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Guerra del Chaco

Guerra del Chaco

Fecha 9 de septiembre de 1932 al 12 de junio de 1935.

Lugar América del Sur - Chaco Boreal

Coordenadas21°19′38″S 59°44′12″O [1]Coord.:21°19′38″S

59°44′12″O [1]

Causas Problemas de límites, petróleo, militarismo, salida al

mar.

Conflicto Disputa territorial boliviano-paraguaya

Resultado Fijación de límites definitivos entre Paraguay y

Bolivia.

Beligerantes

República de Bolivia República del Paraguay

Comandantes Filiberto Osorio José Leonardo Lanza Hans Kundt Enrique Peñaranda

José Félix Estigarribia

Fuerzas en combate Movilizados en 3 años 250 000 soldados Movilizados en 3 años 120 000 soldados Bajas Muertos y desaparecidos: 60 000 Prisioneros: 25 000. Muertos y desaparecidos: 30 000 Prisioneros: 2 500.

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Teatro de operaciones y máximo avance de los ejércitos de Bolivia y Paraguay.

La Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró desde el 9 de septiembre del año 1932 hasta el 12 de junio de 1935, por el control del Chaco Boreal. Fue la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo XX. En los 3 años de duración, Bolivia movilizó 250 000 soldados y Paraguay 120 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos. Los distintos tipos de enfermedades tanto físicas como psicológicas, la característica hostil del teatro de operaciones y la falta de agua y buena alimentación produjeron el mayor porcentaje de bajas y afectaron la salud de los soldados sobrevivientes, a muchos de por vida.

El enfrentamiento consumió ingentes recursos económicos de ambos países, de por sí muy pobres. El Paraguay abasteció a su ejército con la gran cantidad de armas y equipos capturados en distintas batallas. Terminada la guerra, algunos excedentes los vendió a España. El cese de las hostilidades se acordó el 12 de

junio de 1935. Bajo la presión de los Estados Unidos, por un tratado secreto firmado el 9 de julio de 1938, el Paraguay cedió 110 000 km² ocupados por su ejército al cese de las hostilidades.[2] El Tratado de Paz, Amistad y Límites se firmó el 21 de julio de 1938 y el 27 de abril de 2009 se estableció el acuerdo de límites definitivo. La zona en litigio quedó dividida en una cuarta parte bajo soberanía boliviana y tres cuartas partes partes bajo soberanía paraguaya. Bolivia recibió una zona a orillas del alto río Paraguay.

Descripción de la región en litigio

La región central sudamericana conocida como Gran Chaco se divide, de norte a sur, en tres regiones: Chaco Boreal ―al norte del río Pilcomayo―, el Chaco Central ―entre ese río y el río Bermejo―, y al sur de este último el Chaco Austral. El área disputada entre Bolivia y Paraguay correspondió exclusivamente al Chaco Boreal.

El Chaco Boreal posee una extensión de aproximadamente 650 000 km² (un poco menos que Francia) y hasta fines de la década de 1920 estuvo casi despoblado y sin explorar. Sus límites son: al sur el río Pilcomayo y la Argentina; al este el río Paraguay y la región oriental del Paraguay; al noroeste la precordillera boliviana y al noreste las regiones selváticas de Brasil y Bolivia.

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Paisaje del Chaco Boreal, el árbol es el

Schinopsis balansae.

La región estaba cubierta por bosques, matorrales espinosos y palmeras. En la franja cercana al río Paraguay, se explotaba el quebracho para la producción del tanino. El desarrollo de la agricultura en esa época era escasa.

El monte [chaqueño] es el absurdo materializado en árboles. Es el terrible mundo de la desorientación. En todas partes es el mismo, bajo, sucio, verde terroso. […] Sus árboles, no son árboles, son espantajos de formas torturadas, en cuya corteza rumian su miseria fisiológica espinas y parásitos [que] crecen prendidos a una tierra estéril e infecunda, por eso viven y mueren sin adornar sus ramas con la verde caricia de la hoja ni el milagro luminoso del fruto.

Carlos Arce Salinas, excombatiente y político boliviano

(Arce Aguirre, 2009, p. 32) El clima de tipo semitropical era semiestépico en el sector oriental, y continental en el sector occidental. La temperatura podía llegar a los casi 50 °C en verano, y ser inferior a los 0 °C. en el invierno. Era el hábitat de una gran variedad de serpientes venenosas y de insectos portadores de enfermedades, como la vinchuca y el mosquito. El agua era escasa y salobre en las zonas centrales; los pocos pozos y lagunas existentes tuvieron una importancia vital durante la guerra pero la contaminación de los mismos produjeron muchas bajas por disentería.

Hay un magnífico pozo de agua en Platanillos. Los paraguayos al retirarse le pusieron una bomba. Tiene 40 metros de profundidad y se hacen esfuerzos por rehabilitarlo. Pero su agua es intomable por lo nauseabunda. Se ha extraído ya enorme cantidad de agua, es cristalina pero infecta, hedionda a curtiembre, a cueros podridos. Se espera el resultado de los análisis de Villa Montes.

Luis Fernando Guachalla, pagador del Segundo Cuerpo boliviano, 5 de marzo de 1933 (Guachalla, 1978, p. 248) Durante la temporada de lluvia, de diciembre a mayo, los pocos caminos, que eran senderos polvorientos durante la mayor parte del año, se convertían en fangales intransitables debido a la poca permeabilidad del suelo. Esta inhóspita región fue muchas veces el enemigo principal que enfrentaron ambos contendientes.

Antecedentes y causas

Los antecedentes y causas de la guerra del Chaco son complejos. Cuando Bolivia y Paraguay se volvieron estados independientes heredaron de la época colonial una vaga determinación de los límites de esa zona inhóspita y despoblada por lo que tuvieron que fijar sus respectivas jurisdicciones de acuerdo con documentos muchas veces contradictorios o mediante el trazado de líneas geodésicas. Los cuatro tratados de límites que se acordaron entre 1879 y 1907 no fueron aceptados definitivamente por ninguna de las partes. Cuando Bolivia perdió la salida al océano Pacífico, como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879), esa región adquirió un valor estratégico para ese país: la ocupación del Chaco Boreal fue necesaria para salir al océano Atlántico por el río Paraguay. Ambos países realizaron pocas expediciones al Chaco. Otra causa fue la supuesta existencia de petróleo en el subsuelo chaqueño que la Standard Oil ya extraía en sus bordes serranos. Esa empresa había fracasado en su intento por sacar el petróleo boliviano por un oleoducto en territorio argentino hasta la refinería que tenía una subsidiaria suya sobre el río Paraná quedándole como única opción cruzar por el Chaco Boreal hacia el río Paraguay, lo más al sur posible.[3]

El Paraguay, unas décadas antes, había sido devastado por la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Una de las consecuencias fue la pérdida de enormes territorios en la zona oriental. Respecto del Chaco Boreal, Argentina pretendió incorporar una parte a su territorio, pero tras recurrir en 1879 al arbitraje del presidente estadounidense Rutherford Hayes, este falló que la zona comprendida entre el río Pilcomayo y el Verde, al norte, correspondía al

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Paraguay. Con estos antecedentes, era difícil que ese país pudiera aceptar las pretensiones bolivianas sobre el Chaco Boreal.

Comandantes en jefe de los ejércitos

Daniel Salamanca, presidente de Bolivia entre 1931 y 1934.

General Hans Kundt

Comandantes bolivianos

Durante la guerra del Chaco, el ejército boliviano fue dirigido sucesivamente por cuatro generales:

•• Filiberto Osorio (desde septiembre a octubre de 1932); •• José Leonardo Lanza (desde octubre a diciembre de 1932); • Hans Kundt (desde diciembre de 1932 a diciembre de 1933); • Enrique Peñaranda Castillo (desde diciembre de 1933 hasta finalizar

la guerra).

Detrás de ellos tuvieron fuerte influencia el presidente Daniel Salamanca y la oligarquía boliviana. Osorio y Kundt fueron sustituidos por errores de conducción y motivos políticos.

• Hans Kundt fue la principal figura militar en Bolivia en las dos décadas anteriores a la guerra. Llegó al país el 11 de marzo de 1911, con el grado de mayor, encabezando una misión de 18 militares alemanes contratada por el estado boliviano para reorganizar el ejército. Su buena actuación, exclusivamente técnica, le valió el ascenso a general del ejército boliviano.

En 1914, estando de vacaciones en Alemania estalló la Primera Guerra Mundial. Participó esencialmente en el frente oriental y luego en el frente occidental. Se retiró del ejército alemán con el grado de general y regresó a Bolivia en 1921 como un civil. Fue nuevamente contratado por el presidente Saavedra, se nacionalizó boliviano en 1921 y asumió la jefatura del Estado Mayor hasta 1926, pero con funciones cada vez más ligadas con la política interna boliviana. A mediados de 1930, intentó orientar a los oficiales bolivianos en cuestiones políticas a favor de la re-elección del presidente Hernán Siles. Cuando este fue derrocado, tuvo que exiliarse.

En diciembre de 1932, ya con 63 años, fue llamado por el gobierno para dirigir al ejército boliviano en campaña. Fue calificado como oficial tropero, por no poseer estudios de Estado Mayor, lo que influyó en la deficiente movilización del ejército boliviano en 1928 con su secuela de saqueos, disturbios,

amotinamientos y deserciones. No solo tuvo que enfrentar al ejército paraguayo, sino también a las intrigas de los oficiales del alto mando boliviano. Tras los sucesivos fracasos en Nanawa, Campo Grande y en Alihuatá-Campo Vía, fue destituido por Daniel Salamanca en diciembre de 1933. Abandonó Bolivia y falleció en Suiza seis años después.

• Enrique Peñaranda Castillo fue elegido por el presidente Salamanca como sucesor de Kundt por haber escapado del cerco de Campo Vía, hecho que no fue cierto y que Peñaranda evitó aclarar.[4]

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Participó, antes de la guerra, en el engaño del alto mando boliviano al presidente Salamanca con motivo de la ocupación del fortín paraguayo Carlos A. López, amparándose en la obediencia debida.[5]

Careciendo de un punto de vista estratégico propio, y engañoso casi por omisión en sus relaciones civil-militares, Peñaranda era una misteriosa mezcla de «camaradería de rancho», que le daba acceso a las sugerencias de los subordinados) y de intolerancia cuartelera cuando estaba irritado (complicando así sus relaciones con Salamanca (Dunkerley, 1987, p. 223)

El general Peñaranda continúa siendo el hombre sin carácter ni iniciativa propia. Esta impresión se ha hecho conciencia en el ejército y nadie la disimula.

Presidente Salamanca (Querejazu Calvo, 1981) Si bien presentó su renuncia dos veces antes de la batalla de El Carmen, el presidente Salamanca hizo caso omiso de ellas porque consideró que las distintas fracciones del ejército lo respetaban porque no hacia sombra a nadie.[6]

Salamanca lo responsabilizó por la derrota en El Carmen e intentó sustituirlo.[7]Este hecho motivó que el 27 de noviembre de 1934, Peñaranda encabezara el motín conocido como el Corralito de Villamontes y que por haber sucedido en tiempos de guerra fue calificado como de «traición a la Patria».[8]

Poco tiempo después Peñaranda no pudo evitar el colapso del Segundo Cuerpo boliviano frente a La Faye al no imponer su autoridad al coronel David Toro para que se retirara a un lugar más seguro.[9]A partir de ese momento, y con el ascenso del coronel Toro al cargo de jefe del estado mayor, comandó el ejército casi en forma colegiada con él. El historiador Bruce W. Farcau sostiene que está pendiente de evaluación si la conducción de Peñaranda no fue peor que la del denostado Kundt.[10]

Comandante paraguayo

En contraste con los sucesivos comandantes en jefe bolivianos, el ejército paraguayo fue dirigido por José Félix Estigarribia desde el comienzo hasta finalizar la guerra, periodo en el cual nunca abandonó el Chaco.

José Félix Estigarribia. De origen humilde, realizó estudios en la Facultad de Agronomía. Luego de obtener el diploma cambió de carrera y en 1910 se alistó en el ejército con el cargo de teniente de infantería. De 1911 a 1913, asistió a la Escuela Militar Bernardo O’Higgins, en Chile. En 1917, debido a sus aptitudes, fue ascendido a capitán. Fue seleccionado para asistir al curso de Estado Mayor en la École Supérieure de Guerre en Francia. Era un estudioso de la guerra de movimiento superadora de las estrategias de la Primera Guerra Mundial. Su primera experiencia militar en el desierto lo hizo en Marruecos, en las operaciones que realizó el ejército francés al mando del mariscal Louis Lyautey. En 1927 culminó el curso de tres años de duración y en 1928 fue nombrado jefe de Estado Mayor. Cuando la guerra parecía inevitable, el gobierno decidió que Estigarribia era el hombre más capacitado para dirigir al ejército paraguayo.

En abril de 1931 fue ascendido a teniente coronel y el 18 de junio asumió el comando de la 1.ª División con asiento en el puerto Casado, en el Chaco Boreal. Después de la batalla del fortín Boquerón, en septiembre de 1932, fue ascendido a coronel, grado con el cual comandó el ejército paraguayo hasta septiembre de 1933. Tras el exitoso cerco de Campo Grande fue ascendido a general. Era un hombre tranquilo, serio y austero, en su inconfundible uniforme con las mangas siempre cortas. El buen conocimiento de cada oficial bajo su mando le permitió exigir a cada uno el máximo de esfuerzo que podía dar. Dirigió las operaciones desde muy cerca del frente para agilizar la toma de decisiones y dejó en libertad a sus oficiales para que realizaran las operaciones tácticas que el momento y lugar lo requirieran. Se lo ha criticado por haber sido excesivamente conservador en los primeros meses del conflicto. Su mayor logro estratégico fue conducir la guerra en el desierto chaqueño como si se tratara de una batalla naval.

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Estrategias de los ejércitos

Camión Ford similar a los que usaron Bolivia y Paraguay.

Estrategia boliviana

La estrategia boliviana se apoyó en la indudable superioridad de recursos económicos y de población (3 a 1) que tenía sobre el Paraguay. Para el Estado Mayor boliviano la ocupación del Chaco y el acceso al río Paraguay era más un problema diplomático que militar.

El teniente coronel Ángel Rodríguez consideraba que solo había agua suficiente para enviar a cinco mil hombres, y que solo las unidades no más grandes que una compañía podrían maniobrar entre los

arbustos, mientras que Kundt seguía firmemente convencido de que tres mil hombres bastarían para tomar Asunción (Dunkerley, 1987, p. 207).

No se tuvo en cuenta la historia de ese pequeño país ubicado al sur y a la importancia que le daba a la posesión del Chaco Boreal. En 1928, el doctor Salamanca, para quien el Paraguay era «la más miserable de las republiquetas de Sudamérica»,[11] decía:

Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa […]. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a la prueba del fuego para salvar sus almas […] los países como el nuestro, que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay […] único país al que podemos atacar con seguridades de victoria.

Daniel Salamanca (Antezana Villagrán, 1982, p. 12/13 vol. 2). Comenzada la guerra, Bolivia no realizó una movilización total, consideró que era suficiente llevar adelante una guerra económica y que no alterara la vida cotidiana de la población.[12]

Por estas razones no se intentó mejorar el abastecimiento hasta el lejano frente chaqueño construyendo una línea férrea hasta Muñoz y el imprescindible puente sobre el río Pilcomayo.[13] Las tropas fueron transportadas en camión y ferrocarril hasta Villazón, desde allí en camión hasta Tarija y desde ese punto a pie hasta Villamontes, la base principal en el Chaco. Desde allí los soldados tuvieron que marchar hasta 400 kilómetros a través del polvo, barro y el calor sofocante del Chaco Boreal. El medio básico de transporte fue el camión, y estos siempre escasearon.

Dígame señor general, ¿qué piensan hacer con los 600 camiones y qué han hecho con los últimos 20 que he comprado hace dos meses?

Presidente Salamanca al Jefe de Estado Mayor (Dunkerley, 1987, p. 214) Para cubrir las seis etapas del tramo Villazón-Muñoz se necesitaban 480 camiones. Como solo había unidades para los pertrechos y sobre todo el agua, los soldados tuvieron que movilizarse a pie durante toda la guerra. Los vehículos estuvieron limitados a su vez por los malos caminos, todos de tierra y que las lluvias hacían intransitables.[14]

Bolivia priorizó la ocupación territorial para justificar «de facto» sus derechos (Vid. Incidente de laguna Pitiantuta). La pérdida de un fortín fueron vividas dramáticamente por el pueblo, el gobierno y el ejército bolivianos hasta el punto de ocultarse la información entre sí.[15] Los partidos políticos, el regionalismo y la prensa de la oposición no perdieron ninguna oportunidad para criticar al presidente Salamanca y al alto mando con el único objetivo de lograr una mayor cuota de poder.[16]

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La preparación de los oficiales y la del mismo Kundt no estaban actualizadas. El Colegio Militar era refugio de estudiantes réprobos y bachilleres fracasados.[17] Muy pocos recibieron capacitación superior una vez egresados de ese Colegio, dentro o fuera del país.[18] Los ascensos se digitaron políticamente en negociaciones abiertas. La misión militar española que llegó en febrero de 1931 observó que se enseñaba materias elementales como álgebra a coroneles y topografía a egresados de la Escuela Superior de Guerra.[19] Primaban las doctrinas de la Primera Guerra Mundial con sus ataques frontales con enorme costo en vidas y que ya estaban siendo superadas por concepciones más modernas. Antes que comenzara la guerra, pese a los años a cargo del ejército boliviano, el general Hans Kundt nunca estuvo en el Chaco.[20]

Para los soldados que venían del altiplano fue difícil adaptarse física y psíquicamente al hábitat chaqueño. La unidad del pueblo frente a la guerra fue débil debido al anacrónico feudalismo agrario boliviano.[21] En 1927, al norte de Potosí, los llamados «campesinos» se levantaron contra la oligarquía terrateniente boliviana en tres oportunidades; Eduardo Nina Quispe (1930-1933) luchó por una República de Naciones y Pueblos Originarios y en 1935 se masacró a campesinos en Pucarani para obligarlos a ir a la guerra.

El soldado Aymará, que no conocía el castellano, fue ciegamente a la guerra (y a la muerte) sin saber el por qué.[22]

Uno de ellos preguntó a su sargento: «¿Y quién, pues, jefe, es nuestro enemigo? ¿Son los cochabambinos?».[23]

El indio iba a la guerra, pero no le gustaba naturalmente porque no tenía conciencia patriótica ¿cómo era posible tenerlo como soldado al indígena sin forzarlo?

J. Espada Antezana, ministro de guerra boliviano (Arce Aguirre, 1987, p. 258). ¿Los indios son cobardes? No saben a conciencia qué es la Patria, pero se empeñan en fiera lucha contra quienes intuyen que son sus adversarios o, más propiamente, contra los oficiales que los comandan.

Subteniente boliviano Alberto Taborga (Dunkerley, 1987, p. 244). La relación entre Salamanca y el alto mando y la de estos entre sí fue difícil durante toda la guerra ya que muchos tenían ambiciones políticas y corporativas que afectaban la conducción de las operaciones.

La clase militar había llegado a formar una especie de casta privilegiada, cuidadosamente cerrada a los profanos, de acceso exclusivamente oficial y cuyos componentes progresaban masónicamente en grados y emolumentos por acción del tiempo […] Unidos en estrecha solidaridad de intereses, frente al Gobierno y a la nación toda, […], acabaron por mostrar, al contacto con la guerra, toda la soberbia de que estaban penetrados. […] Desgraciadamente tanta soberbia militar iba acompañada de la incapacidad y de la derrota, con todas sus funestas consecuencias. […] Se crearon en el Chaco un campo propio y cerrado en que ellos pudiesen moverse con entera libertad. Eso sí, pedían soldados, camiones, provisiones, armas y municiones en cantidades crecientes sin atender a las posibilidades financieras que limitaban los esfuerzos del Gobierno (a pesar de su buena voluntad).

Presidente D. Salamanca (Guachalla, 1978, p. 90 y 91). Algunos historiadores, Querejazu Calvo entre ellos, caracterizaron al ejército boliviano de entonces como un «ejército colonial» porque era una fuerza fundamentalmente dirigida a la represión interna, que carecía de apoyo popular, que estaba dividido racialmente y que era utilizado para defender un sistema político que ya estaba en proceso de desintegración.[24]

La compra de armamentos, a fines de la década del 20, fue desproporcionada frente al probable enemigo, el ejército paraguayo. Esto despertó la inquietud de otros países limítrofes: Chile y Perú. Esa compra, unificada mayormente en la firma inglesa Vickers, produjo una serie de problemas en cuanto a la calidad y al cumplimiento de las entregas.[25]

Se compraron tanques pese a la oposición de los técnicos bolivianos que afirmaban que no servirían en el Chaco. Al comienzo de la guerra, un volumen importante de armas todavía estaba sin fabricar ni embarcar en Inglaterra. En 1932, Bolivia sufrió serias dificultades económicas por la caída del precio y el volumen de las exportaciones del estaño que en 1929 habían sido de 46,9 millones de dólares, reduciéndose a 10 millones de dólares en 1932. Además, careció de crédito internacional por haber entrado en mora en los pagos de su deuda externa. La producción minera

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concentraba, en 1930, el 95% de las exportaciones bolivianas absorbiendo mano de obra campesina que impedía el desarrollo de la agricultura y favorecía la dependencia de la importación de alimentos provenientes de los países vecinos, especialmente de la Argentina. En 1931, el general Osorio, en un informe al Ministerio de Guerra, advertía sobre esta debilidad estratégica:

[...] en una emergencia bélica con el Paraguay […] existe el peligro que nuestro abastecimiento y aprovisionamiento […] casi total y obligadamente efectuados en los mercados argentinos, quede obstruido con gravísimo perjuicio para nuestros intereses militares.

Informe del general Osorio al Ministerio de Guerra boliviano (Seiferheld, 1983, p. 283.) Si bien existieron problemas, las importaciones de alimentos y otros insumos desde la Argentina y otros países vecinos se mantuvieron durante toda la guerra. Hasta productos del Paraguay ingresaron a Bolivia con el visto bueno del gobierno paraguayo.[26]

La producción de petróleo de la empresa estadounidense Standard Oil en Bolivia no pudo satisfacer las necesidades del ejército y durante la guerra fue permanente el reclamo por la falta de gasolina. Bolivia tuvo que importar combustible y lubricantes, a un mayor costo, de una destilería que la Standard Oil tenía en el Perú, o de la que ingresaba ilegalmente desde la Argentina cruzando el río Pilcomayo por Puerto Cabo Iriyoyen (Argentina) hacia Linares, según Kundt, «a un precio exorbitante».[27] Después de terminada la guerra se confirmaron las denuncias de que la Standard Oil de Bolivia, desde 1926, venía sacando de contrabando parte de su producción hacia la Argentina, a través de un oleoducto clandestino, con el visto bueno de altos funcionarios del gobierno argentino y boliviano vinculados a esa empresa norteamericana.

Estrategia paraguaya

Tren transportando soldados paraguayos desde Puerto Casado al frente.

El estado mayor paraguayo planeó la defensa del Chaco utilizando las comunicaciones existentes en la zona. Se trasladaron hombres y recursos desde Asunción por el río Paraguay hasta Puerto Casado y desde allí por un ferrocarril de trocha angosta, usado en la explotación de tanino, hasta muy cerca de Isla Poí, la principal base militar en el Chaco. Durante la primera parte de la guerra, esta ventaja compensó, en cierta medida, la superioridad boliviana en recursos. Sin embargo, la falta de camiones fue

crónica y permitió muchas veces que el enemigo, totalmente desarticulado, pudiera escapar. El abastecimiento de agua, por igual motivo, fue otro problema difícil de resolver. A principios de octubre de 1934, en su visita al frente, el presidente Ayala le manifestó al comandante Estigarribia que no podía proveerle de los 500 camiones que el ejército necesitaba con prioridad absoluta debido al alargamiento de su línea de abastecimiento. Estigarribia justificó entonces su plan de atacar a los bolivianos en Cañada El Carmen diciendo:

En este caso [...] no se debería perder tiempo esperando mejores perspectivas sino por el contrario actuar pronto y decididamente porque nosotros no podemos movernos [por falta de camiones] pero tampoco podemos quedar donde estamos.

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Las ofensivas paraguayas se realizaron en las estaciones de poca lluvia, cuando el calor era preponderante. Se utilizó la táctica del «cerco y aniquilamiento», el popularmente llamado «corralito»: ruptura o envolvimiento del frente, penetración hacia la retaguardia enemiga, corte del abastecimiento y mando enemigos. Se priorizó el movimiento, rebalsando por los laterales las defensas fijas bolivianas, evitando los ataques frontales de gran intensidad. El objetivo fue el aniquilamiento del ejército enemigo y no la ocupación territorial. En febrero de 1934, un informe boliviano sobre el modus operandi del ejército paraguayo decía:

La forma sistemática que el enemigo viene empleando en sus ataques consiste en el amarramiento frontal, con grupos de combate y activas exploraciones de fuego para buscar el envolvimiento, con su masa, de una o ambas alas, y la salida de fracciones sucesivas sobre los caminos de retaguardia. Estas maniobras piden serias precauciones para su ejecución; sin embargo, son llevadas [a cabo] por el enemigo con una confianza imprudente, apoyado simplemente en el resultado moral de sus éxitos anteriores.

Informe del Comando Superior boliviano (Guachalla, 1978, p. 114). Los oficiales más capaces fueron enviados al extranjero: Argentina, Chile, Francia, Bélgica, Italia, para realizar estudios superiores.[28] El pueblo paraguayo, con la convicción de estar siendo nuevamente agredido, como había ocurrido 60 años antes por la Argentina, el Brasil y el Uruguay, se unió nuevamente detrás del gobierno y su ejército en lo que se conoce como Guerra total. Nadie dudaba de que el Chaco debía ser «defendido». El pueblo colaboró con todo tipo de actividades, tanto en el país como en el extranjero, para aumentar la producción de bienes exportables, recaudar fondos y todo tipo de recursos para la guerra. En abril de 1934, los ciudadanos entregaron 800 mesas de madera de sus casas para construir 1200 cajas para 18 000 granadas de mano construidas en los arsenales y que debían enviarse al frente con urgencia.[29] Había homogeneidad entre oficiales y soldados donde todos tenían las mismas tradiciones, costumbres y hablaban el mismo idioma: el guaraní. En este aspecto el ejército paraguayo tuvo una decisiva ventaja sobre su oponente boliviano donde habían distintos grupos étnicos/lingüísticos, pronunciadas diferencias de clase, origen y cultura entre soldados y oficiales, y hasta mercenarios extranjeros en los mandos superiores. Al poeta y excombatiente boliviano Ángel Lara, que observaba a un grupo de prisioneros paraguayos, le sorprendió que los soldados conversaran con sus oficiales «con toda naturalidad».[30]

La perfecta complementación entre dos hombres con características disímiles, el comandante Estigarribia, como máximo responsable militar, y el presidente Eusebio Ayala, en su función política y económica, permitió que el Paraguay tuviera una conducción unificada y casi sin fisuras, imprescindibles para lograr los mejores resultados en la campaña militar.

La adquisición de armas tuvo que superar tres problemas fundamentales:

•• Tener abiertas las líneas de comunicación que pasaban por la Argentina: vías férreas y de navegación. •• La escasez de recursos y de créditos.

•• La necesidad del secreto para no provocar una reacción boliviana que acelerara la guerra antes de que las mismas llegaran al Paraguay.

El envío del general Manlio Schenoni, en septiembre de 1926, a recorrer las fábricas de armamento europeas tuvo como objetivo desviar la atención de los espías bolivianos, pues la compra fue realizada por el doctor Eusebio Ayala utilizando secretamente los estudios técnicos que el ejército argentino había realizado para su propio equipamiento y los informes que enviaban los oficiales paraguayos que estudiaban en Europa.

mientras se observaba a un jefe [Schenoni], las adquisiciones se hacían en otra parte subrepticiamente; se disipaba la alarma de Bolivia mientras realizábamos nuestros planes. Por este motivo decía el Presidente de la República en uno de sus mensajes al Congreso: «Preferimos hacer lo que no parece, a hacer parecer lo que no hacemos».Ayala Queirolo (1985, p. 65)

Las compras se hicieron con gran meticulosidad y secreto, eligiendo las mejores armas, a diversos proveedores. El Paraguay empezó y terminó la guerra con los mismos oficiales y soldados. Solo tuvo que reponer los muertos, heridos y enfermos. Esto significó contar, a los pocos meses de continuos combates, con un ejército experimentado

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para la difícil guerra chaqueña.

Un aspecto importante de la estrategia paraguaya fue contar con el apoyo de la Argentina como fuente de suministro de insumos vitales. A tal efecto se utilizaron las históricas relaciones comerciales y las vinculaciones culturales, sociales y migratorias existentes entre ambos países. Desde el punto de vista geopolítico, la Argentina consideraba al Paraguay como la primera línea de defensa o la punta de lanza ante una posible expansión brasileña hacia el oeste. Comenzada la guerra, el pueblo argentino apoyó la causa paraguaya con donaciones y voluntarios de todo tipo.

El doctor Luque, redactor jefe de La Prensa, me dijo: «Yo no hablo en mi casa de lo que en el diario se hace, y así jamás hablo de la cuestión paraguayo-boliviana; pero es lo cierto que mi mujer, mis hijos y todo el servicio no pierden ninguna oportunidad para expresar sus simpatías por el Paraguay. Ese es el espíritu de toda la gente».

(Rivarola, 1982, p. 134). Estos hechos no fueron un secreto para el gobierno y el estado mayor boliviano, que recibían extensos informes no solo de sus funcionarios radicados en Buenos Aires sino del propio Luis Fernando Guachalla, embajador boliviano en Asunción hasta julio de 1931.[31]

Ataque al fortín Carlos A. López

Ataque del capitán paraguayo Abdón Coronel Palacios.

El 6 de mayo de 1932, el secretario de estado de los Estados Unidos, Francis White, presidente de la Comisión de Neutrales, propuso que el pacto de no agresión entre Bolivia y el Paraguay, en curso de negociación, debía partir de los territorios ocupados por las partes en el momento de su firma. El ejército boliviano aceleró su plan de ocupación territorial, especialmente de la importante laguna descubierta accidentalmente por su aviación el 25 de abril de 1932.

En su tercer intento por llegar a ese objetivo, el 15 de junio de 1932, un destacamento boliviano al mando del mayor Óscar Moscoso atacó y destruyó

el fortín paraguayo Carlos Antonio López, ubicado al borde de la laguna Pitiantuta (o «laguna Chuquisaca» como fue nombrada después por los bolivianos). Esta sorpresiva acción militar se hizo contrariando órdenes del presidente boliviano Salamanca de evitar todo tipo de provocación en el Chaco dadas las negociaciones que se venía discutiendo en Washington desde noviembre de 1931.

Con esta «operación» de encubrimiento, mentiras y desobediencia y hasta extravío de documentación, realizada por miembros del alto mando a espaldas del presidente, se inició uno de los conflictos que afectarían a Bolivia durante toda la guerra, la de Salamanca contra los responsables del ejército y que culminaría, años más tarde, con su destitución. Un mes después, el 16 de julio, el destacamento paraguayo Coronel Palacios recuperó la zona después de una pequeña refriega. Este hecho fue presentado al pueblo boliviano como un artero ataque del Paraguay a Bolivia y se lo condimentó además con falsos actos de barbarie cometidos por los soldados paraguayos. El 19 de julio de 1932, desde los balcones del Palacio Quemado, Salamanca se dirigió al pueblo que se había congregado para escucharlo:

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Ciudadanos, hijos de Bolivia, en un momento de verdadera angustia nacional, AL PRESENTARSE UNA NUEVA AGRESIÓN A LA DIGNIDAD NACIONAL, se ha producido esta magnífica reacción que manifiesta la vida y el vigor del patriotismo boliviano. Si una nación no reaccionara ANTE LOS ULTRAJES QUE LE INFIEREN no merecería ser una nación.

Discurso de Salamanca al pueblo boliviano (Querejazu Calvo, 1990, p. 29). Miles de bolivianos aplaudieron esas palabras sin sospechar del engaño y de que irían a la muerte poco tiempo después en la desconocida y árida planicie chaqueña.

Escalada boliviana

La recuperación paraguaya de la laguna Pitiantuta, que volvió las cosas a su estado anterior, no lo fue para Salamanca. Como si se tratara de una afrenta al honor nacional pidió al general Osorio el enjuiciamiento de los responsables. Poco después, debilitado políticamente y empujado por un clima guerrerista que él mismo había incentivado, ordenó al ejército que se apoderara, en represalia, de los fortines paraguayos Corrales, Toledo (del 27 al 28 de julio) y Boquerón (el 31 de julio de 1932).

Ejecute bien la orden, si hay en ello algún mérito, sería suyo; si surgen responsabilidades, serán mías.

Mensaje del presidente Salamanca al general Quintanilla (Dunkerley, 1987, p. 219) En el frente diplomático, ante la protesta paraguaya como país agredido, Salamanca se mostró firme en no devolver los tres fortines y exigió que fueran incorporados a una «zona en litigio». Previamente, el 22 de julio de 1932, ordenó que la delegación boliviana abandonara la Comisión de Neutrales, que actuaba de mediador entre ambos países. Ante el pedido paraguayo de que se investigara lo sucedido en Pitiantuta, la cancillería boliviana, descolocada por la acción militar realizada por el alto mando, intentó defender lo indefendible mediante un lenguaje cada vez más agresivo:

Después del ataque [se refiere a la recuperación paraguaya del fortín Carlos A. López] [el Paraguay] se presenta nuevamente en Washington alardeando pacifismo. Esto es un sarcasmo de la realidad de los hechos, una burla, no solo para nosotros, sino para los mismos neutrales.

Julio A. Gutiérrez, ministro de relaciones exteriores de Bolivia (Paraguay. Ministerio de Relaciones Exteriores, 1933, p. 188) Finalmente el canciller boliviano Gutiérrez, en una arrogante nota del 1.º de agosto, agregó: «No nos interesan las investigaciones que no definen la cuestión fundamental».[11] El día 7 de agosto fuerzas bolivianas ocuparon el fortín paraguayo Carayá bautizándolo como Huijay.

Con esta excesiva reacción sin razones valederas, el gobierno de Salamanca avanzó desde una política de desmilitarizar el Chaco a una guerra con miles de muertos y heridos. Pero el ejército boliviano, a fines de julio de 1932, no estaba preparado para una operación militar en gran escala en el Chaco. El 30 de agosto de 1932, a solo 9 días del ataque de todo el ejército paraguayo sobre Boquerón e inicio de la guerra, el general Osorio envió el Memorando 507/32 al presidente Salamanca. Con un tono casi altanero e irrespetuoso, expuso que el alto mando no tenía directivas precisas ni existía un Plan de Operaciones que guiara al ejército boliviano en el Chaco. En el mismo memorando propuso un plan que consistía en avanzar por el norte, en el alto Paraguay, zona diametralmente opuesta al que se estaba realizando en el sur.[32] El plan de Osorio tenía como objetivo ocupar la costa del río Paraguay frente a un país neutral (Brasil), fácil de aprovisionar y mantener indefinidamente. Al mismo tiempo, en la zona sur, el general Quintanilla, jefe de las fuerzas bolivianas en el Chaco, pidió autorización para ocupar dos fortines más: Nanawa al sur y Rojas Silva al este. Este último fortín fue ocupado el día 6 de septiembre de 1932.

Así Quintanilla, el General de las Represalias, movido un tanto por la orden presidencial y más por sus ansias locas por popularizarse [...] obteniendo triunfos baratos sobre el Paraguay, indirectamente cooperó [...] para precipitar al inerme pueblo boliviano a la vorágine del Chaco.

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En julio de 1932, el ejército boliviano contaba en el Chaco con el Primer Cuerpo, unos 4000 hombres, en la parte sudoeste, más dos divisiones, unos 2000 hombres, en el noroeste. Durante el mes de agosto aproximadamente 6000 soldados comenzaron a ser trasladados lentamente al Chaco debido a serias complicaciones logísticas.[33]

Reacción paraguaya

Eusebio Ayala, presidente del Paraguay entre 1932 y 1936.

La captura y destrucción del fortín Carlos A. López que la cancilleria boliviana seguía negando, la ocupación «en represalia» de tres fortines paraguayos que se negaba a devolver y la actitud intransigente y belicista del gobierno boliviano, convencieron al gobierno paraguayo de que la solución militar era la única salida a los problemas chaqueños. El presidente Eusebio Ayala decretó la movilización general para lanzar al Paraguay a una guerra a gran escala. Durante el mes de agosto de 1932 se concentraron 8000 soldados en la base de operaciones de Isla Poí; 1500 en el fortín Nanawa y 3000 se ubicaron en el alto río Paraguay. Otros 3000 refuerzos fueron enviados a Isla Poí a fines de agosto. Estas fuerzas estaban al mando de 8 tenientes coroneles, menores de 50 años, que en su mayoría habían realizado altos cursos de perfeccionamiento en Europa y 12 mayores, que tenían menos de 40 años y que también habían realizado estudios en el extranjero.[34] En Isla Poí se construyó una pista de aterrizaje y se trasladó toda la fuerza aérea. Se requisaron camiones y barcos privados, los primeros para el transporte de tropas y recursos en el Chaco y los segundos para reforzar la logística que se hacía desde Asunción hasta el puerto Casado por el río Paraguay.

El teniente coronel Juan B. Ayala, del Estado Mayor, el oficial que había recibido la mayor capacitación en Francia y que había analizado las causas del fracaso de la movilización del año 1928 que impidió que la guerra de iniciara aquel año, logró ahora triplicar planificadamente, en solo 30 días, las fuerzas del ejército en tiempos de paz. El teniente coronel Estigarribia estimaba que el ejército boliviano recién podría completar su movilización masiva, y alcanzar la inevitable superioridad en hombres y recursos, en 90 días, tiempo suficiente para llevar adelante, con esa ventaja estratégica, la primera ofensiva paraguaya en el Chaco.

El 29 de agosto, la Comisión de Neutrales propuso una tregua incondicional de 60 días que Bolivia aceptó si se reducía a 30 días pero que el doctor Justo Pastor Benítez, ministro de relaciones exteriores del Paraguay, con toda la maquinaria bélica en pleno movimiento, la rechazó aduciendo: «Nos toca velar por nuestra propia seguridad que consideramos seriamente amenazada». [35]

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Primera ofensiva paraguaya (septiembre-diciembre de 1932)

Batalla de Boquerón

Primera ofensiva paraguaya (septiembre a diciembre de 1932).

El 8 de septiembre, aviones bolivianos detectaron la aproximación del fuerzas paraguayas en el camino hacia Boquerón y bombardearon y ametrallaron la columna, ocasionando bajas entre hombres y caballos. El teniente coronel Manuel Marzana asumió el mando de las fuerzas que ocuparon Boquerón el 31 de julio de 1932 a causa del fallecimiento del teniente coronel Luis Emilio Aguirre (junto con otros oficiales y soldados), en la emboscada preparada con antelación por las fuerzas paraguayas que defendían el fortín.[36] Este competente oficial fue el responsable de sostener el cerco de Boquerón

resistiendo los embates del grueso del ejército paraguayo que, desde el 9 al 29 de septiembre de 1932, lo atacaría sin cesar.

Los paraguayos atacaron desaprensivamente a Boquerón el 9 de septiembre. Cuando los voluntariosos ataques directos no tuvieron éxito, las unidades se desplegaron en los alrededores para emboscar a las fuerzas que pudieran acudir en ayuda del fortín. El día 10, una columna boliviana que avanzaba hacia Boquerón cayó en una emboscada sufriendo fuertes bajas. En estos primeros días pudo observarse muchas deficiencias en el ejército paraguayo, principalmente en el abastecimiento del agua. Acuciados por la sed, los soldados abandonaban las líneas para buscar agua en la retaguardia. También hubo falencias en la sincronización de los movimientos entre las unidades.

La aviación boliviana trató de neutralizar la «artillería» que bombardeaba Boquerón y que era la que más bajas producía sin poder ubicarla. Se trataba de los modernos morteros Stokes-Brandt que hasta Marzana creía que eran cañones de largo alcance. Los combates iniciales sirvieron para que los paraguayos ganaran en experiencia a costa de muchas bajas. El ingreso de ayuda al fortín cercado realizado por el ejército boliviano con pequeñas unidades, algunas con éxito y otras no, fue con gran costo en bajas ya que esas fuerzas debían salir nuevamente del fortín por la falta de recursos en el lugar.

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Teatro de operaciones batalla de Boquerón y alrededores

Empezamos nuestro retíro […] Paso por medio de una lluvia de balas. Sigue la masacre. Aumenta peligrosamente el número de muertos, […]. Por fin logramos pasar toda la zona donde se encontraba el enemigo y llegamos al Comando. Todos pedíamos pan y agua. Ya no éramos los muchachos entusiastas y fuertes que salimos de Oruro. No éramos más que espectros. Todos queríamos irnos.

Diario del teniente boliviano Germán Busch (Brockmann, 2007, p. 218)

La aviación lanzó municiones, alimentos y medicinas sobre Boqueron pero debido al fuego antiaéreo paraguayo y la necesidad de conservar los aviones se hizo desde gran altura por lo que se destruyeron en la caída o cayeron en poder del enemigo.

En el campo diplomático Bolivia aceptó la propuesta de la Comisión de Neutrales de suspender las hostilidades creando un cinturón de neutralización de dos kilómetros alrededor de Boquerón. El Paraguay no lo aceptó y mantuvo la posición inicial de que previamente Bolivia debía devolver los fortines capturados en el mes de julio.

El 21 de septiembre, 8 días antes de la caída de Boquerón y de la retirada general boliviana, el presidente Salamanca respondió al general Osorio su impertinente memorando del 30 de agosto diciendo que mientras el ejército había seguido sus instrucciones se había logrado la captura de Toledo, Corrales y Boquerón y por no haberlo hecho se había perdido la laguna Chuquisaca. Rebatió el plan de atacar por el norte y sostuvo:

A mi juicio, una guerra con el Paraguay debe librarse en el Sudeste concentrándose allí las fuerzas posibles para descargar golpes decisivos que nos permitan imponer un tratado de paz en Asunción.

Nota del presidente Salamanca al general Osorio (Vergara Vicuña, 1944, p. 39 vol. 2) El alto mando convenció finalmente a Salamanca sobre la necesidad de abandonar Boquerón. Se realizó en Muñoz, sede del comando boliviano en el Chaco, una tormentosa reunión de varios generales, que casi termina a los tiros.[37]

Esto motivó que el general Quintanilla, el día 27, pidiera a Marzana que soportara diez días más mientras organizaba un contraataque. Ninguna de las dos cosas era posible por el agotamiento de las fuerzas bolivianas y la superioridad en hombres y recursos del enemigo. El alto mando boliviano se negaba a reconocer que no había previsto la sorpresiva estrategia paraguaya de atacar con todo su ejército. Cuando el mayor Julio Aguirre, el día 10 de septiembre, informó al coronel Francisco Peña que los paraguayos debían ser varios miles, porque eran más de 400 soldados solo en el camino Yujra-Boquerón, este le contestó: «Miró usted visiones... El enemigo es cobarde y no pasa de unos mil hombres».[38] Pocos días después Peña cambió de opinión e informó al general Quintanilla:

En estos momentos mi división atraviesa una situación muy delicada. Todos los informes que recibo me hacen saber que las tropas se encuentran totalmente desmoralizadas y agotadas. Hemos intentado tres ofensivas con fuerzas frescas, llenas de entusiasmo a objetivos bien definidos, ninguna ha podido ser culminada por la superioridad aplastante del adversario, tanto material como de especial instrucción de combate en el bosque; cualquier nueva ofensiva con los elementos que dispongo seria de resultados negativos, llevando a nuestro personal a un sacrificio estéril. Me permito sugerir buscar una defensa sólida en Arce y una momentánea

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intervención diplomática para salvar al destacamento Marzana en Boquerón y completar nuestra preparación. Informe de Peña a Quintanilla (Arze Quiroga, 1952, p. 159 vol. 2) El gobierno boliviano se enteró de la caída de Boquerón por las noticias provenientes del Paraguay y la Argentina. Esto lo obligó a retacear la información al pueblo boliviano. Salamanca destituyó a Filiberto Osorio y lo reemplazó por el general José L. Lanza en medio de manifestaciones populares, principalmente en La Paz, que acusaban al gobierno y especialmente al alto mando por la derrota pidiendo el retorno del general Hans Kundt. El 8 de octubre de 1932, Salamanca recibió una nota de «protesta» (supuestamente en nombre de oficiales de la 4.ª y 7.ª División) donde el general Quintanilla y su jefe de Estado Mayor, el teniente coronel David Toro, al borde de la insubordinación, hacían responsable al presidente del fracaso militar y se manifestaban ofendidos por la remoción de Osorio.[39][40]

En Boquerón, y en los desiguales combates que tuvieron lugar en los alrededores, Bolivia perdió 1500 hombres, entre muertos y prisioneros; y los oficiales y soldados con más experiencia en el teatro de operaciones chaqueño.[41]

En mérito a los logros obtenidos José Félix Estigarribia fue ascendido a coronel, rango con el cual conduciría a todo el ejército paraguayo hasta septiembre del año 1933.

Caída del fortín Arce y retirada hacia Saavedra

Después de la captura de Boquerón, el ejército paraguayo con 15 000 hombres continuó su avance en dirección al fortín Arce. Estigarribia reorganizó sus fuerzas creando la 4.ª División al mando del teniente coronel Nicolás Delgado, oficial que acababa de llegar de Francia donde había completado sus estudios en la Escuela de Guerra de aquél país.[42]

Por su parte, las tropas del Destacamento Peñaranda y fuerzas auxiliares, agotadas y desmoralizadas, se replegaron hacia Arce ofreciendo ligera resistencia a unos 11 km de ese fortín. La presión paraguaya provocó que 3 regimientos bolivianos abandonaran sus posiciones sin combatir:

En la tarde de hoy [30 de septiembre de 1932] se nota movimiento entre los soldados y se ve alejarse varios grupos con dirección al camino. Nosotros hacemos lo mismo y en el tropel abandonamos nuestras posiciones. Es un acto vergonzoso. Se deserta en conjunto frente al enemigo. Pero en estos momentos nadie piensa. Llegamos a Arce [que dista] 5 leguas.

Diario del teniente boliviano Germán Busch (Brockmann, 2007, p. 222) Estigarribia, con mucha cautela, envió una división por el camino Yujra-Arce mientras que una segunda avanzó por la derecha para ganar la espalda del enemigo. La tercera quedó como reserva asumiendo que tomar Arce sería más difícil que Boquerón donde había sufrido unas 2000 bajas, entre muertos, heridos y enfermos. En el avance, una patrulla paraguaya capturó al teniente coronel Humberto Cárdenas (comandante del RI-35 boliviano) que con 5 camiones quedó empantanado en el camino Arce-Yujra.[43] Frente a Yujra, una fracción del regimiento boliviano Loa fue rodeada por el RI-1 Dos de Mayo y el RI-3 Corrales y en el curso de una confusa capitulación fueron capturados el mayor boliviano Francisco Arias, 7 oficiales y 80 soldados.[44]

El ejército paraguayo ocupó los fortines Ramírez y Castillo (8 de octubre), Lara (11 de octubre) y Yujra (12 de octubre). El 22 de octubre, al amanecer, comenzó el ataque al fortín Arce y para el mediodía los regimientos paraguayos rodearon las líneas bolivianas saliendo a su retaguardia. Al notar esta maniobra, cuatro regimientos bolivianos abandonaron sus posiciones completamente desmoralizados. El coronel Peñaranda, temiendo ser rodeado, ordenó la retirada.

El ministro de Guerra, Joaquín Espada Antezana, que se encontraba en Arce, intentó poner algún orden en el torrente humano que se dirigía al camino al sur. Fue inevitable ordenar un nuevo repliegue hacia Alihuatá. De todos modos la multitud se arrojó hacia el camino y las sendas, e incluso rompió monte a machetazos, abandonando por todas partes su armamento. La sed y el agotamiento fueron aniquilando a muchos y las rutas de retirada se marcaron con los cadáveres en actitudes grotescas.

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(Brockmann, 2007, p. 213) En el descontrol general, el alto mando boliviano envió al fortín Arce, dentro de cajas con botellas de whisky, dos frascos conteniendo Vibrión Colérico, para contaminar las lagunas que se abandonaban al enemigo y desatar una epidemia de cólera en el ejército paraguayo. Peñaranda entregó los frascos y la orden pertinente al doctor Gabriel Arze Quiroga, quien felizmente, por razones morales y sanitarias, desobedeció la orden y enterró el material que hubiera afectado incluso a las tropas bolivianas.[45]

El 23 de octubre, a las 13:30 horas, las fuerzas paraguayas entraron en el fortín Arce (renombrado como fortín Francia) encontrándolo vacío y en ruinas a causa del incendio de sus instalaciones, equipos y armamentos abandonados. Los 4000 defensores se habían retirado a Alihuatá y Saavedra.

La captura paraguaya del fortín Arce, base del comando de la 4.ª División boliviana, implicó una gran ventaja estratégica pues tenía un gran reservorio de agua y era nudo de caminos que se dirigían hacia el sur y el oeste. Desde allí, el ejército paraguayo ocupó el fortín Falcón (Rojas Silva) el día 25; Alihuatá el día 26 y Fernández (Herrera) el 30 de octubre. Aunque resulte paradójico, esta retirada general era lo mejor que podía hacer el ejército boliviano ante un enemigo superior, ganando de esa manera un tiempo valioso hasta que pudiera movilizar sus recursos. Estigarribia hubiera deseado que presentaran batalla para poder aniquilarlos.

El ejército boliviano recién pudo resistir el avance paraguayo a 7 km del fortín Saavedra, al borde de un largo y ancho pajonal que los paraguayos debían atravesar si querían llegar a Muñoz. Allí se posicionó la 4.ª División al mando del teniente coronel Bernardino Bilbao Rioja, que reemplazó a Peñaranda por motivos de salud. Mientras tanto arreciaban las críticas contra el presidente Salamanca y el alto mando pidiendo la vuelta de Kundt. El general Quintanilla contestó con amargura diciendo que ni el general Kundt ni nadie podrían remediar la falta de efectivos, armamentos y deficiencias orgánicas que caracterizaban la situación del ejército boliviano en el Chaco. Quintanilla abandonó el mando el 11 de octubre de 1932 para sufrir posteriormente persecuciones, hostilidad y confinamiento.[46]

A fines de diciembre de 1932, el ejército boliviano, al mando de su flamante comandante, el general boliviano-alemán Hans Kundt, completó su movilización. Ante esta circunstancia, más el comienzo de la época lluviosa, el alargamiento de la logística en 200 km, la falta de camiones y el agotamiento físico de los soldados luego de 3 meses de ofensiva, el coronel Estigarribia decidió pasar estratégicamente a la «defensa activa» para enfrentar a la totalidad del ejército boliviano.

Una visita hecha a las distintas enfermerías del regimiento, póneme en condiciones de afirmar que persistiendo en causas pauperizantes anotadas en informes anteriores (ración insuficiente, vigilias, cansancio, desnudez, etc.) los soldados van desmejorando ostensiblemente día a día. [...] desde hace días van tomando incremento alarmante un mal cuyas manifestaciones aparentes son: edema generalizada, laxitud muscular y ligamentosa, y disturbios digestivos que atribuimos a la ración insuficiente en vitaminas.

Informe doctor Cañete de la sanidad paraguaya (8/1/1933) (Fernández, 1955, p. 330 vol. 2) El 4 de diciembre de 1932, sobre las trincheras de Kilómetro 7, el capitán de la aviación boliviana Rafael Pabón, piloteando un Vickers Scout type 143, se enfrentó al teniente Benítez Vera que piloteaba un Potez 25 A2, n.º 6, que llevaba de observador a un oficial del estado mayor y que terminó con la destrucción del aparato paraguayo y la muerte de sus dos ocupantes.[47]

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Ofensiva boliviana (diciembre de 1932-agosto de 1933)

Nombramiento del general Hans Kundt

El ejército boliviano era obra de Hans Kundt, era el ejército que desfilaba en formaciones perfectas los días de recordación cívica, era el ejército que realizó maniobras en el altiplano provocando inquietud en los gobiernos de Chile y Perú, y era también el ejército que nunca había sido preparado para una campaña en clima tropical y terreno boscoso.

(Querejazu Calvo, 1990, p. 55) Salamanca convocó a Kundt presionado por la creencia generalizada de que podía conducir a las fuerzas bolivianas a la victoria y porque le permitiría controlar a los altos oficiales del ejército y a los partidos políticos de la oposición que a partir de los resultados de Boquerón le negaron sistemáticamente su apoyo. Esta elección no fue fácil porque Kundt, durante los anteriores gobiernos de Saavedra y Siles, se había hecho de importantes enemigos en los partidos políticos y en el ejército. Estaban frescos los pedidos de su enjuiciamiento por delitos, reales o supuestos, de recibir dinero por la compra de armas, vender códigos secretos a los paraguayos, querer ofrecer sus servicios a los chilenos, dividir al ejército o instigar golpes de estado.[48]

Kundt solicitó a Salamanca solo una fuerza de 25 000 hombres porque «más soldados [...] le estorbarían y no quería imponerle al país más gastos».[49] Su llegada como salvador levantó la moral y el ánimo de los ciudadanos que pedían su vuelta a Bolivia después de los tres primeros meses de fracasos lo que molestó a los oficiales del alto mando boliviano que sentían menoscabadas su capacidad por el anciano oficial alemán. Muchos le temían y ya sea por esa razón o por cálculo escondían la verdad lo que motivó que en situaciones tácticamente peligrosas le comunicaran que no tenían problemas.[50]

Sus colaboradores inmediatos siempre eran muy parcos en su presencia y ocultaban su pensamiento para luego despotricar a sus espaldas, en público o en el círculo de sus camarillas, llamándolo «chocho», «inútil» y «vengativo».

Teniente coronel boliviano Félix Tabera (1979, p. 145) Estaba el caso del teniente coronel Ángel Rodríguez que había sido expulsado del ejército en 1925 por haber dicho que Kundt «no servía ni para cabo de escuadra» y que luego dio lugar a un juicio por parte de este y a la publicación de un libro lleno de acusaciones por parte de aquél. Esta situación de tirantez entre Kundt y sus subordinados se mantuvo hasta el día de su destitución.

No tuve un amigo en los comandos para transmitirle mis inquietudes y quejas; parecía que todos formaban un bloque, solo para aplastarme personalmente, y hacerme fracasar en la campaña.

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Primer ataque a Nanawa

Primer ataque boliviano a Nanawa. Situación entre los días 20 y 24 de enero de 1933. Rojo: fuerzas bolivianas.

Azul: fuerzas paraguayas.

La orden inicial de Kundt fue que el Segundo Cuerpo (8.ª y 3.ª División) capturara los fortines Corrales, Toledo y Fernández, mientras el Primer Cuerpo (7.ª División formado por las fuerzas que defendían las regiones de Agua Rica, Murguía y Cuatro Vientos más algunos regimientos de la 4.ª División) tomara Nanawa.

El fortín Nanawa era importante porque abría varias posibilidades estratégicas: avanzar hacia el norte para alcanzar Arce-Isla Poí, centro de operaciones paraguayo; o dirigirse al este y salir al río Paraguay frente a la ciudad de Concepción.

Después de una minuciosa preparación, el 20 de enero de 1933, se

libró la primera batalla de Nanawa. Era tal la confianza de Kundt en su plan y en la capacidad de sus tropas que se aventuró a pronosticar la hora en que caería el fortín. La 7.ª División, al mando del coronel Gerardo Rodríguez, una de las mejores del ejército boliviano, con fuerte apoyo de artillería y la colaboración de doce aviones, se dividió en tres columnas con la idea de rodear el fortín y ocuparlo mediante ataques frontales. El fortín estaba defendido por la 5.ª División paraguaya al mando del teniente coronel Luis Irrazábal que acababa de terminar su curso de perfeccionamiento en Bélgica.

En el ala norte, los atacantes cerraron prematuramente su avance y chocaron con el flanco derecho de las fortificaciones. Tampoco prosperó el ataque sobre el ala sur. En un momento de la batalla, la 5.ª División paraguaya comenzó a quedarse sin municiones debido a las lluvias que dificultaba el abastecimiento y al alto consumo para frenar el ataque enemigo. Se construyó una pista de aterrizaje para que los aviones pudieran reaprovisionar el fortín mediante un puente aéreo. Después de sufrir fuertes bajas en su calidad de atacante, las fuerzas bolivianas se consolidaron en un agresivo semicírculo alrededor de Nanawa. Desde febrero a junio de 1933, este frente se estabilizó con combates menores y duelos de artillería, período en el cual ambas partes mejoraron sus respectivas posiciones.

El historiador estadounidense Zook atribuyó el fracaso del ataque boliviano a cuatro factores: •• Insuficiencia en la coordinación.

•• Falta de información necesaria antes de la acción. •• Violación del principio de economía de las fuerzas. • Subestimar al adversario.[51]

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Primera batalla de Fernández (Herrera)

La 8.ª División boliviana, al mando del coronel Roberto Schnor, desalojó fácilmente al regimiento RC-1 paraguayo del fortín Platanillos, nudo de las comunicaciones entre los fortines bolivianos antes de la guerra. Desde allí, el 14 de enero, avanzó contra el fortín Fernández (Herrera) con solo 575 soldados asumiendo que los defensores serían unos 200 soldados.

Sin embargo, el fortín estaba defendido por el regimiento RI-1 Dos de Mayo al mando del mayor Paulino Antola que contaba con unos 1000 hombres. Recién el día 21, las fuerzas bolivianas atacaron el fortín pero la falta de coordinación, el ataque frontal, la ausencia de reservas y la sorpresiva resistencia de los defensores produjeron unas 300 bajas. Dos días después, ya con 2400 hombres y el apoyo de 4 cañones, el coronel Schnor reinició las operaciones.

Los defensores paraguayos rechazaron el ataque causando bajas que llegaron al 25 % de las fuerzas bolivianas.[52]El regimiento boliviano Colorados resultó prácticamente diezmado.

El día 26 de enero de 1933 Schnor suspendió el ataque y se retiró a Platanillos. El general Kundt reemplazó a Schnor y a su jefe de Estado Mayor, el mayor Raúl Barrientos, por el coronel Rafael Morant y el mayor Alfredo Sánchez, respectivamente.[53]

Batallas de Corrales y Toledo

Ofensiva boliviana de enero a marzo de 1933.

•• Ataque y contraataque en Corrales

El día 1.º de enero de 1933, cumpliendo con la Directiva N.º 2 (del 27 de diciembre de 1932) del general Kundt, la 3.ª División, al mando del coronel Gamarra, atacó el fortín Corrales. A las 12:00 horas, el capitán paraguayo Aguirre, ante el peligro de ser cercado, abandonó el fortín rumbo a Toledo, abriéndose paso a la fuerza. Ante esta incursión boliviana, el día 20 de enero, Estigarribia, informado erróneamente sobre el número de fuerzas enemigas, ordenó al teniente coronel Ayala, estacionado en Toledo, que atacara el sector

Corrales-Platanillos para aliviar la presión boliviana sobre Nanawa y Fernández (Herrera). Ayala, al mando del Segundo Cuerpo de Ejército (en formación), integrado por dos divisiones, atacó Corrales desde el 27 al 30 de enero pero, dándose cuenta del error, agravado por problemas en el abastecimiento de agua y combustible que ponía en peligro a sus hombres, decidió cancelar el ataque y retirarse nuevamente a Toledo.[52]

•• Ataque al fortín Toledo

Kundt, ante esta inusitada retirada y la insistencia del teniente coronel Toro, su jefe de operaciones, ordenó a la 3.ª División reforzada con partes de la 8.ª División que ocupara Toledo y amenazara la Colonia Menonita y la ruta de toda la logística paraguaya.

Después de una lenta marcha de 22 días por culpa de la lluvia y el barro, el 25 de febrero, la 3.ª División boliviana, al mando del teniente coronel Luis Gamarra, atacó, sin ningún tipo de sorpresa, a las fuerzas del coronel Ayala en

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Toledo. La unidad paraguaya contaba con tropas sin experiencia en combate, carecía de los armamentos reglamentarios o los que tenía eran obsoletos. Una peste de disentería y tifoidea afectaba a muchos soldados. Por esa razón y para aumentar el control, Ayala organizó la defensa no en líneas continuas sino en centros de resistencia que, como erizos, apuntaban para todos lados y dejaban espacios abiertos que servían de verdaderas trampas.[54] Pese al apoyo de la artillería y de 10 aviones que bombardearon y ametrallaron toda la zona, el vigoroso ataque frontal de la 3.ª División boliviana no logró su objetivo sufriendo una gran cantidad de bajas.[55] El apoyo de la aviación boliviana fue deficiente porque el objetivo estaba cubierto por densos bosques que facilitaban el ocultamiento del enemigo, por los 150 km que debían recorrer los aviones desde Muñoz hasta Toledo y el complicado enlace entre el comando del Segundo Cuerpo situado Yayucubas y el comando de la fuerza aérea ubicado en Muñoz.[56]

Cundió la desmoralización en diversos regimientos bolivianos tras los infructuosos ataques realizados en los días siguientes. Para descomprimir la situación Kundt ordenó a la 8,ª División:

De Muñoz. 6-III-33. Hora 15:00. C II. CE. Cif. 86/300. Día 9 en la madrugada Octava División debe realizar un ataque demostrativo a Fernández [Herrera].

General Kundt al general Osorio (Vergara Vicuña, 1944, p. 34 vol. 4) Cuando el 10 de marzo Ayala ordenó el contraataque, algunos regimientos bolivianos, totalmente agotados por el esfuerzo realizado, se amotinaron y huyeron sin sus oficiales, llegando incluso a disparar contra las propias fuerzas que trataban de contenerlos.[57] La batalla finalizó el 11 de marzo con la retirada de la diezmada 3.ª División boliviana hasta 15 km antes de Corrales donde estableció una línea defensiva.

Nuevamente el alto mando boliviano no concentró en la zona una fuerza de ataque importante para lograr un objetivo que hubiera creado serias preocupaciones al comando paraguayo.[52] Kundt destituyó al teniente coronel Gamarra y a su jefe de Estado Mayor, el mayor Luis Añez y nombró en su lugar al coronel José M. Quintela y provisoriamente al teniente Armando Pereyra. Este último, un excelente oficial, se suicidaría cuatro meses después afectado psicológicamente por los combates frente a Toledo.[58]

Primera batalla de Alihuatá

La ofensiva boliviana quedó paralizada en sus extremos norte y sur, la 3.ª División entre Corrales y Toledo y la 7.ª División delante de Nanawa. Las otras dos divisiones tampoco progresaron hacia sus objetivos.

Entre la 4.ª División, que seguía en Kilómetro 7, y la 8.ª y 3.ª Divisiones, que actuaban en el ala izquierda, existía un vacío de más de 50 km, sin solución de continuidad. Kundt planeó atacar por ese sector para aliviar a la 4.ª División que seguía combatiendo en Kilómetro 7. Con la recientemente creada División de Reserva (9.ª División) salió en el flanco derecho paraguayo capturando el día 13 de marzo el fortín Alihuatá.

Este ataque, pese a estar bien organizado, tuvo errores de ejecución lo que produjo bajas desproporcionadas al objetivo y los pocos soldados paraguayos que defendían ese fortín de tránsito logístico.[59]

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Retirada paraguaya de Campo Jordán

Teniente coronel Carlos Fernández (comandante de división) y mayor Andrade (jefe de Estado Mayor) en el puesto de mando de la 1.ª División paraguaya (Campo Jordán, marzo

de 1933).

La captura de Alihuatá fue un contratiempo para el coronel Estigarribia que no esperaba una penetración tan audaz. El regimiento boliviano Campos cortó al camino Alihuatá-Saavedra, ruta de abastecimiento de la 1.ª División paraguaya, al mando del teniente coronel Fernández, que combatía en Kilómetro 7, Kilómetro 12 y Campo Jordán. A su vez, la 4.ª División boliviana, con 3000 hombres, aumentó la presión sobre esa división.

Estigarribia trató de sacar provecho concentrando fuerzas en Arce para envolver a su vez a la 9.ª División y le

pidió a Fernández que tratara de sostenerse en su posición hasta el 20 de marzo. Fernández, pese al pedido de su jefe, viendo que la situación logística era cada vez más delicada tomó la decisión de abandonar su posición. La retirada de la 1.ª División paraguaya hacia la zona de Gondra fue perfectamente planificada por un camino abierto al tránsito de camiones, sin pérdida de hombres ni material pesado.

[...] en previsión de nuestro desprendimiento, dispuse ya desde el día 15 que desde el atardecer la artillería bombardeara las posiciones enemigas [...] y que las tropas efectuasen fuego de hostigamiento en forma decreciente hasta la media noche acortando su duración en una hora [...] Cada noche ese grandioso crepitar de todas las armas terminaba más temprano, de tal modo que en la noche del 17 de marzo de 1933, al cesar el fuego a eso de las 19 horas, el enemigo no se dio cuenta en absoluto de que la primera línea era evacuada casi íntegramente.

Teniente coronel Carlos Fernández (1955, p. 260 vol. 2)

Segunda batalla de Fernández (Herrera)

Luego de la captura de Alihuatá, la 9.ª División boliviana atacó Arce (Francia) llegando a 5 km del fortín. Tres regimientos bolivianos intentaron quebrar las defensas sufriendo fuertes bajas equivalentes al 33% de sus efectivos. Cuando Kundt se dio cuenta que esas líneas defensivas ni siquiera eran las principales ordenó suspender el ataque.[60] Decidió entonces atacar nuevamente Fernández (Herrera) para luego volver sobre Arce desde dos direcciones, sur y noroeste.

El 10 de marzo de 1933, la 8.ª División boliviana, al mando del coronel Rafael Morant, avanzó hacia Fernández (Herrera). Esta fuerza estaba compuesta por 5 regimientos y 2 grupos de artillería: 61 oficiales, 1900 soldados, 52 automáticas, 7 cañones y apoyo de la aviación.[61]

El coronel Morant envió al coronel Luis Saavedra con dos regimientos para que rodeara el fortín y cortara el camino que lo unía con Arce. La columna Saavedra se desorientó en el monte. Sin saber donde estaba el grupo Saavedra, Morant inició sucesivos y sangrientos ataques frontales que fueron repelidos por los defensores paraguayos. Cuando Saavedra llegó finalmente a su objetivo fue atacado por fuerzas que venían de Arce y tuvo que volver a su base de partida.[62]

El día 27 de marzo de 1933, después de varios días de ataques, las fuerzas bolivianas se retiraron hacia Platanillos. Las importantes bajas afectaron la moral de los combatientes bolivianos.[63] Cuando se ordenó la suspensión del

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ataque la situación de los soldados no era buena:

Parecían seres resignados a morir, absolutamente carentes de sentimientos y totalmente insensibles. Se empleó con ellos la persuasión, el ruego y la amenaza, sin resultado alguno. Les aseguramos que los paraguayos acostumbraban a castrar a sus prisioneros, pero seguían inconmovibles […] como último recurso, tomé una medida desesperada. Di orden a los oficiales que cortaran varas de los árboles y arrearan a palos a aquellos soldados que se negaban a marchar.

Oficial boliviano Ovidio Quiroga Ochoa (Dunkerley, 1987, p. 251) El general Kundt criticó la actuación del comandante de la 8.ª División lo que provocó malestar por ser injustas y desconsideradas.[64]

En seis meses de ofensiva, el general Kundt solo había logrado tomar Corrales, Alihuatá y corregir la penetración paraguaya en Kilómetro 7 y 12. Entonces volvió a su plan original: capturar el estratégico fortín Nanawa, al sur.

Actividad diplomática y declaración de guerra

El 15 de diciembre de 1932, cuando el ejército boliviano había alcanzado su máximo poderío en el Chaco y se detenía la ofensiva paraguaya, la Comisión de Neutrales propuso el cese de hostilidades y el retiro y desmovilización de los ejércitos. El ejército paraguayo debía replegarse al río Paraguay y el boliviano detrás de una línea que iba de Ballivian a Vitriones. Esta postura fue reforzada con la sucesiva adhesión de 13 países americanos más los 5 que figuraban en la Comisión. El Paraguay rechazó la misma por no ser «ni satisfactorias ni justas» pues dejaba a su ejército fuera del Chaco mientras el ejército boliviano permanecía en el medio del mismo. Sostenía además que para «restablecer el imperio del derecho era menester una severa investigación que señale al culpable de esta guerra inicua».|[65]

En los meses de diciembre de 1932 y enero de 1933 fracasaron dos intentos de mediación llevados adelante por la Argentina y Chile separadamente, en cuanto integrantes del grupo ABCP (Argentina, Brasil, Chile y Perú) o sea países limítrofes de Bolivia y Paraguay. Los mediadores solicitaban:

•• La suspensión de las hostilidades.

•• Retirar los ejércitos de la zona de operaciones.

•• Someter la cuestión litigiosa a la Corte Permanente de Justicia Internacional. •• La desmovilización y la devolución de prisioneros.

El 25 de enero de 1933, Argentina y Chile (ahora en forma conjunta), con el acuerdo del Brasil, enviaron a los gobiernos de Bolivia y Paraguay, en forma confidencial, una nueva propuesta que luego se denominó Acta de Mendoza, la cual fue entregada oficialmente un mes después, el día 24 de febrero. El 27 de febrero, Bolivia y Paraguay aceptaron el Acta con una serie de objeciones. El ministro paraguayo Vicente Rivarola, destacado en Buenos Aires, anticipó a su gobierno que Bolivia no iba a aceptar la propuesta del grupo ABCP teniendo en cuenta la postura que venía sosteniendo desde siempre. Sugirió que el Paraguay debería declarar oficialmente la guerra a Bolivia para aislarla de todo apoyo externo y dar a sus dirigentes una justificación que les permitiera cambiar su postura:

Bolivia, si ha de ser vencida en el terreno militar o en el campo de la diplomacia, necesitará serlo, no por el Paraguay, ni siquiera aparentemente, sino por causas extrañas al Chaco: por las injusticias de los vecinos, por inconvenientes geográficos, por fenómenos naturales, pues, dentro de su idiosincrasia, necesitará siempre presentarse como víctima de los más fuertes y continuar llorando por los errores de la geografía y por las injusticias de su destino.

Carta de Vicente Rivarola al presidente Eusebio Ayala, marzo de 1933 (Rivarola, 1982, p. 166) Durante el mes de marzo y buena parte de abril las negociaciones se estancaron. Por esa razón, los días 21 y 22 de abril, el grupo ABCP insistió a las partes para que suspendieran las hostilidades. El 23 de abril, el gobierno

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