Educación en Derecho de los Pueblos: Trabajo Final.
Temática elegida: “El rol de la Iglesia Católica durante el genocidio judío en la Segunda Guerra Mundial”
Modalidad de trabajo: Monografía
Alumno: Guido Bastus
División: 6º Gestión “C”
Profesor: Daniel Plotinsky
Fecha de Entrega: 5 de setiembre de 2012
Guido Bastus – Educación en Derecho de los Pueblos
EL ROL DE LA IGLESIA CATÓLICA DURANTE EL GENOCIDIO JUDÍO EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.
Introducción
El elemento esencial del trabajo es el análisis del accionar de la Iglesia Católica con respecto al genocidio efectuado en la Alemania gobernada por el Partido Nacional Socialdemócrata, entre 1933 y 1945, contextualizado y comprendido en el correspondiente marco nacional e internacional.
Mi cuestionamiento principal es cómo puede ser que una institución que se encuentra tan fuertemente ligada a los Derechos Humanos, con una fuerte influencia sobre las políticas gubernamentales de los diferentes países y sobre la sociedad en general, no haya podido evitar la matanza sistemática de millones de judíos, gitanos, homosexuales y personas con discapacidades.
Cómo es que la Iglesia Católica no pudo (o bien no quiso) concientizar a los diferentes pueblos europeos sobre la masacre que se estaba efectuando.
Otra inquietud que me surge es analizar de qué manera impactó en la sociedad alemana la convivencia entre dos doctrinas tan fuertes como el nazismo y la Iglesia Católica.
Antecedentes inmediatos entre el gobierno del Imperio Alemán y la Iglesia Católica: El Kulturkampf
Entre 1871 y 1878 las relaciones entre el gobierno del pueblo alemán y la máxima institución religiosa cristiana tuvieron una etapa conflictiva, producto de una serie de medidas adoptadas por el entonces canciller del Imperio Alemán, Otto Von Bismarck, que bajo su concepción religiosa protestante rechazaba la participación de los partidos políticos católicos y la intromisión de los mismos en la sociedad germana. Este conflicto fue denominado Kulturkampf, cuya
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traducción literal significa “lucha cultural”, y consistió de disposiciones oficiales que terminaron por eliminar el Departamento Católico en el Ministerio de Cultura prusiano, se penalizó la crítica hacia el Estado por parte de los predicadores, se controló la influencia religiosa en las escuelas, se dispuso el matrimonio civil obligatorio y se eliminaron las subvenciones destinadas a la Iglesia.
Las alianzas parlamentarias realizadas entre Bismarck y los miembros del partido religioso Zentrum llevaron a, relativizar y, en algunos casos, anular las leyes laicas anteriormente impuestas.
La relación entre la progresión del Nazismo y las instituciones cristianas
El punto número 24 del programa del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), establecido un año después de la formación del partido y 13 años antes de la llegada de Hitler a la cancillería alemana, enunciaba:
“[…Reclamamos la libertad para todas las confesiones religiosas en la medida en que ellas no pongan en peligro la existencia del Estado, y no vayan contra el sentido de las costumbres y la moral de la raza germánica. El partido, por su parte, defiende el punto de vista de un Cristianismo Positivo, pero sin ligarse a ninguna confesión…]” Es decir, desde un principio, el partido nazi marca su preferencia por el Cristianismo Positivo, doctrina que se diferencia por establecer una postura más críticamente étnica a la interpretación bíblica, negando la “participación judía” de la Biblia (excluyendo también el Viejo Testamento) y reclamando el desconocimiento de un Jesús judío, para interpretarlo como un Jesús ario.
Algunos miembros afines al Partido Nazi se pronunciaron abiertamente en contra del Catolicismo como doctrina religiosa. Alfred Rosemberg, quien fuera un asesor político de Hitler y Ministro de Territorios Ocupados del Este, argumentó que el Catolicismo y el Protestantismo distorsionaron el Cristianismo, ignorando las actitudes “heroicas y germanas” de la vida de Jesús. Martin Bormann, quien ocupó el cargo de Jefe de la Cancillería y de Secretario Personal de Hitler, declaró que el poder de las Iglesias Católicas
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debía ser “absoluta y finalmente quebrado” Para él, desde la concepción científica que tenía el partido Nazi, el Cristianismo era un obstáculo para la consecución de los objetivos totalitarios planteados.
Sin embargo, Hitler se pronunció a favor de la concepción religiosa católica, afirmando en su acto de asunción que el Catolicismo era “un fundamento inquebrantable de la vida moral y ética de nuestro pueblo” pero nunca se refirió a las instituciones religiosas en particular, posiblemente en miras de evitar alejar a los miembros creyentes entre sus seguidores políticos y electorales.
Con respecto a la postura de los representantes de la doctrina religiosa, en los comienzos de la década de 1930 estos se mostraron, en su mayoría, ampliamente en contra del partido nacionalsocialista, por promover posturas contrarias a la moral cristiana, de índole racista y segregacionista. Las instituciones adversas al nazismo fueron el partido del Centro Alemán, los obispos católicos alemanes, y los medios de comunicación católicos.
En 1933 se firmó el Concordato del Reich entre el ejecutivo alemán (representado por el vicecanciller Franz Von Papen) y la Santa Sede (representada por Eugenio Pacelli, después conocido como Pío XII) que en la práctica implicaba el cese de hostilidades declaratorias entre ambos: el otorgamiento hacia los creyentes de libertad religiosa total y la facultad de aprobar a los futuros profesores de religión, y, como contraprestación, se acordaba la retirada religiosa del ámbito político y el apoyo clerical para la edificación del Tercer Reich.
Producto del Concordato de 1933 la Iglesia evitó pronunciarse acerca de las hostilidades que comenzaba a cometer el gobierno Nazi. Las relaciones se volvieron más frías, pero el persistente arremetimiento en contra de las instituciones cristianas continuó. En 1935 Hitler creó el Ministerio de Asuntos Eclesiásticos, advirtiendo la problemática presente.
Esta situación se agravó con la publicación de la Encíclica de 1937, por parte de Pío XI, titulada “Con Ardiente Preocupación” que anunciaba en tono crítico y desafiante al partido Nazi: “Solamente espíritus superficiales pueden caer en el
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error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios […]” “Con presiones ocultas y manifiestas, con
intimidaciones, con perspectivas de ventajas económicas, profesionales, cívicas o de otro género, la adhesión de los católicos a su fe […] se halla
sometida a una violencia tan ilegal como inhumana. Nos, con paterna emoción, sentimos y sufrimos profundamente con los que han pagado a tan caro precio su adhesión a Cristo y a la Iglesia” y “Si personas, que ni siquiera están unidas por la fe de Cristo, os atraen y lisonjean con la seductora imagen de una iglesia nacional alemana, sabed que esto no es otra cosa que renegar de la única Iglesia de Cristo” También denunció las hostilidades gubernamentales en
perjuicio de los líderes religiosos: “aquellos que en el cumplimiento de su oficio pastoral han tenido y tienen que soportar dolores y persecuciones —algunos hasta ser encarcelados o mandados a campos de concentración—, a todos ellos llegue la expresión de la gratitud y el encomio del Padre de la
Cristiandad.”
En esta publicación, se denota una fuerte embestida contra el gobierno nacionalsocialista, y marca un profundo quiebre en las relaciones religiosas- estatales.
En respuesta a la encíclica, la Gestapo (policía secreta Nazi) visitó las diócesis alemanas y se apoderó de todas las copias impresas de la declaración
religiosa. Se proscribieron los periódicos católicos y se exacerbó el conflicto.
Esta publicación significó el primer pronunciamiento claro, por parte de la Iglesia Católica, en contra del gobierno nazi. Cabe aclarar que no se hace ninguna referencia a la persecución y matanza de judíos y personas declaradas impuras.
Entre 1939 y 1945 se estima que 3000 clérigos polacos fueron asesinados, 1992 de ellos en campos de concentración. También se estima que aproximadamente 2400 sacerdotes provenientes de diferentes países europeos perdieron la vida en el campo de concentración de Dachau, Alemania.
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La Santa Sede se mostró altamente concernida por las persecuciones que sufría. Es interesante el hecho de que no muestre ninguna preocupación ni muestra interés alguno en las leyes antijudías y el aislamiento social étnico que se estaba llevando a cabo, seguido por las matanzas sistemáticas.
La postura de la Iglesia frente al genocidio judío
En medio de un acalorado clima producto de las diferencias y luchas entre el gobierno Nazi y las instituciones religiosas, el pronunciamiento oficial de estos últimos acerca de las persecuciones y matanzas judías no termina de asentar una postura homogénea.
El cardenal Adolf Bertrmam se negó, en 1933, a intervenir a favor de los comerciantes judíos en el boicot comercial que se les llevó a cabo, adjudicando que los judíos eran “un grupo que no tiene ningún vínculo muy estrecho con la Iglesia”
El obispo Buchberger de Regensburg calificó las medidas raciales como un
“mecanismo legítimo de autodefensa del poderoso capital judío”
El cardenal Faulhaber afirmó que "La historia nos enseña que Dios siempre castiga a los verdugos de... los Judios. Ningún católico romano aprueba las persecuciones de Judios en Alemania"
Giovanni Pacelli, quien luego sería denominado Pío XII, tuvo un rol ambiguo, dependiendo de la interpretación que sea haga. En materia de declaraciones, el pontífice tuvo una participación altamente pasiva. Provisto por información proveniente de los ejércitos aliados y de los representantes de la Iglesia Católica en el resto del mundo, se comprende que Pío XII tenía conocimiento de la masacre que se estaba llevando a cabo. En diciembre de 1942, el presidente polaco escribió, desde el exilio, una carta al Papa, apelando que “el silencio debe ser quebrado por la Santa Sede”. La única manifestación pública al respecto del genocidio judío fue realizada durante el discurso de Navidad de 1942, aunque no se refirió al caso judío explícitamente. En su mensaje anunció que “La humanidad debe ese voto a los cientos de miles de personas que, sin
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culpa alguna por su parte, a veces sólo por su nacionalidad o raza, han sido consignados a la muerte o exterminio lento”
François Mauriac, premio Nobel de Literatura en 1952, aseguró: “Nunca tuvimos el agrado de escuchar a Pío XII usando palabras claras y precisas, sino alusiones diplomáticas, para condenar las incontables crucifixiones hacia los ‘Hermanos del Señor’
En materia de acción, la participación del pontífice para salvar a personas destinadas a ser asesinadas es muy controversial, dependiendo de los diferentes intérpretes que se consulten.
El rabino David Dalín es el autor de la obra “El Mito del Papa de Hitler” donde asevera que Pío XII fue el Papa más generoso con los judíos, y propone nombrarlo “Justo entre las Naciones”, reconocimiento que se otorga a la gente que desinteresadamente salvó vidas judías. También propone que si el Papa hubiera hablado, a la masacre de 6 millones de judíos asesinados se le hubieran agregado 10 millones de católicos.
Mordechai Lewy, el embajador de Israel en el Vaticano, asegura que durante la ocupación Nazi de Roma, los monasterios y orfelinatos escondieron a gente judía, gesto que fue ordenado por Pio XII. Se estima que fueron 5000 los judíos salvados en estas circunstancias.
Por el otro lado, en el Museo de Yad Vashem en Israel, una placa explicaba, con respecto a la actuación del Papa Pio XII, que “no hizo nada para condenar el racismo, el antisemitismo y el exterminio de los judíos”. Sin embargo, esta placa fue reescrita, y se le dio un carácter mucho más neutralizado. Se agregó también la postura de ciertos estudiosos del tema que argumentan que la falta de pronunciamiento acerca de la cuestión judía permitió que no se agravara el conflicto, y no haya más muertos de los que hubo.
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Conclusión Final
Me parece imprescindible realizar una comparación entre la doctrina religiosa y la doctrina política-social dentro de la época del Nazismo, que, en mi opinión, da origen a los enfrentamientos entre las instituciones cristianas y el gobierno nazi.
Ambas doctrinas son cosmovisiones holísticas, es decir, que en ambos casos hay una forma de ver el mundo, y esa visión, ese conjunto de valores, se interpretan como un todo inalterable, un todo en el que no se aceptan matices grises, pequeñas partes relacionadas.
En este sentido, resulta comprensible el hecho de que ambas visiones del mundo no sean compatibles, y que las instituciones que representan esos valores no cedan terreno antes las otras que implican una visión diferente. Más allá de que se trate de un movimiento que aglutine grandes partes de población, el enfrentamiento es inevitable.
Consecuente de ello, en mi opinión, la imposición social se logra mediante diferentes herramientas, pero la más efectiva de todas, a corto plazo, es el miedo. Mi postura es que el poder que históricamente tuvo la Iglesia Católica se debió exclusivamente a que la religión inspira el miedo en la gente. La incertidumbre que provoca no saber qué sucede después de la muerte y la posibilidad de ser juzgado por un ser todopoderoso le otorgó, a lo largo de la historia, el poder de ejercer el miedo y disponer de los ciudadanos cautelosos que no deseaban cometer infracciones que perjudiquen su vida después de la muerte.
Siguiendo esta línea de pensamiento, la llegada de una doctrina que también inspira el miedo en la gente, con un líder tan poderosamente atrayente y persuasivo como lo fue Hitler le permitió al nazismo imponerse socialmente y tener la potestad y la fuerza suficiente como para enfrentar a una institución inculcada muy fuertemente en la sociedad europea por casi dos siglos.
Es llamativo que en su Encíclica de 1937, el Papa no se exprese acerca de las políticas antijudías y raciales que se implementaban. En mi opinión, en una
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embestida tan fuerte contra el gobierno nazi, donde se le criticó sin especulaciones ni filtros su autoritarismo, totalitarismo e intolerancia, si no se hizo alusión a la traumática situación judía, es porque realmente no les importaba qué sucedía con ellos.
Por otro lado, pienso que el silencio de Pío XII es indignante. Como Papa creo que tiene una responsabilidad social muy grande, que no puede eludir. No es razonable que, a sabiendas de que se estaban asesinando a miles de personas por día, haya elegido no pronunciarse. Como conocedor de la situación y como influyente mundial era su deber dar a conocer al planeta lo que estaba pasando. No comparto con las posiciones que argumentan que un pronunciamiento acerca de la situación judía hubiese provocado muertes del lado cristiano, porque la sociedad Europea es esencialmente cristiana, y en ese sentido no se puede arremeter con tanta facilidad ante una mayoría tan imponente.
En definitiva, más allá de aquellas posturas que defienden la participación de los Papas Pío XI y Pío XII con respecto al genocidio judío, en lo personal considero que es inaceptable que nunca se hayan pronunciado o actuado en contra de la política segregacionista judía y su posterior genocidio. Aquello es una muestra de cómo la sociedad alemana admitió semejante nivel de hostilidad, ya sea por apoyo, desinterés de los afectados o, simplemente, miedo.
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Fuentes Utilizadas:
Jewish Virtual Library.
http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Holocaust/bormann.html (Consultado el 1º de Septiembre de 2012)
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Joe Sharkey. “How Hitler's Forces Planned To Destroy German Christianity”. (“Cómo las fuerzas de Hitler planearon destruir la cristiandad alemana”). The New York Times.
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Laqueur, Walter (1997). “Fascism: Past, Present, Future”. Oxford University Press.
John Cornwell (1999). “Hitler’s Pope”. (“El Papa de Hitler”) http://www.emperors- clothes.com/analysis/hitlerspope.htm (Consultado el 2 de Septiembre de 2012)
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http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p- xi_enc_14031937_mit-brennender-sorge_sp.html
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Diario BBC, “El Vaticano fue advertido del Holocausto” Diario BBC. Londres, 5 de Diciembre de 2006.
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_6210000/6210096.stm (consultado el 3 de Septiembre de 2012)
Inside The Vatican. “Pope Pius XII: "Be proud to be a Jew!” (Papa Pío XII: “Sé orgulloso de ser un judío”)
http://www.insidethevatican.com/newsflash/2006/newsflash-oct25-06.htm (Consultado el 4 de Septiembre de 2012)
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Juan Vicente Boo. “El embajador israelí admite que Pío XII salvó a miles de judíos”
Diario ABC. Madrid, 24 de Junio de 2011.
http://www.abc.es/20110623/internacional/abcm-embajador-israeli-admite-salvo- 201106231817.html (Consultado el 4 de Septiembre de 2012)
Andrea Tornielli. “Pío XII; el Yad Vashem cambia la didascalia controvertida”. Diario La Stampa. Turín, 7 de Julio de 2011)
http://vaticaninsider.lastampa.it/es/homepage/en-el-mundo/dettagliospain/articolo/pio- xii-pius-xii-pio-xii-16471/ (Consultado el 4 de Septiembre de 2012)
Yad Vashem, Biografía de Pío XII publicada en su página web:
http://www1.yadvashem.org/odot_pdf/Microsoft%20Word%20-%205711.pdf (Consultado el 4 de Septiembre de 2012)