TIERRA HUECA
MADRE DE TODAS LAS CONSPIRACIONES
Año: 1942 País: Alemania
Objetivo: Tierra Hueca
“Estamos en abril de 1942. Alemania vierte todas sus fuerzas en la guerra. Nada, al parecer, es capaz de desviar a los técnicos, a los sabios y a los militares de su tarea inmediata. Sin embargo, una expedición organizada, con asentimiento de Goering, de Himmler y de Hitler, abandona el Reich con gran sigilo. Forman esta expedición algunos de los mejores especialistas del radar. Bajo la dirección del doctor Heinz Fisher, conocido por sus trabajos sobre los rayos infrarrojos, desembarcan en la isla báltica de Rugen. Van provistos de los aparatos de radar más perfeccionados. Estos aparatos son todavía raros en esta época, y están repartidos en los puntos neurálgicos de la defensa alemana. Pero las observaciones que van a realizarse en la isla de Rugen son consideradas, por el alto Estado Mayor de Marina, como de importancia capital para la ofensiva que Hitler se apresta a desencadenar en todos los frentes. No bien hubieron llegado, el doctor Fisher apuntó los aparatos al cielo, en un ángulo de cuarenta y nueve grados Salta a la vista que nada hay que detectar en la dirección elegida. Los otros miembros de la expedición creen que se trata de un ensayo. Ignoran lo que se espera de ellos. Más tarde les será revelado el objeto de la expedición. Desconcertados, comprueban que los aparatos siguen apuntando en la misma dirección durante muchos días. Entonces se les da esta explicación: El Führer tiene buenas razones para creer que la Tierra no es convexa, sino cóncava. No habitamos en el exterior del Globo, sino en su interior. Nuestra posición es comparable a la de las moscas que andan por el interior de una esfera. El objeto de la expedición es demostrar científicament e esta verdad. Gracias a la reflexión de las ondas del radar, que se propagan en línea recta, se obtendrán imágenes de puntos extraordinariamente alejados en el interior de la esfera. El segundo objeto de la expedición es obtener, por reflexión, imágenes de la flota inglesa anclada en Scapaflow”
Año: 2007 País: USA
Objetivo: Tierra Hueca
Se anuncia por enésima vez una expedición a la tierra hueca, que por diversos problemas en especial de índole económico, es aplazada año a año. La idea parte de un grupo de exploradores norteamericanos, en su mayoría practicantes mormones, quiénes creen que la famosa tribu perdida de Israel reside en las entrañas del Polo Norte, donde mora el Rey del Mundo, representante de Dios en la Tierra. Esta idea toma como fuente prima ria, además de los pasajes bíblicos, un libro que se conoció a principios del siglo XX, Smoky God. Un viaje al interior de la tierra, relato de Olaf Jansen, pescador noruego que junto a su padre pasó dos años en esas tierras desconocidas. Por medio de un rompehielos ruso, el Yamal, esperan arribar a ese lugar mítico y comprobar su tesis. Los pasajeros que quieran participar deberán abonar la módica suma de veinte mil dólares, un costo menor si se piensa en los beneficios.
¿Por qué una idea que en 1942 no tuvo un final feliz, como después veremos, es retomada 65 años más tarde? ¿Hastío de la modernidad? ¿Fastidio con la ciencia que niega su existencia? ¿Es realmente la Tierra Hueca y su secreto es escondido por las potencias? ¿O es que tal vez nuestros libros están caducos y necesitamos fabricar nuevas respuestas?
La Tierra no es hueca, dicen los especialistas, pero si no lo es, ¿por qué algunos no creen? En la historia de la Humanidad siempre existieron inconformistas, individuos que se negaron a aceptar hechos incuestionables y propusieron nuevos caminos. Algunos se adelantaron a su tiempo, otros sucumbieron ante los cambios, no se adaptaron. Pero hubo un tercer grupo que se decidió a resistir y alzó su bandera en contra de las posturas vigentes. ¿Es este el caso de los sostenedores de la teoría de la Tierra Hueca?
JOHN CLEVES SYMMES
Un rebelde en la corte de las Trece ColoniasRemontémonos a 1823. Ese año “el representante de Kent ucky, Richard Johnson que llegaría a ser vicepresidente de los Estados Unidos, se levantó en la Cámara, para presentar, respetuosamente una instancia en la que se pedía que el Congreso costeara una expedición al centro de la Tierra; y, al instante, volvió a imperar el bullicio en la asamblea”. Aunque la moción sonara a broma, ya llevaba cinco años dando vueltas por el territorio norteamericano. El impulsor de la propuesta era un capitán retirado, John Cleves Symmes, que combatió a los británicos en la Guerra de la Independencia.
“Yo declaro que la tierra está vacía y que su interior es habitable; que contiene un cierto número de esferas concéntricas, sólidas, una dentro de la otra, y que tiene una abertura de doce a dieciséis grados en el polo. Empeño mi vida en apoyo de esta verdad y estoy dispuesto a explorar el hueco, si el mundo quiere sostenerme y ayudarme en tal empresa. John Cleves Symmes, de Ohio, antiguo capitán de infantería. Tengo preparado para la prensa, un tratado sobre los principios de la materia, donde doy pruebas de la proposición anterior, explico varios fenómenos y revelo el “secreto dorado” del doctor Darwin. Mis condiciones son el patrocinio de esto, y el nuevo mundo lo ofrezco a mi esposa y sus diez hijos. Elijo como protectores, al doctor S.L. Mitchel, a Sir H. Davy y al barón Alexander von Humboldt. Invito a un centenar de bravos compañeros, bien equipados, a partir desde Siberia, en la estación otoñal, con renos y trineos, para avanzar en la superficie del mar helado; doy mi palabra de que encontraremos una cálida y rica tierra, llena de florecientes vegetales, y de animales, si es que no hay hombres, al llegar, un grado hacia el norte de latitud 82; regresaremos durante la primavera siguiente. J. C.
S”.
Cuando Symmes escribe ese panfleto apasionado en defensa de la Tierra Hueca, ya se encuentra retirado de sus actividades militares, disfrutando de una apacible vida hogareña que por lo visto lo aburría. Ni los diez vástagos que tenía a su cargo, ni al parecer su esposa lograban aplacar el espíritu del indómito capitán, que invirtió sus últimos años en tratar de interesar a sus compatriotas acerca de este tema.
Su creencia en la posibilidad de oquedades polares comenzó con la compra de un telescopio para observar los planetas. “Estudiaba mapas y dibujos de Saturno, y llegó a la conclusión de que el hecho de que haya anillos alrededor de aquel astro, establece que el principio de las esferas concéntricas, o de los planetas huecos, existe realmente. Juzgó que Isaac Newton había incurrido en un error, y que una atmósfera llena de un elástico fluido aéreo o de unas esferas de éter, huecas, microscópicamente invisibles, explican la gravedad: El fluido aéreo crea, en vez de una fuerza arrastrante, una impelente, que es principio real de la gravedad. Opinó también que la materia informe tomaba, en rotación, la forma esférica, y por consiguiente, una masa nebulosa en rotación, como lo era nuestra tierra durante su proceso formativo, no
asumiría la forma de una esfera sólida, sino, más bien, la de esfera hueca”. Para sustentar esta visión se adentró en cierto tipo de lectura esbozada por algunos autores partidarios de su querida teoría. Estudió a Burnet “que creía que la tierra había sido, anteriormente, un pequeño núcleo, cubierto de petróleo, al cual se había adherido el fluido de la atmósfera, formando así la corteza terrestre. Otros escritos fueron los de Woodward “que afirmaba, que la tierra está formada por distintos estratos, dispuestos en lechos concéntricos, como las capas de una cebolla”. De Whiston extrajo “que la tierra había sido originada por un cometa, y que en el cometa se formado un abismo líquido, el cual había sido cubierto después por una corteza, de modo que, en su aspecto final, la tierra se parecía a la yema, a la clara y a la cáscara de huevo”.
Aunque estos autores colmaban sus expectativas, Symmes indagó aún más en el pasado y encontró que en 1692, el famoso astrónomo Edmund Halley, descubridor del cometa que lleva su nombre, esbozó “que debajo de la corteza terráquea había un vacío, dentro del cual giraban tres planetas del tamaño de Venus, Marte y Mercurio. Halley no estuvo solo ya que poco después el famoso matemático alemán Leonard Euler agregó a las observaciones del británico una pequeña modificación unificó los tres pla netas en uno solo, “al cual dio luz de día y una avanzada próspera civilización”. Esta corriente sería seguida por Cotton Mather “habló de un universo interior” y “dos décadas más tarde, el barón Holberg escribió una novela en la cual el protagonista caía dentro de la tierra, para descubrir allí un sol y un sistema solar, y convertirse él mismo, durante tres días, en un satélite girante”. Uno de los últimos científicos en unirse a Halley y Euler fue el escocés Sir John Leslie “célebre por sus investigaciones sobre la radiación, especuló acerca de una tierra hueca, provista de dos resplandecientes planetas, semejantes al sol, llamados Proserpina y Plutón”.
Symmes carecía del don de la oratoria, pero recorrió el país brindando algunas Conferencias ante un público ávido por novedades. En 1820 se dio a conocer “Symzonia: un viaje de exploración”, que fue editado por la casa editora J. Seymour (New York) y firmada por un tal Adam Seaborn. “Esta divertida obra de ciencia ficción era una parodia de Symmes, de su hipótesis, y de su expedición en proyecto. En el relato, el autor, en prime ra persona, inspirado por Symmes, prepara una exploración de las regiones polares, con el pretexto de cazar focas. Al acercarse al lugar donde se encuentra el “gélido cerco” que conduce al mundo interior, la tripulación descubre en una isla, los huesos de un monstruo. Antes que la
dotación pueda amotinarse, el capitán deja que su buque de vapor sea rápidamente arrastrado, por fuertes corrientes, hacia el sur. No tardan en hallarse dentro de la tierra. Symzonia. En su metrópoli, el capitán y sus hombres dan con una raza albina de seres humanos, vestidos con ropas blancas como la nieve, y que hablan un musical lenguaje. Symzonia, iluminada por dos soles y dos lunas, es una utopía socialista. El pueblo albino, regido, por un individuo superior, vive prósperamente, posee oro y dispone de avanzados inventos, tales como dirigibles armados con lanzallamas que arrojan gas encendido a una distancia de un kilómetro y más. Celosos por mantener su régimen, los symzonianos obligan al capitán y a su equipaje a que regresen al mundo exterior, más
avaricioso”. Muchos consideran que tras la fachada de Adam Seaborn se esconde la pluma del mismo Symmes. ¿Ridiculizándose así mismo? ¿No será tal vez que debemos pensar en un verdadero ataque lanzado por algunos detractores que despreciaban sus teorías? Salvo que el capitán tuviera un sentido del humor a toda prueba, eso haría que los rumores que lo describen como un hombre de mal genio “que se encendía rápidamente en presencia de una situación ridícula, y que su falta de paciencia no le permitía coordinar, de una manera ordenada y minuciosa, sus radicales ideas”, no tuvieran ningún fundamento. ¿O sí?1
Uno rico empresario James MacBride se convirtió en su “padrino y colaborador”, quién adaptó sus investigaciones en un libro Symmes’ Theory of Concentric Spheres (1826) donde se podía leer: “según el capitán Symmens, el planeta que ha sido denominado Tierra está compuesto, como mínimo, de cinco esferas concéntricas, huecas, con espacios intermedios, y una atmósfera alrededor de cada una; y son habitables, tanto en la superficie cóncava, como en la convexa. Cada una de estas esferas tiene amplias aberturas en sus respectivos polos. Aunque la ubicación particular de los lugares donde se cree que existen las aberturas polares, puede que no haya sido averiguada con absoluta certidumbre, se considera, no obstante que la misma es aproximadamente correcta; su situación ha sido conjeturada por apariencias que existen en aquellos lugares; tales que como un círculo o zona que rodea al globo y en la cual no crecen árboles ni otra vegetación (excepto musgo); las mareas del océano corren en diferentes direcciones y que, al parecer se reúnen; la existencia de volcanes; las hinchazones del fondo, en el mar, que son más frecuentes, la aurora boreal que asoma hacia el lado sur”.
El retirado capitán se convirtió con el tiempo en un personaje peculiar que provocaba sonrisas por lo bajo, defensores a ultranza y enojosos intelectuales que desde su irrupción en escena con la idea de una Tierra Hueca no dejaban de criticarle. Eso explica porque en vida jamás alcanzó los fondos necesarios para llevar a cabo una expedición, falleciendo a la edad de 42 años (1828) sin lograr su objetivo. Pero su bandera fue izada por otros. Tan solo un año después de su partida uno de sus más fervientes discípulo Jeremiah Reynolds logró convencer a un rico empresario Watson, que a diferencia de Mac Bride que apadrinó a Symmes creyó en la existencia de una Tierra Hueca, y decidió financiar de una vez por todas el excéntrico viaje al Polo Sur. Se contrataron dos navíos el Annawan y el Serpa. Pero la aventura casi termina en tragedia. “Los navíos efectuaron el desembarco a los 82 grados de latitud sur, pero el grupo que saltó a tierra se extravió y fue salvado, en el instante preciso, de la muerte por inanición. Después la tripulación amotinada obligó a que los buques pusieran proa a la patria; se pertrecharon en las costas de Chile, desembarcaron a Reynolds, y siguieron adelante, para buscar, en la piratería, descubrimientos más provechosos”.
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Pronto las ideas de Symmes tomarían otra dimensión y sobrevivirían de mano de algunos de las mentes literarias más vivaces de su tiempo, que explotarían el tema hasta el hartazgo. Edgard Allan Poe fue uno de los primeros en tomar la posta. “El manuscrito en la botella”, “La incomparable aventura de un tal Hans Pfall” y “Las Aventuras Gordon Pym” son una buena muestra. En 1864 el escritor francés Julio Verne dedicaría una de sus mejores novelas al género, “Viaje al centro de la Tierra”, la única profecía verniana que sus cultores dicen aún no se cumplió. A esa le seguiría la “Esfinge de los Hielos”. Otro escritor maldito, Lovecraft legaría “Las Montañas de la Locura”. Edgard Rice Burroughs, creador de Tarzán, imaginó en su novela “En el centro de la Tierra a Pellucidar”, un continente perdido en el interior del planeta con acceso por el Polo Norte.
En 1868 se da a conocer “Un globo hueco”, del profesor W.F. Lyons, que retomaba la idea de Symmes aunque desconociendo su nombre de las obras consultadas característica que muchos autores imitarían. Consciente de tal omisión Americus Vespucius Symmes, uno de los diez hijos del desaparecido militar publica (1878) “Teoría de las esferas concéntricas de Symmes, que demuestra que la tierra es hueca, su interior habitable, y con espaciosas aberturas en los polos”. “Esta colección fue publicada por Bradley and Gilbert, de Louisville. Aunque Américo acredito a su padre como autor absoluto del texto, e hizo constar que él era únicamente un compilador, en realidad compuso una colaboración original para el volumen. Symmes había afirmado que bajo la tierra existía una civilización. Americus no fue capaz de resistirse a dar más detalles. Esta civilización, dijo, no era otra que la de las diez tribus perdidas de Israel, que habían sido localizadas por otros en zonas tan distantes como México y la Atlántida”.
Con el comienzo del Siglo XX, el legado de Symmes cruzaría los océanos y ganaría partidarios, que esparcirían el evangelio de la Tierra Hueca por todo el mundo.
REED, EMERSON, GARDNER Y OTROS
¡La Tierra es Hueca, Hueca, Hueca!Uno de los primeros evangelistas en retomar las teorías de Symmes fue William Reed, que en 1906 publicó “El fantasma de los Polos”. Plagado de referencias científicas, y nutrido de una amplia bibliografía con especial énfasis en los trabajos publicados por los exploradores del Ártico, el libro alcanzó la categoría de culto entre los seguidores de la Tierra Hueca, y se convirtió en un material de referencia obligatorio para los demás estudiosos del tema.
Escribiría Reed “la tierra es hueca o no es ¿Qué pruebas hay de que no sea hueca? Absolutamente nada lógico y pormenorizado. Por el contrario: todo lleva a creer que es hueca. Si lo es realmente y si en su interior hay volcanes en actividad, ¿no deberíamos divisar grandes resplandores reflejados en los témpanos y en las nubes, así como otros grandes fuegos reflejan la luz? ¿No tendríamos que ver grandes nubes de humos y de polvo, análogamente a lo que sucede con otros volcanes en actividad? Es precisamente eso lo que han testimoniado todos los exploradores:
nubes oscuras y bajas que afloran en el mar o que flanquean los témpanos”. // “Si la Tierra fuera hueca ¿una vez que se ha penetrado en la abertura polar no debería hacer más calor en invierno y más fresco en verano? Son los exploradores árticos quiénes afirman que el viento del norte, en invierno, hace subir la temperatura, en tanto que al sur se mantiene más baja. En verano, en cambio, el viento del sur hace subir la temperatura, que el norte se mantiene más alta. Exactamente, lo que ocurriría si los vientos procedieran del interior de la Tierra. Además, si la Tierra es hueca, no puede ser redonda, ya que la abertura proporcionalmente a su propia extensión, le restaría parte de su redondez. De cualquier modo, todos concuerdan en que la Tierra es achatada en los polos. Además se torna más templada cuando se va hacia el norte o el sur ¿Se trata de esto? No hay sino una respuesta:
que la Tierra es hueca, más cálida en su interior que en el exterior. El viento que sopla en verano entibia la atmósfera a medida que uno se aproxima al norte. Si la Tierra fuera sólida, ni la ciencia ni la razón podrían proporcionar una explicación racional del mayor calor existente más al norte. Todas las teorías conocidas se oponen a tal conclusión. Cuanto más pronto se adopte la teoría según la cual la Tierra es hueca, tanto más pronto
se resolverán las cuestiones más complicada, el espíritu se gratificará con ese inmenso placer que representa el triunfo de la razón”.
Además de este pensamiento Reed proponía doce preguntas en el “Fantasma de los Polos”, que reafirmaban su posición, algunas de las cuales versaban sobre:
§ · Ausencia de sol durante los largos inviernos árticos § · Funcionamiento anormal de la brújula en el extremo Norte
§ · Superación del anillo que delimita la abertura polar e ingreso en el interior de la Tierra § · Rocas en los témp anos, nieve de color, polen y polvo en el extremo Norte
§ · Mar abierto en el extremo Norte
§ · ¿Por qué hace más calor cerca de los Polos?
§ · ¿Cuál es la causa de la coloración de las nieves del Ártico?
Dos años más tarde vería la luz (1908) “El Dios humeante o un viaje al interior de la Tierra” de Willis George Emerson. Relato en formato novela, el escritor afirmaba que basaba su historia en un hecho real acaecido en 1829 protagonizado por un pescador noruego, Olaf Jansen, que junto a su padre lograron penetrar en tierras desconocidas del Polo Norte. Según narra Emerson, Jansen le legó un manuscrito y mapas de su aventura polar, poco antes de morir. Allí se afirma que en esa cavidad intraterrena habitan gigantes vegetarianos con edades de entre 400 a 800 años. En su interior hay un sol brumoso y la relación agua tierra es lo contrario a la existente en la superficie como si se tratase de una negativo de nuestro propio mundo “Poseen un altísimo nivel científico. Están en condiciones de trasmitirse unos a otros el pensamiento, utilizando un cierto tipo de radiaciones; además, disponen de fuentes de energía más potente que la electricidad”. Su
lenguaje se parece al sánscrito, y se trasladan de una ciudad a otra en un tren tipo monoraíl, que funciona con volante antigravitacional. Los gigantes serían descendientes de las 10 tribus perdidas de Israel, y vivirían en Jehu. En otras de sus ciudades, Edén, residiría el rey del mundo, cuya capital es Shamballah.
El libro de Emerson inspiraría posteriores descripciones del mundo intrataterreno, y marcaría el modelo a seguir. Su fascinante combinación de tecnología de avanzada con misticismo religioso sería continuada por varias autores.
En 1913 aparece el libro de Marshall B. Gardner2, “Viaje al Centro de la Tierra o ¿Los polos
2 En el momento de la publicación de su libro Gardner trabajaba como empleado en una compañía corsetera de
han sido realmente descubiertos? “Retomando el camino trazado por Reed, el trabajo de Gardner resumía “veinte años de investigaciones basados en los informes de los exploradores árticos y en las observaciones astronómicas”. Aunque los escritos presentados se volvían más complejos, con el objeto de ganar más adeptos a la causa de la Tierra Hueca, la idea central de Symmes perduraba por más que se la intentara ridiculizar. Gardner “consideraba a su predecesor como un mero chiflado” // “y despreciaba los planetas internos de Symmes”. Sin embargo su inmenso tratado de casi cuatrocientas cincuenta páginas no escapaba a la visión general vaticinada por Symmes, que Gardner también reproducía pero en mayor escala.
Decía: “que la Tierra es una conchilla vacía cuya corteza externa tiene un espesor aproximado de 800 millas y cuya abertura polar mide alrededor de 1.400 millas de diámetro. Afirma que los mamuts proceden del interior de la Tierra, donde viven aún, y que los animales gigantescos hallados en la región polar no pertenecen a especies extinguidas en la prehistoria sino existentes todavía: quedaron congelados en el momento de pasar por la abertura polar. Siempre en apoyo de su teoría de que la Tierra es hueca y posee un sol central3, Gardner destaca que los pájaros y los animales, en invierno, emigran hacia el norte, para hallar una temperatura más templada. Agrega asimismo, que a medida que los exploradores se aventuran hacia el polo norte el clima se torna más cálido, en particular una vez superado el paralelo de 80º. Los vientos procedentes del extremo norte tornan el aire más tibio. Por la misma causa, las aguas del mar, siempre en el extremo norte, en vez de estar congeladas, se mantienen líquidas. Gardner se ocupa más adelante del polen rojo hallado en los témpanos y ventisqueros, como así también de los detritos vegetales arrastrados por las corrientes tibias procedentes del norte”.
Los escritos de Gardner así como los de Reed, profesaban un acercamiento científico del tema; no obstante solo hipotetizan a bases de las observaciones realizadas, y evitan pronunciarse sobre una futura exploración que comprobara sus teorías. Sin embargo sus trabajos dejarían una profunda huella y grandes interrogantes, que alimentarían las ansias por buscar esas tierras más allá de los Polos. Con el advenimiento del Nazismo, la teoría de la Tierra Hueca tomaría un nuevo giro, inscribiéndose en las páginas de historia como uno de los sucesos más insólitos registrado durante la Segunda Guerra Mundial
3 “La más elevada temperatura existente en la zona de orificio polar y la aurora boreal se explican, según Gardner,
por la fuente de calor constituida por ese sol; Reed, en cambio atribuía dicho fenómenos a las erupciones volcánicas. Un sol central fuente de calor y de luz, torna posible la existencia de vida humana en el interior de la Tierra. También Reed creía en esta vida, peso a que no lograba explicar un solo central como fuente de aque lla luz, sin la cual la vida sería imposible. Gardner se remite también a los datos de la observación astronómica para demostrar que no sólo la Tierra sino también todos los demás planetas son huecos en el interior y poseen un solo central. Gardner vincula estas características con la formación originaria de los planetas”.
RADARES APUNTANDO A LA NADA
Cuando los nazis negaron la redondez de la Tierra¿Qué lleva a un país como Alemania, a interesarse por la teoría de la Tierra Hueca en medio de los avatares de la Segunda Guerra Mundial? ¿Una escapada ante tanto horror? ¿O para satisfacer una ciencia propia, que buscaba diferenciarse del materialismo racionalista imperante en esos días al que despreciaban? Tal vez los sabios alemanes estaban en posesión de secretos ignorados por la gran masa restante, en especial la de sus enemigos, y es por eso que pudieron convencer a los grandes Jerarcas de su partido que financiaran la expedición a la Isla Báltica de Rugen, que como sabemos culminó en fracaso.
Es probable que mucha de la literatura bibliográfica antes mencionada sobre la Tierra Hueca influenciara en gran medida a los inquietos alemanes que se lanzaron a la aventura. Pero nuestro estudio revela otros escritos, fuentes no menos importantes y que fueron utilizados como modelos para dar validez a su loca teoría.
La elección nazi recayó en un escritor de origen norteamericano, Cyrus Read Teed, un descarriado alquimista que seducido por la doctrina de la Tierra Hueca, retomaría una vez más la cruzada iniciada por Symmes.
Cyrus Read Teed nació en 1839 en el estado de Nueva York. Durante su juventud fue integrante de los cuerpos médicos del ejército norteamericano. “Teed era un espíritu de gran erudición, especializado en el estudio de la literatura alquimista. Un día de 1869 mientras trabaja en su laboratorio manipulando electricidad sufrió un shock y se desmayó. Durante ese período de inconsciencia fue preso de una visión divina, “un ángel con aspecto de bella mujer”, diría, le reveló “una nueva conciencia espiritual”. Según Teed él era un Mesías “reencarnado, y su misión consistía en reunir a los 144 mil creyentes que con él esperarían confiados el Juicio Final”. Cyrus se convirtió en Koresh, su equivalente en hebreo y de inmediato fundó el Movimiento de Unidad de Koreshan4. Sus intereses
científicos también sufrieron una mutación, ya que muy pronto pasó a proclamar que “la auténtica cosmogonía consiste en el hecho de la que tierra es una esfera vacía dentro de
4El Movimiento de Unidad Koreshan tuvo una gran cantidad de seguidores. En 1874 estableció en Estero, Florida (USA),
la colonia Nueva Jerusalén. La comuna contaba con panadería propia, imprenta, y trabajaban en la construcción de viviendas para la región. Además de la creencia en la Tierra Hueca, eran partidarios de la reencarnación, inmortalidad, celibato y comunismo. Su gran auge fue entre los años 1903 hasta 1908.
lacual está contenido el universo5”. Su nuevo discurso dio paso a (1905) “Cosmogonía Celular o la Tierra una esfera cóncava”, una extensa obra donde se leía que para Teed “los seres humanos viven por dentro del planeta, no en el exterior. La gravedad ahí no existe, y los humanos son contenidos en el lugar debido a la fuerza centrífuga. El sol es un aparato a pilas gigantesco, y las estrellas meras refracciones de su luz”. Regularmente Teed editaba La Espada de Fuego, una especie de boletín que se distribuía entre sus partidarios. Su movimiento llegó a contar con 4.000 miembros. Koresh predicaba la Reencarnación y anunció que volvería de la muerte. Una vez que se produjo su fallecimiento en 1908 sus seguidores no lo enterraron, sino que dejaron su cuerpo reposara en una tiña de baño, pensando que no se descompondría. “Después de varios días, funcionarios locales de salud forzaron a sus acólitos a darle sepultura”.
Aunq ue Koresh no pudo cumplir su promesa de resucitar en vida, sus ideas sobrevivirían a la corrupción de la carne, y harían mella en la belicosa Alemania de la Segunda Guerra.
Veamos.
Cuenta la historia que “al terminar la guerra de 1914, un joven aviador alemán, prisionero en Francia, Peter Bender, descubre unos viejos ejemplares del periódico de Teed, “La Espada de Fuego”, así como unos folletos de propaganda de la Tierra Hueca. Atraído por este culto e inspirado a su vez, concreta y desarrolla esta doctrina. De vuelta en Alemania, funda un movimiento, el Hohl Welt Lehre”.
Además de Teed, Bender recurre al enciclopédico trabajo de Marshall Gardner.
Tiempo después el renovado e inspirado piloto enuncia: “la Tierra es una esfera de la misma dimensión que en la geografía ortodoxa, pero es hueca y la vida se halla adherida a la superficie interna por efectos de ciertas radiaciones solares. Más allá, se extiende la roca hasta el infinito. La capa de aire, en el interior, tiene un grosor de sesenta kilómetros; después se enrarece hasta el vacío absoluto del centro, donde se encuentran tres cuerpos: el Sol, la Luna y el Universo fantasma. Este Universo fantasma es una bola de gas azulado, en el cual brillan unos granos de luz que los astrónomos llaman estrellas. Cuando esta masa azul pasa por delante del Sol, cae la noche sobre una parte de la concavidad terrestre, y la sombra de aquella masa sobre la Luna produce los eclipses. Creemos en un Universo exterior, situado encima de nosotros, porque los rayos luminosos no se propagan en línea recta: son curvos, a excepción de los infrarrojos”.
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Según Teed una de sus fuentes para esta nueva concepción eran los pasajes del profeta Isaías, capítulo cuarenta versículo doce, donde se aludía a una nueva cosmogonía celular “la Tierra es la superficie de una esfera rocosa infinita”.
Los nazis abrazaron los trabajos de Peter Bender, a los que siguieron escritos de Johannes Lang, Karl Neupert y Fritz Braun. Durante los años 30’ la teoría de la Tierra Hueca fue tema que apasionó a cierta cúpula del partido nacionalista y que con el ascenso al poder pasó a engrosar una de las tesis que desafiaban la lógica reinante, y como una manera de contradecir a Einstein, a quién despreciaban por su condición de judío y quién debió emigrar a EE.UU.
Tanto entusiasmo generó la idea de Bender, que tres años antes de finalizar el conflicto con los aliados, Alemania envió una expedición a la Isla de Rutgen, pormenores citados al comienzo de nuestro informe. Heinz Fisher uno de los científicos que participó del fallido experimento, y que luego trabajaría con los americanos relató que “los nazis me hacían realizar un trabajo de locos, lo que entorpecía considerablemente mis investigaciones”. Un astrónomo del observatorio de
Monte Palomar Gerard S. Kuiper escribía en “Popular Astronomy ” que “en ciertos medios importantes de la Marina y de la Aviación alemanas, creían en la teoría de la Tierra cóncava. Pensaban que les resultaría particularmente útil para señalar la posición de la flota inglesa, y que la curvatura cóncava de la tierra, permitiría observaciones a gran distancia por medio de los rayos infrarrojos, menos curvados que los rayos visibles”.
Con la operación fracasada en Rutgen, el entusiasmo inicial demostrado hacia la causa de la Tierra Hueca se abandonó, siendo reemplazado por un creciente malhumor que creció hasta convertirse en venganza. “La autoridad de Bender, a los ojos de los dignatarios nazis, decreció a pesar de la protección de Goering que sentía afecto por el antiguo héroe de la aviación” // “Bender fue arrojado a un campo de concentración, donde murió. La Tierra cóncava tuvo así a su mártir”.
Hans Hörbiger (1860-1931)6 fue otro de los impulsores de la Tierra Hueca. “Algunos de sus seguidores formaban parte de grupos de aficionados a los cohetes que lanzaban sus ingenios en las afueras de las grandes ciudades. Sus ideas habían calado tan hondo que a finales de ese año la Sociedad para Vuelos Espaciales —en Berlín— decidió comprobar una de sus insólitas teorías: la de la Tierra hueca. Según esta hipótesis la superficie de la Tierra se encuentra en el perímetro interior de una esfera hueca, el Sol está situado en el centro de la cavidad y la tierra se extiende infinitamente por debajo de nuestros pies en todas direcciones. Sería algo así como imaginarse el mundo al revés.
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Se creía un nuevo Copérnico, y fue el creador de una teoría denominada Hielo Eterno o Cósmico (Wel Welteislehre) una especie de nueva cosmogonía glaciar, que intentaba explicar el funcionamiento del Universo, en contradicción con las tesis oficiales.
Se eligió la ciudad de Magdeburgo para realizar la experiencia. Se lanzarían los dos cohetes que en ese momento tenían disponibles con la esperanza de que alguno de ellos ascendiera verti-calmente hasta llegar a las antípodas de nuestro planeta. Increíble pero cierto. El primer cohete se elevó tímidamente por encima del cobertor de hierro que parapetaba toda la estructura de lanzamiento, y poco más hizo que detenerse y caer al suelo. La segunda tentativa fue más prometedora; el cohete se elevó con mayor brío alcanzando unos metros hasta que se desvió y comenzó a volar vertiginosamente en horizontal sobre los atónitos testigos, que vieron cómo caía en un labradío cercano. El disparatado experimento había concluido y la errónea teoría de Horbiger quedaba sin demostración”.
En la redacción de este Capítulo no podemos dejar de mencionar, que dentro de la cúpula nazi funcionaba “La Sociedad de estudios para la antigua historia del espíritu (Deutsche Ahnenerbe)” mejor conocida como la “Herencia de los Ancestros”, que también se interesó por el tema de la Tierra Hueca. Una de sus ramificaciones más famosa fue “Sol Negro”, que tuvo como objetivos “buscar las entradas al mundo subterráneo y poner en marcha proyectos secretos en cuanto a tecnología de avanzada”. Pero de este tema invitamos al lector a remitirse a nuestros anteriores trabajos que consignamos en la bibliografía final.
Antes de concluir, se hace necesario hablar de dos autores literarios que también tuvieron una influencia capital en el desarrollo de la teoría nazi sobre la Tierra Hueca. Hablamos de Bulwer Lytton.
Edward Bulwer Lytton (1803-1873), fue uno de los escritores ingleses más reconocidos en la época victorina, que alcanzó fama con (1834) “Los últimos Días de Pompeya”. Fue integrante de dos famosas escuelas esotéricas, Rosacruces y Golden Dawn, que fueron de gran influencia en su literatura posterior. Uno de esos legados sería (1870) “La Raza Futura”7 o mejor conocida como “Vril: el poder de la raza venidera”.
7 Una versión que circula sobre este libro da cuenta que Lytton “se hallaba realizando una especie de retiro meditativo en
una localidad de los Alpes italianos -cerca de Bérgamo- en el año 1842. Un día de verano un seis de julio, se encontró con uno de estos extraños seres humanos del subsuelo. Mantuvieron una cierta comunicación telepática, y ella ante los ojos asombrados del escritor, este ser le trasmitió detalles e información de cómo era su sociedad inmersa en las grutas montañosas. Luego se despidieron. Bulwer Lytton nunca se introdujo en esas grutas ni conoció personalmente esa cultura y civilización, pero le sirvió de inspiración”. ¿Cuento o realidad?
El libro cuenta la historia de un norteamericano, de nombre anónimo “que en un año no especificado de principios del siglo XIX llega a Inglaterra y es conducido a una excursión por unas minas; allí se entera de una leyenda según la cual uno de los túneles conduce a unos misterioso mundo subterráneo”. // “El protagonista descubre la existencia de una civilización desconocida, la Vril-Ya, en el subsuelo profundo de la tierra. Esta civilización está mecanizada y altamente desarrollada tecnológicamente. La sociedad es comunal, aunque desigual. Lo inquietante es que el elemento que crea el equilibrio de esas sociedad es un arma como un revólver llamada Vril. Para Lytton el Vril “puede ser utilizado para ampliar la conciencia de la mente y permitir la transferencia de pensamiento de una persona a otra por medio del trance o visión. Dice que este líquido que en todo penetra, es el mayor poder sobre todas las formas de la materia, ya sea esta animada o inanimada. Puede destruir con la velocidad del rayo y se la puede disciplinar; aplicad o de modo diferente es capaz de vigorizar o recuperar la vida, curar y conservar. Al narrador le dicen que la fuerza puede utilizarse para cortar el diamante así como dirigirla para destruir el enemigo. Le enseñan una vara que regula el Vril y aprende que el fuego alojado en el hueco de la vara dirigida por un niño podría echar abajo la fortaleza más poderosa y abrirse un camino ardiente desde la vanguardia a la retaguardia en un campo de batalla.
Otros usos del Vril son como fuente de propulsión para sus ingenios volantes, vehículos de tierra, mar y aire comunes en .los reinos subterráneos”. Los vril- Ya son una comuna vegetariana, de gran longevidad, y cuyo propósito final es invadir la raza de la superficie.
Nuevamente encontramos en la Raza Futura elementos comunes e influencias similares. El narrador anónimo es de origen norteamericano, los Vril –Ya son vegetarianos y longevos, cuestiones todas que remiten al legado de Symmes. Quizás el gran mérito de Lytton fue la introducción del Vril, catalizador de origen eléctrico desconocido en nuestro mundo. Para entender este concepto hay que investigar las afiliaciones espirituales ya mencionadas del autor, tan en boga por esos días.
En la Alemania de Hitler la Raza Futura originó la creación de “una sociedad oculta”, que se conoció como la Logia Luminosa o Vril. Según relatara Willy Ley “brillante científico de los fenómenos espaciales, que se encontraba en Berlín en aquel tiempo y que huyó de Alemania en 1933” // “los miembros de la Logia creían tener el conocimiento secreto de la fuerza Vril, y esperaban que ella les permitiera convertirse en los iguales de la raza escondida en el interior de la Tierra. Habían desarrollado métodos de concentración y un sistema total de gimnasia interna con la que podrían ser transformados”.Según Ley el poder Vril sería similar a la “energía inherente de nuestros cuerpos, de la que sólo utilizamos una diminuta proporción en nuestra vida diaria”.
Para los sabios hindúes en cambio, la energía Vril8 es la Kundalini, identificada como una serpiente enroscada que duerme en el hombre. “Es la fuerza microcósmica de energía universal; o dicho más simplemente, el gran almacén de energía estática y psíquica potencial que existe en forma latente en todo el ser. Es la manifestación más poderosa de fuerza creativa que hay en cuerpo humano”. La Kundalini “puede ser muy útil si se la emplea bien, pero extremadamente peligrosa, si se la despierta sin los debidos cuidados y atenciones”.
Según “los documentos nazis capturados tras la caída del Tercer Reich indican que Hitler y sus partidarios lanzaron varias expediciones en búsqueda de una entrada al mundo interior. Geógrafos y científicos alemanes recibieron la orden de encontrar un túnel que condujera a los Vril-Ya (como se denominó entonces a ese pueblo oculto). Se revisaron los planes de minas alemanas, suizas e italianas para ubicar posibles pozos, e incluso Hitler ordenó a un coronel de inclinaciones intelectuales que investigara la vida de Lord Bulwer Lytton, con la esperanza de conocer donde, y cuando el autor había visitado el mundo de los Vril-Ya”.
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“La idea de lo que es la fuerza Vril, es semejante a lo que imaginamos del corazón en nuestro cuerpo. El Vril semeja la cavidad del corazón, su fuerza oculta, considerada como centro del ser, como el interior del huevo del mundo. Y tiene por supuesto una relación muy directa con el culto de las cavernas de los antiguos habitantes de América”.
EL EXTRAÑO PERIPLO DEL ALMIRANTE
RICHARD E. BYRD
Después del fracaso nazi en su intento por comprobar la realidad de su existencia, la teoría de la Tierra Hueca entró en un cono de sombras. En un mundo que transitaba la Era Atómica, y se despertaba a duras penas de los horrores de la Segunda Guerra, la mención de la Tierra Hueca no parecía ofrecer más que vagas tesis sin sustento, siendo considerado un capítulo cerrado, y cuyo tópico se adecuaba mejor al terreno de la Ciencia Ficción. Pero en menos de dos años, la infame teoría volvió al ruedo, y lo hizo por la puerta grande, de la mano de un afamado Almirante nativo de EE.UU, que continuando con la tradición instaurada por Symmes casi un siglo antes, fue el promotor “involuntario” de su regreso.
Antes de introducir al lector en el caso Byrd, debemos señalar que es a partir de aquí cuando la palabra conspiración asociada a la Tierra Hueca tiene lugar. En nuestra investigación de los hechos a exponer, encontramos desconcertantes pistas que apuntan en una sola dirección, la de manipular el asunto hasta lograr instalar en el público la falsa idea de un colosal ocultamiento gubernamental, que según dicen, se extendería hasta nuestros días. Una nueva mirada revela, que la tal mentada conspiración es producto de la complicidad de autores desencantados y proclives al sensacionalismo, entremezclados con oscuros personajes de afiliación nazi, donde para éstos un IV Reich aún es posible.
Quizás si el protagonista de esta historia no contara con credenciales tan importantes, el asunto se hubiera catalogado como “simple rumor” y de lo más descabellado, pero como el hombre vinculado a los sucesos de la Antártida no era un hombre cualquiera, aquello que comenzó como “rumor” abandonó la categoría de chisme, para transformarse con los años en “una cuestión de estado”.
Richard Evelyn Byrd, “nació en Winchester Virginia el 25 de octubre de 1888. Hijo de una familia de sólida raigambre sureña (era hijo del fundador de Richmond), Byrd estudió en la Universidad de Virginia para ingresar luego a la Academia Naval de los Estados Unidos, de la que egresó como guardiamarina a la edad de 24 años de edad. Aprendió a volar durante la Primera Guerra Mundial y se convirtió en un pionero de la aviación naval mundial. Su principal preocupación fue diseñar métodos para asegurar el vuelo sobre aguas abiertas, para la cual numerosos prototipos de instrumental, muchos de los cuales se siguen utilizando hoy día”. // “En 1925 se le confió el comando del equipo de vuelo de la famosa expedición ártica de MacMillian”. Un año después “Byrd y Floyd Bennet informado haber alcanzado el Polo Norte en su famoso vuelo transpolar9 desde Spitzbergen”. A su regreso a Estados Unidos, luego de esta importante hazaña, Byrd recibió elogios, pero también críticas “le recriminaron, en particular, el regreso a la base antes de haber sobrevolado efectivamente el polo geográfico”. Evidencias posteriores darían por tierra con las afirmaciones iniciales de Byrd, ya que en realidad fue el noruego Roald Amundsen el primer explorador en llegar a destino.
“En 1927 atravesó el Océano Atlántico, desde Nueva Yory hasta llegar a La Mancha, a continuación del vuelo efectuado por Charles Lindbergh, unos días antes”. Para “1928 organizó su primera expedición antártica, instalando su base en las bahía de las ballenas y que llamó Little América”. Luego de recibir el título de Contralmirante en 1933 retornó a la Antártica estableciéndose durante “muchos meses en una estación metereológica ubicada en la plataforma de Ross. Decidió quedarse allí para evitar la llamada fiebre de los campamentos, queriendo estudiar las aureolas boreales y una serie de fenómenos metereológicos. Todo este período, transcurridos en la noche antártica a temperaturas que alcanzaron a menudo los 80º C bajo cero, lo describe en el libro “Alone”.
Luego de esta experiencia en las soledades polares, la reputación de Byrd aumentó, y le fueron confiadas misiones cada vez más complejas, una de las cuales fue la Operación High Jump (1946-1947), de vital importancia para los intereses norteamericanos en la región. Se enviaron “4.700 hombres, embarcaciones y 15 aviones situados en el portaviones “Philippine Sea”. “El despliegue de tropas comenzó en el Mar de Ross –al sur de Nueva Zelandia - y llegó hasta el Polo Sur dividido en tres grupos” //”El grupo principal de reconocimiento aéreo magnético y fotográfico operó desde una pista continental construída para lanzar aviones DC3, adaptados para vuelos de largo alcance de relevamiento aerofotográfico”.10
9
El avión fokker trimotor bautizado”Josephine Ford.”
Para comprender la Operación High Jump necesitamos profundizar en las motivaciones políticas de los Estados Unidos, finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Los norteamericanos “carecían de títulos históricos al territorio antártico y no había presentado reclamaciones oficiales, absteniéndose de reconocer las reclamaciones, que habían hecho los otros países fueran éstas basadas en el descubrimiento, derechos coloniales o continuidades o contigüidad geográfica. Este país enfatizaba –inicialmente- la necesidad de tener ocupación efectiva del territorio aludido, sin siquiera poder cumplir con esos requisitos ellos mismos”. Se concentraron “en conocer más acertadamente los recursos y riquezas que encerraba el continente y fortalecer sus aspiraciones frente a las de otros países europeos y latinoamericanos. En cuanto a su relación con los países antárticos
latinoamericanos, ella se basaba en los planteamientos de la Guerra Fría y la necesidad de defender el continente frente a la amenaza comunista.”.11
Teniendo en cuenta este punto ya no resulta creíble pensar “que el propósito principal de la expedición es el adiestramiento de los hombres en temperaturas glaciares y determinar lo que pueden lograr los barcos, aeroplanos y equipos, incluyendo en efecto del disparo de las armas de fuego”, como declararon los miembros de High Jump ante los medios de comunicación. No existen dudas que el verdadero objetivo fue Geopolítico, ni más ni menos.
Por eso no resulta extraño que el Almirante Byrd dijera a un diario12 sudamericano: “no intento asustar a nadie, pero la amarga realidad es que, de ocurrir una nueva guerra, los Estados Unidos serán atacados por aviones que volaran sobre uno a ambos polos”. Una observación en concordancia con la época.
11
“En 1947, USA firmó un Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR), obligándose a defender el Hemisferio Occidental incluido el sector antártico- de intromisiones extra-continentales”.
12 Sobre este punto en un foro se menciona que “al leer el microfilm, del Mercurio (Diario de Chile) del 5 de Marzo de
1947 en la biblioteca nacional, el tema ufológico se esfuma, y también en grado menor el asunto de una misteriosa conspiración” // Lo real y verificable, es que Byrd no menciona objetos voladores (flying object), sino que Estados Undios podría ser atacada por aeronaves hostiles desde uno o ambos polos, es decir bajo un contexto de guerra fría Byrd profetiza en forma genial y responsable, la amenaza nuclerar sobre USA, que en el futuro próximo de 1947, sobre polo norte, representaría por parte de la fuerza aérea rusa con el bombardero radial, por ejemplo un avión cruzando el Pacífico sobre el buque Mount Olympus (difícil en 1947 pero no imposible). Uno de los participantes se pregunta “¿Por qué esa entrevista no apareció en otros diarios de Australia, USA o de otros países?”. http://extrados.mforos.com/1278849/3522088-fotografia-satelital-detecta-anomalia-en-la-antartica-highjump/?pag=2
Finalizada la Operación High Jump, se sucederían otras expediciones hacia la Antártida, aunque sin alcanzar la magnitud de ésta última.
La carrera militar de Byrd continuó brillando. Una de sus últimas intervenciones públicas fue en 1955 cuando comandó la Operación Big Freeze, que “estableció tres bases permanentes que aún existen y están habitadas: la Base Bahía de las Ballenas, la Base Mc Murdo Sound y la Base Admunsen-Scott en el Polo Sur. El Almirante Byrd “murió el 12 de marzo de 1957 a la edad de 68 años, y recibió durante su vida 22 condecoraciones, menciones y citaciones en despachos navales. Nueve de las condecoraciones fueron al coraje, y dos de ellas por salvar las vidas de otros. También se le dedicaron en vida tres desfiles en su honor. Entre las medallas recibidas por Byrd se encuentran la Medalla de Honor de la Marina, la Cruz de Servicio Distinguido (dos veces), la Medalla del Congreso al Rescate de Vidas, la Cruz de Vuelo Distinguido, la Legión al Mérito (dos veces) y la Gran Cruz Naval de los Estados Unidos”.
Bien. El lector que sigue el hilo de esta historia, más allá de las curiosidades redactadas se estará preguntando ¿Cuál es la relación de la Antártida con la Tierra Hueca? Y segunda inquietud ¿Dónde encaja Byrd en este punto? Pónganse cómodos y verán.
Todo comienza un año después del fallecimiento de Byrd. Un tal Francis Amadeo Giannini que se presenta como filósofo y científico, residente en Cambridge (Massachussets), da a conocer un trabajo de su autoría, (1959) “Mundos más allá de los Polos: Continuidad Física del Universo”.
Según Giannini “los extremos norte y sur de la Tierra, desde el punto de vista físico, no representan límites. La Tierra no puede ser circunnavegada en el sentido estricto del término. La afirmación es válida aunque ciertos vuelos catalogados como vuelta al mundo hayan contribuido a difundir la errónea idea según la cual la Tierra puede ser circunnavegada al norte y al sur.”. Para Giannini los Polos continuarían en otras tierras y el Planeta mismo formaría parte de un Universo Paralelo a su vez enlazado con otro, una eterna continuidad sin fin.
La creencia de Giannini se remonta a 1916, cuando siendo joven se perdió en un bosque de Nueva Inglaterra donde tuvo una visión. Guiado por una percepción extra -sensorial el descubrió que la Tierra no era redonda y que en realidad los Polos no existían como tales, sólo son meras ilusiones diría. En sus comienzos no creía en la existencia de la Tierra Hueca, pero la “revelación” lo convenció.
Aunque recién pudo presentar su trabajo en 1959, Giannini no era un completo desconocido, ya que desde 1928 venía dando conferencias en Universidades de Estados Unidos, aunque sin obtener mucho eco acerca de sus ideas. Para que “Más Allá de los Polos” viera la luz debió disponer de fondos propios para la edición, ya que nadie se mostraba interesado en publicar su manuscrito. Podríamos pensar que estamos ante uno de los tantos libros hasta aquí reseñados, pero la particularidad de la obra de Giannini y que traza una diferenciación clara en cuanto a estudios anteriores, es que por primera vez presenta pruebas, “pruebas” que como el lector habrá adivinado, provienen del desaparecido Almirante Richard Evelyn Byrd.
Giannini fundamenta su hipótesis en dos viajes enigmáticos realizado por Byrd, a las regiones polares. Asevera, que durante esas travesías se hizo uno de los mayores descubrimientos mundiale s, que fue silenciado por los Estados Unidos.
Como primera fecha se toma el 19 de Febrero de 1947.13
Según narra el escritor, Byrd se adentró 1.700 millas más allá del Polo Norte,14donde se topó con un territorio despejado de nieve, “compuesto por montañas, bosques, vegetación lujuriante, lagos y ríos. Refirió, además, haber vislumbrado, en medio de un boscaje, un animal semejante a uno de los mamuts hibernados por el Mar Glacial Ártico”. Para dar mayor verosimilitud a su historia, Giannini menciona un sup uesto radiomensaje que le trasmitiera a Byrd a través de la Oficina de Investigaciones de la
marina estadounidense en New York en el cual le desea “éxito para su empresa”. Agrega, que “al mismo tiempo, el Almirante Byrd anunciaba por medio de la prensa: “Q uerría ver la tierra más allá del Polo. Esa tierra es el centro de la Gran Incógnita”. Durante esa misma época, un mes antes del “vuelo en cuestión, el autor, con la certeza
13 “Hay algunas personas que afirman haber visto un noticiario sobre dicha expedición al Polo Norte, en el que se veían
“sus montañas, árboles, ríos y un gran animal identificado como mamut. Una mujer escribió a Ray Palmer acerca de este noticiario, asegurando que lo había visto en White Plañís, New Cork, en 1929”. Pero la fecha no coincide con el supuesto primer viaje de Byrd al Polo Norte.
de que Byrd habría efectivamente llegado más allá de ese punto imaginario que es el Polo Norte, habría vendido a una agencia internacional de prensa una serie de artículos sobre dicho asunto”.15
Nueve años más tarde, el 13 de Enero de 1956, Byrd volvió a efectuar un viaje de “2.700 millas, partiendo de la base de Mc Murdo, 400 millas al oeste del Polo Sur”, donde penetró 2.300 millas en una tierra que se extiende más allá del Polo”, según manifestara luego. Habría dicho: “Nuestra expedición ha encontrado un gran territorio nuevo”.16
Como si fuera poco Giannini cita además de Byrd, a otro descubridor, el capitán George Hubert Wilkins (1888-1958), un explorador polar y aviador australiano, quién en diciembre 12 de 1929 habría avistado “esas tierras desconocidas”, durante su estancia en el Polo Sur.17
Si se esperaba que Más Allá de los Polos causara algún revuelo, eso no aconteció, el libro pareció condenado de entrada y nadie le prestó mayor atención; pero cuando ya se esperaba un certificado de defunción, sucedió el milagro, la providencia apareció y se encarnó en la figura de Ray Palmer.
Nativo de Winsconsin, Ray Palmer (1910-1977), fue desde su juventud un fanático confeso de la literatura de Ciencia Ficción. Durante su infancia sufrió un accidente que derivó en una operación de su médula espinal, dando como resultado una disminución en su estatura. Debido a esta particularidad, con el tiempo se lo reconocería como
el gnomo de las “pulp fiction”. Su dedicación al género lo llevaría a dirigir una de las publicaciones más populares de la década del 30’, “Amazing Stories”, que bajo su tutela alcanzaría un gran éxito. Para comprender el interés de Palmer en la obra de Giannini hay que referirse a Richard Sharpe Shaver.
Cuenta la leyenda que un día comenzaron a llegar a la redacción de “Amazing Stories” extrañas cartas escritas por Shaver quién decía “que a través de su herramienta de soldadura, había escuchado durante años las voces de los Deros, extraños seres obsesionados con el sexo y la tortura, que
15 Según Giannini la Oficina de Informaciones de marina militar le habría realizado una visita después de la publicación
de esos artículos.
16 Marzo de 1956 17
Giannini declaró que estuvo con Wilkins en la expedición que este realizara en 1928 al Polo Norte, un año antes del pretendido avistamiento. Alega haber ayudado en la confección de la carta de navegación de ese viaje.
no lo dejaban en paz. Estas conversaciones habían llevados a Shaver a cometer actos desesperados que le habían valido pasar temporadas en hospitales psiquiátricos como en prisión. Y precisamente cuando el estaba en la cárcel, cierto día, una mujer se materializó ante Shaver y gracias a una tecnología desconocida, lo llevó a conocer un mundo secreto en el interior de la tierra y también recibió explicación de los orígenes de esa raza.
De acuerdo con Shaver, la tierra estuvo habitada, en algún tiempo por dos razas parecidas a los Dioses, los Titanes y Atlantes, quienes construyeron unas civilizaciones monumentales. Un cambio en la radiación del sol obligó a los superseres a refugiarse debajo de la tierra, a fin de protegerse de los rayos del sol. No obstante, incluso esta solución resultó solo temporal y los Titanes y Atlantes tuvieron que abandonar tierra, dejando el planeta en manos de la inferior raza humana. Algunos de los seres humanos hallaron camino a las cavernas subterráneas de las superrazas y empezaron a jugar con la maravillosa maquinaria dejada por estas. Los resultados fueron desastrosos, pues la radiación emanada por las máquinas afectó a esas personas en algo que Shaver llamó “Detremital Robots” o “Deros”. Los malvados Deros llegaron a controlar la maquinaria y la utilizaron para provocar accidentes, desapariciones y toda clase de cosas desagradables en la superficie de la tierra. Casi todo mal podía atribuirse a las acciones de los Deros. Ahora los Deros no eran más que idiotas sádicos que poseían la avanzadísima tecnología de los Titanes, la cual usaban para aumentar sus placeres carnales durante las orgías que celebraban constantemente ya que era adictos a ellas. También, se decía que los Deros utilizaban esa tecnología para torturar los humanos que raptaban de la superficie y a lo Teros (Robots Integrativos) descendientes buenos de los antiguos Titanes, muy inferior en número que sus degenerados hermanos”.
Valga decir que los relatos de Shaver causaron gran conmoción, y sedujeron a miles de lectores en todo el país que agotaron las tiradas de “Amazon Stories”. La mezcla de civilizaciones desaparecidas aderezadas con connotaciones sexuales, resultó un cóctel explosivo que Palmer utilizó en su provecho, consiguiendo aumentar la circulación del magazín. Por lo bajo se dijo que si bien la idea era de Shaver, las historia en sí fue pulida por el propio Palmer. Aunque las ventas se dispararon, la historia de Shaver fue destrozada por los críticos, y se convirtió con el tiempo en una pesada carga para los fundadores de “Amazon Stories”, que no soportaron la pérdida de prestigio, dando por finalizada su relación con Palmer. Ni lerdo ni perezoso, el “gnomo del pulp”, inició otro proyecto que bautizó “Fate”, centrado en los fenómenos paranormales. La
revista tuvo su bautismo de honor cuando en la primavera de 1948, un tal Kenneth Arnold18, “pub licó en el primer número de “Fate” su artículo “I did See the Flying Saucer”. Una vez que la narración de Arnold se conoció, la publicación se agotó de inmediato. Las repercusiones fueron enormes, y Ray Palmer se transformó en el primer promotor de temática ovni a nivel mundial, y en uno de sus más fervientes defensores. Con los ovnis bajo el brazo, Palmer decidió hacer otra jugada, ideando una nueva revista “Flying Saucers from Other World” (1957), donde el libro de Giannini encontraría finalmente cobijo. Palmer no tardó en comprender que la tesis de la Tierra Hueca presentaba un enorme atractivo que bien explotado ayudaría a ganar nuevos subscriptores. Sin embargo consideró que para que la historia se difundiera con mayor celeridad, necesitaba incorporar un nuevo elemento, por lo cual incluyó en el combo “Tierra Hueca-Byrd”, a los ovnis, su más reciente descubrimiento.
Armado del manuscrito de Giannini, Palmer dio comienzo a su cruzada. El primer artículo consagrado al tema se publicó en diciembre de 1959 (“Los platillos voladores proceden de la tierra. Un desafío al secreto”)
¿Conocemos realmente la Tierra? ¿No existe alguna zona de ella que pueda ser considerada como origen de los platos voladores? En mi opinión hay dos. Las zonas más importantes son en el Ártico y el Antártico. Los dos vuelos del almirante Byrd
prueban que la conformación de
nuestro globo tiene, en las proximidades
de las regiones polares algo
“extraño” // “Los platos voladores
podrían proceder de esas tierras
desconocidas situadas más allá de los polos.
En opinión de los redactores de nuestra
revista, la existencia de esos territorios no
puede ser negada por nadie si se consideran
los hechos relativos a las dos expediciones
a que nos hemos referido”. // “El
extraordinario libro escrito por Giannini
nos ofrece la única posibilidad de
demostrar que definitivamente la
Tierra tiene, tanto en el Polo Norte como
en el Polo Sur, una extraña
conformación. No está necesariamente
hueca de un extremo a otro, pero se
presenta como uno de sus pasteles llamados
“bombas” cuando se los ha freído más de
la cuenta, de modo que presenta una
profunda depresión en cada extremidad, como un gigantesco neumático montado. Ningún ser humano ha volado jamás directamente sobre el Polo Norte y ha continuado
18 “El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un industrial de Boise (Idaho) de 32 años de edad, volaba en su avioneta
desde Chehalis a Yakima en el Estado de Washington. Arnold retrasó en una hora su llegada a Yakima para participar en la búsqueda de un transporte C-46 de la Marina de los Estados Unidos, que se suponía se había estrellado en las proximidades del Monte Rainer. Cuando sobrevolaba los montes Cascade a una altura aproximada de 3.000 metros, Arnold observó una serie de flashes brillantes a su izquierda. Se movían en formación, a enorme velocidad, en dirección del Monte Rainer. Eran nueve objetos discoidales que estaban a una distancia aproximada de 30 ó 40 kilómetros, medían unos quince metros de diámetro y se desplazaban a una velocidad estimada a 2.700 kilómetros por hora, algo totalmente imposible para los aparatos convencionales de la época. La observación duró entre dos y tres minutos”. Con el avistamiento de Arnold, se inicia la era de los ovnis en la época moderna.
en línea recta. El director de esta revista piensa que ello debe ser llevado a cabo, einmediatamente. Para eso tenemos aviones. Además, está convencido de que una expedición aérea de ese tipo no se concluiría en una de las regiones que circundan el Polo, exactamente en el punto opuesto al de la partida. La navegación no debe, empero, se efectuada utilizando la brújula o las triangulaciones sobre los mapas existentes, sino empleando solamente la brújula giroscópica, que permite mantener una dirección fija, sin desviaciones de rumbo desde el momento de la partida hasta el momento del aterrizaje. Y no sólo de una brújula giroscópica de plano horizontal, sino también de una de plano vertical (que servirá una vez que se haya entrado en la abertura polar). Se trata de un punto de partida, indudablemente positivo”.19
“Los resultados de años de investigación que les presentamos en este número nos permiten enunciar la posibilidad de que los platos voladores no pertenezcan a nuestro planeta ni proceden, tampoco, del espacio atmosférico o interplanetario. Una enorme cantidad de pruebas nos demuestra la existencia de un lugar DESCONOCIDO y de gran extensión que (podemos afirmarlo con certeza) no ha sido aún explorado”. // “Según los redactores de Flying Saucers, de ahora en adela nte quién pretenda discutir el origen polar de los platos voladores deberá hacerlo con pruebas y hechos concretos. Todo mentís deberá ser acompañado de pruebas válidas. Flying Saucers estima que se pueden suministrar tales pruebas. Nuestra revista sugiere a todos los grupos interesados en los platos voladores estudiar el problema desde el punto de vista según el cual la Tierra es hueca, reunir todos los elementos disponibles en los últimos doscientos años que apoyen este modo de ver e investigar atentamente todos los elementos que pongan en duda dicha teoría”. // “La cuestión de los platos voladores se ha convertido en la más importante de la historia actual. Los graves interrogantes que hemos planteado en este artículo exigen una respuesta clara. El almirante Byrd arribó a un nuevo y misterioso territorio, “el centro de la Gran Incógnita”, y cumplió, al mismo tiempo, el más grande descubrimiento de todos los tiempos. Lo sabemos por sus propias palabras, palabras de hombre cuya rectitud fue siempre intachable y cuya mente era una de las más brillantes de los tiempos modernos. Quién pretenda calificarlo de embustero que dé un paso adelante: ¡pero pruebe cuanto diga! ¡Los platos voladores proceden de la Tierra!
La segunda estocada de Palmer, se produjo dos años después , en marzo de 1962. Un nuevo artículo ilustró las páginas de Flying Saucers. (“El Polo Norte: Ulteriores testimonios sobre las misteriosas tierras polares – Doscientos años de exploraciones han llevado a los rusos a una nueva concepción del Polo que supera todos los conocimientos geográficos hasta ahora aceptados. Se cuenta con pruebas indiscutibles”).
19
En “La Tierra Hueca: el mayor descubrimiento geográfico de la historia”, Raymond Bernard (1969), se hace referencia a un extraño incidente que casi hace fracasar la distribución de este ejemplar. Escribe Bernard que “cuando el camión llegó paraentregar al editor las revistas que venían de imprenta, ¡no había revistas en el camión! El editor (el señor Palmer) llamó por teléfono al impresor y descubrió que no había recibo de que se hubiera hecho un envío. Como había pagado las revistas, el editor pidió al impresor nuevas copias, pero las matrices no estaban disponibles y aparecían tan dañadas, que no fue posible hacerlo. ¿Dónde estaban las miles de revistas? ¿Por qué no había recibo de envío? Si se hubieran perdido o enviado a una dirección errónea, tendrían que haber aparecido, pero no fue así. Como resultado, 5000 suscriptores no recibieron la revista. Un distribuidor que recibió 750 copias para vender en su kiosco, desapareció junto con las revistas. Las había recibido con el encargo de devolver las que no se vendieran, pero nunca se recuperaron. Ya que la revista desapareció por completo, se volvió a publicar y se envió a los suscriptores varios meses más tarde”.
“La exploración y la investigación han puesto en claro que una gran extensión de superficie terrestre, y consiguientemente una vasta zona desconocida podrían ser incluidas, en los años, en el ámbito de los conocimientos del hombre. Es una afirmación realmente apabullante. Reflexionemos acerca de su verdadero significado. Sostiene que no solo la exploración sino también la “investigación” han demostrado que una gran extensión de superficie terrestre y, CONSIGUIENTEMENTE, una vasta zona desconocida, podrían ser incluidas, en los próximos años, en el ámbito de los CONOCIMIENTOS del hombre. En pocas palabras: más allá de las zonas que podemos comprender y conocer mediante la exploración hay un vasto ámbito ignoto que podremos incluir en el conocimiento humano por medio de la investigación”. // “En otras afirmaciones, los rusos destacan las “perspectivas de desarrollo” del casquete polar. Tal casquete, si nos atenemos a las concepciones dominantes, no es más que un océano de hielo. ¿Qué perspectivas de desarrollo? ¿Cubitos de hielos para nuestros drinks? No por cierto. Debe haber posibilidades más lisonjeras, las posibilidades que oculta un enorme territorio desconocido, todavía por descubrir y desarrollar de punta a punta”. // “Incumbe a los opositores de la teoría de la existencia de una “tierra misteriosa en el Polo” demostrar que la misma es falsa; incumbe a ellos demostrar la veracidad de sus tesis: pero tales tesis han recibido golpes definitivos de parte de los científicos y exploradores de las dos máximas potencias mundiales”.
Palmer asumió el asunto de la Tierra Hueca como una cuestión de personal, y recibió la tesis de Giannini con los brazos abiertos. Un almirante condecorado y famoso, anexado con fantásticos aparatos voladores de una civilización desconocida residente en los Polos, era la historia soñada que hacía delirar a los lectores. Pero aunque Palmer logró interesar a una nueva audiencia con un viejo tema, los interrogantes aumentaban si se tomaban las afirmaciones de Giannini al pie de la letra, detectándose ciertas incongruencias en cuanto a fechas, que el hacedor de Flying Saucers decidió soslayar. Como ejemplo tomemos la época del primer viaje de Byrd hacia esas tierras desconocidas en el Polo Norte. Según escribe Giannini este periplo se realizó en febrero de 1947, pero hay dos inconvenientes para aceptar esta postura. En primer lugar en la fecha citada, Byrd se encontraba en plena operación High Jump, que finalizó en abril de ese año. Y en segundo lugar ¿cómo hizo para pasar de la Antártida al Artico? Matemáticamente es imposible que Byrd se haya trasladado en cuestión de horas de un polo a otro. Claro que si el Almirante descubrió un corredor dimensional oculto que le facilitó el trayecto, la cosa cambia, pero si se descarta este principio, el relato de Giannini sigue sin convencer.
Ninguno de estos cuestionamientos desalentó a Palmer, quién por años continuó con su cruzada. Una década después, a principios de los 70’, sobrevino la recompensa. Sucedió que la “Administración del Servicio de Ciencia del Medio
Ambiente (ESSA),
perteneciente al Departamento de Comercio de los Estados Unidos, proporcionó a la prensa unas fotografías del Polo Norte tomadas por el satélite ESSA-7 el 23 de noviembre de 1968. Una de las fotografías mostraba al Polo Norte cubierto por la acostumbrada capa de nubes; la otra, que mostraba la misma zona sin nubes, revelaba un inmenso agujero donde hubiera debido estar el Polo Norte”. Había estallado la controversia. Rápido de reflejos Palmer publicó las polémicas tomas en Flying Saucers y anunció que las imágenes correspondían a la Tierra Hueca. En números sucesivos se dedicó a reflotar el mito, captando nuevamente la atención pública.
Como era su costumbre Palmer ignoró las explicaciones oficiales20 sobre las fotografías, y se dedicó a los ataques gubernamentales. Existía una conspiración y se ocultaba a los ciudadanos la verdad. El enigma que llegó para quedarse continuó perpetuando la fantasía de una tierra hueca y habitada. Ahí estaban las fotos, los dichos de Giannini, y el convencimiento de Palmer. Pero si los escépticos dudaban, un miterioso diario daría por tierra con las dudas existentes, diario, que haría acallar las críticas porque en él estaba la firma de Richard E. Byrd.
20 Se supone que “la fotografía es un mosaico de imágenes de televisión tomadas por el satélite durante 24 horas, que
muestran la Tierra desde diversos ángulos. Las imágenes fueron procesadas por una computadora y unidas de modo que formasen una visión total de la Tierra como si el observador se hallase en un punto directamente encima del Polo. Durante esas 24 horas, todos los puntos en las latitudes ecuatoriales y medias recibieron luz solar durante algún periodo de tiempo, y aparecen iluminados en la fotografía compuesta. Pero las regiones cercanas al Polo estaban en ese momento sumidas en la oscuridad permanente del invierno ártico. Por ello hay un área no iluminada en el centro de la foto”.
ARCO IRIS
Ciudad de los blancos arios
Cuando los ecos de los comentarios de Ray Palmer aún resonaban en las mentes de los cultores de la Tierra Hueca, sobrevino otro golpe de suerte, un nuevo regalo para los creyentes y signo de aliento para mantener la frente en alto ante las críticas despiadadas que despertaba una tesis tan resistida. Se conoció un diario, sendas páginas manuscritas firmadas por el Almirante Byrd. Como si se tratase de una reliquia invalorable, el relato fue preservado en la sombra por fieles seguidores, que luego de una meditación profunda decidieron darlo a conocer. La magia de Internet obró en forma de milagro, y la enigmática narrativa de uno de esos vuelos secretos se expandió por el mundo. Por fin la prueba definitiva. ¡Larga vida a las oquedades polares¡
Vayamos a los Diarios perdidos de Byrd.
“Debo escribir este diario a escondidas y en absoluto secreto. Se refiere a mi vuelo Ártico del 19 de febrero del año 1947. Vendrá un tiempo en el que la racionalidad de los hombres deberá disolverse en la nada y entonces se deberá aceptar la inevitable Verdad. Yo no tengo la libertad de divulgar la documentación que sigue, quizás nunca verá la luz, pero debo, de cualquier forma, hacer mi deber y relatarla aquí con la esperanza de que un día todos puedan leerla, en un mundo en el que el egoísmo y la avidez de ciertos hombres ya no podrán suprimir la Verdad".
..."Extensiones de hielo y nieve bajo nosotros, vis tas coloraciones amarillentas con dibujos lineales. Alterada la ruta para un mejor examen de estas configuraciones coloreadas, también vistas coloraciones violáceas y rosadas". "Tanto la brújula magnética como la aguja giroscópica comienzan a girar y a oscilar, no nos es posible mantener nuestra ruta con los instrumentos. Señalamos la dirección con la brújula solar, todo parece aún en orden. Los controles parecen lentos en la respuesta y en el funcionamiento, pero no hay indicación de congelamiento".