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Dicen los entendidos que el pasaje

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Academic year: 2021

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ISSN: 01226274

Ilustración: Freddy Bernal Camargo

Director: P. Joardin Martínez, ssp • Administración general: Cra. 46 No. 22A-90 • Tel.: 3682099 Editor: SAN PABLO Con Licencia Eclesiástica www.sanpablo.co

D

icen los entendidos que el pasaje que leemos hoy en el Evangelio de Marcos es como el final de su primera parte y punto de flexión hacia la segunda. Pronto dejará Galilea y empren- derá la subida a Jerusalén. Había empe- zado el libro anunciando: “Comienzo del evangelio de Jesús el Cristo, Hijo de Dios”.

Hoy leemos la primera confesión clara de Pedro: “Tú eres el Mesías”. Al final escu- charemos la sorprendente afirmación del centurión romano: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Estamos en el punto central del evangelio: se trata de la recta interpretación de la persona y de la misión de Jesús.

Ofrecí la espalda a los que me apalea- ban. De los cuatro “cantos del Siervo de Yahvé” que nos ofrece Isaías, leemos hoy el tercero, en el que subraya expresiva- mente las contradicciones que el Siervo tendrá que sufrir en el ejercicio de su misión: “Me apaleaban...mesaban mi barba... ultrajes y salivazos”. Es admira- ble la serenidad que le infunde al Siervo, ante ese panorama, la confianza que tiene en Dios, “sabiendo que no que- daría defraudado”. “¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. El Señor me ayuda, ¿quién me condenará?”.Tam- bién el salmista sabe lo que son las si- tuaciones difíciles: “Me envolvían redes de muerte, caí en tristeza y en angustia”.

Pero también a él lo salva la confianza en Dios: “El Señor escucha mi voz supli- cante... arrancó mi alma de la muerte...

estando yo sin fuerzas, me salvó”. Y está seguro que “caminará en presencia del Señor en el país de la vida”.

La fe, si no tiene obras, está muerta.

Santiago sigue planteando temas muy concretos en su carta. Esta vez es la rela- ción entre la fe y las obras. ¿Cómo puede salvar una fe sin obras?: “La fe, sin obras, por sí sola está muerta”. Pone una com- paración expresiva: el que a un pobre que está medio desnudo y hambriento, le consuela solo con palabras: “Dios te ampare, abrígate y llénate el estómago”, pero no hace nada para ayudarle de he- cho: ¿de qué sirve?

Tú eres el Mesías...El Hijo del hombre tiene que padecer mucho. La página de hoy es como el centro de todo el Evangelio de Marcos. En Cesarea de Filipo, Jesús hace, ante todo, como un sondeo o encuesta sobre lo que dice la gente de Él. Ense- guida su pregunta interpela a los doce:

“Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. La respuesta de Pedro es espontánea y deci- dida, más breve que en Mateo: “Tú eres el Mesías”. “Mesías” es el término hebreo que en griego se traduce por “Cristo” y en castellano “Ungido”. Sigue el man- dato del “secreto mesiánico”, porque la gente todavía no está preparada para en- tender su identidad profunda. J. A.

¿QUIÉN ES JESÚS PARA NOSOTROS?

SEPTIEMBRE - 2021 Año 63 - No. 3557 XXIV DOMINGO ORDINARIO Ciclo B

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por eso, con fe y confianza, elevemos nuestras

r los padres de familia, para que, con su a todos los de su casa en la fe y en la piedad.

ceda lo que te pedimos con ardiente fe. Por Je

Sé propicio, Señor, a nuestras súplicas, y re cibe con bondad las ofrendas de tus siervos,

™

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!

que sea su fuerza, y no nuestro sentimiento, lo

sión de nuestra fe en Cristo. Todos estamos

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Ritos iniciales

Monición de entrada

Comentador: La participación en la Eucaristía debe suscitar en nosotros una renovada fideli- dad a Cristo. Pidámosle al Padre del cielo que esta fidelidad se manifieste en un amor gene- roso por nuestros hermanos. Iniciemos con ale- gría esta celebración eucarística.

™ Antífona de entrada

Da la paz, Señor, a los que esperan en ti, que tus profetas te anuncien con fidelidad. Escu- cha las súplicas de tu siervo y las de tu pueblo Israel.

™ Acto penitencial

Hermanos: El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

O bien:

En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, re- conozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, hacen todos en común la confesión de sus pecados:

Asamblea: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mu- cho de pensamiento, palabra, obra y omisión:

Golpeándose el pecho, dicen:

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Luego prosiguen:

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Presidente: Dios todopoderoso tenga miseri- cordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso tenga misericordia de noso- tros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

™ Gloria

Unidos como pueblo de Dios, glorificamos, en este momento, la majestuosidad de Dios Padre y del Cordero con el himno del Gloria:

Gloria a Dios en el cielo...

Oración colecta

Míranos, oh Dios, creador y guía de todas las cosas, y, para que experimentemos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo cora- zón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…

Liturgia de la Palabra

Comentario a las lecturas

Comentador: El evangelio de este domingo inicia una intensa instrucción a los discípulos.

Jesús es el Mesías, pero su mesianismo pasa por el sufrimiento, la condena y la muerte. El profeta Isaías así lo canta, hablando del siervo de Yahvé; pero el salmista muestra su con- fianza en un Dios que viene en auxilio del que le invoca. Creer, como lo descubre el evangelio y lo ratifica Santiago, es aceptar un compro- miso vital que lleva a dar incluso la vida por seguir al Señor. Escuchemos atentos.

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías

El Señor Dios me abrió el oído, yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pe- dernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará?

ayuda, ¿quién me condenará? (

gustia. Invoqué el nombre del Señor: “Señor,

estando yo sin fuerzas, me salvó.

lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y

para el cuerpo, ¿de qué sirve?

Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe” (

™

del Señor, por la cual el mundo está crucificado

camino preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.

otros, Elías, y otros, uno de los profetas”. Él les pregunto: “¿Y ustedes, quién dicen que soy?”.

salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?” (

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único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido

Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepul tado, descendió a los infiernos, al tercer día

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debe suscitar en nosotros una renovada fideli esta fidelidad se manifieste en un amor gene

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tus profetas te anuncien con fidelidad. Escu

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Yo confieso ante Dios todopoderoso

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Unidos como pueblo de Dios, glorificamos, en

cosas, y, para que experimentemos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo cora

por el sufrimiento, la condena y la muerte. El profeta Isaías así lo canta, hablando del siervo de Yahvé; pero el salmista muestra su con fianza en un Dios que viene en auxilio del que y lo ratifica Santiago, es aceptar un compro

me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,

dernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos, ¿quién me acusará?

Que se acerque. Miren, el Señor Dios me ayuda, ¿quién me condenará? (Is 50, 5-9a).

Lector: Palabra de Dios.

Asamblea: Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial

Todos: Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.

• Amo al Señor, porque escucha mi voz supli- cante, porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco. R/.

• Me envolvían redes de muerte, me alcanza- ron los lazos del abismo, caí en tristeza y an- gustia. Invoqué el nombre del Señor: “Señor, salva mi vida”. R/.

• El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos:

estando yo sin fuerzas, me salvó. R/.

• Arrancó mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída. Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos.

R/. (Sal 114).

Segunda lectura

Lectura de la Carta del apóstol Santiago

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de ustedes les dice: “Vayan en paz, abrí- guense y sáciense”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?

Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe” (St 2, 14-18).

Lector: Palabra de Dios.

Asamblea: Te alabamos, Señor.

™ Aclamación antes del Evangelio

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor, por la cual el mundo está crucificado para mi, y yo para el mundo. R/.

Evangelio

Del Evangelio según san Marcos En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se diri- gieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.

Ellos le contestaron: “Unos, Juan el Bautista;

otros, Elías, y otros, uno de los profetas”.

Él les pregunto: “¿Y ustedes, quién dicen que soy?”.

Tomando la palabra Pedro le dijo: “Tú eres el Mesías”.

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.

Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser eje- cutado y resucitar a los tres días”.

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.

Pero Él se volvió y, mirando a los discípulos, in- crepó a Pedro: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!

¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”.

Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Por- que, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?” (Mc 8, 27-35).

Presidente: Palabra del Señor.

Asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús.

™ Credo de los apóstoles

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepul- tado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cie- los y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a

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Lunes 13 San Juan criSóStoMo, obispo y doctor de la Iglesia, Memoria obligatoria / Blanco / 1Tm 2, 1-8; Sal 27, 2.7.8-9; Lc 7, 1-10 M14 Feria / Ver- de / 1Tm 3, 1-13; Sal 100, 1-2ab.2cd-3ab.5.6; Lc 7, 11-17 M15 nueStra Señorade loS doloreS, Memoria obligatoria / Blanco / Hb 5, 7-9; Sal 30, 2-3a.3bc-4.5-6.15-16.20; Jn 19, 25-27 o Lc 2, 33- 35 J16 SantoS cornelio, papa, y ciPriano, obispo, mártires, Memoria obligatoria / Rojo / 1Tm 4, 12- 16; Sal 110, 7-8.9.10; Lc 7, 36-50 V17 Feria o san Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia, Memoria libre / Verde o Blanco / 1Tm 6, 2c-12;

Sal 48, 6-7.8-10.17-18.19-20; Lc 8, 1-3 S18 Feria o B.V.M. / Verde o Blanco / 1Tm 6, 13-16; Sal 99, 2.3.4.5; Lc 8, 4-15.

LITURGIA DE LAS HORAS: TOMO IV /SALTERIO: 4ª SEMANA

La Palabra de cada día (Septiembre 13 al 18)

vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los san- tos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Oración de los fieles

Presidente: Dios bendice con abundancia a los que entregan su vida por la causa del Reino, por eso, con fe y confianza, elevemos nuestras necesidades al Padre del cielo diciendo:

Todos: Escúchanos, Padre nuestro.

1. Por el Papa y los demás ministros de la Igle- sia, para que sepan asumir la cruz de Cristo con valentía, y sirvan a los hermanos con amor y misericordia. Oremos.

2. Por la comunidad latinoamericana, para que reconozca el valor de la unidad, camine por sendas de justicia y consolide las bases de una paz duradera. Oremos.

3. Por los que cumplen condena en las cárce- les, para que encuentren medios e institu- ciones que les ayuden a reinsertarse en la sociedad. Oremos.

4. Por los padres de familia, para que, con su ejemplo y su palabra, eduquen a sus hijos y a todos los de su casa en la fe y en la piedad.

Oremos.

5. Por nosotros, para que Dios abra nuestros corazones a su gracia, abandonemos el pe- cado y, practicando la justicia y la caridad, caminemos hacia la vida. Oremos.

Intenciones particulares.

Presidente: Escucha, Dios de misericordia, la oración de tu pueblo; que tu bondad nos con- ceda lo que te pedimos con ardiente fe. Por Je- sucristo, nuestro Señor. Amén.

Liturgia de la Eucaristía

Oración sobre las ofrendas

Sé propicio, Señor, a nuestras súplicas, y re- cibe con bondad las ofrendas de tus siervos,

para que la oblación de cada uno en honor de tu nombre sirva para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

™ Antífona de comunión

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!

Los humanos se acogen a la sombra de tus alas.

Oración después de la comunión

Que la acción de este don celestial, Señor, pe- netre en nuestro cuerpo y nuestro espíritu para que sea su fuerza, y no nuestro sentimiento, lo que llegue a prevalecer en nosotros. Por Jesu- cristo, nuestro Señor. Amén.

Rito de conclusión

Bendición y despedida: Nuestra celebración de la Eucaristía ha de ser siempre una expre- sión de nuestra fe en Cristo. Todos estamos llamados a proclamar a Cristo como nuestro único Salvador. Vayamos a nuestras casas a compartir lo que tenemos con los más necesi- tados. Pueden ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

Referencias

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