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Laban Rene - Los Simbolos Masonicos

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(1)

R k n é La b a n

I ,()S SIMBOLOS

M ASÓNICOS

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i i es re libco le la iixerexado y ¿cvra i^ue !e tiisneen^uoos /nfmtnido dr r. ucsrr» publiaciooc», ewiilMaat ¡ti Jioirdonrv* «jué reíais » n «le su interr* (Astrolmpa. Aucoa>'>«]:i, Ciem iis ( Vulus. Arre» MarcüJet, Naruiwoo. Ht|»itjnial¡did, Tradición...)

y pistosimenic k con^lacermn».

Puede lonsulnr nutsao -..«'álogo en wwm«dMáoneMbdBOI>XM».

CaJtcó ó n Pj;i»dias y Documento.»

LO S SÍM WXOS MASOraOOH

Kckí !un.tn

1.* edicÜE noviembre de 7006

TraAiittón: Jukv PtnáAjmdi

.Vlaquecu ¡ón: M m i / ¿ w j

Diseño «le cubierta: Enr-jtat Ibvrra €> 2006. Rmé idfaan {Reservada* todas los cemlioe) €■ 2oU6. Ediciones Ohcjuco, S I.. (Reservados k * tlcrcdxií (ara I i picsaire n lióéa)

Ediis Edkionn ObeJnto S .I.

Pcre rV‘ 7 8 {Edif Pedro IV) 3.* pl>.ir.; 5.* |>utrta 08005 IWcdona-Espaltt

T d. Oí 309 85 25 - Fix 9 3 309 85 23

['ario». 50 Hornos A i r » - C1275AEA República .\rcenriin Td. (541-14)305116 33

f i a (541 14) 304 78 2 0 h-nuü- obeiivcivívdicic.iirwbelu. «.com

ISBN; M -9777 320-9 Depdíáo Legal: B-48.827-2006

P ñnu d tit Spiir.

lmpreu) en Ts\u n í en I » tiüeres grifictK ilc Komunyi/ValU SA. VcrdifuíT. 1 08076 C ipria des {Barcelona}

Ninguna pirre «1c esra ¡lublicjt itSa, indino el duaio de h icbieru. puede ser rípcr»lucidi. *'tiiicen«U. transmitida o utilizada en alin eo alguna <»-r

ninfyXn medio. y» je i elcvininjco. >j«iímki>. lotcinl.o, «ie fy*W ión ofícvTrográfxo. sin el previo ivnsenii'iixnro (>or o M p «lcl ediim.

(3)

ftooiTfloón

4 f c üdo elevado en el conocimiento de nuestros oí ¡gen es, p a í s a la vez a la Tradición y a la Escnturj.»

Ma n u s c r i t o Gs a h a m (J7 2 Ó )

•Si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles»

Sa iw o s C X X V IL I

os artículos que componen este libro fueron escri­ tos en diferentes momentos y ocasiones, y la mayo­ ría de ellos no estaban destinados a ser publicados. A pesar de que han sido revisados para la presente edición, hemos decidido conservar algunas repeticiones, dado que el libro no tiene por qué leerse del principio al fin, siendo más bien una obra de consulta. Puede leerse, pues, en cualquier orden, ya que no hay una trama en éL Solamente pretendemos ofrecer una visión, acaso un tanto personal y sobre todo muy subjetiva, del apasionante simbolismo masónico;

El universo masónico es extraordinariamente rico en sim­ bolismo, el cual ha heredado n o sólo de los antiguos cons­ tructores de catedrales, sino también del rosacrucianismo. la Cabala hebrea, los misterios griegos y la tradición pitagórica. Los símbolos más importantes que podemos hallar en el

1

. ti acervo simbólico masónico es casi íniinito. Existen numerosos dic­ cionarios y enciclopedias que el lector inte resido puede consultar en caso de desee profundizar en estos símbolos. Aquí sólo reunimos unas notas tomadas aijui y allá en el transcurso de estos veinticinco últimos años y el «color del crista!» que utilizamos es el de la Cabala.

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acervo masónico fueron conocidos por muchas civilizaciones y son portadores de unos significados y unas potencialidades verdaderamente universales. D e hecho, los símbolos m asóni­ cos son una expresión de símbolos universales y fundamen­ tales, y persiguen e: m ismo objetivo que éstos: ayudar al bus­ cador a acceder al Conocimiento, guiarlo por el Camino que conduce a él, com o las piedras guiaron a Pulgarcito en el cam ino que conducía de vuelta a su hogar. Estos símbolos pertenecen a la Tradición U nánim e y Primordial y no pue­ den separarse de ésta. Si bien es cierto que podemos hablar de una «unidad trascendente»1 en las religiones, en el caso de la masonería quizá seria m ás acertado hablar de una «rama» viva y actual del árbol de la Tradición. Los frutos que nos ofre­ ce esta rama, com o sugiere la etimología latina de la palabra «fruto», fructus. son «goce* y «placer* para el alma. Nosotros hem os dis/mtodo de unos pocos, y es ese goce el que aspira­ mos a compartir e n estas páginas. s

Los símbolos masónicos, com o todo símbolo verdadero, no son meras alegorías o meros convencionalismos: sino, siguien­ do una feliz definición de «símbolo» que nos proporcionan Jai­ me Cobrcros y Juli Peradcjordi.-1 «un estímulo capaz de trasla­ dar a quien lo recibe del plano de lo fenoménico y existendal al de lo absoluto e inamovible». Como escribía el autor gu en o niano argentino Armando As ti Vera. «El símbolo es la forma

2 A pesar de que esta expresión nos parece una obviedad, y preferi­ ríamos hablar de «unidad en la trascendencia».

1 En A prepósito drl símbolo,articulo que apim .c a modo de pn'ilo^o en los diez volúmenes que componen la SibiiMca de loi Sünbcioi.

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da para transmitir significados no conceptuales. El es sintético: en cambio, el lenguaje corriente es anali- simbolos no deben ser explicados, sino comprendidos», tros nos atreveríamos a ir m as allá y proclamar que bolos no deben ser explicados, sino encarnados. Su com prensión intelectual no es suficiente para poder tartos. Como escribía I.ouis Cattiaux:*

Por perfecta que pueda s e t la imagen de una flor no tiene perfume y la de un p n no sacia.

este libro no pretendemos, pues, «explicar»5 símbolos que por su misma naturaleza, inexplicables. Proponemos reflexión que a veces pecará de personal pero que, espe- . ayude a! lector a acercarse por si mismo a estos sim- - desde un ángulo que difícilmente encontrará en otras l G m todo, coincidimos con las palabras de Louis ~ux/ el cual afirmaba que:

cuando com entem os una Escritura sonta, un rito o un símbolo, añadam os para los oyentes y para nosotros mismos: «He aqui una de las numerosas interpretaciones de la verdad Una. Dios es el único dueño de la vestidura y de la desnudez».

- Véase Ixniis Cattiaux. £í M em o* Rirncortrodo. Ed Sirio. M.ilaga. 1978. libro XXVII, 25:

5 . De a «.ifuera* y píiw , «plegar». 6 Véase Lotus Cattiaux. op. d i. XV. 4.

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Se ha comparado tam bién el símbolo con la punta del iceberg que no nos lo permite concebir completamente, pero que puede dam os alguna idea sobre él. N o es una com ­ paración a mi entender afortunada, pero comprendo que es útil para ayudar a entender que puede haber realidades ocultas de las que sólo vislumbramos un aspecto.

Son m uchos los libros que se refieren al sim bolism o, m asónico: sin duda se podrian contar por m iles, y todos ellos contienen num erosos datos interesantes, pero la mayoría de ellos, sobre todo las obras m odernas expuestas a la influencia del pensam iento positivista occidental, nos plantean una visión del sím bolo totalm ente desvinculada del sim bolism o tradicional, lo cual constituye, al m enos para nosotros, una verdadera am putación del sím bolo y de su función trascendente.

Desgraciadamente, la masonería exterior, la de los ritos sin contenido, la de las conspiraciones, la de las intrigas palaciegas, ha eclipsado demasiado a menudo a la interior, la del espíritu, la del corazón. «A m enudo -escribía René G u énon -,7 se comete el error de no pensar más que en la masonería moderna, sin reflexionar en que ésta es sim ple­ m ente el producto de una desviación.» Actualm ente la mayor parte de los m asones no saben por qué la masonería se llama «franc-masoncria» y cuál es su fundamento más profundo. En el M anuscrito Graham (I72Ó) podemos leer:

7. V A propósito de k s signos corporativos y su sentido original en Rcgnahit,

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-¿P o r que se llama franc-nuso-nería?

- t n primer lugar, porque ella es un libre don de Dios a los hi­ jos de los hombres: en segundo lugar, porque está liberada de la intrusión de los espíritus infer­ nales: y en tercer lugar, porque es la libre unión de los herma­ nos de ese santo secreto que debe subsistir p a n siempre.

Isia s palabras deberían hacem os reflexionar un libre don de los hijos de los hom bres... Éste es el «secreto que debe siempre* el secreto masónico, la Palabra Pendida.

masónica y en la com prensión de sus símbo- hemos vivido una degeneración que muchos masones.

por las ideas modernas anlitradicionales, se en a admitir. Como ha ocurrido también en e! dominio lo religioso, lo profano ha ido ganando terreno a lo sagra- Pem en el simbolismo masónico, todo, incluso el m enor tiene sentido. Al profano los símbolos le pueden ar inconexos o sin sentido precisamente porque los

el exterior. Como escribía René Guénon:*

Vcasc A propoato d i los íignos u>rpomtiiw y su sentido original en Kegnokit. febrero de 192ó

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La masonería se sirve de símbolos de un carácter bastante diverso. al menos aparentemente, pero no es, como parece a te rs c . que se haya apropia­ do de los mismos pora desviados de su verdade­ ro sentido; los ha recibido, com o las demás cor­ poraciones {ya que en sus orígenes fue una de éstas), en una época en la que era m uy distinta de aquello en lo que se ha convertido hoy en día y los ha conservado, pero, desde hace ya mucho tiempo, ha dejado de comprenderlos.

Como tam bién afirma este autor, sin duda el m ás im portan­ te a la hora de ahondar en el simbolismo m asónico desde el punto de vista de la Tradición, «no hay m uchos símbolos que puedan considerarse propia y exclusivam ente ‘masónicos’ *.

Con todo, nos consta que aú n quedan masones, sobre todo en Francia y Sudamérica, m uchas veces alejados de la política y del m undanal ruido, que sí com prenden y traba­ ja n el sím bolo y que aún conocen y practican una masone­ ría tradicional apoyándose, curiosamente, en la obra de G uénon. Sin duda, ellos serán los grandes protagonistas del renacer de la masonería en el siglo XXL

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I

¿

iSué es eí símbolo?

í

«Aquí iodo es símbolo*

RriUAi m A n x s o a

a noción de símbolo parecc ajena a la mentalidad occidental moderna. La mayoría de definiciones que conocem os lo degradan a poco más que un signo, y el hombre actu al alejado de su alma, se ha alejado también del símbolo. Sin embargo, el estudio, la com pren­ sión y la vivencia del poder transformador del símbolo son fundamentales en m asonería

Joan Boucher comienza su excelente obra sobre la simbó­ lica masónica'- explicándonos que «La palabra "símbolo* viene del griego súmbolon. signo de reconocimiento formado por dos mitades de un objeto quebrado que se juntan; por extensión esta palabra significa una representación analógica relaciona­ da con el objeto considerado».

La masonería es. ante todo, un cam ino de descubrim ien­ to, de conocim iento del hombre, de su esencia. Lste cam ino no se puede plantear sin recurrir al símbolo. Apropiándonos de la conocida definición de Georges Gurvitch -*los

símbo-1 Véase kan Bouchcr. La Symboüque Mapmimjut, LA Dcrvy Livrcs. París,

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1979-los revelan velando y velan rcvclondo*-, señalarem os que una de las funciones del símbolo es hacer de puente entre dos mundos, de conjugar dos contrarios: lo conocido y lo desconocido, lo manifiesto y lo inmanifiesto.

Ln este trabajo recurriremos constantemente a un recurso caba­ lístico denominado «Guematria» que también nos ayudará <3 relacionar lo visible con lo invisible, lo conocido con lo desco­ nocido. La similitud fonética entre esta palabra y el término •geometría* ha hecho que a veces se confundan: sin embargo pertenecen a tradiciones distintas y aluden a cuestiones dife­ rentes. Con todo, el conocimiento de Ln guematria puede arro­ jar luz sobre el sentido profundo e in¡ciático de la geometría. Confundir la Geometría, Arte Sagrado, con mayúscula, con la geometría vulgar, seria un error. Kuclides. que aparece en el manuscrito Regius como el «padre* de la geometría, sería una suerte de eslabón que une la cadena entre la antigua sabiduría egipcia y la moderna masonería, E n La Antigua Constitución de los

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Además cuando Abraham y Saiah SU esposa, fueron a Egipto, y allí enseñaron las Siete Cien­ cias a ios egipcios, él tuvo un L>igno Alumno cuyo nombre era Euclides y ¿1 aprendió muy bien y se convirtió en un Gran Maestro de las Siete Cicndas.

Es más. en el .Manuscrito Dvwland se nos enseña que la ciencia que Eudi- des llamó «geometría», «ahora se lla­ ma por todo el reino masonería».

Vemos, pues, que, para la tradi­ ción masónica, Euclides «recibió* la ciencia de la geometría del mismísi­ m o Abraham en Egipto. El padre de

La geometría relacionado con el padre de la guem atria...2 Si nos ponemos a calcular fechas, es obvio que es imposible que así fuera, pues las vidas de estos dos grandes sabios están separadas por siglos. Como todo en masonería, ha de enten­ d é i s desde otro punto de vista, desde otra profundidad: desde el símbolo. Abraham simboliza, com o su maestro Mclkitsedek, la Tradición Primordial; Egipto es el mundo caído, etc

2 Los estudiosos modernos consideran la guematria posterior a la redac­

ción de la Biblia, entre oirás casas porque ignoran que el texto bíblico juega con ella en numerosísimas ocasiones. Sin duda la guematria más conocida, y que se Suele utilizar como argumento de que en c! texto bíblico si hay guematrias. la encontramos precisamente cuando Abraham envía a su criado Hkzer a rescaUr a su sobrino lot. El texto dice que envía a 318 sirvientes, pero si Icemos cuidadosamente la

Torah vemos que Abraham no tiene ni por ¿somo tantos sirvientes.

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Se considera en masonería que la geometría es La mas elevada de las artes liberales y, de hecho, el trabajo del cons­ tructor se apoya en lodo m om ento en !a geometría. Sin embargo, cuando se habla de geometría podemos entender, recurriendo al lenguaje de los pájaros o cabala fonética, que se está haciendo alusión a b guematria.

Existen distintos sistemas guemátricos, algunos sum a­ m ente com plejos. El m ás sencillo es aquel que considera el valor num érico de cada letra del alfabeto.1 La guematria es «el cálculo de La equivalencia num érica de las letras, pabbras o frases,y sobre esta base lograr un aum ento de la com pren­ sión de b interpelación entre los diferentes conceptos y explorar la relación entre palabras e ideas*, nos enseña un cabalista moderno, el Rabbí Ginsburgh.

Geometría deriva de b raú griega ge. de donde procede

Cea. «la liara», y de meter, «medida*, de donde procede «metió*. Como decía Platón:

La geometría es un método para dirigir al alma hacia el ser eterno...

En esto coincide plenam ente con el objetivo de la m a­ sonería. El Talmud de Babilonia, sum a enciclopédica del saber sagrado y profano de los judíos, nos enseña en el tra­ tado de Berajoth (55 a) que «Betsalcl sabía cóm o com binar

3- En el alfabeto hebreo las letra* >ori números. Asi La A hf, correspon­ diente a nuestra «a» o el 1: la Beth. correspondiente a nuestra «b» es el 2, y asi sucesivamente.

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h s letras con las que fueron creados los Cielos y la Tierra». M is tarde volverem os sobre el tema de Betsalel. el artífice del A rca de la Alianza. Señalem os ú nicam ente de m om en­ to que el cabalista sabe trabajar con las palabras y con los núm eros-principios que éstas albergan, del m ismo modo que el m asón sabe trabajar con las piedras.

El Arca de la Alianza

S j bien en el cristianism o se produjo alguna vez un cierto acercam iento, sobre todo por parte de los Padres de la Iglesia, al verdadero sentido del sím bolo y al sim bolism o num érico,4 dudam os que en la actualidad sea 3sí. Con todo, el A bbé Auber. en su obra H isioire ei Tíiéorie du Sym bolism c

trii-4 . Kxistc. cfccíivamcntc. toda una guematria 3poyada cu el idioma

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gieux (1884)/ nos proporciona una pista que puede ayudar­ nos a comprender que evoca, en última instancia, el símbo­ lo. Este erudito, en su aplicación del sim bolismo a las Santas Escrituras, distingue cuatro sentidos que pueden relacionar­ se con el símbolo en general: el sentido literal, el alegórico, el moral o tropológico y, finalmente, el anagógico.

N os encontramos con esta concepción de cuatro niveles en el símbolo en unos versos atribuidos a N icolás de Lira, pero cuyo autentico autor fue un desconocido m onje dom i­ nicano llamado Agustín de D acia*

l.íittra gesta docci. quid credos aUtgoria. M orales quid ogas. i¡uo kr.das anagogia.

Que podemos traducir com o «La letra que tomas por una ale­ goría enseña las cosas reveladas. I-as normas morales que sigues, te hacen perseverar en el razonamiento».

A pesar de la riqueza de los com entarios que nos han dejado los Padres de la Iglesia relacionados con estos cuatro sentidos, su conexión con el sím bolo sólo podemos vislum ­

brarla recurriendo a la Cabala hebrea, donde realm ente nace la idea de los «cuatro sentidos». Para ello hem os de referirnos a dos lemas esenciales: el misterio del P arda (o t s.) y el mis­ terio del Nombre de Dios inefable (rrrr), el Tetragrama. Tanto

5- Otado por Jcan Boudirr. op. d i, pág. XV.

6. Citado por Henn de Lubac. en su fcuáfór Mcdicwic,Parts, 1959. obra imprescindible en la que dedica aproximadamente 1.500 páginas ai tema de los cuatro sentidos.

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El ic/cr kaPardfs,

obra cabalística sobre el misterio del Parda (Constan ti noph. 1802)

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el uno com o el otro requerirían de un libro completo para ser planteados con la profundidad que les haría justicia. Nos limitaremos a resumirlos lo m ejor que sepamos.

* o t

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•Que este nombre esté ante vosotros y !o unifiquéis.* Rasmde Vidas <ílBoVíl<As;<í«Ííf

£1

nombre inefable De © io s

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eemos e n el Talmud de Babilonia:'

Rabbí Irmia solía sentarse frente a Rabbí Jia bar A b a En cierta ocasión observó que Rabbí Irmia prolongaba m ucho la palabra «uno».

Se trata de una alusión a la palabra Ejad. «uno», la últim a de la oración Shem ah Israel, la más importante del judaismo. La última letra de esta palabra que evoca la

unidad es la letra D alet. cuyo valor num é­ rico es 4. El Talmud sostiene, en esta misma página, que a «todo el que prolonga la pro­

nunciación en la palabra "uno' del Shem ah le son prolongados sus dias y sus años».

El texto talmúdico continúa: «Una vez que prolongaste y pro­ clamaste en tu corazón al Eterno en los Cielos y en la Tierra y en los cuatro puntos cardinales, ya no es necesario continuar*.

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La palabra «uno* en hebreo F.jad. alude a la Unicidad de Dios, representada por el N om bre sagrado de cuatro letras, IH W ll (rrvr).' Según la cabala luriana, a raíz del exilio de Adán, este nombre se escindió en dos partes, IIL que quedó en el Cielo v W U que cayó a la Tierra. «Proclamar a l Eterno (II1W11) en los Ciclos y la Tierra» es operar la reunión de III y W H , (rr) y (m).

El gran cabalista Jaim Vital, discípulo y divulgador de Isaac Luria. escribió:1

Mi m.ieslru también me enseñó tina meditación que puede utilizarse con [cualquier práctica co­ mo] la candad o la oiauón. [Consiste en meditar en el Tctragdmaton IIIW H yj en la unión del nombre IH que está separado de WH.

D e hecho. I I I y \VH son las dos partes del símbolo por

exce-2. Hernw de relacionar d Tctragr.im

.1

hebreo con el Nombre de Dxi-.

A üak compuesto también por cuatro lelras Como escribe Rene

Guénoo. «En efecto, simbólicamente, Lis cuatro UKmj. que forman en árabe el nombre de A SA equivalen respectivamente

.1

li regla. a la e&uadra. aJ compás y al circula esle último siendo reemplazado por el triángulo en Ja Masonerii de simbolismo exclusivamente rectilíneo*. 3- Citado por Fcdenixi Gonzakv. y Mireia ValJs en Prrnr.cki rito de la

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En el texto de la «ración del S hem ah Isra el, las letras

A m C?) de Shem ah y D alet (“) de Ejad forman la palabra Ed (1 3 ), que significa «testigo». ¿Testigo de qué? Testigo de 11IWH, o sea, del Nombre unificado.

Es cierto que existe un m ovim iento cristiano que se auto- denomina «Testigos de Jehová». pero si bien la expresión se refiere a quienes han realizado la unificación del Nombre, desgraciadamente los adeptos a este m ovimiento n o tienen ni la más remota idea de estos misterios.

D e nuevo va a ser la Cabala quien nos demuestre que Ed (1 3 ) corresponde al Nombre unificado. La guematria ordinal inversa de Ed (*rr) es 26. la misma que la de 1HW H (~rr).

Las letras 1H (~) las podemos encontrar en la mano dere­ cha del grabado cabalístico que a-producimos (pág. 22), y las letras \VH (rr) en la mano izquierda. U niendo ambas manos se opera simbólicamente la reunión del Nombre. Esto es lo que ocurre cuando se juntan las manos en la oración, un gesto simbólico en el que muy pocos han reparado.

Los cuatro puntos cardinales aluden a estas cuatro letras. Según el cabalista Rabbí Sa­

lomón Idelach (15ÓO-1Ó31), también se refieren a la figura cúbica imagen que reencon­ tramos en d simbolismo ma­ sónico de la piedra cúbica. Estas cuatro letras coin­ ciden con las cuatro letras de la palabra Fardes

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Nos cuenta el Talmud (Jaguigah 14b) que. en el siglo II cua­ tro grandes profesores se consagraron al estudio esotérico de la

Torah logrando entrar en el Paraíso, o sea penetrando sus secre­

tos. Se trataba de Rabbí' Ahina, Rabbí ben Soma. Rabbí ben Assai y Ajer. Uno de ellos vio y murió-, otro vio y se volvió loco: otro vio y se hizo apóstata: sólo Rabí Akiba entró sano y salió sano.

El sentido de la palabra Panks requiere un breve comen­ tario. Está formada por cuatro letras: Pe, Rcxh, Daleúx y Samej.

Pe corresponde a Pahat. el sentido literal, el evidente-, Rísh a Rimes, el sentido alegórico; el simbólico D akih a Derasha, la interpre­ tación talmúdica, mas profunda y Samej a Sod. el sentido secreto, el más interior de todos El Parda al

que accedieron los cuatro profesores se interpretó, pues, como la especu­ lación sobre el verdadero sentido de la

Torah en sus cuatro interpretaciones.

La relación entre este relato y los cuatro sentidos es obvia: los tres prim eros nos permiten, efectivamente, «entrar» en el texto sagrado, pero no salimos de él indemnes. Ú nica­ m ente el sentido secreto, el Sod. permite «entrar sano y salir sano» Para el cabalista Jaim Vital, los cuatro sentidos corres­ ponden a los cuatro estadios del proceso que ha de realizar eí alrri3. Vital escribió que «aquel que no haya realizado todo este trabajo deberá reencarnarse*.

También podríamos relacionar a los cuatro profesores con los cuatro hijos de los que nos habla la H agadah de Pcsaj: el sabio, e! malvado, el sim ple y el que aún no sabe preguntar.

De alguna manera, entroncando con el simbolismo masó­ nico. podríamos decir que el Pardes es el Templo. El hecho de

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r - w o n r o í ’' ? w a o V j m ^ S a r n n r r j m f j w m p o n - 1 ^ 3 o > a n j r a l i s n u a t o n i n a n n t o v e n - r r w a s n i n x m i n r r m f r I ^ -r- -T- * » | » ■ ■ " ■*■ *• | • s ’ ? í ^ > C T i 3 ^ ' J n w o j 3

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Página ¿c una liagadc'n dt P aaj impresa en España o Portugal a principios del siglo XVI

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que sólo un sabio pueda entrar y salir del Parda o del Templo no quiere decir que únicam ente una persona pueda hacerlo, sino que sólo puede lograrlo aquel que se ha convertido en Uno. que ha realizado en si la Unidad: en cierto modo, como el símbolo, es una unidad que trasciende a una dualidad.

Esta Unidad está representada en la Cabala por la letra

A lef 60, que los cabalistas consideran compuesta por una letra

lod, (*) arriba a la derecha, unida a otra lo d (•) invertida abajo a ia izquierda por una letra Vae (S) ligeramente inclinada.

Si sum amos el valor num érico de dos lo d (1 0 + 1 0 ) al de la letra Vav (6). obtenem os 26, que es precisam ente el valor num érico de JI1V I1 (Jod = 10. He = 5 , Vav = 6 y H e = 5 ).

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■íW jí <íW í;<VW * <&+*

£ o s símbolos maeónícoe

«La masonería es lo que sus símbolos y su ritos revel.in..

os primeros símbolos con los que se encontrará un m asón son, lógicamente, los del grado de aprendiz 1:11o les otorga, hablando en términos simbólicos, una fundón primordial. Dado que un masón

toda mu vida es un aprendiz, los símbolos de este grado serán

objeto de estudio durante toda su vida. Se ha dicho que el grado de aprendiz contiene en potenda a todos los demás grados: desde el punto de vista simbólico, e! primer aprendiz masón fue Adán que. al decir de

la Cábaia. contenía en su alm a las alm as de todos los demás hom bres, hasta el fin de los tiempos. Si el prim er m asón fue Adán, pode­ mos concluir que esto implica que quien realiza el trabajo masó­ nico es Adán en nosotros, o. dicho de otro modo, el hombre interior, liste viejo Adán no debe ser «ahogado», com o opinaba I.utero, sino liberado de su pri­

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sión. Los símbolos, ios ritos y la práctica masónicos le ense­ ñan a salir de esta prisión. Estos símbolos son tan num ero­ sos y su riqueza tan grande, que difícilmente sus significa­ dos podrían agotarse. N os limitaremos, pues, a analizar los más importantes.

(25)

IV

£ a acacia

a flor de la acacia, un motivo sim bólico que por su belleza y su delicadeza podemos encontrar en diversas tradiciones, es u no de los símbolos del Conocim iento masónico y de la pertenencia a la Orden.

Sin embargo, si no nos contentamos con las definiciones de diccionario y deseamos profundizar más en é l hem os de ver a la acacia como un símbolo de la vida eterna, de la resu­ rrección, con todo lo que ello comporta. La madera de la aca­ cia. una madera de gran calidad que los antiguos conside­ raban imputrescible, simboliza la inmortalidad y su flor representa el renacimiento y la resurrección. Sus espinas, com o también ocurre con las espinas de la rosa, evocan las dificultades y los obstáculos' para alcanzarlos. Para los anti­ guos, ésta era una planta solar, y su color amarillo nos recuer­ da a la luz del SoL1 A s i el dios egipcio Horus, hijo de Isis y

1. Curiosamente, la palabra que quiere decir «obstáculo* en hebreo.

Sdián, también quiere decir •enemigo*. Por su parte «espina» en sáns­

crito es kanlaka. que además quiere decir «enemigo».

2 Se dice que las espinas de la corona de Cristo eran de acacia, lo cua! refuerza el sentido solar y luminoso del simboio.

(26)

Osiris. el Sol que renace cada día. habría nacido bajo una aca cia-. de nuevo una alusión al renacim iento y a la resurrección. lin sánscrito la acacia se llamaba khadtra o sami. Curiosa­ mente, se dice que el dios Agni se exulta en esta plañía y por esta razón se hace salir de ella el fuego sagrado friccio­ nándola. l a raíz sam significa «bendición*.

Otro sentido que se le da a la acacia es el de «inocencia*; sin duda al asociar la palabra «acacia» con el término griego a lu ­

bia. «ingenuidad, inocencia». M aurice Pillard-Vem cui! en su

D iccionario de Sím bolos, Emblemas y A legorías■ adjudica a la aca­ cia la amistad, la elegancia y e! am or platónico. Sin embar­ go, la etimología m ás probable de «acacia» es la que, a causa de sus espinas, la hace derivar de la antigua rafe ac. «que pica», «en punta», de donde provienen térm inos com o «ácido*, «acritud* c incluso «agudo*, «ácido» o «acero».

3- Véase Maurice Pillard-Vemcuil. D iccionario ¿t Simboloi, Emblemas y Ale­

(27)

La primera alusión que encontramos a la acacia se encuen­ tra en la leyenda masónica que nos explica que los maestros que fueron en busca del cadáver de Hiram encontraron una rama de acacia en el cerro donde estaba enterrado.

Como escribe el doctor 01 i ver:

cuando el maestro masón exclam a: «mi nombre es acacia», es equivalente a d ecir «he estado en el sepulcro, he triunfado sobre él alzándome de entre los muertos, y siendo regenerado en el proceso...»

la acacia, en hebreo Shitah Cutí) o. m ejor dicho, «las acacias»,

Shiiim (ü*re), de un verbo que significa «engañar, burlarse,

mofarse», aparecerá varias veccs en el texto bíblico. Cuando en el texto de Éxodo X X X V 11, l leemos: «£ hizo B d salel el arca de maderas de acacia* '^ -j, no podemos dejar de pensar que en c1 F.gipto antiguo, en algunas procesiones, se llevaba un arca santa de la que salía una acacia, en la que se podía leer «Osiris surge de nuevo». Se trataba de una representación de I3 vida eterna simbolizada por el grano que m ucre para renacer.

(28)

La relación entre S hiiah (rrrr) y Satán ( t e ) , que. como hemos visto, significa «obstáculo», no ha sido, hasta donde sabemos, estudiada. Estas dos palabras comparten la raíz

St (re), que significa «pecador*, «rebelado», «aberración*. Shatah ( t c ) es «desviarse» y Satán {'r s ) es el acusador, el adversario.

(29)

V

Batid ij los misterios

Or ía letra

13

no de los temas m ás apasionantes del esoterismo hebreo es el de la torre de Babel y la confusión de los idiomas. Recordemos que Génesis X I, 1 nos explica que en aquel entonces «toda la Tierra tenia un m ism o idioma y un mismo propósito*. Sin embargo, los hombres no están contentos y deciden fabricar ladrillos y construirse una torre que alcance el ciclo:

Vamos» edifiquemos una dudad y una torre que llegue hasta el délo, y hagámonos un nombre, para que no nos dispersemos por toda la Tierra. (G énesis X I 4)

v

1*1 relato bíblico de la torre de Babel, indispensable para com ­ prender varios de los símbolos masónicos, resulta incom ­ prensible si no recurrimos a los comentarios de los cabalistas Como escribe Osvvald W irth en El ideal iniciático (1027):

(30)

Alegóricamente !a franc masonería aspiraba a reme­ diar la cunfusáún de los idiomas que dispersó a los constructores de la tone de Babel Su objeto era for­ mar masones capaces de comprenderse de un pulo a otro pata edificar un Templo ümcu al que ven­ drían a confraternizar sabios de todíS Las naciones.

Hn el M anuscrito G raham (V '¿6) podemos leer:

Pero, ¿cómo fue posible que los trabajos de los babilonios fiieran erigidos antes de que el evangelio comenzara a brillar?

-Yo os respondo devolviéndoos vuestra pro­ pia pregunta, porque la presunción de los babilo­ nios de los que acabo de hablar había ofendido de tal m odo al espíritu de Dios que las lenguas dejaron de ser comprendidas por su pecado, a fin de que la humanidad no volviera jamás a actuar así sin el permiso divino, que quiere que nada pueda hacerse sin fe ni oración.

Como se preguntaba el erudito Claude-Sosthéne Grassct d’O rcet a propósito de esa aspiración hum ana hacia la len gua original anterior a la torre de Babel, «¿Es éste el verdade­ ro sentido de la búsqueda de un Vetbum Dimissum. de la pala­ bra abandonada llamada Palabra Perdida?*.

H texto de Génesis decía muy claramente «hagámonos un nombre* después de «edifiquemos una ciudad y una torre*, por lo que es obvio que el acto constructivo está, por decirlo de algún modo, en paralelo al de «hacer» un nombre. ¿Cuál es este nombre? la palabra utilizada. Shan fco), tiene una guematria de 340-, es tanto la de Shem (p¿) como la de Sefer (-se), «libro».

(31)

simbolismo del libro es de hecho el del Nombre, dcsarrolb- Sabemos que tinto edificar como editar (ambas palabras deri- de atdes. «edificio, construcción*) son, simbólicamente, lo no. Pero Shem (pz) tiene una guematria atbash de 12» la misma que b de Zf Gt) «este*, un motivo recu-

-rcnte en b Cabala cuando se comenta el celebre pasaje que dice «éste es el libro de las generacio­

nes de A dán...* (Génesis V. 1). El comentario clási­ co de los cabalistas es que Ze (ir), «este», de p ie ­ rna tria 12. se refiere a las 12 tribus de Israel. Cuando Rabbi Akiva d ice «Éste (Zf) es un gran precepto en la Torah* (ze d a l gado! ha Torah). se está refirien­ do a este mismo misterio que los Hombres de Babel intentaron alcanzar de un modo forza­ do y externo. La expresión, si no profana, al menos exterior de este clalg ad d . es el conoci­ do «amarás a tu prójimo como a ti mismo». De algún modo contiene los restantes diez man­ damientos pues Rea (r~), ^prójimo» de gue- matria 270, tiene una guenutria atbaih de 10.

En la tradición judia se conoce al rey Nimrod. el que impulsó la construcción de la torre de Babel, romo «el infame

2 San Jwúrtmxx en su Libro de kn jVumérts H&retx (Ediciones Obelisco, Bar­ celona. 2002). define a Nemmd como «tirano. profuso o Iransgrcsor*. Los escritcs ateneos hacen derivar el nombre Stmmd de! verbo hebreo

ma-rúdh. que significa «rebeíorse», por ío que el lálmud <¡k Babilonia. en fri­

tado Enain

53

a. dice: «Entonces. <pur qué se le llamo Ncmrod' fbrquc in­ cito al munóo entero a rtbeiarse (hm rid) contra Su wbrwnía (la de Dk$I»

(32)

Este rey tenía tres nombres: Kush (o Cusí), com o su padre, «por su tez negra*.’ Amrafcl* y NimnxL

Curiosamente, Nimrod «era m uy suelto de lengua*, lo cual lo coloca de algún modo en los antípodas de Moisés, que no era «hombre de palabras*/ D e algún modo son res­ pectivam ente los arquetipos del mago negro y el profeta. El im pulsor de la torre de Babel fue tam bién el primer carní­

voro de la historia. Curiosamente, la guematria de Nimrod (Tina:), 300, coincide con la de A re! (7~u>), «incircunciso*.

La exégesis tradicional nos pro­ vee de varias explicaciones acerca de la construcción de la famosa torre. La m is conocida es que la pecadora generación de Nimrod temía que Dios enviara un nuevo diluvio, por lo que decidieron construir una torre «que llegara a los Cielos*.

U n detalle muy importante desde el punto de vista masó­ nico a la hora de analizar esta leyenda es que «no había pie­ dras en Babel* y tuvieron que fabricar ladrillos para construir la torre. Desde el punto de vista cabalístico, el Ladrillo es un símbolo de la esclavitud, y nos lleva a la época del exilio egipcio en que los judíos eran obligados a fabricar ladrillos

3. Cusí significa en hebreo «moreno, negro». «El pais de Cus» era Etiopia ■4 Nombre del rey de Sh-.nar que. según la tradición, hizo arrojar a

Abraham a un homo ardiente.

5 Véase beodo IV, 10.

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para los cgipcios. Si la piedra es obra de Dios.* el ladrillo es obra del hombre.

El M idrash nos explica que, de repente, la gente se encontró hablando 70 idiomas diferentes. El paso del uno. represen­ tado por la letra al setenta, representado por la Ayin (5). corresponde siempre a una caída. También merece señalarse que la palabra Babah (r*zz). que comparte dos letras con Babel significa «ojo», igual que Ayin C>).

Por otra parte, la diferencia entre 70 y 1. el famoso número 09, no es únicam ente como se cree en !a actualidad manifestan­ do un notable desconocimiento de la numerologia tradicional un número «erótico», sino una alusión al mirto (o n ), que corn­

il Kl intimo Dios es comparado en más de «na ocasión con la piedra o con la r o o en el texlo bíblico

7 - feto lo vemos, por ejemplo en la e x é r e s i s tradicional de Or ( t í ) .

•piel» por contraposición a Or «luz» de C tntsii 111-21. Recordemos también que síwisetenta las .timas que descienden a Egipto o que el exilio babilónico duró setenta artos.

(34)
(35)

U aríc esta misma guematria con haSovev, í.zzcr), «el que da , aludiendo a la costumbre cabalística de dar vueltas

En haSovev ( - - " “) nos encontramos a in FUibah (-22), a la que

x ha añadido la letra Sam ej (o), la cuarta letra de Pardss (o"re), íso». que representa al S ed (r e ), el secreto, t i sentido caba- co es que hay que «dar vueltas» para encontrar el secreto, como nos enseña el Talmud en el tratado de A voth (V. 25). de podemos leer: «Ben Bag-Bag dijo: dale vueltas y dale Itas porque todo está en ella*. Es de interés añadir que esta ta s e también ha sido traducida como «Ben Bag-Bag dice: léela v reléela porque todo está en ella», que los masones conocen bien, pues coincide con el famoso Ora, lege, lege, legt, niege, labo­ r e tí invenies («Ora, lee, lee, lee, relee, trabaja y encontrarás»), que

rece en la decimocuarta plancha del Mutus Líber.

tomo a la m esa de Shabat con ramas de mirto en la mano.

(36)

VI

C a s tres

15

1 propio nombre de «Babel» contiene una ense­ ñanza. Las dos letras Bcth (z) juntas señalan la dificultad para hablar. Encontramos esta misma en la palabra bárbaro, que era com o los griegos llamaban al que no conocía su idioma, o incluso en balbucear.

Sabemos que. en la Edad Media, en las sociedades secretas no podían ingresar las personas que presentaban uno de tres defectos determinados, que recibían el nombre de las tres B. Irán, en francés, % uc, «tartamudo», borgne, «tuerto»y bofcux, «co;jo*. No eran dignos de entrar en e! Templo, un símbolo del mundo por venir, porque lo imperfecto no puede asumir la perfección. Cabalísticamente, estos tres defectos están relacionados con el diablo, Satán, un espíritu tordelo, incapaz, de engendrar. A un nivel simbólico podemos afirmar que el diablo es tuerto porque está tullido, porque es cojo. La tradición hebrea afirma que antes de la caída de Adán, la serpiente tenía patas, pero a raíz de su desobediencia los perdió. Por eso Dios la maldice didéndole que «se arrastrará sobre su pecho» {Génesis III, 14). Es curioso observar que el valor en guematria de R tguel <pie. pata». 233, es el mismo que el de Tzajar, «recuerdo», «macho», i-a pérdida de las

é

1 tr tr

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palas por parte de la serpiente implicada una perdida de b masculinidad Tanto el ojo (el problema del tuerto) como el pie (el problema del cojo) son dos conocidos eufemismos del sexo, de la fuerza generadora y en cierto modo lo simbolizan pero ¿qué tiene que ver todo esto con b tartamudez'

Tartamudo o tartajoso procede del bajo b tin taratara. Esta pala­

bra pertenece a b misma familia etimológica que tortus, «tuer­ to*. Podemos relacionar «tartamudo» con Tartarus. «infierno» y

mutus, «mudo». De esta misma raíz procede b palabra «tortuga»,

que derivaría de tartaruchus. «demonio». Este animal se rebeio- nó con Saturno, q u e aparte de ser cojo, perdió su fuerza gene­ radora al serle cortados los genitales por su hijo Urano. Por su parte, Covarrubias hace derivar «tartajoso» de lar lar. como b pabbra bárbaro de bar bar. por usar mucho b letra T.'

La letra T b tin a correspondería en hebreo a dos letras, b Taf, que significa «signo, señal» y a b le­ tra Teth (c), de guematría 8. que, por su form a tenía un signifi­ cado arcaico de «serpiente».

La Ttíh es una letra que pre­ senta una grafía «retorcida». De alguna manera se parece a un útero

que esconde en su interior algo muy bueno, simbolizado por la letra lo d ('). F.n un delicioso pasaje del Zohar. esta letra se presenta ante Dios para pedirle que com ience b creación

1. Véase Sebastián de Covarrubias. Tesoro de Za lengua Castellana o

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por ella, pero es rechazada precisam ente por eso. porque lo •bueno* que contiene «está disimulado en su seno*.2

Hemos visto que el diablo es tuerto y tartamudo y tullido. Estas tres «tes» corres- p o n d ea como nos descubre Covarrubias. a las Limosas tres «bes*, que impedían a quien estuviera afectado de alguna de ellas iniciarse en las sociedades secretas.

Notablemente, en hebreo «tartamudo* se dice Gam^am (¡3523), palabra que podemos relacionar con Cam al Car), que quiere decir «camelíb». Sabemos, por el M tdmsk. que la serpiente que engañó a Eva tenía la apariencia de un camello.

(39)

Betsaiel o (os secretos

De (a masonería

i

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* í

n el M anuscrito Graham (1726) aparece la historia

’trjp de BeLsalcl, el constructor del Templo, al que llama

^ ¿ ^ > 9 Bazallieíl y al que define como «el m ejor de los masones», pues conocía «la parte teórica y la práctica de la masonería*. Betsalel es un nombre muy misterioso que signi­ fica «a la sombra del Altísimo». La palabra «sombra». Tsel 0ts). tiene una guematria de 120. número recurrente en los escritos de los cabalistas, que coincide con los años que vivió Moisés, con los que N oé tardó en construir el arca o con el número de salmos que. según el M idrash. (Vaiqra R abbah IV, 7). escribió el rey David.'

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Com entando el famoso dicho del Libro del Eclesiastés que sostiene que «m is vale el buen nombre que el aceite perfu­ mado*.' el M klrash (Shcmoth R abbah XLV1II, 1) lo asocia con Betsalel. De alguna m anera el buen nombre alude a la Palabra Perdida.

t i texto del M anuscrito Graham dice asi:

Cuando reinaba ci rey Alboync nació BozallielL que fue llamado asi por D:os antes de su concep­ ción. Este hombre santo sabía por inspiración que los títulos sccrctos y los símbolos primitivos d d principio divino tenían el poder de proteger, y construyó de tal manera que ningún espíritu infernal de destrucción osó quebrantar la obra de sus manas. Así que sus obras Se hiueron tan Limosas que los dos hermanos más jóvenes del rey del que se acaba de hablar desearon ser ins­ truidos por el en la noble ciencia que él domina­ ba. A ello consintió a condición de que no la revelaran (oralmente) sin unir (para ello) sus propias voces a la de un tercero. Prestaron jura­ mento y él les enseñó la parte teórica y la parte práctica de la masonería Después hicieron su obra En esla época, los salarios de los masones aumentaron en este reino: se veía entonces a los masones en compañía de reyes y príncipes. Fero cuando la hora de su muerte estiba cerca, Bazaliiell deseó que se le enterrara en el valle de

2. Hay aquí un curioso juego de palabras, harto explotado por las caba­ listas. entre Sfitm l~~), «nombre» y Shtrr.tr. (’Kí), «aceite*.

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Josaphal y que sobre (su tumba) se grabara una inscripción conforme a su mérito, lo cua! reali­ zaron ambos principes. Esta (inscripción) estaba

(formulada) como sigue:

Aqui yace la flor ¡i* la mj.v.jnerúi. que, superior a müdxw ocn>5. ÍUC d compaítcro J e un rey y d hermano de -ios príncipe*. Aqui y.vcc el corazón que poáía ¿lncrgar -.cccí los SOOClúS. Aquí yace b lengua que jamás revele» ninguno.

Tr& su muerte, los habitantes del lugar pensa­ ron que, con é l los secretos de la masonería se habían perdido totalmente, pues ya no oían ha­ blar de ellos, y nadie conocía los secretos excep­ to esos dos príncipes, y durante su recepción habían jurado no revelarlos si no unían sus voces a la de un tercero. Precisamente por ello debe creerse y también comprenderse que un secreto tan santo no podía jarnos perderse mien­ tras quedara vivo sobre la TieTra un buen servi­ dor de Dios. Pues todo buen servidor de Dios siempre tiene y tendrá una gran parte en este santo secreto, aunque los demás ignoren dicho secreto, asi como los medios que deben usarse.

Observemos que el texto nos dice que «Tras su muerte, los habitantes del lugar pensaron que. con él. los secretos de la masonería se habían perdido totalmente». ¿En qué consisten estos secretos? ¿Son los secretos de la construcción, o son algo más? Es difícil pensar que aquí se esté aludiendo a meros secretos gremiales relativos a la construcción de casas y edi­ ficios. Los secretos que conocía Betsalel son de otra

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za. Como nos descubro la exégesis hebrea, los secretos que conocía Betsalel son lo que los cabalistas conocen com o «gue- matria*. «Betsalel sabía cóm o com binar las letras con las que fueron creados los cielos y la tierra», leemos en el Talmud de Babilonia, Berajoth (55 a). N o nos hallamos, pues, ante secretos gremiales, sino ante los secretos de la Palabra Perdida, el

Verbum Dimissum. ante el secreto m ismo de los masones.

2 + 9 0 + 3 0 = 1 5 3 = I ( 1 - 1 7 )

El m ismo nombre de Betsalel contiene ya, para los cabalis­ tas, profundos misterios numerológicos. La guematria de Betsalel C / íte ) es 153. la misma que Li de «la Pascua* fconn), y 153 es lo que se conoce com o u n «numero secreto». Es el núm ero secreto de 17. una de las cifras más importantes de la Cabala, pues es el valor num érico de Tov fcc), «bien». Si sumamos 1 a 2 , luego a 3, luego a 4, y asi hasta llegar al V. el resultado es 153. Este importante y misterioso núm ero lo encontraremos tam bién en los evangelios en el episodio de la pesca milagrosa:

(43)

Subió Simón Pedro y arrastró la red a tierra, llena de ciento cincuenta y tres peccs grandes, y con ser tantos, no se rompió la red. (Juan

X X I 11)

Destaquemos que la palabra «pez» aparece exactam ente 17 veces en los evangelios.

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B oü 5 ij Jacljín,

o las Dos columnas

as dos colum nas son lo que separa la logia de ios Pasos Perdidos, o sea del m undo profano, algo asi como las colum nas de Hercules1 separaban el mundo conocido del desconocido, el llamado «mar de Adentro» del «mar de Afuera*. En lo que se refiere a las dos colum nas o pilares del Templo de Salomón, el historiador Joseío2 las describe así:

Además, este Hiram hizo dos pilares hue­ cos. cu ya paite exlem a era de latón, y c! grosor del latón era de cuatro dedos de ancho, y la altura de los pilares era de die­ ciocho codos, y la circunferencia, de d oce Y encima c e cada capitel descansaba un lirio de metal fundido, elevándose hasta una altura de cinco codos, a cuyo

alrcdc-1. Tenernos ¿qui b misma idea de dualidad que en el arcano V! del

Tarot de Marsella que Guenon V>irr.ko!o< fundamentales de lo Ciencia

Sagrada, pág. 2

1

2) rel.idon.iixi con el mito de Hercules entre el vino

y la virtud

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dor quedaba una red rodeada de pequeños pal­ mas de latón. que cubrían los lirios. De los lirios pendían un par de ristras de doscientas granadas, t i pilar que erigió a la derecha de la entrada del pórtico (en el sur), lo llamó Jachin. y el de la izquierda (o norte), lo llamó Boaz.

Según Albcrt G. Mackey, el term ino Jachin procede de Jah, « P ío s » , y achín, «establecer* y B oa: de B «en» y Oaz, «fuerza». En Tht Spirit ofX lasonry, W illiam Hutchinson escribe que «Los pilares erigidos en el pórtico del Templo no eran únicam en­ te ornamentales, sino que también llevaban con ellos un sig­ nificado emblemático en sus nombres: B oa: es. en su traduc­ ción ÜtcraL en ti está la fu erza; y Jachin . será establecido, lo cual, por una trasposición muy sencilla, se puede poner de esta manera: "“Oh Señor, tu poderoso arte, tu poder, está estable­ cido por la eternidad'».

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Todo ello debe relacionarse con el libro de Ezequid X L . 49- A unque hay. sin embargo quien relaciona la / y la B con Juda y Benjamín.

Simbólicamente hablando, la masonería recibe el nombre de «viuda» y los hermanos masones, el de «hijos de la viuda». Interpretando la frase «ella es viuda» del principio de las

Lamentaciones de Jerem ías, el M idrash dice que «es viuda» porque

ha perdido a diez de las doce tnbus:' han quedado la de Judo y la de Benjamín. Señalemos,

siguiendo las enseñanzas de los sabios cabalistas, que en el nom ­ bre de Ju dá (r*rrr) aparece el Tetra- grama, IH W li (rr—), con la letra

Daleth. que significa D al, «el pobre». Por otra parte Benjamín ( p r a )

tiene una guematria 1Ó2 com o K ol I H W Ii «lo voz del Teíragrama» ( r r * *7 9 ), lo cual no dej3 de ser curioso. Y si suma­ mos el valor numérico de K ol (rp ). 136. y de D aleth (~), 4, obte­ nemos 140, el de alam fcfcs) «estar disimulado, estar oculto, ser secreto», o sea de nuevo una alusión al secreto masónico. San Jerónimo, en su Libro de los Nombres H ebreos* define a Boaz como «en la fuerza» y a Jachin como «preparación». Acudiendo a la tradición hebrea, también podemos relacionar a Boaz con Ruth

3- Señalemos que ti suma del valor numcnco de las dos iniciales de estos dos nombres, lod ('). 10 y Ecth (:), 2. nos da ‘.7., aludiendo a las duce tribus o también, según algunos autonjs, a las 12 puertas de la Jemsalén Celeste.

4. Véase San Jerónimo. El Ubro Je b s Nombres Hebreos. Udicaones Obe­ lisco. Barcelona. 2002, págs. 80-81.

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la moabita, la nuera de N oem i Cuando esta fue a espigar el cam po de Boaz. éste la trata tan bondadosamente que ella le pide que la redima casándose con ella Todo ello no tendría ninguna importancia si no fuera porque de esta unión nacería Obed, abuelo del rey David, que equivale al Mesías.

Encuentro de Ruth y Boaz

Obed (*o¿'X hijo de viuda, significa «trabajador, obrero*. De alguna manera Obed de un verbo que significa «trabajar, obrar* es el arquetipo del hermano masón. Seria muy intere­ sante, c- incluso necesario, un trabajo exhaustivo sobre este per­ son aje Señalem os únicamente corno pistas para quien desee realizarlo que. como nos explica el libro de Sam ad■

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El arca de Dios se quedó en casa de Obcd- Edora el gucteo durante írc> meses. Y Dios bendijo a Obed-Edom y a toda su familia

Por o to parte, si bien Obcd es hijo de Ruth, fue educado por N ocm í y considerado como si fuera hijo suyo. N ocm í ('cr:) de fcs:). «ser agradable*, simboliza la dulzura en contraposi­ ción a la amargura.

Iachin. del hebreo Iakin ("2'), palabra cuya guematria es 90, puede relacionarse con !a letra Twdi (s) cuyo valor num é­ rico también es 90.

Si calculam os la llamada guematria m illui de la letra Tsadt Oí), aquella que tiene en cuenta la de todas las letras que la com ponen, Tsadi. D altí y Iod (’“*). obtenem os 104. la misma que la de David M elej (-^c ttt), «rey David».

En el manuscrito Cookc se dice que toda la sabiduría anterior al Diluvio fue recogida en dos grandes columnas u obeliscos que serian descubiertas una por Pitágoras y otra por llermes. También se han hecho corresponder estas columnas con los dos santos de nombre Juan, san Juan Bautista y san Juan Evan­ gelista. Sin duda en todos los casos se está hablando de una dualidad que p ied e ser resuelta y trascendida en la Unión.

Si sum amos el valor num érico de la palabra Boaz (:~2). 79. al de Iachin 90. obtenem os 169. u n número muy especial, pues es 13, el valor num érico de fijad (“sx). «uno*, multiplicado por si mismo. Así. la unión de Boaz (¿zz) y Iachin (p * ) produce la Unidad.

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Boaz (tra) y ¡achín ( " r ') también pueden relacionarse con los dos solsticios c incluso con los dos santos de nombre Juan.6

Como escribe Francisco A riza.

Lis columnas Jakm y Boaz se vinculan con la simbólica de las dos solsticios, y por tanto con las dos fases ascendcnte-dcscendcnte del ciclo atluaL Ellas se asimilan, pues, a los dos San Juan, el Bautista y d Evonijelista, y en consecuencia a la «puerta de los hombres» y la «puerta de los dio scs». respectivamente. Éstas son las puertas zodia­ cales de Cáncer y Capricornio, que correspon­ den 3 la entrada del verano y del invierno, es decir, el descenso y el ascenso de la luz solar.

6. De ahi la expresión masónica de «Lo^m de san Juan». Véase a este res­ pecto Rene G u í - w n S m n o b sfim d a rrx n ta Jt! cir la C im cia Sagrada, trad de

(50)

213-£ a escalera

IX

os encontram os con la escalera varias vcces en los rituales masónicos, particularmente en e! grado 30. Este grado, el de caballero Kaddosh, no aparece hasta el año 1760. M uy relacionado con el libro bíblico deí Levitico ( Vaikrá.). está construido alrededor del sím ­ bolo de la escala. El caballero Kaddosh corresponde al sanio. De hecho. K addosh en hebreo significa «santo», «sagra­ do». Con todo, se trata de un santo con un aspecto vengati­ vo, pues su fundón seria la de vengar la m uerte de Hiram, el arquitecto del Templo de Salomón, e incluso la de Jacques de Mollay, el G ran Maestre de los Templarios.1

N o obstante, el simbolismo de la escalera es universal y no sólo patrimonio de la masonería o de Occidente,- prácti­ cam ente en todas partes evoca la idea de «ascensión, eleva­ ción». Es un símbolo universal, pero su significación más profunda, al m enos en el contexto de lo que estamos tratan­

1. V éase A B arru cl Memorm pour sm v á th tíeirr du jocotrinisnít. Paxís.

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do en esle libro, sin duda la encontram os en la famosa «esca­ lera de Jacob* de la que nos habla Génesis X X V III, 10-16. Louis Cattiaux" relaciona la escalera con la puerta, dos símbolos que tam bién encontramos en el sueño de Jacob de

Génesis X X V III:

he aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el Gelo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.

2. Véase Louis Cattiaux El Mttw Rtcncontrado, Ed. Sirio. Málaga, 1978 LX, 11

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La Retórica La Gramática

La Aritmética la Astronomía

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¡Cuán terrible es este lugar' No es otra cosa que casa de Dios, y puerta de! dclo.

En la escola o escalera masónica podemos leer, en el lado derecho, los nombres de las artes liberóles: gramática, retó­ rica. lógica, aritmético, geometría, músico y astronomía, y en el izquierdo los de las siete virtudes, prudencia, justicia, sabi­ duría, fe, coraje, esperanzo y caridad A sí tenemos, por una porte el conocim iento y por otra el amor. Conocim iento y am or no han de separarse y. como escribe Caltiaux,"

Subamos por la escalera del amor y del cono­ cimiento sin varus discusiones sobre la mane­ ra de empuñar los barrotes y sin vanos lamen­ tos por lo que dejamos abajo.

Si en lo escalera m asónica encontramos siete barrotes o pel­ daños. en lo bíblica tenem os 70. núm ero que indicaría a Jacob que «sus descendientes perm anecerían en Babilonia durante setenta años*, ya que el prim er ángel al que vio subir por ella era el ángel protector de Babilonia.

Como nos explica el M idrash (Jkresh il R abbah. LXV1I1.16), con lo visión de lo escala Jocob tuvo uno prefiguración de lo que le ocurriría a M oisés en el m onte Sinai. Lo relación entre ¡a escalera. Sulam y el S in ai ( x ) , es habitual entre los A nte L a! visión. Jacob no puede sino exclamar:

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sabios cabalistas. F1 zaragozano Abraham Abulaíia recurre a m enudo al simbolismo de la escalera y nos explica que Sinai (”“) y Sulam fcb z ) tienen idéntica guematria. 130*

En el m ismo sueño de Jacob encontram os tam bién una interesante relación entre la escalera y la piedra:

Y encontró con un lugar, y durmió allí porque ya el Sol se había puesto: y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acos­ tó en 3qucl lugar.

En el lexto no queda claro cual de Las «piedras de aquel p ra je » utilizó de almohada, pero los comentaristas nos explican que eran doce, y que por un milagro se unieron y se con­ virtieron en una sola. Ésta es la pie­ dra que después Jacob colocó como m onum ento para conm em orar su visión profética.

... se levantó Jacob de mañana, y lomó !a pie­ dra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Belel. aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.

4. Vcasc Abraham AbuLfu, l/fy&r da stp¡ ttít% Éditions de 1'écbL 1985 5. Véase Gértifci XXVIII. 19.

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MU R S U B fcR . O T A M F .N

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t s interesante observar que ♦derramó aceite sobre ella» un aceite que «el cielo le brindó para ese propósito», según el Midrash. Ya vimos, al Hablar de Betsalel, la relación entre el aceite y el Nombre o la Palabra. El nombre de aquel lugar será, por una parte. Betel, palabra que significa «casa de Dios» y también Luz, que significa «al­ mendro*. término que aparece a menudo en la Cabala para designar el principio de la inmortalidad y en el cual Guénon ve «el lugar de la manifestación divina», o sea de la Sheiánah, íntimamente relacionado con el simbolismo de los constructo­ res y los masones:

... el lugar de la manifestación divina, represen­ tado siempre como «luz»; y es curioso señalar que la expresión de «lugar muy iluminado y muy regular», que la masonería ha conservado, parece ser un recuerdo de La antigua ciencia sacerdotal que regía la construcción de los templos.. •

6. Véase Renr Gudnun. E Rey Jet Mundo, i d Fidelidad Buenos Aires.

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X

C a s granadas

os capiteles de las dos columnas del Templo de Salom ón estaban cubiertos con granadas (I Reyes VII. 18). Esta fruta, considerada por san Juan de la Cruz com o un sím bolo de las perfecciones divinas, ha sido objeto de numerosos comentarios por parte de los cabalistas. Una de las obras m ás importantes de la Cabala, escrita por Rabbí Moisés Cordovero, recibe precisamente el nombre de

Fardes RJmonim, el jardín de los granados.

En El jardín sim bólico; el granado se relaciona con la valen- Lía, y según Angelo de Gubemaiis,* con la manzana, ya que la fruta que habría dado de com er Eva a Adán no seria una manzana, sino una granada. Sea com o fuere, en la palabra

Rm ón (]TcrO, «granada» ya encontram os la idea de Ram fci),

«elevación», idea que nos recuerda que las granadas estaban precisamente en la cúspide de las columnas. Esta idea de

1. Traducción de un delicioso lexfo griego publicada por José Juan de Olañcta. Palma de Mallorca.

19&4-2. Véase su Myíhdogx d a plañir., París. 18S2, t II. páy. 107.

<v¡fe. «fe. 65

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4

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elevación igualm ente la podemos encontrar en la expresión

A r haElohim (z'Tfnr, m ), «monte de Dios*, cuya guematria.

296. coincide con la de Rimón (pon), «granada*.

Para san Gregorio papa, la granada era un símbolo de La cari­ dad «que incluye en si a todas las otras virtudes». Si los Padres de la Iglesia han visto en este fruto un símbolo de la E cdaia porque bajo su corteza alberga un gran número de granos, en la masonería se considera que los granos de la granada repre­ sentan a los hermanos masones unidos entre sí por un ideal común. Y si la corteza del granado es tóxica y venenosa, los masones se elevan (el sentido de Ram Cn), «elevación») desde un mundo malo y venenoso hasta las excelsas alturas.

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XI

€ ( canDíDato

•Hay dos tipos de ínícúciortes: las dé mundo, pn^xuatorias. y las del otro, que acaban las primeras.»

Olim pio d o ro

l sujeto que va a ser iniciado es llamado «candidato». En esto coinddc con aquellos que iban a ser iniciados en las religiones mistéricas En sus Cursos Filosóficos, Ragon nos explica que «cuando la Logia ha aceptado su admi­ sión, el postulante es candidato*. liste autor hace derivar el término «candidato* de la costumbre romana de dotar de un vestido blanco (candidas) a los que aspiraban a un caigo o una dignidad Existen sin embargo, otras opiniones. Candidus, «blanco*, alu­ de a la pureza necesaria para recibir la iniciadón, y candidatos sig­ nificaba «blanqueado». Hay en esta palabra una sutil alusión al fuego, el fuego purificador. la misma que podemos ver en «ini­ ciación*, si la leemos según la cabala fo­

nética o lenguaje de los pájaros romo

tgnicuiaón. Según S. Segura Murguía, el

origen del término «candidato» es sáns­ crito: KandatL Kandati vendría del griego

Kandaros;s «ceniciento», «blanquedno».

í. Véase Santiago Segura Murgiu'a. Diccionario Etimológica l/M no-Eípawl. Ed. Anaya, Madrid,

1985

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Personalmente, preferimos hacer derivar esta palabra de

K andara, que e n sánscrito significa «caverna» sím bolo por

excelencia del corazón y del templo com o lugar de inicia­ ción. Por otra parte, el térm ino K an da en sánscrito significa también «cebolla*, en alusión a las capas y los metales de los que se ha de despojar el candidato para penetrar en el tem­ plo. En hebreo la cebolla se dice B atsal palabra que podemos leer com o BeTsd Osd). «en la sombra», cuya guema­ tria. 132, coincide con la de K ib b d «recibir».

Como opina Frédéric du Portal, «la luz tiene por signo ei color blanco* y «El blanco ha sido tam bién aplicado a la pure­ za, a la sencillez, a la inocencia. El color blanco es el de lo; iniciados. Porque el hombre que abandona las tinieblas para seguir la luz pasa del estado profano al de iniciado, a l de puro»*

2. Véase Frcácric PortaL D a Coukun Sym bokjua, Ireuttel y Wiirtz. París. 1957. pJg. Z

Referencias

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