L¡óN
Govnz
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(on.),
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Rosn1,
Arr¡aNDRo
Prnnrrs
Arnnnl,
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RoonÍcunz
GoNzÁ*nz
ECONOMÍE
Y
LIBERTAD.
ESCRITOS
EN
MEMORIA
DE
ERNEST
LLUCH
UNIVERSIDAD
EUROPEA-CEESDepartamento de Fundamentos del Análisis Económico Departamento de Periodismo Especializado
Departamento de
Marketing
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UNIVERSIDAD EUROPEA.CEES
Documentos de Trabajo 4 / 01
Ëconomía y libertad. Escritos en memoria de Ernest Lluch
Villaviciosa de Odón (Madrid), noviembre de 200L
O 2001 León Gómez Rivas (dir.)
@ 2001 De las colaboraciones: sus respectivos autores
@ 2001 Universidad Europea-CEES Ediciones
Diseño de la colección y dirección editorial:
Departamento de Publicaciones e Intercambio Científico
de la UEM-CEES
:)
ÍNprcu
Introducción
1.
fostr
M.
Sar.¡uanrÍ Rosr1,Un
hombre para eldiálogo
1..1.. La forja de un
político
1.2. La política entendida como ética 1.3.
A
la búsqueda de los pactos perdidos2.
Arr¡axono
Prn¡r¡s Arnrnr,
Paraun
análisis del nacionalismo en España: ErnestLluch y
el austracismo como categoría metahistórica2.1.
Saber hacerse preguntas2.2.
Esfuerzointerdisciplinar
2.3. El
"austracismo" como concepto metahistórico2.4. Lluch y
los nacionalistas2.5. Lluch y
los contranacionalistas2.6. Abordar
la complejidad3.
LróN
Gótr,tEz RIvAs, La Escuela de Salamanca y los orígenesdel
pensamiento económico: publicaciones españolas recientes3.1.
El desarrollo de los acontecimientos3.L.1. Emest
Lluch
y la Escuela de Salamanca3.1.2. Economía y economistøs españoles, de Enrique Fuentes Quintana
3.L.3. En homenaje a Marjorie Grice-Hutchinson
3.2.
EI contenido de las ideas3.2.1. Trabajos colectivos recientes 3.2.2. Otras obras
3.3.
Bibliogralía sobre la Escolástica española y la Escuela de Salamanca: una perspectiva económica4,
A¡¡r
Roonfcunz GoNzÃtnz,Unaintroducción
a la Economía dela
Salud4.1. Introducción
4.2.
Fallos del mercado4.3.
Equidad4.4.
Intervención pública Notasdel lector
ECoNouÍe
Y LIBERTAD.
ESCRITOS EN
MEMORIA
DE
ERNEST
LLUCH
LeóN Góv,nz Rrvns
(pn.)
Univ.
Europea-CEES,
Depto.
de
Fundamentos del
Análisis
Económico
fosne
M.
SnNuanrÍ
Ros¡r
Univ.
Europea-CEES,
Depto.
de
Periodismo
Especializad,o
ArE¡aNono
P¡nnrrs
Arnrnr
Univ
Europea-CEES,
Depto.
de
Marketing
Anur RoonÍcunz GoNzÃtnz
School
of Public Policy
and Management, Carnegie
Mellon University
INrnoouccróN
Hace
cøsiun
øño recibíømos con estupor la noticiadel
ctsesinato del profesorLluch. Y yø entonces aørios profesores de esta Uniuersidad hablamos sobre ln
conae-niencia de expresør alguna manifestación públicn de nuestro dolor y recuerdo ø su per-sonø. Lo cierto es que en nuestra sociedad, urgida y desøsosegada, estøs terribles noticiøs
discurren con una pøsmosa frialdød. Apenas algunos nrtículos de prensø, manifestacio-nes o minutos de silencio, y pronto todo el mundo auelae a su rutina cotidiønø.
Sin embørgo, no serín honesto generalizør este comportømiento en lo que se refiere a
la mtterte de Ernest Lluch.Ins manifestøciones en Barcelona o San Sebøstidn tuaieron una enonne participación (y alguna
-pocn-
trascendenciø política; el artículo del profesorSanmartí høblø de ello con más detenimiento). Y en los ámbitos académicos mãs cercønos
L. Gómez Rivas (dir.)
Econonúa y libertad. Escritos en ntenøria de Emest [].clt
@ UEM.CEES EDICIONES 5
De mnnern que, peßonnlmente, he sentido Iø necesided y la oblignción de expre-snr esos mismos sentimientls en el seno de estø l..Iniuersidad Europea-CEES. Y aayn por delante,
y
no considero improcedente escribirlo aquí, que quien ffuma estøs primeras Iínens no compflrte muchas de lns opiniones políticas (actitudesfrente al problema nacio-nalisttt) o económicas (coml minßtro de Sanidad) de nuestro recordado profesor, ni tam-poco sus interpretaciones slbre lø Historia del Pensamiento Económico en Espnña. Pero en medio de tanta apøtía y faltø de actitudes comprometidøs en nuestro entorno tmiaer-sitario, justamente por ello me hn pørecido una más fuefte exigenciø morøl impulsar este pequeño homenaje a Ernest Lluch.
Y
Ia forma adecunda a nuestrø profesión es esta: utilizar algunas herramientas bósicas del quehacer uniaersitario. O sea, el estudio,la inuestigøción y ta reflexión. Aquípresentamos cuatro colaboraciones de profesores de nuestrø Llniaersidad Europea que
persig,rcn ese objetiao. Hay un primer trøbajo que eaoca la actiaidød política de Ernest Lluch, escrito por el profesor losep
M.
Sanmartí, de la Føcultød de Cienciøs de laComu-nicación. Sirae de excelente marco introductorio para comprender el texto que sigue: unø
reflexión del profesor Alejandro Perales acerca del interesønte y actual debøte
naciona-Iistø. Recoge Ia postura ----así la denomina- metahistórica de Lluch, definida por ese
término brillnntemente escogido del austracismo. En tercer lugør ofrezco un texto sobre
Historin del Pensnmiento Económico, møteria de lø que Lluch erø catedrático en Barce-Iona. Finalmente presentnmls un trnbøjo de Abel Rodríguez, quien daba clases en
nues-tra Føctútad de Economíø y Administración de Empresas hastø su reciente traslado a la
Uniaersidad norteameñcana de Pittsburg. En este caso, se trata de un estttdio sobre Eco-nomíø de Ia Salud, en recuerdo de la faceta de ministro de Sanidad que ejerció Ernest
Lluch entre 1982 y L986.
El título escogido para este Documento de Trøbøjo (Economía
y
llbertad) ya hnsido empleado en dos obrøs anterilres: un profundo e interesante trabajo del profesor de
Filosofíø Antonio
Millán
Puelles (Madrid, Confederøción Española de Cnjas de Ahorro,1974)
y
una más breae publicøción de Lucas Beltrán (Mødrid, Tecnos, 1-978),cntedrri-tico de Economía Política, en la que recopila artículos de diaerso contenido. Ademós de
animar al lector interesado a que conozcø nmbos trabajos, considero que en estas dos
pa-Iabrøs puede compendiørse breaemente unø semblnnza del desaparecido profesor Ernest Lluch.
2001-L. Gómez Rivas (di¡.)
Econornía y libenad. Escritos en meuøia de Entest Uuclt
@ UEM-CEES EDTCIONES 6
1.
UN
HoMBRE PARA ELDrÁLoco
Josrn M.
Seuunni
Rosrr
LJna tarde de los
principios
de la Transición, Emest (con acento tónico en la segunda e)Lluch
y yo nos econtrábamos hablando en la puerta del Congreso de los Diputados, al que entonces se accedíapor
la calle Floridablanca, cuando unmatrimonio
de mediana edad acompañado de una niña de unos 1,2 ó 13 añosse nos cruzó mientras nos observaba con atención. Los tres se detuvieron unos metros más allá, probablemente porque alguno de ellos había comentado que podíamos ser parlamentarios. Empujada
por
la curiosidad, la hijavolvió
sobresus pasos y nos interpeló directamente: "¿Son ustedes diputados?" "Yo no, boni-ta, pero este señor, vaya si lo es...", le respondí. Durante unos segundos la niña
miró
a ErnestLluch
con evidente emoción y, sin decir-nada más, sacó una cajita de subolsillo
y le ofreció no recuerdo si unos caramelos o unas pastillas Juanola. Lluch tomó una y le dio las gracias sonriendo. Después la adolescente dio media vuelta y regresó corriendo con sus padres, que la aguardaban mient¡as contem-plaban la escena.Cuento esta pequeña anécdota no solo porque a pesar de su brevedad fue un momento emocionante (creo que para
Lluch
también), sino parailustrar
dos de sus mayores virtudes: su capacidad para conversar dondey
como fueray
lailusión
que suscitaba su persona, incluso en los contactos fugaces. Con Emest Lluch hablé muchas horas, él en su furnción de político y yo en la de periodista. Porlo
menos 1o bastante para que, cuando fue nombrado ministro, me ofrecie-ra un puesto en su equipo, propuesta que tuve que rehusarpor
razones que no vienen al caso.La
última
vez que nosvimos
ftre en ei Liceo de Barcelona unas semanas antes de su asesinatol. Hablamos un poco de la ópera representada, de política y de las pequeñas cosas de la vida, sin imaginarninguno
de los dos que un año despuésyo
escribiría con muchodolor
y mucha rabia estas lÍneas necrológicas en su memoria.t El;.,",
de la Audiencia Nacional Ismael lvloreno procesó el 8 de febrero de 2001 a los etarras José
L. Gómez Rivas (dir.)
Econonía y libenad. F-scritos en ntennria de Emest l)uch O UEM.CEES EDICIONES 7
L.1. La
forja
deun político
Nacido
en plena GuerraCivil
española, Emest Lluch llegó a la política através de la Universidad, una de las grandes bolsas de dirigentes
y
cuadros de la Transición,junto
con los movimientos vecinales, las asociaciones católicas y,un Poco más tarde, la
Administración
local. Este es un hecho fr.rndamental en supersonalidad,ya
que hasta elfin
de sus días hizoconfluir
la carrera política con launiversitaria,
en una lograda síntesis humanística entre el pensador, el hom-bre entregado a la res publica y el docente."Al
observar en conjunto las casi dos-cientas cincuenta referencias bibliográficas de carácter académico escritaspor
Lluch,
aParece conluz propia
elhilo
sutil
e indestructible que las enlaza inter-namente,pero también
los nexos que existen conlos
centenaresde
artículos periodísticoso
con sus intervenciones parlamentariasy
escritospolíticos",
co-menta su discípulo SalvadorAlmenaf.
Como delegado
estudiantil
enla
Facultad de Ciencias Económicas de IaUniversidad
de Barcelona (1957-196I) forló su capacidad comolíder
democrá-tico en unos momentos en que no era nada fácil serlo,ni
mucho menos. Esto lepermitió
conectar con grupos y personajes de la oposición al franquismo,parti-cularmente con Jaume Vicens vives,
]oaquim
Nadaly
Fabià Estapé, quienes le ofrecieron amparoy
algún
terrenopara
actuar. Tambiénestudió en
h
École Pratique d'Hautes Études con PierreVillaç
Jean Weillery
André
Pietre3.Natr.r-ralmente acabó siendo expedientado, 1o cual no
impidió
que en 1966partrcipa-ra
como profesor ayudante dela
cátedra de Política Económica enla
famosa "capuchinada", donde sefundó
el Sindicato Democrático de Estudiantes de l.-rUniversidad
de Barcelona (SDEUB). Expulsado dela Universidad
hasta 1969,siguió colaborando con diversas organizaciones clandestinas y sufrió varias de-tenciones.
Las crecientes dificultades en el
distrito universitario
de Barcelona Ie lle-varon a laUniversidad
de Valencia (1970) como profesor agregadointerino
deHistoria
de las Doctrinas Económicas en la recién estrenada Facultad de Econó-micas. También allí conectó rapidamente con núcleos de intelectuales y políticos de la izquierda regional, actuando como uno de los dinamizadores de un soci.t-lismo hasta entonces tan desorientado como disperso. Por ello, no tiene nada de extraño queLluch
fuera uno de los "10 de Alaquàs", diez personalidadesdete-2
Salvador Almenar, "In Memoriam. En recuerdo de Ernest Lluch", Boletín de In Asocinción tlt
Historin Económica,23 (mayo 200I), p. a. 3
L. Gómez Rivas (d.i¡.)
Econonía y libertad. kcritos en nemoria de Enest Uutlt O UEM-CEES EDICIONES 8
nidas de golpe en esta población en
junio de
1975 mientras preparabanla
for-mación de un Partido socialista valenciano. "Emest Lluch, quevivió
seis o siete años en valenciapor
razones profesionales,tuvo
un papelmuy
especial desde la fundación de Socialistes Valencians Lrdependents,un grupo
que, ami
pare-cer, asumióun papel motor
de Convergencia Socialista Valenciana,y
también con posteríorídad" , recuerda el actual senador y catedráticoAlfons
Cucó4.La etapa valenciana de
Lluch
fue crucial para su evolución como políticoy
ya
allí
dio
claras muestrasde su
estrategia dialogantey
su
predisposición hacialos
acuerdos.Uno
de sus rivales enel
socialismovalenciano,J.J.Pérez
Benlloch, reconoce
que
"sin
Lluch no
se hubieraproducido
la
fusión
entre elPSPV y el PSOE". Pero su reconocimiento va más allá al
admitir
que "con ErnestLluch
llegó a Valencia la profesionalización de la política. Ét planteaba reunio-nes largas, de análisis enprofundidad
de distintos temas, cosa que aquíno
sehacía. Era una persona
muy
preparada,muy
dialogante. Barría siempre paracasa, pero desde el diálogo"s. Este mismo punto de vista es sostenido por A. Cucó
aI
afirmar
que en
ValenciaLluch
"contribuyó
políticamentea
introducir
ele-mentos de racionalidad. Lavida
socialista no existía. El PSV había muerto y no habíansalido
alaluz
otros partidos. Él impulsó la unión a través del proceso de convergencia socialistay
marcó el tránsito de la visceralidad a la racionalidad. Procedía de unmundo
más maduro que era el de Barcelona..."óSu labor política no le hizo descuidar la universitaria. Tämbién como
cate-drático
renovó los estudios acerca dela historia
económicaregionaf
lo
que Iellevó a polemizar incluso con Joan Fuster, el gran patriarca de la izquierda nacio-nalista valenciana. "Era
un
gran humanista de Ia econornía. La entendía plena-mente como una ciencia social. Por esto,vinculó
directamente la reflexióneco-nómica a la realidad
y
aportó la sistematización rigurosa al estudio económico del País Valenciano", explica Vicent Soleç r.mo de sus discipulosy
amigoT.Atendiendo
a la llamada del líder socialista Joan Reventós, poco despuéspidió
el traslado a Barcelona como profesor ayudantey
luego agregado.IrLme-diatamente entró en el Partit Socialista de Catalunya (Congrés), uno de los que
formaron
enjulio
de
1978el
actualPartit
dels Socialistes de Catalunya (PSC).Igual que antes en Valencia, él fue uno de los impulsores del gran proceso de
fu-n
Alfo.,t Cucó, "Una ullada a Ia reconstrucció del socialisme valencià", L'Auenç,228 (setembre 1998), p. 36. (Traducción del catalán de J. M. Sanmartí).
t Citado en Miquel Calvet, "Un valencià compulsiu", El Temps,859 (28 de novembre-4 de
desem-bre 2000), p.22. (Trad. J. M. Sanmartfl.
6
tbia., p.22. (Trad.J. M. Sanmartí).
L. Gómez Rivas (di¡.)
Economía y libertad. Escritos en ntentoia de Enwst Uuclt
O UEM-CEES EDICIONES 9
sión de los socialistas catalanes. En las primeras elecciones democráticas de
ju-nio de 1977 fue elegido
diputado
al Congreso de los Diputados por Gerona, car-go que rePitió hasta 1988. En cotìsecuencia, participó en la elaboración y aproba-ción de la Constitución española y fue designado por la Asamblea de Parlamen-tarios de Cataluña como uno de los negociadores del Estatuto de Autonomía enMadrid
(1979), especialmente en sus capítulos económicos y hacendísticos, aun-que es verdad que sin un protagonismomuy
destacado.Su
primer
cargo de importancia fue el de portavoz del PSC en el Congreso de los Diputados, puesto que ocupó entre abril de 1980 y diciembre de 1981. Fue cesado abruptamenteal
negarse a presentar las enmiendasde su
grupo
a la LOAPAs,ley
quepor
cierto en L983 elTiibt¡nal
Constitucional rechazó en susaspectos fundamentales. Esta posición
le vaüó
fuertes críticasde los
sectores catalanes (y vascos) más nacionalistasy
cercanos a Convergencia Democrática, liderada por Jordi Pujol.A
pesar de este contratiempo, en diciembre de 1.982 fue nombradominis-tro
de Sanidaden el
primer
Gobierno de Felipe GonzáIez, siéndolo hasta las elecciones de 1986. Ganópor
oposición la cátedra deHistoria
del Pensamiento Económico, hasta que en 1989 fue nombrado rector de laUniversidad
Interna-cional Menéndezy
Pelayo (UIMP),institución
queimpulsó
y
descentralszó en varias ciudades.A
lo largo de estos años en la UIMP se fue apartando de lavida
política activa, sin perdeq, no obstante, su pasión por ella. Siguió
militando
en elPSC
--eso
si
alejado de los puestos de mayorresponsabilidad-
y sedistinguió
cada vez más como analista y comentarista y como activista de base.
Al
serrele-vado del
rectoradoen
1995, simplementevolvió a su
cátedraen
Barcelona, intensificando su labor docente e investigadora, tarea en la que le sorprendió su trágica muerte. El profesorAntón
Costas cuenta que el día en que Lluch dejó el rectorado dela
UIMP,"nos fuimos
a comer solos aun
restaurante cercano al Congreso de los Diputados. Durante la comida me confesó que ese día cerraba una etapa larga eimportante
de suvida
dedicada a la políticay
mepidió
que no le dijera que era una equivocación. Quería, me dijo, dedicar los años que le quedaran a publicar en su especialidad deHistoria
del Pensamiento Económico y, antetodo, a deci¡
las cosas que creía que debía deciry
que hasta entonces había callado..."e8
Ley Orgánica de Armonizacióndel Proceso Autonómico.
L. Gómez Rivas (dir.)
Econonúa y libertad.. Escritos en menøria de Enwst Uuch
@ UEM-CEES EDICIONES IO
"1..2.La
política
entendidacomo ética
Este breve rePaso
por
su biografía públicailustra
aun
político no profe-sional,muy
alejado delprototipo
que se ha impuesto en losúltimos
años. Para esta generación forjada en las luchas antifranquistas, lapolítica
era entendida más que nada de unaforma
ética,ni
siquiera vocacional. Laactividad
política era el instrumento Parallevar
a cabo sus ideasy
sus compromisos morales, en el sentido más kantiano del término, en lugar de una manera de ganarse lavida
y
mucho menos de aspirar al poder o de ejercerlo.Por
esta razón, Lluch nunca estuvoinvolucrado
ni
de lejos en las variasy
variadas historias de corrupción que cruzaron la política catalanay
española en general apartir
de los años 80,excepto para denunciarlas. Sus numerosas polémicas se circunscribieron siem-pre al terreno
político,
académico o intelectual, sin que ennin$in
momento setrasladaran a las cuestiones personales, especialmente a las relacionadas con el dinero, las influencias, los cargos o simplemente el poder, y por eso podía entrar y salir de la política de
partido
y practicarla como una faceta más de su vidauni-versitaria e intelectual
y
de su compromiso ideológico y ético.La política entendida
comoservicio
o
comomandato
moral
empezó amorir
a finales de los 90, a remolque de la veloz desideologización de lavida
pública. Desde diversos cargos electos se planteó entonces su ejercicio simple-mente en términos de gestióny
se reclamaron unos autnentos de sueldomuy
sustantivos, acordes con los de los ejecutivos de las grandes empresas a los que los nuevos profesionales de la política se asirnilaban del derecho
y
del revéslO.Algrrnos balbucearon torpes excusas, pero hubo parlamentarios, consejeros au-tonómicos o alcaldes,
por
ejemplo, que justificaron sus demandas alegando así, contoda
crudeza, que más que políticos eÍan altos cargos de Ia Adminishracióny
que,por lo
tanto, se les debía remunerar en consonancia, comomínimo
a lapar
de lo que ganaban en las compañías privadas de las que procedían o en lasque aspiraban a trabajar. Hubo dirigentes de partidostt
qr"
se presentaron a lasúltimas
elecciones municipales argurnentandosin
tapujos que hay que gestio-nar los ayuntamientos con criterios empresariales... y fueron elegidos, a pesar de que,por
definición, hay pocas cosas más alejadas de una empresaprivada
queun
ayuntamiento.Es iruregable que quedan
miles de
cargos electos, especialmenteen
los entes locales, que trabajan con el sentido ético y de servicio que tanto apreciaba10^
'" Conviene subrayar que los cargos polÍbicos suelen tener la potestad de subirse el sueldo a
sí mismos.
L. Cómez Rivas (dir.)
Economía y libertad. hcritos en ntenu¡ria de Eme.st Uuch
@ UEM.CEES EDICIONES I I
Lluch; pero esta imagen ya ha sido superada
por
la de unos profesionales quePersiSuen los puestos para ganar dinero o influencia, o en el mejor de los casos
sencillamente gestionan los asuntos pírblicos, dejando al
líder
máximo, o como mucho ala
direccióndel partido, la
elaboración de las"ideas", de
los planespolíticos y, en
definitiva,
de
las consignas.Lluch no
perteneciónunca a
esteámbito exclusivamente gestor
y
era lógico que, a medida quela política
espa-ñola se iba profesional2ando, él se fuera sintiendo incómodoy
acabara retirán-dose de ella y centrándose en su verdadera ocupación como catedrático e inves-tigador.La gran obra de
Lluch
comoministro,la
ley de Sanidad de 1985, respon-demuy bien
a suvisión
democráticay
socialista de una sociedad más justay
másigualitaria
y
erüaza conla
idea socialdemócratadel
Estado de Bienestar. De este modo, se establece una coherencia entre la filosofíay
los aspectos tron-cales de la ley,por
r¡n lado,y
su personalidad como político,por
el otro. Claro queadministrar
la
sanidadpública
deun
país como España esuna
cuestiónmuy
difícil
dellevar
a la práctica, y que no depende solo de unas buenas inten-cionesy
de unos proyectos más o menos realistas sobre el papel. También aquí demostróLluch
sus capacidades dialogantes, que anteriormente ya había prac-ticado afondo.
"Legendaria era su capacidad de negociación perrnanentey
atodas las bandas con los agentes sociales relevantes
y
sabía ser partícipe ysoli-dario
con los objetivos más amplios de la organización superior, en este caso el Gobiemo de España, renunciando a posibles éxitos propios,si
así 1o exigía la coherencia de la política gubernamental en su conjunto", opina Félix Lobo, r:no de sus máximos colaboradoresl2.Procedente de una
familia
pequeño-burguesa de la costa catalana, de Vi-lassar deMar
(Maresme), Lluch conocía muy bien su sociedad, con la que siempremantuvo unos
contactosmuy
estrechos.Por
talantepropio
y
por
convicción ideológicavivió
muy
atento a las pulsaciones de la calle y buena prueba de ellofue su
conocida pasiónpor el
fütbol,
y
concretamentepor el
Barçay
la
Real Sociedad. Así lo ve Félix Lobo: "...También estaba dotado de una fina sensibili-dadpolítica
que lepermitía discemir lo
importantey
sintonizar
con losintere-ses ciudadanos. Las prioridades debían mantenerse claras. Lo primero es lo
pri-mero, en el sistema sanitario son los enfermos. En la Universidad Internacional
1o primero eran los alumnos y la calidad de la docencia"13. No es de extrañar que
t2
Dir.u.ro de Félix Lobo en el homenaje a Ernest Lluch en el Ministerio de Sanidad y Consumo, celebrado el 30 de noviembre de 2000. Textrr lotocopiado.
L. Gómez Rivas (dir.)
Econornta y libertad. Escrilos en meutoria de Enust Uuclt
@ UEM.CEES EDICIONES 12
alguien así supiera adaptarse a la mentalidad y a los modos de vida de todos los sitios en los que trabajó y
vivió
y
que en todos ellos sea recordado ahora como un personajepropio. No
solo en Cataluña, en Barcelona y en Gerona, sino tam-bién en el País Valenciano, en Cantabria, en el País Vasco o enMadrid.
Decía antes que Ernest
Lluch no
fue nuncaun político
deprimera
fila y
sobre todo un político estridente, y tiendo a creer que en su nombramiento como
ministro
influyó
más elequilibrio
entre las distintas alas del socialismo, que supropia
trayectoriapolítica
e incluso que la que había seguido como experto en Economía. Pertenecíaal
sector
nacionalistamás moderado,
al
catalanismo popular, más inclinado hacia el federalismo que hacia la autodeterminación o el soberanismo. De este modo,y
con el nombramiento adicional de Narcís Serra para la cartera de Defensa, Felipe Gonzâlez se aseguraba el apoyo de la cúpula socialista catalana sin necesidad de comprometerse con promesas irrealizables ocontrovertidas en este frente. Bastantes problemas tendría
por
estelado
con el Gobierno nacionalista de Jordi Pujol...1,.3.
A
la búsqueda de los pactosperdidos
En
realidad fue
su contundente apuestapor
el
diálogoy
el pacto como estrategiapolítica
Io queconvirtió
una noble pero discreta carrera en una refe-rencia obligada para la sufrida democracia española. Emest Lluch defendió estapropuesta desde el
principio
hasta el fin y tiendo a creer que incluso su hora más baja (su destitución como portavozdel grupo
parlamentario de los Socialistes de Catalunya) fue debida al hecho de entender la LOAPA más como una salid.r pactadaque
comouna intromisión
en las competenciasde
la
Generalitat de Catalunyay
del Gobierno vasco.En efecto, su formación histórica, su preparación como economista
y
strvocación política le llevaron a considerar España como el resultado de
un
largo y complejo sistema de pactos, y no como una idea inmutable o un proyecto per-manentesurgido
de los tiempos medievales. Lapropia
Constitución español.r vacila, si es que no se contradice, entre ambas opciones, según se aprecia en surfamoso artículo 2.Para Lluch, a España le faltan todavía grandes acuerdos inter-nos, y de forma especial los relacionados con el País Vasco. De hecho, este plan-teamiento no era nuevo,
ni
mucho menos, en la tradición política de Cataluna I'L. Gómez Rivas (dir.)
Econotnía y libertad. Escritos en mentoria de Emest Lluch
@ UEM.CEES EDICIONES 13
Si volvemos la vista hacia atrás, hacia la Historia, y resumimos mucho, se observa que la primera unificación política y administrativa de la Península Ibé-rica fue bajo la dominación visigoda. La invasión árabe sustituyó esta cúpula
di-rigente
y
foruó a unos pequeños grupos de nobles a refugiarse en las comarcas montañosas del norte, enun
extremo del paraguas protector delimperio
caro-lingio,
exceptola
zonalibre
de Asturias. Enla
parte bajoel
dominio
ârabe, Lamayoría
mozárabe siguió conservando una gran influencia en todos los aspec-tos, desde el eclesiástico hasta elpolítico
y
elcultural.
A
mediados del siglox
esta situación empezó a cambiar: la población se islamizóy
el emirato de Cór-doba se asentó más en los núcleos inmigrantes procedentes del Próximo Oriente y delNorte
de África, desplazando de las áreas de poder al clero mozárabe. Estomotivó
diversas sublevaciones en ciudades importantes como Toledo, Mériday
la
propia
Córdoba, motines que fueron reprimidos con severidad.una
parte de los monjesy
obispos represaliados se refugiaron a su vez en Asturias, donde los nobles altemabanel
pastoreo con el bandidaje.Allí
empezaron aconstruir
la idea de la reconquistø, esdect,la
reconstrucción del reino godo, único, centrali-zadoy
católico, que expulsara a los infieles musulmanes. Los asfurianos, que yahabían empezado
una
etapade
independencia,de
consolidacióndel
reino
eincluso de expansión con el rey Alfonso
II,
la acogieron confervor
y
bajo el rey AUonsoIII
esta filosofíapolítica
alcanzó su completa elaboración, hasta elpunto
de trascender al reino de Castilla y posteriormente a la idea de España. El
neo-goticismo asturleonés, como lo llama José Luis Martín, no solo es el
inicio
remoto, sino la base identitøria del posterior nacionalismo español.Por el contrario, en el otro extremo de los Pirineos la evolución de los terri-torios cristianos se basó en una compleja red de condados carolingios jurídica-mente iguales y que se unían (o desunían) libremente, sobre todo mediante
ma-trimonios
y
herencias. Lapropia
Corona de Aragón, resultante de la fusión de varios reinos y condados, conservó hasta elfinal
de su existencia en el siglo xvrrt esta estmctura confederal, en la que los pactos constituían su ligazónprincipal.
A lo largo de toda su historia como tal, desde Catalu¡ia se ha defendido esta otra concepción de España, basada en el acnerdo más o menos
voluntario
de todos sus territorios.En
opinión
de Lluch, la derrota de los austriacistas en171,4 y la implanta-ción de laAdministración
única borbónica supuso laúltima oportunidad
para desarrollar el modelo pactista. Precisamente en su líbro I-øs Españas aencidøs delsiglo xvm. Cløroscuros de Ia llustración, deftende que la victoria
militar
de FelipeV
L. Gómez Rivas (dir.)
Economíay liberlad- Bcritos en ntenøria de Emest Uuclt
O UEM.CEES EDICIONES 14
esta enhoncara
más tarde con las fuertes
hadiciones forales. Es más,no
sePuede exclufu que una mayor profundización de la Ilustración y del liberalismo español hubiese acabado adoptando estos planteamientos federales,
tal
como sucedió en parte en 1977-78. "La derrota de las libertades catalanas era paralelaa la de las libertades españolas, en el sentido de la época", escribió
Lluch
en estelibro,
aludiendo a que se perdían los valores de una España pluralista.La cuestión es que a
principios
del siglo xxl estas dos visiones son las que todavía pugnan en el horizonte constitucional ypolítico
de la España actual;y
que Ernest
Lluch
sostenía abiertamentela
linea pactista, concebidacomo "la
forma
de entenderuna
realidadplural,
compleja, siempre interactiva,llue
ha hecho posible una larga convivencia entre los distintos pueblos y nacionesibé-ricos, siempre
tensionada precisamentepor
estas alternativasal
Estado convisión
centralizada",
erL palabrasde Lluís Foix
al
comentarel libro
de Lluch
L'alternøtiaa cøtalanala.
Al fin
y al cabo esta postura no está tan lejos de la expues-tapor
el rey|uan
CarlosI
en el Congreso con ocasión de celebrarse el xxv ani-versario de su reinado: "Entender la unidad nacional en ladiversidad
solidariay
justa
ha
sido
el
gran hallazgo de
esteúltimo periplo
histórico
que hace aEspaña más auténtica, más
vital
y
más creativa. También más compleja pero, desde luego, máslibre
y
espontiínea..."rs Y es quela
Constituciónde
1978, en efecto, vuelve a reconducir el debate hacia fórmulas más consensuadas, aunque en ciertos aspectos se queda a medio camino, o, si escuchamos a los críticos,por
lo menos no la han dejado alcanzar todas sus metas potenciales.
La conexión entre ambos hechos (derrota de los austriacistas
y
Constitu-ción de197$
fue puesta de relieve en el Congreso sobre Felipe V que se celebró en laUniversidad
de Zaragoza en enero pasado.Allí
el presidente de laDipu-tación, Javier Lambán,
por
ejemplo, subrayó que los criminales de ETA hanpri-vado al país "de
lavoz
del defensor de una España diversa, que buscaba argu-mentos en el pasado para planificar unfuturo
más justo"ló. También lo ha dicho el profesorAntoni
Segura, quienafirma
que Lluch buscaba en el pensamiento austriacista cataliín del setecientos "nuevos puntos de rcflexióny
de anáIisis po-Iítico que, sin renunciar al marco jurídico y constitucional vigenteni
sacralizarlo, permitieran encarar con fórmulas imaginativas el conflicto del País Vasco"17. O lata
Ll.lír Foix, "El pasado que no pasa", In Vanguørdiø,15 de octubre de 2000, p. 31.
"
Discurso del rey Juan Carlos I ante las Cortes Generales eI22 de noviembre de 2000. Diario de Sesiones de las Cortes Generales, año 2000, VII Legislatuta, n.o 2,22 de noviembre de 2000.1ó
"L-absència d'Ernest Lluch marca l'obertura del congrés sobre Felip Y", Aoui (versión digi-tal), 1.6 de enero de 2001.
17
L. Gómez Rivas (di¡.)
Econotnb y libenad- hcritos en nrcntoia de Enest Uuclt
O UEM-CEES EDICIONES 15
revista esPecializada en historia L'Auenç, que le concedió el galardón
extraordi-nario
de laprimera
edición de los Premios de la Críticapor
suconhibución
"a la articulaciónplural
de Ia España contemporártea".Siguiendo a Isaiah Berliru
Lluch
criticaba tanto los nacionalismos domi-nantes, cuando no opresores, como los resultantes de una reacción,y
proponía las vías democráticasy
constitucionales paraevitar
los unosy
losokos.
"Soy "equidistante> ante ambos nacionaüsmos y,por
tanto,
adversario cuando no enemigo de ambos. La muerte y la violencia nunca se justifican. La contestación enforma
de "llamarada,, o de ,,agresividadr, para continuar con Berlin, jamás puede ser aceptada. Precisamente la labor civilizadora que compete a los demó-cratas o a los nacionalistas demócratas es respetar los derechosindividuales
de los miembros de cada pueblo en los que se diferencian para que estas reacciones condenables desaparezcan. Así,la parroquia política que más conozco no debe serni
nacionalista vasca o catalana,ni
tampoco nacionalista española. En todocaso, puede ser catalanista o vasquista como una actifud tibia y extensa, en
adje-tivos
tomados en préstamo aIsidre
Molas, para quesirva para
restablecer la igualdad del ciudadano ante su lengua en relación con la lengua ..única', duran-te tantos años o en otros duran-temas de autogobiemo..."18Esto explica, por ejemplo, sus ásperas polémicas con la Real Academia de la Historiale, con historiadores como Juan Pablo Fusi, al que situó como uno de
los
animadores (moderados) vascosdel
neonacionalismo españo120, o,por
la misma razón, con filosófos y políticos como Fernando Savater.De todos modos, la gran aportación política de Emest Luch
no
fue la de-fensa del pactismo, sinopedir
su aplicación como solución a la dramática situa-ción que vive el País Vasco, en unos momentos en que la exasperación debida al terrorismo resucitabapor
doquier lavisión
de una Españaunida
frente a unos nacionalismos periféricos disgregadores, insolidarios, cuando no socios, o por lomenos tolerantes, de la violencia. Hay que convenir en que la propuesta no era profética en la medida en que era y es compartida por amplios sectores de la po-blación, especialmente catalana
y
vasca, tal como demostróla
tremenda mani-festacióndel23
de noviembre de 2000 en Barcelona, o los homenajes que Lluch recibió en Euskadi, especialmenteel del
12 de enero de 2001 en Donosti. Más aún, elpropio
Parlament de Cataltmya aprobópor unanimidad
el8
de febrero18
Ernest Lluch, "Contra la furia y contra la violencia", El País,29 de abril de 1999, p.18.
19
Ernest Lluch, "Censura en la Academia"
,Ia
Vanguardia,30 de septiembre de tSiS, p.ZZ.20
L. Gómez Rivas (di¡.)
Econonía y libenad. Escritos en ntemoria de Envst Lluclt
@ UEM.CEES EDICIONES 16
una declaración cuyo
punto
quinto reclama "el diálogo y launidad
de todas las fuerzas políticas democráticas, como expresión del compromiso con el derechoa
vivir
enlibertad,
de condena inequívoca a los que matan,y
como únicaespe-rarrza para obtener la paz" . Sin duda,
Lluch
habríafirmado
con los ojos cerra-dos este párraf.o, queel
presidentePujol
defendió más tarde conardor
en eI homenaje que el Parlamentrindió
a Lluchel24
de abril pasado.Bien es
verdad
que en aquellos días fueron asimismo muchos los que seopusieron a la idea de diálogo y de pacto incluso entre partidos democráticos,
y
que el país se
dividió
entre nacionalistasy
constitucionalistas,asi
a secas. Esta confrontación fue recogida enun
amargo artículo de Borja de Riquer, en el quese quejaba del rechazo
sufrido por
la propuesta deLluch
y
Miguel
Herrero deMiñón. "...No
essencilla",
comentaba Riqueq,"pero
estáformulada
desde la total lealtad constitucional y con una generosa imaginación política. Pese a ello,fue
recibida con notable reticencia, e incluso conhostilidad
desde los sectores más intransigentes de los nacionalismos españoly
vasco..."zl La idea expuestapor
ambos en ellibro
Derechos históricosy
constitucionølismo útil22 se basa en el desarrollo de la disposición adicionalprimera
de la Constitución, relativa a los derechos históricos vascos. Esto comporta entender la Constitución no comoun
texto cerrado y terminado, sino como otro pacto, esta vez fundamental, a saber: que
los
litigios
intemos
runca
más seríandi¡irnidos
por
las aûnas, sinopor
medio
de la negociación, el diálogo, el pacto, los mecanismos democrábicos, la ley endefinitiva.
Por lo demás, la Constitucióry cualquier Constitución, debe ser entendida más comoun
instnrmento para resolver problemas reales (eI consti-tucionalismoútil),
que comouna definición inamovible
de país.Una
vez
más Lluch no estaba solo, tal como demuestra esta afirmación de ComÍny
González Faus:"El
<respeto> a la Constitución no supone estar <afavop
de laConstitu-ción".
Para ellos,la
Constitución española protegela
libertad
ideológicay
elpluralismo político
incluyendo laposibilidad
de ser reformada, sinolvidar
que la única exigencia es hacerlo pacíficamentey
dentro de las reglas que establece ella mismaæ.Para sus oponentes, sin embargo, el diálogo era o una
ingenuidad
o unadebilidad
frente a los violentos. Véase, si no, este texto de F. Savater:"IJna
de dos: o bien con"diálogo"
no se quiere expresar sino r.rn piadoso deseo decon-2t Bo4"
de Riquer, "Ernest Lluch y el .ambiente,, cle Madrid" , EI País,8 de enero de 2001, p. 14.
"
Miguel Herrero de Miñón y Ernest Lluch, Der¿cfios históricos y constitucionalismo útil, Bilbao, Fundación BBV 2000.23
L. Cómez Rivas (dir.)
Econonía y libertad. F-scritos en ntennia de E¡nest lJuch
cordia y
un
algo másimpío
peromuy
comprensible hartazgo ("que se sienten auna mesa a ponerse de acuerdo y nos deien a los demás en paz>), o bien se trata de
insinuar
que sería aconsejable pactar con el PNV alguna concesión semeian-te alo
exigido
por
ETA, detal modo
que se contentaseun
poco ala fiera
sin ceder directamenteen
aparienciaa
sus imposiciones.No
sési el
diálogo
así entendido,junto
a la convicción de que los opuestos al nacionalismo vasco solo pueden ser herederosputativos
deMillán
Astrayy
de que los atentados contra elpluralismo
en este país siempre vienen deMadrid y
nunca deVitoria o
de Barcelona, son partedel "espíritu
de Lluch>r pêro estoy seguro de que se hatade
disparatesmejor o peor
intencionados..."24 Pero, ojo, para Javier Tusell setrata
únicamentede
un
legítimo
y
democrático choquede
ideas,/â
que
"en todos esos rasgos a quien se parece realmente Savater es a ErnestLluch
[y no aSartre]. Sus posiciones políticas acerca de la cuestiàn vasca estaban en las antí-podas, pero las actitudes de fondo eran idénticas. Y el artículo en que el
prime-ro despidió del
mundo
de los vivos al segundo fue de los más bellos,inteligen-tes y emocionantes que han salido de su pluma, un claro ejemplo de lo que debe ser la
unidad
y la discrepancia de los intelectuales demócratas ante el problema más grave que tiene enla
actualidad nuestro sistema político"2s. Caballeresca comparación que ciertamente no puede ser aplicada a otros adversarios dialéc-ticos de Lluch.Lo
curiosodel
caso es que ETA también arguyóla
oferta dediálogo
de Lluch como justificación para asesinarlo, según explicó esta misma organización en su comunicadodel
15 de enero. Para los terroristas,Lluch
"quisojugar
con su posición de losúltimos
tiempos el papel de policíabueno"
y
su
"supuestodiálogo"
tenía como objetivo una "EuskalHerria
dividida y
dominadapor
Es-paña... Para ello, apostaba estrechar los lazos entre el PSOE
y
elPNV
con elfin
de arrastrar a este a una colaboración decidida con el Estado"26.
Dicho
de otro modo, ETA siente la negociación y el pacto como una seria amenaza a sus plan-teamientos.No nos engañemos,la proliferación de declaraciones laudatorias y de jus-tos homenajes después de su muerte
no quita
queLluch tuviera
algunosene-migos, empezando desde luego
por
ETA, que notuvo ningún
reparo enasesi-narlo,
y
muchos adversarios nopor su
talante, sinopor
sus ideasy
su actihrdpolítica.
Sin necesidad desalir
de Cataluña,por
ejemplo en mayode
1984 l.r24
Femando Savater, "Instrumentalización política", EI País,11. de enero de 2001, p. 11.
2s
¡avier Tusell, "savater no es Sartre", EI Pnís Digital, 10 de febrero de 2001.
2ó
L. Gómez Rivas (di¡.)
Econonía y libenad. kcritos en nrcnaria de Enrcst Uuclt
O UEM.CEES EDICIONES 18
mayoría conaergente
del Ayuntamiento
de Berga le declaró"infiel
a Cataluña" alegando que habíapedido
responsabilidadesal
presidente JordiPujol
por
elcaso Banca Catalana. El
"baldón"
no le fue retirado hasta dieciséis años despuéspor
otra mayoríamunicipal,
esta vez republicana.Lluch, que
no
revolucionó
la
política
españolaen
vida, lo hizo
con sumuerte violenta, lanzando
aun primer
plano su
ideade diálogo
y
de
pacto. Tampoco esta seríauna
gran novedad en sí misma, sino
hubiese rebotado en una parte dela
sociedad encabezada por los distintos nacionalismos enfrenta-dos que llevaba dos años cerrada a ambos conceptos. Endefinitiva,La
cuestión planteadapor
Lluch ha quedado encima de la mesa: en España faltan aún pac-tos fundamentales, bien porque la Constitución no los resuelve, bien porque nose quiere aplicar a
fondo
sus preceptos. Partiendo de la renuncia a la violenciay
de su condena total, hay que seguir elaborando aquella red de acuerdos que la debacle austriacista de 171,4 dejó pendiente para conseguir una Españaplural
apta para todos.
Lluch
creía que la Constitución es una excelente base departi-da para ello, con tal de que se ponga más energía y más
voltmtad
negociadora, especialmente, aunque no solo, en el caso vasco. En los últimos tiempos hay sig-nos contradictorios acerca de esta actitud. Por ponerun
caso, el Gobiemoy
elPSOE han
firmado
un pacto antiterrorista, al que no han sabido stünar fuerzas indispensables para la pacificacióny
el desarrollo constitucional, como el PNVo CiU.
Aparecen así como las únicas fuerzas políticas capacesde
asegurar la convivenciay
launidad
de España. Las autonomías, sobre todo si son goberna-daspor
partidos de otro color al del Gobiemo central, siguen siendo percibidas y tratadas muchas veces más como enemigas del Estado que como una parte deL. Gómez Rivas (di¡.)
Economta y libenad. Bcritos en nenøria de Emest Uuclt
@ UEM.CEES EDTCIONES 19
2.
Pnne uN
ANÁLrsrs
DELNACroNALrsMo
ENEspAñA:
ERNESTLrucn
Y EL AUSTRACISMO COMO CATEGORÍA METAHISTÓRICAAre¡avono P¡Rer¡s
Alssnr
El
análisis de los nacionalismos, que viene ocupandoun
lugar
cada vez másimportante
en el ámbito temático de las Ciencias Sociales, ha experimenta-do durante losúltimos
años en España un especial florecirniento. Florecimiento caracterizado fundamentalmentepor
tres rasgos específicosy
diferenciales:1.
La
profunda
ideologízaciónde los
discursos, hastael
punto
de
que son raras las obras realizadas en este campoy
en estos años que no conlleven una toma de posición delautor
o autores en el tema que sepretende
analizar. Esta especiede
"observaciónparticipante" (dicho
sea conironía)
se produce casi siempre endetrimento
delrigor
científico, sustituyéndose elpopperianore-quisito
de la falsación de las hipótesispor
la tautología más descarnada, en la que la selección intencionada de hechosy
datos solo busca la confirmación dea priori.
2. El
predominio
epistemológico de la Historiografía a la hora de abordar el fenómeno, en detrimento de otras ciencias sociales como la Sociología, la Psi-cología Social, la Antropología o la Etnografía, que podrían resultarmuy
escla-recedorasy
que sí sonmuy
empleadas en otras latitudesl. El recurso a la histo-ria como fundamentación explicativa, además, recurre en muy pequeño grado alas aportaciones de la Economía o del análisis de las mentalidades, retrotrayén-dose
al paradigma
geopolítico más tradicional:el
dela
"sucesión de sucesossucedidos sucesivamente".
3.
Una
concepcióndel
nacionalismocomo
atributo
que
únicamente seaplica a la reivindicación identitaria periférica, pero no a la reivindicación
identi-taria
española. Este desenfoque,al
que más adelantenos
referiremos mâs inextenso, no solo es generalmente asumido
por
los estudiosos "contranacionalis-tas", sino tambiénpor
muchos intelectuales "nacionalistas"2.1
Vé"r" el tratamiento del nacionalismo dentro de los llamados estudios "étnicos" y
"culturalis-tas", que, junto con los estudios de " género" y los estudios sobre la "identidad", tanta literatura ensayística vienen generando en Francia y los países anglosajones en torno al cambio de siglo.
L. Gómez Rivas (dir.)
Econonía y libertad. Escritos en nenu¡ria de Entest Uuclt
Atendiendo
a este panorama, el presente habajo plantea una breve refle-xión sobre las aportaciones de EmestLluch
al actual debate sobre el nacionalis-mo en España, tratando de enumerar las claves de la potencia y laoriginalidad
de su posición intelectual en este ámbito.
2.1. Saber hacerse preguntas
Cabe
referirse, enprimer
lugaq, al papel que la ideotogía juega en el dis-curso analítico y científico de Ernest Lluch sobre la cuestión nacional. Lluch era, engran medida,
eso que sellama
un
"político
profesionvl",y
su producción intelectual tieneun
marcado carácterpolítico.
Esta apreciación, ami
modo
de ver, no puedeni
debe ser soslayada, porque esun
elemento clave para la ade-cuada comprensión de su obra, de suvida
y,por
supuesto, de su muerte.Ahora bien, es importante
afirmar
acto seguido que tal carácterideológi-co no
invalida
en modo alguno elrigor
de su reflexión, investigación y esfuerzo de erudición.Lluch
sabe que la ideología esválida
a la hora de plantearse pre-grrntas, pero puede ser-y
casi siempre loes-
un lastre en el momento de darpor
buenas las respuestas.Y
es precisamente su enfoque ideológicoel
que le permite orientarse en el análisis de cuestiones que para otros autores han pasa-do desapercibidas; en buena medida, porque tienendifícil
acomodo en el "lecho de Procusto" de planteamiento ideológicos nacionalistas o contranacionalistas en blanco y negro.2.2. EsÍuerzo
interdiscipl inar
Lhma
la atención también en Ernest Lluch su cómodo transitar por disci-plinas como la Historia, la Economía, laCultura y
el Pensamiento Político. Ello dota a sus obras de un marco integrador y omnicomprensivo, sin grandes trarìs-gresiones epistemológicas, que en términos académicosy
científicos constituyeun
legadomuy
notable.Este esfuerzo
interdisciplinar
se observamuy
especialmente en LaCata-lunyaaençuda del segle xvm (1996), que en apenas 250 páginas acumula una
L. Gómez Rivas (di¡.)
Econonría y libertad. Escritos en nrcmoria de Enest Uuclt
@ UEM.CEES EDICIONES 2I
2.3. El
"austracismo"
como concepto metahistóricoDesde
elpunto
de vista de los contenidos,la obra de Ernest Lluch mues-traun
progresivo interéspor
situaciones y personalidades fronterizas, comple-jas, aparentemente (o realmente) contradicto¡ias. Convierte en objeto de análjsisPreferente los indicios, las huellas borradas pero aún perceptibles para r:n
obser-vador
atento, aquello que Christa Wolf denominab a los intersticios de la hístoria.Y ello es debido a la propia posición fronteriza, alternativa e integradora al tiem-po/ que Lluch mantiene con relación al nacionalismo. Una posición que le supo-ne
recibir
críticas tanto desde el contranacionalismo esencialista o constitucio-nalista como desde el nacionalismo moderado o radical.Ejemplo
paradigmático
de 1oanterior
essu
obraya
mencionada LaCa-talunya uençuda del segle
xvtil.
Eî
ella
se desmontaen parte
el lugar
común (común, sobre todo, porque de esa creencia han venidoparticipando
tanto na-cionalistas como contranacionalistas) de una especie de "agujeronegro"
en las posiciones que podríamos denominar catalanistas entre 171,4y la aparición de la Reinaixença en pleno siglo xtx.En
In
Catalunya uençuda del seglexvtil
se exponey
emplea también, aun-que de forma aún incipiente, el concepto de "austracismo" como categoríagene-ral
queirá
perfilándose después en sus escritos posteriores; especialmente enL'alternathsø catalana (2001) y en su participación en la obra colectiva Del
patriotis-me al cøtalanisme. Societat i política (segles xvÞxlx) (2001).
En sentido estricto, se denominanustracistas a los partidarios del archiduque
Carlos en la Guerra de Sucesión española, contrarios, por 1o tanto, a la instaura-ción de la monarquía borbónica que encarnaba el después coronado Felipe V. Su importancia es clave
-aunque
noexclusiva-
en las tierras de la antiguaCoro-na de Aragón, mientras que no pasa de
minoritaria
o anecdótica en Castilla,Na-varray
Vascongadas3.Se trata, pues, de
un
conceptocirctnscrito
a una época históricay
de ex-tensiónlimitada
en términos geográficos y políticos. Ernest Lluch, sin embargo,1o convierte en
un
concepto metahistórico que vendría aidentificar
a aquellos que pretenden conciliar las ideas de progreso y modernidad con las reivindica-ciones territoriales. Que rechazan la visión unitarista y centralista de España, sin rechazarpor
ello
otras posibles altemativas de modelización del proyecto co-mún. Que rechazan las visiones idetttitmins ancladas en el idealismo esencialista3
L. Gómez Rivas (dir.)
Economía y libertad. Escritos en ntentoria de Emest Uuch
@ UEM-CEES EDICIONES 22
o en la disgregación, pero desde la defensa de la
identidad propia
de cada co-munidad.una
visión
que, en acertada metáfora de Fabià Estapé, suponía en buena medida "encender la velapor
los dos lados".2.4.
Lluch
y los nacionalistasLos
planteamientos deLluclu
a pesar de no ser nacionalistas, hanacaba-do
por
tenerun
cierto ascendiente entre los historiadores de este ámbito,espe-cialmente en Cataluña. Quizás porque hay entre estos una cierta conciencia de acoso
y
derribo
en el campo intelectual (producto también, dicho sea de paso,de
un
manejoinsuficiente
por
parte de
algunos àutoresde
las herramientas metodológicas desarrolladas en los últimos años en el ámbito de las CienciasSo-ciales), y acogen con alborozo cualquier planteamiento que se presente como no beligerante.
Pero esas buenas relaciones, aunque son en todo caso anteriores a su
ase-sinato,
llegan
despuésde importantes
desencuentros.La
reflexión de
Ernest Lluch no podía por menos dechirriar
en un entorno, el de Ia historiografía cata-lana nacionalista, con unavisión
de su objeto de estudio que durante muchos años (y con honrosas excepciones) ha sido casi tanunitaria
y coherente como laque
pudiera
encamarClaudio
SánchezAlbomoz
en la historiografía española; depuración de las influenciaspre-
y
extra-catalanas,mitificación
dela
Recon-quista y,muy
especialmente, exorcizaciónde
la
incómoda corutataciónde
l.rdecadencia
propia
"gtacias"
ala
derrota enla
Guerra de Sucesión, planteada implícitamente como una contienda entre España y Cataluña.Apoyada en las consecuencias, incontestables, que la Guerra de Sucesión
tuvo
para los
territorios
de lengua catalana(pérdida
de fuerosy
privilegios,
Decreto de
Nueva
Planta eimposición
legal del castellano, extensión del mo-delopolítico-representativo
deCastilla
a losterritorios
dela
antigua
Corona de Aragón, etc.), estahistoriografía
incurre en muchos casos en graves anacro-nismos e idealizaciones sobrela situación durante la
monarquía de los Aus-trias; sobreel
estado dela
lenguapropia
en el momento dela
llegadade
los Borbones;e incluso
sobre las aspiraciones populares, burguesasy
aristocrá-ticasen cuanto a
la
procura de
un
modelo político-organizativo
específico. Anacronismos e idealizaciones que, además, se extienden progresivamente enL. Gómez Rivas (di¡.)
Econoníay libertad. Escritos en nemoriade Emest Uuclt
@ UEM-CEES EDICIONES 23
carlistas como evidencia de la eterna
y
casi arquetípica lucha entre el centroy
la periferiaa.
Así
seexplica que
cuandoLluch publica
La Catalunya aençuda del seglexvilL la
polémica esté en su exhumaciónde
todauna
seriede ilustrados
que habían sido ignorados o menospreciadospor
esa historiogra fía oficíal catalana,bien
por su
adecuacióna la
nueva
situación postbéIica,bien
por utilizar
en muchos casos el castellano como forma de expresión intelectual.Con
el
tiempo, la evolución de los planteamientos nacionaüstaspropicia
el entendimiento del mensaje de
Lluch
sobre el carácter reaccionariodel
abso-lutismo unitarista
y
sobre la potencialidad modernizadoray
democrattzadon
de las instifuciones forales, produciéndose esa reconciliación de planteamientos cuyo
ultimo y
postrer ejemplo es DeI patriotisme al catalanisme. Societati
política(segles xvt-xtx).
2.5.
Lluch y
los contranacionalistasSe
deriva
de lo señalado en el apartado anterior que uno de losprincipa-les objetivos de la reflexión histórica de Emest
Lluch
radica en desmontar una dicotomíamuy
extendida: la que pretendeidentificar
la reivindicación foralistae
identitøriade
las comunidades históricas (y,por
extensióryel
nacionalismo) con el reaccionarismo y el integrismo, mientras que la tendencia centralizadora yunitarista
se asocia con el liberalismo, el progresoy
Ia modernidad.Ello
genera también notables polémicas entre ErnestLluch
y
los repre-sentantesdel
pensamiento contranacionalista,no
tanto
en sus versionesco-munitarias
y
organicistas más tradicionales (hoy casi inexistentes en lalitera-fura
científica),
cuanto en sunueva versión
societariay
contractualistas. Lacrítica
al pensamiento contranacionalista se sitúa entorno
de dos cuestiones básicas:
4'-- En esa misma línea pueden citarse la interpretación sobre las guerras carlistas en algunos
auto-res del País Vasco o la visión de la Revolución de Asturias como un conflicto contra España que ofrecen algunos textos del nacionalismo radical astur.
5 El profesor Gustavo Bueno tiene razón cuando diserta
L. Cómez fuvas (dir.)
Econonía y libertad- F-scritos en nenøria de Emest Uuch
1. Los planteamientos contranacionalistas pretenden beneficiarse de una coartada
alavez
científicay
evolutiva. Por un lado, se presentan como losúni-cos que emplean adecuadamente el aparato metodológico
y
conceptual de las Ciencias Sociales, frente a las "narraciones"y
"ficciones" del nacionalismo; re-presentan, pues, la episteme frente aIa doxø. Por otro, se practica unavisión
line-al del
devenir histórico
segúnla
cualel
nacionalismono
essino
un
patético intento de regresión oinfantilización
que, en todo caso, "se cura leyendo".2. Los planteamientos contranacionalistas pretenden beneficiarse de una impostura todavía mayor: su carácter "antinacionalista" o "anacionalista", cuan-do en realidad no son sino la reacción del nacionalismo español (un nacionalis-mo a la contra) frente a los nacionalismos periféricos. Un nacionalismo español que en ocasiones,
por
utilizar
lafórmula
de OscarWilde, "no
se atreve a decir su nombre",f
llJe- en otros casos marca distancias claras de carácter histórico-político con el nacionalismo español tradicional a través de la reivindicación del concepto de"patriotismo
constitucional", a pesar de que niega a los nacionalis-mos periféricos esa mismaposibilidad
de ofrecer también versiones modernas, dialogantesy
contractualistas.El
análisisdel
discurso de ErnestLluch o
deMiguel Herrero
deMiñón,
por un
lado,y
el de Juan Pablo Fusi, Jon Juaristi o Fernando Savater,por
otro, ejemplificamuy
claramente el núcleo dela
discrepancia.Asi
cuando Savater, hablandodel
País Vasco, define el nacionalismo como una fiebre que "es solo cuestión de grados", permite por contraposicióndefinir
el nacionalismo español comoun
"nacionalismo de grado ceÍo", en Ia lÍnea en la que Roland Barthes ha-blaba del "grado cero de la interpretación": es deci-t, como un punto de vista do-minantey
omnisciente, y, como tal,un punto
devista
que nadieve o
del que muchos que lo mantienen no son conscientes hasta que su estatuto hegemónicose ve en mayor o menor medida confrontado con otros posibles6.
2.6.
Abordar
lacomplejidad
Llegados a este
punto,
las reflexiones de Emest Lluch corren el riesgo de aparecer presentadas en este trabajo como un paradigma del in media airtus, tart caro a la Escolástica. Hay que decir, en ese sentido, que aunque la obra de Lluchó Ert".o.,."pto
L. Gómez Rivas (di¡.)
Econonía y libenad. Escritos en ntemoria de Emest iluch
@ UEM.CEES EDICIONES 25
no se encuentra a salvo de mitificaciones o reduccionismos como los arriba
i-pr-tados a otras corrientes, unay
otro
destacan precisamentepor
su su propósito antidogmáticoy
antiparadigmático.El interés de la obra de
Lluch
en este terreno histórico, al menos en sudi-mensión intelectual y (por deci¡lo así) no política, no radica
por
tanto en el dise-ño de una tercera vía entre el nacionalismo y el contranacionalismo.Al
centrar-se en los intersticios, al rescatar situaciones o nombres olvidados
u
obviados, al detenerse en la potencialidad de"lo
quepudo
haber sidoy
no
ftte", al integrar felizmente en su discurso reflexiones de carácter económico, político ycultural,
Emest
Lluch
aparece sobretodo
comoel propiciador
deun
debate necesario sobreuna realidad
que-también
con relaciónal nacionalismo-
es siempre más compleja, más diversay
máspoliédrica
delo
que las taxonomías sociales permiten en muchos casos vislumbrarT.7
L. Gómez Rivas (dir )
Econonúa y libenad- Escritos en nenøia de Emcst Lluch
O UEM-CEES EDTCIONES 26
3.
Ln
Escunrn
DE SALAMANCAy Los
oRÍcENES DEL pENSAMTENToECONÓMICO: PUBLICACIONES ESPAÑOLAS RECIENTES
L¡ór.t GóvEz RrvAS
3.1. El
desarrollo
de los acontecimientosA
finales del añoZ}}},IaAsociación
Española de Historia Modema reedi-tabaun
texto
interesante de José Larraz: La epoca del mercøntilismo en Castilla (1943). Se trata de su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Mo-rales y Políticas, y es una obra más bien poco conocida en la historiografía sobre Pensamiento Económico en España.Sin embargo,
muy
recientemente se ha puesto demanifiesto el
impor-tante
influjo
quetuvo
estelibro
en la profesoraMarjorie Grice-Hutchinson
ala hora de redactar su obra seminal The School of Salømancø (1952)1. En ella
an-ticipaba al
mundo
anglosajónuna idea
que enla
actualidad
esbien
recono-cida dentro y fuera de nuestro país: elextraordinario
corpusdoctrinal
que ge-neró lallamada
Escuela de Salamanca (en recuerdo de laUniversidad
dondeprincipalmente
enseñaronsu
fundador
-Francisco
de
Vitoriu-
y
discípu-los). Así, hemos
podido
conocer que la Escolásticatardía
(siglos xvty
xvn) no solamenteprofirndizó
en
el
estudio de
cuestionesfilosóficas, morales
o
de Teología,sino
quebarruntó
algunas interesantísimasy
actuales teorías eco-nómicas sobreel
comercio, los precios, elvalor
de los bieneso el
cambio de divisas.Durante unas cuantas décadas estas ideas apenas han traspasado las cáte-dras
y
pasillos de nuestras facultades de Filosofía o Teología; pero esmuy
lla-mativo
el
actual florecirniento que
está experimentando(dentro
y
fuera
de España)el estudio
de las doctrinas,los
autoresy
los
tratados escolásticos de nuestro Siglo de Oro;y
que pertenecieron tanto a las universidades españolas, como a toda una serie de centros de estudios superiores vinculados al extenso ámbito de la Monarquía CatóIica: ya sea en Portugal,los Países Bajos,Italia o en las pujantes universidades delNuevo
Mtmdo.t Ert" id"" la desarrollo en mi trabajo "M.rrjorie Crice-Hutchinson y los escolásticos hispanos de
Ia Escuela de Salamanca" (2000). También .ìl,rdrcce en el encarte de Manuel Santos al tomo 2 de