Pentecostés Y Espíritu Santo

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Pentecostés

Y

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n el mundo religioso es muy común oír esta palabra “Pentecostés”, la relacionan

con cultos bulliciosos e

irreverentes. ¡Yo soy Pentecostés! dicen miles de personas llenas de

euforia. Pero seguramente

muchos de ellos no han

entendido lo que significa esta palabra.

Primeramente debemos tener

claro que la tantas veces mencionada palabra Pentecostés no es el nombre de la iglesia que fundó Jesucristo; este es un

concepto completamente

equivocado. Pentecostés es el nombre de una de las ceremonias anuales que fueron instituidas en el sacerdocio levítico: “y como se cumplieron los días de Pentecostés estaban todos unánimes juntos” Hechos 2:1, esta palabra viene de un vocablo griego que significa cincuenta días después.

Exactamente cincuenta días

después que los hijos de Israel celebraban la Pascua, llegaban los días de la celebración de esta otra fiesta (Pentecostés), la cual consistía en traer al sacerdocio de Aarón las primeras espigas de trigo que habían recogido en la cosecha. Por tal razón, a este mismo ceremonial le llamaban la fiesta de las semanas: Levítico 23:10-16.

Año tras año, a los cincuenta días después de haber celebrado el ritual de la Pascua, (14 de Abib) todo devoto hijo de Israel venía a Jerusalén trayendo consigo las primeras y mejores espigas de trigo y de cebada que había

cosechado en su labranza;

colocaba aquel presente en el incensario de oro por medio del sacerdote de Aarón y era mecido en el altar del Señor, e incensaba al Dios Todopoderoso aquel suave presente y Él lo recibía como olor de suavidad.

Los israelitas nunca entendieron cual era el significado de este y de todos los rituales que como una sombra se celebraba cada año:

“Pues la ley tenía la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca podía por los mismos sacrificios que se hicieran cada año, hacer perfectos a los que se allegaban” Hebreos 10:1. Claramente leemos que estas ceremonias anuales (como el Pentecostés) era sombra de los bienes venideros.

¿Qué significaba la fiesta

de las primicias, cosechas

o Pentecostés?

En la realidad esta ceremonia tipificaba la gran primera

E

prometida, porque en el

desierto no podían sembrar, y obviamente sino se llevaban

las primeras espigas de cosecha, la fiesta no tenía

validez.

Esta ceremonia anual comenzaron a celebrarla cuando entraron a la tierra

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cosecha que se recogió de la siembra del Evangelio, los cuales fueron 144 mil convertidos, recogidos como las primicias de aquella siembra: “Habla a los hijos de Israel y diles: cuando hubiereis entrado a la tierra que yo os doy, y segareis su mies, traeréis al sacerdote un omer por primicia de los primeros frutos de vuestra siega” Levítico 23:10.

Hoy, ¿Qué espigas llevaríamos si no somos agricultores? De nada nos serviría juntarnos en una reunión a los cincuenta días después de haber recordado el

memorial de la Pascua y

pretender estar celebrando el día de Pentecostés, lo que estaríamos haciendo solo sería un remedo de tal ceremonia y esto la misma ley no lo permite: “... lo incompleto no puede contarse” Eclesiastés 1:15, los judaizantes hoy pretenden celebrar el Pentecostés pero no llevan las espigas de trigo al sacerdocio de Aarón, lo que hacen es celebrar un culto

acompañado de una buena

comilona, esto más bien se vuelve una burla, por el otro lado la curia romana pretende también celebrar el Pentecostés pero lo único que hacen es una Misa: “... lo incompleto no puede contarse” Eclesiastés 1:15, sino se puede celebrar la fiesta conforme a todo lo que está escrito en el Libro de la Ley y pretendemos quitarle o ponerle algo nos ganamos una maldición: “... maldito todo aquel que no permaneciere en todas las

cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” Gálatas. 3:10.

Esto era la sombra de una

Gran Cosecha Espiritual

Aquella fiesta de las primicias era la representación de la primera gran cosecha del Evangelio. La predicación de Jesucristo es una

siembra: “He aquí el que

sembraba salió a sembrar” Mateo 13:3 y la primer cosecha de esta siembra fueron ciento cuarenta y cuatro mil redimidos, Apocalipsis 14:1-4. En la última parte del verso 4 se lee que ellos fueron primicias, fue la mejor cosecha del Evangelio, la época de los hombres más santos, las mejores espigas salieron de los hijos de Israel, el apóstol Santiago escribiéndole a las doce tribus les dice: “Él, de su voluntad nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” Santiago 1:18 (pida nuestro folleto Los ciento cuarenta y cuatro mil) Ellos fueron el remanente que creyó en Jesucristo y los demás quedaron endurecidos.

Los Apóstoles No estaban

celebrando esta Fiesta

Cuando llegó el día de

Pentecostés se encontraban

reunidos no en el templo, sino en

una casa particular donde

moraban Pedro, Jacobo y otros, llamada el Aposento Alto, no para celebrar la fiesta del Pentecostés, sino esperando que llegara la

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promesa del Espíritu Santo, esa fue la orden: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” Lucas 24:49. Los apóstoles ya no creían en el sacerdocio de Aarón, su Sumo Sacerdote ahora era Jesucristo; y según la ley levítica, estas fiestas

eran ministradas por el

sacerdocio de Aarón, pero los apóstoles ya estaban viviendo

bajo el sacerdocio de

Melquisedec, quien nada tuvo que ver con este tipo de ceremonias. Así que afirmamos nuevamente, no se lee en el capítulo dos del libro de los

Hechos que ellos estaban

celebrando tal fiesta, antes bien vemos que la orden fue no salir de Jerusalén entre tanto el Espíritu Santo no llegara; y justamente cuando los hijos de Israel celebraban esa fiesta llegó el Espíritu Santo. Hechos 2:1-11.

Este descenso fue semejante a una tormenta, pues al leer los versos citados notará que primero vino un viento recio, después lenguas de fuego, o sea relámpagos, esto era la gran lluvia temprana anunciada por el profeta, Joel 2:23-32, y el mismo Pedro hace alusión a esta profecía cuando sucedió este espectacular milagro:

“Más esto es lo dicho por el profeta Joel: en los postreros días, dice Dios derramaré de mi Espíritu sobre toda carne...” Hechos 2:16-20. Pero al leer el

capítulo dos del libro de los Hechos sin visión del Espíritu Santo sino con prejuicio religioso el lector le da un sentido completamente errado, de allí el porqué los indoctos con facilidad tuercen las Escrituras para perdición de ellos mismos, dijo Pedro.

El Capítulo 2 de los Hechos se ha forzado y torcido por los que pretenden ser pentecostales y enseñan en sus ruidosos cultos que los apóstoles quedaron borrachos en el espíritu y por eso hoy día, se afirma que el espíritu emborracha; entonces bailan, gritan frenéticamente y se

desploman perdiendo el

conocimiento.

Muchos israelitas

llegaron a Jerusalén a esa

fiesta

uando sucedió el milagroso descenso del Espíritu Santo, habían llegado a Jerusalén miles de israelitas de distintas naciones, y todos estos peregrinos hablaban diferentes idiomas dependiendo del lugar de donde venían: “Y moraban en Jerusalén judíos varones religiosos de todas las naciones bajo el cielo” Hechos 2:5, los israelitas esparcidos sí habían llegado a celebrar la fiesta y Dios los estaba esperando para anunciarles el sacrificio de Cristo con el poder de su Espíritu Santo que descendería en esos días. Y

aunque estos peregrinos

hablaban diferentes lenguas el

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Señor le habló a cada uno en sus propios idiomas, completamente diferente al hebreo, su lengua materna: “Y se quedaron atónitos y maravillados diciendo: ¿No son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo pues les oímos hablar en nuestra lengua en que somos nacidos?” Hechos 2:7-8.

Pero aparte de estos foráneos religiosos, habían otros en Jerusalén los cuales no entendían lo que estaba sucediendo en su entorno, pues recuerde que los apóstoles estaban dando el mensaje en las diferentes lenguas de aquellos extranjeros que habían llegado a la fiesta de Pentecostés. Esto fue algo sorprendente e inexplicable, porque Dios nunca había hablado en la lengua de los gentiles; pero en la profecía estaba dicho:

“Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo” Isaías 28:11. Los incrédulos judíos residentes en Jerusalén, como no hablaban las lenguas de sus hermanos foráneos, no entendían la predicación; entonces lo más fácil de creer para ellos era que los apóstoles estaban borrachos:

“Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían están llenos de mosto (Borrachos)?” Hechos 2:12-13. Pero los hebreos venidos de diferentes naciones sí entendieron el mensaje y no los miraban ebrios sino que decían: “Mirad,

¿No son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos hablar nosotros cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” Hechos 2:7-8.

Lector amigo, el Espíritu Santo no emborracha a nadie, ni le hace

perder la razón a ningún

humano, ante la presencia del Espíritu Santo se manifiesta decencia y orden: “Haced todo decentemente y con orden” 1 de Corintios 14:40. Los frutos del Espíritu están descritos en Gálatas 5: 23-24 pero no menciona nada de borrachera en el Espíritu. Esto es un agregado que los religiosos le han puesto para sostener esta herejía.

Aquel Gran

Acontecimiento del

descenso del Espíritu

Santo, solo les sucedió

una vez a los Apóstoles

Y Pedro miró un segundo acontecimiento parecido a lo ocurrido en el día de Pentecostés, pero no se volvió a ver más casos de esta naturaleza: “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.” Hechos 11:15-16. Pedro aquí describe cómo fue que llegó a Cesarea y predicó en la casa de Cornelio el Centurión, y él dice:

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“Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también como sobre nosotros al principio” Hechos 11:15.

Pedro menciona que él

experimentó ese milagro al principio, pero ya no en esta ocasión, cuando Cornelio fue bautizado y lleno del Espíritu Santo. Es que el Espíritu de Dios entra solamente una vez en el hombre, tenga cuidado porque el espíritu de error lo hace a cada momento: “Probad los espíritus si son de Dios” 1 de Juan 4:1

Explicación de algunos

versículos

“Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible en Jerusalén” Hechos 20:16. Note bien que el versículo en ninguna manera nos está diciendo que los gentiles convertidos guardaban el Pentecostés, solo dice que Pablo quería llegar para esa fecha a Jerusalén. Asumamos que el apóstol iba con el objetivo de celebrar el Pentecostés, él mismo apóstol de los gentiles nos explica: no porque él celebrara

algunas cosas de la ley

ceremonial estaba diciendo que los gentiles convertidos quedaban obligados a guardar las leyes rituales, él lo hizo por otras razones; en cierto momento circuncidó a Timoteo: “Quiso Pablo que este fuese con él; y

tomándole le circuncidó por causa de los judíos que habían en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego” Hechos 16:3. Pero repetimos, no era el propósito de Pablo que los gentiles conversos practicaran tales cosas, sino con el propósito de ver si lograba ganarse algunos fanáticos judíos.

Pablo aprovechaba la

oportunidad en las fiestas judías y les hablaba de Cristo, esa es la información que nos da: “Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios” 1 de Corintios 16:8-9. ¿Entiende cuál era el propósito de Pablo? La puerta abierta que miraba era la de presentar a Jesucristo valiéndose que él era judío y que como tal la ley le autorizaba estar en esas fiestas

porque eran festividades

nacionales.

Este tópico no es nada fácil

poderlo entender sin la

revelación divina: “El Espíritu de Verdad al cual el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros” Juan 14:17. ¿Qué es el Espíritu Santo? En las Escrituras no se presenta una trinidad, esta

El Espíritu

Santo

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doctrina apareció por los años

300 d.C. aprobado en los

concilios de Nicea, Calcedonia. El apóstol Pablo, quien fue uno de los depositarios de la doctrina del Cristo viviente escribió así: “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él” 1 de Corintios. 8:6.

Pablo presenta dos personas y no una trinidad, más adelante escribe: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer y Dios la cabeza de Cristo” 1 de Corintios. 11:3. Note que solo menciona dos personas y cuando enseña lo del Espíritu Santo en ningún momento lo presenta como persona, sino como la súper eminente grandeza del poder de Dios: “Y cual la súper eminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos según la operación del poder de su fuerza la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos, y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” Efesios 1: 19-20. Aquí Pablo nos revela que Dios regresó a la vida a

Jesucristo mediante su

omnipotente poder y en otra Escritura Pablo nos dice: “Y si el espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos

mortales por su espíritu que mora en vosotros” Romanos 8:11. ¡Qué maravillosa revelación! Nuestro apóstol entiende que el Espíritu Santo es la poderosa energía de Dios por medio de la cual da vida, inspiración, gozo, y con esa misma inagotable energía que procede de Dios sustenta todo el Universo; pero los concilios de Nicea y Calcedonia trastornados de su propio juicio crearon una trinidad o sea tres dioses iguales. Jesucristo mismo enseñó que el Espíritu Santo es el poder de Dios:

“He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” Lucas 24:49. ¿Qué era ese poder del cual iban a ser investidos los sencillos e incultos pescadores de Galilea? Ellos serían llenos de Espíritu Santo, cuando ese Dúnamis como se le llama en griego al Espíritu Santo, palabra que al traducirla al español quiere decir Dinamita, ellos poseídos de ese divino poder entonces tuvieron el suficiente valor de predicar el Evangelio, esa energía procedente del Padre Dios y de su Hijo Jesucristo era su

PARAKLETO, su ayudante,

cuando ellos exponían el mensaje los oyentes quedaban atónitos y notaban en ellos un fenómeno de poder inexplicable: ¿Cómo era posible que aquellos iletrados

galileos tuvieran la gran

capacidad de presentar aquel vibrante mensaje que redime las almas.?

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“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el espíritu de Dios” 1 de Corintios 2:11. ¡Vea que Comparación! Usted y yo tenemos un espíritu mental, ese es nuestro poder intelectual

Efesios 4:23 y nadie conoce lo que usted y yo pensamos solo nuestro espíritu mental, y Pablo nos dice en el mismo verso ya leído: “Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios sino el espíritu de Dios.” Es que el Espíritu mental de Dios está dentro de Él como nuestro espíritu esta dentro de nosotros: “... Porque el espíritu todo lo escudriña aún lo profundo de Dios” 1 de Corintios 2:10 y en el ultimo versículo de este capítulo Pablo hablando de ese espíritu que hemos recibido concluye diciéndonos: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo”1 Corintios 2: 16 entonces Pablo concluye diciendo que el espíritu de Cristo es SU MENTE.

Las Escrituras revelan al Espíritu Santo como una energía y no como persona, se dice que el Espíritu Santo se derrama: Hechos 2:17, “… y en los postreros días dice Dios. Derramaré de mi

Espíritu sobre toda carne...”

También se dice que el Espíritu Santo llena: Hechos 2:4 “y fueron llenos del Espíritu Santo” y se puede beber: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 1 de Corintios 12:13, si fuese una persona esto no pudiera ser así, porque una persona no se puede derramar, ni

se puede beber. Por eso

entendemos que el Espíritu es una energía que procede de Dios. NOTA: para mayor información

pida nuestro folleto

“Representaciones del Espíritu Santo.”

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