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El decidir cuál es la actitud correcta del analista en

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relación con la ''terapia'' y el ''beneficio'' que el trabajo analítico proporciona a su paciente, es una cuestión que requiere urgente consideración. Ciertamente, desde el punto de vista ético, · está obligado por un contrato con su paciente a empeñarse en beneficiarlo con el método analítico y por

la

ética médica del

nihil nocHe

a no

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OONALD MELTZER

hacerle daño. Sin embargo, con la misma seguridad

que en cirugía, el tratamiento psicoanalítico no - puede

realizarse sin peligro para el paciente, tanto mental como físico. El sentido común sugeriría que el celo terapéutico, un deseo intenso de ayudar al paciente, sería una cualidad tan beneficiosa en un analista como

en un médico o un cirujano. Pero el

insight

analítico

muestra claramente que esto está lejos de ser cierto. El celo terapéutico contiene muchos peligros latentes para el trabajo psicoanalítico, entre los cuales, el más importante es el siguiente factor. Mientras que en un

tratamiento médico la confianza del paciente debe to­

mar la forma de sumisión al juicio del doctor

y

predis­

posición a seguir sus indicaciones, la confianza no es un requisito del trabajo analítico. En realidad es im­ posible que se dé al comienzo, y puede sólo crecer en

forma gradual, luego de provechosos años de experien­

cia en el proceso analítico. •

La

pasividad de la con­

fianza médica es un estado transferencia! actuado con sumisión infantil a una figura parental. Las más tem­

pranas experiencias de hipnosis de Freud le demostra­ ron lo necesariamente limitado que dicho método era. Sabemos ahora que esta confianza infantil, como su extensión en la sumisión en la hipnosis, implica un

proceso de

splitting

e identificación proyectiva, en el

cual la parte

adulta

de la personalidad es temporaria­

mente transferida al médico.

Esto de hecho ocurre, a pesar de todas las precau-

. , . . . , . .

c1ones tecn1cas, con pacientes ps1cot1cos

y

en cierto

grado, en las tempranas fases del análisis con todos los pacientes. Pero de continuar significaría un obstáculo en el progreso hacia la posición depresiva. Tal proyec-

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ción de todo el segmento adulto de la personalidad, o

de una parte, en el analista, intensifica la dependencia que es de todos modos intensa, especialmente cuando se aproxima a la relación con el pecho nutricio. ( Véase Capítulo IV. ) Intensifica esta dependencia del proceso analítico al atribuirlo a la persona del analista en una forma sumamente tenaz. Esta transferencia ce pega josa'',

en la cual el analista y no el proceso o los objetos in­ ternos son vivenciados como únicos, se manifiesta me­ diante una presión i·ntensa ejercida sobre la contra­

transferencia del analista. Mientras que el

insight

y

la

madurez del analista pueden protegerlo de ser arras­ trado a un estado megalomaníaco, puede, no obstante, surgir una insidiosa megaloma·nía con respecto a un paciente particular y ello escapar a su atención. Su·

forma es siempre la del celo terapéutico su garantía, el análisis interminable , su trasfondo la amenaza de suicidio no verbalizada ni admitida.

Pero aun en una forma más atenuada, el celo tera­ péutico del analista induce a la disociación y proyección de efectos de la personalidad adulta del paciente que implican iniciativa, la búsqueda de autoestima y el de­ seo de ''poner todo lo que está de su parte'' Es vicioso y conduce a la inercia, especialmente debido a que el temor a la terminación flota en el aire tan pronto como la experiencia de dependencia del pecho nutricio ha sido ad·mitida.

¿Qué es lo que ha de sostener al analista, aparte de su necesidad de ganarse la vida, si se requiere limitar el celo terapéutico, mientras la actitud analítica nece­ sita la aceptación de las proyecciones del dolor mental?

''La devoción al método analítico'' con seguridad no puede significar una recompensa lo suficientemente

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OONALD MELTZER

puesta sea

la

curiosidad científica. Después de todo

puede suceder que hayan otras formas mejores de ga­ narse la vida y aliviar el sufrimiento que el ejercicio del psicoanálisis mediante un método inflexible. Ya he señalado que el psicoanálisis propiamente dicho se está aparta·ndo. de su posición original como una sub­ especialidad de la medicina psicológica para ocupar un lugar dentro del triángulo formado por medicina, edu­

cación y crianza de niños. O que sería al mismo tiempo una ciencia de investigación y un campo de formación para .otras disciplinas. Mi experiencia me lleva a creer que estos dos factores, la curiosidad . científica y

la

de­

voción al método, se refuerzan entre . sí, se potencian, para producir una firmeza de propósito mayor que la

que se podría esperar de la mera suma de los dos fac­ tores. Sabemos que si actúan en forma separada bajo la forma de lealtad a los profeso res y sed de conoci­ miento, estas dos cualidades de carácter provocan la restricción del pensamiento científico y la experimen­

tación silvestre. Actuando en forma conjunta, integra­ das dentro de la posición depresiva, incrementan en gra·n parte la tolerancia al dolor concomitante que acom­ paña al método de investigación.

Surge ahora la cuestión de si la actividad interpreta­ tiva del analista ha de entenderse como ejercida total­ mente al servicio de la ''elaboración'' o si también de algún modo como parte del encuadre. Es evidente que la actitud analítica i·ncluye varios elementos: recibir el

material, el contenido y la conducta; contener la pro­ yección del dolor mental; pensar acerca de

la

situación

transf erencial; y finalmente comunicar lo que el ana­ lista comprende, aun cuando sea provisorio, de momento en momento. Si retomamos el material de Jane estu­ diado por el seminario, vemos que surgió dos veces 11na

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crisis de dolor depresivo, una luego de la Interpreta­ ción 1 1 y la otra luego de la Interpretación

l8,

en

ambos casos centradas en torno de su deseo de ''ir al baño''. Ambas interpretaciones fueron sustancialmente correctas y diferían solamente en . un mayor énfasis en la Interpretación 18 en las ansiedades depresivas de las cuales la paciente se defendía al querer ''ir al baño'' para tirar sus objetos dañados y a sí misma.

La

Inter­

pretación 18 ha producido un cambio hacia la aceptación de la ansiedad depresiva, promoviendo el material del

pajarito y fracasando solamente por la proximidad

del fin de la sesión.

Sería absurdo sugerir que el trabajo interpretativo anterior ha sido fútil y la Interpretación 18 única en su género, especialmente porque el contenido no es de ningún modo especial ni tampoco es más preciso. Evi­ dentemente lo que se ha alterado es la receptiyidad de la niña al

contenido

de la interpretación. En el ma­ terial pueden observarse fluctuaciones en el contacto que establece: primero está completamente absorbida por la actuación en la transferencia de sus relaciones internas; de allí pasa a una posición de mayor respuesta al analista, tal como se da desde Paciente . 3 hasta 6, para volverlo a perder en Paciente 7 y

8, y

recobrarlo en Paciente 9, etcétera.

Esta ''penetración'' de la actividad interpretativa que­

bró el aspecto

acting-in

del material y estableció nue­

vamente el ''trabajo'' analítico por parte de la paciente, basado en la diferenciación entre realidad externa e

interna. Pero sólo en Paciente 19 la ''cooperación'' ha

sido alcanzada para ser anulada unos

minutos más tarde ante la terminación de la sesión.

Quisiera sugerir que el aspecto del traba jo interpreta­

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en forma provechosa como una parte del ··encuadre''

del proceso analítico; es efectivo porque constituye una continua declaración de que la actitud analítica es la siguiente: ''Soy su analista, una figura externa; recibo sus proyecciones pero no estoy dominado por ellas; soy todavía capaz de comunicarle mis pensamientos''. Es cierto que a veces con niños que son muy destructivos o con adultos psicóticos que amenazan con · un ataque es necesario recurrir a un acto último de individualidad, terminar la sesión en forma prematura, para refutar las pretensiones de control omnipotente. Pero el analista se apoya principalmente en el

hecho

de que todavía es ca paz de pensar e interpretar para llevar a cabo este esclarecimiento.

Esta conclusión apunta al hecho de que hay una fun­ ción de la interpretación relacionada con los esfuerzos

del analista para preservar la actitud analítica y ·no con la corrección con la que es capaz de comprender el significado inconsciente del material. En cierto sentido se puede decir que para que el desenlace sea exitoso depende primordialmente de la

intensidad

con que tra­ baja el analista antes que de su talento o experiencia. Esto explica por qué algunos analistas pueden producir mayor conmoción · en sus pacientes como candidatos que luego más avanzados en sus carreras; porque la emoción del aprendizaje tiene un efecto tan vivificador en el proceso; porque un poco de supervisión que da a poyo a la tolerancia del analista a las proyecciones puede di·namizar un proceso que ·se había detenido; porque la búsqueda del conocimiento científico puede permitir al analista perseverar con pacientes que con­ tinuamente proyectan desesperación.

En forma inversa, silencio por parte del analista siem­ pre producirá mayor ansiedad y regresión en el pa-

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ciente y un debilitamiento general de la actividad

terpretativa del analista promueve el

acting-out.

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