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Platón

427 - 347

El escenario clásico

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1

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

. . . 3

1.1 El Ser y las «ideas» . . . 4

1.2 La relación entre las «esencias inteligibles» y el mundo sensible . . . 5

1.3 El conocimiento de las «esencias inteligibles» . . . 6

1.4 El amor a la sabiduría: eros y belleza . . . 6

1.5 El encuentro del hombre con el «Bien Supremo» . . . 7

2

El hombre y su visión de la realidad

. . . 8

2.1 El ordenamiento de la naturaleza . . . 8

2.2 El dualismo platónico: realidad y apariencia. . . 9

3

La síntesis platónica: pluralidad en la unidad

. . . 11

4

Dimensión social del pensamiento platónico

. . . 12

5

Actualidad y vigencia del mensaje platónico

. . . 13

Vida y obras de Platón . . . 10

Glosario . . . 14

(3)

1 Para PLATÓN, no obstante, la opinión (doxa) es algo intermedio entre el conocimiento verdadero y la ignorancia. Su objeto es lo sensible, aquello que es copia de los conceptos y carece de una existencia propia y, por tanto, no puede ser objeto del conocimiento racional. Los objetos sensibles se sitúan entre el ser y el no-ser, pues poseen una existencia relativa y su valor se lo deben a las ideas universales, de las cuales participan deficitariamente.

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

P

LATÓN (427-347) es el creador de la teoría del Estado. Para fundar tal idea

debía asegurar la firmeza del orden moral socavado por el relativismo de los sofistas, a quienes PLATÓN juzga como artistas del engaño. Defiende para este propósito la existencia de paradigmas o principios morales absolutos y universales que controlan nuestro comportamiento ético y de los cuales nos benefi-ciamos individual y colectivamente. La moral y la política sólo pueden escapar del relativismo si encuentran una base sólida de principios absolutos. Si el mundo fuera un flujo continuo y nada fuera lo mismo en dos instantes consecutivos, entonces no sería posible el conocimiento ni tampoco el acuerdo entre los hombres; pero si existe el Ser, entonces la verdad se puede conocer por la actividad de la mente. Al igual que PARMÉNIDES, también PLATÓN identifica el conocimiento (noein) con el Ser:

sólo se conoce lo que es.

1

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

P

LATÓN mantiene abierta la polémica contra los sofistas y pretende una síntesis entre PARMÉNIDES y SÓCRATES. La "retórica sofista" era una simple técnica de

persuasión indiferente a la verdad o falsedad de las cuestiones planteadas. Por ejemplo, la indiferencia ante la justicia delata que ésta es sólo una convención hu-mana y que es de tontos respetarla. La ley natural es la ley del más fuerte, que bus-ca su propio placer y tiene como regla su espontánea destreza y talento.

Según PLATÓN, los sofistas practicaban un hablar arbitrario que sólo podía seducir a quienes padecen un conocimiento inadecuado de las cosas, es decir, a los ignorantes. Para los sofistas, la opinión del ignorante es equivalente a la opinión del sabio; para PLATÓN, la opinión del hombre no se puede equiparar a la del animal1. El saber acerca de lo más importante –qué es lo justo, qué es lo injusto; qué es el bien, qué es el mal...– no puede dejarse en manos de cualquiera. La opi-nión común o vulgar, que juzga meramente según las apariencias y criterios subjeti-vos y singulares, debe quedar descartada por principio. El conocimiento correcto mantiene un criterio o referencia objetiva para poder juzgar el valor universal de las cosas.

El propósito de PLATÓN es justificar la verdad objetiva del conocimiento, el valor de las cosas y de nuestros actos encontrando un punto de referencia en el Ser. Este criterio del Ser no es puramente exterior (contra Parménides), sino que com-prende en sí la realidad cambiante del hombre y de las cosas; ni es tampoco pura-mente variable e inmanente (contra Heráclito), sino que comprende en sí la objetividad y trascendencia del Ser. Aunque, en el fondo, PLATÓN recogerá mucho más de PARMÉNIDES que de HERÁCLITO: 1) el Ser no es pura objetividad desligada del hombre y de su mundo cambiante y plural; 2) el Ser no es pura subjeti-vidad y variabilidad desligada de la unidad universal; 3) el Ser y nuestro conocimiento respecto de él es dialéctico, es decir, está presente tanto en la pluralidad y en la subjetividad (dinámica del Ser) como en la unidad objetiva (quietud del Ser).

Cronología

Cronología

Cronología

Cronología

406

Capitulación de Atenas ante Esparta. Instau-ración del Gobierno de los Treinta Tiranos.

403

Restablecimiento de la democracia en Atenas.

399

Sócrates es condenado a muerte.

375

Jenofonte publica el Anábasis.

367

Muere Dionisio I de Siracusa y le sucede su hijo Dionisio II.

359

Filipo II, rey de Mace-donia.

356

Nacimiento de Alejan-dro Magno.

349

Primera Filípica de Demóstenes.

340

Fundación de la Liga Helénica, dirigida por Filipo II de Macedonia.

336

Alejandro Magno, rey de Macedonia.

333

Persia queda bajo el dominio de Alejandro Magno.

332

Fundación de Alejan-dría, en Egipto.

323

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2 La idea o forma (eîdos) es un 'objeto' de la inteligencia –que no un contenido de la misma–, en contraposición a los objetos de la percepción sensible. Es aquello que existe objetiva y verdaderamente, frente a los objetos sensibles que devienen. Las ideas son eternas, frente a la mutabilidad del mundo. Aunque la idea está presente en lo particular, porque éste participa de la idea representándola. Otras veces la forma se presenta como paradigma. En todo caso, las esencias inteligibles constituyen la clave que sostiene el edificio entero de la realidad y de su conocimiento. Representan entidades metafísicas supremamente existentes y valiosas que se revelan como estructuras cognoscentes de la realidad y modelos que estabilizan la dinamicidad y multiplicidad de las cosas y los hechos. Constituyen la forma única y matemática de algo múltiple.

Por otro lado, para PLATÓN las ideas son verdaderos seres objetivos y distintos a los objetos de nuestro mundo: no son resultado de nuestra mente. Pero el mundo de las ideas no hay que imaginarlo como un lugar físico, ya que las ideas no necesitan estar en ninguna parte, porque no son corporales. Las formas esenciales no están, sino que son. La mente humana, por tanto, no crea las ideas, sino que las descubre. El mundo que habitamos necesita admitir así otra realidad, porque nada podría llegar a ser nada si no hubiera ser. Este ser es ser en sí mismo e idéntico a sí mismo (Parménides). Un buen ejemplo de auténticos seres son los números: la mente humana no crea los objetos matemáticos, sino que los descubre. Por más que queramos no podemos hacer que la circunferencia tenga los radios desiguales. El verdadero ser es consistente, es como es y no puede ser de otro modo. La rueda puede abollarse porque la rueda no es una Forma. Pero la circunferencia siempre es circunferencia.

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

Esencias inteligibles... Conocimiento

Mundo inteligible... ...Saber universal

Conceptos matemáticos... Pensamiento

Objetos sensibles... Creencia

Mundo sensible... ...Opinión

Imágenes... Imaginación

1.1

El Ser y las «ideas»

P

ara PLATÓN el mundo que habitamos, con la existencia de seres múltiples, contingentes, mutables y relativos, postula necesariamente la existencia de otra realidad necesaria, fija, estable y absoluta. De este modo, divide la realidad en dos mundos o esferas diferen-tes: 1) el plano inteligible, invisible, eterno e inmutable, constituido por las formas, ideas o estructuras esenciales de las cosas; 2) el plano sensible de lo múltiple o mundo móvil e inestable, visible y sujeto al cambio, dado inmediatamente a la sensibilidad. Los sucesos y objetos sensibles, afectados por el cambio y la contingencia, necesitan estar iluminados por

la verdad del Ser, inmutable, necesario y eterno; es decir, necesitan mostrar una estructura esencial que destaque de la oscuridad que afecta a lo que continuamente se mueve y altera. Sólo los conceptos universales e inteligibles constituyen el objeto del conocimiento objetivo. Y sobre lo que está sometido al cambio permanente, sobre lo que nace y muere, sobre lo que puede ser y no ser, sólo caben opinio-nes. Así pues, las ideas que pueblan el mundo inteligible son la realidad radical, originaria y esencial.

El plano inteligible, abstracto e inmaterial, accesible desde la razón, es la realidad con mayús-culas y representa la estabilidad de la realidad inmutable y eterna. El plano sensible, empírico y mate-rial, accesible desde los sentidos, es la realidad con minúsculas y representa el devenir de la realidad cambiante y perecedera. Ambos mundos o esferas se contraponen no como lo abstracto a lo concreto, sino como lo perfecto a lo imperfecto en el orden ontológico. El plano ideal es el reino de lo medido, de la realidad fija y estable; mientras que el plano físico constituye lo indefinido, lo no-medido, la génesis y la mutación. El mundo contingente y plural de las cosas es tan sólo una copia del mundo inmutable y eterno de las ideas: entre ambos queda trazado un abismo infranqueable. Hay, pues, una separación y una discontinuidad no sólo mental, sino ontológica. Tan sólo el alma racional es capaz de intermediar entre ambos mundos. Para PLATÓN el arjé, la verdadera realidad radical y originaria de todo, de la que depende el mundo material que habitamos y percibimos a través de los sentidos, es, pues, el mundo de las esencias inteligibles o ideas2. El defecto fundamental de los sofistas era que se negaban a ir más allá de las apariencias y quedaban prisioneros de su propia subjetividad. Maniatados a lo concreto, pasajero y contingente, los sofistas perdían la perspectiva de lo universal, perdurable y consistente.

(5)

3 PLATÓN concibe las ideas como modelos de las cosas y de los hechos y, en cierto modo, como las cosas y los hechos mismos en su estado de perfec-ción. Una idea es siempre unidad estable de algo que aparece como múltiple y dinámico; por eso no es aprehensible sensiblemente, sino que es "visible" sólo inteligentemente.

4 Los antecedentes de la teoría del conocimiento platónico son: la búsqueda de SÓCRATES por encontrar lo esencial en la definición del concepto; la realidad abstracta, única y absoluta, de PARMÉNIDES; la consideración pitagórica de que la realidad esencial de las cosas está en su estructura ordenada matemáticamente y en su proporción armónica; y el "nous" arquitecto del cosmos de ANAXÁGORAS.

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

Para PLATÓN, las ideas poseen una naturaleza

"objetiva" y son lo único provisto de existencia auténtica. Pero acceder al conocimiento de las «ideas» de las cosas no es una operación de abstracción, sino un ver esencial que supone trabajar con las "formas eternas y universales" de la realidad.

que haya cosas triangulares. La función de la esencia es abarcar y unificar racionalmente todos los casos particulares3. Son también realidades independientes de la opinión de los hombres, que se imponen a todo espíritu razonable y constituyen el objeto del conocimiento verdadero y de la conducta correcta. Ser justo o virtuoso es, en este caso, acercarse lo más posible a las ideas de justicia y virtud. Por ejem-plo, el verdadero ser de los hombres es la «idea» de Hombre: aquello por lo que los hombres se identifi-can como tales. El hombre puede ver un papel blanco porque previamente tiene la «idea» de blancura; puede reconocer y distinguir el valor de la justicia frente a la injusticia porque previamente tiene impresa la «idea» de Justicia. Lo universal –las ideas– permite el conocimiento de lo concreto, plural y variable –las cosas–. Existe una «idea» de caballo, de la cual todos los caballos individuales son copia participati-va. El conocimiento real se produce cuando nos liberamos del conocimiento sensible y alcanzamos la «idea» de caballo, común a todos los miembros de la especie.

La "teoría de las ideas" propuesta por PLATÓN lleva implícita todos los viejos

proble-mas planteados por el dualismo de los pitagó-ricos, el pluralismo móvil de HERÁCLITO y el mo-nismo estático de los eléatas4. P

LATÓN trata de superar las antítesis entre lo uno y lo múltiple, lo móvil y lo inmóvil, lo contingente y lo necesa-rio, lo relativo y lo absoluto, el ser y el no-ser. Pretende dar respuesta a los grandes proble-mas del ser, de la ciencia y de la verdad,

sal-vando por una parte la multiplicidad real de las cosas y la realidad del movimiento, pero asentando a la vez el fundamento del ser, de la verdad y de la ciencia en esencias fijas, estables y absolutas, por encima del movimiento fugaz y la inconsistencia de las cosas que componen el mundo que perciben los senti-dos. La ciencia requiere principios fijos, absolutos, universales, estables y permanentes por encima de toda mutación. Por eso los contenidos de la ciencia no pueden ser accesibles desde los sentidos, sino sólo desde el entendimiento racional asentado en formas y modelos absolutos.

La teoría gnoseológica de PLATÓN es eleática al entender el Ser como permanencia y consisten-cia exterior (Parménides); pero no es eleática porque habla de las cosas particulares y les confiere un valor participativo con las ideas. El resultado es la escisión de la realidad en dos mundos: el de las ideas, que constituyen el verdadero Ser que marca la plenitud de las cosas; y el del acontecer físico e histórico, que, subordinado a las ideas, mantiene un valor deficiente respecto a ellas.

1.2

La relación entre las «esencias inteligibles» y el mundo sensible

L

os hombres se mueven en el mundo sensible como entre tinieblas. Todo cuanto el mundo tangibletiene de ser lo recibe por su participación de las realidades situadas en el mundo inteligible, a las que imita. Las ideas esenciales y las cosas particulares representan respectivamente: el ser y la aparien-cia; el modelo y la copia; la perfección y la imperfección; la unidad y la pluralidad; la eternidad y la caducidad; la realidad y la sombra; el fin y la aspiración o tendencia...

Idea o forma, para PLATÓN, no es algo que tenga una existencia meramente mental, sino lo único que existe en sentido literal. Las ideas son lo único que realmente existe, accesibles sólo al conocimien-to intelectual, pero de las cuales el mundo sensible es copia deficiente. Las cosas que vemos y conocimien-tocamos

(6)

5 El alma (psyche) o principio de la vida es para PLATÓN la dimensión emocional y racional de la personalidad humana. Su racionalidad se afinca en el conocimiento de las ideas, que constituyen el reino de lo real al que pertenece y al cual se siente impulsada el propio alma. Ésta es incorpórea y está aprisionada al cuerpo. Tal idea la tomó PLATÓN de la doctrina órfica, que argumentaba la inmortalidad del alma por la teoría de la reminiscencia y por su naturaleza racional: lo racional es incorpóreo. El alma es aquí, por tanto, el principio o soporte del conocimiento racional. Esto implica, a su vez, que su unión con el cuerpo no es un estado esencial, sino accidental y transitorio. Mientras permanece unida al cuerpo, la tarea fundamental del alma es la de purificarse y controlar las tendencias inferiores del cuerpo. Para ilustrar su dualismo antropológico, PLATÓN pone la imagen del carro y el auriga. Sólo uno de los caballos es bueno y hermoso; el otro no lo es y tiende hacia la tierra. De modo que cuando el alma intenta elevarse hacia la bóveda celeste para contemplar las ideas, se encuentra entorpecida por el caballo malo. Las almas humanas sólo consiguen cierta contemplación parcial de las ideas tras un gran esfuerzo. Luego caen nuevamente a la tierra y se reencarnan en filósofo o amante de la belleza. Y conforme descendemos en el grado de visión, encontramos almas reencarnadas en rey, en guerrero, en político o negociante, en artesano o agricultor, en sofista y, finalmente, en tirano. El alma sigue así un recorrido cíclico a través de diversas reencarnaciones. Entre una y otra reencarnación el alma accede a la visión de la verdad, de manera que su fin en la tierra es esforzarse en recordar lo visto. Esto mismo conlleva que los hombres se clasifiquen de acuerdo al conocimiento de la verdad. El cuerpo es aquí la prisión del alma, que regresará a su origen si el hombre es buen ciudadano en lugar de perverso, si encuentra el camino de la belleza y se aleja de las pasiones y de los vicios.

6 Conocer no es para PLATÓN un aprender lo que no se sabe, sino un interrogar que trata de hacer consciente lo inconsciente, de explicar lo implícito y rescatar lo olvidado. Hay una cierta similitud entre la «mayéutica» de SÓCRATES y la «anámnesis» de PLATÓN: se trata mediante preguntas de destruir las falsas opiniones y acompañar al discípulo hasta el reconocimiento de su ignorancia. A partir de ella, será posible orientar correctamente la mirada y hacer que aquél redescubra lo que tenía olvidado dentro de sí. El mundo sensible no es fuente de conocimiento; si no hay ideas innatas no hay conocimientos. La idea se consigue yendo de numerosas sensaciones a una sola cosa comprensible por el entendimiento, que coincide con el recuerdo o recuperación visionaria de la idea.

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El "mundo inteligible" es eterno e inmutable, dentro del cual habitan las ideas captadas por la razón. El "mundo sensible" es marcadamente fugaz y variable; representa tan sólo una copia deficitaria de las ideas. El alma racional es la encargada de servir como intermediaria entre ambos mundos.

La realidad variable y plural de las cosas ya no es pura apariencia o engaño (Parménides); mantienen un ser, aunque deficiente y subordinado, ya que el ser de las cosas se funda en su participa-ción con las ideas.

1.3

El conocimiento de las «esencias inteligibles»

S

i el mundo es dual (sensible/inteligible) y el hombre ha de conocerlo, también él ha de ser concebidodualmente. Del mismo modo que lo real son las ideas, para PLATÓN lo auténtico del ser humano es el alma inmortal5.

El hombre conoce las cosas gracias a las ideas, pero éstas no están en el mundo. ¿Cómo poder acceder a las ideas? Sólo porque se han conocido antes. Conocer es ver lo que está fuera recordando y contrastándolo con lo que está dentro de nosotros. Aprender a cono-cer y a valorar es recordar: dejar que salga a la luz algo que dormía en nosotros como hereda-do de otro munhereda-do6. Nuestro saber es siempre un saber parcial y nublado que nos hace echar

de menos un saber más alto y completo, del cual las sensaciones y las cosas concretas son como alusio-nes y confusos recuerdos.

Las ideas son "criterios de unidad" para ordenar y medir la pluralidad de las cosas. Por ejemplo, juzgamos la igualdad de dos cosas por la «idea» de igualdad perfecta, de la que aquéllas participan

deficientemente. Las ideas son también "criterios de valoración" para juzgar la pluralidad de lo bueno, lo justo, lo bello..., en diversas circunstancias. Quien sabe reconocer lo mejor puede también reconocer lo peor. Incluso, indirectamente, la idea de justicia se nos ilumina por nuestro rechazo y experiencia de la injusticia.

1.4

El amor a la sabiduría: eros y belleza

(7)

7 Los mitos platónicos tienen un papel ilustrativo: decir con imágenes lo que se pretende afirmar con conceptos. Pero los mitos mismos son también un camino del saber y un auténtico método de comprender mediante la imaginación. Sólo con eros y logos, pero sin mitos, las facultades humanas se verían mermadas y mutiladas. Por otra parte, el Bien Supremo, culmen de todo conocer, no es descriptible. Las ideas de la razón (logos) son comparables a la luz, pero la misma fuente luminosa está más allá de todas las formas del intelecto. La razón y la ciencia pueden indicar su presencia, pero no alcanzarla o definir. La luz simbolizada en los mitos platónicos apunta a arquetipos eternos, si bien los mitos no pretenden nunca definir.

8 El Bien es el sol que ilumina el mundo sensible y mutable. Da sentido y unidad a las cosas o hechos en su contingente variación. El Bien no es tanto una idea, sino causa trascendente de las ideas inteligibles o plenitud del Ser. Si el Bien es causa trascendente de lo inteligible y está ligado al Ser, algunos autores cristianos, como San AGUSTÍN, lo interpretarán más tarde como Dios.

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El conocimiento como recuerdo de «ideas»

El Bien es el fin de toda apetencia. Un impulso que atraviesa toda actividad humana, tanto racional como práctica. Es también la causa de todo lo justo y hermoso que pueda existir, como también lo es del conocimiento y de la verdad. El Bien Supremo permite establecer la comuni-cación y la unión objetiva entre lo público y lo privado, el individuo y la ciudad.

Eros es, sobre todo, deseo de Belleza y de Verdad. Y la belleza y la verdad se desean porque son lo que nos hace felices. Nuestra atracción por la belleza hace de mediadora entre el mundo contingente o caído (diversidad) y el mundo elevado y consistente de las ideas (unidad). La búsqueda de belleza nos conduce a la verdad como camino de elevación moral.

El amor no es puro deseo, pasión, impulso, delirio...; el amor es el camino sublime de la verdad, que guía al hombre hasta el mundo del Ser en contraste dialéctico con las cosas contingentes. El hom-bre sabio es un amante de la verdad a través de la belleza.

La poesía, el mito y lo bello han de servir para despertar el recuerdo de lo verdadero. No es lícito quedarse en la dimensión sensual. Las imágenes y los mitos son tan importantes como los razonamien-tos y las argumentaciones lógicas7. Por otro lado, lo Bello y lo Bueno son ideas muy próximas. Y si PLATÓN privilegia el amor a la belleza, lo hace porque la Belleza es la otra cara de la idea del Bien, fuente de todo conocimiento y fin verdadero de la vida humana.

1.5

El encuentro del hombre con el «Bien Supremo»

E

l mundo superior de las ideas, como recintoperfecto, no puede concebirse como algo caótico. Tiene que darse dentro de él un orden y una jerarquía sobre la base de un principio o criterio. Tal función es desempeñada por la idea suprema del Bien. PLATÓN manifiesta reite-radamente una obsesión práctica por el prima-do de la idea suprema del Bien, fundamento y condición de la verdad. La idea del Bien agluti-na la verdad, la armonía y la justicia. El Bien es aquello que persigue toda alma y con miras a lo cual actúa. El Bien Supremo aporta a todas las cosas y a todas nuestras acciones su deber-ser y su valor moral respectivamente. Porque el Bien es el fin de todo esfuerzo. En su obra La república descarta PLATÓN que el Bien sea placer o conocimiento, e intenta explicarlo mediante la analogía del sol: la idea

del Bien es al conocimiento lo que el sol es a la vista. Sólo porque ella existe es posible acceder al resto de las ideas, del mismo modo que sólo gracias a la luz es posible la visión de los objetos8. El Bien es la causa del conocimiento, la verdad y la armonía del mundo que procura a los objetos el ser y la esencia. Es la referencia necesaria para conocer y actuar correctamente. De este modo, el Bien aparece como: 1) meta de la vida, objeto de deseo y aspiración; 2) condición del conocimiento; 3) causa sustantiva de las ideas. El camino de acceso a la idea suprema del Bien es dialéctico: proceso de división que va desde las ideas más simples a las más complejas y exige un esfuerzo racional. La geometría y las mate-máticas son aquí una estimable ayuda como modelo de conocimiento científico.

Es preciso destacar que el viejo PLATÓN busca una finalidad política a todo su pensamiento para

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9 Quien ha llegado al conocimiento más alto queda obligado a entrar en discusión en la plaza pública, en los tribunales, en las asambleas, etc., para denunciar las opiniones y prejuicios habituales que se apoderan del vulgo. PLATÓN rechaza así la figura del filósofo como sabio ensimismado y separado de su compromiso con la realidad cotidiana.

10 El mundo material es eterno y el Demiurgo es el artesano de su configuración a semejanza de los arquetipos eternos, pero en modo alguno es el creador de su ser.

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

Mundo visible Mundo inteligible

Imágenes Objetos matemáticas Ideas

Imágenes Creencia Pensamiento Conocimiento

Opinión Ciencia

2

El hombre y su visión de la realidad

P

LATÓN explica su visión de la realidad con el mito de la caverna, donde la "caverna" es el mundo aparente y contingente, mientras el "sol" es el mundo real y necesario. Este mito muestra cuatro facultades cognoscitivas que representan respectivamente otros tantos niveles de la compleja realidad: 1) la imaginación; 2) la creencia o interpretación ordinaria de la realidad cotidiana, centrada en las impresiones sensibles; 3) el pensamiento o razonamiento hipotético y discursivo que recurre a lo inteligible para comprender lo sensible; 4) el conocimiento intuitivo y dialéctico de las ideas universa-les. Tanto la imaginación como la creencia pertenecen al "plano de la opinión" (interior de la caverna). El pensamiento y el conocimiento, por su parte, pertenecen al "plano inteligible y universal" de la ciencia (exterior de la caverna). El insensato es el que toma las sombras y la apariencia por lo real y lo verdade-ro. El hombre sabio es el que en su pasión por la belleza –eros– se libera de sus ataduras y conoce la verdad –sol–. Su obligación es volver para liberar a los otros hombres9. El resultado es que la visión correcta del mundo y su estructura esencial es condición previa para juzgar el recto conocimiento, la recta política, la recta educación y conducta moral.

2.1

El ordenamiento de la naturaleza

A

l igual que posteriormente lo haría ARISTÓTELES, también PLATÓN rechazó enérgicamente el

atomis-mo: si el universo es un producto imprevisto e imprevisible de colisiones y combinaciones azarosas, entonces el orden del cosmos proviene inexplicablemente del desorden. Pero el orden no puede ser un resultado azaroso; sólo puede provenir de una «inteligencia ordenadora» a la que PLATÓN llama «demiur-go». PLATÓN retorna así hasta el viejo ANAXÁGORAS.

El demiurgo actúa sobre una materia eterna y caótica, cuya actividad existe desde siempre, ya que desde siempre hay movimiento. En la intersección de estos dos principios, inteligencia ordenadora y materia eterna dotada de movimientos caóticos, es donde PLATÓN sitúa las ideas. El demiurgo, al igual

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11 La consecuencia inmediata de este esquema de pensamiento es que nuestro mundo concreto, siendo imagen, requiere la presencia de un mundo perfecto que le otorgue unidad, fundamento y sentido. En efecto, todas las modalidades de la belleza tienen por fundamento trascendente una esencia: la Belleza en sí. Lo mismo ocurre con nuestras modalidades y concreciones de la justicia, la política, el bien y la verdad.

12 La influencia de esta metafísica platónica ha sido decisiva en toda la historia posterior de la filosofía occidental: ARISTÓTELES; PLOTINO y el neoplatonismo; San AGUSTÍN y los primeros filósofos cristianos; la mística medieval; el auge de las matemáticas en distintas épocas; el concepto cartesiano de verdad y su modelo geométrico; etc.

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

Es difícil precisar si la doctrina del demiurgo trata de un dios que actúa sobre la materia toman-do como modelo las ideas o si se trata de una forma mítica para expresar la acción misma de las ideas sobre la materia. En cualquier caso, el demiurgo es el elemento configurador que impone a la materia una estructura y proporciona a los seres del mundo físico la inteligibilidad y consistencia de la que carece la materia por sí sola. Los cuatro elementos materiales –fuego, aire, agua, tierra– adquieren así su consistencia y especificidad, al estructurarse geométricamente en forma de sólidos, líquidos o gases. La doctrina pitagórica queda aquí recogida por PLATÓN.

2.2

El dualismo platónico: realidad y apariencia

L

a realidad se divide en dos planos: 1) el mundo sensible y contingente de las cosas y acontecimien-tos (devenir); 2) el mundo superior de las ideas (deber-ser). El mundo visible, aunque participa del mundo superior de las ideas, no es algo real del todo, sino copia deficiente de la realidad superior, sito en la frontera entre el no-ser y el Ser. El mundo de las ideas lo recordamos y reconocemos como la realidad primaria y auténtica, de la que se derivan como torpes imitaciones las cosas que vamos viendo11.

Para los milesios, el sustrato permanente (agua, etc.) era a la vez el material del que las cosas están constituidas y lo que ellas son verdade-ramente, es decir, su esencia. Las cosas no son sino distintos estados o modificaciones de ese principio material. PLATÓN, por el contrario, separa ambos aspectos: de una parte, el material del cual están constituidas las cosas es la materia informe y caótica; de otra parte, lo que las cosas ver-daderamente son, su esencia, es la idea o forma que imitan y de la cual

participan. Las ideas son la causa ejemplar de los seres naturales y que el demiurgo aprovecha para ordenar el mundo.

Las ideas son realidades permanentes e inmutables, mientras los seres del mundo físico se caracterizan por su mutabilidad y corruptibilidad. Las ideas son lo que tienen de común los seres de apariencia distinta, pero de igual esencia: hombres de razas distintas, de culturas diversas, etc., tienen en común, sin embargo, que todos ellos participan de la esencia universal de Hombre. Las ideas son, por tanto, principio de unidad frente a la pluralidad y dispersión del mundo físico.

El supramundo de las ideas constituye el foco de referencia del mundo físico, del conocimiento, de la fundamentación de los ideales morales y políticos12. Cierto es que el hombre está inmerso en el mundo físico al que pertenece su cuerpo; pero no es menos cierto que su parte más noble, su alma racional, pertenece al mundo de las ideas. El propio conocimiento intelectual, apoyado en la consisten-cia de las ideas, es heterogéneo respecto del conocimiento sensible, inconsistente y mediocre.

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El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

El hombre y su visión de la realidad

Vida y Obra

ARISTÓCLES, más conocido con el sobrenombre de PLATÓN –por la anchura de sus

hombros o de su frente– nació en el seno de una ilustre familia aristocrática de Atenas en el año 428 ó 427 a.C. Algunos de sus familiares participaron en el gobierno de los "Treinta Tiranos". En el año 409 participó como soldado en la guerra del Peloponeso. En sus inicios compuso tragedias que después destruyó y fue discípulo de CRÁTILO, fiel

seguidor de HERÁCLITO. Pero el año 407 conoció a SÓCRATES, del que se hizo su discípulo y con el que mantuvo una estrecha amistad hasta su condena a muerte en el año 399. PLATÓN se refugia temiendo ser perseguido, junto con EUCLIDES, en Megara.

La condena de su maestro marcó su trayectoria vital y le convirtió en un duro crítico de la democracia ateniense. A partir de aquí dedicó su vida a fundamentar y construir la teoría de un modelo ideal de sociedad. Y es entonces cuando emprende un largo viaje por Egipto, Creta y Cirene. Regresa a Atenas en el 396. De esta época datan sus primeras

obras –los "diálogos socráticos"–, en las que claramente aparece la influencia de su maestro: Laques (sobre el valor);

Cármides (sobre la templanza); Eutifrón (sobre la piedad); Lisis (sobre la amistad); Ion (sobre la poesía); Hipias menor

(sobre la mentira y la verdad); Hipias mayor (sobre la belleza); Apología (donde realiza una defensa de Sócrates encar-celado); Critón (donde expone el respeto de Sócrates a los deberes cívicos a pesar de su injusto encarcelamiento);

Protágoras (sobre la virtud); Gorgias (donde se critica la democracia y se habla de la retórica y la justicia). A partir del año 390 viaja al sur de Italia, donde conoció la escuela pitagórica y estableció amistad con ARQUITAS. Después, en

Sicilia, se hace amigo de DIÓN, cuñado del Tirano de la isla: DIONISIO I. Precisamente en Siracusa intenta poner

en práctica sus ideas políticas y convertir en filósofos a los gobernantes; pero el tirano lo arresta y ordena que sea vendido como esclavo. Un amigo suyo de Cirene lo compra y libera. De vuelta a Atenas funda la Academia (387), que podría considerarse como el primer centro universitario de Europa. En ella se daba mucha importancia a la enseñanza de la filosofía y de las matemáticas, aunque su intención básica era formar hombres de Estado y gobernan-tes filósofos. En este período escribe sus obras de transición y de madurez: Menón (sobre la virtud y la inmortalidad del alma); Crátilo (donde se habla del significado del lenguaje, se expone la "teoría de las ideas" y se critica el conven-cionalismo de los sofistas); Eutidemo (contra los sofistas); Menéxeno (parodia sobre las oraciones fúnebres); Banquete

(sobre el amor y la "teoría de las ideas"); Fedón (donde Sócrates aguarda la muerte mientras habla de la inmortalidad del alma); República (descripción del Estado ideal y otros temas principales); Fedro (sobre el amor, la belleza y el alma). A la muerte de DIONISIO I (367), entre DIÓN y PLATÓN intentan guiar a su sucesor, DIONISIO II, hijo del

anterior tirano, para desarrollar una política controlada por la filosofía. Pero esta vez DIÓN fue desterrado y PLATÓN

regresó de nuevo a Atenas. PLATÓN volvió todavía por tercera vez a Siracusa –ahora invitado por el propio tirano– para intentarlo de nuevo, pero tampoco esta vez tuvo éxito: DIONISIO II lo hizo prisionero hasta que lo rescató ARQUITAS. Decepcionado y con grandes dificultades regresa a Atenas en el 358, donde permaneció hasta su muerte

a la edad de 80 años (347). A este último tramo de su vida pertenecen las siguientes obras: Parménides (donde Platón revisa su "teoría de las ideas"); Teeteto (búsqueda infructuosa del conocimiento); Sofista y Político (obras en las que se duda de la equiparación entre político y filósofo); Filebo (sobre el placer y el bien); Timeo (cosmología de la época);

Critias (sobre la primitiva Atenas y la Atlántida); Leyes (tres ancianos –un ateniense, un cretense y un espartano– dialogan acerca de la ciudad ideal, pero terminan por asustarse a causa de la rigidez, la intolerancia de las leyes y el control exhaustivo sobre los habitantes); Carta VII (dirigida a los amigos del fallecido DIÓN, desterrados y que prepa-ran la reconquista de Siracusa). Las lecciones de PLATÓN en la Academia nunca se publicaron. Sus escritos son

diálogos de estilo didáctico, repletos de ejemplos y mitos que figuran sus teorías. El personaje principal en la mayoría de los casos es SÓCRATES, de modo que a veces se hace difícil saber cuáles de los temas expuestos son de origen platónico o pertenecen a su maestro. En una línea filosófica similar a éste, el autor de la "teoría de las ideas" centró toda su atención en buscar una definición del Estado perfecto y estable; pero para ello tuvo que elaborar primero un sistema seguro de conocimiento –ciencia– que contrastase con el desorden de las apariencias y el cambio arbitrario de opiniones. Al término de su vidaPLATÓN, sin embargo, uno de los mayores genios literarios y filosóficos de nuestra cultura, probablemente debió acabar atormentado por el pesimismo, el fracaso y la desilusión.

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amoro-13 El corazón necesita de la razón y viceversa. El logos, a través de los conceptos, puede llegar a decir lo que el eros sólo puede sugerir. Pero amor y razón pueden terminar por andar en círculo sin conducirnos a nada. Entonces es preciso que la memoria universal (mito), a través de sus imágenes y símbolos, los guíe hacia su encuentro con el Ser.

14 Es preciso hacer notar, no obstante, que el esfuerzo de síntesis que PLATÓN pretende termina por decantarse a favor de PARMÉNIDES: la ciencia trata de conocimientos inmutables y perfectos que no están sometidos a los objetos volátiles y pasajeros. El mundo sensible es siempre una imitación del mundo superior de las ideas; no es mera ficción, pero sí una representación siempre imperfecta del ámbito inteligible de la realidad.

Síntesis platónica: pluralidad en la unidad

Síntesis platónica: pluralidad en la unidad

Síntesis platónica: pluralidad en la unidad

Síntesis platónica: pluralidad en la unidad

sa –eros–, filosófica –logos– y recordatoria –mito–13. La realidad auténtica y superior (las Ideas y el Bien Supremo como deber-ser) se puede esbozar, intuir y narrar, pero no definir. Esta dualidad platónica hace que en todo conocimiento y actividad humanas sea preciso distinguir lo verdadero de lo falso, de cuya confrontación se va haciendo patente la verdad de la historia como patrimonio universal.

Del conocimiento teórico del Bien deviene, por otra parte, la praxis. El conocimiento del orden y de la estructura de todo lo real proporciona las normas de toda ordenación moral y política. Esta identificación entre el conocimiento teórico y práctico hace que el sabio sea, para PLATÓN, llamado a gobernar la comunidad humana.

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La síntesis platónica: pluralidad en la unidad

P

LATÓN entiende que ha resuelto felizmente dos grandes problemas filosóficos de su tiempo: a) por un lado garantizar, frente al relativismo escéptico de los sofistas, la existencia de un principio y fundamento moral seguro, al postular un mundo de ideas que representa un paradigma inmutable de valores con los que poder contrastar y corregir nuestra conducta habitual; b) por otro lado avalar la posibilidad de la ciencia y de un saber verdadero, cuestionado por HERÁCLITO, al considerar a las ideas como inmutables y universales. Además unifica ambas perspectivas al entender que a través de la ciencia podemos conocer las ideas y, entre ellas, la de la virtud, cuya posesión nos permitirá actuar y vivir bien.

Por otra parte, la metafísica elaborada por PLATÓN pretende reunir y superar la polémica

plantea-da en la filosofía presocrática entre el monismo, el pluralismo y el dualismo. Su solución se halla, una vez más, en la "teoría de las ideas". Así mismo, en una línea similar a la de los pitagóricos, observa en las matemáticas y la geometría el origen de la realidad, al tiempo que defiende también una estructura dualista de la misma: la verdad de cada cosa variable y el valor de cada acto contingente sólo puede ser considerado en su relación con la idea de la que es copia deficiente. Pero PLATÓN niega contra PARMÉNI -DES que el Ser, aun en su superioridad y unidad, esté privado de movimiento, de vida e inteligencia. La unidad del Ser comprende en sí la pluralidad; su objetividad exterior comprende la subjetividad huma-na. Aunque, contra HERÁCLITO y el relativismo moral de los sofistas, la movilidad del Ser no es arbitraria ni se da en cualquier sentido. El Ser es, a un tiempo, movimiento o devenir en una dirección, es decir, búsqueda de la belleza y de la justicia; y quietud, esto es, el Bien Supremo que atrae y orienta el movi-miento del ser deficiente en el mundo.

La diversidad de las cosas y hechos es un no-ser. Pero el no-ser de algún modo es, porque en tanto que diversidad es el Ser en movimiento. El no-ser participa deficitariamente del Ser. De este modo, PLATÓN reconoce la realidad del mundo sensible y del hombre en su devenir (el no-ser) por la

participa-ción de la diversidad en la unidad del Ser, que la orienta y unifica. Y así une al Ser estático de PARMÉNIDES

la subjetividad dinámica de SÓCRATES, haciendo vivir y moverse al Ser14.

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15 Según diversos autores, la aplicación práctica del modelo platónico habría conducido al totalitarismo, enemigo de la democracia y de las sociedades abiertas. En opinión de Karl POPPER, si bien es cierto que PLATÓN no cree en la realización de un Estado perfecto, sino en el mejor de los estados posibles, la utopía platónica no deja de ser una sociedad cerrada, reglamentada y ordenada según una medida que limita los actos de los hombres y las palabras de los poetas. Sólo los filósofos saben orientar al pueblo hacia el orden de las Ideas y para ellos reclama PLATÓN el poder por el bien de todos. Se opone así PLATÓN a las visiones igualitarias y piensa que la verdadera justicia es aquella que ofrece a cada ciudadano el puesto y premio que merece según su naturaleza e inteligencia. La educación y la política no pueden pretender igualar a todos con un mismo rasero. Contrariamente a POPPER, otros autores, como W.JAEGER, ven en el modelo propuesto por PLATÓN un intento de liberar a los hombres, puesto que su propuesta está escrita en plena crisis de la ciudad-Estado. Es decir, la propuesta de PLATÓN hay que situarla en su momento y lugar oportunos: como alternativa a un momento de aguda crisis social y política. PLATÓN pretendía así no tanto imponer un modelo político, sino más bien ofrecer un horizonte de referencia.

16 Para P

LATÓN, la justicia consiste en que cada una de las partes esté en su lugar y realice lo propio. Cuando no ocurre así, cuando una cosa o acción usurpa el lugar de otra, cuando algo no se confina a ser lo que es y se produce un exceso, entonces aparece la injusticia. Ello significa que dado un orden social racionalmente aceptado cualquier alteración del mismo es injusta. La justicia se cumple cuando se restaura el orden originario, cuando se corrige y castiga la desmesura. Por otro lado, la justicia no es mera compensación de daños; ni es tampoco hacer bien a los amigos y daño a los enemigos. PLATÓN

se opone, en particular, a la concepción sofista que entendía la justicia como el interés del más fuerte. La justicia es un bien deseable por sí mismo. Es, sin embargo, una virtud tan elevada que, dado el caso, cabría mantener que hay que ser justo pase lo que pase, inclusive si nuestro compromiso con la justicia produce la desgracia. La justicia no se puede subordinar a la felicidad; es más: solamente el hombre justo es verdaderamente feliz. No se trata de hacer la justicia ante la adversidad, aunque perezca el mundo, pues si se cultiva la justicia el orden social no puede perecer. Al contrario: la sociedad sólo puede salvarse gracias a la justicia. Es posible ciertamente que en una sociedad justa no todos los ciudadanos sean felices; pero la felicidad no debe medirse

Dimensión social del pensamiento platónico

Dimensión social del pensamiento platónico

Dimensión social del pensamiento platónico

Dimensión social del pensamiento platónico

Justicia = Armonía

PARTES DEL ALMA CLASES SOCIALES VIRTUDES

Racional Gobernantes Prudencia Irascible Guardianes Valor Apetitiva Trabajadores Templanza

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Dimensión social del pensamiento platónico

P

LATÓN coincide con SÓCRATES al afirmar el carácter absoluto de los conceptos ético-políticos, cuya expresión más radical se halla en su teoría de las ideas: la justicia, la bondad, etc., son indepen-dientes de las opiniones humanas acerca de ellas. La definición de la idea de justicia, por ejemplo, constituye una tarea ineludible y urgente para cualquier sociedad que pretenda configurarse de acuerdo con un orden razonable. Los sofistas sólo admitían los principios del placer y del dominio, pero a juicio de PLATÓN tal doctrina se basaba en un análisis incorrecto de la naturaleza humana, pues tomaban como modelo de comportamiento humano a los animales y los niños, prescindiendo del aspecto más característico del hombre: la razón, que ni el niño ni el animal poseen. Precisamente la razón es el principio rector que coarta el relativismo sofista: sus contenidos, tanto científicos como morales, son permanentes e inalterables, dados de una vez por todas –ideas–. Al igual que SÓCRATES, para PLATÓN la

luz sale por tanto a través de la discusión dialéctica. Pero una discusión animada por la buena voluntad, el amor al saber y la coherencia lógica de la razón. Toda dialéctica está animada por la confianza y la convicción de que por debajo de las apariencias discutibles, cambiantes y engañosas, hay una verdad que nos es dada previamente, en alguna parte. Se trata de encontrar el camino para llegar hasta donde nos espera. Este ámbito de la verdad y del verdadero saber está en nosotros mismos, pero no lo conoce-mos porque yace en la oscuridad atizada por nuestros vicios. Sólo la purificación de nuestro ejercicio mental puede ir disipando la niebla hasta entrever la verdad.

Por otro lado, en la filosofía de PLATÓN la justicia social significa equilibrio y armonía. Es pre-ciso que se de una justa correspondencia entre las partes del alma, las virtudes y las clases sociales. El alma humana se divide para PLATÓN en tres partes: 1) racional, por la que conoce; 2) colérica, por la que tiende a la victoria y la gloria; 3) concupiscible

o apetitiva, por la que desea el placer y la belleza. Las tres partes son necesarias, pero la perfección está en que la razón domine las otras partes. Tal dominio viene con la práctica de la virtud aplicada a cada una de las tres partes del alma: prudencia, fortaleza y templanza. Estas tres clases de virtudes dan como resultado tres planos sociales diferencia-dos: gobierno, defensa y sustento económico. Para PLATÓN la propia justicia consiste en que cada una

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individualmente o considerando un determinado grupo social, sino teniendo en cuenta la sociedad entera.

17 PLATÓN expone su visión de la política en su libro La República. En el capítulo VII trata expresamente el tema de la educación que compete a los gobernantes como arte para conocer el mundo inteligible, de cuyo conocimiento se deriva la armonía social. La educación es un esfuerzo por lograr la armonía sobre las bases del bien, el conocimiento y la belleza. El resultado es la justicia social.

18 PLATÓN afirma que la justicia y la felicidad se alcanzan en la ciudad cuando cada cual ocupa el lugar que le corresponde y realiza las tareas propias. Pero, ¿el hecho de que unos labren la tierra, otros sean guardianes y otros gobiernen, es algo que viene dado por naturaleza? ¿Quién decide la pertenencia a un determinado grupo social? ¿El gobernante es justo y prudente por naturaleza? ¿Dónde quedan las ideas griegas de libertad y participación social?

Actualidad y vigencia del pensamiento platónico

Actualidad y vigencia del pensamiento platónico

Actualidad y vigencia del pensamiento platónico

Actualidad y vigencia del pensamiento platónico

Para PLATÓN el principio básico de la política es el bienestar de la comunidad, que se divide en tres estamentos: gobernantes, guerreros y trabajadores artesanos. Los gobernantes deben ser los que poseen la virtud del conocimiento. A los filósofos les corresponde el gobierno de la república o, al me-nos, la educación y guía de los gobernantes a través del amor a la belleza17. Se trata, por tanto, de un gobierno aristocrático o monárquico, pero cuya fundamentación no recae en la sangre o en los privile-gios de una casta social –timocracia–, sino en la sabiduría y la virtud18. Sólo el sabio puede ser virtuoso; pues de la ignorancia sólo cabe esperar mediocridad y torpeza. PLATÓN nos avisó así de que las decisio-nes por mayoría adoptadas dentro de una democracia sacada de quicio, en la que todos, sabios e igno-rantes, honestos y mezquinos, decidimos de todo, siempre corren el riesgo de caer en el cachondeo, la demagogia y lo esperpéntico (el caso de lo ocurrido a Sócrates es un botón de muestra en aquel enton-ces). Reclamó preparación y profesionalidad para la clase política, exigiéndole ser desde la sabiduría y la virtud un modelo de comportamiento a seguir por la ciudadanía, al tiempo que valoró la democracia como un modelo débil de gobierno del que fácilmente se aprovechan los sofistas y farsantes, que fácil-mente degenera en anarquía, siempre amenazado por la corrupción y el caciquismo de los grupos con más poder. Pero cuando el pueblo no sabe hacer un uso responsable y solidario de la libertad, entonces se obliga a que alguien coja las riendas del poder y domine con el liderazgo de la tiranía.

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Actualidad y vigencia del mensaje platónico

P

ese a que la respuesta nos pueda parecer arcaica, coronada por un supramundo de ideas o mode-los de perfección, acompañada de figuras míticas, pertrechada de un inaceptable dualismo antro-pológico y una escisión de la realidad en dos planos, etc., lo cierto es que la cuestión que se plan-tea PLATÓN –a la que trata de dar una respuesta satisfactoria dentro de su contexto histórico y cultural– mantiene plena actualidad: frente al relativismo de antaño y de hoy, la necesidad de disponer de crite-rios y valores universales transubjetivos que posibiliten el entendimiento, tanto en el nivel teórico del conocimiento, como en el más práctico de la convivencia social.

En efecto, ¿es justo, por ejemplo, que un niño trabaje entre diez y catorce horas diarias o se prostituya con el consentimiento de su familia? Si respondemos que depende de las circunstancias sociales del entorno cultural al que pertenece, que para él y su familia representa la forma que tiene de vivir y que, según en que cultura y países, es lo habitual porque hay muchísimos más como él, entonces estamos de acuerdo con la postura relativista que defendieron los antiguos sofistas y que en la actuali-dad defienden los relativistas. Pero tanto aquéllos como éstos, pese a posicionarse aparentemente a favor de la tolerancia y del respeto a cualquier forma de vida, dando por válido cualquier comportamien-to, hábicomportamien-to, idea o estilo de vida, en realidad sólo muestran una repugnante e inhumana indiferencia. Una indiferencia que, además de no tener nada que ver con el verdadero respeto y la auténtica tolerancia, se posiciona siempre a favor de los más fuertes y poderosos.

Al igual que su maestro SÓCRATES, tampoco PLATÓN podía aceptar el demagógico planteamiento

relativista de los sofistas. Éstos hacían imposible el entendimiento sobre unas bases universales y des-truían, por tanto, la convivencia social al convertir el verdadero diálogo con voluntad de entendimiento racional en la imposición de los intereses poco o nada racionales de los más fuertes y mejor situados sobre los más débiles y peor situados. Pero las respuestas a las preguntas sobre los valores no pueden depender de las circunstancias o de los vaivenes de los intereses de los diferentes grupos y sus estrate-gias de poder, de sometimiento de los demás y de dominio. Por consiguiente, PLATÓN defendió en aquel

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así el plano de lo que acaece en la realidad cotidiana con el objetivo de mejorarla y humanizarla. Ese modelo metafísico del deber-ser, coronado por el criterio supremo del Bien, lo defendió, por tanto, como permanente e independiente del momento histórico o el lugar geográfico en el que se viva. Sólo existen una Justicia, un Bien, una Verdad o una Belleza; y las diferencias que mantenemos con respecto a todo ello sólo se debe a nuestra ignorancia o conocimiento impreciso, a la debilidad de ceder con demagogia a la tentación de hacer prevaler nuestros intereses más ocultos e inconfesables, a la falta de voluntad para arrinconar nuestros prejuicios y entendernos racionalmente para lograr la construcción de una convivencia cabal y sensata, sana y atractiva, humana y apetecible, sólo encofrable sobre los cimientos universales de valores eternos.

Para acceder a ese plano metafísico, terreno común para que todos podamos entendernos desde el gobierno de unas verdades y valores absolutos, PLATÓN propone un verdadero y nada demagó-gico talante de diálogo, más allá de las falsas apariencias de amabilidad y sonrisas mentirosas con las que poder engañar a los demás y hacer prevalecer los intereses egoístas y sectarios. Un verdadero diálogo con voluntad de entendimiento racional que consiste en hacer una sincera puesta en común de nuestras certezas, nuestras dudas y desconocimientos, para intentar llegar a través de la inteligencia común, con muchos esfuerzos, a valores absolutos y válidos para todos que beneficien al conjunto de la sociedad y no sólo a unos pocos. No se trata, por tanto, de adoctrinamiento, caciquismo sectario, imposición, tiranía u obediencia ciega a un líder. PLATÓN conocía bien la dificultad del camino y sabía que tras los esfuerzos no siempre se obtiene el resultado deseado. Pero con todas sus dificultades, ¿acaso en el siglo XXI no es la esclavitud una puerta que hay que cerrar?; ¿y no lo son también la pobreza

y la marginación? PLATÓN pretendió ofrecer la clave de unos valores universales para salir del laberinto de las apariencias y avanzar hacia la verdad, para liberarnos del despotismo de los farsantes y posibilitar una convivencia sólida, para abandonar la demagogia y afianzarnos en el entendimiento racional, para salir del pensamiento único, simple y sectario, mientras nos adentramos en la conquista común del conocimiento universal y solidario. Su descripción de un modelo ideal de sociedad, en cuanto que es una imagen superior y maximalista, en realidad no corresponde a ninguna situación real o siquiera posible en su exigencia de perfección, sino que constituye tan sólo un horizonte referencial, un aliciente, incentivo o estímulo que nos espolea y hacia el que estamos obligados a avanzar si queremos superar-nos y mejorarsuperar-nos a superar-nosotros mismos en el camino que va desde lo que somos y la realidad social que vivimos hacia lo que podemos ser y la situación mejor que queremos, deseamos y añoramos vivir. Pero todo ello sólo es posible desde la confirmación de unos valores universales que nos humanizan, siendo idénticos para todos y que, a modo de imán, nos unen a todos y permiten que avancemos transforman-do y mejorantransforman-do lo que somos y tenemos.

En cualquier caso, la cultura griega a la vez que nos ha legado la democracia también nos dejó, a través de su desconfianza en el hombre como un sujeto siempre racional y lleno de buenas intencio-nes, una crítica demoledora de la misma como sistema débil y presa fácil de la manipulación y la dema-gogia. Al contrario que el judeocristianismo, que, al hacer a todos los hombres iguales ante un Dios y responsables de su propia salvación o condena, fundamenta antropológicamente las bases de una verdadera actitud democrática al llenar al hombre de motivos para encauzar su voluntad por el camino del entendimiento solidario.

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A AA

ALMA (Psyche):

El alma o principio de la vida es para PLATÓN la dimensión emocional y racional de la personalidad humana. Se halla dividida en 3 partes: a) racional; b) colérica; c) apetitiva. La perfección del alma estriba en que el aspecto racional domine sobre las otras partes. Su raciona-lidad se afianza en el conocimiento de las ideas, que constituyen el reino de lo real al que pertenece y al cual se siente impulsada el pro-pio alma. Ésta es incorpórea (mente, conciencia) y está aprisionada al cuerpo. Tal idea la tomó PLATÓN de la doctrina órfica, que argu-mentaba la inmortalidad del alma por la teoría de la reminiscencia y por su naturaleza racional: lo racional es incorpóreo. El alma es aquí, por consiguiente, el principio o soporte del conocimiento racional. Esto implica, a su vez, que su unión con el cuerpo físico no es un

estado esencial, sino accidental y transitorio. Mientras permanece unida al cuerpo, la tarea fundamental del alma es la de purificarse y controlar las tendencias inferiores del cuerpo. Por otro lado, el alma sigue un recorrido cíclico a través de diversas reencarnaciones. En-tre una y otra reencarnación accede a la visión de la verdad suprema, de manera que su fin en la tierra es esforzarse en recordar lo visto. Esto mismo conlleva que los hombres y los grupos sociales se clasi-fiquen de acuerdo a su conocimiento de la verdad. El cuerpo es aquí la prisión del alma, que regresará a su origen si el hombre es buen ciudadano en lugar de perverso, si encuentra el camino de la belleza y se aleja de las pasiones y de los vicios.

A AA

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El amor es deseo de algo que no se posee, echar de menos lo que falta; es oscilar de la no posesión a la posesión, del no tener al tener. El amor delata, pues, una insuficiencia radical. Pero eros es, sobre todo, deseo de Belleza y de Verdad: todas nuestras creaciones cultu-rales son solamente esbozos de aquella perfección radical que los hombres añoramos. La búsqueda de la verdad comienza necesaria-mente por la atracción –eros– hacia las cosas bellas. Y la belleza y la verdad se desean porque son lo que nos hacen felices. El acto de amor es fecundo y engendra belleza. Aunque el amor a las cosas par-ticulares y a los seres humanos concretos es sólo un reflejo o parti-cipación anticipada del amor a la belleza absoluta, que es la idea de la Belleza en sí (÷). Nuestra atracción por la Belleza hace de media-dora entre el mundo contingente o caído –diversidad– y el mundo elevado o consistente –unidad–.

B BB BELLEZA:

Hay diversas realidades y actos que pueden ser clasificados de be-llos (objetos animales, leyes, comportamientos...); pero todas estas respuestas concretas resultan defectuosas e insuficientes. Las di-versas clases de belleza que hallamos en el mundo son reflejos o escalones que conducen hacia la cumbre de la Belleza como esencia. Esta belleza esencial es lo que posibilita ontológicamente que haya cosas y actos bellos. El hombre sabio es un amante de la verdad a través de la belleza. Por otro lado, la Belleza y el Bien son dos ideas muy próximas: lo bello es la otra cara del Bien, fuente de todo cono-cimiento y fin verdadero de la vida humana.

B BB BIEN:

Idea soporte de las ideas o idea suprema y absoluta ubicada más allá del ser, tan elevada y magnífica que constituye el poder metafísico que sostiene y fundamenta el ser de las ideas. El Bien es el principio o criterio que ordena y jerarquiza el mundo perfecto de las ideas (lo-gos). Las cosas y los actos concretos son buenos en tanto que son copias deficientes y participan, a través de la mediación de las ideas, del Bien como paradigma absoluto. A la idea suprema del Bien, co-lumna vertebral del sentido y significado de la realidad, y que PLATÓN

asemeja alegóricamente al sol como foco de luz, se hallan estrecha-mente vinculadas las ideas sublimes de Belleza, Verdad y Armonía o Justicia, pues el Bien ilumina tanto la inteligencia (ciencia) como la rectitud del comportamiento (estética y moral). El Bien es, pues, el vértice del plano superior de la inteligencia, causa de todo lo recto y bello que encontramos en el plano concreto de lo visible. La verdad misma reside en el Bien, cuyo conocimiento por parte del alma (²) o mente es necesario para proceder sabiamente tanto en la teoría como en la práctica. En resumen: el Bien es el sol que ilumina el mundo sensible y mutable. Da unidad a las cosas y valor a los hechos en su contingente variación. El Bien no es tanto una idea, sino causa trascendente de las ideas inteligibles o plenitud del Ser. Si el Bien es causa trascendente de lo inteligible y está ligado al Ser, algunos autores cristianos, como San AGUSTÍN, lo interpretarán más tarde como Dios.

C CC

CONOCIMIENTO/C/C/C/CIENCIA (Noein/Epistêmê):

La teoría platónica del conocimiento pretende superar la antítesis entre lo uno/múltiple, móvil/inmóvil, relativo/absoluto, ser/no-ser... Quiere justificar la multiplicidad de las cosas y el movimiento, pero asentando a la vez el fundamento del ser, de la verdad y de la ciencia en esencias estables y absolutas, por encima de toda muta-ción. Al igual que PARMÉNIDES, también PLATÓN identifica el conoci-miento con el ser: sólo se conoce lo que es. Su propósito es poder distinguir el verdadero conocimiento (epistêmê) de la simple opinión (doxa). El verdadero saber requiere un criterio o referencia objetiva, necesaria y estable, para poder juzgar el valor universal de las cosas singulares, siempre contingentes y variables. De este modo, PLATÓN

secciona la realidad en dos planos: 1) el planoplanoplanoplano inteligibinteligibinteligibleinteligiblele, invisible,le

eterno e inmutable, constituido por las formas absolutas, ideas o estructuras esenciales de las cosas; 2) el planoplanoplanoplano sensibsensibsensibsensiblelele de lo múlti-le ple o mundo móvil e inestable, visible y sujeto al cambio, dado inme-diatamente a la sensibilidad. Los sucesos y los objetos sensibles, afectados por el cambio y la contingencia, necesitan estar iluminados por la verdad del Ser, inmutable, necesario y eterno; es decir, nece-sitan mostrar una estructura esencial que destaque de la oscuridad que afecta a lo que continuamente se mueve y altera. Solamente las esencias inteligibles y universales (÷ Idea) constituyen el conoci-miento objetivo, pues sobre lo que está sometido al cambio sólo ca-ben opiniones. ¿Y cuál es la relación que PLATÓN establece entre los dos mundos o planos? Todo cuanto el mundo tangible tiene de ser lo recibe por su papaparrrrticipaciónpaticipaciónticipaciónticipación de las realidades situadas en el mundo inteligible, a las que imita o copia de modo deficiente. Las cosas que vemos y tocamos participan de las ideas, a las que tienen de parparpar paraaaa----digma

digmadigma

digma y representan, pero tienen de por sí una existencia relativa. Así pues, las esencias inteligibles son la realidad radical y originaria; el mundo contingente y plural es solamente una copia o imitación deficitaria del mundo eterno de las esencias, que son los modos ab-solutos y universales de la realidad. El sujeto intermediario entre estos dos planos de la realidad que accede hasta el plano inteligible es el alma (²). El alma capta o ve lo que hay (sensaciones) contras-tándolo con lo que recuerda y yace dormido en nosotros como here-dado de otro mundo (ideas).

D DD DEMIURGO:

El orden y equilibrio del mundo no es azaroso, sino resultado de una "inteligencia ordenadora" (Anaxágoras). Este Demiurgo opera sobre la materia eterna y caótica según arquetipos universales y de acuer-do con un plan o estrategia inicial en la que prevalecen las leyes de la armonía. El Demiurgo (¿forma alegórica o un dios?) es el principio configurador que proporciona a los entes del mundo físico la inteligi-bilidad y consistencia de las cuales carecen por sí solos.

D DD DIALÉCTICA:

Término polisémico con el que PLATÓN a veces designa un método para alcanzar las ideas y otras veces se refiere al conocimiento como tal de las mismas. En Fedón, Fedro y parte de La república, PLATÓN

presenta la dialéctica como método de ascenso de lo sensible a lo inteligible; ascenso que se basa en operaciones de división y compo-sición. Se trata de un proceso de clasificación que va desde las ideas más simples a las más complejas y que exige un esfuerzo racional en el que la geometría y las matemáticas constituyen una estimable ayuda como modelo científico del saber. La dialéctica permite enton-ces pasar de la multiplicidad a la unidad y mostrar a esta última co-mo fundamento de aquélla. Pero en algunos diálogos últico-mos, PLATÓN

nos presenta la dialéctica como deducción racional de las esencias inteligibles. La dialéctica es entonces un saber puramente inteligi-ble, en el que para nada cuentan los sentidos, fruto de la intuición o contemplación directa de las ideas y, en último grado, del Bien en sí.

EEEEDUCACIÓN (Paideia):

Competencia de los filósofos en la preparación de los gobernantes y arte para conocer el mundo inteligible, de cuyo conocimiento se deri-va la justicia social. La educación es un esfuerzo por lograr la armo-nía sobre las bases del bien, el conocimiento y la belleza. El resulta-do es la felicidad de la ciudad.

IIIIDEA/F/F/F/FORMA (Eîdos):

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particu-Glosario

Glosario

Glosario

Glosario

lar, porque éste participa de la idea representándola (÷ Participa-ción). Otras veces la forma se presenta como paradigma. En todo caso, las esencias inteligibles constituyen la clave que sostiene el edificio entero de la realidad y de su conocimiento. Representan enti-dades metafísicas supremamente existentes y valiosas que se reve-lan como estructuras cognoscentes de la realidad y modelos que es-tabilizan la dinamicidad y multiplicidad de las cosas y los hechos. El mundo contingente y plural de las cosas, al que se accede a través de la actividad racional del alma (²), es tan sólo una copia o imitación deficiente del paradigma inmutable y eterno de las ideas, que repre-senta la realidad radical, fija y estable. Estas ideas respetan una je-rarquía que se halla coronada por la idea suprema del Bien, ubicada "más allá del ser" como soporte o fundamento metafísico tanto del mundo ideal e inteligible como del mundo cotidiano y sensible.

JJJJUSTICIA (Dikaiosyne):

Las legislaciones de las ciudades deben estar asentadas sobre un principio normativo que pueda sostener un gobierno correcto: la jus-ticia. Ésta es la conjunción de todas las virtudes (÷) y es el funda-mento que mantiene el orden social como equilibrio y armonía. Algo es justo cuando no distorsiona el orden al cual pertenece. Para PLA

-TÓN, la justicia consiste en que cada una de las partes esté en el lu-gar que le corresponde y realice lo que le es propio. Cuando no ocu-rre así, cuando una cosa o acción usurpa el lugar de otra, cuando algo no se confina a ser lo que es y se produce un exceso, entonces aparece la injusticia. Ello significa que dado un orden social racio-nalmente aceptado cualquier alteración del mismo es injusta. La jus-ticia se ve cumplida cuando se restaura el orden originario, cuando se corrige y castiga la desmesura. Por otro lado, la justicia no es me-ra compensación de daños; ni es tampoco hacer el bien a los amigos y daño a los enemigos. PLATÓN se opone, en particular, a la concep-ción sofista que entendía la justicia como el interés del más fuerte. La justicia es un bien deseable por sí mismo. Es, sin embargo, una virtud tan elevada que, dado el caso, cabría mantener que hay que ser siempre justo, pase lo que pase, inclusive si nuestro compromiso con la justicia produce la desgracia. La justicia no se puede subordi-nar a la felicidad; es más: solamente el hombre justo es verdadera-mente feliz. No se trata de hacer la justicia ante la adversidad, aun-que perezca el mundo, pues si se cultiva la justicia el orden social no puede perecer. Al contrario: la sociedad sólo puede salvarse gracias a la justicia. Es posible ciertamente que en una sociedad justa no todos los ciudadanos sean felices; pero la felicidad no debe medirse individualmente o considerando un determinado grupo social, sino teniendo en cuenta la sociedad entera.

O OO

OPINIÓN (Doxa):

PLATÓN se plantea la superación definitiva de la doctrina sofista, que equiparaba la opinión del ignorante al conocimiento del sabio. Todo saber acerca de lo más importante –qué es lo justo y lo injusto; el bien y el mal– no puede dejarse, irresponsablemente, en manos de cualquiera. La "opinión común", que juzga meramente según las apa-riencias y criterios subjetivos singulares, debe quedar descartada por principio. En efecto, la opinión es el modo natural y espontáneo de acceso al mundo del devenir, sito entre el ser y el no ser; pero el filósofo se caracteriza por no ser amigo de la opinión, sino por estar encauzado al conocimiento inmutable y universal de las esencias inteligibles. La opinión, sin embargo, es algo distinto a la vez del saber y de la duda o ignorancia; es algo intermedio entre el

conoci-miento verdadero y la ignorancia. Su objetivo es lo sensible, aquello que es copia de los conceptos, que carece de una existencia propia y, por tanto, no puede ser objeto del conocimiento racional. Los objetos sensibles se sitúan entre el ser y el no-ser, pues poseen una existen-cia relativa y su valor se lo deben a las ideas universales, de las cua-les participan torpemente.

P PP

PARTICIPACIÓN/I/I/I/IMITACIÓN:

Todo cuanto el mundo tangible tiene de ser lo recibe por su partici-pación con las realidades situadas en el plano inteligible, a las que imita. El plano sensible es copia deficiente de las ideas eternas. Las cosas que vemos y tocamos participan de las esencias inteligibles, a las que tienen como paradigma y representan. Ello significa que la realidad variable y plural de las cosas y de los hechos ya no es pura apariencia o engaño (Parménides): mantienen un ser, aunque defi-ciente y subordinado, ya que el ser de las cosas, que tienen una exis-tencia relativa, se funda en su participación con las ideas. Las ideas son así "criterios de conocimiento" para ordenar y medir desde la unidad modélica la pluralidad de las cosas; y son también "criterios de valoración" para juzgar la pluralidad de lo bueno, lo justo, lo be-llo..., en diversas ocasiones.

R RR

REMINISCENCIA (Anámnesis):

Capacidad recordatoria del alma, basada en las viejas doctrinas órfi-cas orientales que predicaban la inmortalidad y transmigración de las almas. Conocer es ver lo que está fuera recordando y contrastán-dolo con lo que está dentro de nosotros. Aprender a conocer y a valo-rar es recordar: dejar que salga a la luz algo que yacía dormido en nosotros como heredado de otro mundo. Ello significa que para PLA

-TÓN conocer no es aprender lo que no se sabe, sino un interrogar que trata de hacer consciente lo inconsciente, de explicar lo implícito y de rescatar lo olvidado. Hay una cierta similitud entre la «mayéutica» de SÓCRATES y la «anámnesis» de PLATÓN: se trata, mediante preguntas, de destruir la falsa opinión y de acompañar al discípulo hasta el re-conocimiento de su ignorancia. A partir de ella, será posible orientar correctamente la mirada y hacer que aquél redescubra lo que tenía olvidado dentro de sí. La realidad sensible no es fuente de conoci-miento; si no hay ideas innatas no hay conocimientos. La idea se con-sigue yendo de numerosas sensaciones a una sola cosa captada y comprensible por el entendimiento, que coincide con el recuerdo o recuperación visionaria de la idea.

VVVVIRTUD (Areté):

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