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Introduccion Al Antiguo Testamento TOMO-1 Miguel Angel Tabet

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MIGUEL ÁNGEL TÁBET

INTRODUCCIÓN

AL ANTIGUO

TESTAMENTO

I. PENTATEUCO Y LIBROS HISTÓRICOS

(3)

Título original: Introduzione al Pentateuco e ai libri storici dell´Antico Testamento

Colección: Pelícano

Director de la colección: Juan Manuel Burgos

© Miguel Ángel Tabet, 2004 © Ediciones Palabra, S.A., 2008

  Paseo de la Castellana, 210 - 28046 MADRID (España)   Telf.: (34) 91 350 77 20 - (34) 91 350 77 39

  www.palabra.es   [email protected]

© Traducción: Antonio Esquivias Villalobos

Diseño de la cubierta: Carlos Bravo Edición en ePub: José Manuel Carrión ISBN: 978-84-9840-442-5

Todos los derechos reservados.

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea

electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.

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PRESENTACIÓN

El presente manual tiene como finalidad ofrecer al lector los elementos básicos necesarios para una mejor comprensión del Pentateuco y de los demás libros denominados históricos en el canon católico del Antiguo Testamento. Además de las cuestiones de carácter general relacionadas con la formación de los grandes bloques teológico-literarios, trata, consecuentemente, por separado, de cada uno de los escritos que integran tales unidades: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, libros que constituyen el Pentateuco; los escritos que componen lo que comúnmente se designa como «historia deuteronomista»[1]: Josué, Jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes; las obras incluidas en la «historia del Cronista»: 1-2 Crónicas, Esdras, Nehemías[2]; y otros seis libros que no es posible encuadrar en las categorías precedentes: 1-2 Macabeos, Rut, Ester, Tobías y Judit. Estos cuatro últimos libros contienen narraciones relacionadas con personajes bíblicos determinados situados en concretas circunstancias históricas; todos los demás describen períodos más o menos amplios de la historia de Israel. Por lo que se refiere a las otras dos partes del Antiguo Testamento, los libros proféticos y sapienciales, estos serán analizados de modo específico en cursos posteriores.

En el estudio de la «Introducción general a la Sagrada Escritura» se ha podido percibir la importancia insustituible del Antiguo Testamento en la comprensión del mensaje salvífico que Dios ha querido dirigir a los hombres para su salvación, la Revelación divina, y, por tanto, del misterio cristiano manifestado en su plenitud en el Nuevo Testamento (cf. DV 14-16). La antigua economía, en efecto, tenía como fin principal preparar la venida de Cristo, redentor universal, y del reino mesiánico. Los libros del Antiguo Testamento, como parte de la Escritura, aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, dan constantemente testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios, muestran los modos con los que Dios, justo y misericordioso, ha querido entrar en la vida de los hombres para establecer con ellos un diálogo de salvación que alcanza su realización plena en Jesucristo. Estos libros «contienen enseñanzas sublimes sobre Dios y una sabiduría salvadora acerca del hombre, encierran tesoros de oración y esconden el misterio de nuestra salvación» (DV 15).

El estudio que emprendemos ahora analiza desde esta perspectiva teo​lógica, y sin descuidar los problemas de índole literaria e histórica, las características y el contenido específico del Pentateuco y de cada uno de los libros históricos del Antiguo Testamento, procurando mostrar las grandes líneas que constituyen el eje o el gozne de la historia salvífica, es decir, de la actuación de Dios con los hombres mediante sus promesas y alianzas. En particular, los temas exegéticos examinados son aquellos que poseen un particular contenido mesiánico según el sentir de la tradición hebreo-cristiana y que se sitúan más directamente en la trayectoria histórico-salvífica que atraviesa la historia bíblica. En su conjunto, la materia comprendida cubre un período histórico que va desde los orígenes de la humanidad hasta la venida de Cristo.

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canon católico. Al organizar el volumen, lo hemos articulado de modo que facilite una comprensión orgánica de la historia de Israel. La primera parte está dedicada al Pentateuco. A ella corresponden tres secciones: una destinada a las cuestiones relacionadas con su composición; las otras dos, al examen particularizado de los cinco libros que lo constituyen. La segunda parte aborda el estudio de la «historia deuteronomista». Comprende dos secciones que examinan, respectivamente, los libros que narran la posesión por parte de Israel de la tierra de Canaán (Josué, Jueces) y los que presentan la institución y desarrollo de la monarquía (1-2 Samuel; 1-2 Reyes). La tercera parte está dedicada a la historia del Cronista, obra que traza un cuadro de conjunto desde Adán hasta los tiempos de Esdras y Nehemías (1-2 Crónicas, Esdras, Nehemías). Al final, en secciones separadas, se afronta el estudio de los libros históricos relacionados con el período helenístico (1-2 Macabeos) y el de cuatro libros que gozan de características literarias particulares (Rut, Ester, Tobías, Judit).

Con respecto a la bibliografía, aparte de la que se cita a lo largo de las páginas del libro, esta se encuentra estructurada al inicio de cada capítulo y al final del manual. Esta última contiene escritos de interés más general: manuales, ediciones de la Biblia, introducciones al Antiguo y Nuevo Testamento, comentarios bíblicos, obra relacionadas con la historia y otras disciplinas auxiliares, diccionarios, enciclopedias y una amplia gama de estudios especializados organizados por temas. Al comienzo de cada capítulo se ha colocado, por el contrario, una bibliografía esencial, útil para un primer acercamiento a los diferentes argumentos tratados inmediatamente a continuación. Se ha dado preferencia a la bibliografía en castellano y lenguas afines. En general se ha omitido citar los manuales, pues estos están elencados en la bibliografía final. Hacemos notar que las traducciones de citas de autores que no se encuentran en castellano han sido hecha bajo nuestra responsabilidad y que, en general, como texto bíblico hemos seguido el de la

Biblia de Jerusalén (1975), salvo casos determinados que hemos procurado señalar.

El manual que ofrecemos no pretende ser «el» libro de estudio en el sentido habitual de dicha expresión. El verdadero y fundamental libro de estudio no puede ser otro que la misma Biblia. El manual constituye un medio auxiliar, dirigido a secundar la lectura más inmediata del texto sagrado. Por eso, su uso debe ir acompañado de alguna buena edición anotada de la Biblia, para evitar el peligro de que esta sea conocida solo indirectamente, lo que sería un gran obstáculo tanto para un verdadero conocimiento de la Escritura como para una elaboración adecuada del pensamiento teológico. No se puede olvidar que la teología es ciencia de la fe, lo que implica que el estudio de la Sagrada Escritura, junto a la Tradición, debe constituir el «alma de la sagrada teología» (DV 24). Por ello se recomienda vivamente la lectura continua del texto sagrado, al menos de sus secciones narrativas.

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 1 La «historia deuteronomista» recibe este nombre porque las características más notables del Deuteronomio y, en particular, del código deuteronómico (Dt 12-26), que establece la ley sobre la unicidad del santuario y del culto, constituyen una constante presente en todos los libros que la componen. Al autor (autores o escuela) de este conjunto de libros se le designa generalmente con el nombre de «Deuteronomista» (sigla Dtr), un historiador del período exílico o postexílico que disponía de un amplio material de tradición y que estaba animado por la fe en el Dios de Israel. La influencia de los profetas en este autor o escuela no parece que se pueda poner en discusión. Cuando se habla de lo relacionado con el Deuteronomio se utiliza el adjetivo «deuteronómico».

 2 Estos libros presentan también características literarias y teológicas que sugieren la presencia de un único autor, al que se le designa comúnmente como el «Cronista». Hoy en día, sin embargo, resulta problemático atribuir Esdras-Nehemías a la obra del Cronista.

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ABREVIATURAS Y SIGLAS

1. LIBROS BÍBLICOS

Ab Abdías Judas Judas

Ag Ageo Lc Evang. san Lucas

Am Amós Lm Lamentaciones

Ap Apocalipsis Lv Levítico

Ba Baruc 1 M 1 Macabeos

1 Co 1 Corintios 2 M 2 Macabeos

2 Co 2 Corintios Mc Evang. san Marcos

Col Colosenses Mi Miqueas

1 Cro 1 Crónicas Ml Malaquías

2 Cro 2 Crónicas Mt Evang. san Mateo Ct Cantar de los Cantares Na Nahúm

Dn Daniel Ne Nehemías

Dt Deuteronomio Nm Números

Ef Efesios Os Oseas

Esd Esdras 1 P 1 Pedro

Est Ester 2 P 2 Pedro

Ex Éxodo Pr Proverbios

Ez Ezequiel Qo Qohélet (Eclesiastés)

Flm Filemón 1 R 1 Reyes Flp Filipenses 2 R 2 Reyes Ga Gálatas Rm Romanos Gn Génesis Rt Rut Ha Habacuc 1 S 1 Samuel Hb Hebreos 2 S 2 Samuel

Hch Hechos Sal Salmos

Is Isaías Sb Sabiduría

Jb Job Si Sirácide (Eclesiástico)

Jc Jueces So Sofonías

Jdt Judit St Santiago

Jl Joel Tb Tobías

Jn Evang. san Juan 1 Tm 1 Timoteo

1 Jn 1 Juan 2 Tm 2 Timoteo

2 Jn 2 Juan 1 Ts 1 Tesalonicenses

3 Jn 3 Juan 2 Ts 2 Tesalonicenses

Jon Jonás Tt Tito

Jos Josué Za Zacarías

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2. OBRAS DE CONSULTA[3]

1Apol San Justino, Primera Apología

1Cl San Clemente Romano, Primera carta a los Corintios AAS Acta Apostolicae Sedis (Vaticano)

AAT Apócrifos del Antiguo Testamento (A. Díez Macho; Madrid)

ABD The Anchor Bible Dictionary, (D. N. Freedman et al.; New York-London- Toronto-Sydney-Auckland)

Adv. haer. San Ireneo, Adversus haereses

AIB An Introductory Bibliography (J. A. Fitzmyer; Roma)

AnBib «Analecta Biblica» (Roma)

AncB «Anchor Bible» (Garden City, NY)

ANEP Ancient Near East in Pictures relating to the Old Testament (J. B. Pritchard; Princeton, NJ)

ANET Ancient Near Eastern texts relating to the Old Testament (J. B. Pritchard; Princeton, NJ)

Ang Angelicum (Roma) Ant Antonianum (Roma)

AOAT Alter Orient und Altes Testament (Neukirchen)

ATCT L’Antico Testamento e le culture del tempo (A. Baruq et al.; Roma)

ATD «Das Alte Testament Deutsch» (Göttingen)

AThANT «Abhandlungen zur Theologie des Alten und Neuen Testaments» (Zürich) ATS «Artscroll Tanach Series» (Brooklyn, NY)

Aug Augustinianum (Roma)

BA The Bible in Aramaic (A. Sperber; Leiden)

BAC «Biblioteca de Autores Cristianos» (Madrid) Barn Epístola del Pseudo-Bernabé

BASOR Bulletin of the American Schools of Oriental Research (New Haven, CT; Missoula, MT: Ann Arbor, MI)

BBB «Bonner biblische Beiträge» (Bonn) BC La Bibbia Concordata (SBI, Milano)

BCom Biblia Comentada (L. Arnaldich et al., 7 voll.; Madrid)

BCR «Biblioteca di cultura religiosa» (Brescia) BEB «Biblioteca de Estudios Bíblicos» (Salamanca) BHK Biblia Hebraica (R. Kittel - M. Kahle; Stuttgart)

BHS Biblia Hebraica Stuttgartensia (K. Elliger - W. Rudolph; Stuttgart)

BiKi Bibel und Kirche (Stuttgart) Bib Biblica (Roma)

BiOr «Bibliotheca Orientalis» (Leiden) BJ Biblia de Jerusalén (orig. fr. Paris)

BKAT «Biblischer Kommentar. Altes Testament» (Neukirchen-Vluyn) BP Biblia Patristica (J. Allenbach et al.; Paris)

BPM La Bibbia Piemme (Casale Monferrato)

BSR «Bibliothèque de sciences religieuses» (Paris) BTB Biblical Theology Bulletin (Jamaica, NY)

BTOB La Bibbia TOB (Leumann-Torino; orig. fr. Paris)

BTT Bible de tous les temps (Ch. Kannengiesser et al.; Paris)

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BZ[.NF] Biblische Zeitschrift [BZ.Neue Folge] (Freiburg-Paderborn) BZAW «Beihefte zur ZAW» (Berlin)

BZNW «Beihefte zur ZNW» (Berlin)

CahArchBib Cahiers d’archéologie biblique (Neuchâtel)

CAT «Commentaire de l’Ancien Testament» (Neuchâtel)

ComAT Comentario al Antiguo Testamento (Casa de la Biblia, 2 voll.; Madrid 1997)

Catech. San Cirilo de Jerusalén, Catechesis mystagogicae CB Cuadernos Bíblicos (Estella)

CBC «The Cambridge Bible Commentary» (Cambridge) CBQ The Catholic Biblical Quarterly (Washington, DC) CBQ.MS «CBQ Monograph Series» (Washington, DC)

CBSJ Comentario Bíblico «San Jerónimo» (R. E. Brown et al., 4 vol.; Madrid)

CÉv Cahiers Évangile (Paris)

CIC Catecismo de la Iglesia Católica (Vaticano)

CChr.

SG/SL/CM «Corpus Christianorum. [Series Graeca / Series Latina / Continuatio Mediaevalis]» (Turnhout) C.G. Santo Tomás, Contra Gentes

Cont. Ap. Flavio Josefo, Contra Apionem CR Catecismo Romano (Vaticano)

CSEL «Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum» (Wien) CuaBi Cuadernos Bíblicos (Valencia)

CuBi Cultura Bíblica (Madrid-Segovia)

DB Dictionnaire de la Bible (F. Vigouroux; Paris)

DBS Dictionnaire de la Bible. Supplément (H. Cazelles - L. Pirot - A. Robert et al.; Paris)

DBSC Dizionario biblico storico-critico (L.Monloubou - F. M. Du Buit; Roma; orig. fr. Paris)

DBU Dictionnaire biblique universel (L.Monloubou - F. M. Du Buit; Paris)

DEB Diccionario enciclopédico de la Biblia (Centre informatique et Bible - Abbaye de Maredsous; Barcelona; orig. fr. Turnhout)

Dial. San Justino, Diálogo con Trifón Did Didaché. Doctrina Apostolorum

DS Enchiridion Symbolorum (Denzinger-Schönmetzer)

DSpir Dictionnaire de Spiritualité (M. Viller et al.; Paris)

DSBP Dizionario di spiritualità biblico-patristica (A. Panimolle et al.; Roma)

DTAT Diccionario Teológico del Antiguo Testamento (E. Jenni - C. Westermann; Madrid; orig. al. THAT)

DTC Dictionnaire de Théologie Catholique (A. Vacant - E. Mangenot - E. Amann; Paris)

DTI Dizionario Teologico Interdisciplinare (F. Ardusso et al.; Casale Monferrato)

DTNT Diccionario teológico del Nuevo Testamento (L. Coenen et al.; Salamanca; orig. al. TBNT)

DV Const. Dogm. Dei Verbum (Vaticano II) EB Enchiridion Biblicum (Bologna)

EJ Encyclopaedia Judaica (C. Roth; Jerusalem)

EncBib Enciclopedia Biblica (A. Díez Macho; Barcelona)

EstB Estudios Bíblicos (Madrid) EtB «Études bibliques» (Paris)

EThL Ephemerides Theologicae Lovanienses (Leuven) EV Enchiridion Vaticanum (Vaticano)

FOTL «The Forms of the Old Testament Literature» (Grand Rapids, MI)

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GB Graecitas Biblica (M. Zerwick; Roma)

GdT «Giornale di Teologia» (Brescia)

GLAT Grande lessico dell’Antico Testamento (J. Botterweck - H. Ringgren; Brescia; orig. al. ThWAT)

GLNT Grande Lessico del Nuovo Testamento (G. Kittel - G. Friedrich; Brescia; orig. al. ThWNT)

Greg Gregorianum (Roma)

GS Const. Dogm. Gaudium et Spes (Vaticano II) GEAT «Guía Espiritual al Antiguo Testamento» (Barcelona) GSAT «Guide spirituali all’Antico Testamento» (Roma) Herm. El pastor de Hermas

Hist. eccl. Eusebio di Cesarea, Historia Ecclesiastica

HSM «Harvard Semitic Monographs» (Cambridge, MA) HThR The Harvard Theological Review (Cambridge, MA)

ICAT Introducción crítica al Antiguo Testamento (H. Cazelles et al., Barcelona)

IEB Introducción al estudio de la Biblia (J. M. Sánchez Caro et al., 10 vv.; Estella- Navarra)

IB Introduzione alla Bibbia (T. Ballarini et al.; Casale Monferrato)

ICC «The International Critical Commentary of the Holy Scripture» (Edinburgh) IDB Interpreter’s Dictionary of the Bible (Nashville, NY)

IEJ Israel Exploration Journal (Jerusalem)

JBL Journal of Biblical Literature (Philadelphia, PA; Atlanta, GA) JSNT Journal for the Study of the New Testament (Sheffield, UK) JSOT Journal for the Study of the Old Testament (Sheffield, UK) JThS Journal of Theological Studies (Oxford)

IBI PCB, Instr. La interpretación de la Biblia en la Iglesia (Vaticano) IRT «Issues in Religion and Theology» (Philadelphia)

KAT «Kommentar zum Alten Testament» (Gütersloh) LD «Lectio Divina» (Paris)

LG Const. Dogm. Lumen Gentium (Vaticano II) LiBi «Lire la Bible» (Paris)

LXX Septuaginta (A. Rahlfs, Stuttgart)

MoBi Le Monde de la Bible (Paris)

MS Il Messaggio della Salvezza. Corso completo di studi biblici (G. Canfora et al.; Leumann-Torino)

MSR Mélange de Science Religieuse (Lille)

MSU «Mitteilungen des Septuaginta-Unternehmens» (Göttingen) N Targum del códice Neofiti I (A. Díez Macho; Barcelona-Madrid)

NCeB «New Century Bible Commentary» (Grand Rapids, MI)

NDTB Nuevo Diccionario de Teología Bíblica (P. Rossano et al.; Madrid; orig. it. Roma)

NEchtB «Die Neue Echter Bibel» (Würzburg)

NGCB Nuovo Grande Commentario Biblico (R. E. Brown et al.; Brescia; orig. ing. NJBC)

NIB The New Interpreter’s Bible (Nashville, TN)

NIC «The New International Commentary on the Old Testament» (Grand Rapids, MI) NJBC New Jerome Biblical Commentary (R. E. Brown et al.; London)

NRTh Nouvelle Revue Théologique (Tournai-Louvain) NVB «Nuovissima versione della Bibbia» (Roma)

Nvg Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum editio (Vaticano 1979)

OBO «Orbis Biblicus et Orientalis» (Göttingen) Onq Targum di Onqelos (A. Sperber; Leiden)

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OTM «Old Testament Message» (Wilmington, DE) Patr Patrología (J. Quasten; Madrid)

PG Patrologia Graeca (J. P. Migne; Paris)

PL Patrologia Latina (J. P. Migne; Paris)

PLS Patrologiae Latinae Supplementum (A. Hamman; Paris)

Polic San Policarpo, Epístola a los Efesios

PsJ Targum del Pseudo-Jonatán a Números (Ernest G. Clarke; Edinburgh) RB Revue Biblique (Paris)

RivB Rivista Biblica italiana (Brescia; Bologna) RdQ Revue de Qûmram (Paris)

RE Realenzyklopädie für protestantische Theologie und Kirche (Berlin)

RevSR Revue de Sciences Religieuses (Strasbourg)

RNT «Regensburger Neues Testament» (A. Wikenhauser - O. Kuss; Regensburg) RSPhTh Revue des Sciences Philosophiques et Théologiques (Paris)

RSR Recherches des Sciences Religieuses (Strasbourg) RThom Revue Thomiste (Tolouse-Bruxelles)

SacDoc Sacra Doctrina (Bologna) Sal Salesianum (Roma)

Salm Salmanticensis (Salamanca) S.Th. Santo Tomás, Summa Theologiae

SB «La Sacra Bibbia» (S. Garofalo - G. Rinaldi; Torino)

S-B Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch (H. L. Strack - P. Billerbeck; München)

SBAB «Stuttgarter Biblische Aufsatzbände» (Stuttgart) SBi «Sources Biblique» (Paris)

SBible «La Sainte Bible» (L. Pirot - A. Clamer; Paris)

SBL.DS «Society of Biblical Literature. Dissertation Series» (Missoula, MT; Chico, CA) SBS «Stuttgarter Bibelstudien» (Stuttgart)

SC «Sources Chrétiennes» (Paris)

ScC La Scuola Cattolica (Venegono Inf, Varese) ScrTh Scripta Theologica (Pamplona)

SEAT La Sagrada Escritura. Antiguo Testamento (F. Asensio et al., 6 voll.; Madrid) Sef Sefarad (Madrid)

StBi «Studi Biblici» (Brescia; Bologna) StPat Studia Patavina (Padova)

StPatr Studia Patristica (Berlin)

Strom Clemente de Alejandría, Stromata TBC «Torch Bible Commentaries» (London)

TBNT Theologisches Begriffslexikon zum Neuen Testament (L. Coenen et al.; Wuppertal)

TNTC «The Tyndale New Testament Commentaries» (London) ThR Theologische Revue (Münster)

TOTC «The Tyndale Old Testament Commentaries» (London)

TgF Targum frammentario o Targum Yerushalmi II (A. Sperber; Leiden)

THAT Theologisches Handwörterbuch zum Alten Testament (E. Jenni - C. Westermann; München-Zürich)

ThLZ Theologische Literaturzeitung (Leipzig)

TRE Theologische Realenzyklopädie (G. Müller; Berlin-New York)

TS Theological Studies (Woodstock, MD)

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ThWNT Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament (G. Kittel - G. Friedrich; Stuttgart)

TTS «Trierer Theologische Studien» (Trier) TThZ Trierer Theologische Zeitschrift (Trier) Vg Biblia Sacra iuxta Vulgatam Clementinam

Vl Vetus latina

VSal «Verbum Salutis» (Paris) VT Vetus Testamentum (Leiden)

VTS Vetus Testamentum. Supplementum (Leiden) WBC «Word Biblical Commentary» (Dallas, TX)

ZAW Zeitschrift für die alttestamentliche Wissenschaft (Berlin) ZBK «Zürcher Bibelkommentare» (Zürich)

ZNW Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft und die Kunde der älteren Kirche (Gießen) ZORELL Lexicon Hebraicum et Aramaicum Veteris Testamenti (F. Zorell; Romae)

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3. OTRAS SIGLAS Y ABREVIATURAS

Aa.Vv. Autores varios

ABI Asociación Bíblica Italiana ABE Asociación Bíblica Española a.C. antes de Cristo

AT Antiguo Testamento ca. circa (aproximadamente)

cf. confrontar conc. concilio const. constitución d.C. después de Cristo decr. decreto dogm. dogmática

ed. eds. editor; editores enc. encíclica

et. significado etimológico

Ibídem mismo autor y obra ÍDEM mismo autor

ms. mss. manuscrito; manuscritos NT Nuevo Testamento Nvg Neovulgata orig. texto original par. textos paralelos

PCB Pontificia Comisión Bíblica PIB Pontificio Instituto Bíblico reimp. reimpresión

s. ss. siguiente, siguientes SBEsp Semana Bíblica Española LXX Versión griega de los LXX TM Texto Masorético

trad. traducción

v. vv. versículo; versículos Vg Vulgata

Vl Vetus latina

vol. voll. volumen; volúmenes

 3 Las abreviaciones de revistas, colecciones y obras de consulta como diccionarios y enciclopedias se basan, excepto variaciones exigidas por la presencia de siglas idénticas, en la obra de S. M. SCHWERT NER,

Internationales Abkürzungsverzeichnis für Theologie und Grenzgebiete. 2. überarbeitete und erweiterte Auflage, W. de Gruyter, Berlin-New York 1992. Las colecciones se indican entre comillas; en cursiva, las obra

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PARTE I

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Esta primera parte de nuestro estudio está dividida en tres capítulos. En el primero nos detenemos en el análisis de los títulos del Pentateuco y de cada uno de los libros que lo componen, para pasar a continuación al examen detallado del contenido y composición de la obra en su conjunto.

En el segundo capítulo analizamos específicamente el libro del Génesis, cuya importancia teológica nos ha obligado a realizar una exposición particularmente pormenorizada. Este capítulo, al que hemos puesto como subtítulo «El libro de las promesas», porque el libro del Génesis contiene las promesas originarias de Dios a la humanidad, después de una introducción sobre su contenido general y sobre la estructura del libro (I), considera los momentos fundamentales de la historia salvífica: la creación, preludio de la alianza de Dios con la humanidad (II), la introducción del pecado en el mundo y la primera promesa de salvación (III), la bendición y la alianza de Dios con Noé, nuevo padre de la humanidad después del diluvio (IV), Abraham en la historia de la salvación (V), el ciclo de Isaac y Jacob (VI) y, por último, la historia de los hijos de Jacob con el testamento del patriarca a sus hijos.

En el tercer capítulo afrontamos el estudio de los otros cuatro libros que componen el Pentateuco. La importancia de estos libros radica en que la historia que presentan está relacionada con la constitución de Israel como pueblo de Dios. El Éxodo narra cómo Dios elige el pueblo de Israel y establece con él una alianza (I); el Levítico contiene la legislación cultual promulgada por Dios para que Israel llegara a ser un reino sacerdotal y una nación santa (II); Números narra el peregrinaje del pueblo de Israel desde el Sinaí hasta la Tierra prometida bajo la guía de Dios (III); el Deuteronomio, por último, presenta los grandes discursos de despedida de Moisés al pueblo a la vista de la Tierra prometida, de modo que Israel, al recordar su historia y el modo en que Dios había actuado siempre en su favor, fuera siempre fiel a las obligaciones de la alianza (IV).

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Capítulo I

TÍTULOS, CONTENIDO Y COMPOSICIÓN DEL PENTATEUCO

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I. TÍTULOS DEL PENTATEUCO Y CONTENIDO GENERAL

1. TÍTULOS

Título general – Los primeros cinco libros de la Biblia (Génesis, Éxodo, Levítico,

Números y Deuteronomio), que relatan una historia que abarca desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés, son considerados en la tradición hebrea un único libro, denominado Torá (tôrah, ley, enseñanza)[1]. Es el título más antiguo y se sigue utilizando en nuestros días. En el Antiguo Testamento aparecen diversas expresiones que utilizan este sustantivo: sefer ha-tôrah (libro de la ley: Ne 8, 3), tôrah Mošeh (la ley de Moisés: 2 Cro 23, 18; 30, 16) o también sefer tôrat Mošeh (libro de la ley de Moisés: 2 R 14, 6; Ne 8, 1) y otras análogas.

A partir de Filón de Alejandría (siglo I d.C.), los judíos de la diáspora y,

posteriormente, los cristianos de lengua griega y latina dieron a la Torá el nombre de Pentateuco (pentavteucoı, entendido bivbloı), es decir, «libro contenido en cinco estuches» (pevnte, cinco, teu`coı, estuches o contenedor cilíndrico de los rollos y, por metonimia, su contenido, es decir, el rollo mismo), indicando de este modo la división en cinco libros que ya era común en tiempo de los LXX (siglo III/II a.C.)[2]. No obstante, los

Padres no utilizaron el término «Pentateuco» más que rara vez, prefiriendo hablar de la «Ley» o de la «Ley de Moisés», como era costumbre entre los hebreos y en el Nuevo Testamento (Mt 5, 17; 7, 12; 11, 13; Lc 16, 16; 24, 44; Hch 13, 15; Rm 3, 21, etc.). El Talmud recurre a la expresión hebrea todavía en uso, «los cinco quintos de la ley», basada probablemente en la expresión griega pentáteuchos.

Los títulos de los libros – Es diferente el modo en que el Texto Masorético y la

versión griega de los LXX (a la que siguen la Vulgata y las versiones antiguas y modernas) denominan los libros. El Texto Masorético, siguiendo un uso del Antiguo Oriente, denomina los libros con sus palabras iniciales; por el contrario, la versión griega utiliza títulos que reflejan el contenido del libro. Así se tienen:

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TM LXX (Vg)

beresˇît

(en principio)

γέβνεσις

(Génesis, es decir, orígenes del mundo, del hombre y del pueblo de Israel)

we)elleh sˇemôt

(y estos son los nombres)

έξοδος

(Éxodo, es decir, salida de Egipto)

wayyiqra’

(y llamó)

λευιτικός

(Levítico, leyes relacionadas con la tribu de Leví)

bemidbar

(en el desierto) o bien

wayedabber

(y habló)

ριθμοί

(Números, censo de los hebreos a la salida de Egipto)

’elleh haddebarîm

(estas son las palabras)

δευτερονόμιον

(Deuteronomio o segunda ley, respecto a la contenida en los libros precedentes)

2. UNIDAD FORMAL DE LA NARRACIÓN

La antigua convicción que limitaba a cinco el bloque teológico-literario de la Torá ha sido cuestionada en época reciente. Algunos autores (H. Ewald, G. von Rad), debido a la continuidad literaria y teológica que han entrevisto entre el Pentateuco y el libro de Josué, consideran que la tradición sobre los orígenes históricos de Israel comprendía también este libro, es decir, el relato sobre la conquista y posesión de la tierra de Canaán, motivo por el que prefieren usar el término «Hexateuco» (seis rollos)[3]. Otros estudiosos (M. Noth) sitúan, por el contrario, el Deuteronomio al comienzo de un gran fresco histórico y literario que va desde Moisés hasta el exilio, separándolo del resto del Pentateuco, por lo que prefieren la terminología de «Tetrateuco» (cuatro rollos)[4]. También se ha utilizado la expresión «Enneateuco», para indicar la gran unidad literaria que comienza con la creación del mundo y acaba con el exilio en Babilonia (Génesis–2 Reyes). Según D. N. Freedman, esta sería la «Historia principal» o «historia primera» de Israel, diferente de la del Cronista, que comprendería 1-2 Crónicas y Esdras–Nehemías[5].

Sin embargo, a pesar del interés que presentan todas estas hipótesis, no se puede olvidar que la tradición hebrea elaboró una Torá constituida por el conjunto de los cinco primeros libros de la Biblia actual y solo por ellos, lo que no podría haberse verificado sin motivos precisos. Otorgar la preeminencia a esa unidad significa, por eso, otorgar todo su valor a lo que llegó a ser «la forma canónica, definitiva y normativa de la Biblia para la comunidad de fe; primero para el pueblo de Israel y después para las Iglesias cristianas»[6]. Es posible que la figura central de Moisés en el Pentateuco y el hecho de que el Deuteronomio constituye un complemento esencial del «corpus legislativum» mosaico hayan jugado a favor de esta opción, es decir, en la formación de una unidad teológico-literaria constituida por los cinco primeros libros de la Biblia y solo esos.

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Un texto bíblico situado al final del Deuteronomio avala, en efecto, el lugar eminente que la tradición hebrea concedió a Moisés entre todos los profetas, por la relación única, directa, inmediata que tuvo con Yahveh, que hace de «su profecía» –la Torá– un mensaje insuperable e incomparable, más grande que todos los que se remontan a los profetas. El texto afirma: «No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien Yahveh trataba cara a cara, nadie como él en todas las señales y prodigios que Yahveh le envió a realizar en el país de Egipto, contra el Faraón, todos sus siervos y todo su país, y en la mano tan fuerte y el gran terror que Moisés puso por obra a los ojos de todo Israel» (Dt 34, 10-12). Por este motivo, la Torá mosaica debía lógicamente constituir una unidad y preceder a los demás escritos, los proféticos anteriores (Josué-2 Reyes) y posteriores (Isaías-Malaquías), además de los Ketubim (Escritos).

La singularidad que la tradición bíblica atribuyó a la «Torá de Moisés» queda también de manifiesto por el hecho de haberse convertido en el punto central de referencia de cualquier empresa histórica de Israel, comenzando por la de Josué (Jos 1, 1-8), el cual, por otra parte, no es llamado «siervo de Yahveh» como Moisés, sino «ministro de Moisés», descrito, por tanto, en su relación subordinada a Moisés. El éxito de sus empresas está, en efecto, esencialmente vinculado a su fidelidad a la «ley de Moisés», considerada como libro escrito (Jos 1, 7-8). En el corpus de los profetas, la «ley de Moisés» se menciona, tal vez por esto, en un texto que cierra, a modo de conclusión, la sucesión de los libros proféticos, Ml 3, 22-24: «Acordaos de la ley de Moisés, mi siervo, a quien yo decreté en el Horeb los preceptos y las normas para todo Israel». La Torá debía ser custodiada como un «memorial» que era preciso reavivar constantemente en la conciencia histórica de Israel; a los otros escritos correspondía, más bien, la tarea de actualizar la ley y de mantenerla presente en medio del pueblo de Israel.

3. CONTENIDO GENERAL

En la forma en que se presenta el Pentateuco se advierte con facilidad una línea cronológica de los acontecimientos sobre la que se desarrolla una reflexión teológica de fondo. Cronología y teología se entrelazan a lo largo de los cinco libros del Pentateuco, de amplitud variable y contenido específico[7]. Dirigiremos ahora una primera y breve mirada a estos dos aspectos, tal como se presentan en la fase final de redacción del libro; en los comentarios exegéticos haremos las oportunas referencias a los problemas de índole histórico-literaria.

a) Línea cronológica

La narración del Pentateuco comienza con la creación del mundo y del hombre (Gn 1-2); sigue la historia primitiva de la humanidad (Gn 3-11), herida por el pecado y atravesada por grandes catástrofes, castigos de Dios, cuales fueron el diluvio y la separación de los pueblos debido a la Torre de Babel, pero sostenida siempre por las promesas y la misericordia de Dios. Se narra a continuación la historia patriarcal,

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centrada en las figuras de los tres grandes patriarcas de Israel: Abraham, Isaac y Jacob (Gn 12-50). Amplio espacio ocupan la historia de José y los acontecimientos relacionados con el descenso de la familia de Jacob a Egipto (Gn 37-50). Hasta aquí el libro del Génesis.

El Pentateuco describe sucesivamente en su segundo libro, de un modo bastante detallado, la esclavitud del pueblo de Israel en Egipto, su liberación gracias al favor de Dios y a la intervención de Moisés, y el peregrinaje por el desierto hasta el Sinaí (Ex 1-18), lugar donde se realiza el acontecimiento central de la constitución de Israel como pueblo de Dios, la alianza del Sinaí (Ex 19-24), con la revelación del decálogo y el código de la alianza. Una segunda sección del Éxodo contiene las disposiciones divinas relativas al culto, con la consiguiente puesta en acto por parte de Moisés (Ex 25-40). Este hilo narrativo es interrumpido por un evento de singular importancia: la ruptura de la alianza (Ex 32). Al pecado de idolatría (adoración del becerro de oro) sigue el castigo divino y la renovación de la alianza gracias a la intercesión de Moisés (Ex 33-34).

El relato histórico trazado por el Éxodo se detiene en el Levítico, libro que contiene la legislación cultual de Israel, con las prescripciones sobre los sacrificios, la investidura de los sacerdotes, la pureza legal y otras normas más, como las contenidas en el llamado código de santidad (Lv 17-26). Dios ya no habla a Moisés desde la cima del Sinaí, sino desde la «tienda del encuentro».

El hilo de la historia es recogido en Números, libro en el que se entrelazan secciones narrativas y textos legislativos. Después de describir el censo del pueblo y su preparación para la marcha desde el Sinaí, el libro narra el peregrinaje por el desierto hasta Cadés Barnea, en los confines con Edom (Nm 1-19) y el sucesivo peregrinaje desde Cadés hasta Moab (Nm 20-36). Israel se ha trasladado, por tanto, desde el Sinaí hasta las estepas de Moab, donde se prepara para entrar en la tierra prometida. Las leyes promulgadas por Moisés en las estepas de Moab son equiparadas a las reveladas en el Sinaí (Dt 28, 69).

El quinto libro del Pentateuco, el Deuteronomio, está integrado por tres grandes discursos de Moisés, en los que el gran legislador recuerda la providencia divina sobre el pueblo a lo largo del peregrinaje por el desierto y exhorta a la más plena fidelidad a la alianza sinaítica. Una larga sección legislativa, el código deuteronómico (Dt 12-26), y diversos episodios sucedidos en la llanura de Moab completan la estructura del libro. La composición se cierra con los últimos acontecimientos y la muerte de Moisés (Dt 31-34).

b) Ambientación histórica

La historia que narra el Pentateuco se sitúa, aproximadamente, entre los siglos XIX y XIII a.C., desde el inicio de la época patriarcal, momento en el que en Mesopotamia se

había constituido el Antiguo Imperio babilónico (1895-1594 a.C.) y en Egipto reinaba la dinastía del Medio Imperio (2100-1785 a.C.), y el siglo XIII (o XV, según cálculos

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Los antepasados de los israelitas – Los antepasados de los israelitas hay que

identificarlos entre los semitas seminómadas que en el segundo milenio a.C. recorrían la franja semidesértica de la «medialuna fértil»[8], regada por el Tigris y el Éufrates. En la historiografía se conocen especialmente dos grupos: los amorreos, tribu semítica, citada frecuentemente en el Antiguo Testamento como también en las fuentes babilónicas y egipcias, que se instala en Mesopotamia, Siria y Palestina hacia el año 2000 a.C., y los arameos, también semitas, que se establecen en Siria hacia el siglo XIII a.C.

Aparte de los textos bíblicos, no poseemos ningún testimonio histórico sobre la existencia de los patriarcas. Este hecho no debe sorprender, si se piensa en el carácter fragmentario de la documentación de este período llegada hasta nosotros y que los patriarcas, hablando humanamente, no eran más que un grupo entre muchos de pastores nómadas o seminómadas. Sin embargo, confrontando los datos bíblicos con los hallazgos históricos y arqueológicos del Oriente Medio, se puede razonablemente suponer la veracidad del relato bíblico, es decir, que los antepasados del pueblo de Israel, pertenecientes al grupo étnico de los amorreos (Ez 16, 3), llegaron a Canaán hacia el siglo

XVIII a.C., después de haber dejado Mesopotamia (Abraham procede de Ur de

Sumer[9]). La mención más antigua de los cananeos se encuentra en una carta encontrada en Mari, del 1800 a.C., aproximadamente[10]. Sobre la situación de Canaán en la época de los patriarcas hablan diversos textos antiguos[11]. Se trata del período denominado Bronce Medio, entre los años 2000 y 1550 a.C. En aquella época, debido a su discreta prosperidad, se multiplicaron los asentamientos en Canaán. Los grandes imperios que influyeron en la historia de los patriarcas y de Moisés fueron el Antiguo Imperio babilónico (siglos XIX a XVI a.C.), el Medio Imperio asirio (siglos XV-X a.C.) y el

Nuevo Imperio egipcio (siglos XVI-XI a.C.). La historia de estos imperios se entrecruza

frecuentemente.

El Imperio babilónico – El Antiguo Imperio babilónico se constituye hacia el siglo

XIX a.C. y alcanza su máximo esplendor con Hammurabi (1792-1750), sexto rey de la

primera dinastía y uno de los soberanos más importantes en la historia del Antiguo Oriente Medio. Hammurabi realizó un vasto imperio y redactó un importante código de leyes (compuesto por un prólogo, un cuerpo con 282 artículos de ley y un epílogo), que guarda una cierta afinidad con las leyes mosaicas[12]. En los siglos posteriores, Babilonia perdió su importancia y cayó, primero, bajo el dominio militar y político de los casitas, pueblo montano que conquistó Babilonia hacia el año 1600 y ejerció su hegemonía hasta el 1200[13], sucesivamente, bajo los asirios, hasta el siglo VII, cuando se constituye el

Imperio neobabilónico. En el año 612 a.C., Nabopolasar, padre del célebre rey Nabucodonosor, destruyó Nínive, capital del Imperio asirio.

El Imperio asirio – La historia de Asiria comienza en la Edad de Bronce (hacia el

3000 a.C.) y tiene diversas fases de hegemonía política en el Antiguo Oriente Medio. En el siglo XII la capital fue transferida a Nínive y su dominio se extendió con Tiglat Piléser I

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(1115-1077). Después de un período de decadencia debido a la expansión de los arameos, el Imperio neoasirio alcanza su apogeo con Asarhaddon II, que llegó hasta Menfis, en Egipto. A continuación se produjo una rápida decadencia: perdió Egipto hacia el 650 a.C. y Babilonia hacia el 626. Nínive fue destruida en el 612 por el ejército babilónico.

Egipto – Respecto a la situación de Egipto, después de un período intermedio de

grandes turbaciones religiosas y sociales, surge el Medio Imperio, que se expande lentamente desde el 2100 hasta el 1785, aproximadamente. Es la edad clásica de la literatura y del arte egipcio. Hacia el año 1730 a.C., Egipto padece la invasión de los hicsos[14] (reyes pastores), pueblo de origen semita que se había trasladado hacia el sur bajo la presión de los hititas[15], hurritas[16] y casitas. Los hicsos constituyeron las dinastías egipcias XV y XVI. En el año 1550 a.C. se produce la expulsión de los hicsos de

Egipto y comienza el reinado del faraón Amenofis IV (1379-1362), que, con el nombre de Akhenaton, introduce el culto monoteísta al sol. Akhenaton transfiere la capital del reino desde Tebas a Tell el-Amarna, localidad junto al Nilo, unos 300 km al sur de El Cairo[17]. El imperio instaurado por Amenofis IV, llamado Nuevo Imperio, dura hasta el año 1080 a.C. aprox. En el año 1468 a.C., después de la victoriosa campaña de Tutmosis III, las ciudades-Estado de Canaán pasan a estar bajo control egipcio[18]. Los historiadores sitúan la salida del pueblo de Israel de Egipto bajo el faraón Ramsés II (1290-1224). El primer testimonio extrabíblico del pueblo de Israel lo proporciona una estela conmemorativa del faraón Merneptah (1223-1211), que celebra una victoria en Canaán[19].

Otros pueblos – Sobre los demás pueblos con los que Israel estuvo en contacto en la

antigüedad, conviene recordar, en primer lugar, a los edomitas o idumeos, que ocupaban las montañas de Seir, el valle de Arabia y la región de Petra[20]. Hacia el norte, al este del mar Muerto, los moabitas. Más al norte, los amonitas[21]. En la frontera septentrional, los reinos arameos de Damasco y Camat. Hacia el noreste, los fenicios, pueblo marinero y comerciante, que desde mucho tiempo antes habían establecido colonias a lo largo del Mediterráneo[22]. Al suroeste residían los filisteos, procedentes de Creta o de Grecia, que llegaron a la costa mediterránea más o menos en la época del asentamiento de las tribus de Israel en Canaán[23]. Por último tenemos los pueblos cananeos, habitantes de Canaán, sobre todo en las llanuras, pequeñas ciudades-Estado autónomas políticamente pero con una cierta unidad cultural, de lengua y de religión.

c) Línea teológica

El Pentateuco no posee la forma de un tratado dogmático, sino que se presenta como un entrelazado de relatos históricos y de leyes. Estas están recogidas, en gran medida, en cuatro grandes cuerpos legislativos: el código de la alianza (Ex 20, 24-23-19), el código

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de santidad (Lv 17-26), el código deuteronómico (Dt 12-26) y el código sacerdotal, constituido por un conjunto de leyes distribuidas en varios bloques atribuidos al redactor sacerdotal (Ex 25-31; 35-40; Lv; Nm 5-6; 15; 18-19; 28-30). El relato histórico se presenta como una historia de la salvación, que quiere mostrar cómo Dios, justo y misericordioso, creó el mundo y al hombre, y cómo el mismo Dios, llevado de su bondad infinita, emprendió una obra más allá de cualquier expectativa humana para salvar a la humanidad caída a causa del pecado. Para llevar a cabo la realización de su plan de salvación, Dios eligió un pueblo, que forjó de lo que no era, lo bendijo, lo protegió, le reveló las vías de su misericordia y lo condujo hacia un destino enteramente singular, preparándolo de este modo para una altísima misión.

Dios, en efecto, precisa la Dei Verbum 3, «queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural se manifestó personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio. Después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención (Gn 3, 15), y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras (Rm 2, 6-7). A su tiempo llamó a Abraham para hacerlo Padre de un gran pueblo (Gn 12, 2-3), al que luego instruyó por medio de los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo reconocieran como Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al Salvador prometido; de esta forma, fue preparando el camino del Evangelio a través de los siglos».

El texto evidencia el lugar central que ocupan las promesas divinas y las alianzas establecidas por Dios en el proyecto divino de salvación. En el libro del Génesis se menciona, en efecto, con relativa frecuencia, la promesa divina de hacer de los descendientes de Abraham un gran pueblo y de concederles la tierra de Canaán. Esta promesa, que se transmite a Isaac y a Jacob, alcanza en los tiempos sucesivos una primera realización con la multiplicación de los descendientes de Abraham en Egipto y en el peregrinaje hacia la tierra prometida en medio de grandes prodigios, eventos que relatan los libros Éxodo y Números. La conquista realizada por Josué constituye el cumplimiento de la promesa de la tierra. Ya antes, sin embargo, con Abraham (Gn 15; 17), lo que confirmará después en el Sinaí (Gn 19-24), Dios había establecido un pacto solemne a favor del pueblo de Israel, convirtiéndolo en su pueblo elegido. Alrededor de estos dos términos centrales, promesa y alianza, se anudan diversos acontecimientos fundamentales, que se pueden agrupar en categorías de alto significado teológico: creación, pecado, salvación, bendición, elección, amor paterno, justicia divina, por mencionar solo algunos conceptos centrales. Es posible encontrar la síntesis teológica de estas ideas en algunos sumarios distribuidos a lo largo de los libros sagrados (Dt 6, 20-24; 26, 2-9; Jos 24, 2-13).

El Pentateuco, sustancialmente vinculado a Moisés en el sentido de que él es su principal protagonista y el gran mediador de la revelación divina, no podía dejar de concluir, dentro de una cierta lógica, sino con la muerte del gran legislador del pueblo de Israel. No obstante, la historia continúa, porque la promesa hecha por Dios a Abraham anunciaba también la figura de un Salvador que debía traer la bendición a todas las

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NOTAS

 1 El término «Torá» puede tener diferentes significados. En sentido estricto, se trata del conjunto de los cinco primeros libros de la Biblia, el Pentateuco en la denominación cristiana. En un sentido más amplio y de acuerdo con el significado etimológico de la raíz de este sustantivo (enseñar, poner los fundamentos), Torá indica el conjunto de la doctrina que fundamenta la religión del pueblo hebreo; por tanto, el término «Torá» puede designar ya sea toda la Biblia hebrea (denominada Tanak o Miqra’), como el conjunto de los mandamientos de la ley, o bien la revelación hecha a Moisés en el Sinaí. En este sentido, los rabinos también aplican la expresión «Torá» a la Torá oral (Tôrah she-be-‘al-peh), que corresponde, al menos en parte, a lo que en el Nuevo Testamento se designa como «tradición de los ancianos» (Mc 7, 3.5; 7, 8.9.13) y que cristalizó históricamente en los escritos de la tradición rabínica, el Talmud, una recopilación paralela y mucho más amplia que la sola Torá escrita (Tôrah she-bi-ketav). La tradición rabínica considera ambas Torá como un único cuerpo de revelación que se remonta a Moisés, de modo que una no se puede comprender sin la otra: solo de la unión íntima entre ellas puede surgir el verdadero sentido de la revelación.

 2 Acerca de la división de la Torá en cinco libros, la primera referencia explícita aparece en un conocido texto del Contra Apionem, de Flavio Josefo: «De estos [libros que justamente son considerados divinos], cinco son de Moisés, y comprenden las leyes y la tradición histórica desde el nacimiento del hombre hasta la muerte del legislador» (1, 39). Se encuentran también alusiones a dicha división en Filón de Alejandría y, antes, en diversos fragmentos de Qumrán y en la Carta a Aristea. En el Nuevo Testamento, una referencia se descubre en la expresión Bivbloı genevseoı (libro de la generación) de Mt 1, 1, que parece ser un eco del título del primer libro de la Torá. También parecen reflejar la división de la Torá en cinco libros la división del Salterio en cinco grandes partes y los cinco discursos de Jesús que, intercalados armónicamente, estructuran el evangelio de san Mateo, evangelio que quiere presentar a Jesús como el «nuevo Moisés». No obstante, el Nuevo Testamento no hace referencia explícita alguna a la división de la Torá en cinco libros, aunque utiliza con frecuencia la expresión «la ley y los profetas» (cf. J. BLENKINSOPP, El Pentateuco, 64-67).

 3 La fuerte unidad teológica que existe entre el Pentateuco y el libro de Josué y de los Jueces ya había sido advertida en la antigüedad cristiana y en el período medieval por autores como san Agustín y Andrés de San Víctor, que escribieron obras sobre el Heptateuco. En tiempos posteriores, la unidad teológico-literaria fue defendida por estudiosos como J. Bonfrère (1625), B. Spinoza (1670), A. Geddes (1792) y H. Ewald. Este autor, en Die Geschichte des Volkes Israel I, Göttingen 1864, sostuvo que la primera obra histórica de Israel había sido el «Libro de los orígenes», que habría comprendido el Pentateuco y Josué. A partir de Ewald, esta idea se difundió entre los investigadores, como ponen de manifiesto los título de las clásicas obras de Wellhausen, Die Composition des Hexateuchs und der historischen Bücher des Alten Testaments (Berlin 1866), y de G. von Rad, Das formgeschichtliche Problem des Hexateuch (Stuttgart 1938).

 4 M. Noth, discípulo de von Rad, expresó sus ideas en su célebre obra sobre la historia de las tradiciones del Pentateuco, Überlieferungsgeschichte des Pentateuch, Stuttgart 1948.

 5 Cf. D. N. FREEDMAN, Pentateuch (IDB 3), New York 1967, 711-727. Sin embargo, como indica J. L. Ska, si

el término «Enneatuco» posee un cierto significado desde el punto de vista canónico, debido a la unidad teológica de toda la Biblia, no lo tiene desde el punto de vista literario, como evidencia el hecho de que no se ha podido verificar la existencia de verdaderos enlaces literarios en el conjunto formado por los diversos libros que componen Génesis-2 Reyes (cf. J. L. SKA, Introduzione alla lettura del Pentateuco, 19).

 6 J. L. SKA, Introduzione alla lettura del Pentateuco, 20. El autor se inspira en J. Blenkinsopp, B. S. Childs y F.

García López.

 7 En el Pentateuco, el libro más extenso es el Génesis (50 capítulos), al que siguen Éxodo y Números, de amplitud similar (40 capítulos), Deuteronomio (34 capítulos) y Levítico (25 capítulos). En total, el Pentateuco está compuesto por 189 capítulos y 5845 ver​sículos. Se calcula que, si estuviese escrito en un solo rollo, este debería medir 33 metros, hecho, sin embargo, no del todo imposible, porque al parecer existió un rollo con las obras de Homero que alcanzaba unos 50 metros. En Qumrán, los rollos más largos son el Rollo del Templo (8,75 metros) y el del libro de Isaías (1QIsa), de 7,35 metros.

 8 La denominación «medialuna fértil» ha entrado en la terminología moderna para designar el territorio comprendido en la medialuna ideal que se extiende desde Egipto hasta el Caúcaso abarcando el Golfo Pérsico.  9 Ur, originariamente ciudad de Sumer (parte meridional de Mesopotamia), pasó a ser ciudad de los caldeos

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10 Para la bibliografía sobre Mari, cf. J. G. HEINT Z et al., Bibliographie de Mari. Archéologie et textes

(1933-1988), Wiesbaden 1990; G. D. YOUNG (ed.), Mari in Retrospect. Fifty Years of Mari and Mari Studies,

Winona Lake (IN) 1992; J. M. DURAND (ed.), Mari, Ébla et les Hourrites. Dix ans de travaux, Paris 1966.

Entre los estudios, cf., en particular, H. CAZELLES, Mari et l’Ancien Testament, Liège 1966; L. CAGNI, Le

profezie di Mari, Brescia 1995; A. MALAMAT, Mari and the Bible, Leiden 1998. Mari, ciudad famosa del

medio Éufrates, fue descubierta casualmente en 1933. Sus archivos reales contenían más de 20.000 textos, con informaciones sobre la acción política y diplomática de sus soberanos en el período 1810-1760 a.C. Bajo su rey más famoso, Zimri-Lim, vencido por Hammurabi de Babilonia, llegó el reino de Mari a su fin. El texto encontrado en Mari dice así: «Depredadores y Kinanhu (cananeos) se han instalado igualmente en Rahizum, nos observamos recíprocamente. Los soldados están bien. Que el corazón de mi Señor no se preocupe por sus soldados» (ATCT 127). Canaán es el nombre más frecuentemente utilizado en el Antiguo Testamento para indicar la parte de Palestina al oeste del Jordán. Sucesivamente se utilizó para indicar sobre todo la parte norte de Palestina. El término aparece también en los escritos egipcios del Nuevo Imperio (1550-1085) y en las cartas de Tell el-Amarna (siglo XIV a.C.).

11 Por ejemplo, la historia de Sinuhé el egipcio (siglo XX a.C.), algunos textos egipcios de maldición, los textos de

Mari (el más antiguo es del 1800 a.C.), las inscripciones de Idrimi (alrededor 1550 a.C.), las cartas de Tell el-Amarna (siglo XIV a.C.), la inscripción de Seti I (ca. 1310 a.C.) y otros más (cf. ATCT 116-152; ANET 18-22;

253; 483-490; 557-558).

12 Cf. ATCT 522-581; ANET 163-180.

13 Este período es conocido como Medio Imperio babilónico. La lengua de los casitas está poco documentada. Adoptaron el acadio y aceptaron la cultura de Babilonia. Noticias sobre los casitas proceden también de los textos acadios de Tell el-Amarna.

14 Sobre la dominación de los hicsos en Egipto poseemos un texto de gran interés aunque de época tardía, del siglo III a.C., la Aegyptiaca, de Manetón de Sebennytos, obra trasmitida a través del Contra Apionem de Flavio

Josefo. Durante mucho tiempo la Aegyptiaca fue la única fuente de este período de la historia de Egipto. Sobre este y otros textos de la época en cuestión cf. ATCT 128-131; ANET 230-234.

15 La civilización hitita del Asia Menor fue descubierta a comienzos del siglo XX gracias sobre todo a las

excavaciones de H. Winckler en Bogazkoy (1906-1912), capital del reino. El Antiguo Imperio, fundado a inicios del segundo milenio, conquistó Babilonia hacia el 1800 a.C. Hacia el 1500 surge el Nuevo Imperio, del que hablan las cartas de Tell el-Amarna, que se extiende por el Asia Menor. Bajo la presión de los pueblos del norte (aqueos, griegos), los hititas descienden hacia Canaán, extendiendo su influencia en la región de Ugarit y amenazando las fronteras egipcias. En el año 1294, sin embargo, fueron obligados a firmar un tratado de paz con Ramsés en Cadés, sobre el Oronte, y retirarse hacia el norte. Su civilización desaparece poco antes del año 1000 a.C.

16 Los hurritas, pueblo no semita originario de las montañas septentrionales de Mesopotamia, aparecen en la historia hacia el año 2000 a.C, alcanzando su mayor influencia hacia el 1700, cuando extienden su hegemonía hacia Mesopotamia y Asiria.

17 La localidad de Tell el-Amarna fue descubierta el año 188 gracias al hallazgo de una correspondencia diplomática dirigida a Amenofis IV o a su padre por algunos pequeños soberanos de Canaán, vasallos de Egipto. La documentación posee gran interés para la historia de aquel período. Sobre las cartas de Tell el-Amarna, cf. M. LIBERANI (ed.), Le lettere di el-Amarna, 2 voll., Brescia 1998-1999 (recensión de G. L. Prato,

RivB 48 (2000) 357-361).

18 Hay numerosos textos egipcios que mencionan las campañas asiáticas de Tutmosis III, entre los que se encuentra una inscripción incisa en las paredes del templo de Karnak por los escribas del faraón que relata la toma de Meguido (1468 a.C.). El texto contiene indicaciones geográficas muy precisas (cf. ATCT 132-135; ANET 234-238).

19 La estela, de 28 líneas, descubierta en 1896 cerca de Tebas y que se encuentra en el Museo de El Cairo, presenta el siguiente texto en las líneas 26 y 27: «Los príncipes están postrados y dicen: Paz. Entre los Nueve Arcos ninguno levanta la cabeza. Tehenu (Libia) ha sido devastado. Haiti está en paz. Canaán se encuentra privada de todas sus maldades. Ashqelon ha sido deportado; se han adueñado de Guézer; Yanoam es como si ya no existiese; Israel ha sido aniquilado y ya no tiene semilla. Haru está como viuda ante Egipto» (ATCT 151; el texto completo en ANET 376-378).

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25, 29-34). Los edomitas conquistaron el territorio ocupado por los hurritas al suroeste del mar Muerto (cf. M. WEIPPERT, Edom und Israel, TRE IX 291-299).

21 La Biblia atribuye los orígenes de estos dos pueblos a los descendientes de Lot, sobrino de Abraham (Gn 19, 37). Los amonitas habitaban el territorio comprendido por la actual Amán, capital de Jordania.

22 Los fenicios, antiguos habitantes de la llanura costera entre el monte Carmelo y el monte Amanus, aparecen ya mencionados en la documentación egipcia del Antiguo Imperio. El Nuevo Imperio egipcio conquistó su territorio y lo sometió sin grandes dificultades, como atestiguan los textos de Tell el-Amarna. Hacia el año 1200 a.C., Fenicia sufrió la invasión de los llamados «Pueblos del Mar». Los fenicios son recordados en la Biblia por sus estrechas relaciones con Salomón durante la construcción del Templo, y con Acab, que se unió en alianza matrimonial con la princesa fenicia Jezabel.

23 Los filisteos aparecen en el escenario del Antiguo Oriente Medio en tiempos de Ramsés III (1206-1175 a.C.). Formaban parte de los «Pueblos del Mar», conjunto de poblaciones egeas y de Anatolia que invadió las costas mediterráneas de Egipto y Canaán hacia el 1200 a.C. Los Pueblos del Mar son mencionados en algunos textos de los faraones Merneptah (1223-1211) y Ramsés III. Se trata de nueve agrupaciones étnicas, dos de las cuales, filisteos y danaos, han sido identificadas en la cuenca mediterránea. Rechazados por Ramsés III, los filisteos se instalaron en las costas meridionales de Canaán, de donde el nombre de Filistea, del que deriva Palestina. Los filisteos aparecen en la historia bíblica en la época de los grandes cambios que motivaron la caída de los reinos micenos de Grecia, del imperio hitita de Anatolia y de la civilización sirio-palestina del período de Bronce reciente. La Biblia recuerda su proveniencia de Creta (Gn 10, 14). La época de oro de la cultura filistea coincide con la época de los jueces de Israel y del inicio de la monarquía israe​lita, desde el siglo

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II. LA COMPOSICIÓN DEL PENTATEUCO. EL PROBLEMA HISTÓRICO-LITERARIO

Aunque el tema relacionado con la composición literaria del Pentateuco y el de su historicidad están íntimamente vinculados, conviene distinguirlos lo más posible para una mayor claridad expositiva. Sobre la composición literaria, los documentos magisteriales, siguiendo un antiguo sentimiento de fe, precisan que los estudios críticos no pueden dejar de confirmar «el gran alcance y la profunda influencia de Moisés, como autor y como legislador»[24]. Sobre la historicidad, los criterios fundamentales para una adecuada valoración fueron formulados por la Dei Verbum. Esta constitución, al establecer los principios hermenéuticos básicos para el estudio del texto bíblico, cuales son la inspiración y la santidad de la Biblia, subraya la necesaria complementariedad que debe existir entre los criterios hermenéuticos racionales (derivados del hecho que la Escritura ha sido escrita por hombres al modo humano), y los teológicos (enraizados en el origen divino de la Biblia) para una correcta lectura del texto bíblico como obra destinada a nuestra salvación (cf. DV 12-13). En nuestra exposición, comenzaremos por trazar una síntesis histórica de los estudios desarrollado desde la época patrística hasta nuestros días que sirva para comprender la situación de las reflexiones modernas y el significado de las nuevas soluciones propuestas[25].

1. PRECEDENTES ANTIGUOS

Hasta el siglo XVI, la tradición judeo-cristiana había considerado pacíficamente el

Pentateuco una obra compuesta sustancialmente por Moisés, tal como sugerían algunos textos del Antiguo Testamento. En esos textos, en efecto, Moisés es colocado en el centro de la narración del Pentateuco y se le atribuye la puesta por escrito de algunos eventos particulares –concretamente, la victoria sobre los amalecitas (Ex 17, 14) y una síntesis esquemática de las etapas de la marcha por el desierto (Nm 33, 1-2)– y, sobre todo, de algunas leyes reveladas por Dios (Ex 24, 4-8; 34, 27; Dt 31, 9.22.24-26)[26]. Esta actividad legislativa de Moisés es frecuentemente mencionada a partir del libro de Josué[27]. En los diferentes libros bíblicos aparecen, por otra parte, fórmulas como «ley de Moisés» y «libro de la ley de Moisés»[28]. El Nuevo Testamento, en conformidad con el uso del mundo religioso-cultural del judaísmo de la época, adopta también expresiones como «ley de Moisés» (Lc 24, 44), «el libro de Moisés» (Mc 12, 26) y otras fórmulas similares[29].

En el largo período de la patrística y durante el medioevo, los problemas crítico-literarios no suscitaron particular atención, en parte porque eran otras las instancias que requerían una respuesta urgente. La tradición hebrea sobre la autenticidad mosaica está testimoniada solo en el judaísmo tardío (siglo I d.C.), por Filón de Alejandría[30] y

Flavio Josefo[31]; convicción que recoge la tradición talmúdica[32]. En esta toma de posición influyeron las exigencias de la polémica, que llevaron a los apologistas judíos a

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comparar favorablemente a Moisés con los históricos, legisladores y compiladores de las epopeyas nacionales griegas. En la literatura apócrifa judía se encuentran, sin embargo, referencias aisladas a un cierto trabajo realizado por el escriba Esdras (siglo V a.C.)[33].

Por su parte, la tradición cristiana, durante estos largos siglos, se limitó a seguir a la creencia hebrea[34], también en lo que se refiere a una posible actividad redaccional de Esdras[35]. Solo en el ámbito de algunas sectas y de las corrientes gnósticas del primer período de la patrística se plantearon algunas dudas sobre lo que efectivamente había escrito Moisés, más por razones ideológicas que críticas[36]. Hacia el final de la Edad Media[37], alguna voz aislada, como la del rabino de Tudela Abraham ibn Ezra (1092-1167), puso en duda de un modo más propiamente crítico el origen mosaico de algunos textos del Pentateuco[38].

2. LOS COMIENZOS DE LA EDAD MODERNA

Con el surgir del Humanismo, caracterizado por el gusto por la antigüedad clásica, la historia y la filología, se desarrolla consecuentemente una actitud intelectual que tiende a leer críticamente los textos antiguos[39]. Esta actitud se difunde tanto en el ámbito católico como en el protestante. En lo que se refiere al estudio del Pentateuco, entre los estudiosos católicos merece ser mencionado el eminente erudito español Alfonso de Madrigal, llamado el Tostado (1410-1455), profesor en Salamanca y obispo de Ávila, que cuestiona la autenticidad mosaica de la parte final del Deuteronomio y considera Esdras como posible último redactor del Pentateuco[40].

La Reforma protestante, con su principio de la sola Scriptura y del «libre examen», acelera el movimiento crítico-bíblico, llevándolo hasta consecuencias cada vez más imprevisibles. El inicio de esta crítica se puede situar en Andreas Bodenstein (1486-1541), llamado Karlstadt (Carlostadio) debido a su lugar de origen, guía del movimiento reformador en Wittenberg[41]. Una agudeza crítica mayor mostraron el filósofo empirista inglés Thomas Hobbes (1588-1679), el estudioso francés Isaac de la Peyrere (1594-1676) y, sobre todo, el célebre filósofo judío nacido en Amsterdam, Baruch Spinoza (1632-1677)[42], autor del célebre Tractatus theologico-politicus (Amsterdam 1670). Spinoza atribuye a Moisés solo lo que la Escritura le atribuye expresamente, aunque considera que con el insigne legislador tuvo inicio la gran obra histórica que abarca el Pentateuco. Su autor habría vivido en época muy posterior a Moisés, siendo probablemente Esdras. A partir de este momento, la autenticidad mosaica del Pentateuco, sobre todo en el ámbito de la exégesis protestante y del iluminismo, será cada vez más puesta en discusión.

Una particular atención merece un contemporáneo de Spinoza, el estudioso católico francés Richard Simon (1638-1712), jurista y especialista en lenguas semíticas, a quien muchos consideran el verdadero iniciador de la crítica moderna. En su obra fundamental

Histoire critique du Vieux Testament (París 1678; Rotterdam 1685)[43], Simón admite que Moisés compusiera la parte legislativa del Génesis, fundándose en documentos precedentes; el resto sería obra de escritores posteriores (escribas públicos, activos hasta

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la época de Esdras), que habrían puesto por escrito una larga tradición que se remonta a Moisés[44]. Simón, por tanto, concede mucha importancia al trabajo legislativo de Moisés. Con Esdras se habría llegado a la actual configuración del Pentateuco. Como los autores precedentes, las razones que motivan la propuesta de Simón son de crítica literaria: repetición de relatos, desórdenes lógicos, contradicciones, diferencias de estilo y otras anomalías que a Simón resultaban inexplicables si se atribuía el Pentateuco a un único autor.

3. DESARROLLO DE LA CRÍTICA AL PENTATEUCO

Con el Iluminismo del siglo XVIII se abre una nueva fase en los estudios críticos sobre

el Pentateuco. El problema no es ya si el Pentateuco puede ser considerado obra de Moisés, sino cuál ha sido de hecho su composición y cuáles sus fuentes. El primero que sigue decididamente esta dirección exegética es Henning Bernhard Witter (1683-1715), pastor de la iglesia luterana de Hildesheim, cuya obra sobre las fuentes del Gn 1-3, publicada en 1711, tuvo sin embargo que esperar hasta 1924 para ser conocida[45]. Por ello, el mérito de pionero se ha atribuido a Jean Astruc (1684-1766), médico de Luis XV, calvinista converso al catolicismo y estudioso aficionado de la Biblia[46]. Con él nace la que se designa «hipótesis documentaria».

Astruc no se interesó en discutir la paternidad mosaica del Pentateuco, sino que, al contrario, quiso defenderla contra quienes, como Spinoza, la rechazaban. Su hipótesis es que Moisés habría utilizado fuentes antiguas disponiéndolas en columnas, de modo sinóptico; en el curso de la transmisión, dichas fuentes se habrían entrecruzado, lo que explicaría las anomalías que existen en el texto actual. Los estudios de Astruc se centraron únicamente en el Génesis y los dos primeros capítulos del Éxodo. La constatación de los diversos nombres con los que se denomina a Dios, Elohim y Yahveh, le llevaron a distinguir tres fuentes o documentos (Mémoires en la terminología de Astruc), que denominó simplemente A, B y C. Las dos primeras, que con posterioridad fueron llamadas J (yahvista) y E (elohista), se caracterizaban por el uso de un apelativo divino; la tercera, por contener los textos independientes de las dos primeras. Astruc limitó su trabajo al Génesis y Éxodo 1-2 porque descubrió que después de Ex 3, 14 se hacía más difícil utilizar los apelativos divinos como criterio para distinguir las fuentes, lo que hoy todos reconocen.

La teoría de Astruc sobre fuentes paralelas y distintas influyó ampliamente en el estudioso del Antiguo Testamento, profesor en Jena y Gotinga, Johann Gottfried Eichhorn (1752-1827)[47], que extendió la teoría de Astruc a todo el Pentateuco. Sucesivamente, sin embargo, después de que Wilhelm de Wette publicase su famosa

Dissertatio critica sobre el Deuteronomio, Eichhorn abandonó completamente la idea de

una paternidad mosaica del Pentateuco. A otro estudioso, Karl David Ilgen (1763-1834), rector en Pforta, se le reconoce el mérito de haber distinguido dos documentos elohistas de fecha diferente[48]. El más reciente se identificará sustancialmente con el «relato sacerdotal» de la hipótesis documentaria clásica posterior.

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