Sobre ser mujer: una lectura desde el psicoanálisis

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(1)SOBRE SER MUJER: UNA LECTURA DESDE EL PSICOANÁLISIS Trabajo de grado.. Viviana González Verano. Ps. Jairo Gallo. Asesor.. UNIVERSIDAD COOPERATIVA DE COLOMBIA PROGRAMA DE PSICOLOGÍA BOGOTA. DC MAYO DEL 2009.

(2) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 2. Contenido.. Resumen. 4. Abstract. 5. Introducción. 6. Marco Teórico. 9. Método. 26. Resultados. 29. Discusión. 45. Sugerencias. 53. Referencias. 54.

(3) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 3. “…de nuevo vuelven a definirse en relación con el otro sexo y no en relación con consigo mismas: vuelven a concebirse a sí mismas por la ausencia del otro y no por ellas, por yoella, por nosotras y con nosotras-ellas” Irigaray, 1996 “una de las maldiciones que pesa sobre la mujer es que, en su infancia, queda abandonada en manos de mujeres” Michelet, (no date [sin fecha]).

(4) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 4. BE ON WOMEN: A READING FROM THE PSYCHOANALYSIS. Abstract For much of history, women had an invisible role, was denied, neglected and even hated. Over time, some social phenomena, such as wars and social movements, like the suffragette, horse racing, among others, women began to occupy sites that had been earmarked for men. Given these changes, one might think that women have transformed not only his role in history but the meaning of being a woman, the representations involved. This is why the current investigation is to establish whether these changes have occurred, analyzing the performances that exist at present on being a woman, that based on the theoretical assumptions of Freud, Irigaray, de Beauvoir, Bleichmar, Burin and Riviére. It employed a qualitative design with a psychoanalytic method, and through the in-depth information was gathered from three women in the city of Bogota, which had different socioeconomic strata, life histories and current conditions. This information established that the women interviewed for the concept of being a woman is still associated with being a mother, although this has different meanings. It was established that the characteristics associated with the concept of being a woman, and finally what it means for these women being women. Key Words: Representation, Women, Subjectivity, Mother, Psychoanalysis..

(5) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 5. Resumen. Durante gran parte de la historia, la mujer tuvo un papel invisible, fue negada, olvidada y hasta odiada. Con el paso del tiempo, y algunos fenómenos sociales, como las guerras y los movimientos sociales; como el sufragista, el hipismo, entre otros, la mujer empezó a ocupar lugares que habían sido destinados para hombres. Dados estos cambios, se podría pensar que la mujer ha transformado no sólo su papel en la historia sino el significado de ser mujer, las representaciones que ello conlleva. Es por esto que con la presente investigación se busco establecer si se han producido dichos cambios, analizando las representaciones que existen en la actualidad sobre el ser mujer, ello basado en los presupuestos teóricos de Freud, Irigaray, De Beauvoir, Bleichmar, Riviére y Burin. Para ello se utilizo un diseño cualitativo con un método Psicoanalítico, y por medio de la entrevista a profundidad se recopiló información proveniente de tres mujeres de la ciudad de Bogotá, que poseían diferente estratos socioeconómicos, historias de vida y condiciones actuales. Esta información permitió establecer que para las mujeres entrevistadas el concepto de ser mujer sigue estando asociado al de ser madre, aunque ello conlleva significados diferentes. Así mismo, se establecieron las características que asocian al concepto de ser mujer, y por último, lo que significa para estas mujeres el ser mujer. Palabras Claves: Representación, Mujer, Subjetividad, Madre, Psicoanálisis..

(6) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 6. INTRODUCCION Desde el principio de la humanidad han existido dos seres; el hombre y la mujer. En las leyendas indígenas existe Bochica y Bachue, en la tradición Cristiana se habla de Adán y Eva, en la tradición Hindú existe Krishna y Rukmini, para los griegos estaba Zeus y Hera, y así sucesivamente en el sinnúmero de tradiciones religiosas, míticas y sociales que existen. Sin embargo, con el paso del tiempo, uno de aquellos seres fue desapareciendo hasta volverse casi imperceptible. Al lado de personajes como Jesucristo, Mahoma, Buda, Gandhi, César,. Napoleón. Bonaparte, Cristóbal Colón, Simón Bolívar, Camilo Torres, Francisco de Paula Santander; la vida de María Magdalena, Cleopatra, Juana de Arco, Nefertiti, Isabel La Católica, La Reina Isabel, María Estuardo, Catalina de Rusia, Manuelita Sáenz, Manuela Beltrán, Policarpa Salavarrieta, Frida Kalho, y millares de mujeres, pasaron si bien no inadvertidas, sí como un papel secundario; sus hazañas no fueron lo suficiente magnificas como para tener cabida en los libros de historia. Libros que fueron escritos por hombres, hazañas que fueron contadas por hombres, escuelas que fueron creadas por hombres, todo dentro de un orden social establecido por hombres; donde el falo reclama la supremacía dejando a lo diferente como el Otro, o cabe aclarar, la Otra. Esa Otra que guardó un silencio casi cómplice, esa Otra que aguardó en casa a que el hombre regresará de sus guerras, de sus victorias, de sus conquistas, esa Otra que sacrificó su protagonismo en el mundo de los hombres sólo por tener el poder en el hogar. Esa otra que aceptó pasivamente que el hombre la designara como mujer, sin cuestionarse ni cuestionarlo sobre lo que ello significaba, sin preocuparse por saber qué representaba. Durante años éste nombre se asoció a otro, principalmente porque se consideraba que eran lo mismo, ser mujer era sinónimo de ser madre; para ser lo primero debía ser lo segundo, ser mujer conllevaba a ser madre, y a la vez el ser madre conllevaba ser esposa, y esto a su vez conllevaba renuncias a su ser y a sus derechos; pasaba a ser una posesión por la que se pagaba un dote, pasaba a ser un arreglo entre hombres; entre el padre y el que sería su esposo. Así mismo, conllevaba otros designios, otras virtudes, otras cualidades que se conglomeraban para formar lo que se esperaba y exigía para ése ser llamado mujer..

(7) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 7. Sin embargo, esos requisitos generaron que algunas de ésas seres, empezarán a soñar con revoluciones, con cambios sociales que les permitieran redimir su lugar en la historia y en el presente. Esas mujeres empezaron a buscar en medio de su silencio una forma de expresar su frustración, su angustia, su melancolía. Y en su seno fue brotando el germen del cambio, que llevo a criar hijos e hijas que se preocuparon por investigar y descubrir lo que existía más allá del velo que enceguecía sus ojos. Se necesitó que nacieran muchos hombres y mujeres que nutridos por el germen del cambio, abonaron el terreno durante varios años para que se dieran pequeños cambios en el mundo, uno de esos hombres fue Sigmund Freud, un psicoanalista Vienés del siglo XX, quién pese a tener un pensamiento adelantado para su época no pudo descubrir lo que el secreto de la feminidad revelaba, sin embargo, creó una corriente psicológica que abrió la puerta para el estudio de lo femenino, lo masculino y la relación entre ellos, puerta que luego retomaron diferentes movimientos sociales. Ése germen también nutrió a mujeres como de Beauvoir, quién atrajo la atención sobre la magnitud de la explotación femenina, y con su experiencia trató de mostrar otra forma de ver y vivir la vida, fue así como renunció a su deber de ser madre y ser esposa, para convivir en el amor libre con un filosofo de la época (Biografías y Vidas, no dates.f) [sin fecha]). Irigaray, una mujer que partió del psicoanálisis para tratar de encontrar un nuevo orden social más inclusivo y equitativo; entregó su vida a sus ideales y lucho día a día por crear una revolución. Mujeres como Bleichmar, Riviére, Burin y muchas más que dedicaron sus pensamientos y hasta vidas, para seguir abonando el destino, con el único sueño de empezar a existir. Sueño que se ha ido tratando de cumplir, realizado en la medida, que la mujer en comparación de unos siglos atrás, de unos años atrás, tiene más oportunidades de tener una vida más allá del hogar, del ser esposa, del ser madre. La mujer hoy en día, según se dice tiene más oportunidades de existir y de vivir en un mundo creado y diseñado por y para hombres. Es por ello que mediante la perspectiva y el sustento teórico de uno de los enfoques de la psicología que permitió indagar sobre lo que representaba para cada ser humano la.

(8) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 8. forma como se posicionaba en el mundo desde su ser y su sentir, cabe cuestionarnos en la actualidad, con los cambios sociales que se han presentado ¿Cuál es la representación femenina que se tiene sobre el ser mujer? Es por la anterior pregunta que el objetivo de la presente investigación es analizar desde la teoría psicoanalítica las representaciones femeninas que existen sobre ser mujer, en tres jóvenes de la ciudad de Bogotá. Para ello, se plantea:  Investigar sobre las representaciones subjetivas de ser mujer en 3 jóvenes de la ciudad de Bogotá.  Relacionar las representaciones subjetivas con el sustento teórico psicoanalítico, para así establecer lo que significa ser mujer. La importancia de ésta investigación radica en que, sí socialmente y con los gobiernos actuales se busca una sociedad más justa y equitativa en derechos y oportunidades para todos y todas, se debe partir de una deconstrucción de los roles, las representaciones y los significados que han mantenido por el transcurso de la historia la relación de poder e inequidad de géneros. Para que ello sea posible, debemos primero identificar que representan para las personas, para las y los sujetos, ser o pertenecer a un determinado género, y ¿por qué no empezar con la que ha sido ignorado por tanto tiempo? Para poder crear una sociedad más formadora, más incluyente, debemos conocer cuál es la representación que se tiene sobre ser mujer o ser hombre en la actualidad, para de allí partir a deconstruir un nuevo significado sobre lo que representa ser o pertenecer a uno u otro género. Cabe resaltar que con esta investigación no se puede llegar a generalizaciones, sin embargo, permite una exploración hacia el mundo de lo femenino y la representación de ser mujer..

(9) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 9. MARCO TEÓRICO Para la revisión de los diferentes propuestos teóricos, se retomaron algunas de las perspectivas femeninas que existen sobre el tema. Sin embargo, se inicia con la perspectiva de Freud, por ser el precursor de esta corriente psicológica y por tanto, una de las primeras personas que se refiere al tema de la sexualidad y la representación femenina. Para abordar el tema de la investigación, se inicia con el concepto de representación, según el diccionario de psicoanálisis (no date [sin fecha]), este concepto es utilizado de forma clásica por la psicología y la filosofía para designar la re-presentación, la reproducción de un evento anterior. Sin embargo, Freud retoma el concepto clásico de la filosofía alemana, vorstellung, pero definiéndolo no como el representarse un objeto, sino como las características del objeto que se inscriben en los sistemas mnémicos. Considerando que para Freud la memoria significaba más que una vasija de imágenes, era todo un sistema de huellas mnémicas que guardaban una relación de similitud con el objeto. A continuación se enuncian algunos de los supuestos teóricos que han desarrollado diferentes autores para referirse al concepto y construcción de ser mujer o de la feminidad. Freud fue un médico vienes que se interesó por las enfermedades mentales, esto lo llevó a desarrollar una teoría sobre el funcionamiento de la mente, y un método de intervención. En este proceso Freud postuló la sexualidad como factor principal en muchos de los trastornos mentales, y al ser las mujeres las que visitaban principalmente su consultorio, empezó a estudiar los casos de éstas mujeres para encontrar una forma de explicarlos, aunque en realidad para la gran mayoría de sus teorías parte de estudios en los que primaban los datos obtenidos de hombres. (Biografías y Vidas, no dates. f [sin fecha]) En conclusión, Freud al tratar de explicar las patologías existentes propone diversos supuestos teóricos, y para estudiar a la mujer se centra básicamente en la etapa de la niñez y en la comparación con el hombre, a continuación explicamos brevemente algunos de sus supuestos teóricos que están relacionados con lo femenino. En (1905) postulo que los niños crean ciertas teorías sexuales infantiles para así elaborar una comprensión sobre los procesos sexuales; esta investigación sexual es.

(10) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 10. realizada por el niño de forma individual y es el primer paso para independizarse del mundo, al crear sus propios conceptos y alejarse de los adultos. La primera de estas teorías infantiles se refiere al origen de los niños, la cual se encuentra ligada al desconocimiento de las diferencias anatómicas, es decir, el niño atribuye el mismo órgano genital tanto para hombres como para mujeres, lo que evidencia el gran valor que el niño concede al pene, al no poder imaginarse un ser similar a él sin un elemento tan esencial. Freud (1908) manifiesta que la teoría infantil que refiere que la mujer está provista de un pene no es tan errada, teniendo en cuenta que las investigaciones en anatomía, realizadas en ese momento, postulaban al clítoris como el homólogo femenino del pene. Adicionando que la excitabilidad de éste órgano le concede un carácter masculino a la sexualidad infantil de la niña, necesitando que se produzca una represión para desvanecer esta sexualidad masculina y convertirse en mujer. La segunda teoría propone que el desligamiento del bebé con la madre, es decir el parto se da por el conducto intestinal “El niño es expulsado como un excremento, en una deposición” (Freud, 1908. Parra 14), negándole así a la mujer el “doloroso privilegio de parir hijos” (Freud, 1908. Parra 13) puesto que si nacen por el ano el padre también podría tenerlos. Por último, la tercera teoría infantil refiere sobre el comercio sexual y como el niño llega a concebir el acto sexual como una lucha y un acto de violencia. Años después Freud (1923) adiciona algunos elementos más a las teorías sexuales infantiles. Expresa que la información recopilada se obtuvo solamente de niños y reconoce la ausencia de información en estudios correlativos en niñas. Refiere que la diferencia entre la sexualidad infantil y la adulta, es que la organización infantil sólo admite la existencia de un órgano genital; por lo que el niño dota a hombres, mujeres, animales y seres inanimados de un órgano similar al suyo. En el transcurso de sus investigaciones infantiles, el niño, puede descubrir en una de sus hermanas o compañera de juego la ausencia de un pene, sin embargo reaccionará negando dicha imagen e inventando alguna excusa de dicha ausencia. Pese a ello, el niño poco a poco, llegará a la conclusión que la niña poseía un órgano similar al suyo, del cual fue despojada, surgiendo así el temor a una mutilación similar. Estos descubrimientos no son generalizados, por lo que considera que sólo algunas mujeres fueron castradas debido a actos ilícitos, por lo que otras mujeres como la madre poseen un.

(11) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 11. miembro viril. “la femineidad no coincide aún para el niño con la falta de miembro viril” (Freud, 1924. Parra 9). Sólo hasta que el niño aborde la concepción y nacimiento de los niños comprenderá y dejará de otorgarle a la madre un miembro viril, y empezará a desarrollar teorías sobre el cambio de pene por un niño. Referente al complejo de castración y el desarrollo de la niña, manifiesta Freud (1924) que sobre éste tema el material es más “oscuro e insuficiente” (Freud, 1924. Parra 11) La niña no considera su ausencia de pene como una característica sexual, sino que cree que tenía un pene al igual que el niño pero lo perdió, afirma Freud (1924). Al igual que el niño no generaliza esta conclusión sino que la designa sólo a algunas mujeres. La diferencia radica en que la niña “acepta la castración como un hecho consumado, mientras que el niño teme la posibilidad de su cumplimiento” (Freud, 1923. Parra 12). Sin embargo, la niña no renunciará al pene sin la tentativa de una compensación; “la niña pasa_ podríamos decir que siguiendo una comparación simbólica_ de la idea del pene a la idea del niño” (Freud, 1923. Parra 13) El complejo de Edipo culmina según Freud (1923) en el deseo de recibir del padre, como un regalo a un niño, un hijo. Años después Freud (1925) expresa que faltaba claridad con respecto a la prehistoria del complejo de Edipo en el niño, es decir, aún hacia falta por dilucidar sobre la identificación cariñosa con el padre antes de producirse la rivalidad por la madre, así como sobre los actos masturbatorios que realiza el niño, y la influencia que tiene el presenciar el comercio sexual de los padres en estos actos. Así mismo, refiere que faltaba por esclarecer si existía un mismo proceso invariable o si se daban diferentes fases prehistóricas que tendrían un mismo estadio terminal. Freud (1925) señala que en la niña existe un aspecto adicional y es el hecho que pese a que la madre es el primer objeto de amor para los dos, niño y niña, el primero la retiene durante la fase del Edipo, contrario a la niña quién debe abandonarla y tomar a su padre en su lugar. Por lo tanto el complejo de Edipo sería una formación secundaria, es decir, el primer paso en la fase fálica es el descubrimiento de los órganos genitales del otro sexo; mientras que la niña al descubrir el órgano masculino lo reconoce como “símil superior de su propio órgano pequeño e inconspicuo, y desde ese momento cae víctima de la envidia fálica” (Freud, 1925. Parra 9). El niño rechaza el ver la región genital femenina.

(12) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 12. o inventa excusas para que concuerde con lo esperado, sólo ante la amenaza de una castración dicha observación cobra relevancia. Las consecuencias de estas circunstancias determinarán la forma como se relacionan con la mujer, el niño a saber tiene dos opciones; “el horror ante esa criatura mutilada, o bien el triunfante desprecio de la misma” (Freud, 1925. Parra 10). Para la niña existen tres caminos; el primero se refiere al complejo de masculinidad, la niña posee la esperanza de tener un pene y que algún día será igual al hombre; o bien la niña no reconozca su ausencia de pene y en consecuencia, actúe como si fuera un hombre. El segundo destino, es aceptar su herida narcisista lo que conlleva al desarrollo de un complejo de inferioridad, al entender que no se trata de un castigo personal sino una característica sexual universal, este destino implica unirse al hombre en su desprecio por un “sexo que es defectuoso en un punto tan decisivo, e insiste en su equiparación con el hombre” (Freud, 1925. Parra 13). El tercer destino de la envidia fálica, señala Freud (1925) que aún no estaba muy claro pero que estaba relacionado con el distanciamiento de la madre, al respecto refiere que “la falta de pene es casi siempre achacada a la madre de la niña, que la echó al mundo tan insuficientemente dotada.”(Freud, 1925. Parra 13) Una vez que la niña se ha dado cuenta que no posee un pene, su actividad masturbatoria disminuye, lo que podría estar relacionado a “una ofensa narcisista ligada a la envidia fálica” (Freud, 1925. Parra 15) es decir, la niña renuncia a la comparación con el hombre, al darse cuenta que no puede competir con él. El reconocer la diferencia anatómica conlleva a que la niña se aleje de la masculinidad y la masturbación, lo que la dirige hacia caminos en los que desarrollará la femineidad. Esto genera que la niña tome otra posición, renunciando al deseo de tener un pene, como se mencionó anteriormente, y desee un niño. Por éste deseo toma al padre como objeto amoroso, convirtiéndose la madre en un objeto de celos. Sin embargo, Freud manifiesta que el complejo de Edipo en la niña no es un proceso tan simple, y que necesita de un complejo o situación pre edípica, en el que el padre es un rival para la niña, para explicarlo mejor, basta con remitirnos a la idea que.

(13) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 13. tanto para niños como para niñas el primer objeto de amor es la madre, pese a ello, durante el complejo edípico la niña ha trasladado el amor por su madre hacía el padre. Lo que refiere que hay un proceso en el que se da esa traslación de amor, para explicar éste proceso Freud (1931) retoma los impulsos bisexuales que están presentes tanto en hombres como en mujeres, aunque con mayor fuerza en las mujeres. Dado principalmente, a que la mujer posee dos órganos sexuales, a saber, la vagina órgano propiamente femenino, y el clítoris órgano homólogo del pene. Según Freud, durante la infancia la sexualidad de la niña esta mediada por las sensaciones del clítoris y la inexistencia de la vagina, es decir, que la sexualidad femenina conlleva dos fases; la primera de carácter masculino, y la segunda de carácter femenino. Aunque para Freud, el hecho que el clítoris continúe aportando sensaciones durante la segunda fase, no posee fundamentos biológicos, ni teleológicos. Paralelo al cambio de zona erógena, la niña, experimenta el cambio de objeto de amor; refiere que en los primeros años de infancia la niña establece un vínculo fuerte con la madre. Así mismo, durante la fase fálica la niña posee poderosos deseos activos dirigidos hacía la madre, lo que conlleva a una masturbación clitoriana y a fantasear con la madre, aunque Freud no alcanza a definir si realmente se producen fantasías de fines sexuales con la madre, y no contempla cuáles, de ser así, serían. Sin embargo, sí acierta a concebir que la niña al igual que el niño desea creer que le ha hecho un hermanito a la madre, la niña desea tener un hijo con la madre. Por tanto, el niño y la niña comparten camino iguales, es decir, pasan por experiencias y deseos similares, ambos poseen deseos activos dirigidos hacía la madre. No obstante, el niño luego desarrolla el temor a la castración mientras que la niña “…reconoce el hecho de su castración, y con ello también la superioridad del hombre y su propia inferioridad” (Freud, 1931. Parra 5); ella ya se encuentra castrada y por tanto padece de la envidia fálica, lo que conlleva a que se reconozca como inferior y renuncie a sus deseos activos y con ello a su carácter masculino, admitiendo los instintos pasivos conllevando esto a un cambio en su zona erógena y en su objeto de amor. Retomando aquí a Freud “Lo masculino comprende el sujeto, la actividad y la posesión del pene. Lo femenino integra el objeto y la pasividad. La vagina es reconocida ya entonces como albergue del pene y viene a heredar al seno materno” (1923. Parra 9).

(14) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 14. Pese a que Freud no logro develar el misterio de la feminidad, realizo un gran aporte al estimular a varias de sus pacientas para que se convirtieran en colaboradoras y transmitirles muchos de sus descubrimientos (Mühlleitner, 2000) Oponiéndose al pensamiento y postulados de Freud, aparece Luce Irigaray; una de las pensadoras del siglo que en su libro “Espéculo de la otra mujer” retoma los postulados escritos en “la feminité”; y los contrasto con sus propios pensamientos. La primera frase que utiliza es “...El problema de la feminidad les preocupa porque son ustedes hombres. Para las mujeres no constituye problema alguno, porque son ellas mismas el enigma del que nosotros hablamos” (Freud, 1931 Citado en Irigaray, 1974. Pág. 7) Es así como retoma los postulados principales de Freud, entre ellos el referente a la pasividad de la mujer, aclarando que a la mujer la han connotado a la maternidad siendo estos dos conceptos excluyentes pues al ser mujer sería un ser pasivo, pero al ser madre sería “desde todos los puntos de vista, activa hacia el niño” (Irigaray, 1974 Pág. 10). Debido a esta contrariedad Freud propone que en la mujer, lo femenino no es pasivo sino que posee una tendencia a las “metas pasivas” (Freud, 1931 citado por Irigaray, 1974. Pág. 11), aclara la autora que esta noción no carece de interés, sino que además de ser difícil de interpretar, complica más la economía de las relaciones activo/pasivo al autorizar que funcionen en cada uno de los dos polos masculino/femenino pero en tiempos diferenciados y de cierto modo complementarios. Así mismo, refiere que Freud propuso que el misterio de la feminidad se develaría cuando se comprendiera cómo se producía la diferenciación en dos sexos de los seres vivos, proceso del que se conocía precariamente. Irigaray (1974) manifiesta que para que se aclaren las ideas sobre la sexualidad femenina, habría que retomar el concepto de la diferencia pero dado su carácter difícilmente representable, no se tendrá en cuenta. Por lo tanto la sexualidad quedará, como hasta el momento, articulable sólo por la práctica de la sexualidad masculina. Manifiesta Irigaray (1974) que lo femenino se ha descifrado como interdicto; “entre significados realizados, entre las líneas…y en función de las necesidades de (re)producción de una moneda sensata fálica” (Irigaray, 1974. Pág.24), de la que se infiere que habrá de necesitar “una especie de alter ego invertido, o de negativo, también fotográfico y por ende “negro” (Irigaray, 1974. Pág.24). Estos efectos de negativo son causados por medio de una.

(15) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 15. censura sobre lo femenino, y sólo resurgirá mediante ejemplos “ser/devenir, tener/no tener sexo, fálico/ no fálico…” (Irigaray, 1974. Pág. 24) En otras palabras la feminidad sólo existe como contrario; como opuesto a lo masculino. El devenir mujer consistirá en buena parte, manifiesta Irigaray (1974), en el reconocimiento y la aceptación de su atrofia fálica. Con respecto a la expresión que Freud realizó de la niña pequeña es un hombrecito (Freud, 1931 Citado por Irigaray, 1974.), la autora concede la razón a Freud; aclarando que, es obvio cuando todo acceso al estadio fálico significa el acceso al placer procurado por el falo, incluso en su dominio de significante. Cuestiona además que si ése es un estadio necesario para que la niña se convierta en una mujer normal, “¿por qué no hablar de estadios vulvar, vaginal o uterino con respecto a la sexualidad femenina?” (Irigaray. 1974. Pág.27) Quedando ésta pregunta sin resolver. Como se mencionó con anterioridad, Freud (1931) propuso que para que la niña se convierta en mujer debe cambiar de zona erógena y de objeto. Es decir, para la niña el placer esta centrado en el clítoris, homólogo del pene, pero para que la feminidad se forme se debe ceder toda la sensibilidad del clítoris a la vagina, convirtiéndose ésta en el instrumento indispensable para el placer masculino. Cuestiona Irigaray (1974) sobre la razón por la que la niña se interesaría sólo en el clítoris cuando éste no es el único fragmento que proporciona placer, manifestando que Freud ignoró las demás partes de los órganos femeninos debido, tal vez, a que no existen referentes masculinos. En el transcurso de su obra, Irigaray (1974) retoma nuevamente éste tema al manifestar que uno de los deseos más perceptibles en la niña es el de hacerle un hijo a la madre y tener un hijo suyo. El primer deseo se puede interpretar a la luz que la niña en el período fálico es un niño y por lo tanto puede desear “con su pequeño pene hacer un hijo a su madre” (Irigaray, 1974. Pág. 27). El segundo deseo, quedar embarazada de la madre supone que la niña no es sencillamente un niño, sino que ya estaría presente la bisexualidad en su economía libidinal, y “que su órgano sexual de referencia no sería solamente el clítoris” (Irigaray, 1974. Pág. 27) Referente a los cambios que debe hacer la niña en su devenir mujer, Irigaray (1974) refiere que existe una segunda dificultad y es que la mujer debe ser “lo más semejante posible al objeto de siempre del deseo del hombre (Irigaray, 1974. Pág. 24)”, para explicar éste comentario es necesario retomar el planteamiento según el cual, tanto para niños.

(16) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 16. como para niñas el primer objeto de amor es la madre; sin embargo, en la fase edípica la niña debe trasladar el amor que siente por la madre hacia el padre, para luego pasar a la elección de objeto definitivo. Pero cabe resaltar que es sólo la mujer la que cambia de objeto, puesto que el hombre permanece fijado a su primer objeto, de lo que surge la pregunta obvia “¿Cuál será la función de la mujer en su economía sexual?” (Irigaray, 1974. Pág. 21) si la mujer se identifica con la madre del hombre para corresponder a su deseo, éste terminará siendo el “hermano de sus hijos” (Irigaray, 1974. Pág. 21), puesto que así tendría el mismo objeto de amor. De ser así cual sería la resolución del complejo de Edipo en el hombre, ésa es otra de las preguntas que Irigaray deja sin respuesta. Una de los cuestionamientos que Irigaray (1974) hace a Freud es que por estar tan comprometido con determinado logos, y con una economía de la presencia no pudo representar el devenir de la niña como mujer más que en términos de “carencia de, ausencia de, falta de…” (Irigaray, 1974. Pág. 33) Ya en su libro “Yo, tú, nosotras” Irigaray deja de un lado los cuestionamientos directos hacía Freud, haciéndolos de forma más general y a la vez más particular a la mujer, lo que probablemente sea resultado del desarrollo que tienen sus pensamientos. Casi a modo de iniciar su escrito refiere “¿A qué o a quién desean igualarse las mujeres? ¿A los hombres?... ¿A qué modelo? ¿Por qué no a sí mismas?” (Irigaray, 1992. Pág.9) En el transcurso de éste texto Irigaray expone su pensamiento sobre la importancia de la diferencia entre los sexos, según ella, allí radica el surgimiento de la mujer, como diferente de y no sólo como opuesto de, o carente de. Por tanto refiere que no se debe reclamar la igualdad; puesto que ello conllevaría a la comparación, y así como no es conveniente que los sujetos sean idénticos o iguales, en el caso de los sexos, tampoco convendría. Así mismo, la búsqueda por la reivindicación de la neutralización del sexo, es un tema que según ella carece de relevancia puesto que esto implicaría el fin de la especie humana dado que los dos géneros aseguran la producción y reproducción de la especie. Según ella, lo importante es establecer los valores de la pertenencia a un género que resulten aceptable para los dos, se debe crear una cultura “de lo sexual” (Irigaray, 1992. Pág. 9) desde el respeto por los dos géneros. Teniendo en cuenta que la cultura.

(17) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 17. parece estar vinculado a la generación y no al género sexuado; lo que implica que la mujer sea madre y el hombre padre, y se carezca de valores que permitan formar una “pareja creadora y no meramente productora” (Irigaray, 1992. Pág. 10) Por último, adiciona al respecto que la liberación de la mujer no está dada por “convertirse en hombres” (Irigaray, 1992. Pág. 69) o envidiar objetos o partes del hombre sino en que las sujetos mujeres puedan darle un nuevo valor a la expresión de su sexo y de su género. Para ello es importante, según ella, volver a pensar en la mujer como “la identidad de la mitad del género humano del género femenino” (Irigaray, 1992. Pág. 77), y así como el género humano no es sólo reproductor de la especie, sino creador y compuesto por dos géneros, en el que uno además es creador en sí mismo, dentro de su propio cuerpo, lo que, por cierto, no debería quitarle el derecho a la libertad, a la identidad, al espíritu. La mujer no puede únicamente estar definida en relación a la familia. Siguiendo con algunos de los planteamientos psicoanalíticos que han realizado las mujeres a lo largo de la historia, continuamos con Simone de Beauvoir, quién fue una de las primeras mujeres del siglo XIX que llamó la atención sobre la magnitud de la explotación femenina. Así mismo, ella describía su vida apoyándose en informaciones científicas para así proponer una nueva forma de ver y vivir la vida. En su libro “el segundo sexo”, Simone de Beauvoir (1949) trató de esbozar el camino por el cual la mujer aprende su condición, la experimenta y cual es el universo en el que habita. La primera frase de su texto reza “no se nace mujer: llega una serla” (Beauvoir, 1949. Pág. 13). Según ella no existe un destino o predeterminación biológica o física que defina lo que es ser mujer, contrario a lo propuesto por Freud, y siendo por tanto, la civilización quien elabora ese producto intermedio ente el macho y el castrado al que se califica como femenino. Para apoyar esta hipótesis retoma como, tanto el nacimiento como el destete se desarrollan de la misma manera en los bebes, sin diferenciar su sexo, ambos; niños y niñas tienen los mismos intereses y placeres. Hasta los doce años la niña es muy similar a sus hermanos; refiriéndose a los niños, manifiesta las mismas capacidades intelectuales y no hay dominio en el que no pueda o se sienta en capacidad de rivalizar con ellos..

(18) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 18. Por lo que la pasividad que caracteriza la femineidad no está dada por instintos, ni está determinada. Al contrario es un rasgo que se desarrolla desde los primeros años de vida, es un destino que le imponen sus educadores y la sociedad. Por medio de la historia, los cuentos y los refranes se le enseña a la niña la exaltación del hombre; ellos son los que construyen y crean. Por tanto, la mayor necesidad que debe sentir es encantar un corazón masculino, y para ello la única virtud que debe poseer deberá ser la belleza, por medio de estos cuentos se le enseña a la niña que debe ser mártir, debe sufrir para alcanzar la gloria, para ser mujer deberá renunciar a sí misma y mutilarse. Beauvoir (1949) Adicionalmente la niña es expuesta a un régimen “malsano” (Beauvoir, 1949. Pág. 42), al permitirles realizar sólo actividades en las que se aburren y terminar por recurrir a las ensoñaciones; puesto que la imaginación las hace heroínas y protagonistas, llevándolas a adquirir el hábito de evadirse fácilmente y perder el sentido de lo real. Por lo tanto, no es de extrañar que la mayoría de las niñas de 10 ó 12 años sean “varones frustrados” (Beauvoir, 1949. Pág. 42). Puesto que para la niña es una situación extraña cuando comprende cómo es el mundo y se sitúa en él; está limitada y dominada por el universo macho, Beauvoir (1949). Y la niña sabe, por ser mujer, el mar y los polos, y mil dichas y aventuras le están prohibidas: ella ha nacido del lado malo…Será esposa, madre y abuela, cuidará su casa exactamente como lo hace su madre, y a los hijos así como ella ha sido cuidada; tiene doce años y su historia ya está escrita en los cielos: la descubrirá día a día, sin hacerla jamás… (Beauvoir, 1949. Pág. 44) Siguiendo ése orden de ideas, Beauvoir se refiere a la relación madre e hija, en ésta relación la madre impone su propio destino a su hija, con lo que reivindica “orgullosamente su femineidad” (Beauvoir, 1949. Pág. 45), siendo también una manera de vengarse. Puesto que al criar a una niña se termina por convertirla en algo muy similar, utilizando los juegos como medio de mostrarle y enseñarle su papel de mujer; el cuidado de los hijos es trasmitido por las muñecas; debe protegerlas y cuidarlas. Las actividades de la madre le son accesibles y visibles, pudiendo acceder a ellas desde una edad temprana, lo que conlleva a que desde muy pequeña asuma su feminidad y por tanto, su vocación imperiosamente dictada (Beauvoir, 1949. Pág. 28). Vocación que es aceptada por la niña pequeña al considerarla como privilegiada, al considerar que el mundo femenino es el que.

(19) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 19. tiene el poder. Sin embargo, una vez que la niña entra en contacto con el mundo y devela que los hombres son los que tienen el poder, es cuando la niña modifica la conciencia de sí misma, y no en sí el descubrimiento de un pene, Beauvoir (1949). Al respecto de lo último, retoma los planteamientos que expuso Freud sobre el complejo de castración, Beauvoir (1949) refiere que la niña, en algunos casos puede interesarse por el pene de un hermano o de un amigo sin que ello signifique que sienta celos, especialmente en el plano sexual, dado que la niña sólo conoce su función urinaria. Así mismo, refiere que en el caso de que la niña desee apropiarse de ese miembro, no será por sentirse “profundamente herida por la ausencia de ese órgano” (Beauvoir, 1949. Pág. 18) sino por el deseo de apropiarse de todo objeto, siendo este probablemente un deseo superficial. De igual forma, otra de las razones por las que una niña llegaría a desear tener un pene se relaciona con su función urinaria, a saber, la comodidad para realizar las emisiones, es decir de pie y sin necesidad de desnudarse, así como el hecho que el pene se deje manipular y a través de él se puede actuar, por lo que fácilmente se puede jugar al momento de emitir la orina. Contrario a lo que sucede con las niñas, quiénes deben desvestirse y ponerse de cuclillas, así mismo, deben existir teniendo un tabú entre sus piernas. Sin embargo, Beauvoir (1949) refiere que por lo general para la mayoría de las niñas, el privilegio urinario es algo secundario, por lo que no podría en sí engendrar sentimientos de inferioridad. Para que aparezca la frustración señala Beauvoir (1949) debe existir, retomando a Deutsch, experiencias anteriores aptas para crear el efecto o la llamada frustración. Entre ellas nombra la impotencia para saciar sus deseos de masturbación o exhibición, el tener la impresión de ser menos querida que uno de sus hermanos, entre otros. Según Adler la valoración efectuada por los padres y el entorno es la que da el prestigio al hombre, del cual el pene es la aplicación y símbolo para la niña. Siguiendo con una etapa evolutiva retomamos a Beauvoir al hablar de la pubertad, y como ésta es vivida por la niña. Refiere que es un periodo en el que el cuerpo infantil se transforma en un cuerpo de mujer, y se “hace carne” (Beauvoir, 1949. Pág. 52). Es una etapa que, según ella, la niña encara con inquietud y desagrado, en ocasiones es símbolo de orgullo, pero por lo general, es primeramente motivo de vergüenza; se produce el pudor..

(20) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 20. Expresa, Beauvoir (1949), que la niña se inquieta por sentir un punto vulnerable en sí, siente que se escapa su cuerpo, lo siente extraño, y siente que es captada como una cosa por otros; la niña desea ser invisible, tiene temor de “convertirse en carne y miedo de mostrarla” (Beauvoir, 1949. Pág. 53) La menarquía uno de los eventos que marca la pubertad, también es retomado por Beauvoir (1949) refiere que en general, pese a que hayan sido advertidas, la menarquía es tomada como un evento repugnante y humillante. Las madres, generalmente olvidan prevenir a sus hijas sobre éste suceso, siendo más fácil advertirlas sobre el embarazo y el parto, o de las relaciones sexuales, que de la menstruación, porque las madres mismas sienten “horror por esa servidumbre femenina, horror que refleja los viejos terrores místicos de los machos, y que ellas transmiten a sus herederas”. (Beauvoir, 1949. Pág. 56) Pero no sólo la menarquía anuncia su destino como mujer, con ella vienen otros fenómenos sospechosos, asevera Beauvoir (1949), resaltando que durante esta etapa se desarrolla la sensibilidad de las zonas erógenas, y al ser éstas numerosas, se considera que todo su cuerpo es erógeno. La niña es cruzada por una serie de emociones en las que no se reconoce. Se le pide que sea pura e inocente pese a que todas tienen y sienten imágenes y deseos “abominables” (Beauvoir, 1949. Pág. 68), así no hace más que combatir sus inhibiciones, sintiéndose desdichada y enfermiza. Se siente aniquilada por sus culpas y sufre su metamorfosis en mujer avergonzada y llena de remordimientos. Para finalizar, retomamos el pensamiento de Beauvoir (1949) respecto al ser mujer, manifiesta que desde el principio existe un conflicto entre su existencia autónoma y su “ser-otro” (Beauvoir, 1949. Pág. 25), dado que le han enseñado que para agradar a las personas debe intentar agradar y hacerse objeto, llevando esto a la renuncia de su autonomía. Con lo cual, según Beauvoir (1949), se establece un círculo vicioso puesto que al renunciar a su libertad, la niña dejará de ejercer su libertad para comprender, captar y descubrir el mundo que la rodea, llevando esto a que no encuentre recursos en sí misma, y así no podrá reconocerse como sujeto. Proseguimos con Emilce Dio Bleichmar, psiquiatra y psicoanalista argentina, escritora de varios textos, de los que se retoma su trabajo de tesis de 1997; La sexualidad femenina de la niña a la mujer, en él, ordena los conocimientos y aportes psicoanalíticos que se han realizado sobre el desarrollo psicosexual de la niña, y resalta como la.

(21) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 21. masculinidad atribuida a la niña requiere de una corrección metodológica y epistemológica. Bleichmar refiere que la mujer el sostén del cuidado de la vida y de la “sexualidadligada-al-amor” (Bleichmar, 1997. Pág. 24) la mujer controla el deseo sexual, y al ser madre, se encarga de velar por que la hija reprima la sexualidad, convirtiéndose en “el polo conservador y civilizador de la criatura humana” (Bleichmar, 1997. Pág. 24) Respecto a las diferencias a nivel anatómico que se presentan entre hombres y mujeres, Bleichmar, manifiesta que, si bien, estas diferencias poseen relevancia y tiene consecuencias a nivel psíquico, no pueden ser considerados como el eje central y exclusivo que constituyen al hombre y a la mujer. La sexualidad, según ella, es cultural. Las diferencias anatómicas y la sexualidad humana se establecen por efecto del poder de las múltiples instituciones de lo simbólico; “se trata de un sistema [refiriéndose a la sexualidad] múltiplemente determinado y normativizado que denominamos sistema sexogénero, fórmula que encierra un giro copernicano para la teoría psicoanalítica, pues pone de relieve que es el género el que configura y normatiza a la sexualidad” (Bleichmar, 1997. Pág. 25) Sin embargo, aclara que al proponer una explicación de la sexualidad como algo social, no significa que se trate de una explicación sociológica, sino que, al contrario, se retoma desde el punto que la niña, al poseer diferencias instituidas que la preexisten, debe realizar todo el proceso de elaboración, de apropiarse de esas diferencias y construir su subjetividad a partir de ellas. Propone, entonces Bleichmar, que se realice una deconstrucción y una recomposición de los elementos teóricos y simbólicos de los que se parte para realizar la lectura y definición de la feminidad. Para ello se requiere reescribir los mitos, la narrativa sobre la mujer. Continuando con los pensamientos femeninos retomamos a Joan Riviére, una de las discípulas de Freud que participó en la constitución y ampliación de la primera comunidad psicoanalítica. Riviére (1929) retomó las ideas propuestas por Ernest Jones sobre la sexualidad femenina y la clasificación que realizo de los tipos de desarrollo que se podían presentar en la sexualidad femenina. Sin embargo, Riviére se interesa sólo en un tipo intermedio; los.

(22) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 22. hombres y mujeres que pese a tener un desarrollo heterosexual presentaban rasgos fuertes del sexo opuesto, refiriendo que ello era considerado producto de los instintos bisexuales que estaban presentes en todos los seres humanos. Así mismo, manifiesta su deseo de probar que las mujeres que aspiraban a la masculinidad adoptaban una máscara de femineidad para evitar angustias y posibles represarías de los hombres. Durante su investigación Riviére (1929) expone un tipo de mujer que coincidía con el primer grupo de mujeres homosexuales, descrito por Jones, quiénes pese a no tener interés por otras mujeres, sí desean que los hombres acepten su masculinidad, y ser considerada como igual a ellos; ser uno de ellos. Sin embargo, en público se reconoce como mujer. La mujer a la cual Riviére analizó cumplía con los requisitos del desarrollo femenino completo, es decir, cumplía con sus labores en el hogar, poseía una amplía vida social y, adicionalmente, efectuaba sus responsabilidades laborales. Pese a ello el análisis evidenció que no poseía tanta estabilidad como parecía, en resumen, la mujer luego de realizar algún acto público en el que gozaba de gran éxito padecía de grandes angustias y una obsesiva necesidad de autoafirmación, que la llevaban a buscar la atención o los elogios de hombres que estuvieran presentes durante el acto. Estas figuras representaban figuras paternas, y en ellas buscaba dos tipos de autoafirmación; a saber, una afirmación de su actuación mediante cumplidos y una afirmación indirecta mediante las atenciones sexuales por parte de estos hombres. Por medio del análisis se hizo evidente que padecía de sentimientos de rivalidad y superioridad hacía muchas de sus figuras paternas. Así mismo, revelo que la búsqueda de afirmación proveniente de los hombres era un intento inconsciente de evitar la angustia frente a las represarías que vendrían luego de su despliegue intelectual. Por lo que ella se reafirmaba al despertar sentimientos afectuosos hacía ella y se ponía “a salvo disfrazándose de alguien inocente e inofensivo” (Riviére, 1929. Parra 7). Es decir, utilizaba y asumía la femineidad como una máscara “para ocultar la posesión de la masculinidad, así como para evitar las temidas represalias que se tomarían contra ella si esto se llegara a descubrir” (Riviére, 1929. Parra 9). Así mismo, refiere Riviére (1929) que no hay un límite que separe la genuina femineidad de la máscara, para ella las dos son una misma cosa..

(23) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 23. Por último retomaremos a. Mabel Burin (1996) Psicoanalista argentina, fue. compiladora y escritora del libro Género, psicoanálisis y subjetividades. En él realiza un escrito sobre las subjetividades femeninas y cómo éstas son vulnerables. Uno de los aspectos que refiere es la asociación que ha existido sobre el ser mujer con el ser madre, al respecto manifiesta Burin (1996) que es la cultura la que ha identificado a las mujeres con la maternidad, asignándoles así un lugar y un papel dentro de la sociedad. Para ello utiliza diferentes recursos materiales y simbólicos, como conceptos y prácticas “del rol maternal, la función materna, el ejercicio de la maternidad, el deseo maternal, el ideal maternal, etcétera”. (Burin, Bleichmar, 1996. Pág. 70). Para explicar su idea Burin (1996) se remonta a la época de la Revolución Industrial; lapso en el cual se produjo una división de dos ámbitos de producción y de representación social diferenciados: el extra doméstico y el doméstico. Concomitante a ello, se produjo la división del poder; el racional designado a los hombres y el del afecto designado a las mujeres. El poder de los afectos fue relacionado al ámbito doméstico; mediante el control y regulación de las emociones de la familia, estrechando así el contexto social de la mujer y quedando su subjetividad centrada en los roles familiares y domésticos; convirtiéndose en paradigmas del género femenino. El rol de las mujeres se centró en el cuidado de los niños y de los hombres, y fue concediéndose la moral en la familia y en la maternidad; las cuales exigían subjetividades femeninas con características específicas como receptividad, capacidad de contención y de nutrición, y convirtiéndose la mujer en la líder y sostenedora de la moral doméstica; regida por el amor, la generosidad, el altruismo, y la entrega afectiva. El cumplir eficazmente con estos roles y con los afectos específicos le garantizaba a la mujer un lugar y un papel en la cultura, conllevando esto, definiciones sobre cómo pensar, actuar y desarrollar sus afectos. Refiere Burin (1996) que así se fueron configurando los diferentes roles femeninos con sus respectivos condiciones afectivas; el rol maternal conllevaba el amor, el altruismo, la capacidad de contención emocional. Para el rol de esposa estaba la docilidad, la comprensión, la generosidad. Para asumir el rol de ama de casa debía tener una disposición sumisa para servir, receptividad; la agresividad y la dominación debían ser inhibidos y sólo ser utilizados para dirigir la vida doméstica..

(24) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 24. Sin embargo, con los cambios sociales que se presentaron como las guerras mundiales, la difusión de métodos anticonceptivos, el avance tecnológico y la creación de escuelas y espacios de cuidado para los niños; los roles femeninos tradicionales perdieron el valor y el sentido que socialmente se les había asignado, lo que implicaba una “crisis de la subjetividad femenina que habían construido las mujeres hasta entonces” (Burin y cols, 1996. Pág. 73); en ése momento numerosas teorías y prácticas psicológicas las cuestionaron y resaltaron las fallas, los abusos y el incumplimiento que habían tenido las mujeres en el ejercicio de su poder afectivo, generando el sentimiento de pérdida de significación histórica y social. A lo largo de su discurso, Burin empieza a enfocarse en el fenómeno llamado techo de cristal definiéndolo como “superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar y que les impide seguir avanzando” (Burin y cols, 1996. Pág. 79). Este concepto se empezó a emplear para analizar la razón por la que varias mujeres, pese a tener calificaciones excelentes en su formación educativa superior, su trabajo se detenía o se estancaba en cierto momento. Burin (1996) estudió este fenómeno, relacionándolo con la construcción de la subjetividad femenina que hace posible que la cultura imponga un obstáculo a las carreras laborales de las mujeres. Determinó que éste fenómeno se enlaza a las mujeres desde la temprana infancia, adquiriendo una dimensión más relevante en la pubertad. Así mismo, manifiesta Burin (1996) que la justificación o sustento para el sostenimiento del techo de cristal se encuentra en ciertas características del rol femenino; entre ellas se encuentran las responsabilidades domésticas, dado que el horario de los puestos más altos esta diseñado en un universo de trabajo masculino, e incluye horarios vespertinos o nocturnos que excluyen los roles domésticos como el de madre, esposa y ama de casa. De igual forma, el ambiente de trabajo se caracteriza por un alto grado de racionalidad y emociones frías como distancia afectiva e indiferencia; lo que genera controversia con los vínculos que normalmente se exige que establezcan las mujeres, en los que hay un predominio de la afectividad y las emociones cálidas como ternura, cariño, odio, entre otros. Por lo general las mujeres rechazan o encuentran muy difícil pasar de un modo de relacionarse a otro, por lo que renuncian a avanzar en sus carreras, sin embargo,.

(25) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 25. otra opción que generan es establecer una dicotomía entre el ambiente laboral y el doméstico. Otra condición, expresa Burin (1996) son los estereotipos sociales; según los cuales a las mujeres no les interesa el poder o no poseen las habilidades y capacidades para enfrentar situaciones que requieran autoridad y poder, ello genera que las mujeres sean ilegibles para este tipo de puestos y que además ellas interioricen que realmente no les interesan estos puestos y se refugien en cargos que estén de acuerdo a estos estereotipos. Por otra parte está el hecho que a las mujeres se les exige tener un nivel de desempeño excelente mientras a los hombres se les admite un nivel bueno o mediano. Es como sí a las mujeres se les exigiese el doble para así demostrar su valía. Adicionalmente esta el hecho que el ser mujer es lo que explica la incapacidad en el caso de una equivocación, es decir si una mujer se equivoca no es debido al entrenamiento, experiencia previa o formación profesional sino al poseer una característica personal; ser mujer. Por último, resalta Burin (1996) que el ocupar cargos de poder implica el riesgo de perder la identidad sexual, puesto que ocupar éstos cargos les exige que se identifiquen con modelos masculinos, debido principalmente a la falta de modelos femeninos que imitar, esto conlleva a que utilicen ropa o accesorios que asimilen a los masculinos, así como utilizar timbres de voz más graves y hablar en tonos más altos que los habituales..

(26) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 26. MÉTODO. Tipo de Estudio El tipo de estudio que se utilizó en la presente investigación es de tipo cualitativo, definiéndola según Hernández Roberto (2003), como un “conjunto de prácticas interpretativas que hacen al mundo visible, lo transforman y convierten en una serie de representaciones en forma de observaciones, anotaciones, grabaciones y documentos” (Hernández, Fernández, Baptista, 2003. Pág.) Método El método empleado en la investigación esta basado en el psicoanálisis, el cual esta basado, como su nombre lo indica en el psicoanálisis, y se caracteriza por “ser un método, que combina la investigación y el tratamiento, hija de la experiencia llega a decir Freud, e inconclusa, lo que la convierte en un proceso inacabado y constante, es decir que no es rígida, ni tampoco se opone a los nuevos conocimientos que la experiencia aporte” (Gallo, 2008. inédito). Así mismo, reconoce que el conocimiento no es producido solamente por la o el sujeto investigador sino por la o el sujeto investigado, "La epistemología Freudiana nos reporta una forma de producción cualitativa de conocimiento en la que se destacan su carácter interpretativo, singular y en permanente desarrollo, así como el papel del sujeto como productor de conocimiento" (González, 2000 Citado por Gallo, 2008. Inédito). Referente a las estrategias, desde este marco metodológico, no tienen relevancia, puesto que la importancia recae en la relación entre el investigador y el investigado, dado que el proceso investigativo es construcción tanto de la o el investigador como de la o el sujeto investigado. En síntesis, el método psicoanalítico se podría definir, retomando las palabras de su autor: El progreso de la labor científica se cumple semejantemente a como el análisis. Emprendemos la labor abrigando determinadas esperanzas, pero tenemos pronto que abandonarlas. La observación nos revela tan pronto aquí como allá algo nuevo, sin que de momento nos sea posible reunir tales fragmentos en un todo. Arriesgamos entonces hipótesis y edificamos construcciones auxiliares, que luego, de no confirmarse, retiramos; hacemos gasto de amplia paciencia; acogemos abiertamente todas las posibilidades, y renunciamos a convicciones anteriores para.

(27) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 27. no desatender bajo su coerción nuevos factores inesperados, y al final de todos nuestros esfuerzos hallan su recompensa; los descubrimientos dispersos se adaptan unos a otros; logramos la visión de toda una parte del suceder anímico, y hemos llevado a buen puerto nuestra labor y estamos libres para emprender otra. (Freud, 1981c. Pág.3201 Citado por Gallo, 2008, inédito). Sin embargo, teniendo en cuenta que éste método es considerado demasiado subjetivo para ser incluido en las investigaciones científicas, nos permitimos retomar a Gonzalo Rey (2000), quien refiere: La investigación cualitativa no comprende a una definición instrumental, es epistemológica y teórica, y está apoyada en procesos diferentes de construcción de conocimiento, orientados al estudio de un objeto distinto del de la investigación cuantitativa tradicional de la psicología. La investigación cualitativa se orienta al conocimiento de un objeto complejo: la subjetividad... La historia y el contexto que caracterizan al desarrollo del sujeto marcan su singularidad (Rey, 2000. Pág. 18 Citado por Gallo, 2008, inédito) Por último, para comprender la relevancia de utilizar éste método en la presente investigación retomamos a Gallo (2008, inédito). “El psicoanálisis es un método para la investigación cualitativa, sobre todo para aquellas que tengan que investigar la subjetividad, la singularidad, y no un objeto cuantificable o medible o estandarizable”.. Participantes Respecto a las sujetas investigadas se escogieron tres mujeres de edades similares, pero con condiciones de vida diferentes, a saber, historias de vida, ciudades de origen, nivel de educación, y estado civil. Es importante esclarecer que no se considera que las sujetas investigadas sean una muestra representativa de la población, adicionalmente porque entre los objetivos de la investigación no esta generalizar sobre las representaciones del ser mujer, sino conocer y analizarlas desde la subjetividad. Estrategias. Para la recolección de información se utilizaron entrevistas abiertas a profundidad, es decir, no conllevaron un guión pre elaborado, y en las sesiones posteriores se profundizó en los aspectos importantes nombrados en la primera o anterior sesión. Con cada participante se realizaron de 2 a 3 sesiones con una intensidad de 45 minutos cada sesión..

(28) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 28. Procedimiento Para la realización de las entrevistas se tuvo en cuenta sólo una categoría, a saber, ser mujer. Sin embargo, durante el proceso de transcripción de las entrevistas surgieron algunas sub categorías o categorías emergentes, que se establecieron al ser temas reiterativos o que estaban presentes en las tres mujeres; lo que revelaba ser temas importantes y de gran significado para las participantes. Las sub categorías o categorías emergentes son; ser mujer, ser madre, hechos que marcaron el ser mujer, forma de relacionarse, relación con la madre, relaciones sexuales, la vengadora, vulnerabilidad..

(29) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 29. RESULTADOS Para esta investigación se entrevistaron a tres mujeres de condiciones sociales, formación académica, relaciones de pareja e historia de vida diferentes. A continuación se presenta un resumen de cada entrevista.. MUJER 1. Persona de 23 años, su núcleo familiar se compone de mamá, y dos hermanos menores; uno de 16 y otro de 13 años. La relación con su padre es distante. Vivió en un municipio de Cundinamarca, durante 10 años aproximadamente; época que concuerda con su adolescencia. Actualmente tiene una relación de pareja estable (noviazgo), se encuentra en último año de una carrera profesional del área de humanidades, y su estrato socioeconómico es 4.. SER MUJER Se compone de una parte biológica, que es que venimos digamos, genéticamente diseñadas de una forma diferente, entonces ser mujer es parte también de la biología. También es parte como de los… de lo que viene acompañado que es el género, que es algo social, que es lo que nos pone como las reglas o la sociedad que nos indica que hacen las mujeres a diferencia de lo que hacen los hombres. Adicionalmente ser mujer te permite la posibilidad de ser mamá, de dar vida y pues tenemos condiciones especiales que no tienen los hombres. Pues digamos que ser mamá no me hace ser mujer pero por lo general las mujeres tendemos a ser madres y no solamente cuando tenemos un hijo sino como en todos nuestros comportamientos. No sé si es algo aprendido, pero tenemos como la necesidad de proteger a otros. Me parece que una mujer debe ser delicada, de pronto, como más sensible a todas las cosas que pasan en el entorno, debe estar dispuesta a escuchar, debe ser maternal con su pareja sobre todo, y digamos que tiene encima una serie de responsabilidades muy fuertes, porque a parte de que es mamá, entonces es esposa, es hermana, es hija, y como que cada rol le exige mucho. Entonces una mujer todo el tiempo debe estar dando más en relación a lo que pasa con los hombres. - ¿Quién te enseño eso? - Yo creo que mi mamá, de pronto, todo lo que yo vi de los comportamientos de ella, y la sociedad también nos impone muchas.

(30) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 30. cosas, entonces tú puedes trabajar, pero a parte de eso, no puedes descuidar tu hogar, ni a tu marido, entonces por eso hablo de que tienes diferentes cargas en los roles que quieras asumir. -¿Por qué crees que la mujer debe dar más?- Pues eso me parece que hay que retomarlo de forma histórica y es por que generalmente, la mujer antiguamente tenía un rol más pasivo dentro del hogar, entonces el hombre era el que salía, el que trabajaba, y el que proveía, ¿Si?. Digamos que, socialmente eso para los hombres no ha cambiado, pero para las mujeres sí, porque ahora nosotras tenemos un rol más activo a nivel social, en el trabajo, a nivel económico, a nivel, no sé, de relaciones sociales, entonces esto nos exige que a pesar de que interiorizamos, o sea a pesar de que eso lo metimos en nuestra vida no hemos abandonado el rol de madre, el rol de esposa, entonces son responsabilidades acumuladas que son más difíciles. Yo pienso que es como pagar por el derecho a la libertad, si me entiendes, o sea por el derecho de ser inmersos en una sociedad, tenemos que pagar ese costo, o sea el hecho que ahora tengamos, digamos, derechos por ejemplo para votar, para trabajar, para hacer otras cosas no nos permite, o sea si me entiendes, primero bajar el nivel, o sea tenemos que dar un nivel alto en todas las áreas, y ése es el precio que hay que pagar. Se espera (refiriéndose a las mujeres) que sea buena hija, la hija que cuide a los papás, que este pendiente, que sea buena madre, que sea buena esposa, que no sea infiel; porque entonces no sería mujer sino sería una vagabunda, o sería una mujer vagabunda. Se espera de una mujer que responda a todas las demandas del estrés y todo eso de una forma más adecuada que los hombres. Se espera de una mujer que no le gusten las fiestas, que le guste estar en su casa, que sea recatada, eso se espera. Que no se espera de una mujer, todo lo contrario, digamos, no se espera que sea atrevida, que tome la iniciativa en la parte sexual o en la parte afectiva, no se espera de una mujer que no sea mamá, que no sea buena hija, no se espera que sea independiente y se vaya de su casa; eso generalmente se espera de los hombres, que se vayan que sean aventureros del mundo. -¿de dónde sacas que eso es lo que se espera y lo que no se espera de una mujer? - Pienso que es lo que he aprendido de mi familia y el constructo social que hay acerca de lo femenino y lo que debe y no debe hacer una mujer..

(31) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 31. SER MADRE Generalmente la responsabilidad de la crianza, de los valores, de darle los valores y todo a los hijos es de la mamá…la mamá es la que esta llamada como a llevar ese orden en la casa, si me entiendes, y a transmitir, lo que te digo, la parte de los valores y de eso en los hijos, ahora no es tampoco que si el niño la embarra o se mete en las drogas, o lo que sea, sea culpa de la mamá directamente, no, porque cada quién puede escoger, pero sin embargo, las bases que da la mamá son primordiales. -¿por qué mamá?- Yo pienso que es por el vínculo que tiene cada hijo con la mamá, o sea es algo, primero biológico y segundo como psicológico que siempre te ata a tu hijo, entonces, de pronto, en el nombre del amor y del deber, es eso. Es estar pegado ahí y es brindarle lo mejor a ese ser que proviene de ti, literalmente. -Para ti ¿Qué es ser mamá?- Pues es difícil, yo pienso que primero es una tarea difícil, que generalmente no se reconoce totalmente como debería ser, no sé, es enseñar, es dar ejemplo, es no desfallecer, es tratar de hacer las cosas lo mejor posible y si la caga pues obviamente va a ser muy juzgada, por los hijos, entonces es como muy doloroso, o sea es doloroso pero al mismo tiempo como, no sé, una misión, o algo así, como difícil de hacer. HECHOS QUE MARCAN EL SER MUJER Lo primero la menarquía, para mí fue pues como un hecho que marco la historia, porque pues al principio, digamos, yo estaba más relacionada con los hombres; en que jugaba como un niño, no pensé nunca como un niño, pero sí me relacione mucho con ellos y jugaba a lo que ellos hacían. En el momento que me llego la menstruación por primera vez entonces ya empecé a cambiar… porque se empezaron como a crear las barreras, porque ya pues yo tenía que empezar a cuidarme más, tenía que aprender a cuidarme que no me manchará, como que ya había una condición biológica que me decía que yo era mujer. Antes, ese no ser mujer estaba relacionado con que en el medio en el que yo estaba, yo era la única niña, y yo tenía más primos y amigos hombres, entonces ese no ser mujer era que como que no había una diferencia entre ellos y yo a la hora de jugar, a la hora de que yo fuera líder y les dijera que íbamos a hacer, así ellos fueran hombres ellos me hacían caso a mí. Entonces yo como que me sentía muy compenetrada con ellos, porque éramos como.

(32) Sobre Ser Mujer: Una Lectura desde el Psicoanálisis 32. del mismo grupo todos sin tener en cuenta como las diferencias que habían, además que no se notaban mucho, pues yo tenía el cabello largo, pero entonces no era muy marcado. -¿y cómo fue después de la menarquía, el no poder jugar con ellos?- No, además con la menarquía vienen otros tipos de constructos como de creencias que hacen que tú ya entiendas que debes cuidarte de los hombres, que puedes quedar embarazada, que debes cuidar tu cuerpo, tu imagen. Entonces como que esas creencias son las que marcan la pauta de diferencia entre hombres y mujeres, no el hecho de que me haya desarrollado sino lo que yo creo acerca de lo que implica el desarrollo, eso fue lo que marco la diferencia entre hombres y mujeres. FORMA DE RELACIONARSE Entre las mujeres me parece que es una relación, de pronto, un poco más conflictiva pero a la vez más cariñosa, más afectuosa, donde se dan permisos de tocar a la otra, de contar las cosas pequeñas, las cosas que pasan como nuestro sentir, nuestro dolor. Y con los hombres, son relaciones como más objetivas, o sea, de rumbas, de salir, de hablar, de hacer paseos, y como de cosas exteriores, a menos, que ellos sean los que te busquen a ti, para pedir un consejo o para ejercer el rol de madre en determinado momento. ¿Cómo era la relación con las niñas? Pues era conflictiva, o no, conflictiva, a mi me parecía que los niños eran mas chéveres, por que los hombres, de pronto, eran como más básicos, no se preocupaban por tantas cosas, entonces como que las niñas estaban pensando todo el tiempo como en bobadas; muñecas, jueguitos pendejos con las barbies, en el pelo, en peinar las muñecas, y a mí no me gustaba peinar las muñecas, a mí me gustaba jugar con los carros, por ejemplo, o carreras, o pistoleros, cosas así de niños, y pues con las niñas, era un poquito más difícil en ese sentido pero igual también me relacionaba bien con ellas. Sin embargo, la mayoría de mis primos de mi generación eran hombres, entonces como que yo también me acostumbre a que me relacionaba más con hombres que con mujeres. RELACIONES SEXUALES Pues para una mujer pues que es, no sé como, pérdida de la virtud, o no sé, o sea como que, yo pienso que una mujer entre, si se acuesta con más hombres, entre, o sea si se acuesta con varios hombres pues como que pierde el valor, si me entiende pierde la valía.

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