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Núm. 1 (1996)

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Academic year: 2020

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Estamos especialmente interesados en la publicación de trabajos que ex-tienden el rango de aplicación delpensamiento y las intervenciones relaciona-1es-sistémicas,ya sea enforma deinformes; relatos de formas particulares de práctica; análisis sistérnicos de diferentes situaciones operador-usuario en el trabajo organizacional; comentarios sobre posibles requerimientos particulares en sistemas de características específicas; cuestiones que emergen de las dife-rencias intercultura1es en situaciones concretas terapeuta-paciente, operador-usuario.

Por último, no nos cabe duda de que el éxito de una publicación como ésta depende de la adecuación recíproca de los intereses de sus diversos au-tores, distribuidores, colaboradores y lectores. Con eseespíritu, y conscien-tes deque nunca la elección del nombre de una revista fue menos casual, lan-zamos un mensaje de participación dirigido a quienes, a la vista de todo lo expuesto, sientan que les concierne: ¡¡No nos dejéis solos: REDES es vues-tra! !

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RESUMEN

Perturbaciones mentales graves

y distorsión de la realidad

MAnEoSELVINI Psicólogo

Nuovo Centro per lo Studio della Famiglia (Milán)

El autor de este artículo revé en clave relaciona] elconcepto clásicode idealización reformulado como distorsión dela realidad. La idealizacián dela propia familia de origen y de sí mismos (negación del sufrimiento) por parte delos

padres del paciente psicótico oculta la disfunción (daño) enla relación entre padres ypaciente. La distorsión delarealidad sepropone como concepto puente para

integrar ladimensión individual yfamiliar en laterapia familiar.

ABSTRACT

The A. of this paper reuisits in a relational way the classicalconcept of

idealization, restated as«distorsion ofreality». The parents o/ a psychotic patient' s idealizing their[amily oforigin and themselves (negation ofsuffering)

conceal the disfunction (damage) in the rapport betuieen parents andpatient. Distorsion ofreality is proposed as a bridge-concept to integrate individua! and

relational dimensions infamily tberapy. .

psicoeducación, provocan un efecto estresante, agudizando problemas bio -lógicos ya existentes; en cambio, de los trabajos de Bateson (1956), Lidz (1957) y delos denuestro propio gru-po (Palazzoliet al., 1988), se despren-de que su papel es máscentral, sustan-cialmente etiológico.

El terapeuta familiar debe abor-dar sin duda el estudio en profundidad de los factores relacionales familiares. INTRODUCCIÓN

(2)

8 Este articulo trata de reflexionar sobre uno de los posibles factores de ries-go familiar: ladistorsión (ocultamiento)

de la realidad concerniente sobre todo a las relaciones afectivas esenciales para la supervivencia psíquica del individuo y para su evolución. Un ejemplo típico de tal distorsión lo tenemos en la idea-lización positiva de padres manifiesta-mente inadecuados y dolientes.

El examen de este factor de riesgo se sitúa en elcontexto de una hipóte-sis más general que vincula los facto-res familiafacto-res con las perturbaciones mentales graves en los términos de un proceso trigeneracional de trans-misión del sufrimiento caracterizado por defensas masivas de negación y proyección de tales sufrimientos. Su -ponemos que determinados procesos defensivos adaptativos en la segunda generación (padres) pueden resultar por desgracia deletéreos en la rela-ción con la tercera generación, de la que uno o más miembros manifesta-rán una perturbación mental grave.

LA CULPABILIZACIÓN DEL PACIENTE

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Históricamente, nuestra investiga-ción actual prolonga una larga, aun -que bastante controvertida y con -tradictoria, tradición interpretativa. Si-guiendo entre otros a Bowlby (1989), apelamos explícitamente al Freud an-terior al giro de 1898, más concre -tamente a su teoría de la seducción (trauma real) en la infancia de las pa -cientes histéricas. Esta teoría freudiana puede considerarse punto de partida de un filón de la investigación sobre las perturbaciones mentales que fun-damentalmente arranca de la idea de una falta de competencia de los padres y, por lo tanto, del tema primario del paciente como víctima, aunque no t¡...,

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ciertamente pasiva, de malos tratos psi-cológicos.

A partir de 1898 Freud comenzó a desarrollar el modelo pulsional que, con lahipótesis de los instintos prima-rios de tipo libidinoso yagresivo, con-virtió aquella tesis primaria de alianza con elpaciente en una culpabilización sustancial de éste. El paciente era, en todo caso, víctima de sus propias car-gas instintivas. El papel patogenético de las deficiencias paren tales quedaba así puesto en entredicho y se esfumaba. Tales laconcepción del hombre culpa-ble que Kohut (1981) ha sabido con-traponer genialmente con su concep-ción del hombre trágico.

Un ejemplo emblemático de esta culpabilización del paciente nos lo ofrece el caso Schreber (Schatzman, 1971), F reud atribuye la paranoia de este individuo auna pulsión homose-xuallatente, sin mencionar en ningún momento las prácticas sádicas preten-didamente pedagógicas utilizadas en su día por el padre del paciente. Por otra parte, la culpabilización del pa-ciente, implícita en todo el modelo pulsional y edípico, seha visto prolon-gada sustancialmente en la teoría de Klein (1948-1964), con los conceptos de la envidia ydel lactante cruel.

Existe, pues, una cierta semejanza entre el modelo pulsional y el biológi-co en el hecho de partir de la hipóte-sis de una carencia (defecto o déficit) fundamental estructural del paciente (justamente en términos instintivos, o de vulnerabilidad, o de disfunción or-gánica genético/ cerebral).

EL FILÓN DELAINCOMPETENCIA

DE LOS PADRES

En la historia dela psicoterapia, en especial a partir de los años 50, ha

sido fundamental una línea de investi-gación que apela explícitamente a la idea de una cierta incompetencia pa-terna como causa de la patología de los hijos. Entre los representantes de la terapia individual (y de la perspecti-va diádica) podemos citar a Frieda Fromm Reichmann (1965) (con su fa-moso concepto de la madre

esquizo-frenogénica), Lidz (1957), Bowlby

(1989) (con sus estudios fundamenta-les sobre la interacción madre-hijo), Arieti (1963), Kohut (1981) y, más re-cientemente, Alice Miller (1981).

Las teorías ylas observaciones clíni-cas de estos autores constituyen otras tantas piedras miliares en la investiga-ción sobre las psicosis, aunque por desgracia presenten algunos errores teóricos de fondo. Nos referimos so-bre todo a la epistemología de tipo mecanicista que deja entrever una es-pecie de causalidad directa del tipo <da patología individual de uno o de los dos padres es causa de la patología del hijo».

Este modelo lineal ha sido des-mentido por la práctica clínica, ya que no ha sido capaz de explicar con suficiente claridad dos fenómenos comunes yfundamentales:

1. La presencia en la misma fami-lia de hijos esquizofrénicos y de hijos relativamente sanos.

2. El hecho de que padres aparen-temente normales hayan tenido hijos esquizofrénicos, mientras que padres evidentemente perturbados han teni-do hijos normales.

Arieti y Kohut, por ejemplo, ya ha-bían comprobado en el estudio de pa-cientes narcisistas yfronterizos pato-logías de los padres de tal gravedad que nos obligaban a pensar que, para explicar patologías todavía más

devas-tadoras como la esquizofrenia, era ne-cesario recurrir a otros factores causa-les, además del representado por la patología de los padres.

Históricamente, la investigación sobre la familia recibe un fuerte im-pulso justamente de este callejón sin salida. El grupo de Bateson, en el fa-moso ensayo del56 -paralelamente a las investigaciones del grupo de Wyn-ne (1963)-, defiende la idea de un nexo etiopatogenético entre esquizo-frenia y determinadas modalidades de la comunicación intrafamiliar. La con-cepción triangular de Bowen (1979) y

Haley (1969), según la cual el hijo no reacciona tanto a cada uno de los pa-dres cuanto a la relación que media entre ambos, representa un salto ge-nial. En ella se fundamenta teórica-mente la terapia familiar sistémica, con el paso fundamental del modelo lineal almodelo circular.

LA CRISIS DE LA INVESTIGACIÓN FAMILIARSOBRE LA ESQUIZOFRENIA

Es un hecho histórico que las ' in-vestigaciones perdieron vitalidad en el filón familiar «etiológico», Todas las publicaciones más significativas pertenecen al período que va de 1950 a 1960. La terapia familiar tiende su-cesivamente a distanciarse de la in-vestigación sobre la esquizofrenia. De hecho, sus mentores principales, renegando de su pasado, empezaron a teorizar sobre el rechazo del diag-nóstico como punto de partida y fon-deadero de la terapia. Haley, por ejemplo, sostendrá que «el lenguaje clínico es el del diagnóstico, y tallen-guaje no sólo es irrelevante para la te-rapia sino que termina inhibiendo el pensamiento del terapeuta» (1987, pág. 25).

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La terapia familiar se convierte en una especie de antipsiquiatría, enton

-cesenboga. Es la fasedelencontrona

-zo frontal (desafortunadamente, más

ideológico que científico) con el psi

-coanálisis ylapsiquiatría tradicional.

Por desgracia, se trató de una batalla

en buena parte perdida, incluso ani

-velinstitucional.

Dentro deesteúltimo período his

-tórico, el grupo dirigido por Mara Sel

-vini Palazzoli publicó, en 1975, con

Paradosso e controparadosso, una e

x-perimentación sobre la terapia fami

-liarde lospsicóticos; dicho trabajo se

mantiene dentro del campo espec

ífi-camente clínico y en la óptica de la

investigación. Sin embargo, ese libro

testimonia también unaprofunda cri

-sis,tal vez emblemática, delasdificul

-tades por que atraviesa el conjunto del movimiento dela terapia familiar como movimiento científico dei

nves-tigación acerca del proceso familiar

que conduce al síntoma.

La dificultad de fondo reside de

hecho en la elaboración de hipótesis

relacionales que expliquen adecuada

y convincentemente la aparición de

perturbaciones psíquicas graves en

unmiembro de la última generación.

Enel libro citado, las hipótesis clín

i-co-etiológicas son de hecho muy va

-gas: continúan ancladas alfilón sisté

-mico que prescribe mantenerse en el

aquí y ahora, más bien que reconstruir

unproceso. Alo único que sellegaes a

una reelaboración delasya por enton

-cesestériles hipótesis comunicaciona

-listas (M.Selvini, 1985) (laparadoja),

ala vieja ideadel tabú dedefinir la r

e-lación, al oscuro concepto de bybris.

En realidad, parece que, frente a una

dificultad dramática de comprender y

explicar, el equipo de Paradosso e

con-troparadosso se estuviese deslizando

haciaunenfoque de tipo pragmá

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estratégico, asaber, hacia la búsqueda

de técnicas para cambiar las familias,

incluso sin comprender el funciona

-miento de estasúltimas.

A nivel de comprensión/explica -ción conserva, sin embargo, su utili

-dad clínica fundamental el concepto

haleyano de involucración delhijo en

el conflicto de lapareja parental; di.. cho concepto seráreelaborado sucesi..

vamente en nuestra investigación clí -nica enel concepto de pareja en tablas

(stallo di coppia) (Palazzoli etal., 1988).

La lógica clínico-teórica era del si-guiente estilo: a diversos tipos de in -volucración deloshijos corresponden

diversos tipos de patología. Sin

em-bargo, lashipótesis explicativas al res-pecto continuaban siendo demasiado vagas y genéricas. Podemos señalar cuatro límites defondo:

1. La excesiva importancia atribui -da a lavariable «relación de pareja».

Esto, por una parte, llevaba a infrav

a-lorar el posible daño que,

experimen-tado por cadauno delos padres en la

propia familiadeorigen, era transmi -tido inconscientemente por el intere -sado al hijo.Por otra parte, esto com

-portaba el riesgo de dar por sentado

una especie de fenómeno causal de

tipo mágico, en el sentido de que la

pareja entablas, descrita en susaspe

c-tos desagradables y malévolos pero no ilustrada en cuanto a sus dolorosos

móviles,quedaba concretizada en una

especie de entidad perversa con una

fascinación perniciosa.

2. El holismo sistémico, que imp

e-día el reconocimiento dela diversidad

de cada uno delos miembros dela

fa-milia. De hecho, las hipótesis explica -tivas tendían aun «colectivismo» g e-nérico: el mito familiar, lahomeostasis rígida, las reglas disfuncionales, et cé-tera.

3. El neutralismo circular, en vir

-tud del cual secontinuaba poniendo

sobre el mismo plano tanto la

in-fluencia de los padres sobre los hijos

como la influencia de los hijos sobre

los padres. Éstos eran responsables

de haber involucrado al hijo en sus

problemas, mientras que a su vez el

hijo se había mostrado «estúpido» al

dejarse involucrar (Palazzoli et al.,

1988. El neutralismo llevaba además

a la incomprensión de las diferencias

de poder y de género en la familia,

sobre todo ala falta de atención

acer-ca de los efectos negativos de las

vio-lencias y sujeciones que continúa

imponiendo a la mujer la estructura

sociocultural de la familia cont

empo-ránea.

4. El dogma del aquí yahora, que

impedía comprender el síntoma en

términos evolutivos como desenlace

de un proceso relacional disfuncional

que sedesarrolla en el tiempo.

bién al paso del concepto de sistema a lametáfora del juego, que concilia el conjunto del juego con lasjugadas s e-cuenciales de cada uno de losjuga

do-res).Con los conceptos deinstigación

ysobre todo de enredo, secomienza a

abandonar (aunque le costarálo suyo

morir) el viejo neutralismo circular.

Se desarrolla un enfoque basado en la

alianza con el paciente, inspirado al principio en sentimientos demasiado claramente contrarios a los padres. Por este motivo, muchos criticarán ásperamente el uso, aunque sólo sea dentro de la jerga del equipo, de ex -presiones como dirty games (juegos sucios) o brazen líes (mentiras

desca-radas) aplicadas a las modalidades re

-lacionales características de los padres de los psicóticos.

Todavía se debe contar, sin em

-bargo, con otro límitede fondo: lare

-construcción del proceso evolutivo

familiar tiene como punto de partida la pareja en tablas, más bien que las características específicas de la evo

-lución del paciente desde la primera

infancia.

LA DISTORSIÓN DE LA REALIDAD:

UN GIRO C¡jNICO-TEÓRICO

A partir de 1987-1988, casi coinc i-diendo con elenvío al editor del ma -nuscrito de 1 giochi psicotici nella[am

i-glia, el nuevo equipo deMara Selvini

Palazzoli empieza aabandonar el e

n-foque pragmático-estratégico de tera -pia breve (a saber, el uso sistemático de la prescripción invariable) para dar

-le a la terapia un método complet

a-mente nuevo: una alianza en primer

lugar con el paciente, pero también

con las demás personas de la familia,

para comprender juntos cómo un su

-frimiento relacional en la segunda

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:il NUESTRA TENTATIVA DE RELANZAR

LA INVESTIGACIÓN RELACIONAL

En 1985, Mara Selvini Palazzoli

pone enmarcha la tentativa de relan

-zar una investigación sobre la pato

-génesis relacional de las psicosis. Lo

hace con la conferencia (más tarde

convertida en artículo) en que

pro-pone «un modelo general de los ju

e-gos psicóticos en la familia» («Verso

un modello generale dei giochi psico

-tici nella famiglia») (Palazzoli, 1986).

Es un paso fundamental porque,

con la formulación de un modelo

evolutivo en seis estadios, se aban

do-na el enfoque basado en el «aquí y

ahora», para adoptar una perspectiva

diacrónica de tipo procesal. Conter

n-poráneamente, se produce el desc

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La terapia familiar se convierte en

una especie de antipsiquiatría, enton

-ces en boga. Eslafase del encontrona

-zo frontal (desafortunadamente, más

ideológico que científico) con el psi

-coanálisis y ia psiquiatría tradicional.

Por desgracia, se trató de una batalla

en buena parte perdida, incluso an

i-vel institucional.

Dentro de este último período

his-tórico, elgrupo dirigido por Mara Sel

-vini Palazzoli publicó, en 1975, con

Paradosso e controparadosso, una ex

-perimentación sobre la terapia fam

i-liarde lospsicóticos; dicho trabajo se

mantiene dentro del campo especí

fi-camente clínico y en la óptica de la

investigación. Sinembargo, ese libro

testimonia también una profunda cri

-sis, tal vezemblemática, de las dificul

-tades por que atraviesa el conjunto

del movimiento dela terapia familiar

como movimiento científico deinves

-tigación acerca del proceso familiar

que conduce al síntoma.

La dificultad de fondo reside de

hecho en la elaboración de hipótesis

relacionales que expliquen adecuada

y convincentemente la aparición de

perturbaciones psíquicas graves en

un miembro de la última generación.

En ellibro citado, las hipótesis

clíni-co-etiológicas son de hecho muy va

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una reelaboración de las ya por ento

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(stallo di coppia) (Palazzoli etal., 1988).

La lógica clínico-teórica era del si

-guiente estilo: a diversos tipos de

in-volucración deloshijos corresponden

diversos tipos de patología. Sin em

-bargo, lashipótesis explicativas alre

s-pecto continuaban siendo demasiado

vagas y genéricas. Podemos señalar

cuatro límites de fondo:

1. La excesivaimportancia atri

bui-da ala variable «relación de pareja».

Esto, por una parte, llevaba a infrava

-lorar el posible daño que, experi

men-tado por cada uno delos padres en la

propia familia deorigen, era transmi

-tido inconscientemente por elintere

-sado al hijo. Por otra parte, esto com

-portaba el riesgo de dar por sentado

una especie de fenómeno causal de

tipo mágico, en el sentido de que la

pareja en tablas, descrita en sus as

pec-tosdesagradables y malévolospero no

ilustrada en cuanto a sus dolorosos

móviles,quedaba concretizada en una

especie de entidad perversa con una

fascinación perniciosa.

2. Elholismo sistémico,que im

pe-día el reconocimiento deladiversidad

de cadauno delos miembros de la fa

-milia.De hecho, lashipótesis explic

a-tivas tendían a un «colectivismo» ge

-nérico: el mito familiar,la homeostasis

rígida, las reglas disfundonales,

etcé-tera.

3. El neutralismo circular, en vir

-tud del cual se continuaba poniendo

sobre el mismo plano tanto la

in-fluencia de los padres sobre los hijos

como la influencia de los hijos sobre

los padres. Éstos eran responsables

de haber involucrado al hijo en sus

problemas, mientras que a.su vez el

hijo se había mostrado «estúpido» al

dejarse involucrar (Palazzoli et al.,

1988. El neutralismo llevaba además

a la incomprensión de las diferencias

de poder y de género en la familia,

sobre todo a lafalta deatención acer

-ca de los efectos negativos de las

vio-lencias y sujeciones que continúa

imponiendo a la mujer la estructura

sociocultural dela familia cont

empo-ránea.

4. El dogma del aquí yahora, que

impedía comprender el síntoma en

términos evolutivos como desenlace

de un proceso relacional disfuncional

que se desarrolla en el tiempo.

NUESTRA TENTATIVA DE RELANZAR

LAINVESTIGACIÓN RELACIONAL

En 1985, Mara Selvini Palazzoli

pone en marcha latentativa de

relan-zar una investigación sobre la

pato-génesis relacional de las psicosis. Lo

hace con la conferencia (más tarde

convertida en artículo) en que

pro-pone «un modelo general de los jue

-gos psicóticos en lafamilia» («Verso

unmodello generale dei giochi psico

-ticinella famiglia») (Palazzoli, 1986).

Es un paso fundamental porque,

con la formulación de un modelo

evolutivo en seis estadios, se

abando-na el enfoque basado en el «aquí y

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diacrónica de tipo procesal. Con

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la metáfora del juego, que concilia el

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ysobre todo deenredo, se comienza a

abandonar (aunque lecostará lo suyo

morir) el viejo neutralismo circular.

Se desarrolla un enfoque basado en la

alianza con el paciente, inspirado al

principio en sentimientos demasiado

claramente contrarios a los padres.

Por este motivo, muchos criticarán

ásperamente el uso, aunque sólo sea

dentro de la jerga del equipo, de

ex-presiones como dirty games (juegos

sucios) o brazen lies (mentiras

desca-radas) aplicadas a las modalidades re

-lacionales características de lospadres

delos psicóticos.

Todavía se debe contar, sin

em-bargo, con otro límite de fondo: la re

-construcción del proceso evolutivo

familiar tiene como punto de partida

la pareja en tablas, más bien que las

características específicas de la evo

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infancia.

LA DISTORSIÓN DELA REALIDAD:

UN GIRO CdNICO-TEÓRICO

A partir de 1987-1988, casicoinci

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neracion ha producido involuntaria-mente un sufrimiento todavía mayor y,

psiquiátricamente evidente en la terce

-ra (M.Selvini, 1991).

Sólo desde hace algunos años,y sin duda también por influjo de los escri

-tos deAlice Miller (1981),ha empeza

-do a adquirir un peso decisivo, desde

el punto de vista clínico-teórico, la

ob-servación del fenómeno recurrente de la idealización delos padres por parte del hijo. En una serie de casos, la

alianza del terapeuta con el paciente ha ayudado a éste arebelarse, de ma

-nera sana,contra padres anteriormen-teidealizados. El cuestionamiento de tales padres, su depresión

constructi-va" ('~con esta expresión nos

referi-mos a la adquisición de la capacidad deauto criticarse ydecomunicar, a los otrosyal hijo paciente, la propia

auto-crítica, no sólo de manera verbal o

formal, sino también decidiendo y,

por consiguiente, cambiando el pro-pio comportamiento emotivo), parece ir acompañado de excelentes progre-sos terapéuticos del paciente.

Con impresionante frecuencia y

claridad emerge una característica de los padres de estos muchachos grav

e-mente perturbados: su negación de importantes sufrimientos personales y depareja.

Tal es el caso, por ejemplo, del padre de Antonio, un hebefrénico

grave de veintitrés años, el cual se presenta como hombre sólido yequi-librado, columna que sostiene una familia desastrada, en la que incluso

la esposa es una deprimida psicótica.

Se desenmascara un secreto familiar (secreto solamente para Antonio) concerniente al suicidio del padre,

acto preparado minuciosamente y llevado a cabo, unos veinte años an-tes, lanzándose alvacío con el coche.

El padre sobrevivió milagrosamente,

con heridas gravísimas. Los signos del sufrimiento psíquico negado por el padre emergen con toda claridad en la sesión de terapia. A pesar de

todo, él continúa negando cualquier nexo entre su suicidio y un sufri

-miento intolerable (iabandonaba de-jando embarazada ala mujer, y con Antonio, de apenas un año!). Terca y absurdamente, explicaba el int eresa-do su acción invocando únicamente la dificultad de pagar ciertas deudas. Por su parte, su mujer, refiriéndose alperíodo en que el esposo había me-ditado ydespués llevado acabo el in-tento de suicidio, afirmaba no haber notado, intuido ni presagiado nada del trágico estado de ánimo del con-sorte. «Amí me parecía contento ...»,

repetía candorosamente. Y añadía que aquélla había sido para ella

mis-ma la época más feliz de su vida. El bloqueo afectivo de estos pa-dres, centrado en la negación de su sufrimiento relacional, es,pues, real

-mente masivo y de tal naturaleza que

puede generar verdadera

y

propia

distorsión de la realidad. Y, en cual

-quier caso, lo quepara elpadre es un remedio parcial (represión del ma l-estar) se convierte en un poderoso engaño para el hijo: Antonio cree po

-der confiar plenamente en un padre

amante y seguro; en cambio, es inc

a-paz de vedo como un ser profunda

-mente débil, atormentado y lastrado por terribles rencores. El autoengaño del padre se convierte en un lío afe cti-vo para el hijo.

El concepto dedistorsión de la rea-lidad puede así ayudamos a supe-rar aquel callejón sin salida a que se vieron abocados Fromm-Reichmann, Arieti y otros investigadores: en el

proceso familiar no cuenta sólola pa-tología del progenitor, sino también

el ocultamiento del sufrimiento.

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se, por ejemplo, un caso expuesto por Arieti en su libro Interpretaz

io-ne della scbizofrenia (1963). En tér-minos narrativas describe este autor un caso de esquizofrenia que le contó un neurótico, hermano del paciente, al que él trataba. Se extiende

amplia-mente sobre la patología sádica del padre, que se desfogaba

especialmen-te sobre los hijos. Y como por

casua-lidad, de paso, Arieti refiere que su

paciente había sabido en fecha relati -vamente temprana que su padre, a

quien la familia había mitificado como

un héroe de la resistencia antinazi, ha -bía sido en realidad un pobre embos-cado. En cambio, el her- mano esqui -zofrénico, que jamás había estado al

corriente de estos hechos, había v

ivi-do con la perturbadora idea de un

padre grandioso.

LA DISTORSIÓN NO ES LA CAUSA

DELAS PERTURBACIONES MENTALES

Los secretos familiares que

exclu-yen al paciente, incluso los part

icu-larmente «tóxicos», no pueden ser en

sí mismos la causa delas perturbacio

-nes mentales. El secreto familiar sólo

es un síntoma relacional muy

impor-tante. Del tema de los «secretos» me

ocuparé en un artículo posterior, que

ahora estoy preparando. Ni siquiera

la distorsión puede ser, en sí misma,

un factor causal en las psicosis.

Perso-nalmente la definiría más bien como

un factor potencial de riesgo

psicó-tico. Todos han tenido experiencias,

incluso enun contexto no clínico, de

hijos que manifiestan una visión

alta-mente idealizada, o en cualquier caso

desfigurada, de los propios padres,

pero que sin embargo no son de

he-chopsicóticos.

Hemos de ser capaces de adquirir

unavisión compleja y multifactorial de los mismos factores relacionales fami

-liares. La presencia simultánea de va

-riosfactores de riesgo parece constituir

un rasgo esencial. Todavía hemos de

señalar dos factores de tipo familiar:

1. Una deformación global delc

ur-so evolutivo a partir de las basilares relaciones de apego. El paciente ter

-mina encontrándose así, dentro del proceso familiar, en una posición di-fícil o traumática, en la que se ven

frustradas necesidades psicológicas fundamentales. Como ejemplo, podría-mos citar aquí la destructividad del padre, como en el caso Schreber, o como en el caso -que veremos más

adelante- de Franco (Selvini,1992), enel queel padre ataca al hijo movido por una rivalidad inconsciente por la posesión de la madre. En este factor de riesgo podemos incluir todas las posibles disfuncionalidades parenta-les: negligencia, abuso, explotación, etcétera.

2. La intensidad emotiva de tales

procesos relacionales y, por lo mismo,

su destructividad, es muy elevada. Volviendo al ejemplo de la rivalidad padre-hijo, es evidente la universali

-dad de esa dinámica. Para que resulte peligrosa es necesario que asuma una forma intensificada, que sobrepone

claramente el apego positivo -y to-davía más fisiológico y universal-que une al padre y alhijo.

En nuestra investigación clínica, un indicio cuantitativo y lineal que apoya este factor de riesgo podría ofrecérnoslo una comparación de la preponderancia de las perturbacio-nes psíquicas graves en los proge-nitores de los esquizofrénicos con referencia a los progenitores de las anoréxicas o anoréxicas/bulímicas. De hecho, esta preponderancia es tres o

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cuatro veces superior entre los proge-nitores de los esquizofrénicos.

Diversas investigaciones han de-mostrado ampliamente (Fava Vizziello

etal., 1991) que muchos progenitores que sufren perturbaciones mentales importantes tienen hijos que no mues-tran perturbaciones serias. Esto con-firma la inutilidad de las tentativas de aislar un único factor de riesgo. De he-cho, en nuestra opinión es posible so-brevivir psicológicamente a situacio-nes muy negativas desde el punto de

vista de la traumaticidad de las re lacio-nes y de la intensidad emotiva de éstas precisamente cuando simultáneamen-te no aparece el otro factor de riesgo del que tratamos aquí: la distorsión de la realidad. Si el trauma le resulta claro al paciente, si importantes «tes-timonios afectivo s» le han mantenido debidamente abiertos los ojos, nin-gún malestar inevitable adquirirá en él dimensiones psicóticas.

Este discurso nos conduce a un ul-terior factor de riesgo, específico y ex-trafamiliar: la presencia simultánea de las tres variables familiares citadas (traumaticidad, intensidad y distor-sión) puede no producir fenómenos psicóticos en ausencia de un ulterior factor de estrés externo a la familia (un

fracaso escolar o laboral, una crisis sentimental, etcétera). Un apoyo afec-tivo,oal menos una confirmación de valor, externa a la familia nuclear, puede compensar lasituación y preve-nir la descompensación psicótica; o, recíprocamente, dar lugar a una rea-parición, al menos parcial, de la sinto-matología, aunque todas las variables familiares permanezcan idénticas. El acontecimiento que produce el estrés, además de ser la gota clásica que ha-cer rebosar el vaso, puede obligar a un hijo a enfrentarse con la eventual dis-percepción de sus padres.

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Tales hipótesis familiares multifac-toriales parecen confirmadas también por el hecho comprobado de cómo diferentes grupos de hermanos pue

-den compartir las mismas ilusiones idealizadoras con respecto a sus pro-genitores y,no obstante, presentar pa-tologías completamente diferentes en su gravedad. Este hecho lo podremos explicar reconstruyendo las demás va-riables, de tipo familiar y no familiar.

Los PROCESOS DE DISTORSIÓN:

ESQUEMA EN CINCO NIVELES

Más allá del hecho de que los proce-sos de distorsión no son en sí mismos la causa de las psicosis, nos parece inte-resante analizarlos en profundidad.

Como ya se ha dicho antes, el con-cepto de distorsión procede de una generalización del concepto de idea-lización. Este último es un concepto psicodinámico clásico,puesto de nue-vo en primer plano por Alice Miller.

Esta investigadora, en efecto, traduce el concepto de idealización en senti-do relacional, yensenti-do así más allá de la acepción tradicional intrapsíquica de tipo kleiniano.

De hecho, para Klein la idealiza

-ción es un mecanismo de defensa que utiliza el paciente para mantener a raya sus instintos agresivos frente al objeto. Por nuestra parte, no quere

-mos negar este aspecto, a saber, la necesidad del paciente de salvar a los propios progenitores; pero, con Mi

-ller, nos gustaría subrayar la vertiente relacional: el paciente se ve objetiva

-'mente sumido en la confusión por parte de progenitores que se idealizan (o, si queremos, se mitifican) y, ocul-tándose en primer lugar a sí mismos el propio sufrimiento, ocultan también las consecuencias de semejante

ma-lestar en la relación diádica con el hijo.Así, en la madre de una

anoréxi-ea (de tipo A) (Palazzoli et al., págs.

189-191) la negación del sufrimiento por haber permanecido siempre es-clavizada a merced de las necesida-des afectivas del cónyuge le impide percibir su propia ausencia,e indis-ponibilidad en la relación con la hija.

Así, pues, por idealización entende

-mos aquella visión deuno mismo o de los demás que es uniforme yexagera

-damente positiva, sin conciencia algu-na de defecto y, por lo tanto, sin nin-guna capacidad crítica (o autocrítica), en forma de reproche o deironía y hu-mor. Los fenómenos de este tipo nos habían impresionado mucho, tanto en nuestros pacientes como en sus pa-dres. Piénsese, por ejemplo, en el au

-téntico desconcierto o en la aparente sordera total de muchos

esquizofréni-cos frente a nuestro esfuerzo por escla-recer comportamientos inaceptables de sus progenitores. Se trata de una

especie de auténtico bloqueo del pen

-samiento en sujetos que, en otras cir

-cunstancias, parecían dotados de ca

-pacidades intelectuales normales o incluso notables. Pero también nos ha-bían impresionado algunos fenóme

-nos, más raros en nuestra casuística y aparentemente opuestos, de airado desprecio de los pacientes psicóticos con respecto a sus progenitores. De to

-dos mo-dos, estas críticas parecían ideo-lógicas, o absurdas (del tipo «me das asco, como todos los cristianos», diri-gida a una madre por lo demás escasa

-mente practicante).

En última instancia, comprobar la existencia de pacientes que oscila-ban rápidamente entre la

demoniza-ción de los progenitores y la ideali

-zación opuesta, nos ayudó a integrar tales fenómenos bajo el denominador común de la distorsión, es decir, de la

incapacidad de una percepción cog-nitiva y afectiva verosímil y no este-reotipada de sí mismos y de las fi-guras relacionales más significativas. Empezamos así a preguntamos si

es-tos fenómenos de idealización o dis-torsión eran episodios aislados o una constante recurrente observable en todos los casos de perturbación psí-quica grave. Tal fue el punto depar -tida de nuestra investigación.

El requisito es el de un contexto de psicoterapia en el que toda la fa-milia es objeto de una atención inten-sa y prolongada. De hecho, se tra-ta de comprobar cómo los diversos

miembros de la familia se presentan a símismos y sus principales relaciones

familiares al empezar la consulta

psi-coterapéutica, para luego comparar-lo con cuanto emerge, con el paso del tiempo, a través de un proceso tera

-péutico que implica a toda la familia. El presupuesto de un trabajo de

este tipo es que el investigador debe guardarse muy bien de caer en una estúpida indignación por la aparente insinceridad de las familias.Éstas nos «mienten» a nosotros de la misma manera que se mienten a sí mismas.

Naturalmente, no incluimos aquí los casos de falsa motivación o de envío bajo coacción y,por lo tanto, de men-tira deliberada.

Emprendimos así una observación sistemática (Cambiaso et al., 1993; Cutrufello, 1991-1992), que nos ha conducido a una primera esquemati-zación. Los fenómenos de la distor-sión pueden observarse y describirse en cinco niveles diferentes.

Primer nivel: la distorsión relativa a

cómo consideran los progenitores a las propias familias de origen

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Los fenómenos repetitivos de este

tipo que nos han impresionado pode

-mos esquematizados en dos categorías:

1. La idealización total de

situa-ciones de grave malestar oincluso de

malos tratos.

La madre de Sandra, una anoréxi-ca en situación de extrema gravedad, nos habla en las primeras sesiones de su propia madre con gran

admira-ción. Fue su madre la que se encargó

de la crianza de sus hijas, por tener

ella que atender el negocio del mar

i-do. La hija, que ahora recibía

trata-miento psicoterapéutico, había

inclu-so crecido hasta los seis años en casa

de la abuela, a la cual se sentía fuerte

-mente unida. Sólo después de un año

deterapia ineficaz, esta madre estuvo

en condiciones de comunicarnos al

-gunos recuerdos increíbles. Su

ma-dre, que había quedado embarazada

de ella antes de contraer matrimonio

con un hombre que la hacía infeliz,

tras las peleas que periódicamente

mantenía con él,la había arrastrado a

veces, ala edad de 7-8 años, hasta un

rincón oscuro de lacasa, donde,

po-niendo en sus manos un gran

cuchi-llo, la incitaba a que la matase. «¡Es

todo culpa tuya!» -le gritaba. «¡Tu

nacimiento ha supuesto mi ruina!» La evocación de estos hechos nos

permitió comprender que la aparen

-te generosidad de esta abuela hacia

su hija representaba en realidad una

difícil tentativa de redención y

repa-ración de una maternidad

trágica-mente fracasada. Tal tentativa de

re-paración terminó, sin embargo, en

un nuevo fracaso: tras el que había

tenido con su hija, la historia se repi

-tió trágicamente con su nieta.

2. Un segundo fenómeno que nos

impresiona es la negación del sufri

-miento y de lasinevitables distorsio

-nesde laevolución normal de niños y

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adolescentes provocadas por las dra-máticas condiciones familiares.

En sus Principi di psicoterapia (1965)

escribió F. Fromm Reichmann (re

-firiéndose a sus pacientes, aunque

creemos que sus palabras son perfec-tamente aplicables a la generación

an-terior): «A menudo no son los hechos

y los acontecimientos reales de su

vida anterior lo que olvidan los pa-cientes, sino más bien las reacciones

emotivas concomitantes o derivadas

de ellos» (pág. 94). «En el curso de la vida de los pacientes, algunas

ex-periencias demasiado dolorosas, o

que al recordadas suscitarían

excesi-vas ansiedades, se han visto disocia

-das o reprimi-das, de forma que ha sido imposible integrarlas. Represión

o disociación no significan, sin

em-bargo, la desaparición de este mate

-rial, sino únicamente que se evita su recuerdo.»

El padre de Paolo, un

esquizofré-nico cróesquizofré-nico grave; recuerda ciertas

extravagancias de su madre, que en realidad habían sido manifestaciones

de una psicosis postpuerperal, pero

que élinterpreta siempre en sentido

positivo para él.Experiencias que le

han divertido y han avivado su creati-vidad. En otros casos, los hijos de pa-dres alcohólicos y responsables de in-fligir malos tratos se presentan como reforzados o indiferentes (invulnera-bles) frente a ciertas vicisitudes in-fantiles dramáticas.

Segundo nivel: la distorsión de sí mis

-mos por parte de los padres

1. Como persona. De este caso ya

hemos hablado. El padre de Antonio

se presenta como un contrafuerte,

como la única persona digna de

aten-ción y válida en una familia desast

ra-da: la madre de Antonio es una de

-presiva crónica psiquiatrizada; la tía

paterna es una ex esquizofrénica

re-cogida en un hospital psiquiátrico; la hermana de Antonio es inmadura e infan tilizada.

Como ya hemos señalado, después de algunas sesiones familiares insatis-factorias, otra tía paterna nos informó por teléfono de cómo su hermano, cuando Antonio era muy pequeño y

la esposa había quedado nuevamente

embarazada, había programado

mi-nuciosamente el suicidio y con poste

-rioridad se había arrojado con el

co-che por un barranco, acción suicida

de la que se salvó de puro milagro, sin

haber aducido jamás una razón

creí-ble de aquel gesto.

2. Como miembro de una pareja conyugal. Los padres de Franco, un psicótico crónico grave con tenden-cias suicidas, se presentan como una pareja excepcional por la intensidad y creatividad de su relación. Pero, curio-samente, resulta que, desde siempre, el padre había mantenido numerosas y

largas relaciones extraconyugales que

habían pasado totalmente

desaperci-bidas a la esposa.

3. Como progenitor. La madre de

Cada, una joven de veintitrés años con secuelas de una grave psicosis in-fantil, se presenta como una madre

abnegada y plenamente dedicada a

su tarea. Sólo después de dos años de

tratamiento será capaz de confesar

ciertos malos tratos despiadados y

sá-dicos infligidos por ella misma a su

hijita; a veces conseguía evitar estas

acciones hirviendo vivos en secreto

pequeños animales (ratones,

coba-yas),cuyos chillidos aplacaban su

fu-ror angustioso.

Lo verdaderamente notable de

estos fenómenos de distorsión es la

triple faceta del engaño (frente al

hijo), del autoengaño (del

progeni-tor hacia sí mismo) y de colusión en

el engaño/ autoengaño por parte del

cónyuge.

¿Por qué la madre de Antonio no desenmascara la fachada de perfec-ción del marido (a quien, por otra parte, parece odiar)?

¿Cómo ha podido la madre de

Franco dejar de percibir los indicios de la doble vida del marido?

Por lo que al padre de Carla se re

-fiere, quedó claro que él había

pre-senciado a veces los actos de sadismo infligidos por su esposa a la niña.

¿Por qué él los minimizó o incluso

olvidó?

T ereer nivel: la distorsión de la

ima-gen de los proima-genitores por parte del

paciente y de sus hermanos

Hemos podido observar cuatro si-tuaciones diferentes:

1. Idealización. Antonio ve en el

padre (el suicida frustrado) un punto de referencia esencial; confía en él para todo, como cuando todavía mu-chacho se le colgaba del brazo para ver

los partidos por televisión.No aparece

en él ningún atisbo decrítica, ni verbal

ni gestual, en relación con el padre. 2. Demonización. Sandra, la

ano-réxica que creció en casa de la abuela,

manifiesta ún rencor confuso e

indife-renciado frente a ambos progenitores.

Éstos son «un asco», pero el discurso es plenamente ideológico (apegados

al dinero, materialistas...). No aparece

ninguna crítica realista y concreta, es

-pecialmente en la relación personal.

3. Oscilación entre demonización e idealización. Pedro, un

esquizofréni-co cróniesquizofréni-co grave, oscila entre actitudes

absolutamente opuestas hacia ambos

progenitores: el ataque destructivo to

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18 tal (<<¡Soisunos criminales!») oel re- gía tiene su matriz en la misma pre- LAINTERCONEXIÓN DE LOS DIVERSOS sin el paciente) a las que se debe

recu-19

conocimiento absoluto por su bondad sunción de las generaciones anterio- NIVELES DE «DISTORSIÓN» rrir en segunda instancia, porque de

ydisponibilidad (<<¡Nopodría sobre- res de su grupo, enelsentido deque

I

suyo la estrategia ideal es siempre la

vivirsin vosotros!»), manifiestan lamisma distorsión de la En el plano clínico nos ha impre- de actuar de modo específico y que se

4. Situaciones, muy raras en nues- realidad». sionado especialmente la intercone- comprometa al máximo a todas las

tra casuística, enque el paciente pare- ó xión que aparece entre estos diferen- personas de la familia, en la perspe

cti-ce estar en condiciones de describir tesniveles de distorsión de la realidad va de una conexión entre trabajo

fa-de forma realista, aunque sea de ma- Quinto nivel: ladistorsión del pacien- (Cambiaso el al., 1993). Hemos com- miliar y atención individual.

nera parcial, a sus progenitores su- tepor parte delosprogenitores

¡ probado que a menudo, cuando se Franco (Selvini, 1992) hacía años

brayando algunas desus cualidades o

,

consigue romper uno de los niveles de que rechazaba toda terapia y sólo con

defectos específicos. El proceso de distorsión delarea- I distorsión, se producen importantes mucho esfuerzo entró en la consulta

Nuestra impresión es que los pa- lidad no puede por menos deafectar

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cambios también enlos demás, como familiar.En la segunda sesión se pro

-cientes tienden sobre todo afundir la también ala percepción que los pro- por una especie de reacción en cade- dujo laclamorosa revelación delas re

-imagen de ambos progenitores, con genitores tienen del hijo. Así, a me- naoEsta observación es fundamental laciones extraconyugales del padre.

tanta mayor intensidad cuanta mayor nudo podremos observar de hecho

I

para el estudio de las indicaciones o Franco reaccionó aceptando

inmedia-es su gravedad. En los casos menos actitudes hipercríticas y desvalori

za-I

delas estrategias para hacerse cargo de tamente un tratamiento farmacol

ógi-comprometidos se rastrea, en cam- ciones extremas o, por el contrario, las familias en las psicosis. No sólo co y una psicoterapia individuales.

bio, una mayor capacidad de diferen- sobrevaloraciones increíbles de la ea- porque confirma la utilidad de hacerse Estas conexiones entre los

diver-ciar a los progenitores. pacidad de funcionar demanera ade

-1

cargo de todos los miembros de la fa- sos niveles de distorsión son de

ex-En algunos casos graves, la dife- cuada. Giacomo, un pobre mucha- milia, especialmente en los casos más traordinaria utilidad clínica.

renciación entre ambos progenitores cho de quince años encerrado en sí graves, sino también porque nos ayu- Enel caso de Franco no reviste par

-parece producirse únicamente a tra- mismo y aislado, interesado única- daa encontrar estrategias flexibles de ticular interés en sí mismo el hecho de

vés de los gestos convulsos. Pedro, mente en lalectura deloshorarios de acceso para el cuestionamiento de las que el padre hubiese mantenido siem

-por ejemplo, golpea sobre todo al pa- trenes, había sido enviado a la con- t distorsiones de cada uno de los miem- pre largas relaciones extraconyugales.

dre; Antonio insulta y molesta única- sulta de forma poco menos que for- bros de la familia. En cambio,era interesante el hecho de

mente alamadre. zada por los servicios territoriales; en La experiencia nos ha demostrado queel padre pudiese conciliar,en

per-En este sentido, hemos compro- la percepción de susprogenitores era quela autocrítica constructiva, aunque fecta buena fe, talesrelaciones con un ....•

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bado en los hermanos del paciente sólo un chico algo tímido einmaduro sea de un único miembro de la fami- sincero amor hacia la esposa, con la r-,..;

una mayor capacidad para discrimi- que, sin duda, sehabría adaptado a lia, puede dar lugar a cambios signi- cual se entendía perfectamente a nivel ,~

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'-nar las imágenes de ambos progeni- los niños de su edad con elpaso del ficativos, incluso en ausencia de una sexual. Esta contradicción específica "~'"

tiempo, La sola mención de los tér- participación activa en la terapia de :.:::

tores yuna más realista percepción mostró lo enorme que era su distor- ~

de éstos. minos impedimento o enfermedad todas las demás personas de la familia. sión de la realidad: Y, en paralelo, re- -s

suscitaba lasfuriosas protestas delos Porejemplo, cuando lamadre de San- sultó significativa la absoluta certi- ~

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progenitores, a pesar de que Giaco- dra, dela que ya hemos hablado, em- dumbre de la esposa de la perfección ~~e~

mo no articulase palabra, fracasase pezó arecordar las violencias sufridas ~

Cuarto nivel: la distorsión delpacien-

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de su relación de pareja. Por este moti- ~

terespecto de sí mismo escolarmente ycada mañana lo tuvie- modificó la actitud crítica ynegativ~ vo concreto, en este caso revelarel se- '"

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~ se que vestir ylavar completamente hacia suhija anoréxica, y ésta a su vez "

creto fue fundamental para corregir la l'!

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~ femenos de negación o minimiza- En el extremo opuesto sedebe co- (<<Estoyperfectamente»), a simpatizar progenitores. Esto, naturalmente, no ~

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~ ción del estado de sufrimiento ydifi- locar el caso de Fabio, un joven de

con la madre y a salir de la anorexia.

es válido para todo tipo de relaciones ¡;~

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veinte años considerado por la madre Por este mismo motivo, tiene ple-

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cultad que caracterizan alos adoles- extraconyugales. A menudo, el cono- .§

irrevocablemente impedido sólopor- no sentido trabajar con los familiares '"

\l: centes fronterizos o psicóticos. Sel

-cimiento de tales relaciones no ofrece i:

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vini Palazzoli (1991) afirmaba en un que doce años antes había sufrido un incluso en aquellos casos en que el al terapeuta ninguna información adi- >::

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único ataque epiléptico, y apesar de paciente rechaza drásticamente toda

" «taller» (ioorksbop) reciente: cional respecto del cuadro ya suficien- .~

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temente clarode fracaso conyugal. ~

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" se habían normalizado y se le había Se trata naturalmente de estrategias

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" su propio sufrimiento y de supatolo- quitado elGardenaL (trabajo con una solapersona/trabajo

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20 PERDÓN, COMPASIÓN Y EMPATÍA

Para el terapeuta familiar, la co-rrección de la distorsión de la rea li-dad no constituye un objetivo final, sino sólo una etapa del proceso de cambio. El hecho de que el paciente se limite adesplazarse del polo de la idealización al de la demonización constituye un riesgo objetivo, porque

de esamanera lo único que consigue

es sentirse más solo, furioso ydeses -perado. Para eléxito de laterapia es importante desarrollar la capacidad del paciente de meterse en la piel del progenitor, deexperimentar unac ier-ta compasión por sus sufrimientos como hijo y como adulto; para, fina l-mente, poderle perdonar todo el mal que involuntariamente leha causado. Se trata de un recorrido terapéutico ya descrito por muchos autores, ycon especial claridad por N. Paul (1970).

La terapia de la familia se iden-tifica precisamente por integrar es -trategias terapéuticas dirigidas al

paciente con otras destinadas apr o-ducir cambios reparadores de los padres. Ayudar a los progenitores a

descubrir, aceptar e integrar sus pro-pias distorsiones de la realidad es, según esto, una etapa importante para que ellos mismos puedan

ade-lantarse o corresponder con la e

mpa-tía, la compasión y el perdón para sus hijos.

CONCLUSIONES

Con lasuperación de importantes límites del modelo sistémico (el tabú del individuo y deladíada),la terapia familiar se ha lanzado ala búsqueda de conceptos capaces de ayudar al t e-rapeuta aconjugar ladimensión indivi -dual con ladimensión relaciona l-fami-liar (Terapia Familiare, 1985y 1989). Espero que estareelaboración del co n-cepto clásico deidealización como di s-torsión de la realidad, también resulte de cierta utilidad.

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