Alejandra Garcia Pinilla
Proyecto de grado
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Todo surge en un momento de incomodidad
Y pena ajena
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¡Que Aproveche!
1
Desde hace muchos años me ha gustado observar la comida. Ver cómo es preparada; servida; consumida. Cada plato, sea sencillo o complejo, tiene un procedimiento propio en el cual todas las características de los ingredientes sobresalen de cierta manera, las combinaciones de los ingredientes pueden ser tan amplias que me resulta fascinante ver la infinita posibilidad de resultados que se pueden obtener.
Así mismo, siempre he pensado que de la mano de la preparación va la presentación. De acuerdo a la forma en la que se dispongan los alimentos en el plato y éstos sobre la mesa, el comensal puede tener experiencias diferentes en el momento en el que se acerca a la comida.
Hay quienes optan por hacer alarde de un sin número de ademanes de etiqueta que de acuerdo a la ocasión pueden ser bien vistos o simplemente pueden terminar siendo un acto más del hecho de comer. Por otro lado hay quienes simplemente se dejan llevar por su necesidad física y buscan sólo sentirse saciados. Estos dos prototipos de comensal me resultan normales.
1<Brindis> proviene de la frase alemana (ich) brin (ge) di (r) (e) s, que significa <te lo ofrezco>. Pero los alemanes, al brindar, lo hacen en latín: Prosit !, o sea < ¡Que aproveche!> SOLER, María del Carmen. “Banquetes de Amor y Muerte”. Ed
Realmente es el tipo de comensal que describiré a continuación el que me ha motivado a observar con más precisión todas aquellas situaciones que pueden relacionarse con la comida.
Todo surge en un momento de incomodidad y vergüenza ajena. Este comensal al cual no he dado nombre, es aquel al que la comida le parece deliciosa, nunca puede estar alejado de la satisfacción que le brinda poder comer. Ya sea un plato preparado en casa; un plato fuerte de un buen restaurante o un antojo rápido, todas aquellas cosas que puedan comerse son un deleite para su paladar. A simple vista este comensal parece común y corriente, pero lo que lo diferencia de los demás tipos de comensal es que además de su gusto por la comida, hay tres características del acto de comer que para su descripción son indispensables.
La primera es el mal gusto por querer acabar con cualquier alimento que se disponga en una mesa independientemente a la situación en la que se encuentre; entre más haya mejor. La segunda característica que casi siempre está ligada a la primera es: que la comida que se pretende consumir sea gratis, no hay nada más asombroso para éste que el poder acceder a cualquier manjar sin tener que dar dinero a cambio. La suma de estos dos factores puede dar lugar a la tercera característica implícita en este tipo de individuo y que incluso ha dado lugar a un afamado dicho:
Este tipo de persona que puede verse en cualquier situación donde esté presente la comida, es quien me ha motivado a desarrollar mi trabajo plástico.
Para llevar acabo mi proyecto he partido de la observación de cualquier situación, ya sea bidimensional o tridimensional ( pintura, dibujo, escultura, instalación , fotografía, cine, literatura ) en la que esté presente cualquier narrativa ficticia o de la vida real. En algunas oportunidades he dejado de lado la inquietud por la forma, el contenido, el contexto y el tiempo siempre presentes en mi oficio y me he convertido en un espectador silencioso de situaciones; muchas veces incomodas pues a mi juicio irrumpen en la intimidad de las personas así éstas ni se den cuenta. Es la reflexión durante el ejercicio de observación la que me lleva a plantearme preguntas sobre la relación del hombre con la comida y el papel de esta última en la sociedad, muchas veces éstas se presentan en forma de imagen instantánea la cual modifico y depuro a medida que pasa el tiempo y sigo observando.
Para éste caso en especial comencé observando objetos, situaciones, personas y alimentos, luego escribiendo reflexiones y opiniones propias sobre lo ya observado y por último dibujando lo que sería una serie de pequeñas esculturas que interactuarán con un espacio, unos elementos y un público. El dibujo siendo lo fundamental en mi trabajo (debido a su propiedad depurativa y sintética) fue lo último en parte del proceso ya que la imagen siempre vívida fue tomando forma durante la observación y la escritura.
¨He presenciado alrededor de unas ocho inauguraciones de proyectos de grado en la universidad y en las ocho muestras siempre he visto el mismo comportamiento: la gente se abalanza desaforadamente sobre la comida como si nunca la hubieran probado y fuera la única vez que la fuesen a probar. No es sino que el reloj marque las cinco en punto y se dé la orden de apertura de la carpa para que los visitantes aterricen como aves encima de la comida y luego de contados minutos las bellas y llamativas tablas de quesos queden convertidas en moronas y arrumes de palillos.¨
Mesa de ¨pasabocas¨ Proyectos de Grado 2011 -1. Universidad de los Andes.
Hace algunos meses vi una exposición de arte en donde el eje central era la comida. Artistas como Fernando Pertuz; Fernando Uhía; Alejandro Mancera; Wilson Díaz y Juan Mejía entre otros, hacían parte de la muestra en donde se podían ver aproximaciones y representaciones diferentes de la comida. El ambiente de la galería se podía percibir algo cálido por la presencia de tantos objetos que, a mi juicio, incitan al espectador a pensar por un momento en algún plato en especial. Uno de los elementos que explotaba esa sutil insinuación y que llamó mi atención por completo fue la obra de Juan Mejía y Wilson Díaz titulada Con la comida no se juega.
La instalación era lo primero que percibían los espectadores al entrar a la tercera planta de la galería en donde estaba la exposición, ésta constaba de una mesa donde estaban dispuestos varios pasa bocas que se suelen ver en las inauguraciones de las exposiciones de arte y jugaban con el espectador al despertar el interés y la intención por consumir algunas de sus apetitosas piezas. A mí me despertó cierta sensación de “hambre visual” debido a su factura. Cuando la vi a distancia pude ver cómo ésta en su totalidad daba la bienvenida a la exposición, apenas pude acercarme un poco más, tuve la posibilidad de observar con detenimiento cada pieza y me di cuenta que, opuesto a lo que llamaba la atención de los espectadores (su increíble semejanza con la realidad), lo que me atraía a ella eran sus características plásticas.
Observaciones
´´Con la comida no se juega´´. Juan Mejía y Wilson Díaz. Exposición Hay Hambre, Galería Valenzuela y Klenner. 2011
Pude notar cómo los artistas dejaron que el material de cada pieza hablara por sí solo y diera características reales a cada elemento; aunque algunas piezas estaban pintadas o talladas se podía ver que estaban hechas de cuero; madera; esponja, etc. Todavía conservaban sus características y no fueron convertidas en piezas totalmente hiperrealistas. Estas características formales de la obra me dejaron pensando en las características de la escultura como práctica artística y también en todos los elementos que giran en torno a la comida como objeto netamente visual.
Al salir pensé en cómo abordaría la relación entre comida-escultura; dibujo-escultura; espacio-dibujo-escultura; tiempo-escultura. Dado que ya tenía una idea y una imagen mental que estaba depurando seguí buscando un hilo conductor entre lo anterior que diera forma tangible a esa imagen.
Fue así como todo resultó en una especie de ´´instalación´´ en donde busqué que el espectador se relacionara con el objeto escultórico; con sus instintos y sensaciones y el objeto escultórico a la vez estuviera contenido en un espacio marcado por un estilo estético determinado con elementos gastronómicos específicos dados por una investigación previa. Para esta última parte llevé acabo observaciones experimentales en procesos de descomposición natural de alimentos que sirvieran como ´´depurador´´ en la instalación, por otro lado realicé investigaciones de carácter histórico- artístico para situar el proyecto en un espacio-tiempo específico.
El proceso ´´científico´´ que ejecuté para marcar pautas de temperatura, iluminación, humedad y ventilación del espacio intervinieron directamente en el proceso ´´pictórico´´ que busqué en la composición y fueron elementos completamente decisivos para su ejecución.
Observaciones
Al tomar la comida como un objeto visual tuve presente la importancia del bodegón en la forma de ejecutar la composición. No solo por su importancia en la historia del arte como el medio en el que se involucran elementos como la comida en la pintura sino como ´´momento´´ detenido en un espacio y tiempo definido en el cual se retrata una serie de elementos que toman vida según su interacción con el entorno.
Un momento preciso en el cual gracias a la luz, la humedad del espacio y hasta la manera en la que se han dispuesto los elementos en el espacio mismo se perciben características formales del objeto que solo bajo condiciones especificas se pueden apreciar. Esas condiciones espaciales y temporales capturadas por medios bidimensionales como la pintura, el dibujo, el grabado, la fotografía etc. están sujetas al cambio del tiempo.
Los elementos contenidos en el bodegón como espacio bidimensional me llevaron a cuestionarme ¿Qué sucede cuando el espectador se enfrenta a una composición construida bajo características pictóricas bidimensionales pero tiene a su favor la tridimensionalidad del espacio y el correr del tiempo?
¿ Qué sucede cuando esos elementos al ser concebidos como alimento, despiertan deseo en el espectador y lo llevan a encontrarse en una disputa personal frente al querer comer y no poder hacerlo?
Clara Peeters, 1613. Clara Peeters
El ser humano como individuo racional y sensorial puede medir y controlar sus reacciones físicas, mentales y sensoriales al tener la posibilidad de experimentar el deseo. En este caso ese anhelo por tener cierto placer sensorial al relacionarse directamente con la comida es lo que ha llamado mi atención, anhelo que cuando no llega a realizarse con resultados satisfactorios causa frustración y ansiedad en las personas.
Para mí la comida es una experiencia completamente sensorial donde no solo las características culinarias deben estar presentes. La forma; la textura; el color; el tamaño y la manera de presentarla son esenciales y pueden lograr exponer el aspecto sensual que está escondido en ésta. Cuando hablo de sensualidad no lo hago refiriéndome al despertar del deseo sexual, aunque muchas veces el hombre, desde su experiencia con ciertos alimentos, ha relacionado su consumo con la idea de que estos potencializan al cuerpo y al alma en aspectos del amor.
Ingredientes como las trufas negras, el caviar, el chocolate y la miel entre otras han recibido el titulo de joya debido a sus cualidades culinarias; a su carácter exótico y a la vez se han considerado como grandes afrodisiacos que estimulan de manera espiritual y física el contacto entre las personas. Sin embargo la sensualidad que se desprende de la comida no sólo es aquella relacionada con el sexo en sí, es aquella sensualidad que se produce en el comensal al despertar hasta el último de sus sentidos cuando se dispone a comer . Es allí donde el anhelo por satisfacer el deseo es máximo y en algunos momentos se vuelve casi inexplicable la sensación que se produce.
Cuando nosotros nos vinculamos sensorialmente con la comida, pasamos de ser individuos cuyo funcionamiento físico y mental necesita como combustible alimentos de origen vegetal y animal, a ser individuos totalmente sensibles, quienes buscan complacer su sentido del gusto y el olfato con raciones de alimento que, aunque siguen cumpliendo su función alimenticia, pasan a tener un papel protagónico en la complacencia del deseo por comer.
Estas porciones de comida de acuerdo con el entorno y las convenciones culturales con las que el individuo se ha vinculado y las consume, pueden tener ciertas características visuales y olfativas que son particulares y propias de la comida. De acuerdo con el entorno y con las convenciones sociales previamente establecidas y mediadas por un ambiente de constante cambio cultural, el individuo busca satisfacer su deseo, además del gusto y el olfato; la calidad visual de lo que comerá es importante. La estética y el buen gusto empiezan a cobrar importancia en las relaciones del hombre con la comida y según estos gustos y algunas preconcepciones se generan juicios de valor que influyen directamente en el hombre y el objeto-comida. El individuo adquiere y transforma, a través del tiempo, el gusto particular por diferentes tipos de comida, proceso que es distinto en cada persona.
Es común que las personas piensen que la comida cuando es mostrada debe ser consumida y no sólo vista. Cuando se es consciente del aspecto visual de la comida se le puede ver como un objeto que posee características pictóricas o incluso escultóricas, haciendo referencia a su color y a diferentes texturas que, como un todo, forman la figura. También sus características tridimensionales que además de la altura, el espesor y el volumen, componen las diversas formas que se pueden disponer sobre las superficies.
Si pensamos en la comida como un objeto y en todo lo que conlleva a la preparación de ésta podemos ver cómo en la película Vatel, basada en la vida del cocinero francés François Vatel, la elaboración del banquete (evento central de la película) tiene todo un procedimiento donde es puesto en consideración hasta el más mínimo detalle y percibimos claramente el tratamiento de la comida como algo preciado, complejo y magnífico. Al igual que la comida, la mesa adquiere importancia. Se percibe la armonía entre la mesa, la mantelería, la decoración y los alimentos que se están disponiendo sobre ésta.
Cuando se distribuyen los alimentos sobre la mesa casi siempre se busca lograr algún nivel de composición que ayude a atraer al comensal para que capte toda la atención del plato. Es interesante cómo el anfitrión puede crear composiciones con características pictóricas de manera casi inconsciente dando a la comida una característica objetual.
Pensando en esto último es inevitable no traer a colación todo lo que conlleva el hecho de servir una mesa y sentarse en ella. Desde tomar la decisión sobre la mantelería y los objetos que acompañarán la comida, hasta el simple hecho de participar de una situación que, aunque es cotidiana, es esencial en la comunicación del ser humano. El hecho de compartir con otra persona algo que se está consumiendo individualmente, genera no solo una suerte de enlace sino que también, promueve el perfeccionamiento del sentido del gusto ya que es viable intercambiar opiniones personales acerca de lo que se está probando.
Durante la mayor parte de la historia, los cocineros de las monarquías e imperios buscaron darle cierta teatralidad a las cenas que éstos brindaban, explotando las características plásticas y tridimensionales de los alimentos. Uno de los cocineros más importantes que exploró las características tridimensionales de la comida fue el chef francés Marie Antoine Careme. Careme había sido el cocinero por excelencia de la nobleza francesa. Durante la revolución francesa se trasladó a Gran Bretaña y comenzó sus labores como cocinero principal de la corona inglesa, en especial como cocinero del Príncipe Regente. El famoso cocinero además de innovar en el ámbito culinario, tenía habilidad para el dibujo. A la corta edad de 16 años, en 1799, trabajó como aprendiz de Chez Bailly
uno de los pasteleros más importantes de Paris, quien le permitía ver grabados arquitectónicos franceses en los momentos de poco trabajo.
Gracias a la influencia del dibujo y de la arquitectura de la época, Careme implantó en su trabajo de repostería y pastelería su nuevo conocimiento. Fue así como sus platos no sólo se destacaron por su buen sabor y la combinación de ingredientes extravagantes que utilizaba, sino por sus características visuales las cuales hacían alusión a la exuberancia que se vivía por esos días.
Un ejemplo de ostentosidad y derroche respecto al acto de comer, es el período de Regencia (período en el cual figuró la transición de poder en la monarquía entre el rey Jorge III y su hijo el Príncipe de Gales Jorge IV o Príncipe Regente) comprendido entre 1811 y 1820. Esta época se caracterizó por la extravagancia y opulencia en los bailes y banquetes que se encargaban a los cocineros por parte del príncipe Regente. Mientras el pueblo padecía grandes oleadas de hambre que estaba dejando la revolución industrial de mediados del siglo XVIII, en la nobleza se celebraban grandes banquetes con características teatrales en donde el lujo era uno de los elementos que posibilitaba a sus miembros en especial a Jorge IV satisfacer su deseo por el buen comer. Se elaboraban grandes pasteles rellenos con frutas y crema que además de ser exquisitos eran hechos con tal minuciosidad que visualmente deleitaban a los comensales. Platos como la sopa falsa de tortuga hecha a base de sesos y caldo que aun hoy en día podrían considerarse como extravagantes, debido a sus extraños pero refinados ingredientes, estaban a la orden del día y eran elementos que generaban la sensación de distinción entre aquellos que los consumían.
Representación contemporánea de escultura comestible, diseñada en el siglo XIX por Antoine Careme.
Comida de Regencia. Postres diseñados por Isabella Beeton. Inglaterra
Es interesante ver cómo a lo largo de los siglos el concepto clásico de exquisitez en relación con la comida ha ido transformándose de tal manera que, hoy en día los conceptos visuales y culinarios que aluden a “lo fino” han adoptado diferentes posturas dando paso a la fusión como nuevo símbolo de lujo y extravagancia. Podemos ver cómo mezclas de ingredientes de regiones completamente opuestas como la Cantonesa y la Mediterránea, para algunos, puede resultar gustosa y posiblemente para otros, como los grandes representantes de la cocina francesa contemporánea, puede terminar siendo un completo insulto a la gastronomía.
Es decir, aquello que me interesa del concepto de lo exquisito es que es completamente subjetivo pero, de todos modos, sobre éste se establecen cánones.
En películas como María Antonieta de Sofía Coppola podemos ver cómo la composición que se crea entorno a la comida es tal que los platos fuertes y postres cobran un papel importante y visualmente se caracterizan por sus tonalidades que van desde los blancos del huevo hasta los intensos rojos de las frutas de estación, creando diversas texturas que aunque en algunas ocasiones pareciesen ser artificiales y den cierta sensación de repulsión, no dejan de ser llamativas para el ojo del espectador. Estos elementos pasan de ser un alimento a convertirse en un objeto completamente atrayente por sus cualidades visuales.
Estas características de la comida que se aprecian en la película han sido fundamentales en la cimentación de la cocina la cual, tiene como base los principios de la cocina francesa; rama de la gastronomía que se caracteriza por su gran variedad y por exaltar los aspectos finos y exquisitos de la cocina. En la película también podemos apreciar que es posible que, al ver una gran cantidad de comida, pueda también surgir una sensación de repulsión o asco. Aunque el hombre intente saciar su deseo de comer y quede física y mentalmente satisfecho, ha llamado mi atención el hecho de llevar a un punto máximo la saturación de todos los sentidos y experimentar la sensación ambigua entre el gusto y la repulsión producida por el mismo objeto.
La saturación sensorial a la que nos exponemos a diario va en aumento; estamos inmersos en un constante intercambio cultural al que hemos podido adaptarnos y conscientemente hemos adaptado nuestras percepciones y apreciaciones de la comida a estos cambios. Los medios de comunicación masiva han hecho que rompamos barreras y distancias geográficas, esto nos ayuda a acercarnos al “otro”, a su cultura, a sus costumbres las cuales adoptamos por gusto o por moda. Entre esas costumbres culturales se encuentran las diferentes maneras de percibir la comida y los modos de comer.
´´ Stills fotográficos´´ María Antonieta. Sofía Coppola, 2006
Continuamente a través de imágenes, comerciales de televisión, revistas, libros etc. nos aproximamos a la comida sin ni siquiera haber tenido una experiencia directa con ésta y nos referimos a sus características como si la consumiésemos con frecuencia. El deseo del ser humano por satisfacer su gusto por la comida está mediado por su entorno inmediato y por las costumbres y tradiciones de su cultura, también por aquellos intercambios culturales personales que influencian y enriquecen la construcción de su propia identidad.
Un ejemplo del constante intercambio cultural que influencia la comida en general fue el trabajo sociocultural que logró Julia Child. Una de las cocineras más importantes de los años 50`s en Estados Unidos, quien escribe junto a Simone Beck y Louisette Bertholle el libro Mastering the Art of French Cooking. Tras haber recopilado centenares de recetas de cocina francesa durante los años de su estadía como diplomática en Paris, las acopló a las costumbres culinarias de la mujer norteamericana para facilitarle su elaboración y fomentar el consumo de comida no enlatada, esto permitió a los norteamericanos acercarse a la comida francesa (unos de los principios de la gastronomía) y a sus costumbres en torno al hecho de comer. Después de haber leído algunas anécdotas que con desenvoltura nos cuenta la diplomática, escritora y cocinera norteamericana sobre su larga estadía en Paris puedo decir que:
``Se puede aprender sobre una cultura al
relacionarse con su comida tradicional. Esto hace
que el individuo se vincule de una manera directa y
sensorial con las características de una cultura
especifica.
´´
2 Tomado como reflexión del libre Mastering the Art of French Cooking
Cuando una cultura tiene características y tradiciones arraigadas, al entrar en contacto con otras culturas permea sus tradiciones que ya han sido permeadas por otras culturas durante el transcurso del tiempo; es así como a través de la comida podemos ver esas influencias y cambios culturales que afectan directamente el gusto personal de cada individuo.
Podemos tomar al arte como un “lugar” donde se ven los constantes intercambios entre culturas, éste nos permite acercarnos aun más a la condición cotidiana y humana que posee la comida, en este espacio tenemos la posibilidad de dejar a un lado predisposiciones, complejos y estereotipos para verla como lo que es; un elemento común entre todos que nos muestra las actitudes más espontáneas y animales del ser humano.
Lo que comenzó como un ejercicio de observación sobre un comportamiento particular del hombre frente a lo que lo debilita, se ha convertido en todo una cuestión de infinita exploración y reflexión. Me muestra la infinita posibilidad de reacciones y acercamientos que tiene el hombre frente a aquellas cosas que lo dejan desprovisto de ataduras. Aunque observa, analiza y critica sabe conscientemente y en silencio que su condición de humano no lo hace perfecto y debe aceptarse y aceptar al otro tal y como es.
Tuve la oportunidad de ´´colarme´´ como un espectador más de la instalación lo cual, me permitió ver de cerca las diferentes reacciones de los visitantes, su interacción con las piezas y su participación como comensal.
El espectador se relacionó de manera sigilosa con lo que ve tal vez, lo confunde el no saber a qué se enfrenta y cómo debe comportarse en el espacio. Seguramente al tratarse de un proyecto artístico sea precavido y moderado, se tomó su tiempo para acercarse con cuidado y logró interactuar con las piezas en general. Aunque algunos mantuvieron cierta distancia debido a la connotación de la muestra muchos otros no tuvieron problema en acercarse y mirar, oler, preguntar y querer probar por otro lado otros se acercaron para adivinar cuál era cuál y a qué ´´especie´´ pertenecían las piezas (la verdadera o la falsa) en muchas ocasiones el olor fuerte (por la descomposición) que emanaban algunos alimentos fue la pauta que tomó el espectador para poder diferencia la realidad de la mentira.
Frente a esto último me llamó la atención la delicadeza con la que muchos se acercaron para poder observar el detalle y poder corroborar sus especulaciones sin antes, haberse llevado la sorpresa del no poder hurgar ni comer!! Frente a esto escuché a varios quejumbrosos decir: Lastima porque se ve muy bueno!! ¡ Que hambre me da ésto! Y aunque la mirada se perdía en el objeto debido a su atractivo visual, la cabeza estaba en el no poder consumir ninguno de los elementos que allí se encontraban.
1. 2.
3.
1. Boceto para Volován, lápiz de color sobre papel. 21cm x 28cm.2011
2. Boceto para Pastel, Lápiz de color sobre papel, 15cm x 12cm. 2011
3. Boceto para trufas, lápiz de color sobre papel, 21cm x 28cm. 2011
4. Observación: Naranjas con crema y miel en descomposición. Lápiz de color sobre papel. 17cm x 12cm aprox.2011
5. Observación: Fresas en descomposición. Lápiz de color sobre papel. 21cm x 28cm. 2011
7. Boceto para Carlota. Lápiz de color sobre papel, 21cm x 28cm. 2011
8. Boceto para Pastel de Conejo. Lápiz de color sobre papel, 21cm x 28cm. 2011
9.Boceto para Merengues rellenos de Frambuesa. Lápiz de color sobre papel, 21cm x 28cm. 2011
Bibliografía
Berger John, El sentido de la Vista: Modos de Comer. Ed: Alianza, 2006 De Certau Michael; Luge Giard Pierre Mayou. La Invención de lo
Cotidiano: Habitar, Cocinar. Ed Gllinar, 1994 Everything that Lives, Eats. Ed apertura
Exposición Hay Hambre, Galeria Valenzuela y Klenner. 4 agosto - 3 septiembre de 2011.
Grieco Allen J. The Meal. Scala books
Heston’s Feasts, Heston Blumenthal, 2009.
Juan Cruz Ceruz, Alimentación y Cultura, antropología de la conducta alimentaria. Ediciones universidad de navarra S.A, Pamplona. 1991 Julie y Julia, Nora Ephron. Columbia Pictures, Estados Unidos. 2009. 123 min
Manu Ruiz de Luzuriaga. Antoine Carême: El cocinero de los Reyes y el Rey de los Cocineros. Revista Zapardiel, septiembre 2000. No.1
Maria Antonieta, Sofia Coppola , Columbia Pictures, Estados Unidos. 2006. 123min
María del Carmen soler, Banquetes de Amor y Muerte. Tusquets editores, Barcelona 1981
Melo Alexander, Adivina Quién Viene a Comer. PARKETT
Ratatouille, Brad Bird; Jan Pinkava. Pixar Animation Studios, 2007 Simone Beck, Louisette Bertholle, Julia Child. Mastering the Art of French Cooking. Knop . Estados Unidos, 1961