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El Proceso Psicoanalitico

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t

DONALD MELTZER

Presentación a la versión castellana por el Dr. León Grinberg �

LUMEN

HORME

Viamonte

1674 (1055)

1r

373-7446

/

375-04521814-4310

I FAX

(54-1) 375-0453

Buenos Aires • República Argentina

(4)

Título del original inglés:

THE PSYCHO-ANAL YTICAL PROCESS Editado por

William Heinemann Medical Books, Ltd. Versión castellana

HAYDÉE FERNÁNDEZ DE BREYTER

4ª Edición 1996

.

ISBN 950-618-048-2

© Copyright de todas las ediciones en castellano por EDICIONES HORMÉ S.A.E.

Castillo 540 - Buenos Aires

Queda hecho el depósito que previene la ley 11. 723 IMPRESO EN LA ARGENTINA

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Biblioteca: Grandes Obras del Psicoanálisis

1- Erik H. Erikson: ÉTICA Y PSICONÁLISIS

2- D. W. Winnicott: CLÍNICA PSICOANALÍTICA INFANTIL

3- D. W. Winnicott: EL NIÑO Y EL MUNDO EX'fERNO

4- Karl Abraham: ESTUDIOS SOBRE PSICOANÁLISIS Y PSIQUIATRÍA

5- Erik H. Erikson: INFANCIA Y SOCIEDAD 6- Karl Abraham: PSICOANÁLISIS CLÍNICO 7- D. W. Winnicott: LA FAMILIA Y EL

DESARROLLO DEL INDIVIDUO

8-Bion W. R.: VOLVIENDO A PENSAR

9- Meltzer D.: EL PROCESO PSICOANALÍTICO

VOLUMEN

9

¡ 1

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INDICE

Pág. Presentación a la versión castellana . . . . . . . . . . . . 9 Reconocimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 Prefacio . . . . • . . . 15 Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 Cap. '' '' ,, '' ,, '' '' ,, Sección 1 1 La recolección de la transferencia ... 11 El ordenamiento de las confusiones

eo r,f.

g g a 1cas . . . • . . • . • • . • . • • . . . . 111 El ordenamiento de las confusiones

����� . . . .

IV El umbral de la posici6n depresiva .

V El proceso del destete ... . Sección 11 29 46 61 74 91

VI ·El proceso en pacientes adultos . . . . 105

VII El ciclo del proceso en la sesión

indi-vidual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123 VIII El trabajo analítico . . . . . . . . . . . . . . 138

IX El psicoanálisis como una actividad

h11mana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157 Apéndices . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . 163

(8)
(9)

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1

t

PRESENTACIÓN A LA VERSIÓN CASTELLANA

Considero que este libro es una excelente exposición de las distintas y complejas fases que configuran el pro­ ceso analítico. Su autor logra transmitir, de una manera original, su propia experiencia de muchos años de ana­ lista de niños y de adultos, con la misma convicción que siente el artista al presentar una obra en la que alcanm a reflejar plenamente su verdadera esencia.

No es casual que haya equiparado a Donald Meltzer con un artista. En realidad, estoy aprovechando el mismo modelo que él utiliza al referirse a la labor del psico­ analista como a la de un artesano que ha aprendido un oficio pero que debe tener algo más que su simple

metier:

el talento nato del artista. Donald Meltzer es sin lugar a dudas, y a pesar de su juventud, un maestro artesano del psicoanálisis en el que se combinan armó­

nicamente la sagacidad técnica, el conocimiento cien­ tífico y la chispa creadora del artista. Fuimos afortu­ nados en poder apreciar las excelencias de ese

cocktail

durante los seminarios, supervisiones y conferencias que dictó en la Asociación Psicoanalítica Argentina en el año 1964.

Hay muchos aciertos en este libro. Como no puedo referirme a todos, intentaré resumir algunos ·d e los más

1m portantes:

1 )

la corr.elación que se establece entre la estruc­ tura de la mente y la naturaleza del proceso analítico a

(10)

10

OONALD MBLTZBR

través del vínculo transferencia! y conttatransferencial.

El

analista debe proveer con su actitud a que el paciente pueda comunicar verbalmente los contenidos de su men· te sin tener que recurrir a la acción.

2)

El concepto original de que el

encuadre

de

la

tarea analítica que modula la ansiedad del paciente, contiene sus partes in·fantiles y limita las interferencias, debe ser una

creaci6n

por parte del analista. Por su­ puesto, Meltzer no se está refiriendo a los aspectos for­ males del encuadre sino a la

actitud

básica con que el analista enfrenta su relación con el paciente.

3) La importancia que otorga a lo que describe como

la ''parte adulta'' del paciente, opuesta a la ''parte infan­ til'', que constituye el nivel más maduro, con mayor adaptación a la realidad, y cuya alianza es necesaria y propicia para el éxito del traba jo analítico.

4) La secuencia de los capítulos brinda una visi6n muy acertada de las vicisitudes que ocurren en un aná­ lisis a uavés de sus distintos períodos. Parte del fenó­ meno de la ''recoleccción de la uansf erencia," desarro­ llado en el capítulo 1, que es peculiar de los períodos iniciales y que lleva a la disminución de los síntomas, a u.na aparente mejoría, y al riesgo paradoja! si se

trata de u1n análisis de niños de que los padres quie­ ran interrumpir el tratamiento dando al paciente por

curado. En el capítulo 11 plantea el problema de las ''confusiones geográficas'' originado por la utilización masiva de la identificación proyectiva con objetos ex­ ternos e internos y su tentativa de ordenamiento. En el

mismo capítulo intercala el concepto de

toilel-breast

(pecho-inodoro) que constituye un verdadero hallazgo, ya que expresa en forma gráfica la naturaleza de la fan­ tasía inconsciente y de la relación con un objeto

(11)

par-•

BL PROCESO PSICOANALmco 11 cial, frecuentemente usadas por el paciente (tanto niño como adulto) para descargar en el analista los senti­ mientos angustiantes y displacenteros. Una vez esta­ blecido el ''pecho-inodoro'', aparece el ordenamiento de las ''confusiones zonales'' (capítulo III) sobre la base de las fantasías edípicas y preedípicas con sus corres­

pondientes interacciones entre las zonas eróticas y sus objetos. Al interpretar el analista la idealización, la ra­ bia, la ansiedad y la disociación, disminuyen las confu­ siones y emerge la fase siguiente. El capítulo IV plan­

tea el período en que el paciente entra en el ''um·bral'' de la posición depresiva''. Finalmente, en el ''proceso del destete'' (capítulo V) se encaran diversos aspectos de la situación depresiva relacionados con el problema de la muerte, de la noción del tiempo y del impulso a la integración de partes del sel/ que han estado disociadas. En la segunda sección del libro se expone material clínico (capítulo VI) tendiente a introducir la discu­ sión de las analogías y diferencias entre el análisis de adultos y el de niños. El caso presentado es el de 11na niña púber, en su cuarto año de análisis, y constitu­ ye a mi juicio un verdadero modelo de trabajo analítico en el que se pone de manifiesto una muy ade­ cuada integración de teoría y técnica. Es seguido, en el capítulo siguiente, por el desarrollo de una sesión indi­ vidual de una niña de cuatro años y medio para mos­ trar la continuidad con que suele presentarse el mate­ rial asociativo, y también como una descripci6n de la técnica de supervisión empleada en la enseñanza del psicoanálisis. El capítulo VIII presenta una explicación clara y bien fundamentada de dos funciones primordia­ les del proceso analítico como son el encuadre y la

(12)

12

DONAID MEL'I'ZBR

El capítulo IX, titulado ''El psicoanálisis como una actividad humana'' es un digno broche para cerrar un libr·o de tan alta calidad. U na frase, elegida un poco

al

azar, da la pauta de su contenido: ce • • • la actividad psi­

coanalítica. . . tiene que cdoler». Debe realizarse con tanto esfuerzo como lo permita la fortaleza del analista. Sólo dentro de un marco de trabajo, bajo una tensión equilibrada, puede surgir la misteriosa función de la creatividad que por sí sola hace que el analista sienta que tiene un lugar en una sociedad cientí·fica de sus iguales, más bien que en un gremio de maestros jor­ naleros

y

aprendices''.

(13)

RECONOCIMIENTO

Quisiera agradecer a los siguientes amigos por su ayuda y consejos en la preparación de este libro: señora Esther Bick, señorita Betty Joseph, señorita Patti Koock, doctor Herbert Rosenfeld, doctora Hanna Sega!, señor Adrian Stokes, señorita Doreen W eddell.

(14)
(15)

PREFACIO

Este libro fue creciendo en los últimos seis años a través de conferencias y seminarios, hasta adquirir la forma presente en un ambiente de estrecha colabora­ ción en la tarea y la investigación clínica. La mayor

parte de su forma proviene del autor, pero mucha de su riqueza proviene de los estudiantes

Y.

colegas con los cuales ha sido ''elaborado''. Comenzó,

poco

antes de la muerte de Melanie Klein en 1960, con una seri� de

conferencias-seminarios dictados a psicoterapeutas de niños que se habían formado en la Tavistock Clinic. En esas sesiones se presentó material seleccionado por los terapeutas que controlaban con el autor. Estas pre­ sentaciones fueron precedidas . por conferencias im pro vi­ sadas sobre el proceso psicoanalítico y la oosología y prognosis que serían luego ilustradas por el caso pre­

sentado. Las conferencias fueron grabadas, mi.meogra­

f iadas y distribuidas.

Este método se repitió varias veces durante esos seis años con diferentes grupos: psicoterapeutas-estudiantes, estudiantes de análisis de niños, analistas y candidatos de la Asociación Psicoanalítica Argentina y finalmente :

en un seminario de investigación compuesto por estu­ diantes y analistas de niños. Fue posible operar en esta

forma debido a una vasta experiencia en sup�rvisión de la cual se podía extraer el material clínico oportuno.

(16)

16

DONALD MELTZER

Fue a través de una abundante supervisi6n de casos infantiles y adultos yuxtapuesto

al

trabajo con mis propios pacientes que tomé conciencia de los modelos descriptos en este libro. La publicación constituyó el paso lógico que siguió a la convicción.

Menciono estos hechos para ubicar la experiencia aquí materializada dentro del marco de la historia psi­ coanalítica y mostrar que hay un grupo en funciona­ miento que difunde la teoría y la práctica de los apor­ tes iniciados por Melanie Klein. En consecuencia, este libro no puede ser leído con provecho sin referirlo a ese contexto histórico dentro del cual el libro de Hanna Sega!

Introducción a la obra de Melanie Klein,

Bs. As.,

Paidós,

1965,

constituye un requisito mínimo. Por otra parte, resulta difícil imaginar que el presente libro pue­

da tener importancia para alguien que no haya experi­ mentado el proceso analítico directamente como pacien­ te. Está dirigido a los analistas en el ejercicio de su profesión para su uso y como una contribución al re­

ciente y difundido interés en el proceso a1nalítico.

En cuanto a la terminología, la mayor parte de los términos técnicos empleados son bien conocidos en la literatura kleiniana, tales como

splitting•, splittmg-e­

idealización, identificación proyectiva, objetos internos, etc.. Pero otros resultarán menos familiares, aunque se han convertido ya en lenguaje corriente entre los ana­ listas kleinianos. Son principalmente notacionales, un estilo de referencia, antes que técnicos. Su significado no implica un aporte a la teoría, sino que se hace

evi-• Mantenemos el término original spli11ing en lugar de tra­

ducirlo por ''disociación'' debido a que, conceptualmente, está referido a un tipo específico de disociación, de índole más regresiva. (N. Je la T.)

(17)

• 1 • 1 • � • 1 EL PROCESO PSICOANALITICO 17

dente por el contexto. Me refiero a términos tales co­ mo ··pecho-inodoro'', •'mami-inodoro'', ''pecho-nutricio'', ''parte-niño (del .relf) '', etc. Es una taquigrafía que re­ fiere a una estructura cuyos principios generales son simples: 1) se les da a los objetos nombres adultos o infantiles, ya sea que correspondan a la experiencia adulta o a niveles infantiles de la personalidad, por ejemplo, ··mamá'' o ··mami''; 2) se nombra a los obje­

tos según indiquen status de objetos parciales o totales, por ejemplo, ··mami'' o ''pecho''; 3) se otorga a las par­

tes del sel/ nombres que diferencien su nivel de madu­ ración y cualidad predominante, de modo de definir el grado de splitti.ng, por ejemplo, el ''hombre'', la ''parte­ niño'', el ''bebé-pene''.

U na notación similar indica la distribución geográ­

fica de la fantasía. Se usan ''interno'' y ''externo'' para describir los mundos interno y externo, mientras que ''interior'' y ··exterior'' son usados para definir la rela­ ción del adentro o el afuera del cuerpo de un objeto.

La �eparación con guiones es copiosamente empleada en esta notación y puede ser siempre considerada im­ plicando cierto grado de confusión cuando se unen tér­ minos del mismo valor gramatical, como en ''lengua­ pene-bebé''. De este modo usaremos el término ''vagi­ na-ano'' antes que un término biológico como ''cloa­ ca'', porque el pri1mero puede invertirse en ''ano-vagina'' cuando se le adscriben al recto funciones reproductoras, en lugar de adscribírsele al útero funciones excretorias (como en los conceptos infantiles de la menstruación) .

Sin embargo, no ha sido posible escribir este libro sin a veces trascender en la referencia teórica la literatura publicada hasta hoy. En parte se debe al contacto con colegas que no han publicado aún sus aportes. Cuando

(18)

18

OONALD MEL1"ZER

se trata de trabajos míos que han quedado rezagados, intenté remediar la situación mediante un apéndice teó­ rico al cual se remite al lector. Esto me pareció prefe­ rible a interr11mpir el texto con notas al pie. Aconsejo

al lector dejar el apéndice para el final, a menos que el texto le resulte incomprensible si·n él.

Una palabra más a modo de prefacio acerca del mé­ todo de exposición. Muchos colegas y candidatos han escrito con generosidad material clínico para que yo lo usara en este traba jo. Mas he decidido en esta pre­

sentación inicial emplear pocos ejemplos clínicos en la descripción del proceso analítico (Sección

1)

e intentar en cambio una descripción genérica de los fenómenos clínicos que hará más vívida la referencia a lo que ocurre en el consultorio y en el cuarto de juegos. Este método tiene el propósito de evocar en el lector asocia­ ciones de su propia experiencia como paciente

y

analis­ ta. La Sección 11 se ocupa de la tarea del analista

y

sus

funciones y se usará material clínico que también ilus­ trará aspectos de la Sección

1.

(19)

INTRODUCCIÓN

El ''hacer'' de la tarea analítica y el ''hablar'' acerca de la misma son dos funciones muy diferentes del aná­ lisis. El analista al trabajar debe estar ''sumergido'' en el proceso analítico del mismo modo que el músico en su instrumento, confiando en la virtuosidad de su men­ te en las profundidades. Debe ''emerger'' de esta ab­ sorción cuando de�cansa, entre pacientes, cuando habla con sus colegas y cuando escribe. Existen pocas dudas de que estas dos áreas de función deben interactuar si

es que el analista individual y el psicoanálisis como to­

talidad han de desarrollarse. Nada puede ser más peli­ groso para este desarrollo que una disociación entre el ''hacer'' y el ''hablar'', entre el practicante y el teórico.

Una ma•nera de asegurarse que no se va a dar esta

disociación es el uso del lenguaje para unir y mante­ ner conectadas funciones y áreas de la personalidad que tienen tendencia a separarse. La obra de Melanie Klein

tiene el mérito singular de conservar el mismo lenguaje para sus pacientes que para sus colegas, con algunas no­ tables excepciones. Términos tales como ''posición pa­

ranoide-esquizoide'' y ''posición depresiva'' pueden ser necesarios como un meta-lenguaje, para usar el término de Bertrand Russell, un nivel de abstracción por encima de la tarea clínica. Pero tal vez ''identificación proyec­ tiva'' tenga eventualmente que ser cambiada por algo así como ''identificación intrusiva'', si es que se puede

(20)

en-20 DONALD MELTZER

contrar una palabra que exprese una función de la fan­ tasía tan alejada de la conciencia, salvo en los cuentos de hadas.

A parte de estas pocas excepciones lingüísticas, el len­ gua je de este libro refleja una actitud básica acerca de la estructura de la mente por un lado y de la natura­ leza del proceso analítico por el otro, en el sentido de que lo segundo es el producto natural de lo primero. Se podría decir con mayor precisión que el valor del pro­ ceso analítico deriva del grado a que está determinado por la estructura de la mente. El vínculo es, por su­ puesto, la ce transferencia'' y la ''contra-transferencia'', las funciones inconscientes e infantiles de las mentes del paciente y el analista. Si el único derecho que tiene el analista para considerarse especialmente calificado es su capacidad para desplegar su '·órgano de la conciencia'' hacia adentro para comprender su contratransferencia, el resto del cctrabajo'' analítico es técnico en la sesión e intelectual en el descanso. Provisto de su equipo téc­ nico e intelectual, el analista decide conducirse de un modo especial, y estimular al paciente hacia una con­ ducta semejante, o sea, utilizar la conciencia (de los de­ rivados de los procesos inconscientes) para el pensa­ miento verbal, en lugar de recurrir a la acción. Lo cual

equivale a ··contener'' los aspectos infantiles de la mente y sólo comunicar acerca de ellos. Esta comunicación

constituye la actividad interpretativa del analista, que luego contribuirá a la capacidad del paciente para el

insight.

Mas no obstante lo importante que la interpretación pueda ser para la t•curación'' y el insight, no constituye la tarea principal del analista en lo que hace al estable­ cimiento y mantenimiento del proceso analítico. Esto último se efectúa mediante la creaci6n del ''encuadre''

(21)

...

f

t

EL PROCESO PSICOANALITICO

21

en el cual los procesos transf erenciales de la mente del paciente pueden encontrar expresión. La palabra ''crea­ ción'' enfatiza la naturaleza de esta parte técnica de

la

tarea, porque resulta evidente que se requiere un pro­ ceso de constante descubri,miento por parte del analista,

refiriéndose a la modulación de la ansiedad por un lado y a reducir al máximo la interferencia por el otro.

Nótese que se empleó el término ''modulación'' de la ansiedad y su ''modificación'', dado que este último es con seguridad una función del aspecto interpretativo

de la tarea, mientras que la modulación es entendida como parte del encuadre. Esta modulación se da a través de la reiterada vivencia que tiene el pac·iente e.n análisis de que hay un lugar donde la expresión de sus procesos transferenciales no será satisfecha mediante la

actividad contra-transf erenci.al, sino solamente mediante la actividad analítica, es decir, una búsqueda de la ver­

dad.

Para que tenga lugar esta búsqueda de la verdad sobre la mente del paciente, es necesario que el encuadre re­ duzca al mínimo las interferencias en el desarrollo y elaboración de su transferencia, tales como las que po­

drían ser causadas por la intrusión de realidades ex .. ternas en el encuadre. El sentido común predeciría que esto es imposible en lo que hace a la edad, sexo, as­

pecto y carácter del analista. Pero afortunadamente el análisis no está sujeto al sentido común y encuentra que el impulso que surge del paciente hacia

la

resolución de sus conflictos actuará al margen de todas estas rea­ lidades externas, si es que no le son impuestas con de­ masiada fuerza. El secreto reside en la estabilidad, y la

clave para la estabilidad es la simplicidad. Cada analista debe idear para sí mismo un estilo simple de traba jo

(22)

22 DONALD MELTZER

analítico, en los arreglos de horarios y de pago, en el consultorio, en su ropa, en sus modos de· expresión y comportamiento. Debe trabajar bien dentro de los lí­ mites de su capacidad ·física y tolerancia mental. Pero también, en el proceso de descubri.miento con el pacien· te, debe encontrar, a través de su sensibilidad, los me­ dios de modulación requeridos

por

ese individuo dentro

del marco de su técnica. En una palabra, debe

contro­

lar

el encuadre de tal manera que permita la evolución de la transferencia del paciente.

ComQ se verá, este enfoque del proceso a•nalítico des­ cansa primordialmente en el componente estructural de la ·metapsicología y, tanto con niños como con adultos,

-contempla la existencia del

Jplitting

del Jelf, tanto ho­

rizontal (nivel de edad ) como vertical (anatómico y

funcional ) .• Y de este modo, en menor o mayor grado,

siempre existe, aunque no siempre sea asequible al con­ tacto, un nivel de la mente que es el más maduro, el cual, debido a la identificación proyectiva con objetos internos adultos, puede ser razonablemente llamado la ''parte adulta''. Es con esta parte de la personalidad que se propicia una alianza durante la tarea analítica. Un aspecto de la tarea analítica que alimenta esta alian­ za involucra la indicación y explicación de la coopera­ ción requerida, así como también su estimulación. El

analista tiene la esperanza de que esta ccparte adulta" gane progresivamente el control sobre el ''órgano de

l.a

· conciencia'', y de este modo sobre la conducta, no

sólo con el propósito de incrementar la cooperación, sino eventualmente para el desarrollo de la capacidad de auto-análisis.

En consecuencia, se puede establecer una distinci6n • Véase Apéndice K.

(23)

1 .. 1 1 • 1 BL PROCESO PSICOANALITICO

23

entre el ''análisis'' del paciente, como un proceso poten­ cialmente tan largo como la vida y que constituye una forma de vida con la responsabilidad obtenida a través del

insight

y el ''ser analizado como el método de poner en acción el auto-análisis. Este último estado da con­ sistencia al concepto de ''terminación'', que se diferencia del de ''interrupción'', y a objetivos de logro de

la

organización

básica de la personalidad antes que a la resolución de determinados rasgos o síntomas psico­ patológicos. Se podría decir que este enfoque está ale­ jado del modelo médico de la tarea psicoanalítica, pues significa el abandono de conceptos tales como ''enferme­ dad'' y ''curación'' a favor de un enfoque puramente meta psicológico.

Fue un desarrollo natural el que vinculó al psicoaná­ lisis tan estrechamente con el campo médico y

la

neu­ ropsiquiatría; se recogieron muchos beneficios mutuos, especialmente en los comienzos· cuando la gama tera­ péutica del análisis era tan limitada que el diagnóstico psiquiátrico diferencial constituía un resguardo esencial para la práctica analítica. Pero como la psiquiatría ha avanzado con las drogas, psicoterapias, tratamientos en grupo y enfoques sociológicos, la presión sobre el psi­ coanálisis para que ''cure'' los enfermos ha disminuido

y ha comenzado a esclarecerse su posición en el mun­ do. El psicoanálisis se ha convertido por un lado en el más fructífero método. de investigaci6n de la men­ talidad h11mana, donde el concepto de ''mente'' es di­ ferenciado del de ''cerebro'' y constituye su principal foco de i11terés. Por otra parte, el psicoanálisis ha de­ mostrado ser un campo de aprendizaje y fuente de in­ formación para los campos afines, o sea, la psicología,

(24)

24

DONALD MELTZER

Liberado del peso de la ''curación'', el psicoanálisis se ha orientado hacia el desarrollo del carácter con lo cual atrae a un tipo diferente de paciente que tiene

distintos objetivos. Al abarcar un área ubicada en al­ gún lugar del triángulo entre medicina psicológica, educación

y

crianza del niño, parece estar pronto para desarrollar una nosología, un sistema prognóstico

y

un método de evaluación del progreso separado del método descriptivo clínico usado por la psiquiatría. Su alterna­

tiva debe ser un sistema basado en el proceso analítico como un concepto unificado, pero esto no se puede lo­ grar sin la unidad del método clínico. Afortunadamente

sucede que el ''método clínico'' no necesita abarcar el área de la teoría

y

su resultado, la interpretación. Existe un amplio campo para que la unidad de las experien�ias clínicas posibilite la comunicación cientí­

fica mientras el aspecto técnico del método se man­ tenga constante, es decir, el encuadre. Se da por sen­ tado que cualquier método que no centralice su inda­ gación en

la

trans·ferencia no está en absoluto relacio­ nado con el psicoanálisis.

Si se piensa un poco se verá qué razonable es, según el punto de vista expresad·o aquí, que el análisis de niños revele el proceso analítico en su forma más pura. No sólo viene el niño al análisis libre de conceptos culturales erróneos respecto de la naturaleza del pro­ ceso, sino que también se acostumbra al mismo en for­ ma natural

y

sin motivaciones conscientes. Dado que los niveles de su mente están pobremente diferenciados

y

su vida está colmada de fenómenos transf erenciales, se introduce en el dominio del proceso analítico sin darse cuenta. Por esta razón paradójica la cooperación en el análisis no se desarrolla en los niños hasta un

(25)

t �

BL

PROCESO PSICOANALITICO 25 largo tiempo. Pero tampoco es razonable decir que no cooperan, hasta que se haya establecido una franca alianza con la parte ''adulta'' de su personalidad, de mo­ do tal que se puedan estudiar las fluctuaciones en el

esfuerzo.

Por estas razones, este libro ha sido construido al­ rededor del proceso tal como se manifiesta en el con­ sultorio de niños y puede parecer aplicable principal­ mente la experiencia del analista de niños. Sin em­

bargo, si los lectores que carecen de experiencia en este área perseveran hasta el Capítulo VI, encontrarán que el panorama total entra en relación con los hechos del consultorio adulto. En realidad cada analista está cons­

tantemente viendo al niño, o más precisamente, a las distintas partes-infantiles de su paciente adulto, en sue­ ños, así como también en el

acting-in

y

acting-out

de la transferencia. Pero es también cierto que, puesto que la experiencia en niños enriquece el traba jo de los

analistas, su ausencia puede hacer que las descripciones de los Capítulos 1� V sean menos vívidas .

Volvamos por un momento a la necesidad de cons­ truír, en el futuro, uAa nosología y un método de prog­

nosis puramente psicoanalíticos. A lo largo del texto

se indican sugerencias que apuntan a dicha fundamen­ tación, a los fines del aspecto clínico. Pero para que

sea de valor científico, un sistema de nomenclatura

y

prognosis deberá existir en íntima conexión con un

método de evaluación y con un concepto del proceso

analítico debidamente esclarecido y unificado. Está claro

que los pasos a seguir deben ser: primero, proceso ana­ lítico; segundo, método de evaluación; tercero, cons­ trucción de una nosología y prognosis. Gracias al genio de unos pocos ya se . cuenta con traba jos teóricos

y

(26)

téc-26

DONALD MBLTZER

nicos básicos. Es factible ahora que otros estudiosos brinden su contribución para unificar al psicoanálisis en una ciencia que contenga en sí misma todos sus ele­ mentos y que sea lo suficientemente sólida como para satisfacer a sus amigos más exigentes y protegerse de sus enemigos más virulentos.

Dado que vamos a rastrear a:hora la evolución de la transferencia como proceso, con una historia natural propia, tal vez lo mejor sería ser claro, desde el comien".' zo, acerca de la utilidad y de los peligros de tal con­ ceptualización. He dicho que el analista debe estar ''sumergido'' en la experiencia interna del material del paciente, confiando en que su virtuosidad analítica rea­ lizará en la sesión el manejo técnico y la tarea inter­ pretativa. Pero debe ''emerger' en el descanso para

comprender lo que ha estado haciendo en realidad y qué área del proceso analítico ha atravesado. A partir de estas consideraciones puede predecir el curso futuro

y llevar adelante la validación .mediante la predicción, que es el instrumento científico principal del psicoaná­ lisis.

Resulta obvio que la convicción acerca de la teoría analítica sólo puele provenir de la

exper

iencia; cada analista, guiado por sus profeso res y por la literatura correspondiente, debe ''descubrir'' la totalidad del aná­ lisis por sí mismo. Esto, creo, no ocurre en las otras

ciencias en las cuales no existe una absoluta interdepen­ dencia entre cada área de la teoría. Si hay pirámides que descansan sobre sus bases, el psicoanálisis es de las que descansa sobre su ápice constituido por el con­ cepto del inconsciente. La historia del psicoanálisis se asemeja al juego de construir con f6sforos sobre el cuello de tina botella y

tal

es la estructura

de las

teorías

(27)

BL PROCESO PSICOANALITlCO

27

que toman forma en la mente del analista a medida que éste se va formando. Al igual que el que contruye sobre-la-botella, el analista siente que esta estructura está en peligro constante ante cada perturbación, particular­ mente ante los ataques que provienen de sus propias estructuras infantiles. Hasta que el analista no tiene una vasta experiencia

y

su carácter se ha estabilizado por el tratamiento analítico, esta estructura de teoría es frecuentemente derribada por el

Jtf"ess

de la tarea analítica, su dolor, confusión, preocupación, culpa, des­ ilusión. El •temerger'' para ha·cer inventario, que ocurre

mientras el candidato está en análisis

y

mientras el ana­ lista joven está en supervisión, debe eventualmente to­ marse como un procero autónomo. La conceptualización del proceso analítico puede contribuir a esta función

y

de ese modo estimular la capacidad de investigación del

analista en formación. Me refiero a su capacidad de t'descubrir'' los fenómenos psicoanalíticos más allá de la verificación de todo lo que se le

ha

enseñado.

Si bien este es el valor de la concepción, debemos recordar sus peligros, es decir, la tentación de prote­ gernos de las zozobras antes enumeradas mediante la .

escotomización, el control obsesivo, la dependencia fácil de la teoría

y

la sumisión a la misma. Por lo que antes de comenzar, insisto en que los Capítulos que siguen no pueden ser ''usados'' en el consultorio, sino sola­ mente durante el descanso, cuando se escriben anota­ ciones, se reconsidera el progreso de un paciente, se presenta material, se escriben traba jos .

(28)
(29)

t

• • SBCCióN l

CAP

ÍTULO

1

LA

RECOLECCIÓN DE

LA

TRANSFERENCIA

Los niños se aproximan

al

análisis, como a cualquier nueva experiencia en la vida, bajo la orientación

y la

autoridad de sus padres .. se solía pensar que el deseo de complacer a los padres, la esperanza de gratificar an­

helos secretos

y

la expectativa de ·encontrar alivio para las aflicciones cotidianas se mezclaban en grados varia­ .bles para impulsarlos hacia la nueva experiencia, mien­

tras que las ansiedades los retenían. A su vez podemos pensar que el modelo motivacional es más inconsciente

y

pertenece· a la categoría general del deseo de mante­ ner el stat11s-quo- que se opone al impulso hacia la inte­ gración. No creo que estos dos puntos de vista sean in­

compatibles, . pero encuentro que este último · es más acorde con mi experiencia

y

modo de describir los fe­ nómenos analíticos .

.

Según este punto de vista la vida de un_ niño

al

co-mienzo de su análisis parecería estar colmada de obje­ tos del mundo externo: padres, hermanos, familiares, sirvientes,. maestras, animales, juguetes, máquinas

y

tam­

bién por elementos de la naturaleza. Aunque su tenden­ ·cia, impelida por distintos impulsos

y

ansiedades, es

la de extender los límites del_

self

para abarcar todo objeto nuevo, también padece el temor. a la

(30)

sobreexten-30 DONALD MELTZBR

sión a ''perderse'', y por esta raz6n intenta mantener un perímetro definido. La geografía de este perímetro,

en relación con el mundo externo, está principalmente, co­ mo en tantos juegos, definida por la distancia emocio­ nal del '';hogar'' que es, en verdad, el domicilio real, pero es también fundamentalmente los cuerpos de los padres y en especial el de la madre. De este modo las personas y las cosas tie�en una valencia positiva o ne­ gativa según se los sienta cercanos a los padres. La in­ tensidad de la valencia varía según el grado de intimi­ dad amistosa u hostil. Es por esta razón que una fobia, por ejemplo, estará casi siempre vinculada a una ten­ den·cia fóbica de los padres. Por otra parte sabemos que aparece una . valencia edípica negativa en el momento en que se sospecha de una intimidad demasiado posi­ tiva con una figura parental .

Creo que podemos decir, con seguridad, que los

ni-ños ''miden'' a su analista de este modo: con un ojo puesto en el padre o madre y el otro en el analista ob­

servando la interacción en el momento del encuentro. Se puede pensar en la incapacidad de integración de los niños en forma muy provechosa y sostener que . no se debe principalmente a un emergente persecutorio,

sino a su incapacidad de internalizar la yuxtaposición de la figura del padre y la del analista a los fin es de

''medir''. Un niño con u.na mayor capacidad para la in­ troyección lo puede hacer, utilizando datos que su pa­

dre o madre le pueden dar del analista, y viceversa, ais .. !ando a uno del otro. La forma en que los padres han

presentado la necesidad y el prop6sito del análisis, por ejemplo, puede yuxtaponerse en el pensamiento a la

presentación del analista, o a su actitud o modales. Toda disonancia tiene el efecto de una valencia negativa que

(31)

1

t

EL PROCESO PSICOANALITICO 31

se agrega al procedimiento analítico o al analista como persona. Por esta razón vale la pena que los padres preparen cuidadosamente al niño para esta primera sesión y para el manejo del niño en las diversas even­

tualidades que surgen de la misma, a pesar de que con frecuencia comprobamos que las más cuidadosas ins­ trucciones se pierden con la excitación del momento.

Este modo de comprender el problema que se nos presenta, en el sentido general de introducir una per­

sona nueva en la vida del niño, podría sugerir que el estrecho margen entre la amistad y la valencia ne­ gativa persecutoria o edípica debe ser utilizado por ha­

cerle evidente al niño la existencia de un grado correcto de relación amistosa, pero no demasiado íntima entre los padres y el extraño. Esto es de hecho lo que una

maestra o médico preparado harán a través de su con­ du·cta, forma de dirigirse, breve charla con los padres antes de dirigir su atención hacia el niño con cierto grado de contacto físico y a la vez emocional

Pero los requisitos del proceso analítico probable­ mente no se cumplirán a la larga con esta forma de comienzo, dado que nuestros objetivos difieren mucho de los de la maestra o el médico. No pretendemos es­ tablecer una relación de confianza y obediencia para

con nosotros como sustituto de los padres dentro de un área limitada. Deseamos emprender una relación nue­

va y trascendente que pueda separarse de la vida del

niño en su hogar y convertirse eventualmente en una

tarea p'ivada, de coopef'ación y de f'esponsabilidad. Es­

ta alianza con los aspectos más maduros del niño sólo se podrá lograr, creo, siguiendo los métodos postulados por Melanie Klein, según los cuales la interpretación, junto con el esclarecimiento del encuadre y el método

(32)

32 DONALD MEL1ZBR

de análisis, es utilizada para poner en marcha el pro­ ceso analítico, con todas las cualidades orgánicas que nos proponemos investigar: su ''historia natural'', como ya lo he llamado.

Parecería ser mejor, teniendo este objetivo en vista, que los padres hablaran con el niño lo menos posible acerca de las razones para su análisis o de los objetivos del proceso y que sólo le dieran

in/ ormaci6n

acerca del horario, frecuencia de las sesiones, nombre del analista y le indicaran que las preguntas restantes se le pueden formular al analista. En forma similar, sería deseable que el contacto entre los padres y el analista fuera tan restringido y ambiguo como la buena educación lo

per-•

mita.

:aste procedimiento con seguridad creará en el niño una tendencia a la valencia negativa más persecutoria respecto del analista, quién debe intentar neutralizar­ la lo antes posible mediante la interpretació.n de las

ansiedades inconscientes y conscientes y esclareciendo el encuadre, método y propósito del procedimiento

ana-lítico. ·

Llamo la ''recolección. de los procesos transferencia­ les'' a lo que sucede como consecuencia de este tipo de enfoque, durante el período introductorio del aná­ lisis de niños. Puede durar algunas semanas o varios meses. Difícilmente pueda i·maginar la confurmación de una resistencia intratable al análisis en este período, suponiendo se cuenta con una técnica adecuada e inter­ pretaciones con un grado mínimo de corrección, a ex­ cepción de una razón que sería la de una

folie a deux

entre madre y niño. Estoy tentado a decir ''la persona que lo trae a análisis', pero no creo realmente que esto sea correcto, porque he tenido experiencia de que no era

(33)

EL PROCESO PSICOANALÍTICO 33

la madre la que ''traía''

al

niño, sino que era ella, en­ vuelta en una

folie a deux,

lo que impedía que la con­

centración tomara la forma necesaria para poner el pro­ ceso de análisis en movimiento.

Acabamos de considerar brevemente la organización del espacio-vital d·el niño respecto de la distribución ge­

neral de las valencias positiva y negativa y la creación del perímetro dentro del cual todos los oh jetos nega­

tivos, temidos y odiados tienden a ser excluidos y den­ tro del cual los procesos de relación objeta! e identifi­ cación están en cambio constante. Lo que también está

en una serie continua de cambios es su relación con los objetos internos; la inestabilidad es el aspecto más significante de la organización de la personalidad por el cual el niño puede ser diferenciado del adulto, desde el punto de vista analítico. No sólo están sus relaciones internas en -constante cambio, si·no que la diferenciación entre lo interno y

Jo

externo se desdibuja constante­ mente por la externali.zación de su situación interna y por su actuación. Los objetos del mundo exterior que

habitualmente representan ciertos aspectos de la reali­ dad interna pueden haber adquirido la suficiente cons ...

tancia como para merecer el nombre de síntoma, tal como en una fobia, un ritual obsesivo, una relación pa­ ranoide ya establecida con el matón del vecindario o

manías en la comida. Hasta cierto punto se puede ha­ blar del carácter de un niño, pero sólo en niños muy enfermos se encuentra la ri·gidez y limitación que se aproxima en calidad a la constancia o cristalización ob­ servada en el paciente adulto. A estos niños, de hecho,

tendemos a describirlos como pequeños hombres o mujeres viejos precisamente por esta rigidez.

(34)

in-34 DONALD MELTZER

cernas y la fluidez de transición al

acting out

es la orden del día en los niños y son precisamente ese cam­ bio y fluidez los que constituyen las facetas principales de su disponibilidad para el enfoque analítico. Lo que

he descripto podría expresarse en otros términos dicien­ do: en los niños el nivel más maduro de relaciones con

los objetos externos está constantemente contaminado por el descontrolado

acting out

de las consecuencias del constante cambio en los niveles internos e infantiles de su vida psíquica. No existe área libre de esta con­ taminación. Sin embargo, la conciencia que el niño tiene de su perturbación varía mucho y es más aguda en el niño que tiene conciencia de una interferencia en su deseo de satisfacer las exigencias y expectativas de los padres. Cuando el

.rplitting

de niveles se hace más constante, como durante la latencia, las incursiones de la realidad psíquica son racionalizadas como ego sin­ tónicas o negadas, desde el punto de vista de su signi­ ficancia. De este modo el niño en latencia siente con frecuencia que sus padres están ''de mal humor'' o ''ha­ ciendo mucho lío por nada'', en relación con una explosión de conducta desaforada de su parte. Siente que ''toman todo demasiado en serio'', que . ''todos los chicos (o

chicas) lo hacen'' o ''sienten del mismo modo'' y sus padres le dan la libertad de hacer lo que a él justamen­ te se le ha negado.

En una palabra, la vida del niño está llena de pro­ cesos transferenciales. También lo es así la vida del adolescente (desde los

12

años hasta 10), pero con una diferencia importante. Mientras que el niño externaliza sus objetos internos en el

acting out,

el adolescente pro­ yecta partes y entra así en un tipo de

acting out

mucho

(35)

t

,

EL PROCESO PSICOANALITICO

35

papel importante.• Esta distinción es de su.ma impor­ tancia para comprender por qué es relativamente fácil iniciar a los niños en el proceso analítico, mientras que los adolescentes, más parecidos a los psicóticos, son tan difíciles. Se debe a que los niños externalizan objetos y entran entonces en relaciones transferenciales con es­ tos sustitutos objetales del mundo exterior que se con­ ducen de un modo que suele ser ajeno a su mejor nivel de relación con esa persona, animal o cosa. Mientras que el sustituto externo puede ser llevado por provoca­ ción a actuar el rol deseado, como está expresado en el sueño que se expulsa, lo hace con cierto grado de resistencia interna. Esto se ve muy claramente con ju­ guetes que, al ser usados en forma inapropiada, se rom­ pen, pierden o resultan inadecuados para el rol que se les impone. Algo similar ocurre con los animales, quie­ nes como los escritores de la Gestalt describen, ''aban· donan el campo'' cuando se les exige en forma excesiva. Sólo los seres humanos, y especialmente los adultos, ofrecen, debido a su propia perturbación o buena vo­ luntad mal dirigida, la capacidad de ser sustitutos obje­

tales realmente adecuados. Por esta razón, a pesar de que la vida del niño está ''colmada'' de objetos, cualquier

adulto con el que tenga contacto seguido tiende a acu­ mular signif icancia transf erencial, tal como el dinero que dejado en el banco acumula interés por el solo hecho de ''estar allí''.

Sin embargo, a pesar de la propia perturbación y aun contando con grandes cantidades de buena voluntad mal dirigida, la mayoría de los adultos en el mundo del

niño no tienen la requerida intensidad de interés como para sostener un rol transf erencial sin ocasionales

(36)

DONALD MELTZER

!iones contra la tiranía y la restricción. Por esta razón, exceptuando el deseo de los padres de ser idealizados o el de la niñera o abuelos de ser supra-parentales, los procesos transf erenciales del niño se ven forzados casi constantemente a buscar objetos nuevos. Esto consti­

tuye un impulso hacia la retención de la situación in­

terna patológica y la evolt1ción de síntomas como con­ secuencia. Cuando un niño y un adulto forman una estable colaboración en el

acting out,

surge la

folie a

deux,

tan refractaria al análisis. Es, en mi experiencia,

poco frecuente y generalmente implica a un adulto psi­ cótico. La colusión de tipo narcisista entre niños, tan

predominante en la pubertad, no tiene la misma calidad de coraza anti-analítica.

Este rasgo, esta disposición para incorporar a un adulto nuevo, que es con frecuencia un sustituto de los objetos internos, constituye el área principal de la dis­ ponibilidad del niño para el análisis, tal como la carga en un ión o la ligadura no saturada en un compuesto orgánico. Enfrentadas con la cualidad ambigua del en­ cuadre y la persona del analista, las necesidades o ten­ dencias transf erenciales del niño comienzan a ''tantear''

la situación y empiezan a aparecer un

ballon d'essai

tras otro en los juegos, comportamiento, conducta, ver­ balización, al principio tal vez lentamente, pero luego con mayor rapidez. Con estas antenas --creemos · in­

tentan envolver al analista en un

actmg out

recíproco

y les molesta encontrar la interpretación por respuesta. Estas primeras interpretaciones deben ser suaves y am­ pliadas por explicaciones que señalen cómo difiere el análisis de otras situaciones corrientes en la casa o en el colegio.

(37)

interpreta-• 1

EL PROCESO PSICOANALITICO 37

�os en lugar de entrar en el

acting out

de la transfe­

rencia? Antes que nada sentimos que, como Melanie Klein Jo ha demostrado, se alivia la ansiedad en niveles profundos. Pero ¿sabemos por qué o cómo? W. R.

Bion • ha sugerido que el paciente, como el lactante, externaliza una situación interna mediante la identif i­ cación proyectiva de una parte del sel/ que está an­

gustiada. Esta parte es luego experimentada como devuelta, desprovista del dolor a través del proceso de la comprensión. Claro que para lograr esta función el analista debe realmente recibir la identificación pro·

yectiva y su dolor sin dejarse dominar ni ser llevado a la acción por la misma. La actitud del analista, de re­ ceptividad, introyección, auto-control y sobre todo, el

deseo de comprender, no puede ser fingida. No deseo enfatizar demasiado la exactitud de la intervención ya que se pueden recibir proyecciones y comprenderlas mucho antes de ser capaz de verbalizarlas en for.ma correcta. Pero no tengo dudas de que la natutraleza exploratoria del proceso interpretativo es esencial para posibilitar que este tanteo cobre impulso.

Ante esta acumulación de impulso el primer fin de semana los hace sentir como un lobo acorralado y to­ davía no he visto ni me han contado de un niño que no haya regresado el lunes siguiente en un estado de rabia interna, recubierto por una ''corteza'', como la llama Freud. Estos dos procesos, el alivio que proviene de la comprensión y el shock de la separación ponen en movimiento el ritmo que es la forma ondulante, para decirlo así, del proceso analítico, que vuelve con fre­ cuencias variables, de sesión en sesión, de semana en semana, de período en período y de año en año.

(38)

38 DONALD MELTZER

Esta tendencia de los procesos transferenciales a en­ contrar expresión cuando sus ansiedades han sido ali­ viadas resulta en el fenómeno que he llamado ''la reco­ lección de la transferencia''. Cuando el niño se adapta bien al análisis esto puede ocurrir muy rápido al prin­ cipio y resultar en el tipo de mejoría de la perturbación clínica que se da fuera del análisis y que ha sido lla­ mada, en forma algo equívoca, ''cura transferencia!'', término tomado del análisis adulto donde probablemente es sinónimo de la ''fuga en salud''. Es importante pre­

parar a los padres para esta mejoría temprana y ase­ gurarles que no ha de durar, ya sea que piensen seria­ mente en sacar al niño del análisis o no.

Esta recolección inicial de la transferencia es más evidente en los niños que en los pacientes adultos, en los cuales la así llamada transferencia pre-formada es tan prominente en las primeras semanas y meses. Los niños, gracias a su relativa ingenuidad acerca del psico­ análisis, no presentan esta fachada, ya sea de pseudo­ cooperación o de pseudo-transferencia, de modo tal que la verdadera naturaleza de los aconteci1mientos que ponen al análisis en movimiento son más ostensibles. En realidad, los acontecimientos son los mismos para todos los pacientes, y mientras que el niño al comienzo intenta imponer al analista el rol de alguna figura muy conocida, como ser el de doctor si el analista es un hombre o el de maestra si es mujer, el adulto o el ado­ lescente impondrán el rol del ''psicoanalista'' derivado de lecturas, películas, rumores y fantasías. Este gambito inicial no tiene consecuencias serias y no es necesario considerarlo con atención ya que explota como una burbuja ante la primera interpretación que llega a lo profundo.

(39)

EL PROCESO PSICOANALITICO 39

Cada niño pronto se acomoda en su propio método de presentación de los fenómenos transf erenciales, su estilo propio. los niños pequeños jugarán con juguetes, reve­ larán sus ansiedades a través de una conducta muy evi­ dente como ser huyendo de la habitación, y en forma ostentosa se relacionarán con el analista o lo ignorarán completamente. Los niños en latencia frecuentemente recapitularán su conducta escolar sentándose, dibujando o escribiendo. El niño en la pubertad puede querer

hablar pero ser incapaz de aceptar la dependencia y la pérdida de anclaje con la realidad al yacer en el diván.

Todas estas cuestiones como son de estilo no tienen mayores consecuencias. El proceso esencial, la evolución de la transferencia, continúa sin ser visible para el ana­ lista hasta que el encuadre se haya circunscripto y defi­ nido de modo que las ansiedades queden contenidas dentro del mismo. Con los niños pequeños esto toma nuevamente la forma de una necesidad por parte del analista de definir e imponer límites geográ·ficos al encuadre.· Con el niño en latencia la transferencia pasa a la persona y conducta del analista, o sea, a su nega­

tiva a coincidir con el rol doctor, maestra, niñera, tío o semejantes, que el niño modela para él. Con el niño en la pubertad gira alrededor de cualidades de una mayor significación social tales como la nega­ tiva del analista a representar el ••mundo adulto'' contra los ''adolescentes''.

Durante las primeras semanas en que se están viendo problemas técnicos del encuadre, el material parece variar y moverse de un punto a otro, en cuanto a su contenido latente y ser. nebuloso y ambiguo en calidad, edípico genital en un momento, muy infantil en seguida, con ansiedades persecutorias y depresivas

(40)

40 DONALD MELTZER

alternativamente y confusiones que surgen a todos los niveles. En cierto modo el material es un vehículo para los problemas del encuadre y un reflejo de las fan­ tasías proporcionadas por la forma en que se mane ..

jan estos problemas. La firmeza en el manejo del problema de la separación en la sala de espera que un niño pequeño puede presentar puede brindar ma­ terial en relación con la identificación proyectiva con el perseguidor, lo cual requiere poner límites a la con­ ducta agresiva. Esto puede conducir a material edí­ píco femenino pasivo, lo cual requiere esclarecimiento

de restricción sobre el contacto corporal : esta res­ tricción puede provocar angustia de castración mas .. culina y el impulso homosexual a seducir y aplacar con caramelos de bolsillo, lo cual llevará al esclare .. cimiento de las razones que tiene el analista para rechazar este u otros regalos. U na explicación puede

llevar a una conducta expulsiva anal de índole ma .. níaca y la necesidad de defecar, lo cual requiere el esclarecimiento de la insistencia del analista en acom­ pañar al niño al baño y la elaboración de detalles en torno de la ayuda real que el niño necesita para des .. vestirse, vestirse, li.mpiarse, apretar el descargador, etc., a diferencia de su seducción por un lado y de su an­ siedad persecutoria por otro y así sucesivamente.

En otras palabras, en las primeras sesiones el mate­ rial no tiende a derivar su contenido latente del ma­

terial anterior, como ha de ocurrir luego ·siempre en el

análisis, sino que parece ser la respuesta a la

conducta

del

analista en relación con el encuadre. Sin embargo la ten .. dencia a reaparecer posteriormente está relacionada con el proceso interpretativo y su capacidad de establecer

(41)

''en-t

'

,

EL PROCESO PSICOANALITICO 41

gancharla'' y conservarla como modelo transf erencial en el análisis.

1fie11tras están surgiendo estos fugaces modelos de fantasía y transferencia potencial en respuesta a los problemas del encuadre, se ha puesto en movimiento otra secuencia en respuesta a la primera interrupción del fin de semana, o sea una secuencia de configuración transf erencial que gira alrededor de problemas de se­ paración y por lo tanto, de individuación. El niño va probando todos los recursos que conoce, de mayor o menor om·nipotencia, los descarta, los vuelve a probar

y eventualmente los abandona por un uso cada vez más consistente de la única defensa in·falible ante la sepa­ ración: la identificación proyectiva masiva . .

Esta constituye la secuencia esencial en la profundi­ zación de la transferencia que pone en marcha al pro­ ceso analítico, con todo su poder autónomo. Pero esta profundización puede vacilar y quedarse entonces lar­ gos períodos a menores profundidades y en un trabajo analítico más fortuito, si el manejo técnico de la se­ cuencia de la defensas ante la experiencia de separación

no es adecuado. Tácticas dilatorias, de construcción a último momento y de denigración del encqadre, robos, partidas antes de tie.m po (ya sea saliendo del consultorio o perdiendo el contacto ) , reversión de tipo maníaco

yendo

hacia

la madre que lo aguarda en la sala de

espera, y otros innumerables recursos deben ser enf ren­ tados, analizados por sus ansiedades subyacentes y re­ sueltos mediante un reajuste de la técnica del encuadre. Nuevamente la forma del problema es diferente con pacientes adultos porque a su vez se centra más en pro­

blemas de horarios, honorarios, modalidades de actividad y comunicación, pero el proceso es el mismo .

(42)

42

DONALD MELTZER

Estos dos problemas, la recolección de las configura­ ciones transferenciales que surgen respecto del encuadre

y la profundización de la respuesta transf erencial a las separaciones, interactúan entre sí para intensificar el compromiso con el análisis. Movilizan la omnipotencia del -niño en su intento de estabilizar la situación a medida que lucha contra la evolución de cualquier tipo de dependencia del proceso analítico y de la persona del analista. Los servicios del analista en relación con estos dolores psíquicos que son afectados e intensificados constituyen una compensación ante los intentos del pa­ ciente de controlar la situación. Su recepción de las proyecciones del dolor psíquico actúa como un factor modulador hasta que el dolor sea modificado por la

. . ,

1nterpretac1on.

Lentamente este movimiento relativamente fortuito de la transferencia disminuye a medida que se establece el encuadre con todas sus facetas complejas y se afirma el ritmo del proceso analítico. lo cual rara vez ocurre antes de que las consecuencias de una interrupción por vacaciones hayan sido resueltas. Tal vez sea la única fase del análisis en la cual la experiencia cuenta mucho en relación con el tiempo. El tiempo de esta primera fase está determinado en gran parte por la habilidad técnica y el criterio clínico del analista, a diferencia de fases más tardías en las cuales la elaboración sigue . un curso que está determinado por la estructura y constitución del paciente. Este punto será aclarado en los capítulos siguientes de esta sección.

En estos capítulos sobre la •thistoria natural'' del pro­ ceso analítico (Capítulos I-V ) el énfasis clínico está puesto, por las razones dadas en la Introducción, en el proceso tal como se da en el análisis de niños, dejando

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EL PROCESO PSICOANALITICO

43

la orientación de la totalidad en relación con el análisis adulto para el Capítulo VI. Pero podemos muy bien dedicar aquí cierta atención a las diferencias aparentes en el enfoque y período de introducción del paciente adulto no psicótico para demostrar que estas notables diferencias son en realidad superficiales ya que son di­ ferencias de forma y no de estructura.

El adulto viene al análisis con un carácter más cris­ talizado y modelos de transferencia con objetos externos más estables que el niño, pese a lo cual existe aún una vasta contaminación de su vida adulta. Su vida sexual está altamente contaminada de sexualidad infantil dt.. modo que su esposa es también su hermana delictiva, como una continuación de los modelos de la adoles­ cencia. Sus hijos contienen partes infantiles suyas pro­ yectadas ante las cuales actúa como el padre que idea­ liza o que persigue. Sus perseguidores más infantiles pueden ahora vivir en Marte o en Rusia pero existen, y su actitud ante el dinero, bienes,

status

social, polí­

tica y aún su campo de trabajo y conocimiento están destinados a estar más o menos contaminados de signi­ ficación infantil. En el sentido estructural parece ser cierto que la mayor parte de los adultos contintÍa!n

teniendo una estructura de personalidad adolescente hasta lo que Elliott Jaques llamó ''la crisis de la edad media de la vida'' cuando comienza la lucha por una integración mayor ( y con ella la rebelión contra los

modelos culturales ) o un retorino a la rigidez del pe­ ríodo . de latencia, lo cual implica t•el acomodamiento a

la edad media de la vida''.

Ya sea que el paciente adulto venga al análisis du­ rante esta adolescencia prolongada o . con la angustia

(44)

cié-•

44

DONALD MELTZER

naga del período de latencia que se da en este momento, su contención de estructuras infantiles

y

su reconoci­ miento de la realidad psíquica serán muy limitadas.

Las estructuras de personalidad del adulto desde el punto de vista psico-patológico di·f ieren entonces poco Je las del .niño. En cuanto a la motivación, la situación es similar y la diferencia es entonces más aparente que real. ¿Qué analista al pensar sobre los motivos que lo llevaron al análisis no se daría cuenta que fue ''el azar'' y no la sagacidad de criterio lo que lo llevó al diván? Lo mismo ocurre con todos los pacientes porque ningu·na

persona que no haya vivenciado el proceso analítico puede realmente comprender su significado emocional independientemente de la comprensión intelectual de la

literatura. Eramos pordioseros cuando creíamos ser pa­ trones, pacientes cuando creíamos ser estudiantes.

Del mismo modo que la motivación de los adultos es espuria, su alarde de cooperación es igualmente falso . Con toda sinceridad, conscientemente

y

con todo el es­ fuerzo de su intelecto, no pueden cumplir con la primera regla, tan frecuentemente mal entendida como ''decir todo lo que. les viene a la mente''. En realidad queremos que nuestros pacientes ''observen sus estados mentales y comuniquen sus observaciones'', lo cual no pueden hacer, y no podrán hacer con precisión o consistencia por algunos años. No pueden ni ''observar'', tal es el grado de constricción de la conciencia en relación con los

procesos internos, ni tampoco pueden ''comunicar'', de­ bido a lo inadecuado que es su vocabulario desarrollado en relación con objetos hechos del mundo externo.

De hecho, lo mismo que el niño, el paciente adulto está obligado, por un período largo, a ''actuar en la ttansf erencia'' en alto grado y, asimismo a actuar pata

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EL PROCESO PSICOANALITICO

45

tristeza de su familia y amigos. Por lo tanto, el prin­ cipio del tratamiento de un paciente adulto también

comienza realmente luego de la primera interrupción del fin de semana. Al igual que con el niño u11 período

de mejoría general está acompañado de ''la recolec­

ción de la transferencia'' y es luego interrumpido por la aparición de modelos de

acting out,

a medida que la

principal corriente de transferencia toma forma, y la ''historia natural del proceso analítico'' cobra vida

propia.

Si

todo esto es válido para el paciente adulto que

va al encuentro del análisis sólo debido a

insight

y

conocimiento, cuanto más lo será para la gran mayoría de pacientes que vienen, como los niños, por requeri­ miento de doctores, esposos y amigos, con la seguridad

de ser ''curados'' a través de la sumisión a ''ser ana .. lizados'' .

(46)

CAPÍTULO II

EL ORDENAMIENTO DE LAS CONFUSIONES GEOGRAFICAS

En el primer capítulo describí mi experiencia acerca de la fase inicial del proceso analítico en los niños afirmando como tesis central que este proceso tiene una historia natural propia determinada por la estruc­ tura del aparato me11tal a niveles inconscientes profun­ dos. Si el analista tiene el control de este proceso me­ diante la creación de un encuadre adecuado y una

intervención interpretativa lo suficientemente correcta y oportuna como para modificar las ansiedades más intensas y facilitar la elaboración, se puede observar

(principalmente en forma retrospectiva ) la aparición de una secuencia de fases. Quisiera ahora ilustrar la se-gunda de ellas.

La separación del primer fin de semana establece una

modalidad de relación a niveles profundos del incons­ ciente que aumenta en intensidad a medida que los procesos transferenciales infantiles se concentran e Í·n­

fluyen en el análisis. Esta modalidad, o la tendencia hacia ella, se libera en cada experiencia de separación periódica y más tarde en el análisis será reavivada por cada interrupción no prevista en la continuidad analí­ tica. La modalidad a la que me refiero es la . tendencia infantil a una identificación proyectiva masiva con

Referencias

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