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Selecta : año 1, n° 5, agosto de 1909

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(1)

--

I

'1

I

. \

*

I

(2)

bechos

y

notas

HRN

comenzado 10s pesados dias grises y las cru-

das noches invernales de la vida santiaguina.

Las neblinas invaden la ciudad, se arrastran por

las calles, envuelven en eu velo nuestros monurnen-

tos, las estatuas blancas de

10s paseos,

y

dcian

siis

girones enredados en las altas ramas de

10s Arboles

en las Delicias, esa hermosisima

y

dilatada avenida

aue corta

B

Santiago como el paseo de la Rambla

6

Barcelona.

Por

la tarde, vuelven lentamente del tmbajo 10s

obreros cansados, con las manos en 10s bolsillos y pa-

quetes baio el brazo, tal vez alguna golosina 6 ropa

que destinan

B

sus chicos; se encaminan a1 conventi-

110

de extramuros, en el vual tienen su vivienda in-

salubre y lamentable. E s la eterna y’dolorosa histo-

ria

de la lucha nor la vida, que nunca

1

lumbrar

10s felices en toda la plenitud de su intensi-

dad dolorosa.

La sirena de alg6n automcivil resuena entre 10s

rumores de

la

tarde,

v

ei

vehiculo nasa

como

un re-

ldmpago por

el

asfalto de Trinidad, aprovechando

la Gnica parte corriente, en la cual Santiago no se ha

convertido todavia en montaiia rusa, entre 10s cerros

del alcantarillado y 10s abismos del agua potable.

Todos nuestros progresos vienen resultando as!,

algo

cojos,

y la vanidosa. canital de Chile,

corn0

el

personaje del cuento andaluz, coiea.

. .

de 10s dos

pi&. Con raz6n

se

han ocupadcr brillantemente algu-

nos escritores, entre

10s cuales se ha distinguido

el

sefior

don Rafael Sanhueza Lizardi, en hablarnos

de la transformacih de Santiago, que, debe conver-

tirse, alguna vez, en ciudad del todo moderna, con-

fortable y agradable, centro de civilizaci6n y

de

cul-

tura.

Los

elementos que la iiatixraleza le ha dado son

de

todo punto deliciosos. Tenemos

el

m&s

grandiose

de

10s especthculos en la Cor

era

de

10s Andes con

sus

volcanes y picos admi

es, encaperuzados en

nieve, sobre la cual pinta el

sol

noniehte sus combi-

naciones ideales de

colores

y

de lineas. Bero nos pasa

lo

propio aue

B

los maridos casados con mujeres bo-

nitas: a1 fin

y

a1 cabo,

&

fuerza de verlas, vienen

B

ales

&

todas Ins dem&s. E n cambio,

no

les pasa lo mismo

ii

10s casados con mujeres

f e a s . .

.

;,Y

auk decir del clirna de la zona central y de San-

tiago de Chile? Que con raz6n

B

10s valles pr6ximos

les llamaron

10s conquistadores espafioles “valles del

Paraiso”. Poseemos una temperatura deliciosa y

siemore suave, en todas partes, salvo en el 1.ecinto

del

Teatro Municipal, donde es tan

fria

que rccuer-

da

el

polo

y

hasta Dios tirita, en beneficio exchsivo

de

10s

doctores.

El clirna de Cannes

v

de Niza,

&

donde van

&

invernar 10s niillonarios ingleses

v fran-

ceses, y ahora tambiCn

10s alemanes, no puede com-

pararse con

la suavidad encantadora del clima san-

tiaquino.

Los habitsntes, en cambio, nos hemos esforzado

en

hRcernos vida dura

y

en procurarnos todo gCnero de

mortificaciones y cilicios, aGn cuando no

Sean

obra

del espiritu cristiano. Si se anda por las calles,

B

lo

mejor el paseante se hunde en las zanjas de 10s al-

cantarillados particulares, cuidadosamente prepara-

dos para que cualquiera se rompa una pierna

6,

1c

que es m&s desagradable todavia, el p a n t a h . Si

SE

transita en coche,

es

preciso llevar con paciencia las

horribles sacudidas de las calles, cubiertis de protu-

berancias y de hoyos

coma

10s mapas de la luna; el

viajero ya

no

se romperd

10s pantalones, miis, en

cambio, corre peligro

de

aboyarse el sombrero de

copa, que cuesta cuarenta,

&

menos que lo lleve en la

mano y atrape un resfriado con gastos de mCdico y

otras

circunstancias agravantes.

No hablamos,

por cierto,

de 10s olores que se per-

ciben en todas las esquintts de las calles, junto

d

la

boca de las alcantarillas,

v

que recuerdan lo que deciz

Don Quijote

&

Sancho, despuks del sustazo de cier-

ta

aventura

:

“n6 hueles, Sancho, precisamente

&

rosa..

.

Aquello,

&

las doce de

ia

noche,

6 dos de la mafia-

na, es precisamente inconcebible, y 10s pobres j6ve-

nes que vuelven de alguna fiesta con el alma henchi-

da de idealecs

y

el

coraz6n palpitante de ilusiones, es

dificil aue resistan con Srmeza

10s desencantos pro-

saicos del alcantarillado ptiblico. Resulta que, corno

10s tubos no llevan

el

agua suficiente, se desprende

todo g h e r o de gases malsanos

C

inconvenientes. Son

colecci’ones de tifus, de fiebres infecciosas y otras en-

fermedades acumuladas con todas las variedades de

microbios-y

que contemplados bajo el microscopio

suelen ser interesantes-salen

de esos recept&culos,

la

media noche,

como

las brujas de las lependas.

,Y

& E

Santiago se transforma lentamente.

Como

e! per-

sonaje de la comedia puede esclamar: “Madrid

ya

no es Madrid:

la

calle de la Ternera ya no existe”.

Del antimo Santiago colonial, fundado por Pedro

de Valdivia, vlt quedando poco, pero ese poco es feo

y

es necesario removerlo, pulverizarlo, arroj arlo muy

_ ,

lejos. No hablamos, naturalmente, de aquellas her-

mosas antigiiedades,

como

la

tedral de Santiago,

profanada por 10s estucos y la

10s niodernos y que

precisarnente era digna de ser conservada, ni de tem-

plos como el de Santo Domincyo, consagrados

por

la patina del tiempo y

por

su elegante sencillez, sin0

de 10s viejos edificios sin aquitectura ni estilo, cons-

truidos por un albaiiil cualquiera hace doscientos

ados.

(3)

HECHOS Y NOTAS 135

7 1

encinas y

olssnds,

y plazac donde 10s nifios jueguen aquello de “que el frio es Eueno para la salud

y

en-

cantando sus rondas infantiles.

El agua serh tan tona”, Se podrti permanewr en un s a l h , durante el

abundante que alcance hasta para beberla, aGn cuan- invierno, sin abrigo ’de ‘pieles. No existirtiii

trusts

do con est0 disminuya el alcohol smo y cierren sus que compren todas la9

fruras

y las revendan cobran-

puertas 10s bars y cantinas. E n la ciudad del futuro do treinta veces su valor. E n fin.

. .

la ciudad

de

no se transportarh ya variolosos en coches de posta. Santiago, una vez transformada, sera seguramente

Abrirtin sus puertas una veintena de teatros

y de encantadora, y nuestros bisnietos, que vivir&n por lo

caf 6-conciertos coq magnificas compafiias dramtiti- menos unos doscientos afim, se preguntar&n, asom-

’cas

y de 6pera. E n todas las casas habr& caloriferos brados,

ipor

quk seria tan corta la vida en aquellos

6 chimeneas, y hasta 10s mplementeros se reir&n de tiempos lejanos de

19092

Uti

cas0

de

cobardh

doble

S. E. el .Pre<sidente de Bolivia, don Andres de Santa Cruz, cito B tanta distancia y contra dos naciones que se habian pre- .e estaba comiendo a1 P e i i i . .

.

dsi se lo aseguraba don Diego parado Cwde tiempo atrBsl? C6mo echame encima tan enormes Portalee B su amigo don Jos6 Joaquin Perez, en carta confiden- responsabilidades, sobre todo d e s p u b de aquel traspi6s que pa- :ial que le escrib:a con la llaneza pintorezca y 8 veces tan ruda recia un aviso providencial?

como energica de su estilo netamente chileno. El Gobierno devqraba tan amargas ansiedades cuandq el ge- Santa Cruz habiaste consagrado, con la fueraa de sus armas iieral Btilnes, sobrino del Presidente Prieto, arrastr6 lais inde-

y las armas de su astucia, nada menos que Supremo Protector de la Confederaci6n Perti-boli- viana. Portales, abandonando sus negocios, habia vuelto a1 Ministerio p,ara conjurar 10s

xpeligios que la formacidn de ese imperio militar engendra- ba para Chile, y don Jose Joa- quin Perez r e p r e s e n t a b a B

nuestro pais ante el Gobierno. argentino, 6 sea, mBs propia- mente, ante el famoso dop J u a n Manuel de Rozas, apelli- dado el tirano.

A objeto d e contenerlo en esa intempNerancia de gastro- n o m f a i n t e r n a c i o n a l y d e arrancarle el bocado de entre 10s dientes, si era preciso, Chi- le enviJ6 contra el injusto for- zador de la R’epdblica herma- na un ejercito de dos mil se- tecientos hombres que coman- daba en jefe el general don Manuel Blanco Encalada,

La expedici6n parti6 de Val- paraiso en’ Septiembre de 1 8 3 7

y poco mBs tarde llegaba B la ciudad de Arequipa,, despu6s de perder una de s u s naves y de cruzar 10s arenales relsecos de un horrible desierto de cua- renta leguas.

Muchos peruanos eminentes que combatian l a doiminaci6n de la patria por las tr’opas bo- livianas, tanto mBs humillan- te, B su juicio, cuanto que Santa Cruz, B quien miraban en menos, no era para ellos m&s . que un indio, y Bolivia, B la cual no apreciaban m&s, no habfa sido haeta entoncw sino una depmdencia serrana y es- t6ri1, habfan engafiado B Blan- co con pronesas que nadie cumpli6.

Arequipa no s e levant6 en €avor del ej6rcito que llegaba

B libertarla, y Blanco, blo- queado por aquel desierto y r o - deado por un ejercito de cinco mil hombrels. salv6 SIUS wca-

General don Manuel Biihes

sas tropas aceptando la capitulacidn de Paucarpata que le ofre- ci6 Santa Cruz, cuya polftica consistfa en asos moimentos en apartar buenamente B Chile del camino de sus ambiciones, en vez de obtener sobre el un triunfo pasajero que, antes que aba- tirlo, no haria mBs que alzarlo como un solo hombre en alas del orgullo nacional.

Eiste fracaso abrid 10s ojos del Gobiternto chileno, como la luz de un relhmrpago que repentinamente deja ver la inmensidad de un cielo prefiado de tempestades.

Desde luego, la guerra no era popular. Despues la escasez de rwumoffi rayaba en pobreza de solemnidad. Portales, alma de esa guerra, habla muerto asesinado. iC6mo solstener un ej8r-

cisiones t a n fundadas de aqu81, echando en el platillo de l a guerra el peso de su aspada vencedora.

E l s e ofrecia para mandar el nuevo ejercito y prometfa no vdlver sino triunfante.

Se desaprob6 el tratado de P a u c a r p a t a ; s e c o n t i n u b la guerra; Biilnes ocup6 B Lima; la abandon6 e n eeguida, hu- yendo de las perfidias de sus enemigos y de las’ traiciones del clima, tan p6rfido @om0 10s hombres, y en un arranquede cbndor chileno, fu6 B refugiar- se en las cumbres ‘ d e la alti- planicie, seguro de que allf, en campo igual para ambos ej6r- citos, impondria B su adversa- rio la dura ley del vencido.

Y asf sucedid en efecto. En el combate del Puente de Buin quebr6 el orgullo militar del Supremo Protector, y el trjun- fo de Yungay pulveriq6 la gran- deea cuasi real de. su poder.

C d t

Biilnes, huyendo por la que- brada llamada El callejdn de Haylas, seguido de cerca por Santa Cruz, como B eso de las tres de la tarde del 6 de Ene- ro de 1 8 3 9 , salia del pueblo de Carhuas en direccidh B Yun- gay, mandando en persona la retaguardia d e s u e j 8 r c i

tales y del escuadrdn de Lan- cerols.

Una hora antes do con el p i s m o Aconcagua, Santiag

gua y Valparafso, llevando en- t r e cuerpo y cuerpo, l a imps- dimenta de enfermos, ganados

y parque. La caballerfa estaba ya en Yungay, la artilleria en San Miguel y la retirada tenfa por objeto l a conoentracidn de todas las fuerzas en el Dunto centric0 de si1 lfnea de comunicacionm. Ningtin temor abrigaba Bdlnes pas el 6xito de este movimiento.

Santa Cruz quedaha 6 buena distancia y una partide ‘de ob- servacibnao le perdfa d,e vista: pcm Bsta fu6 atacada por fper- zas contrarias, y un capitan Funes, que cay6 prisionero, no $610 revel6 a1 general enemigo el secreto de que Biilnles en e m s mo- inentw no tenfa m& que tres batallonee y un mcuadrdn, y la pran distaneia que lo separaba de su vanguardia, artillerfa y

caballerfa, sino que, propasandose en su traici6n, lie@ hasta evidenciar la facilidad de concliiir con 81 y 10s myas, bastando para ello que acelerara sz1 marcha.

Santa Cruz, naturalmente, sigui6 el infame consejo; pero

el

(4)

136 UN CAS0 DE COBARDIA DOBLE

resto de la partida atacada logr6 avisar B Biilnes que el ene- migo ewtaba B la vlsta, como B media legua de la poblaci6n.

ese instante 10s ac con

ene-

el pueblo. No al- parecfa indudable que se venla oncima con todas s

Acontecla ademBs que amenazaba con una de &as tremendas y repentinas t veraniegas de la sierra, en las que en un instante la encial convertia en torrentes furiosas el c a m e seco de las quebradas y esteros.

4 la salida de Carhuaw, las tropas chilenas s e vefan deteni- das por el riachuelo de Buin, sobre el cual no habla mBs paSo que el que ofrecia un puentecillo de tablonas sueltos. Fuema era, pues, que 10s nueistros lo atravesaran cuanto antes; per0 cerca y a de las cuatra de la tarde, se desat6 la tempestad que

se temla. Retumba e l trueno, dice el Bo’letin del Ej6rcit.0, en las elevadas montafias y responde en el profundo y estrecho valle; cae el granizo con fuerza, brama e l viento, hfnchase el rio y e n pocos momentos se convierten en torrentes las cami- nos y avenidas, desatandose las aguas en cascadas sobre elloe y rodando enqrmes piedras y ramas de Brbales por entre lois gi6s de 10s caballos y de 10s soldados. Aquelloe agachan la cabeza y ~e vuelven contra el viento B pesar de la espuela y esfuerzos del ginete; Bstos descansan un momento y continaan alegres el do con el agua B las rodillas contra todas 10s superando lais precipicios.

ensamiento parece preocuparlos. El general en jefe

,

a1

habla quedado en e s d i d a del Ejdrcito P vuelto hacfa tiempo

e dominaba el es- diffcil, y el bata- ente de la propia cresta.

“AI mamento s e descubri6 B tiro de fusil sobre el camino real una mitad de caballerfa enemiga, y un instante despu6s tres compafilds de cazadores sobre la deuecha, protegidas par un ba- ta116n. I

escar- til6 el fuego sino que, cargando B la bayoneta par lo m’

pado del barranco, sufrfan las galgas que por 61 desgaaba el

igo que no tenfa V ~ O T para -esperarlo cuerpo B cuerpo”. B mas del general don Victoriano Garrido, sug apudan- , don Jose Manuel ellan don Vicmte Orrego.

s610 con Amengual, Bdlnes divis6 un Cuerpo tendido en .e1 suelo y B cubierto de las balas. AoercBndose mBs vi6 que tenfa insignias de oficial chile- no. Estaba boca abajo y la gorra con sus dos galones le cubria la nuca.

orden6 B Amengual que se ayease

No tenia ma qae la del miedo invencible que le habIa sacado del pelig

engual y, B salas con el cobarde, s e le fuB a1 pecho en uno de ems arranques de cdlera que, por fortuna, eran en 61 como las tempastadw de la sierra, ban vio- l’entas como pasajeras.

-Mi genewl, dijole el desdichado con l6grimds en l a ojos, me acord6 de mis hijos que lsan muchos y tuve p i e d o B la muer-

ue volver6 por mi honor!. . .

nto, respondib el general, y esto no saldi8

? e c

Apagados 10s iuegos del enemigo, Bdlnes intent6 a w l t a r el campo de Santa Cruz y conchir la jornada con un combate B la bayoneta, un esquinazo B cuchillo, como declan 10s soldados; per0 el bravo Colipl, cuando anoched6 completam.ent,e y cuando era duefio del puente, lo Gortb’sin orden para elle, l-levado s610

de su celo “por creerlo convenient&’.

se ensay6 en subsidio habfa dasaparecido tam-

6 en el tarrente noventa y tres muertos y B las e siaui6 su marcha B Yunnay. llevandlo doscien-

y Lanceros, B favor de 10s dispa- ros del Valdivia, concluyeron de cruzar el puente y, volviendo caras, rompieron 6 su turno el‘fuego en colocaciones bien es-

I - _ .

tos veinte heridw

El ene’migo contaba por s u parte una5 cuat

no hay para qii6 de-

BBlnes lleg6 ilamente B Yungay con su vanguardia vencedora, T desde ahf diriai6 a1 resto del %i6rcito una Droda-

cia1 le decfa:

divia lo su vez, retlrada, y compafieros de la reserva han ayer en el in: tenfan contra si la suDerTori niimero. la co

f o lado de nos, emp el desigual wen

misma puente.

ISO, avisado B tiempo;

de batalla B las nitS con un 6rden abla agotado sus

manos crispadas y era

(5)
(6)

COnUEKSRClOnES

SOBRE

HRTE

El

arte del retrato

y

su

importanria

historica

(A proposito del pintor Monvoisin)

(A S. E. Mr. P a u l Desprez, Ministpe de France)

UNA nochs de primavera, all& por lcs aiios 9 3 6 9 4 , dmpuBs de un ensayo de no sB que comedia en el Teatro Libre, remon- tabamas una calle del balTi0 Montmartre, Antoine, el director entonces de ese teatro y hoy del Odeon, Maurice Donnay, el au- tor dramktico, el poeta y tambiBn autor dramatioo, Vaucaire, y el que estas lfneas escribe. Eran 10s tiempos heroiooe del Tea- tro Libre, cuando Antoine, pocos afios antes modesto empleado d e la Compafifa del Gas, habia logrado, por su genio teatral y su voluntad d e hierro, primer0 interesar y muy pronto entu- siasmar & loa intelectuales de P a r k hasta Provocar un gran mo-

para darnos una idea grhflca de una Bpoca determinada, 6 de una frialdad desesper(ante si el autor es simplemente metbdico, y sin otra ambicidn que proaurar ser exacto, 6 de una falsedad estupenda si el que la escribe pretende sacar de ella una fil~eoo-~ ffa y defender una tesis que son puramente suyas; en este caso, la obra vale por la tesis defendida, por el talento literaiio, por el genio del autor; pero Bste, en el fondo. nos engafia y nos quiere obligar 6 ver las cosas & traves de su cerebro y de sue ideas. Las memorias del tiempo tienen generalmente m&s vida, m&s colorido; pero, poi- sugestivas que sean, jc6mo podrfan vimiento en el arte

dramatico, rompien- do 10s viejos mol- des, renovando las fdrmulas del arte esc8nico y d a n d o campo, abriendo ho- rizontes & toda una plByade de j6venes literatos, delante de 10s cuales las puer- t a s d e t o d o s 1 0 s t e a t r o s d e P a r i s quedaban o b s t ina- damente cerradas

...

Durante cinco 6 seis afios, la modes- ta sala de l a calle Blanche, donde se hacian 10s ensayos de la& comedias, vi6 desfilar todo lo que P a r k contaba de li- teratge ilustres, poe- tas, criticos france- ses y e x t r a n j e r o s desda 10s Zola, Gon- court, France, Ba- pres, Mendes, e t c . , hasta 10s m&s a m s - tados principiantes, h o y d i a glorioaos como sus mayores, B r i e u x , D o n n a y , Coarteline, W o Iff, Cwlus, para no ha- blar sino de los m&s famosos. i Q U B d5as aquellos de intensa intelectualida d , d e

e n t u s i a s m o s ! E n e s t e cinematdgrafo de la vida artfstica y literaria de Pa- r&, quedaba d e m - plre un pqqueiio gru- PO m l s compacto, m&s unido de fietes y de a m i g o s i n t i - mos, entre 10s cua- les se agitaban, se diecutian todas las cuestiones i n t elec- tuales, se removfan

Retrato (par Monvoisin)

todals las ideas con una pasibn, con una parcialidad, con una i injudticia! verulhderamente admirabiean, puesto que sin eao, sin esta parcialidad, sin este absolutism0 de las ideas en la ju- ventud no se harfa ninguna obra fuerte y genial!

Esa noche, la convereacidn habia llegado & tratar de la pree- minencia de un arte sobre 10s otros, y debo confesar que el mfo, el de la pintura, quedaba muy maltratado por mis com- pafieros, que le tildaban de demasiado objetivo, material, es- trecho de horizontes 6 incapaz de despertar ideas infinitas como la literatura y la poesfa. Yo, naturalmente, d e f e n d h mi andera; pero, solo y contra t a n temibles adversarios, era de ntemano derrotado y aplarztado bajo el peso de m desdBn! Sin embargo, creo que uno de mis argumentos logy6 impre- siojnarlos 6 por lo menos no supieron contestarle nada.

Era el siguiente:

iQuB literatura, que memoria& que hiistoria, les decfa, puede darnos una idea de las Bpocas pasadas como lo hacen 10s cua- dros y 10s retratos pintados en esas Bpocas? La historia, es- crita compulsando loa archivos, acumulando document-, a,

i(c

grabar en nuestros cerebros i m &genes reales, m a t e riales, presentar ante nues- tros ojoe escenas vlvidas, si no tuvi& ramos p a r a ilustrar- las las pinturas de la Bpoca? Y, ade- mbs, h a b l a n d o d e elst a s m e m o r i a s , ;que de contradic- ciones entre las de una misma Bpoca, elscritas sin embar- go por l m testigos oculares d e 10s mis- m o s a comtecimien- tos! Si el autor no tiene talento lite- rario, es mui dificil que lo que escribe puedi. interlesar por la sola relacion de

10s herhos; si, a1 contrario, lo tiene 6

tiene genio, s u per- sonalidad se sobre- pone y ya no tene- mols hechos exactoe

syi n o interpretados y disfrazados pol el genio del autor]: una fortograffa re- tocada, a r ' r e glada, disfrazada.

.

.

El mayor de 10s m e m o r i al'istas, el maestpo: Saint-Si- mon, & pesar de su pretencidn de ser un cronista frfo 6 imparcial, haoe eS- t a l l a r 4 cada mo- mento el n o l d e en que 81 mismo ccee h a bePse encerrado, y rompe l a cadena con que h a atado su pluma. Pasando a1 o t r o e x t r e m o , Dangeau no e s s i n o un redactor de la Vida Social; ni el uno ni el otro nos dan una idea exac- ta, grhfica, completa de su Bpoca, de lo que era la Corte de Luis el Grande, con la intensidad y la rapidez que lo hace una sim- ple visita a1 palacio de Versailles mirando 10s retratos de Le Brun y de Mignard.

iQuiBn perpetda el recuerdo de la Bpoca del esplendor de la Holanda y de 10s paises flamepms, quiBn nos hace t a n familiar, t a n intima, que parece que hemos vivido en ella, & esta sociedad de ricos mercaderes, de opuleiitos y plgcidw burgueses, d e in- teligentes sfndicos, sino 10s ruadros y sobre todo 10s retratos de Rembrandt, de Franz i-Ials, y tambiBn de Gerard h w , de Terburg y de toda la pleyade de 10s pintores de la Bpo

m&s: iquedaria algo de todo este trozo de civilizacibn, fuera de la relaci6n de 10s hechos histdricos en que tom6 parte la casa de Orange, sin estas admirables pinturas?

Y, como contraste violento, atravesando Francia y llegando 6

Espafia, tenemos las obras de Velasquez, de El Greco, d e Ca- rrefio, que ponen ante nuestros ojos la pesada tristeza, e1 tBtrico aspecto, la letal atmesfera de la Corte de Espafia, desde Fslipe

(7)

138 CONVERSACIONES SOBRE ARTE

bi6n l a miseria que roe l a Espaiia enteTa h w t a 10s huesos; l a Espafia que perece del exceso mismo de s u grandeza y de l a desmesurada extension d e su imperio, que la h a despoblado y vaciado de hombres.

i Que documentos, qui! memorias, qu6 comentarioe his@jricw podrfan g r a b a r en nuestro espfritu l a espectral figura de Felipe IV como lo hacen 10s r e t r a t m de Velhsquez, “estos retratos,- “ dice P a u l d e Saint-Victor-pintados por Velasquez bajo todos

‘( s u s aspectos y d d i s t i n t m edades? Que tenga veinte afios, que

“ tenga sesenta, que sea representado e n u n a caceria 6 en l a

g u e r r a , ginete e n un caballo en el campo de batalla 6 de ro-

‘‘

dillas e n

su

oratorio, 61 m u a t r a siempre l a misma m8scara

“ t a c i t u r n a y descolorida, de labio colgando, de ojos sofiolien- “ tos. E s t a mirada vaga q u e se fijaba en t o d a parte, s i n que “ brillara ray0 visual, espantaba ya d s u s contempor8neos..

.

“ P a r a quien conoce l a historia de s u reinado, Felipe IV parece “ desviar l a m i r a d a para no ver el cadaver de Espafia, yaciendo

‘‘

d s u s pi&”. LHabrfa podido Saint-Victor d a r el admirable oolorido 6 s u magistral estudio sobre l a Corte de Espafia de Carloa 11, 8 q u e p e r t e n e c e n l a s Lineas anteriores, si no se hu- biera impregnado del espiritu de las obras de Velasquez, de E l Greco, de ZurbarBn, de He- r m r a el Viejo?

Me parece que n6. Revisando todas las 6pocas de l a historia, veremos que Ins que quedan mas vivas, m8s familiares &

nuelstra imaginacibn, s o n 1 a s que h a n legado mejores r e t r a - tols. E n F r a n c i a s o l a m e n t e , cuando evocamos 10,s reinados de Luis XIV, de Luis XV y de Luis XVI, lo primero que se presenta d n u e s t r q imagiaaci6n es l a serie de las magestuosas y nobles figuras de Le B r u n ; enseguida, l a s d i s t i n g u i d a s , sensuales y vagamente divini- zadas mujereis de Van Loo y de Nattier, y por dltimo con Mme. Vig6e-Lebrun, con Greu- ze, con L a t o u r l a gmcia algo melindrosrl de l a Corte d e M a - - r i a Antonieta. Sin conocer nada de l a historia cl8sica de estas ’distintas Bpocas, estots cuadros bastarfan p a r a haoerla presen- tir y adivinar.

E’s cierto que desde l a mitad del siglo pasado, el descubri- miento d e l a fotografia con s u s progresos t a n rhpidos Y prodigiosos h a s t a 10s cinema- t6grafos actuales, parece haber quit&do 6 l a p i n t u r a este ele- mento de documentaci6n direc- t a y iinica; pero, de todos mo- des, @so no suprtmirfa, sino que, a1 contrario, confirmaria Bp i m p o q a n t i s i m a papel en ebte punto d e vista especial, en todas las Bpocas anteriores.

guas m8s lejos de Europa que a h o r a ; e n que ninguna manifesL taci6n artistica si? habia producido todavfa; en que n i siquiera existia l a idea de que e s t a manifestaci6n pudiera producirse, en- contraba un t e r r e n o completamente vfrgen, donde debfa, en ma- t e r i a artfstica, s e r soberano sefior y maestro. Las n a t u r a l e s per0 Tiagas aspiraciones artisticas de una sociedad reci6n nacida d l a vida de naci6n independiente, per0 de antemano y por SUB orl- genes ya profundamente aulta y refinada, encontraban en l a 11e- gada de a t e artista d e talento, inesperadamente cafdo del cielo del arte, una magnffica ocasi6n de manifestarse y desarrollarse. Monvoisin e r a una especie de Mlesias artfstico del hemisferio auatral.

Con 61 las familias de l a aristocracia chilena tenfan, adem8s, l a ocasi6n de reanudar, en el p a f s nuevo, esta tradici6n de todas las antiguaa aristocracias, l a de d e j a r 8 s u s descendientea los r e t r a t o s de 10s jefes y personajtes principales de cada familia. Monvoisin, tuvo, pues, nada m6s que e n retratos, m8s trabajoa

El Obispo seiior Elizondo ( p o r Monvoisin) El lado p u r a m e n t e a r t i s t i c o

del r e t r a t o , desde el adveni-

casi que 10s que 61 podia ha- cer, y nos h a dejado toda una w r i e de im8genes que, para mi, dicen m8s sobre 10 que e r a l a sociadad que 61 pint6, sobre s u s costumbres patriarcales, Su dignidad un p o c o p o m p o s a , s u s actitudles allgo surann6es

per0 llenas de distinci6n, de pulcritud y del sentimiento del pro,pio decoro, que todo lo que se h a podido 6 se podr% escri- bir sobre elste tema. iY qui5 admirablemente cuadran estos r e t r a t o s con lo que se s a b e de 10s modelos! Dire m8s: jcbmo contribuyen 8 prestigiar, 6. ha- cer todavia m8s r’espetables, completSbnjdolos 8 nuestros ojos, haci6ndoaos ver el paralelismo de s u alspecto fisico con s u as- pecto inbelectual y moral, 8

e s t m hombres de l a Bpoca d e

10s grandes estadistas, de 10s grandes legisladotres, que su- pieron d a r 8 Chile una consti- tucidn t a n sblida, de principios t a n f u e r t e s y honrados, que ella puede servir de modelo no solamente B muchas de sus her’manae de l a America del S u r sinq tambi6n 8 m8s de una nacidn del Viejo Mundo! Que magnifica, que dnica ilus- tracipn de 10s primeros tiem- pos de Chile libre, l a de todos esitos r e t r a t o s de caballeros y de grandes d a m a s que pint6 Monvoisin! E l G o b i e - r n o d e Chile debiera vigilar,, dire m6s aiin, catalogar estos retratoa, para no d e j a r que ninguno 8e perdiera 6 desapareciera, cuan- do por estinci6n de r a m a s d e una familia 6 dispersidn de ~ u s miembros, cualauiera de estols precios o s d o c urn e n t o s vuelva 8 caer en el domini0 pd- blico. Empleo 8 propio inten- t o l a p a l a b r a “documentos” Doraue. si no todas eetas telas miento de l a fotograffa, toma inhs importancia s1 se quiere, ya

que el i n t e r & documentario es menor, per0 sin q u e aste i n t e r & yar’ticula? desaparezca del todo. Porque, LquB fotografia sim- Lolizar8 t o d a una generacipn como lo hace, por ejemplo, e>ste admirable r e t r a t o d e Bertin, celebre financista y hombre pdblico, pintado p o i Ingres, r e t r a t o en el cual el rival del a u t o r , s u enemigo y admirador, Delacroix, el artista genial y el aris- tijcrata refinado,, vefa representada “toda esta burguesia adve-

nediza del reinado de Luis Felipe, que habfa venido 8 s e n t a r

*‘ s u grueso. .

.

( a q u i l a palabra g o r d a ) sobre l a sociedad mo- “ d e r n a ” ? Y a h o r a mismo, e n pleno apogeo de l a fotograffa instanthnea negra y en colores, i q u i 6 n d a r 8 8 las generaciones una idea exacta de l a elegante nevrose, de l a inquieta e & - zacibn fin de sihcle y nouveau sihcle, sino loa Whistles,

ini, Blanche, Sargent y t u t t i q u a n t i ! .

. .

i Y es 8 este arte, deeia 8 mis amigos, que ustedes pepfiochan e l ser poco in- telectual, y a1 que niegan l a facultad de evocari

Eata oonversacibn, esta discuSi6n artfstica, recuerdo ya lejano de u n a noche parisiense, me volvi6 8 l a memoria, cuando “Se- lecta” me hizo el honor de pedirme algunas impresiones sobre el pintor Monvoisin, cuyo nombre y obra se hallan t a n vinculados con t a d a una generacj6n santiaguina: por !as circunstancias mis- mas e n que se encontr6 Monvoisin, BU labor en Chile venia 8

confirmar 8 mis O I ~ O S , de una m a n e r a completa, t o d a s las mal

-hil$anadas ideas Que habfa querido expresar e n esta oonversa-

cign d bktons mompus.

Efeetivamente, Monvoisin, llegando 6 Chile en una epoca en ‘ q u e $a dificultad de las comunicaciones ponia a1 pais 6 mil le-

-

- I

tienen el mismo valor artistico, muy grande e n Varias de la^ que conozco, 8 ninguna lo falta este valer documentario, cuya im- portancia procure demostrar en l a primera p a r t e de a t e estudio. Hablando ya del valer artfstico de lml obras de Monvoisin, se puede d’ecir que, si s u obra en Chile es algo desigual y si no tienen todos sus r e t r a t o s el mismo merita, todos sin embargo de- j a n ver al a r t i s t a de t a l e n t c , muy concienzudo y penetrado de l a dignidad del arte, conocedor de 10s r e c u r s w del oficio y pertene- ciendo, e$ cierto, 6 una escuela que nos parece hoy anticuada y algo amanerada, per0 cuyo estilo e&& admirablemente adecuado

B

las figuras que dej6 r e t r a t a d a s . Por eso, l a apariencia “demo- d6e” de su p i n t u r a choca mucho menos en s u s r e t r a t o s que en s u s cuadros himst6ricos 6 d e ggnero, porque, oonfirmando lo que decfa anteriormente, l a p i n t u r a - q u e d a en armonfa con el mo- delo; y que e s t e elstilo, hoy anticuado, siendo el mismo de todo lo de l a Bpoca del r e t r a t o , contribuye 6 completar b r & I’insu” del

pintor mismo, y, sin que 6ste l o haya pensado y querido, la ca- racterizaci6n de toda una generaci6n.

(8)

CONVERSACIONES SOBRE ARTE 139

cardcter maestro,

Ea

finL k e q i s t a algunoa tambien de mo&a PO Delaroclas: y Ary Scheffer. Tanto eclecticismo debe que me m a r en 10s de Wenter’halter, el pintor de forzosament perjudicar l a personalidad y originalidad del las Cort en la 6poca de Luis Felipe y de Napo- artista: quien vacila entre tantas escuelas, diflcilmente puede

le6u 111. tener un estilo propio y original.

L a m i m a vaciIaciBn en e1 estilo se nota en 10s cuadroa de Sin embargo, Monvoisin acupa

en

la misma Francia un lugar composici6n de Monvoisin, que no6 dan, por eso, la impresiBn de muy honroso entre 1,os artistas d‘e su generacibn, y en America, que san abras d e un espiritu alga incierto, sin grandes convic- particularmente en Chile, t e n d r l - l a gloria de h a k r sido el ver- ciones y sin la voluntad que hace andes maestros, 10s que dzdero in.iciador de las Bellas Artes y de haber dejado una CQ- ae imponen como genios, si no s B sua contemporbneos, lecci6n de retratos que, ademds d e s u merit0 artistico, tendrBn por la mencm d la poaleridad. Sin de la Galeria del Palacio para las generaciones f u t u r k s el inmenso inter& d e perpetuar Consiiio, le vemos pasar del estilo rnbs friamente clBsico, con el recuerdo esplendorwo de la brillante aurora d e u n a estrella el N i h pescadar, d una tentativa netamente rornBntica e n el sobitaria caminando para convertirse e n sol!

gran euadro priental de Mi-Pachai, tocando tarnbiCn, con “Los

%irondino$’, a1 g6nero hist6rico-rombntieq inventado y puesto Richon

BRUNET

352

L o

extraordinario

EN la capilla del Condestable de la ca- tediaI de Burgos hay un enor’me bloque de mBrmal rojo, que no sirvle alll rnbs que de estorbo, a1 que un ingenioso es- critor burgales llamaba I& piedra d e to- que, porque habia observado que 10s fo- rasteroe que visitaban aquella obra in- comparable de1 arte gbtieo florido, cuan- d a eran discretos 6 inteligentes, no repa- raban en el bloque, 6 censuraban que estuviese all& y si e m ignorantes se que- daban ante 61 mucho rnbs admirados que ante todaa las maravillas y primor- que la capilla encierra y atelsora.

Muehas veces l o he recordado: siempre que 10s hechoe han vmenido b eonfirmar mi creencia de que la mayor 6 menor aficidn que 10s hombres muestran por lo extraor- dinario, basta para determinar el grado de su ilustracidn y 10s quilates de su gus- to, pues mientras lo5 rdsticas se agolpan ante las barracas de las ferias p a r a ad- mirar a1 toro de das cabezas 6 B la mujer harbada, Loa verdaderamente distingui- dos y cultos gustan pooo de lo inusitado y peregrino.

Delsde el viajero dmevoto del famoso Cristo que se venera en la catedral cit’a- da, y que a1 volver d e su8 andanzas y correrim le ofrecid 10s tres haevos d e aveatruz que todavla se ven B 10s pies de la imagen, hasta el lugarefio que supone que el Rey h a de ser un hombre diferen- t e de 10s dembs, son innumerablets 10s ejemplos que pudleran citarse para acre- ditar l o que digo.

Lw cocineros de Felipe V solian pre- sentar en su maaa, en d i m de vigilin, pa- vas 5 jamones hcchcrs de salmbn, radaba- 110

6

truchas; 10s cocineros de ahora pro- curan principalmerte que el guiso no des- virttie ni altere el olor, el sabor ni la for- ma del manjar, r o r q u e se van enterando <om0 todo el rnundo-de que casi todas las cosm son bucnas cuando no las echa B perder el condimento.

SiemDre me han aburrido las namacio-

. nets dle aventums maravillosas, y siempre he amado sobre todo lo real y lo huma- no. Hay una navela, universalmente co- n0cid.a: y admirada, en la cual todo es verdad, y, por lo tanto, todo e a berleza: La vida de LSizsro de Twmes. iQu6 cam- bio extrafiq, q!i6 incqmprensible refrac- ci6n sufrirla en la mente de uno de sus

continuadores, para que lo que es en la obra primitiva sencillez, naturalidad y realism’o, se c o n v i e r t a e n a f e c t a c i b n , monatruasidad y delirio, hasta hacer que LBzaro se transforme en atiin y corm e n el rein0 d e 10s atwmes una serie de aven- turas t a n necias coimo i n v e r o s l m i l e s ? i C 6 m o se explica que la misma pluma que escribib el Quijote, Rinconete y Cor-

tdilto, El Iiicenciado Vidriera y tantas

obras en que resplandece la verdad y pal- to y preparado, nada parece nuevo, per0 pita la vida, narrase aquellas increibles y nada est& deteriorado; en armas, correa- extraordinarias aventuras del Persiles, li- jes, plumas, cruces y libreas, brilla la lim- bro que han elogiado rnbs de lo justo mu- pieza d e siempre; alll no se hace eso to- chos cervantistas incondicionales, pero que dols 10s dias, pero todos l w dias podr5a en realidad s610 merece alabanzas por su ha conjunto produce en el dnimo estilo y por haber dado ocasi6n b que un 6n de reposo, de bienestar y aquella dedicatoria incomparable y aquel de

interc%iTfitEZmo prdlogo se e s c r i b i e s e n ? ndudable, y pareec que nadie iCubnto m&s que aquellos paisajed hela- pu adecirlo con razones; sin em- dos, pertenecientes 8 una geografia fan- bargo, 10s hechos se encargan de demos- tbstica, valen el antiguo y cam- t r a r lo contrario.

PO de Montiel, las fragosid spere- Abn se sigue exhibiendo en 10s escapa- zas ge Sierra Marena, las ri Ebro rates de muehas confiterlits, no s610 en

6 la playa de Barcelona? iY cugnto rnbs provincias, sino en Madrid, esm descomu- que aquel caballo, tan estimado d e Cra- n d e s ramilletes, montados sobre u n a ar- tilo coin0 famoso, valen, no ya Rocinante madura d e hoja de lata y coronados por una imagen de San Jot& 6 de la Virgen Diego de Miranda 6 el frisdn de TcrsiJ de 10s Dolores; armatol&es que tienen mu- Esto prueba que hash 10s m& gra cho que pagar y poco que comer, y que

&os mozos d e cuerda conducen procesio- nalmente B s u destino; a d n hay gente que d e l a s obras artlst’ se extasia ante esas esculturaff cuyo ros- de lo inaudito y ndente del asun- tro apareee cubierto con un vela; y quien to, sin0 de 1,a can alaba como maravillas del ingenio huma- que hay e n ellas. no esas novelas escritas sin una de las LMS grandes inventores h a n sido 10s vocales, que s610 prueban la paciencia de capaces de camprender q u e l o que Pare- quien las hiao y la p a c i e n c i a d e q u i e n cia disparatado e r a pmible, y sencillo lo las lee; a d n resulta de actualidad El cas-

que todois erefan- complicado. El baiio de tellano viejo, de Larra, y a d n se ma€gas- Arquimedes 6 la manzana de Newton, no t a n e n apariencia

,

bambolla y aparato, son mas que la realidad, haciendo clue energla, t m b a j o y dinero que podrlan ser- cese la siispensibn producida por la idea vir para algo titil, s i en vez d e disfrazar fija y dando 8 un fendmeno corriente un nuestra miseria con percalina, nos c€eci- yalar general y definitivo. di6semos b ser sinceros y 6 remediar lo

traordinario se hacen, tienen cierta rigi- No ser&, por lo tanto, inoportuno recor- dez que las desvirtiia. Se celebra en un d a r aqul un cuento d e J u a n Aragon&, pueblo la fiesta de su santo Patrono. Los que puede aplicarse no s610 EL 10s que por cofrades que, eomo loa d e m a del pueblo, mal gusto 6 por ignarancia se extasian se han lavado la cara, se han afeitado y ante lo extraordinario, sino tambien B se han puesto camim limpia, andan de aquelltos que tratan de explotarlo e n pro- un lado B otro, con un puro en la boca, vecho propio y en daiio ajeno.

y sin saber qu6 hacer de las manos; las Un hortelano en cuya heredad se eria- muehachas sstrenan trajes de colores chi- ban excelentes rbbanos, sac6 cieTto dla llonas que aiin conservan el apresto, la uno t a n hermmo y t a n grande, que juz- tiesura y el olor del telar, y eubren, sus gando que nadie era digno de cemerlo cabezas, reci6n peinadas, con paiiuelos de mhs que el Rey, a1 Rey se lo ofreci6, el seda aiin no domados por el uso, que se eual, conociendo su sencillez y s u buena ahuecsn eomo la vela de una nave. Lo or- f6, mand6 que le diesen cinco mil escudos. dinario de 10s modales se nota rnbs por Noticiaso de ello otro hortelano, llev6 lo extraordinario del dia. Lo pintoresco tambi6n b palacio u n soberbio m e m h i l l o ; de la vida diaria h a desaparecido entre pero el Rey, comprendiendo su malicia, aquella confiisi&n grotesca y abigarrada dijo a1 mayordomo :

en que chillan 10s colores y 10s sOnicIos -Toma este membrillo, g u b r d a h bien, dwentonan, y en la que hasta la mbsica y trbeme el r l b a n o que te dl B guardar es desagradable y molesta, pues en vez de el otro dla.

tas guitamas 6 las bandurrias, que log Obedeci6 el mayordomo, y el Rey, ddn-

~ O Z O S del pueblo Saben tocar, es una mur- doselo a1 hortelano, le dijo:

ga desafinada y atmnadora la encargada -Toma eate rBbano, que valk m&s que de amenizar la fiesta. t u membrillo, pues puedo jurarte, por mi E n cambio, en las aolemnidades pala- aoroDa real, que me cost6 cinco mil es-

tinas 6 en lm que se celebran en las bue- nas casas particulares, nadie come, nadie

se apresura, todo est& previsto, dispuea- Manuel de SANDOVAL

e verdad human?

Hasta lss cosas buenas, cuando por elr- remediable.

(9)

U n a

hermosa

obra

Durante cuatro diais no tuvo sol ni tie- r r a e n que orientar s u posicibn; el ,oleaje EL Contraalmirante Silva Palma dar& luz e n

pocos dIas m&s, bajo el tItulo de “Crdmi?ris de

la Marina Chilena”, un libiu en el que ha re-

Lopilado gra: parte de 10s interesantes artiau- 10s q w de tiempo atr&s viene publicando en las coluninas de “El Mercurio”, y que ahora 10s

complementa con mngnfficos grabados debidos

B 10s pinceles de 10s artistas Casanova, Suber- caseaux, Foradori y otros, haciendo del libro una verdadera novedad en nuestra litsratura. no ,5610 por s u estilo sencillo, amen0 y pntri6- tico, sino tambien porque en ellos van n a x a - dos episodios hist6ricos y puestos a la vista con 10s bien inspirados pinceles de 10s reconocidos artistas que lo scompafian.

Felicitamos calurosamente a1 Almirante y 01s.- 1% s u pluma siga dando ensefianza s a n a Y Pa- t-riota B la juventud venidera.

A continuacibn publicamos uno de sus ar-

tlculos para que el pliblico, p o ~ esa .mUeStra, juzgue de la importancia del citado libro.

Reruerdos

del bergantin

“meteoro”

E n el dfa, el trBfico de vaporas entre el Viejo Mundo y las costas del Pacific0 por la vfa de Magallanes es muy frecuen- te, de tal manera que el ndmero de pasa- jeros que por allf pasa puede apreciar e n parte las dificultades y peligros que esa dificil navegacidn trae consigo. Tambi6n puede imponerse de las privaciones y Su-

frimientos de 10s marinos que llevan so-

bre sus hombros esa responsabilidad, para poder rematar satisfactoriamente su viaje y llevar 6 buen t6rmino l a nave y la vida del personal confiado B su cuidado.

Pero por mucho que vean loa pasajerols que hacen 888 navegacibn, muy raros son aquellas que afrontan las trasnochadas 6 inclemencias de ewos climas. para formar- se un juicio cabal de las vijilias que tie- nen que soportar esoe hombFes del mar. Basta imaginarse uno de esos vapores de mBs de una cuadra de largo, con un pesado cargamento que lss sumerje el casco en el agua unos ocho metros y que en medio de un temporal se ve precisado B embotellarse dentro del Estrechmo, B pe- sar de las cerrazonm producidas por 1aS neblinas, lluvias y nevadas.

Los capitanes tienen que afrontar y veneer todas esas dificultades; para ellos no hay sueiio, salud, nada que 10s haga abandonar el puente de mando; parece que estuvieran clavados junto B su com- pBs. La nieve 10s entume, y 8 cada plu- milla que punzante lee clava en 10s ojos, en lugar de hac6rselos cerrar para librar- se de ellas, mBs tienen que abrirlos para evitar el peligro.

Saben que est&n rodeados de costa y arrecifes por todos lados; saben que sli

escandallo no alcanza B indicarles el pun- to donde se encuentran, y B pesar de eso tienen que seguir adelante. Si paran su mB- quina, parece que debieran quedar en se- guridad; pero cam0 las corrientes son t a n fuertes, irregulares y variables, el peligro en lugar de desaparlecer aumenta, por- que entonces el buque queda sin control, B merced de ellas y no de la voluntad del capitBn.

La vigilancia d e 10s oficiales y semior las se multiplica por loa puentes y extre- mos del buque. El maquinista, con sn manubrio, est6 listo para ohedecer a1 pri- mer aviso del telegrafo del puente.

Este peligro existe de dla claro, y, por consiguiente, se centuplica con la oscuri- dad de la noche.

El andar se disminuye y se marcha B tientas, procurando reconocer esta punta

6 aquella piedra.

No hay sirenas, no hay campanas que indiquen tal 6 cual peligro; son el nervio y pericia loe que priman sobre la falta de elemento,s auditivos, que en otros paf-

ses se multiplican para facilitar la nave- gaci6n.

E l vigilante de proa percibe entre la bruma, y no B mucha distancia. un obje- to negro; grita avisando a1 capitBn: jtie- rra por la proa! Este, con serenidad, si la tiene, gobierna su buque Zt uno o 5 otro lado, segfin convenga, 6 si no, pbra la mBquina, y atr6s

a

toda fuerza.

(140)

Si esa operacibn se hace en canal an- gosto, entonces muy luego el vigilante de popa es posible que anuncie tieira por la popa. iManeje usted ahora esa enorme mole y sBquela usted con bien!

Corriente, viento, cerrazon, tierra por todos lados, y el buque casi como una boya.

iPobre capitBn! si salva, nadie lo sabe, y segdn 61, ha cumplido con su deber.

i Y sd embarranca sobre una roca y naufraga?

No hay clemencia; se le juzga, se le suspende del mando por inoompetente y quizas hasta se le cancele su patente de capitBn, que le h a colstado tantas aiios de estudioa, trabajos y sufrimientos.

Calma el tiempo, desaparecen esos pe- ligros y feliz sigue su navegaci6n.

Entra B las angosturas, haciendo eses y curvas, pasa barajando con habilidad las puntas y peligros.

Llega la noche, y asf tienen que seguir: 10s c e r r w estBn cubiertos de nieve hasta La playa, 10s cabos y montfculoe que dan B conocer 10s parajes por donde se va, se confunden por el manto blanco que 10s cubre; l a distancia B la tierra no puede apreciarse, como en tiempas ordinarim; la nieve engaiia, produciendo efectos 6p- ticols, que 10s hacen aparecer B veces mBs cerca y B veces m& lejoe.

Todos estoe factores tiene que tomar en cuenta el capitBn para llegar B s u destino. A1 dla siguiente por la mafiana, 10s pasajeros, que durante la noche han es- tad0 confoitablemente abrigados en sus camarotes, suben B cubierta 8 admirar el panorama y B hacer a1 capitan mil pre- guntas sobre esto 6 aquello, y aquel buen lobo, con 10s ojos y el rostro enrojecidos por la nieve y el insolmnio, tiene que ser cort6s y cariiiioso con esos preguntones.

Felizmente, el abalizamiento y alumbra- do de esos parajes, llevado 6 cab0 con te- s6n y empeiio por el personal de la Ar- mada, de dfa en dia va facilitando mBs su navegaci6n.

Sobre todo, con ese famoso faro de pri- mer orden oolocado en uno de 10s peiiones de 10s Evangelistas. Es €an grande su importancia, que pescar en una recalada sus destellos, es como tomar la llave para abrirse la puerta de entrada a1 Estrecho de Magallanes.

La colocacidn de ese faro h a sido una obra monumental, 8 la cual en el pafs no se le h a dado s’u verdadera importancia. Todo su material, de mamposterfa en pie- dra y fierro, h a habido que acumularlo allf B fuerza de un trabajo y constancia improbos, que hace verdadero honor B su constructor, don Jorge Slight, que por es- -patio como de dos afios se llev6 metido en aquella i:ihcrspitalaria regibn, aprove- chando las cortfsimas oportunidades de desembarque, que el oleaje y continuas tormentas impolsibilitan en absoluto su atraque.

E n el puerto Cuarenta DIas, que est6 B doce millas de distancia, se llevaba se-

manas enteras y B veees hasta un mes, en acecho de un recalmdn para trepar como gat0 6 iniriar los trabajos.

La energfa, constancia y voluntad des- plegadas por este britBnico para llevar ft buen teilnino esta obra, merecla que se le hubiese premiado en forma especial, aun- que hubiera sido con documentos que le sirviesen como de m e d a l l a h o n o r f f i c a ; pero, para verguenza nuestra, fu6B o t r m B quienes se les ocurri6 hacer este acto de justicia. El Lloyd de Liverpool hizo B Slight un valiwo obsequio, acompaiiado de una significativa carta.

P a r a hacer ver la importancia de este faro, voy B relatar un hecho que asevera- rB lo que digo.

A1 poco tiempo d e anunciado a1 mundo marftimo el funcionamiento de esa luz. 6

uno de 10s glandes vapores que iba para Europa por esa vfa. frente 6 Chilo6, lo tom6 una serie no interrumpida de tem-

Doraios.

y cerrazbn e l a n muy glandes, el buque ee revolcaba e n un mar de espuma, la tierra debia estar‘ ya cerca; per0 nada ab- solutamente se vela, la noche era muy OS-

cura. El capitln se mueetra inquieto y no

be atreve 8 seguir e n H a s condiciones en busca tieria; una equivocaci6n cual- quiera ia encallarlo, y, en tal caiso,

ni 10s ratones habrfan salvado.

Se estaban dando l a brdenes B la mB- quina y alistando todo para llevar B cab0 la peligrosisima maniobra de atravesar el buque a la mar para ponerse B capear, cuanuo B traves de la e6pesa cerrazbn y no B mucha distancia, un polderoso res- plandor vino B sacar a1 capitgn de su cri- tics situacibn, indicando con s u polsicibn que alli estaba la puerta del EBtrecho.

E l capitan, t a n luego como se cercior6 de que era el faio, no pudo por menos de emclamar: i‘l’hanks, Slight, that you have given us such a light! y llegando B P u n - ta Areuas, s u primera visita fu6 B Mr. Slight, para felicitarlo y darle 1% gracias por s u gran o,bra.

Si ahora que Magallanes est& m&s 6

menoe poblado, que hay un trBfico con- tiiiuo de naves que navegan con sus mB- quinas, que la mayor paite de sus peli- gros estBn abalizados; ahora que hay te- legrafo y toda clase de recursos, la nave- gauidn es siempre dificil y peligrosa, i q u 6

110 serla en aquellos tiempols en que 10s

buques no tenian mas motor que sus ve- las y donde no habfa m l s balizas que las traidoras corrientes y ocultos arrecifels?

i Q u 6 no seiia en aquellos tiempos en que no habfa refugio ni recursos de ninguna especie, y por el contrario,, era menester llevarlos del norte para que de hambre no se muriesen 10s habitant- de la na- ciente colonia?

Los que sabemos lo que es navegar y barajar todos escm peligioe; loa que sa- bemos lo que cuesta soportar B cuerpo hrme la crudeza de aquel riguroso clima para vencerlo, ayudados par la autonomfa y control que d a la mano puesta en el te- legrafo de la mBquina, podemos e n con- ciencia apreciar y admiiar el trabajo de acarreo que 10s atletas del mar llevaron

B cabo en aquella epoca en la flotilla de bergantines de que estaba c o m p u e s t a nuestra ascuadra.

Con seguridad que todas aquellas per- sonas que par necesidad tenlan que em- barcarse en ems buquecitos destinados 6

la navegacibn de las encrucijadas de Ma- gallanes, bien hechw deben haber dejado Bus testamentos antes de la partida.

All& por el aiio 56, el bergantln “Me- teoro”, mandado por el capitan de corbe- ta don J u a n Williams Rebolledo, y lle- vando B s u bordo a1 gobernador de Maga- llanes y s u familia, llegaba B la boca del Estrecho, despues de un rapidfsimo viaje (cinco dfas), en medio de un furioso tem- poral. El capitBn Williams, muy conoce- dor de w a s regiones, imperterrito le te- nia dirigida la proa

a

la tierra que afin no se divisaba.

Atemorizado el gobernador por aque- lla imprudencia, se aperson6 a1 coman- dante dici6ndole que pusifelse proa afuera, y que 61 como gobemador, B cuyas brde- nes venla el buque, Be lo exigfa, puesto que no podia el hacelvse w p o n s a b l e de su vida.

Williams le contest6 que el comandan- te era 61 y respondla del buque y tam- bi6n de la vida propia.

Posteriormente, en Diciembre de 1858, este mismo “Meteoro”, acompafiado del “Pizarro”, comaadados rlespectivamente por 10s rapitanes de corbeta don Martin Aguayo y don Francisco Hudson, zarpa- ban d e Valparafso llevando vfveres para la colonia.

(10)

UNA HERMOSA OBRA

y sialiendo por el este, tratarian d e d a r la vuelta a1 Cab0 de Hornos.

Levan s u s anclas, y nuevamente prin- cipia la lucha; no hay nieve, viento, no- che, nada que 10s detenga; jsiempre ade- lante!

Ya llevan me6 y medio y aiin siguen en l a misma; pero ya han logrado pasar las angosturas y no faltan muchas millas para llegar a1 famosa Cab0 d e Pilar; se ima- ginan que el t6rmino d e esa lucha est2 ya pr6ximo.

EstBn ya frente B Cab0 Tamar, como quien dice en la esquina‘para torcer por 10s canales; y a les parecfa que tenian agarrado el mar Pacific0 para a1 fin ha- cer rumbo firme a1 norte; per0 no con- taban con l a huespeda: se les desencade- na un huracan, vuela con las velas y 10s deja casi B palo seco; para no perder lo ganado B costa de tantcns sacrificiosi, eehan espfas y calabrotes pop la popa para ami- norar l a rapidez con que son arrastrados;

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dias relleiiando l a aguada, embaIcando leiia y alistando el buque para resistir y afrontar ahora 10s temporales del temible Cab0 de las Tormentas, despues d e haber perdido dos meses en lucha iniitil.

A 10s pocos dfas d e salir juntos 10s dos bergantines d e Famin h6cia el oeste, cada uno tom6 por su cuenta y prcbablemeu- te el “Pizarro” debe haber pasado por las mismas peripecias que el “Meteoro”, y anticipBndose e n unos dos dlas B Bste, tom6 tambi6n rumbo del este para dar vuelta a1 Cab0 de Hornos como estaba convenido.

El 2 3 de Febrero el “Meteoro” dej6 s u fondeadero, y saliendo por la boca este del Estrecho, sigui6 rumbo a1 sur.

Aseguraron l a arboladura con jarcias extraordinarias, 10s masteleros d e juane- t e y botal6n de foque, se echaron dentro y trincaron B la rnadera d e respeto; se desguarnieron l a s cadenas y ech6 dentro las anclas; se cerraron las escotillas, de- rano, e n que lois dias son largos, pueden

haceree jornadas largas, y B veces, sin tomar puerto, se puede seguir hbciaaden- tro, favorecidos por la ccrriente.

DespuBs de entregar su cargamento, juntos zarparon d e regreso B Valparaiso. Aqui principl6 l a batalla. Los vientos e n el Estrecho son generalmente de 106 cuadrantes del oeste, y toman B veces tal fuerza, que se transforman e n verdade-

IDS huracanes; no hay vela que resista en su palo, no hay bote que pueda ni pre- tender echarse a1 agua, porque jugaria con 61 como con una pluma; d e la cresta de la$ olas el agua vuela como una neblina, es el agua pulverizada, que en ocasiones llega B cubierta d e loa buques; y Bstos. estando fondeadop, ae tumban como si estuvieran navegando de bolina.

Este es el motor d e que las berganti- nes van B usar para poderse mover.

A1 principio les es un t a n t o favoiable, pueden manejarlo B boliua abierta; pero

cuando el eje del Estrecho principia B des- viarse, all€ tambien principia el manejo de las brazae y el continuo virar por avante dfas t r a dias y nochw tras no- cheis; a h i se ve B l o ~ bergantincitos con su gente d e guardia vira para un lado, vira para el otro; eso ee interminable, y muchas veces lo que se ha ganado en me- dia docena de dias, se pierde en unas cuantas hor’as. B6rrase la cuenta y vamos principiando de nuevo.

A ICs veinte dias, cuando ya habfan franqneado hasta cerca de las angostu- ras, las corrientes y vientos les hacen re- troceder nuevamente y tienen que fondear en Famfn, no B mucha distancia de Pun- ta Arenas.

E n ese fondeadero se dieron un des- canso de dos dfas; l a s tripulaciolnes y ofi- cialas e s t a b m rendidos.

Los comandantes conferencian sobre el resto de la navegaci6n, tomando en con- sideracidn que ya 10s vfveres principian B escasear, y convienen en que si para tal fecha aiin no habfan poldido salir del Es- trecho por el oeste, amollarfan en popa

*

Bergantin “Meteoro”

la primera se corta a1 poco rato, siguien- do el segundo. Felizmente, el hurac&n,.no alcanza 5 m e t e r l a en las ango,sturas; pero en cambio, la calma lo6 deja ahora ft medio canal, sin gobierno por falta d e viento y B merced d e la corriente, que &e 10s chupa hacia el embudo d e las angos- turas. Se busca fondo con el escandallo, para ver si puede largar un anclote y aga- rrarse del f o u d a iCien brazas! ( 2 0 0 yar- das). Imposible, tiempo perdido; sin em- bargo, all& va un anclote con dos espfas; parece que agarra, el buque hace cabeza aprodndose B l a corriente; gusto de po- cos minutoe, se estira como cuerda, y all5 voy, dijo con una fuerte sacudida:

i perdido el anclote!

Viene l a noche, y dBndose vuelta como trompo, sigue y sigue hPcia adentro, arrastrados por l a corriente hasta dejar- 10s prdximos B la isla l e Carlos 111.

Ya agotados y descorazonados. tuvie- ron que doblegarse, y cambiando de rum- bo se dirigieron hacia la boca oriental del Estrecho.

E n San Gregorio permanecieron varios

jando s61d doB bajadas por mangueras d e lona.

E n una palabra, se dej6 el buquecito e n l a s mejores condiciones para resistir

10s temporales y preparado para que las mares que embarcase no llegasen EL las bodegas 16 entrepuentes.

Todas e e t a medidas precautorias no fueron iniitiles, porque a1 segudno dla ya empezaron B batallar.

Por la maiiana, el viento e r a fresco, y aumentando progrwivamente, a1 anoche- cer ya era temporal delshecho que tenfan que capear con l a gavfa en terceros rizos y una cuchilla.

Indtil es decir que Taro era el dfa en que podfan encender 10s fuegos de l a co- cina para tomar un caldo 6 una taza de agua caliente; las ollw s e vaciaban y el fuego se corrfa; no habfa mBs aliment0 que galleta, charqui y cosas secas.

Referencias

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