Informe final. Fase 2. Zona 11. Campiña Morón-Marchena (Sevilla)
Autora: Alessandra Olivi
Fecha: 31/01/2012
INDICE
1. Marco socioeconómico y cultural
- División y articulación territorial: del predominio de la agrociudad a la red de ciudades intermedias
- Procesos históricos de la Comarca - Características ecológicas y paisajísticas
- Actividades económicas y culturas del trabajo entre pasado y presente
2. Memoria de las actividades realizadas. Análisis reflexivo de los resultados
- Principales rasgos del patrimonio inmaterial de la comarca - Criterios de selección de los elementos registrados
- Listado de elementos registrados - Bibliografía consultada
- Listado de elementos a proteger y documentar
1. Marco socio económico y cultural
1.1. División y articulación territorial: del predominio de la agrociudad a la red de ciudades intermedias.
La Comarca Campiña Morón-Marchena se extiende sobre un territorio de 1581 km2, correspondiente al 11,26% del término de la Provincia de Sevilla, y cuenta con una población de 95.649 habitantes (IEA, 2006). La densidad media de población es de de 60 hab./ km.², proporción mayor a la que se registra en la provincia con 10 hab./ km.².
La Comarca es considerada territorio de frontera en cuanto se sitúa entre la Campiña y las Sierras Subbéticas de Andalucía en el sudeste de la provincia de Sevilla, limitando con la provincia de Cádiz. Los municipios que integran la Comarca son: Arahal, Coripe, La Puebla de Cazalla, Marchena, Montellano, Morón de la Frontera, Paradas y Pruna. En relación al medio físico, lo municipios se distribuyen a lo largo de un territorio caracterizado por ecosistemas claramente diferenciados: de Norte a Sur, las llanuras del Guadalquivir ocupadas por las localidades de Arahal, Marchena, Paradas se unen a través de cerros y lomas a las tierras altas de La Puebla de Cazalla y de Morón de la Frontera, antesala este último de las estribaciones de la Subbética donde se sitúan las localidades de Montellano, Pruna y Caripe, limitando con la provincia de Cádiz.
A las dos unidades geográficas y paisajísticas que conforman la Comarca, la Campiña y la Sierra Sur, corresponden áreas de influencia encabezadas por los municipios de mayores dimensiones.
De hecho, con respecto a los criterios de comarcalización, nos encontramos frente a una Comarca bicéfala dotada de dos cabeceras territoriales. Así, Marchena opera como cabecera territorial para la zona de la Campiña y Morón de la Frontera para la zona de la Sierra Sur. A las cabeceras corresponden unidades sub-comarcales, compuestas por los pueblos que gravitan alrededor de los municipios principales y con los cuales comparten los respectivos rasgos físicos- geográficos.
La división comarcal se forja y se refleja en la estructura de la red vial, dominada por el eje central que une Sevilla con Granada, hoy ocupado por el trazado de la autovía A-92, alrededor del cual surgen los principales municipios de la Comarca. Sin embargo, la red de carreteras intercomarcales son más deficientes, dificultando la comunicación y por ende la articulación intramunicipal, especialmente en la zona de la sierra y, en general, entre los municipios secundarios. Estas circunstancias aumentan la dependencia de los municipios menores de las capitales comarcales, reforzando la subdivisión del territorio en dos áreas delimitadas.
Para explicar la ordenación de la Comarca que nos concierne recurrimos al modelo de las agrociudades andaluzas (López Ontiveros, 1994), según el cual las grandes agrociudades de la campiña sevillana se fundan y evolucionan en función de su capacidad por engendrar núcleos secundarios que conforman su área de influencia. Se caracterizan por la marcada concentración de la población en área urbana y por desarrollar funciones de centralidad y sociabilidad con respecto a los municipios satélite. Los municipios de Marchena y Morón de la Frontera responderían, por lo tanto, al modelo de la agrociudad habiendo cumplido con una función de centralidad desde la época de la dominación islámica.
La distribución y evolución de la población comarcal ilustrada en la Tabla 1. permite apreciar los cambios que han afectado a los municipios interesados a lo largo de más de un siglo. El proceso de concentración de la población en las capitales municipales ha sido constante hasta el día de hoy, lo que ha favorecido su consolidación como cabeceras comarcales, pese a que las décadas de los años 50-60 del siglo pasado han marcado un punto de inflexión en el crecimiento de la población de toda la Comarca. En general, se aprecia que la estructura de la población de la Comarca ha experimentado la evolución típica registrada en el conjunto de Andalucía y caracterizada por una marcada disminución de la población en los municipios menores y la potenciación de las entidades mayores, mejor localizadas y con economías más dinámicas. Si bien, como consecuencia de la mecanización de las actividades agrícolas que expulsó un importante contingente de asalariados del campo, todos los núcleos urbanos de la Comarca han conocido un marcado descenso de la población hasta la década de los ochenta, solamente algunos municipios han logrado recuperar su nivel poblacional anterior a la transformación agrícola. Los núcleos más penalizados por los efectos de la emigración hacía norte Europa y otras áreas de España han sido los municipios de la zona de la sierra, Pruna, Coripe y Montellano en particular, los que hasta el día de hoy siguen siendo emisores de fuerza de trabajo.
Tabla 1. Evolución de la población de la Comarca durante el periodo 1900-2006. Datos absolutos por municipio.
1900 1950 1996 2006
EL ARAHAL 8126 14608 18110 18861
CORIPE 1988 2687 1620 1436
MARCHENA 12255 20534 17921 19089
MONTELLANO 6874 11022 7064 6983
MORÓN DE LA FRONTERA 14459 30168 28303 28295
PARADAS 6511 10087 7014 7027
PRUNA 4001 5437 3475 3006
LA PUEBLA DE CAZALLA 6312 11543 10825 10952 CAMPIÑA MORÓN-MARCHENA 60526 106086 94332 95649 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes. Elaboración propia
En general, se aprecia que desde 1950 hasta 2006 la población comarcal se ha ido concentrando en las capitales municipales y en los municipios mayores. A pesar de que las capitales municipales siempre han supuesto un alto porcentaje de la población municipal, en 2006 el nivel de concentración es aún más elevado. Los municipios de Morón de la Frontera y Marchena reúnen por si solos casi la mitad de la población comarcal, mientras que se consolidan los municipios de Arahal y la Puebla de Cazalla. Excluyendo los municipios de Coripe y Pruna, que casi no superan los 3.000 habitantes, las demás entidades de población se pueden considerar como ciudades, según el criterio propuesto por Gilmore (1980), en base al cual en la Baja Andalucía se pueden definir ciudades los núcleos con una población de entre 3.000 y 30.000 habitantes.
Si bien el modelo de las agro ciudades sigue vigente en numerosos aspectos, el crecimiento de núcleos urbanos secundarios, como es el caso de Arahal y La Puebla de Cazalla, parece indicar la consolidación de un nuevo modelo de organización territorial basado en la red de ciudades. En tal sentido, los planes de desarrollo estratégico de la Comarca apuntan a sustituir la histórica configuración bicéfala de la Comarca con una red de ciudades basada en la complementariedad y especialización de las funciones de cada ciudad y en las relaciones de interacción y de intercambio entre los centros que componen la red. Por un lado, el nuevo modelo parece perjudicar los centros menores que quedan vinculados a la red en una posición más bien de dependencia. Por otro lado, este supuesto nuevo modelo está todavía lejos de sustituir la centralidad de las capitales comarcales, tanto en lo que refiere a la dimensión económica, así como a su función como puntos de referencia territorial para los núcleos menores y marcadores identitarios de la Comarca.
1.2. Procesos históricos de la Comarca
El análisis de los procesos históricos que han intervenido en la Comarca ayuda a la comprensión de su configuración territorial.
Si bien los orígenes de ambas capitales remontan al periodo Paleolítico será con la dominación árabe y la sucesiva reconquista cuando tanto Morón de la Frontera como Marchena adquieren su función como cabeceras de territorios más amplios. Ya durante la época romana los dos núcleos fueron intensamente poblados adquiriendo una considerable vitalidad social. Si bien los árabes dejaron sus huellas en toda el área, fueron la conquista cristiana y los posteriores repartimientos entre los caballeros castellanos de las tierras recristianizadas los procesos históricos que han marcado más profundamente el desarrollo comarcal.
Morón obtiene el título de ciudad en 1894, consolidándose como núcleo urbano referente de un territorio muy extenso (que en nuestros días integra las entidades de población de Las Encarnaciones, Las Matas, Monte-Gil, Las Ramiras y Las Rosas).
Un destino parecido tuvo Marchena, que tras ser conquistada por Fernando III conoció su verdadero auge durante los siglos XV y XVI, bajo los auspicios de los duques de Arcos y a partir de 1812 adquiere su máximo esplendor.
La conquista castellana a partir del siglo XIII aportará rasgos definitivos a la configuración del espacio rural, en contraposición al carácter urbano de los núcleos principales. El repartimiento de las tierras desembocó en la cesión de grandes lotes (población y campo) a la nobleza y a las Órdenes Militares sobre todo en los siglos XIV y parte del XV. El reflejo más claro de este proceso en la campiña sevillana se evidencia en la señorialización de la denominada Banda Morisca:
Marchena se convierte en señorío laico, mientras que pasan a las Órdenes Militares la Puebla de Cazalla y Morón de la Frontera.
Junto con su peculiar articulación territorial, queda también cual vestigio del pasado de la cultura romana, islámica y cristiana un rico patrimonio histórico arquitectónico diseminado por los centros de la Comarca.
1.3 Características ecológicas y paisajísticas.
El paisaje de Comarca se define tanto por sus características biofísicas, como por la organización del espacio en función de las practicas y usos que las poblaciones han desarrollado sobre el territorio para volverlo habitable y para aprovechar sus recursos específicos. El paisaje es por lo tanto el resultado de la combinación y equilibrio entre los factores naturales y antrópicos, procurado tras siglos de interacción entre el hombre y su territorio.
En cuanto a las características ecológicas y paisajísticas, los niveles de altura son una clara expresión de los diferentes ecosistemas que se compenetran en la geografía comarcal, pasando desde los 50 metros sobre el nivel del mar de las áreas de la campiña hasta los 1129 metros del releve más alto de la Comarca, y de la provincia, en la Sierra de Tablón.
El área de la campiña se caracteriza por la casi ausencia de relieves, hecha excepción por suaves y alomados plegamientos del terreno. Corresponden plenamente a este ecosistema específico los Municipios de Marchena, Paradas y Arahal. Los suelos poseen una buena capacidad de uso, por lo que aquí se consolidó la denominada “trilogía mediterránea” que integraba el cultivo de la vid, del olivo y el trigo. Hoy en día predominan los cultivos herbáceos y el olivar, habiendo desaparecido casi por completo el viñedo.
El área de la Sierra Sur, por el contrario, se caracteriza por sus releves abruptos, disminuyendo notablemente la capacidad de uso del suelo y por ende la antropización del ecosistema. Aquí se combinan las zonas forestales, con la dehesa y otros usos no agrarios, siendo más abundantes las áreas naturales. A esta zona corresponden los términos municipales de Coripe, parte del término de Morón de la Frontera y La Puebla de Cazalla, Montellano y Pruna.
Los suelos, de formación geo-morfológica denudativa o gravitacional denudativa, son ricos en materiales sedimentarios, principalmente arenas, limos, arcillas, gravas y cantos en las zonas más próximas a los cursos fluviales y de margas, calcarenitas, arenas y calizas en los interfluvios. En los grandes sistemas de terrazas al sur del Guadalquivir aparecen, además de las arenas y calizas, conglomerados y lutitas; y en algunas zonas aparecen también las margas yesíferas (entornos de Morón y Puebla de Cazalla). Veremos como los recursos del subsuelo revisten una importancia central en la conformación de culturas del trabajo específicas, así como en la caracterización del paisaje construido.
1.4 Actividades económicas y culturas del trabajo entre pasado y presente.
Hemos visto como la evolución de la población de la Comarca está muy relacionada con el desarrollo de las actividades económicas, que en este caso tienen un carácter marcadamente agrícola. La agricultura, de hecho, sigue siendo el sector de mayor peso en la economía de la Comarca. Del total de superficie de las explotaciones agrarias de la Comarca, en concreto el 80,83% corresponde a tierras labradas, mientras que el 10,72 % a tierras para pastos, el 5,33 % a especies arbóreas y, el 3,13 % son otras tierras no forestales (IEA, 1999). Estos datos manifiestan claramente el carácter eminentemente agrícola de la Comarca.
La agricultura, basada en un sistema agrario extensivo, está escasamente diversificada, alternándose las tierras dedicadas al olivar (tanto de aceite como de mesa) con tierras calmas de secano dedicadas a cereales y oleaginosas (trigo, girasol, etc.), correspondiendo estas últimas al 88,35% de la superficie total (IEA, 1999).
Pese a la creciente importancia que está adquiriendo el cultivo extensivo de cereales, la existencia de más de un tercio de las tierras labradas dedicadas al olivar manifiesta la centralidad de este cultivo. Centralidad que se expresa tanto en su valor económico así como en la repercusión social que tiene en el territorio. La cultura del aceite, basada en la existencia de pequeñas explotaciones, da vida a un rico entramado social, especialmente en los municipios de Pruna, Coripe, Arahal y La Puebla de Cazalla donde las superficies destinadas al olivar representan el 41% de su superficie, destacando especialmente el caso de Pruna con el 72,70%
de su superficie labrada dedicada a olivar. En este ámbito cabe destacar la importancia que tiene el cultivo de la aceituna de mesa, siendo la Comarca de mayor producción de la provincia.
Como dato ejemplar, en Arahal más de 1.200 familias viven de este cultivo, siendo el mayor productor de toda la provincia.
La tradicional polarización entre explotaciones grandes y pequeñas ha dejado paso a un mosaico de propiedades medianas y pequeñas, con el predominio de estas últimas. Mientras que con relación al cultivo cerealicola encontramos una mayor concentración de la propiedad de la tierra, en el caso del olivar predominan explotaciones que obedecen al carácter familiar y cuya extensión no supera las 10 Ha.. Este aspecto ha permitido, por un lado, el mantenimiento de culturas del trabajo específicas, limitando, en muchos casos, la modernización de las explotaciones y por otro lado ha dado vida a un dinámico tejido cooperativo, que agrupa a la mayoría de los empresarios agrarios.
La ganadería, por su parte, tiene una escasa relevancia en la Comarca y, salvo contadas excepciones en los municipios más serranos, es de carácter complementario. El ganado vacuno es el más representativo de la Comarca seguido del ovino, caprino y porcino.
El sector industrial está orientado a la industria de primera transformación de los productos agrarios, centrándose en los procesos de transformación básica del producto. La mayoría de las industrias agroalimentarias de la Comarca están dedicadas a la transformación de los frutos del olivar. Las industrias de elaboración de aceite y aderezo de aceitunas están presentes en todos los municipios de la Comarca, si bien la incorporación de tecnología ha disminuido enormemente el empleo en este sector. Baste pensar, a tal propósito, en la importancia que tuvieron las fábricas de aderezo de aceitunas para el empleo femenino hasta los años 70, circunstancia especialmente para el municipio de Arahal.
Un segmento de la industria agroalimentaria sigue dedicado a la producción de aguardientes y a la repostería/pastelería/panadería, actividades tradicionalmente presentes en la Comarca, la mayoría de las cuales conservan un marcado carácter artesanal.
El resto de la actividad industrial se centra principalmente en la extracción de piedra caliza, la producción y transformación de escayola y yeso, la fabricación de ladrillos y terrazos, la industria de la confección, la fabricación de productos metálicos y construcción de maquinaria y equipos mecánicos.
Los oficios y actividades tradicionales destinadas al aprovechamiento de los recursos naturales presentes en el territorio han sido de una gran riqueza en toda la Comarca, forjando culturas del trabajo que, si bien han sufrido graves perdidas, han logrado trasmitirse hasta la actualidad, manteniendo vivo el acervo de saberes, procedimientos, técnicas y arquitecturas que son elementos vertebrales de la identidad territorial de la población local. En la actualidad, de los oficios tradicionales que tuvieron más peso en la economía de la Comarca, aquellos vinculados a la recolección de la aceituna de mesa son los que no ha sido posible remplazar con maquinaria debido a la fragilidad propia del fruto. Así ha perdurado hasta nuestros días el rico bagaje de conocimientos y el entramado social que florece alrededor de las labores del verdeo.
Con respecto a los oficios no agrícolas, los que están relacionados con la explotación de los recursos del subsuelo constituyen un pequeño nicho que ha logrado mantener sus características preindustriales: carácter individual familiar, la realización de todas las fases del proceso productivo de forma artesanal y no estandarizada. Nos estamos refiriendo a los oficios vinculados a la elaboración de la cal y el yeso, a la producción de ladrillos y tejas artesanales y a la explotación de fuentes acuíferas salobras del interior. Si bien algunos de ellos tienen un puro valor testimonial, en el esfuerzo por mantener vivas estas culturas del trabajo podemos leer el reconocimiento de su valor identitario por parte de quienes los realizan así como un sólido nexo entre las personas y los recursos propios del territorio que habitan.
Por último, y volviendo al tema del modelo de agro ciudades como centros de servicios y comercio, el sector de los servicios emplea al 41,27% de la población ocupada de la Comarca, siendo este porcentaje todavía más alto en las capitales comarcales. Este sector engloba las actividades vinculadas al comercio, la hostelería, servicios a empresas, sanidad, educación, etc..
Mención a parte merece el sector turístico, lo que se está potenciando aprovechando los recursos naturales y culturales de los pueblos del área de la Sierra Sur que han sido más penalizados por los efectos del descenso poblacional, así como por su posición de relativo aislamiento. En este ámbito, desde la administración pública se están impulsando acciones para potenciar las sinergias entre el medio ambiente natural y cultural como potenciales factores del desarrollo del territorio. A tal propósito, cabe mencionar el Consorcio Vía Verde y la Fundación Vía Verde de la Sierra, que engloban municipios de Sevilla y Cádiz y que nacen en torno al aprovechamiento de los antiguos trazados ferroviarios, desmantelados en 1970, que surcan las provincias de Córdoba y Sevilla, hasta llegar a Marchena.
Pese a la situación ilustrada, la continuad del sistema productivo de la Comarca y con ello de sus valores socio-culturales se encuentra amenazado por los efectos de un relevo generacional distorsionado, en palabra de los directos interesados, por las políticas europeas de subvención al sector agrícola así como por la perdida de interés por parte de las nuevas generaciones en la cultura agrícola y en las culturas tradicionales del trabajo. Estas circunstancias, en parte producto de la pérdida de identificación de las generaciones más jóvenes con el propio medio, minan las bases del sistema de aprovechamiento de los recursos del territorio que pese a sus transformaciones ha logrado subsistir mantenido siempre un fuerte anclaje en los ecosistemas específicos de la Comarca.
1.4. La arquitectura y el paisaje de las culturas del trabajo.
Hemos visto como las huellas de las culturas que desde la antigüedad poblaron la Comarca son todavía visibles en sus numerosos testimonios históricos y artísticos repartidos por la geografía comarcal. Así mismo, la estructura socioeconómica de la Comarca, los procesos de producción y su transformación son aspecto que se vuelven visibles en la tradición arquitectónica y en los saberes técnicos locales. Tanto los edificios residenciales y señoriles, como las infraestructuras agropecuarias y proto industriales manifiestan plenamente la influencia que las distintas formas de vida han tenido en la conformación de su paisaje habitado, producto de la relación del hombre con su entorno. Los reflejos socio-culturales de esta relación constituyen un importante valor etnográfico y se revelan plenamente en los usos del suelo así como en los componentes arquitectónicos, los materiales empleados, las tecnologías y las tipologías constructivas de los espacios habitacionales y de trabajo.
Los principales materiales empleados son básicamente la piedra, el barro, el yeso y la cal en sus múltiples combinaciones. El valor de estos materiales refiere tanto al ámbito estético como simbólico, en cuanto encierran todos los valores y las culturas que han consentido su transformación y empleo para usos específicos. El barro, abundante en toda la Comarca en razón de su conformación geo-morfológica, es seguramente la materia prima que más ha alimentado la manufactura local. Numerosos, de hecho, han sido hasta años recientes los tejares y las fábricas de ladrillos diseminadas por la geografía comarcal.
La especialización agraria de la Comarca, la distribución de la propiedad, la organización del espacio, las relaciones sociales y sus representaciones simbólicas, se vuelven palpables en las construcciones que reflejan los procesos de transformación socio-económica que han intervenido en el territorio. Los cortijos y las haciendas de olivar diseminadas por la campiña, junto a los inmuebles de almacenamiento de grano (cillas, pósitos y graneros), los molinos harineros (el agua), las tahonas, los hornos de pan y panaderías, las destilerías y las fábricas de aguardientes, los tejares, las caleras y las salinas, constituyen el patrimonio identificador de la Comarca al presentarse como la manifestación material y simbólica del sistema agrario que lo ha desarrollado: el latifundio y su complemente funcional, la mediana y pequeña propiedad.
Todos estos elementos componen un conjunto paisajístico de gran interés y, así mismo, son un testimonio de la estructura socio-económica que se ha ido imponiendo en la Comarca a lo largo de las distintas épocas históricas. Algunas estructuras funcionales, todavía en uso, han permitido reconstruir, mediante el trabajo de campo, las culturas del trabajo a estas vinculadas así como la función que determinados sectores productivos tuvieron para la economía de la Comarca en un pasado no muy lejano. A tal propósito, han sido objeto de estudio las panaderías artesanales que se mantienen activas en varios pueblos de la Comarca (Marchena, Montellano, Coripe), así como las destilerías de aguardiente de Pruna y Marchena, los tejares de Morón de la Frontera y de La Puebla de Cazalla, las caleras de la Sierra de Espartero en el término de Morón de la Frontera, los hornos de yeso siempre en Morón, las salinas entre Coripe y Morón y el último molino de prensa hidráulica para la producción de aceite en Marchena. Lejos de ser considerados como puros escenarios del patrimonio inmaterial objeto del proyecto que nos convoca, estos elementos son ellos mismos portadores de valores y significados que se visibilizan en su materialidad y funcionalidad específicas.
2. Memoria del registro del patrimonio inmaterial de la Comarca.
2.1 Principales rasgos del patrimonio inmaterial de la Comarca.
El análisis del patrimonio inmaterial de las localidades de la Comarca Campiña Morón-Marchena implica estudiar los fenómenos que su propia historia ha cargado de un componente simbólico y en el que se ven reconocidos los miembros de una colectividad. Desde esta perspectiva, la investigación realizada no sólo sirve para documentar las expresiones más relevantes del patrimonio inmaterial sino también para reforzar lazos de identidad contribuyendo a que sus elementos inmateriales sean percibidos en todo su valor patrimonial por parte de la población de referencia.
Desde una concepción del patrimonio etnológico inmaterial que engloba las culturas técnicas de trabajos, los saberes, los rituales simbólicos, los modos de expresión y las culturas alimentares de la población local, a continuación se presentan algunas reflexiones con respecto a la caracterización del patrimonio inmaterial de la Comarca de la Campiña Morón-Marchena.
Considerando que hablar del patrimonio inmaterial de una Comarca supone reconocer cierta homogeneidad en los patrones culturales y en los valores sociales compartidos por los pueblos que la integran, en el registro de los rasgos culturales de cada pueblo se ha procurado evidenciar la relación entre sus características especificas y los procesos históricos, económicos y sociales comunes a toda la Comarca.
Dos factores resultan particularmente determinantes en la conformación del patrimonio inmaterial de la Comarca. Por un lado, la co-presencia de dos ecosistemas específicos, la campiña y la sierra, y por otro lado la contraposición entre la dimensión urbana y rural característica del modelo de la agrociudad andaluza. Así mismo, la proximidad con la ciudad de Sevilla ha favorecido y favorece la contaminación de los patrones culturales locales con sus referentes más próximos, tendencia que se manifiesta especialmente en la creciente estandardización de las manifestaciones rituales, proceso común a muchas comarcas andaluzas.
No obstante la marcada vocación agrícola de la Comarca se observa la ausencia de rituales festivos vinculados al ciclo estacional de las labores del campo, cuya celebración marcaba la separación entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio, estableciéndose un vínculo directo entre calendario agrícola y calendario festivo. Las fiestas de origen pagano vinculadas al ciclo de la naturaleza han prácticamente desaparecido del calendario festivo comarcal. De los rituales acordes a esta tipología solamente la Quema de los Judas en Coripe, ritual primaveral sucesivamente cristianizado que se celebra el domingo de Resurrección, sigue manifestando su arraigo en el territorio y en la comunidad simbólica de referencia que mantiene su vigencia.
Mención aparte merece la Feria del Verdeo de Arahal que se realiza en el mes de septiembre como preludio de la campaña aceitunera. Esta Feria ha sido introducida a mediado de los años 60 en plena transformación del sistema agrícola comarcal para reforzar la importancia de la producción de la aceituna de mesa para el municipio. La modalidad festiva, sin embargo, guarda escasa relación con la cultura del trabajo asociada a la labor de recolección de la aceituna siendo vivenciada más bien como momento lúdico colectivo y cuyo desarrollo formal emula las ferias primaverales.
En el ámbito de los rituales paganos, el Carnaval de Morón de la Frontera cobra especial relevancia siendo la manifestación con mayor arraigo en el municipio. El carnaval de Morón, que hunde sus raíces en la Baja Edad Media, se interrumpió a partir del 1937, para retomar sus andanzas, como símbolo de libertad y laicismo, en 1979 con la restauración de la democracia.
Desde entonces el Ayuntamiento asume la organización del Carnaval introduciendo nuevas pautas y definiendo los espacios de desarrollo de la celebración. La nueva etapa carnavalera, marcada por nuevos cánones, rituales vanguardistas y contaminaciones de otros modelos festivos, está adquiriendo mayor auge año tras año tanto por la participación masiva de la comunidad local y comarcal así como por la importancia que tiene en la economía local.
En cuanto a los rituales festivos, se observa una neta predominancia de los rituales religiosos, siendo el ciclo de Semana Santa el que predomina en toda la Comarca. Particularmente interesantes resultan las estaciones de penitencia de Marchena y Pruna, rituales constelados de antiguas evocaciones que se han perdido o difuminado en otros lugares.
La Semana Santa de Marchena es seguramente el ciclo festivo con mayor arraigo en la población local. Aquí se vuelven patentes las reminiscencias medievales que dotan a la Semana Santa de Marchena de su peculiar carácter. En las representaciones populares de la pasión de Cristo, de las cuales se ha documentado la escenificación de la Pasión del Viernes Santo en “El Mandato”, se hacen visibles los sentimientos de devoción, la intensidad y la participación de los habitantes de Marchena en su esmero por conservar invariadas sus tradiciones.
Manteniéndonos en el ámbito de los rituales de Semana Santa, especial mención merece el ritual del la procesión del Descendimiento y Santo Entierro, que se realiza en la noche del Viernes Santo en la localidad de Pruna. El auto sacramental del Descendimiento se desarrolla alrededor de la imagen del Cristo Crucificado, escultura dotada de brazos articulados que permite la dramatización de uno de los momento más relevantes de la pasión de Cristo. Se estima que la imagen pueda remontar a finales del Siglo XVII o principios del XVIII, si bien no existe información sobre la fecha en que la imagen llega a la Parroquia de Pruna, así como se desconoce cuando empezó a celebrarse el acto del Descendimiento. El relativo aislamiento del municipio de los poderes centrales, ha favorecido la continudad de este ritual ya que a mediados del siglo XVIII, la religiosidad oficial empezó a desdeñar este tipo de manifestaciones considerándolas producto de la superstición popular. Ritual muy poco conocido afuera del límite municipal hasta el día de hoy, el acto del Descendimiento de Pruna, ha experimentado en los últimos años un desenlace casi teatral, transformando el desfile procesional y sus elementos más tradicionales en un verdadero espectáculo. El carácter fuertemente local y casi intimista de la Semana Santa de Pruna ha permitido preservar el espíritu y el significado de un modelo de ritual que mediante la teatralización de la vivencia religiosa colectiva sigue reproduciendo simbólicamente la identidad local del pueblo.
En los restantes municipios de la Comarca, los rituales de Semana Santa tienen un desarrollo formal mucho más homogéneo y más próximo al modelo sevillano, basado en las estaciones de penitencias con pasos y palios, sin que esto le reste valor a su función simbólica e identitaria.
Entre los rituales religiosos que se realizan en la Comarca, el desarrollo que han tenido las Romerías refleja la división entre la zona de campiña y la sierra. Entre los pueblos de la campiña la Romería ha conocido una parábola descendente, claro ejemplo de ello es la Romería de la Virgen de Gracia que se celebra en el mes de octubre en Morón de la Frontera. Ritual antiguamente muy concurrido por todos los pueblos de la Comarca, en la actualidad ha perdido
su función como dispositivo de integración social, producto también de disputas internas a la Hermandad de referencia. Al contrario, en la zona de sierra la Romería ha cobrado un nuevo impulso durante los últimos 60 años. Así, junto a la antigua Romería de la Pura y Limpia Concepción de Pruna, han surgido dos nuevas romerías: la Romería de la Virgen de Fátima en Coripe, realizada por primera vez a principio de los años 70, y la Romería de San Isidro Labrador en Montellano, inaugurada a principio de los años 60. Se trata de un fenómeno común a otros pueblos serranos que acogiéndose a modelos festivos exógenos (básicamente, se suelen tomar los elementos de las romerías rocieras: yuntas de bueyes y carretas, simpecados, flauta y tamboril, trajes rocieros, cantes y bailes por sevillanas, abundante presencia de jinetes, etc.) encuentran en el desarrollo de Romerías campestres un dispositivo para reforzar el vínculo de la población con su entorno natural. De hecho, pese a la escasa originalidad de este modelo de festejo, en su puesta en escena encontramos una acentuada exaltación del espacio rural (caminos campestre muy sugestivos, parajes naturales de notable valor ecológico-paisajístico, simbolización de plantas o fuentes naturales, etc..).
Por último, en el ámbito de los rituales religiosos, cabe mencionar la celebración de la festividad del Corpus Christi, siendo Marchena el municipio donde la suntuosidad de su puesta en escena se puede paragonar a la que se vive en la capital provincial. El Corpus de Marchena se instituye, en este sentido, como un dispositivo que refuerza la centralidad del municipio en el contexto comarcal, así como su marcado carácter devocional, proyectando una imagen que responde claramente al perfil de la agrociudad andaluza.
En general, se aprecia que la estructura organizativa de los rituales resulta uniforme en toda la Comarca, basándose en el sistema de Hermandades para el desarrollo formal de los rituales religiosos. Sin embargo, la complejidad de las estructuras organizativas, así como su disponibilidad económica, parece ser directamente proporcional al tamaño del municipio.
Como ya se ha anticipado, los procedimientos y los saberes vinculados a las culturas del trabajo son aspectos del patrimonio inmaterial de la Comarca que siguen expresando su especificidad territorial, a pesar de haber disminuido o casi desaparecido, en algunos casos, la importancia económica que tuvieron en el pasado.
Entre los oficios que han persistido y que se han integrado en el sistema productivo actual, especial relevancia cobran los procedimientos vinculados al olivar y a la transformación de sus frutos. Así el verdeo se sigue realizando de manera tradicional, siendo imprescindible el trabajo de los hombres y las mujeres que, bajo el mando del maniquero, con sus macacos de esparto colgando en el pecho realizan la técnica del ordeño. No es así en los cultivos destinados a la producción oleácea, donde la casi totalidad de las tareas de recolección y transformación del fruto se han mecanizado, introduciendo en la mayoría de los casos tecnologías de punta. En el municipio de Marchena, sin embargo, queda activo el último molino de aceite con prensa hidráulica de la Comarca, valioso testimonio de una tecnología introducida a finales de 1800 para sustituir las pesadas vigas de prensas. Pese a que hoy en día este tipo de tecnología resulta evidentemente obsoleta, los propietarios del Molino de los Pérez siguen manteniendo este sistema productivo por respeto de la tradición familiar, así como por la existencia de un nutrido grupo de consumidores que aprecian la calidad del aceite que allí se produce. Es evidente que el carácter simbólico e identitario del producto así como del proceso mediante el cual se obtiene inciden en la elección tanto del productor como del consumidor, aspectos estos que habría que tener en mayor consideración para salvaguardar ciertos oficios y procedimientos artesanales.
Otros oficios tradicionales que han sabido reorientar su producción en función de la demanda, creando o insertándose en nichos de mercado muy específicos son la producción de cal y de yeso artesanal. Apreciados por sus calidades, comparativamente con los productos industriales, la cal y el yeso artesanal han logrado mantener un propio mercado saliendo del ámbito estrictamente local. En la actualidad, quedan solamente dos empresas artesanales que siguen realizando la calcinación de la piedra caliza y de la piedra de yeso en hornos alimentados con leña de olivo. Ambas se encuentran en el término del municipio de Morón de la Frontera. Pese a que sus propietarios reconocen que mantener el oficio ha sido una verdadera apuesta, especialmente en los años en que todos los productores locales abandonaban los hornos artesanales o se convertían a la producción industrial, en la actualidad sus productos artesanales les permiten tener una ventaja sobre los productores industriales, ya que se han quedado entre los pocos que a nivel nacional pueden todavía proporcionar productos artesanales especialmente requeridos por el selecto sector de la restauración.
También los oficios vinculados a la transformación del barro, materia prima abundante en los suelos de la Comarca, han logrado trasmitirse hasta el día de hoy, pese a que la actual crisis del sector de la construcción está teniendo un impacto nefasto sobre estas actividades. De los numerosos tejares y fabrica de ladrillos presentes hasta hace pocos años en casi todos los pueblos de la Comarca quedan hoy en día solamente dos: el Tejar del Niño en La Puebla de Cazalla y la Fábrica de Ladrillos Artesanales “Carmona” en Morón de la Frontera. La elaboración artesanal de tejas y ladrillos es una actividad antiquísima, que ha evolucionado poco o nada técnicamente. El barro, el agua, el fuego y el aire son los elementos indispensables para la realización del oficio, los que junto con los saberes de los artesanos han sabido consolidar una verdadera industria local.
La fabricación artesanal del aguardiente es otra actividad que ha tenido gran importancia en la Comarca hasta mediado del siglo XX. Introducida tras la reducción del viñedo como forma de compensar el cese de la producción vinícola, en Marchena se podían contabilizar hasta siete destilerías hasta mediado del siglo pasado. En la actualidad, en la Comarca, solo permanecen activas las fábricas de “Anís Metro” en Marchena y “Anís Reguera” en Pruna, cuya producción está mayoritariamente destinada al mercado local.
Un discurso a parte merece también el oficio de la panadería artesanal, otra actividad muy floreciente en toda la Comarca debido a la abundante producción de trigo y a la presencia de numerosos molinos harineros hasta la mitad del siglo pasado. Para fines del presente informe, la documentación del oficio ha sido abordada desde el registro de la producción panadera, por lo que su análisis será presentado en el ámbito temático referente a la cocina/alimentación.
Valor testimonial adquiere en la actualidad la explotación de sal del interior en el municipio de Morón de la Frontera, que a pesar de haber sido una actividad documentada desde tiempos antiguos en el término municipal, está a punto de desaparecer debido a la avanzada edad de su propietario. Lo mismo vale por las artesanías en fibra vegetal, antiguamente oficios permanentes y actualmente relegadas a las “artesanías del ocio”. Estas son realizadas por los artesanos jubilados y hombres mayores como forma de diversión que además les permite aportar pequeños ingresos adicionales a la economía domestica. Ambos oficios, el del salinero y del espartero/cestero, están prácticamente desapareciendo por haberse interrumpido su transmisión a las nuevas generaciones, circunstancia que aumenta la importancia de documentar sus procedimientos de trabajo, sus formulas de transmisión hasta nuestro días y la procedencia de estos saberes.
Por otro lado se registra la presencia de artesanías con una marcada vocación artística, como lo son la fabricación de guitarras artesanales por mano del maestro Manuel Romero de Montellano y la decoración ceramista que realiza Rafael Lora en Marchena.
En cuanto a la cultura gastronómica relacionada con las manifestaciones festivas, los elementos más específicos se registran en relación a la repostería de la Semana Santa, con los hornazos familiares de Coripe y los bizcochos marcheneros, así como en relación a las fiestas navideñas con las Albarditas de Paradas y las Perrunas de Montellano. De la tradicional panadería artesanal de la Comarca quedan todavía numerosos ejemplos en varios pueblos, siendo, sin embargo, en Marchena donde los hornos de pan han sufrido las menores transformaciones. El mollete de Marchena, elaborado durante todo el año en horno de leña es quizás el producto que mejor encarna el legado de numerosas generaciones de maestros panaderos y que como tal es considerado un elemento de identificación por los habitantes del municipio.
Por último, con respecto al ámbito temático de los modos de expresión, el flamenco es seguramente la expresión que atraviesa por completo todo el tejido comarcal. A pesar de ello, esta expresión cobra un matiz peculiar en Morón de la Frontera. Aquí, una escuela concreta de toque de flamenco se empieza a forjar en las notas de las guitarras de los primeros tocaores de Morón que se conocen – el Niño de Morón, Pepe Naranjo y Pepe Mesa –. Será, sin embargo, gracias a la popularidad que alcanza en los años 60 el estilo desarrollado por el moronense Diego del Gastor cuando se comienza a hablar del “toque de Morón” como de un estilo propio capaz de influenciar enteras generaciones de guitarristas hasta nuestros días. Si el toque de Morón nace como expresión de los ambientes bohemios que prosperan en la capital comarcal, el Cante Jondo de La Puebla de Cazalla, por el contrario, mana de las vivencias del campo, de las faenas agrícolas, de los patios de los cortijos donde los temporeros suelen compartir sus almuerzos y sus noches de cante. El cante y la música flamenca, entonces, encarnan no solamente el sentir colectivo sino también la identidad particular de los territorios y de las culturas específicas de los cuales se nutre.
Pese a la popularidad y al abundantemente reconocido valor patrimonial del flamenco, la expresión quizás más valiosa de la Comarca es la saeta que se canta, con diferentes estilos, a lo largo del eje conformado por los municipios de Marchena, Paradas y La Puebla de Cazalla. Se trata de saetas antiguas, llanas y salmodiadas, cuyo origen remonta al siglo XV y que se han ido extinguiendo con el paso del tiempo, suplantadas en las procesiones de Semana Santa a principios del siglo XX por sus versiones aflamencadas, adaptadas al compás de ciertos palos flamencos. Si bien existe constancia de la presencias de saetas autóctonas en todas las provincias andaluzas, son pocas las localidades donde se sigue cultivando e interpretando la saeta antigua, motivo por el cual este rasgo peculiar de la cultura local merece estar debidamente registrado en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía.
2.2. Criterios de selección de los elementos registrados.
De la presentación de los rasgos principales del patrimonio de la Comarca se desprenden los principios básicos que han fundamentado los criterios de selección de las expresiones en los distintos ámbitos temáticos y que se ilustran brevemente a continuación.
Con respecto al ámbito de los rituales festivos los criterios de selección han sido:
1. Antigüedad de la expresión y su vigencia en la sociedad contemporánea.
2. Representatividad de los valores colectivos del territorio de referencia y del calendario estacional.
3. Auto percepción del valor patrimonial (u otro) de la expresión por parte de las comunidades y grupos sociales.
4. Originalidad de la expresión o de ciertos rasgos de la misma (aspecto complementario a los puntos 1,2,3).
En cuanto al ámbito de los oficios se han seleccionado aquellas expresiones que:
1. Han mantenido un vínculo estable a lo largo del tiempo con un territorio y una población específicos.
2. Integran culturas del trabajo más amplias.
3. Son herederas de una tradición artesana de reconocida calidad y valor etnográfico.
4. Se caracterizan por su particular valor artístico o por la extrema calidad de los artesanos.
5.
En cuanto a los modos de expresión, los criterios de selección se han planteado a partir del reconocimiento que el arraigo de la música y la cultura flamenca en la Comarca ha dejado poco espacio a la creación y desarrollo de otros géneros. En este ámbito temático, por lo tanto, la selección de las expresiones registradas ha apostado por mostrar las múltiples facetas del flamenco en su relación con las identidades territoriales que el mismo ha contribuido a crear, así como las expresiones que se han resistido a su influencia.
Por último, las expresiones de la cultura alimentar y gastronómica de la Comarca se han seleccionado en base a los siguientes criterios:
1. Elementos significativos en contexto ritualizados públicos y/o domésticos.
2. Particular valor en la gastronomía tradicional de una localidad.
3. Productos de marcado carácter identitario (emblemáticos de un pueblo, de una cultura del trabajo, de una fiesta, etc..).
2.3. Listado de elementos registrados.
Sobre la base de los criterios enunciados, a continuación se presentan los elementos registrados durante el periodo correspondiente a la segunda Fase del Proyecto, organizados en base al ámbito temático en el cual se inscriben.
Tabla 2. Listado de registros realizados en la Segunda Fase en la Comarca Morón-Marchena (Zona11)
Código
ámbito Ámbito Código
Registro Denominación Municipio
01 RITUALES
FESTIVOS 5201001 FIESTA DE SAN SEBASTIAN
MARCHENA 01 RITUALES
FESTIVOS 5201002 CARNAVAL
MORÓN DE LA
FRONTERA 01 RITUALES
FESTIVOS 5201003 MIERCOLES SANTO
MONTELLANO 01 RITUALES
FESTIVOS 5201004 JUEVES SANTO MORÓN DE LA
FRONTERA 01 RITUALES
FESTIVOS 5201005 EL MANDATO
MARCHENA 01 RITUALES
FESTIVOS 5201006 EL DESCENDIMIENTO
PRUNA 01 RITUALES
FESTIVOS 5201007 LA QUEMA DEL JUDAS
CORIPE 01 RITUALES
FESTIVOS 5201008 ROMERÍA DE LA PURA Y LIMPIA CONCEPCIÓN
PRUNA 01 RITUALES
FESTIVOS 5201009 CORPUS CHRISTI
MARCHENA
02 OFICIOS 5202001 FABRICACIÓN DEL LADRILLO
ARTESANAL MORÓN DE LA
FRONTERA
02 OFICIOS 5202002 ARTESANÍA EN PALMA Y
ESPARTO CORIPE-MONTELLANO
02 OFICIOS 5202003 LUTHERÍA MONTELLANO
02 OFICIOS 5202004 PRODUCCIÓN DE CAL
ARTESANAL MORÓN DE LA
FRONTERA
01 OFICIOS 5202005 PRODUCCIÓN DE SAL DEL
INTERIOR –SALINAS BUENA
VISTA MORÓN DE LA
FRONTERA
02 OFICIOS 5202006 CERAMICA ARTISTICA MARCHENA
02 OFICIOS 5202007 VERDEO ARAHAL
02 OFICIOS 5202008 FABRICA ARTESANAL DE YESO MORÓN DE LA
FRONTERA
02 OFICIOS 5202009 TEJAR EL NIÑO LA PUEBLA DE
CAZALLA
02 OFICIOS 5202010 ARTESANIA EN PALMA PARADAS
02 OFICIOS 5202011 ANIS METRO MARCHENA
02 OFICIOS 5202012 OLEICULTURA COMARCAL.
02 OFICIOS 5202013 ANIS REGUERA PRUNA
02 OFICIOS 5202014 PRODUCCIÓN DE ACEITE CON
PRENSA HIDRAÚLICA MARCHENA
03 MODOS DE
EXPRESIÓN 5203001 SAETA MARCHENERA
MARCHENA
03 MODO DE
EXPRESIÓN 5203002 CANTE JONDO LA PUEBLA DE
CAZALLA
03 MODO DE
EXPRESIÓN 5203003 TOQUE DE LA GUITARRA
FLAMENCA MORÓN DE LA
FRONTERA
03 MODO DE
EXPRESIÓN 5203004 LEYENDA DEL GALLO DE
MORÓN MORÓN DE LA
FRONTERA
03 MODO DE
EXPRESIÓN 5203005 SAETA DE LA PUEBLA LA PUEBLA DE
CAZALLA
03 MODO DE
EXPRESIÓN 5203006 SAETA DE PARADAS
PARADAS
04 ALIMENTACIÓN 5204001 TAGARNINÁ MORÓN DE LA
FRONTERA
04 ALIMENTACIÓN/C
OCINA 5204002 ELABORACIÓN DEL HORNAZO
CORIPE
04 ALIMENTACIÓN/C
OCINA 5204003 ELABORACIÓN DEL BIZCOCHO
MARCHENERO MARCHENA
04 ALIMENTACIÓN/C
OCINA 5204004 ELABORACIÓN ALBARDITAS
PARADAS
04 ALIMENTACIÓN/C
OCINA 5204005 ELABORACIÓN MOLLETES
MARCHENA
04 ALIMENTACIÓN/C
OCINA 5204006 ELABORACIÓN PERRUNAS
MONTELLANO
2.4 Bibliografía consultada.
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2.5. Listados de elementos a proteger y documentar.
Tras finalizar el trabajo de documentación en la Comarca se sugieren algunas medidas específicas con respecto a la protección y documentación de elementos del patrimonio inmaterial local que por su interés merecen ser tratados con más profundidad.
Un elemento a proteger refiere a las Salinas de Buena Vista de Morón de la Frontera siendo próximas a desaparecer y además de ser muy poco conocidas al interior de la misma Comarca no obstante tengan un alto valor etnológico y paisajístico. Existe constancia de la existencia de otras salinas, hoy en desuso, ubicadas entre Morón de la Frontera y Olvera (Cádiz), por lo que se podría reconstruir la evolución histórica que ha tenido la producción de sal en la zona. Asimismo, las salinas podrían eventualmente ser reconvertidas en un centro de interpretación, como se ha hecho con el Museo de la Cal de Morón de la Frontera situado a pocos kilómetros de distancia, potenciando de tal manera la conservación integral del patrimonio etnológico de la Comarca y sus sinergias internas.
Otro elemento del cual no existe constancia documental es el ritual del Descendimiento de Pruna. A tal propósito, se sugiere dedicar un estudio exhaustivo para remontar al origen del ritual, analizando su proceso de transformación. Por otro lado, merece que se evalúe la incorporación de la talla articulada del Cristo de la Vera Cruz en el registro del Patrimonio Mueble de Andalucía.
Con relación a los modos de expresión, se considera necesario dedicar un estudio etnomusical a las saetas antiguas de los pueblos de la Campiña (Marchena, Paradas y La Puebla de Cazalla), actualmente parcialmente recopiladas en soporte de cinta magnética, por lo que sería oportuno realizar también una grabación sonora en soporte digital ampliando el repertorio.