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Clemente Valdés - La invención del Estado

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UN ESTUDIO SOBRE SU UTILIDAD PARA CONTROLAR A LOS

UN ESTUDIO SOBRE SU UTILIDAD PARA CONTROLAR A LOS PUEBLOSPUEBLOS

PREFACIO PREFACIO

Algunos libros tienen procesos de gestación muy particulares. Este estudio Algunos libros tienen procesos de gestación muy particulares. Este estudio iba a ser solamente un

iba a ser solamente un capítulo de un libro mucho más capítulo de un libro mucho más grande tituladogrande titulado CUENTO DECUENTO DE CUENTOS, Un ensayo sobre las fantasías constitucionales

CUENTOS, Un ensayo sobre las fantasías constitucionales. Pero sucede que ese. Pero sucede que ese capítulo comenzó a crecer y caí en la cuenta que aún cuando me empeñara en capítulo comenzó a crecer y caí en la cuenta que aún cuando me empeñara en hacerlo lo más pequeño posible sería desproporcionadamente más grande que los hacerlo lo más pequeño posible sería desproporcionadamente más grande que los otros, por lo que decidí hacer sobre el tema del Estado imaginario un pequeño libro otros, por lo que decidí hacer sobre el tema del Estado imaginario un pequeño libro que fuera comprensible no únicamente para los profesionales y los estudiantes de que fuera comprensible no únicamente para los profesionales y los estudiantes de Derecho sino para la mayoría de las personas que no tienen una formación jurídica, Derecho sino para la mayoría de las personas que no tienen una formación jurídica, evitando en lo posible el lenguaje técnico y, antes

evitando en lo posible el lenguaje técnico y, antes que todo, los términos abstractos yque todo, los términos abstractos y las vaguedades de las que están llenos muchos de los libros que tratan de estos las vaguedades de las que están llenos muchos de los libros que tratan de estos temas.

temas.

Mis primeras inquietudes sobre el uso que los hombres que dominan a las Mis primeras inquietudes sobre el uso que los hombres que dominan a las sociedades hacen de palabras que expresan

sociedades hacen de palabras que expresan  poder  poder   sobre la población, como  sobre la población, como elel  Estado

 Estado,, la soberaníala soberanía,, la constituciónla constitución y y la naciónla nación, surgieron estando en Inglaterra en, surgieron estando en Inglaterra en 1971 y 1972 cuando se estaba iniciando ahí la discusión sobre la conveniencia de 1971 y 1972 cuando se estaba iniciando ahí la discusión sobre la conveniencia de tener una constitución escrita para Gran Bretaña que, aunque fue rechazada por la tener una constitución escrita para Gran Bretaña que, aunque fue rechazada por la  Royal Commission

 Royal Commission on on the the ConstitutionConstitution en el año de 1973, continuó siendo tema de en el año de 1973, continuó siendo tema de debate por algunos de los más notables tratadistas

debate por algunos de los más notables tratadistas11  y, finalmente, después de la  y, finalmente, después de la victoria del partido Conservador en las elecciones generales de 1992, el interés en la victoria del partido Conservador en las elecciones generales de 1992, el interés en la cuestión de una constitución escrita se desvaneció y hasta ahora no ha vuelto a cuestión de una constitución escrita se desvaneció y hasta ahora no ha vuelto a discutirse de manera importante.

discutirse de manera importante.

A quienes se han educado en un sistema jurídico determinado, sin A quienes se han educado en un sistema jurídico determinado, sin conocimiento de otros sistemas diferentes, siempre les resulta difícil imaginar otras conocimiento de otros sistemas diferentes, siempre les resulta difícil imaginar otras formas de concebir las estructuras políticas y el Derecho, distintas de las que formas de concebir las estructuras políticas y el Derecho, distintas de las que conocen, y mucho más difícil dudar de los dogmas del propio sistema aprendidos y conocen, y mucho más difícil dudar de los dogmas del propio sistema aprendidos y repetidos una y otra vez. El sistema inglés es quizás el más diferente o el más repetidos una y otra vez. El sistema inglés es quizás el más diferente o el más opuesto a los sistemas de Derecho civil continentales europeos. Tengo muy claro opuesto a los sistemas de Derecho civil continentales europeos. Tengo muy claro que las motivaciones que me llevaron por primera vez a plantearme estos temas que las motivaciones que me llevaron por primera vez a plantearme estos temas fueron los cuestionamientos sobre los dogmas y los principios en los que yo creía fueron los cuestionamientos sobre los dogmas y los principios en los que yo creía

11 Entre quienes propugnaban por una  Entre quienes propugnaban por una constitución escrita para Gran Bretaña destacaban Lord SCARMAN, enconstitución escrita para Gran Bretaña destacaban Lord SCARMAN, en

su obra

su obra EnEn gligli sh Law – sh Law – ThTh e e New DiNew Di mensmension ion  (1974) y Lord HAILSHAM en (1974) y Lord HAILSHAM en The DiThe Di lemma of Dlemma of D eemocracy mocracy .. (1978)

(1978) Entre los Entre los defensores de defensores de la constitucila constitución no escón no escritarita   como expresión de la cultura política inglesa,  como expresión de la cultura política inglesa, algunos de los más brillantes argumentos fueron los de E. P. THOMPSON en

algunos de los más brillantes argumentos fueron los de E. P. THOMPSON en WrWr itiiti ng bng by y CandleCandlelili ght ght , (1980), (1980) y P. NORTON,

y P. NORTON, The CThe Consonstitution ititution i n Fn F lux lux , , (1982). (1982). Ver Ver WADE WADE and and BRADLEY,BRADLEY, Constitutional andConstitutional and Admin

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anteriormente, provocados por el conocimiento directo de un sistema jurídico y anteriormente, provocados por el conocimiento directo de un sistema jurídico y  político totalmente

 político totalmente diferente como es el sistemdiferente como es el sistema inglés, no porque éste esté ea inglés, no porque éste esté exento dexento de dogmas, ambigüedades e incoherencias, sino simplemente porque éstas son dogmas, ambigüedades e incoherencias, sino simplemente porque éstas son diferentes a las nuestras.

diferentes a las nuestras.

Creo que una de las maneras más efectivas para impedir la participación de la Creo que una de las maneras más efectivas para impedir la participación de la sociedad en las cuestiones que tienen que ver con el gobierno, la política y el orden sociedad en las cuestiones que tienen que ver con el gobierno, la política y el orden  jurídico

 jurídico y y uno uno de de los los mejores mejores medios medios de de implantar implantar y y mantener mantener el el dominio dominio de de loslos empleados gobernantes sobre la población, es el uso de un lenguaje ficticio fundado empleados gobernantes sobre la población, es el uso de un lenguaje ficticio fundado en abstracciones y entes imaginarios como el

en abstracciones y entes imaginarios como el  Estado Estado  y la  y la  soberanía soberanía  que, como  que, como  palabras de

 palabras de prestigio, sirven prestigio, sirven para llenar para llenar de orgullo de orgullo y al y al mismo tiempo mismo tiempo de temor de temor a laa la  población.

 población. Es Es un un lenguaje lenguaje deformado, deformado, lleno lleno de de confusiones confusiones y y ambigüedades ambigüedades comocomo las que se establecen, sin duda intencionalmente, en las leyes y en las constituciones las que se establecen, sin duda intencionalmente, en las leyes y en las constituciones entre ese

entre ese  Estado Estado  imaginario y  imaginario y la naciónla nación oo el puebloel pueblo, y en la presentación de los, y en la presentación de los hombres del gobierno como

hombres del gobierno como El Estado El Estado. Es un lenguaje basado en el uso de palabras. Es un lenguaje basado en el uso de palabras y expresiones distorsionadas para designar a las personas, a las funciones y a las y expresiones distorsionadas para designar a las personas, a las funciones y a las entidades, que empieza por llamar a nuestros empleados públicos, a quienes les entidades, que empieza por llamar a nuestros empleados públicos, a quienes les  pagamos precisamente para que nos

 pagamos precisamente para que nos sirvan “sirvan “laslas autoridadesautoridades”; después, designa a las”; después, designa a las grandes ramas del gobierno como “

grandes ramas del gobierno como “loslos  poderes poderes”, y concluye en un gran acto de”, y concluye en un gran acto de  prestidigitación con

 prestidigitación con las las palabras, en palabras, en el el cual se cual se hace hace de de los los empleados que empleados que dirigen adirigen a los diferentes órganos de gobierno, es decir, los presidentes, los ministros, los los diferentes órganos de gobierno, es decir, los presidentes, los ministros, los legisladores y los jueces, la encarnación personal de esos

legisladores y los jueces, la encarnación personal de esos poderes poderes..

Dentro de ese esquema imaginario y un poco infantil que se llama “Teoría del Dentro de ese esquema imaginario y un poco infantil que se llama “Teoría del Estado”, que se enseña como una materia en muchas de las escuelas de Derecho Estado”, que se enseña como una materia en muchas de las escuelas de Derecho continental europeo – no así, en general, en las escuelas de Derecho anglosajón, en continental europeo – no así, en general, en las escuelas de Derecho anglosajón, en donde se enseñan también algunas tonterías, pero diferentes – la sociedad aparece donde se enseñan también algunas tonterías, pero diferentes – la sociedad aparece simplemente como un elemento de un “Estado” imaginario que expresa sus deseos a simplemente como un elemento de un “Estado” imaginario que expresa sus deseos a través de un gobierno dividido en tres departamentos o secciones, a las que se les través de un gobierno dividido en tres departamentos o secciones, a las que se les llama “poderes”. En cada uno de esos departamentos, las personas que los dirigen y llama “poderes”. En cada uno de esos departamentos, las personas que los dirigen y que tienen como única razón de existir y como único objetivo de su trabajo el que tienen como única razón de existir y como único objetivo de su trabajo el servicio a los habitantes que les pagan precisamente para que les sirvan, usan servicio a los habitantes que les pagan precisamente para que les sirvan, usan nombres de prestigio para distinguirse del resto de los seres humanos a los que se nombres de prestigio para distinguirse del resto de los seres humanos a los que se supone que deben servir y, para empezar, se llaman “

supone que deben servir y, para empezar, se llaman “autoridadesautoridades”. En muchos”. En muchos  países,

 países, los los empleados empleados que que dirigen dirigen esos esos departamentos, a departamentos, a pesar pesar de de que que en en los los textostextos  principales se diga que el pueblo, la población o los habitantes son el poder supremo  principales se diga que el pueblo, la población o los habitantes son el poder supremo y la única razón de ser de toda la organización política y de los cuerpos y las y la única razón de ser de toda la organización política y de los cuerpos y las oficinas a las que llaman “

oficinas a las que llaman “institucionesinstituciones”, esos empleados se adueñan del poder de la”, esos empleados se adueñan del poder de la  población,

 población, se se lo lo distribuyen distribuyen entre entre ellos, ellos, se se hacen hacen llamar llamar ““ poderes poderes” y se presentan” y se presentan como entidades independientes, no sólo de los otros departamentos sino de la como entidades independientes, no sólo de los otros departamentos sino de la  población; lo cual les

 población; lo cual les permite manejarse como quieran, dando permite manejarse como quieran, dando como razón profundacomo razón profunda  para justificar sus abusos y demostrar sus conocim

 para justificar sus abusos y demostrar sus conocimientos escolares, que Montesquieuientos escolares, que Montesquieu había dicho que así se hacía en Inglaterra, en un libro que escribió hace 250 años; había dicho que así se hacía en Inglaterra, en un libro que escribió hace 250 años;  por lo cual,

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 pueden hacer lo que quieran con la sociedad, sin que los otros empleados dueños de los otros “poderes”, deban intervenir en lo que no son sus asuntos.

En este esquema autoritario, los ciudadanos que forman la sociedad, una vez que ejercen su derecho a elegir a sus “ gobernantes”, se convierten – como dicen algunos autores – simplemente en los “ gobernados”, que tienen como función  principal obedecer a los distintos empleados que forman los poderes de un gobierno en el cual unos hacen, deshacen e interpretan las leyes, tal como lo dice el artículo 72 de la Constitución mexicana, otros las aplican cuando y como quieren y, otros más, las interpretan, las aplican o no las aplican y, de vez en cuando, ellos mismos declaran que las leyes hechas por los primeros, no valen.

Este es el planteamiento obscuro de muchos de los hombres y las mujeres que como empleados públicos reciben sus salarios del dinero de sus pueblos y, con frecuencia, además, lamentablemente, roban a sus mismos pueblos. Se trata de mitos, de ficciones y de entes imaginarios, creados o inventados, para justificar el  poder arbitrario de los empleados sobre los habitantes a los que dicen servir. Con

esos entes ficticios se construyen teorías incoherentes y explicaciones abstractas absurdas, sin relación alguna con la realidad, las cuales, dado que los pueblos no las entienden o, tal vez, precisamente porque es imposible comprender esas teorías y entender esos argumentos, los empleados principales de los gobiernos pueden, sin mayor problema, mantener alejados a los habitantes del manejo de las cuestiones  públicas.

Este ensayo no se refiere a ningún país en particular, pues desgraciadamente la apropiación que han hecho en su favor los empleados públicos principales de los  poderes que la población les presta, se presenta, en distintas medidas y de diferentes maneras, en casi todas partes del mundo. En varios puntos tomo como referencia lo que sucede en diferentes países, pero naturalmente me refiero en muchos casos al sistema mexicano, simplemente porque es el que mejor conozco.

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“Sólo me resta, para terminar, decir a los amigos para los que escribo:  No se asombren de estas cosas nuevas, porque ustedes saben bien que

una cosa no deja de ser verdadera por el hecho que ella no sea aceptada  por muchos.

 Finalmente, si en la lectura de esto, ustedes encuentran dificultad para reconocer lo que presento como cierto, les pido no apresurarse a refutarlo, antes de haberlo meditado largamente y con suficiente reflexión.”

Baruch Spinoza Traité de la réforme de l’entendement

INTRODUCCIÓN

 No existe el menor acuerdo sobre qué es el Estado. Sin embargo es quizás la  palabra más usada para dominar a los pueblos que gustan de cierto tipo de fantasías.

 No pretendo descubrir cuál es la naturaleza del Estado, simplemente porque no creo que el Estado tenga ninguna “naturaleza”.2 Lo que creo es que el Estado, al interior de muchos países, por ser el concepto de algo abstracto y poderoso, sirve excelentemente para someter a los pueblos. En su nombre y asociados a grupos sindicales o empresariales, religiosos o militares, los individuos que manejan los gobiernos ejercen un poder engañosamente despersonalizado, presentándose, como los representantes del Estado y los defensores de una soberanía vaga e inexplicable y, a veces, como la soberanía misma, que utilizan para dominar al resto de los habitantes del país.

En las religiones, con frecuencia, los dioses hablan por voz de los sacerdotes que se presentan como sus representantes, o por las voces que escuchan en sus sueños algunos hombres, reconocidos también como manifestaciones de los mismos dioses por los mismos sacerdotes. En las leyendas de la demonología y en la historia real de los sacrificios de hombres y mujeres a quienes se acusaba de estar poseídos  por los demonios, éstos, según los jueces que conocían de sus causas, hablaban por

la voz de los infelices a quienes se torturaba. Naturalmente, esto justificaba la muerte atroz de esos desgraciados y, aún cuando la muerte de los poseídos no lograba acabar con los demonios, servía para liberar de sus garras el alma de los asesinados y hacer una reservación muy segura de sus respectivos lugares en el

2 Independientemente de que no puede hablarse de la “ciencia” política o de la “ciencia” del Derecho en el

sentido de las ciencias naturales, es conveniente recordar lo que hacía notar Henri POINCARÉ en su célebre libro L a Science et l’ H ipoth ése , publicado por primera vez en 1902:  La science n’atteint aucune vérité absolue concernant la nature des choses. Que se traduciría al español como: “La ciencia no alcanza (o no consigue) ninguna verdad absoluta sobre la naturaleza de las cosas.”

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cielo.

De una manera muy parecida, en la teoría fantástica del Estado imaginario, el Estado habla siempre por la voz de los empleados que anteriormente eran representantes y servidores del pueblo, y que, tiempo después, por decisión de ellos mismos, cuando se inventa el Estado moderno y se implanta su existencia en las constituciones escritas se convierten en sus representantes o en una mezcla incomprensible de “instituciones”, “autoridades” y “ poderes” del Estado”. Todos estos empleados, juntos, forman “el gobierno”, que, igual que el Estado, tampoco es una persona, aunque los altos empleados intenten de vez en cuando presentarlo como una persona moral ficticia. Así, el Estado, en la realidad, es casi siempre el gobierno que, por su parte, sirve también para que los individuos de carne y hueso que desempeñan alguna función en la organización gubernamental se escuden con él, citándolo, para ocultar o disfrazar su responsabilidad personal.

Una vez que esta gran concepción imaginaria es aceptada por los seres humanos en una sociedad, se pueden construir dentro de esa estructura ficticia todo tipo de fantasías. Después de implantar el Estado los supuestos representantes de la  población y los demás empleados que dirigen los otros departamentos de la organización política, se distribuyen entre ellos el poder de la población, se adueñan del mismo, y un poco más tarde se presentan diciendo que, por alguna razón misteriosa e incomprensible, y porque la Constitución que ellos o sus antecesores hicieron así lo dice, ellos, personalmente, se han convertido físicamente en los  poderes que eran de la población.

Ortega y Gasset, el famoso escritor español, no intenta siquiera explicar que es el Estado, aun cuando hace frecuentes alusiones al aparato gubernamental del imperio romano, llamándolo “Estado”, así como al origen deportivo del Estado, y utiliza la palabra con distintos significados.3  Pero el capítulo XIII de su conocido libro  La rebelión de las masas, tiene como título precisamente: “EL MAYOR PELIGRO, EL ESTADO”. En él, Ortega dice que “el Estado gravita con una antivital supremacía sobre la sociedad. Ésta empieza a ser esclavizada, a no poder vivir más que en servicio del Estado. La vida toda se burocratiza.” “El pueblo se

3 Así por ejemplo en su ensayo llamado

El ori gen deporti vo del Estado , ORTEGA Y GASSET presenta al Estado como algo opuesto a la familia; ver Obras Completas, tomo II página 607, Editorial Revista de Occidente, Madrid, segunda edición, 1950. En El hombr e a la defensiva , ensayo escrito en 1929 que es una mezcla de alabanzas y críticas a lo que ORTEGA llama “el alto grado de desarrollo del Estado argentino”, como una manera de atribuirle “al Estado” las arbitrariedades y los abusos de los hombres que de manera dictatorial dirigían el gobierno argentino, el Estado tiene un sentido muy distinto; ver Obras Completas, tomo II “el anormal adelanto del Estado argentino revela la magnífica idea que el pueblo argentino tiene de sí mismo” (páginas 644 y 645). El Estado, para Ortega, en este ensayo, representa a la gran masa y es un  producto opuesto al individuo: “La masa se encanta al ver su Estado; que la representa, funcionando

arrolladoramente, triturando sin mayor esfuerzo toda voluntad indócil que pretenda enfrentársele” (página 647). En su obra Del I mperi o Romano , publicado por primera vez en 1940 como una serie de artículos en La  Nación, de Buenos Aires, hay uno titulado “El Estado como piel”, que ahora forma parte de un libro que tiene

como título: “H istoria como sistema y Del I mperi o Romano ”, en él Ortega le da al Estado el sentido de actividad social o poder público; ver Obras Completas, tomo VI: “el Estado es la actividad social que se ocupa de lo necesario, de lo imprescindible.” (página 100).

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convierte en carne y pasta que alimenta el mero artefacto y máquina que es el Estado. Cuando se sabe esto, azora un poco oír que Mussolini pregona con ejemplar  petulancia, como un prodigioso descubrimiento, hecho ahora en Italia, la fórmula

Todo por el Estado, nada fuera del Estado; nada contra el Estado”.4

Quisiera empezar por señalar que si bien el Estado es un ente sin existencia física, una vez que los hombres – y entre ellos algunos muy elocuentes – caen en el mundo de la fantasía, llegan al extremo de atribuirle una realidad sobrehumana y todo tipo de virtudes. En los orígenes de lo que se conoce como el romanticismo alemán, las ideas sobre el Estado y la nación, estrechamente vinculadas al espíritu del pueblo (Volksgeist ), están impregnadas de sentimientos religiosos y de una visión de la historia contra la cultura racionalista de otros tiempos. En lo que se llama la Escuela Romántica iniciada en Jena por Schelling en 1798 con su trabajo Sobre el Alma del Mundo (Von der Weltseele) “ se reinterpretó el mundo de la  Europa medieval, explicándose los cuentos de hadas, los mitos y los idiomas como expresión inconsciente del espíritu del pueblo (Volksgeist )”.5  En su gran obra Trayectoria del Pensamiento Político, J. P. Mayer hace notar que “ El espíritu de los  pensadores políticos románticos miraba hacia la Edad Media, hacia aquella época “de la máxima reconstrucción de la sociedad civil que fue la base de la religión cristiana” (Adam Müller), aquella época en la que costumbre y ley no habían sido aún separadas por una muralla infranqueable”.6 Friedrich von Hardenberg, llamado  Novalis, el gran escritor y poeta del romanticismo alemán, después de que se vuelve

católico, decía en su ensayo sobre La Cristiandad , que el Estado era “un hermoso individuo” porque tenía en mente el sueño de la unidad de todas las naciones cristianas bajo la guía y la autoridad de una iglesia universal, verdaderamente “católica”.7

En la monarquía tradicional, antes de la Revolución francesa, se hablaba ocasionalmente del Estado en algunos países. El Estado en esos tiempos era algo muy parecido al reino como dominio del monarca sobre una extensión territorial en la cual él era formalmente el dueño de todas las tierras del reino y de los habitantes que, como súbditos, vivían en ellas. Pero además, el Estado, como sinónimo del reino, no sólo era el dominio del rey, sino que era parte del rey, tal como lo expresaba Jaime I para justificar la unión de Escocia con Inglaterra en una sola isla, y la unión de ambas con él mismo: “Yo me he casado con la isla, decía,  y toda la

4  José ORTEGA Y GASSET,

L a r ebelíón de l as masas , Capítulo XIII, en cursivas en el original. Obras Completas, tomo IV, Editorial Revista de Occidente, Madrid, Segunda Edición, 1950.

5  J. P. MAYER,

Political Thought. The European Tradition . La traducción al español tiene por título Tr ayectori a del Pensamiento Políti co . Cito la referencia de la edición del Fondo de Cultura Económica,  página 211

6 Ib. Idem.

7 Ernst CASSIRER, El M ito del Estado , traducción al español de la obra en inglés The M yth of State , 1946,

Yale University Press, New Haven, publicada en español por el Fondo de Cultura Económica, México, 1997,  página 314

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isla es mi legítima esposa; yo soy la cabeza y ella es parte de mi cuerpo ”.8  Luis XIV, el llamado rey sol, en Francia, podía decir lo mismo cien años después: “ El  Estado soy yo”.

Si bien esta concepción resulta incomprensible por absurda en la actualidad, en realidad no era más absurda que el concepto del nuevo Estado. En aquella concepción, el Estado implicaba al menos algo parecido a una cosa concreta: el reino, y algo personal: el monarca, identificado y responsable, aunque sólo lo fuera ante Dios, por ese reino y sus habitantes. Esta idea del Estado monárquico desaparece con la Revolución francesa; ya que cuando se hace evidente que los  pueblos son el origen del poder en las organizaciones políticas, los reyes no tienen

razón de existir y el pueblo sustituye al rey como poder supremo.

Desde finales del siglo XVIII, con la guerra de independencia de las colonias inglesas en América del Norte, y más claramente desde la Revolución francesa, empiezan a desaparecer en Europa y en América los reyes identificados con el reino que se decían dueños del Estado y que supuestamente tenían poder absoluto. En algunos países, como en los Estados Unidos, se extinguen totalmente desde entonces; en otros, sus pretensiones absolutistas se empiezan a limitar de distintas maneras y en otros más se inicia la decadencia de su poder efectivo. Sin duda la extinción de la monarquía tradicional y la idea de que únicamente la población, la sociedad entera, es la titular de todos los poderes públicos en una organización  política y la aplicación real de esta concepción con todas sus consecuencias,

representa el cambio más importante en la historia, en el Derecho y en la filosofía  política.

Sin embargo, una vez que esta concepción empieza a ser aceptada en el mundo occidental, los hombres que en todas las épocas han buscado dominar y explotar al resto de los habitantes y que eran inicialmente simples empleados y representantes de la sociedad en esa nueva concepción republicana en la que el  pueblo entero es el dueño de todos los poderes públicos y el fin de todas las

organizaciones políticas, bien pronto se dan cuenta que deben encontrar los medios  para evadir la supremacía popular y mantener sometidos a los pueblos usando algo, alguna figura, algún texto o alguna idea; y es entonces cuando entre esos medios,  junto con otras mentiras, se inventa el nuevo Estado. Un ser que a diferencia de los reinos no tiene existencia física, y a diferencia de los monarcas antiguos, es impersonal. Pero además a diferencia de los hombres que ejercen las funciones del gobierno, es inmortal, permanente e invisible y – lo que era el propósito más importante del nuevo Estado – el pueblo, del que se decía que era el origen y el único titular de todos los poderes públicos puede quedar fácilmente sometido a ese Estado imaginario, presentándolo simplemente como uno de sus “elementos”, y  presentándose ellos, los empleados de la población que no tienen más razón de

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Select Statut es and Other Constituti onal D ocuments , editados por G. W. PROTHERO, Oxford, Clarendom Press, p. 283.

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existir que el servicio a esa población, como otro de sus elementos: “el gobierno”, el cual, engañosamente personificado y manejado por los hombres y las mujeres que son simples empleados de la población, toma las decisiones que se le atribuyen al gran ídolo: el Estado.

Es así como el Estado imaginario, a partir de su consolidación en la doctrina alemana, se convierte en uno de los medios más efectivos para impedir el poder supremo de la población en los asuntos públicos y para mantener sometidas a las sociedades en los distintos países.

El retrato absur do del Estado 

El término Estado, después de la Revolución francesa, ha sido usado para designar cosas muy distintas. En muchas ocasiones, la palabra se ha utilizado para nombrar países que fueron dominados por otros más poderosos y permanecieron sometidos a éstos con gobiernos títeres de las propias élites locales. Este fue el caso de algunos de los países de Europa oriental que dominaban los gobernantes de la Unión Soviética y de otros países que fueron invadidos por ejércitos extranjeros y fueron sojuzgados usando también gobiernos locales, como sucedió en Cuba, “apoyada” por las fuerzas militares del gobierno de los Estados Unidos en 1898 para independizarse de España, ocupada desde 1899 por el gobierno de ese país,  presentada como un Estado y usada durante sesenta años como una colonia por los gobiernos y algunos habitantes de los Estados Unidos para la producción de la caña de azúcar y el tabaco, y un lugar en el que los norteamericanos podían hacer todo lo que no querían hacer en su propio territorio.

En otros casos se les llama Estados a cosas que tienen poco que ver con las concepciones más conocidas de esa palabra e incluyen territorios y poblaciones dominadas por los jefes de alguna religión excluyente, como sucedió en Afganistán y como sucede en Irán, en Pakistán y Mauritania que se presentan como “Repúblicas Islámicas” y son reconocidos internacionalmente como Estados. Este es también el caso del llamado “Estado de la Ciudad del Vaticano”, sede de la Iglesia católica romana, gobernado por el Papa, que se presenta como un Estado dentro de la ciudad de Roma.

Junto con éstas, hay organizaciones llamadas “ Estados” que son entidades totalmente diferentes de la concepción comúnmente aceptada, pero por otras razones. Unas han sido organizaciones criminales dedicadas a robar a la población que vive en un territorio, como sucedió en Haití muchas veces en su historia, la última bajo el dominio de Francois Duvalier y su hijo Jean Claude. Otras están constituidas por bandas formadas por militares y mercenarios que buscan dominar al  país para asegurar a favor de algunas de las grandes corporaciones transnacionales la explotación de los recursos naturales, especialmente minerales y energéticos, como ha sucedido muchas veces en algunos países africanos. Diferentes de éstas, pero

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igualmente extrañas, están algunas organizaciones que se dicen  Estados independientes como Andorra, que es formalmente un principado gobernado por el obispo de Urgel en España y el presidente de Francia.

Pero dejando a un lado estas cosas que han sido llamadas Estados y que muchas veces han sido colonias que se presentan falsamente como independientes, o  bien organizaciones religiosas, organizaciones criminales, bases militares, extensiones territoriales para la producción de materias primas, centros de diversión o simples negocios de extranjeros o residentes locales, debemos reconocer que en la imagen más conocida de quienes invocan al Estado como una realidad viviente incorpórea, éste se presenta como un ser abrumador semejante a algunos dioses de las mitologías antiguas, que puede ser al mismo tiempo paternal, tolerante o intransigente, protector o justiciero.

En la visión más optimista, que resulta de por sí totalmente fantástica, el Estado nunca duerme y siempre está activo. Es además ilustrado, fomenta las bellas artes y se ocupa de ayudar a los desamparados. El Estado proporciona servicios de  policía para proteger a la población; aunque en algunos países sus agentes se dedican principalmente a extorsionar, asaltar y secuestrar a los habitantes. En casi todas partes, el Estado ofrece enseñanza gratuita a los niños y a los jóvenes, pero en algunos lugares sus escuelas son tan malas por las deficiencias de los profesores y los atrasados sistemas de enseñanza, que todo lo que aprenden los niños en seis u ocho años podría aprenderse en la mitad del tiempo, con sistemas mejores y buenos  profesores. El Estado se asocia a los grupos más diversos, es amigo de los campesinos, ayuda a los empresarios y al mismo tiempo favorece a los obreros, a los comerciantes y a los exportadores; les ofrece becas y apoyos a los buenos estudiantes pobres y, en algunas épocas, les da dinero y comida a los ancianos, pero siempre está en contra de los malos, aunque algunas veces puede ser “generoso” con quienes están en contra de sus acciones. En ciertas ocasiones, el Estado, tan incomprensible para quienes lo utilizan como para quienes lo padecen, adquiere  bancos, minas, grandes empresas y compañías enormes y las opera después de

hacerse de ellas a través de un proceso que se llama estatización o nacionalización y salvo unas cuantas excepciones, pierde dinero con ellas; en otras ocasiones, por el contrario, vende los bancos y las empresas que adquirió y les presta dinero con bajos intereses a los mismos empresarios que quieren volver a comprarlas. El Estado tiene escuelas de muchos tipos, museos, talleres y en algunas partes, universidades. De vez en cuando adquiere líneas aéreas, ferrocarriles, autobuses y tranvías eléctricos,  para dar servicio de transporte a la población y luego se deshace de ellos “por

convenir así a los intereses del Estado”.

El Estado tiene muchísimos trabajadores que se dice están a su servicio, él es el patrón de todos ellos, pero todos trabajan en alguna de las grandes ramas del gobierno, cuyos dirigentes se pelean por tener más plazas para ofrecérselas a esos “trabajadores al servicio del Estado”. Al interior de cada una de esas ramas del gobierno (que tienen el bonito nombre de “ Poderes”, con mayúscula inicial), los trabajadores tienen nombres diferentes; en algunos países, por ejemplo en México,

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los más importantes se llaman “funcionarios” y los otros se llaman empleados 9; a su vez, aunque todos los trabajadores al servicio del Estado son iguales – como decía George Orwell – unos son más iguales que otros.10 Así, los trabajadores comunes, llamados empleados, con frecuencia reciben malos servicios médicos en los hospitales del propio Estado; en cambio, los trabajadores principales que son quienes dirigen esos “ poderes”, reciben servicios médicos en hospitales privados y el Estado lo que hace es pagar por esos servicios o por los seguros de gastos médicos que para eso contratan ellos mismos. Hay también otras diferencias entre los trabajadores al servicio del Estado; algunos, los que dirigen “los poderes del  Estado” pueden repartirse más o menos como quieran el dinero que le quitan a la  población a través de los impuestos, se fijan a sí mismos los salarios que quieren y se otorgan además diferentes cantidades de dinero a las cuales les llaman con los nombres más diversos: primas, compensaciones, ayudas o bonos. Esto también  puede hacerse, como hacen en México los diputados y senadores, distribuyéndose entre ellos el dinero sobrante del presupuesto anual que se les entrega y que no hayan utilizado. Entre los otros, los llamados oficialmente empleados, hay muchos a los que, además de su salario, el Estado, por la gracia de los empleados superiores, les da vales para comida; por el contrario, a los que dirigen los llamados “poderes”, el Estado, por alguna razón, no les da vales para comida, únicamente les da tarjetas de crédito para que paguen sus gastos de cualquier tipo con dinero de la población y, en algunos países, les paga sus fiestas y les da además billetes de avión en primera clase para ir de vacaciones a cualquier parte del mundo.

9 En el artículo 108 de la Constitución mexicana, en su primer párrafo, se divide a los servidores públicos en

funcionarios y empleados. A partir de esta distinción, la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos en su artículo 80 fracciones II, IV y V dice que son “funcionarios” los servidores públicos “desde el nivel de jefes de departamentos hasta el presidente de la República”.

10 George ORWELL,

Animal Farm . Existen multitud de ediciones en español que se han publicado unas con el título Rebelión en la granj a  y otras con el título L a granj a de los animales .

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CAPÍTULO PRIMERO  EN BUSCA DEL ESTADO

 ¿Quées el Estado?

Dado que no existe ningún acuerdo sobre su significado, la palabra Estado se usa para nombrar cosas muy distintas y, con mucha frecuencia, para confundir a los habitantes y para ocultar o justificar todo tipo de acciones indebidas.

a)  El Estado como una organización social independiente

En un primer significado elemental, el Estado se usa como sinónimo de país. Este es el sentido que tiene en las organizaciones internacionales en las cuales se habla de los diferentes Estados para significar los distintos países; es decir agrupaciones humanas unidas en extensiones territoriales que se presentan como independientes y dicen tener un poder o un gobierno unificado. Este es quizás el único sentido en que los Estados no son una pura fantasía.

Esto no quiere decir que las poblaciones de todos los países a los que se les llama “Estados” en las relaciones internacionales sean realmente agrupaciones unidas. Algunas de ellas están formadas por comunidades distintas en idiomas y cultura,11 y sus integrantes están más apegados a la comunidad particular a la que  pertenecen que a la agrupación mayor llamada Estado, como sucede actualmente en Bélgica; por el contrario, en otras, formadas también por comunidades distintas, la mayoría de los individuos están más apegados a la unión que a las comunidades, como sucede actualmente en Suiza, en donde, en mi opinión, los habitantes de los distintos cantones, con idiomas y culturas diferentes, valoran más su pertenencia a la Confederación Suiza que a sus comunidades particulares. Mientras esto sucede en algunos países de Europa, en otras regiones del mundo, especialmente al sur de Asia y en África, un buen número de agrupaciones llamadas “Estados” son un compuesto de grupos rivales que viven en luchas constantes tratando de exterminarse unos a los otros, de independizarse o de expulsar a las comunidades enemigas por motivos económicos, culturales o religiosos.

En algunos países la mención a la independencia debe verse únicamente como un formalismo teórico que no significa que tales agrupaciones sean realmente independientes, pues con frecuencia no los son en ningún sentido. Lo mismo puede

11 Cuando digo cultura no me refiero a la amplitud de conocimientos o de información que es como se utiliza

generalmente en el lenguaje popular diario en México, sino a cultura como costumbres o forma de vida de la comunidad.

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decirse del poder o el gobierno “unificado” pues en muchos de los llamados Estados ni el poder está unificado ni mucho menos es un poder o un gobierno legítimo. Pero además hay que recordar que si bien en muchos casos los países a los que se considera Estados son entidades con una población considerable, cuyos individuos, en su mayoría, se ven a sí mismos como miembros de ese ente misterioso, en otros  países gran parte de los habitantes de algunas de sus regiones no se sienten

miembros de ese Estado y en ciertos países los habitantes de tales regiones llevan siglos tratando de separarse.

Además hay que tener presente que un buen número de los países actuales fueron originalmente inventados  por una potencia extranjera para usarlos como colonias productoras de materias primas o como lugares para establecer en ellos sus empresas, vías de comunicación o bases militares, aprovechando que aquellos a quienes pertenecían anteriormente esos lugares no tenían la fuerza suficiente para oponerse y para defender lo que creían que eran sus territorios, y que muchas veces se trataba de territorios casi deshabitados que las potencias dominantes extranjeras,  primero, “independizaron”, luego controlaron con sus fuerzas militares y para  perfeccionar la dominación y hacerla más aceptable, terminaron “fundando” en ellos nuevos “Estados” que en realidad eran simples colonias del país ocupante. En otros casos, esos nuevos Estados surgieron del establecimiento de colonos extranjeros en un territorio ajeno, muy poco habitado, lejano y en buena medida abandonado, como  para que fuera fácil independizarlo por la fuerza de los propios colonos, que se

imponían sin mayor resistencia a la población nativa.

El factor de la independencia de un país no es un criterio objetivo suficientemente claro que pueda servir en todos los casos para determinar qué es un Estado. La independencia de muchos países es, con frecuencia, algo relativo. Algunos tratadistas hacen notar que la independencia absoluta sólo es posible en el aislamiento total y naturalmente la independencia, igual que la dependencia, no son situaciones permanentes. En la actualidad, en Europa, un gran número de los países más importantes están integrados en una Unión, la Unión Euro pea, que les resta independencia en varios aspectos pero les ofrece grandes ventajas.12 Es difícil hablar de independencia completa de algunos de los “Estados” de América Latina dado el  peso, la dependencia económica y la influencia del gobierno de los Estados Unidos sobre ellos y el dominio que este país tiene sobre la mayoría de aquellos a través de la OEA (Organización de Estados Americanos) y de los organismos financieros regionales y mundiales.

Por otra parte, la independencia como dominio sobre un territorio o parte de un territorio, es algo que cambia con el paso del tiempo. Todos los países europeos actuales han tenido cambios en sus territorios y muchos países que se consideraban independientes en esa parte del mundo, antes de que nadie hablara de “Estados”, simplemente dejaron de existir. En 1154, casi toda la región desde el rio Loire a los

12 Una de las primeras grandes obras sobre la integración europea y sin duda una de las más importantes es la

que editaron Mauro CAPPELLETTI, Monica SECCOMBE y Joseph WEILER, I ntegration Through Law , Eu rope and the Ameri can F ederal Experience , Walter de Gruyter – Berlin – New York, 1986

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Pirineos que hasta entonces era parte del territorio del reino de Francia, se la lleva consigo, como parte de sus propiedades, Aliénor, duquesa de Aquitaine, cuando su marido Henri II Plantagenêt llega a ser rey de Inglaterra. A partir del tratado de Brétigny – Calais, en 1360, los dominios del rey de Inglaterra en esa zona, anteriormente francesa, llegaron a ser poco más o menos de la misma extensión que todo el reino de Inglaterra asentado en las islas británicas. Algunos territorios que eran dependientes de otro poder, como la República Holandesa, se hicieron independientes; otros, pasaron de la dependencia de un gobierno de un país extranjero a la dependencia de otro, como fue el caso de Lituania; algunos pasaron de la independencia a la dependencia y después volvieron a ser independientes, por ejemplo Portugal y los reinos de Sicilia y Nápoles y, finalmente, otros quedaron integrados con el país dominante, como fue el caso de Gales, que se funde con Inglaterra en el siglo XVI.

Desde el siglo XIV Finlandia, por la “cruzada” iniciada por el rey de Suecia y el obispo de Uppsala, era una de las partes que formaban el reino de Suecia. En 1581 se convierte en un gran ducado y en 1634 se incorpora formalmente a Suecia;  posteriormente, en 1808, es ocupada por Rusia y en 1809 es “cedida” por Suecia a

Rusia tomando el nombre de Gran Ducado de Rusia. Más de cien años después, en 1917, se convierte en una república formalmente independiente. Después, en 1939, es nuevamente invadida por la Unión soviética; dos años después, bajo la presión de Alemania, se inicia la guerra de los finlandeses contra Rusia y a partir de 1948 los hombres de los gobiernos de Finlandia, ahora muy independiente, han seguido una  política de no alineamiento en las posiciones encontradas entre Rusia y los países de Europa occidental. En la actualidad Finlandia, desde 1995, es uno de los países miembros de la Unión Europea, pero no forma parte de la OTAN.

En 1380 Noruega se une a Dinamarca, y diecisiete años más tarde (1397) los dos países se unen a Suecia, en una relación especial en que los reinos – diferentes – tenían un rey común. La unión se formaliza por un tratado entre Dinamarca y  Noruega en 1450, en el cual cada país se gobernaba según sus propias leyes y por

sus propios gobernantes.13 Noruega dejó de ser formalmente un reino en 1536, pero tres siglos después, en 1814, fue reconocida como un reino diferente al unirse nuevamente a Suecia, permaneciendo así hasta 1905, año en que se separa pero sigue manteniendo una relación muy estrecha con Suecia y con Dinamarca.

En América del Norte, de Alaska hasta Colombia, desde la llegada de los europeos, todos los países actuales han modificado sus territorios por invasiones, intervenciones, ocupación de colonos de otro país, ventas de extensiones forzadas o voluntarias y guerras de independencia, unas, iniciadas realmente por las élites o los  pueblos de las colonias y otras auspiciadas o inventadas por los hombres de gobiernos extranjeros para “independizar” ciertos territorios, creando supuestos “Estados” que fueron, en realidad, colonias dependientes de esos gobiernos, durante muchos años.

13 Ver el ensayo de Anna Maria RAO y Steinar SUPPHELLEN en

L as élites del poder y l a constr ucción del Estado , Fondo de Cultura Económica, página 114

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En épocas mucho más recientes, a mediados del siglo XX, algunos “nuevos” Estados fueron inventados por las élites dominantes para separar a los grupos más  pobres, cortando grandes extensiones para sacar de su territorio a las poblaciones no

deseadas otorgándoles “un territorio propio” y una “independencia” que estas  poblaciones no habían pedido ni la buscaban. Todo ello con el propósito de convertir en extranjeros a grandes grupos que viven en la miseria a fin de no tener que ocuparse de éstos, ni del mantenimiento del orden en esos lugares, y poder seguir explotando a esos grupos sin tener ninguna responsabilidad por su bienestar y por su gobierno. La teoría del Estado ha servido muy bien en estos casos a los gobernantes y a las élites que manejan el “ Estado original ” para deshacerse de las poblaciones no deseadas y al mismo tiempo beneficiarse al adquirir los bienes y los productos elaborados por los habitantes de esos nuevos Estados, creados por los gobernantes y las élites del Estado original, a los precios más bajos y utilizar cuando quieran y lo necesiten a los trabajadores pobres de esas regiones, especialmente cuando los nuevos Estados – totalmente dependientes en términos económicos y geográficos y mucho más débiles en términos militares – están enclavados y rodeados por el Estado dominante original. La teoría de la soberanía y la independencia de los Estados, combinadas con la dependencia económica, ha permitido que en estos casos los hombres que manejan el Estado original controlen a sus ex habitantes exigiéndoles permisos migratorios para trabajar en las zonas del país al que  pertenecían anteriormente y la posibilidad de expulsarlos del “Estado” original, formado y controlado de ahí en adelante únicamente por los grupos que tienen las armas y la riqueza.

Quizás el ejemplo más grotesco y más dramático de la aplicación de la teoría del Estado y sus consecuencias en tiempos recientes, en lo que se refiere a invenciones de Estados para explotar mejor a los pueblos, fue el “otorgamiento de independencia” para crear “ Estados nuevos” para las grandes poblaciones negras que llevaron a cabo los grupos blancos racistas en Sudáfrica en partes o regiones de lo que era el territorio general del país, a fin de implantar de manera más eficiente el apartheid   con el respaldo teórico de palabras como “Estado”, “independencia”, “soberanía” y “auto-gobierno”. La obra empezó como una gran farsa teatral con la aprobación de la ley constitucional denominada  Promotion of Bantu Self-Government Act  de 1959 por la cual se crearon diez African Homelands (Hogares en tierras africanas) para los distintos grupos negros de la población sudafricana. Después, en 1970, con la ley constitucional titulada  Bantu Homelands Citizenship  Act  se hizo de cada negro un ciudadano de uno de esos diez  Homelands, llamados  Black States  (Estados Negros), sin importar cuál fuera la residencia real de esos

individuos en ese momento con el propósito de confinar en los territorios de esos  Black States a todos los habitantes negros, que en total sumaban dos terceras partes de la población completa de Sudáfrica, según sus distintos idiomas y costumbres, con la finalidad de excluirlos del cuerpo político de Sudáfrica. Esta farsa trágica culmina a principios de 1980 cuando a cuatro de esos diez “homelands” se les “concede” ( granted ) graciosamente la independencia como “repúblicas” mientras

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que a los otros seis se les “otorgan” diferentes grados de auto-gobierno a fin de controlarlos mejor como “Estados extranjeros”, totalmente dependientes económicamente del gobierno de Sudáfrica.

Para terminar, no debe dejar de señalarse en este asunto de las independencias de los Estados que en algunos casos se crean nuevos Estados a partir de la separación voluntaria de los habitantes de las partes más ricas del territorio de un Estado anterior por decisión de los grupos de las élites económicas dominantes en ellas a fin de independizar el territorio que estos ocupan para controlarlo ellos mismos sin tener que contribuir a los gastos de las regiones pobres del país al que han venido perteneciendo. Esta era la intención explícita de los grupos de empresarios que en el norte de Italia pretendían, hace unos años, separarse del resto del país dividiendo el territorio y ese es sin duda el propósito de los grupos más ricos en Bolivia que pretenden separar del resto del “Estado” a las regiones  prósperas en las que ellos viven, a fin de no depender de las decisiones de la mayoría en todo el territorio, en el caso de que no logren derrocar o asesinar, como lo han intentado, al presidente Evo Morales.

b)  El Estado indefinido

En las conversaciones habituales, en los países en los que se ha implantado el concepto del Estado y los académicos creen que las teorías deben regir la realidad y terminan por ver como realidades las ficciones creadas por ellos mismos, las  personas ilustradas, igual que lo hacen las mujeres y los hombres dedicados a la actividad política, lo citan con frecuencia para mostrar su amplio vocabulario, darle fuerza a sus expresiones y dejar las cosas en la vaguedad. Así, se habla de la necesidad de una “acción de Estado”, de “la intervención del Estado”, “de medidas de Estado”, de “la necesidad de usar la fuerza del Estado”, y se repiten muchas otras expresiones, especialmente obscuras, con las que se pretende ofrecer soluciones a determinados problemas, sin necesidad de decir nada.

Como he dicho anteriormente, la dificultad para explicar lo que es el Estado viene, para empezar, de que los que han intentado describirlo se refieren a cosas bien distintas.

Para unos, el Estado es algo que está por encima de la sociedad, como un ente sin existencia física, ajeno y diferente de la sociedad y de alguna manera, diferente también al gobierno. Esta es, con variantes de muchos tipos, la concepción de Hegel, a la que me referiré de manera especial más adelante.

Para otros, se trata de algo que de alguna manera obscura tiene una existencia real, aunque se trate de un ente complejo. Este es el caso de quienes intentan describir al Estado a partir de su identificación con la sociedad, la población o el  pueblo, si bien los que usan esta concepción ofrecen explicaciones diferentes sobre qué es la sociedad. Por una parte, naturalmente, están los que al referirse a la

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sociedad están hablando de la totalidad de la población. Después vienen los que sólo ven como parte de la sociedad a los ciudadanos, es decir a quienes tienen todos los derechos civiles y políticos en dicha sociedad y no a los demás individuos, como serían los menores o los incapacitados y como serían los siervos y las mujeres hasta hace no mucho tiempo en algunos países supuestamente civilizados. Luego están los que sólo consideran como miembros de la sociedad a las personas que pagan impuestos – como sucedía en casi todos los nuevos estados formados a partir de las ex colonias inglesas en América del Norte – y que, por lo tanto, podían votar en las elecciones políticas. Después están los que intentan describir al Estado como una sociedad estratificada en clases, grupos, cuerpos o estamentos, que, para ellos, están formados por individuos que dicen son “por naturaleza” diferentes; de tal manera que el Estado es una composición social de grupos humanos distintos, los cuales – dicen quienes así lo sostienen – por sus intereses sociales y económicos diferentes, forman un equilibrio que ampara la propiedad y fomenta el desarrollo económico en  beneficio de todos.

La concepción del Estado que identifica al mismo con la composición de una sociedad formada de diversos grupos, más o menos estratificados, es una concepción antigua parecida a la de la vieja estructura social inglesa (en donde casi no se usa la  palabra Estado, pero en cambio se usa la palabra “constitución” para referirse a la

estructura social y política) desde el siglo XVI y que todavía se encuentra viva en la mentalidad de algunos conservadores. Esta concepción del Estado, como una composición de distintas clases sociales y distintos grupos en la estructura social, con papeles específicos en la producción económica, tiene gran similitud, con algunas variantes, con muchas de las ideas en que se apoyan en la actualidad algunos entusiastas del capitalismo contemporáneo.

Son muchos los libros y artículos en los que se examinan las relacion es entre el Estado y el capitalismo, algunos como la obra de Oppenheimer, The State14; la de Poulantzas, Political Power and Social Classes15 y la de Holloway y Picciotto, State and Capital 16 , con un enfoque crítico a la relación y el apoyo del supuesto Estado al desarrollo dentro del modelo capitalista de producción. Otras, como la de Ikenberry, The Irony of Stat e Strength,17 y la de Vernon, The International Aspects of State-Owned Enterprises,18 presentan lo que algunos de sus partidarios llaman la visión realista del Estado, es decir, el papel del Estado (que finalmente, en la realidad, es simplemente el papel de los hombres que dirigen el gobierno) como el motor para “proteger” e impulsar la industrialización en un sistema capitalista y

14 Franz OPPENHEIMER,

Th e State , traducción al inglés publicada por Bobbs-Merrill Co. (1914). Free Life Editions, Inc. (1975)

15 Nicos POULANTZAS,Poli tical Power and Social Cl asses , London, New Left Books, (1973) 16 J. HOLLOWAY and S. PICCIOTTO, eds.State and Capital , London, Edward Arnold, (1978) 17 John IKENBERRY,The I rony of State Strength , International Organization, vol. 40 (1986) 18 R. VERNON,

The I ntern ation al Aspects of State-Owned Enterpr ises , Journal of International Business Studies, vol. 10 (1979)

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también para abstenerse de intervenir, en ciertas épocas o ciertas etapas del desarrollo industrial.19

Además de las anteriores, existe un número muy grande de explicaciones que identifican al Estado con el gobierno. Esta identificación, es cierto, se refiere a algo un poco menos ficticio que el Estado (aunque, desde luego, la palabra  gobierno sirve también para despersonalizar la responsabilidad de los empleados que dirigen este ente igualmente abstracto), pero a su vez, esta visión presenta una multitud de significaciones diferentes. Para algunos, el Estado es un gobierno único, general;  para otros, como sucede en la Constitución italiana, el Estado es sólo el gobierno central. Otras explicaciones, dentro de esta identificación amplia con el gobierno, se refieren a la totalidad de los gobiernos en un mismo territorio; es decir, al gobierno central junto con los gobiernos de las regiones o de los pequeños estados, en los sistemas federales, e incluye también a los gobiernos municipales. En una excelente novela histórica titulada El Presidente Olvidado, su autor Óscar René Cruz, al referirse a la intención que tenían algunos de unir en un “Estado Federal” a los “Estados” centroamericanos a mediados del siglo XIX, el escritor transcribe la opinión de uno de los personajes: “ Los centroamericanos no quieren estar unidos.  No quieren dos gobiernos, el d e sus Estados locales y el del Estado Federal, porque

con uno les basta y les sobra”.20

Por otra parte están los que al hablar del Estado como sinónimo del gobierno, se refieren al individuo que preside el órgano ejecutivo del gobierno o a todos los individuos que presiden las principales ramas del gobierno, o bien a todos los empleados públicos, incluyendo a los miembros de la policía y el ejército, a los trabajadores de las empresas semi gubernamentales y a los trabajadores oficiales que hacen obras o proporcionan servicios de cualquier tipo para la población. Esta última concepción que identifica al Estado con la actuación  de cualquiera de los empleados públicos de todos los niveles es muy parecida a la que llama “Estado” todo aquello que es oficial, como una manera de deslindar las funciones oficiales de las acciones privadas; es decir, de los actos de los llamados “particulares”, que son, nada menos, que los individuos que forman la sociedad y, por lo tanto, la razón de ser de todas las leyes y todos los gobiernos. Este es el concepto que usan los libros de Derecho Constitucional de los Estados Unidos y las resoluciones de las cortes  judiciales de ese país cuando hablan de State action, que no es en ningún caso una acción del Estado, porque el Estado en el Derecho norteamericano no tiene existencia ni voluntad propia, sino que es cualquier acción ejecutada por algún empleado público en sus funciones de gobierno. Nowak, Rotunda y Young, en su conocida obra de Derecho Constitucional norteamericano, dedican un capítulo entero a la acción o actos estatales en este sentido, diferenciándola de las acciones o

19 Esta visión del Estado y su relación con los grupos industriales en el capitalismo está muy bien expuesta

 por John A. HALL y G. John IKENBERRY, partidarios de la misma, en su libro El Estado  del cual existe una versión en español publicada por Alianza Editorial, Madrid, 1993

20 Óscar René CRUZ,

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actos que realizan los individuos o los grupos de la sociedad, y las relaciones, las colaboraciones y las asociaciones de la State action con las acciones privadas.21

Wolfgang Reinhard, en su Introducción a la obra colectiva “ Las élites del  poder y la construcción del Estado”,22  al referirse a la concepción que ve en esa

entidad a la totalidad de la burocracia oficial y al destacar el crecimiento del número de quienes trabajan para las dependencias y los organismos públicos, a los cuales muchos escritores y comentaristas identifican con el Estado, después de señalar que  para el año 1984, según las cifras oficiales de la República Democrática Alemana, una parte muy considerable de la población, concret amente el 14,6% de la fuerza de trabajo eran funcionarios profesionales del Estado,23  habla de los macroparásitos, citando la expresión de W. H. McNeill, para exponer la explotación habitua l de los  pueblos por los hombres de sus gobiernos, usando la ambigüedad del Estado.24

Es oportuno hacer notar que fuera de la State action, en los libros de Derecho norteamericano y en las resoluciones judiciales de los Estados Unidos, no existe “el  Estado” como algo que tenga que ver con la organización general de la Unión

Americana, pues únicamente se habla de  Estados  al referirse a las entidades que forman la Unión. A este respecto es muy significativo que uno de los libros de Richard Rose sobre el crecimiento del aparato gubernamental y semi gubernamental y la multiplicación de los organismos públicos, se titula “El Gran Gobierno” y no “El Gran Estado”. La razón es muy sencilla, el autor ha trabajado principalmente en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en donde el concepto del Estado es casi desconocido. En lugar de Estado en esos países se habla de Gobierno que si bien es igualmente, en buena medida, algo abstracto, tiene la ventaja que el término Gobierno no se confunde con la sociedad, ni pretende incluir a ésta en aquel de manera más o menos ambigua, como sucede cuando se usa la palabra “Estado”.25

Una de las concepciones más conocidas es la que pretende ver o construir al Estado como un conjunto o una combinación de tres elementos: un territorio, una  población y un gobierno. La popularidad de esta concepción se debe en gran parte a G. Jellinek cuya obra representa la culminación de la doctrina alemana en la llamada Teoría General del Estado. Es necesario antes que todo señalar que en esta noción fabricada sobre tres conceptos distintos, sucede que la población, como un conjunto de habitantes que expresan su pertenencia a esa entidad, simplemente no ha existido en muchos casos en la historia y todavía en nuestro tiempo no existe en algunos

21 John E. NOWAK, Ronald D. ROTUNDA, J. Nelson YOUNG, Constitutional Law , West Publishing Co.

Tercera edición, (1986)

22 Traducción al español y publicación por el Fondo de Cultura Económica (1997) página 15 23 Informationsdienst der deutschen Wirtschaft, 10, n° 19 (1984), 4.

24 Wolfgang REINHARD,

L as élites del poder y la con strucción del Estado , página 20

25 Richard ROSE,

El Gran Gobierno , En esta obra Rose empieza por decir algo especialmente interesante: “El gobierno se basa en la necesidad de orden público en la sociedad, y el gobierno democrático se basa en lo deseable del consenso popular. La historia de Europa demuestra que el gobierno no tiene que ser grande para ser malo. No hay nada recomendable en las pequeñas tiranías, excepto que han dañado a menos personas que los mastodontes totalitarios.” La traducción al español de la obra original en inglés titulada Understanding Bi g Govern ment  fue publicada por el Fondo de Cultura Económica, México, 1998. La cita es de la página 46 de la edición en español.

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casos, pues los grupos humanos autóctonos diseminados en algunos territorios no tenían y actualmente, todavía, en ciertos casos, no tienen conciencia alguna de  pertenencia a ese Estado o no tienen ningún interés en pertenecer a esa organización

imaginaria y, algunas veces, no tienen conciencia territorial fuera del lugar que, como grupos en movimiento, ocupan transitoriamente. Es necesario también hacer notar que lo que se llama “el gobierno”, ha sido, muchas veces en la historia, un dominio y una sujeción criminal de algunos hombres sobre los demás; en otros, un dominio – difícilmente puede llamársele gobierno – impuesto por los dueños de los territorios del país o de las empresas que lo controlan, y que, en la actualidad, todavía en un buen número de países africanos, es simplemente el dominio de unos hombres sobre los habitantes desparramados en grupos, en los territorios que los hombres armados consideran como sus Estados.

La concepción del Estado como algo compuesto de tres elementos, que es la que mejor se ajusta a la idea escolar del Estado en los países de Derecho Continental europeo, debe una parte de su difusión en la actualidad a la doctrina de Raymond Carré de Malberg – deformada con frecuencia por algunos de sus comenta ristas – expuesta en su célebre obra Contribution à la Théorie générale de l’État ,26  en la cual el famoso académico señala lo que él llama los elementos constitutivos del Estado diciendo: “Teniendo en cuenta esos diversos elementos suministrados por la observación de los hechos, podría definirse, pues, cada uno de los Estados en concreto como una comunidad de hombres fijada sobre un territorio propio y que  posee una organización de la que resulta para el grupo, considerado en sus relaciones con sus miembros, una potestad superior de acción, de mando y de coerción”. Pero el mismo Carré de Malberg hace notar: “ la insuficiencia de esta definición que se limita a indicar los elementos que concurren para engendrar al  Estado más bien que a definir el Estado mismo”.27 Naturalmente, para empezar, es imposible llamar “territorio propio del Estado” a las extensiones que han sido, y que en algunos casos son todavía, propiedad de empresas y grandes corporaciones o que están controladas por bandas de criminales en que trabajan hasta morir muchos seres humanos en distintos lugares del mundo.

Junto con las concepciones a las que me refiero en los párrafos anteriores, están las que al hablar del Estado se refieren a alguna combinación de los grupos dominantes de la sociedad con el gobierno. Estas concepciones son especialmente  peligrosas, porque pueden ocultar organizaciones perversas en que los grupos

dominantes y los hombres del gobierno que muchas veces, juntos, son los dueños verdaderos de ese ente misterioso llamado el Estado, incluyen a sus amigos y excluyen a sus enemigos, como “enemigos del Estado”, según les conviene. En la actualidad, existe un buen número de organizaciones llamadas Estados que en

26  R. CARRÉ DE MALBERG, el título completo de la obra publicada originalmente en 1920-1922 es

Contr ibuti on àl a Théor ie général e de l’ État spécial ement d’ apr ès les données fournies par le Droit constitu tionn el francais , Société du Recueil Sirey, Paris. La primera traducción al español se publicó por el Fondo de Cultura Económica, México, en 1948, y la que yo utilizo en 1998

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realidad son sistemas jurídicos y políticos ficticios dominados por grupos financieros y empresariales asociados con los líderes de los grandes sindicatos y existen además sistemas totalitarios dominados por militares aliados con líderes obreros o con jefes de tribus que se presentan como “Estados populares” o “Estados de los trabajadores”. Los grupos con los que se asocia el Estado imaginario pueden ser los miembros de una raza, los creyentes en una religión, los gremios corporativos, los grandes productores agrícolas o los grandes empresarios, y, con mucha frecuencia, las grandes confederaciones sindicales al servicio de los patrones que excluyen a los sindicatos realmente independientes y consideran a éstos como enemigos del Estado y los grupos de extorsionadores que se registran como sindicatos con la complicidad de los empleados públicos encargados de hacer tales registros.

Las explicaciones que han ofrecido algunos de los más notables investigadores y académicos, para intentar aclarar qué es el Estado, suman miles, y una recopilación sintética de las mismas requeriría, por consecuencia, varios miles de páginas. Es muy ilustrativa la explicación que daba Francisco Giner de los Ríos, el eminente profesor de la universidad de Madrid, reconocido por su gran sabiduría,  para haber renunciado desde 1880 a su propósito de escribir un libro sobre la teoría de la persona individual y social en el que naturalmente tenía que referirse al Estado, ya que según sus propias palabras en la recopilación que veinte años después, en 1899, hizo de los capítulos y fragmentos que había escrito sobre el tema, en un libro que tituló  La Persona Social , declaraba que había dejado el libro inicialmente  planeado en suspenso “especialmente por desconfianza en mi preparación y mis  fuerzas para llevarlo a término, conforme iba penetrando en las profundidades del  problema”, y añadía: “el origen de estos diversos estudios explicará al lector su

carácter, que casi siempre se limita al de una explicación de doctrinas ajenas, acompañada de tal o cual observación, como también le explicará sus repeticiones, lagunas e incoherencias”.28

 ¿Cuándo nace el Estado?

Así como nadie sabe lo que es el Estado, nadie sabe tampoco cuándo nace o cuándo surge el concepto de Estado, simplemente porque los miles de escritores que han opinado algo sobre estas cosas tienen opiniones muy diferentes sobre qué cosa es el Estado y, por consecuencia, no puede haber acuerdo alguno sobre cuándo aparece algo en cuyo concepto no hay ningún acuerdo. Norberto Bobbio, en su libro Stato, governo, società, publicado en 1985,29  en el cual parte de la dicotomía

28  Francisco GINER, L a persona social , estudi os y fr agmentos . Madrid, Librería general de Victoriano

Suárez, 1889, preámbulo.

29  Norberto BOBBIO, Stato, governo, società. Per u na teoria general e della poli ti ca . Einaudi editore,

Torino, (1985). Hay traducción al español de José Fernández Santillán, publicada por el Fondo de Cultura Económica, México, (1994)

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