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Las personas mayores son más, tienen mejor salud y son más participativas

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Premio Imserso 2011. Modalidad Fotografía. Campeones. José Vicente.

Las personas mayores son más, tienen mejor salud y son más participativas

Las sociedades desarrolladas se enfrentan a una realidad demográfica que

requiere actuaciones importantes en el ámbito de la convivencia, la integración y el bienestar. Nuestro país no es ajeno a este fenómeno. El número de

personas mayores crece al mismo ritmo que cambian sus características personales y sociales, tienen nuevas formas de vida y sus opiniones,

convicciones y objetivos difieren bastante de los que tenían quienes formaban este mismo grupo de población hace tan sólo unas décadas. La dinámica

del cambio es siempre vitalista frente al mantenimiento del statu quo y las novedades en el grupo de población de las personas mayores responden a los cambios globales de nuestra propia sociedad.

Texto: Subdirección General de Planificación, Ordenación y Evaluación Fotos: Mª Angeles Tirado y Archivo

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spaña es actualmente uno de los países pioneros en materia de envejecimiento, que ha colaborado activamente con Naciones Unidas en la organiza- ción de la II Asamblea Mundial y en la de la Conferencia Minis- terial de la Región Económica para Europa de Naciones Uni- das (CEPE) sobre envejecimien- to. De esta última conferencia se recoge una serie de actuacio- nes destinadas a la prevención y atención de la salud, a fomentar el envejecimiento activo, la vida independiente, la participación social y la educación a lo largo de la vida.

Asimismo, en España, gracias a los avances científicos, al alto nivel de nuestra sanidad pública y al desarrollo de las políticas sociales se vive más tiempo y en mejores condiciones de vida. Es cada vez más frecuente encon- trar familias con más generacio- nes viviendo a la vez y, por tanto, que las generaciones más jóve- nes coincidan con sus abuelos y abuelas. Más aún, ser bisabuelo o bisabuela está dejando de ser novedoso.

Ello da lugar a que las perso- nas mayores son numéricamen- te más; tienen mejor salud; son más participativas y, por tanto, tienen que jugar un papel rele- vante en nuestra sociedad, por derecho y por deber, como parte de la ciudadanía.

La sociedad envejece y provo- ca un cambio en la estructura de edades desequilibrando una balanza demográfica que has- ta ahora ha sido favorable para

mantener un desarrollo sosteni- do y un bienestar económico y social para todas las generacio- nes en la sociedad española de las últimas décadas.

Ante este importante fenóme- no, que tanto afecta a toda la población y especial a la de más edad, el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualadad, a través del Instituto Nacional de Servicios sociales (Imserso) ha promovido y elaborado una Li- bro Blanco de Envejecimiento Activo.

Desde esta perspectiva demográ- fica se puede analizar el envejeci- miento de la población como un reto económico y social porque las cifras así lo anuncian:

La población total española al- canza en estos momentos los 46 millones de personas con una tendencia al decrecimiento se- gún las últimas proyecciones del INE, debido a un incremento de la esperanza de vida, a una dis- minución del número de naci- mientos, y al cambio de signo de país inmigrante a emigrante.

En concreto, las personas ma- yores de 65 años ascienden a 7.877.798 que en términos rela- tivos supone el 17% de la pobla- ción total española.

s Los hombres representan un 42,5% (3.355.524) y las mujeres tienen un mayor peso el 57,5%

(4.522.276)

s Un 28% de las personas ma- yores de 65 años, han cumplidos los 80 años.

s Un 23% vive en poblaciones menores de 10.000 habitantes, s Un 70% goza de autonomía para sus actividades diarias s Un 83% sólo ha cursado la educación primaria, aunque este rasgo tiende a cambiar rápida- mente a medida que se incorpo- ran a los 65 años, generaciones que han tenido mayores oportu- nidades educativas.

s La esperanza de vida al nacer es de 81 años y medio, aunque la de las mujeres es más elevada 84,56 años que la de los hombres que alcanza a 78,54 años, con una tendencia a disminuir las di- ferencias entre sexos.

s La esperanza de vida libre de incapacidad es de 63 años, y en este caso, favorece a los varones (63,2/62,9) en casi medio año.

El envejecimiento, un reto y una oportunidad

De forma paralela podemos considerar el envejecimiento como una experiencia positiva.

Una vida más larga debe ver- se acompañada por continuas oportunidades de salud, partici- pación y seguridad.

Ambas ópticas no son antagóni- cas, van unidas. El envejecimien- to de las poblaciones y más en estos momentos inciertos, son un reto y una oportunidad.

Es en este contexto dónde debe- mos situar y apostar por el enve- jecimiento activo, término que adoptó, a finales de los años 90

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la Organización Mundial de la Salud para expresar el proceso de envejecer con un mensaje más inclusivo que el de “envejecimien- to saludable” utilizado hasta en- tonces y reconocer otros factores, además de la salud, que afectan a la forma en que envejecen los in- dividuos y las poblaciones.

Por tanto, cuando hablamos de envejecimiento activo, nos refe- rimos a un proceso de nuestro ciclo vital que pivota sobre tres pilares: Salud, Participación, Se- guridad que han de permitir a cada uno de nosotros la gestión y protagonismo de la propia vida y el establecimiento de proyectos personales cuando las capacida- des biológicas y psicológicas van cambiando. Es fundamental para toda la población, pero muy en particular para los casi ocho mi- llones de ciudadanos españoles mayores de 65 años.

No obstante, es necesario que las políticas dirigidas al manteni- miento y promoción de la auto- nomía personal se enmarquen en esta comprensión más amplia del concepto de envejecimiento acti- vo como “un ciclo vital activo e implicado que permita la gestión y responsabilización de la propia vida y el establecimiento de pro- yectos personales” porque no to- dos vivimos igual y no todos en- vejecemos igual: la diversidad nos hace ser a todos diferentes.

El Libro Blanco trata de dar una visión general de cuáles son las condiciones diferenciales de la forma de envejecer de la pobla- ción mayor en nuestro país, en- marcándolas en los tres elemen- tos fundamentales citados y, al mismo tiempo, examinando las tendencias, las posibilidades y los frenos existentes para poder

desarrollar el proceso de envejeci- miento activamente.

Del primer elemento la salud:

Sólo un 14,5% de las personas mayores autoevalúan su salud como mala y la percepción de la salud como buena ha evolucio- nado positivamente, en estos úl- timos quince años. Los hombres y los grupos de edad más jóvenes son los que se sienten más sanos.

La autovaloración y la realidad a la vista de los datos existentes no se corresponden. Aun así, ob- jetivamente sabemos que la salud de todos ha mejorado porque la esperanza de vida crece y también aumenta la esperanza de vida li- bre de incapacidad.

La seguridad un factor importante El segundo factor en el enveje- cimiento activo es la seguridad económica, personal, familiar, afectiva, emocional, la seguridad de ser cuidado en caso de necesi-

dad, de ser tratado con dignidad, la seguridad jurídica. En suma, la seguridad que me proporciona la sociedad a la que pertenezcemos.

s El 97% de la población mayor de 65 años, tiene como principal ingreso la pensión de jubilación.

La media de la pensión de jubi- lación de la Seguridad Social, sobrepasa un poco los 900 euros (916,19 euros). Los hombres tie- nen unos mayores ingresos que las mujeres debido a su trayec- toria profesional, ya que las pen- siones mayoritariamente de las mujeres son de viudedad, cuya media para este mismo año es de algo más de 600 euros (619,91 euros) si se trata de pensiones de la Seguridad Social Los diferen- tes régimenes de cotización tam- bién influyen en las cuantías de las pensiones, pudiendo ser sus medias mayores o menores según se trate de un régimen especial u otro o si se trata de pensiones contributivas o no contributivas.

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Hay un consenso en la sociedad de que las cuantías de una parte de las pensiones de jubilación son pe- queñas, pero hay que resaltar que aun así proporcionan una gran se- guridad a sus perceptores al tener garantizados unos haberes que les permiten incluso, apoyar a otros miembros de la familia cuando lo requieren, como en la situación actual de crisis económica.

Esta seguridad económica, se incrementa con el hecho de que un 83% de las personas mayores tengan una vivienda en propie- dad aunque a veces, esta tenencia pueda tener otras contrapartidas negativas, como pueden ser pro- blemas de accesibilidad que mer- man la seguridad e, incluso, la autonomía y el derecho a la libre elección de dónde vivir.

s La seguridad personal de ha- bitar en lugares con entornos ac- cesibles, refuerza el espacio del medio vital dónde se desarrolla la vida de las personas. Adaptar los espacios de las viviendas y los en- tornos favorecerá mantener la au- tonomía y la vida independiente de las personas, permaneciendo en su propio hogar. Es la tenden- cia futura que se verá apoyada por la introducción de las nuevas tecnologías en el hogar que faci- litarán, además, la entrada en el domicilio de servicios hasta aho- ra solo dispensables en institucio- nes externas.

Servicios como la teleasistencia, los servicios personales como la ayuda a domicilio, junto con la domotización de las viviendas harán más fácil la permanencia en el hogar, aunque se necesiten cuidados muy especializados, manteniendo una autonomía personal al no verse privados de su capacidad de decisión.

LAS RELACIONES INTERGENERACIONALES

La mejor muestra de la fortaleza de las relaciones intergeneracionales de la familia española es la atención y el apoyo que se prestan en caso de necesidad. Es en los cuidados, que algunos de ellos antes hemos cuantificado monetariamente, dónde mejor se refleja la salud familiar, que se convierte en una unidad socioeconómica a la hora de afrontar las atenciones, apoyos y cuidados de sus miembros.

s El 63% de las personas mayores prefiere ser cuidado por la familia en caso de necesidad, y alrededor de un 32% de personas mayores reciben cuidados de sus familias.

s En sentido contrario, un 70% de los abuelos españoles han cuidado a sus nietos. Un 32% cuidan actualmente a sus nietos: de ellos un 50% diariamente y un 45% todas las semanas con una intensidad media que sobrepasa las cinco horas diarias.

Debemos valorizar el cuidado como fuente productora de bienestar familiar y de equilibrio social, porque cuidar es dar protección, acom- pañamiento, respeto y afecto a quien lo necesita y los miembros de la familia española, principalmente las mujeres que han sido las que se han ocupando principalmente de proporcionarlos y lo siguen hacien- do, aunque cada vez más se van incorporando a esta tarea los hom- bres, ofrecen un cuidado dónde están inscritos todos estos valores.

El tamaño del hogar de las personas mayores es pequeño. La mayoría de las personas de edad pasan por diferentes etapas en las que forman parte de distintos tipos de hogares. El ciclo más frecuente del hogar familiar empieza con un hogar conformado por padres e hijos durante la edad adulta, se transforma en “nido vacío” con las emancipaciones residenciales de los hijos, después se produce el fallecimiento de uno de los cónyuges dando paso a una etapa de vida en solitario y, por último, se puede producir la reagrupación con alguno de los hijos o se institucionaliza. Siguiendo este ciclo, hasta los 69 años más de la mitad de los hogares de las personas mayores se compone de tres personas;

casi un 60% de los hogares de personas entre los 70 y 79 años está formado por los cónyuges y a partir de los 80 años un 37% convive con su cónyuge y algún hijo.

A la vista de estos datos se puede deducir que la familia es la institu- ción social que mejor ha sabido adaptarse a los cambios, sin modificar sus valores básicos. Y en esta adaptación sigue la tendencia europea de constituir hogares unifamiliares, incremento que se ha producido principalmente en el grupo de las personas mayores. Alrededor de un 20% de personas mayores viven solas, pero el cambio principal de la residencia unipersonal, se encuentra en la valoración de vivir solo no significa sentirse sólo. Sólo un quinto de las personas mayores que viven solas, manifiestan sentirse solas de forma permanente.

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s Disponer de un servicio bási- co universal y gratuito como es la sanidad refuerza el sentimiento de seguridad al saberse protegido ante problemas de salud, seguri- dad que se complementa con el desarrollo continuo de servicios sociales. La ley de Dependencia, a pesar de su infancia, está de- mostrando la capacidad que de- tentan los servicios sociales para proporcionar bienestar y seguri- dad ante situaciones de fragilidad y vulnerabilidad, pero y también de facilitar seguridad personal por medio de servicios como la teleasistencia domiciliaria.

s También los servicios socia- les, y los programas sociales para personas mayores, altamente co- nocidos por ellas mismas, - ocho de cada diez así lo manifiesta – contribuyen igualmente a esa se- guridad. Todo ello, perfila que las personas mayores españolas va- loran positivamente el sistema de protección social y alientan a que se siga trabajando en esta línea.

La tendencia en las próximas dé- cadas en cuanto a las pensiones es a la disminución entre las di- ferencias existentes entre sexos y por hábitat, debido al incremento de la pensión de jubilación de las mujeres que han desarrollado su vida profesional fuera del hogar, que se irán incorporando al gru- po de personas mayores mayores de 65 y también por los cambios en el sistema de cotización de la Seguridad Social al tender a uni- ficar todos los regimenes de co- tización en el régimen general, camino que ya se ha emprendi- do tras la reciente reforma de la Ley 27/2011, de 1 de agosto, so- bre Actualización, Adecuación

y Modernización del Sistema de Seguridad Social, que incorpo- ra a ciertos regímenes especiales como el agrario y el de empleados de hogar al régimen general.

En el capítulo de economía y per- sonas mayores, se incide de modo muy especial en las contribucio- nes que las personas mayores ha- cen a la economía nacional por medio de los retornos económi- cos que producen vía el consu- mo de productos y servicios, que propician la creación de puestos de trabajo, la vía fiscal a través de los impuestos directos e indi- rectos y sobre todo, y no menos importante, por la producción de bienestar a través de la economía relacional en la que tiene un peso especial los cuidados proporcio- nados a los otros miembros de la familia cuando los necesitan.

En concreto, el cuidado de los nietos según cálculos realizados en el año 2008, supondría un monto del 0,8% del PIB lo que equivaldría al 12% del importe total del gasto en pensiones de jubilación y viudedad del Sistema de Seguridad Social y las activi- dades solidarias de voluntariado de las personas mayores alcanza- rían el 0,06% del PIB. Debemos poner en valor la contribución económica que hacen las per- sonas mayores a través de todos estos retornos. En las partidas presupuestarias las personas ma- yores no representan sólo gastos sino también ingresos.

Otro factor determinante para

“sentirse seguro” es el plano emo- cional, los afectos que propor- ciona el entorno más cercano, la pareja, la familia, los amigos, los

vecinos. Podemos afirmar que mayoritariamente las personas mayores españolas se sienten se- guras y arropadas. Un 89% ma- nifiesta estar muy satisfecho con sus relaciones familiares. No es de extrañar: Un 68% tienen contac- to diario con sus hijos y un 37%

con los nietos, siendo mayor esta frecuencia en los entornos rurales que en los urbanos. Es también en el medio rural dónde las relacio- nes horizontales con hermanos y otros familiares son más intensas (un 22% manifiesta tener una rela- ción diaria con sus hermanos sean biológicos o políticos).

La estructura familiar es fuerte, a pesar del rápido cambio que ha sufrido en tan sólo cincuenta años. En estos años ha pasado de ser una familia extensa de varios núcleos, dónde convivían padres, hijos, nietos, hermanos, tíos… a ser exclusivamente uninuclear pa- dres e hijos, cada vez con menos hijos, a la vez que ha ido acogien- do nuevas formas como la mono- parental o la compleja (formada por padres e hijos procedentes de diferentes uniones).

La familia española sigue la tendencia europea de reducir el tamaño del hogar y los ho- gares de las personas mayores no son una excepción. Ello, no conlleva una disminución de su solidaridad, porque en realidad sigue siendo una familia exten- sa aunque difusa, es decir con diferentes núcleos que habitan en diferentes hogares, pero que están conexionados fuertemente por relaciones de apoyo y solida- ridad, dándose además en estos momentos un hito histórico por la larga longevidad que es el po-

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der convivir cuatro generaciones al mismo tiempo.

El valor de la autonomía ha pa- sado a ser un valor. Hasta hace poco, la pérdida del cónyuge era el momento de ir a vivir con otro miembro de la familia. Hoy, se permanece en el domicilio. Este es un profundo cambio social en el que ha influido la seguridad económica que otorga disponer de unos ingresos económicos pro- pios (la pensión), aunque estos sean pequeños.

Un 80% de las personas mayores dicen sentirse así con las rela- ciones de amigos y vecinos. Los hombres se ven más concernidos por la pérdida de sus redes afec- tivas levantadas en el entorno laboral cuando llega el momento de la jubilación. Por el contrario, la mujeres que han permanecido en el hogar, han tejido en su en- torno unas relaciones de amistad, vecindad y comunidad que per- manecen y se afianzan al cumplir años, relaciones de amistad que se extienden a generaciones más jóvenes, beneficiándose de una modernidad que les hace más permeables al cambio.

Otro aspecto importante de la se- guridad es la protección jurídica.

Las personas mayores son ciuda- danos de plenos derechos y por lo tanto, el estado debe proteger y garantizar el ejercicio de los mis- mos. Ciertamente, existen par- ticularidades que pueden recaer con más intensidad entre las per- sonas mayores, que suelen estar relacionadas con el derecho de familia, el derecho hereditario y la protección ante situaciones de gran fragilidad y vulnerabilidad.

Circunstancias que podemos re- sumirlas en dos garantías: Ga- rantía del derecho a decidir y ga- rantía de ser tratado dignamente.

Se ha avanzado en este sentido, tanto en la elaboración y modifica- ción de instituciones jurídicas que velen por el respeto y cumplimien- to de los derechos, así como en el establecimiento de protocolos de actuación, pero, hay que proseguir acomodando la normativa a si- tuaciones familiares nuevas hasta ahora desconocidas y a tesituras delicadas y complejas que requie- ren una regulación focalizada en la dignidad de la persona.

El frecuente desconocimiento de las personas mayores de las insti- tuciones jurídicas que están a su alcance, es una limitación en el

desarrollo de la autonomía de las personas mayores, aunque la ten- dencia es a una mayor demanda en la información y la formación jurídica por parte de las personas mayores para poder disponer li- bremente de su voluntad, incluso en los momentos en que sus capa- cidades hayan disminuido.

La participación, tercer pilar del envejecimiento activo

El tercer pilar del envejecimiento activo es la participación. Parti- cipar es ser miembro activo de la sociedad a la que se pertenece y no ser relegado por ninguna cir- cunstancia personal o social. El valor de la autonomía personal se asienta en seguir siendo útiles socialmente y así se declara fea- cientemente en el III Congreso

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Estatal de Personas Mayores ce- lebrado en Madrid en Mayo de 2009. “la participación es un eje fundamental del desarrollo de la personalidad de los Mayores”

La sociedad española comparte su opinión. La participación es una de las grandes posibilidades de la edad y las personas mayo- res españolas así lo entienden.

Un 54% de las personas mayores de 65 años han iniciado nuevas actividades a partir de su jubi- lación. En el año 1993, sólo lo hacían un 9%. Y esto nos indi- ca no sólo su anhelo de ser un miembro activo, sino también, la capacidad para beneficiarse del potencial de aprendizaje y de modificabilidad cognitiva que tenemos las personas, también las de edad, de la que va a de- pender en buena medida su pro- ceso de envejecimiento.

Según la última encuesta de empleo del tiempo del Instituto Nacional de Estadística, tanto hombres como mujeres dedi- can más de doce horas diarias a su cuidado personal (dormir, comer, asearse), un 96% dedica cuatro horas y media a ver la TV y oír la radio y un 60% emplean dos horas diarias en la vida so- cial y diversión. Las actividades que realizan más las mujeres son las relacionadas con el hogar y la familia : (un 93%M le dedica cuatro horas), al trabajo no re- munerado, el voluntariado, un 24% de ellas dice que emplea una hora y media) y un 1,5% de- dica más de dos horas a estudiar.

Los hombres se dedican más al deporte y a actividades al aire li- bre: un 61% emplea casi dos ho- ras diarias y un 27% desarrolla

sus aficiones e informática du- rante dos horas y cuarto al día.

A la vista de esta distribución del tiempo, es lógico que un 82% de las personas mayores se sienta entre ocupada y muy ocupada.

Esta realidad de personas acti- vas no se refleja, en general, en la imagen de las personas mayores que tiene tanto el conjunto de la sociedad, como los medios de co- municación social que difunden una imagen de pasividad, de per- sonas que no pueden valerse por sí mismas y que necesitan ayuda.

En cambio, un 64% de la sociedad española y un 92% de las personas mayores piensa lo contrario.

Estereotipos sociales

Las imágenes sociales negativas, los estereotipos vinculados a la edad hay que eliminarlos, ya que se constituyen en limitadores de un envejecimiento con éxito. Los estereotipos son imágenes simpli- ficadas sobre un determinado gru- po social que actúan en la dimen- sión cognitiva; el prejuicio añade la dimensión afectiva manifestan- do una actitud discriminatoria, en el caso de las personas mayores por la edad. Estereotipo y prejui- cio se insertan en la conciencia colectiva realimentando el este- reotipo y disminuyendo la autoes- tima. Hay que cambiar la imagen negativa y también la bucólica e infantilizada de una edad dorada por una imagen real. Los poderes públicos iniciaron y se esfuerzan en este camino para modificar la imagen pública de este colectivo, que va calando lentamente.

La realización de actividades, además, fomenta el desarrollo

de relaciones intergeneraciona- les con otras personas de otras edades. Las personas mayores no pueden recluirse en su propio grupo de edad, y deben inter- cambiar experiencias, conoci- mientos y sabiduría. Sabemos que existe un alto grado de con- ciencia de los beneficios de las relaciones intergeneracionales en la familia. Pero, a diferencia de otros países, las relaciones in- tergeneracionales fuera del gru- po familiar son escasas y deben ser una posibilidad por los be- neficios que aporta tanto a nivel personal, como a la mejora de la comprensión mutua, la amistad, el disfrute, a un incremento de la autoestima y la confianza, de las habilidades personales, a un me- nor aislamiento, e incluso a una mejora de la salud y sobre todo, incrementa la cohesión social.

Tener garantizadas unas condi- ciones de vida dignas, recono- cer la diversidad, disfrutar de la autonomía personal no es sufi- ciente para gozar de una ciuda- danía plena y participar activa- mente de manera integral en la sociedad. Para ello, las personas mayores tienen que pasar de ser objetos de atención y adminis- tración, a ser líderes y auténticos agentes en las políticas y dinámi- cas sociales de su comunidad en una relación más estrecha entre representación y participación.

Participación necesaria para la transformación de las condicio- nes de vida de su propio entorno y de la comunidad que les aco- ge. Porque, cumplir años puede transformar las habilidades per- sonales, pero no puede limitar el ser actor del proyecto personal enmarcado en su propio proceso

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de envejecimiento, ni disminuir su aportación a la vida política y social. En palabras del Profe- sor Joan Subirats en el capítulo sobre ciudadanía y personas ma- yores, la participación ha de ser accesible para todos y todas.

El Libro Blanco de Envejeci- miento Activo, es el resultado de un gran esfuerzo común y com- partido de muchas personas ex- pertas, de todas las administra- ciones públicas y de gran parte de organizaciones, entidades y asociaciones implicadas en las inquietudes y aspiraciones de las personas mayores de hoy y de mañana. Es un documento de trabajo cuyo fin es diagnos- ticar la situación real de las per-

sonas mayores de nuestro país, y avanzar en las ideas y posibi- lidades para encarar con éxito este fenómeno. A partir de él, se podrán implementar políticas y dirigir acciones para organizar el espacio político, social, eco- nómico y cultural aprovechan- do el caudal de experiencia, buen hacer e ilusión que portan las personas mayores.

Este Libro Blanco no termina con el punto final a lo escrito.

Con él se entrega a cada institu- ción, organismo y asociación la posibilidad de seguir escribiendo y avanzando en sus propias re- flexiones y aportaciones después de leer e interpretar directamente su contenido. El debate y la re-

flexión son los mejores cimientos para llevar a cabo un proyecto común, y este documento sólo pretende ser un instrumento de análisis en un momento concre- to que debe dar lugar a nuevos avances e innovadoras ideas.

En definitiva, con este trabajo, y con las políticas sociales para personas mayores que se pue- dan generar a partir de él, no estamos haciendo otra cosa que corroborar lo que la Constitu- ción Española afirma y nuestro entorno jurídico y social pro- pugnan: la promoción de los derechos de igualdad y solida- ridad, junto a la protección del bienestar de todos los ciudada- nos y ciudadanas.

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