• No se han encontrado resultados

Zamora, 2016 las obras de misericordia espirituales y corporales

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Zamora, 2016 las obras de misericordia espirituales y corporales"

Copied!
52
0
0

Texto completo

(1)
(2)

Zamora, 2016

El papa Francisco nos ha invitado a meditar y vivir las obras de misericordia

espirituales y corporales durante este año

en que la misericordia ocupa el centro de nuestra reflexión y de nuestra vida creyente.

El tiempo de Cuaresma es un tiempo

especial para ejercer este apostolado y el

viacrucis un momento privilegiado para orar y comprometernos con el Señor. Él

sufre en el camino de la cruz y con él sufren los hombres y las mujeres de nuestro mundo que, como hermanos, reclaman nuestra respuesta y nuestra acción misericordiosa.

Medita despacio este viacrucis y saca un

propósito concreto para crecer en el amor.

P. Miguel Ángel Hernández Fuentes

Sacerdote feliz de trabajar con la comunidad hispana del Bronx, NY entre 2011 y 2015

(3)

SALUDO INICIAL

V/ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

R/ Amén

ORACIÓN INICIAL

Señor Jesús,

nos hemos reunido para contemplar tu pasión, para confesar la fe en comunión con la Iglesia y contemplar el mundo que nos rodea.

Queremos acompañarte en tu dolor

y acercarnos a los hombres y las mujeres que sufren a nuestro lado,

en nuestro pueblo, en nuestra casa. Danos entrañas de misericordia para mitigar tu dolor

en quienes sufren a nuestro lado.

Danos valor para vivir las obras de misericordia en aquellos que nos rodean.

Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

(4)

:

Jesús es condenado a muerte

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 22-23-26

Pilato les preguntó: «¿y qué hago con Jesús,

llamado el Mesías?»

Contestaron todos: «¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió: «pues ¿qué mal ha hecho?»

Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo

crucifiquen!»

Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

(5)

Visitar a los presos

La condena es cruel y cae implacable sobre el justo. Jesús padece la injusticia y es llevado a la muerte. Ha pasado una noche violenta de prisión y de azotes y ahora escucha la sentencia con profundo dolor. Es la imagen de Jesús preso cuyo rostro se hace presente en muchos detenidos y encarcelados. Quizá ellos no sean tan inocentes, pues han caído en las redes de la droga, de la delincuencia o de la violencia. Son culpables, pero siguen siendo personas. Han arruinado su vida tomando un camino equivocado y ahora necesitan una mirada de afecto que les ayude a retomar el sendero. Jesús nos invita a no cerrarles el corazón y a ofrecerles nuestra visita: «estuve en la cárcel y

vinisteis a verme».

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(6)

Acompaña a tu Dios, alma mía,

cual vil asesino llevado ante el juez;

y al autor de la vida completa

por ti condenado a muerte cruel.

Dulce redentor,

para mí era la pena de muerte.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(7)

:

Jesús carga con la cruz

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 27-31

Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía. Lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, Rey

de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la

caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

(8)

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

Burlas, insultos, salivazos y golpes. Así sufría el Señor con paciencia y entereza el mal comportamiento de quienes le rodeaban. Y así, con su propio ejemplo, Jesús nos enseña a

sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

No es tarea fácil. Con frecuencia nos irritamos y respondemos mal ante determinadas situaciones. Nos resulta difícil aceptar los defectos de quienes nos rodean. Queremos, exigimos que los demás sean perfectos, mientras que nosotros caemos una y otra vez. Ayúdanos Jesús a tener comprensión y serenidad, te lo pedimos a ti que así nos lo enseñaste: «Aprended de mí que soy manso y

humilde de corazón».

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(9)

Con la cruz de tus culpas cargado,

exhausto de fuerzas camina tu Dios.

Y a subir la pendiente le impelen

por fuera sayones por dentro tu amor.

Dulce redentor,

mi pecado esos hombros oprime.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(10)

:

Jesús cae por primera vez

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Isaías 53, 4-6

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores;

nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado,

pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.

(11)

Enseñar al que no sabe

La ignorancia es terrible. Muchas de las reformas en la historia han comenzado por un intento por mejorar el nivel educativo. «Todas

nuestras locuras proceden de tener los estómagos vacíos y las cabezas llenas de aire»,

le decía un loco a otro en El Quijote. Mucha gente deambula sin criterio, sin formación, sin ideales. Y Jesús te ha puesto ahí para susurrarles una palabra, dejarles un libro o gritarles a voces que estas crisis mundiales son crisis de santos. Jesús ha caído y se levanta, tú y yo nos levantamos con él y nos proponemos formar mejor nuestra fe, tener siempre abierto el evangelio y un libro de formación cristiana para poder llevar la luz de Dios a quienes nos rodean.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(12)

Con sus alas de nieve los ángeles,

pasmados de espanto cubrieron su faz,

bajo el tosco y pesado madero

en tierra caído su Dios al mirar.

Dulce redentor,

por mis yerros caísteis en tierra,

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(13)

:

Jesús encuentra a su

Santísima Madre

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Lucas 2, 34-35.51

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; Y será como un signo de contradicción: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma».

(14)

Dar buen consejo a que lo necesita

Jesús se encuentra con su madre, con quien le enseñó a caminar, a hablar, a crecer como un ser humano. Cuántos consejos le daría en la infancia y ahora, en la via Dolorosa, ambos se miran cara a cara: madre e hijo. Jesús nos invita a poner un poco de luz en medio de la oscuridad de muchos. A dar un consejo a quien lo necesite, pero aconsejar es un ejercicio que debemos hacer con mucha humildad, de corazón a corazón, nunca creyéndonos mejores. Cuando alguien se acerca con el corazón abierto y ofrece una palabra, esta se recibe y se acoge, pero cuando se mete el dedo en la llaga el consejo genera rechazo. Abuelos aconsejad a vuestros nietos sobre la vida, padres orientad a vuestros hijos y dedicadles el tiempo que necesitan.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(15)

Del Calvario subiendo a la cumbre,

el reo divino a su madre encontró,

y una espada de filos agudos

del Hijo y la Madre hirió el corazón.

Dulce redentor,

yo esa herida causé a vuestra madre.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(16)

:

Simón de Cirene

ayuda a llevar la cruz de Jesús

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 32; 16, 24

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. Jesús había dicho a sus discípulos: «El que

quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

(17)

Dar posada al peregrino

Un hombre caminaba por las calles de Jerusalén y se encontró con la comitiva. Le obligaron a llevar la cruz de Jesús. No lo hizo voluntariamente, pero este encuentro cambió su vida. Sabemos que algunos miembros de la primera comunidad eran de la familia del cirineo. Jesús llama hoy a nuestras puertas para que acojamos a los que deambulan o no tienen una calidad de vida asegurada. Para ellos existen hogares de acogida, residencias de ancianos y centros de desintoxicación de la droga o del alcohol. La caridad es hermosa, pero es cara porque necesita profesionales e instalaciones. Necesita de tu apoyo y Jesús te espera: «cada vez

que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(18)

Porque al monte con vida llegase,

los duros escribas, con saña infernal,

a Simón Cirineo alquilaron

que a Cristo ayudase la cruz a llevar.

Dulce redentor,

yo también quiero ser cirineo.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(19)

:

La Verónica limpia

el rostro de Jesús

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Salmo 26, 8-9

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor.

No me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio;

no me rechaces, no me abandones, Dios de mi salvación.

(20)

Visitar y cuidar a los enfermos

Una mujer se acerca Jesús y con un paño limpia su semblante. En el camino de la amargura se tropezó con un varón dolorido y su corazón se enterneció. Rompió el cerco que rodeaba a Jesús y se acercó a enjugar su cara. En su paño se impregnó el rostro del enfermo que Jesús nos invita a cuidar y a visitar. A acercarnos con humildad no para ofrecer recetas fáciles, sino para compartir nuestro tiempo, nuestro afecto y nuestra compañía. Los enfermos nos esperan en sus casas, en las residencias de ancianos, en nuestra propia familia, donde Jesús nos llama

«Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25, 36). Él

espera que tú y yo seamos como la Verónica y nos acerquemos para enjugar sus rostros.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(21)

Con ternura y piedad la Verónica

el rostro sangriento de Cristo enjugó

y en tres pliegues del lienzo por premio

grabada la imagen llevó del Señor.

Dulce redentor,

en mi pecho gravad vuestra imagen.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(22)

:

Jesús cae por segunda vez

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Mateo 11, 28-30

«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

(23)

Corregir al que yerra (al que se equivoca)

Jesús vuelve a caer por el peso de la cruz. Tú y yo caemos una y otra vez en nuestros propios errores. Somos débiles y lo sabemos; nos confundimos, fallamos y caemos. Jesús se levanta y con la luz de la verdad pretende iluminar nuestro camino. Muchos son los que viven en la oscuridad del error y Jesús nos dice

«vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 15).

Estamos en medio de la sociedad para iluminar, y no podemos escondernos. Todos nosotros debemos sentir la urgencia de hablar de Dios a quienes nos rodean. Hemos de ser humildes, pero también valientes y audaces para formar nuestra fe y aportar la luz del evangelio a quienes están confundidos y caminan lejos de Dios.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(24)

Otra vez el Señor de los cielos

volvió fatigado el polvo a besar,

y otra vez los esbirros crueles

en él desfogaron su ira y crueldad.

Dulce redentor,

nunca más caeré ya en pecado.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(25)

:

Jesús consuela

a las mujeres de Jerusalén

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Lucas 23, 27-28

Lo seguía un gran gentío del pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,

(26)

Consolar al triste

En el camino al Calvario Jesús consuela a unas mujeres que se acercaban a él llorando. Consolar es sintonizar con la persona que sufre y son muchos los que padecen a nuestro lado distintos tipos de tristeza: hombres y mujeres marcados por la soledad, adolescentes que sufren el acoso de sus compañeros, madres que ven a sus hijos distantes o perdidos, viudos que han quedado sin la pareja con la que han compartido gran parte de su vida, personas sumidas en la depresión o la enfermedad. La tristeza impide salir adelante y nuestra respuesta no puede ser el consejo fácil, sino la empatía; saber ponernos en la piel del que sufre, participar de su pena y aportar un poco de luz y esperanza a su vida.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(27)

Vio Jesús que unas cuantas mujeres,

movidas a lástima, lloraba por Él,

y les dijo: «Llorad por vosotras,

piadosas mujeres, por mí no lloréis».

Dulce redentor,

vuestras penas taladran mi pecho.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(28)

:

Jesús cae por tercera vez

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lucas 22, 28-30

«Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino».

(29)

Dar de comer al hambriento

En el camino del Calvario Jesús se exprime y se da totalmente hasta la extenuación y con su ejemplo nos marca el camino. Dar, darnos; entregar, entregarnos hasta que duela. Sí, hasta que suponga una sacrificio hecho por amor. Si solo damos lo que nos sobra no tenemos mérito

porque solo nos comprometemos

superficialmente, pero no nos estamos implicando. Hemos de dar para generar vida. Hoy podemos tener una comida austera, más barata de lo normal, más sencilla; podemos ahorrarnos ese café que tanto ansiamos o ese aperitivo que nos gusta y entregar a cambio el dinero a una organización caritativa o a un pobre; «porque tuve hambre y me disteis de

comer».

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(30)

Con sus duras caídas, cristiano,

las tuyas pretende Jesús resarcir.

A tu Dios por tercera vez mira

de polvo y de sangre cubierto por ti.

Dulce redentor,

vuestro amor del infierno me libre.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(31)

:

Jesús es despojado

de sus vestiduras

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 33 -36

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir de «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo.

(32)

Vestir al desnudo

Al llegar al Calvario, los soldados arrancan las vestiduras del Señor y lo dejan desnudo y desvalido. Ante el cuerpo indefenso y ultrajado del Señor, nosotros queremos cubrir su imagen como también queremos tapar la desnudez de tantos que exhiben su cuerpo y comercian con él como si se tratara de una mercancía que se somete al negocio de la pornografía o a las redes de la prostitución. Nosotros no podemos cubrir y vestir esas imágenes, pero sí podemos apartar nuestra mirada de aquellas fotos o escenas que cercenan nuestra capacidad de amar y nos reducen a un puñado de instintos. Y además, podemos hacer el propósito de no vestirnos nunca de manera provocativa o escandalosa.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(33)

Con furor los vestidos quitaron

del monte en la cumbre al

paciente Jesús,

y por no iluminar tanta afrenta,

las puras estrellas negaron su luz.

Dulce redentor

ya no más liviandad ni impureza.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(34)

:

Jesús es clavado en la cruz

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 37-41

Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y meneando la cabeza, decían:

«Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». Igualmente los sumos

sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también de él.

(35)

Perdonar las injurias

En la cruz Jesús sufre el insulto y la provocación; pero cumple lo que tanto predicó con su palabra:

«si amáis a los que os aman ¿qué mérito tenéis?»

(Lc 6, 33). Y así, su voz se eleva y grita: «Padre

perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). El Señor pronuncia esa palabra que tanto nos

cuesta decir: «perdón». Muchas veces surgen los enfrentamientos en la familia, entre amigos o compañeros. Queremos tener siempre la razón y, cuando esto ocurre, la reconciliación se hace difícil. No quieras quedar siempre por encima de los demás; trata más bien de restaurar las relaciones perdidas, algo que solo puede hacerse con el poder sanador del perdón: «perdona

nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mt 6, 9).

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(36)

Ya, alma mía, en la cruz duro lecho,

sus miembros sagrados extiende tu bien;

y con clavos agudos taladran

los viles soldados sus manos y pies.

Dulce redentor,

yo esos clavos clavé en vuestros

miembros.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(37)

:

Jesús muere en la cruz

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 45-50. 54

Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá

sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo

algunos de los que estaban por allí dijeron: «A

Elías llama éste». Uno de ellos fue corriendo;

enseguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si

viene Elías a salvarlo». Jesús, dio otro grito

(38)

Dar de beber al sediento

Poco antes de entregar su espíritu, Jesús gritó desde la cruz: «Tengo sed» y los soldados le ofrecieron una caña con una esponja empapada en vinagre para mitigar su dolor. Este es el grito de muchas personas que en el mundo no tienen acceso al agua potable. Resulta fácil abrir el grifo para beber o para lavarnos las manos. Un gesto sencillo que muchos no pueden hacer. Catholic

relief services y otras organizaciones financian

proyectos para que el agua llegue a todos. No son muchos los sedientos que viven en nuestro entorno, pero hay muchos necesitados de agua en el mundo a los que unos dólares entregados con amor pueden ayudarles a mitigar su sed. Y cuando beben ellos, Cristo mismo se sacia, «porque Tuve

sed y me disteis de beber» (Mt, 25, 35).

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(39)

Tiembla el orbe y el sol se obscurece

al ver en un palo expirar a su Dios.

Rompe en llanto también tú, alma mía,

pensando que muere Jesús

por tu amor.

Dulce redentor,

mis pecados os dieron la muerte,

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(40)

:

Bajan a Jesús de la cruz

y lo entregan a su madre

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 54-55

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo

de Dios». Había allí muchas mujeres que

miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.

(41)

Rogar a Dios por vivos y difuntos

En la cruz Jesús termina su vida en oración y allí pronuncia sus siete últimas palabras, siete frases que le ponen en diálogo con su Padre Dios. Él nos invitó a orar en muchas ocasiones y nos enseñó el valor de la oración; pero una oración generosa que no piensa solo en uno mismo, sino que abre el corazón a los demás y pide por las necesidades de todos los hombres. Nunca dejes la oración diaria: «mucho puede la oración insistente del

justo» (St 5,16). Tú y yo confiamos en el poder de

la oración. Cuantos corazones se han ablandado con la fuerza misteriosa de una plegaria sincera y constante. No sabes qué hacer ante determinado asunto: ora; estás feliz: da gracias. En cualquier ocasión ponte delante de Dios y habla con él: pregúntale, pídele, agradécele, ámale.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(42)

De Jesús el cadáver sagrado

María en sus brazos llorando tomó;

Y con voz de dolor le decía:

¿Quién muerte te ha dado,

mi bien y mi amor?

Dulce redentor,

respondedle que aquí está el culpable.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(43)

:

El cuerpo de Jesús

es puesto en el sepulcro

V/ Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

San Mateo 27, 59-61

José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

(44)

Enterrar a los muertos

Tras una vida desgastada por los caminos de Galilea y tras una durísima jornada de pasión y muerte, el cuerpo de Señor descansa en las entrañas de la tierra. Sus discípulos lo depositaron en un sepulcro y también nosotros, en una fosa del cementerio, colocamos a nuestros difuntos. Esta es una obra de misericordia, la última. Al atardecer de la vida, nuestro cuerpo débil perece y debe ser enterrado porque es templo del Espíritu. Ha sido bañado por el agua del bautismo, ungido por el óleo de la confirmación y alimentado por el pan de la eucaristía. El cuerpo es parte de nuestro propio ser y, por ello, en la última hora es honrado en el funeral y enterrado en el cementerio esperando la resurrección de la carne.

Padrenuestro. Avemaría.

V/ Señor pequé.

(45)

En un frío y profundo sepulcro

los restos sagrados guardáronse ya.

Triste madre, cuán sola te quedas;

seré yo el consuelo de tu soledad.

Dulce redentor,

yo a la Madre privé de su Hijo.

Ya lloro mis culpas

y os pido perdón.

Madre afligida,

de pena hondo mar,

logradnos la gracia

(46)

El viacrucis termina en el sepulcro pero la vida del Señor termina en la pascua: ¡Ha resucitado! Tras

acompañar la cruz, signo del cristiano, nos volvemos ahora al sagrario donde está presente Cristo resucitado y confesamos nuestra fe.

Tú nos dijiste que la muerte,

no es el final del camino,

que aunque morimos no somos

carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos.

Nuestro destino es vivir

siendo felices contigo,

sin padecer ni morir.

(47)

Padre nuestro

Ave María

Gloria

Nos proponemos hacer una buena confesión a lo largo de esta semana y recibir la comunión eucarística para ganar la indulgencia plenaria prometida a quienes piadosamente recen el Vía crucis.

V/ Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna

(48)

¿Cuáles son las obras de misericordia?

Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales.

Obras de misericordia corporales:

1) Visitar a los enfermos

2) Dar de comer al hambriento 3) Dar de beber al sediento

4) Dar posada al peregrino 5) Vestir al desnudo

6) Visitar a los presos

7) Enterrar a los difuntos

Obras de misericordia espirituales:

1) Enseñar al que no sabe

2) Dar buen consejo al que lo necesita 3) Corregir al que se equivoca

4) Perdonar al que nos ofende 5) Consolar al triste

6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

(49)
(50)
(51)

No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara,

(52)

P. Miguel Ángel Hernández The Bronx, NY Y ZAMORA (España) 2016, Año de la Misericordia https://www.facebook.com/SacredHeartBronx/

Referencias

Documento similar

Pero es6 tesis es consecuencia del regresszs de Thom por el camino de los Sistemas Dinámicos, de donde obtiene los "materiales" que le conduccn en el regressus a

,'<La batalla de Bouvines, si bien no ha creado el «sistema de Estados», sí, al menos, lo ha posibilitado.» Cuando el Papado pretende reorganizar universal e imperialmente al

Como asunto menor, puede recomendarse que los órganos de participación social autonómicos se utilicen como un excelente cam- po de experiencias para innovar en materia de cauces

Tal y como contemplamos en la Figura 7, las búsquedas que realizan los usuarios de YouTube sobre Jabhat al Nusrah están asociadas con un contenido eminentemente violento (63,40% de

que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el

Pero la realidad se impone por encima de todo; la misma Isidora es consciente del cambio: «Yo misma conozco que soy otra, porque cuando perdí la idea que me hacía ser señora, me

La primera opción como algoritmo de compresión para secuencias biológicas que sugirió la directora del proyecto fue la adaptación de los algoritmos de Lempel-Ziv al alfabeto formado

En el capítulo de desventajas o posibles inconvenientes que ofrece la forma del Organismo autónomo figura la rigidez de su régimen jurídico, absorbentemente de Derecho público por