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INFORME TEMATICO SOBRE DESARROLLO HUMANO 2008
“La Otra Frontera”
DOCUMENTO DE TRABAJO
Cinco siglos de acumulación de costos socio –
ambientales:
La actividad minera en Bolivia
iii Resumen Ejecutivo
La minería en Bolivia tiene una historia de más de 500 años. Desde la época colonial, cuando se descubrió el “Cerro Rico de Potosí”, hasta hoy en día, la actividad minera ha sido una parte muy importante de la economía boliviana. La mayoría de las actividades mineras eran, y aún son, llevadas a cabo en la región andina occidental del país. Las minas más importantes se encuentran en los departamentos de Potosí y Oruro.
En 1952, bajo la consigna de nacionalización de las minas del país, se creó la Corporación Minera Boliviana (COMIBOL) que controló el 75% de la industria minera nacional y se constituyó en la principal fuente de ingresos del país. La COMIBOL fue durante casi 4 décadas la principal empresa minera del país, llegando a producir más del 70% de las exportaciones de Bolivia y a constituirse en la principal fuente de empleo. Años después, en la década de los 80s, la crisis minera estatal creó fuertes desequilibrios macroeconómicos en el país que culminaron en un rígido programa de ajuste estructural abriendo paso a una economía de mercado. En este contexto, se llevó a cabo en 1985 la reconversión del sector minero, con el despido de más de 23.000 trabajadores de la COMIBOL y el establecimiento de un proceso que el Estado llamó la “Nueva Minería”. Para promover este proceso, el Estado introdujo una reforma tributaria y propició el crecimiento de la minería privada fomentando la apertura de la economía a la inversión extranjera.
El desarrollo de la minería en el país no sólo tuvo un importante impacto en la economía nacional, sino también en la calidad de vida de los bolivianos, en particular aquellos que viven en los departamentos de mayor actividad minera. Pese a que la participación de la minería en la economía nacional ha disminuido en comparación con los 70s y 80s, actualmente Bolivia percibe grandes beneficios por la explotación y exportación de minerales. En el 2004, la minería fue el tercer valor económico exportado después de los hidrocarburos y las oleaginosas, con el 21% del total de las exportaciones del país, generando un total de 50 000 empleos directos y participando con un 4.4% del PIB total. En años recientes, gracias al notable incremento de precios de los minerales en el mercado internacional, la minería y las actividades relacionadas a su procesamiento se están intensificando. El crecimiento de las ganancias por exportación ha creado incentivos en el sector para su reactivación, para lo cual no sólo se busca atraer capital extranjero, pero además negociar operaciones que busquen beneficiar al país a través de Contratos de Riesgo Compartido y Arrendamiento con la COMIBOL.
En Bolivia se pueden distinguir distintos tipos de minería. Según el Ministerio de Minería y Metalurgia, la actividad minera en el país se puede clasificar en: Minería estatal, minería mediana, minería chica o pequeña y cooperativas mineras. La minería estatal está representada por aquellas operaciones mineras cuya propiedad y administración pertenecen a la COMIBOL y operan a través de Contratos de Riesgo Compartido, Arrendamientos y Servicios. La minería mediana está representada por la Asociación de Mineros Medianos, que deben cumplir ciertos requisitos de volumen de producción – por lo general operaciones de más de 500 T por día –, inversión y organización empresarial. La minería chica o pequeña está representada por operaciones mineras que tratan menos de 500 T por día. En la categoría de minería pequeña se puede incluir las cooperativas mineras y la minería artesanal. Las cooperativas mineras están representadas por pequeños grupos de 50 a 80 trabajadores que se reúnen en cooperativas para trabajar en una concesión otorgada por el Estado. Las cooperativas han crecido en importancia a lo largo del tiempo, tanto en volumen
iv de producción como en mano de obra. Actualmente, existen alrededor de 510 cooperativas mineras en Bolivia. En la mayoría de los casos, la minería cooperativizada puede considerarse minería artesanal. La minería artesanal es un término menos utilizado en el sector e incluye grupos de trabajadores que pueden ser cooperativas o pequeñas empresas, cuyas operaciones cuentan con escasa o ninguna mecanización y por lo tanto, niveles de producción bajos y de mayor informalidad que las cooperativas.
El mayor aporte a la economía nacional de la pequeña minería, en particular la cooperativista, está en su contribución a la generación de empleo, pues es el sector que genera mayor nivel de empleo en relación al empleo total generado por el sector minero. La minería pequeña y en particular la minería cooperativista contribuyeron a la generación del 94% de empleo en el sector durante el período 1978-1984, creciendo al 96,7% entre 1985-2006. Por el contrario, la minería empresarial, que está más tecnificada, no contribuye significativamente a la generación de empleo en el país, ocupando apenas el 1,44% de la población económicamente activa. Pese a que las cooperativas mineras generan un alto nivel de empleo, presentan los niveles de productividad laboral más bajos del sector. Es así como, por ejemplo, durante la década de 1990 la minería mediana representó el 57% de la producción total de minerales en el país, mientras que la minería cooperativista tan sólo el 43%, pese a emplear en aquel año el 83% de la mano de obra del sector.
La actividad minera significa también un aumento en los ingresos del productor local que comienza a trabajar en las operaciones mineras. Mientras que el trabajo en la minería pequeña no provee necesariamente buenos salarios, el trabajo en la minería mediana ofrece acceso a mayores ingresos y comodidad. Además de incrementar los ingresos para la población local que trabaja en las operaciones mineras, la actividad minera trae beneficios locales/regionales directos a través de la construcción de carreteras e infraestructura e indirectos a través del Impuesto Complementario Minero (ICM). El ICM que deben pagar las operaciones mineras está destinado a las Prefecturas de las regiones productoras. De esta forma, la actividad minera está de alguna forma directamente ligada con el desarrollo de infraestructura pública, salud y educación en el departamento donde se desarrolla. Sin embargo, no está ligada al sector productivo y por ende, no beneficia directamente al desarrollo económico de las comunidades locales.
Pese a las ganancias que la actividad minera genera para el país y a los beneficios locales, la explotación minera ha representado a lo largo de los ya casi 500 años de su desarrollo una acumulación de altos costos ambientales y sociales. Poco se ha hecho para contrarrestar este proceso y hoy en día existen más problemas que soluciones.
Desde la perspectiva ambiental, la actividad minera ocasiona impactos con distintos niveles de intensidad, entre ellos contaminación de agua y suelos, transformación de paisajes por la destrucción de cerros y construcción de diques y la acumulación de colas de minerales. Las externalidades ambientales que causa la minería mediana se deben generalmente a la generación de distintos contaminantes durante los procesos de extracción y concentración. En general, el sector minero mediano presenta problemas de gestión ambiental, pese a su nivel tecnológico. Sin embargo, no es la minería mediana, sino más bien la pequeña la que ocasiona los impactos ambientales más serios en el país. Esto se debe principalmente a dos factores: 1) la falta de financiamiento e inversión en este sector minero y el uso de tecnología obsoleta y 2) al gran número de fuentes de contaminación, muchas veces concentradas en regiones determinadas.
v Son tres las causas principales de impactos ambientales negativos originados por la actividad mineras: 1) la apertura de socavones, 2) la generación de desmontes en las proximidades de los socavones o en el interior de las minas que acumulan metal extraído de poco valor económico, y 3) la generación de colas, que son los residuos provenientes de los ingenios mineros que procesan el mineral extraído de la mina para obtener concentrados minerales para su comercialización y que muchas veces son descargados directamente a los ríos sin tratamiento. En los tres casos, la exposición de los restos minerales con la atmósfera y el agua de lluvia, quebradas y ríos, desencadena procesos físico-químicos que generan aguas ácidas favoreciendo la disolución de metales y contaminando los recursos hídricos. Otro gran problema ambiental asociado a la actividad minera son los pasivos ambientales relacionados a los cierres y abandono de las minas. Los socavones abandonados, desmontes y relaves con contenidos abundantes de sulfuros generan aguas ácidas con alto contenido de metales pesados que desembocan en los ríos cercanos a las minas, afectando la población local y sus actividades productivas.
Finalmente, otra importante contaminación ambiental minera es la generada por la minería aurífera. En este tipo de minería grandes cantidades de mercurio se vierten en los ríos Beni, Madera y Madre de Dios. En Bolivia existen concesiones mineras auríferas y de extracción de áridos otorgadas legalmente dentro de áreas protegidas. De acuerdo a la normativa vigente, la explotación de las mismas está sujeta a un estudio de evaluación de impacto ambiental que demuestre que las actividades a realizar no afectarán los objetivos de protección del área. La mayoría de las operaciones en áreas protegidas, independientemente de si cuentan o no con licencia ambiental, no aplican medidas de prevención o mitigación ambiental. Como resultado, hoy en día 40% de los parques nacionales en el trópico están afectados por actividades o proyectos mineros.
Como se puede ver, la generación de lixiviados produce los más altos impactos ambientales de la minería. El alto grado de toxicidad de los metales disueltos en el agua, se debe en parte a su baja capacidad de degradación y su capacidad de fijación en la cadena trófica afecta flora y fauna acuática y terrestre. La contaminación de recursos hídricos se debe también al uso de los mismos para las operaciones mineras., las cuales consumen alrededor de 32 millones de m3 de agua al año, de los cuales la mayor parte son devueltos sin tratamientos a los cauces naturales.
El impacto ambiental de la minería repercute en las actividades socio-económicas locales en
las zonas de producción. Los principales impactos socio-económicos de la minería están
asociados a repercusiones negativas en la actividad productiva de las comunidades aledañas a operaciones mineras, a las malas condiciones de trabajo y a la pobre calidad de vida de las poblaciones mineras.
Las actividades de las comunidades río abajo de las operaciones mineras se ven afectadas por estas últimas, ya que la contaminación de los ríos y los suelos 1) reducen los rendimientos de los cultivos agrícolas, 2) afectan la salud del ganado que toma de esta agua y 3) afectan la salud de los pobladores locales que consumen los cultivos de la región y utilizan el agua de los ríos para tomar o bañarse. Los suelos más contaminados en la región minera presentan concentraciones de Cd, Pb y Zn que exceden los límites recomendables para el uso agrícola. Otra actividad productiva local que se ha visto seriamente afectada por la contaminación minera es la pesca. Comunidades que viven en las riveras y dependen de
vi la pesca, como los Wennhayek, han visto una de sus principales actividades económicas reducirse dramáticamente en los últimos años.
Las repercusiones de la contaminación minera en el sector agropecuario y en el consumo humano han generado tensión entre los agricultores campesinos y los habitantes locales que trabajan en la minería. Sin embargo, cabe recalar que la relación y el conflicto entre la minería y el agro es un tema mucho más complejo, pues adopta un enfoque dualista que genera una dinámica rotativa en la que el productor agrícola se vuelve mano de obra estacional, aprovechando del sector minero para complementar sus ingresos sin dejar de lado la actividad agropecuaria. Este tipo de relación, que algunos autores denominan como “campesino-minero”, crea una dinámica complicada y compleja entre los pobladores y sectores productivos de las regiones mineras del país, pues por más que muchos campesinos agropecuarios ven su actividad afectada por la contaminación minera, su dependencia dualista no les permite tomar una posición opuesta o crítica con respecto al desarrollo de la minería.
Otro tema importante a considerar en el impacto socio-económico generado por la actividad minera es la pobreza. Pese a que la actividad minera es una de las actividades productivas más importantes a nivel nacional, las regiones mineras del país son las que presentan mayor índice de pobreza. Está claro que, mientras persista el problema socio-económico en la región, la preservación del medio ambiente quedará en una encrucijada entre la pobreza y la explotación rudimentaria. Y mientras ahí se mantenga, el ciclo de pobreza y baja productividad irá intensificándose a lo largo del tiempo, acumulando costos socio-ambientales en regiones del país que solían estar entre las de mayor riqueza en el mundo. Para el sector de la minería pequeña en Bolivia, las externalidades sobre la salud y seguridad ocupacional de los mineros son tan o más importantes que las externalidades ambientales. La contaminación crónica de ríos y suelos causada por la actividad minera afecta la salud de las comunidades aledañas. Los efectos en la salud de la población local se presentan por la acumulación de metales en el organismo humano a través de la ingestión de agua contaminada, o bien cultivos y peces que han acumulado concentraciones altas de metales no esenciales que pueden ser dañinos para la salud. Pese a que existen estudios incipientes que han logrado establecer una correlación positiva entre el nivel de exposición y los síntomas en la salud humana, es necesario investigar más a detalle el nivel de daño en la salud humana causada por la contaminación minera. En la minería aurífera también se han presentado casos de daños relevantes a la salud. En el norte de La Paz, la utilización de mercurio para la explotación de oro ha comenzado a provocar daños genéticos irreversibles en terceras generaciones, no sólo en animales, sino también en seres humanos.
Además de efectos en la salud humana de las comunidades aledañas a las operaciones mineras, la contaminación minera repercute en los mismos trabajadores mineros, que no cuentan con seguros y condiciones laborales apropiadas. Según el tipo de minería, el servicio de salud pública varía. En los centros de minería estatal en proceso de cierre se evidencia un deterioro de las condiciones de la salud pública, principalmente en lo que se refiere a la disponibilidad de infraestructura y recursos humanos especializados. Los centros mineros transferidos al sector privado muestran relativas mejoras en los servicios de salud pública, respecto a la situación prevaleciente bajo administración estatal. Las empresas mineras pequeñas y cooperativas mineras cuentan en el mejor de los casos sólo con centros de salud para atención de emergencias médicas que no revisten gravedad. Esta situación se ve agravada por un lado, por las condiciones de trabajo muy riesgosas en este tipo de
vii minería debido a la continua exposición a contaminantes y a la falta de cumplimiento de normas básicas de seguridad laboral y por otro lado, por la distancia extrema y malos caminos entre los campamentos mineros y los centros de salud más próximos.
Ante los impactos causados por la actividad minera en el país, se han propuesto importantes cambios dentro de la legislación minera que introducen conceptos y procedimientos nuevos de desarrollo. Actualmente, la actividad minera cuenta con un marco normativo que considera la protección ambiental y obliga a los concesionarios y a quienes realicen esta actividad a ejecutar sus trabajos de forma más integral, considerando, mitigando y previniendo el daño ambiental. Pese a esto, las operaciones mineras no cumplen con las normas y evaden la implementación de medidas de prevención y mitigación ambiental: Los flujos contaminantes no son controlados, muchas operaciones no cuentan con una licencia ambiental, los lugares aledaños a las operaciones mineras se encuentran contaminados por los desechos minerales, etc.
Son varios los factores que inciden en el incumplimiento de las normas por parte de los operadores mineros. Por un lado, existen contradicciones, debilidades y vacíos en el marco normativo que dificultan la aplicabilidad de las regulaciones y las sanciones a su incumplimiento. Por otro lado, la complejidad y dispersión de las normas del sistema, la falta de recursos financieros, la falta de recursos humanos, las falta de equipo adecuado, la falta de comunicación y transparencia y la falta de propuestas consensuadas inciden directa o indirectamente en el desempeño ambiental de la actividad minera.
Para mejorar esta situación, varios programas e instituciones han decidido en las dos últimas décadas apostar por nuevas tendencias y enfoques respecto a la minería con el fin de promover un desarrollo más sostenible de esta actividad, reduciendo el impacto ambiental, promoviendo un uso más eficiente de los recursos naturales, introduciendo medidas y tecnologías más limpias y eficientes y logrando una aproximación de esta actividad con las expectativas de las comunidades locales cercana a las operaciones mineras. Dentro de estos enfoques se desarrollan los conceptos de responsabilidad ambiental y responsabilidad social en el sector minero.
Las propuestas que se desarrollan a partir de estos enfoques tienen un costo que debe ser internalizado al proceso productivo o bien absorbido a través del apoyo interinstitucional, de manera que la actividad minera se desarrolle de una forma más integral, respectando el ambiente y el cumplimiento de normas ambientales e impactando positivamente en el desarrollo socio-económico de las comunidades locales. Algunos programas que integran estos nuevos enfoques ya se han puesto en marcha: La Fundación Medio Ambiente Minería e Industria (MEDMIN), el Centro de Investigación Minero Ambiental (CIMA), el Programa de Producción Más Limpia en la Minería del Centro de Promoción de Tecnologías Sostenibles (CPTS), el Programa de Prevención, Control y Mitigación de la Contaminación del Sector Minero de la Dirección de Medio Ambiente de la COMIBOL, el Proyecto Trinacional Caminar entre Perú, Bolivia y Chile, y casos de minería que han adoptado el concepto de Responsabilidad Social como el Proyecto Minero San Bartolomé. Además de programas que se desarrollan actualmente, existen otras propuestas que buscan mejorar el desempeño ambiental de la minería en el país:
viii Apoyar y Crear Incentivos Económicos para la Minería Pequeña: Dado que el sector minero que causa el mayor impacto ambiental es la pequeña minería, estrategias enfocadas a facilitar la gestión ambiental en este tipo de minería podrían tener un importante impacto en la mitigación y prevención del daño ambiental causado por el sector minero. Mejoras en el desempeño ambiental de este tipo de minería se podrían obtener a través de: 1) la simplificación del proceso para la obtención de la licencia ambiental, 2) asistencia técnica y capacitación a operadores de ingenios, 3) la introducción de una política de incentivos económicos por parte del gobierno nacional y de orden legal en el Código Minero relacionada a la protección del medio ambiente, 4) la identificación y formulación participativa de medidas de mejoramiento productivo y mitigación ambiental, y 5) la implementación de un programa de adecuación ambiental a través de proyectos piloto de diseño, construcción y operación de diques de colas integrados a circuitos de tratamiento de minerales adaptados a la realidad socio-económica de la pequeña minería.
Impulsar Tecnologías Sostenibles: Complementado el proceso de adopción de tecnologías más eficientes y accesibles en la minería, el Centro de Promoción de Tecnologías Sostenibles propone la introducción de procesos y tecnologías bajo el concepto de Producción más Limpia, que no sólo permite a las operaciones mineras mejorar su desempeño ambiental, sino también ganar ahorro en material, agua y energía, resultando en un doble beneficio.
Reformular la Aplicación del ICM: Adicionalmente, existe una propuesta de gobierno que ya ha tomado forma de Anteproyecto de Ley para contribuir al desarrollo socio-económico de las comunidades locales en las regiones mineras del país. Se trata de garantizar el retorno del ICM y fiscalizar su aplicación (control social) para el desarrollo de las comunidades a partir de la mitigación de daños ambientales y la realización de inversiones productivas.
Generar Conciencia Ambiental: Otro tema importante es generar conciencia ambiental y que este tema gane prioridad en la agenda política del país. Para esto es necesario: 1) dar a conocer los resultados de estudios de diagnóstico ambiental, 2) profundizar los estudios con evaluaciones más detalladas y específicas, 3) sensibilizar a la sociedad acerca de los problemas ambientales y la importancia de mantener la calidad ambiental que permita contar con los medios para un desarrollo sostenible, y 4) socializar la normativa ambiental. Adoptar un Enfoque Integral: Dada la complejidad del problema socio-ambiental de la minería en Bolivia, es necesario tratar de encontrar soluciones a partir de un enfoque más integral. En este sentido, es clave analizar y confrontar el problema bajo un marco de manejo integrado de cuencas, ya que uno de los problemas ambientales principales de la actividad minera es la contaminación de aguas. Bajo el Plan Nacional de Cuencas (2007), el Ministerio de Agua, a través del Viceministerio de Cuencas y Recursos Hídricos, desarrolla el Programa de Manejo Integral de Cuencas Mineras, que consistirá en destinar acciones para mitigar los efectos de la contaminación de los recursos hídricos por esta actividad. Inicialmente el programa atenderá la problemática en las cuencas mineras de La Paz, Oruro y Potosí.
ix En conclusión…
A partir del 2002 el sector minero en el país comienza un proceso de recuperación por el incremento de los precios internacionales de minerales. La reactivación de la actividad minera puede ser la oportunidad para generar un cambio en el sector, con el propósito de que la minería contribuya no sólo a la dinámica económica nacional, sino también al desarrollo sostenible de las regiones mineras a través de la introducción de tecnologías más eficientes y accesibles, apoyo técnico, sensibilización en temas ambientales, adopción de conceptos de responsabilidad ambiental y social, etc.
Con la actual visión de desarrollo del gobierno, las condiciones existen para impulsar una transversalización de la política ambiental en las políticas sectoriales del país. De esta forma, se logrará evitar discrepancias y vacíos jurídicos que lleven al incumplimiento de las normas ambientales y fortalecer las instancias públicas que trabajan en este tema a través de capacitación, transferencia de equipos, recursos humanos calificados y financiamiento para que éstas puedan llevar a cabo sus actividades de forma más eficiente y eficaz.
Del mismo modo, es necesario transversalizar el tema ambiental en el sistema educativo nacional, pues existe actualmente una falta de educación en este tema que genera poca conciencia y sensibilidad con respecto a la problemática ambiental del país. Es también importante desarrollar estudios que moneticen los costos ambientales y las pérdidas socio-económicas causadas por impactos ambientales, pues éstos serían los más adecuados para generar dicho cambio de actitud ante el tema ambiental. Además de sensibilización en este tema, es necesario socializar la Ley Ambiental y sus Reglamentos, para crear conciencia social y presión para su cumplimiento.
Por más que existe información sobre el impacto socio-ambiental de la actividad minera, ésta está dispersa y muchas organizaciones evitan compartir sus diagnósticos. En consecuencia, se pierden recursos y tiempo en generar el mismo tipo de información, en vez de sistematizarla y aunar esfuerzos para desarrollar propuestas consensuadas que busquen soluciones al problema. Dada la complejidad de la problemática socio-ambiental minera en el país, es necesario construir propuestas bajo un enfoque integral, que reúna varias opiniones e involucre a todos los actores implicados. El enfoque de manejo integrado de cuencas es una estrategia que permitiría este proceso, alcanzando objetivos comunes a través de medidas consensuadas y acciones que beneficien a todos los involucrados. Son casi 500 años que la actividad minera se desarrolla en el país y aún hoy en día el énfasis está puesto en la generación de diagnósticos que permitan conocer el nivel de impacto ambiental que causa esta actividad. Si bien esto es esencial, es también hora de avanzar en el proceso, desarrollando propuestas concretas y consensuadas al problema e implementando medidas y acciones que permitan un mejor desempeño ambiental y la adopción de responsabilidad social en el sector minero con el fin de contribuir al desarrollo sostenible de las regiones mineras del país.
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Tabla de Contenido
1. El desarrollo y la importancia del sector minero en Bolivia... 3
1.1 La Situación Minera en el País ... 4
1.2 La estructura minera y la generación de empleo ... 5
1.3 Los beneficios locales de la minería... 8
1.4 Objetivos y estructura del documento ... 8
2. Los costos socio- ambientales de la actividad minera en Bolivia... 10
2.1 Impacto a la sostenibilidad ambiental... 10
2.2 Impacto Socio-económico: la Minería y el Agro... 19
2.3 Impacto Social: Poniendo en Juego la Salud y el Bienestar Humano ... 21
3. Los vacíos del sistema jurídico y los factores para su incumplimiento ... 25
3.1 Normativa Vigente que Regula Medidas de Mitigación o Prevención Ambiental en la Actividad Minera ... 25
3.2 Las Falencias e Incumplimientos de la Normativa ... 28
4. Enfrentando la Situación: Responsabilidad Ambiental y Responsabilidad Social en las Operaciones Mineras ... 32
4.1 Programas que Promueven Manejo y Protección Ambiental en el Sector Minero ... 32
4.2 Propuestas para un Desarrollo más Integral de la Actividad Minera en Bolivia... 37
4.2.1 Facilitando la Gestión Ambiental ... 37
4.2.2 Generando Conciencia Ambiental y Responsabilidad Social... 39
4.2.3 Promoviendo un Enfoque Integral... 40
5. Conclusiones ... 41
Bibliografía ... 43
LISTA DE FIGURAS Y TABLAS
Figura 1-1 Efectos de producción y precio en la minería de Bolivia (1979-2006)……….. 4
Figura 1-2 Exportaciones mineras de Bolivia (1996-2006)………..… 5
Figura 1-3 Distribución laboral en la minería boliviana (1995-2005)……..……….... 7
Figura 1-1 Niveles de concentración de As en las principales sub-cuencas del río Pilcomayo (2002)…. Figura 1-2 Niveles de concentración de Pb en las principales sub-cuencas del río Pilcomayo (2002)…. Figura 3-1 Concesiones mineras en áreas protegidas y Tierras Comunitarias de Origen ………... 25
Tabla 1-1 Datos de dos comunidades de la cuenca del río Pilcomayo expuestas a diferentes concentraciones de Arsénico y Plomo (2004) ………. 20
Tabla 1-1 Concesiones mineras en las áreas protegidas del CCVA (2002) ……….... Tabla 2-2 Datos de dos Comunidades de la cuenca del río Pilcomayo Expuestas a Diferentes Concentraciones de Arsénico y Plomo (2004) ……… LISTA DE BOXES Box 1. Los “Personajes” de la pequeña minería………... 6
Box 2. Actividad minera amenaza áreas protegidas en el país……….……… 10
Box 3. Contaminación del río Pilcomayo por actividad minera……….……….. 11
Box 4. Contaminación minera en los municipios de Colquechaca y Pocoata………..………… 12
Box 5. Minería en el Corredor de Conservación Vilcabamba – Amboró……….…... 15
Box 6. Las condiciones de trabajo en una cooperativa minera………. 19
Box 7. Ausencia de seguridad laboral en las cooperativas mineras………..…... 21
Box 8. Es en realidad un problema de presupuesto……….. 27
Box 9. Proyecto de mitigación ambiental ejecutado en Telamayu……….. 30
Box 10. Minería con responsabilidad social……….…… 31
1. El desarrollo y la importancia del sector minero en Bolivia
La minería en Bolivia tiene una historia de más de 500 años. Desde la época colonial, cuando se descubrió el “Cerro Rico de Potosí”, hasta hoy en día, la actividad minera ha sido una parte muy importante de la economía boliviana. La mayoría de las actividades mineras eran, y aún son, llevadas a cabo en la región Andina occidental del país. Las minas más importantes se encuentran en los departamentos de Potosí y Oruro, actualmente los más pobres de los nueve departamentos de Bolivia (CPTS 2007).
Desde la época de la colonia hasta 1900, la explotación minera se concentraba en la extracción de plata a través de procesos de amalgamación (Urquidi 2002). Sin embargo, a partir de del siglo XX la minería de estaño ganó importancia y se mantuvo así hasta 1985. En 1952, bajo la consigna de nacionalización de las minas del país, se creó la Corporación Minera Boliviana (COMIBOL) que controló el 75% de la industria minera nacional y se constituyó en la principal fuente de ingresos del país (FOBOMADE 1999). La COMIBOL fue durante casi 4 décadas la principal empresa minera del país, llegando a producir más del 70% de las exportaciones de Bolivia y a convertirse en la principal fuente de empleo. Sin embargo, las políticas de sustitución de importaciones no lograron fortalecer la COMIBOL, que tuvo que sobrevivir con equipos anticuados y yacimientos casi agotados, mientras sus recursos se utilizaban para desarrollar el oriente del país (FOBOMADE 1999). En 1962, una década después de la nacionalización de las minas, se reinició el proceso de apertura a la iniciativa privada con el objetivo de fortalecer la empresa nacional. Pese a que en esa época los precios de minerales, como el estaño, eran favorables en el mercado internacional, las limitaciones de la COMIBOL impidieron que la empresa aproveche la coyuntura internacional, la cual comenzó a cambiar a mediados de los ochenta con la caída del precio del estaño, ocasionando la crisis minera más grande del país. La crisis minera estatal fue uno de los principales factores para la generación de fuertes desequilibrios macroeconómicos para el país entre los años 1982 y 1985, que culminaron en un rígido programa de ajuste estructural mediante el Decreto Supremo 21060, abriendo paso a una economía de mercado.
En este contexto, se llevó a cabo en 1985 la reconversión del sector minero, con el despido de más de 23.000 trabajadores de la COMIBOL y el establecimiento de un proceso que el Estado llamó la “Nueva Minería”. Para promover este proceso, el Estado introdujo una reforma tributaria que estableció libre explotación de los minerales, liberando esta actividad de todos los impuestos salvo de las regalías (FOBOMADE 1999). El proceso de crecimiento de la minería privada fue también propiciado con la apertura de la economía a la inversión extranjera. En el sector minero, esto se tradujo en concesiones a grandes empresas extranjeras que decidieron invertir en el sector minero del país (FOBOMADE 1999). En 1993, se licitaron todas las pertenencias de la COMIBOL, entregando concesiones a perpetuidad a privados. A partir de ese entonces, las políticas de fomento a la minería han impulsado leyes y normas para facilitar las actividades de exploración y explotación y facilitar las operaciones de las empresas mineras (FOBOMADE 2006).
Este proceso de explotación de minerales no sólo tuvo un importante impacto en la economía del país, sino también en la calidad de vida de los bolivianos, en particular aquellos que viven en los departamentos de mayor actividad minera, así como en la sostenibilidad ambiental.
1.1 La Situación Minera en el País
Pese a que la participación de la minería en la economía nacional ha disminuido en comparación con los 70s y 80s, actualmente Bolivia percibe grandes beneficios por la explotación y exportación de minerales (Morales 2006). En el 2004, la minería fue el tercer valor económico exportado después de los hidrocarburos y las oleaginosas, con el 21% del total de las exportaciones del país (Morales 2006), generando un total de 50 000 empleos directos y participando con un 4.4% del PIB total (Romero 2006).
En años recientes, gracias al notable incremento de precios de los minerales en el mercado internacional, la minería y las actividades relacionadas a su procesamiento se están intensificando. La Figura 1-1 muestra que en el 2002 los precios en el mercado internacional comienzan a aumentar, revirtiendo la tendencia bajista de los precios internacionales que venía dándose desde 1980. En el periodo 2005-2006, algo más de dos años más tarde, finalmente se revierte la tendencia bajista del valor bruto de la producción minera (VBRPM)1. En este periodo, el VBRPM promedio anual sube a US$ 787.3 millones del 2000, 3.5 veces su valor de 1986 (Jordán 2007). A partir de la subida de precios en el mercado internacional, se observa primero un “efecto inercia tendencial en la caída de la producción” entre 2003 y 2004, seguido por una importante alza en los niveles de producción en el 2005, que desacelera en el 2006 y más en el 20072 (Jordán 2007) (Figura 1-1). Pese a esto y debido al alza de los precios internacionales, las ganancias por exportaciones de minerales en el país incrementan, generando beneficios económicos para el sector y el país (Figura 1-2).
Figura 1-1 Efectos de Producción y Precio en la Minería de Bolivia (1979-2006)
Fuente: Jordán 2007, con base en datos del Anuario Estadístico Minero 2006 del Ministerio de Minería y Metalurgia
1 Expresado en dólares constantes del año 2000 de los Estados Unidos de Norte América.
2 Las inversiones en la minería del país están congeladas debido al ambiente de incertidumbre jurídica
y política reciente (2006/2007), a los continuos problemas sociales, a la falta de políticas mineras realistas, a la inestabilidad funcionaria de las autoridades mineras y al incierto potencial de yacimientos masivos (Morales 2006
Figura 1-2 Exportaciones Mineras de Bolivia (1996-2006)
Fuente: Banco Central de Bolivia 2007
El crecimiento de las ganancias por exportación ha creado incentivos en el sector para su reactivación, para lo cual no sólo se busca atraer capital extranjero, pero además negociar operaciones que busquen beneficiar al país a través de Contratos de Riesgo Compartido y Arrendamiento con la COMIBOL. Bajo el marco del programa de Gobierno 2006-2010 “Bolivia Digna, Soberana y Productiva para Vivir Bien”, se establece la refundación de la COMIBOL, entendiéndola como la devolución a la Corporación Minera de Bolivia de las funciones originales de su creación (Revollo 2006). Actualmente, la COMIBOL está consolidada como una estructura empresarial encargada de administrar sus minas a través de seis Contratos de Riesgo Compartido y varios Contratos de Arrendamiento firmados con empresas privadas y cooperativas. Adicionalmente, lleva a cabo un proceso de licitación para la administración de operaciones mineras y en otros casos, busca financiamiento para poder operar como empresa directamente (Revollo 2006).
1.2 La estructura minera y la generación de empleo
En Bolivia se pueden distinguir distintos tipos de minería. Según el Ministerio de Minería y Metalurgia, la actividad minera en el país se puede clasificar en: Minería estatal, minería mediana, minería chica o pequeña y cooperativas mineras.
La minería estatal está representada por aquellas operaciones mineras cuya propiedad y administración pertenecen a la COMIBOL y operan a través de Contratos de Riesgo Compartido, Arrendamientos y Servicios (MMM 2007). La minería mediana está representada por la Asociación de Mineros Medianos, que deben cumplir ciertos requisitos de volumen de producción – por lo general operaciones de más de 500 T por día –, inversión y organización empresarial. La Asociación asume la representación colectiva de las empresas mineras medianas privadas ante el gobierno nacional y otras entidades nacionales e internacionales y está a cargo de estudiar y representar las necesidades de la
minería mediana en el país (MMM 2007). Actualmente la minería mediana contribuye con el 69% de la producción minera de Bolivia y aproximadamente el 10% del empleo sectorial. Este sector se dedica principalmente a la explotación de yacimientos auríferos y polimetálicos de plata, zinc, plomo y estaño (Bocangel 2001).
La minería chica o pequeña está representada por operaciones mineras que tratan menos de 500 T por día. Los mineros chicos están agrupados por elección voluntaria en las Cámaras Regionales y Departamentales de Minería, las que a su vez forman parte de la Cámara Nacional de Minería. Los minerales que produce actualmente la minería chica son: Zinc, estaño, oro, plata, antimonio, plomo, wolfram, cobre, bismuto, ulexita, cristales de ametrino, baritina, tantalita, cuarzo rosado, amatista, entre otros (MMM 2007). En la categoría de minería pequeña se puede incluir las cooperativas mineras y la minería artesanal (Bocangel 2001).
Las cooperativas mineras están agrupadas en Federaciones Regionales y Departamentales, las que a su vez están afiliadas a la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (FENCOMIN) (MMM 2007). Pese a que las cooperativas mineras pueden pertenecer a la pequeña minería, se las separa para ciertos fines por sus características sociales propias asociadas al cooperativismo (Bocangel 2001). Las cooperativas mineras están representadas por pequeños grupos de 50 a 80 trabajadores que se reúnen en cooperativas para trabajar en una concesión otorgada por el Estado (Bocangel 2001). Las cooperativas han crecido en importancia a lo largo del tiempo, tanto en volumen de producción como en mano de obra. Actualmente, existen alrededor de 510 cooperativas mineras en Bolivia (MMM 2007). Según Bocangel (2001), en la mayoría de los casos, la minería cooperativizada puede considerarse minería artesanal. La minería artesanal es un término menos utilizado en el sector e incluye grupos de trabajadores que pueden ser cooperativas o pequeñas empresas, cuyas operaciones cuentan con escasa o ninguna mecanización y por lo tanto, niveles de producción bajos y de mayor informalidad que las cooperativas (Bocangel 2001).
Box 1. Los “Personajes” de la pequeña minería
En la minería pequeña, se tiene a los denominados “jukus” que ingresan a las minas para sustraer mineral por las noches. Las “palliris” son mujeres que buscan piedras con contenidos de mineral valioso en los desmontes. Los “relaveros” trabajan en relaves antiguos de la COMIBOL o de empresas privadas. Los “pirquiñeros” trabajan en vetas primarias de minas abandonadas. En la minería aurífera existe un fuerte componente informal, representado por los “barranquilleros”, quienes trabajan tanto en yacimientos primarios y secundarios. Los bajo “barranquilleros” trabajan las minas auríferas de dos formas: Por un lado, pueden ser sumamente móviles, sobre todo en la minería aluvial; siguiendo a las cooperativas mecanizadas para trabajar en sus colas utilizando bateas o pequeños lavaderos y haciéndose presentes rápida y masivamente cuando una cooperativa encuentra una zona de bonanza, llegando a veces a dificultar el trabajo de la cooperativa. Por otro lado, pueden buscar sus propios lugares fuera de las concesiones de las cooperativas – por ejemplo, en la orillas de los ríos auríferos – permaneciendo más tiempo.
El mayor aporte de la pequeña minería, en particular la cooperativista, a la economía nacional está en su contribución al empleo, pues es el sector que genera mayor nivel de empleo en relación al empleo total generado por el sector minero. La minería pequeña y en particular la minería cooperativista contribuyeron a la generación del 94% de empleo en el sector durante el período 1978-1984, creciendo al 96.7% entre 1985-2006 (Jordán 2007) (ver Figura 1-3). Esto se debe a la naturaleza de la tecnología utilizada en este tipo de minería, que es altamente intensiva en uso de mano de obra. Según Aruquipa (2005), existen más de 60 000 trabajadores organizados en cooperativas que trabajan los minerales en Potosí, Oruro y La Paz. Esta cifra no incluye a los 3 500 mineros asalariados, ni a los 13 500 niños dedicados a la minería informal (Aruquipa 2005). Por el contrario, la minería empresarial, que está más tecnificada, no contribuye significativamente a la generación de empleo en el país, ocupando apenas el 1.44% de la población económicamente activa (FOBOMADE 2006).
Figura 1-3 Distribución Laboral en la Minería Boliviana (1995-2005)
Fuente: Centro de Promoción de Tecnologías Sostenibles 2007
Pese a que las cooperativas mineras generan un alto nivel de empleo, presentan los niveles de productividad laboral más bajos del sector. Es así como por ejemplo, durante la década de 1990, la minería mediana representó el 57% de la producción total de minerales en el país, mientras que la minería cooperativista tan sólo el 43%, pese a emplear en aquel año el 83% de la mano de obra del sector (Escobari 2003, Anuario Estadístico VMM 1998). Esto se debe a que la minería pequeña en general, y la cooperativista en particular, está conformada por grupos heterogéneos que no poseen concesión, trabajan temporalmente, utilizan técnicas y equipos rústicos, carecen de capital y capacidad técnica, económica y empresarial y explotan todo tipo de yacimientos (Bocangel 2001, Jordán 2007).
1.3 Los beneficios locales de la minería
La minería, al generar empleo directo entre los habitantes locales, establece una suerte de compromiso entre la población ocupada y los intereses de la empresa minera (Jordán 2007). Al establecerse una operación minera, la condición del poblador local cambia de pequeño productor agrícola o artesanal, propietario de medios de producción, a una condición de asalariado y trabajador minero (Jordán 2007).
La actividad minera significa también un aumento en los ingresos del productor que comienza a trabajar en las operaciones mineras. Mientras que el trabajo en la minería pequeña no provee necesariamente buenos salarios, el trabajo en la minería mediana ofrece acceso a mayores ingresos y comodidad (Jordán 2007). La razón se basa por un lado, en la diferencia en mano de obra calificada que cada sector necesita, y por otro, en el valor de la productividad media por hombre al día. Mientras en las cooperativas la productividad llega a US$ 2.4 por hombre al día, en una operación minera altamente tecnificada la productividad puede alcanzar hasta US$ 1.500/h/d (Bocangel 2001).
Además de incrementar los ingresos para la población local que trabaja en las operaciones mineras, la actividad minera trae beneficios locales/regionales directos a través de la construcción de carreteras e infraestructura e indirectos a través del Impuesto Complementario Minero. El Código de Minería incorpora la actividad minera al régimen general (Ley 843) del impuesto sobre las utilidades y obliga a un pago mínimo denominado Impuesto Complementario Minero (ICM) que beneficia a las regiones productoras (Prefecturas) (Jordán 2007). Están sujetas al ICM todas las empresas que realizan actividades mineras con excepción de la manufactura de metales. La base de este impuesto es el valor bruto de venta de los minerales, por lo que se puede decir que el ICM es un impuesto a la producción que obliga a pagar por igual al concesionario que gane o pierda (Jordán 2007).
El ICM que deben pagar las operaciones mineras está destinado a las Prefecturas de las regiones productoras. De esta forma, la actividad minera está de alguna forma directamente ligada con el desarrollo de infraestructura pública, salud y educación en el departamento donde se desarrolla (Noriega et al. 2007). Sin embargo, no está ligada al sector productivo y por ende, no beneficia directamente al desarrollo económico de las comunidades locales. Como las actividades mineras no tienen un impacto directo a través del ICM en el desarrollo productivo de los productores y comunitarios, éstos nos se sienten beneficiados (Noriega et
al. 2007). Por el contrario, consideran la actividad minera una amenaza por el impacto
ambiental que ésta causa y que a la vez perjudica su principal actividad productiva, la agricultura.
1.4 Objetivos y estructura del documento
Pese a las ganancias que la actividad minera genera para el país y a los beneficios locales, la explotación minera ha representado a lo largo de los ya casi 500 años de su desarrollo, una acumulación de altos costos ambientales y sociales. Poco se ha hecho para contrarrestar este proceso y hoy en día existen más problemas que soluciones. Este documento pretende 1) describir los principales impactos ambientales, socio-económicos y sociales asociados a la actividad minera en el país, 2) analizar la normativa ambiental del sector minero para identificar los vacíos existentes y los factores que llevan a su incumplimiento y 3) rescatar
propuestas para prevenir y mitigar los impactos negativos del sector minero en las regiones productivas del país.
Para alcanzar estos objetivos, el documento está estructurado de la siguiente manera. La primera sección describe el desarrollo de la actividad minera en el país y los beneficios que este sector genera a nivel nacional y local. La segunda sección, describe los impactos socio-ambientales causados por la actividad minera en el país. La tercera analiza las normas vigentes que regulan las medidas de prevención y mitigación ambiental en la actividad minera e identifica los factores que erosionan el sistema. La cuarta sección expone diferentes propuestas para mitigar y prevenir los impactos de la actividad minera en el país y la última sección presenta las conclusiones.
2. Los costos socio- ambientales de la actividad minera en Bolivia
A lo largo de casi 5 siglos, la actividad minera en el país ha sido factor transformador de la calidad ambiental y ha tenido un efecto importante en el desarrollo socio-económico de las regiones mineras. Esta sección pretende describir cuáles han sido los impactos ambientales de la minería en el país y cómo esta actividad ha influido en el desarrollo económico y el bienestar humano de las regiones productoras.
2.1 Impacto a la sostenibilidad ambiental
Desde la perspectiva ambiental, la actividad minera ocasiona impactos con distintos niveles de intensidad, entre ellos contaminación de agua y suelos, transformación de paisajes por la destrucción de cerros y construcción de diques y la acumulación de colas de minerales. También tiene un impacto en los bosques, ya que algunas operaciones utilizan madera para el apuntalamiento de los socavones y para alimentar las fundiciones (FOBOMADE 1999). Por otra parte, las emisiones de gases tóxicos y el vertimiento de residuos líquidos y sólidos amenazan las formas de vida que se desarrollan en el entorno de la actividad minera.
Los problemas ambientales varían según el tipo de actividad minera. Las externalidades ambientales que causa la minería mediana se deben generalmente a la generación de distintos contaminantes durante los procesos de extracción y concentración (Escobari 2003). Las colas que se generan y su inadecuada acumulación y tratamiento son, sin duda, el problema ambiental más serio en este tipo de minería. De las 15 empresas mineras medianas que operaban en el país el 2003, sólo Inti Raymi y COMSUR utilizaban tecnología de punta, que sumadas a instrumentos de gestión ambiental propiamente implementados (ISO 14 000), permiten cumplir con normas ambientales inclusive más estrictas que las bolivianas (Escobari 2003). En general, el sector minero mediano presenta problemas de gestión ambiental, pese a su nivel tecnológico.
Sin embargo, no es la minería mediana, sino más bien la pequeña la que ocasiona los impactos ambientales más serios en el país. Según Escobari (2003), la minería pequeña en Bolivia (en particular la cooperativista y la artesanal), ha sido definida como una minería sucia y apenas viable. Esto se debe principalmente a dos factores. Por un lado, la falta de financiamiento e inversión en este sector minero y el uso de tecnología obsoleta (Escobari 2003) y por otro lado, el al gran número de fuentes de contaminación, muchas veces concentradas en regiones determinadas (Bocangel 2001).
Otro gran problema ambiental asociado a la actividad minera son los pasivos ambientales relacionados a los cierres y abandono de las minas. Por ejemplo, las viejas minas de Catavi, San José, Colquechaca y Bolsa Negra, entre otras, dejaron socavones como pasivos ambientales, desmontes y relaves con contenidos abundantes de sulfuros que generan aguas ácidas con alto contenido de metales pesados que desembocan en los ríos cercanos a las minas, afectando la población local y sus actividades productivas (Escobari 2003). Escobari (2003) indica que el problema de acumulación de colas es aún más delicado en las minas que fueron propiedad de COMIBOL, cuyas responsabilidades son difíciles de establecer.
En general, Zapata3 afirma que son tres las causas principales de impactos ambientales negativos originados por la actividad mineras: 1) la apertura de socavones, 2) la generación de desmontes en las proximidades de los socavones o en el interior de las minas que acumulan metal extraído de poco valor económico, y 3) la generación de colas, que son los residuos provenientes de los ingenios mineros que procesan el mineral extraído de la mina para obtener concentrados minerales para su comercialización y que muchas veces son descargados directamente a los ríos sin tratamiento. En los tres casos, la exposición de los restos minerales con la atmósfera y el agua de lluvia, quebradas y ríos, desencadena procesos físico-químicos que generan aguas ácidas favoreciendo la disolución de metales y contaminando los recursos hídricos (Zapata 2007).
La generación de lixiviados produce los más altos impactos ambientales de la minería. El alto grado de toxicidad de los metales disueltos en el agua, se debe en parte a su baja capacidad de degradación y su alta capacidad de fijación en la cadena trófica afecta flora y fauna acuática y terrestre (FOBOMADE 1999). La contaminación de recursos hídricos se debe también al uso de los mismos para las operaciones mineras. Según Montes de Oca (1997), la actividad minera en el país consume alrededor de 32 millones de m3 de agua al año, de los cuales la mayor parte son devueltos sin tratamientos a los cauces naturales. Las aguas contaminadas por actividad minera contienen ácidos, cianuros, álcalis, iones metálicos, sólidos en suspensión, sustancias orgánicas y radioactivas.
Finalmente, otra importante contaminación minera es la generada por la minería aurífera (Montes de Oca 1997). La minería aurífera se realiza por lo general en tres tipos de yacimientos: Aluviales, aluviones terciarios y aluviones primarios, ubicados en las laderas orientales de la Cordillera Real y en zonas de los ríos amazónicos del noreste del país (Escobari 2003). Como consecuencia de la contaminación aurífera en Tipuani, Guanay en La Paz y Nueva Esperanza en Pando, grandes cantidades de mercurio se vierten en los ríos Beni, Madera y Madre de Dios. Más aún, un 60% del mercurio utilizado en el proceso de amalgamación, se evapora hacia la atmósfera precipitándose en otras áreas del país.
Box 2. Actividad minera amenaza áreas protegidas en el
país
El 40 % de los parques nacionales en el trópico están amenazados por actividades o proyectos mineros. En esto, la pequeña y mediana minería y la minería a gran escala no se diferencian en cuanto al peligro que representan para las áreas protegidas.
Bocangel 2001
A continuación se presentan tres casos de contaminación ambiental causada por la actividad minera en Bolivia. El primer caso, describe la contaminación del río Pilcomayo, cuya calidad de agua se ha visto seriamente afectada por las operaciones mineras asentadas en su cuenca, particularmente por la concentración de centros mineros aledaños a la ciudad de Potosí. El segundo, trata sobre la contaminación ambiental provocada por la actividad minera en los Municipios de Pocoata y Colquechaca, departamento de Potosí. Por ultimo, el tercer caso presenta la contaminación minera en el Corredor de Conservación Vilcabamba – Amboró.
3 Zapata, J. (2007, diciembre 15). Centro de Promoción de Tecnologías Sostenibles (CPTS).
Box 3. Contaminación del río Pilcomayo por actividad minera
La Cuenca del río Pilcomayo es una de las tres sub-cuencas más grandes de la segunda cuenca más grande de Bolivia, la cuenca del río La Plata. El área de la cuenca del río Pilcomayo es de 272 000 Km2, de los cuales 98 000 Km2 pertenecen a Bolivia y el resto está compartido por Argentina y Paraguay (Smolders et al. 2003). El río Pilcomayo tiene su origen en los andes bolivianos (5 000 msnm), de donde atraviesa 700 Km hacia el sur hasta llegar a los planos del Chaco (400 msnm). De ahí, el río continúa hacia el sur atravesando los llanos semiáridos del Chaco hasta llegar al borde entre Argentina y Paraguay.
La región minera de la ciudad de Potosí forma parte de la cuenca del río Pilcomayo. Las actividades mineras en esta región comenzaron en el siglo XVI durante la época de la colonia y siguen llevándose a cabo hasta hoy en día, acumulando impactos ambientales en la región y afectando la calidad de agua del río y la vida de las comunidades locales. En el 2003, existían más de 40 operaciones mineras ubicadas alrededor de la ciudad de Potosí (Smolders et al. 2003), constituidas mayormente por pequeña minería, minería artesanal y cooperativas mineras. Muchos de los ingenios en esta zona trabajan con el método de flotación y descargan sus colas directamente a las quebradas y ríos locales sin tratamiento (Medina Hoyos 1998; Miller et al. 2003). Según un estudio realizado por la Agencia Internacional de Cooperación de Japón (JICA) en 1999, alrededor de 20 ingenios mineros en esta zona descargan más de 1 200 T al día a ríos tributarios (Tarapaya y La Ribera) del río Pilcomayo. Como consecuencia, el río Pilcomayo presenta en su origen altas concentraciones de metales disueltos y su lecho en la región de Potosí está contaminado con altas concentraciones de Cu, Zn, Cd, y Pb (Smolders et al. 2003, Miller
et al. 2003).
El análisis llevado a cabo por JICA en 1999 midió concentraciones de metales en el río afluente Tarapaya 100 veces mayores a los niveles permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ejemplo, midió niveles de 99 mg de Pb por litro de agua cuando el nivel estándar permisible es 0.05 mg por litro. Así mismo, un estudio realizado por el Instituto de Tecnología de Alimento (ITA) en el 2002, demostró que los niveles de As (arsénico) y Pb (plomo) en los ríos Tarapaya y Pilcomayo están por encima de los límites permisibles establecidos por Ley (ver Figuras 2-1 y 2-2). La calidad de agua del río Pilcomayo también está afectada por sedimentos que provienen de la erosión en la cuenca alta del río (Smolders et al. 2003).
Figura 2-1 Niveles de Concentración de As en las Principales Sub-Cuencas del río Pilcomayo (2002)
Fuente: ITA 2002
Figura 2-2 Niveles de Concentración de Pb en las Principales Sub-Cuencas del río Pilcomayo (2002)
Fuente: ITA 2002
Niveles A, B, C: Límite estándar máximo/medio de calidad de agua (para agua potable o agua potable con tratamiento)
Nivel D: Límite estándar mínimo de calidad de agua no potable
La suma de estos factores ha causado serios problemas ambientales y sociales en la cuenca del río Pilcomayo y en particular el área colindante al río. Accidentes como el ocurrido en 1996 en las minas de Porco, cuando colapsó su dique vertiendo su contenido en las aguas
del río Pilcomayo, han afectado no solamente la región minera del sur del país, pero también regiones en Argentina y Paraguay (JICA 1999, Smolders et al. 2003), elevando el problema ambiental de la minería en Bolivia a un nivel internacional.
Box 4. Contaminación minera en los municipios de Colquechaca y Pocoata La Central Sindical Única de Trabajadores Originarios de la provincia Chayanta (CSUTOP Chayanta), preocupados por la contaminación ambiental que causa la actividad minera en los cultivos de Colquechaca y Pocoata, de la provincia de Chayanta en el departamento de Potosí, impulsaron y coordinaron con el apoyo de otras organizaciones, la Universidad Siglo XX y especialistas en el área ambiental, un estudio de evaluación ambiental de la región. El objetivo del estudio es por un lado, poder demostrar la degradación ambiental desde un análisis más técnico y por el otro, poder concretar soluciones consensuadas a su problema con el apoyo de las instituciones gubernamentales y las entidades mineras pertinentes. El estudio ambiental se complementará con un estudio socio-económico, para poder demostrar las repercusiones de la contaminación ambiental minera en la actividad productiva de las comunidades locales (producción agrícola y ganadera) y la salud de sus pobladores.
Además de llevar a cabo un análisis de la normativa ambiental y minera y dar talleres de sensibilización ambiental y capacitación sobre la Ley Ambiental 1333, se realizaron estudios de campo para determinar la contaminación ambiental causada por los diferentes operadores mineros en la zona. Los estudios de campo se realizaron a través de 29 trabajos de tesis de la Universidad Siglo XX, 14 tesis de la Facultad de Agronomía – 7 realizaron estudios de suelos y 7 estudios de agua – y 15 tesis de la Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación. El financiamiento de las tesis fue posible gracias al apoyo de la Cooperación Internacional.
Los resultados de las tesis coinciden con la inspección ambiental realizada por la Dirección de Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Prefectura de Potosí a los ingenios mineros de la zona, los años 2000, 2004 y 2006. Adicionalmente, las tesis fueron complementadas con estudios y análisis de especialistas en el área ambiental.
Las operaciones mineras en la zona
En la región de Colquechaca, se han identificado tres operadores mineros: El Ingenio EMCA, el Ingenio COMINUR-Cooperativa Colquechaca y la Mina Colquechaca. En los
ingenios, el tratamiento de los minerales se realiza principalmente empleando el método de flotación directa, así como el método de flotación diferencial. Muchos de los reactivos químicos utilizados en dichos tratamientos son tóxicos, no sólo para la fauna y flora, sino para el ser humano.
El Ingenio EMCA o Santa Bárbara, se dedica a la concentración de plomo, plata y zinc. De acuerdo a las inspecciones técnicas realizadas por la Prefectura los años 2000, 2004 y 2006, el ingenio está contaminando las aguas del río porque el dique destinado a la captación de aguas residuales y colas, al haber sido construido sin asesoramiento técnico, no cumple con un manejo adecuado de las mismas. Por otro lado, está ubicado en el lecho del río, con constante peligro de desmoronamiento por las fluctuaciones del cauce. El agua residual de las colas del ingenio es alcalina, debido a la utilización de monóxido de calcio para aumentar el pH y favorecer la flotación, además presenta una carga elevada de sólidos en suspensión, metales pesados y parte de los aditivos utilizados en la flotación.
IMAGEN SATELITAL DEL Ingenio EMCA
El Ingenio COMINUR-Cooperativa Colquechaca es de propiedad de la COMIBOL. En este ingenio se realiza la concentración de estaño. El agua que se utiliza para tal proceso proviene de la bocamina, por lo que es agua ácida. El problema principal en este Ingenio son las fisuras que presenta su dique de colas – construido sin asesoramiento técnico – a través de las cuales el agua sin tratar se filtra al cauce del río Colquechaca.
La Mina Colquechaca presenta drenaje de aguas ácidas, cuyo caudal oscila entre 30 y 40 litros por segundo, convirtiéndose en un aporte importante de agua ácida y metales pesados disueltos para el río Colquechaca.
Los resultados
Los resultados de las tesis demostraron que existen metales pesados tanto en las aguas como en los suelos, en particular en aquellas comunidades próximas a las bocaminas e ingenios, pero también en las comunidades más alejadas debido a que en épocas de lluvia los diques de cola colapsan y vierten parte de su contenido en los ríos cercanos.
Los tesistas encontraron altos contenidos de sodio y cloruro en las aguas y determinaron que el vertido de cal en las mismas (Ingenio Santa Bárbara) causa salinización del suelo afectando áreas de cultivo. Los resultados también demostraron que ambos, metales pesados como He, Pb, Hg y Cd, y elementos traza como As, Zn y Cu, se encuentran a niveles de límite tóxico (muy próximo a superar los límites permisibles) y extremadamente tóxico (que superan los límites permisibles).
Más aún, los tesistas encontraron elementos pesados en cultivos, especialmente en la chala de maíz y en los cultivos de haba, lo que implica que el suelo parental contiene concentraciones de elementos pesados. Cabe recalcar que la inspección realizada en el 2006 por la Prefectura de Potosí concluyó que existen terrenos que han sido abandonados debido a que los propietarios aseguran que éstos han perdido su fertilidad por contaminación y porque el agua de riego proviene del Pese a que a partir de las inspecciones técnicas realizadas por la Prefectura el 2004 se desarrollaron Resoluciones Prefecturales que indican claramente recomendaciones e instructivas a los ingenios mineros – mencionando que en caso de no cumplirse se procederá a la aplicación de las sanciones previstas por Ley –, sólo la Cooperativa Colquechaca-COMINUR cumplió con parte de las recomendaciones y obtuvo una Licencia Ambiental, el Ingenio EMCA hasta el día de hoy no cuenta con una Licencia Ambiental. Esto demuestra que no sólo los ingenios mineros no cumplen con la normativa ambiental, sino que tampoco lo hacen las autoridades, al no dar seguimiento y no implementar las medidas de punición para velar por su cumplimiento.
Box 5. Minería en el corredor de conservación Vilcabamba – Amboró
El Corredor de Conservación Vilcabamba-Amboró (CCVA) abarca territorio boliviano y peruano y presenta regiones geológicas caracterizadas por importantes yacimientos de oro primario y oro aluvial. En esta región también se encuentran mineralizaciones de estaño, wólfram y polimetálicos. Actualmente, en la parte boliviana del CCVA, existen concesiones y actividades mineras tanto dentro como fuera de las áreas protegidas. Se explota principalmente oro y se extraen no metálicos como áridos y otros materiales de construcción. Existen también yacimientos de estaño y complejos polimetálicos que fueron explotados intensivamente y han dejado pasivos ambientales. La estructura minera en el
CCVA está conformada principalmente por pequeña minería y por minería artesanal. La mayor parte de áridos extraídos se comercializa en el mismo lugar de la explotación, parte en la ciudad de Santa Cruz y en menor porcentaje se provee a empresas petroleras.
En Bolivia existen concesiones mineras otorgadas legalmente dentro de las áreas protegidas del CCVA. De acuerdo a la normativa vigente, la explotación de las mismas está sujeta a un estudio de evaluación de impacto ambiental que demuestre que las actividades a realizar no afectarán los objetivos de protección del área.
Tabla 2-1 Concesiones Mineras en las Áreas Protegidas del CCVA (2002)
P aí s Á re a P ro te gi da N r. de C on ce si on es S up er fic ie O cu pa da po r l as C on ce si on es K m 2 P or ce nt aj e de la S up er fic ie d el A P S up er fic ie d el A P K m 2 PN-ANMI Madidi 21 138.97 0.73 18957
RB-TCO Pilón Lajas 2 6.49 0.16 4000
ANMIN Apolobamba 129 582.14 12.04 4837
PN-ANMI Cotapata 42 72.69 18.17 400
PN Carrasco 10 62.23 1.00 6226
TI-PN Isiboro Sécure 0 0 0.00 12363
PN-ANMI Amboró 72 176.63 2.77 6376 RC Machiguenga 0 0 0.00 2189 RC Ashaninka 0 0 0.00 1845 RN Tambopata 32 23.52 0.86 2747 SH Machu Picchu 0 0 0.00 326 PN Bahuaja-Sonene 0 0 0.00 10914 ZR Alto Purus 0 0 0.00 27243 RC Amarakaeri 2 4.2 0.10 4023 PN Manu 0 0 0.00 17163 PN Otishi 0 0 0.00 3060 B ol iv ia P er ú
Fuente: Conservación Internacional 2002
PN = Parque Nacional; RN = Reserva Nacional; RC = Reserva Comunal; ZR = Zona Reservada
ANMI = Área Natural de Manejo Integrado; TI = Territorio Indígena; SH = Santuario Histórico; RB = Reserva de la Biósfera; AP = Área Protegida
El Estudio de Caso: Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Amboró Como se puede ver en la Tabla 2-1, dentro del ANMI Amboró existen 72 concesiones mineras. No todas estas concesiones son explotadas. Las actividades de extracción de áridos se realizan tanto en concesiones como fuera de éstas. Actualmente, los Municipios otorgan áreas de explotación de áridos, lo cual genera conflictos con los propietarios legales de las concesiones.
Conservación Internacional llevó a cabo el 2002 un estudio ambiental en distintas zonas del CCVA para evaluar los impactos ocasionados por la actividad minera. Una de las zonas evaluadas comprende el PN-ANMI Amboró, y su zona de influencia que abarca 10 Km alrededor del límite del parque. En el 2002 se registraron en esta zona un total de 36 operaciones mineras activas de diferente magnitud, las cuales explotan depósitos aluviales
de origen fluvial que se encuentran en lechos, playas, islas, bancos y terrazas de los ríos Choré, Yapacaní, Surutú, Tacuarembó, Elvira, Piraí, Bermejo, Coloradillo y San Isidro. Las operaciones de explotación de áridos, tanto mecanizadas como artesanales, se realizan de forma desordenada y sin consideraciones ambientales. Esto da lugar a una serie de impactos que afectan tanto a poblaciones locales como a la biodiversidad acuática y terrestre.
Los Resultados del Estudio Impacto en los Recursos Hídricos
incremento de la turbidez y sólidos en suspensión por la remoción de materiales y por descargas de agua turbia
desvío de los cursos naturales de los ríos
construcción de presas de piedras de hasta de 1 m de altura en los cauces para disminuir la velocidad de la corriente del agua
construcción de terraplenes en los cauces de ríos para facilitar el paso de volquetas
Contaminación del Aire
generación de de gases de combustión y ruido durante el funcionamiento de maquinaria y vehículos utilizados
producción de polvos en los procesos de extracción de materiales por vía seca
Degradación de Suelos pérdida de suelos compactación de suelos
derrame de combustibles y lubricantes en las instalaciones de las plantas de procesamiento
Pérdida de Biodiversidad
La existencia de concesiones y operaciones mineras, así como de pasivos ambientales, dentro y fuera de las áreas protegidas, se constituyen en una amenaza a la biodiversidad. Las actividades de extracción de áridos modifican y destruyen hábitats de especies de fauna acuática y terrestre. La destrucción de hábitats produce también fragmentación del ecosistema con pérdidas de conectividad. Los mayores impactos a la flora se producen en la explotación de las terrazas aluviales donde la cubierta vegetal es removida para la explotación de los áridos. También se elimina la cobertura vegetal para la habilitación de áreas donde se instalan las plantas de trituración y clasificación. Finalmente, también se deforesta para obtener madera con fines de construcción, soporte de maquinaria pesada y para ser utilizada como leña.