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Errores garrafales

en ajedrez

Conocerlos. Evitarlos

Angus Dunnington

rJ.t

HISPANO

LrJ

EUROPEA

(3)

Director de la Colección: Sergio Picatoste

Título de la edición original:

Blunders and how to avoid them

Es propiedad © Angus Dunnington

Edición publicada por acuerdo con Gloucester Pu­ blishers pie (Everyman Chess), Northburgh House, 1 O Northburgh Street, Londres EC1 V OAT (Inglaterra) © de la edición en castellano 2007:

Editorial Hispano Europea, S. A.

Primer de Maig, 21 - Poi. lnd. Gran Via Sud 08908 L'Hospitalet - Barcelona, España E-mail: hispanoeuropea@ hispanoeuropea.com ©de la traducción: Sergio Picatoste

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autoriza­ ción escrita de los titulares del «Copyright», bajo las sanciones establecidas en las Leyes, la reproduc­ ción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejempla­ res de ella mediante alquiler o préstamo públicos, así como la exportación o importación de esos ejem­ plares para su distribución en venta fuera del ámbi­ to de la Unión Europea.

Depósito Legal: B. 50158-2007 ISBN: 978-84-255-1762-4

Consulte nuestra web:

www.hispanoeuropea.com

IMPRESO EN ESPAÑA

LIMPERGRAF, S. L.- Mogoda, 29-31 (Poi. lnd. Can Salvatella)- 0821 O Barbera del Valles

(4)

Si gnos y abrevi atur as ... ... ... ... ... .. ... ... ... .... ... ... .. . 4

Bi blio gr afí a... ... ... .. ... .... ... .. ... ... ... ... ... ... ... ... .... .. ... ... ... ... .. ... ... ... 4

Introdu cción... .. ... ... .. ... ... .... ... .. ... ... .. ... 5

1. El sentido del peli gro .... ... ... ... ... ... .. ... ... ... 7

2. Cel ad as y ase chanzas ... .. ... ... ... ... .. ... ... ... ... ... .. ... .... 22

3. Psi colo gí a... .. ... ... ... .... .. ... .. ... .... .. ... ... ... ... ... ... .... ... ... 32

4. L as de fens as del rey ... ... .... ... ... ... .. ... ... ... 50

5. J aques ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... .... .. ... .... .... 58

6. Pl anes de fe ctuosos ... ... ... .... .... ... ... .... ... ... .. .... ... ... ... ... 65

7. Los peli gros de simplifi car ... ... ... ... ... ... ... .. .... ... ... .. ... ... .... ... 76

8. T abl as... .. .... .... .. .. ... ... ... ... ... ... ... ... 81

9. Fin ales ... ... ... .. ... ... ... 92

10. Apuros de tiempo .. .. ... ... ... .... ... ... ... .. ... .... ... ... ... 97

11. Perder cu ando todo p are ce gan ado... ... ... ... .... .. ... ... 1 02 12. Espere lo inesper ado ... ... .. ... ... ... ... ... ... 113

13. Errores típi cos ... ... ... ... .. ... ... ... ... ... .... . 118

14. Me gaerrores ... ... ... ... .... ... ... ... ... ... ... 133

(5)

Signos y abreviaturas + ++ # !! ! !? ?! ? ?? 1 -o %-% o -1 Cto. (D) GM MI N. N. jaque jaque doble jaque mate jugada excelente buena jugada jugada interesante jugada dudosa mala jugada jugada muy mala las blancas ganan tablas

las negras ganan campeonato diagrama

gran maestro (internacional) maestro internacional

nomen nescio (se desconoce el nombre del jugador)

Bibliografía

Libros:

CAFFERTY, Bernard: Boris Spassky-Master ot Tactics. Batsford, Londres, 1991. DAMSKY, lakov: Chess Brilliancy. Everyman, Londres, 2002.

GuGORié, Svetozar: 1 Play Against Pieces. Batsford, Londres, 2002.

KRAMNIK, Vladimir; DAMSKY, lakov: Kramnik-My Lite and Games. Everyman, Londres, 2000. LOMBARDY, William: Snatched Opportunities on the Chessboard. Batsford, Londres, 1973. MoRTAZAVI, Ali: T he Fine Art ot Swindling. Cadogan, Londres, 1996.

NESIS, Gennady: Khalitman-Lite and Games. Everyman, Londres, 2000. TAL, Mikhail: T he Lite and Games ot Mikhail Tal. Cadogan, Londres, 1997.

Publicaciones periódicas y páginas web:

ChessBase Magazine

(6)

El tablero de ajedrez es el mundo; las piezas son los fenómenos del universo; las reglas son lo que llamamos las leyes de la naturaleza. No ve­ mos al jugador que está al otro lado. Sabemos que su juego es siempre recto, justo y paciente. Sin embargo, también sabemos, a costa nuestra, que nunca deja pasar un error ni hace la menor concesión a la ignorancia.

Thomas H. Huxley (1825-1895), profesor y

biólogo británico. Lay Sermons, adresses and

Reviews (1870)

Todos nos equivocamos; en la vida y en el tablero. Este libro se dirige a jugadores de club y de nivel medio y está concebido para llevar al lector por el buen camino -en contraste con el mal camino- en materia de errores garrafales. Es imposible erradicar las equivocaciones por completo; ni siquiera los mejores ajedrecistas, salvo en contadas ocasiones, juegan una parti­ da sin cometer ningún tipo de error, de modo que conviene ver las cosas en su justa dimen­ sión.

Sin embargo, al intentar comprender mejor la naturaleza de los errores, al reconocer qué clase de equivocaciones cometemos y por qué segui­ mos cometiéndolas, nuestro juego mejorará (y, a su vez, nuestros resultados). Ser consciente de este aspecto del juego antes de sentarse al ta­ blero es tan importante como estar al día en la teoría de aperturas -quizás más todavía-.

Desde luego, aprender tanto ajedrez como se pueda es útil de por sí, y no cabe duda de que estudiar cualquier parte del juego reducirá nuestros errores y aumentará las probabilida­ des de reconocer los del adversario, pero sola­ mente si incluimos el tema ••errores» en nuestra preparación casera. No tiene mucho sentido sa­ berlo todo sobre las cadenas de peones, por ejemplo, si estropeamos una posición de esas características por culpa de un error tonto o una mala costumbre.

Veamos un ejemplo. A veces, estamos tan enfrascados en los aspectos profundos y signifi­ cativos de la partida que pasamos por alto facto­ res más prosaicos como las piezas colgando.

Puede que el ridículo error que sigue nos haga reír por lo bajinis (elo FIDE de la víctima: 2.355),

pero todos hemos incurrido -o incurriremos- en

descuidos igual de ridículos.

Cacho-Rufino

Murcia, 1997

N

Estamos ante una posición de la Defensa In­ dia de Rey, en la que las negras están ocupadas en el flanco de rey. Las blancas, por su parte, tie­ nen que expandirse en el otro flanco y acaban de jugar 14. a3. El bando negro, previendo b4 y un avance generalizado de los peones enemigos en el flanco de dama, busca un papel más agrada­ ble para el caballo de a6.

14 . ... , c 6 15. b4, 0,c 7 16. d5, �e7

Mejorando la posición de la dama. 17. 0,d2, f5 18. J::rc 1, c xd5 19. 0, xd5, ... Las negras no quieren cambiar en d5, ya que eso daría al adversario una mayoría de peones en el flanco de dama o la columna ••C» abierta por la que operar. Más aún, le entregaría el con­ trol de la casilla e6. De todos modos, tienen pla­ nes para el caballo, que ahora se dirige a d4.

(7)

6

N

ERR O RE S GARRA FA L E S EN AJEDREZ . C O N O CER L O S . EVITAR L O S

19 . ... , l2Je6?? 1 -o

Las consideraciones estratégicas hicieron que las negras se olvidaran del detalle, más bien fundamental, de que la dama estaba en el punto de mira. Errores así pueden evitarse advirtiendo las amenazas que plantea la jugada que acaba de efectuar el adversario.

Sin embargo, como veremos en este libro, eli­ minar los errores garrafales es más fácil de decir que de hacer y requiere algo de esfuerzo. Parece­ mos demasiado ocupados, pensemos o no ...

(8)

DE L

PE LIGRO

Yo no me equivoco. Hago vaticinios que re­ sultan erróneos de inmediato.

Atribuido a Murray Walker, comentarista bri­ tánico de carreras automovilísticas para la televi­ sión

Todos tenemos, hasta cierto punto, un senti­ do del peligro. Simplemente, parece que no fun­ ciona tan bien como debiera. La iniciativa y el sentido común del jugador proporcionan una con­ siderable flexibilidad respecto al bosque de «re­ glas de oro» que se ha acumulado con el correr del tiempo -y que sería más apropiado llamar pautas de oro-; de todos modos, las dificultades prácticas que se experimentan durante una parti­ da de competición tienen la costumbre de «pillar» incluso a los jugadores más fuertes. No tiene mu­ cho sentido invertir tiempo y esfuerzo lejos del ta­ blero para desarrollar un sentido del peligro si tal preparación queda reducida a la nada durante la batalla por descuido o contumacia en no hacer caso de las señales de alarma.

A no ser que la situación exija correr riesgos, es una buena idea no incluir jugadas de aspecto «peligroso» como parte de una estrategia o un plan corriente. Una ironía cruel en relación con el sentido del peligro es que cuando no oímos los aparatos de alarma, hay muchas posibilidades de que el adversario sí los oiga, y tal vez estén a punto de producir música deliciosa, muy delicio­ sa, para sus oídos.

La primera fila

Cuando el rey tiene a su disposición una ca­ silla de fuga en el enroque, tendemos a tachar nuestra primera fila de la lista de posibles peli­ gros. Es por eso por lo que el error que sigue aflora tan a menudo.

Em. Lasker-Von Scheve

Berlín, 1890

N

Es obvio que las negras tienen compensa­ ción por el peón en forma de una pieza menor muy superior, que ahora tratan de asentar en d3.

24 . ... , c5?? 25. ll xd3!, ...

Ganando. Capturar con la torre está fuera de lugar, ya que eso deja colgando la torre de aS ahora que se ha abierto la diagonal h 1-as.

25 . ... , 'iY' xd3 26. bí. e8+!, 1 -O

N

Las negras no pueden evitar graves pérdi­ das de material por culpa de no haber descu­ bierto que eran vulnerables por su primera fila.

Después de 26 . ... , ll xe8 27. 'iY'xd3, el caballo

(9)

8 ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJEDREZ. C O N O CER L O S. EVITAR L O S

27. �xd3+, ll xd3 28 . .i::!.xa8 es todavía peor. 27. �h5 mate tampoco está mal.

Caer penosamente a causa de un error ga­ rrafal relacionado con la primera fila es un acci­ dente que podemos esforzarnos por evitar por la sencilla razón de que sabemos las reglas y sa­ bemos lo que es el jaque mate. Incluso mis alumnos más jóvenes (con el tiempo, desde lue­ go) aprendieron a apreciar esto: que el bochorno y el dolor que provoca el sucumbir por la prime­ ra fila hacen que valga la pena tomar medidas precautorias cuando empieza a abrirse el juego para las piezas mayores y el rey -en general, enrocado- aún no tiene espacio para respirar. Que la partida siguiente sea de un torneo de aje­ drez rápido no quita importancia a lo grave que es el haber elaborado el defectuoso plan de las blancas; tampoco le resta gravedad el hecho de que el primer jugador fuera un adolescente, por­ que el culpable es, posiblemente, el GM de más talento desde que Kaspárov hizo su aparición en escena.

Radiabov-Anand

Grand Prix de la FIDE, Dubai, 2002

B

El peón de ventaja de las negras debería ser irrelevante en vista de la dirección en la que apuntan las piezas blancas. Es interesante que, en vez de jugar h3, que a largo plazo proporciona al rey una casilla de fuga y a corto plazo quita el peón del punto de mira de la dama y el alfil ne­ gros, el primer jugador pretende explotar su com­ pacto muro de peones del flanco de rey para intensificar la presión sobre el monarca enemigo.

23. ge4?!, ...

Ftácnik propone 23. c5!?, j,e7 24 . .ld b1 co­ mo mejora, con ventaja de las blancas.

23 . ... , lL\f6 24 . .ld h4, j,e7 25. !:!. h3, ...

El quid: se utiliza h3 para poner la torre. Des­ pués de 25. d5, exd5 26. cxd5, �b3 27 . .ld h3, �xd5 28. �g3, la primera fila de las blancas es vulnerable, y el adversario puede ir derecho a la igualdad con 28 . ... , �xd3 29. �xd3, !:!.xd3

30. ti. hxd3 (amenazando !:!. d8+!), �f8, etc.

25 . ... , h6

Descartando con sensatez todo trapicheo que implique j,xh7+, lL\xh7 �h5.

26 . .u. b1 ?, ...

Se sigue fanfarroneando, pero Anand no es de los que se dejan intimidar. 26. d5, exd5 27.

cxd5, .l::!. eS! 28. .tí. g3, � d6 favorece a las ne­

gras, pero es el mal menor. Ahora las blancas echan en falta la ambiciosa torre.

26 . ... , I:!.xc4!

Solamente ahora deben de haber advertido las blancas que su propio rey necesita cuidados.

27 . .ldxb8, ...

27. �d1, .ld b4 deja al bando blanco a re­ molque, sin poder recurrir siquiera a d5 ahora que el peón de c4 ha desaparecido.

27 . ... , ldc1+ 28. j,f1, .Uxb8

Anand no tiene más que una torre por la da­ ma, pero el rasgo clave es la primera fila del rival, que está fuera del alcance de la torre de h3.

29. j,c3, !:!. bb1 30. �d3, a3!

B

La amenaza es más fuerte que su ejecución. Las negras mantienen maniatadas a las blancas y añaden el peón pasado a los preparativos. La posición del diagrama pone de relieve lo apurado

(10)

que está Radiabov por haber separado a la torre de su gente.

31. �xa6, a2 32. g4, ...

Esto parece llegar bastante tarde. No obstan­ te, aparte de desalojar g2 para el rey, la textual también anima a las negras a equivocarse.

32 . ... , Ilxf1+!

Sin caer en 32 . ... , lt:Je4? 33. �a8+, i,f8

34. �xe4, ll xt1+ 35. �g2, y la tarea negra es

menos cómoda; p. ej.: 35 .... , 1::\. fc1 (amenazan­

do ... , Idxc3) 36. 'iVa8!, y cae el peón ••a». 33. 'iVxf1' ...

33. �g2, � g1 + 34. �f3, .U b3 35. �e2,

1:1 xc3 36. �xa2, � xh3 no ayuda a las blancas.

33 . ... , lt:Je4! 34. i,a1, lt:Jd2! o -1

B

Está bastante manido, pero desde que llegó a h3 la torre desempeñó el papel de mera espec­ tadora. Cuando se estudia la posibilidad de en­ viar una torre lejos de la primera fila en una posición en la que todavía hay la mayoría de las piezas, tiene que haber una razón muy buena para hacerlo, y el rey tiene que gozar de la pro­ tección suficiente. No apreciar alguna de estas condiciones es correr un verdadero riesgo; es por eso por lo que tendemos a ver las torres evolu­ cionando por la primera fila durante la mayor par­ te de la fase del medio juego.

No se deje engañar por una diagonal atestada de piezas Golod-Lebedinsky

Beer Sheva, 2002

N

Las blancas, que acaban de empujar el peón a a3, tienen las mejores perspectivas en vista del peón suplementario que poseen en el centro y las piezas menores bien colocadas en c5 y f5. ¿Cuál cree usted que es el plan más apropiado que han de seguir las negras en la posición del diagrama? Si comparamos las ventajas respecti­ vas de las mayorías de peones, a las blancas no les falta mucho para poder lanzar la suya con f4 y e5, mientras que el flanco de dama negro que­ da refrenado debido al agujero de c5. En conse­ cuencia, una jugada candidata aquí es encarar este problema con 22 . ... , lt:Jd7; p. ej.: 23. i,d6, c5, y se ha producido la liberación. Sin embargo, parece que las negras no estaban preocupadas por el jaque en e7, inofensivo de todos modos, si­ no por el adelantado caballo blanco, que, de mo­ mento, no puede desalojarse con ... , g6 porque esta jugada deja colgando el peón de h6.

22 . ... , �h7?

Quizás evitar el jaque y proteger a la vez h6 da lógica a ... , �h7, pero el remedio planeado es peor que la enfermedad, pues ahora el rey ne­ gro comparte diagonal con la dama enemiga. No debería sorprender que una política así implique algo de riesgo; este factor introduce dos proble­ mas prácticos:

1) analizar los posibles inconvenientes de mostrarle el capote rojo al toro se nos come el tiempo, y

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10 ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJEDREZ . C O N O CER L O S . EVITAR L O S

2) ¡no sería infrecuente que se nos escapara algo!

Dicho de otra manera, en una situación razo­ nablemente «normal, tiene sentido buscar al­ ternativas más sobrias, ahorrando tiempo y un posible disgusto. Además, si hacemos el esfuer­ zo consciente de no colocar nuestras piezas va­ liosas en el punto de mira -con independencia de lo «seguro, que pueda parecer-, reducimos de manera automática las probabilidades de equivocarnos. Es irónico que cuanto más fuerte es el jugador, más posibilidades hay de que in­ tente infringir estas sensatas reglas usando su capacidad para demostrar que tal o cual caso es la excepción.

De todos modos, parece que las negras es­ tán listas para realizar el plan de desalojar el ca­ ballo con ... , g6 al juzgar que, como eso va a suceder en la próxima jugada y las blancas tie­ nen tanto el caballo como un peón bloqueado en la misma diagonal, no hay nada por lo que preo­ cuparse: el bando blanco no puede quitar dos piezas de en medio provechosamente para oca­ sionar daños. Y ahí radica otro punto importante de esta clase de situación; las negras deberían mirar todas las maneras que podría tener el ad­ versario de explotar la jugada de libre disposición que le permite el jaque en descubierta. De he­ cho, es apropiado que en el castigo colaboren ambas piezas avanzadas.

23. CLJd6!, ...

Opción de la que, hasta este momento, no disponían las blancas, que ahora quitan el caba­ llo de la diagonal clave y aciertan a suprimir el al­ fil bloqueador, eliminando así el obstáculo que impedía adelantar el peón de e4.

23 . ... , J,xd6

Por desgracia para el segundo jugador, des­ pués de 23 . ... , l:ie7? 24. ct:lxb7, Uxd1+ las blancas tienen 25. J,xd1!, .Uxb7 26. f4, y se avecina e5+.

24 . .U,xd6!?, ...

N

Me gusta esta jugada. En vez de la mecánica 24. e5+, se da al rival una oportunidad para que se equivoque otra vez.

24 . ... , .ld,xd6

En vez de disminuir la presión, el ofrecimien­ to de cambiar las damas con 24 . ... , �c4 no lle­ va más que a un final muy malo para las negras

luego de 25. �xc4, bxc4 26. e5, CLJd5 27 . .S. c1.

Y 24 . ... , �e5? parece tan peligrosa como ... , �h7, pues deberíamos saber que no es reco­ mendable bloquear peones con la dama: 25 .

.S ad1! (25. J,d4!?), .S b8 (25 . ... , .l:!. xd6? 26.

J,xd6) 26. J,d4!, ...

N

26 . ... , �e7 (26 . ... , �xd6?? 27. e5+) 27. J,xf6, gxf6 28. e5+, y el flanco de rey se de­ rrumba.

(12)

N

27. b4?! da contrajuego al rival después de 27 . ... , �f6! 28. �d1, lL\xc5 29. bxc5, �c3, etc. Podemos ver en la posición del diagrama que el paso que las negras han dado por volun­ tad propia hacia la zona peligrosa ha tenido co­ mo resultado una difícil tarea defensiva.

A estas alturas, el segundo jugador debió de haberse percatado de que había estado preocu­ pándose por la pieza que no correspondía, pues las blancas siguen controlando la importante ca­ silla c5. Siguió:

27 . ... , lL\x c5 28. �x c5, �d7 29. b4, � g8 30. h4, h5 31. j,g2, f5?

Las blancas tenían la intención de forzar este debilitamiento estructural con �h2 y j,h3; por tanto, la jugada del texto parece bastante servicial. 32. j,f3, .l:ie 6 33. � g2, .I:!.eB 34. � b6,

�f8 35. l:i.c1, .U. cB 36. 'iVd4, �f7 37. �e 1,

N

La posición negra ha pasado de ser jugable a mala y a peor. Sometido a presión, enfrentado a un fuerte peón pasado avanzado y teniendo un horrible alfil haciendo compañía a los peones, el

bando negro tiró la toalla después de una docena más de jugadas. Nótese que las blancas no hi­ cieron nada especial luego de ... , �h7. De he­ cho, se limitaron a apreciar el cambio potencial de la situación -creado por el lapsus del adversa­ rio- y responder en consecuencia tras investigar los medios posibles que había para explotar la nueva avenida, la diagonal b1-h7; quizás, incluso las ideas de «despeje•• surgieron al azar en un principio hasta que las variantes concretas em­ pezaron a cobrar forma.

Hay que estar alerta ante lo obvio

Todos nos hemos encontrado ante un valien­ te adversario cuyo ataque a nuestro rey parece haber llegado a un punto muerto; entonces, da­ mos un suspiro de alivio al ver que el peligro ha pasado y dejamos la puerta abierta para que se produzca una última incursión, que es decisiva. Pasar por alto posibilidades de ataque brutales es otro de esos fallos que comparten jugadores de categoría muy alta y jugadores de categoría muy baja, mientras que los que están en el término medio tienden a ser más circunspectos. Observe cómo el GM lan Rogers estropea una bonita posi­ ción con una calmosa maniobra de caballo.

l. Rogers-Lane

Campeonato de Australia, Adelaida, 2003-2004

B

A cambio de consentir el deterioro de su es­ tructura de peones en el flanco de rey, las negras han situado las piezas mayores delante del rey enemigo, pero la apuesta no se pagaría si las

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12 ERR O R E S GARRA F A L E S E N AJEDREZ . e O N O e E R L O S. EVITAR L O S

blancas jugasen 32. h4!, pues 32 . ... , .ldxh4? tropieza con graves problemas luego de 33. ét::Je7+, c;t>f8 34. ét::Jf5, con las dos amenazas

� c8+ y capturar la torre gratis. Esto deja 32 . ... ,

c¡t>g7 33. c;t>h2, y el primer jugador tiene una posición bastante sólida en el flanco de rey, de modo que puede concentrarse en su ventaja ge­ neral (la torre negra está entonces ociosa sin te­ ner donde ir; Rogers da 33 . ... , .ld f5 34. f4). Sin embargo, al pensar que las negras no tenían na­ da, las blancas enviaron el caballo de viaje.

32. ét::Je7+?, c;t>t8 33. ét::Jc8??, ...

Persigue una finalidad, pero pierde. Todavía hay una oportunidad de reducir las pérdidas y aceptar un final un poco peor con 33. �e2!,

i,xf2+! 34. �xf2. c;t>xe7, etc.

33 . ... , � h3! 34. ét::Jx b6?!, ...

34. �f3, �xh2+ 35. c;t>f1, �h3+! es el mal

menor, pero sigue siendo muy desagradable pa­ ra las blancas; p. ej.: 36. c;t>g1, .ld e5 o 36. �g2, �f5.

34 . ... , �x h2+ 35. c;t>t 1, � h1 + 36. c;t>e2, l:re5+

8

Las blancas tenían la intención de jugar aquí 37. c;t>d2, ¡pero eso tropieza en el acto con un mate en e1!

Siguió:

37. �e 3, � h5+ 38. �d2, l:i,xe 3 39.

c;t>xe3, �e5+ 40. c;t>d3, c;t> g7 41. bieS, f5 42.

f4, �e4+ 43. c;t>c3, �e 3+ 44. c;t>c2, �x g3 45.

l:i,xd6, �x f4 O - 1

No deje de analizar

En el próximo ejemplo, las negras se toman unas libertades con la dama que son «sospecho­ sas» posicional y tácticamente.

1. c4, e6 2. ét::Jf3, ét::Jf6 3. b3, i,e7 4. i,b2, 0-0 5. e 3, d5 6. d 4, b6 7. i,d 3, i,b7 8. o-o, ét::J bd7 9. ét::J bd2, c5 1 0. �e2, ét::Je 4 1 1 . .ll ac1,

l:i.c8 12. 1:1 fd 1, � c7

Al inconveniente de empezar el segundo se añade que la tarea de las negras ha resultado más incómoda durante la fase de apertura al no tener una casilla natural para la dama por estar el alfil en e7. A fin de abrir paso a la otra torre para que se incorpore al juego en d8, el bando negro ha trasladado la dama a c7; este punto está ex­ puesto en potencia o puede que no sea adecua­ do, dado que la dama comparte la columna «C•• con la torre de c1.

1 3. cxd5, exd5 1 4. dx c5, bx c5 15. ét::Jd 4, ...

N

Los cambios de peones han dejado a las blancas con una cómoda ventaja. Las negras tie­ nen ahora un par de peones «colgantes•• por los

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que preocuparse, y la última jugada blanca apro­ vecha la clavada que hay en la columna ••C» pa­ ra activar el caballo (f5 ya hace señas). 15 . ... ,

CL:ld6 batiría tanto f5 como b5 (por si acaso), des­ pués de lo cual podría estudiarse ... , �f6. En cambio, las negras ven la oportunidad de hacer una jugada que cumple tres finalidades (y a to­ dos nos gusta ese tipo de jugadas).

15 . ... , 'iVe5?

Defendiéndose de CLJf5, que parece fuerte, saliendo de la clavada e incluso planteando una nueva clavada por la gran diagonal; todos estos rasgos convertirían esta acción en una buena ju­ gada si no condujera a problemas.

1 6. CL:l c6!, ...

No es la casilla en la que pensaban las ne­ gras, pero a estas alturas ya deberíamos ser conscientes de que todo lo que suponga atacar la dama o una pieza vulnerable (en este caso, el alfil de e7) debería estudiarse como es debido.

1 6 .... , 'iVe 6 17. CL:lxe7+, 'iVxe7

B

El segundo jugador ha entregado el alfil de casillas negras, pero ha solucionado el problema de encontrar un hogar aceptable para la dama. Por desgracia, la miniescaramuza no va a acabar aquí, como si los acuerdos que constituyen el ••trato» -las blancas se aseguran un alfil, influ­ yente en potencia, por un caballo; las negras me­ joran la posición de la dama y disminuyen algo la presión- excluyeran el análisis y la valoración continuados.

1 8. �xe4!, ...

Una vez que se ha logrado obtener la pareja de alfiles, parece ilógico hacer esta transacción, pero la apertura de la columna ••d» prepara una

táctica geométrica ante la que las negras nada pueden hacer. Nótese que al iniciar el cambio en e7, el bando negro cedió el turno de jugar a las blancas, importante concesión que los jugadores de nivel alto intentan no hacer si disponen de una alternativa adecuada.

1 8 .... , dxe 4 1 9. CL:l c4, ...

Ahora las negras tienen que encarar la ame­ naza CLJd6, que ataca la torre y el alfil y apunta al escaque f5, desde donde el caballo atacaría a la vez e7 y g7.

1 9 .... , �as

Una clavada defensiva, pero las blancas tie­ nen otro as en la manga.

20. �x g7!, . . .

N

Decisiva. Desde que prácticamente invitaron a las blancas a tomar el mando, las negras han estado impotentes ante las amenazas, sin tener tiempo de organizar ni una defensa ni un con­ traataque.

20 . ... , c;t>x g7 2 1. 'iY g4+, c;t> h8 22. ,S.xd7, Ganando un peón sin soltar las riendas.

22. ..., f5 23. 'iVx f5!, 1::!, x f5 24. ld xe7,

�x c4 25 . .U. x c4, ld d 8 26. g4, ...

El final no ofrece esperanzas al bando negro.

Gana la batalla y pierde la guerra

Algunas aperturas y defensas presentan un tema o estrategia en torno al que gira la fase temprana de la batalla; el éxito de ambos bandos lo determina la manera como encaran la lucha. El efecto psicológico de llevarse la mejor parte por lo que se refiere a esos temas convencionales

(15)

14 ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJEDREZ . C O N O CER L O S . EVITAR L O S

puede perjudicar la causa general, conduciendo a un exceso de confianza y, en consecuencia, al temido error garrafal.

En la miniatura que sigue, las blancas eluden las continuaciones críticas ya en la jugada 7 in­ troduciendo una novedad teórica en apariencia inofensiva, que da la sensación de querer ayudar a las negras a alcanzar su objetivo principal. Sin embargo, el segundo jugador es ajeno al punto de intersección de dos líneas rectas, y las cosas no le salen precisamente redondas.

Sakáev-Delchev

Ohrid, 200 1

Benoni irregular

1. d4, tLl f6 2. tLl f3, eS 3. d5, b5

Las negras esperan explotar la falta de pro­ tección del peón de d5 combinando el juego en el flanco de dama con la presión sobre el centro enemigo.

4. i,g5, �aS+ 5. c3, 'Lle4 6. i,h4, ...

6 . ... , i,b7

Las negras no se andan con rodeos en su asalto al centro. Después de 6 . ... , b4, el juego podría continuar con 7. �c2, f5; p. ej.: 8. étJfd2,

bxc3 9. bxc3, i,b7 1 O. 'Llxe4, fxe4 11. �xe4,

e6 12. �c2, i,xd5 13. e4, i,c6 14. a4, con ventaja de las blancas en B. Kogan-Aiburt, Estes Park, 1985. 6 . ... , d6 conduce a un juego más so­ brio; p. ej.: 7. e3, i,f5 8. i,e2, 'Lld7 9. 0-0, h6 10. 'Llbd2, étJef6 11. a4, Karp-Carreau, Bruselas, 1993, y las negras tuvieron problemas con c4.

7. e 3!?, ...

La nueva jugada citada al principio. Antes se había jugado 7. �d3, f5 8. 'Llbd2 o incluso 8. g4, y la búsqueda de casillas blancas en el centro sigue a buen ritmo. Nótese que hasta ahora la acción está teniendo lugar en el centro; d5 y e4 están bajo el microscopio, y las negras se esfuer­ zan por sacar el máximo provecho de la diagonal h 1-a8. Están preparadas para hacer concesiones a fin de justificar la ofensiva lanzada por el alfil de b7. El alfil de dama blanco, mientras tanto, está ocioso en h4 (eso no es así, como las negras pu­ dieron comprobar a su costa).

7 .... , e 6?

Es obvio que podemos esperar que un fuer­ te GM como Delchev conozca la teoría de esta liosa defensa, y hemos visto que el peón de f7 desempeña un papel si las blancas atacan el caballo. Ahora que Sakáev ha optado por dejar la dama en casa prefiriendo, en cambio, una só­ lida jugada de desarrollo, Delchev saca partido de ello abriendo las casillas blancas con medios más convencionales, ofreciendo así al rey un poco más de seguridad en comparación con las líneas habituales. Sin embargo, interpretar la tranquila jugada 7 de las blancas como un me­ dio de evitar la compleja teoría es la causa de la caída de las negras, ya que no aprecian que la nueva idea es, de hecho, bastante siniestra. Tsesarski ofrece 7 . ... , b4 8. c4, e6 9. 'iVd3,

exd5 1 O. cxd5, 'Lld6 11. 'Llbd2 como mejora;

las blancas dominan el centro, pero las negras no carecen de recursos.

8. dxe 6, ...

El quid. El bando blanco está encantado con liberar el alfil de b7 sin lucha porque esta

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transac-ción abre líneas a sus tropas. ¿Qué jugaría usted en la posición del diagrama?

8 . . . . , dxe 6??

Lógica, pero perdedora. Y si es así, entonces las negras tenían que capturar con el peón ccf>> ... No, eso pierde también: 8 . ... , fxe6? 9. l2\e5!, y, de repente, el rey negro tiene problemas debido a la amenaza �h5+; 9 . ... , g6 10. "iYf3, l2\d6

11. �f6, l;l g8 parece que aguanta, pero tropie­

za con 12. itxb5!! (D), que es aplastante.

N

12 . ... , �xb5 y 12 . ... , l2\xb5 permiten el mate en d8 y f7 respectivamente, y las blancas amenazan ganar con 13. �xe6+ debido a la cla­ vada que hay por la diagonal a4-e8. Bloquear en c6 no hace sino animar al bando blanco a cam­ biar piezas en esa casilla, con lo que hay proble­ mas para defender e6, y 12 . ... , j,d5 13. e4 es fantástico para el primer jugador (compruébelo). Puesto que no es infrecuente que el peón de f7 deje su casilla inicial en este sistema, las negras, sin duda, habrán estudiado capturar hacia el cen­ tro, pero se habrán decidido por la textual a cau­ sa de los problemas que surgen por la diagonal h5-e8 y -en consecuencia- también por la diago­ nal h4-d8. Dudo de que llegaran a 12. j,xb5 en sus cálculos, porque de lo contrario se habrían dado cuenta de la jugada ganadora que tenía Sakáev.

De hecho, la única jugada es 8 . ... , f6!; p. ej.: 9. l2\bd2, l2\xd2 10. exd7+, l2\xd7 11. "iYxd2,

� d8, con alguna clase de compensación por el

peón.

9. j,x b5+!, . . .

¡Oh, cielos! La dama negra está ocupada de­ fendiendo de "iY d8 mate. En las variantes que

hemos visto, las negras consiguen insuflar algo de vida al alfil de la gran diagonal, pero muchas de las restantes líneas abiertas son de las blan­ cas. Esta vez, el entrelazamiento de diagonales se combina con la columna ccd» para dejar al rey negro en situación desesperada.

N

9 . .. . , l2\ c6?

Apresurando el final, aunque en este nivel la partida, de hecho, ya ha terminado; p. ej.: 9 . ... ,

itc6 10. itxc6+, l2\xc6 11.l2\bd2, etc. 1 0. l2\e5, 1 -o

10 . ... , VJ/ic7 11. VJ�ia4 es terminante. Las ne­ gras pagaron el precio de ver 7. e3!? como una jugada sumisa y no como una alternativa estraté­ gica eficaz -y peligrosa- en potencia. Todos in­ currimos en esta clase de arrogancia de vez en cuando ¡y en los errores que la acompañan! Sin embargo, una de las características del ajedrez es su flujo y reflujo, ya tome la forma de conce­ siones menores, cambiando un rasgo por otro, ya tome la forma de algo más extremado y per­ ceptible. A la larga, no hay sino un resultado -al final de la partida-, y todas las pequeñas victo­ rias que se hayan obtenido en el camino son irre­ levantes, así que no dé demasiado crédito a lo que parece una ganancia considerable, ya que hacer eso crea la desagradable costumbre de provocar errores garrafales que no suelen tener nada que ver con el tema original.

¡Atención a la jugada aguafiestas!

Durante una fase táctica de la partida o al analizar una situación complicada, recordamos (o deberíamos recordar) que hay que mantener los

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16 ERR O RE S GARRA F A L E S E N AJEDREZ. C O N O CER L O S. EVITAR L O S

ojos bien abiertos ante la proverbial aguafiestas, la jugada que consigue interrumpir nuestra acción y estropearlo todo. Sin embargo, cuando ninguno de los bandos está lanzando una ofensiva o no hay razón para creer que la partida ha entrado en zona de peligro, bajamos un poco la guardia en este sentido. Centramos la atención, en cambio, en la estrategia -sobria- que tenemos a mano, quizás con la idea de neutralizar una pieza enemi­ ga conflictiva en potencia o aseguramos un pues­ to avanzado aceptable. Un caso corriente en el que la interferencia inesperada puede ser desas­ trosa es cuando se concibe un cambio temático, en el que las consideraciones posicionales tras­ cienden todo lo demás y hacen al jugador más vulnerable a una sorpresa desagradable.

Vasiesiu-Felecan

Bucarest, 1997

Las blancas acaban de adelantar el peón ccf>>' que, gracias al caballo central, el alfil de c2 y la torre que lo apoyan, puede seguir avanzando, después de lo cual las negras corren el peligro de verse arrolladas en el flanco de rey. Es obvio que el segundo jugador tiene que hacer algo para mantener la cabeza a flote. Empieza con buen pie, eliminando el caballo bien situado.

1 4 .... , ct:Jxd 4 15. cxd 4, itf5?

Siguiendo con el objetivo de cambiar las pie­ zas menores más influyentes de las blancas. Hay otra manera de molestar al alfil, 15 . ... , �c6!, usando el tiempo que se gana al atacarlo para golpear en el centro después de 16. it d3, �b6; p. ej.: 17. ctJb3, c5, y las blancas están lo bas­ tante distraídas, o 17. �f2, c5 (17 . ... , ct:Jc5!?).

16. e6!, 1 - o

Tanto 16 . ... , �xe6 como 16 . ... , fxe6 pier­ den por 17. itxt5, y si 16 . ... , itxe6, 17. f5 es decisiva. La aguafiestas gana. El peón blanco es­ tuvo en e5 un buen rato, sin que avanzarlo fuera útil hasta el momento, pero al llegar su compa­ ñero a f4, el segundo jugador debía haber com­ probado ideas que implicaran clavadas por la columna cce» (resultantes de e6) seguidas de f5. Es irrelevante que hubiera o no algo de lo que asustarse: lo que importa es que debería haberlo explorado de todos modos.

Más aún, en cuanto se planteó hacer ... , itf5 debería haber comprobado otra vez la co­ nexión entre el alfil y la dama, que lo defendía, y aquí vuelve a entrar en juego e6, pero vio su plan de liquidación como el adecuado para cortar de raíz la presión blanca, y por lo que a eso se refe­ ría ya se había hecho la mitad de la tarea con ... ,

ct:Jxd4. Puesto que el proceso en sí no lleva más que dos jugadas (tres incluyendo itxt5, �xf5), no se le ocurrió que pudiera interrumpirse. No obstante, si ya hay que ir con cuidado en planes de una jugada, ¡uno que implique dos debería merecer el doble de atención!

Vigile las jugadas amenazadoras que tiene el rival

Incluso Krámnik, que todo lo ve, no apreció hace poco la amenaza clave que planteaba la ju­ gada anterior del adversario.

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Akopián-Krámnik

Wijk aan Zee, 2004

B

La dama negra acaba de llegar a a2, y pare­

ce que va a seguirle la obvia ... , ltJc4. Las blan­ cas tienen que generar amenazas.

27. ltJf5, ltJc4 28. � c3, ...

El caballo blanco tiene la mira puesta en g7 y -en particular- en e?. Las negras tienen dos opciones: 28 . ... , �xb2+ 29. �xb2, l2Jxb2 30. �xb2, U e? (p. ej.: 31. t2Jxg7, �xg7 32.

.l::!. h7+, �fa 33. ld h8+, j_ga 34. j,d5,

�g7) o mantener la tensión y la presión sobre el rey blanco con ... , gc7 directa. Creyendo que su rey estaba seguro, Krámnik eligió esta última.

28 . ... , U c7?? 29. gh7!!, ...

N

Puesto que esta jugada es la que les gustaría hacer a las blancas, y puesto que plantea un ja­ que en descubierta si se captura la torre, es algo que las negras deberían haber estudiado al me­ nos como posibilidad -en particular en este ni­ vel-. De hecho, en caso de 29 . ... , �xh7 30.

t2Jxe7+, las negras están perdidas por completo; p. ej.: 30 . ... , �h6 31 . .ld h1+, j,h5 32. g4.

N

La partida continuó:

29. . .. , �x b2+ 30. �x b2 , l2Jx b2 31.

� x g7+, �f8 32. ll h1 !, 1 -O

Así pues, si bien CDf5 amenazaba una hor­ quilla en e?, la amenaza real, aunque escondida, era alcanzar al rey negro con � h7. Si volvemos al diagrama inicial, en el que el caballo blanco es­ taba en d4 y el alfil vigilaba h7, se da el hecho in­

teresante de que .id h7 era inocua. Quizás pueda

decirse en defensa de Krámnik que tras decidir que la jugada no era eficaz, no la incluyó en su análisis un par de jugadas más tarde, porque las blancas ni siquiera tenían influencia en h7. Y ahí radica una causa común de errores garrafales: una jugada o idea hasta entonces inofensiva puede transformarse con gran facilidad en gana­ dora, y pese a ello cometemos a menudo la equivocación de desechar esas posibilidades y quitarlas de la lista de prioridades, aunque las circunstancias hayan cambiado.

Evite el exceso de confianza

Nuestro próximo ejemplo trae a colación un episodio de la cuarta partida del encuentro dispu­

tado entre Garri Kaspárov y X3D Fritz a finales

de 2003, en el que el representante de los huma­ nos cometió un error garrafal justo cuando pare­ cía que llevaba las riendas de la partida.

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18 ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJEDREZ. C O N O CER L O S . EVITAR L O S

X3D Fritz-Kaspárov

Campeonato del Mundo Hombre-Máquina

X3D, Nueva York, 2003

B

La posición del diagrama surgió en la segunda

partida {la primera fue tablas); en ella, la máquina (que es mano) controla el flanco de dama, mientras que el hombre deja sentir su presencia en el flanco

de rey. La mayoría de los jugadores fuertes que lle­

varan las blancas continuaría incrementando la presión, quizás mejorando la posición de la dama

poniéndola en c4. Sin embargo, a los ordenadores

les gusta obtener el máximo rendimiento de las pie­ zas, de modo que la próxima jugada de la máquina tiene por objeto abrir líneas para facilitar la explota­ ción de su supremacía territorial.

28. cxd 6?!, . . .

Esta transacción debió de ser u n gran alivio para Kaspárov, que, en lo sucesivo, no se preo­ cupa del flanco de dama (en el que las blancas han quedado limitadas a un único plan) y con­ centra todas las energías en lanzar una ofensiva por el flanco de rey.

28 . ... , cxd 6 29. b5, ax b5 30. �x b5, . . .

N

Todo según el plan de las blancas, pero las negras también tienen una misión que cumplir. Aquí se ha sugerido 30 . ... , h4 directa, y parece que las negras van bastante bien después de 31. 'iWc4, l2Jd4 32. �xd4, exd4 33. l2Jd2, �e5. Kaspárov prefiere una formación alternativa.

30 . . . . , � h6?! 31 . � b6, . . .

Una amenaza «barata .. de la máquina, ya que el peón de d6 está clavado sobre la dama.

31 . . . . , <;t> h7

Parando la amenaza, pero preparándose pa­ ra cometer un costoso error. 31 . ... , .l:i. f6!? 32.

�c7, g8f7 33. 'iWc4 (33. 'iWdB+, �h7), .l:i.g7 34. �c3, h4 35. �d2, �xd2 36 . .i:lxd2 se ha valorado como bueno para las negras. Nótese que 32. '{i'xb7? tropieza con 32 . ... , lbe3! 33. !:í.4xe3, �xe3 34. lbxe3, �d3 35 . .l:i.e1,

� d2 36. .a_ f1, .l:i. xf2, etc. Otra posibilidad es

31 . . . .• n g7 32. l2Jg3, h4 33. l2Jxt5, 1::!. xt5 34.

�a3, ld f6, y «las negras están claramente me­ jor» según Kaspárov.

La textual defiende la dama al tiempo que quita el rey de la columna «g» para alinear en ella las piezas mayores. Kaspárov ya iba un poco mal de tiempo aquí, pero el factor más importan­ te parece ser su exceso de confianza, puesto que la máquina había aflojado mucho la presión al cambiar en d6.

32. �b4, ...

Es interesante que, según Franz Morsch, pro­

gramador de X3D Fritz, también las blancas se

habían implicado en la agresión del bando negro por el flanco de rey y la ofensiva que se avecina; la última jugada combina la dama y la torre por la cuarta fila para impedir ... , h4 al vigilar el peón de g4. Así, ambos jugadores están involucrados aho­ ra en la búsqueda que hacen las negras de un medio para invadir el flanco de rey. Sin embargo, la diferencia, capital, es que las blancas son una máquina que no puede distraerse, no tiene senti­ mientos, ni adrenalina, ni nervios y, en conse­ cuencia, no es proclive a cometer errores tácticos garrafales, mientras que el segundo jugador -por más brillante que sea- lleva consigo las debilida­ des propias de todos los humanos, las cuales, inevitablemente, pueden dificultar el proceso de reflexión en un momento dado.

(20)

8

Intransigente y agresivo, Kaspárov reacciona a la medida defensiva de la máquina renovando la amenaza de adelantar el peón «h>>. De hecho, no parece haber pensado en otra cosa desde que nos incorporamos a la partida. Por desgra­ cia, en sus esfuerzos por demostrar qué ataque por el flanco es el más fuerte, no advirtió la se­ gunda justificación de 32. �b4, jugada que tenía dos finalidades.

32 . ... , éLJg7 se ha evaluado como un poco mejor para las blancas, pero me parece que las negras están bien; la mejora propuesta por Kas­ párov es 32 . ... , U ga 33. éLJg3, ttJxg3 34. hxg3, h4! 35. gxh4, g3; p. ej.: 36. fxg3 (36. f3, �f4), �xg3 37. �c3, U f3. Hay también 32. ... , U c7. Dicho de otra manera, Kaspárov ha­ bía llevado la partida sin ningún problema has­ ta la posición del diagrama, cuando la emoción desempeñó un desafortunado papel al pensar Kaspárov que iba lanzado, que la partida se es­ taba decantando a su favor.

33 . .l:!.xe5!, ...

Explotando otra clavada del peón de d6, es­ ta vez en la diagonal a3-fa, ya que la torre, que estaba protegida tres veces hace solamente dos jugadas, no tiene ahora apoyo alguno (este ex­ traño hecho hace que sea más fácil comprender el error, pero aquí estamos hablando de Kaspá­ rov). También es posible 33. �xe5.

33 . ... , dxe5 34. �x f8, ...

Ahí se va, y con ella la esperanza de las ne­ gras.

34 . ... , éLld 4?

No es lo mejor, pero a estas alturas -un peón menos y una mala posición ante una máquina que está inmunizada contra los errores

garrafa-les- el resultado es casi inevitable. 34 . ... , Ud7 35. �ca, �f7 es el mal menor.

35. �xd4, exd 4 36 . .1;d eS, ...

N

Hurgando en la herida al poner de relieve otro problema creado por el defectuoso plan ... ,

�h7 y ... , Ug7.

36 . ... , U g8 37. �e7+, U g7

37 . ... , �g7 3a. �e4+, �g6 39 . .l;de7+, �ha 40. ¡yxd4+, �g7 41. 'ii'b6.

38. �d 8, l:i. g8 39. �d7+, 1 - o

39. 'iYd7+, .l;dg7 40. �ca, .Uga 41. Uxga, �xga 42. �xb7+, �g6 43. a6, etc. Debería señalar -como uno de los millones de admirado­ res que sienten un respeto reverencial por el ta­ lento de Kaspárov- que Gazza se recuperó con brillante estilo anticomputadora y niveló el en­ cuentro; en cierto modo, el hecho de que no con­ siguiera ganarlo queda atenuado por ser este terrible error el culpable de ello. Esta vez, Kaspá­ rov tuvo que pagar un precio por su ambición, empuje y (exceso de) confianza. Es humano, y, al fin y al cabo, todos nos equivocamos.

Una causa habitual de que nuestro sentido del peligro nos abandone es que un adversario de evaluación inferior muestre «debilidad>> en la fase de apertura. Sea esta debilidad falta de conoci­ mientos teóricos o una aparente falta de técnica o entendimiento, el resultado es que bajamos la guardia. Pensamos algo así como: «Si es incapaz de demostrar un nivel de competencia aceptable en las diez primeras jugadas más o menos, tam­ poco será capaz de crear problemas graves, así que el plan es ir "poniendo bien" las piezas y es­ perar a que se equivoque a medida que avanza la

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reali-20 E R R O R E S G A R R A FA L E S E N A J E D RE Z . e O N O e E R L O S . E V ITA R L O S

dad, semejante exceso de confianza y la relaja­ ción del sentido del peligro son los ingredientes perfectos para que suframos un bochornoso re­ vés, como demuestra el ejemplo siguiente. El elo FIDE de las blancas es 2.290, mientras que el de las negras supera los 2.500.

Carlsson-Mm-tensen

Copenhague, 1998

Defensa Siciliana

1. e4, eS 2. ét:Jf3, e 6 3. d 4, cxd 4 4. ét:Jxd 4,

a6 S. �d 3, ét:Jf6

La Defensa Siciliana puede ser un arma arriesgada para batir a jugadores más débiles por­ que las líneas principales suelen ser complejísi­ mas y, contra un adversario liante y completo, es fácil que una gran diferencia de elo pierda su im­

portancia. La flexible Variante Kan tiene la ventaja

para el jugador más fuerte de privar a las blancas de sistemas de ataque fáciles de aprender.

6. ét:Jd2!?, •..

Uno se imagina que aquí se han probado va­

rias jugadas, pero la textual es una rareza. La con­

tinuación principal es la lógica 6. 0-0, después de la cual las blancas pueden entrar en una Forma­

ción Maróczy con c4 o seguir con los preparativos

por el flanco de rey, quizás con c;t>h1, seguida de f4, etc. Tanto 6 . ... , d6 como 6 . ... , VJ/ic7 son ré­ plicas sensatas a 6. 0-0. Es importante darse cuenta de que reclamar el centro con 6 . ... , d5 7. e5, ét:Jfd7? al estilo de la Variante Tarrasch de la Francesa, es aquí una equivocación, ya que las blancas aplastan al rival mediante 8. lt:Jxe6!;

en-tonces, 8 . ... , fxe6 9. VJ/ih5+ es terminante. Por ejemplo: 9 . ... , c;t>e7 10. �g5+, ét:Jf6 11. exf6+, gxf6 12. �xf6+, c;t>xt6 13. VJ/ih4+, etc. Sin em­ bargo (al menos, viéndolo desde el lado donde se sienta el segundo jugador), las blancas ya han mostrado su ignorancia con la textual, de torpe aspecto, que coloca mal el caballo si va a jugarse c4 (entonces tiene que ir a c3) y no con­ tribuye en nada a la estrategia por el flanco de rey. En consecuencia, el bando negro juzga -tal vez sin pensarlo muchcr- que la jugada 6 de las blancas no se hace porque le permite obrar en el centro.

6 . ... , dS

6 . ... , VJ/ic7 es flexible y la jugada de Kan. 7. e s, ét:J fd7?

Sin duda, Mortensen esperaba 8. ét:J2f3, ét:Jc6, con la típica lucha que se da en la France­ sa en torno a d4 y e5 y para la que las tropas ne­ gras están bien situadas. Como veremos, eso no sucede, razón por la que las pocas veces que se ha visto 6. ét:Jd2, d5 7. e5 en la práctica interna­ cional, las negras juegan 7 . ... , ét:Je4; el quid es que a las capturas en e4 sigue ... , VJ/ia5+, captu­ rando el peón de e5.

8. lt:Jxe 6!, ...

Y esto, decididamente, no es lo que las ne­ gras esperaban porque, en comparación con el sacrificio que se produce después de 6. 0-0 (véa­ se más atrás), esta vez el caballo de d2 obstruye el paso al alfil y descarta así la mortífera �g5+. Umm .. .

8 . ... , fxe 6 9. VJ/ihS+, g6?

Quizás las negras tenían la intención de jugar en principio 9 . ... , c;t>e7 10. ét:Jf3, VJ/ib6 (10 . ... ,

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h6 11. �h4+[11.4jh4?,4Jc5 12.4Jg6+, �d7 13. 4jxh8, 4jxd3+ 14. cxd3, �b4+ 15. �d2, �xd2+ 16. �xd2, �xh8 17. �f7+, �d8 18. l:hc1, 4jc6]11 . ... , g5 12. �xg5+, hxg5 13. � xh8 es muy bueno para las blancas) 11. �g5+, 4Jf6 12. exf6+, gxf6 y no fue hasta este punto cuando vieron 13. �xf6+!, �xf6 14. �e5+, etc. En consecuencia, ya deben de estar preparadas para repartir el punto.

1 0. �x g6+, hx g6 11. �x g6+, ...

11. �xh8?, �c7 12. 4jf3, �xc2 13. 0-0, 4jc6 favorece a las negras.

1 1 . ... , �e7

Ahora el bando blanco puede forzar las ta­ blas con 12. �g5+, �e8 13. �g6+, etcétera, pero sabe que los jugadores fuertes y con elo co­ meten errores graves y no teme jugar a rematar la partida.

12. 4jc4!, ...

12. 4j f3 es la jugada obvia, pero la textual es todavía más pulcra.

12 . ... , �h6 1 3. �g5+!, ...

13. �xh6?, �g8! deja que las negras se escabullan.

1 3 .... , �ta

Después de 13 . ... , �xg5 14. �g7+, �e8 15. 4Jd6 mate, vemos el quid de la jugada 12 de las blancas.

1 4. �xd 8,dx c4

Entre las negras reina la confusión.

15. �c7, ...

Amenazando 16. �d6 mate.

15 . ... , �g7 1 6. �xe6, 1 -O

Dando por sentado que un jugador del nivel de Mortensen conocería bien la teoría y, por tan­ to, compararía 6. 0-0 y 6. 4jd2 en relación con 4Jxe6, 7 . ... , 4jfd7? no puede etiquetarse de error corriente. En este contexto, si de veras esta­ ba familiarizado con 4Jxe6, si ni siquiera tuvo que encontrar la jugada (más bien solamente analizar­ la), el error hay que atribuirlo a un mal plantea­ miento. Y si no apreciamos nuestras propias debilidades -sino que, al contrario, nos sentimos reforzados por las del adversario-, continuaremos cometiendo errores garrafales.

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2. CE LADA S

Y

A SE CHANZA S

Lo ideal es aprender de nuestras equivoca­ ciones registrando los detalles necesarios de un desgraciado revés, de modo que la información pueda usarse en beneficio propio la próxima vez que surja una situación así. Desde luego, esta estrategia de refuerzo no es infalible (¿y si el pró­ ximo escenario parecido no se produce hasta dentro de veinte años?), pero es útil de todos mo­ dos. Se sigue, entonces, que nos familiarizamos con una serie de temas liosos y errores a fin de ampliar nuestra experiencia antes de sentarnos a jugar, en vez de aprender con el desagradable método de acumular desastres -evitables- con el correr de los años. Aquí tenemos, para empe­ zar, una selección de situaciones liosas.

La tranquila jugada liosa

¿Cuántas veces hemos respondido a una ju­ gada modesta -pasiva, incluso- de una manera natural y coherente para acabar dándonos cuen­ ta de que hemos caído en una astuta celada? Demasiadas. En estos tiempos de salvaje teoría de aperturas, puede ser un cambio agradable, en particular llevando las negras, disfrutar de un fá­ cil desarrollo sin la perspectiva de que haya es­ caramuzas tempranas o ser objeto de un feroz ataque. Algunos jugadores no cogen el ritmo hasta el medio juego, cuando se ha determinado el paisaje de la partida. Esos jugadores, llamados sólidos, dan un suspiro de alivio cuando queda claro que la transición de la apertura al medio juego será suave y sin problemas, cuando toda nueva jugada no requiere largos y pesados aná­ lisis de las complicaciones. Irónicamente, la aper­ tura en apariencia calmosa, insulsa, puede ser tan peligrosa como la Variante Najdorf de la Sici­ liana o el Gambito de Rey si cometemos la equi­ vocación de equiparar tranquilo a inofensivo. Observe la partida siguiente.

Sula va-Welling

Andorra, 1999

Sistema Ptibyl

1 . t¿jf3, d 6 2. d 4, .i, g4

Este sistema ofrece a las negras buenas opor­ tunidades de superar al adversario y es popular entre aquellos a quienes les gusta que el rival piense por sí mismo. Las blancas pueden esperar obtener ventaja, pero la partida tiende a girar en tomo a una buena estrategia a la antigua usanza.

3. e 3, . ..

N

Las blancas tampoco están interesadas en implicarse en la línea principal, que comienza por la secuencia natural 3. e4, t¿jf6 4. l¿jc3. La alter­

nativa principal a e4 es el fianchetto por el flanco

de rey, concebido para explotar el temprano de­ sarrollo del alfil de c8. La textual, por otra parte, sugiere que las blancas están contentas con dar un paseo hasta el medio juego.

3 . ... , t¿jd7 Preparando ... , e5. 4 . .i,e2, e5?

Al MI holandés podría perdonársele esta ex­ pansión, de lo más natural, dado que la posición se parece a otros muchos ejemplos corrientes de . .. , e5 (la diferencia es que parece más tranquila que la mayoría). Sin embargo, las blancas pue­ den ganar ahora un peón por fuerza.

(24)

5. dxe5!, dxe5

No 5 . ... , l¿jxe5? 6. l¿jxe5, �xe2 7. �xe2, dxe5 8. �b5+, y las negras pierden un peón a cambio de nada.

6. tZ:lxe5!, ...

N

¿Merecen las blancas librarse con esto? Su­ pongo que sí. Una idea es que a 6 . ... , l¿jxe5 se contesta 7. �xg4, etc. Como gran admirador que soy de los sistemas que implican 1 . ... , d6 (en respuesta a cualquier cosa), he tenido el du­ doso placer de cometer el mismo error que el se­ ñor Welling, pero lo gracioso es que jugué 4 . ... , e5? ¡varias veces antes de que me dieran la lec­ ción! Fui totalmente ajeno a la descarada ga­ nancia de peón que tienen las blancas durante mucho tiempo, hasta que hace una década más o menos, un adversario que tenía un modesto elo FIDE se sumió en profundas cavilaciones en la jugada 5 en un torneo de ajedrez rápido (no es buena señal). Hasta entonces, todo el mundo ha­ bía replicado casi de manera instantánea 5. c4 o 5. 0-0, pero él logró encontrar la refutación del juego tradicional de las negras. En aquella parti­ da se continuó con 6 . ... , �b4+!? (esto parece mejor que la continuación de la partida principal) 7. c3, l¿jxe5 8. �xg4, �xd1+ (8 . ... , tLld3+ 9. �e2, l¿jxc1+ 10. �xc1, �d6 es otra opción; las blancas tienen un buen peón más) 9. �xd1, t¿jd3+ 10. �d2, 0-0-0, que parece estar bien, pero luego de 11. �c2 las esperanzas de obte­ ner compensación se habían esfumado, ya que

11 . ... , tZ:lxt2 12 . .a;, f1 mete a las negras en pro­

blemas; p. ej.: 12 . ... , �xd1 13. 1dxf2, etc. Po­ cos meses más tarde, en la penúltima ronda de un torneo más serio que se jugaba en París,

es-taba sentado al lado del GM Goldin (ahora esta­ dounidense) y observé divertido cómo se encon­ tró en la misma situación después de 4. il,e2. También adelantó 4 . ... , e5? (sin pensarlo un mo­ mento), pero vio la luz cuando su adversario (MI) tomó en e5 al cabo de segundos.

6 . . .. , il,xe2

La otra opción, que da a las blancas la opor­ tunidad de llevar a cabo la idea principal que se esconde tras la celada.

7. �xd7+, ...

N

Las mejores celadas muestran las ideas más inverosímiles, y no me sorprendería ver caer a más jugadores en esta trampa, ya que la posi­ ción del diagrama está a años luz de distancia de las expectativas sobrias y de bajo tono que acompañan a 4 . ... , e5?

7 . ... , �xd7 8. tZ:lxd7, �xd7

8 . ... , il,a6 9. tLl xf8 no altera la valoración, y

las blancas pueden meter el rey en f2 después de jugar f3.

(25)

24 ERR O RE S GARRA FA L E S E N AJ EDREZ . C O N O CER L O S . EVITAR L O S

El primer jugador tiene un peón de ventaja, y el bando negro carece de compensación en con­ trapartida. Más aún, imagínese los ánimos res­ pectivos de los jugadores en este punto. No se han hecho más que nueve jugadas, y las negras ya tienen la sensación de estar en el lado que no corresponde en un final prácticamente decisivo.

9 . ... , g6

9 . ... , ébf6 parece mejor, pero las negras to-davía están aturdidas.

1 0 . .ti.d 1+, � c6 1 1. i.,d2!, i.,g7 12. i.,c3,

j,x c3 1 3. ébx c3, ébe7 1 4. � d 4, 1 -O

El abandono puede parecer prematuro, pe­ ro las blancas llevan mucha delantera. Aparte de que no hay indicio alguno de que vaya a pa­ sar nada raro, merece la pena señalar que juga­ dores más fuertes no estudiarían 5. dxe5 de todos modos. En estas posiciones, se sabe que capturar en e5 es una equivocación desde el punto de vista de las blancas porque libera la tensión en el centro, renuncia a toda posibilidad de hacerse con una ventaja de espacio median­ te un futuro d5 y también da al alfil de casillas negras del enemigo más radio de acción al qui­ tar el peón de d6 (luego de ... , dxe5). En conse­ cuencia, tenemos otra situación en la que jugadores de menos nivel podrían evitar el error porque dxe5 formaría parte entonces del análi­ sis de 4 . ... , e5. Desde luego, el mejor consejo que puede darse en posiciones de calma apa­ rente es andarse con mucho ojo, en particular cuando la próxima jugada inicia capturas. El ajedrez es tan rico en posibilidades que el peli­ gro está siempre a la vuelta de la esquina.

Lo que sigue no es tanto una celada como una falta de entendimiento por parte de las ne­ gras. Em. Lasker-Müller Zúrich, 1 934 Defensa Caro-Kann 1. e 4, c6 2. ébc3, d5 3. ébf3, dxe 4 4. ébxe 4, j,f5 5. 4Jg3, ...

Esta partida se jugó en 1934, pero el error que sigue todavía pulula por ahí hoy en día.

5 . ... , j,g6?

5 . ... , i.,g4 es preceptiva, pero es obvio que las negras están acostumbradas a la línea princi­ pal: 1. e4, c6 2. d4, d5 3. ébc3, dxe4 4. ébxe4, j,f5 5. 4Jg3, j,g6, etc. Sin embargo, aquí la di­ ferencia clave es que al sustituir d4 por ébf3 las blancas se dan un tiempo suplementario que va muy bien contra el jugador confiado.

6. h4!, . ..

Amenazando ganar el alfil por medio de 7. h5.

6 . ... , h6

6 . ... , h5 7. ct:Je5, �d6 8. 4Jxg6, �xg6 9. d4 da una peligrosa ventaja de desarrollo, la pa­ reja de alfiles y un objetivo en h5 a las blancas.

7. ébe5!, ...

Y aquí está el problema de las negras. Por lo común, al haber un peón blanco en d4 y estar el caballo todavía en g1, el bando negro puede adelantarse a esto contestando a ttJ f3 con ... , ébd7. El primer jugador ya tiene mucha ventaja, y las negras se ven obligadas a hacer una onero­ sa concesión posicional o material.

7 . ... , i.,h7?!

Es obvio que 7 . ... , 'i;Yd6 8. 4Jxg6, �xg6 9. d4 es feo, pero la textual parece aún peor.

8. �h5, ... Evidente y la mejor. 8 . ... , g6

8 . ... , �d5? 9. j,c4 es terrible, de modo que las negras deben encerrar su alfil favorito.

9. �f3, ...

Vuelve a haber la amenaza de mate. 9 . ... , ébf6

(26)

Esta vez, 9 . ... , �d5 pierde por 10. �xd5, cxd5 11 . � b5+, pues ... , <;t> d8 se mete en la horquilla en f7.

1 0. � b3!, . . .

N

Esta jugada amenaza mate por tercera vez consecutiva (!) y es el toque final de la estrategia blanca, prácticamente decisiva; el quid es que, de repente, el peón de b7 está en el punto de mira.

1 0 . . . . , l{Wd5

10 . ... , t¿jd5 11. �xb7, �c7 12. l{Wxc7 deja a las blancas con un peón gratis y mejor partida.

1 1 . �x b7!, l{Wxe5+ 12 . �e2, [ . . . ] 1 -O

La torre negra está a punto de desaparecer, y hay que encarar una cuarta amenaza de mate en una. Las blancas van a salir de la aventura a la que se lanzaron en la apertura con una cali­ dad y un peón de ventaja. En uno de los libros que he consultado, las negras abandonan aquí, pero creo que arrastraron la partida veinte juga­ das más antes de tirar la toalla. Sea como fuere, no necesitamos ir más lejos. Tal vez vea esta «celada» (y esta posición) durante su carrera ajedrecística (esperemos que desde el lado de las blancas). Son muchísimos los jugadores que se equivocan muy al principio de la partida debi­ do a que ¡no entienden bien sus propias líneas favoritas!

Temas

Veamos una celada muy popular que siem­ pre se cobra algunas víctimas entre los juveniles.

1 . e4, e6 2. d 4, d5 3. e5, c5 4. c3, . . . En la Variante del Avance de la Defensa Fran­ cesa, las blancas se esfuerzan por mantener un

bastión en el centro apoyando bien d4 y e5; el ob­ jetivo es obtener más espacio y explotarlo.

4 . . . . , tZ'lc6 5. tZ'lf3, �b6

Llevando otra pieza para vigilar d4 y hacer que las blancas lo piensen dos veces antes de poner el alfil en el lugar más activo, d3.

6. �d 3, . . .

¿Pierde esto un peón? 6 . . . . , cxd 4 7. cxd 4, l¿jxd 4?

Mordiendo el anzuelo. Es necesaria 7 . ... , �d7; entonces, el bando blanco está preparado para entregar ambos peones centrales a cambio de adelantarse en el desarrollo.

a. l¿jxd4, �xd 4?? 9. �b5+, . . .

N

El jaque anuncia un ataque en descubierta a la dama, y las blancas ganan.

Este truco, con el que muchos jugadores es­ tán familiarizados, es fácil. Sin embargo, no to­ dos esos jugadores emplean la Francesa ni contestan 3. e5 al enfrentarse a ella. Darse cuenta de errores así no es un lujo que esté al alcance únicamente de los ajedrecistas en

(27)

cu-26 E R R O R E S G A R R A F A L E S E N A J E D R E Z . e O N O e E R L O S . E V I T A R L O S

yas aperturas aparecen. Más aún, el mismo te­ ma general puede aparecer en varias situacio­ nes y de varias formas, así que merece la pena pasar un poco de tiempo -por lo común al estu­ diar la teoría de aperturas- asegurándose de que se conocen ciertas «celadas» -para evitar­ las o tenderlas-, pues se sorprendería usted de lo corrientes que son.

Pasemos a la siguiente:

La posición del diagrama se produjo a partir de una Caro-Kann (1. e4, c6 2. d4, d5 3. e5, i,f5). Las blancas quieren estabilizar el centro y dejar que sus peones avanzados sean los que cojan la batuta a principios del medio juego.

1 0 .... , lbxd 4 1 1. cxd 4, � b6

Atacando los peones de b2 y d4, ninguno de los cuales está protegido. De hecho, al no estar ya el alfil de dama blanco, el primer jugador corre el peligro de sufrir por las casillas negras; eso ayuda a explicar la jugada siguiente.

12. �d2, �xd 4??

Hay que hacer 12 . ... , e6, que es segura. La textual pierde, pero las negras se figuran que la captura es factible porque el alfil de d7 descarta el desagradable jaque en b5 y el ataque en des­ cubierta a la dama que conlleva. Sin embargo, una mirada más atenta a la relación existente entre las piezas clave del ejemplo anterior -Va­ riante del Avance de la Francesa-, a saber, la dama y el alfil blancos y la dama y el rey negros, nos permite captar mejor la posición que nos ocupa ...

1 3. e 6!, ...

¡Hay muchas maneras de despellejar un co­ nejo, como dice el refrán! El alfil negro estará ta­ pando el jaque, pero la última jugada de las blancas gana en el acto; p. ej.: 13 . ... , i,xe6 14. i,b5+, 13 . ... , fxe6 14. i,g6+ o 13 . ... , i,c6 14. exf7+, y 14 . ... , c;t>xt7 15. i,g6+ sigue ga­ nando la dama, lo que significa que las negras deben desprenderse del alfil después de 13. e6.

Una vez que conocemos bien un tema deter­ minado, podemos, en una partida, prever las si­ tuaciones en las que podría ser un rasgo de la posición y obrar en consecuencia.

Medina-Zapuseck

Olimpiada de Siegen, 1970

Defensa Francesa

1 . e 4, e 6 2. d 4, d5 3. ctJd2, c5 4. l2Jgf3, lbc6 5. exd5, �xd5 6. i,c4, �f5?!

Las negras quieren mantener la dama en jue­ go; retirarla a d6 permite lbe4, pero volver a la base con 6 . ... , �d8 es apropiado.

(28)

7. o-o, t2Jf6

7 . ... , cxd4 8. étjb3, e5 9. Ue1 (o incluso 9. étjg5) es incómodo para las negras, cuyo plan es, sencillamente, movilizar el flanco de rey.

8 . .:':t::l b3, a6 9 . .l::i,e 1, �e7 1 0. étjx c5!, �x c5 1 1. �d3!, ...

Artera reubicación del alfil. 1 1 . . .. , � h5 12. dx c5, o-o?

Despidiéndose de manera definitiva del plan de volver a capturar en c5. No obstante, el flojo juego de apertura que ha realizado el bando ne­ gro ya ha causado daños considerables, y 12 . ... , ¡yxc5 13. �e3, �e7 14. �f4 plantea casi la misma celada que la partida y deja a las blancas con gran ventaja, pues mandan por los escaques negros.

1 3. �f4!, ...

Amenazando plantar el alfil en d6, que­ dándose con ventaja decisiva. Teniendo presen­ tes los ejemplos anteriores, ¿ve usted lo que se avecina?

1 3 .... , �x c5?? 1 4. �d 6!, . ..

N

Una situación de todo punto distinta, pero el tema es exactamente el mismo. Las negras no pueden permitirse tomar el alfil debido a 15. �xh7+ y 16. ¡vxd6, así que están obligadas a ceder la calidad en f8, por la que no hay compen­ sación.

Reacción en cadena

No es infrecuente que un peón gane una par­ tida sin hacer nada más complicado que tomar piezas. Aquí tenemos una bonita celada basada en el peón «comilón».

1. e4, d 6 2. d 4, étjf6 3. étjc3, g6 4. �g5, �g7 5. �d2, . . .

N

Las blancas no esperan. La posición agresiva y la amenaza de acabar con el alfil <<importante» de las negras puede que sean simplonas, pero es­ tos sistemas no son fáciles de tratar con negras.

Los practicantes de la Pire que han crecido apega­ dos al alfil de g7 tal vez probaran 5 . ... , h6 6.

�h4, g5 7. �g3, ctJh5 8. 0-0-0, étjd7 9. étjge2, e6, aunque quizás esto no sea del gusto de todo el mundo (al menos descarta toda jugarreta que im­ plique e5). Luego de 10. h4, a6 11. �h2, gxh4 12. e5, étjb6 13. lbf4, lbxt4 14. �xf4, las blancas tenían ventaja en Lékó-Svidler, Groninga, 1996.

5 . . . . , c6 6. o-o-o, ¡vas, ...

6 . ... , 0-0 es un poco mejor para el bando blanco después de 7. �h6. La textual gana un tiempo y está concebida para explotar el hecho de que las blancas se hayan enrocado enseguida.

7. étjf3, b5?

Las negras parten para el desastre; la idea es frenar al adversario minando la protección de

(29)

28 E R R O R E S G A R R A FA L E S E N A J E D RE Z . e O N O e E R L O S . E VI T A R L O S

e4 y d5 aprovechando que la dama blanca está a una distancia del peón «b•• que puede resultarle peligrosa. Incluso merece la pena pensar aquí 7 . . . . , h6 si las negras están contentas con dejar el rey en el centro. 7 . ... , J,g4 parece lógica.

8. e5!, ...

N

Haciendo caso omiso del agresivo avance del rival -de hecho, dándole la bienvenida-.

8 . ... , b4??

Consecuente y perdedora, aunque 8. dxe5 9. dxe5, ltjfd7 no inspiró mucha confianza en P. Helbig-Wojtczik, correspondencia, 1967: 10. �b1 (las blancas deberían evitar 10. J,xb5?, cxb5 11. �d5, �b6 12. �xa8, J,b7, etc.) 10 . ... , b4 (10 . ... , ltjxe5 11. t2Jxe5, J,xe5 12. J,xe7, �xe7? 13. t¿jd5+, cxd5 14. �xa5) 11. ltje4, ltjxe5 12. ltjd6+!, etc.

9. exf6, bx c3?

9 . ... , exf6 10. ltje4, fxg5 11. ltjxd6+ es el mal menor, que, de todos modos, es decisivo; p. ej.: 11 . ... , �e7 12. tbe5!, y las negras están en una situación desesperada.

1 0. �x c3!, �x c3 1 1. fx g7!, ...

N

Las negras están a punto de perder por puntos. Estamos muy acostumbrados a valorar un ataque a la dama como si fuera un jaque, de modo que no estudiamos sino las jugadas que hacen frente a ese ataque y dejamos que se nos escapen las alternativas fuertes. Sin embar­ go, recuerde que la dama es una pieza como las demás.

Veamos ahora una ingeniosa manera de ex­ plotar el concepto a cargo de Tal.

Tal-N. N.

Exhibición de simultáneas, Stuttgart, 1958

Defensa Siciliana

Nota bene: Dependiendo de la fuente, esta partida se jugó en 1958, 1969 o 1970, y se han dado dos nombres distintos a la víctima de Tal. Sea como fuere, las jugadas en sí son un ejem­ plo instructivo de un sencillo error garrafal de captura múltiple.

En la liosa Variante del Dragón de la Sicilia­ na, las negras se las han arreglado sin enrocar, usando el tiempo que se han ahorrado para tra­ bajar en el flanco de dama. Otro quid de no enro­ car es que se evita verse sometido al tradicional ataque por la columna «h••.

1 1. g4, ...

Las blancas están listas para lanzar al ata­ que los peones del flanco de rey una vez que han situado el rey en b1 (esto protege el peón de a2 y también tiene consecuencias tác-ticas ... ).

(30)

B

Parece como si así se frenara al primer juga­ dor, pero la continuación consecuente de la es­ trategia que ha adoptado el bando negro en la apertura es seguir con operaciones activas en el flanco de dama mediante 11 . ... , l¿je5, dando vía libre a la torre, vigilando el peón de f3 y plan­ teando la posibilidad ... , l2Jc4.

12. h4, a6 1 3. �e2, l¿je5 1 4. g5, ... Se ha dado tiempo a Tal para que pegue pri­ mero, aunque las últimas jugadas eran parte del plan negro de cambiar las torres del flanco de rey y quedarse con la del flanco de dama, más activa.

1 4 .... , hx g5 15. hx g5, �x h1 ??

Divertido error, si bien perfectamente natural en apariencia. La alternativa 15 . ... , l2Jh5 16. lZ'lb3, �d8 17. l¿jd5, �b5 18. �b6, 'iYd7 19. �d4 parece deprimente.

1 6. gx f6!!, ...

Estamos a punto de ver cuán importante es que el rey blanco esté en b1 en vez de en c1.

1 6 . ... , ldxd 1 + 17. l¿jxd 1!, �xd2 1 8. fx g7!, .. .

N

Brillante, aunque sencillo. Lo que podía pare­ cer un mecánico cambio de las damas al analizar la línea varias jugadas antes no tiene ahora nada que ver con eso gracias a la amenaza de dar ma­ te en g8 en el acto. Esto permite a las blancas capturar la desamparada dama en la jugada si­ guiente.

1 8 .... , �d 8 1 9. g8�+, � c7 20. �x c8+, 1 - 0

Las blancas se quedan con dos piezas de ventaja. Reconozco que este ejemplo tiene un carácter infrecuente, de problema, pero vol­ viendo a la posición que se produce tras 15. hxg5, en verdad no está fuera del alcance del jugador mediano de club encontrar la idea -sorprendente en apariencia- de las blancas, con tal de que dé a todas las jugadas el mismo grado de importancia al examinarlas. El quid es buscar las posibilidades más peligrosas del adversario , incluso después de lo que parece ser una jugada condicionante -en este caso , tanto 15 . ... , 1:í. xh1 como 17 . ... , �xd2-. El jaque es el único lance que interrumpe la parti­ da (ni siquiera entonces podemos permitirnos relajación alguna , como demuestra con cruel­ dad el capítulo dedicado a los jaques) , mien­ tras que las demás jugadas , por más que exijan la atención del adversario, ofrecen cier­ to margen de réplica. No conceder a estas po­ sibilidades el respeto que merecen puede conducir a una sorpresa desagradable, y aun­ que reveses así tienden a explicarse como ma­ la suerte causada por una extraña ocasión que el azar brinda al adversario , no ver lo que, en esencia, son jugadas obvias no es más exótico o desafortunado que cometer un error garrafal a la antigua usanza.

Referencias

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