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Lesiones de muñeca y mano

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© 2012. Elsevier España, S.L. Reservados todos los derechos 1

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Lesiones del tendón flexor

S. Brent Brotzman, MD

Lesiones del tendón fl exor

Dedo en resorte (tenosinovitis fl exora estenosante)

Avulsión del fl exor profundo del dedo («dedo de jersey»)

Lesiones del tendón extensor Fracturas y luxaciones de la mano

Fractura del cuello del quinto metacarpiano (fractura de boxeador)

Lesiones del ligamento colateral cubital de la articulación metacarpofalángica del pulgar (pulgar de guardabosques)

Síndromes de compresión nerviosa Trastornos de la muñeca

Fractura de la extremidad distal del radio

Lesión del complejo fi brocartilaginoso triangular

Tenosinovitis de De Quervain

Síndrome de intersección de la muñeca Quistes ganglionares carpianos posteriores y palmares

Lesiones de muñeca y mano

S. Brent Brotzman , MD

PUNTOS IMPORTANTES PARA REHABILITACIÓN TRAS DESGARRO Y REPARACIÓN DEL TENDÓN FLEXOR • El objetivo de la reparación tendinosa consiste en apro-

ximar los extremos tendinosos seccionados sin trenzado ni separación ( fi g. 1-1 ).

• Los tendones reparados sometidos a una movilidad temprana apropiada aumentan su resistencia más rápi- damente y presentan menos adherencias que las repa- raciones inmovilizadas.

• Los protocolos de rehabilitación del tendón fl exor deben tener en cuenta la resistencia a la tracción de los tendones fl exores reparados con normalidad ( Bezuhly et al. 2007 ).

Movimiento pasivo: 500-750 g Prensión suave: 1.500-2.250 g Prensión fi rme: 5.000-7.500 g

Pinza distal, fl exor profundo (FPD) del dedo índice:

9.000-13.500 g

• Inicialmente resistente, la fuerza del tendón fl exor dis- minuye de manera notable entre el día 5 y el 21 ( Bezuhly et al. 2007 ).

• El tendón es más débil durante este período de tiempo debido a su mínima resistencia tensil. La fuerza aumenta rápidamente cuando se aplica un estrés controlado pro- porcional al aumento de la resistencia tensil. Los ten- dones sometidos a estrés cicatrizan antes, ganan fuerza más rápidamente y presentan menos adherencias. La resistencia tensil empieza a aumentar habitualmente a las 3 semanas. Por lo general, los ejercicios de bloqueo

comienzan 1 semana después de la movilización activa (ADM) (5 semanas tras la operación) (Baskies 2008).

• Las poleas A2 y A4 son las más importantes para la función mecánica del dedo. La pérdida de una porción considerable de una de ellas puede disminuir la movi- lidad y la fuerza del dedo o provocar contracturas en la fl exión de las articulaciones interfalángicas (IF).

• Los tendones del fl exor superfi cial de los dedos (FSD) se encuentran en la región palmar del FPD hasta su paso por la entrada A1 de la vaina digital. Después, el FSD se divide (en el quiasma de Camper) y termina en la mitad proximal de la falange media.

• Durante la fl exión de la muñeca y de los dedos, es nece- sario un recorrido del tendón fl exor de 9 cm. El recorrido necesario para la fl exión de los dedos con la muñeca estabilizada en la posición neutra es de solo 2,5 cm.

• Los tendones de la mano tienen capacidad de cicatriza- ción intrínseca y extrínseca.

• Los factores que infl uyen en la formación de adheren- cias alrededor de los tendones fl exores reparados que limitan el rango de movimiento son:

Grado de traumatismo inicial en el tendón y en su vaina Isquemia tendinosa

Inmovilización tendinosa

Separación en el foco de reparación

Rotura de los vínculos (aporte sanguíneo), que dis- minuye la recuperación del tendón ( fi g. 1-2 ) • Los resultados del retraso de la reparación primaria

(dentro de los 10 primeros días) son iguales o mejores que los de la reparación inmediata del tendón fl exor.

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• La reparación inmediata (primaria) está contraindicada en pacientes con:

Graves lesiones múltiples de los dedos o de la palma Infección de la herida

Pérdida cutánea signifi cativa sobre los tendones fl exores

FUNDAMENTO DE LA REHABILITACIÓN Y PRINCIPIOS BÁSICOS DEL

TRATAMIENTO TRAS LA REPARACIÓN DEL TENDÓN FLEXOR

Cronología

La cronología de la reparación del tendón fl exor infl uye en la rehabilitación y el resultado de las lesiones del tendón fl exor.

• La reparación primaria se lleva a cabo dentro de las primeras 12 a 24 h que siguen a la lesión.

• La reparación primaria pospuesta se realiza dentro de los primeros 10 días posteriores a la lesión.

Si no se lleva a cabo la reparación primaria, la reparación primaria pospuesta se deberá poner en práctica tan pronto como haya evidencia de cicatrización de la herida sin infección.

• La reparación secundaria se efectúa de 10 a 14 días después de la lesión.

• La reparación secundaria tardía se realiza más de 4 se- manas después de la lesión.

Transcurridas 4 semanas resulta extremadamente difícil pasar el tendón fl exor por la vaina, que habitualmente presenta una gran cicatriz. No obstante, las situaciones clínicas en las que la reparación del tendón tiene una VCP VLP VCS VLS

Arteria digital palmar propia

Tendón flexor profundo

Tendón flexor superficial

Figura 1-2 Vascularización de los tendones fl exores dentro de la vaina digital. La vascularización segmentaria de los tendones fl exores se realiza por vínculos tendinosos cortos y largos. El vínculo corto superfi cial (VCS) y el vínculo corto profundo (VCP) consisten en pequeños mesenterios triangulares cerca de la inserción de los tendones FSD y FPD, respectivamente.

El vínculo largo del tendón superfi cial (VLS) se origina en el suelo de la vaina digital de la falange proximal. El vínculo largo del tendón profundo (VLP) se origina en el superfi cial a nivel de la articulación interfalángica proximal (IFP).

Esta proyección aislada muestra la avascularidad relativa de la cara anterior de los tendones fl exores en las zonas I y II en comparación con la vascularización más abundante de la cara posterior que conecta con los vínculos.

Aproximación de cabos distales

y proximales Cabos FSD/FPD

distales Colgajo de vaina sinovial cruciforme

Corte en zona II

A B C D

Cabos FSD/FPD proximales

Colgajos cutáneos

Conexión a la sonda

Cierre de la herida Flexión pasiva de

la articulación IFD

Reparación tendinosa Ampliación de la

incisión cutánea

Figura 1-1 Técnica del autor de reparación del tendón fl exor en zona II. A. Corte con bisturí en zona II con el dedo en fl exión completa. Los cabos distales se retraen a una posición distal a la herida cutánea con extensión digital. B. Incisiones ampliadas radial y cubital para permitir una exposición amplia del sistema tendinoso fl exor. Observe la aparición del sistema tendinoso fl exor de los dedos afectados después de voltear los colgajos cutáneos. El corte se localiza en la región de la polea cruciforme C1. Observe la posición proximal y distal de los cabos tendinosos fl exores. El volteo de pequeños colgajos («ventanas») en la vaina sinovial cruciforme permite exponer los cabos tendinosos fl exores distales en la herida mediante fl exión pasiva de la articulación interfalángica distal (IFD). Los cabos superfi cial y profundo se sitúan proximales a la herida mediante fl exión pasiva de la articulación IFD. Los cabos superfi cial y profundo se recuperan en posición proximal a la vaina usando un catéter pequeño o una sonda de gastrostomía para alimentación del lactante. C. Los cabos tendinosos fl exores proximales se mantienen en posición de reparación con una aguja subcutánea de calibre transversal pequeño, para permitir la reparación de las expansiones del FSD sin extensión. D. Se muestra la reparación fi nalizada de los tendones FSD y FPD con la articulación IFD en fl exión completa. La extensión de la articulación IFD coloca la reparación bajo la vaina tendinosa fl exora distal intacta. Al acabar la reparación, se cierra la herida.

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© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.

importancia secundaria suelen establecer la necesidad de efectuar una reparación tardía, especialmente en pacientes con lesiones por aplastamiento masivo, cobertura inade- cuada de tejido blando, heridas muy contaminadas o infec- tadas, fracturas múltiples o lesiones no tratadas. Si la vaina no presenta una gran cicatriz o está destruida, se puede efectuar un injerto de tendón en fase única, la reparación directa o una transferencia de tendón. Si existen lesiones extensas y aparición de cicatriz, debería efectuarse un injerto de tendón en dos fases con una varilla de Hunter.

Antes de poder reparar los tendones secundariamente, deben cumplirse los siguientes requisitos:

• Las articulaciones deben ser fl exibles y tener una ampli- tud de movimientos pasiva funcional (ADMP) (grado de Boyes 1 o 2, tabla 1-1 ). La recuperación de la ADMP se consigue mediante rehabilitación intensa antes de llevar a cabo la reparación secundaria.

• La cobertura cutánea debe ser la adecuada.

• El tejido circundante por el que se espera que se deslice el tendón debería estar relativamente libre de tejido cicatricial.

• El eritema y la tumefacción de la herida deberían ser mínimos o inexistentes.

• Las fracturas deben estar fi jadas correctamente o haber consolidado con alineación adecuada.

• La sensibilidad del dedo afectado debe permanecer intacta o haber sido restaurada, o debería ser posible reparar los nervios dañados en el momento en que se lleve a cabo la reparación del tendón, ya sea directa- mente o mediante injerto nervioso.

• Las poleas fundamentales A2 y A4 deben estar presentes o haber sido reconstruidas. La reparación secundaria se retrasa hasta que se haya realizado la reconstrucción.

Durante la reconstrucción, son útiles las varillas de Hunter para mantener la luz de la vaina del tendón mientras cicatrizan las poleas injertadas.

Anatomía

La zona anatómica de lesión de los tendones fl exores infl uye en el resultado y la rehabilitación de estas lesiones. La mano se divide en cinco zonas fl exoras diferenciadas ( fi g. 1-3 ):

• Zona 1: desde la inserción del tendón profundo en la falange distal hasta justo la zona distal de la inserción del sublimus (fl exor superfi cial de los dedos)

• Zona 2: «tierra de nadie» de Bunnell: zona crítica de poleas entre la inserción del sublimus (fl exor superfi cial de los dedos) y el pliegue palmar distal

• Zona 3: «región de origen lumbrical»: desde el comienzo de las poleas (A1) hasta el margen distal del ligamento transverso del carpo

• Zona 4: región cubierta por el ligamento transverso del carpo

• Zona 5: región proximal al ligamento transverso del carpo Como norma, las reparaciones de los tendones

lesionados fuera de la vaina fl exora tienen resultados mucho mejores que las reparaciones realizadas en tendones lesionados dentro de la vaina (zona 2).

Es esencial que se preserven las poleas A2 y A4 ( fi g. 1-4 ) para prevenir el fenómeno de cuerda de arco. En el pulgar, las poleas A1 y oblicuas son las más importantes. El pulgar carece de vínculo para el aporte sanguíneo.

Cicatrización del tendón

Todavía se desconoce el mecanismo exacto a través del cual se produce la cicatrización del tendón. Es probable que dependa de una combinación de procesos intrínsecos y extrínsecos. La cicatrización extrínseca depende de la formación de adherencias entre el tendón y el tejido cir- cundante, proporcionando vascularización y fi broblastos, aunque, desafortunadamente, ello también impide el des- lizamiento tendinoso. La cicatrización intrínseca depende de la nutrición proporcionada por el líquido sinovial y tiene lugar únicamente entre los extremos tendinosos.

Los tendones fl exores situados en la vaina distal cuentan con una fuente dual de nutrición por medio del sistema de vínculos tendinosos y por difusión sinovial. Esta difusión parece ser más importante que la perfusión en la vaina digital (Green 1993).

Se han señalado varios factores que afectan a la cica- trización del tendón:

• Edad: el número de vínculos (aporte sanguíneo) dismi- nuye con la edad.

Tabla 1-1 Clasificación preoperatoria de Boyes

Grado Estado preoperatorio

1 Bueno: fi brosis mínima con articulaciones móviles y sin cambios trófi cos

2 Cicatriz: extensa fi brosis cutánea por lesión o cirugía previa; fi brosis profunda por fracaso de reparación primaria o infección

3 Daño articular: lesión de la articulación con limitación de la amplitud de movimientos

4 Daño nervioso: lesión de los nervios digitales con cambios trófi cos en el dedo

5 Daño múltiple: afectación de varios dedos por una combinación de estos problemas señalados

l

l

l l

l ll

ll

ll lll

lV lV

lll

V V

Túnel carpiano Origen lumbrical Distal al tendón FSD

Unión musculotendinosa

Tierra de nadie

Figura 1-3 El sistema fl exor se divide en cinco zonas o niveles para evaluación y tratamiento. La zona II, situada dentro de la vaina osteofi brosa, se ha denominado «tierra de nadie», porque antes se pensaba que no debería realizarse una reparación primaria en esta zona.

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• Salud general: el tabaquismo, la cafeína y la mala salud general retrasan la cicatrización. El paciente debería abs- tenerse de tomar cafeína y consumir cigarrillos durante las primeras 4 a 6 semanas posteriores a la reparación.

• Formación de cicatriz: la fase de remodelación no es tan efectiva en pacientes que presentan cicatrices y queloides.

• Motivación y adherencia: la motivación y la capacidad para seguir el régimen de rehabilitación postoperatoria constituyen factores críticos para el resultado.

• Nivel de la lesión: las lesiones de la zona 2 suelen formar adherencias restrictivas entre el tendón y el tejido circun- dante. En la zona 4, donde los tendones fl exores están muy próximos entre sí, las lesiones tienden a formar adherencias entre tendones, limitando el deslizamiento diferencial.

• Traumatismo y alcance de la lesión: las lesiones por aplastamiento o contusión promueven en mayor medida la formación de cicatrices y causan mayor traumatismo vascular, deteriorando la función y la cicatrización. La infección también difi culta el proceso de cicatrización.

• Integridad de las poleas: la reparación de las poleas es importante para restablecer la ventaja mecánica (especialmente en A2 y A4) y mantener la nutrición del tendón mediante la difusión sinovial.

• Técnica quirúrgica: la manipulación inadecuada de los tejidos (como marcas de pinzas en el tendón) y la for- mación excesiva de hematomas postoperatorios desen- cadenan la formación de adherencias.

Las dos causas más frecuentes de fracaso de la reparación primaria del tendón son la formación de adherencias y la rotura del tendón reparado.

Por medio de la observación experimental y clínica, Duran y Houser (1975) determinaron que es sufi ciente un desliza-

miento tendinoso de 3 a 5 mm para prevenir las adherencias tendinosas limitantes de la movilidad. Por esta razón, se han diseñado ejercicios para conseguir este movimiento.

Tratamiento de las laceraciones del tendón fl exor La laceración parcial que afecte a menos del 25% de la sustancia del tendón puede tratarse biselando los bordes cortados. Las laceraciones del 25 al 50% pueden repararse mediante sutura continua del epitendón con nailon 6-0.

Las laceraciones que afectan a más del 50% deberían con- siderarse completas y deberían repararse con una sutura central y una sutura del epitendón.

Ningún estudio de nivel 1 ha determinado superioridad de un método o material de sutura respecto a otro, aunque varios estudios han comparado diferentes confi guraciones y materiales de sutura. La mayoría de los estudios indican que el número de hilos que cruzan el foco de reparación y el número de nudos afectan directamente a la resistencia de la reparación, de modo que las reparaciones con seis y ocho hilos son generalmente más resistentes que las repa- raciones con cuatro o dos hilos. Sin embargo, cuanto mayor es el número de hilos, hay mayor aumento del volumen y la difi cultad de deslizamiento. Parece que varias técnicas de reparación con cuatro hilos proporcionan una resisten- cia adecuada para la movilización temprana.

Reparación Teno-Fix

Un estudio multicéntrico aleatorizado señala que un sistema de reparación tendinosa de acero inoxidable (Teno Fix) dis- minuye el índice de rotura del tendón fl exor tras la reparación, con resultados funcionales similares en comparación con una reparación convencional, especialmente en pacientes que no cumplieron el protocolo de rehabilitación ( Su et al. 2005, 2006 ). Se logró la fl exión activa a las 4 semanas del postope- ratorio. Solomon et al. (investigación no publicada) crearon un programa de rehabilitación «activa acelerada» para usarlo tras la reparación con Teno Fix: se comienza a realizar la fl exión y la extensión de los dedos activas máximas posibles el primer día, con el objetivo de obtener la fl exión completa a las 2 semanas del postoperatorio. Los riesgos previstos de este protocolo son la extensión pasiva forzada, especialmente de muñeca y dedo (p. ej., caída con la mano extendida) y la fl exión resistida, que puede causar la separación o rotura de la reparación.

Las laceraciones del FPD pueden repararse directamente o avanzarse y reinsertarse en la falange distal con un alambre de tracción externa, pero no se debería hacer avanzar más de 1 cm para evitar el efecto cuadriga (complicación en la que un solo dedo con movimiento limitado provoca la limitación de la excursión y, consecuentemente, el movimiento de los dedos no afectados). Kang et al. (2008) presentaron com- plicaciones en 15 de 23 pacientes con las reparaciones con alambre de tracción externa (botón sobre la uña), estando 10 de estas relacionadas directamente con la técnica, por lo que cuestionaron su utilidad. Las complicaciones del alambre de tracción externa incluyeron la deformidad de la uña, defor- midades en la fl exión de la articulación interfalángica distal (IFD), infección e hipersensibilidad prolongada.

Una técnica más reciente para los desgarros del FPD incluye el uso de una combinación de polietileno monofi la- mento/poliéster trenzado (FiberWire) y anclajes en lugar de alambres de tracción externa ( Matsuzaki et al. 2008 , McCa- llister et al. 2006 ). Actualmente, los análisis de resultados son Arteria digital

palmar propia A5

A4

A3

A2

A1 C3

C2

C1

Tendón flexor Arteria digital transversa distal Arteria digital transversa intermedia

Rama para el vínculo largo Arteria digital transversa proximal

Arteria digital común

Figura 1-4 La vaina retinacular fi brosa empieza en el cuello del metacarpiano y acaba en la falange distal. Las condensaciones de la vaina forman las poleas fl exoras, que pueden identifi carse como cinco bandas anulares y tres ligamentos cruciformes delgados (v. texto).

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demasiado escasos para determinar si esta técnica permite una movilidad activa más temprana que las técnicas conven- cionales.

REHABILITACIÓN TRAS LA REPARACIÓN DEL TENDÓN FLEXOR

El protocolo de rehabilitación elegido ( Protocolos de rehabilitación 1-1 y 1-2 ) dependen de la cronología de la reparación (reparación primaria o secundaria), de la loca- lización de la lesión (zonas 1 a 5) y de la colaboración del paciente (movilización temprana en pacientes colabora- dores y movilización tardía en pacientes no colaboradores y niños menores de 7 años). Un estudio en 80 pacien- tes con reparaciones de tendones fl exores y extensores determinó que dos tercios no cumplían las indicaciones de inmovilización y se retiraron la inmovilización para bañarse y vestirse ( Sandford et al. 2008 ).

Frente a la movilización activa temprana y a la inmo- vilización con férula de Kleinert convencional, Yen et al.

(2008) hallaron, tras un seguimiento medio de 4 meses

(3 a 7 meses), que los sujetos incluidos en el grupo de movilización activa presentaban el 90% de la fuerza de prensión normal, de la pinza y de la amplitud de movimientos, frente al 50, 40 y 40%, respectivamente, del grupo con férula de Kleinert.

Sueoka y LaStayo (2008) crearon un algoritmo para la rehabilitación del tendón fl exor en zona 2 que utiliza un signo clínico único (el signo de desfase) para determinar la progresión del tratamiento y la necesidad de modifi car los protocolos existentes en un paciente concreto. Defi nieron el «desfase» como la amplitud articular pasiva-amplitud articular activa ≥ 15°, y lo consideraron un signo de adherencia tendinosa y alteración del deslizamiento.

La rehabilitación comienza con un protocolo de movili- zación pasiva establecido (Duran) que se realiza durante 3,5 semanas antes de evaluar la presencia o ausencia de desfase. Después se determina la presencia o ausencia de des - fase en las visitas semanales o quincenales del paciente y, en caso de que exista un signo de desfase, se modifi ca la progresión de la rehabilitación ( Protocolo de rehabilita- ción 1-3 ).

Dedo en resorte (tenosinovitis flexora estenosante)

S. Brent Brotzman, MD, y Theresa M. Kidd, BA

ANTECEDENTES

El dedo en resorte es un fenómeno de chasquido doloroso que se produce cuando los tendones fl exores del dedo traccionan de forma repentina una porción tirante de la polea A1 de la vaina fl exora. La fi siopatología subyacente al dedo en resorte es una incapacidad de los dos tendones fl exores del dedo (FSD y FPD) para deslizar con suavidad bajo la polea A1, creando la necesidad de incrementar la tensión para forzar el deslizamiento del tendón y una sacudida brusca cuando el nódulo del tendón fl exor tira súbitamente bajo la polea constrictora (efecto resorte). El efecto resorte se puede producir en fl exión o en extensión del dedo o en ambos movimientos. Existe controversia acerca de si este problema se debe principalmente a la estenosis de la polea A1 o al engrosamiento del tendón, aunque en la intervención quirúrgica se suelen encontrar ambos elementos.

ANAMNESIS Y EXPLORACIÓN

El dedo en resorte aparece con mayor frecuencia en los dedos pulgar, corazón o anular. Los pacientes presentan habitualmente chasquido, bloqueo o resalte en el dedo afectado, que, a menudo, pero no siempre, es doloroso.

Los pacientes suelen presentar un nódulo palpable en el tendón fl exor en la zona engrosada de la polea A1 (que se encuentra en el pliegue palmar distal). Es posible apre- ciar el desplazamiento del nódulo con el tendón y suele ser doloroso a la palpación profunda.

Para inducir el efecto resorte durante la exploración, es necesario que el paciente cierre la mano en un puño y después extienda por completo los dedos, porque, si no es así, el paciente puede evitar el efecto resorte fl exionando parcialmente los dedos.

TRATAMIENTO

La resolución espontánea a largo plazo del dedo en resorte es poco frecuente. Si no se trata, el dedo en resorte per- manecerá como una molestia dolorosa. No obstante, si el dedo se bloquea, el paciente puede sufrir una rigidez arti- cular permanente. Históricamente, el tratamiento conser- vador consistía en la inmovilización del dedo en extensión para prevenir el engatillado, pero esto se ha abandonado debido a la aparición de rigidez y malos resultados.

En la actualidad, el tratamiento no quirúrgico consiste en la inyección de corticoesteroides con anestésico local en la vaina fl exora. Un metaanálisis de la bibliografía especializada halló evidencia convincente de que la administración de una combinación de lidocaína y corticoide mejora el resultado en comparación con solo el corticoide (Chambers 2009). En un análisis de reducción del gasto, el uso de dos inyecciones de corticoide antes de la cirugía era la opción terapéutica más barata en comparación con la administración de una a tres inyecciones antes de la cirugía y la liberación abierta o percutánea (Kerrigan y Stanwix 2009).

La preferencia del autor es 0,5 ml de lidocaína, 0,5 ml de bupivacaína y 0,5 ml de acetato de metilprednisolona ( fi g. 1-5 ). Cabe esperar que una inyección única solucione el efecto de resorte aproximadamente en el 66% de los pacien- tes. Se ha señalado que las inyecciones múltiples solucionan el efecto de resorte en el 75-85% de los pacientes. Estudios recientes indican un índice de éxito del 47-87% con este tipo de tratamiento. Una revisión sistemática de estudios de nivel I y II en el Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons (Fleisch et al. 2007) indica un índice de éxito del 57%. Los indicadores del pronóstico de recidiva

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del dedo en resorte tras la inyección de corticoide son la corta edad, la diabetes insulinodependiente, la afectación de varios dedos y antecedentes de otras tendinopatías en la extremidad superior (Rozental et al. 2008).

El riesgo de la inyección de corticoide es el de la inyec- ción accidental en el tendón fl exor, con posible debilita- miento o rotura tendinosa. Se ha documentado que la guía mediante ecografía ayuda a evitar esta complicación y a mejorar los resultados ( Bodor y Flossman 2009 ).

La fi sioterapia no suele ser necesaria para recuperar la movilidad tras la inyección de corticoide, porque la mayoría de los pacientes son capaces de recuperar la movilidad una vez resuelto el efecto de resorte.

La cirugía para «liberar» un dedo en resorte cons- tituye una técnica ambulatoria relativamente sencilla que se realiza con anestesia local. Emplea una incisión de 1-2 cm en la palma de la mano sobre la polea A1 para identificar y seccionar por completo dicha polea.

La movilidad activa suave comienza de forma temprana y es posible reanudar las actividades sin limitación a las 3 semanas aproximadamente ( Protocolo de rehabi- litación 1-4 ).

DEDO EN RESORTE INFANTIL

El dedo en resorte infantil constituye un trastorno con- génito en el que la estenosis de la polea A1 del pulgar en lactantes produce bloqueo en fl exión (incapacidad para extender) de la articulación IF. Suele ser bilateral.

Habitualmente no produce dolor ni chasquido, porque el pulgar permanece bloqueado. Un estudio reciente de Baek et al. (2008) indica la resolución espontánea en el 63% de los pacientes. El resto precisa intervención quirúrgica alre- dedor de los 2 a 3 años de edad para liberar el estrecha- miento de la polea A1 y prevenir una contractura articular en fl exión permanente.

Avulsión del flexor profundo del dedo («dedo de jersey»)

S. Brent Brotzman, MD

ANTECEDENTES

La avulsión del fl exor profundo de los dedos («dedo de jersey») puede estar presente en cualquier dedo, pero es más frecuente en el anular. Esta lesión ocurre habitualmente cuando un deportista agarra la camiseta del oponente y nota dolor repentino a medida que la falange distal del dedo sufre una extensión forzada cuando está fl exionado activamente (estrés por hiperextensión aplicado a un dedo fl exionado).

Para realizar este diagnóstico se debe comprobar espe- cífi camente la incapacidad para fl exionar activamente la articulación IFD (pérdida de función del FPD) ( fi g. 1-6 ).

A menudo, el dedo tumefacto adopta una posición de extensión relativa respecto a los otros dedos que están más fl exionados. Generalmente, el nivel de retracción del tendón del FPD en la palma de la mano es indicador de la fuerza de la avulsión.

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Pliegue palmar proximal

A2 A1 Pliegue palmar distal Puntos de entrada

de la aguja

A B

Polea A1 Pliegue digitopalmar del pulgar

Nervios digitales palmares propios

C

D

Figura 1-5 A. Puntos de entrada de la aguja localizados aproximadamente a un tercio de distancia del pliegue palmar distal y a dos tercios de distancia del pliegue palmar proximal. Esto corresponde al centro de la polea A1. B. Este dibujo muestra la localización de las poleas A1 en los dedos y de la polea A2 en el dedo anular. La mitad de la polea A2 está situada en la región distal de la palma. C. Polea A1 del pulgar. D. Este dibujo muestra el punto de entrada óptimo de la aguja.

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Lesiones del tendón extensor 7

© Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito.

Leddy y Packer (1977) describieron tres tipos de avulsio- nes del FPD basadas en el nivel de retracción del tendón:

tipo I con retracción del FPD en la palma de la mano, tipo II con retracción en la articulación interfalángica proximal (IFP) y tipo III con fragmento óseo distal a la polea A4.

Posteriormente, describieron una lesión tipo IV que corres- ponde al tipo III asociado a avulsión simultánea del FPD

en el fragmento de fractura. El tratamiento depende de la localización de la lesión.

TRATAMIENTO

El tratamiento de la avulsión del FPD es principalmente qui- rúrgico. El éxito del tratamiento depende del diagnóstico e intervención quirúrgica precoz, y el nivel de retracción del tendón. Los tendones con una mínima retracción presen- tan habitualmente grandes fragmentos óseos de avulsión, que pueden reinsertarse al hueso hasta 6 semanas después.

Los tendones con gran retracción no suelen presentar un fragmento óseo, pero sí interrupción del aporte vascular (vínculos tendinosos). Por ello, se hace difícil la reparación quirúrgica una vez pasados 10 días de la lesión. Basándose en una revisión de la bibliografía y en su experiencia clínica, Henry et al. (2009) señalaron cuatro condiciones funda- mentales que determinan el éxito del tratamiento de las lesiones del tendón extensor tipo IV: 1) grado de sospecha elevado de presencia de esta lesión, con resonancia magné- tica (RM) o ecografía para confi rmación si es necesario; 2) fi jación ósea rígida que impide la subluxación posterior de la falange distal; 3) reparación tendinosa independiente de la fi jación ósea, y 4) ejercicios de movilización temprana ( Protocolo de rehabilitación 1-5 ).

Las técnicas quirúrgicas empleadas en caso de diagnós- tico tardío son la artrodesis IFD, la tenodesis y las recons- trucciones tendinosas por fases.

Lesiones del tendón extensor

S. Brent Brotzman, MD, y Theresa M. Kidd, BA

ANATOMÍA

Según Kleinert y Verdan (1983), las lesiones del meca- nismo extensor se agrupan en ocho zonas anatómicas.

Las zonas impares se localizan sobre las diferentes arti- culaciones, de modo que las zonas 1, 3, 5 y 7 correspon- den a las articulaciones IFD, IFP, metacarpofalángicas (MCF) y de la muñeca, respectivamente ( fi gs. 1-7 y 1-8 ; tabla 1-2 ).

La actividad normal del mecanismo extensor depende de la función coordinada entre los músculos intrínse- cos de la mano y los tendones extensores extrínsecos.

Aunque generalmente la extensión de las articulaciones IFP e IFD está controlada por los músculos intrínsecos de la mano (interóseos y lumbricales), los tendones extrínse- cos pueden realizar una extensión de los dedos satisfacto- ria aunque se impida la hiperextensión de la articulación MCF.

Una lesión en una zona produce habitualmente un desequilibrio compensador en zonas vecinas. Por ejemplo, una deformidad del dedo en martillo en la articulación IFD puede asociarse a una deformidad secundaria en cuello de cisne más llamativa en la articulación IFP.

La rotura de la banda terminal del tendón extensor permite al mecanismo extensor migrar proximalmente y ejercer una fuerza de hiperextensión sobre la IFP mediante la inserción de la banda central. De este modo, las lesiones del tendón extensor no pueden considerarse trastornos estáticos simplemente.

LESIONES DEL TENDÓN EXTENSOR EN ZONAS 1 Y 2

Las lesiones del tendón extensor en zonas 1 y 2 en la infan- cia deberían considerarse lesiones fi sarias tipo II o III de Salter-Harris. Es difícil inmovilizar los dedos muy peque- ños, y la estabilización de la articulación en extensión com- pleta durante 4 semanas produce resultados satisfactorios.

Las lesiones abiertas son especialmente difíciles de inmovi- lizar y la articulación IFD puede atravesarse con una aguja de calibre 22 (v. sección «Dedo en martillo»). Un estudio de 53 lesiones del tendón extensor en niños, todos ellos trata- dos mediante reparación primaria en las 24 h siguientes a la lesión, señaló que el 98% lograron resultados buenos o excelentes, aunque el 22% presentaba défi cit de extensión o pérdida de fl exión en el último seguimiento (Fitoussi et al. 2007). Los factores predictivos de un resultado menos satisfactorio eran lesiones en zonas 1, 2 y 3, edad inferior a 5 años y desgarro tendinoso completo.

Una revisión bibliográfi ca reciente (Soni et al. 2009) halló que la inmovilización estática postoperatoria tradi- cional era equivalente a los protocolos de movilización temprana en todas las lesiones sin complicación del pulgar y en las lesiones en zona 1 a 3 del segundo al quinto dedo.

La única ventaja de la movilización temprana comparada con la inmovilización estática era una recuperación más rápida de la función defi nitiva en las lesiones en zonas proximales del segundo al quinto dedo. A los 6 meses de la cirugía, los resultados de la inmovilización estática eran Figura 1-6 En la avulsión del fl exor profundo del dedo, el paciente

es incapaz de fl exionar la articulación interfalángica distal (IFD), como se muestra aquí. (Tomado de Regional Review Course in Hand Surgery.

Rosemont, Illinois, American Society of Surgery of the Hand, 1991, fi g. 7.)

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1 2

3 4

Tubérculo de Lister

ERCC ERLC

ALP ECP

ELP EIP

Conexiones intertendinosas

EDM

ECC ECD

Retináculo Vainas sinoviales 5

6

B

A

Figura 1-7 A. Los tendones extensores entran en la mano desde el antebrazo a través de seis conductos, cinco osteofi brosos y uno fi broso (el quinto compartimento posterior que contiene el extensor del meñique [EDM]). El primer compartimento contiene el abductor largo del pulgar (ALP) y el extensor corto del pulgar (ECP), el segundo los extensores radiales de la muñeca, el tercero el extensor largo del pulgar (ELP) que rodea el tubérculo de Lister, el cuarto el extensor común de los dedos (ECD) y el extensor propio del índice (EPI), el quinto el EDM, y el sexto el extensor cubital del carpo (ECC). Los tendones comunes se reúnen distalmente cerca de las articulaciones metacarpofalángicas (MCF) mediante interconexiones fi brosas denominadas conexiones intertendinosas. Estas conexiones están presentes solo entre los tendones extensores comunes y pueden ayudar a distinguir durante la cirugía el tendón propio del índice. Los tendones propios suelen estar situados en posición cubital a los tendones comunes adyacentes, aunque puede haber variaciones en esta disposición (v. texto). Bajo el retináculo, los tendones están revestidos por una vaina sinovial.

B. Los tendones propios para los dedos índice y meñique permiten la extensión independiente y su función puede evaluarse como se muestra en el dibujo. Con los dedos medio y anular fl exionados en la palma, los tendones propios pueden extender los dedos índice y meñique.

Sin embargo, tras una transferencia del tendón propio del índice no siempre se pierde la extensión independiente del dedo índice y es menos probable que sea así si no se lesiona el complejo extensor, y probablemente nunca se pierde si se respeta el complejo extensor y se seccionan las conexiones intertendinosas entre los dedos índice y medio (v. texto). Este dibujo representa la disposición anatómica habitual en la mano y muñeca, aunque son frecuentes las variantes. ERCC, extensor radial corto del carpo; ERLC, extensor radial largo del carpo.

lX lll lll lV

V Tl

Tll Tlll TlV TV Vll

Vl

Vlll

Figura 1-8 Zonas de lesión del tendón extensor descritas por Kleinart y Verdan y por Doyle.

Zona Dedo Pulgar

I Articulación interfalángica distal

Articulación interfalángica

II Falange media Falange proximal

III Articulación interfalángica proximal

Articulación metacarpofalángica

IV Falange proximal Metacarpiano

V Articulación MCF Articulación carpometacarpiana/

estiloides radial

VI Metacarpiano

VII Retináculo extensor VIII Antebrazo distal

IX Antebrazo medio y proximal

Tabla 1-2 Zonas de lesión del mecanismo extensor

Zona Dedo Pulgar

1 Articulación IFD Articulación IF

2 Falange media Falange proximal

3 Extremo IFP Articulación MCF

4 Falange proximal Metacarpiano

5 Extremo MCF

6 Mano posterior

7 Retináculo extensor Retináculo extensor

8 Antebrazo distal Antebrazo distal

IF, interfalángica; IFD, interfalángica distal; IFP, interfalángico proximal; MCF, metacarpofalángico.

Tomado de Kleinert HE, Verdan C. Report of the committee on tendon injuries. J Hand Surg 1983;8:794.

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Lesiones del tendón extensor 9

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similares a los de la movilización activa y pasiva tempra- nas. La inmovilización estática estaba asociada también a menor tasa de rotura que la movilización activa temprana, y a menor coste que la movilización activa y pasiva tem- pranas. Un metaanálisis previo (Talsma et al. 2008) reveló que los resultados a corto plazo (4 semanas tras el postope- ratorio) con inmovilización eran signifi cativamente peores que los resultados con movilización controlada temprana, aunque a los 3 meses del postoperatorio no había diferen- cias signifi cativas ( Protocolo de rehabilitación 1-6 ).

LESIONES DEL TENDÓN EXTENSOR EN ZONAS 4, 5 Y 6

Tras lesiones unilaterales del aparato posterior suele ser posible una función normal, por lo que no se recomienda protección ni inmovilización. Las roturas completas de la expansión posterior y los desgarros de la banda central deben repararse ( Protocolo de rehabilitación 1-7 ).

Subluxaciones del tendón extensor en zona 5 Las subluxaciones del tendón extensor en zona 5 no suelen responder a un programa de inmovilización. La articulación MCF afectada puede inmovilizarse en extensión completa e inclinación radial durante 4 semanas, teniendo presente que puede ser necesaria una intervención quirúrgica. Un salto doloroso con tumefacción, además de un défi cit de exten- sión problemático con inclinación radial del dedo afectado, requiere, habitualmente, una reconstrucción inmediata.

Las lesiones agudas pueden repararse de modo directo y las lesiones crónicas pueden reconstruirse con tejido local. La mayoría de las técnicas

reconstructivas emplean porciones de las conexiones intertendinosas o bandas del tendón extensor ancladas al ligamento metacarpiano transverso profundo o entrelazadas alrededor del tendón lumbrical ( Protocolo de rehabilitación 1-8 ).

LESIONES DEL TENDÓN EXTENSOR EN ZONAS 7 Y 8

Las lesiones del tendón extensor en zonas 7 y 8 son habitual- mente desgarros, aunque en la muñeca puede haber roturas por desgaste secundarias a antiguas fracturas de la extremi- dad distal del radio o a sinovitis reumatoide. Estas lesiones pueden precisar transferencias tendinosas, injertos tendino- sos libres o transferencias laterolaterales en lugar de repara- ción directa. No obstante, el programa de inmovilización de estas lesiones es idéntico al del traumatismo penetrante.

Las reparaciones efectuadas 3 semanas o más después de la lesión pueden debilitar el músculo extensor largo del pulgar (ELP) lo sufi ciente como para hacer necesaria la estimulación eléctrica para el deslizamiento del tendón.

El ELP se fortalece selectivamente mediante ejercicios de extensión del pulgar contra resistencia con la mano sobre una superfi cie plana ( Protocolo de rehabilitación 1-9 ).

TENÓLISIS DEL EXTENSOR Indicaciones

• La movilidad digital activa o pasiva ha alcanzado un nivel determinado tras la lesión

• Flexión limitada, aislada, o activa y pasiva mixta de las articulaciones IFP o IFD

• Dedo con movimiento pasivo fl exible con défi cit exten- sor ( fi g. 1-9 )

La intervención quirúrgica para las contracturas en extensión se realiza después de un período prolongado de tratamiento prequirúrgico. Los pacientes activos durante la rehabilitación están más preparados para apreciar que un programa posquirúrgico inmediato es esencial para el resultado defi nitivo. Siempre debe intentarse informar al paciente antes de la cirugía para indicar y establecer el programa de tenólisis posquirúrgico inmediato.

La calidad del tendón extensor, hueso y articulación observada durante la cirugía puede alterar el programa previsto, y el cirujano transmite esta información al fi sio- terapeuta y al paciente. Lo ideal es realizar técnicas quirúr- gicas con anestesia local o despertando al paciente de la anestesia general hacia el fi nal de la cirugía para permitir el movimiento digital activo por parte del paciente en res- puesta a la solicitud del cirujano. Entonces, el paciente puede ver el efecto benefi cioso y el cirujano puede evaluar la movilidad activa, el deslizamiento tendinoso y la nece- sidad de liberaciones adicionales. En circunstancias excep- cionales, puede ser conveniente que el terapeuta observe la intervención quirúrgica.

Con frecuencia son necesarias liberaciones de los liga- mentos y cápsulas de las articulaciones MCF e IFP para lograr la movilidad articular deseada. Puede ser necesaria la resección completa del ligamento colateral y puede reque- rir atención especial en el período postoperatorio temprano debido a la inestabilidad resultante. Las tenólisis extensas pueden precisar la administración de analgésicos antes y durante las sesiones de rehabilitación. También pueden ser necesarios catéteres permanentes para la administración de anestésicos locales con este objetivo ( Protocolo de reha- bilitación 1-10 ).

DEDO EN MARTILLO (LESIÓN DEL EXTENSOR: ZONA 1) Antecedentes

La avulsión del tendón extensor en su inserción distal en el dorso de la articulación IFD produce un défi cit de exten- sión en dicha articulación. La avulsión puede asociarse o no a un fragmento óseo del dorso de la falange distal. Esto se denomina dedo en martillo de origen óseo o dedo en martillo de origen tendinoso ( fi g. 1-10 ). El hallazgo clave de un dedo en martillo es una postura fl exionada o caída de la articulación IFD y la incapacidad para extender o Déficit de extensión

Flexión activa

Flexión pasiva

Postura pretenólisis

Figura 1-9 Un dedo fl exible con défi cit de extensión es una indicación de posible tenólisis del extensor. (Tomado de Strickland JW: The Hand: Master Techniques in Orthopaedic Surgery. Philadelphia. Lippincott-Raven, 1998.)

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enderezar activamente la articulación IFD. El mecanismo es habitualmente una fl exión forzada de la punta del dedo, a menudo por impacto de una pelota lanzada.

Clasifi cación del dedo en martillo

Doyle (1993) describió cuatro tipos de lesión en martillo:

• Tipo I: avulsión del tendón extensor en la falange distal • Tipo II: desgarro del tendón extensor

• Tipo III: avulsión profunda que lesiona la piel y el tendón • Tipo IV: fractura de la falange distal con tres subtipos:

Tipo IV A: fractura transepifi saria en la infancia Tipo IV B: menos de la mitad de la superfi cie articu-

lar afectada sin subluxación

Tipo IV C: más de la mitad de la superfi cie articular afectada, y puede asociarse a subluxación palmar Tratamiento

Abound y Brown (1968) identifi caron varios factores probablemente relacionados con mal pronóstico tras una lesión del dedo en martillo:

• Edad superior a 60 años

• Retraso terapéutico de más de 4 semanas • Défi cit extensor inicial superior a 50°

• Período de inmovilización corto ( < 4 semanas) • Dedos gruesos, cortos

• Vasculopatía periférica o artritis asociada

Los resultados del tratamiento del dedo en martillo no son siempre buenos con cualquier tipo de tratamiento.

El tratamiento habitual del dedo en martillo de origen tendinoso es la inmovilización en extensión continua de la articulación IFD, dejando libre la IFP entre 6 y 10 semanas ( fi g. 1-11 ). Se han diseñado diversas férulas para el tratamiento del dedo en martillo. Las usadas con más frecuencia son la férula de Stack, la férula termoplástica perforada y la férula de aluminio-gomaespuma. Si no hay défi cit de extensión a las 6 semanas, se mantiene la férula nocturna durante 3 semanas, y durante las acti- vidades deportivas durante 6 semanas más .

El paciente debe trabajar la movilización activa de las articulaciones MCF e IFP para evitar la rigidez de estas ar - ticulaciones no afectadas. Durante el proceso de cica- trización no debe permitirse en ningún momento que la articulación IFD quede en fl exión, porque, si no, hay que repetir el tratamiento desde el principio. Durante el cuidado de la piel o el lavado, el dedo debe mantenerse continuamente en extensión con la otra mano mientras está sin férula.

Aunque la inmovilización con férula es el tratamiento de elección de la mayoría de las lesiones con dedo en mar- tillo agudas y crónicas, la cirugía puede estar indicada en personas incapaces de cumplir el programa de inmoviliza- ción o en pacientes con difi cultad para realizar su trabajo con una férula externa. Las opciones quirúrgicas para las fracturas agudas con dedo en martillo son la fi jación transarticular con agujas de la articulación IFD, la fi ja- ción a compresión con agujas y el bloqueo en extensión con agujas. Para las lesiones crónicas (más de 4 semanas de evolución), las opciones quirúrgicas son el acortamiento del tendón extensor terminal, tenodermodesis, recons- trucción del ligamento retinacular oblicuo y tenotomía de la banda central (v. Protocolo de rehabilitación 1-6 ).

Puede ser necesaria la artrodesis como técnica de rescate para el dedo en martillo causado por artritis, infección o cirugía fallida.

Mecanismo

Lesión

A

B

C

Flexión forzada

Figura 1-10 A. Estiramiento del mecanismo extensor común. B. Dedo en martillo de origen tendinoso (interrupción completa del tendón extensor).

C. Dedo en martillo de origen óseo. (Tomado de Delee J, Drez D [eds]:

Orthopaedic Sports Medicine. Philadelphia. WB Saunders, 1994, p. 1011.)

A

B

Figura 1-11 A. Uso de una férula de Stack en la articulación interfalángica distal (IFD) para tratamiento no quirúrgico del dedo en martillo (observe el défi cit de extensión). La férula se fi ja en posición con esparadrapo. B. Ejercicios de movilización activa de la articulación interfalángica proximal (IFP) para evitar la rigidez durante la inmovilización de la articulación IFD. ( A y B, tomados de Regional Review Course in Hand Surgery. Memphis, American Society of Surgery of the Hand, 1991, fi g. 13.)

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Fracturas y luxaciones de la mano 11

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Fracturas y luxaciones de la mano

Maureen A. Hardy, PT, MS, CHT, y S. Brent Brotzman, MD Las fracturas y luxaciones de la mano se clasifi can como lesiones estables o inestables para determinar el tratamiento apropiado. Las fracturas estables son las que no se desplazan si se permite cierto grado de movilidad digital temprana. Las fracturas inestables son las que se desplazan a un grado ina- ceptable si se permite movilidad digital temprana. Aunque algunas fracturas inestables pueden convertirse en fractu- ras estables mediante reducción cerrada, es difícil anticipar cuáles mantendrán su estabilidad a lo largo de la fase inicial de tratamiento. Por esta razón, la mayoría de las fracturas inestables deberían tratarse mediante reducción cerrada y fi jación percutánea con agujas o mediante reducción abierta y fi jación interna (RAFI) para permitir la movilidad digital protegida temprana y evitar así la rigidez .

Las fracturas que a menudo precisan intervención qui- rúrgica son las siguientes:

• Fracturas abiertas

• Fracturas desplazadas conminutas

• Fracturas asociadas a luxación o subluxación

• Fracturas espirales desplazadas o anguladas o malrotadas • Fracturas intraarticulares desplazadas, especialmente

alrededor de la articulación IFP • Fracturas con pérdida ósea • Fracturas múltiples

Las fracturas inestables deben convertirse quirúrgicamente en fracturas estables (p. ej., fi jación con agujas) para permitir ejercicios de movilización temprana debido a la tendencia de la mano a formar con rapidez una fi brosis con rigidez permanente. Si no se realizan ejercicios de movilización temprana, es probable que aparezca rigidez y que la función de la mano no sea satisfactoria, independientemente de la consolidación ósea radiográfi ca.

FRACTURAS FALÁNGICAS Y METACARPIANAS

Principios generales

• Los principios de rehabilitación generales para las frac- turas de la mano comprenden la movilización activa temprana y deslizamiento tendinoso mediante posi- ciones sinérgicas de la muñeca y técnicas de bloqueo, incluyendo férulas de bloqueo.

• Los signos radiográfi cos de consolidación de las frac- turas de la mano casi siempre van retrasados respecto a la curación clínica. A las 6 semanas, con una frac- tura clínicamente curada no dolorosa a la palpación, la radiografía sigue mostrando la línea de fractura origi- nal. El médico clínico debería tener presente la explora- ción clínica (presencia o ausencia de dolor a la palpación puntual) al tomar las decisiones terapéuticas.

• La mayoría de las fracturas metacarpianas y falángicas pueden tratarse sin cirugía con técnicas cerradas entre las que destacan la alineación y la movilidad protegida temprana.

• Todos los programas de inmovilización para las fractu- ras metacarpianas o falángicas destacan la necesidad

de colocar las articulaciones metacarpofalángicas en fl exión para evitar las contracturas en extensión.

• La articulación metacarpofalángica del pulgar no es una excepción de esta regla y muchos pulgares rígidos son consecuencia de la inmovilización mediante escayola con el pulgar en hiperextensión.

• Es característico que las articulaciones interfalángicas estén apoyadas en extensión completa.

• Los principios de inmovilización (REDUCE) de Greer deberían aplicarse a la inmovilización con férula o esca- yola de estas fracturas.

R: mantener la R educción de la fractura.

E: E liminar las contracturas mediante posición ade- cuada.

D: no ( D on’t) inmovilizar ninguna de estas fracturas durante más de 3 semanas.

U: la articulación no afectada ( U ninvolved) no debe inmovilizarse en las fracturas estables.

C: los pliegues ( C reases) de la piel no deben obs- truirse con la férula.

E: se aconseja deslizamiento precoz ( E arly) activo del tendón.

• El edema no se tolera bien en la mano. Se insiste en reposo, frío, compresión y elevación para re- ducir el edema. Las articulaciones distendidas, edematosas, se mueven previsiblemente en posi- ciones que permiten la máxima expansión de la cápsula articular y de los ligamentos colaterales.

El edema coloca la mano en fl exión de la muñeca, extensión de la articulación metacarpofalángica, fl exión de la articulación interfalángica y aducción del pulgar: una «mano en garra caída». La inmovi- lización funcional busca colocar la mano en una posición que evita esta postura deformada.

• Los ejercicios de deslizamiento tendinoso más importantes ( fi g. 1-12 ) para iniciar la rehabili- tación temprana son para el fl exor superfi cial del dedo (FSD), FPD, extensor común del dedo (ECD) y banda central para prevenir la adhe- sión tendinosa al callo de fractura.

FRACTURAS METACARPIANAS

• Los metacarpianos tienen habitualmente buena irriga- ción sanguínea, con cicatrización rápida en 6 semanas.

• Como consecuencia de la tracción palmar de los múscu- los interóseos, el hueso en una fractura del cuello o diá- fi sis del metacarpiano tiende a angularse con el vértice de la fractura dirigido a posterior (es decir, el fragmento distal es palmar).

• Las consideraciones sobre la rehabilitación más impor- tantes respecto a la fractura metacarpiana son la conser- vación de la fl exión en la articulación metacarpofalángica y la conservación del deslizamiento del ECD.

• La tabla 1-3 presenta los problemas potenciales con las fracturas metacarpianas y las intervenciones terapéuticas.

Las fracturas metacarpianas no desplazadas son lesiones estables y se tratan mediante colocación de una férula anteroposterior en posición funcional: muñeca en 30-60° de extensión, articulaciones MCF en 70° de

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fl exión y articulaciones IF en 0-10° de fl exión. En esta posición, los ligamentos principales de la muñeca y de la mano se mantienen en tensión máxima para evitar contracturas ( fi g. 1-13 ). Las excepciones a la inmo- vilización con férula de las fracturas metacarpianas pueden incluir el tratamiento de las fracturas de boxeador (v. página 13).

Es esencial permitir la movilidad articular IFP e IFD temprana. La movilidad evita las adherencias entre los tendones y la fractura subyacente, y reduce el edema.

A

D

F B

C

E

Figura 1-12 Ejercicios de deslizamiento tendinoso. A. Postura intrínseca plus para conseguir que las bandas laterales/central deslicen sobre la falange proximal.

B. Postura en puño superfi cial para favorecer el deslizamiento selectivo del tendón FSD. C. Postura en garra para conseguir deslizamiento del tendón extensor común de los dedos (ECD) sobre el hueso metacarpiano. D. Ejercicios con bloqueo del fl exor profundo del dedo (FPD) para deslizar el tendón FPD sobre la falange proximal. E. Postura en mano de gancho para favorecer el deslizamiento selectivo del tendón FPD. F. Ejercicio con bloqueo del fl exor superfi cial del dedo (FSD) para deslizar el tendón FSD sobre la falange media.

Tabla 1-3 Problemas posibles en fracturas metacarpianas y medidas terapéuticas Maureen A. Hardy PT, MS CHT

Problemas posibles Prevención y tratamiento

Edema posterior en la mano Compresión con venda de Coban, frío, elevación, estimulación de alto voltaje Contractura por fi brosis cutánea posterior que

impide cerrar el puño al completo

Silicona, TopiGel, calor y estiramiento simultáneos con la mano vendada con el puño cerrado; masaje de fricción

Articulación MCF contraída en extensión Inicialmente: colocar la articulación MCF en 70° de fl exión en férula de protección Después: férula dinámica o estática progresiva para la articulación MCF

Adherencia de tendón del ECD a la fractura con fl exión MCF limitada

Inicialmente: enseñe ejercicios de deslizamiento del ECD para evitar adherencias; coloque una férula en la articulación IF en extensión durante los ejercicios para concentrar la potencia de fl exión en la articulación MCF

Después: férula MCF de fl exión dinámica; EENM o ECD con ciclo activo > inactivo Contractura de músculos intrínsecos secundaria a

tumefacción e inmovilización

Inicialmente: enseñe estiramiento intrínseco (posición intrínseca minus ) Después: férula progresiva estática en posición intrínseca minus Irritación del nervio radial sensitivo posterior/cubital Programa de desensibilización; iontoforesis con lidocaína Desgaste y posible rotura del tendón del extensor sobre

una giba posterior prominente o placa grande

Reposo del tendón afectado; contacte con el médico si persisten síntomas dolorosos con movilización activa

Cruce/superposición de los dedos en fl exión Leve: fi jación con esparadrapo al dedo adyacente Grave: malrotación que precisa RAFI

Ausencia de cabeza MCF Acortamiento del metacarpiano; es posible que no sea un problema funcional

Ausencia de cabeza MCF y défi cit de extensión de la articulación MCF

Acortamiento del metacarpiano con redundancia de longitud del extensor; férula en extensión nocturna; fortalecer musculatura intrínseca en abducción/aducción: EENM de la musculatura intrínseca con ciclo inactivo > activo

Ausencia de cabeza MCF con prominencia anterior y dolor con agarre

Fractura del cuello con angulación anterior Leve: guante de trabajo almohadillado Grave: es necesario reducir la angulación

Figura 1-13 Posición de inmovilización de la mano con la muñeca en 30° de extensión, las articulaciones metacarpofalángicas (MCF) en 60-80°

de fl exión y las articulaciones interfalángicas (IF) en extensión completa.

(Tomado de Delee J, Drez D [eds]: Orthopaedic Sports Medicine. Philadelphia.

WB Saunders, 1994.)

ECD, extensor común de los dedos; EENM, estimulación eléctrica neuromuscular; IF, interfalángica; MCF, metacarpofalángica.

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Fractura del cuello del quinto metacarpiano (fractura de boxeador) 13

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Fractura del cuello del quinto metacarpiano (fractura de boxeador)

S. Brent Brotzman, MD, Theresa M. Kidd, BA, y Maureen A. Hardy PT, MS, CHT

ANTECEDENTES

Las fracturas del cuello metacarpiano son de las más fre- cuentes en la mano. La fractura del quinto metacarpiano es la más frecuente con diferencia y se denomina fractura de boxeador, porque el mecanismo habitual es un puñetazo de refi lón que no golpea con los metacarpianos segundo y tercero, que son más resistentes.

ANAMNESIS Y EXPLORACIÓN

Los pacientes tienen habitualmente dolor, tumefacción y pérdida funcional alrededor de la articulación MCF.

En ocasiones está presente una deformidad rotacional.

Debería realizarse una exploración meticulosa para confi r- mar la ausencia de malrotación del quinto dedo cuando el paciente cierra el puño ( fi g. 1-14 ), sin prominencia signifi - cativa del fragmento distal (desplazamiento palmar) en la palma ni défi cit de extensión en el dedo afectado.

En la radiografía lateral, el ángulo de la fractura metacar- piana se defi ne trazando líneas por la diáfi sis del metacarpiano y midiendo el ángulo resultante con un goniómetro.

TRATAMIENTO

El tratamiento está basado en el grado de angulación o desplazamiento, medido en una radiografía lateral verda- dera de la mano. Las fracturas del cuello metacarpiano suelen estar impactadas y anguladas, con desplazamiento palmar del fragmento distal por tracción de la muscula- tura intrínseca. Una angulación excesiva produce pérdida de la articulación MCF y puede causar prominencia de la cabeza metacarpiana durante las actividades. Solo pueden aceptarse alrededor de 10° de angulación en las fracturas del cuello del segundo o tercero metacarpiano, mientras que en el cuarto metacarpiano pueden aceptarse hasta 30°

y en el quinto hasta 40°, debido a la mayor movilidad de las articulaciones CMC cuarta y quinta.

• Nota: El ángulo normal del cuello metacarpiano es de 15° aproximadamente, por tanto un ángulo de 30°

medido en las radiografías es en realidad de 15°.

• En un estudio de Ali et al. (1999), 30° de angulación metacarpiana provocaban una pérdida del 22% de la amplitud de movimientos del dedo.

Si el desplazamiento es inaceptable, puede intentarse la reducción cerrada con bloqueo anestésico en la muñeca mediante la maniobra atribuida a Jahss (1938), en la que se fi ja la falange proximal en 90° y se usa para aplicar a la cabeza metacarpiana una fuerza de dirección posterior ( fi g. 1-15 ). Después, se inmoviliza la mano con una férula acanalada cubital durante 3 semanas aproximadamente con la articulación MCF en 80° de fl exión, la articulación IFP en posición cero y la IFD libre.

Es necesaria una movilización rápida de los dedos para evitar fi brosis, adherencias y rigidez no relacionadas con la propia fractura, sino con la propensión de la mano inmovilizada a la rigidez rápida.

Statius Muller et al. (2003) trataron prospectivamente 35 pacientes con fractura de boxeador y una angulación media de la fractura de 39° (rango 15 a 70°). Los pacientes fueron asignados al azar a tratamiento con férula de escayola acanalada cubital durante 3 semanas, seguido de moviliza- ción o a vendaje compresivo durante solo 1 semana con movilización inmediata dentro de los límites determi- nados por el dolor. No hubo diferencias estadísticamente signifi cativas entre los dos grupos respecto a amplitud de

A B

Figura 1-14 A. Para determinar la alineación rotacional y angular de los huesos de la mano, las uñas deberían estar alineadas con los dedos en extensión. B. En fl exión, los dedos deberían apuntar al tubérculo del escafoides.

A

B

Figura 1-15 Maniobra de Jahss. A. La articulación interfalángica proximal (IFP) se fl exiona 90° y el explorador estabiliza el metacarpiano proximal a la fractura del cuello, después empuja el dedo para desplazar en sentido posterior y «enderezar» la fractura de boxeador con angulación anterior.

B. Se adapta una férula en posición de reducción con la corredera cubital en posición funcional. (Tomado de Regional Review Course in Hand Surgery. Rosemont, Illinois. American Society for Surgery of the Hand, 1991.)

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E Clamades andaua sienpre sobre el caua- 11o de madera, y en poco tienpo fue tan lexos, que el no sabia en donde estaña; pero el tomo muy gran esfuergo en si, y pensó yendo assi

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