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TEMA 1. EL BRONCE FINAL Y LOS INICIOS DEL HIERRO

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TEMA 1. EL BRONCE FINAL Y LOS INICIOS DEL HIERRO

1. EL BRONCE FINAL

1.1. Las transformaciones del Bronce final

En la periodización de la Edad del Bronce, se distingue un Bronce Tardío, considerado una fase de

inercia cultural residual del Bronce Medio, y un Bronce Final (entre mediados del XIII e inicios del

VIII), que se solapa con los inicios del Hierro, considerada como fase de transición hacia ésta última

y en la que se dan grandes transformaciones en todos los aspectos, ya que se rompe la

estabilidad cultural y aparecerán diversas áreas culturales regionales bien diferenciadas por la

incidencia de influencias externas sobre los sustratos autóctonos que desembocarán en la formación

de los distintos pueblos de la Hispania prerromana. Hay que reseñar que estos cambios se

producen a la par de las convulsiones que sacuden a toda Europa y que dieron lugar a la caída del

Imperio Hitita, a los pueblos del mar, a los Campos de Urnas, etc.

1.2. Los Indoeuropeos

Del estudio de las distintas lenguas europeas históricas, se dedujo que la mayoría de las habladas

en el área que ocupa desde Portugal al Indo procedían de un tronco común. A esta lengua

originaria se la llamó indoeuropea, así como, por extensión, al pueblo que la hablaba y difundió.

Para su origen se plantean dos hipótesis:

• La cultura neolítica Danubiana, que desde el VII milenio se extiende por los Balcanes y se

expande por Hungría, Rumania y parte de Ucrania en el V para dar lugar a la Cultura de

Starcevo-Körôs.

• La cultura de los Kurganes, formada no antes del V milenio en las estepas entre el Dnieper y

los Urales bajo influjos del Próximo Oriente y cuya manifestación característica son las

tumbas en forma de túmulo que le dan nombre.

Las últimas investigaciones se decantan por la tesis esteparia, según la cual las gentes de los

Kurganes habrían extendido su etnia y/o cultura (plasmados en especial en armas y tipos de

sepultura) por toda Europa central en una serie de oleadas que habrían dado lugar, en una síntesis

con los sustratos locales, a una serie de pueblos no ya indoeuropeos sino indoeuropeizados. Esta

expansión sería continua entre los milenios V y II, a partir del cual las constatadas no serían

propiamente de las gentes de los Kurganes sino de las culturas surgidas de la mezcla entre

invasores e indígenas.

Con una de ellas, la de los Campos de Urnas (relacionada con el posterior pueblo celta), penetrarán

en la península a partir de 1100 los primeros influjos culturales indoeuropeos, con o sin presencia de

grupos humanos. 1 No está clara la secuencia evolutiva de los Kurganes a los Campos de Urnas: se

plantea la hipótesis del surgimiento sobre el sustrato neolítico danubiano, por influjo de los

kurganes, de la cultura de la cerámica cordada (con características hachas con perforación central),

muy expansivo, que daría lugar desde Pomerania y Polonia a otras culturas posteriores como la

cultura de los Túmulos (Bohemia, Silesia, Alemania, Austria), que evolucionaría a la Cultura de

Lausitz y esta a la de los Campos de Urnas propiamente dicha, que se desplazaría por los Alpes

Orientales hacia 1200 para llegar al nordeste de la Península Ibérica hacia 1100..

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1.2. Influencias exteriores en la Península

Durante el Bronce Final y los inicios del Hierro grandes corrientes de influencias foráneas

incidieron en los grandes complejos culturales autóctonos estimulando un proceso de diferenciación

regional con rasgos propios y diferenciados que darán lugar a las distintas etnias y culturas

prerromanas. La influencia centroeuropea (indoeuropea), que afectará al cuadrante nordeste

peninsular no será la única: el oeste peninsular estará integrado en una red de intercambios

comerciales ocupadampor toda la fachada atlántica europea y que dará lugar a una auténtica

koiné de rasgos culturales homogéneos; y el Sur se verá influido por la colonización de los pueblos

mediterráneos (fenicios y griegos), de gran tradición urbana.

1.2.1. EL SUSTRATO AUTÓCTONO: LA CULTURA DE COGOTAS I

El sustrato cultural más extendido en la península es el conocido como Cogotas I, y se desarrolla en

toda la Meseta desde el Bronce Pleno hasta el Tardío (1400-850 aprox.). Se caracteriza por su

cerámica de sobrecargada decoración con técnica de excisión y boquique o incrustación de pasta

blancay motivos geométricos incisos e impresos. Pese a que a esta cultura se la creyó en un principio

tributaria de la de Campos de Urnas, la tradición campaniforme de sus manifestaciones, el ritual

inhumador y una cronología más antigua confirman su autoctonismo. El carácter seminómada (por

su base económica ganadera) dio lugar a frecuentes contactos entre grupos peninsulares que

hicieron que su cultura se extendiera por el Sureste, Portugal, el Ebro y Andalucía.

Las viviendas eran de tapial y cañizo, con estructuras poblacionales débiles con gran variedad de

patrones de asentamiento: lugares altos, cuevas, valles y terrazas fluviales; a veces se aprecia una

cierta jerarquización donde los asentamientos preeminentes se localizarían en lugares altos. Destacan

abundantes “fondos de cabaña” o fondos de pozo, probablemente “silos” para cereal, lo que nos

hablaría de la existencia de cierta agricultura, si bien en continua búsqueda de nuevas tierras. La

producción de metal se reduce a escasas herramientas y armas de tipología arcaica y de

elaboración local, aunque aparece gran cantidad de objetos exóticos, indicador de un comercio

activo o de intercambios vinculados a la transhumancia a lo largo de vías naturales (como la Vía de

la Plata). En cuanto a los enterramientos, continúan siendo inhumaciones en fosa (marcado

conservadurismo), siempre aisladas y escasas, reservadas a individuos privilegiados.

La cultura de Cogotas I pervive hasta el siglo IX en los rebordes montañosos de la meseta con los

mismos patrones ornamentales pero con gran diversificación local, apreciándose influjos de Campos

de Urnas en oriente y de la koiné atlántica en occidente, mientras en el núcleo central evoluciona al

nuevo horizonte de Soto de Medinilla (ya del Hierro), origen quizás de la cultura castreña. Pese al

carácter fuertemente arcaizante del sustrato autóctono, los estímulos, objetos materiales y elementos

culturales de origen exterior y diversas procedencias darán lugar a una gran diversificación regional

en la que el principal motor será la producción metalúrgica, bien por el potencial

minero-metalúrgico de ciertas áreas, bien por las preferencias de destino de los estímulos externos.

1.2.3. EL BRONCE FINAL DEL SUROESTE: EL CÍRCULO ATLÁNTICO

Durante el Bronce Final, la generalización del uso del bronce estannífero revitaliza tanto las

regiones productoras de cobre (suroeste y Portugal) como de estaño (del Tajo a Galicia), de

manera que toda el área atlántica se incluye en un vasto circuito comercial (Bronce Atlántico) que

se extiende desde el Báltico hasta el Estrecho de Gibraltar (al principio con relaciones esporádicas

y finalmente en una navegación de cabotaje a larga distancia) y que sólo se constata como una

gigantesca empresa de producción y comercialización del metal que tendrá importantes

consecuencias tanto técnicas como económicas no sólo en su área de desarrollo sino de mayor

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calado al conectarse en la Península con las redes comerciales mediterráneas (como testimonia el

depósito del Monte Sa Idda en Cerdeña) merced a la colonización fenicia.

En el registro arqueológico destacan de entre los objetos de metal las espadas, de hoja

pistiliforme las más antiguas (de origen centroeuropeo), no debiendo considerarse tan sólo como

objeto de comercio regular, sino como valor de cambio y regalo político (por su carácter de objeto

de prestigio). Aparecen durante el Bronce final I (1200-1050) y proliferan en el II (1050-900),

sobre todo en Galicia y norte de Portugal, con escasa tradición metalúrgica pero ricas en codiciado

mineral. En el Bronce final III (900-700) las sustituyen las de lengua de carpa, de puño hendido y

punta afilada, a la par que proliferan los objetos de bronce (armas) y orfebrería de gran

perfección, alcanzando el interior peninsular, donde se han descubierto depósitos o tesorillos (como el

de Sagrajas, Cáceres, o el espectacular de Villena, Alicante). El intenso tráfico de armas estimula la

producción local (aparición de numerosos moldes) y señala la existencia de sociedades guerreras

que las atesoran y cuya existencia se fundamenta en la aparición de numerosas estelas decoradas,

losas planas con bajorrelieves que representan a un guerrero con todas sus armas, entre las que

destacan, además de armas de tipologías del bronce, el escudo con escotadura “en V”, carros de

dos ruedas y liras, todos de carácter orientalizante del sureste peninsular, de difícil interpretación

(monumentos funerarios de grandes guerreros, en conmemoración de “héroes”, marcadores de

territorio, etc.).

El circuito atlántico entrará en crisis en el siglo VIII debido a la competencia ejercida en el Estrecho

por los fenicios y a la generalización del uso del hierro, con objetos de mayores prestaciones y

más baratos, difuminándose para dar lugar en el suroeste al mundo tartésico.

Pese a la uniformidad cultural que caracteriza al Bronce atlántico, existen ciertas peculiaridades

regionales, aunque no poseemos, al margen de los objetos de metal, un gran registro arqueológico.

De hecho, sólo se conocen asentamientos de las últimas fases, y se caracterizan por encontrarse en

lugares estratégicos (cerca de vías de comunicación o recursos mineros o agrícolas), sin ocupación

anterior, y con cierta jerarquización (poblados a veces fortificados se situarían en altura

dominando el llano, donde se encontrarían otros de menor entidad). Al margen de la base agrícola

o ganadera, el comercio acentuó la existencia de desigualdades en el interior de las comunidades,

surgiendo jefaturas consolidadas mediante el acúmulo de riquezas y bienes de prestigio que

establecieron un control tanto sobre los recursos como sobre las redes de distribución de mercancías

y materias primas, bien mediante políticas de alianzas y compromisos (regalos políticos de objetos

de prestigio), bien mediante las armas. En cuanto a las inhumaciones, se da una misteriosa ausencia

de enterramientos, lo que ha movido a imaginar prácticas funerarias de difícil registro arqueológico

(arrojar los cadáveres al agua). Los pocos que se conservan son de carácter arcaico (en cistas).

1.2.4. EL BRONCE FINAL EN SURESTE Y LEVANTE

El Bronce Tardío del Sureste se caracteriza por la desintegración de las estructuras centralizadas del

Argar y cierta inercia y degradación de sus tradiciones con base agropecuaria y ciertas novedades

en cerámica. Este panorama se r evoluciona hacia 1100 al cambiar bruscamente los patrones de

asentamiento (poblados de irregular distribución de viviendas de adobe y cañizo sin estructuras

defensivas) y económicos, que evidencian gran prosperidad y su inclusión en las redes comerciales

primero atlántica y luego tartésica, con gran influencia de las colonias fenicias de la costa a partir

del Bronce Final III (800-700).

En cuanto a Levante, se aprecia a partir del siglo VIII una ruptura con el Bronce valenciano, y los

poblados, de nueva planta y bien defendidos, se establecen en el llano, junto a los ríos. Se ignoran

tanto sus rituales funerarios como sus estructuras políticas, pero el tesoro de Villena pone en

evidencia la existencia tanto de cierta complejidad social como la amplitud de la red comercial

atlántica.

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1.2.5. EL BRONCE FINA DE NORDESTE. LOS CAMPOS DE URNAS

El Bronce Final del nordeste se caracteriza por el impacto de la cultura de Campos de Urnas, cuya

nueva práctica de enterramiento consiste en la incineración y deposición de las cenizas en urnas

cerámicas enterradas en grandes necrópolis comunitarias. Sin embargo, la penetración de dicha

cultura indoeuropea no sería tanto por el aporte de contingentes poblacionales como de sus

manifestaciones culturales llevadas por gentes en continua búsqueda de nuevas fuentes de

subsistencia (rito funerario, megaron -casa de planta rectangular-, nuevas tipologías cerámicas- vaso

bicónico de borde convexo y decoración acanalada-), y no se daría una suplantación cultural sino

una amalgama con la del sustrato autóctono.

Las primeras influencias indoeuropeas se darían en la costa catalana desde 1200 y se extenderían

por el interior hasta Navarra, Álava y el valle del Ebro.

· En el nordeste se da una gran fragmentación, ya que mientras en las montañas se da un apego a

tradiciones arcaizantes (inhumación en cueva, viviendas en cuevas o chozas, etc), en otras zonas se

empieza a incluir el rito incinerador (o se adopta plenamente), y aparecen las viviendas

rectangulares en lugares elevados sobre las tierras de cultivo. Los poblados, que no llegan al

centenar de individuos, se basan en lazos de parentesco y organización social tribal e igualitaria,

con base agropecuaria de subsistencia, aunque el cereal va ganando cada vez más terreno. La

metalurgia es muy pobre y se basa en el reaprovechamiento de chatarra.

· Al valle medio del Ebro y norte del País Valencià alcanzan ya en el siglo X las primeras

influencias, con poblados sobre cerros dominando valles fluviales y con patrones estables de

asentamiento, caracterizado por viviendas rectangulares alineadas a los lados de una calle central.

Se aprecia en algunas necrópolis (p. Ej. Els Castellets de Mequinenza) prácticas de transición desde

el megalitismo: las urnas se introducen en cistas u oquedades acotadas por un perímetro de piedra

y cubiertas por túmulo.

· En el alto Ebro, Navarra y Álava aumenta la densidad de poblados a partir del IX. Destaca el

asentamiento de Alto de la Cruz (Cortes de Navarra), donde las casas de adobe, de planta

rectangular y paredes medianeras, están provistas de hogares, bancos corridos, etc. La base

económica es cerealista con aporte ganadero. En Euskadi podría darse la confluencia de gentes

provenientes del área catalana y aragonesa vía Ebro con otras que atravesaron los Pirineos por los

pasos occidentales

.

· En el siglo VIII la indoeuropeización alcanza su apogeo, aunque sus rasgos se fundieron con los del

sustrato autóctono en resultados que varían desde la aculturación total a la absorción por parte de

las sociedades indígenas, como se aprecia en Cataluña, donde el idioma autóctono (ibérico) se

impuso pese a la gran penetración cultural indoeuropea.

1.2.6. LA CULTURA TALAYÓTICA

Entre 1200 y 650/450 se desarrolla en Baleares la autóctona cultura talayótica, iniciándose la

construcción de estructuras monumentales de piedra escalonadas, con habitaciones en la cúspide o

macizas, con corredor transversal, uya evolución dará origen a los talayots. Se aprecia un gran

aumento demográfico y n notable desarrollo cultural en una economía de base ganadera. A partir

del siglo II incidirá sobre esta cultura la colonización fenicio-púnica

.

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2. LOS INICIOS DE LA EDAD DEL HIERRO

2.1. Introducción y generalización del uso del hierro en la península

Pese a que ya en fechas tempranas como el IV milenio se usaba hierro de origen meteorítico, hasta

mediados del siglo VIII no se dominará el proceso de fabricación, que precisa altas temperaturas y

una elaborada técnica de fragua, contratiempos ampliamente compensados con la abundancia de

mineral ferruginoso. En Iberia, pese a que se conocen escasos objetos de hierro ya en el VIII (como

en el tesoro de Villena) no se generalizará su uso hasta mediado el siglo VII, introducido por las

gentes de Campos de Urnas o, más seguramente, por los colonizadores del Mediterráneo oriental.

2.2. Los estímulos culturales extrapeninsulares

Durante mucho tiempo los objetos de hierro seguirán siendo excepcionales en el interior,

generalizándose a partir de las zonas costeras, acusándose ahora las diferencias regionales, más

bien por el influjo directo de las culturas urbanas desarrolladas que por la generalización del hierro

en sí, y la Península pasará de la Prehistoria a la Historia donde se pasará de horizontes culturales a

sociedades y pueblos. El proceso diferenciador del Bronce final se intensifica por el aumento

progresivo de contactos foráneos determinándose tres grandes corrientes culturales y, en cierta

medida, étnicas, cuyas interrelaciones darán lugar a los distintos pueblos prerromanos:

· En el sur y levante, la influencia de pueblos colonizadores portadores de una larga tradición

urbana desarrollada sirve de fermento a los pueblos que tienen contacto directo con ellos para dar

lugar a formas de vida urbanas y un desarrollo cultural que serán origen del orientalizante tartésico

y de la iberización.

· En el tercio occidental, las redes comerciales del circuito atlántico se colapsarán y con ellas la

cohesión cultural. En el suroeste, el contacto directo con los fenicios dará lugar a la cultura tartésica,

mientras el resto de las áreas pierden sus rasgos distintivos de homogeneidad y darán lugar a

distintos pueblos según los influjos a los que se vean sometidos: mientras las áreas extremeña y sur

de Portugal por influjo tartésico darán lugar a la cultura orientalizante, en el norte, bajo influencias

meseteña y centroeuropea, se tendrá por evolución la futura cultura castreña.

· La influencia centroeuropea se sentirá de diversas maneras en el tercio nororiental, aunque dado

el carácter marginal de la Península respecto de Europa estas influencias serán matizadas y darán

lugar, junto a las influencias mediterráneas, a un gran mosaico de pueblos y culturas.

2.3. Áreas culturales

· En Cataluña, a excepción de las áreas marginales pirenaicas (que quedaron al margen de la

aculturación provocada por los colonizadores), los poblados rurales de tradición de Campos de

Urnas viven bajo creciente influencia primero del comercio fenicio y más tarde de los griegos,

comercio que generaliza en apenas medio siglo el uso del hierro y su imitación por los indígenas,

que sufren un proceso de aculturación culminado con la inclusión del área catalana en el horizonte

ibero.

· En la Meseta Norte, se desarrolla alrededor de la región soriana, por influjos de elementos de

Campos de Urnas del Ebro Medio una proliferación de poblados ganaderos (en los siglos VI y V),

diferenciados de los del Valle, que darán lugar, tras una serie de perturbaciones y destrucciones

difícilmente explicables, a la cultura celtibérica. Por el valle medio del Duero se desarrollará la

cultura de Soto de Medinilla, caracterizada por sus pequeños poblados en los valles de los ríos,

sobre pequeñas alturas que permitan la defensa, reforzada por murallas de adobe, y con viviendas

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de adobe de planta circular (que contrastan con Campos de Urnas, cultura con la que se relacionan

el resto de materiales arqueológicos), que apuntan a un aporte meseteño a la cultura castreña del

Noroeste. La cerámica es lisa, con incisiones triangulares e impresiones digitales en los bordes, y los

objetos metálicos de bronce y muy rudimentarios. Se observa una ruptura con Cogotas I en cuanto a

la discontinuidad de los hábitats, las características de los asentamientos y tipos cerámicos. La

economía era cerealista, complementada con ganadería de ovicápridos. En cuanto al rito funerario,

sólo se tiene constancia del enterramiento de niños en el interior de las viviendas.

· En la Meseta Sur tenemos en tanto grupos dispersos sin homogeneidad cultural en los que inciden

aportes culturales y humanos de muy diversa procedencia. Habitan en poblados elevados, junto a

ríos o en los fondos de los valles, de carácter agrícola y con necrópolis de incineración.

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TEMA 2. LA COLONIZACIÓN FENICIA

EL PROBLEMA DE LA ETNOGÉNESIS: LOS FACTORES EXTERNOS. LOS FENICIOS EN LA

PENÍNSULA. EL ESPACIO COLONIAL. ARQUEOLOGÍA FENICIA. LA SOCIEDAD COLONIAL

Desde el I milenio a.C. se produce en el Mediterráneo el denominado “gran fenómeno colonial”, emprendido por dos pueblos, el fenicio y el griego. Los cambios que se van a producir en una parte importante del territorio peninsular van a ser muy importantes, no sólo:

• porque se van a acelerar la adquisición generalizada de innovaciones tecnológicas como el torno del alfarero, la forja del hierro, la obtención de plata por copelación,

• la modificación de las estructuras urbanísticas, • la introducción de ciertas especies domésticas, • el acceso a la escritura,

sino porque todas estas novedades están relacionadas con un proceso de creciente complejidad social y económica que incidirá en profundas transformaciones de la estructura de los grupos humanos, acentuando situaciones de desigualdad hasta niveles no documentados previamente.

• Los fenicios fueron los primeros que iniciaron el largo proceso de influencia cultural sobre los pueblos indígenas de occidente que estaban aún en plena Prehistoria, con avances tecnológicos (la navegación, metalurgia del hierro, el torno cerámico, técnicas agrícolas y cultivos nuevos, como la vid y el olivo, el urbanismo y las técnicas constructivas) y adelantos culturales (el alfabeto, el arte, la religiosidad, etc.). Son los responsables de la apertura de la civilización y de la entrada en la Protohistoria de los pueblos sobre los que inciden.

• Los griegos, que habían experimentado también la colonización fenicia, siglos más tarde inician la colonización, actuando sobre poblaciones que se habían visto afectadas por la cultura fenicia, profundizando en todos aquellos aspectos. Las diferencias entre ambos a veces son de matiz y otras más profundas, que derivan del contraste entre la mentalidad europea y asiática.

Ambos contribuyeron a dar formas a culturas que, como la tartésica o la ibérica, exhiben una gran personalidad, en las que ha veces es comprometido deslindar tal o cual rasgo cultural.

1. EL PROBLEMA DE LA ETNOGÉNESIS: LOS FACTORES EXTERNOS.

La presencia de los fenicios en la Península supone el comienzo de la Protohistoria, proceso lento

por el que los sistemas de organización simples de las comunidades indígenas se transforman en

sociedades complejas con división de clases e instituciones estatales, y que se caracteriza por la

existencia de documentación escrita sobre comunidades que carecen de este instrumento,

transmitida por sociedades contemporáneas más avanzadas con las que entran en contacto.

Las diferencias ya existentes en la Península aumentan debido a la distinta incidencia de los

estímulos exteriores y a las también distintas respuestas a los mismos. La llegada de

navegantes del Mediterráneo oriental que conocen el hierro y la escritura se produce en paralelo

con elementos indoeuropeos materiales por los Pirineos, sin documentación escrita, ya que

provienen de sociedades que aún se encuentran en la Edad del Bronce, ligadas a la tradición de los

Campos de Urnas.

Aunque el proceso de desarrollo de las comunidades de época prerromana es inseparable de los

estímulos proporcionados por la llegada de los colonizadores, dichos estímulos no explican por sí

solos el proceso de etnogénesis de las comunidades peninsulares. Ese proceso estaría a medio

camino entre las teorías difusionistas o invasionistas y las evolucionistas o autoctonistas.

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1.1.

Los fenicios

El conocimiento del pueblo al que se debe el uso del alfabeto en el Mediterráneo está supeditado a

las versiones deformadas de sus competidores, dado que no se conservan testimonios de su

producción literaria, lo que hace su estudio problemático y dependiente casi en exclusiva de los

datos arqueológicos, si bien un aspecto queda fuera de toda duda: su contribución a la

configuración cultural de todas las comunidades mediterráneas.

- EL NOMBRE

Los fenicios nunca se reconocieron por ese nombre (phoínikes), que le adjudicaron los griegos

debido a los tejidos teñidos de púrpura (phoinix) por los que eran famosos. Este calificativo pasó al

latín como púnico. Una convención bastante aceptada es la de llamar cananeo a los habitantes de

las ciudades estado de la costa oriental mediterránea hasta finales de la Edad del Bronce (últimas

centurias del II milenio). A partir de ese momento se les denomina fenicios. Y se usa el término púnico

para designar a los fenicios de las colonias occidentales, particularmente a los habitantes de

Cartago.

- HISTORIA

La historia fenicia comienza a finales del II milenio, con la desaparición de las estructuras políticas

de la zona, a la que contribuyeron los conflictos con los Pueblos del Mar, y que permitió que las

ciudades del ámbito cananeo, entre las que destacó pronto Tiro, extendieran sus empresas

comerciales por el mar.

Los fenicios fundaron factorías y ciudades por todo el Mediterráneo central y occidental, como

Kition en Chipre, Cartago en el norte de África y Gadir en el mediodía peninsular. El resurgir de los

imperialismos asirio y babilónico y la consecuente imposición de tributos frenó en parte esa

expansión. Tiro es destruida en el 572 a.C. por Nabucodonosor II tras un largo asedio.

Posteriormente se integró en el mundo helenístico, hasta que fue absorbida por Roma.

Fenicia se abrió camino por el único paso fácil

que le había permitido la Naturaleza: el mar

Mediterráneo.

Como continuación de una penetración por el

Mediterráneo de la que hay testimonios en Grecia

desde el siglo IX a. C., hacia el VIII a. C. y como

consecuencia de la perdida de mercados de los

fenicios, éstos empezarán hacia el s. VIII a. C. una

activa colonización por el Mediterráneo Occidental

que sucede a una fase de precolonización

desarrollada durante los siglos XII al IX a. C.

Seguramente, el motivo principal de la misma fue la

búsqueda de metales como materia prima. Para ello,

se instalarán en la costa norteafricana, itálica y de

la Península Ibérica.

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El motivo principal de la expansión fenicia fue la obtención de metales como contrapartida por

la pérdida de mercados en el Mar Rojo.

• Igualmente, la presión asiria del siglo IX a.C. afectó su precaria economía, ya que el

mundo asirio exige sus tributos a las ciudades-estado fenicias en plata. Obtenían plata de

Iberia, estaño en el área noroccidental de Europa y oro procedente de África.

• Por otro lado, el creciente deterioro de los recursos naturales en el área levantina

mediterránea y la presión demográfica de las ciudades fenicias orientales, intensificó la

búsqueda de nuevas materias primas en Occidente.

• Así, poblaciones enteras buscan fundar nuevos enclaves en los que sea posible sobrevivir

con los recursos propios y desarrollar otras actividades económicas comercializables pero

no necesariamente relacionadas con la metalurgia, como servicios portuarios de

importación-exportación, pesca y salazones, talleres especializados en manufacturas varias

La colonización llegó directamente de Oriente a Occidente. Se establecen rutas que garantizan

las comunicaciones con una serie de puertos intermedios, labor desempeñada por Tiro y otras

ciudades de la costa levantina.

- ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ECONOMÍA

Fenicia no fue nunca una nación, sino un conjunto de ciudades-estado gobernadas por reyes que

eran a su vez cabezas del culto principal y donde las oligarquías comerciales ejercían una gran

influencia en el gobierno, con su participación en organismos representativos y en asambleas

asesoras del monarca.

- CULTURA: EL «ORIENTALIZANTE»

Los caracteres fundamentales de los abundantes objetos fenicios dispersos por todo el

Mediterráneo son el sentido práctico, el sencillo lenguaje artístico y la avanzada tecnología. Se

prefieren los objetos de lujo en los que se sacrifican la originalidad y el gusto adoptando estilos

universalmente comprendidos y aceptados que garantizan el éxito comercial. Como resultado, se

forma en todo el Mediterráneo una comunidad cultural conocida como orientalizante.

También hay que destacar la gran aportación de los fenicios a la cultura universal: la difusión del

alfabeto.

- PRODUCTOS ARTESANALES

La producción artesanal se especializa en objetos de lujo, que facilitan el transporte y maximizan

los beneficios, y se apoya en técnicas destinadas a rebajar los costos de producción. Aunque la

industria textil y tintorera fue la más apreciada, destacaron también en la cerámica, el marfil, el

vidrio y el metal. Los orfebres conocían diversas técnicas: esmalte, granulado, nielado y filigrana.

Otros productos más modestos pero también destacables por su importancia son el hierro,

posiblemente introducido en la Península por los fenicios, y la cerámica a torno, cuya enseñanza a

las comunidades autóctonas constituyó uno de los principales elementos diferenciadores entre las

mismas.

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2. LOS FENICIOS EN LA PENÍNSULA

Colonias y ciudades fenicias en el Mediterráneo Occidental. Según el profesor G. Fatás

2.1.

Los orígenes de la colonización fenicia

La tradición literaria remonta la fundación de Gadir a finales del s. XII, pero sólo hay pruebas

arqueológicas de la actividad fenicia a partir de finales del s. IX.. Se acepta, no obstante, la

existencia de una fase precolonial, caracterizada por navegaciones de tanteo y empresas

esporádicas de exploración.

- LA PRECOLONIZACIÓN

No se trata de dos fases sucesivas, sino más bien de dos modalidades de relación mediatizadas

por el grado de evolución social de las comunidades indígenas con las que los comerciantes

entraban en contacto: sólo cuando aquella alcanzaba un cierto grado era posible el establecimiento

de colonias propiamente dichas, lo que no significa que el comercio no fuese igualmente activo

cuando no se daban tales casos.

Los primeros contactos precoloniales están indirectamente testimoniados por algunos datos

arqueológicos de procedencia oriental que se remontan al siglo IX. Otro argumento a favor de la

existencia de esa precolonización es el hallazgo de objetos fenicios en zonas como el litoral

portugués, donde nunca hubo asentamientos permanentes, en época en la que ya se daba una

presencia cultural estable en otros espacios.

Los relatos de los autores antiguos sobre la fundación de Gadir no tienen por tanto valor de

testimonio en cuanto a la fecha del primer establecimiento, pero sirven de referencia sobre la

presencia fenicia en Occidente.

- RUTAS Y MÓVILES

Los fenicios llegaron posiblemente a la Península siguiendo las rutas que ya se practicaban en el

Bronce Final, que unían el Mediterráneo central con el Atlántico a través de las costas del sur de la

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Península y el estrecho de Gibraltar. El estímulo para atraerlos fue principalmente la abundancia

de recursos metalúrgicos, especialmente plata, oro y estaño.

Las crecientes exigencias de metales por parte de los asirios fomentaron el incremento de los

viajes a Occidente. Estas empresas debieron organizarse desde instancias administrativas y ser

dirigidas por los aristócratas, que reprodujeron en las colonias su modo de vida. El culto en la

Península a Melkart, patrono de la actividad comercial y que se encuentra ligado al origen de los

más antiguos asentamientos coloniales, parece apoyar el carácter aristocrático del comercio. La

propia Gadir nació en torno a un santuario al dios que fue famoso hasta época imperial romana.

3. EL ESPACIO COLONIAL

Las costas peninsulares del llamado “círculo del Estrecho”, desde Huelva hasta Almería, y casi con

total seguridad hasta Alicante, fueron al parecer, las que soportaron la presencia de los colonos

fenicios desde finales del siglo VIII a.C.

Durante la segunda mitad de nuestro siglo, la arqueología ha descubierto una larga serie de

pequeños establecimientos fenicios en esta área des sur peninsular. Esto no debe sorprendernos,

ya que una de las colonias fenicias más importantes era Cartago, situada en el norte de África,

cerca de la actual ciudad de Túnez. Por otra parte, sabemos a través de las excavaciones

arqueológicas que existían colonias en el islote de Mogador, cerca de la costa meridional marroquí.

En el litoral atlántico de África, los fenicios fundaron una próspera ciudad, Lixus, exhumada hoy en

gran parte por los arqueólogos.

Así pues, la presencia fenicia en las tierras del otro lado del Estrecho (Huelva, Cádiz, Málaga y

Almería) resulta algo natural. Quizás lo que llama particularmente la atención es el tipo de colonias

que fundaron en Andalucía. En ningún caso parece que se tratara de auténticas ciudades, con la

excepción de Cádiz. Con frecuencia formaban sólo pequeños núcleos situados en los cerros

cercanos a la costa, siempre en altozanos dominantes, pero en contacto con el mar. Tanto por su

tamaño reducido, como por la monotonía de sus productos cerámicos, no es fácil establecer con

precisión como fue su evolución. La mayoría parece que tuvieron momentos de gran auge entre

los siglos VII y VI a.C.

Si se observa con detalle uno de estos pequeños establecimientos, nos damos cuenta que el

almacén es quizá la estancia más importante. En él se guardaban los recipientes de vino y aceite,

base de las exportaciones fenicias. Sin embargo, sus necrópolis revelan que comerciaban con otros

muchos productos, como joyas orientales, amuletos egipcios, huevos de avestruz pintados

procedentes del norte de África y objetos de marfil.

Una de estas pequeñas factorías fue localizada en un cerro llamado “san Cristóbal”, cerca de la

actual población de Almuñécar, en el litoral granadino. A principios de los años sesenta se excavó

este yacimiento, del que se exhumó una necrópolis fenicia con unas veinte tumbas. Era por tanto, un

núcleo relativamente pequeño, ya que otros yacimientos fenicios, como el de Villaricos, tenían más

de dos mil sepulcros, y en Galera había más de trescientos. Las tumbas del cerro de San Cristóbal

estaban alineadas y separadas unas de otras unos seis metros. Consistían en unos pozos de 1,50

metros de diámetro, con una profundidad que oscilaba entre los dos y los cinco metros. Al fondo de

cada uno de ellos hay unos nichos que harían las veces de cámaras funerarias. En el interior se

encontraron urnas cinerarias con los huesos calcinados del difunto, protegidas por medio de piedras.

Junto con los restos óseos se depositaron los objetos de uso personal del difunto (brazaletes, anillos,

amuletos, escarabeos, etc.). También había diversos vasos con ofrendas (aves, huevos de avestruz

pintados y ocre). Quizá entre los objetos más importantes de esta necrópolis figuran unos vasos de

alabastro hechos en Egipto, que llevan inscripciones jeroglíficas con el nombre de los faraones

reinantes y escarabeos, es decir, amuletos que representan el escarabajo solar egipcio.

(12)

Todos estos elementos exóticos ponen de manifiesto las complejas relaciones comerciales de las

ciudades fenicias y, también ayudan a precisar la cronología de los contactos coloniales.

3.1.

Las costas meridionales

Cádiz, como asentamiento más antiguo, desempeñó un importante papel en la organización de la

posterior empresa colonial, que se extiende en el siglo IX por las costas andaluzas y alcanza a

mediados del s. VII el levante y la costa atlántica hasta la desembocadura del Mondego.

Navegantes tirios erigieron un santuario a Melqart en un extremo de la península donde ahora está

la ciudad y establecieron el asentamiento en el otro extremo (donde ahora se sitúa el casco antiguo)

Su posición, frente a la desembocadura del Guadalete (donde se encuentra el asentamiento del

Castillo de Doña Blanca, principal puerto de embarque en tierra firme y punto de contacto con la

población indígena) dominaba la ensenada de acceso al Guadalquivir, por donde fluía el tráfico

de metales del área tartésica.

Otros asentamientos (siglos VIII y VII) son Cerro del Prado, en Algeciras, Toscanos (río Velez), Morro

de Mezquitilla, Málaga (Malaka), Almuñécar (Sexi) y Adra (Abdera).

3.2.

El Atlántico.

El proceso de expansión atlántica se originó y organizó probablemente desde Cádiz y estuvo

motivado por el interés que despertaba la vieja ruta del estaño. Las colonias (Tavira, Lagos o el

estuario del Tajo) se fechan a partir de mediados del s. VII. El comercio atlántico era esencialmente

transportista y necesitaba de la participación indígena en los procesos de explotación de los

recursos.

El litoral atlántico africano, con enclaves como Lixus y Mogador (y quizá incluso en las Canarias), se

desarrolla al mismo tiempo, motivado por la riqueza pesquera de esta zona

3.3.

Levante.

Al norte del Segura no encontramos asentamientos, pero existía un comercio en el que la propia

población indígena actuaba de intermediaria. En el siglo VII colonos procedentes del Estrecho (hay

quien apoya la tesis de que fueron cartagineses) se establecen en Ibiza.

4. ARQUEOLOGÍA FENICIA

4.1.

Poblados.

Las localizaciones se ajustan a un patrón concreto: cabos, penínsulas e islas, con fondeaderos

resguardados, agua potable en abundancia, tierras de cultivo y buena comunicación con el

interior.

Un buen ejemplo es el de Toscanos, situado en una isla en la desembocadura del Vélez. Casas de

planta rectangular, con zócalo de piedra, paredes de adobe y cubierta en terraza. Los distintos

tamaños muestran la división de clases.

4.2.

Necrópolis

Todo poblado contaba con su necrópolis, separada del núcleo de población. Aunque se da un

predominio absoluto de la incineración, las sepulturas son muy variadas: desde hipogeos

colectivos con cubierta de madera y corredor de acceso a sepulturas individuales de distintos

(13)

tipos (pozos, fosas, cistas y, ya en época tardía, sarcófagos, algunos antropomorfos como los

hallados en Cádiz).

Las ofrendas funerarias depositadas en las sepulturas son frecuentes: jarros de engobe rojo, platos,

lucernas y objetos personales (amuletos y joyas). Cuando el ajuar es especialmente rico se dan

también objetos de importación: cerámicas griegas y piezas egipcias (vasos de alabastro y

escarabeos).

4.3.

Cerámica y metal

La cerámica es el elemento más abundante de la presencia fenicia, destacando la de barniz rojo

(platos, lucernas de uno o dos picos y jarras de boca de seta o trilobulada). Los objetos metálicos

son mayoritariamente de bronce, pero sin faltar la orfebrería de oro y plata. También hay que

mencionar la pasta vítrea, el marfil y los característicos huevos de avestruz importados de África.

Uno de los elementos básicos de la cultura fenicia –que, además, ejerció una gran influencia sobre las

comunidades que quedaron sometidas a su influencia– es la cerámica. La caracteriza su fabricación a

torno, su característico engobe rojo o la decoración por medio de bandas rojas y negras, así como la

abundancia de formas entre las que destacan las páteras, los oinokoes, las jarras trilobuladas, los

ungüentarios, los pebeteros…

Fabricada en torno y generalmente recubierta en su superficie de un engobe rojo o decoradas

mediante bandas anchas y rojas entre filetes más estrechos, negros o grisáceos. Tiene múltiples

formas: platos de poca profundidad, cuellos cónicos y boca trilobulada (o de seta), urnas, ánforas

“de saco” de boca estrecha, cuerpos piriformes y sin decoración, lucernas de uno o dos picos,

ungüentarios de cuerpos ovoides, cuellos cortos y con asas, y pebeteros formados por dos cuencos

carenados y unidos por un cuerpo cilíndrico.

Objetos de adorno y votivos

En este terreno el mundo fenicio se especializó como sabemos

por los restos de estos materiales con que se ha contactado en

el estudio de Tartessos y de otras sociedades sometidas a la

influencia de Fenicia. Se conocen brazaletes, anillos, diademas,

cuentas de collar, figuras de terracota, huevos de avestruz,

ídolos de oro, objetos de vidrio…

Amplio desarrollo de la orfebrería y la metalistería.

Numerosos objetos en oro, como diademas, amuletos,

broches, etc., con técnicas orientales procedentes de Chipre,

Fenicia y Etruria, destacando los talleres de Tharros (Cerdeña). En la Península

Ibérica sobresalen los tesoros de la Aliseda (Cáceres) y el Carambolo (Sevilla). También se han

hallado varios enterramientos tartésicos, braserillos o páteras aplanadas decoradas con manos de

dedos largos y estirados, así como jarros de bronce cuyas bocas contienen cabezas de animales.

Pertenecientes a esta corriente orientalizante se han descubierto en los ajuares, piezas de marfil

(peines sobre todo), huevos de avestruz pintados, escarabeos de esteatita y fayenza, vasos de

alabastro y objetos de vidrio, donde destaca el vaso de Aliseda, de vidrio translúcido en tono

verdoso, tallado en frío. Hay innumerables figurillas de terracota, en principio de estilo oriental,

pero posteriormente de estilo local.

(14)

4.4.

Aspectos económicos.

- LA OBTENCIÓN DE METALES

El reborde meridional de Sierra Morena, con Huelva como núcleo, rico en plata y cobre y con

Riotinto y Aznalcóllar como principales centros productores, atrajo pronto a los fenicios, que tenían

en Gadir una excelente base de control de las rutas comerciales.

Los cursos fluviales, especialmente el Guadalquivir, con numerosos poblados en su valle (El

Carambolo, Cerro de las Cabezas y Cerro Macareno), favorecieron el acceso a los recursos. Aguas

arriba se alcanzaba la zona minera de la Alta Andalucía (zona de Castulo, en Linares), abierta al

comercio fenicio al igual que el interior de Extremadura.

Los enclaves costeros de Málaga, Granada y Almería eran el punto de partida del comercio con el

sureste peninsular. La explotación de las minas se realizaba con mano de obra indígena, aunque

las técnicas e instrumentos contaban con innovaciones traídas por los colonos.

Desde los centros de captación el mineral se canalizaba hacia los grandes centros de

comercialización: Huelva y Cádiz. En Huelva, centro del mundo tártésico, los fenicios se mezclaron

con las aristocracias locales. Cádiz, en cambio, como núcleo urbano colonial, estaba cerrado al

mundo indígena y tenía un modelo económico-social totalmente distinto.

- METALURGIA

Aunque el comercio fue el sector más dinámico de la economía, paralelamente se desarrolló un

floreciente artesanado. Las manufacturas procedían en principio de Oriente, pero pronto

comenzaron a fabricarlas artesanos locales. El metal elaborado se comercializaba entre los

propios indígenas o se exportaba. El más usado era el bronce, seguido del oro y la plata, con los

que los orfebres gadiritas realizaban refinados adornos.

- INDUSTRIAS DEL MAR

Si bien el metal fue la principal razón del proceso colonizador, muy pronto comenzó la

diversificación económica, motivada tanto por las necesidades de producción de alimentos como

por el deseo de reproducir las formas de vida de su lugar de origen. La industria del salazón y,

en general, de los productos marinos destaca como una de las más antiguas. También provenían

del mar los moluscos, principalmente el múrex, necesarios para la producción de la púrpura.

- ARTESANADO

La producción de marfil es menos abundante, quizá por la necesidad de importar la materia

prima de África, pero fue también objeto de la artesanía fenicia, contribuyendo a modelar el gusto

autóctono que tiene su expresión en el Orientalizante.

Los principales receptores de los artículos de comercio fenicios (bronces, joyas, perfumes, telas

tintadas, marfiles, salazones, vino, aceite y los contenedores para almacenaje y transporte,

principalmente) fueron las élites indígenas, que aportaban a cambio los metales, excedentes

agropecuarios y, quizás, esclavos.

También ofrecían a las masas de las clases bajas como fuerza de trabajo, lo que se demuestra

por la presencia en las colonias de cerámicas hechas por los indígenas empleados en las

propiedades fenicias.

(15)

- AGRICULTURA

Inicialmente, se supone que cada unidad familiar tendría una parcela de tierra tanto para su

autoabastecimiento como para la obtención de excedentes destinados al comercio. Lo mismo es

posible deducir de las actividades pesqueras. Poco a poco, el tejido social se vuelve más

complejo, con la aparición de nuevas profesiones favorecidas por la intensificación de los sectores

económicos.

A mediados del s. VII se detecta un aumento demográfico en las colonias (ampliaciones y nuevas

fundaciones) motivada no por la atracción de las actividades comerciales, sino por el aumento del

expansionismo asirio a partir de Tiglatpileser III, que dio lugar a un desplazamiento de

población campesina, suposición avalada por la localización de los nuevos asentamientos,

claramente dedicados a la explotación agrícola.

Se desconocen las formas de ocupación y explotación, aunque se supone que la población

indígena participaba como mano de obra dependiente, libre o esclava. Las nuevas comunidades

agrícolas se localizan también en el interior del territorio, ya integradas en comunidades

autóctonas o establecidas en áreas no ocupadas por los indígenas, lo que dio lugar a los intensos

contactos que se plasmaron en el orientalizante.

5. LA SOCIEDAD COLONIAL

5.1.

Articulación social.

El modelo social de las colonias reprodujo inicialmente el de la ciudad madre. Si bien no hubo

reyes, la aristocracia tuvo un papel esencial. Inicialmente, el papel rector lo representaría el

templo de Melqart, cuyo sumo sacerdote pertenecía a la aristocracia tiria que pretendía controlar

el proceso comercial. Poco a poco, la incorporación de elementos nativos provocó un dinamismo

diferente al oriental.

5.2.

La «crisis» del siglo VI y la reorganización del espacio colonial.

En el siglo VI se produjo un profundo proceso de reordenación del poblamiento fenicio: se

abandonaron las pequeñas factorías y la población se concentró en los grandes centros urbanos

(Gadir, Malaka, Sexi, Abdera o Baria). Esta reestructuración del modelo colonial estaría

probablemente relacionada (aunque no ha podido demostrarse la relación causa-efecto) con la

situación política y económica del mundo fenicio oriental y la caída de Tiro en el 572 a.C. La

inestabilidad afectó a las relaciones comerciales y a partir de ese momento se refuerza la presencia

de griegos y cartagineses en Occidente.

Los principales cambios se producen en el llamado Círculo del Estrecho (área de influencia de

Cádiz), donde la importancia de las actividades minero-metalúrgicas decrecen a favor de la

industria pesquera y conservera. La fabricación de salazones y salsas (garum) acarrearían

asimismo un incremento de otras actividades, como las salinas o la producción de cerámica para

el transporte. También el interior indígena se reorganiza. La población se concentra en grandes

ciudades (oppida) y surgen grupos aristocráticos en torno a un nuevo orden económico basado en

el tradicional sector agropecuario, en el proceso que conduciría del mundo tartésico al turdetano.

La caída de Tiro no es el único factor desencadenante de la llamada crisis. La productividad de las

minas del Suroeste disminuye a lo largo del siglo, la expansión colonial griega se consolida y

Cartago cobra cada vez más fuerza como potencia marítima. Salvo en los grandes centros

urbanos como Cádiz, el mundo fenicio termina integrándose etnoculturalmente con la población

(16)

indígena, de modo que los romanos nos hablan de libiofenicios o bastulofenicios, que serían los

mestizos descendientes de la vieja población colonial.

5.3.

El impacto colonial en las poblaciones indígenas

El contacto con la población autóctona produjo un proceso de aculturación que terminó

significando la aceptación, por parte de los indígenas, de rasgos culturales orientales, que afectaron

tanto a los aspectos económicos como a los sociales y espirituales. Ese conjunto de rasgos

culturales se denomina «orientalizante».

Las aristocracias locales aprovecharon su papel protagonista en el proceso comercial para

acumular riquezas con las que consolidar su posición política, favoreciendo nuevas relaciones de

dependencia que alteraron la estructura socioeconómica y desembocaron en el nacimiento de la

ciudad y la reordenación territorial ya mencionada.

La imitación de las técnicas usadas por los artesanos fenicios fomentó la aparición de una

producción autóctona de calidad, como reflejan los tesoros de El Carambolo o el Cortijo de Évora.

Y la introducción de técnicas como el torno de alfarero contribuyó decisivamente a la mejora de la

calidad de vida de la población indígena.

- LAS CREENCIAS

Melqart, dios de la actividad comercial, y su pareja Astarté, eran los dioses principales de los

colonos. Otros dioses fueron Resef, patrono de los artesanos, Baal Hamón, Baal Safón y Bes. Se

desconoce hasta qué punto las representaciones de estas divinidades halladas en el mundo indígena

responden a la permeabilización delas creencias orientales en el mismo o a la expresión de su

propia espiritualidad mediante el lenguaje de los colonizadores.

Mención especial merecen los santuarios, destacando el de Melqart (Heraklion), famoso incluso en

época imperial romana. Hubo otros muchos en la costa, como los de Astarté (santuario de Venus

Marina) o Baal Hamón (Cronion) de Gadir, pero llaman especialmente la atención los implantados

en el interior, como los de Carmona y Castulo, testimonios religiosos de una actividad de

implantación territorial en espacios de explotación colonial. Se desconoce si eran de uso exclusivo

de los colonos o estaban abiertos a la población indígena.

CRONOLOGÍA

o 1104 Fundación de Gadir por fenicios procedentes de Tiro según la tradición. o 800-775 Colonias fenicias en las costas de Málaga, Granada y Almería. o 790-600 Período orientalizante.

o 750 Intensificación de la presencia fenicia en el área tartésica. o 725-700 Primeros objetos fenicios en Extremadura

o 655-654 Presencia fenicia en las Baleares. Fundación, según Diodoro, de o una colonia cartaginesa en Ibiza.

o 572 Destrucción de Tiro por los babilonios.

o 580-540 Fuerte presencia griega en al área tartésica.

(17)

TEMA 3: TARTESO Y EL “ORIENTALIZANTE”

EL PROBLEMA DE TARTESO. ORIGEN DE LA CULTURA TARTÉSICA. ECONOMÍA. LA SOCIEDAD TARTÉSICA LAS “CIUDADES”. ARQUEOLOGIA TARTÉSICA: LOS RESTOS MATERIALES. EL COLAPSO EN EL MUNDO TARTÉSICO.

Durante la primera etapa de la Edad del Hierro se aprecian transformaciones significativas respecto a la previa Edad del Bronce, y en muchas ocasiones estos cambios se han puesto en relación directa con la presencia de los fenicios en la franja costera. Ciertamente, y sin aceptar necesariamente la propuesta de que la colonización semita avanzó hacia el interior u introduciendo nuevas poblaciones de carácter agrícola, se observa que el territorio del Suroeste peninsular, que habitualmente conocemos como Tartessos, se produjo un importante basculamiento de la actividad económica y de la configuración social, en el campo de la religión y en el ritual.

Mientras que en el Bronce final la actividad económica dominante era la ganadería, junto con la metalurgia ligada a objetos de Bronce, ahora existirá un fuerte desarrollo de las actividades agrícolas y comerciales, y la minería se orientará a la extracción de plata. Esto fue posible gracias a la introducción de artilugios os como el torno de alfarero, que permitió la producción de productos estandarizados, o de la metalurgia del hierro, que cambió las bases de la anterior metalurgia del bronce y permitió la extracción de fuentes minerales mucho más extendidas y a la fabricación de armas y utensilios agrícolas. Todo ello no va a repercutir únicamente en los aspectos económicos, sino que también en la ordenación del territorio, distribución, número y organización de la producción y del sistema de valores que da cobertura a este nuevo modelo económico- social.

1. EL PROBLEMA DE TARTESO

El origen de Tarteso ha estado siempre envuelto en un manto de fabuloso lugar, de origen mítico.

Así es como desde la Grecia Arcaica se han encargado de transmitir los escritos. Pero gracias al

estudio arqueológico, actualmente se conoce más sobre esta civilización, alejándonos de este aire

misterios que siempre lo ha envuelto.

Tartesos es uno de los grandes tópicos de la Historia de España antigua. Ya en 1.580 el Jesuita Pineda

defendió la teoría de que la Tarsis bíblica era Tartesos y que se localizaba en el sur de la Península

Ibérica. En el siglo XX, el hispanista alemán A. Schulten publicó en 1.922 “Tartesos”, llamando la

atención sobre este misterioso reino que había cautivado poderosamente el interés de los autores

antiguos.

En estos últimos decenios se ha trabajado en Andalucía y en la costa ibérica, avanzando

considerablemente en el conocimiento material de las poblaciones de finales de la Edad de Bronce, a

partir de los siglos X-IX a.C. Queda en pie el problema de casar los datos, que se obtienen de la

arqueología, con los de la fuentes literarias, escasas y fragmentadas. Por vez primera, el historiador

empieza a tener una base científica cierta apoyada en la arqueología, que le permite reconstruir lo que

debía ser Tartesos

.

1.1.

Las fuentes literarias

Tartesos es el nombre dado al extremo occidental por los griegos, antes de que se usase el de

Iberia. Una vez comienza a usarse este topónimo, el término de Tartessós pasó a designar una

parte concreta de la península, en concreto el SO.Los griegos se referían a este espacio al

comprendido entre una ciudad y un río, lo que ha llevado a ubicarlo en dicha zona. Pero el hecho

de que la Biblia hable de un topónimo parecido (Tarshish), siembra todavía más confusión acerca del

origen certero de esta civilización.

(18)

Pero estas referencias

tienen un significado

lógico: para los textos

bíblicos, Tarshish hacía

referencia a un lugar

ubicado en un vago

Occidente, el cual por

cierto se “movía”

conforme se ampliaban

los conocimientos

geográficos. Para los

griegos, en el

Occidente era dónde

tenían lugar una serie de mitos. Tal es el caso del Jardín de las Hespérides donde los manzanos

daban sus frutos de oro. Según Justino, Gerión es el primer rey tartésico. Antes de él gobernaron

Gárgoris y Habis, los cuales dotaron a Tarteso de grandes progresos económicos y sociales,

como el conocimiento de la apicultura y la agricultura, la redacción de un código legal,

organización administrativa de la población y la prohibición de la esclavitud para sus súbditos.

Por Heródoto conocemos al último soberano tartésico y al más conocido de todos: Argantorio, el

cual mantuvo una relación de amistad con comerciantes fóceos que llegaron a estas tierras

buscando plata en el s. VI. El resto de las fuentes grecorromanas hablan de la riqueza y la situación

geográfica del supuesto reino. Cabe mencionar la Ora marítima del poeta Avieno, el cual da

precisiones muy concretas de la localización de Tarteso: un golfo tartesio llamado así por el río

Tartessos, en cuya desembocadura de múltiples brazos se encuentra la ciudad homónima, no lejos

de Cádiz, también situada en el mismo golfo.

Las fuentes sobre Tartesos se agrupan en tres categorías: fuentes bíblicas, griegas y latinas.

• Recientemente M. Koch, siguiendo a Schulten, ha vuelto a defender que la Tarsis bíblica es

Tartesos, pues piensa este autor que la gran abundancia de plata, de la que hablan los textos

bíblicos, sólo pueden proceder de España.

• Se suele considerar como fuente importante, para todo lo referente a Tartesos, el poema

redactado por Rufo Avieno, autor que vivió en el siglo IV y que hacia el año 400 visitó Cádiz,

cuando ya la ciudad había perdido gran parte de la pasada grandeza y quedaba en pie el

Heracleion, uno de los más famosos templos semitas de la antigüedad.

• El problema de la “Ora Marítima” es precisar que fuentes utilizó. Varios autores (Schulten y

García Bellido entre otros) defienden que la fuente principal es de origen fenicio, muy arcaica,

seguramente redactada en el siglo VI a.C., lo que explicaría que los pueblos que se mencionan

en ella ocupando las orillas del Guadalquivir o Betis no se recogen en fuentes posteriores, y que

no se cite a Emporion (Ampurias), ya que el original fenicio remonta a una fecha anterior a su

fundación por los griegos focenses, que acaeció poco después del 600. Otros autores antiguos

defienden la misma teoría de ser Tartesos Gadir, fundación fenicia del año 1.100 a.C.,

magníficamente situada, ya que controlaba la desembocadura del Betis y toda la navegación

por el Atlántico y por lo tanto toda la salida de los metales procedentes de Sierra Morena.

Cádiz no ha dado hasta el momento presente material contemporáneo e su fundación, que

según los últimos descubrimientos existía por lo menos desde el siglo IX a.C.

(19)

1.2.

Los testimonios arqueológicos.

Estos datos, sin fundamento científico, fueron aceptados por la historiografía española hasta que

desde hace unas décadas, la Arqueología se está encargando de elaborar unas pautas con las

que poder elaborar una historia con base sólida. Así, gracias a los restos materiales hallados, se ha

podido establecer el área geográfica tartésica y ésta tendría un núcleo central ubicado en

Andalucía occidental (Cádiz, Huelva y Sevilla), con una extensión hacia el N (Sierra Morena y

Extremadura), al O (S de Portugal) y hacia el S (S de Alicante, incluyendo la Andalucía Oriental) En

cuanto a la ubicación cronológica, ésta sería entre los s. VII-VI a.C, cuando las culturas autóctonas

incorporan a sus tradiciones conocimientos y modos de vida orientales (“Orientalizante”).

La problemática actualmente se sitúa sobre la continuidad o discontinuidad cultural de Tarteso

con las poblaciones que habitaban previamente el mismo espacio geográfico y el alcance de la

influencia de la colonización fenicia sobre la población autóctona, lo cual es considerado como

elemento definitorio de la formación tartésica.

Martín Almagro distingue varios periodos:

El comienzo del final de la Edad de Bronce hispánico se fecha en torno al 1.000 a.C. y se caracteriza por

una cerámica fabricada a mano con carena y bruñidas.

• Entre los años 900 y 750 a.C. corre la etapa protoorientalizante, y que se caracteriza por la

cerámica bruñida. En Cástulo, Carmona y el Carambolo se detecta ya el influjo orientalizante,

debido a los fenicios, asentados en la costa. Se explotan a gran escala, con procedimientos

nuevos traídos de oriente, las minas de Huelva, de Sierra Morena y de Cástulo.

• En este periodo, seguramente antes, llegan al Sur gentes célticas, procedentes de la Meseta,

documentado por las cerámicas grafitadas e incisas. Se asientan en las zonas mineras. Según A.

Blanco y Sangmeister, estas gentes podían ser mercenarios contratados por los más pudientes

del Sur. A ellos pertenecerían las llamadas estelas extremeñas, que se localizan también fuera

del área de Extremadura portuguesa y española. En las estelas aparecen escudos, muy similares

a los utilizados por los asirios, bien conocidos por los fenicios y que estos repartieron por el

Mediterráneo. Los fenicios, o mejor los tartesios, los entregaron seguramente a los jefecillos de

las tropas mercenarias que defendían los cotos mineros.

• El tercer periodo, que abarca entre los años 750 - 600 a.C., es orientalizante. Los fenicios

comerciaban intensamente con los pueblos del interior y originan una cultura orientalizante que

comprende todo el sur de España y Portugal, desde el Tajo al Mediterráneo.

Entre los años 630 a.C., fecha aproximada del viaje de Colaios de Samos, y el 520 a.C., los focenses

comercian directamente con Tartesos, en busca de metales, como lo indican las numerosas cerámicas

griegas de Huelva, Málaga y el Cerro Macareno (Sevilla). Esta época conoce el torno, la escritura, la

cerámica pintada, que en Cástulo copian claramente a las telas, todo traído por los fenicios. Las telas

son uno de lso principales productos del comercio de Tiro.

Los tartesios adquieren productos elaborados por los fenicios, principalmente de Cádiz, lo que prueba

que se elevó el nivel adquisitivo de los indígenas. Posiblemente artesanos de origen oriental trabajaron

entre las poblaciones indígenas para los reyezuelos. Este periodo es el Tartésico, por excelencia, según

F. Presedo, quien defiende que la siguiente etapa, que comprende desde el 600 al 450 a.C. es también

tartésica.

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