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I. INFORME ESPECIAL
DESMOVILIZACIONES INDIVIDUALES: LAS INCERTIDUMBRES DE LA GUERRA
Y LAS LIMITACIONES DE LA PAZ Juan Carlos Garzón*
Julián Arevalo**
Paola González***
Este ensayo tiene como objetivo principal hacer un aná-lisis de las desmovilizaciones individuales, fijándose en sus evoluciones y dinámicas, su interrelación con el con-flicto armado, su impacto en las organizaciones armadas irregulares, sus implicaciones para la seguridad regional, así como las situaciones que puede generar en el marco de un escenario de post conflicto. Para esto se aborda el tema de la desmovilización individual desde tres visiones distintas. La primera de ellas es un análisis estadístico a partir de las cifras disponibles, tomando el período de 2002 a mayo de 2005, tendiendo como eje el dispositivo de las organizaciones armadas irregulares, su distribu-ción geográfica y la reladistribu-ción con el ritmo de la confron-tación. La segunda, parte de la observación de lo ocurrido en otros países donde se han dado desmovilizaciones, haciendo un análisis comparado que muestra los escena-rios de inseguridad en situaciones de post conflicto, en los cuales generalmente los ex combatientes tienen una participación activa. La tercera visión, se propone desde una perspectiva teórica, abordar la interacción entre el Gobierno y el desmovilizado individual, recurriendo a herramientas básicas de la Teoría de las interacciones (o la denominada Teoría de Juegos), en el marco de dos escenarios posibles: uno en el que la capacidad represiva1
del Estado es alta y otro en el cual es baja. De esta manera, este documento pretende ser un aporte a la toma de deci-siones y al análisis de un tema que cada vez toma más importancia como es el de las desmovilizaciones, el cual no solo tiene que ver con la búsqueda de la paz sino también con la consolidación de la seguridad.
Para empezar, hay que decir que a principios de la década de los noventa, en el marco de los acuerdos de paz con los grupos insurgentes, se comenzaron a crear los meca-nismos para el desarme y la desmovilización de estas organizaciones armadas irregulares, con el objetivo de que sus integrantes hicieran el tránsito hacia la vida civil. Pero fue solo hasta 1994, con la expedición del Decreto 1385 que se comenzó a regular la desmovilización de los insurgentes que decidieran deponer las armas de ma-nera individual y voluntaria, especificando que podían recibir beneficios socioeconómicos en la medida que lo permitiera su situación jurídica. Cinco años después –en el año 1999–, fue creado el Programa de Desmovilización con el objetivo de permitir a los miembros de las organiza-ciones armadas irregulares desmovilizarse de manera individual sin esperar al inicio de un proceso de paz for-mal con la agrupación a la cual pertenecían2. Bajo este
marco, de acuerdo al estudio “Diagnóstico del programa de reinserción en Colombia: mecanismos para incentivar la desmovilización voluntaria individual”, elaborado por el DNP, publicado en noviembre de 2002, desde 1999 – hasta esta fecha - se presentaron cerca de 909 desmovili-zados a la Fuerza Pública; por otro lado, al Programa gubernamental ingresaron en el período de 1999 a 2001, 2.355 ex combatientes, de acuerdo con lo reportado por la Dirección General para la Reinserción3.
A comienzos del gobierno de Álvaro Uribe y como pieza clave de la política de Seguridad Democrática, se forta-leció el Programa, con la expedición del Decreto 128 del 22 de enero de 20034, el cual permite que los miembros
de los grupos armados irregulares se acojan a este, por medio de dos etapas: la desmovilización, a cargo del Mi-nisterio de Defensa Nacional, y la reincorporación pro-piamente dicha, a cargo del Ministerio del Interior y de Justicia. Bajo este marco, de 2002 a 2004, 6.922 comba-tientes dejaron las armas, lo que representa casi el triple
* Investigador Asociado Fundación Seguridad y Democracia.
**Investigador invitado. Economista de la Universidad Externado de
Colombia.
***Asistente de Investigación Fundación Seguridad y Democracia.
1 Entendida como la capacidad de reprimir tanto los grupos armados
irregulares, así como las organizaciones criminales y delincuentes co-munes, en el marco de una visión weberiana, en la cual una de de las principales tareas del Estado es conservar el monopolio del uso de la fuerza (o violencia).
2 Ministerio de Defensa Nacional, “Antecedentes y Naturaleza del
Pro-grama de Desmovilización y Reincorporación”.
http://alpha.mindefensa.gov.co/index.php?page=181&id=1731.
3 Pinto, María Eugenia; Vergara, Andrés & Lahuerta, Yilberto. 2002.
“Diag-nóstico del programa de reinserción en Colombia: mecanismos para incentivar la desmovilización voluntaria individual”. Bogotá: Dirección de Justicia y Seguridad del Departamento Nacional de Planeación - Grupo de Estudios de Gobierno y Asuntos internos.
http://www.dnp.gov.co/archivos/documentos/DEE_Archivos_Economia/ 211_Programa_reinsercion_en_Colombia.PDF
4 En el año de 1997 la Ley 418 recoge el contenido de la Ley 104/93 y
parte del Decreto 1385/94, normas que aun hoy, con las modificaciones implementadas por la ley 782 de 2002 y la entrada en vigencia del Decreto 128 de 2003, rigen en esta materia.
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de lo registrado en los tres años anteriores. Dentro de las causas que pueden explicar este ascenso, se puede citar, además de las reformas al Programa, el aumento de las operaciones militares y la deserción de miembros de los grupos paramilitares, los cuales a partir del Decreto 128 reciben el mismo tratamiento dado a los guerrilleros. Sin embargo, es necesario decir que el incremento repor-tado en 2002 y 2003, fue revertido durante el año 2004 y es posible que siga descendiendo en 2005, de acuerdo con lo presentado en los primeros cinco meses de este año. Esta baja ha abierto algunos cuestionamientos no sólo acerca de la efectividad del Programa de Desmovili-zación, sino también el impacto de las operaciones de las Fuerzas Militares sobre las estructuras de los grupos armados irregulares y sus repercusiones en términos de la deserción de sus integrantes. Esta dinámica es estudia-da en el primer apartado de este ensayo, por medio del análisis de la información disponible, poniendo de pre-sente una serie de conclusiones relevantes: 1) Los desmo-vilizados muestran un incremento entre 2002 y 2003 pero un decrecimiento a partir de 2004, síntoma de la desacele-ración del conflicto armado, no obstante la puesta en mar-cha de la llamada Operación Patriota; 2) Sí hay algunas concentraciones de desmovilizados asociadas a la inten-sidad de las confrontaciones militares y a la presión de los paramilitares sobre las guerrillas, pero al mismo tiem-po hay una enorme dispersión; 3) En el caso de las guerri-llas, son más vulnerables los frentes débiles y poco nume-rosos, que tradicionalmente se movieron en zonas que hoy están más articuladas al Estado y a una red vial, y que han estado bajo la presión de grupos paramilitares en los últimos años; 4) Fueron más afectados en términos relativos los frentes de las FARC que están ubicados en el entorno de la zona de operaciones del Plan Patriota, como son los casos de los frentes 49, 15, 48, 3, 32, 13 y 61 en el Caquetá, el Putumayo y el Huila, que aquellos que estaban internados en la selva cuando se inició el despliegue de la Fuerza de Tarea Omega, como el 14 y la Columna Móvil Teófilo Forero. 5) De la misma manera hay que señalar que de acuerdo con las cifras sobre tiempo de permanencia y edades, los desertores tienen poca anti-güedad y muchos de ellos se enrolaron en las filas en los años en que tuvo lugar el proceso de paz en la adminis-tración anterior y después desertaron, como se mostrará adelante. 6) las FARC, en la medida que se fueron intensificando las operaciones, han venido eludiendo el combate, se exponen menos y como consecuencia des-ciende el número de desmovilizados. 7) La dinámica de las desmovilizaciones no corresponde únicamente a un aumento en los combates, sino que está relacionada con divisiones al interior de los paramilitares, con el
desen-volvimiento del proceso de paz con estos y la propagan-da oficial, entre otros factores.
En términos relativos y descontando los milicianos y los infiltrados que fueron estimados en un 20%5, se calculó
sobre la base de la cifra absoluta del acumulado de los 41 meses en el caso de las guerrillas, de enero de 2002 a mayo de 2005, y de 29 meses en el de las autodefensas, de enero de 2003 a mayo de 2005, el número de desertores por cada 100 combatientes. En el caso del ELN el 34.4% de sus integrantes se desmovilizaron, en el de las FARC el 18.6% de los suyos, mientras que en los paramilitares fue de un 15.5%.
Además de estas inferencias, el análisis estadístico se fija en el perfil de los desmovilizados individuales, lo cual tiene ciertas implicaciones para considerar el impac-to que este fenómeno ha tenido sobre las agrupaciones armadas irregulares: 1) Teniendo en cuenta los rangos de edades y tiempos de permanencia en las respectivas organizaciones se puede concluir que todas las organi-zaciones están embarcadas en intensos procesos de reclu-tamiento. 2) El hecho que en todos los casos más de la mitad de los desmovilizados lleven no más de tres años, es un indicio de que buena parte de ellos se integró recien-temente, lo que muestra la capacidad de renovación que tienen los grupos irregulares en Colombia. Se calculó para las FARC, con base en la fecha de desmovilización y el tiempo de permanencia en la organización, la fecha de vinculación a la guerrilla de los guerrilleros desmovilizados y se concluyó que el 43% se vincularon en el periodo en que tuvo vigencia la zona de distensión, entre enero de 1999 y febrero de 2002; el 34% lo hizo después, el 17% antes y sobre el 6% no hay informa-ción. 3) Las estadísticas no indican que se afecten estruc-turalmente los frentes ya que, aparte de un jefe de un frente de las FARC que se desmovilizó, en la mayoría de los casos los mandos fueron medios y en muchos casos fueron comandantes de escuadras que no tienen mayor relevancia en la jerarquía, o se trató de segundos jefes de finanzas y muchos otros mandos que no tienen mayor importancia. 4) Los combatientes rasos, que son la mayo-ría de los desmovilizados, son los más fáciles de reem-plazar.
Por otra parte, en el último año se ha venido dando una serie de cuestionamientos acerca del impacto de la
des-5 Adelante se explicará lo relacionado con el descuento del 20%. En
resumen se descontaron el 10% de los milicianos que se desmovilizaron, categoría que no está en los estimativos de combatientes y el 10% de infiltrados.
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movilización en la seguridad de las regiones, especial-mente en las zonas de concentración de ex combatientes. Tal es el caso de Bogotá donde la ubicación de algunos albergues ha sido relacionada con el aumento de la crimi-nalidad y se han identificado nacientes bandas confor-madas por reinsertados -especialmente haladores de carros-; de Cúcuta y en general del departamento de Norte de Santander, donde los habitantes de la región relatan la competencia por los recursos ilegales de la zona por parte de los desmovilizados de las autodefensas; de Valle, de-partamento en el cual las estructuras de narcotraficantes vienen reclutando a ex integrantes de las autodefensas; de Cundinamarca, donde en la zona en la cual operaban las autodefensas al mando de alias “El Águila” la delin-cuencia común viene tomando espacio; de Montería, donde a principios de 2005 se reportó el aumento en el robo de establecimientos comerciales, tendiendo como presunto responsables a grupos de desmovilizados6.
Es-tas, entre otras ciudades y regiones, ponen de presente una problemática común a los escenarios de post conflic-to: el descenso de la denominada violencia política, pero el aumento de la violencia común– y de la criminalidad -. Esta precisamente es la temática que se aborda en el segundo apartado de este documento, por medio de la observación de lo ocurrido en otros países, en donde el nuevo escenario –es decir el que se da luego de la firma de los acuerdos– antes que presentar una baja en los nive-les de violencia los aumenta e incluso los estimula, de modo tal que supera de manera sorprendente el panorama que lo antedecedía7.
Por último, en un tercer apartado, desde una perspectiva teórica se aborda la interacción entre el Gobierno y el desmovilizado individual, recurriendo a herramientas básicas de la Teoría de las interacciones (o la denomina
Teoría de Juegos). Para esto, una vez definidos como
jugadores el Gobierno y el desmovilizado, se establece un orden en la toma de decisiones de los agentes y unos pagos asociados a cada curso de acción. Para esto, se asume que en una primera etapa el gobierno ofrece un programa al desmovilizado y que aquel que decida aco-gerse a este programa tiene las opciones de dedicarse a actividades legales o ilegales, en el marco de dos esce-narios posibles: uno en el que la capacidad represiva del
Estado es alta y otro en el cual es baja. Este ejercicio arroja resultados interesantes, que relacionan los posi-bles programas que podría ofrecer el gobierno, con los cálculos que puede hacer el desmovilizado individual, considerando el escenario de seguridad. De esta manera se muestra cómo no sólo es importante ofrecer un progra-ma “atractivo” al desmovilizado, sino también propiciar un escenario de seguridad que le haga muy costoso rein-cidir en la ilegalidad.
1. Análisis estadístico de las desmovilizaciones individuales, enero de 2000 – mayo de 2005
Esta parte tiene como propósito analizar la información disponible de las desmovilizaciones individuales, en el período de enero de 2002 a mayo de 2005, a partir de lo reportado por el Ministerio de Defensa Nacional (Progra-ma de Atención Hu(Progra-manitaria al Desmovilizado)8.
Prime-ro se hace un breve análisis de las cifras generales. Se identifican los picos, se relacionan con los combates, con la intensidad de las operaciones militares más notables y en el caso de las guerrillas con las actuaciones de los gru-pos paramilitares. Así mismo, se consideran las concen-traciones de los desmovilizados, por un lado, y su disper-sión, por el otro. Las cifras se analizan también en térmi-nos relativos y se intenta establecer el número de desmovi-lizados por cada cien combatientes, el número de desmo-vilizados por combates, al tiempo que estos índices se re-lacionan con la letalidad de los mismos, es decir con las bajas por combate. Segundo, se intenta una aproximación por frentes y Bloques de frentes, en el caso de las FARC, y por Frentes y Frentes de Guerra y Áreas, en el caso del ELN, analizando la información en términos absolutos y relativos y combinando las descripciones cuantitativas con análisis cualitativos. Para los grupos paramilitares no fue posible llegar a tal nivel de desagregación, pero de todas maneras se hicieron cálculos diferenciando las Autode-fensas Unidas de Colombia (AUC), el Bloque Central Bo-lívar (BCB), las Autodefensas Campesinas del Casanare, las Autodefensas de Meta y Vichada y el Bloque Elmer Cárdenas de las AUC; este último se analizó por separado teniendo en cuenta que está marginado del proceso de paz que adelantan la mayoría de las estructuras con el
Gobier-6 En estas regiones es difícil identificar en que casos se trata de
desmovilizados individuales o que entraron al Programa como parte de una desmovilización colectiva.
7 Garzón, Juan Carlos. 2003. “Las Limitaciones de la Paz”. En Revista de
Estudios Sociales. Bogotá: Facultad de Ciencias Sociales – Uniandes /
Fundación Social. No. 15, junio.
8 Las estadísticas actuales sobre la desmovilización se pueden
consul-tar en la página del Comando General de las Fuerzas Miliconsul-tares. http://www.cgfm.mil.co/cgfm.nsf/0/ 362c2971887c675d05256cae 00756069?OpenDocument&Highlight=0,desmovilizados; también se puede acceder a reportes estadístico en las páginas del Ministerio de Defensa, sección Desmovilización.
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no. Tercero, se intentó construir un perfil de los desmovili-zados analizando su distribución por sexo, edad, tiempo de permanencia en las respectivas organizaciones y a par-tir del lugar que ocupaban en las mismas –es decir el car-go en la organización-.
Un examen de las estadísticas oficiales sobre desmovili-zados, bajas y detenciones, para no hablar de heridos y de las desmovilizaciones colectivas -estas últimas en el marco de acuerdos con el Gobierno-, abre algunos cues-tionamientos acerca de la consistencia de estas cifras. Se calcula que en la actualidad, hay alrededor de 35.257 hombres en armas para las tres principales agrupaciones –de acuerdo al dispositivo manejado por las Fuerzas Mili-tares-, de los cuáles el 51% de los combatientes pertene-cen a las FARC, el 38% a las Autodefensas y el 11% al ELN. Llama la atención que si se suman las bajas y los detenidos – sin incluir los desmovilizados individuales -y se comparan con el dispositivo, las organizaciones hu-bieran prácticamente desaparecido. Un punto al respec-to es que no respec-todos los desmovilizados eran combatien-tes. Hay que tener en cuenta que el 10% de los deserto-res fueron milicianos, que no están considerados en el dispositivo consultado, a lo que hay que agregarle los infiltrados, estimados en otro 10%, por lo que se estimó que en su conjunto hay que descontar no menos de un 20% para tener un panorama más cercano a la realidad. Al respecto es importante señalar que el Comité para la Dejación de Armas, CODA, ha tenido que acudir al po-lígrafo para detectar los falsos desmovilizados9. Así
mis-mo, han sido muchas las críticas respecto de la real con-dición de combatientes que hayan podido tener10.
Adicionalmente hay que señalar que no se tienen bases para calcular el nivel de reclutamiento de los grupos irre-gulares a lo que hay que agregarle que no se sabe el tama-ño del subregistro en las órdenes de batalla de que se dispone.
Bajo este marco, es indicativo que según las Fuerzas Militares, entre bajas y detenciones, las guerrillas perdie-ron entre 2003 y 2004 más de 17.000 hombres y los para-militares cerca de 9.000, para un aproximado de 26.000 en dos años, que equivale a casi una vez y media el con-junto de las FARC, prácticamente dos veces el de los paramilitares y ocho veces el del ELN. No sobra señalar que el registro de las detenciones presenta muchos problemas. Hay detenciones sin pruebas suficientes, así como existen muchos casos en que los afectados han sido detenidos varias veces, lo que infla las cifras. Todo lo anterior refleja, en el fondo, la dificultad para aproxi-marse a los cambios que sufren los grupos irregulares en cuanto a su conformación.
A pesar de estas dificultades, con la información dispo-nible es posible realizar unos primeros análisis sobre el peso real de las desmovilizaciones y formarse una idea sobre el subregistro y el nivel de reclutamiento. Hay que tener en cuenta que el tamaño de las organizaciones anali-zadas en el mejor de los casos no se ha reducido notable-mente, como lo expresa indirectamente el constante cre-cimiento de los efectivos de la Fuerza Pública, el aumento de ataques por iniciativa de los grupos irregulares hasta 2003 y el hecho de que estos mantuvieron niveles altos en 2004 a pesar de que sufrieron una desaceleración11.
En 2005, adicionalmente, los ataques de las FARC han sido los más letales en la Administración Uribe.
9 Según un documento de la Presidencia de la República, “La persona
termina su fase de desmovilización, en el momento en que el Comité para la Dejación de las Armas (Coda) certifica básicamente dos cosas: que el desmovilizado pertenece realmente al grupo armado ilegal men-cionado por él y que es genuina su intención de reinsertarse a la socie-dad. Para esto, el Coda adelanta toda suerte de averigüaciones, con miras a detectar posibles infiltrados de la guerrilla y las autodefensas ilegales y a evitar que al programa entren «infiltrados» que no tienen derecho a los beneficios contemplados en el Decreto 128”. Más adelan-te agrega: “Para el cumplimiento de esta labor, el Coda acopia y evalúa la información disponible sobre antecedentes judiciales, efectúa las en-trevistas que sean necesarias, coteja las huellas dactilares y recurre al detector de mentiras, al polígrafo, cuando haya dudas acerca de la vera-cidad del testimonio rendido por el desmovilizado”. Ver: Se disparó la reinserción. En: http://www.presidencia.gov.co/informe_especial/ desmovilizados1.htm.
10Vicente Castaño, en declaraciones a la Revista Semana, señaló
cuan-do se le pregunto por el tema de los desmovilizacuan-dos: “Están improvi-sando con ese tema. Uno de los más difíciles ha sido por ejemplo el de
los miembros del Cacique Nutibara porque la mayoría fueron personas recogidas de las bandas que no tenían una formación muy profunda en las autodefensas”. Más adelante se refirió de la siguiente manera sobre los albergues: “Los albergues en Bogotá son un fracaso total. Un gran porcentaje de los que están ahí no son desmovilizados de las autode-fensas o de la guerrilla. Son infiltrados que se metieron ahí a ver qué pescan. Creo que lo mejor para los desmovilizados es involucrarlos en departamentos de seguridad, en seguridad privada o con el Estado. Son muchachos que son profesionales en un campo, que es la seguridad, y si se les pone a hacer cosas que ellos no saben hacer van a estar inconformes”. Ver: Habla Vicente Castaño. En: Revista Semana. Se con-sultó una versión de Internet.
http://64.233.187.104/search?q=cache:2QG9YiVgRw4J:semana2. terra.com.co/opencms/opencms/Semana/articulo.html%3Fid%3 D87628+habla+vicente&hl=es
11Ver Espejo, Germán & Garzón, Juan Carlos. 2004. “El Repliegue de las
De-9
Las conclusiones son interesantes y en parte corroboran análisis hechos anteriormente por la Fundación Seguridad y Democracia.
Los desmovilizados muestran un incremento entre 2002 y 2003 pero un decrecimiento a partir de 2004, síntoma de la desaceleración del conflicto armado, no obstante la puesta en marcha de la llamada Operación Patriota. No hay síntomas de desmovilizaciones masivas, aparte de un caso registrado con el ELN en el mes de junio de 2005 que no se considera en las cifras analizadas que van has-ta mayo de 2005, y la estructura de las organizaciones no ha sido radicalmente alterada: solo un comandante de un frente de las FARC debilitado desertó12.De resto, los
mandos medios desertados representaron menos del 10%, que es lo esperado sí se consulta la estructura de los gru-pos irregulares, y una alta proporción de combatientes rasos en todas las organizaciones, así como de milicianos en el caso de las FARC y el ELN, que se estimó en cerca de un 80% para las dos guerrillas (milicianos más com-batientes rasos).
Sin perder de vista el anterior análisis, es relevante men-cionar que mientras hay algunas concentraciones de des-movilizados asociadas a la intensidad de las confronta-ciones militares y a la presión de los paramilitares sobre las guerrillas, hay al mismo tiempo una enorme disper-sión. Responden a múltiples pequeñas operaciones mili-tares, en las que no hay una persistencia en los combates, a actuaciones de los paramilitares y también están aso-ciadas al efecto de la propaganda oficial. A lo anterior habría que agregarle la debilidad de los frentes, afectados en el pasado por combates y por actuaciones de los para-militares, asunto que se mirará con detalle en el desarro-llo de este apartado. Así mismo, se concluyó en el caso de las guerrillas, que son más vulnerables los frentes débi-les y poco numerosos, que tradicionalmente se movie-ron en zonas que hoy están más articuladas al Estado y a
una red vial, y que han estado bajo la presión de grupos paramilitares en los últimos años. En contraste, son menos vulnerables los frentes más fuertes y numerosos, ubicados en zonas más selváticas y montañosas y, por ende, menos relacionadas con el Estado y que no están integradas a una red vial. La intensidad de la confrontación o la presión de los paramilitares inciden mucho en los primeros, mien-tras que en los segundos la presión paramilitar es más baja y los frentes guerrilleros resisten la intensidad de las operaciones efectuando un repliegue. Así mismo se concluyó que no obstante que las FARC arrojaron más desmovilizados que el ELN, esta segunda agrupación está más afectada en términos relativos; los paramilitares son los más afectados en términos relativos, no obstante que están enmarcados en un proceso de paz y están llevando a cabo desmovilizaciones masivas.
1.1 Breve análisis de las estadísticas generales Las cifras de desmovilizados entre enero de 2002 y mayo de 2005 corroboran algunos de los análisis que ha veni-do hacienveni-do la Fundación Seguridad y Democracia sobre el desarrollo del conflicto armado. Muestran un incre-mento entre 2002 y 2003 pero un decrecimiento a partir de 2004. Las guerrillas pasaron de 1.412 desmovilizados en 2002, a 1.844 en 2003, a 1.703 en 2004 y a 1.464 en 2005 bajo el supuesto de que los últimos siete meses del año van a tener un comportamiento igual al de los prime-ros cinco meses13. Hay, evidentemente, undecrecimiento
en el número de desmovilizados durante 2004 y 2005. Los desmovilizados de las guerrillas crecieron en un 31% entre 2002 y 2003, pero decrecieron un 8% entre 2003 y 2004 y decrecerían un 14% entre 2004 y 2005 de mante-nerse el comportamiento observado entre enero y mayo. No se presentan indicios de desmovilizaciones masivas, sobre todo en el caso de las FARC y el ritmo, la intensi-dad y la distribución de las operaciones impuestos en la actualidad no son suficientes para lograr ese propósito.
mocracia. Ver también, Espejo, Germán & Garzón, Juan Carlos. 2004. “La Encrucijada del ELN”. En Boletín Coyuntura de Seguridad No. 8., Bogotá: Fundación Seguridad y Democracia.
12Alias «Carlos Gustavo Plotter”, comandante del frente 9 de las FARC.
13Se dispone de información para las agrupaciones guerrilleras desde
2002 y para las autodefensas desde 2003 por lo que se les dará un tratamiento por separado. En adelante se hará referencia a 2005 para expresar las cifras de los primeros cinco meses del año en doce. Se divide el respectivo valor por cinco y se multiplica por doce. Es obvio que este cálculo es arbitrario y tiene un enorme margen de error pues no sirve para proyectar que va pasar en el acumulado de 2005 una vez se cumplan los 12 meses. Sirve únicamente para expresar en un año, lo que ocurrió durante cinco meses y así poder comparar esta cifra con los años anteriores.
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Combates y desmovilizados de las FARC: números absolutos y línea de tendencia
Los cambios de los desmovilizados de las guerrillas están asociados de alguna manera con los de los combates, como se aprecia en el gráfico que representa en términos absolutos los dos comportamientos. Se puede observar, que en el caso de las FARC el punto más alto en los combates fue julio de 2003, que en septiembre de 2003 se volvió a identificar un nivel considerable y que desde entonces la tendencia es a la baja. El comportamiento de los desmovilizados está desfasado del de los combates por unos meses, pero dibuja el mismo comportamiento. Sus picos fueron septiembre y noviembre de 2003 y des-de entonces tiendes-den a la baja. Las líneas des-de tendes-dencia dibujan el mismo comportamiento por lo que se puede afirmar que a un aumento en los combates le sigue uno en los desmovilizados y, viceversa, una disminución en los primeros trae como consecuencia una baja en los se-gundos. Hay en principio tres factores que se pueden aso-ciar con estos comportamientos. El primero es que la capacidad operacional de las Fuerzas Militares llegó a su tope aproximadamente a principios de la segunda
mitad de 2003 y como consecuencia de la disminución de los combates, bajan en consecuencia los desmovili-zados; esto se corrobora más claramente en 2004, año en que se desplegó la Operación Patriota, lo que ocasionó una disminución en el ritmo de las operaciones en el resto del país. Como segundo factor, se puede señalar que las FARC, en la medida que se fueron intensificando las ope-raciones, han venido eludiendo el combate, se exponen menos y como consecuencia descienden los desmoviliza-dos. No sobra anotar que en 2002, coincidiendo con la
Operación Tanathos, orientada a recuperar la zona de
distensión, las bajas por combate fueron de 1.9, mientras que entre 2003 y 2005 oscilaron entre 1.3 y 1.5. Un tercer factor es que no todos los combatientes tienen la misma motivación, ni la misma propensión a la deserción. Por ello, los combatientes con mayor inclinación a desertar disminuyen en la medida que se producen las deserciones. Hay indudablemente otros factores que explican lo ocurri-do. En el caso de las FARC se calculó cuantos de los desertores en el periodo estudiado se incorporaron a las guerrillas en el lapso en que tuvo vigencia la zona de distensión en la Administración Pastrana (enero de 1999 – febrero de 2002). Se concluye que el 43% de los desmo-vilizados se incorporaron a las FARC mientras tuvo vigencia la zona de distensión, el 34% después, el 17% antes y sobre el 6% no se tiene información. Esto sugiere que ante las expectativas del proceso de paz en la Admi-nistración anterior muchos guerrilleros se incorporaron a las filas para poder aprovechar las ventajas que deja la desmovilización en estas circunstancias. Una vez se rom-pieron los acuerdos y se levantó la zona de distensión, muchos de estos prefirieron desertar de la guerrilla y pre-sentarse a las autoridades. Se tiene así mismo que mien-tras que tuvo vigencia la zona de distensión se incorpo-raron 1.6 guerrilleros de las FARC por día de los que se desmovilizaron en el periodo estudiado, mientras que después, entre marzo de 2002 y mayo de 2005, sólo 1.2.
Desmovilizados de las Farc por años según si se desmovilizaron antes, durante o después de la vigencia de la zona de distensión (enero de 1999 y febrero de 2002)
Desmovilizados Participación Porcentual
2002 2003 2004 2005 Total general 2002 2003 2004 2005 Total general
Durante 841 458 363 127 1789 82,1% 33,3% 27,9% 25,9% 42,7%
Después 51 522 568 295 1436 5,0% 38,0% 43,7% 60,2% 34,3%
Antes 123 234 265 68 690 12,0% 17,0% 20,4% 13,9% 16,5%
Sin información 9 161 103 273 0,9% 11,7% 7,9% 0,0% 6,5%
11
En el caso del ELN ocurre algo similar. La línea de ten-dencia en los combates crece hasta mediados de 2003 y desde entonces desciende, mientras que lo propio ocurre con los desmovilizados unos meses después, en la segun-da mitad de 2003. En lo que se refiere a los desmovili-zados de las autodefensas, se registra un alza del 83% entre 2003 y 2004 pues en el primer año considerado los desmovilizados fueron 694 y en 2004 fueron 1.269; esto se explica por los aumentos considerables de los comba-tes en el 2004 en los departamentos de Casanare, Boyacá y Meta, relacionados con las Autodefensas del Sur de Casanare. Por el contrario, las Autodefensas bajarían en un 19% entre 2004 y 2005 pues en este último año, de mantenerse el comportamiento observado, serían aproxi-madamente 1.025 desmovilizados; las presiones de la Fuerza Pública al grupo de Martín Llanos disminuyeron al tiempo que su enfrentamiento con el Bloque Centauros bajó en intensidad. En los grupos paramilitares la rela-ción entre combates y desmovilizados se presenta en agrupaciones como las Autodefensas Campesinas del Casanare y el Bloque Centauros de las AUC, por la pre-sión que ejerció la Fuerza Pública hacía esas organizacio-nes, así como en algunos frentes del Magdalena Medio, que han sido golpeados para disminuir el hurto de gaso-lina, pero al mismo tiempo, hay muchos frentes que no presentan esta relación, por lo que las dos curvas no están integradas. Al respecto hay que señalar que la dinámica de las desmovilizaciones no corresponde únicamente a un aumento en los combates, sino que está relacionada con divisiones al interior de estas organizaciones, con el desenvolvimiento del proceso de paz que inclina a sus integrantes a mantenerse en ellas por las perspectivas de hacerlo en el marco de un acuerdo y a la propaganda oficial, entre otros factores.
Combates y desmovilizados del ELN: números absolutos y línea de tendencia
Desmovilizados de las guerrillas y las autodefensas por meses y años entre enero de 2002 y mayo de 2005
La curva por meses y años permite examinar con mayor atención los cambios observados y contribuye a identifi-car los picos, es decir los niveles más altos. La curva de las guerrillas señala un comportamiento al alza, salvo oscilaciones, entre enero de 2002 y noviembre de 2003; desde entonces se inclina a la baja hasta mayo de 2005 con excepción de junio, julio y agosto de 2004. Las auto-defensas, por su lado, muestran un comportamiento al alza entre enero de 2003 y octubre de 2004 y desde enton-ces caen vertiginosamente, situación explicable por dos cuestiones: la menor la presión militar hacia las Autode-fensas Campesinas del Casanare y el Bloque Centauros de las AUC, así como las desmovilizaciones masivas que se han dado como resultado de los acuerdos de las auto-defensas con el Gobierno Nacional –las cuales no se consideran en este informe–.
Al observar los picos, se puede concluir que alguna aso-ciación con el aumento en los combates, pero así mismo, con la intensificación de los mismos, asunto que es fac-tible identificar a partir de las operaciones militares de mayor envergadura. De la misma manera, no se puede excluir que estén asociados con la intensificación de las actuaciones de los grupos paramilitares14. No obstante,
como se verá adelante, hay que introducir unos matices. Son más vulnerables los frentes débiles y poco numero-sos, que tradicionalmente se movieron en zonas que hoy están más articuladas al Estado y a una red vial, y que han estado bajo la presión de grupos paramilitares en los últimos años. En contraste, son menos vulnerables aque-llos frentes que son más fuertes y numerosos, ubicados
14Ilustrativo al respecto es el caso de Barrancabermeja en el que el
Bloque Central Bolívar llevó a cabo su arremetida final en el año de 2002.
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en zonas más selváticas y montañosas y, por ende, me-nos relacionadas con el Estado y meme-nos articulados a una red vial. La intensidad de la confrontación o la pre-sión de los paramilitares inciden mucho en los primeros, mientras que en los segundos la presión paramilitar es más baja y los frentes guerrilleros enfrentan la intensidad de las operaciones efectuando un repliegue.
En cuanto a los picos de las guerrillas, el de junio de 2002, con 144 desmovilizados de los cuáles 99 de las FARC, 38 del ELN y 7 de otras guerrillas, está en parte asociado a la Operación Tanathos, orientada a recuperar la zona de distensión15, así como a la intensificación de
las acciones de los grupos paramilitares en Barrancaber-meja. En mayo de 2003, otro pico que se aprecia en el gráfico, se produjeron 146 desmovilizados de las guerri-llas de los cuales 107 de las FARC, 36 del ELN y tres de otras guerrillas; está en parte asociado a la Operación
Marcial en el Oriente Antioqueño, región que a su turno
ha estado asediada por los paramilitares. Los picos de septiembre, octubre y noviembre de 2003, con 235, 213 y 249 respectivamente, están en parte asociados a la
Ope-ración Libertad 1, que corrió paralela a actuaciones de
los paramilitares, a la Operación Marcial y a operacio-nes militares en los departamentos de Meta, Caquetá y Guaviare, algunas de ellas destinadas a rescatar unos ciu-dadanos norteamericanos secuestrados por las FARC. En los meses de junio, julio y agosto de 2004, con 198, 201 y 182 respectivamente, hay alguna relación con opera-ciones militares en Guaviare, Caquetá y Meta (no nece-sariamente asociadas a la Operación Patriota), a la
ración Espartaco en el Oriente Antioqueño y a la Ope-ración Motilón en el Nudo de Paramillo. En noviembre
de 2004, mes que registró 145 desmovilizados de las gue-rrillas de los cuáles 106 de las FARC, hay una confluen-cia de varias situaciones ocurridas en el Magdalena, Tolima, Guaviare y Meta. En marzo de 2005 hubo 151 desmovilizados de las guerrillas, de los cuáles 118 de las FARC, 29 del ELN y 4 de otras guerrillas. No hay opera-ciones contundentes aún cuando se pueden relacionar con operaciones militares en el occidente del departamento del Caquetá y en menor medida en Meta - donde tiene lugar la Operación Emperador - y en Guaviare. Es inte-resante anotar que son más vulnerables los frentes que están en el entorno de la zona de operaciones del Plan
Patriota, en Caquetá y Meta, que aquellos que están
in-ternados en la selva y que en teoría reciben la presión militar, como se mostrará después.
Los picos de las Autodefensas presentan una dinámica diferente. En octubre de 2003, el nivel más elevado del año con 120, se explica por la deserción de 38 integran-tes del Frente Pacífico que actúa en el medio, bajo y alto Baudó, que se presentaron en el municipio de Juradó, Chocó; por lo demás se trató de desmovilizaciones ocu-rridas en forma dispersa. En octubre del 2004 se presentó el pico histórico de la serie considerada con 273, de los cuales el 81% pertenecían a las Autodefensas Campesi-nas del Casanare bajo el mando de Martín Llanos, agru-pación que sostuvo intensos enfrentamientos con el Blo-que Centauros, así como fue objeto, de otro lado, de ope-raciones militares por parte del Estado. De hecho es im-portante señalar que esta agrupación contribuyó con el 32% de las desmovilizaciones del año teniendo en cuen-ta solamente aquellas ocurridas en el deparcuen-tamento del Casanare y con el 40% considerando las ocurridas en otras zonas del país. El pico de febrero de 2005, que fue de 137, se explica por una deserción de 26 integrantes del Bloque Calima de las Autodefensas, 18 del Bloque Catatumbo que se presentaron en Tibú y de diez integran-tes que se presentaron en Yopal del Bloque Centauros y de las Autodefensas Campesinas del Casanare.
No obstante que hay hechos asociados a los picos, se puede afirmar que en líneas generales las desmoviliza-ciones se producen en forma dispersa, aún en las coyun-turas en que los niveles de desmovilizados son muy ele-vados. Responden a múltiples pequeñas operaciones mili-tares, en las que no hay una persistencia en los comba-tes, a actuaciones de los paramilitares y también están asociadas al efecto de la propaganda oficial. A lo anterior habría que agregarle la debilidad de los frentes, afectados en el pasado por combates y por actuaciones de los para-militares. Muchos de los desmovilizados se entregan en Bogotá, Medellín y otras capitales, síntoma de que provie-nen de muchas estructuras16. Entre 2002 y mayo de 2005
nueve de los primeros diez municipios más afectados por las Autodefensas fueron ciudades capitales y
concen-15En 2002 empezó la denominada retoma de la zona de distensión por
lo que los indicadores aumentaron notablemente en la segunda mitad del primer semestre en municipios como Vistahermosa, Calamar, La Macarena, Mesetas y El Castillo, así como en San Vicente del Caguán, El Doncello y La Montañita.
16En una ciudad como Bogotá se presentan de muchas estructuras,
algunas debilitadas por la intensidad de los combates en zonas alejadas y otros no. En el pico de junio de 2002, que arrojó 144 desmovilizados, algo más de un tercio, 50, se presentaron en Bogotá de ellos 35 de las FARC, 14 del ELN, y uno de otras guerrillas. De las FARC cuatro eran del Frente 22, que opera en Cundinamarca, tres de la Columna Móvil Teófilo Forero que actúa en Caquetá y Huila, dos del Frente 14 del Caquetá, dos del Frente 8 y el resto de 23 estructuras diferentes, algunas de las cuales venían de zonas de operaciones militares importantes.
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traron el 31% de los desmovilizados: Bogotá, Medellín, Yopal, Villavicencio, Florencia, Bucaramanga, Neiva, San José del Guaviare e Ibagué. Hay que tener en cuenta que a las capitales se presentan de muy variadas estruc-turas provenientes del entorno e incluso de zonas aleja-das, como son los casos de Medellín y Bogotá, lo que da una idea de la dispersión con que ocurren. Lo anterior se refuerza con el hecho que el 69% restante se produjo en 559 municipios, incluidas otras ciudades capitales. Resulta difícil calcular los desmovilizados por cada cien combatientes. Un tema que dificulta el análisis es el de los infiltrados, estimados en un 10%. Así mismo hay que tener en cuenta que el dispositivo utilizado no tiene en cuenta los milicianos y estos fueron el 10% del total de desmovilizados. De esta manera, para hacer un cálculo global se castigó el número de desmovilizados en un 20%,
de tal manera que se excluyeran los infiltrados y los milicianos. Así mismo, se consideró la cifra en términos absolutos de los 41 meses estudiados para las guerrillas y los 29 meses para los paramilitares. Se tiene que el ELN es el más afectado en términos relativos a pesar que concentró el menor número desmovilizados, 903, pero estos representan el 34.4% de sus integrantes; las FARC acumularon 3,350, es decir el 18.6% de los suyos, mientras que en un lapso menor los paramilitares regis-traron 1,912, para un 15.5%. Este índice subiría para el ELN a 30.5% si se tienen en cuenta todos los desmovili-zados reportados, en el caso de las FARC se llegaría al 23.2% y en el de los paramilitares al 17.7%. En el siguien-te cuadro se expresan las cifras de desmovilizados pero se hacen los cálculos sin hacer descuentos y los cinco meses de 2005 se expresan en un año para poder compa-rar el resultado con los de los años anteriores17.
17La sumatoria de los desmovilizados por cada 100 combatientes que
aparece en el cuadro no corresponde con el cálculo expresado en el párrafo. El del cuadro expresa los primeros cinco meses del año 2005 en doce, para poder compararlo con los años anteriores, mientras que el cálculo aludido toma la cifra absoluta de 2005.
Desertores por cada Participación % Desertores por cien combatientes por año combate
2002 2003 2004 2005 2002 2003 2004 2005 2002 2003 2004 2005 2002 2003 2004 2005 2002 2003 2004 2005 FARC 1024 1375 1299 1176 5% 7% 7% 6% 73% 54% 44% 47% 1,0 0,9 1,1 1,0 1,9 1,3 1,3 1,5 Autodefensas 694 1269 1025 0% 6% 10% 8% 0% 27% 43% 41% 0,0 2,5 3,4 3,9 1,3 1,6 1,7 1,6 ELN 285 404 334 252 7% 10% 8% 6% 20% 16% 11% 10% 1,1 1,1 1,1 0,7 1,5 1,3 1,5 1,5 Otras Guerrillas 103 65 70 36 7% 3% 2% 1% Total general 1412 2538 2972 2489 100% 100% 100% 100%
Bajas por combate Desertores
Desmovilizados según agrupaciones irregulares: Desmovilizados por cada cien combatientes, participación porcentual por año, desmovilizados por combate y bajas por combate
No obstante que las FARC arrojaron más desmovilizados que el ELN esta segunda agrupación está más afectada en términos relativos. En efecto el ELN pasó de siete desmovilizados por cada cien combatientes en 2002, a 10% en 2003, aumento explicable por la Operación
Marcial, a 8% en 2004 cuando las operaciones en el
orien-te antioqueño fueron menos fuerorien-tes y a 6% en 2005. Las FARC, por su lado, registraron relativamente parecidos en los años considerados ya que en 2002 fue del 5%, en 2003 del 7%, en 2004 del 7% y en 2005 del 6%. Se nota que el esfuerzo militar de la Operación Patriota y de otras operaciones en el resto del país no ha sido suficiente para aumentar notablemente este indicador, señal de que las guerrillas se han adaptado a la nueva situación expo-niendo menos a sus hombres. Esto se refleja en el hecho que para las FARC las bajas por combate pasaron de 1.9 en 2002, con ocasión de la Operación Tanathos en la
antigua zona de distensión cuando enfrentaban más a las Fuerzas Militares, pero que oscilaron entre 1.3 y 1.5 en los otros tres años, evitando en lo posible la confrontación militar más abierta. Las Autodefensas en 2003 fueron las menos afectadas en términos relativos con el 6%, mientras que en 2004 y 2005 fueron las más afectadas de todas las agrupaciones con el 10% y el 8% respectiva-mente, índices que podrían ser resultado de una subesti-mación de sus efectivos. En el caso de las Autodefensas la cifra no deja de sorprender pues hay que tener en cuenta
14
que los porcentajes de 2004 y 2005 se producen en un contexto en el que hay negociaciones con el Gobierno y se han producido desmovilizaciones como producto de acuerdos (que no se cuentan en este estudio. Respecto a las guerrillas hay que señalar que el ELN es la agrupa-ción más débil, mientras que las FARC, aún teniendo en cuenta la Operación Patriota, tiene mayor capacidad para resistir la ofensiva del Estado eludiendo el combate y exponiendo lo menos posible a sus combatientes, prin-cipalmente por parte de los frentes más numerosos ubi-cados en zonas de retaguardia. Respecto de la participa-ción porcentual de cada grupo por año se tiene en cuenta solo desde 2003 pues para 2002 no se tiene información para las Autodefensas. La participación porcentual por año de las Autodefensas aumentó al pasar de 27% en 2003 a 43% en 2004 y bajaría de nuevo a 41% en 2005, situación explicable porque disminuyó la presión hacia las Autodefensas del Campesinas del Casanare y por las expectativas que generan las desmovilizaciones en el marco del proceso de paz. La de las FARC pasaron del 54% en 2003 a 44% en 2004 y subieron a 47% en 2005; la del ELN bajó del 16% en 2003, a 11% en 2004 y a 10% en 2005. Esto es explicable por el número de hom-bres de las organizaciones, siendo el de las FARC casi cinco veces más grande que el del ELN.
En lo que se refiere a los desmovilizados por combate las FARC también son las menos afectadas en términos relativos aunque esto varía dependiendo del año. En 2003 las FARC arrojaron 0.9, mientras que en el ELN la pro-porción fue de 1.1 y en las Autodefensas de 2.5; en 2004 la de las FARC fue de 1.1, la del ELN de 1.1 y la de las Autodefensas de 3.4; en 2005 la de las FARC fue de un desertor por combate, la del ELN de 0.7 y la de las autodefensas del 3.9. Las diferencias tan tajantes entre las FARC y lasa Autodefensas se explican porque las segundas están menos preparadas para el combate, mien-tras que las primeras están más cohesionadas, sus inte-grantes son más disciplinados y hay un mayor control por parte de los comandantes que están inscritos en una rígida estructura jerárquica. Esto ocurrió en un contexto en el que las FARC disminuyeron sus bajas por combate en los tres primeros años considerados pues en 2002 re-gistraron 1.9, en 2003 y 2004 1.3 respectivamente y en 2005 volvió a subir a 1.5; las del ELN fueron de 1.5, 1.3 1.5 y 1.5 respectivamente y las de las Autodefensas su-bieron de 1.3, a 1.6, a 1.7 y descendió a 1.6.
1.2 Perspectiva por Bloques de Frentes y Frentes Se distribuyó la información sobre desmovilizados por frentes que a su turno se agruparon en Bloques de fren-tes en el caso de las FARC y por Frenfren-tes de Guerra y en Áreas en el del ELN. Estas cifras se relacionaron con el número de combatientes teniendo en cuenta los disposi-tivos de los que se tiene conocimiento, así como con combates y bajas resultantes de los anteriores18. La
in-formación considerada plantea problemas para hacer los análisis. Lo primero es que las estimaciones de hombres por Bloques de frentes y frentes no es la más confiable y en determinados casos está subestimada; se tiene infor-mación de desmovilizados que pertenecen a estructuras que no están reconocidas en el dispositivo consultado y en otros casos se les atribuye a algunas un número de hombres que no parece ser el más cercano a la realidad. Lo segundo es que se tiene un subregistro en lo relacio-nado con los combates y las bajas en los casos de los bloques Sur y Oriental por efecto de lo que no se reporta como consecuencia de la Operación Patriota, situación que dificulta interrelacionar estas variables con los des-movilizados. No obstante estas dificultades, los cálculos hechos permiten una aproximación que se presentará por Bloques de frentes y, dentro de estos, por frentes. Com-binando cifras estadísticas y algunos análisis cualitativos se puede ayudar a descifrar lo ocurrido.
1.2.1 Las FARC
En términos absolutos el Bloque más afectado entre 2002 y 2005 fue el Oriental que concentró el 32.6% de los desmovilizados y le siguió el Sur con el 21.6%; hay que señalar que entre 2002 y 2004 el Oriental encabezo la lista pero fue desplazado por el Sur en 2005, tal como se aprecia en el cuadro19. En términos relativos, los
resulta-dos son otros. Superaron el promedio nacional de 26 desmovilizados por cada cien combatientes en el acu-mulado de los cuatro años, el Bloque Central con el 37.9%, el Sur con 35.1%, el Occidental con el 30.4%, el Noroccidental con el 26.7% y el Norte con 26.6%; estu-vieron por debajo del promedio el Oriental con 22.7% y el Magdalena Medio con el 12%.
18Se limpiaron las bases de datos de combates y no en todos los casos
se identificó un frente. No se sabe a ciencia cierta cuales están más subestimados por lo que el ejercicio es tan solo una aproximación que sirve para formarse una idea de lo que ocurre.
19El cubrimiento de los Bloques de Frentes y Frentes se describirá en el
15
Desmovilizados de las Farc por Bloques de Frentes y participación porcentual por años Desmovilizados Participación % 2002 2003 2004 2005 Total 2002 2003 2004 2005 Total CENTRAL 85 130 110 96 421 8,3% 9,5% 8,5% 8,2% 8,6% MAGDALENA MEDIO 64 82 57 31,2 234 6,3% 6,0% 4,4% 2,7% 4,8% NOROCCIDENTAL 122 216 209 158 705 11,9% 15,7% 16,1% 13,5% 14,5% NORTE 34 95 145 76,8 351 3,3% 6,9% 11,2% 6,5% 7,2% OCCIDENTAL 107 154 122 139 522 10,4% 11,2% 9,4% 11,8% 10,7% ORIENTAL 409 449 394 336 1588 39,9% 32,7% 30,3% 28,6% 32,6% SUR 203 249 262 338 1052 19,8% 18,1% 20,2% 28,8% 21,6% Total general 1024 1375 1299 1176 4874 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Desmovilizados de las Farc por años: Desmovilizados por cada cien combatientes, desmovilizados por combate y bajas por combate
Desmovilizados por cada 100 combatientes 2002 2003 2004 2005 2002 2003 2004 2005 Total 2002 2003 2004 2005 Total CENTRAL 7,7% 11,7% 9,9% 8,6% 37,9% 1,7 1,6 1,1 1,4 1,4 1,6 1,0 1,5 0,7 1,2 MAGDALENA MEDIO 3,3% 4,2% 2,9% 1,6% 12,0% 1,6 0,9 0,9 0,5 0,9 1,4 1,4 1,2 1,4 1,4 NOROCCIDENTAL 4,6% 8,2% 7,9% 6,0% 26,7% 0,8 0,8 0,7 0,5 0,7 1,6 1,2 1,2 1,6 1,4 NORTE 2,6% 7,2% 11,0% 5,8% 26,6% 0,4 0,7 1,0 0,4 0,6 3,0 1,1 1,1 1,5 1,5 OCCIDENTAL 6,2% 9,0% 7,1% 8,1% 30,4% 1,1 1,3 0,9 1,2 1,1 2,2 1,3 1,3 1,3 1,5 ORIENTAL 5,8% 6,4% 5,6% 4,8% 22,7% 1,0 0,7 1,6 1,2 1,0 1,8 1,4 1,5 1,7 1,6 SUR 6,8% 8,3% 8,7% 11,3% 35,1% 1,0 1,1 1,5 2,4 1,4 2,0 1,4 1,4 1,4 1,6 Total general 5,5% 7,3% 6,9% 6,3% 26,0% 1,0 0,9 1,1 1,0 1,0 1,9 1,3 1,3 1,5 1,5
Desmovilizados por combate Bajas por combate
El número de desmovilizados aumenta cada uno de los años considerados en el Bloque Sur, como se aprecia en el cuadro y esto refleja en el fondo una sucesión de opera-ciones militares. Primero fue la Operación Tanathos orientada a recuperar la zona de distensión; después tuvie-ron lugar varias operaciones como la que se desplegó para liberar unos norteamericanos secuestrados en 2003; a partir de 2004 ha tenido lugar la ofensiva desplegada por la Fuerza de Tarea Omega en el marco de la
Opera-ción Patriota que cada vez más se ha centrado contra el
Bloque Sur, así como muy variadas operaciones en el entorno para evitar ataques de la guerrilla en su táctica para neutralizar la arremetida militar y para intentar neu-tralizar el movimiento de hombres que se repliegan a
otras zonas del país, especialmente Huila, Cauca y Nari-ño. Para mirar el conjunto de las cifras hay que señalar primero que todo que muy probablemente están subesti-mados los efectivos en armas y segundo, que están sub-estimados los combates por el subregistro de la
Opera-ción Patriota, combinaOpera-ción que hace que los cálculos
hechos estén por encima de la realidad20. Se trabajó con
una cifra de 3.000 combatientes, muy escasa para repre-sentar los que se movían en la región en 2002, año en
20El Bloque Sur plantea el problema que los desmovilizados están
refle-jando el conjunto de las operaciones desplegadas en la zona en donde se mueve, pero se dispone de información sobre los combates sin te-ner en cuenta lo ocurrido en la Operación Patriota.
BLOQUES
16
que se terminó la zona de distensión y aún en la actuali-dad, en el marco de la Operación Patriota. Hay que tener en cuenta que se identificaron estructuras que arrojaron desmovilizados pero que no están consideradas en los estimativos de hombres, situación que sugiere que las FARC cuentan con estructuras nuevas, por lo que no se puede desechar que los niveles de reclutamiento son su-ficientes para mantener su nivel e incluso crecer21.
He-cha esta salvedad hay que señalar que el Frente Sur su-bió considerablemente el número de desmovilizados por cada cien combatientes al pasar de 6.8% en 2002, a 8.3% en 2003, a 8.7% en 2004 y a 11.3% en 2005 (proyectado este último) para un acumulado de 35.1%22. Los
desmo-vilizados por combate subieron considerablemente pues de 1.0 en 2002, se pasó a 1.1 en 2003, a 1.5 en 2004 y se llegaría a 2.4 en el 2005; de mantenerse el mismo com-portamiento registrado en los primeros cinco meses del año; esto es explicable porque en un contexto en el que los desmovilizados aumentaron constantemente, los com-bates cayeron, síntoma del subregistro de estos últimos en el marco de la Operación Patriota.
Se puede sostener que en términos relativos fueron más afectados los frentes del entorno de la zona donde tiene lugar la Operación Patriota y menos aquellos en donde se ha movido en los últimos meses la Fuerza de Tarea
Omega. Esto podría indicar que son más vulnerables los
frentes que actúan en zonas menos selváticas, donde tradi-cionalmente la Fuerza Pública y el Estado han tenido más presencia y donde al mismo tiempo actúan grupos paramilitares; por el contrario, son menos afectados los frentes ubicados en la tradicional zona de retaguardia, en espacios selváticos. En estos últimos los Frentes tienen mayor capacidad de repliegue mientras que en el entorno de la zona de operaciones, donde tienen la misión de hacer maniobras tácticas, están más expuestos al accionar de la Fuerza Pública y por ende tienen menos posibilida-des de repliegue. Las estructuras más fuertes, que se mue-ven en zonas selváticas son el frente 14 y la Columna Móvil Teófilo Forero, al mismo tiempo las más numero-sas. En las zonas del entorno están los frentes 49, 15, 48, 3, 32, 13 y 61, entre los principales. Los frentes de la retaguardia cuentan con combatientes más experimenta-dos y por ende se inclinan menos a desertar, mientras que los de las zonas en donde hay más presencia del
Es-tado son menos experimenEs-tados y están presionados por varias amenazas al tiempo y tienen más facilidades para presentarse y desmovilizarse.
La Columna Móvil Teófilo Forero es la más afectada en números absolutos pero no en términos relativos, es decir de acuerdo a su tamaño medido en hombres. En principio se mueve en zonas poco colonizadas en San Vicente del Caguán, Caquetá y en Algeciras, Huila, pero se desplaza a zonas con mayor desarrollo en municipios como Puer-to Rico y Florencia en Caquetá y a poblaciones del Hui-la, incluida Neiva. Sus desmovilizados pasaron de 48 en 2003, a 45 en 2004 y se llegaría a 74 en 2005, pero en términos de desmovilizados por cada cien combatientes arrojó en los cuatro años considerados 48%, una propor-ción considerable que sin embargo está por debajo del frente 49 con 85%, del frente 13 con el 69%, del 3 con el 68%, del 32 con el 65% y del frente 61 con el 52%, para no mencionar si no los más afectados23. La Columna
Teó-filo Forero fue golpeada en el marco de la Operación
Tanathos así como lo está siendo en la actualidad
mien-tras se realiza la Operación Patriota en la selvas del Caquetá para evitar el transito de hombres hacia el Huila y otros departamentos por el corredor San Vicente – Algeciras. Hay que anotar que según las cifras disponi-bles los combates habrían sido más numerosos en 2002 y 2003 pero al respecto se debe señalar que debe haber un surbregistro de lo que no se reporta de la Operación
Patriota, sobre todo en el Caquetá. El estimado en
hom-bres que se utilizó es de solo 400, cifra que en la actuali-dad debe ser superada teniendo en cuenta que se mueve en Caquetá y Huila y que es considerada una de las co-lumnas móviles más especializadas de las FARC, con al menos nueve subestructuras. No hay que olvidar que esta columna recientemente asesinó a algunos concejales en el municipio de Puerto Rico Caquetá y que anteriormen-te llevó a cabo acciones de impacto en Huila, como el secuestro masivo realizado en un edificio en la ciudad de Neiva y el secuestro del avión de Aires en el que fue víctima el senador Gechem Turbay.
En términos relativos lo frentes con mayores desmovili-zaciones se encuentran en zonas más integradas al Esta-do; estas estructuras son menos numerosas y más expues-tos al accionar de la Fuerza Pública. El frente 49 que arrojo el 85%, estimado en 170 hombres en el dispositivo, posiblemente ha sido golpeado en el marco del Plan
21El número de hombres estimado fue el que se utilizó para calcular las
desmovilizaciones por cada cien combatientes no obstante que hay es-tructuras no identificadas.
22A los 1.052 desmovilizados hay que sumarle 1.161 bajas, que
suma-dos representan más de la mitad de los 3.000 hombres en armas, sin tener en cuenta detenidos y heridos.
23Estas proporciones sugieren que hay muchos desertores infiltrados.
No se tiene información que permita estimar la proporción de deserto-res que no eran combatientes.
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Patriota por operaciones realizadas en el entorno. Comoen el caso anterior, los desmovilizados han aumentado al tiempo que los registros de combates han bajado y que se reportaron en el entorno de las operaciones mili-tares de la Operación Patriota en municipios como So-lita y Curillo. El frente 13 marca mucho en términos re-lativos porque se partió de una estimación de 80 hom-bres en armas; se mueve en el entorno de la zona donde se realiza la Operación Patriota, en el departamento del Huila, la Bota Caucana y el municipio de Mocoa, en el Putumayo. Es importante anotar que fue más golpeado en 2002 y 2003 que en los dos últimos años. El frente 3, estimado en 120 hombres, ha sido combatido en el en-torno de la zona de operaciones militares, más que todo en el occidente del Caquetá y particularmente en el mu-nicipio de Florencia. El frente 32, con 110 hombres en el estimado, se mueve en Villagarzón, Puerto Guzmán, Puerto Caicedo y Orito en Putumayo. En términos de combates, a partir de los registros disponibles, se tiene que han descendido muy posiblemente como consecuen-cia de la Operación Patriota, que ha generado una dismi-nución de las operaciones en otras zonas, especialmente en 2005. No sobra recalcar que este Frente participó re-cientemente en el ataque a Teteyé. El frente 61, con solo 70 hombres, se ha movido tradicionalmente en Acevedo, Garzón, Palestina, Timaná, Guadalupe, Tarquí, Altamira y Suaza en el Huila y en Belén de los Andaquíes y Saba-leta, en Caquetá. Si bien no ha sido muy afectado en términos de combates, su índice es superior a una Co-lumna como la Teófilo Forero en la medida que solo cuen-ta con 70 hombres. El frente 48 registró 45 desmovili-zados por cada cien combatientes y se ubicó levemente por debajo de la Teófilo Forero; tradicionalmente se ha movido en Orito, Valle del Guamuez, San Miguel, Puerto Asís y La Hormiga, en Putumayo. Ha tenido un número importante de desmovilizados todos los años considera-dos pero en la medida que cuenta con no menos de 230 hombres que disponen de zonas de repliegue, incluso en el vecino país, no ha sido tan afectado en términos rela-tivos; este frente permanece activo como lo muestra el ataque a Teteyé en donde fueron dados de baja 19 milita-res y perdieron la vida dos civiles.
En contraste con lo anterior, el frente 14, el tercero en números absolutos, no ha sido muy golpeado en términos relativos pues sólo arrojó en los cuatro años considerados 39 desmovilizados de cada cien combatientes, situación explicable porque se tuvo en cuenta un estimado de 400 hombres; esta situación puede estar relacionada con el hecho que tradicionalmente se movía en una zona que está abarcada por la Operación Patriota, en el Bajo y Medio Caguán, en las inspecciones de Peñas Coloradas
y Las Ánimas de Cartagena del Chairá, en Remolinos del Caguán, en Santo Domingo del Ramo y en el Río Guayas. Es muy posible que los combates estén subesti-mados y que estos debieron ser más intensos en 2004. Lo anterior confirma que los integrantes de los frentes de la zona de retaguardia de las FARC son menos pro-pensos a desertar que aquellos ubicados en el entorno del espacio de operaciones militares que coincide con zonas menos selváticas, donde la presencia de la Fuerza Pública tradicionalmente ha sido mayor y donde hay ac-tuación de los grupos paramilitares. Esto es más nítido si se tiene en cuenta que en la zona operan comandos en-cargados de la seguridad de los principales frentes gue-rrilleros y otras unidades especializadas.
El Bloque Oriental24 ocupó el primer lugar en términos
absolutos, pero se ubicó en el sexto en términos relativos con sólo 22.7 desmovilizados por cada cien combatientes en los cuatro años considerados. Esto se explica porque este Bloque es más numeroso, estimado en 7.010 hom-bres. Los desmovilizados aumentaron entre 2002 y 2003 de 409 a 449, pero bajaron a 394 en 2004 y llegarían a 336 en 2005; al respecto hay que tener en cuenta que el pico corresponde con el desarrollo de la Operación
Li-bertad 1 en Cundinamarca. Los desmovilizados por cada
cien combatientes pasaron de 5.8% en 2002 a 6.4% en 2003, pero bajaron a 5.6% en 2004 y a 4.8% en 2005. En contraste con lo anterior el punto más alto en los desmo-vilizados por combate fue el año 2004 con 1.5, lo que obedece s que los desmovilizados bajaron a un ritmo in-ferior que los combates. Hay que tener en cuenta que en los cuatro años considerados muchos de los Frentes del Meta y el Guaviare estuvieron expuestos, primero en la retoma de la zona de distensión, después en varias ope-raciones militares que tuvieron diferentes propósitos y más recientemente en el marco del despliegue de fuerza del Plan Patriota, sobre todo en Guaviare, y por opera-ciones en el entorno de la misma, entre las que se desta-ca la Operación Emperador que afectó principalmente a Vista Hermosa, Puerto Rico y Puerto Lleras en el Meta. Esta última explica en parte, que los combates y las bajas hayan aumentado en 2005, como aparece en el cuadro. Así mismo las estructuras que funcionaban en Cundina-marca estuvieron expuestas a la Operación Libertad 1 en 2003, esto sin tener en cuenta las muchas pequeñas operaciones militares que tuvieron lugar en Arauca,
24El cubrimiento de este Bloque es bastante extenso pues abarca no
menos de cuarenta estructuras distribuidas en los departamentos de Meta, Guaviare, Casanare, Arauca, Vichada, Guainía, Vaupés, parte de Norte de Santander y un pedazo de Cundinamarca.
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Casanare, Norte de Santander y en el extremo oriental del país.
Al igual que en el Bloque Sur los frentes más afectados en números absolutos no lo son en términos relativos. El ejemplo clásico es el Frente 1, que se ubica en zonas selváticas de Meta y Guaviare, que arrojó 134 desmovi-lizados, ocupando el primer lugar en términos absolu-tos, pero que se ubicó en el lugar trece con 26 desmovi-lizados por cada cien combatientes en los cuatro años considerados. En términos relativos los más perjudica-dos son pequeños frentes ubicaperjudica-dos en zonas más inte-gradas al Estado, entre los que sobresalen los de Cundina-marca, en donde la mayoría quedaron diezmados en el marco de la Operación Libertad 1, en Casanare y en zonas no selváticas del Meta. En términos relativos el más afec-tado del Bloque Oriental fue el frente 22 que operaba en Cundinamarca, con 169 por cada cien combatientes, es decir que se desmovilizaron más miembros de esta estruc-tura que los que se calculaban en el Orden de Batalla de las Fuerzas Militares.25 Sigue el frente 42 de
Cundina-marca con 100%, el 28 de Casanare con 67%, el 38 de Casanare con 54%, el Esteban Ramírez con 51%, la Co-lumna Móvil Arturo Ruiz que actúa en el Meta con el 43%, el frente 7 de Guaviare y Meta con el 40%, el 45 de Arauca con 39%, el 54 de Cundinamarca con 38%, El 26 del Meta con el 30%, el 16 que se mueve en zonas selváticas de varios departamentos con el 29%, el Reinal-do Cuellar con 28% y el Primero, como ya se mencionó, en zonas selváticas de Meta y Guaviare.
El Bloque Central si bien ocupa el quinto lugar en térmi-nos absolutos, encabeza la lista cuando lo que se enfoca son los desmovilizados por cada cien combatientes con 37.9 %. Esto es explicable porque solo cuenta con 1.110 hombres en el estimado. Los desmovilizados aumenta-ron entre 2002 y 2004 al pasar de 85 a 110 pero bajarían a 96 en el 2005. En lo esencial todos los indicadores tu-vieron su pico en el 2004: El número más alto de comba-tes, 97, la cifra más elevada de bajas, 146, y el más alto nivel de bajas por combate, 1.5. Esto suena paradójico pues al mismo tiempo los indicadores bajaron en el con-junto nacional.
Si bien es cierto que los frentes de este Bloque cubren zonas selváticas o montañosas como los municipios de Baraya y Colombia en el Huila o el Cañón de las Her-mosas en el Tolima, en lo esencial se mueven en corre-dores de los dos departamentos mencionados que de al-guna manera están más integrados al Estado, situación que explica que sea el más afectado en términos relativos. Actúan no menos de siete estructuras, que aparte del Fren-te 21 que se estimó en 250 hombres, oscilan entre 40 y 170 hombres. Este último ocupó el primer lugar en térmi-nos absolutos pero el cuarto en números relativos con 43 desmovilizados por cada cien combatientes. El 63 o Tulio Varón fue el más afectado en términos relativos con 84 desmovilizados por cada cien combatientes en los cuatro años considerados, seguido de la Columna Móvil Hé-roes de Marquetalia con 63%, el Frente 25 con 43%, el 21 con 43%, el 50 con 42%, el 17 con 39%, el Joselo Losada con 19%, el Héroes de Marquetalia con 13% y la Columna Móvil Jacobo Prías con 8%.
El frente Tulio Varón fue muy afectado no solamente por operaciones militares sino porque se mueve en una zona en donde los paramilitares han actuado, especial-mente en municipios y lugares como Santa Isabel, Anzoátegui, Alvarado, Venadillo, Ibagué, Mariquita, Fresno, Honda, Falan, Casabianca, Herveo, Armero, Vi-lla Hermosa, Libano, Lérida, Ambalema y Murillo. Los guerrilleros están muy cerca de ejes viales y tienen más facilidad para desertar; prueba de ello es que la mayoría se presentaron en Ibagué. La Columna Móvil Héroes de Marquetalia, que se mueve principalmente en el sur del Tolima, presenta características similares. El frente 25 tradicionalmente se ha movido en Icononzo, Villarica, Dolores, Prado, Purificación, Natagaima, Alpujarra, Gua-mo, Cunday y Melgar; fue especialmente golpeado en Dolores y en el noroccidente del Huila, a donde segura-mente se replegó. En contraste con los anteriores, un fren-te como el 17, que se mueve en zonas de retaguardia en el Huila como Colombia y Baraya, es de los menos afec-tados en términos relativos, de la misma manera que el frente 50, que se mueve en las montañas del Quindio y en particular en Cajamarca, Tolima.
El Bloque Occidental ocupó el cuarto lugar en términos relativos y arrojó 30.4 desmovilizados por cada cien com-batientes. Ocupa buena parte de los departamentos de Valle, Cauca y Nariño. Cuenta con no menos de trece estructuras. Los tres frentes más afectados en términos absolutos son el 29, la Columna Móvil Jacobo Arenas y el frente 6. No obstante, en términos relativos, el más perjudicado es el frente 8 que con 60 hombres arrojo 83 desmovilizados por cada cien combatientes. Actúa en
25Es difícil establecer si el cálculo es exagerado porque hay un subregistro
en el estimado de hombres o porque se trata de los llamados infiltra-dos. La segunda opción no es descabellada pues hay que tener en cuenta que la Operación Libertad I se debilitaron los Frentes de las FARC, por lo que personas oportunistas pudieron aprovechar para beneficiarse de las ventajas de concede el Estado.