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Breve Historia de la Medicina Veterinaria

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Breve historia de la Medicina Veterinaria

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AVISA | Asociación Venezolana de la Industria de Salud Animal

www.avisa.org.ve

Todos los derechos reservados, queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro bajo ningún procedimiento electrónico o mecánico, sin permiso por escrito del Autor.

2da Edición, exclusivamente para distribución digital.

Septiembre 2011

Diseño de portada y Diagramación:

DESARROLLOS CREATIVOS, C.A.

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A mi esposa e hijos, dueños de todos mis afectos A mis colegas de profesión, con motivo de la celebración del “Año Mundial de la Medicina Veterinaria”

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D

eseo expresar mi agradecimiento a todas aquellas personas que en una u otra forma han contribuido en la llegada a feliz término de este libro y de forma particular al profesor Germán Campo Ruiz, amigo y colega, quien brindo todo su apoyo a la realización de la obra.

A. Rafael Páez, también colega y amigo por su colaboración desinteresada en el arduo trabajo de transcripción y corrección de los originales.

A la profesora Olymar Giménez, Coordinadora de Extensión de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Central de Venezuela por el apoyo material y humano que me fueron de interés para conseguir la culminación del libro. A los amigos y colegas de AVISA Asociación Venezolana de la Industria de Salud Animal, por el interés que me mostraron en la ayuda necesaria para dar vida al proyecto de la obra.

A mi amiga María Félix Herrera de Ribas por el trabajo impecable en algunas transcripciones de los originales.

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E

s un honor, para quien suscribe, escribir unas palabras ante la valiosa obra del Dr. León Arenas, que la Asociación Venezolana de la Industria de Salud Animal hace pública. Esta obra, idea que nos fue comunicada en una tarde de celebración del “Día de la Salud Animal”, que fue propuesta para ser publicada, recibió una amplia acogida de la Junta Directiva de AVISA y de un grupo de sus afiliados, quienes dieron un valioso aporte para hacer realidad tan valioso trabajo

La historia, como ciencia que estudia el pasado de la humanidad, o en este caso de la Medicina Veterinaria, resulta difícil hacerla breve; llevar a pocas palabras doscientos cincuenta años de una profesión, necesita de una mente hábil, creativa y a la vez con una extraordinaria capacidad de síntesis, para lograr que en forma sencilla y amena, tenga el atractivo suficiente para introducirse en sus páginas.

En esta oportunidad, nuestro amigo y profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias, el Dr. José Antonio León Arenas, admirable estudioso de la Historia de la Medicina Veterinaria y Cronista de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la ilustre Universidad Central de Venezuela nos presenta, parte de su trabajo, como un legado a todos los interesados en conocer, desde su origen, esta Ciencia que, desde hace doscientos cincuenta años contribuye con el bienestar de la humanidad.

El autor inicia su valioso aporte al estudio histórico de la Medicina Veterinaria con algunos comentarios de la era Cenozoica, pero con la importante aclaratoria, que la historia, contada a su estilo, se inicia cuando el hombre logra la domesticación de los animales para mejor provecho de su existencia. Así mismo, en pocas líneas y menos páginas nos trae a “Tierras de Indias” y los comienzos de lo que fue la semilla de la veterinaria en nuestro país.

La historia continúa, hasta aquí la publicamos nosotros... Ricardo Betancourt

Presidente de AVISA Julio 2011

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E

sta obra ha sido escrita con la finalidad de ofrecer al interesado en el conocimiento de la historia de la Medicina Veterinaria, un medio fácil y suficientemente compendiada de su evolución en el tiempo.

Se ha tratado de cubrir los primeros pasos iniciados por el hombre prehistórico una vez que adviene la domesticación de los animales de su entorno. Consideramos un breve paseo por el conocimiento de su propio desarrollo evolutivo, hasta llegar a formar parte de las primeras civilizaciones en donde comienza a nacer la manera de preservar la salud de sus animales afectados por causas extrañas, a las cuales no quedaba otro juicio como no fuera el achacarlas a seres maléficos, cuya erradicación debería ser encargada a espíritus benéficos que los desplazaran. Nacen así las primeras manifestaciones religiosas, comenzando también una medicina teúrgica y mágica a la vez.

Estos primigenios principios fueron avanzando en la medida que aparecieron civilizaciones más avanzadas como la Sumeria y la Egipcia, entre otras, congregadas en la Mesopotamia y en las cercanías del río Nilo. Es un paso mayor el que producen los pueblos griegos y romanos, en donde van surgiendo individuos encargados de llevar a cabo el propósito de salvaguardar la salud de los animales domésticos. El hipiatra y el mulomédico estuvieron dedicados a los équidos. Para atender otros animales surgen "los especialistas", dedicados a los bovinos “los buiatras", las pequeñas especies como el "medicus pecuarios" y hasta los perros o cinoiatras.

Hacia la Edad Media o Medioevo prevalece la aparición del albéitar, distinguido del mariscal de procedencia germánica y dedicados principalmente al herraje. El abuso en cuanto a la dedicación al arte de curar de muchos aventureros que se hacían pasar por albéitares, trajo como consecuencia la creación

de examinadores, agrupados posteriormente en el llamado "Protoalbeiterato". Nadie podía actuar si no era examinado y aprobado en esta especie de tribunal.

La lucha más efectiva fue la creación de las escuelas de Veterinaria, siendo la primera la de Lyon, creada por el rey Luis XV en 1761, quien encargó de su dirección al abogado profesor de equitación Claude Bourgelat, a su vez fundador de la escuela de Alfort en 1765. Prácticamente el prestigio de estas escuelas y el de aquellas que se fundaron en otros países, acabó con el ejercicio de la albeitería y con la presencia del “Protoalbeiterato”, en 1780.

Fue en el siglo XIX cuando la Veterinaria comenzó a ocupar un puesto de relevante importancia en el campo de las ciencias. Ello se debió a la labor de insignes veterinarios como Galtier, Nocard, Guerin, Ramón, Perroncito, Salmon, Ostertag. Chauveau Arloing y otros, destacados, sobre todo, en Bacteriología y Parasitología.

En Venezuela, a pesar de varios intentos, sólo pudo crearse una Escuela Superior de Veterinaria en el año 1938, bajo la presidencia del general Eleazar López Contreras.

Antes habían actuado, durante el siglo XIX, curanderos famosos como Telmo Romero y médicos importantes dedicados a la Veterinaria por la carencia de profesionales del ramo.

Hoy en día tenemos una profesión en constante ascenso, con varias facultades a nivel nacional, una Ley de Ejercicio con su reglamento y, sobre todo, un gremio pujante y organizado, entregado con fervorosa mística al prestigio de sus acciones.

Nos place enormemente poder presentar este trabajo en el "Año Mundial de la Medicina Veterinaria", ofreciendo el esfuerzo como una contribución al lucimiento de tan loables propósitos.

INTRODUCCIóN

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Dedicatoria 2

Agradecimiento 3

Prólogo 4

Introducción 5

Índice General 6

I Parte

Evolución del hombre y su entorno 9

Aparición de las enfermedades 12

Aparición de pueblos más avanzados 12

Procedimientos médicos en los pueblos antiguos 14

Griegos y romanos 16

Otros tratamientos 19

Edad Media – Medioevo 20

Los árabes protagonistas de la medicina animal en el Medioevo 21

La medicina religiosa 21

Renacimiento 22

Primeras escuelas de veterinaria 22

Segismundo Malats i Codina 24

Veterinarios destacados en el siglo XIX: Surgimiento de la Veterinaria como ciencia 25

Referencia Bibliográfica 30

II Parte

Vayamos a tierras de Indias 31

Los comienzos en Venezuela 33

Prevalencia de la superchería 36

Recetario veterinario de Telmo Romero 37

Intentos con características científicas, nuevos personajes 39

La contribución científica 41

Otros aportes de la época a la investigación veterinaria 43

Se insiste en la educación veterinaria 45

Antonio Guzmán Blanco y sus afanes civilizadores 45

Arribo de veterinarios 48

Juan Vicente Gómez y sus aportes (1857 -1935) 49

Aparece Henry Pittier 52

El tercer presidente provisional 54

Creación del primer “Curso de Prácticos en Sanidad Animal” 56

Labor de Vladimir Kubes 57

Salen becados hacia el extranjero 60

Segundo curso de “Prácticos en Sanidad Animal” (Expertos en Veterinaria y Zootecnia) 61

Programa de estudios del segundo curso de “Prácticos en sanidad Animal (Expertos en Veterinaria y Zootecnia) 62

Referencia Bibliográfica 64

íNDICE GENERAl

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III Parte

Pasos iniciales y evolución en Venezuela 66

Eleazar López Contreras sucesor de Juan Vicente Gómez 67

Creación del Ministerio de Agricultura y Cría 69

Becas para estudios en el exterior y para integrar un tercer curso de “Prácticos en Sanidad Animal” 70

Muerte del doctor Alberto Adriani, primer ministro al servicio del ministerio de Agricultura y Cría 72

Se crea una estación experimental de Zootecnia y Campo de Aclimatación en el estado Aragua 72

Creación de la “Escuela Superior de Veterinaria” 75

Primera promoción de Médicos Veterinarios 77

Ley de ejercicio 80

Evolución de los estamentos directivos gremiales 80

Colegios de Médicos veterinarios 81

Las mujeres incursionan en la carrera para aumentar la solvencia del gremio 82

Referencia Bibliográfica 84

Epílogo 85

íNDICE GENERAl

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Augusto Comté

“No perdamos nada del pasado, porque sólo con el pasado se forma el porvenir”

Anatole France

“La historia no tiene en absoluto por función aplastar al hombre bajo el peso de su

pasado, sino mostrarle ese pasado, recordándole discretamente que somos sus herederos”

León E. Halein

“Necesitamos historia. Las generaciones nuevas tienen frente a si, sin saberlo, un vacío

que espanta”

Carlos Luís de Cuenca

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Evolución del hombre

y su entorno

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N

uestra historia debe comenzar cuando el hombre logra la domesticación de los animales salvajes que antes depredaba. La falta de una demostración más precisa nos obliga al uso de investigaciones arqueológicas y paleontológicas comprendidas entre miles y millones de años.

En la era Cenozoica encontramos los últimos sesenta y cinco millones de años en donde se incluyen los periodos terciario y cuaternario. Durante el terciario se desarrollaron los primates; a partir de allí tuvo lugar la hominización o sea, el largo proceso a través del cual el hombre perteneciente al orden primate, adquiere unos rasgos anatómicos particulares que lo distinguen de otros animales, así como la capacidad para modificar el medio e independizarse en cierta medida de él, con lo que se reduce el sometimiento a las presiones de la selección natural (Atlas de Biología, s/f., p. 103). Entre estos rasgos se destacan el bipedismo, la liberación de la mano y la cerebralizacion. Aunque el bipedismo no es exclusivo del hombre, la modificación en este último consistía en reducir el cansancio de la posición erecta, con la posición sentada. La liberación de la mano comienza con la disminución de la longitud del miembro superior, que ya comienza a liberarse del apoyo en el suelo. Al aumentar los movimientos del

antebrazo (pronación y supinación), la mano adquiere más movilidad a nivel de los dedos, principalmente con la aducción del primer dedo, lo que va a permitir una mejor aprehensión, por aumento de la fuerza en el agarre.

En la cerebralizacion la masa cerebral aumenta de volumen apareciendo zonas especiales a nivel de la neocorteza, como sucede en la zona temporal que va a constituir el asiento de la inteligencia. Se desarrollan las zonas del lenguaje, “descubiertas por Pierre Broca y Carl Wernicke, por encima y alrededor del oído”, (Carter Rita, 1998, pp., 11-12). El desarrollo del cerebelo y las estructuras del oído interno, le permiten una mayor seguridad de movimiento, resguardando el equilibrio.

Una vez en desarrollo, el hombre primitivo opta por atraer más bien a los animales de su entorno; todos los hallazgos arqueológicos y paleontológicos inducen a pensar que esto llega a ocurrir a finales del período cuaternario, principalmente entre el Mesolítico y el Neolítico. (En el Mesolítico comienza el abandono de una economía depredadora, orientándose la actividad hacia una economía de producción). La cacería en bandadas o por acoso fue paulatinamente suplantada por la búsqueda de la convivencia con el

Evolución del hombre

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animal; así se va distinguiendo el cuidador o pastor, quien se va encargando de mantenerlos obligándose a conservarlos para observar a la vez, sus cambios de conducta.

La historia por tanto, debe comenzar cuando el hombre logra la domesticación. Para ubicar el primer mamífero debemos trasladarnos a la era Cenozoica (periodo terciario), cuando ya habían aparecido las plantas fanerógamas (plantas con flores) de donde obtenían su principal articulo de alimentación hace cien millones de años, cuando aun existían los dinosaurios. Tan pronto como se produce el cambio de clima que hizo desaparecer a estos últimos, los mamíferos adquirieron mayor relevancia: crecieron mucho más fuertes y más variados en el periodo terciario, llamado por ello era de los mamíferos.

El primer animal del cual se tiene noticia de su domesticación es el asno, fácilmente explicable por las tendencias al nomadismo de los pueblos primitivos.

El ganado vacuno fue utilizado mucho antes que el caballo, como animales de carga (Ruiz Martínez, 1946, pp. 25-26). La palabra vaca deriva de la vieja raíz sánscrita «vah» que significa “carga” (Ibídem).

Los caballos tenían en la época terciaria el tamaño de un perro grande actual. El primero, el “Eohippus”, caminaba en la punta de los cuatro dedos de cada miembro. Le siguió el Mesohippus, con tres dedos en cada extremidad. El Merohippus, también poseía tres dedos en cada miembro; pero tan solo utilizaba uno de ellos cuando caminaban. En el Pliohippus los dedos se han hecho más pequeños y en el caballo actual se encuentra un solo dedo como apoyo, el mediano, transformándose los otros en dedos vestigiales, lo que condujo a una ganancia en velocidad (Vida Prehistórica, 1976, p.43).

El hombre del Neolítico era de los sucesores del hombre de Cromagnon que vivió en el pleistoceno superior y fue encontrado principalmente en Europa (Francia, Alemania, Italia, España, Gran Bretaña y Checoslovaquia). De allí deriva el Homo sapiens.

El hombre de Neanderthal derivó el Homo habilis, primitiva fase humana de desarrollo. El Homo habilis era de fácil aprehensión y con un bipedismo avanzado, sin llegar al del Homo erectus que sucedió al de más desarrollo, el Homo sapiens. Finalmente, el Homo sapiens sapiens es donde aparece el mentón y un cráneo amplio, que contiene un cerebro de un peso promedio de 1.300 cc, que oscilaba entre 1.000 y 2.000 cc, poseía “un bipedismo total con aprehensión poderosa y precisa”. Usaba la piedra y el hueso para la fabricación de herramientas, llegando a la elaborarlas a base de metales con la ayuda del fuego, fenómeno que comienza a ser aprovechado en la fase de Homo erectus (Day, 1971, p.153)

Por aquellos tiempos, el clima lo mismo que las plantas y los animales, eran muy parecidos a los actuales. Cuando se observa el esqueleto del hombre del Neolítico se advierte un cráneo braquiocefálico, columna recta y miembros inferiores netos de posición

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bípeda; así como miembros superiores más cortos y dedos conformados para la aprehensión precisa y un cráneo más grande para contener un cerebro de mayor volumen. Su principal contribución fue la obtención de alimentos con el cultivo de plantas y la domesticación de animales.

Todo condujo a la concentración de grupos, lo que mejoraba la vida social de la que derivaba una cooperativa. Se facilitó la fabricación de herramientas, el uso más racional del fuego, para el alumbrado y la cocción de alimentos. De allí derivó también la fabricación de mejores viviendas grupales y familiares.

En definitiva, al final de la era Cenozoica el género Homo se constituye como el primer antepasado del hombre. El hombre entonces es el resultado de un largo proceso evolutivo que se inicia en África a finales del periodo Terciario (Atlas Visual de la Ciencia, 2006, p.34)

Aparición de las enfermedades

El desarrollo de la raza humana trajo consigo la domesticación de los animales. La aparición de las enfermedades constituyó un gran misterio por el desconocimiento de las causas que las provocaban. No encontró el hombre otra razón como no fuera atribuírselas a seres desconocidos que actuaban con fines maléficos invadiendo el cuerpo del animal sano. Debía luchar entonces en el mismo terreno invocando seres benéficos que lograran desplazar a los seres malignos invasores.

Los jefes de grupo, al hacerse gregario el hombre primitivo, llegan a ser vistos como los más capaces de practicar tales acciones. A través de una mayor habilidad va apareciendo una especie de mago con rituales invocativos para los supuestos dioses protectores, inaugurando así una terapia adivinatoria y un tanto teúrgica. La experiencia ces va modificando esas actividades instaurándose así, progresivamente, un carácter más científico que, requirió siglos para arribar a la evolución actual.

Aparición de pueblos más avanzados

A las orillas de los ríos Tigris y Éufrates, así como en las riberas del Nilo y del Indo, se asentaron las primeras civilizaciones, entre los siglos IV y III AC

Tanto el Tigris como el Éufrates toman origen, en las montañas de Armenia, para luego separarse paulatinamente hasta alcanzar las tierras llanas muy separados. Vuelven a unir a nivel de la desembocadura en el Golfo Pérsico. La circunstancia de quedar una gran extensión de tierra entre los dos ríos fue la causa que motivó el nombre de Mesopotamia (Meso: entre y potamos rio o agua). Esta extensa región tenía dos divisiones territoriales: La Alta Mesopotamia, hacia el norte en comunicación con el país de Naharis o Siria (Cardona Castro, 1982, pp.55-56) y la Baja Mesopotamia, zona sur o Caldea, de terrenos pantanosos sujetos a periódicas inundaciones, pero reguladas para aprovecharlas como tierras de cultivo. Con una probable emigración de gente procedente ► Hombre de Neanderthal

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de Irán, hacia el año 3.000 AC se organiza el pueblo Sumerio y colindando con ellos hacia el norte, el pueblo Acadio de clara estirpe semita. Los pueblos de Sumer y de Akkad se unen en un solo Estado. Los amoritas, otro pueblo semita, alrededor del año 2.000 AC, se establecen en la zona de asentamiento acadio, fundando el antiguo imperio Caldeo, iniciando la grandeza de su capital Babilonia.

Los amoritas lograron mantenerse frente a nuevas invasiones bárbaras. Por la periferia de Mesopotamia entran pueblos arios o indoeuropeos como los hititas del Asia Menor. El poderío semita resurge con el pueblo asirio formado por temibles guerreros procedentes de la Alta Mesopotamia, aguas arriba del Tigris, que conquistan todo el ámbito de los dos ríos, desde el Mediterráneo al Golfo Pérsico, alcanzando su máximo apogeo durante los siglos VIII y VII AC, especialmente con Asurbanipal (669-628 AC) que enriquece la capital Nínive (Ibídem, p. 57). Esta capital en el año 612 AC, es destruida por los medos de origen ario, aliados con los neobabilonios o propiamente caldeos, acaudillados por Nabopolasar, quien con su sucesor Nabucodonosor logra el ultimo renacimiento de Babilonia. La caída de esta ultima en el año 538 AC en poder de los persas de Ciro “El

Grande”, representa el fin de los viejos imperios semitas mesopotámicos (Ibídem).

Volviendo a los sumerios, diremos que pertenecían a un pueblo muy antiguo, llamado Sumer, con su capital, la ciudad de Susa. Cuando los pueblos semitas invadieron a Ur, la célebre capital donde nació el patriarca Abraham, la Mesopotamia pasa a ser una especie de fundo del rey amorita Hammurabi (c. 1792- 1748, AC). Precisamente en estas tierras encuentra Morgan un bloque de diorita en donde estaba grabado el texto del Corpus iuris promulgado por este rey y que fue descifrado por el padre Saherl (Ruiz Martínez, 1946, ob. cit. p. 116).

En este código promulgado por este rey en Babilonia, poco antes de 1750 AC, se hace referencia, sobre todo, a los honorarios cobrados por los tratamientos practicados a los animales, así como la posible cura o el castigo de la mala praxis durante los mismos. Sí un animal muere por esta causa, el tratante tendría que pagar al dueño el equivalente a una parte de su valor.

Otro pueblo, el godo, vivió en la antigua Germania adonde había llegado de Escandinavia, estableciéndose en el siglo I AC, en el Bajo Vístula principal rio de la actual Polonia, que desemboca en el Mar Báltico.

El pueblo godo representaba la unión de los pueblos germanos: visigodos y astrogodos. Los godos practicaron una medicina animal a través del curandero. Se asegura que el herraje llegó a España a través de los godos (Gómez Piquer y Pérez García, 2000, p. 20)

Columna de Diorita | Código Hammurabi

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Los pueblos de la India tuvieron un libro religioso, el “Ayurveda” en donde se trataba extensamente lo concerniente a la salud y en él, escrito un poco después del año 1.500 AC, se asegura que Salihotra fue el primer tratante de los animales domésticos, actuando contra los males del caballo.

El pueblo hitita, constituía una de las civilizaciones más antiguas y tuvo como capital la ciudad de Hattusa (Scott, 2003, p.9). Fue considerado muy importante como pueblo y se cree que fue conformado por individuos que llegaron a Anatolia procedentes de Tracia hacia el año 2.000 AC Llegaron a dominar en el 1.700 AC, una extensa zona de Siria vecina al Mar Negro. Desde allí prosiguieron hasta Babilonia, que señalaba las fronteras del primer imperio hitita.

Los hititas manejaban como animales domésticos: el caballo, el asno, el buey, los ovinos, caprinos, burros, perros y hasta las abejas (Scott, 2003, Ob. cit. p, 137). Se tienen noticias que eran pastores nómadas para mantener a sus animales alimentados con pasto fresco. Las personas dedicadas a estos quehaceres “estuvieron exentos de incorporarse al ejercito” (Ibídem). Establecían el precio de los animales domésticos de acuerdo con el siguiente criterio: un caballo valía menos que un mulo, incluso que el caballo de tiro y el semental de un año. El mulo era considerado el animal de más alto precio, sin embargo el caballo terminó siendo el animal de más aprecio para sus propietarios. Por ningún animal se pagaba mas, en caso de robo, que por el caballo, llegándose al extremo de cancelar catorce veces su valor (Ibídem p, 138). En Hattusa se criaron caballos hacia el año 1.750 AC.

Procedimientos médicos en los pueblos

antiguos

El descubrimiento del Código de Eshuna aclaró mucho con respecto a los procedimientos usados por las tribus antiguas, como el descornado del ganado bovino para su mejor manejo.

El primer documento que se conoce referido a la medicina animal está representado por el Papiro de Kahun, distrito egipcio de Fayoun, provincia de Egipto, al sureste de El Cairo, célebre por sus contenidos paleontológicos y sus restos arqueológicos. Este papiro fue descubierto por F.L. Griffith, quien lo describe en un libro titulado: “Hieratic Papyri of Kahoun and Gurab”, publicado en 1898 (Walker, 1974, p. 79).

En el pueblo egipcio se implantó la inspección de los rumiantes sacrificados como ofrenda a los dioses, actuando individuos que autorizaban la salida del animal sacrificado, refrendando el grado de pureza del mismo, haciéndolo digno de ser ofrendado. Comenzaba la separación de lo normal de lo alterado, atribuyéndo las alteraciones a seres malignos.

Papiro de Kahun

Inspección de un bovino sacrificado; a la derecha el matarife, al centro el ayudante

esparciendo agua para limpiar y a la izquierda el técnico que corrobora la pureza.

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Cuando utilizaban las supuestas terapias religiosas se limitaban a oraciones y toques manuales como aquella concebida en los siguientes términos: “Yo paso mis manos entre sus patas delanteras con un vaso de agua a mi lado y después froto la espina y cada vez que pase la mano sobre ella, paso la misma sobre el vaso de agua. Cuando palpes el lugar enfermo sacarás sangre coagulada y algunas otras materias e incluso pus. Cuando sea precisamente pus lo que saques, sabrás por ello que el perro se ha curado (Ruiz Martínez, 1.946, ob. cit. p. 26)

En el Papiro de Kahun se reseñan medicaciones con algún criterio médico. Veamos lo expuesto ante una dolencia, cuando se indica el tratamiento.

1. Rebajo la temperatura del animal con afusiones de agua fresca y aplicaciones de plantas o frutos de jugos refrescantes sobre las partes del cuerpo. 2. Si bien no se puede recurrir al baño por que el

animal se resiste, se le hacen sangrías locales que actúan como derivativos que, además, representan un sacrificio parcial para calmar los demonios que lo poseen.

3. Si la magia no lo mejora emplee la cauterización y la sangría como recursos supremos (Ibídem, p. 32) Vemos que resulta una mezcla de aceptables procedimientos con otros no tan ajustados a las prácticas médicas, tales como la sangría y el cauterio, usados como recursos supremos.

Se hace difícil creer que un cauterio sea un derivativo que provoque una baja de la temperatura.

Estas recomendaciones contenidas en el Papiro de Kahun vienen a corroborar el uso de oraciones y ritos supuestamente mágicos, para tratar las enfermedades de los equinos, aunque las heridas las atendían limpiándolas cuidadosamente y aplicándoles algunos emplastes elaborados principalmente con higos en una especie de pastel.

En la China que existía como pueblo antes del siglo VIII AC existió un individuo que escribió una obra

sobre las enfermedades de los animales y el hombre. Entre los animales: el caballo, el ganado vacuno y los perros. Era conocido con el nombre de Wang Tao y varios siglos después otro personaje Ma Shi Huang “curaba caballos y dragones”. Los dragones no eran más que aquellos caballos que “sudaban sangre “ por estar padeciendo de la parasitosis conocida como Parafilaria multipapilosa.

Columella en ocasiones actuaba con criterios que actualmente deben reconocerse como apropiados, como el evitar que los animales defecaran sobre el forraje y procurar el aislamiento de los enfermos, pero en otras ocasiones actuaba con supersticiones como el de tratar los dolores de vientre en el ganado vacuno y en el caballo “nada más que viendo pasar patos” (Pérez, 1.994, p.117).

Para tratar la sarna del caballo recomendaba “frotar bien el animal expuesto a los rayos del sol, con resina de cedro o aceite de lentisco o con grasa de becerro marino, pero si la enfermedad estaba avanzada eran necesarios ¨remedios heroicos”, preparando una cocción por ejemplo, de partes iguales de betún, azufre y eléboro en pez liquida y manteca añeja. Para rematar volvía a lo inexplicable por lo inútil, “se debía raspar la parte afectada con un hierro lavándola con orina “(Ibídem)

En el pueblo de Israel se practicaba una medicina esencialmente teúrgica invocando a Jehová para sanar enfermedades supuestamente demoniacas, que se encontraban clasificadas en el Talmud, aunque en ciertos casos se atrevían a actuar con una rara medicina que consistía en aplicar órganos sanos contra los mismos órganos, pero enfermos, con lo que pretendían curar ciertos padecimientos. Usaban con frecuencia la grasa del caballo para tratar males estomacales y la carne cocida, que según ellos, actuaba contra todas las enfermedades. Contra la rabia del perro ocurrían a invocaciones contenidas en el Talmud. Consideraban este mal como la única causa por la que se podía matar a un perro.

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En la India se protegían los bovinos porque se consideraba a la vaca como “madre de los dioses”. Tanto se le protegía que se insinuaba y hasta se permitía a un tratante de un paciente humano, dejar de atenderlo si se comprobaba que había matado una vaca. En este pueblo aparece el primer hospital veterinario creado por el rey Asoka, quien ejerció su reinado entre los años 270 y 233 AC y se cree que nació en el año 279 AC Su reinado tenía como sede la población de Magudha, hacia el norte de la India. El nombre de pasoo kicisa distinguía en la India este primer hospital veterinario, utilizado para acoger los animales enfermos” (Ibídem, p. 16).

En los pueblos germanos era muy arraigada la creencia de que sin la actuación de la voluntad divina no podían curarse las enfermedades. Las pocas actividades médicas utilizadas, estaban resumidas a la práctica de la castración y trepanaciones, en caso de cenurosis de las ovejas (Ruiz Martínez, 1946, ob. cit., p. 57).

Griegos y romanos

Los griegos fueron grandes amantes de los caballos por lo que se dedicaron con esmero a la cría de estos animales, sobre todo para dedicarlos a la equitación o a la guerra. La castración era utilizada con cierta frecuencia para restarles la fogosidad de los animales enteros.

Desde Aristóteles (384-322) nacido en Estagira, hoy Stavro actual Grecia y muerto en Calcio en el año 322 AC, fue hijo de una familia de médicos, siendo él mismo medico del rey Amintas II de Macedonia, abuelo de Alejandro Magno. Estudió filosofía en la Academia de Platón, en Atenas se conocieron varias enfermedades propias de équidos. La especulación filosófica de Aristóteles, con afirmaciones como que la rabia no era transmisible al hombre no importando las mordeduras que se produjeran; desconcertaban, sin embargo, alguno de sus razonamientos sorprenden, como aquel en donde sostiene que existían en la sangre fibras, aparte del agua, que producían la coagulación (Aristóteles, 1945, p. 55).

Antes de Cristo se recopilaban, sobre todo, fórmulas de encantamiento y recetas provenientes del vulgo como cuando se decía que: “las vacas enfermas debían ser asistidas por hombres y jamás por mujeres” (Ruiz Martínez, 1946, ob. cit. p. 60).

El romano Catón (234-149 AC) en su obra “De re rustica” se ocupaba de recomendar la necesidad de cuidar con constancia la pezuña de los bueyes cubriéndolas cuidadosamente con pez liquida y para curar la sarna, padecimiento muy frecuente para la época, recomendaba una maceración de semillas de altramuz junto con amurco disuelto en agua o en vino, aplicando este preparado al cuerpo de la oveja afectada por dos o tres días y luego bañando el animal con agua de mar. Lo mismo podría hacerse contra la picadura de garrapatas. (Pérez, 1974, ob. cit. p. 16).

Plinio “El Viejo” (Cayo Plinio Segundo) escultor latino y militar, desempeñó varios cargos al lado del emperador Vespasiano. Escribió “Historia Natural” que comprende treinta y tres (33) libros que compendian todo el saber de su época. Allí, sin embargo, fue capaz de asegurar que la rabia del perro no era más que la consecuencia de un gusano que se le introducía al animal debajo de la lengua.

La civilización greco-romana después de la caída del Imperio Romano de Occidente, tiene un gran renacimiento durante el esplendor del imperio Bizantino. Durante los mejores días aparecen los Hippiatricus una recopilación de los conocimientos de los llamados Hippiatras de Bizancio acerca de la medicina animal.

En los tiempos de Bizancio “el veterinario se reclutaba, como los médicos, entre los libertos y los que se distinguían en esa función podían alcanzar los más altos puestos que después podían heredar sus hijos.” (Ruiz Martínez, 1946, ob. cit. p. 77).

En la época surge el escritor latino nacido en Cádiz, Lucio Junio Moderato Columela, rico hacendado andaluz quien escribió un extenso tratado conocido con el nombre “De re rustica" donde es apreciable la

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medicina aplicada a los bovinos y por primera vez al uso del vocablo “veterinario”.

En Bizancio seguidores de la medicina animal greco-romana, escribieron durante el siglo III de nuestra Era dos tratados: uno sobre agricultura llamado “Geopónica” y otro sobre cría y mantenimiento de caballos denominado “Hippiatrica” (Carrazzoni, 1993, p. 132).

Así mismo fueron importantes el Corpus hippiatricorum graecorum y Mulomedicina Chironis, ambos de autores anónimos y Ars veterinaria mulomedicina de Vegetius Renatus, aparecido a principios del siglo V (Ostrowski, 1998, Therius 29, 140:62-66).

Se debe destacar que la denominada Geoponica editada en griego por Cassianus Scholastikus, constaba de diecisiete (17) libros en donde sobresale el número dieciséis (16) referido a los caballos y al tratamiento de sus enfermedades, aunque también

comprende tópicos zootécnicos. Este libro incluye el nombre de los autores colaboradores como: Absirtos, Pelagonius, Anatolius, Vegetius, Hipócrates y Hieracles.

En cuanto al célebre Absirtos (algunos escriben Apsirto) se destaca lo que anota como los mejores momentos para el servicio de los padrotes equinos y la cronología dentaria del mismo animal. En capítulos distintos habla de la fiebre como enfermedad recomendando una terapia especial para cada tipo de fiebre (capítulos 4, 3 y 12). Como imprescindible recomienda la sangría hecha a nivel del cuello, del pecho o del pie, además de la aplicación frecuente de calor mediante paños o frazadas previamente calentadas, ayudados con masajes untando con antelación aceite y vino. Consideraba procedente evacuar los intestinos manteniendo posteriormente “un racionamiento dietético con garbanzo y harina de trigo” (Ibídem, p. 5). Cuando la fiebre estaba acompañada con inflamación a nivel de la garganta, recomendaba aplicar en el paladar sal y orégano y en los labios heces de vino.

Trata Absirtos la inflamación de los tendones en los caballos por exceso de trabajo, así como las bursitis y los higromas.

Absirto fue grecobizantino del siglo IV de nuestra Era, siendo veterinario jefe en el ejército de Constantino el emperador romano que aceptó la libertad de cultos (Pérez, 1974, ob. cit. p. 17).

Pelagorius, en el capítulo 8 recomendaba para las picadas de escorpión la bosta de cerdo como apósito, además de solanáceas, euforbia y sal.

Hieracles en el capítulo 10, se refiere a las neumonías y recomienda tratarlas con vinagre de ► Estatua en honor a Culumela en una plaza de

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vino caliente administrado por vía oral o con grasa de cerdo disuelta en orina humana, con el cuidado “que no sea de mujer en los días menstruales” (Ostrowsky, 1998, ob. cit. p. 8).

En Roma había veterinarios al servicio del emperador en funciones militares o administrativas en el caso del Cursus Imperial que no era más que un servicio de postas entre ciudades servidas por caballos o carruajes. El veterinario o los veterinarios, según la importancia de las postas, debían prestar atención a los caballos en caso de enfermedades o accidentes.

Se llegaron a escribir reglamentos militares, definiendo las distintas categorías de “inmunes” (personal exento de servicio ordenados en razón a sus especialidades.)

En cuanto a la práctica veterinaria común se caracterizaba en Roma por cuatro procedimientos principales: corte de la crin, preparación de cascos o pezuñas, sangría y purga de la cabeza. (Walker, 1974, ob. cit. p, 27). Los dos primeros eran tasados con precio de seis (6) denarios (antigua moneda romana aparecida en el siglo III AC) y los dos últimos, de mayor responsabilidad valían veinte (20) denarios.

La sangría llamada “deplectura”, la justificaban en una explicación en boca de Chiron: “cuando la sangre se corrompe por efecto de la indigestión de alimentos, circula por el cuerpo causando debilidad e hinchazón de las venas y la hinchazón produce una constricción y tensión que solamente pueden ser relajadas extrayendo la sangre corrompida”. También se recomendaba extraer la sangre a los caballos en primavera para extraer la vieja y contaminada de modo que pueda ser sustituida por nueva y sana (Ibídem, p. 28). Este sangrado era recomendado especialmente para los caballos de posta.

Para efectuar la sangría el veterinario usaba un instrumento al que denominaban “sagitta”, con una punta muy aguda y larga para penetrar en la vena y bastante ancha para producir una punción suficiente.

Para el tratamiento de las enfermedades de la cabeza se recomendaba la “Purgatio capitis”, o sangría de la cabeza. Vegetius justifica la operación argumentando que: “la cabeza es la más importante porción del cuerpo y dada su preeminencia rige sobre las demás partes. Contiene los sentidos del gusto, olfato, oído y visión y debido a su importancia el peligro es mayor si se debilita (…) Cuando las venas de la cabeza están completamente llenas distienden su membrana impidiendo un sueño reparador. Esta situación inevitablemente produce dolor y debilidad (Ibídem, p.30.)

Vegetius menciona cierto número de estados patológicos que afectan la cabeza del caballo:

4. Estado Apioso: andar en círculos. Cuando la sangre daña un lado del cerebro, el animal sufre desviación de la visión y desorientación mental. 5. Frenesí: cuando el animal tiene la sangre

corrompida se le afecta la sustancia interna del cerebro, el animal se vuelve frenético.

6. Dolor cardial: cuando la sangre no sólo llena el cerebro sino también el corazón, así como los vasos del estomago y del pecho. El animal tiene el corazón constreñido, pierde el conocimiento y transpira profusamente.

7. Rabia: ocurre cuando ya un caballo esta apioso y es atacado por una enfermedad del pecho donde el calor excesivo generado por el hígado causa constricción de las venas (strictum) y de los nervios del corazón. Termina explicando que el sobrecalentamiento de la sangre en el corazón acarrea dolor.

8. Tumor: según esta causa cuando el caballo padece un tumor a nivel de la cabeza “se vuelve estúpido y amodorrado. Se observa dificultad en volverse del lado afectado y el animal pierde el apetito, queda paulatinamente ciego y se recuesta de las paredes”. (Vegetius, 1974, p. 30).

Vale la pena anotar el uso del cauterio como contraparte de la sangría; “así como la extracción

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disminuía la tensión y reduce el “Strictum”, el cauterio por el calor contrae las partes excesivamente relajadas al secar el exceso de fluido (laxum), Este es el criterio plasmado por el propio Vegetius. Sin embargo aclara que el uso del cauterio había de ser tan solo el último recurso del mulomédico, aplicándose solamente cuando hubieran fracasado todos los demás tratamientos “(Ibídem).

Otros tratamientos

Los grecoromanos se esmeraban en el cuidado de los cascos y pezuñas por medio del mulomédico. Utilizaban medicamentos en forma de pomadas para aminorar las secuelas del desgaste y para alimentar y estimular el crecimiento. Preparaban generalmente dos recetas, a saber:

• 3 cabezas de ajo

• Un manojo de alhárgama • 2 onzas de alumbre en escamas • 2 lbs. de tocino de cerdo

• Un puñado de estiércol de asno (reciente) Todo mezclado y hervido en casa para utilizar durante el viaje. • 3 lbs. de alquitrán • 1 lb. de ajenjo • 9 cabezas de ajo • 1 lb. de tocino de cerdo • 1 ½ lb. de aceite viejo • 1 sextarius de vinagre

Todo hervido después de mezclado.

El mulomédico reconoce las cojeras de los caballos y les daba diferentes causas, tales como: desgaste del casco por malos caminos y largos viajes, marcha rápida sobre caminos de pisos duros y pedregosos e inactividad en establos que producen acumulación de humores en las patas.

Si se formaba un absceso recomendaban abrirlos para extraer el pus antes que alcanzara la corona del casco. Una vez extraído el pus aplicaban paños

impregnados con aceite de rosas, vinagre, sal y estiércol. Además protegían el casco por tres días.

Para algunos era mejor la prevención y recomendaban tener al animal instalado en un establo bien limpio, desprovisto de estiércol o humedad y entarimado con tablas de roble.

Cuando el animal haya regresado de un viaje deben lavarse las articulaciones del pie, sobre todo las cuartillas con vino caliente. Columella recomendaba cuidados parecidos para los bueyes y advertía que los remedios aplicados debían ser protegidos por un calzado o “calcea”, de los cuales los más utilizados eran: la Calcea spartea o Solea spartea, especie de envoltura de la pezuña con tela fuerte o con paja trenzada y la Solea ferrea, también llamada hiposandalia, especie de plancha metálica correspondiente a la suela con un anillo o gancho para sujetarla.

Los mulomédicos se atrevían con otros tratamientos para los drenajes de abscesos y el llamado batido de cataratas, la histerectomía en cerdas y camellos. Chiron explica cómo debía practicarse la

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corrección de un prolapso del recto. A este respecto decía:” si un caballo sufre de disentería su recto podía resultar invertido, para curar lo cual es preciso cortar en torno con gran cuidado para no dañar el intestino en un tramo anterior al recto. Si resultaba dañado no vuelve sino que permanece y el recto queda expuesto a la vista. El intestino sale fácilmente y el peligro de muerte es inminente”.

Edad Media - Medioevo

El transcurso de la llamada Edad Media se caracterizó por un largo periodo de altas y bajas, en lo que concierne al desarrollo de los pueblos. Su comienzo es más o menos preciso demarcándose una vez que se produce la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 y termina con la destrucción del Imperio Romano de Oriente, cuando los turcos invaden y se apoderan de Constantinopla (1.453) ciudad que había sustituido a Roma como capital.

Esta manera de limitar la Edad Media no la comparten algunos historiadores que dan inicio al periodo a partir de las invasiones de los bárbaros y precisamente para los españoles termina cuando el rey

Felipe III en 1.609 consigue arrojar del suelo de España a los musulmanes (Ruiz Martínez, 1.948, p.511)

Aunque los reyes católicos tomaron Granada en 1.492, la expulsión de los árabes fue decretada por el Rey Felipe III en 1.609, firmando en el Alcázar de Segovia el decreto el 4 de abril de ese año. Era parecido al de los reyes católicos firmado contra los judíos el año de 1.492. Para la firma del decreto Felipe III fue influenciado por el duque de Lerma y su confesor Gaspar de Córdoba (Andrés Ortolá, 1999).

Los pueblos llamados bárbaros por los romanos como, los celtas, tenían una cultura avanzada, pero hablaban una lengua que no entendían los pueblos invadidos. La palabra bárbaro viene de la voz sánscrita «varvara» que significa confuso o algo que no se puede entender (Ibídem).

Precisamente entre los celtas actuaban unos sacerdotes que practicaban una especie de magia para intentar la cura de los humanos y de los animales. Eran los llamados eubages; quienes también usaban la botánica para ayudar esa magia curandera que usaban en ritos especiales.

La adoración que por el caballo manifestaban los pueblos bárbaros era exagerada, hasta el punto que los godos, por ejemplo, consideraban un verdadero privilegio enterrar junto a sus guerreros, el cadáver de sus caballos.

Los francos igualaban en derechos a sus animales con sus esclavos: “quien robaba o mataba un caballo pagaba la misma indemnización al dueño que quien robaba o mataba un esclavo”. La ley Sálica preveía la indemnización por daños causados a los animales por el hombre, a este por los animales y a los animales por otros animales”. (Ibídem). La ley Sálica era un cuerpo de leyes de principios del siglo VI, promulgada por el rey Clodovico o Clovis I (¿466-511?), hijo del monarca merovingio Childerico I. Abrazó el catolicismo siendo bautizado en Roma por el obispo Remigio el día de Navidad. En el año 511, el mismo año de su muerte, anunció un concilio y ordenó la

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codificación de la ley de los sabios conocida con el nombre de ley Sálica (Diccionario de Biografías, s/f, p.222). Esta ley normaba principalmente la prohibición para que una mujer no fuera heredera del trono. También legislaba sobre crímenes, lesiones, robos y delitos cometidos en contra de los animales previendo indemnizaciones por daños.

Los árabes protagonistas de la medicina

animal en el Medioevo

Entre los árabes del siglo XII existió un autor a quien llamaban Abu Zacarías para abreviar un largo nombre: Abu Zacarías Jahya Inb Mohammed Inb el Awar, quien se dedicó a recopilar el arte veterinario de entonces para recogerlo en un libro al cual dio el nombre de «Kitab al Falahah»; que contenía cuatro capítulos referidos: a la cría, la higiene y las enfermedades de bóvidos y équidos, además de algunos aspectos referidos al camello.

En cuanto a los équidos, el capítulo referido a las enfermedades anota los tratamientos más frecuentes en las dolencias que afectaban los ojos, la nariz, los labios, la boca, los dientes, la cabeza y el cuello, así como el dorso y los miembros y dejaba para el final el capitulo referente a trastornos externos. Como terapia únicamente recomendaba el uso de plantas variadas y productos tanto animales como minerales. Se hizo frecuente: la manteca, la cantárida, la carne y su jugo, el bórax, las moscas, el cuerno de ciervo, excremento de varios animales y el amoniaco, que debían ser administrados en solución acuosa mezclada con aceite o con vinagre. En cuanto a la administración eran variadas las formas, tales como: ungüentos, emplastos, jabones, extractos y pastas como solventes. Eran muy afectos al uso de los baños, fricciones, irrigaciones y fumigaciones.

Se mostraron asiduos practicantes de la sangría usando para su práctica, las venas: safena, yugular, axilar y hasta la angular del ojo.

Se atrevieron a practicar la operación de cataratas por desprendimiento del cristalino o lente, usando

como medio quirúrgico un estilete. Usaron el cauterio y seccionaron el músculo elevador del labio superior en los casos de parálisis facial.

Con la sarna obtuvieron muy pocos aciertos a pesar de sus constantes tratamientos. La rabia la atendieron con urgencia por su morbilidad. Los edemas generalizados o “anasarcas” eran llamados Diermr y los trataron por medio de sangrías, fumigaciones y lavados aromáticos.

La diarrea llamada “albuquar”, la medicaban usando la cebada avinagrada como bebida, la harina de trigo, la cebada cocida y las hojas verdes de parra maceradas con el agua de beber. Consideraron el cauterio como derivativo (Ruiz Martínez, 1948. ob. cit.).

Las vías digestivas y respiratorias, así como las vías urinarias fueron objeto de esmerada atención. También intentaron la cura de afecciones del sistema nervioso. Las enfermedades respiratorias eran atribuidas a las marchas agotadoras y a los saltos violentos. Llamaron a la pulmonía «hetaka» y distinguieron la que consideraban típica, de la neumonía purulenta. La pulmonía aguda o típica fue atacada con sangría a nivel de la safena, leche de cabra y cebada cruda.

Hubo autores que se ocuparon de la Hipología (doma, juegos hípicos, cría, artes guerreros, cacerías, etc.) y de la Hipiatria (enfermedades, medicamentos, operaciones, arte de herrar), así como de los asuntos referidos a la higiene y patología de otros animales domésticos.

Los árabes estimaban tanto a los camellos que llegaron a llamar a su mujer preferida “mi camella” (la Nakati) (Ibídem, p. 521).

La medicina religiosa

Durante el apogeo del cristianismo la terapéutica estaba en manos de los santos quienes así se convirtieron en protectores ante las enfermedades. En cuanto al arte veterinario San Antonio se convirtió en

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el protector de los cerdos y los pequeños animales. San Eloy era el patrón de los mariscales y veterinarios (Ibídem, p. 530).

Una obra de la época llamada “La enfermedad del caballo y del bovino”, comenzaba con esta invocación: “En el nombre de Dios y de san Eloy”. En caso de pestes eran invocados San Roque y San Sebastián; San Huberto y Santa Quiteria en caso de rabia. San Blas protegia a todos los animales y San Antonio a los cerdos y al ganado menor. (Pérez, 1974. ob. cit. p. 18).

Renacimiento

En esta época tuvo su mayor surgimiento la anatomía veterinaria, apareciendo un primer libro que trataba sobre la anatomía del caballo, escrito por Carlo Ruini, italiano natural de Bolonia. Fue tan prolijo en sus descripciones e ilustraciones que el libro tuvo que ser escrito en cinco volúmenes, Su obra fue tan importante que dejó atrás la anatomía que habían desarrollado los romanos.

Durante la época renacentista el veterinario se ocupó mucho de la promoción social de la profesión. Uno de los nombres más ilustres en este sentido fue un hijo de la localidad Saint Etienne, Francia, nacido en 1.617 como vástago de un oficial de la Guardia Escocesa del rey de Francia, Luis XVI, de nombre Jacques Labosse de Solleysel, quien murió en 1.680 después de haberse enfrentado públicamente con los que llamaba “ignorantes hipiatras parisinos”. Había fundado previamente una escuela de equitación donde aprovechaba para ejercer gran influencia en los miembros de la nobleza y la alta burguesía, a quienes además de impartirles los conocimientos básicos de la equitación les transmitía informaciones sobre tratamientos veterinarios perfeccionados para sus caballos, tratando de que desecharan las supercherías de los hipiatras.

“Sus enseñanzas tuvieron un completo éxito pues cambiaron la manera de tratar los animales en el término aproximado de quince años. Todos

los achaques que los hipiatras con sus pocos conocimientos no alcanzaban a darles una explicación científica eran denominados en común “males de la cabeza” y criticaba entonces el uso que hacían del cauterio porque significaba la muerte del caballo, quien moría durante el tratamiento o tenía que ser sacrificado después de esta terapia extrema (Walker, 1974, Ob. cit. p. 69). Censuraba a los hipiatras por realizar aplicaciones del cauterio sobre la frente y por instilar medicamentos en el interior de los oídos, para el tratamiento de enfermedades pulmonares.

La aportación de Solleysel al arte veterinario consistió en reformar la práctica del hipiatra, estableciendo la investigación meticulosa y el sentido común, dignificando el oficio y defendiendo el respeto hacia el arte veterinario entre los hombres de ciencia. Esto debió allanar el camino para la fundación de las escuelas francesas de veterinaria (Ibídem, p. 69).

Primeras escuelas de Veterinaria

Mucho debió pesar sobre el rey de Francia Luis XV (1710-1774), el desastre que ocasionaron a la economía europea y principalmente a su país, las grandes plagas que azotaron al ganado entre los años 1.710 y 1.770, ocasionando la pérdida de casi la mitad del total de los efectivos que poseían.

También fueron muchas las peticiones de ayuda en cuanto asesoramiento para luchar de manera científica en contra de esa tragedia económica. Finalmente el rey autorizó el 4 de agosto de 1.761, el establecimiento de una escuela en la ciudad de Lyon en donde se iniciarían los estudios para luchar en contra de las enfermedades de toda clase de ganado. Encargó de su dirección a Claude Bourgelat, abogado, escritor y sobre todo profesor de equitación de la Real Academia de Lyon.

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Su amor hacia el caballo y la decisión de ayudar con su esfuerzo a la tarea de poner a funcionar debidamente esta escuela para quitar del ejercicio a tanto hipiatra inculto en las artes veterinarias, se debió seguramente al hecho de haber sido discípulo de Solleysel en la escuela de equitación. La Escuela de Veterinaria bajo su rectoría comenzó sus funciones el 13 de febrero del año 1.762, recibiendo el nombre de “Real Escuela de Veterinaria”. Considerada insuficiente para las necesidades del reino, se hizo necesario crear una segunda escuela en 1.766, dirigida también por Bourgelat, con la ayuda de un grupo de alumnos de Lyon. Así se creó la escuela de Maison- Alfort.

Ambas escuelas despertaron la necesidad de crear otras en otros países. En Europa fueron creadas hasta 1.805 treinta y una (31) facultades o escuelas, siendo la última creada en Ucrania, en la ciudad de Járkov,

que fue confirmada en 1.839. En España, la creación tuvo lugar en Madrid en 1.793.

En la nación española el Rey Carlos III (1.759-1788) con sus asesores previeron la necesidad de crear un establecimiento de enseñanza superior que colocara el arte veterinario en su verdadero sitial científico, para encarar las urgentes necesidades que estas acciones requerían.

Acertadamente fueron enviados hacia la Escuela Veterinaria de Alfort, en Paris, pensionados para cursar la carrera. Por Real Orden de fecha 5 de noviembre de 1.776 se envió a Bernardo Rodríguez, mariscal de las Reales Caballerizas, quien a su regreso (1781) entregó un informe de su exitoso curso superior. Las condiciones sociopolíticas de entonces no eran las mejores para la creación de la escuela, por lo que hubo que postergar la fundación de estos estudios a pesar de las recomendaciones en ese sentido de Bernardo Rodríguez.

Sin embargo, en 1.784 fueron pensionados hacia la misma escuela francesa los mariscales mayores Segismundo Malats e Hipólito Estévez de los Regimientos de Dragones de Lusitania y Almansa, para cursar la carrera durante tres años. El Rey tuvo el cuidado posterior de enviarlos hacia Alemania, Dinamarca, Inglaterra e Italia, con el propósito de que ampliaran sus conocimientos. Regresaron a España en los comienzos del año 1.789 (Gómez Piquer y Pérez García. 2000, ob. cit., p.30).

Estatua de Bourgelat en los jardines de la Facultad de Lyon, Francia

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El Rey Carlos III por Real Orden fechada el 7 de septiembre de 1.788, ordenó la creación de la escuela para la enseñanza de la veterinaria en Madrid, que llevó a efecto su hijo Carlos IV (1.788-1808) fundándola el 23 de febrero de 1.792, con el nombre de Real Colegio – Escuela Nacional de Veterinaria, siendo nombrados el 15 de marzo Segismundo Malats director e Hipólito Estévez, subdirector, con sueldos de treinta mil y veinticuatro mil reales respectivamente (Ibídem, p. 31).

Después de esta fecha fue decayendo la Albeitería así como el Protoalbeiterato, una vez que fueron graduándose veterinarios en la escuela de Madrid y en otras que le siguieron. El Tribunal del Protoalbeiterato había sido creado por medio de una pragmática de los reyes católicos en el año 1.500 con la finalidad de controlar la expedición de titulo para el ejercicio legal de los albéitares.

Por medio de una Carta Real de Isabel I de Castilla, firmada en la ciudad de Toledo el 21 de marzo de 1475 y dirigida a Francisco de Peñaloza, se ordenaba el establecimiento del Real Tribunal del Protoalbeiterato (Herrera Rojo, 1990), aunque

después de la emisión de una Pragmatica en marzo de 1.477 fue cuando entró en funciones (Etxaniz Makazaga, 2.000, Boletín LVIII, p.439).

Segismundo Malats i Codina

Era Mariscal en el ejército, sirviendo en el regimiento de Dragones de Lusitania y por Real Orden del rey Carlos III fue ascendido a mariscal mayor en el año 1.751.

Con motivo de las informaciones del conde de Aranda, cuando ejercía como embajador en Paris, relacionadas con la enseñanza veterinaria francesa y sus centros de enseñanza que se le solicitó a fin de implementarla en España, fueron enviados a Francia tanto Segismundo como Hipólito Estévez, con el fin de que cursaran estos estudios en la Escuela Veterinaria de Alfort, en el año 1784, con una pensión de quince reales. Por el éxito y nivel que Malats obtenía en sus estudios y los premios que obtuvo en la Escuela de Alfort el rey Carlos III le aumentó a 20 reales la asignación que le había concedido.

Se especializó después de tomar el grado, en la cría de caballos y otros animales domésticos y en ► Carlos III

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Economía Rural en varias provincias alemanas, así como en Dinamarca e Inglaterra. Después de su regreso a España en 1785, el rey por Real Orden le ordenó que redactara un plan de estudios para ubicar escuelas de Veterinaria en Córdoba y Madrid, junto con Hipólito Estévez. Estas no pudieron fundarse por falta de profesores y recursos económicos, por lo que se optó por crear solamente la de Madrid, en donde fueron designados director y subdirector, respectivamente.

Malats el 10 de marzo de 1.790 fue nombrado Mariscal Supernumerario de la Real Caballeriza y años después (02/10/ 1793) también por orden del rey, para la plaza de número en la misma caballeriza, por existir vacante. Esta nueva categoría llevaba adjunto el cargo de examinador de albéitares y herradores del reino (Pérez García, 2000, p. 17)

En 1.791 recibió el título de “Alcalde Examinador y Juez del Tribunal del Real Protoalbeiterato” así como el titulo y diploma de “socio e individuo corresponsal de la Sociedad Económica de Madrid” y de otras varias de Europa, tanto de la ciencia Veterinaria como de Medicina y otras ramas auxiliares (Ibídem, p. 18)

Finalmente el rey Carlos IV, le concedió tanto a él como a Estévez, el uso del “Don”, así como la gracia de Hidalguía, lo que les fue comunicado por escrito expedido en Aranjuez el día 10 de febrero de 1.793 (Ibídem).

Publicó un libro: «Elementos de Veterinaria», para enseñar a los alumnos del Real Colegio de Veterinaria de Madrid. En 1.795, un texto de Anatomía de dos tomos, entre 1.797-1.800 tres tomos de Patología y un último libro que tituló “Tratado de Patología y Cirugía Veterinaria”, conteniendo la descripción de las enfermedades externas y de algunas operaciones.

Don Segismundo Malats, colaboró, con el catedrático de química del Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, Don Pedro Gutiérrez Bruni, en la redacción de un reglamento de inspección de carnes y otro de Higiene. (Ibídem). Murió en la ciudad de Madrid el 24 de diciembre de 1.826, siendo inhumado en la Iglesia Parroquial de San Lorenzo de Madrid, y posteriormente trasladado hacia el Camposanto de la Puerta de Toledo, donde reposa definitivamente.

Veterinarios destacados en el siglo XIX:

Surgimiento de la Veterinaria como Ciencia

Durante el transcurso del siglo XVIII fue desapareciendo un arte de curar animales en donde eran más los intentos que los aciertos, utilizando toda clase de artilugios para justificar la existencia de aquellos que querían vivir de la magia y la superchería. Se hacia uso de una terapéutica que en la mayoría de las ocasiones o empeoraba la salud del animal o le causaba la muerte. Se utilizaban como medios heroicos la sangría y el cauterio, aplicando este ultimo como recurso supremo cuando los demás intentos fracasaban.

El advenimiento de la Albeitería y la Mariscaleria prendieron algunas esperanzas frustradas rápidamente por lo absurdo de sus argumentos. Era lógico que así fuera, porque el solo hecho de cuidar caballos para darles de comer y entrenarlos, no aportaba ningún adelanto científico en cuanto a terapéutica.

Tenía que aparecer gente más sensata en el ejercicio de curar animales para que se pensara en soluciones más adecuadas en la lucha contra las pestes que diezmaban los ganados. Prevaleció entonces la investigación sobre el mito y las artes mágicas. Aparecieron las escuelas de Veterinaria en Europa en el siglo XVIII y se fue fomentando un accionar más cónsonas con las verdades científicas.

Los hombres que se formaron al calor de esta ilustración desviaron sus desvelos hacia la búsqueda de soluciones acordes con la tragedia que representaban las pestes, ya que no sólo diezmaban ► Carlos IV

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los rebaños sino que constituían el motivo principal de descalabros económicos, al poner a los pueblos en situaciones precarias.

Fue la Microbiología la actividad científica que mayor éxito trajo a los veterinarios de entonces. Algunas de las más graves dolencias como la viruela, el carbunco y el muermo fueron principalísimos actores de graves preocupaciones.

En su estudio descollaron los siguientes veterinarios: Girard en 1.818, estudiaba las conse-cuencias de la viruela cuando era inoculada, Eilert, Gerlat y Brauell se adelantaban en el estudio del carbunco siguiendo las huellas dejadas por Rayer y Devaine (1812 – 1882), que habían señalado las características de unos microorganismos en forma de bastoncillos que tenían que ver con la patogenia. Delafond, se dedicó a

cultivarlos (1.850) y

Toussaint (1847 – 1890) consiguió la inmunidad anticarbuncosa.

El mismo Toussaint estudiando el cólera aviar cultivaba su agente causal, que había sido descubierto por otros dos veterinarios,

Edoardo Perroncito (1847 – 1936) y Semmer.

Galtier, quien falleció en 1.908 cuando estaba propuesto para el premio Nobel, había demostrado la inoculabilidad de la rabia al conejo y además, descubría un método de

inmunización (Serrano

Tomé, 1.978, pp.97-113).

Actuaron verdaderos investigadores como Chauveau (1765 – 1841), quien explica

científica-mente el fenómeno de la inmunidad por medio de la demostración de anticuerpos. Su alumno predilecto Saturnino Arloing (1846 – 1877), descubrió un método de vacunación anticarbuncuosa y un

método inmunizante con-tra el carbón sintomático. Actuó también demostrando el papel del estreptococo en la septicemia y del

vibrión séptico en la gangrena gaseosa (Ibídem, pp. 101-102).

Se reconocieron los méritos del gran maestro francés Bouley cuando se le escogió para presidir simultáneamente las Aca-demias de Medicina y de Ciencias en su país.

El veterinario Guerin (1872 – 1961) junto al médico Calmette fueron los autores de la que llama-ron vacuna antituberculosa (B.C.G.), en base a sus trabajos con el bacilo tuberculoso, hoy conocida como tuberculina, nombre

derivado del Bacilo

de Calmette y Guerin (Ibídem, P.102)

Las salmonellas pues-tas en evidencia por Daniel Elmer Salmon

(1.850-1.914), graduado en

Cornell, con trabajos efec-tuados junto a Theobald Smith (médico) (1.859 -1.934) y que por tal mo-► Toussaint

Pierre Victor Galtier

Edoardo Perroncito

Saturning Arloing

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tivo están distinguidas con el apellido del primero (Pérez, Osvaldo, s/f I y II).

Asimismo Edmundo

Nocard (1.850-1.903)

veterinario francés, tra-bajando en el Instituto Pasteur, demostró que un agente filtrable era el responsable de la perineumonía contagiosa bovina. Nocard con sus trabajos dio el nombre a las nocardias.

El veterinario militar Griffith Evans (1.835-1935) sirviendo en el ejército británico en la localidad de Punjab, India, descubrió, en equinos afectados con una dolencia que popularmente se co-nocía con el nombre de Surra, un tripanosoma que llevó después como nombre el de su descubridor ( Tripanosoma evansi). Lo importante es que este descubrimiento puso en evidencia que los tripanosomas si eran patógenos, ganándole la disputa a Timothy Lewis que sostenía lo contrario.

El propio Louis

Pasteur fué el primero que atribuyó a la tuberculina un efecto terapéutico ante la tuberculosis. Fue el médico veterinario Saturnino Arloing (1.846-1911) quien a fines del siglo XIX alertó sobre los efectos nocivos de la tuberculina cuando se usaba como curativa de esa enfermedad. Otro médico veterinario, con un nombre excesivamente largo

Bernard Launts Frederick Bang (1.848-1932), nacido en Dinamarca, descubrió en 1.896 el germen que producía la brucelosis bovina, lo que dio lugar a que hoy en día se conozca la enfermedad como enfermedad de Bang.

Theobald Smith y Frederick L. Kilborne fueron los que establecieron que las garrapatas transmitían las babesias que causaban las babesicosis en humanos y animales. Los dos habían estudiado en Cornell (Ibídem).

Con respecto a la rabia que tanta reputación dio al sabio Louis Pasteur deben considerarse algunos importantes trabajos hechos por veterinarios”. Víctor Galtier (1.846-1.908) candidato al premio Nobel de 1.908, precisamente el año de su deceso, fue el primero que demostró la existencia del virus rábico en las glándulas salivales y la inoculabilidad del virus en el conejo, lo que permitió evitar el riesgo de manejo de los perros (Ibídem). Sus estudios permitieron comprobar la duración del periodo de incubación y su disminución patogénica a través de sucesivas inoculaciones.

Años después de la muerte de Galtier (1.887) “recibió el reconocimiento de una comisión médica en la que figuraban Charcot, Brown-Sequart y Richet, en cuanto a la prioridad sobre Pasteur en el tratamiento antirrábico (Serrano Tomé, 1.976. ob. cit., p.101). ► Edmundo Nocard

Griffith Evans

Theobald Smith

Bernhard L. F. Bang

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La máxima figura de la Veterinaria, Gastón Ramón (1886 -1963), (llegó a dirigir el Instituto Pasteur), fue el descubridor de las vacunas asociadas, la acción de los coadyuvantes en las vacunas, el fenómeno de la floculación toxina- antitoxina que permitió desde entonces la valoración in vitro de estas sustancias de un modo más rápido y sin necesidad de acudir a la inoculación de animales de experimentación, lo que, además de más lento era muy inexacto y especialmente el descubrimiento de las antitoxinas, lo que ha permitido mediante la utilización de las vacunas antidiftérica y antitetánica, salvar tantísimas vidas humanas ( Ibídem, p.103).

Varios veterinarios han dado su nombre a sus descubrimientos, sobre todo, en el campo de la parasitología, entre otros Raillet descubridor de la railletina. Este veterinario junto con Lenckart aceptaron el término parasitología introducido por Latreille. Raillet fue catedrático de la Escuela Veterinaria de Alfort. El Alemán Ostortag le dio el nombre a la Ostertagia.

Se hace necesario mencionar los trabajos de investigación científica en asociación estrecha entre médicos y médicos veterinarios, Roux, médico y Nocard, veterinario, así como los de Koch y Schutz, Calmette y Guerin.

Los veterinarios han tomado parte importante en la medicina aeroespacial, sobre todo en cuanto a la epopeya del Apolo XI. El mayor Jones, primer patólogo veterinario que recibió muestras lunares para

determinar la posible toxicidad mediante inoculación de animales y plantas. El doctor Mc Queen veterinario especialista en Salud Publica, fue en la NASA Jefe de Microbiología. El mayor Smith fue el jefe del equipo de alimentación de los tripulantes de la nave Apolo XI (Serrano Tome, 1974, ob. cit. p.108).

Terminemos citando una frase del médico veterinario e historiador argentino, lamentablemente desaparecido, Osvaldo Antonio Pérez, ex presidente de ASARHIVE (Asociación Argentina de la Historia de la Veterinaria): “Se trata de defender algo que tiene que ver con la cultura y dentro de ella, con la profesión veterinaria específicamente, ello ha de servir para conocer un poco más sobre la contribución de la veterinaria a la sociedad”.

Durante el desarrollo del siglo XX, los veterinarios vuelven a alcanzar hitos importantes en el desarrollo científico de la Medicina Veterinaria.

Gastón Ramón en 1.915 comenzó a desarrollar “una de las más grandes contribuciones hechas por un veterinario a la humanidad” (Pérez, s/f ob. cit.), el descubrimiento de las anatoxinas (1.923). Se dedicó a inactivar las toxinas bacterianas tratándolas con formaldehido y calor, para obtener un producto con poder inmunógeno. Ramón fue nombrado director del Instituto Pasteur. Muy cerca estuvo de obtener el premio Nobel.

La quimioterapia para combatir la tuberculosis fue aplicada por un veterinario norteamericano (USA), William H. Feldman (1.893-1974), quien fue graduado en la Universidad de Colorado. Aplicó por vez primera con este propósito el antibiótico estreptomicina aislado por Selman A. Waksman a quien otro veterinario Beaudette en 1.932 le presentó un cultivo muerto de bacterias de la tuberculosis aviar contaminado por un hongo. El veterinario Beaudette “le aseguró que el hongo era la causa de la muerte y le solicitó que profundizara la investigación Beaudette era especialista en Patología Aviar y también había aislado en un pollo afectado por una infección laringotraqueal el actinomiceto. ”Al reconocer ► Gastón Ramón

Referencias

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