CONVERSACIONES
N O S Ó TRICA S
CO N VE R SA CIO N ES "N O SÓ TR IC AS " V O L U M E N 1 • N ° 2
La palabra Nosótricas viene de las comunidades maya-tojolabales de Chiapas en México, quienes poseen una cosmovisión particular que nos muestra que todo en este mundo tiene vida y corazón. Es decir, conciben una sociedad repleta de sujetos —actantes y no objetos—, a partir de la cual se establece una relación intersubjetiva. Cada uno de estos sujetos humanos y no humanos — entre ellos la Madre Tierra—, forma parte de las comunidades nosótricas, en donde el fin es el bien de todos. Siguiendo ese espíritu, queremos fortalecer los vínculos entre diferentes comunidades y miradas sobre temas que a todos nos preocupan y así ayudar a los que ayudan, inspirar a los que inspiran y formar a los que forman, dando herramientas para gestar la “Re-evolución Amorista”
Con esta publicación mensual queremos generar Conversaciones Nosótricas con ustedes y que ustedes las generen con sus vínculos significativos repartiéndolas, reenviándolas o imprimiéndolas. Cada mes hay un tema y uno o dos invitados para seguir
"tejiendo" y creando un mundo mejor y personas más conscientes y reflexivas.
Los temas son los contingentes y a la vez trascendentes, aportando una mirada profunda y mística a lo cotidiano.
Conversamos sobre las voces del tiempo, las de Dios y las del alma para discernir y decidir cómo amar más y servir mejor para gestar la Re-evolución Amorista.
CONVERSACIONES
"NOSÓTRICAS"
NUESTRO PORQUÉ
NUESTRO CÓMO
NUESTRO QUÉ
Pareciera que la pandemia -además de los males y daños intrínsecos a ella- trajo como condena mundial el enviarnos a la inmensa mayoría a las mazmorras de la vinculación virtual. Sin mediar ruegos, suplicas ni excusas, el que quiera mantener su vida familiar, social, laboral y funcional, debe someterse a aprender, trabajar, abrazar, resolver, comprar y hacer casi todo con un click y un enter para continuar. Como todo fenómeno emergente aparecen quienes lo demonizan o santifican con extrema facilidad, sin embargo, esta tecnología es un misterio que, como un iceberg recién salido del océano, apenas vislumbramos sus efectos y consecuencias para cada uno de nosotros y la humanidad.
Lo primero, por lo mismo, será ser prudente con su juicio y con su uso para no caer en ningún extremo ni daño irreversible de esta tecnología que llegó para quedarse en la sociedad. Como tal, no es algo ajeno al ser humano, sino una extensión de él que puede canalizarse para bien o para mal de acuerdo con el uso e interpretación que se le pueda dar. Como la energía nuclear o la pólvora en su momento, está en nuestras manos hacer del mundo
“empantallado” una bendición que agradecer o una maldición para lamentar. . Claramente las plataformas de conexión virtual han ampliado las posibilidades y conexiones al infinito y más allá. Han roto los límites físicos y sociales, democratizando los accesos y enriqueciendo a la comunidad con conversaciones que antes eran imposibles de pensar.
La multiplicidad de culturas y personas que se pueden intersectar en una reunión, abre a la esperanza que el reino de Dios tenga un sistema eficiente para poderlo evangelizar y conectar. Sin embargo, el desafío está y estará en la capacidad de mantener los vínculos nutritivos y amorosos, sin importar si nos podemos ver o no en modo presencial. El enemigo entonces no está en las pantallas, sino en el riesgo enorme de que el mundo virtual nos termine de enclaustrar en un mundo solitario, narciso, donde cada ser consume sin límites de tiempo ni espacio un universo de datos, informaciones y videos a los que puede acceder para su sólo beneficio y placer. La pantalla, tanto para niños como adultos puede ser una puerta maravillosa de interacción o una sepultura de muerte que termine encerrando a su usuario en su única percepción, aislado del amor de otros y de la capacidad de amar a los demás y a la creación.
Por eso, antes de conectarse, quizás nos puede ayudar discernir con algunas preguntas: ¿Cuál es el propósito de la conexión? ¿Con quién(es)me voy a encontrar? ¿Soy capaz de amar más y servir mejor gracias a esta “reunión”? ¿Habrá frutos que generen vida para la comunidad y que saquen de mí y de nosotros nuestra mejor versión? Si no hay claridad en las respuestas o esta es la simple diversión o evasión, más vale abstenerse de las posibilidades de la pantalla y volver a centrarse en lo concreto visible y vivo que tenemos alrededor para volver a ser humanos y ordenar bien la ecuación.
“HUMANIZAR LAS PANTALLAS”
TRINI RIED (CHILE)
Periodista, Escritora, Fundadora del Colegio Santa Cruz y Especialista en Vínculos de la Fundación Vínculo
Alguna vez en mi infancia al ver televisión me preguntaba ¿cómo había llegado esa persona a esa pantalla?; de manera metafórica era preguntarse:
¿Cuál es la vida de esa persona que la llevó a estar allí? Luego me tocaría ir a un set de televisión y me maravillé al ver cuánta genta trabajaba detrás de esa persona que cuando le decían “acción”, cambiaba su semblante y sonreía o tenía que sonreír… Atrás estaban maquilladores, iluminación, directores, que le marcaban la pauta de cómo salir bien, “cómo mostrar lo mejor de sí”.
Hoy miro las pantallas y me pregunto cada día, ¿cómo estamos conectados a través de ellas? todo pasa por las pantallas, aprender, reunirnos con amigos, buscar información, cosas que nos enriquecen y nos permiten conectarnos, sin embargo, me vuelve mi recuerdo de la palabra “acción”, ponernos en “función de mostrar lo mejor de sí”, la imagen que proyectamos, no necesariamente la imagen de lo que somos. ¿Qué pasaría si nos preguntáramos cada vez que estamos delante de una pantalla, ¿cuál es la vida de esa persona detrás? ¿quién le ayuda a “sentirse y verse mejor”, cuáles son sus duelos, sus miedos? La pantalla muestra una imagen de nosotros, imagen construida por todo lo que nos antecede, sobre todo por nuestra historia, nuestros vínculos y nuestras experiencias.
Cómo psicóloga, me maravilla entender y comprender cómo las historias de nuestra vida nos han ido formando en nuestro ser; todo queda, nada se borra según las
las neurociencias, sobre todo las experiencias con otros, estas experiencias en todo su ámbito, dolorosas, esperanzadoras, traumáticas que nos llevan a activar recursos, miedos o mecanismos defensivos que nos han ido sirviendo para construir quienes somos.
Como señala Boris Cyrulnik en su libro
“Bajo la mirada del vínculo”, en dónde nos muestra lo sociable que necesitamos ser para sobrevivir, sociable referido a la relación entre y con otros. Bien lo sabe él quien sobrevivió a un campo de concentración, sólo por saber que había otros que estaban fuera y para que no se borrara su historia. Este autor menciona como hito fundamental la primera sonrisa, que, si bien es un acto reflejo – biológico, marca un vínculo de apego con otro. Figura de apego que buscaremos a lo largo de nuestra vida, figura o figuras a la que acudiremos cada vez que necesitamos algo. Son estas figuras las que anhelamos ver o estar con ellas en tiempos difíciles.
La mascarilla nos hace difícil mostrar una sonrisa, pero la pantalla nos permite vernos la cara. Es necesario para la vida, por lo que la pantalla pasa a ser un primer escenario de vinculo, pero la historia no se construye con sólo una escena. Si hiciéramos el ejercicio de ir más allá y de preguntar y preguntarnos
¿qué hay detrás de esa imagen que proyectamos?, quizás logremos profundizar en los grandes temores de los seres humanos, miedo a sentir la soledad como sentimiento permanente, miedo a no ser queridos, miedos que se han potenciado aún más en este tiempo.
Miedos comunes a muchos de nosotros y nosotras que nos hacen tan unidos en lo humano que somos.
No dejemos de preguntarnos para entendernos y vincularnos
APANTALLADOS
XIMENA CONTRERAS (CHILE)
Psicóloga Clínica acreditada UC, con más de 20 años
en atención de pacientes y de trabajo en educación.
CONTRALÓGICAS DE LAS
“PANTALLAS”
P. JUAN PABLO (CHILE)
Educador con estudios especializados en educación y teología. Cursó las materias para acceder a
maestría en Psicología Social Lado “A”
Por los años 60, y gracias al mundial de futbol de 1962, Chile entró paulatinamente al mundo de las pantallas. La televisión, como la primera ola, las tecnologías de la comunicación digital, como el tsunami actual. Podríamos sostener que a nivel mundial el fenómeno, cuan más cuan menos, es similar. Comúnmente se ha hablado de las TICS (Tecnologías de la información y la comunicación social), pero creemos que más bien a este tsunami, que llegó para quedarse, deberíamos llamarle TR (Tecnologías de Relación), porque los espacios de conexión son espacios de relación. Por tanto, las “pantallas” han sido un medio fundamental de construcción de nuevas identidades, en niños, jóvenes y adultos, que nacen de la interacción entre “consumo y emoción” (cfr.
Revista on-line Teknocultura). Estas TR facilitan las sucesivas interacciones emocionales en que las personas vamos construyendo nuestra identidad, donde las emociones se pueden canalizar y expresar. Están basadas en la inmediatez y en la velocidad de los intercambios al permitir que lo global se introduzca en lo local sin desplazamiento espacial. Hay un enriquecimiento de posibilidades de
“ser y hacer” jamás vistas en la historia de la humanidad, y en tiempo real.
Lado “B”
Hay un problema difícil de resolver en esta cuestión. Nos referimos a la relación entre los inmigrantes digitales y los nativos digitales (M. Prensky). El centro del problema está en la manera en que los diferentes usuarios enfrentan la nueva era tecnológica. Los nativos digitales (jóvenes actuales), junto a su lengua materna, aprendieron la “lengua digital” en redes sociales,
mensajería instantánea, plataformas audiovisuales o videojuegos: todos accesibles a través de pantallas. Es una nueva cultura audiovisual (S. Moll). En cambio, el inmigrante digital es el que ha vivido el cambio tecnológico más como espectador que como actor; pero con capacidad de usarlo y convivir con él. Es tal la democratización de la tecnología que entró en hogares y escuelas -sin olvidar que hay 760 millones de analfabetos en el mundo- que ha provocado una tensión y distancia entre los nativos y los inmigrantes -y los marginados- digitales que ha escalado a niveles complejos de mutua comprensión y tolerancia, generando conflictos no menores de relación.
Y el “tercero” incluido
El demonio se vistió de pantalla, según algunas visiones. La pregunta que surge no deja de ser importante: ¿ha sido algo bueno o algo malo? Nos referimos a las pantallas como metáfora de la tecnología. Una mirada dicotómica, como contiene la pregunta, es, en nuestro modo de ver, la que puede suscitar una cierta confusión o simplificación del problema. Como toda construcción humana tiene un principio ambiguo, en cuanto que hay quien puede usarla para el bien o para el mal, pero en sí misma la tecnología es genial. La TR, como hemos hablado, es una potenciación de una capacidad humana, de origen humano, en el que en el principio está la relación.
¿Cuántos de nosotros no añorábamos hace sólo 30 o 40 años atrás tener la capacidad de comunicación instantánea que ahora tenemos? Sólo nos falta la teletransportación. Pero paradójicamente a mayor conexión digital, se ha observado mayor dificultad de conversación y vinculación en nuestra cultura actual. Hay un desafío hermoso de cuidar la relación, para no caer en dramatismos de tinte apocalíptico al valorar o enjuiciar la nueva realidad que nos rodea, llena de pantallas.
y bajarse la mascarilla cuando no parece haber personas cerca podrán verse como acciones entendibles a nivel individual, pero ya sabemos que no hacen bien. No al bien común al menos.
De igual forma, agobiarse por tener que trabajar o estudiar vía online, irritarse por tener que compartir un espacio estrecho en casa, y desesperarse por no poder viajar, podrán sentirse como reacciones naturales, pero no alivian esa molestia personal.
Nadie dijo que la cuarentena iba a ser llevadera, que la autoridad iba a saber con certeza cómo lograr frenar el contagio y atajar el desempleo, ni que la vacunación masiva iba a ser la solución perfecta de esta pandemia. Y, sin embargo, parece lógico desear que así fuera.
Ya sabemos que la vida real no nos hace caso ni menos nos da en el gusto. Más bien, exige paciencia, perspectiva y resiliencia. Mucha.
Y también sabemos que luego de dejar atrás una crisis –personal, nacional o global– logramos darnos cuenta que, en realidad, sí fuimos capaces de salir adelante. No sólo por medio de un esfuerzo titánico sin pausa alguna, sino por la suma de lo que durante los momentos más duros parecían interminables pasos y esperas. Y hay algo más, algo clave: con los pies en la vida tal cual es –la vida ecológica–, y con la toma de decisiones sensatas, de sentido común y por el bien mayor.
Una vez, en la casa de la escritora Andrea Maturana, me encontré con un libro de cuentos “realistas” para niños.
No, no eran relatos idealizados de final feliz, sino que enseñaban en lenguaje sencillo y claro algo tan valioso y positivo que de puro evidente se nos suele pasar por alto. En uno de los cuentos, la princesa paseaba por el jardín del palacio cuando, de repente, vio que una culebra se iba a tragar un ratoncito. “¡Fuera, malvada serpiente!
¡Pobrecita lauchita indefensa!” La ilustración de la página mostraba a la linda hija del rey ahuyentando al reptil y luego acurrucando con ternura al roedor. Al dar vuelta la página, seguía una escena de verdadero terror: La princesa no sabía que –sin querer–
había salvado la vida de una rata que le transmitió la peste bubónica y que terminó por causar la muerte no sólo a ella, sino que a sus padres y a casi todo el reino. Impresionado, me devoré el resto de los cuentos que narraban insospechadas vueltas del destino de la vida real. El tema de fondo del libro infantil era, me confirmó la Andrea, de la ecología. De la vida tal cual El año pasado, en algún momento del interminable encierro para evitar el contagio del Covid-19, me di cuenta que los deseos mejor intencionados no necesariamente producen resultados así de positivos. Burlar la cuarentena para celebrar un cumpleaños, salir a caminar por el barrio en horario del toque de queda,