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Nueva Esclavitud

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José María Arnaiz

LA NUEVA

ESCLAVITUD

Que expone la verdadera CAUSA DE LAS CRISIS ECONÓMICAS MODERNAS y propone LA SOLUCIÓN:

¡R

EORDENAR LEGISLATIVAMENTE

EL

S

ISTEMA

F

INANCIERO

!

Y que delata y explica LA INTRINCADA

Y MORBOSA CORRUPCIÓN MONETARIA:

¡C

ÓMO LA

B

ANCA ESTAFA

SISTEMÁTICAMENTE A

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Quedan rigurosamente prohibidas, sin autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, conocido o por conocer, comprendidas la reprografía y el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo público.

© José María Arnaiz, segunda edición, 2005 Primera edición:

I.S.B.N.: 84-8198-054-4 Depósito Legal: M-8754-1995

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PRÓLOGO AL LECTOR . . . 6

NOTA A LA SEGUNDA EDICIÓN . . . 11

PREFACIO . . . 12 LA NUEVA ESCLAVITUD

Breve esbozo de la moderna forma de esclavitud, que los banqueros han urdido a expensas de la eficacia social del Sistema Financiero

CAPÍTULO I . . . 15 UN SÓRDIDO NEGOCIO

Acerca de cómo el genio financiero inventa la Banca como forma invisible de explotación

CAPÍTULO II . . . 36 AL AMPARO DE LA LEY, QUE

IMPÚDICAMENTE TAN BIEN LES SIRVE

De cómo con dinero ajeno y otro simulado los banqueros conquistan la Democracia y la profanan y envilecen

CAPÍTULO III . . . 49 UN ENGAÑO SOCIAL ENDÉMICO

Crisis bancaria: un nombre para un fraude

CAPÍTULO IV . . . 63 LOS NUEVOS AMOS

Sobre la nueva forma de esclavitud, porque todos servimos a los banqueros, que deciden sobre lo que vaya a ser de nuestras vidas

CAPÍTULO V . . . 72 POR EL EGOÍSMO A LA CRISIS

De cómo el insaciable egoísmo de los banqueros induce las crisis que caracterizan el ciclo económico

CAPÍTULO VI . . . 81 HACIA EL NECESARIO FIN

SOCIAL DE LA BANCA

Acerca de las conclusiones y donde se explica la única

forma posible de liberación: ¡Llámese al orden a los banqueros!

CAPÍTULO VII . . . 91 OTRAS SUPERCHERÍAS Y TENDENCIAS

DE LA BANCA MODERNA

Sobre algunas prácticas fraudulentas habituales y acerca de cómo los avances tecnológicos servirán de soporte

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EL CONTRATO DE PRÉSTAMO

Sobre los efectos jurídicos del fraude bancario

CAPÍTULO IX . . . 110 UNA SOLUCIÓN:

LA VERDAD CIENTÍFICA

Que explica cómo sin más que reflejar fielmente en la contabilidad toda la actividad bancaria, se extingue el fraudulento dinero simulado

CAPÍTULO X . . . 118 EL SECRETO BANCARIO

Acerca de cómo los banqueros sólo respetan su deber de sigilo cuando les interesa

CAPÍTULO XI . . . 123 LA USURA

Porque la mejor forma de conservar un pastel y comérselo es prestarlo a interés

CAPÍTULO XII . . . 126 EXTRACTO LEGISLATIVO

De ciertos segmentos graciosos de la legislación bancaria vigente

CAPÍTULO XIII . . . 129 LA CONSTITUCIÓN

Sobre lo que pactaron todos los españoles el 6 de diciembre de 1978

CAPÍTULO XIV . . . 136 LA CONVERSIÓN DEMOCRÁTICA

DE LA BANCA

De cómo ha de regularse el Sistema Financiero a fin de erradicar el sangrante fraude bancario

ANEXO A . . . 144 UN EJEMPLO DE LA

MAGIA CONTABLE

Donde se experimenta con la contabilidad y se constata la alquimia bancaria

ANEXO B . . . 149 DINERO SIMULADO

Prueba de existencia y estimación de la cuantía

ANEXO C . . . 152 LOS FALLIDOS DE LA BANCA

Un método legal de enriquecimiento injusto al servicio de unos pocos privilegiados

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EUROMERCADOS Y DIVISAS

Nuevos métodos de elusión de los controles financieros y fiscales en favor del fraude

ANEXO E . . . 165 MÁS DATOS

ANEXO F . . . 167 ORDEN DE LOS BANCOS Y CAJAS

ESPAÑOLES CLASIFICADOS POR DÉBITOS

SUPLEMENTO . . . 170 UN EMBELECO LLAMADO BANESTO

(7)

E

s casi seguro que usted, querido lector, sienta la presión de las circunstancias económicas, ahora y puede que en el decurso de toda su vida. En realidad son pocas las personas que consiguen labrarse una existencia acomodada y holgada. La necesidad de dinero, como medio imprescindible para la satisfacción de todas las necesidades de la existencia, y su escasez ocupan a todos en obtenerlo una buena parte del tiempo, y aun así para la mayoría es insuficiente a fin de superarse el natural estado de precariedad que acompaña a casi todos los hombres.

La economía monetaria, basada en el dinero, tal cual hoy se concibe, se ha erigido en mecanismo oculto de explotación en beneficio de una clase social aún no reconocida como tal: los banqueros. Quizá no sea

apropiado hablar de clase para referirse a este pequeño grupo de ínclitos

cleptómanos, pues son poquísimos los que la integran: nunca en la historia

de la humanidad menos pocos han expoliado y esclavizado a tantos muchos; y jamás nadie lo ha hecho con igual astucia, desarrollando un método despersonalizado que hace por sí mismo el trabajo ímprobo: la espuria Democracia manipulada y prostituida, la regulación legal, el orden económico, los métodos de contabilidad, etc. trabajan coordinada y eficazmente en provecho de los banqueros. La tramoya jurídico-contable es compleja y difícil de comprender para el público lego en asuntos económicos; sin embargo, es intención del autor alambicar la amalgama de trácalas disfrazadas con términos técnicos, siguiendo el consejo dado a Cervantes por un imaginario buen amigo suyo, que reza de esta manera:

Procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuere posible vuestra intención; dando a entender vuestros conceptos sin intrincarlos ni escurecerlos.

Y así, sin ambages, desenmascarar a los banqueros, y contribuir en lo que quepa a que la Democracia salga airosa del pandemónium a que le han conducido los Gobiernos que con tanta lenidad y connivencia han tratado lo arcano del mundo de las finanzas.

La Banca es depositaria de la confianza social, que le autoriza a crear dinero sin esfuerzo: el llamado dinero bancario, que en realidad es dinero

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abstracto, las decisiones bancarias son adoptadas por personas concretas, aquellas que la controlan, los muñidores del dinero, es decir, los banqueros. Y éstos deciden cuándo, cómo, cuánto y a quién se conceden préstamos, que se concretan en dinero simulado o pseudodinero bajo la forma de depósitos contables, que no se relacionan con dinero efectivo de curso legal, son sólo eso: anotaciones contables; aunque realmente con estos depósitos puedan comprarse bienes reales, y esto es lo mágico del Sistema; pero no hay tal magia, como se comprenderá al final de la lectura, porque realmente el artificio no puede ser más sencillo. Y las decisiones de los banqueros, que tan alta ventaja ostentan respecto a los buenos ciudadanos, que deben ganarse el dinero con trabajo duro, son los seres más corruptos y egoístas que puedan encontrarse, sólo su ambición les ha situado donde están: cualquier persona normal piensa que ¡para ganarse dinero hay que trabajar!; pero los banqueros no, ellos fabrican dinero sin el menor esfuerzo y, además, lo prestan a interés; y así, otros les hacen todo el trabajo. Y no es que los banqueros presten sólo el dinero efectivo que los ciudadanos depositan en los bancos, no es eso; es mucho más increíble: los banqueros crean dinero

simulado, sirviéndose de la actividad crediticia; dinero que no responde a

efectivo alguno de curso legal, sin el menor esfuerzo por su parte. ¿Cómo lo hacen?, explicarlo es el objeto de este libro; conque después de su lectura usted sabrá quién lo esclaviza y damnifica, y cómo, y entenderá el porqué de su precariedad e inestabilidad existencial. Seguramente mudará su imagen de estos bellacos que son los banqueros actuales, que debieran estar al servicio de todos; y a este fin debe tenderse sin dilación alguna. Los políticos han de

hacer su trabajo y conseguir que la Banca y los banqueros sirvan al fin social que justifica su existencia en el marco de una verdadera democracia.

Es una constante de la historia universal de la Banca que los banqueros se enriquezcan haciendo indebido uso de la tal concesión legal de crearse dinero simulado. En realidad siempre es lo mismo: los banqueros se dan préstamos a sí mismos, ya sea directa o indirectamente, y muchas veces estos préstamos no se reembolsan y se cargan a fallidos; o se asignan mamandurrias archimillonarias por su trabajo tan escasísimamente meritorio; o montan operaciones fraudulentas de creación artificiosa de plusvalías en compraventas simuladas con fines de enriquecimiento personal; o apoyan aquellas empresas próximas a sus intereses; o financian a los políticos que se pliegan a sus condiciones, convirtiéndolos en sus esbirros. Y todo eso lo hacen a costa de mermar la integridad de las instituciones que dirigen, unas veces truncando sus beneficios, otras conduciéndolas a la bancarrota; y así

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producen verdaderos agujeros negros de pérdidas acumuladas, que el resto de los banqueros absorben en silencio y con resignación a fin de que esta miserable conducta no transcienda a la opinión pública: los esclavos han de

serlo sin saberlo, ésta es la mejor forma de esclavitud, así no puede haber

contestación al Sistema: ¡Los esclavos ignoran que lo son!

Probablemente, querido lector, usted sea prestatario de alguna institución bancaria. Seguro que tiene terror a no poder cumplir con sus vencimientos; primero, por temor a perder todo aquello que en garantía haya aportado; y segundo, por pánico al descrédito que ello representaría. Probablemente usted piense que le han otorgado un préstamo en dinero efectivo de curso legal; mas, como comprendería si leyera atentamente las siguientes páginas, eso no es así: todo préstamo concedido por cualquier institución financiera en

realidad es dinero simulado por la contabilidad, sólo una fracción mínima,

menos de la quinta parte, es dinero de verdad; el resto lo crea el banco en el mismo momento en que a usted le concede el crédito; sin embargo, usted habrá aportado garantías reales que aseguren la restitución total de aquél, y también deberá pagar intereses al banco; y, si por cualquier infausto suceso, usted no pudiera cancelar totalmente la deuda, se vería súbitamente empobrecido y despojado de su patrimonio, sin defensa legal posible, aparecería usted como un apestado con quien no se pueden hacer negocios, porque los informes bancarios negativos, que los banqueros promueven vulnerando impunemente su derecho fundamental y constitucional a la intimidad, le convertirían en un proscrito; casi no tendría ya derecho ni a vivir. Pero, además, esa desgracia que a veces sobreviene sin preverlo y sin saber por qué, es consecuencia del egoísmo de los banqueros, lo que también tendrá usted claro cuando acabe de leer este libro.

Así que, si usted se viera en algún momento en la penosa situación de no poderle restituir a un banco alguna deuda contraída con él, piense en todo lo anteriormente dicho: no se sienta un proscrito; primero, porque usted ha sido engañado por el banco, y no al contrario; y segundo, porque la responsabilidad de su situación es seguro que corresponde más al Sistema

Bancario que a usted mismo.

No se pretende incitar con esto a la rebeldía indiscriminada contra la Banca, se trata sólo de expresar la realidad sin falsos tecnicismos ni eufemismos: los mangantes, los mendaces, los falsarios, los tiranos son los banqueros, que rutinariamente defraudan la confianza de toda la sociedad y la someten a su yugo antidemocrático; cuyos miembros son todos víctimas de ese plan infernal e invisible de esclavitud, instaurado en provecho de muy pocos. La Banca es necesaria en una economía moderna, pero quienes la

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dirigen deben rendir cuentas a toda la sociedad y no sólo a los accionistas de las entidades financieras; y ello debe hacerse con la transparencia y claridad que la Democracia preconiza. Lo contrario es tratarnos a todos como incautos, esclavos, ignorantes, mentecatos o inferiores; y esto va contra todo principio democrático de igualdad y vulnera derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Así que esto debe cambiarse inmediatamente, pues lo contrario sería persistir en una situación intolerable e insoportable, fuente de confusión, sufrimiento y padecimiento humanos.

¿Qué puede hacerse desde la posición de un sencillo ciudadano para cambiar tan injusta situación? En apariencia, nada; pero no es así: la Democracia y el Estado de Derecho tienden vías que permiten corregir situaciones tan fraudulentas e injustas como la que nos ocupa; aunque para ello es preciso moverse y actuar. Y por tal, al autor de este libro le resulta ya insoportable seguir sin hacer nada al respecto, y sobre todo desde que conoce a fondo la verdad del fraude bancario, camuflado en esa batahola económica, dominada por una barahúnda del conceptos intrincados que casi nadie alcanza a comprender mínimamente; y así se deprime a los honestos ciudadanos, que son tratados a lo zaino como una despreciable caterva, y así se les domina con hábiles añagazas. Estos padres putativos de la Democracia son, en verdad, sus más crueles asesinos.

Es, por tanto, ineluctable impulsar las acciones necesarias para extender la Democracia al Sistema Financiero, a fin de lograr el total cumplimiento de la Constitución española y corregir definitivamente el fraude de los banqueros, que tanto sufrimiento engendra; y que definitivamente haga que esta profesión sirva realmente a la sociedad, y se evite el intolerable dominio de estos sicofantes, los más alevosos y pervertidos, que hoy se sirven de la Banca y así esclavizan a todos los ciudadanos. La política es el ejercicio de la verdad, en oposición a la forma de hacer política acostumbrada en los tiempos que corren, forma esta que se acopla a la definición de Beaumarchais:

Fingir que se ignora lo que se sabe y fingir saber lo que se ignora; fingir que se entiende lo que no se comprende y no oír lo que se escucha; fingir que se puede más de lo que alcanzan las propias fuerzas; ocultar como un gran secreto lo que no importa esconder; parecer profundo cuando se es vacío; pasar como un personaje por cualquier medio; rodearse de espías y pagar traidores; procurar ennoblecer la pobreza de los medios con la importancia de los fines: he ahí lo que es la política.

Esto no es política, sino felonía, y tampoco lo es servirse de los hombres, haciéndoles creer que se les sirve; ni pensar en la multitud como un número idiota, que recibe pseudolibertad y cede el poder.

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El poder cedido por los ciudadanos ha de ser administrado con lealtad. En particular, los asuntos económicos, que giran en torno a dos ejes transcendentales: la política monetaria y la política financiera, deben regirse por criterios vívidamente al servicio del interés general.

¿Quiénes controlan ahora la política monetaria? Pues, considerando que el volumen de billetes y monedas en circulación, emitidos por el Banco de España, es del orden de la décima parte sobre el dinero simulado por los bancos, resulta obvio que son los bancos quienes controlan la oferta monetaria a través del mecanismo del crédito. La vigente situación es equiparable a un sistema monetario que hubiera adjudicado el privilegio de la emisión de billetes de curso legal a unos pocos particulares, sin contraprestación alguna por su parte. ¿No es absolutamente increíble que tal concesión pudiera darse en un sistema democrático? Pues, por increíble que parezca, así sucede con el dinero bancario que simulan los bancos mediante artificios contables y jurídicos muy simples y morbosos, y eso constituye la esencia del engaño que aquí se investiga.

¿Y quiénes dirigen la política financiera? Pues, considerando que son los bancos los que deciden libremente a qué prestatarios financiarán, sin la menor restricción u obligación legal, también son ellos quienes la controlan. ¿No es acaso razonable que el Estado tenga mucho que decir sobre qué sectores, industrias o actividades deben financiarse para cumplir los objetivos de la política económica nacional?

El control del Banco de España, del Ministerio de Economía, del Gobierno y, en suma, de los ciudadanos es sólo aparente: son sólo los banqueros quienes dominan tanto la política monetaria como la financiera. Por tanto, si todos los poderes del Estado deben emanar del pueblo, como ordena la Constitución, ¿por qué algo tan transcendental como moneda y finanzas están bajo el yugo de los banqueros? No hay razón que lo justifique, salvo la ignorancia del pueblo, ignorancia debida a la buena fe del ciudadano.

Con esta obra se pretende arrojar luz sobre este gravísimo problema, que por su truculencia causa espanto y miedo. Sin embargo, no hay alternativa: ¡Es ineluctable la reordenación legislativa del Sistema Financiero!

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NOTA A LA SEGUNDA EDICIÓN

H

an pasado ya diez años desde la publicación de la primera versión de La nueva esclavitud y su contenido nuclear, además de permanecer vigente, ha quedado acreditado por el cumplimiento de sus predicciones. Entre otras muchas, durante este tiempo se han cumplido las previsiones relativas a la concentración bancaria o tendencia al banco único y la restricción del efectivo para evitar las crisis clásicas y propiciar la expansión sin límite del crédito.

En este período han vuelto a suceder crisis financieras y otros efectos morbosos inducidos por la cleptomanía bancaria. Se analizará al final del capítulo III con especial atención la crisis económica argentina, un país riquísimo sumido en el hambre y la miseria por las asechanzas de los banqueros. También se expondrán al final del capítulo IV los motivos de la vigente burbuja inmobiliaria española, que subyacen en la actividad bancaria y su insidiosa e insaciable ambición. Y se recordarán ciertas retribuciones entre banqueros escandalosamente inmorales en razón de su cuantía tan exagerada, a pesar de su declarada legalidad por los órganos judiciales.

Por lo demás nada ha cambiado, parece mentira pero así es. Los métodos de la banca para esclavizarnos a todos siguen siendo idénticos en el fondo, aunque algunas formas se han sofisticado.

Para facilitar la apreciación de las predicciones del texto original y su valor científico se utilizan a lo largo del texto dos tipos de letra, aparte de las notas de pie de página. El tipo que corresponde a los suplementos finales de algunos capítulos de esta nueva edición es este mismo con que se escribe la presente nota.

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LA NUEVA ESCLAVITUD

Breve esbozo de la moderna forma de esclavitud, que los banqueros han urdido a expensas de la

eficacia social del Sistema Financiero

C

uando las cosas van mal es cuando la presión de las circunstancias mueve a la búsqueda de las causas inductoras de los problemas. Aunque el progreso de la humanidad sea un hecho, lo cierto es que las cuestiones económicas fundamentales subsisten sin resolverse: el reparto

desigual de la riqueza, el aumento del desempleo y, en definitiva, la injusticia social son males que perduran. Se ha derrumbado el modelo de

los países comunistas, y ello parece que confirmaría el éxito del modelo occidental, que se caracteriza por el libre mercado y la competencia

igualitaria. Pero no se trata de establecer comparaciones; sino de analizar

realidades; y lo que se percibe en las llamadas sociedades desarrolladas es que los problemas fundamentales siguen sin resolverse. ¿Por qué?, ¿qué barrera impide que la presunta competencia libre actúe en beneficio de todos?, ¿qué impide a los ciudadanos desplegar todo el potencial de que son capaces?, ¿y qué hace que, queriéndolo todos ellos, no puedan poner a punto un orden económico que permita asegurar el derecho fundamental más importante, después del derecho a la vida: el derecho al trabajo y a una vida digna? Cuando una organización sociopolítica no garantiza tales derechos fundamentales, hay que cuestionarse, al menos, su eficacia; e incidiendo más, cabría preguntarse si no estuviera hecha a medida de ciertos intereses ocultos, y en tal caso, ¿cuáles son esos intereses?

En las sociedades desarrolladas se considera que el Sistema Financiero cumple una función social: sirve de mediador entre el ahorro y la inversión, canalizando los recursos de capital y haciendo productiva la economía. Pero eso es sólo la teoría que se estudia en las escuelas. La realidad es muy diferente: la Banca goza de un privilegiado monopolio legal y no se aplica

a ella el principio de la libre competencia; la protección legal se extiende

a la licitud fáctica del fraude bancario, basado en la improbable exigencia simultánea de la promesa de restitución de los depósitos constituidos por los clientes, apalancado por el dinero bancario, que es dinero simulado

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concretado mediante anotaciones en cuenta; la ley protege la Banca

permitiéndola enriquecerse con el dinero de los demás, consintiéndola, además, crear dinero sin esfuerzo; la Banca financia a aquellos partidos políticos, empresas o particulares que se le antojan, haciéndolo, generalmente, en beneficio de los propios banqueros; y así deciden quién gobierna, qué empresas sobrevivirán, y qué particulares disfrutarán de tal o cual bien económico. La Banca decide nuestras vidas hasta en lo más íntimo, emitiendo los informes bancarios que transcienden a otros agentes económicos. La Banca es la nueva inquisición: quien se enfrenta a su doctrina no sobrevive. Y lo que es peor, la protección legal del fraude bancario, cuyo fin es el bien público, ya no sólo beneficia a la propia Banca, que es propiedad de sus accionistas, la mayoría de los cuales son ciudadanos normales; sino que sirve exclusivamente al interés personal de los banqueros, que son quienes dominan realmente el Sistema.

Y siendo tan omnipotente el poder de los banqueros, poder que emana de los clientes de la Banca, que más bien tendrían que llamarse esclavos, y de la tolerancia legal de la sociedad, ¿por qué en épocas de crisis las responsabilidades apuntan a los empresarios y a los sindicatos? ¿Acaso los empresarios no están más interesados que nadie en que sus empresas sobrevivan, o los trabajadores no desean mantenerse en su puesto de trabajo? Unos y otros se inculpan mutuamente; pero, ¿cómo puede hacerse culpables a aquellos que se esfuerzan con denuedo por lograr los efectos contrarios a los no queridos por ningún sujeto en sus cabales: cierre de empresas, falta de competitividad, despidos, etc.? Claro que hay excepciones y que puede darse cierta componente de ineficacia empresarial o laboral; pero lo que no se da en modo alguno es culpabilidad generalizada. Hay algo más, algo diabólico que

subyace en el Sistema y que hace impotentes a los agentes visibles de la economía, confundiéndolos y paralizándolos. Los banqueros han instaurado

una barrera natural invisible cimentada en un entramado legal que se basa en un principio invulnerable, una ley fundamental, la nueva ley de Dios: «El

bien es lo bueno para la Banca». Los Gobiernos se suceden, la Banca es estable; y así, los banqueros los engañan o corrompen, y paulatinamente conquistan para la Banca ventajas legislativas, que sólo a ellos benefician personalmente. La Banca precisa que la sociedad en su conjunto crea en ella

por acto de fe, y así anhela y persigue la confianza colectiva de la sociedad; y ello no sería malo, si de verdad la Banca sirviera al fin social que justifica su existencia; pero desgraciadamente no es así: de la Banca se sirven los

banqueros para su propio provecho; y en el plano individual el Sistema

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la ejecución de hipotecas sobre viviendas por falta de pago parcial, cuando, llegado el caso, un infausto trabajador se queda sin su empleo; o en el pequeño empresario que tiene que reducir plantilla o cerrar su empresa, porque ésta no rinde lo suficiente para retribuir a la Banca los elevados e injustos intereses exigidos; y al final las víctimas son los trabajadores y el mismo empresario, que además se enfrentan entre sí, cuando debieran aliarse contra su enemigo común: los banqueros, que son sus explotadores.

Se expondrán a lo largo de estas páginas las razones que en el autor han engendrado la convicción de que la Banca, en su concepción actual, constituye el origen causal de todos los males de la economía, que no sirve al interés general de la sociedad, cual es su objeto declarado; sino sólo al enriquecimiento personal de los banqueros. Los banqueros inducen a su sola

conveniencia los movimientos característicos del ciclo económico, que

incluye recesiones en las que se engendran enormes dosis de sufrimiento humano. Pero tales movimientos no se preparan con decisiones o reuniones específicas, es mucho peor, es la propia filosofía egoísta de los banqueros la que determina el desencadenamiento del fenómeno; y así es imposible asignar relaciones causales concretas, todo subyace en el Sistema, que es la

mejor coartada; conque en apariencia los responsables de los males

económicos siempre son otros. Pero no es así, bajo el disfraz de benefactora social que la Banca tiene por imperativo legal, que deslumbra y despierta admiración general, se esconden los monstruos voraces, despiadados y egoístas que son los banqueros: un reducidísimo grupo de personas que

atesoran poder económico, importándoles sólo eso, conseguir más y más poder, no se sacian, inventan sin cesar formas de nueva explotación, cada vez más sofisticadas y casi siempre del lado de la ley, que se la hacen a su conveniencia, infiltrándose astutamente donde sea menester y camuflándose tras las algarabías política y económica, casi imposibles de racionalizar y verdaderas bataholas de múltiples creencias contradictorias y confusas.

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UN SÓRDIDO NEGOCIO

Acerca de cómo el genio financiero inventa la Banca como forma invisible de explotación

L

a materia prima de la Banca es el dinero, concepto en que subyace gran parte de la filosofía financiera desde sus orígenes. El dinero es

siempre un convenio: la consideración general de su aceptación como medio de pago en las transacciones de bienes y servicios. Históricamente,

aparece como solución a la necesaria eficacia de las relaciones de intercambio de bienes, que el simple trueque no permite optimizar. Y así se recurre a la mediación de ciertos bienes que, por su aceptabilidad general, puedan ser empleados a fin de descomponer una operación de trueque en otras dos perfectamente diferenciadas: una de venta y otra de compra, con posibilidad de separarse entre sí en el espacio y en el tiempo. Estos bienes intermedios, utilizados como depósito de valor y como medio de pago, reciben el nombre de dinero. El dinero no es un bien de consumo, ni un bien de producción, es por su esencia imperecedero, no sirve a la satisfacción real de necesidades, sólo sirve a la circulación económica, es un instrumento de cambio. Así que cualquier bien no es susceptible de convertirse en tal, se requieren algunas características intrínsecas, que han venido cambiando en el curso del tiempo. La aceptación general, que permita realizar transacciones a conveniencia de su tenedor, y su escasez natural o controlada, que impida producir dinero con mayor facilidad que los bienes económicos objeto de intercambio, son los dos rasgos fundamentales del dinero.

Desde un punto de vista técnico el dinero sirve para medir el valor de los bienes, y tal medición constituye los precios. En las sociedades organizadas jurídicamente el legislativo establece el dinero de curso legal, así como la obligación de aceptarlo en pago de deudas. Y tal orden social permite que el dinero sirva a fin de constituir depósitos de valor, que mantienen el poder de compra de su poseedor para que lo utilice en el momento que considere menester.

El dinero se refiere no sólo a la moneda o medios reales de pago, sino que se vincula con la noción de unidad de cuenta, que permite estructurar una contabilidad.

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1 La palabra buey deriva etimológicamente de pecunia, que en latín significa dinero, y ésta procede de pecus, que alude al ganado.

En sus comienzos, unidad de cuenta e instrumento de pago fueron conceptos sinónimos. Los pueblos cazadores utilizaban como unidades de cuenta las pieles secas; los agricultores ciertas cantidades de trigo o arroz. En culturas ganaderas, siendo mensurable la riqueza en cabezas, ésta fue la unidad de cuenta con que se medía el valor de los demás bienes y el medio de pago utilizado1;

No tardaron en descubrirse las ventajas que presentaban los metales sobre otras mercancías, sobre todo los metales preciosos, que, por su escasez y prolongada duración, fueron apreciados y utilizados durante mucho tiempo como dinero. En un principio se emplearon barritas en espiral, que permitían fraccionar el pago atendiendo a su longitud; pero enseguida se recurrió a la balanza para medir los pesos. Para evitarse las molestias del pesaje y de las formas irregulares, se recurrió a monedas de mayor o menor tamaño en función de las unidades de cuenta que representaran. La acuñación de monedas fue pronto una facultad exclusivamente del Estado, que no tardó en provocar grandes fraudes públicos a través del llamado envilecimiento de la moneda, consistente en acuñarla por un valor monetario superior al valor real del metal; y así el Estado podía comprar más con el mismo metálico. También ocurría que los particulares mermaban ligeramente las monedas, y con ello se beneficiaban de una ganancia adicional; conque paulatinamente el dinero bueno se retenía y el malo era empleado en las transacciones. Así es como llegó a formularse la siguiente sentencia: la moneda mala expulsa [de la

circulación] siempre a la buena. Con tales manipulaciones la moneda se

convirtió en un problema y se volvió al contraste del peso, pero con una variante inventada por la ciudad de Amsterdam en 1609, que superaba los viles instintos de los defraudadores: se fundó un banco con la garantía de la ciudad, que aceptaba no sólo monedas extranjeras, sino también las ligeramente gastadas monedas a su valor real intrínseco, según la buena moneda tipo del país, deduciendo únicamente lo necesario para compensar el gasto de acuñación y los otros gastos de administración, y el valor resultante era acreditado en sus libros. Pronto se establecieron instituciones similares en otras ciudades y países, y el fraude dejó de relacionarse con la acuñación, ahora los abusos sólo podían producirse en los bancos, y así sucedió. El Banco de Amsterdam funcionó durante un siglo eficazmente y con absoluta rectitud: los depósitos eran custodiados y almacenados, por lo que los depositantes nunca vieron defraudada su confianza en tal promesa del Banco;

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pero sucedió que los responsables de éste eran los mismos que dirigían la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que constantemente necesitaba efectivo para atender al equipamiento de su flota mercantil, conque lo más sencillo era que el Banco le prestara el efectivo necesario; y así fue transfiriéndose el dinero de los clientes del Banco a otros bancos, quedando en su lugar contratos de préstamo que obligaban a la Compañía frente al Banco. En tal punto éste ya no estaba en condiciones de restituir a todos sus clientes todo el efectivo que le habían confiado: el banco había defraudado de hecho la confianza de sus clientes. No obstante, entretanto la Compañía cumpliera regularmente con sus obligaciones de reintegro de los préstamos recibidos del Banco y sus intereses, ello suponía un buen negocio; pero en el siglo XVIII, la guerra con Inglaterra provocó la pérdida de barcos y mercancías

que hicieron incobrables los préstamos concedidos a la Compañía; y así el Banco se vio ya impedido del todo para restituir a sus clientes los depósitos, ya no tenía posibilidad ni siquiera de recuperar los préstamos para reinstaurar la normalidad. Aun así, los clientes permanecían ignorantes de ello, hasta que el Banco se vio impedido de atender incluso las necesidades corrientes de efectivo, ya no podía prestar el servicio de caja, instante en que cunde la alarma general y todos los clientes exigen la restitución de sus fondos, restitución que obviamente el Banco no puede realizar, conduciéndole a la bancarrota o liquidación de sus negocios, hecho que sucedió en el caso del Banco de Amsterdam en 1819.

El Sistema Financiero adquiere una función predominante en el tráfico económico moderno; sin embargo, las instituciones que lo integran se conocen desde la antigüedad. La actividad bancaria se inició con la prestación de servicios de custodia de bienes, fundamentalmente moneda. Ya en el siglo

XXX antes de Cristo, el Templo del Sol de Babilonia realizaba, por su alto

grado de seguridad, dichas funciones de custodia. El código de Hamurabi (siglo XVII antes de Cristo) regula importantes aspectos del comercio y las

finanzas: facilita la transmisión de la propiedad, autoriza la transmisión de derechos, establece la irrevocabilidad de los contratos, reconoce la compensación por perjuicios sobrevenidos, legaliza el embargo para cobro de deudas, admite la caución que fortifica el crédito, limita los tipos de interés, establece la supervisión pública del cumplimiento de las normas, regula la sociedad en participación y en comandita, exige la llevanza de una exacta contabilidad de las operaciones y, entre otras cosas, admite el depósito irregular.

Las tablillas de arcilla cocida descubiertas en las ruinas de las ciudades sumerias permiten conocer el nombre de los bancos y banqueros, así como la

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naturaleza de sus operaciones. El templo de Uruk, hacia el 3300 antes de Cristo, explotaba en propiedad tierras agrícolas y era receptor de depósitos. Es considerado el primer establecimiento bancario de la historia, pues ofrecía financiación a agricultores y mercaderes, a esclavos para que pudieran comprar su libertad, y hasta a soldados capturados para pagar su rescate. El préstamo se hacía en especie y la contabilidad se registraba en pictogramas. En la India, el código de Manú regulaba los tipos de interés según la casta del prestatario: a los brahmanes no se les podían aplicar tipos superiores al 2 por ciento mensual, pero para las demás se permitía hasta el 5 por ciento, salvo que los préstamos fueran con garantía, caso en que no influía la casta, admitiéndose un tope del 6,66 por ciento. Este código prohibía cargar intereses en situaciones de indigencia del prestatario y limitaba en todo caso la acumulación de cargas financieras al doble del principal.

La proliferación bancaria se da entre el 730 y el 540 antes de Cristo, período en que las dinastías asirias y neobabilonias permitieron un tráfico comercial seguro que dio lugar a bancos especializados: en la ciudad de Ur, el banco Eanasir financiaba operaciones de tráfico de cobre, oro, marfil o diorita; en Sippar, el banco Egibi se ocupaba del tráfico de vino y esclavos, y de operaciones inmobiliarias; en Babilonia, el banco Neboahiddin estaba especializado en metales preciosos; en Nippur, el banco Murashu intervenía en todo tipo de operaciones.

Atenas y las demás ciudades griegas no tenían más salida que el mar y sus recursos naturales eran escasos, así que el comercio fue la base de su desarrollo. Se instalaron numerosos extranjeros, se dictaron leyes estables, los templos aceptaban depósitos de particulares módicamente retribuidos, aplicaban a la operaciones activas tipos entre seis y diez veces a los aplicados para los depósitos. Según se cuenta, Temístocles destinó la fortuna obtenida en la victoria contra los persas a un préstamo que concedió a Filostéfano de Corinto al 5 por ciento de interés. El auge de la banca se inicia en el 594 antes de Cristo, impulsada por la reforma de Solón, que eliminó la aristocracia e introdujo elementos democráticos, redujo las penas que imponía la draconiana legislación vigente, creó tribunales formados por miembros del pueblo y eliminó la prisión por deudas. Ya por entonces el fraude era práctica corriente: Isócrates, en su tratado Trapecítica, entre los siglos IV y III antes de Cristo,

relata una operación por la que Pasion (ex esclavo que había enriquecido mediante servicios y préstamos al Estado, y que gozaba de ciudadanía ateniense) trató de hacerse con depósitos confiados a su banco aprovechando dificultades de su depositante. Los tipos de interés corrientes en Atenas oscilaban entre el 10 y el 36 por ciento. Se tiene referencia de un caso en que

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se fijo un tipo legal por indemnización del 18 por ciento. La banca griega realiza las operaciones típicas de depósito, préstamo, cambio o libranzas; inventa el descuento comercial y enfatiza la confianza en el banquero hasta niveles máximos: los contratos se realizaban sin necesidad de testigos, el propio banquero daba fe de los pactos contraídos, y las pólizas se depositaban en el mismo establecimiento bancario. La hoy denominada ingeniería financiera, mezcla coordinada de instrumentos jurídicos y financieros, también fue inventada por los griegos: Aristóteles, en su obra La Política, reconoce la habilidad especulativa de otro filósofo, Tales de Mileto, que supo prever adecuadamente una cosecha abundante de aceituna y aplicó su escaso peculio como garantía del arriendo futuro de las prensas de aceite; de modo que, llegada la cosecha, muchos necesitaron ese arriendo de las almazaras, que Tales ya había contratado precozmente con intención de subarrendarlas en el momento de mayor demanda. Son muchas las sutilezas que encierra esta historia, pues Tales hubo de aplicar una técnica financiera compleja fundamentada en avanzadas instituciones jurídicas de la época: la anticipación contractual, la constitución de fianzas como contraprestación del derecho de arriendo futuro, la transmisibilidad del arriendo mediante acuerdos de subarriendo, la distinción entre uso y propiedad y todo ello en el marco de la economía monetaria imperante.

Roma prosigue la tradición griega y desarrolla su Sistema Financiero, sobre todo a partir de la implantación general de la moneda, momento en que numerosos comerciantes acudían a Roma con sus respectivas monedas. El Estado construyó dependencias en torno al foro y las cedió a particulares para que hicieran de cambistas. Estos cambistas eran denominados argentarii y la comisión de cambio era conocida como colibus. A medida que los argentarii ganaron reputación de seriedad en la conducción de los negocios, los particulares comenzaron a confiarles la custodia de su dinero. Los argentarii no disponían del depositum, sino que debían atenerse estrictamente a las instrucciones dadas por el depositante. Los depositum no devengaban intereses, por cuanto no podían ser objeto de tráfico. Cuando el depositante deseaba que el banquero hiciera un pago por su cuenta, ordenaba al argentarii hacer el pago al beneficiario indicado, o bien libraba un cheque. Más tarde los banqueros comenzaron a recibir los depósitos como prestatarios, obteniendo así el derecho a utilizarlos a su conveniencia, como ocurre hoy día con los depósitos bancarios, que se rigen por la institución jurídica denominada

depósito irregular.

La caída del Imperio romano de occidente se inició con la destitución del emperador Rómulo Augusto en el 476, que fue desposeído de sus territorios

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por los bárbaros, un pueblo mucho más atrasado, cuya expansión indujo un retraso importante, volviéndose al autoconsumo, casi sin actividad comercial. Se redujo así la circulación monetaria y se desarrolló nuevamente la economía del trueque. Se detuvo el progreso de la vida económica y se oscurecieron las finanzas.

En la Edad Media la restricción legal a la actividad financiera vino impuesta por la absoluta prohibición de la usura, que era sinónimo de interés. Sin embargo, nadie puede inmovilizar recursos sin contraprestación, así que se generalizaron múltiples vías de escape: contratos con prenda viva y cesión al prestamista de los productos de la prenda, manteniéndose íntegra la obligación de reembolso del principal; pacto previo de demora de los reembolsos con aplicación de penalizaciones que sustituyen a los intereses; prestación en una moneda y contraprestación en otra, de modo que la diferencia de cambio sustituye al interés.

Es nuevamente en Italia donde se reinventa la Banca en su más moderna concepción, coincidiendo con el desarrollo de las actividades mercantiles impulsadas desde el siglo XI por las repúblicas italianas de Venecia, Génova,

Pisa, Luca y Florencia. Los templarios, cuya orden se creó en 1119 para proteger a los peregrinos, llegaron a tener operativos más de 9.000 centros de actuación; y su doble condición militar y religiosa les proporcionó seguridad para la custodia y consideración de deudores de confianza; recibían depósitos, los trasladaban, otorgaban préstamos, se cree que fueron los precursores de la contabilidad por partida doble, formalizada por el monje veneciano Luca Pacioli en 1494, y utilizaron métodos de compensación contable para reducir la circulación de dinero. Se diferenciaron dos clases de servicios bancarios:

el depósito y custodia de numerario o metales preciosos, realizada por los

bancos de depósito; y la mediación en los pagos de clientes, propia de los bancos de giro. A principios del siglo XIV los Peruzzi, los Bardi y los Medici

cargaban en Florencia tipos entre el 7 y el 15 por ciento, aunque para los extranjeros las cargas financieras se incrementaban hasta el 30 por ciento.

Pronto los banqueros se percataron de que el ir y venir de los clientes hacía que permaneciera ociosa una parte importante de los depósitos, ocurriéndoseles que podrían emplearla adecuadamente en sus propias operaciones mercantiles, fundamentalmente crediticias, y obtenerse así beneficios con los recursos por ellos custodiados. Ello permitía disminuir el precio de la custodia, e incluso podía retribuírsele al cliente mediante un interés determinado. Sin embargo, el riesgo del buen fin de los negocios de los banqueros se trasladaba de este modo a los clientes que les confiaban sus depósitos.

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El breve episodio descrito para el Banco de Amsterdam se ha repetido desde el comienzo de la actividad bancaria hasta nuestros días. La causa de tal devenir no es otra que el fraude bancario que subyace en la actividad financiera de estas instituciones, que en su forma primitiva (la Banca moderna lo ha complicado y ocultado alevosamente) era de naturaleza simple: cuando

un banco hace negocios con los depósitos de sus clientes no puede cumplir con todos éstos simultáneamente su promesa de restitución completa formalizada en el contrato de depósito. Y por ello, si llega el caso, por

cualquier circunstancia, que un número suficiente de los clientes de un banco le exijan simultáneamente dicha obligación, no podrá complacerlos a todos por falta de tesorería, ni aun en el mejor de los casos de hallarse plenamente sanos sus negocios crediticios. Los clientes de todo banco le confían su dinero, creyéndose que así estará seguro y que les producirá un interés más o menos significativo; olvidándose de que si el banco gestiona correctamente esos fondos el cliente percibirá una parte irrelevante de los beneficios que con su propio dinero se hayan generado; pero habiéndose asumido en cambio el riesgo a perderlo todo. Y es que el banco hace negocio con el dinero de sus clientes, que son, asimismo, quienes asumen el riesgo de los negocios que hace el banco para su propio beneficio.

Además, la actividad bancaria ha sido fértil a la hora de instrumentar

fórmulas artificiosas que permitieran manejar más y más dinero, incluso inventándoselo, siempre mediante el mismo mecanismo oculto: una promesa de restitución supuestamente respaldada por una garantía real, que en verdad no es tal, pero creída así por los clientes. Y ese es el caso

de la creación de dinero por los bancos, fenómeno ya institucionalizado y aceptado, que consiste en lo siguiente:

Los clientes realizan depósitos en los bancos para, entre otras cosas, trasferir fondos a otros bancos y realizar pagos de deudas; pero estas entidades se muestran muy abiertas a la hora de recibir dinero y francamente reacias a devolverlo, así que no paran de crear fórmulas para tratar de retener en su poder el efectivo confiado por los clientes. Pronto inventaron un artificio para satisfacer las necesidades de pago de los clientes sin desprenderse del efectivo correspondiente, ¿cómo?, recurriendo a la promesa impresa en un papel de hacerle efectivo a su tenedor el importe reflejado en él: antes que pagar con efectivo preferían prometerlo. Así es como surgen los billetes de banco, que la confianza general hacía circular entre el público sin que nadie exigiera el cumplimiento de la promesa impresa en el billete. Mientras los billetes se hallaran respaldados por el efectivo depositado en las arcas del banco todo está bien; mas cuando se emiten más billetes que aquél

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surge otra forma de fraude bancario, cimentada nuevamente en la confianza general del público. Así ocurre cuando con un depósito de efectivo se realizan préstamos que no se concretan en efectivo, sino en billetes, y con estos billetes se abren nuevos depósitos, que ya no se corresponden con ninguna garantía real, son un puro fraude, son el dinero bancario que surge de la nada, son un producto de la alquimia bancaria, es dinero simulado, que no ha dejado de producir desgracias y sufrimiento a las víctimas de sus engaños, que lo somos todos en las sociedades modernas. El límite de este fraude no lo marca la honradez o generosidad del banquero, sino la necesidad de que el engaño no se manifieste al público; conque lo importante es ajustar la cantidad de dinero real de forma tal que puedan atenderse las necesidades corrientes de efectivo y mantener operativo el servicio de caja; pero sabiéndose éstas claramente inferiores a las promesas emitidas, que se incumplirían si todos o demasiados titulares las reclamaran simultáneamente. En la Banca moderna ya no son necesarios ni siquiera los billetes, porque el dinero bancario se concreta en apuntes contables: la promesa de pago es

ahora un saldo en cuenta. Por cada crédito concedido, la contabilidad del

banco realiza un doble apunte: uno en deudores y otro en acreedores, y con ello todo crédito se traduce en un aumento de los depósitos del banco y, por consiguiente, en un aumento de la cantidad de dinero, sin que paralelamente se incremente el efectivo. Así la creación de este dinero bancario, que es

simulado, depende de la expansión del crédito, que se confía al buen hacer

y a la gestión leal de los banqueros, facultad que se supone controlada hoy por los Estados. La magia financiera no puede ser en el fondo más simple; y, sin embargo, la irrealidad y falsedad subyacentes son causa de inflación y empobrecimiento de toda la sociedad; aunque lamentablemente consentida por las legislaciones y alentada por los Gobiernos.

Los banqueros suelen negar que lo explicado sea como se ha dicho. Alegan que tal expansión artificiosa de los depósitos no puede hacerse tan sencillamente, porque, de ser así, no habría forma de liquidar a los prestatarios los préstamos concedidos, que éstos utilizan inmediatamente para pagarse debidamente deudas con ellos.

Dicen que un banco sólo presta parte de los depósitos de sus clientes, que no pueden fabricar dinero de la nada. Mas mienten descaradamente, sólo están protegiendo su negocio, porque, en cuanto éste se entiende, ya no puede pensarse en otra cosa: si los banqueros fabrican dinero sin esfuerzo, y con

este dinero puede comprarse cualquier bien económico, que éste sí acumula de verdad un valor real, que reporta la satisfacción de necesidades, siendo así las cosas, ¿quién no querría ser banquero?,

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porque serlo es una bicoca y una mamandurria o, lo que es igual, una sinecura.

A continuación se verá cómo efectivamente la Banca sí crea dinero de la nada, simplemente mediante el crédito y la fullera contabilidad en uso. Para ello, supóngase que en una sociedad sólo hubiera un Banco, y que por medio de él se canalizaran todos los cobros y pagos de la economía. Supóngase que existiera una moneda de curso legal, emitida por el Estado, y que se concretara en billetes y monedas representativas de diferentes múltiplos de la unidad básica, por ejemplo, la peseta. Este dinero de origen estatal sería lo que se ha venido llamando el efectivo, el dinero de verdad. Supóngase que un cliente deposita en ese Banco un millón de pesetas y que el orden legal de la sociedad en cuestión estableciera un coeficiente de caja igual al veinte por ciento. En estas condiciones, el Banco podría prestar ochocientas mil pesetas por millón, que constituye el nuevo depósito del cliente, y así abriría a los prestatarios cuentas que sumaran dicho importe. Éstos dispondrían de esa cantidad para pagar sus deudas, pero no las pagarían en efectivo, sino mediante documentos librados con cargo a sus respectivas cuentas. Estos documentos, por ejemplo, cheques, serían entregados a los acreedores de los prestatarios por ellos mismos, y estos acreedores los entregarían al Banco para hacerlos efectivos; pero el Banco anotaría sus importes en las cuentas de estos clientes sin entregarles el valor en efectivo, cargándoselas a los libradores correspondientes; así que estos ingresos ya no se corresponden con ningún efectivo, son promesas de pago con cargo a cuentas del mismo Banco; sin embargo, éste las contabiliza como nuevos depósitos, que pueden ser prestados en la proporción que limita el coeficiente de caja. Así, cuando los préstamos iniciales, por valor de ochocientas mil pesetas, justificados por el primer depósito, hayan sido utilizados por sus beneficiarios, otros clientes del banco tendrán en su poder promesas por igual valor que, al ingresarse en sus cuentas abiertas en el mismo Banco aumentan los depósitos de éste en la misma cuantía; y con ello, el Banco podría prestar nuevamente hasta su ochenta por ciento (cien menos el coeficiente de caja), con lo que los nuevos prestatarios dispondrían como los anteriores de la cantidad correspondiente, ahora seiscientas cuarenta mil pesetas; y así se completaría toda una cadena de préstamos y depósitos que aumenta el dinero en circulación por el efecto coordinado de la concesión de créditos, la constitución de depósitos y la no utilización del efectivo, que es reemplazado por documentos que representan una promesa de pago. ¿Existe algún límite para la creación de dinero por este Banco? Sí lo hay, salvo para el caso de coeficiente de caja igual a cero, que es la máxima aspiración de la Banca,

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porque ello le permite conceder crédito hasta el infinito, como se verá a continuación.

Así como el coeficiente de caja es un límite técnico que los primeros banqueros descubrieron en el ejercicio de su actividad, es lo que permite al Banco funcionar sin espasmos de tesorería, también hay límite para la creación de ese dinero simulado por los bancos, que puede inferirse matemáticamente en virtud de lo que acaba de exponerse. Se trata en definitiva de calcular la suma de los términos de una progresión geométrica indefinida y decreciente, cuyo primer término es el depósito inicial, un millón de pesetas en el ejemplo, y de razón (1-C), siendo C el coeficiente de caja expresado en tanto por uno; y así, quien esté familiarizado con tal especie de cálculos no tendrá obstáculo en llegar a la conclusión de que dicha suma es igual al valor del depósito dividido por C. En suma, con un millón de depósitos, para un coeficiente de caja del 20 por ciento, los depósitos totales generados por la actividad bancaria sumarían cinco millones, de los cuales cuatro son dinero bancario que se ha inducido por la actividad crediticia, y sólo un millón es el efectivo aportado por los clientes. Obsérvese que, si el coeficiente de caja fuera cero, la posibilidad teórica de concesión de crédito sería infinita.

Este resultado es coincidente, como no podía serlo de otro modo, con la sencilla limitación que impone el coeficiente de caja al ejercicio de la actividad bancaria, que es el descubrimiento que sustenta todo el negocio: ¡El

secreto mejor guardado!, que se ve potenciado y facilitado por las sustitución práctica de promesas de pago de efectivo en lugar del mismo efectivo. Siguiendo con el mismo ejemplo anterior, otro camino más simple

de entender el mismo fenómeno consiste en imaginarse no una sucesión de depósitos y préstamos, sino la concesión de éstos directamente hasta saturar la reserva de efectivo que determina el coeficiente de caja; es decir, partiéndose de un depósito inicial en efectivo de un millón de pesetas, concederse préstamos hasta un máximo de cuatro millones, para que el porcentaje de reservas de efectivo fuera del 20 por ciento y se cumpliera con la oportuna limitación legal y técnica. Con ello, los depósitos totales se situarían en cinco millones, de los cuales sólo uno tendría la forma de dinero de curso legal, y el resto correspondería al creado por el propio Banco. Cuando los prestatarios concretaran los pagos de sus deudas recurriendo a los fondos prestados lo harían mediante documentos emitidos con cargo a dichos fondos, y cuando los tenedores de los mismos pretendieran cobrarlos el Banco los contabilizaría como depósitos, que cargaría a las cuentas de los prestatarios sin que se variara el volumen total de depósitos, y sin que los

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beneficiarios de tales pagos repararan en que no habría habido movimiento alguno de efectivo. En suma, con un millón de depósitos en efectivo, el Banco habría expandido sus depósitos hasta cinco millones, cuatro de los cuales los habría creado ficticiamente la propia institución bancaria, simplemente prestando el resto; y prestándolo a interés; e instrumentado los pagos no en efectivo, sino mediante promesas formalizadas en documentos de diversa especie.

Cuando no se trate de un solo Banco, sino de un conjunto de ellos, el mecanismo sigue funcionando para cada banco aislado, porque son muchos los clientes de cada institución, algunos depositarios y otros prestatarios; así sigue siendo válida la regla de mantenerse unas reservas de efectivo limitadas al coeficiente de caja, y el resto de los depósitos es dinero bancario simulado, que no está respaldado por moneda de curso legal. Además la Banca moderna ha inventado las Cámaras de Compensación, y con ello el Sistema funciona como si de un solo banco se tratara.

En la actualidad el fenómeno de simulación de dinero antes explicado se nombra con la expresión depósitos derivados, inducidos, como ya se sabe, por el crédito bancario, y generados por el procedimiento antedicho, sobre el que, dada su enorme transcendencia, se insiste a continuación para mayor claridad: cuando un banco otorga un préstamo a un cliente, se supone que la prestación del prestamista se materializa en una entrega de efectivo procedente de la caja; asimismo, se da por hecho que el prestatario deposita en el propio banco y en el mismo acto tal efectivo; y con ello se simula que la caja dé y reciba al mismo tiempo igual importe. La contabilidad de esta doble operación (préstamo más depósito), no altera así el saldo de la caja y produce una cuenta deudora a favor del prestatario, el depósito derivado, y otra acreedora a favor del banco, que es el crédito concedido. Se consigue con ello el efecto de monetización de los depósitos provenientes del crédito, dándolos el privilegio de ser usados como moneda de curso legal.

El potencial que este procedimiento contable encubre es espectacular. En efecto, supóngase que sólo hubiera un banco y que fuera costumbre del público realizar todas las operaciones con su sola mediación; en estas condiciones, como el público no solicitaría efectivo, sino que para liberar sus deudas recurriría a librar cheques, órdenes de pago, transferencias u otros sistemas bancarios de pago, todas las operaciones se concretarían en movimientos contables entre las diversas cuentas abiertas en el banco, y así la caja de éste no se vería alterada; conque este hipotético banco único podría otorgar cuantos préstamos quisiera sin preocuparse de su caja; y cada préstamo que otorgara equivaldría a una prestación no de efectivo, sino de una

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forma de reconocimiento de deuda del mismo banco llamada depósito

derivado, que sería compensado (cargado en la cuenta acreedora del

prestatario y abonado en las cuentas de los clientes del banco con los que aquél opere, lo que equivale a un simple cambio de titularidad) cuando el prestatario dispusiera del préstamo, pero que en ningún caso influiría en la caja del banco. Se manifiesta, pues, apodíctico al sentido común que esta práctica resultaría artificiosa y fraudulenta, pues encubre una simulación de

dinero, los depósitos derivados.

¿Cuál es la situación real? No existe sólo un banco, pero sí unos pocos muy grandes, que pueden pactar sus estrategias para lograr precisamente esto: que el conjunto funcione como un único banco; por otra parte, el público utiliza algo el efectivo, aunque en proporción cada vez menor, pues paulatinamente crecen las transacciones con medios de pago bancarios frente a las hechas con billetes del Banco de España; además, el procedimiento contable vigente para los préstamos bancarios es precisamente exacto al caso imaginario antes tratado (véase Contabilidad y análisis de balances en la

banca, Pedro Pedraja García, página 209, segunda edición, CENTRO DE

FORMACIÓN DEL BANCO DE ESPAÑA). Por consiguiente, el Sistema Bancario

español funciona en la práctica casi como el banco único antes considerado, con posibilidad de simular dinero por medio del crédito hasta donde los pocos banqueros importantes consideren oportuno para que no peligre el servicio de

caja, que todavía se demanda por el público, aunque cada vez de modo más

restringido.

Los depósitos derivados son en realidad dinero simulado, con idéntico

poder liberatorio que los billetes del Banco de España, y sus creadores, los bancos, son en la práctica entidades emisoras de dinero, como el mismísimo Banco de España, que según la ley debería ostentar el monopolio de emisión. Por otra parte, la definición legal en vigor de entidad de crédito se refiere a «toda empresa cuya actividad consiste en recibir depósitos del público u otros fondos reembolsables y en conceder créditos por cuenta propia» (Directiva

77/80/CEE). Así que los depósitos derivados, aun arrumbando la encubierta

trácala que constituyen, parece obvio que son ilegales, pues conculcan gravemente la legislación vigente.

Y si alguien aún no se cree el descomunal fraude antedicho, se extraen a continuación los datos oficiales que lo hacen irrefutable: al 31 de diciembre

de 1993 los billetes y monedas en circulación sumaban 7,2 billones de pesetas

(Boletín Estadístico del Banco de España); mientras que los depósitos en los bancos y cajas de ahorros españoles totalizaban 56 billones de pesetas. Teniendo en cuenta que no todo el efectivo está en las cajas de estas

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BALANCES DE LA BANCA ESPAÑOLA Y DE LAS CAJAS DE AHORROS CONFEDERADAS A 31 DE DICIEMBRE (millones de pesetas)

1992 1993

BANCOS CAJAS TOTAL BANCOS CAJAS TOTAL

A C T I V O :

1. CAJA Y DEPÓSITOS BANCOS CENTRALES 759.894 861.612 1.621.506 652.088 663.657 1.315.745 2. DEUDAS DEL ESTADO 6.573.347 5.625.901 12.199.248 8.567.374 5.037.255 13.604.629 3. ENTIDADES DE CRÉDITO 13.027.680 5.922.821 18.950.501 22.379.384 8.110.634 30.490.018 4. CRÉDITOS SOBRE CLIENTES 23.304.977 14.038.557 37.343.534 27.234.343 15.146.048 42.380.391 5. OBLIGACIONES Y OTROS VALORES DE

RENTA FIJA 1.544.463 1.142.820 2.687.283 2.636.454 1.270.176 3.960.630 6. ACCIONES Y OTROS TÍTULOS DE

RENTA VARIABLE 135.818 178.418 314.236 165.941 248.989 414.930 7. PARTICIPACIONES 383.107 149.896 533.003 444.884 146.759 591.643 8. PARTICIPACIONES EN EMPRESAS GRUPO 1.188.066 249.359 1.437.425 1.661.481 310.691 1.972.172 9. ACTIVOS INMATERIALES 19.537 4.244 23.781 26.809 3.417 30.226

entidades, pues el público también dispone y atesora una parte significativa, resulta que los depósitos derivados, el dinero simulado por la Banca, eran

superiores a 48,8 billones de pesetas en esa fecha.

Visto lo cual, surgen ciertas convulsivas interrogantes: ¿Quién ejerce realmente el poder de emisión y quién gobierna la política monetaria: el Banco de España o los tres o cuatro banqueros más importantes de este país?; ¿quién dirige en la práctica la política financiera: el Ministerio de Economía o esos mismos banqueros?; ¿por qué la oligarquía bancaria detenta el

privilegio de otorgar préstamos con la deuda propia llamada eufemísticamente depósitos derivados, que no son sino dinero simulado, contra garantías reales trabadas a los ciudadanos prestatarios?; y puesto

que la mayoría de los ciudadanos de buena fe ignoran este fenómeno, ¿no se

trata de un sórdido y morboso fraude social?

Producir bienes económicos requiere un esfuerzo considerable, y de

eso dan buena cuenta todos aquellos que de una u otra forma se ocupan en ello, ya sean los trabajadores, los profesionales o los empresarios. Los bancos

son los únicos, aparte del Estado, que pueden producir dinero sin esfuerzo, aquéllos simplemente prestándolo, porque así aumentan los depósitos y además el prestatario ha de retribuirles un interés. Y así lo

hacen con el dinero efectivo de los clientes, con el dinero bancario simulado, con el consentimiento general del público, y con la protección jurídica de las legislaciones. ¿Puede pedirse más? ¿Cabe conseguirse por la Banca mayores cotas de poder? Sin ningún esfuerzo cualquier banquero puede adquirir cualquier bien, que atesora el trabajo del resto de la sociedad: con nada lo

pueden comprar todo. No cabría objeción si la actividad bancaria estuviera

realmente al servicio del interés general; pero lo cierto es que se ha convertido en un método de explotación de la sociedad en su conjunto, no ya por la propia Banca, sino por los mismos banqueros.

Y como prueba de ello, véanse los balances de la Banca española y de las Cajas de Ahorros Confederadas al 31 de diciembre de 1992 y de 19932.

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10. ACTIVOS MATERIALES 1.309.648 1.132.569 2.442.217 1.452.122 1.176.799 2.628.921 11. CAPITAL SUSCRITO NO DESEMBOLSADO 2.725 - 2.725 5.237 - 5.237

12. ACCIONES PROPIAS 560 - 560 680 - 680

13. OTROS ACTIVOS 800.587 259.188 1.059.775 897.969 273.508 1.171.477 14. CUENTAS DE PERIODIFICACIÓN 1.052.699 452.107 1.504.806 1.600.849 437.505 2.038.354 15. PÉRDIDAS DEL EJERCICIO (*) 20.836 - 20.836 595.073 - 595.073 P A S I V O :

1. ENTIDADES DE CRÉDITO 16.648.732 3.546.754 20.195.486 27.993.404 3.415.849 31.409.253 2. DÉBITOS A CLIENTES 27.007.296 22.713.699 49.720.995 30.920.867 25.300.003 56.220.870 3. DÉBITOS REPRESENTADOS POR

VALORES NEGOCIABLES 155.381 341.122 496.503 1.428.328 496.765 1.925.093 4. OTROS PASIVOS 484.598 322.315 806.913 615.502 310.302 925.804 5. CUENTAS DE PERIODIFICACIÓN 1.137.146 531.356 1.668.502 1.458.630 546.719 2.005.349 6. PROVISIONES PARA RIESGOS Y CARGAS 501.023 567.402 1.068.425 653.661 574.362 1.228.023 6 bis. FONDO PARA RIESGOS GENERALES 75.999 31.998 107.997 106.824 29.559 136.383 7. BENEFICIOS DEL EJERCICIO 413.135 217.015 630.150 485.142 229.595 714.737 8. PASIVOS SUBORDINADOS 507.890 227.431 735.321 638.659 234.021 872.680 9. CAPITAL SUSCRITO 1.019.407 36.972 1.056.379 1.277.231 36.972 1.314.203 10. PRIMAS DE EMISIÓN 764.538 - 764.538 1.166.049 - 1.166.049 11. RESERVAS 1.356.543 1.370.116 2.726.659 1.580.193 1.567.295 3.147.488 12. RESERVAS DE REVALORIZACIÓN 58.888 110.779 169.667 17.328 83.967 101.295 13. RESULTADOS EJERCICIOS ANTERIORES -6.632 533 -6.099 -21.130 29 -21.101 SUMA ACTIVO Y PASIVO: 50.123.944 30.017.492 80.141.436 68.320.688 32.825.438 101.146.126 CUENTAS DE ORDEN:

1. PASIVOS CONTINGENTES 4.192.740 510.426 4.703.166 4.826.762 632.235 5.458.997 2. COMPROMISOS 6.375.572 2.403.541 8.779.113 8.443.188 2.836.801 11.279.989

(*) Las pérdidas del ejercicio 1993 son debidas en su mayor parte al proceso de saneamiento de BANESTO.

Obsérvese que los débitos a clientes equivalen a casi dieciséis veces el capital suscrito más las primas de emisión, en el caso de la Banca, y que esta misma relación es superior a seiscientos para las cajas; y, siendo así, cómo puede excusarse la rendición social de cuentas, tratándose a las instituciones de crédito en régimen de igualdad con cualquier otra sociedad mercantil que se deba a sus socios propietarios. Es destacable, por su parte, el saldo de la

cuenta de participaciones en empresas del grupo, que para la Banca supera el billón de pesetas, énfasis merecido por ser ésta una vía de fraude que enriquece a los banqueros a través de esas empresas que gozan de financiación privilegiada, tanto por su facilidad de acceso al crédito como por la generosidad con que son tratados los fallidos de ese grupo de clientes preferidos, que en realidad son los propios banqueros.

A pesar de los grandes ingresos de la actividad bancaria, sin embargo, en la contabilidad oficial, que tiene por destinatarios a los accionistas y a la sociedad, no se reflejan los beneficios personales de quienes dirigen estas instituciones; que, como ya ocurrió con el legendario Banco de Amsterdam, deciden préstamos y otras operaciones que benefician a entidades con ellos relacionadas, directa o indirectamente, aprovechándose de una ventajosa financiación; y ello, aun sin instrumentarse operaciones fraudulentas con apariencia de legalidad, que son práctica habitual de los banqueros y causa fundamental de las crisis bancarias. Véanse las cuentas de resultados de la Banca y de la Cajas de Ahorros Confederadas. Es digna de mención la cifra de amortizaciones y provisiones para insolvencias, casi 320.000 millones de la Banca y aproximadamente 175.000 millones de las cajas, en total cerca de

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CUENTAS DE RESULTADOS DE LA BANCA ESPAÑOLA Y DE LAS CAJAS DE AHORROS CONFEDERADAS A 31 DE DICIEMBRE (millones de pesetas)

1992 1993

BANCOS CAJAS TOTAL BANCOS CAJAS TOTAL

D E B E :

1. INTERESES Y CARGAS ASIMILADAS 3.766.028 1.924.518 5.690.546 4.943.279 2.260.404 7.203.683 2. COMISIONES PAGADAS 73.928 24.298 98.226 80.487 29.091 109.578 3. PÉRDIDAS POR OPERACIONES FINANCIERAS 4.526 28.190 32.716 1.467 431 1.898 4. GASTOS GENERALES DE ADMINISTRACIÓN 1.222.964 715.013 1.937.977 1.379.634 785.994 2.165.628 5. AMORTIZACIÓN Y SANEAMIENTO DE ACTIVOS

MATERIALES E INMATERIALES 98.208 81.852 180.060 118.669 89.376 208.045 6. OTRAS CARGAS DE EXPLOTACIÓN 69.440 7.395 76.835 57.871 7.996 65.867 7. AMORTIZACIÓN Y PROVISIONES PARA

INSOLVENCIAS 319.866 174.227 494.093 747.248 282.232 1.029.480 8. SANEAMIENTO DE INMOVILIZACIONES

FINANCIERAS 16.991 5.562 22.553 222.105 10.750 232.855 9. QUEBRANTOS EXTRAORDINARIOS Y DOTACIONES 46.626 46.041 92.667 207.091 55.112 262.203 11. IMPUESTO SOBRE SOCIEDADES 145.936 68.224 214.160 167.497 76.375 243.872 12. BENEFICIOS DEL EJERCICIO 413.135 218.753 631.888 485.142 229.595 714.737 H A B E R :

1. INTERESES Y RENDIMIENTOS ASIMILADOS 5.231.207 3.011.420 8.242.627 6.478.820 3.441.710 9.920.530 2. RENDIMIENTO CARTERA DE RENTA VARIABLE 130.601 26.681 157.282 165.869 30.087 195.956 3. COMISIONES PERCIBIDAS 467.018 140.472 607.490 502.282 168.332 670.614 4. BENEFICIOS POR OPERACIONES FINANCIERAS 127.434 13.999 141.433 457.598 104.721 562.319 4. bis. FONDOS DE INSOLVENCIA DISPONIBLES 1.976 - 1.976 3.444 - 3.444 4. ter. FONDOS DE SANEAMIENTO DE INMOVILIZACIONES

FINANCIERAS DISPONIBLES 1.252 300 1.552 2.819 515 3.334 5. OTROS PRODUCTOS DE EXPLOTACIÓN 10.932 12.083 23.015 13.666 8.898 22.564 6. BENEFICIOS EXTRAORDINARIOS 186.392 89.118 275.510 190.919 73.093 264.012 8. PÉRDIDAS DEL EJERCICIO (*) 20.836 - 20.836 595.073 - 595.073 SUMA DEBE Y HABER 6.177.648 3.294.073 9.471.721 8.410.490 3.827.356 12.237.846

(*) Las pérdidas del ejercicio 1993 son debidas en su mayor parte al proceso de saneamiento de BANESTO.

medio billón de pesetas en 1992; y la mayor parte de esta enorme masa monetaria ha terminado en manos de los banqueros, que con sus decisiones se benefician de créditos que ellos mismos declaran insolventes, cargándoselos a las cuentas de resultados de sus instituciones. Por su parte, asustan los ingresos que el Sistema Bancario percibe de los clientes como retribución del dinero simulado que les presta: más de ocho billones de pesetas; así como los ingresos por la prestación de los llamados servicios bancarios, que rindieron más de 600.000 millones en 19923.

Por lo que respecta a la obra benéfico-social que justifica la existencia de las cajas, resulta que los fondos destinados a este fin sólo sumaron unos 50.000 millones de pesetas en 1991 y 1992, lo que representa poco más de dos milésimas sobre los débitos a clientes; conque, si así cumplen las cajas su función social, no parece que lo hagan con demasiada eficacia.

Los banqueros son los más interesados en que la Banca ostente una imagen de bien público, de instrumento necesario para el correcto funcionamiento de la economía. Han desarrollado toda una ideología del dinero. Los banqueros son los nuevos dioses, no hay que irritarlos ni molestarlos en su siniestro quehacer. Incluso las mayores crisis bancarias contemporáneas se han resuelto con dinero público, bajo la tolerante mirada de todos, justificándose tal por la conveniencia de no perturbar el intocable Sistema. Al final el fraude

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impolutos; sino los ciudadanos por la vía directa de los impuestos e indirectamente con el simulado dinero bancario. ¿No es esto demasiado?

En un seminario desarrollado en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander en 1983, que se impartió con el título Crisis Bancarias y Soluciones

Comparadas, se explica que de los 108 bancos privados existentes en 1978,

se habían declarado 51 de ellos en suspensión de pagos, en quiebra, o habían sido preventivamente intervenidos por el Estado.

El Fondo de Garantía de Depósitos descubrió que los directivos del Banco de Descuento, a través de una sociedad instrumental, compraron el edificio de la sede del Banco e inmediatamente se lo vendieron al mismo Descuento por valor doble; engañaron a la inspección moviendo el dinero de una oficina a otra, de forma que éste fuera contabilizado varias veces; y así estos y otros fraudes crearon en este pequeño banco, con unos depósitos del orden de 15.000 millones de pesetas, pérdidas estimadas en unos 24.000 millones. Posteriormente, el Banco de Descuento operó con nuevos propietarios y bajo el nombre de Bank of Credit and Commerce.

Cuando el Fondo de Garantía de Depósitos se hizo cargo del Banco de Valladolid el 4 de diciembre de 1978, el grupo de empresas de su propietario debían a la entidad más de 4.000 millones de pesetas.

El 7 de diciembre de 1981 el Banco de los Pirineos presentó solicitud de quiebra voluntaria, comprobándose posteriormente haberse omitido la existencia de créditos por valor de 1.800 millones a empresas vinculadas a los directivos del Banco, que suponían la mitad del riesgo total y cuatro veces su capital; también se habían omitido la vigencia de avales a iguales beneficiarios por valor de más de 2.000 millones, y casi otros 2.000 a otras empresas filiales; y, aunque el Banco de España calificó la quiebra de fraudulenta, el sumario se traspapeló durante siete años en la Audiencia de Barcelona.

El Banco de Levante entró en crisis a finales de 1982 y las investigaciones del Fondo de Garantía fueron concluyentes: sobre unos depósitos de 68.000 millones, con sólo 4.300 millones de recursos propios, las empresas de los directivos del Banco, casi todas insolventes, habían sido beneficiarias de créditos por 27.000 millones de pesetas; los inspectores detectaron que los directivos habían comprado al Banco títulos de Renta Inmobiliaria al 60 por ciento de su valor nominal, revendiéndoselas al Banco en un 280 por ciento de dicho valor, estimándose los beneficios en unos 7.000 millones de pesetas. Actualmente este banco opera bajo el nombre de Citibank España.

El 3 de noviembre de 1982 el Estado intervino Banca Catalana, holding bancario integrado por seis bancos y tres filiales, con activos valorados en

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