• No se han encontrado resultados

DONALD MEL1ZBR

In document El Proceso Psicoanalitico (página 32-57)

de análisis, es utilizada para poner en marcha el pro­ ceso analítico, con todas las cualidades orgánicas que nos proponemos investigar: su ''historia natural'', como ya lo he llamado.

Parecería ser mejor, teniendo este objetivo en vista, que los padres hablaran con el niño lo menos posible acerca de las razones para su análisis o de los objetivos del proceso y que sólo le dieran

in/ ormaci6n

acerca del horario, frecuencia de las sesiones, nombre del analista y le indicaran que las preguntas restantes se le pueden formular al analista. En forma similar, sería deseable que el contacto entre los padres y el analista fuera tan restringido y ambiguo como la buena educación lo per-

mita.

:aste procedimiento con seguridad creará en el niño una tendencia a la valencia negativa más persecutoria respecto del analista, quién debe intentar neutralizar­ la lo antes posible mediante la interpretació.n de las

ansiedades inconscientes y conscientes y esclareciendo el encuadre, método y propósito del procedimiento ana-

lítico. ·

Llamo la ''recolección. de los procesos transferencia­ les'' a lo que sucede como consecuencia de este tipo de enfoque, durante el período introductorio del aná­ lisis de niños. Puede durar algunas semanas o varios meses. Difícilmente pueda i·maginar la confurmación de una resistencia intratable al análisis en este período, suponiendo se cuenta con una técnica adecuada e inter­ pretaciones con un grado mínimo de corrección, a ex­ cepción de una razón que sería la de una

folie a deux

entre madre y niño. Estoy tentado a decir ''la persona que lo trae a análisis', pero no creo realmente que esto sea correcto, porque he tenido experiencia de que no era

EL PROCESO PSICOANALÍTICO 33 la madre la que ''traía''

al

niño, sino que era ella, en­

vuelta en una

folie a deux,

lo que impedía que la con­

centración tomara la forma necesaria para poner el pro­ ceso de análisis en movimiento.

Acabamos de considerar brevemente la organización del espacio-vital d·el niño respecto de la distribución ge­

neral de las valencias positiva y negativa y la creación del perímetro dentro del cual todos los oh jetos nega­

tivos, temidos y odiados tienden a ser excluidos y den­ tro del cual los procesos de relación objeta! e identifi­ cación están en cambio constante. Lo que también está

en una serie continua de cambios es su relación con los objetos internos; la inestabilidad es el aspecto más significante de la organización de la personalidad por el cual el niño puede ser diferenciado del adulto, desde el punto de vista analítico. No sólo están sus relaciones internas en -constante cambio, si·no que la diferenciación entre lo interno y

Jo

externo se desdibuja constante­ mente por la externali.zación de su situación interna y por su actuación. Los objetos del mundo exterior que

habitualmente representan ciertos aspectos de la reali­ dad interna pueden haber adquirido la suficiente cons ...

tancia como para merecer el nombre de síntoma, tal como en una fobia, un ritual obsesivo, una relación pa­ ranoide ya establecida con el matón del vecindario o

manías en la comida. Hasta cierto punto se puede ha­ blar del carácter de un niño, pero sólo en niños muy enfermos se encuentra la ri·gidez y limitación que se aproxima en calidad a la constancia o cristalización ob­ servada en el paciente adulto. A estos niños, de hecho,

tendemos a describirlos como pequeños hombres o mujeres viejos precisamente por esta rigidez.

34 DONALD MELTZER

cernas y la fluidez de transición al

acting out

es la orden del día en los niños y son precisamente ese cam­ bio y fluidez los que constituyen las facetas principales de su disponibilidad para el enfoque analítico. Lo que

he descripto podría expresarse en otros términos dicien­ do: en los niños el nivel más maduro de relaciones con

los objetos externos está constantemente contaminado por el descontrolado

acting out

de las consecuencias del constante cambio en los niveles internos e infantiles de su vida psíquica. No existe área libre de esta con­ taminación. Sin embargo, la conciencia que el niño tiene de su perturbación varía mucho y es más aguda en el niño que tiene conciencia de una interferencia en su deseo de satisfacer las exigencias y expectativas de los padres. Cuando el

.rplitting

de niveles se hace más constante, como durante la latencia, las incursiones de la realidad psíquica son racionalizadas como ego sin­ tónicas o negadas, desde el punto de vista de su signi­ ficancia. De este modo el niño en latencia siente con frecuencia que sus padres están ''de mal humor'' o ''ha­ ciendo mucho lío por nada'', en relación con una explosión de conducta desaforada de su parte. Siente que ''toman todo demasiado en serio'', que . ''todos los chicos (o

chicas) lo hacen'' o ''sienten del mismo modo'' y sus padres le dan la libertad de hacer lo que a él justamen­ te se le ha negado.

En una palabra, la vida del niño está llena de pro­ cesos transferenciales. También lo es así la vida del adolescente (desde los

12

años hasta 10), pero con una diferencia importante. Mientras que el niño externaliza sus objetos internos en el

acting out,

el adolescente pro­ yecta partes y entra así en un tipo de

acting out

mucho

EL PROCESO PSICOANALITICO

35

papel importante.• Esta distinción es de su.ma impor­ tancia para comprender por qué es relativamente fácil iniciar a los niños en el proceso analítico, mientras que los adolescentes, más parecidos a los psicóticos, son tan difíciles. Se debe a que los niños externalizan objetos y entran entonces en relaciones transferenciales con es­ tos sustitutos objetales del mundo exterior que se con­ ducen de un modo que suele ser ajeno a su mejor nivel de relación con esa persona, animal o cosa. Mientras que el sustituto externo puede ser llevado por provoca­ ción a actuar el rol deseado, como está expresado en el sueño que se expulsa, lo hace con cierto grado de resistencia interna. Esto se ve muy claramente con ju­ guetes que, al ser usados en forma inapropiada, se rom­ pen, pierden o resultan inadecuados para el rol que se les impone. Algo similar ocurre con los animales, quie­ nes como los escritores de la Gestalt describen, ''aban· donan el campo'' cuando se les exige en forma excesiva. Sólo los seres humanos, y especialmente los adultos, ofrecen, debido a su propia perturbación o buena vo­ luntad mal dirigida, la capacidad de ser sustitutos obje­

tales realmente adecuados. Por esta razón, a pesar de que la vida del niño está ''colmada'' de objetos, cualquier

adulto con el que tenga contacto seguido tiende a acu­ mular signif icancia transf erencial, tal como el dinero que dejado en el banco acumula interés por el solo hecho de ''estar allí''.

Sin embargo, a pesar de la propia perturbación y aun contando con grandes cantidades de buena voluntad mal dirigida, la mayoría de los adultos en el mundo del

niño no tienen la requerida intensidad de interés como para sostener un rol transf erencial sin ocasionales rebe-

DONALD MELTZER

!iones contra la tiranía y la restricción. Por esta razón, exceptuando el deseo de los padres de ser idealizados o el de la niñera o abuelos de ser supra-parentales, los procesos transf erenciales del niño se ven forzados casi constantemente a buscar objetos nuevos. Esto consti­

tuye un impulso hacia la retención de la situación in­ terna patológica y la evolt1ción de síntomas como con­ secuencia. Cuando un niño y un adulto forman una estable colaboración en el

acting out,

surge la

folie a

deux,

tan refractaria al análisis. Es, en mi experiencia,

poco frecuente y generalmente implica a un adulto psi­ cótico. La colusión de tipo narcisista entre niños, tan predominante en la pubertad, no tiene la misma calidad

de coraza anti-analítica.

Este rasgo, esta disposición para incorporar a un adulto nuevo, que es con frecuencia un sustituto de los objetos internos, constituye el área principal de la dis­ ponibilidad del niño para el análisis, tal como la carga en un ión o la ligadura no saturada en un compuesto orgánico. Enfrentadas con la cualidad ambigua del en­ cuadre y la persona del analista, las necesidades o ten­ dencias transf erenciales del niño comienzan a ''tantear'' la situación y empiezan a aparecer un

ballon d'essai

tras otro en los juegos, comportamiento, conducta, ver­ balización, al principio tal vez lentamente, pero luego con mayor rapidez. Con estas antenas in­ tentan envolver al analista en un

actmg out

recíproco y les molesta encontrar la interpretación por respuesta.

Estas primeras interpretaciones deben ser suaves y am­ pliadas por explicaciones que señalen cómo difiere el análisis de otras situaciones corrientes en la casa o en el colegio.

EL PROCESO PSICOANALITICO 37

�os en lugar de entrar en el

acting out

de la transfe­

rencia? Antes que nada sentimos que, como Melanie Klein Jo ha demostrado, se alivia la ansiedad en niveles profundos. Pero ¿sabemos por qué o cómo? W. R. Bion • ha sugerido que el paciente, como el lactante, externaliza una situación interna mediante la identif i­ cación proyectiva de una parte del sel/ que está an­

gustiada. Esta parte es luego experimentada como devuelta, desprovista del dolor a través del proceso de la comprensión. Claro que para lograr esta función el analista debe realmente recibir la identificación pro·

yectiva y su dolor sin dejarse dominar ni ser llevado a la acción por la misma. La actitud del analista, de re­ ceptividad, introyección, auto-control y sobre todo, el

deseo de comprender, no puede ser fingida. No deseo enfatizar demasiado la exactitud de la intervención ya que se pueden recibir proyecciones y comprenderlas mucho antes de ser capaz de verbalizarlas en for.ma correcta. Pero no tengo dudas de que la natutraleza exploratoria del proceso interpretativo es esencial para posibilitar que este tanteo cobre impulso.

Ante esta acumulación de impulso el primer fin de semana los hace sentir como un lobo acorralado y to­ davía no he visto ni me han contado de un niño que no haya regresado el lunes siguiente en un estado de rabia interna, recubierto por una ''corteza'', como la llama Freud. Estos dos procesos, el alivio que proviene de la comprensión y el shock de la separación ponen en movimiento el ritmo que es la forma ondulante, para decirlo así, del proceso analítico, que vuelve con fre­ cuencias variables, de sesión en sesión, de semana en semana, de período en período y de año en año.

38 DONALD MELTZER

Esta tendencia de los procesos transferenciales a en­ contrar expresión cuando sus ansiedades han sido ali­ viadas resulta en el fenómeno que he llamado ''la reco­ lección de la transferencia''. Cuando el niño se adapta bien al análisis esto puede ocurrir muy rápido al prin­ cipio y resultar en el tipo de mejoría de la perturbación clínica que se da fuera del análisis y que ha sido lla­ mada, en forma algo equívoca, ''cura transferencia!'', término tomado del análisis adulto donde probablemente es sinónimo de la ''fuga en salud''. Es importante pre­

parar a los padres para esta mejoría temprana y ase­ gurarles que no ha de durar, ya sea que piensen seria­ mente en sacar al niño del análisis o no.

Esta recolección inicial de la transferencia es más evidente en los niños que en los pacientes adultos, en los cuales la así llamada transferencia pre-formada es tan prominente en las primeras semanas y meses. Los niños, gracias a su relativa ingenuidad acerca del psico­ análisis, no presentan esta fachada, ya sea de pseudo­ cooperación o de pseudo-transferencia, de modo tal que la verdadera naturaleza de los aconteci1mientos que ponen al análisis en movimiento son más ostensibles. En realidad, los acontecimientos son los mismos para todos los pacientes, y mientras que el niño al comienzo intenta imponer al analista el rol de alguna figura muy conocida, como ser el de doctor si el analista es un hombre o el de maestra si es mujer, el adulto o el ado­ lescente impondrán el rol del ''psicoanalista'' derivado de lecturas, películas, rumores y fantasías. Este gambito inicial no tiene consecuencias serias y no es necesario considerarlo con atención ya que explota como una burbuja ante la primera interpretación que llega a lo profundo.

EL PROCESO PSICOANALITICO 39

Cada niño pronto se acomoda en su propio método de presentación de los fenómenos transf erenciales, su estilo propio. los niños pequeños jugarán con juguetes, reve­ larán sus ansiedades a través de una conducta muy evi­ dente como ser huyendo de la habitación, y en forma ostentosa se relacionarán con el analista o lo ignorarán completamente. Los niños en latencia frecuentemente recapitularán su conducta escolar sentándose, dibujando o escribiendo. El niño en la pubertad puede querer

hablar pero ser incapaz de aceptar la dependencia y la pérdida de anclaje con la realidad al yacer en el diván.

Todas estas cuestiones como son de estilo no tienen mayores consecuencias. El proceso esencial, la evolución de la transferencia, continúa sin ser visible para el ana­ lista hasta que el encuadre se haya circunscripto y defi­ nido de modo que las ansiedades queden contenidas dentro del mismo. Con los niños pequeños esto toma nuevamente la forma de una necesidad por parte del analista de definir e imponer límites geográ·ficos al encuadre.· Con el niño en latencia la transferencia pasa a la persona y conducta del analista, o sea, a su nega­

tiva a coincidir con el rol doctor, maestra, niñera, tío o semejantes, que el niño modela para él. Con el niño en la pubertad gira alrededor de cualidades de una mayor significación social tales como la nega­ tiva del analista a representar el ••mundo adulto'' contra los ''adolescentes''.

Durante las primeras semanas en que se están viendo problemas técnicos del encuadre, el material parece variar y moverse de un punto a otro, en cuanto a su contenido latente y ser. nebuloso y ambiguo en calidad, edípico genital en un momento, muy infantil en seguida, con ansiedades persecutorias y depresivas

40 DONALD MELTZER

alternativamente y confusiones que surgen a todos los niveles. En cierto modo el material es un vehículo para los problemas del encuadre y un reflejo de las fan­ tasías proporcionadas por la forma en que se mane ..

jan estos problemas. La firmeza en el manejo del problema de la separación en la sala de espera que un niño pequeño puede presentar puede brindar ma­ terial en relación con la identificación proyectiva con el perseguidor, lo cual requiere poner límites a la con­ ducta agresiva. Esto puede conducir a material edí­ píco femenino pasivo, lo cual requiere esclarecimiento

de restricción sobre el contacto corporal : esta res­ tricción puede provocar angustia de castración mas .. culina y el impulso homosexual a seducir y aplacar con caramelos de bolsillo, lo cual llevará al esclare .. cimiento de las razones que tiene el analista para rechazar este u otros regalos. U na explicación puede

llevar a una conducta expulsiva anal de índole ma .. níaca y la necesidad de defecar, lo cual requiere el esclarecimiento de la insistencia del analista en acom­ pañar al niño al baño y la elaboración de detalles en torno de la ayuda real que el niño necesita para des .. vestirse, vestirse, li.mpiarse, apretar el descargador, etc., a diferencia de su seducción por un lado y de su an­ siedad persecutoria por otro y así sucesivamente.

En otras palabras, en las primeras sesiones el mate­ rial no tiende a derivar su contenido latente del ma­

terial anterior, como ha de ocurrir luego ·siempre en el análisis, sino que parece ser la respuesta a la

conducta

del

analista en relación con el encuadre. Sin embargo la ten .. dencia a reaparecer posteriormente está relacionada con el proceso interpretativo y su capacidad de establecer

EL PROCESO PSICOANALITICO 41 gancharla'' y conservarla como modelo transf erencial en

el análisis.

1fie11tras están surgiendo estos fugaces modelos de fantasía y transferencia potencial en respuesta a los problemas del encuadre, se ha puesto en movimiento otra secuencia en respuesta a la primera interrupción del fin de semana, o sea una secuencia de configuración transf erencial que gira alrededor de problemas de se­ paración y por lo tanto, de individuación. El niño va probando todos los recursos que conoce, de mayor o menor om·nipotencia, los descarta, los vuelve a probar

y eventualmente los abandona por un uso cada vez más consistente de la única defensa in·falible ante la sepa­ ración: la identificación proyectiva masiva . .

Esta constituye la secuencia esencial en la profundi­ zación de la transferencia que pone en marcha al pro­ ceso analítico, con todo su poder autónomo. Pero esta profundización puede vacilar y quedarse entonces lar­ gos períodos a menores profundidades y en un trabajo analítico más fortuito, si el manejo técnico de la se­ cuencia de la defensas ante la experiencia de separación

no es adecuado. Tácticas dilatorias, de construcción a último momento y de denigración del encqadre, robos, partidas antes de tie.m po (ya sea saliendo del consultorio o perdiendo el contacto ) , reversión de tipo maníaco

yendo

hacia

la madre que lo aguarda en la sala de

espera, y otros innumerables recursos deben ser enf ren­ tados, analizados por sus ansiedades subyacentes y re­ sueltos mediante un reajuste de la técnica del encuadre. Nuevamente la forma del problema es diferente con pacientes adultos porque a su vez se centra más en pro­

blemas de horarios, honorarios, modalidades de actividad y comunicación, pero el proceso es el mismo .

42

DONALD MELTZER

Estos dos problemas, la recolección de las configura­ ciones transferenciales que surgen respecto del encuadre

y la profundización de la respuesta transf erencial a las separaciones, interactúan entre sí para intensificar el compromiso con el análisis. Movilizan la omnipotencia del -niño en su intento de estabilizar la situación a medida que lucha contra la evolución de cualquier tipo de dependencia del proceso analítico y de la persona del analista. Los servicios del analista en relación con estos dolores psíquicos que son afectados e intensificados constituyen una compensación ante los intentos del pa­ ciente de controlar la situación. Su recepción de las proyecciones del dolor psíquico actúa como un factor modulador hasta que el dolor sea modificado por la

. . ,

1nterpretac1on.

Lentamente este movimiento relativamente fortuito de la transferencia disminuye a medida que se establece el encuadre con todas sus facetas complejas y se afirma el ritmo del proceso analítico. lo cual rara vez ocurre antes de que las consecuencias de una interrupción por vacaciones hayan sido resueltas. Tal vez sea la única fase del análisis en la cual la experiencia cuenta mucho en relación con el tiempo. El tiempo de esta primera fase

In document El Proceso Psicoanalitico (página 32-57)