Muertos al pecado, pero vivos en Cristo
MENSAJE PARA HOY
Romanos 6:1-14
INTRODUCCIÓN
La Enseñanza del evangelio por gracia es radical, nos dice que nuestros esfuerzos morales no pueden contribuir ni con un gra- no de arena a nuestra salvación. Siempre me pregunté y nunca supe responder siendo un neófito si nuestras obras no tienen va- lor para ganar nuestra salvación, entonces ¿para qué ser buenos?
Si el evangelio dice: Eres salvo por gracia, no por una buena vida,
¿este mensaje no dejaría la puerta abierta para vivir una vida in- moral? Como creyente hoy podemos confiar en la salvación por gracia; pero ¿sabemos explicar por qué el mensaje del evangelio te lleva a cambiar los patrones pecaminosos de tu vida y cómo lo hace? ¿No será que este mensaje simplemente nos anima a seguir pecando para que la gracia siga cubriendo nuestros pe- cados? En este día vamos a ver un pasaje que responde a estas inquietudes donde Pablo desde el principio, da una muy corta y simple respuesta inicial: “¡De ninguna manera!”
La objeción inicial lleva a Pablo a hablar de cómo el evangelio sí conduce a una vida santa y enseña que:
–Los que viven en Cristo no perseveran en el pecado porque han muerto a Él–
(Leamos Romanos 6:1-14, oremos) HEMOS MUERTO AL PECADO (VV. 1-11)
La centralidad de la respuesta de Pablo a la pregunta inicial radica en la frase “hemos muerto al pecado”. Cuando Pablo usa “Muerto
al pecado” no significa que ya no podemos pecar; si un cristiano no puede pecar, ¿por qué instar a que no lo haga como veremos en vs12-13? “Muerto al pecado” significa que ya no debemos pe- car; que nos alejamos y hemos renunciado al pecado y ya no somos culpables de pecado. Pero Pablo está enseñando más que esto, el resto de este capítulo expone a qué se refiere, pero la respuesta en pocas palabras es: en el momento en que somos convertidos a Cristo ya no estamos bajo el poder gobernante del pecado. Pablo acaba de decir en 5:21 “así como reinó el peca- do … reine también la gracia”. El pecado aún tiene poder, pero ya no puede imponer sus preceptos sobre nosotros. En 1:18-32 Pablo dijo que fuera de Cristo somos entregados a nuestros de- seos pecaminosos, esos deseos gobernaban sobre nosotros. En el presente, el pecado ya no nos puede dominar, ahora tenemos la capacidad para resistirlo y rebelarnos contra él.
Pablo continúa explicando cuándo y cómo “morimos al pecado”.
En el v3 Pablo está pensando en el bautizo de inmersión. Pablo se está refiriendo a la realidad espiritual a la que apunta el bau- tismo con agua. Pablo ya nos ha enseñado (5:12-21) que cuando creemos, somos unidos a Cristo, y todo lo que sea cierto de Él es ahora legalmente cierto de nosotros. Ya que Cristo murió, y los que mueren son libres del pecado, así nosotros, somos tam- bién libres del pecado. Pero también, ya que la muerte de Cristo llevó a Su resurrección y a una nueva vida, de la misma manera, nuestra unión con Cristo nos conducirá a una nueva vida (6:4).
Y esa nueva vida apunta hacia adelante, al estado futuro de la gloria perfecta a la que vamos a entrar con Él. “En efecto, sin duda también estaremos unidos con Él en Su resurrección” (v 5).
Si sabemos que estamos unidos con Cristo, entonces sabremos que estamos viviendo una vida nueva, ya no bajo el dominio del pecado; por lo tanto, no haremos la pregunta del versículo 1.
En el versículo 6 Pablo introduce otro hecho que debemos “sa- ber”. Pablo dice que la “vieja naturaleza” fue muerta con el fin de deshacerse del “cuerpo pecaminoso”. El “cuerpo pecaminoso” es el cuerpo controlado por el pecado. Esto no quiere decir que el cuerpo físico es pecaminoso, sino que el pecado se expre- sa cuando logra que obedezcamos sus preceptos por medio de nuestros cuerpos. Por otro lado, el “viejo hombre” es la antigua
posición de la persona con relación a Dios y al mundo, el “viejo hombre” de un cristiano ha muerto y “el que muere queda libe- rado del pecado” (v 7). Como cristianos, nuestro “yo”, realmen- te busca a Dios y ama Su ley y Su santidad. Aunque el pecado aún habita en nosotros ya no controla nuestra vida. Aún puede llevarnos a desobedecer a Dios, pero ahora el comportamiento pecaminoso va en contra de nuestra comprensión de nosotros mismos. Cuando un no-cristiano peca, está actuando de acuer- do con su identidad. Pero cuando alguien está unido a Cristo, todo cambia, porque cambia su identidad.
En los versículos 6-7 Pablo mostró lo que nos ha sucedido a raíz de que hemos muerto con Cristo. Ahora, los versículos 8-11 nos llevan a las implicaciones de ser levantados con Cristo. “Con- fiamos y sabemos” que el poder de la resurrección de Cristo ha triunfado y triunfará en nosotros. Pablo enseña que si nosotros sabemos que morimos cuando Jesús murió en el pasado, en- tonces podemos creer que viviremos con Él en el futuro (v 8).
Porque Cristo ha sido levantado para vida eterna; “ya no puede volver a morir” (v 9). La muerte no tiene absolutamente ningún dominio ni poder sobre Él, y tampoco en nosotros porque esta- mos unidos a Él. Las consecuencias implícitas de nuestra unión con Cristo en Su muerte y en Su nueva vida es que debemos considerarnos “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (v 11). Porque estar “muertos al pecado” para nosotros es como un privilegio y aunque puede ser verdad o estar en vigor, una persona puede no llegar a entender o a utilizar este privilegio.
Nosotros debemos “considerarnos” muertos al pecado porque a menos que actuemos de acuerdo con este gran privilegio, no se llevará a cabo de manera automática en nuestra vida. Tenemos que apropiarnos de él, vivirlo y disfrutarlo. Sientas lo que sientas, sea cual sea tu experiencia, Dios nos dice aquí por medio de Su palabra que si estamos en Cristo ya no estamos bajo el reino y el gobierno del pecado.
SEÑALES DE QUE VIVIMOS EN CRISTO (VV. 12-14)
¿Cuáles son entonces las señales de que alguien está “muerto al pecado”, y vive en Cristo, porque el pecado ya no reina sobre él? La señal no es un interés en el estudio bíblico y un disfrute
de las tareas religiosas, no es una moralidad externa, el pecado puede estar presente porque, aunque reina Cristo y no el pecado todavía está y tiene poder en nosotros. Para luchar contra el pe- cado no podemos tolerarlo, y nunca podemos dejar de progresar en la lucha contra él; si no hacemos esto, entonces estaríamos viviendo en el pecado y no “muertos al pecado”. En resumen, Pablo no está diciendo que los cristianos están imposibilitados de cometer actos individuales de pecado, más bien está diciendo que no pueden seguir permaneciendo en el reino del pecado. No pueden seguir en él de manera deliberada sin sentir repugnancia o sin luchar contra él para que mengue. Ya no viven más en el pecado, están “vivos para Dios” (6:11).
La enseñanza de Pablo es: ya que ahora somos capaces de obe- decer al pecado o de obedecer a Dios, debemos obedecer a Dios.
Pablo nos insta a no hacer dos cosas. La primera: “No permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal” (vs12). La se- gunda: “No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia” (vs13). El pecado no nos puede go- bernar, pero no debemos dejar que la fuerza del pecado tome el control en cualquier sentido al obedecer los deseos que planta en nosotros. No debemos ofrecer ninguna parte de nuestro cuerpo (esto incluye nuestras aptitudes y habilidades, así como las partes físicas) como su instrumento o arma. Sin embargo, sería un error pensar que la principal forma en la que vivimos nuestra vida nue- va es simplemente ver al pecado y a sus deseos y decirnos: ¡No lo hagas! Más bien, nuestra vida nueva en Cristo consiste en vivir de manera proactiva. Así que Pablo alienta a los creyentes a ha- cer dos cosas que son opuestas a esas cosas que ya no debemos hacer más. En primer lugar: “Ofrézcanse más bien a Dios”, para vivir con Él, para Él y como Él. En segundo lugar: “Presenten los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia” (v 13). El reino de Dios gobierna dentro de nosotros y se expresa a través de nosotros cuando lo obedecemos a Él.
Por último, en el vs14 Pablo cambia su lenguaje. Repite que el pecado “no tendrá dominio sobre ustedes”; que el pecado no es, y no debe ser, nuestro gobernante. Pablo está diciendo que saber que “no estamos bajo la ley” nos ayuda a romper el poder del pecado en nuestras vidas. Sobre esto el Apóstol profundizará en
el siguiente pasaje. Pero por ahora el versículo 14 nos muestra que estar “bajo el pecado” es lo mismo que estar “bajo la ley”. El poder del pecado es realmente destruido sólo cuando nos se- paramos de la justicia por obras. Si recordamos esto, los moti- vos de nuestro pecado se debilitarán. Cuando nos preguntamos por qué somos movidos a cometer ciertos pecados en particular, descubrimos que cedemos a nuestros pecados porque todavía buscamos encontrar nuestra “justificación”, nuestra identidad, nuestro sentido de valía en otras cosas aparte de Dios. De esta manera, recordar que somos completamente amados y justos en Cristo debilita y le resta fuerza a nuestros motivos y deseos por el pecado.
CONCLUSIONES
Lo que Pablo nos ha querido recordar es que somos compra- dos con la sangre de Cristo. Si recordamos eso, no actuaremos como si nos perteneciéramos a nosotros mismos. Le debemos a Jesucristo nuestra vida y nuestra salvación, y no podemos vivir sin tener en cuenta Su voluntad. También debemos recordar que fuimos salvos por Cristo específicamente para no pecar. Debe- mos preguntarnos: ¿Voy a profanar mi vida con el pecado por la cual Cristo murió? Parece que Pablo está diciendo que, si pue- des ver y pensar en estas cosas y aun así pecas, demuestra que no has entendido el evangelio, que tu “viejo hombre” nunca fue crucificado, ¡que todavía estás pensando y considerando la vida según tu vieja naturaleza! Entonces vemos que el evangelio nos da un incentivo nuevo y diferente para obedecer al que tenía- mos cuando estábamos bajo un sistema de salvación por obras.
Cuando nos damos cuenta del propósito de la muerte de Cristo y cuando pensamos en esto con gratitud, ¡encontramos un nuevo incentivo para ser santos! Anhelamos ser y nos encanta ser de los que se “ofrecen más bien a Dios”, porque sabemos que somos
“quienes han vuelto de la muerte a la vida”.
para reflexionar
¿Puedes explicar hoy con tus palabras por qué el mensaje del evangelio te lleva a cambiar los patrones pecaminosos de tu vida?
¿Qué diferencia hace en tu sentido de identidad saber que has muerto al pecado y vives en Cristo?
En este momento, ¿en qué área de tu vida el pecado está luchan- do fuertemente contra ti? ¿Lo toleras y no luchas con él?
Padre celestial te glorificamos este día mientras recordamos la obra de salvación que has producido en nosotros. Ayudamos cada día a mostrar al mundo la nueva vida que nos has dado por medio de Cristo, viviendo vidas dignas del evangelio que predicamos. Digno eres de recibir la gloria Señor pues solo tú resucitaste de los muertos en todo poder y de esta manera también nos has dado esperanza de que un día también nosotros resucitaremos y seremos libres de este cuerpo mortal, pero hasta que llegue ese día ayúdanos por medio del poder de tu Espíritu a reflejar tu carácter a este mundo, a ser instrumentos en tus manos para el progreso de tu evangelio, descansamos en tu gracia toda suficiente para hacer tu voluntad en esta tierra, guárdanos de comportarnos como el mundo que no te conoce , antes, cada día más capacítanos para vivir como hijos tuyos en esta tierra. Amén.