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ADULTEZ MAYOR CONTEXTO + SUBTEXTO

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ADULTEZ MAYOR

CONTEXTO + SUBTEXTO

Antología de textos gerontológicos

Hacia la construcción de una nueva agenda

Participaron en la elaboración de este documento:

Eugenio Gutiérrez, Dra. Paulina Osorio, Mg. Patricio Ríos y Carol Wilson

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ÍNDICE

página

I. Marco de referencia 3

I.1.Gerontología y desarrollo: el paradigma del envejecimiento productivo. 3

I.2.Envejecimiento y exclusión social. 6

I.3. Envejecimiento, Gerontología Social y Globalización. 7

I.4. La jubilación y la prejubilación en la Gestión Social de la Vejez. 9

II. Desarrollo Local y Participación Social 14

II.1. Asociativismo del adulto mayor, envejecimiento y capital social. 14

II.2. Envejecimiento y desarrollo local. 18

III. El estatuto social de las personas de edad 22

III.1 El ciudadano adulto mayor 22

III.2 Adultez mayor: una ciudadanía entrabada 28

III.3 Principios de las Naciones Unidas a favor de las Personas de Edad 31

IV. Mercado laboral y envejecimiento 33

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I. MARCO DE REFERENCIA

I.1. Gerontología y desarrollo: el paradigma del envejecimiento productivo.1

Como es sabido, en 1982, se celebró en Viena, la primera Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento y la Vejez, cuyo producto fue el Plan de Acción Internacional sobre el Envejecimiento.

Es reconocido también que este instrumento internacional, si bien no ha sido determinante en las decisiones internas de cada nación para la adopción de políticas adecuadas sobre el envejecimiento, a lo menos, ha contribuido de una manera importante para impulsar el tema y producir aperturas en las agendas sociales en algunos países, incluido el nuestro.

No obstante, y pese a la amplitud y multiplicidad de aspectos de la vejez y del envejecimiento que el Plan considera, hay una perspectiva que si no está ausente, al menos, no es relevante. Esa perspectiva que se echa de menos es la inserción del envejecimiento al interior de las dinámicas del desarrollo social y cultural de los pueblos. En las palabras de una de las fundadoras de AÑOS, la doctora en gerontología, Joey Edwardh: "la compleja interacción entre las vidas individuales, en este caso de los ancianos, su comunidad, la historia de su nación y la relación de esa nación con el proceso mundial económico y político, fueron, en el mejor de los casos, dados como sabidos y en el peor de los casos ignorados."2

La ausencia aquí señalada es transferible al conjunto del campo gerontológico considerado en sus dimensiones de praxis y de teoría. Ambas, en las construcciones gerontológicas dominantes, mantienen las realidades del envejecimiento/vejez, por una parte, y del desarrollo económico, social y cultural, por otra, en carriles separados. Esto quiere decir que el escenario de las personas mayores en las aproximaciones gerontológicas prevalecientes no es precisamente el del desarrollo, es decir, la indagación respecto de cómo contribuir a situar a la persona mayor frente a los desafíos que implica hoy, el crecimiento, la globalización, la apropiación de nuevas tecnologías, los roles a desempeñarse en una sociedad del conocimiento, la superación de la pobreza, etc.

Desarrollo y envejecimiento, en la cultura oficial, han marchado marchan divorciados y si se aproximan, la mirada es la inversa de la recién esbozada ya que gira en torno a los efectos e impactos que sobre el desarrollo tiene, por ejemplo, el hecho del acelerado envejecimiento poblacional en materias de salud, previsión social, modificaciones de la fuerza de trabajo, en las formas de producción, etc. o sobre la sobrexigencia que recae en el gasto social del Estado por el pago de pensiones, por nombrar algunos de los aspectos del envejecimiento más debatidos, cuestiones todas cosolidarias con el espacio “carga social” que, entre otros, estigmatiza la vejez y el envejecimiento.

1 Extraído de la serie Indagaciones Gerontológicas, nº 1, Adulto Mayor y Desarrollo local. En

www.observa.uchile.cl/indagaciones.htm

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Culturalmente estamos habituados a percibir la adultez mayor en el espacio de la “carga social” y también en los espacios del “retiro” –la persona mayor fuera de la fuerza de trabajo, fuera de los sistemas y de los procedimientos formales de la educación, fuera del sistema formal financiero, fuera de las decisiones del grupo familiar, etc. – y de la “victimización” -- la vejez , junto con otros de todas las edades, en el espacio de los “perdedores”, de los que carecen de la capacidad de competir--.

La gerontología social predominante decididamente no discute estos supuestos ideológicos sobre los cuales se funda. De hecho, la gerontología oficial se hace acríticamente desde ellos y con ellos. Su formalización podría expresarse en la ecuación: [persona mayor > [adaptación] > retiro/victimización > ahistoria].

La fórmula de un levantamiento gerontológico alternativo:[ persona mayor >[adaptación] > >sujeto-actor social>desarrollo] es la opción que subyace en las líneas que siguen.

En cuanto tal se encuentra en la base de la construcción que AÑOS ha llamado el paradigma del envejecer productivo. En sus rasgos más vinculados al pensamiento operacional, el paradigma del envejecer productivo implica un conjunto de opciones --intelectivas, perceptivas, metodológicas-- en relación a la persona mayor, su estatuto e inclusión social, a saber:

1 Como individuo, la persona mayor es sujeto de la etapa del ciclo vital por la cual transita: la adultez mayor3 Su calidad de sujeto en este nivel liga a la

persona mayor a la teoría y a la práctica de la autodependencia.

2 Como sujeto social, la persona mayor posee el derecho a formar parte y a ejercer la ciudadanía activa de la comunidad a la cual pertenece. Este último derecho, lleva implícito el derecho a participar en igualdad de condiciones con otras generaciones en el desarrollo de sus comunidades.

3 El rasgo funcional en el cual se articulan ambas calidades es la productividad de la persona mayor, rasgo que la cultura oficial invisibiliza y escamotea. La productividad –más que la “actividad”, más que la “saludabilidad”, cualidades que destaca la ideología oficial en el envejecer— apunta y fundamenta el hacer, el hacer con sentido. Productividad que puede o no referirse al ámbito de la generatividad económica, pero que además implica el más amplio espectro del funcionamiento en sociedad: desde la producción de ideas hasta la producción de redes sociales, organizaciones de base, mecanismos de solidaridad, proyectos. En la esfera de lo individual, la productividad refiere al hacer con sentido con uno mismo y se es productivo desde cuando se asiste a una charla hasta cuando se hace actividad física o deporte.

La persona mayor ha devenido en sujeto social en las sociedades modernas después de un proceso que se ha desarrollado a lo largo del siglo XX4. Por cierto, no se ha tratado de

3 Desde el paradigma predominante, por el contrario, esta realidad aparece escamoteada. En el mejor de los casos

comienza a ser recogida a nivel discursivo. En diversos puntos de la construcción dominante de la vejez –desde las ofertas municipales de programas para adultos mayores hasta la propia política vigente-- existe una insistencia reiterada en referir al adulto mayor como objeto-de-cuidado-respeto-reconocimiento-rehabilitación-cariño-atención. Y entre tanto objeto bien intencionado, la reciedumbre, la dignidad y el proyecto propio del sujeto se desdibuja.

4 La persona mayor se convierte en sujeto social a partir de la confluencia de un conjunto de factores de diversa

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un proceso lineal. El concepto de sujeto social no garantiza más que visibilidad y trato social específicos, adscripción a una cierta pertinencia socialmente percibida, en este caso, la posibilidad de ser aprehendido y tratado como perteneciente a la unidad social – colectivo social-- “adulto mayor “.

Este hecho, no obstante, en el caso del adulto mayor, no ha garantizado ni derechos ni roles ni estatuto social o cultural alguno, en el cual la persona mayor pueda reconocerse. Refiriéndose a la situación de las personas mayores en la sociedad francesa de los años 70 del siglo recién pasado, la pensadora Simone de Beauvoir sostenía lo siguiente: “El viejo, en tanto que categoría social, nunca ha intervenido en el curso del mundo. Mientras conserva eficacia, permanece integrado a la colectividad y no se distingue de ella, es un adulto masculino de edad avanzada. Cuando pierde sus capacidades, se presenta como otro; entonces se convierte, mucho más radicalmente que la mujer, en un puro objeto. La mujer es necesaria para la sociedad; él no sirve para nada: ni moneda de cambio, ni reproductor, ni productor; no es más que una carga.”5

La reflexión citada tiene la fuerza de la denuncia de una injusticia drástica y además la de estar referida a la condición de la persona mayor en uno de los países considerado como nación progresista en materias de desarrollo social. De hecho, en el texto citado hay una doble negación en relación al estatuto de la persona mayor. Se niega su calidad de sujeto social –es un puro objeto—y, por cierto, se niega su calidad de actor o agente social –“El viejo, en tanto que categoría social, nunca ha intervenido en el mundo”—

Esta doble negación expresa una marginalidad social radical.

Desde que la condición de adulto mayor se ha convertido en asunto de Estado en nuestro país, su calidad de marginal se ha mitigado. Más de diez años de políticas sociales focalizadas han logrado poner en la agenda social el tema de la persona mayor. No es la oportunidad de discutir cómo se ha puesto el tema desde el Estado, pero baste, por el momento, observar que, al menos, ello no ha ocurrido con las personas mayores.

5 Beauvoir, Simone ,1983: 108

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I.2. Envejecimiento y exclusión social.6

La sociedad para todas las edades de la Segunda Conferencia Mundial sobre Envejecimiento en Madrid7 expresa el anhelo de la comunidad internacional de terminar

con la exclusión del segmento de 60 años y más que se da en la mayor parte de los países del mundo. También en Chile. Aquí, los mayores exhiben un índice de analfabetismo que es casi cuatro veces la media de analfabetismo nacional: 13% (Mideplan 2002: 29). Asimismo, las personas de 60 años y más tienen un promedio de 6,3 años de estudio, frente a los 10,4 años de estudios que muestra el segmento entre 15 y 59 años de edad (Mideplan 2002: 31); las mujeres, jubiladas a los 60 años de edad y los hombres a los 65, carecen de nuevos roles sociales y son culturalmente estigmatizados (Edwardh 1987, Corporación AÑOS 2001). Ahora bien, en relación a este segmento recaen sobre él las estigmatizaciones por la edad: a) la persona mayor no tiene ningún rol social que jugar pese a que de acuerdo a evaluaciones funcionales de los mayores en nuestro país señalan que cerca del 70 % de la población de 60 años y más es autovalente (Domínguez 1987); b) en Chile, culturalmente se está habituado a percibir la adultez mayor en el espacio de la “carga social” y también en los espacios del “retiro” –la persona mayor fuera de la fuerza de trabajo, fuera de los sistemas y de los procedimientos formales de la educación, fuera del sistema formal financiero, fuera de las decisiones del grupo familiar, etc.– y de la “victimización” --la vejez, junto con otros de todas las edades, en el espacio de los “perdedores”, de los que carecen de la capacidad de competir--; c) la jubilación, en este marco, es un factor de empobrecimiento de la persona (se calcula que el ingreso mensual promedio de un profesional jubilado asciende a USD 350 aprox.8), de pérdida de roles y

de status, en breve, de muerte social en un sentido no figurado (Corporación AÑOS 2001). Al parecer la exclusión social de los mayores, en nuestra sociedad, refiere a comportamientos culturales muy arraigados, que en general no han sido suficientemente explorados y que aparentemente tienden a ahondarse con los procesos de globalización por los cuales transita la sociedad chilena. Existe una sospecha fundada en el sentido de que, entre otros, la velocidad de los cambios en Chile hará de esta ausencia de rol de las personas mayores uno de los problemas críticos para la integración social de la sociedad del siglo XXI. Esta es parte de las hipótesis de trabajo que guía esta propuesta.

Por esta razón, entre otras, las medidas y aperturas de la gestión social de la vejez y el envejecimiento en Chile, de los últimos años, aparecen como estrategias insuficientes para tratar un fenómeno que siendo de por sí complejo, se complica aún más con las tensiones que agrega el proceso de globalización en curso9.

6 Extraído del proyecto original del Observatorio Social del Envejecimiento y la Vejez en Chile, 2004. 7 Madrid, 8 al 12 de abril del 2002.

8 Estimación manejada por la Asociación Chilena de Profesionales Jubilados.

9 De hecho, en los últimos años la gestión social de la vejez y envejecimiento en Chile han puesto en la agenda pública el

“problema social del envejecimiento y la vejez”, articulando programas, servicios e iniciativas desde el gobierno central a los espacios locales. Sobre ello, hasta el momento, no existen hoy día evaluaciones que sean lo suficientemente

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I.3. Envejecimiento, Gerontología Social y Globalización.10

Como cualquier otro fenómeno humano –educarse, amar, hacer familia, etc.--, envejecer en la aldea globalizada constituye un proceso particularmente desafiante tanto para los que envejecen como para el reto de la articulación de una sociedad sin exclusión social. Existe un relativo consenso en la extensa literatura dedicada al fenómeno de la globalización en los sentidos siguientes: a) el predominio de las lógicas de mercado para el manejo global de las sociedades. Ello implica la reducción del Estado de Bienestar y la privatización de los bienes sociales, tales como la salud, la educación, la seguridad social, entre otros; b) una cierta incomodidad en los estados nacionales en relación al manejo de los mercados mundiales. Los estados nacionales que no han realizado ajustes estructurales evidencian una situación de exclusión o de desventaja en los intercambios de la economía mundial; c) una dinámica de inclusión/exclusión de regiones, individuos y comunidades dependiendo del grado de inserción en la economía mundial con efectos tales como debilitamiento de los lazos sociales, vulnerabilidad social y desigualdad en el acceso a bienes sociales y de mercado; d) una dependencia de los países menos avanzados respecto de los más avanzados en el componente del desarrollo tecnológico-informacional que se convierte en el nuevo referente de la dependencia; e) una transformación del mercado global del trabajo que movido por los criterios de eficiencia en la productividad privilegian al trabajador con conocimientos frente al que no los tiene (PNUD 1999; Castells 1999; Hopenhayn 2002).

Aún cuando en relación a lo anterior existan matices dentro de la literatura dedicada al tema, lo cierto es que dentro del campo del envejecimiento no existen desarrollos que exploren sistemáticamente las consecuencias de los efectos de la globalización sobre el envejecimiento en los países en vías de desarrollo. Y es que, de hecho, durante por lo menos cincuenta años, la gerontología ha centrado su interés en las personas de edad en cuanto individuos que ya no participan del mercado laboral. El envejecimiento -y sus implicaciones- ha sido conceptualizado como un hecho natural e individual. La obra de Baltes y Baltes, Envejecimiento Exitoso: Perspectivas desde las ciencias del comportamiento (1990) –citado en Johnson, 2001— es considerada un gran aporte que ha validado el estudio holístico del envejecimiento a lo largo de toda la vida, a la vez que lo muestra como un fenómeno normal y positivo. En verdad, hasta finales de los años setenta la teoría social aún ocupaba un lugar marginal en los estudios sobre envejecimiento (Phillipson 1998). Desde entonces se comienza a palpar la necesidad de nuevas perspectivas en vejez. Ya a partir de los años ochenta comienza un mayor interés de la teoría social frente a los estudios de envejecimiento, principalmente con el desarrollo de la llamada economía política de la vejez, y la gerontología crítica. (Estes 1982, Minkler 1996, Phillipson y Walker 1987).

La presente propuesta se encuentra cercana a esta corriente de la gerontología crítica y en relación con lo que se viene argumentando, existe el convencimiento de que si se desea aportar al desarrollo del conocimiento gerontológico en nuestra cultura, este último no puede ignorar las dinámicas estructurales de la globalización, dada la relación directa que existe entre el fenómeno de envejecer y el contexto en el cual se envejece. Un principio metodológico decisivo obliga a separar el envejecimiento biológico, proceso inscrito en el

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orden de la naturaleza, de su manifestación en una diacronía dada, es decir, al interior de procesos sociales y culturales específicos de producción de las edades y de las generaciones (Bordieu 1997; Edwardh 1989, Mannheim 1990; Mauger 1986).

En este sentido, en la nueva agenda de la gerontología social a la cual quiere aportar la propuesta presente, importa investigar de qué manera:

i) las modificaciones en los modos de producción de escala global afectan la manera de envejecer de los segmentos poblacionales productivos;

ii) las presiones de la competitividad y de las exigencias de conocimiento tecnológico impactan sobre poblaciones envejecientes socializadas en parámetros de pre-globalización;

iii) el debilitamiento de las formas comunitarias de organización de los segmentos poblacionales productivos –sindicatos, mutuales, gremios, etc.—, acentuado por la globalización, influye en una presión por una sustitución de esas formas por otras o bien por un vacío que implica desprotección/aislamiento del que envejece; iv) la globalización al promover la individualización y la competencia tiene efectos

sobre el capital social (sistemas familiares, comunitarios y del sistema político) de los que envejecen y sobre el Estado de Bienestar.

Para esta propuesta, el conjunto de preocupaciones recién enunciado implica abordar desde una perspectiva innovativa y con un énfasis gerontológico-cultural la siguiente pregunta estratégica para el desarrollo del país: ¿Qué tan preparados estamos como sociedad chilena para asumir y enfrentar los impactos del envejecimiento de la población en un contexto de globalización creciente?

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I.4. La jubilación y la prejubilación en la Gestión Social de la Vejez.11

La prejubilación así como la post-jubilación son momentos de un mismo hecho social de carácter universal hoy: la jubilación. Esta última constituye ahora, en nuestra sociedad, un acto cotidiano y se inscribe al interior de los rituales que marcan estados del ciclo vital de los individuos y en este sentido equivalente al ritual de las graduaciones en la vida estudiantil, el matrimonio, la paternidad o la maternidad. Con la diferencia, eso sí, de que la jubilación constituye un ritual de término sin preámbulos ni continuidades. De hecho, la jubilación sucede al interior de una estructuración de valores y de orientaciones culturales en que los diferentes agentes sociales --no obstante el progresivo envejecimiento demográfico del país-- ignoran su importancia y desconocen sus implicancias sociales e individuales.

Esta levedad social y cultural irresponsable que rodea el acto de jubilarse es el resultado directo de una gestión social sobre el envejecimiento y la vejez ejercida tanto por el estado como por la sociedad civil.

Y es que el campo del envejecimiento y de la vejez es uno de los fenómenos nuevos de la cultura y de la sociedad directamente vinculado a los desarrollos complejos de las sociedades modernas en virtud de los cuales se han reducido drásticamente los índices de mortalidad infantil, se han controlado factores epidemiológicos y ambientales que en otras épocas diezmaban a las poblaciones y se han multiplicado las estrategias para el cuidado y la prolongación de la vida. El resultado de todo ello es el creciente crecimiento y presencia de la población envejecida, cuestión que será descrita más adelante.

Frente a ello, ni el estado ni la sociedad civil han tomado suficiente conciencia y la jubilación con sus aristas de pre y post desarrollos constituye una de las áreas en que se refleja un estado de incipiente gestión social programada.

Estado, jubilación y gestión social.

Para el Estado, la jubilación es uno de los derechos incorporados a las legislaciones positivas que regulan el funcionamiento del factor trabajo en la sociedad. Como tal está incorporado a los sistemas de seguridad social. En este sentido, la jubilación y su administración han sufrido cambios significativos a lo largo del presente siglo. La cirugía de marca mayor en la administración de este derecho se registró en 1981, con el cambio drástico de un sistema de previsión social solidario a un sistema de previsión social de capitalización individual.

Los vaivenes de las políticas estatales en materias de seguridad social, por otra parte, son el reflejo de los cambios de las concepciones del Estado que nuestra historia registra. Así, la función benefactora universal asignada al Estado hasta el año 1973, cambia y se restringe a un rol subsidiario estricto en el período 1973-1989. Como

11 Extraído del Informe Final del proyecto “Prejubilacion: ¿Butaca o Escenario?", ejecutado con fondos

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consecuencia de ello, el acto de jubilarse pasa del ejercicio de un derecho asumido en el proceso de acumulación de capital producto del ahorro de las generaciones laboralmente activas --trabajadores y empresarios--, cautelado y avalado por el Estado, al ejercicio de un derecho que, en las políticas de seguridad social del Estado Subsidiario, es el directo resultado de la acumulación de capital que el trabajador ha sido capaz de genera individualmente en el transcurso de su ciclo productivo.

Cualquiera sea el modelo de seguridad social que históricamente haya enmarcado el acto de jubilarse en nuestro país, no obstante, se mantienen una serie de rasgos comunes a estos modelos, importantes de tenerse en cuenta para la caracterización de la gestión social de la vejez:

i) A diferencia de otros países, la jubilación es un derecho que el trabajador ejerce y que no puede ser invocado sino por el trabajador, pese a los cambios en otros requisitos que enmarcan su ejercicio (años de servicio y/o edad cronológica).

ii) La ausencia de responsabilidad y de intervenciones específicas que ambos modelos de seguridad social evidencian en los períodos pre y pos jubilares.

iii) Más allá de estas referencias al marco de la seguridad social, para ambos modelos de Estado, la gestión social de la vejez y del envejecimiento han comenzado y han terminado allí.

iv) Para ambos modelos de Estado, el envejecimiento y la vejez --contexto sin el cual se hace imposible insertar el fenómeno de la jubilación de una manera pertinente-- no han sido puntos de referencia de sus preocupaciones, descansando en ello en la presunción básica de que la vejez y el envejecimiento eran el patrimonio del rol y de la función del otro actor de toda gestión social: la sociedad civil.

v) El resultado más evidente del contexto aludido es la marginalización social y cultural del jubilado y más allá de él de la persona envejecida.

El cambio fundamental de la situación en el rol del Estado en función de la gestión social de la vejez y del envejecimiento se produce en 1990, con el desafío de generar un nuevo perfil de Estado asumido por los dos últimos gobiernos.

Los antecedentes básicos que dan cuenta de las nuevas funciones que el Estado reclama para sí en la gestión social de la vejez, pueden desagregarse de la manera siguiente:

i) Identificación del colectivo de los adultos mayores como uno de los grupos vulnerables de la sociedad y transformación del mismo en sujeto preferencial de la acción del Estado.

ii) Necesidad de diseñar e impulsar políticas nacionales de envejecimiento y vejez, responsabilidad que queda radicada en la División Social del Ministerio de Planificación y Cooperación (MIDEPLAN) y en otras reparticiones del Estado.

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iii) Diseño de lineamientos básicos de políticas en esta área: 1993, publicación del documento "Política Nacional sobre Envejecimiento y Vejez, lineamientos básicos"12, luego

de un proceso de convocatoria y de coordinación de numerosos agentes con desempeños en el campo.

iv) Creación del Comité Nacional del Adulto Mayor dependiente de la Secretaría General de la Presidencia y establecimiento de una Política Nacional para este campo.13

v) Activación de diversas líneas de trabajo que apuntan al objetivo central de mejorar la calidad de vida de la persona mayor con una perspectiva de integralidad.

Sociedad Civil, jubilación y Gestión Social

La persona mayor en la sociedad civil forma parte de los grupos marginales de nuestro país. Como tal, y por décadas, ha formado parte de los colectivos "invisibles" del funcionamiento social.

La jubilación en este contexto es un factor de empobrecimiento de la persona, de pérdida de roles y de status, en breve, de muerte social en un sentido no figurado.

Dentro de este marco, la sobrevivencia de las personas mayores se ha inscrito en las redes de los afectos y/o recursos de los grupos familiares y/o en las estrategias que han liderado organismos filantrópicos, de iglesia o del voluntariado.

En efecto. En la gestión social de la vejez y del envejecimiento han sido cruciales las actividades desplegadas por la Iglesia Católica, el Ejército de Salvación, Cáritas, Club de Leones, Fundaciones dedicadas a la caridad, Hogar de Cristo, Cruz Roja, CONAPRAN.

La involucración activa de estas y otras instituciones en favor de las personas de edad han levantado un paradigma de gestión social de la vejez que ha permeado a veces las lógicas del Estado --período 1973-1989 con la implementación del CONAPRAN-- y que ha marcado las direcciones básicas con las cuales la sociedad ha percibido y vivido las categorías del envejecer y de la vejez. En este ideologismo se mezclan temores, mitos más o menos tranquilizantes respecto del destino de las personas mayores, mitos estigmatizadores de la misma. El resultado de todo ello es que en líneas generales las instituciones encargadas de vincularse al tema desde categorías como la caridad y la filantropía, levantan un paradigma de tratamiento de la vejez y del envejecimiento fuertemente asistencialista. En él, la persona mayor es básicamente un sujeto que debe cuidarse, protegerse y ser asistido.

12MIDEPLAN, Política Nacional sobre Envejecimiento y Vejez: lineamientos básicos, junio de 1993.

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Socialmente este paradigma se encarna en la creación y activación de organizaciones de personas mayores conocidas como clubes de tercera edad. Estas instituciones están llamadas a crear y mantener vínculos de amistad entre personas de la misma edad, realizar actividades en conjunto, encontrarse. La planificación y diseño de las actividades desplegadas por estos grupos, por lo general, residen en voluntarias, padrinos o madrinas, estas últimas, muchas veces con la función de allegar recursos al club apadrinado. Ha sido práctica habitual también en estas instituciones la distribución de alimentos, especies o medicamentos, reforzando con ello una fuerte dependencia de las personas mayores con este tipo de instituciones.

El paradigma asistencialista se ha visto reforzado además desde las concepciones y desde las prácticas de la geriatría habituada obviamente a tratar con poblaciones mayores enfermas.

La predominancia de este paradigma ha sido fuertemente discutida en los últimos seis años y se evidencian señales de cambio muy importantes en toda esta gama de estrategias y acciones que se realizan desde la sociedad civil. A ello, por cierto, han colaborado de manera significativa las propuestas provenientes de otros países y la acción de un estado que asumiéndolas, sitúan a la persona mayor como un auténtico sujeto --un ciudadano-- de las políticas públicas.

La prejubilación y la gestión social.

Ha sido la emergencia de un nuevo paradigma conceptual y de prácticas en torno al tratamiento de la persona mayor el que ha posibilitado situar una óptica para aproximarse al fenómeno de la jubilación desde una perspectiva más amplia y más humana.

Este nuevo paradigma se constituye desde los siguientes antecedentes:

1. Reconocimiento de Naciones Unidas de un estatuto de derechos de las personas mayores entre los cuales se les reconoce el derecho a una educación permanente.

2. Concepción de la persona mayor como ciudadana y por lo mismo como un miembro más en el desarrollo social, cultural y económico de sus comunidades.

3. Refutación de una serie de mitos estigmatizadores de la persona mayor desde el mundo académico y científico.

4. Inserción de las personas mayores dentro de una perspectiva del desarrollo social y económico que puede caracterizarse como un modelo de desarrollo a escala humana.

5. Desarrollo de organizaciones de personas mayores con nuevos discursos sobre el

desarrollo local y la reivindicación del derecho a participar en tales desarrollos.

6. Percepción de la prolongación de las expectativas de vida de la población de sesenta años y más --15 o 20 años más-- y por lo mismo la necesidad de generar alternativas para asumirla de manera productiva.

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Este nuevo paradigma permite reconceptualizar la gestión social de la vejez y generar propuestas para revisar el fenómeno de la jubilación tanto para el momento previo a la jubilación como para los propios jubilados.

Las líneas que siguen constituyen una exploración en la primera de las direcciones señaladas.

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II. DESARROLLO LOCAL Y PARTICIPACIÓN SOCIAL

II.1. Asociativismo del Adulto Mayor, Envejecimiento y Capital Social.14

Capital social y asociativismo del Adulto Mayor

En las claves interpretativas del desarrollo social más recientes, el último informe del PNUD 15pone de relieve el concepto y la realidad del capital social como uno de los

componentes centrales para el desarrollo de una sociedad más humana, en la medida en que expresa la capacidad del cuerpo social para articularse en acciones colectivas significativas.

Los diversos alcances del concepto apuntan a valorar y a explorar la riqueza y la multifacética realidad que adopta en Chile la acción asociativa, develando una de las caras que oculta el protagonismo de los procesos de individualización resaltados y promovidos por la instalación de las prácticas neoliberales en el desarrollo nacional. El estudio identifica, caracteriza y tipifica la diversidad de la estructura del capital social existente en el Chile neoliberal articulada en una multiplicidad de formas de asociativismo. De hecho, el registro de asociaciones que consigna el estudio alcanza a la cantidad de 87.046 organizaciones, ubicando a Chile, comparativamente con la realidad de otros países, en una posición intermedia en términos de densidad asociativa.16

Desde el punto de vista del capital social vinculado a la vida de las personas mayores, el estudio sólo consigna una forma de asociativismo: el club de adultos mayores. Al respecto, registra la existencia de 3.470 clubes17 a lo largo del país, agregando el dato del

reagrupramiento de este tipo de entidades, en organizaciones de segundo nivel, las Uniones Comunales de Adultos Mayores18, cuyo registro alcanza a 35. Si, por otra parte,

se recoge el dato de que el número promedio de integrantes de los clubes 19 es de 48

adultos mayores puede afirmarse que existe un universo de 166.560 personas mayores organizadas en este tipo de asociatividad que corresponde al 10,1% de la población adulta mayor.20

Las referencias recién citadas constituyen la primera aproximación cuantitativa a un campo particularmente difuso y difícil de dimensionar. Los clubes de adultos mayores son instituciones de antigua existencia que provienen del espacio de la filantropía tanto

14 Extraído de la Serie Indagaciones en Gerontología Social, Nº 2. En www.observa.uchile.cl/indagaciones.htm 15 PNUD (2000), Desarrollo Humano en Chile, más sociedad para gobernar el futuro. Santiago de Chile.

16 Desde este punto de vista, y de un modo ilustrativo, con más densidad que Argentina, Francia o Hungría y con menos

densidad que Suiza y Austria. PNUD (2000): 117

17 PNUD (2000): 117 18 Id. p.126

19 Id. p. 156

20 . De acuerdo a la Encuesta CASEN 2000 (MIDEPLAN) la población de 60 años y más corresponde a 1.645.252

personas. No obstante, esta proyección de adultos mayores organizados no recoge más que un fragmento del universo asociativo de los adultos mayores, ya que no sólo han sido excluidas la asociatividad religiosa como lo explicita el informe (p.116) sino, que, además, han sido excluidas formas organizacionales de las personas mayores tan importantes como las reivindicativas y otras de carácter comunitario cuya existencia el Informe ignora. A este último respecto, ver AÑOS-INP (1999) Adulto Mayor, Ciudadanía y Organización Social.

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religiosa como laica. No obstante, este punto de vista está ausente de las variables conceptuales con que opera el Informe.

En efecto, de acuerdo al marco de definiciones que el informe del PNUD posee para clasificar el universo asociativo que explora, los clubes de adultos mayores son caracterizados como organizaciones que21:

a) de acuerdo a sus objetivos, están vinculadas al cultivo de la sociabilidad, junto a otras entidades como clubes deportivos, sociales, de hobbies, centros de madres, grupos de scouts.

b) de acuerdo a su origen, han sido inducidos a organizarse a instancias de los municipios, junto a otras asociaciones como los comités de allegados, de seguridad ciudadana, de agua potable, de pavimentación, de adelanto y habitacional. Se aclara que este tipo de organización directa o indirectamente inducida corresponde al 24% del universo descrito, frente al 76% del resto de la organizaciones que surgen espontáneamente;

c) de acuerdo a la motivación de sus miembros por asociarse, lo hacen para “estar juntos”, como un fin en si mismo. En esta categoría, los clubes de adultos mayores comparten su ubicación con los Centros de Madres, los grupos scouts, los centros juveniles, entre otros;

d) de acuerdo a su campo de acción son entidades emergentes y que provienen de antiguas temáticas como las organizaciones de las personas con discapacidad, talleres o colectivos de mujeres, organizaciones indígenas, de consumidores, etc.

Capital social y envejecimiento.

Entre otros, el interés evidente que poseen los antecedentes recién expuestos es el de trazar un escenario no habitual para el posicionamiento de una organización social de personas mayores, cual es el del fenómeno de la asociatividad asumido desde la perspectiva del capital social. Es decir, un encuadre que no tiene vínculo alguno con las categorías de la gerontología social.

No obstante, la categoría social y cultural de “capital social” resulta de extrema utilidad para aproximarse a uno de los ejes estratégicos centrales del paradigma del envejecimiento productivo, a saber, la intervención social para el empoderamiento de las organizaciones sociales del Adulto Mayor. 22

Pese a cierta ambigüedad enquistada en el concepto de capital social reconocida en el Informe del PNUD23, interesa aquí enfatizar algunos de los rasgos que caracterizan el

concepto, perfectamente extrapolables a la experiencia de la cual el presente documento da cuenta:

• El capital social posee dos vertientes: una formal y otra informal. La primera de ellas se expresa en organizaciones estructuradas por normas y funciones estables, duraderas en el tiempo. La segunda, en cambio, tiende a desarrollarse en asociaciones que poseen vínculos más débiles y objetivos más difusos o metas puntuales.

21 Los rasgos de los clubes citados están tomados del Informe del PNUD págs. 130 a 132. 22 Ver CORPORACION AÑOS (2001). Adulto Mayor y Desarrollo Local, Santiago. 23 PNUD (2000): Ps.109-110

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• El capital social es una realidad móvil, puede acrecentarse o disminuir. Aunque no existan ecuaciones exactas ni mecánicas para el movimiento del capital social en uno o en otro sentido, sí es dable afirmar que sin asociatividad no existe capital social. • Dada esta última afirmación, favorece el proceso de acumulación de capital social,

aquella asociatividad que: i) se rige por normas de convivencia cívica –“los Derechos Humanos en primer término”24 --; ii) facilita que esas normas sean internalizadas por

sus asociados; c) genera una capacidad para hacerse cargo de problemas de la construcción democrática.

• La acumulación de capital social produce el enriquecimiento de las capacidades de acción colectiva, lo que a su vez, permite a las personas influir sobre los procesos sociales.

• Es posible contribuir al aumento del capital social mediante intervenciones sociales apropiadas: políticas, programas, proyectos sociales.

En su oportunidad, --principios de la década de los noventa--AÑOS, estimulado por el contexto político social de la época: apertura democrática e impulsos de renovación en la manera de concebir las políticas sociales, elabora una propuesta de carácter gerontológica destinada a potenciar el capital social de las personas mayores.

Para ello, la propuesta incorpora los siguientes rasgos del modelo de envejecimiento productivo:

1. Derecho de la persona mayor a la participación en el desarrollo y en la vida social, cultural, política y productiva de su entorno. Por lo mismo, derecho, en cuanto persona de edad, a formar parte de la existencia y desarrollo de la comunidad como un miembro más de la misma.

2. Derecho a contar con espacios sociales en los cuales las personas mayores pudieran identificar y trabajar sus necesidades grupalmente.

3. Derecho a asociarse libremente y a orientar la experiencia organizacional tanto hacia la satisfacción de las necesidades propias como hacia la de otros grupos etáreos.

4. Derecho a autogobernar la organización para constituirse en actores válidos de la comunidad, con propuestas y estrategias propias de solución de problemas.

5. Derecho a capacitarse y educarse en la gestión de espacios y

organizaciones que representaran auténticamente los intereses, sensibilidad, cultura y experiencias de las generaciones más envejecidas.

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La propuesta se encarnó en un proyecto de integración y de participación social de las personas mayores a nivel comunal que se llamó "La Casa de Todos", nombre de un nuevo modelo de organización de los adultos mayores.

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II.2 Envejecimiento y desarrollo local.25

Lejos de una realidad estática, el espacio local o territorio “aparece como una intersección compleja de instituciones públicas: municipios, órganos de poder local, instituciones regionales, demarcaciones jurídicas o fronteras simbólicas, políticas públicas, mercado,

sociedad civil, mundo privado y doméstico, ámbito de

producción-reproducción-consumo-sobrevivencia, construcción de identidades

socioculturales, partidos, actores sociales y, desde luego, las propias configuraciones que asume el territorio”26

En esa realidad dinámica del espacio local, la única presencia de la persona mayor organizada, por décadas de décadas, fue el "club de abuelitos" --más tarde, en el lenguaje formal, "club de adultos mayores"-- una organización que nace y se desarrolla en el contexto de la más clásicas de la filantropías, en sus dos vertientes: religiosa --iglesias cristianas, básicamente-- y laica --rotarios y club de leones. En el período militar, el voluntariado funda CONAPRAN (Corporación Nacional de Protección a la Ancianidad) --1974--, a cargo de las damas adscritas al servicio asistencial dependiente de la Fuerza Aérea. CONAPRAN llegó a atender una extensa red de Clubes y su trabajo continúa hasta ahora.

Producto de la instalación de iniciativas gubernamentales en las comunas, a partir de mediados de los noventa, los municipios han estimulado la conversión de los clubes de personas mayores de organizaciones de carácter filantrópico a entidades de carácter comunitario --organizaciones "funcionales" en el lenguaje cívico-burocrático--mediante el trámite legal de adquisición de personalidad jurídica. Esta medida, a lo menos, ha dinamizado la vida de los clubes y se ha convertido en un aliciente para posibles futuras transformaciones organizacionales significativas.

En estas condiciones, en la década de los noventa, en los espacios locales, y hasta ahora, la posibilidad de "actoría social" de la persona mayor constituye una tarea pendiente y ha sido y es una de las preocupaciones centrales de AÑOS.

La pregunta que envuelve esta preocupación en un nivel más general es también la preocupación de la pedagogía social de los años noventa: ¿cómo fortalecer el desarrollo local a través del "empoderamiento" de las organizaciones sociales en los espacios locales? De otra manera, ¿cómo aportar a la entronización en los espacios locales de organizaciones comunitarias con la capacidad suficiente como para ejercer una ciudadanía activa frente al estado y a los mercados locales?

Sólo que la pedagogía social de los noventa --o la educación popular de los noventa--, al levantar esa pregunta, tenía como puntos de referencia una multiplicidad de experiencias de emergencia de "actorías sociales" en el desarrollo local que no pasaban por las personas mayores, sino por otros actores: mujeres, pobladores, jóvenes, indígenas, microempresas, familias, etc.

25 Extraído de “Adulto Mayor, Asociativismo y Capital Social. La Casa de Todos”, Indagaciones Gerontológicas, Nº 2. En

www.observa.uchile.cl/indagaciones.htm

26 León Eduardo y Caruso, Arlés (199 ) “Documento Agenda. Educación Popular, Espacio local y construcción del Poder

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Esta ausencia apunta hacia hechos que ya han sido aludidos: por una parte, las prácticas prevalecientes en el tratamiento de los adultos mayores enclaustradas en el paradigma asistencialista de la intervención social --consecuencia, a su vez, de la disociación drástica entre envejecimiento y desarrollo enraizada fuertemente a nivel de la cultura-- y, por otra parte, el carácter esencialmente filantrópico de la organización local más extendida de los adultos mayores: el club.

Para AÑOS, a principios de los noventa, la participación de las personas mayores en las dinámicas del desarrollo de sus comunidades pareció desde un comienzo la respuesta adecuada a la pregunta: ¿dónde o desde dónde impulsar una participación significante de la persona mayor?

Tal opción se fundaba en el entrecruce del paradigma del envejecimiento productivo --que como ha sido consignado reclama para la persona mayor la condición de sujeto y de ciudadano--, por una parte, con las modulaciones y las enseñanzas de la pedagogía social, por otra. Esta última documentaba prácticas de articulación de participación en el desarrollo local con sujetos sociales equivalentes a los adultos mayores en lo que se refería a la marginalización, la exclusión y la estigmatización. La lucha de estos sujetos sociales en el espacio local por modificar su situación de subordinación y marginalidad social resultaba ilustrativa y perfectamente extrapolable a la persona mayor.

Es necesario recordar también que a principios de los años 90, el espacio local en nuestro país se activa poderosamente en función de procesos de ampliación y de profundización de la democracia. Así, se renuevan los organismos de dirección de los municipios --alcaldes y concejales son elegidos en comicios populares -- y comienza la ardua tarea de instalar en las Regiones, los Gobiernos Regionales. En la base, se reeligen las directivas de las juntas vecinales en votaciones reguladas, se empiezan a implementar políticas sociales focalizadas de sujetos sociales --colectivos de grupos vulnerables, entre otros, el del adulto mayor-- y a impulsar estrategias de descentralización del estado que implicaban dotar a los municipios de mayor autonomía y capacidad decisional.

Con ello, y desde el punto de vista de la intervención social, se abría con fuerza no sólo la posibilidad de instalar en los espacios locales, proyectos de participación social con adultos mayores, sino de elaborar y de implementar una estrategia de aproximación a lo local desde las categorías del envejecimiento productivo.

Envejecimiento productivo, espacio local e intervención social.

AÑOS, desde su pertinencia institucional, --vejez y envejecimiento-- asesora a entidades gubernamentales, elabora estudios y da forma a iniciativas de intervención social con personas mayores en función de dos fines estratégicos:

♦ Promover la inserción de las personas mayores en los paradigmas del desarrollo local.

Esta intencionalidad institucional ha implicado esfuerzos de vinculación tanto con organismos centrales del aparato del Estado como con Municipios. El marco de esta relación ha estado constituido por las políticas sociales gubernamentales destinadas a los llamados grupos prioritarios o vulnerables.

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Desde la perspectiva del envejecimiento, el esfuerzo mayor, en este sentido, se ha desplegado en la tarea por incidir en "los mapas conceptuales" de los agentes del estado en el sentido de motivar una intelección de las personas mayores menos asistencial.

♦ Fortalecer y/o crear poder local en los esquemas organizacionales del adulto mayor.

En esta segunda línea estratégica de intervención social, AÑOS ha venido proponiendo tanto la creación de entidades autogestionadas de adultos mayores a nivel local 27 como

metodologías de fortalecimiento organizacional para entidades comunitarias de adultos mayores.

Pese a las experiencias exitosas que pueden exhibirse en ambos desarrollos estratégicos y que serán referidas más adelante, abrir las agendas de las políticas sociales locales o centrales a la idea de una participación más significativa de las personas mayores en las dinámicas del desarrollo, ha sido una labor no exenta de frustraciones.

En ello han incidido factores heterogéneos y situados a niveles diferentes de la realidad social y cultural.

a) Factores vinculables a la gestión global de la sociedad en la que se consolidan prácticas y esquemas valóricos impuestos por la racionalidad del mercado que han transformado las relaciones sociales, del trabajo, de la producción, de la cultura, de hacer política. Estos nuevos esquemas de gestión de lo público y de lo privado han puesto en el centro los valores de la competitividad, del

individualismo, del eficientismo así como reacomodaciones y

legitimaciones/desligitimaciones institucionales, entre otros, la crisis de los mecanismos tradicionales de representación: partidos políticos, sindicatos, organizaciones estudiantiles, etc., en el nivel más macro y de las organizaciones comunitarias, en el nivel más micro.

En el ámbito local, son las motivaciones y los sentidos para organizarse y demandar los que se han resentido y debilitado, produciendo, en los espacios locales, una desligitimación de la solidaridad como impulso para la acción social y su reemplazo por prácticas clientelísticas en las que el municipio adquiere principal relevancia a través de los mecanismos del subsidio, del beneficio, de las asignaciones. La sociedad civil local se ha fragmentado y muchos de los nuevos modos de demandar obedecen a racionalidades más cosistas, más inmediatistas.

Con ello, se ha generado una atmósfera más proclive al tratamiento y a las vinculaciones de carácter asistencialista que a las prácticas de generación de mayor ciudadanía, como las que AÑOS promueve y ha promovido.

27 Al respecto, ver: “Adulto Mayor, Asociativismo y Capital Social. La Casa de Todos”, Indagaciones en

Gerontología Social, Nº 2. En www.observa.uchile.cl/indagaciones.htm

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b) Factores vinculados a un proceso inconcluso e incompleto de descentralización del Estado, en el que, por una parte, se traspasan al municipio facultades nuevas, pero, por otra, no se les confieren los recursos necesarios para ejercerlas. En estas condiciones, las políticas sociales locales destinadas a grupos vulnerables, ante una agenda municipal de priorizaciones enmarcadas por la insuficiencia y la escasez, normalmente “pierden”. Es conocido el hecho de la incapacidad municipal de destinar y estabilizar recursos humanos en el tema del envejecimiento y la constante rotación que se da en este ámbito, acarrea, en lo local, una especie de eterno estar empezando y una imposibilidad de consolidar direcciones de trabajo con continuidad en el tiempo.

c) Conexo al punto anterior, y como un rasgo más bien general de la gestión estatal de lo social se constatan insuficiencias serias en la oferta pública de programas para la superación de la pobreza y de la exclusión social. Entre otras, la debilidad de las evaluaciones de los programas ejecutados vía fondos concursables que no permite discriminar entre programas eficientes, con posibilidades de continuidad y de replicabilidad, de otros que probablemente debieran descontinuarse. Estas limitaciones han entrabado, por ejemplo, la capacidad de desarrollo y de innovación social y han impedido consolidar el sector de las Organizaciones No Gubernamentales, aliado estratégico del Estado para el desarrollo social en otras sociedades más avanzadas. Producto de las definiciones de gestión de los Fondos Concursables vigentes, la Corporación AÑOS ha sufrido más de alguna consecuencia abortiva en sus propuestas de intervención social en lo local, pese a las evaluaciones y a los resultados entusiasmantes de que han sido objeto, tanto por organismos del Estado como por las propias personas mayores.

d) Abundando en el rol municipal dentro de este proceso incompleto de descentralización del Estado, hay que insistir en el hecho de que las lógicas de apropiación del espacio público con que actúan los municipios contribuye a debilitar la autonomía y la fortaleza de las sociedades civiles locales. En este sentido, la descentralización del Estado sencillamente no ha contemplado un recambio de estilo en la gestión que permitan la validación y legitimación de la participación de las organizaciones sociales tanto en las génesis de los programas y de las políticas locales como en sus respectivas implementaciones.

Asimismo, este hecho ha impedido no sólo la emergencia de políticas sociales locales participativas y de control ciudadano sino que ha entrabado fuertemente la existencia misma de entidades autónomas, no dependientes del sistema municipal --. --. 28

28 Un caso típico que ilustra este aserto es el de La Casa de Todos. Las Casas de Todos, como organizaciones de

adultos mayores de carácter comunal, nacieron a la vida en cuanto entidades comunitarias pertenecientes a la sociedad civil local y no como una parte del entramado social de instituciones adláteres al Municipio. Esta calidad no ha podido ser asimiliada por el Municipio que insiste en cooptarlas como un club más de adultos mayores. Al respecto, ver, “Adulto Mayor, Asociativismo y Capital Social. La Casa de Todos”, Indagaciones en Gerontología Social, Nº 2. En www.observa.uchile.cl/indagaciones.htm

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De hecho, se apunta aquí a uno de los efectos más pertubadores del enclaustramiento del Estado en un estilo de gestión autosuficiente y que implica una reducción de lo público a lo estatal, porque ello ha contribuido, entre otros factores, a generar un déficit importante de ciudadanía activa y a la desafección por la participación de las entidades de la sociedad civil local.

Este contexto errático de gestión de lo social en los ámbitos locales recién aludido ha determinado la acción de AÑOS y le ha impuesto restricciones desfavorables para contribuir, desde la base, a la activación y a la promoción del ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales de las personas, incluidos los adultos mayores

III El estatuto social de las personas de edad

III.1 El Ciudadano Adulto Mayor29

El estatuto de plena ciudadanía presupone tanto un estatuto de derechos como de deberes positiva o culturalmente aceptado por la sociedad. En relación al carácter ciudadano del adulto mayor, en el marco conceptual, se han dejado establecidos los factores que convierten a la persona mayor en un sujeto social.

No obstante, la calidad de sujeto social no garantiza la calidad de ciudadano de manera automática. Se es ciudadano en la medida en que se participa de un estatuto social tal en que es dable y exigible ejercer tanto derechos como deberes.

En nuestra democracia, el nivel de los discursos formales (legales, institucionales, etc.) e informales (familia, vida social, etc.) reconocen en forma explícita la ciudadanía de las personas mayores. La democracia formal establece la igualdad de derechos de todos los ciudadanos sin discriminar por raza, religión o sexo. En la vida cotidiana, las personas mayores suelen ejercer sus derechos políticos (derechos electorales) y parte de los civiles (libertad de pensamiento, de religión).

Una mirada a niveles más profundos de democracia –procesos de democratización fundamental o sustantiva--, sin embargo, señala que esta situación discursiva y/o de expresión de una democracia formal, está lejos de legitimar y de reforzar la calidad ciudadana de las personas mayores. En los hechos, e incluso, dentro de los mismos términos de una democracia formal, las personas mayores no cuentan con un ingreso apropiado ni con la libertad de reconversión de empleo ni de participación en la vida financiera ni de atención privada de salud, etc. Es decir, la persona mayor forma parte del estamento de la exclusión social, no sólo en nuestra sociedad sino en términos de la comunidad internacional.

29 En: Corporacion Años, 1999, Adulto Mayor, Ciudadanía y Organización Social, Santiago, INP, pp.44-51

Investigador principal: Patricio Ríos Segovia Co-investigadores: Eugenio Gutiérrez Valpuesta

Paulina Osorio Parraguez Carol Wilson Bronfman

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De hecho, el documento de Naciones Unidas al cual se aludió con anterioridad, “Carta de Principios a Favor de las Personas de Edad”, del año 1991, constituye una intervención de discriminación positiva en relación a la situación mundial de las personas mayores, precisamente porque la calidad de ciudadanía de la persona mayor se encuentra entrabada en relación a su estatuto de sujeto social.

Se trata de un documento que contiene 18 Principios, distribuidos en cinco secciones: Independencia, Participación, Cuidados, Autorrealización y Dignidad. Cada uno de estos Principios constituye el enunciado explícito de derechos --principios-- que pueden estar o no contenidos en las legislaciones u ordenamientos jurídicos de los estados miembros. En todo caso, su imperativo proviene de la misma ética que lleva a la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y su fuerza reside en que su promulgación obedece a la necesidad de "garantizar la aplicación de normas universales a grupos específicos". Es decir, a salirle al paso a la discriminación antihumana escrita en la historia contra ciertos grupos humanos, mediante la explicitación de principios universales que en esos casos se están transgrediendo

En lo que respecta a los adultos mayores, la Carta de los Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de Edad constituye un instrumento estratégico de primera magnitud para el desarrollo de una mirada ciudadana sobre el envejecimiento y la vejez. Y ello, porque objetivamente las personas mayores constituyen uno de los grupos marginales de nuestra sociedad. La Carta de Naciones Unidas ayuda a visibilizar esa marginación recordando a las comunidades nacionales la existencia de esos sujetos de derecho--ciudadanos-- específicos.

Por cierto, la explicitación de derechos contenida en la Carta de Naciones Unidas no cambia la situación concreta de las personas mayores. El estatuto de sujeto social ( y de ciudadanía)--de existencia en el espacio público-- de grupos o categorías sociales es el producto de un proceso que se instituye en la sociedad civil y que depende tanto de la operación de explicitación de derechos como de la operación de aparecer asumiendo deberes y responsabilidades en el funcionamiento social (factor edad social de constitución del sujeto).

En este proceso, falta el segundo elemento. En la percepción dominante de nuestra cultura, la persona mayor carece de deberes o de responsabilidades que se jueguen en el espacio público o, incluso, en la privacidad (la paternidad o la maternidad están jurídicamente reguladas. ¿Qué pasa con el abuelazgo?). En este rasgo concurren simultáneamente los factores de edad social, jubilación, medicalizante y filantrópico, constitutivos del sujeto social adulto mayor.

Paradojalmente, el entrabamiento de la percepción de deberes acarrea un entrabamiento en la percepción de derechos.

Ello no implica avalar la percepción dominante de carácter mítico de que las personas mayores "no hacen nada". Lo único que se afirma en esta parte de la argumentación es que la productividad social de la persona mayor en nuestra sociedad es "invisible".

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La investigación se propone ahondar en la manera en que los adultos mayores organizados vivencian este estatuto social.

Asociativismo y Movimiento Social

El marco interpretativo de la presente investigación, en su mirada al asociativismo de las personas mayores, postula su articulación más en las modulaciones de los movimientos sociales que en aquellas de las movilizaciones reivindicativas de clase, aunque este componente --el reivindicativo-- sea una parte importante del actual movimiento social de los adultos mayores.

De los factores presentes en la constitución del sujeto social adulto mayor, tres de ellos han influido directamente en la existencia histórica de asociaciones de personas mayores en nuestro país:

a) El factor filantrópico-medicalizante b) El factor seguridad social

c) El factor demográfico-edad social

A continuación se describirán, brevemente, los tipos de asociaciones por factor:

Factor filantrópico-medicalizante

• Los clubes de tercera edad

La labor social de asistir a la persona mayor, en sus primeros años, consistió en la sustitución del hogar familiar a través de formas conocidas como "hogares de ancianos" y "residencias". En un marco de bajo grado de institucionalización, la asistencia al anciano tuvo un avance al constituirse en la ciudad de Santiago, en 1928, la Junta Nacional de Beneficencia. Este organismo, procuró supervisar y orientar la asistencia organizada por iniciativas individuales consistente en hospicios en los que albergaban ancianos desamparados. Asimismo, cabe destacar como primera expresión estatal, en 1952, la creación del Servicio Nacional de Salud, que derivaría en una preocupación especial por la salud y asistencia de la persona mayor. Esta entidad, bajo la forma de convenios establecidos con organismos particulares, apoyado en los servicios de religiosas, desplegó una especial atención a los ancianos enfermos. Así, a partir de la década de los años sesenta, a través de una de sus dependencias se impartieron cursos relativos a la asistencia de las personas mayores, en los cuales se capacitó tanto a su personal como a personas que provenían de la Iglesia y la Cruz Roja.

En la década del '60, surge una nueva manera de asistir a la persona mayor. Esta forma organizacional se orientará más bien a complementar el hogar familiar, ofreciendo otro espacio más para la persona mayor. Así, situada en los sectores populares y preferentemente como iniciativas de diferentes órdenes religiosas, con la participación del voluntariado femenino, la asistencia se tradujo en la creación de la forma organizacional de nivel comunitario más típica del país: los clubes de ancianos --hoy, clubes de tercera edad.

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La Iglesia Católica y la Cruz Roja Chilena, se constituyen en las principales instituciones que promueven la formación de los clubes de ancianos. Con la gestión de Cáritas-Chile, a través de la Asociación Nacional de Instituciones Privadas al Servicio de la Ancianidad (ANIPSA), y creados a nivel parroquial, a través de los clubes esta labor asistencial al anciano alcanza la mayor cobertura nacional.

Con posterioridad, en 1974, bajo iniciativa del gobierno militar, se creó el Consejo Nacional de Protección a la Ancianidad (CONAPRAN). No obstante inicialmente procurar una atención integral del anciano desvalido, en coordinación con otros organismos, en pocos años no pasó de constituirse en otro organismo de carácter asistencial. Hogares y clubes de ancianos constituirán, también, la principal forma que adquiere la asistencia y los servicios de esta entidad.

Los clubes de tercera edad, establecidos en dependencias comunales y de la iglesia, mayoritariamente, constituyen entidades comunitarias en las cuales las personas mayores se organizan en un número rara vez superior a treinta personas.

Tradicionalmente, el funcionamiento de este tipo de organización está mediado por el voluntariado que asesora las reuniones semanales. Esta forma de organización, de carácter vecinal/parroquial, se caracteriza por la libre asociación y la voluntaria concurrencia. La actividad que prevalece en estas organizaciones es la convivencia y sus eventos más significativos del año son, por lo general, la exposición y venta de productos artesanales hechos por sus socios y los paseos de verano, comúnmente en dependencias de la institución que los asiste. Así, expresión afectiva y esparcimiento constituyen los móviles centrales de la participación del adulto mayor en la mayoría de estas organizaciones. Por años, estas organizaciones no contaron con una constitución jurídica formal.

a) Factor seguridad social

• La lucha reivindicativa y las asociaciones de pensionados.

El tema de los intereses relativos a la previsión y la seguridad social conecta con una historia que se remonta a fines del siglo pasado.

Las primeras instituciones de seguros y ahorros, tales como sociedades mutuales y de socorro, mancomunales obreras, son organizadas por trabajadores en función de sus intereses socioeconómicos.

Sin embargo, será en la segunda década de este siglo cuando cristaliza un movimiento capaz de consolidar expresiones mayores. En efecto, la creación de la Caja de Seguro Obrero Obligatorio es una primera manifestación de un período de cincuenta años en el que se dictan, modifican y amplían leyes sociales y laborales que, en parte, responden a la demanda de los asalariados. A lo largo de este proceso, a la vez que surgió una serie de instituciones como la Dirección General de Beneficencia y Asistencia Social, la Caja de Empleados Públicos y Periodistas, la Caja de Empleados Particulares, entre otras, se desarrolló un régimen de seguridad social, conocido como sistema previsional de reparto y caracterizado por el financiamiento de los imponentes activos

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para beneficio de los pasivos. Los pensionados de las diferentes cajas previsionales organizaron la defensa de sus intereses creando, a nivel nacional, diferentes asociaciones de pensionados.

Efectivamente, en el año 1980, la antigua organización de los jubilados nucleadas por las Cajas de Previsión,--como ha sido informado más arriba-- sufrió un fuerte golpe, cuando el gobierno militar reestructuró radicalmente el sistema previsional existente en Chile, cambiando sus bases de un sistema solidario a un sistema de capitalización individual. Ello obligó a las organizaciones centradas en las antiguas cajas a buscar nuevas formas de organización: primero la Unión Nacional de Pensionados (UNAP), y, luego, en el año 90, la Central Unitaria de Pensionados y Montepiadas de Chile (CUPEMCHI).

A través de estas organizaciones de carácter nacional, comúnmente encabezadas por antiguos dirigentes sindicales, las diferentes asociaciones de pensionados han constituído una estructura orgánica. Sin la pretensión de hacer un balance de su acción, es interesante señalar que, dentro de su plataforma reivindicativa ha habido demandas que se han perdido, por ejemplo, la recuperación de los beneficios que sus asociados poseían antes de la reforma previsional del año 80: bienes inmuebles, granjerías para el usufructo de espacios de recreación, sistemas de crédito y de servicios sociales (médicos, jurídicos, etc.).

Factor demográfico-edad social

• Nuevas Formas Organizacionales: La Participación Comunitaria

A partir de la década del noventa, con la recuperación de la democracia, surgen iniciativas dirigidas al adulto mayor con una orientación innovadora en este campo. Estas, en lo fundamental, promueven la participación de la persona mayor a nivel comunitario.

Las propuestas provienen tanto de la sociedad civil como del propio aparato público.

En el primer orden de cosas está la iniciativa ya citada de La Casa de Todos correspondiente a la ONG AÑOS y destinada a la participación comunal de la persona mayor.

En el segundo orden de cosas hay dos iniciativas: las Uniones Comunales de Adultos Mayores y la Organización de carácter nacional cuyo nombre es Coordinadora Nacional del Adulto Mayor.

Si bien en ambas vertientes se busca impulsar la asociatividad del Adulto Mayor, prevalecen en ellas acentos diferentes.

La Casa de Todos.

Como Organización Funcional presente en seis comunas, esta institución se caracteriza por:

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i) promover la existencia de mecanismos de información y de toma de decisiones horizontales (Directorio, Asambleas, Consejo de Delegados, Comisiones de Trabajo).

ii) poseer un funcionamiento participativo de sus socios y un trabajo estrecho con los Municipios respectivos, los Consultorios, las Organizaciones Comunitarias y otras entidades tales como Institutos, ONG, etc.

iii) los aportes constantes al desarrollo de las respectivas comunas. De hecho, más de una Casa de Todos ha formado parte o forma parte de los CODECOS de sus comunas. La Unión Comunal del Adulto Mayor

Las Uniones Comunales del Adulto Mayor constituyen una organización comunitaria funcional que aglutina a organizaciones de adultos mayores de la comuna. Esta iniciativa de asociatividad del Adulto Mayor ha sido fuertemente impulsada por la División de Organizaciones Sociales (DOS) del Ministerio Secretaría General de Gobierno, el Comité Nacional para el Adulto Mayor y MIDEPLAN.

Uno de sus fines, establecidos de manera explícita en sus estatutos, es "colaborar con la municipalidad y organismos públicos competentes, en la proposición, coordinación, información, difusión y ejecución de medidas tendientes a procurar la buena calidad de los servicios a la comunidad, tanto públicas como privadas..."

En la actualidad, Uniones Comunales de este tipo existen en varias comunas: Pudahuel, Talcahuano, etc.

El movimiento social de los adultos mayores reconoce los tipos de organización social descritos y los desarrollos históricos aquí brevemente reseñados.

Se espera que los discursos de los participantes en los distintos tipos de organización ya descritos, así como los de sus respectivas dirigencias, difieran en la apreciación de derechos de las personas mayores y en sus respectivas incidencias para su instauración y/o mantenimiento en la sociedad

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