien podrá jamás entender al hombre. Por eso, hasta ahora, el hombre ha sido un desconocido. Pues la historia es el modo de ser de un ente radicalmente variable y sin identificar. Al hombre no se le puede identificar.
El hombre es “un desconocido”, y no es en los laboratorios donde se le va a encontrar.
¡Ha empezado la hora de las ciencias históricas! La razón pura (que, en última instancia, también –como hemos visto- lo único que lograba con su pretensión de deducirlo todo por pura lógica era acabar asentándose en la narración de un hecho: el choque de los átomos), tiene que ser sustituida por una razón narrativa. El hombre es hoy lo que es porque ayer fue otra cosa. ¡Ah! Entonces, para entender lo que hoy es basta con que nos cuenten lo que ayer fue. Basta con eso, y aparece, transparece, lo que hoy estamos haciendo. Y esa razón narrativa es la “razón histórica.”
Ortega y Gasset, J.: “Sobre la razón histórica”
El hombre masa
“El hombre masa es todo aquel que no se valora a sí mismo (…), sino que se siente como todo el mundo y, sin embargo, no se angustia, sino que se siente a gusto de sentirse idéntico a los demás.”
Ortega y Gasset, J.: “La rebelión de las masas”
La moral
“Para mí la moral no es lo que el hombre debe ser, (…) sino que es simplemente el ser inexorable de cada hombre, de cada pueblo. Por eso he proclamado como imperativo fundamental de la mía (…) llega a ser el que eres.”
José Ortega y Gasset.
El alma y Dios
“En las cuestiones fundamentales de la filosofía, Ortega ofrece diversos tipos de aproximaciones. Así, sobre el alma: “Respecto del alma, no es hoy para la teoría, para la ciencia, sino muy poco más que una palabra…” Sobre Dios: “Yo, como filósofo y en este primer paso de mi filosofía, no sé si hay ese Dios. El Dios de que he hablado es una idea que me he fabricado para que me sirva como preciso modelo de un cierto ser real, el de un supuesto ente que existe dentro de sí sin nada que le rodee, que le roce, que le hiera, que le contradiga ni que le resista”. O bien: “Dios es, en absoluto, meditador; el soñador eterno que habita su propio sueño infinito.””
Rafael Gómez Pérez: “Historia básica de la filosofía”