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EL SITIO DE LAS COSAS La Alta Edad Media en contexto

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Academic year: 2022

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EL SITIO DE LAS COSAS

La Alta Edad Media en contexto

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CAROLINA DOMÉNECH-BELDA Y SONIA GUTIÉRREZ LLORET (EDS.)

EL SITIO DE LAS COSAS La Alta Edad Media en contexto

PUBLICACIONS DE LA UNIVERSITAT D’ALACANT

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Publicacions de la Universitat d’Alacant 03690 Sant Vicent del Raspeig

[email protected] https://publicaciones.ua.es

Teléfono: 965 903 480

© los autores, 2020

© de esta edición: Universitat d’Alacant

ISBN: 978-84-9717-707-8 Depósito legal: A 317-2020

Editoras científicas: Carolina Doménech-Belda y Sonia Gutiérrez Lloret Coordinadora técnica: Victoria Amorós Ruiz

Diseño de cubierta: candela ink

Ilustración de la cubierta: Proyecto museográfico Tolmo de Minateda Composición: Marten Kwinkelenberg

Impresión y encuadernación:

Quinta Impresión

Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos,

www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Este volumen ha sido realizado en el marco del proyecto de investigación HAR2015-67111-P, El sitio de las cosas: relación entre la cultura material y los espacios construidos a la luz de la arqueología (siglos vi-xiv), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO/FEDER, UE). Su edición ha contado igualmente con financiación de la Conselleria d’Educació, Investigació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana

(AORG/2018/071) y la Universidad de Alicante.

Esta editorial es miembro de la UNE, lo que garantiza la difusión y comercialización nacional e internacional de sus publicaciones.

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A Lorenzo Abad, por construir el contexto.

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ÍNDICE

PRÓLOGO ... 11 Patrice Cressier

PRESENTACIÓN ... 13 Sonia Gutiérrez Lloret y Carolina Doménech-Belda

CULTURA MATERIAL Y PROCESOS FORMATIVOS EN ARQUEOLOGÍA ... 17 Agustín Azkarate Garai-Olaun y José Luis Solaun Bustinza

L’ALCÚDIA D’ELX: CONTEXTOS, RESIDUALIDAD Y REEMPLEO ... 35 Mercedes Tendero Porras, Ana M.ª Ronda Femenia, Sonia Gutiérrez Lloret, Julia Sarabia-Bautista y

Victoria Amorós Ruiz

CINTURONES, MOLINOS Y COSECHAS DE MIJO: ELEMENTOS EXTRAÑADOS

DE SUS CONTEXTOS ... 51 Alfonso Vigil-Escalera Guirado

LOS ÚLTIMOS EDIFICIOS DOMÉSTICOS, DE SERVICIO PORTUARIO Y PRODUCTIVOS

DEL SUBURBIO DE TARRACONA (S. VII-VIII): UN ENSAYO HOLÍSTICO ... 67 Francesc Rodríguez Martorell, Moisés Díaz García, Josep M. Macias Solé, Josep F. Roig Pérez e

Immaculada Teixell Navarro

DE FOSAS Y TESOROS O DE CÓMO EL TESORO ES LA FOSA. UN CONTEXTO

DE VERTIDO EN EL BARRIO DE ÉPOCA BIZANTINA DE LA ARX HASDRUBALIS ... 83 Jaime Vizcaíno Sánchez, José Miguel Noguera Celdrán y María José Madrid Balanza

ENTRE EL PERIODO VISIGODO Y LA TEMPRANA ÉPOCA EMIRAL DE AL-ANDALUS:

EL ESPACIO CONSTRUIDO Y LA CULTURA MATERIAL DE RECÓPOLIS ... 103 Lauro Olmo-Enciso, Manuel Castro-Priego y Pilar Diarte-Blasco

ESTRATOS, VELLONES, FELUSES Y TREMISES. ESTRATIGRAFÍA Y NUMISMÁTICA

EN EL YACIMIENTO DE LA VEGA BAJA DE TOLEDO (SS. VII-XV D.C.) ... 123 Manuel Castro-Priego

ESPACIO, TIEMPO Y MONEDAS EN EL TOLMO DE MINATEDA ... 161 Victoria Amorós Ruiz y Carolina Doménech-Belda

ANILLOS CON EPÍGRAFES ÁRABES EN CONTEXTOS FUNERARIOS DE PAMPLONA ... 175 M.ª Antonia Martínez Núñez, M.ª Paz de Miguel Ibáñez y Sonia Gutiérrez Lloret

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UNA LECTURA CONTEXTUAL DEL RECINTO EMIRAL DEL TOSSAL DE LA VILA (CASTELLÓ). ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL ORIGEN, MORFOLOGÍA Y FUNCIONES DE LOS ASENTAMIENTOS EN ALTURA EN EL EXTREMO

SEPTENTRIONAL DEL ŠARQ AL-ANDALUS... 195 Joan Negre, Marta Pérez-Polo, Ferran Falomir, Gustau Aguilella, Pablo Medina y Marta Blasco

EL YACIMIENTO DEL CABEZO PARDO (ALBATERA/SAN ISIDRO, ALICANTE).

UN CONTEXTO DE LA CONQUISTA ISLÁMICA ... 219 M.ª Teresa Ximénez de Embún Sánchez

CONTEXTOS ARQUEOLÓGICOS EN EL ARRABAL OMEYA DE ŠAQUNDA: EL FUNDUQ ... 235 María Teresa Casal García

LOS PRIMEROS CONTEXTOS ISLÁMICOS EN MARROQUÍES BAJOS (JAÉN) ... 255 Mercedes Navarro Pérez, Irene Montilla Torres y Vicente Salvatierra Cuenca

LOS CONTEXTOS DOMÉSTICOS ALTOMEDIEVALES DEL YACIMIENTO DE

LAS PALERAS EN EL CERRO DEL CASTILLO DE ALHAMA DE MURCIA ... 277 José Baños Serrano

ANÁLISIS FUNCIONAL DE LOS ESPACIOS DOMÉSTICOS PERTENECIENTES A

LA MANZANA ORIENTAL DEL ḤIṢN DEL CERRO DE LAS FUENTES DE ARCHIVEL ... 297 Antonio Javier Murcia Muñóz, Francisco Brotóns Yagüe y Antonio Javier Medina Ruiz

LES ÉPAVES SARRAZINES DE PROVENCE (FIN IXE-DÉBUT XE SIÈCLE). CONTEXTES

CLOS ET IMMERGÉS ... 313 Catherine Richarté-Manfredi. Avec la collaboration de C. Capelli et N. Garnier

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La materialidad de la ciudad de Ilici ha sido objeto de análisis y debate desde los primeros trabajos que se llevaron a cabo después de la creación de la Fun- dación L’Alcúdia, institución que, desde hace más de dos décadas, tutela este Bien de Interés Cultural (Gutié- rrez y Louis, 2018). Las intervenciones arqueológicas practicadas durante estos años desvelan una realidad a veces distinta de la expresada por la bibliografía tradi- cional. Baste recordar, por ejemplo, la identificación del lienzo occidental del sector 5B como el muro que delimita unas termas (Ramos y Tendero, 2000; Abad et al., 2000; Tendero y Ronda, 2014: 235 y ss., y e.p.b), frente a su interpretación secular como parte de la muralla construida en el siglo iii (Ramos Fernández, 1975: 239)1. Por tanto, la complejidad de las secuencias estratigráficas de Ilici, a la que se suman otros factores como la homogeneidad de la coloración de los estratos, reafirman la necesidad de emplear métodos adecuados en los procesos de análisis.

Esta nueva realidad arqueológica se abría paso entre las exiguas referencias estratigráficas que hasta enton- ces se tenían, fundamentadas en secuencias idealizadas donde era común encorsetar datos que, finalmente, propiciarían una estratigrafía imaginada. Los diferen- tes niveles, sobre todo los más superficiales, habrían

* Trabajo realizado en el marco de los proyectos de investigación Domus-L’Alcúdia: vivir en Ilici desarrollado dentro del programa propio de Investigación y Transferencia de Conocimiento de la Universidad de Alicante, y PROMETEO/2019/035, LIMOS. LIto- ral y MOntañaS en transición: arqueología del cambio social en las comarcas meridionales de la Comunidad Valenciana, finan- ciado por la Generalitat Valenciana.

1. La primera referencia bibliográfica que identifica este lienzo con las murallas de Ilici aparece en P. Ibarra, 1926: Elche. Materiales para su historia. Tras él, otros autores, como A. Ramos Folqués o el citado R. Ramos Fernández, sostuvieron esta interpretación durante todo el siglo xx.

sufrido constantes alteraciones provocadas por expolios y el cambio radical de la fisonomía del yacimiento a finales del siglo xix, cuando se aportaron tierras y se adecuó la superficie para el aprovechamiento agrícola.

Estas acciones habrían dejado también su huella en el palimpsesto estratigráfico de L’Alcúdia, desfigurando por completo la última de las ciudades, la tardía, hasta hacerla evanescente (Gutiérrez, 2004: 97-100).

Pasado el tiempo, y tras varias intervenciones arqueológicas en distintas áreas del yacimiento, se puede afirmar que las secuencias estratigráficas de Ilici presentan no pocas dificultades interpretativas, no solo por las relaciones físicas de sus estratos o estructuras, sino también por su contenido material, donde la residualidad es una constante que requiere de metodología y exhaustividad, tanto en la recogida de las piezas como en su tratamiento posterior. Estos resultados arqueológicos recientes permitieron estable- cer unas premisas interpretativas sobre la evolución y la secuencia de ocupación del yacimiento, propiciando la relectura de antiguas intervenciones arqueológi- cas practicadas en L’Alcúdia a partir de los diarios de campo de A. Ramos. De esta forma, se ha podido imbricar en un solo discurso todos los datos referen- tes a Ilici, desde sus restos materiales prehistóricos hasta los islámicos que aparecen sobre los niveles de colmatación de los edificios tardoantiguos (Tendero y Ronda 2014; Tendero, 2015: 111 y ss., y 2017: 52 y ss.). Y precisamente en esta revisión de las antiguas excavaciones, la ciudad tardoantigua ha pasado a ser la facies más visible en toda la trama urbana (Ronda, 2018: 344-347).

En los sectores 4C, 5B, 6B y 4F (fig. 1), se observan procesos de formación de diferentes contextos arqueo- lógicos complejos que ofrecen, a día de hoy, secuencias más amplias que las establecidas hasta hace apenas una década.

L’ALCÚDIA D’ELX: CONTEXTOS, RESIDUALIDAD Y REEMPLEO*

MERCEDES TENDERO PORRAS ANA M.ª RONDA FEMENIA SONIA GUTIÉRREZ LLORET

JULIA SARABIA-BAUTISTA VICTORIA AMORÓS RUIZ

Universidad de Alicante

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Mercedes Tendero Porras, Ana M.ª Ronda Femenia, Sonia Gutiérrez Lloret, Julia Sarabia-Bautista y Victoria Amorós Ruiz 36

ASOCIACIONES CRONOESTRATIGRÁFICAS EN EL FRENTE OCCIDENTAL: EJEMPLOS DE ESTUDIO DE CONTEXTOS

Las secuencias que constatamos en el frente occiden- tal de Ilici están caracterizadas en su mayoría por la presencia de numerosas interfaces de uso, de cons- trucción o de expolio que, a la larga, han alterado en reiteradas ocasiones los niveles estratigráficos precedentes debido a la constante reutilización de los espacios de ocupación o de los elementos arqui- tectónicos con los que estos fueron construidos en origen. A ellas se unen otros factores que, más allá de la lectura estratigráfica en sí, nos condicionan a elaborar minuciosos inventarios y catalogaciones de los materiales arqueológicos recuperados en cada una de las unidades estratigráficas y, de esta manera, reconstruir los contextos precisando sus cronologías.

Veamos algunos ejemplos:

Sector 4C

En el sector 4C (fig. 1), conocido por la bibliografía como el sector de las Casas Ibéricas y excavado durante las décadas de los 60 y 70 del siglo xx (Ramos Fol- qués y Ramos Fernández, 1966; 1976; Ronda, 2018:

317-341), practicamos en 2011 un amplio sondeo al sur de una calle que con sentido este-oeste delimitaba el espacio por el lado meridional.

Los resultados de estas excavaciones mostraron que prácticamente a las mismas cotas de profundidad en las que aparecían los restos ibéricos en la fachada septentrional de la calle, se documentaban ahora al sur de la misma una serie de construcciones y secuencias estratigráficas que nada tenían que ver con el espacio conocido. Un ejemplo de esta secuencia y de las cons- tantes interfaces que alteran la estratigrafía original la tenemos en el Grupo de Unidades n.º 12 (GU 012).

En los niveles más profundos del sondeo realizado en GU 012 (fig. 2) se detectaron dos fases preaugusteas, asociadas a sendos momentos constructivos definidos por varios muros que delimitaban una estancia cua- drangular, obliterados por estratos muy compactos con altos contenidos de barros y adobes disgregados, y caracterizadas por la práctica ausencia de materiales arqueológicos2. Estos niveles estaban afectados por una fosa de tendencia circular realizada en época augustea, rellena por un depósito que pudimos datar durante las últimas décadas del siglo i a.n.e.3. Esta fosa estaba a su

2. Los escasos materiales recuperados en estos estratos fueron identi- ficados como fragmentos informes de ánfora, cerámicas comunes y pintadas a bandas, todos ellos de cronología ibérica. La presen- cia de un fragmento informe de cerámica pintada por ambas caras permitió asociarlo formalmente como un plato que podría datarse a partir del siglo iii-iv a.n.e.

3. La fosa, de tendencia cónica y forma de embudo, estaba rellena en su mayoría por fragmentos cerámicos, fauna y piedras. El depósito contenía materiales ibéricos con decoración lineal y de melenas Figura. 1. Plano de l’Alcudia y sectores del yacimiento que se mencionan en el texto.

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L’Alcúdia d’Elx: contextos, residualidad y reempleo 37

vez recortada en superficie por una nueva interfaz que imposibilita determinar cuál fue el nivel de uso desde la que se practicó ya que desmantela su cota superior y, además, afecta al resto de estratos ibéricos comentados más arriba. Esta nueva interfaz, de naturaleza construc- tiva, sirvió para acondicionar el terreno horizontalmente y asentar las estructuras de una sala identificada como el caldarium de un edificio termal altoimperial par- cialmente excavado en la actualidad. El caldarium se define como una sala cuadrangular a partir de los restos de sus muros perimetrales, realizados con mampostería trabada con argamasa de cal y sillares. Está comuni- cado por el norte probablemente con el praefurnium4

del «estilo II ilicitano», pero son más abundantes los del estilo II Ilicitano, como tacitas de imitación de la forma Mayet X, con su característica decoración floral. También fragmentos de platos Lam. 5 y 7 de campaniense C, vaso de paredes finas Mayet VIII con decoración burilada y TS aretina, como el plato Ett. 12.2 y el bol 13.3 con una cronología del cambio de Era, –15/20 d.n.e.

Entre las piedras depositadas en el fondo del relleno de la fosa, se ha recuperado la efigie de una sirena esculpida en caliza local, que pasó a engrosar la colección de escultura ibérica del Museo Monográfico L’Alcúdia. (Tendero y Ronda, 2014: 234, fig. 6).

El contexto apunta claramente a las fechas en que se produjo la deductio colonial de Augusto, alrededor de los años 25 al 15 a.n.e., un momento de reurbanización en Ilici.

4. Esta zona al norte del caldarium quedó sin excavar por completo.

Nos decantamos por asociar el espacio a un praefurnium porque

gracias a un vano abierto en el muro; por el este y por el oeste se abren dos pequeñas dependencias laterales, una absidal y la otra cuadrangular respectivamente, ambas calefactadas como así lo indican los sillares verticales que forman los vanos de comunicación de estos habi- táculos con el hypocaustum del caldarium y, por el sur, un muro, sustentado de nuevo por sillares verticales que dejan huecos para el paso del calor, anuncian la presencia de una sala contigua que quedó sin excavar y que asociamos a un probable tepidarium. En torno al caldarium se documentaron varias fases constructivas posteriores que modificaron sustancialmente la planta original de las termas. No obstante, tanto el nivel de uso del caldarium como la base de opus caementicium sobre la que se construyeron las pilae que lo cimenta- ban, no se han conservado. Se pudo determinar que en el siglo v esta sala calefactada y sus dos dependencias laterales fueron expoliadas prácticamente hasta sus cotas de cimentación, desmantelando por completo todos los elementos y materiales constructivos suscep- tibles de ser reutilizados en otras construcciones, como los ladrillos que debieron conformar las pilae o el suelo de opus caementicium sobre el que descansaron, del que solo han quedado exiguos restos adheridos a los

la abertura de este vano en el muro, reforzado con sillares a modo de jambas, así parece indicarlo.

Figura. 2. Detalle del GU 12 en el sector 4C

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Mercedes Tendero Porras, Ana M.ª Ronda Femenia, Sonia Gutiérrez Lloret, Julia Sarabia-Bautista y Victoria Amorós Ruiz 38

muros perimetrales de la sala. Esta enorme oquedad fruto del saqueo que afecta a todos los posibles restos de los niveles relacionados con el uso de la estancia, fue utilizada como vertedero a partir del primer cuarto del siglo v d.n.e. (Tendero et al., 2019)5, colmatándose en un espacio de tiempo relativamente breve como así parece demostrarlo la presencia de algunos fragmentos de recipientes cerámicos de una misma pieza dispersos por varias unidades estratigráficas ubicadas tanto en los niveles iniciales del vertido como en los últimos que se realizaron. En el siglo vi se aportaron tierras para regularizar la superficie y, reutilizando aquellas estructuras visibles del antiguo complejo termal que aún quedaban en pie, se construyeron nuevos espacios con distinta funcionalidad. Se localizaron varios ele- mentos relacionados con el prensado probablemente de aceite –como dos sillares dispuestos en paralelo que servirían de contrapeso y los restos de la zona de prensado, todos dispuestos sobre un suelo de arcillas anaranjadas desigualmente conservado–, por lo que el espacio quedó identificado como una almazara. Sobre estos niveles, entre el siglo vii y el viii, se construye- ron los últimos muros relacionados con la ocupación del sector, unas veces apoyados sobre los zócalos de antiguas construcciones y otras de nueva planta. En estas cotas, prácticamente en el nivel superficial del yacimiento arqueológico, son continuas las alteraciones provocadas por diversas acciones agrícolas de etapas moderna o contemporánea, por lo que difícilmente se pueden detectar niveles de uso claramente definidos o precisar las dataciones. Se detectaron, no obstante, sobre los niveles de derrumbe de estas últimas estruc- turas del siglo viii, los restos de un enterramiento islámico, profundamente afectado por una gran zanja de expolio que datamos en una fase de cronología moderna y que hasta ahora, por el reducido espacio en el que excavamos, no podemos confirmar si es una fosa para la extracción de materiales constructivos o el resultado de antiguas exploraciones del terreno en busca de restos arqueológicos documentadas, al menos, desde el siglo xviii.

El ejemplo comentado de los trabajos arqueológi- cos en el GU 012 del sector 4C aportó, por primera vez en la investigación de Ilici, una secuencia estra- tigráfica compleja y muy amplia –al menos desde el siglo iv-iii a.n.e. hasta época moderna– que mos- traba una realidad en la formación de los contextos absolutamente alejada de la seriación de fases idílica

5. El depósito resultó ser muy homogéneo. La mayoría de los materiales se fechan en el tránsito entre los siglos iv al v d.n.e., cronología que se repite, tanto en la vajilla de mesa de ARSW, como en ánforas o en la cerámica común, destacando especial- mente la de cocina, y del repertorio, la cazuela plana con asa de lengüeta del tipo Reynolds HW7.1. Por su abundancia y estado completo, nos indica que pudiera tratarse de un producto de los alfares ilicitanos que irrumpe en estas fechas y se comercializa a lo largo del s. v d.n.e.

establecida por la bibliografía tradicional6. Esta com- plejidad provocada por las numerosas interfaces constructivas y destructivas, condiciona que edificios erigidos en época altoimperial no conserven in situ el conjunto de los restos materiales que debieron carac- terizar sus niveles de uso prístinos, sin que por ello debamos obviar que probablemente estas termas estu- vieron ocupadas desde el siglo i hasta el iv d.n.e. –y no necesariamente con un uso exclusivo para el baño–.

Muy al contrario, las dependencias de las termas del sector 4C quedaron estratigráficamente vinculadas a un conjunto de materiales arqueológicos vertidos justo en el momento en el que el edificio había perdido ya su función original y pasaba a ser desmantelado para reciclar sus elementos constructivos en proba- bles reparaciones de otros puntos de la ciudad. Estas inferencias permitieron a su vez incorporar nuevos datos a la investigación ya que a partir del siglo v Ilici debía estar experimentando un cambio en las diná- micas organizativas de su urbanismo, donde sectores como el 4C pasaban de ser áreas urbanas con edificios de uso público a convertirse ahora en zonas periurba- nas, deshabitadas y marginales dentro del pomerium de la ciudad.

Otro ejemplo de la problemática arqueológica de Ilici está relacionado con el análisis de los materiales que contiene una unidad estratigráfica (UE). La dila- tada ocupación de la ciudad obliga a realizar estudios pormenorizados de las piezas recuperadas dentro de cada UE, sin poder confiar su datación a una estima- ción porcentual de sus materiales o a un de visu que no esté sobradamente detallado. Existe, en casi la tota- lidad de los estratos, sobre todo en los posteriores a la etapa augustea o altoimperial, un constante ruido de fondo fruto de la residualidad. Es decir, que las UUEE contienen materiales pertenecientes a etapas anteriores al momento del depósito de la unidad estrati- gráfica y a veces suponen, en porcentaje, casi el 100%

del registro. Un caso recurrente lo encontramos en la dependencia absidal conectada por el este con la sala del caldarium que analizamos más arriba, GU 005,

6. A lo largo del s. xx comenzaron a realizarse en L’Alcúdia las excavaciones hechas de manera periódica. Alejandro Ramos Fol- qués fue su único excavador desde 1933 en adelante y, a partir de la década de los 70, le sustituyó su hijo Rafael Ramos Fer- nández (Ronda, 2018: 318). Alejandro a lo largo de sus trabajos fue adquiriendo conciencia de la importancia de la estratigrafía como herramienta de apoyo para las interpretaciones cronológi- cas. Tanto en artículos iniciales como «La Dama de Elche. Datos para su cronología. El problema del nivel arqueológico de su hallazgo» (1947), hasta llegar a su trabajo específico «Estratigra- fía de La Alcudia de Elche» de 1966, se comprueba como Ramos fue montando, a tenor de su experiencia directa en el yacimiento, una secuencia estratigráfica imaginada que se fue construyendo sobre niveles arqueológicos estereotipados e irreales en los que la sustancialidad tardoantigüa se asimilaba con el propio nivel agrícola, enmascarando así la realidad de un yacimiento donde las evidencias de estas épocas se comprueba que siempre fueron abrumadoras (Ronda, 2018: 344-347).

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L’Alcúdia d’Elx: contextos, residualidad y reempleo 39

donde se estudiaron los niveles de relleno por vertido que obliteraban la interfaz de expolio de este pequeño habitáculo destinado, en su fase original, a albergar el alveus o el labrum de las termas. Estos depósitos, volcados en un espacio de tiempo muy corto como ya referimos, dieron una cronología del primer cuarto del siglo v. Por encima de todos los estratos identifica- dos como relleno se localizaron las UUEE 430 y 467, ambas con materiales arqueológicos más antiguos.

Estos niveles aportados, probablemente de otros sec- tores, sirvieron de base o nivel de regularización para la construcción, a partir del siglo vi, de la almazara que citamos anteriormente. La UE 467 se databa a partir de una moneda fechada en el siglo iv, mientras que la UE 430, mucho más significativa que la anterior por el volumen de piezas recuperadas, mostraba un grueso porcentual de materiales de entre los siglos iii y iv que, sumados, suponían el 99% de los fragmentos exhumados en la unidad, mientras que solo un 1% se pudo datar en el siglo v. Como hemos apuntado, la lectura estratigráfica del contexto nos exige dar una datación a estas UUEE posterior al primer cuarto del siglo v o, quizás, en el vi, momento en el que debieron aportarse estos estratos para la nivelación del espacio y la posterior construcción de la almazara. Por tanto, incluso unidades con una aparente fiabilidad cronoló- gica según se desprende de la adscripción cultural de un alto porcentaje de sus materiales (fig. 3), deben ser contrastadas necesariamente con la secuencia estrati- gráfica en la que se insertan para poder fecharse con absoluta certeza.

Sector 6B

En el sector 6B (fig. 1) se excavó un tramo de la muralla romana de época augustea que formaría el límite de la

ciudad por el oeste7 (fig. 4). En el sondeo 2, ubicado en el espacio meridional del intervalo del lienzo excavado, se detectó una enorme fosa de expolio que desmanteló un buen tramo del alzado y del zócalo de la muralla. La fosa, que llegó incluso a afectar los niveles de cimen- tación, dejó al descubierto un fragmento de escultura ibérica perteneciente al faldellín y al arranque de una de las piernas de un guerrero que fue reutilizada en la base del muro (fig. 4). En el análisis de los materiales apare- cidos dentro del relleno de esta interfaz de expolio se observa que, de las 378 piezas recuperadas en la zanja, un 7% se dataron en el siglo i a.n.e.; un 23% en la fase romana fechada entre los siglos i y ii y, el 70% restante, entre los siglos iii-v. No hay constancia de materiales del siglo v en adelante, exceptuando el borde de un frasco tipo Dussart BX 3241/3242, de vidrio verdoso, que se dató entre finales del siglo vi o principios del vii (Sánchez de Prado, 2018: 340, fig. 217.16) (fig. 5).

Estos porcentajes son muy significativos al respecto del tema que queremos evidenciar en este estudio ya que, pese al enorme ruido de fondo dado el alto porcentaje de materiales antiguos, este fragmento de vidrio fecha el expolio de la muralla romana mucho más tarde que la cronología ofrecida por el mayor volumen de piezas.

Sector 5B

A lo largo de dos décadas, y una buena parte de este tiempo dentro de un programa docente coordinado por el Área de Arqueología de la Universidad de Alicante y

7. Esta excavación tuvo lugar entre los años 2006 y 2008 dentro de un proyecto de adecuación del acceso al yacimiento arqueológico.

Fue subvencionado por la Fundación MARQ y coordinado por la Fundación L’Alcúdia.

Figura 3. Porcentaje por cronología del material cerámico de la UE 430.

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Mercedes Tendero Porras, Ana M.ª Ronda Femenia, Sonia Gutiérrez Lloret, Julia Sarabia-Bautista y Victoria Amorós Ruiz 40

por la Fundación L’Alcúdia, se han realizado sesiones de arqueología práctica en el sector 5B del yacimiento (fig. 1), con el objetivo de ampliar la formación de numerosos alumnos y estudiantes de arqueología de diversas universidades (Tendero y Ronda, 2018). Este sector occidental de Ilici era conocido por la exis- tencia de un lienzo de más de 54m lineales y sendos

contrafuertes adelantados, descubierto en el siglo xix, que discurre siguiendo un desnivel del terreno cercano en algunos puntos a los 5m de altura. En 1890 se prac- ticaron las primeras excavaciones arqueológicas en la zona (Ibarra, 1926: 186-189), con el descubrimiento de tres salas al este del muro identificadas como el caldarium, tepidarium y una sala más pequeña aledaña

Figura 5. Porcentaje por cronologías de la UE 271 (muralla del sector 6B). A la derecha detalle de fragmento de vidrio aparecido en la UE 271 con cronología de finales del siglo vi y principios del vii (Sánchez de Prado, 2018:

340, fig. 217.16).

Figura 4. Planta general de la muralla del sector 6B y detalle de los niveles de cimentación.

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L’Alcúdia d’Elx: contextos, residualidad y reempleo 41

pertenecientes todas ellas a un conjunto termal. Des- pués de varios sondeos puntuales de escaso calado durante la década de los años 60 del siglo xx, fue finalmente en 1999 cuando –en el marco de un pro- yecto de acondicionamiento y recuperación de los restos arqueológicos de Ilici promovido por la recién creada Fundación L’Alcúdia– se iniciaron los trabajos arqueológicos en estas Termas Occidentales que tuvie- ron como colofón la asociación definitiva del lienzo con el edificio termal y el hallazgo de una natatio de grandes dimensiones ubicada en un amplio espacio descubierto identificado como el frigidarium. En la actualidad, se estiman más de 1500m2 para este con- junto termal (fig. 6).

Las intervenciones arqueológicas en las Termas Occidentales se centraron básicamente en dos espa- cios: los sondeos asociados al muro oeste del edificio, donde además de sus características constructivas se pudo determinar la fecha de construcción del edificio en el último tercio del siglo i d.n.e.8, y los realizados en la natatio del frigidarium y en los límites exteriores de la misma –sondeo E y cortes 1, 2 y 3– donde los

8. Los materiales se localizaron en la unidad que ocupaba la base de los cimientos del lienzo (UE 1025), en el denominado Sondeo C y, además de algunos fragmentos de cerámica ibérica descontex- tualizados, el fragmento más moderno hallado fue un fragmento de borde de una TSG del tipo Drag. 24/25b, común entre el 40/70 d. n.e.

objetivos se centraron en precisar las posibles fases constructivas y de uso del complejo termal, la fecha de abandono y la búsqueda de alguna de las salas exca- vadas en el siglo xix que desde entonces permanecen soterradas. En algunos de estos sondeos se documenta- ron, por primera vez en el yacimiento, niveles de época islámica asociados a una fase posterior al momento de abandono, expolio y colmatación de las estructuras.

En algunos casos, los estratos en los que se exhuma- ron estos recipientes se interpretan dentro de contextos de expolio o de remociones puntuales para recuperar elementos constructivos susceptibles de ser reutiliza- dos y, en otros, simplemente son niveles de paso que atestiguan la frecuentación del solar después de perder su función urbana.

El primero de los ejemplos se constató en los estra- tos de colmatación de la natatio. Por encima de los niveles de relleno se localizaron materiales que por- centualmente ofrecen una cronología de los siglos vi-vii pero asociados a piezas aisladas de fases pos- teriores que son las que datan estas unidades (Abad et al., 2000). Destaca un policandelón o lámpara de varias bocas consistente en un cilindro roscado reali- zado en pasta oxidante en cuya superficie se ha aplicado una boca, de las cuatro supuestas, para introducir la mecha en su interior. Está datado entre los siglos ix y x por similitudes con otras piezas localizadas en Cata- lifa (Madrid) (Retuerce, 1998: 390-39, 1, vol. 1) y en Málaga (Iñiguez y Mayorga, 1993) (fig. 7).

Figura 6. Ortofoto y sección de la excavación del sector 5B.

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Figura 7. Detalle del policandelón de época emiral hallado en los niveles de colmatación de la natatio de las termas del sector 5B.

Figura 8. Materiales medievales documentados en la excavación de la natatio de las termas del sector 5B.

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Este mismo hecho se documenta junto al límite septentrional de la natatio en el denominado sondeo E que se está excavando desde 2016 hasta la actualidad (Tendero y Ronda, e.p.). En la fase IV, en niveles donde el porcentaje más destacado de materiales es de nuevo de cronologías antiguas, constatamos piezas islámicas, aunque de muy pequeña volumetría. Se encuentran y siempre entremezcladas con las omnipresentes TSD del siglo iv, las comunes africanas de los siglos iii y iv, en miscelánea incluso con fragmentos tardorrepublicanos.

Si se analizan, por ejemplo, los datos de la UE 1412, de un total de 736 fragmentos, tan solo el 6%, son cerámicas altomedievales, frente al abrumador 94% del resto con adscripciones de cronologías, que oscilan entre los siglos i a.n.e. y v d.n.e. La cronología de estas piezas es muy variada: un fragmento de jarro o jarrita pintada con óxido de hierro del tipo T-20/21 propias del siglo ix; un frag- mento decorado con ondas incisas que debió pertenecer a una marmita de la serie 4 de Gutiérrez de los siglos ix-x;

otro fragmento del vertedor de un aguamanil de produc- ción murciana con decoración de triángulos reticulados de los siglos x-xi, y también un pequeño fragmento con decoración muy perdida de cuerda seca parcial propia del siglo xii (fig. 8). La mayor parte de estos fragmentos islámicos son de muy escasas dimensiones, y aparecen mezclados en estratos asociados a contextos de expolio o de frecuentación del espacio termal, por encima de los niveles de colmatación, y a cotas donde aún serían visibles algunas estructuras o elementos arquitectónicos del antiguo edificio dignos de ser expoliados para su posterior reempleo. Estos contextos de frecuentación y expolio aportan nuevas luces a hechos puntuales de simi- lar cronología, como el enterramiento aislado al que nos referimos en el sector 4C. De esta forma, poco a poco el registro arqueológico de L’Alcúdia, que tradicional- mente concluía en el siglo viii con el ocaso de la urbs ilicitana, comienza ahora a mostrar indicios que debe- mos vincular a la presencia de elementos islámicos que ocuparon el territorio del Baix Vinalopó antes a la fun- dación de Ilš 9, y que justificarían arqueológicamente la presencia de elementos arquitectónicos posiblemente de L’Alcúdia reutilizados en la construcción de la Calahorra o en las murallas del siglo xi de Ilš, así como la men- ción a L’Alcúdia en los libros de reparto de agua para el riego del siglo xiii, en los que aparece mencionada como Madīna Qadīma –la ciudad antigua–.

NUEVAS APROXIMACIONES

CRONOESTRATIGRÁFICAS EN EL MARCO DEL PROYECTO DOMUS-L’ALCÚDIA. VIVIR EN ILICI

Otro de los sectores de L’Alcúdia en el que estamos viendo también este tipo de problemáticas es el sector

9. Fechada entre finales del siglo x y principios del xi en el actual emplazamiento de la ciudad de Elche.

noreste de la ciudad, identificado en la planimetría general como los sectores 3, 4 y 5F (fig. 1); una amplia zona en la que entre la década de los años 40 y la de los 80 del siglo xx fueron excavadas dos ricas estructuras domésticas romanas ―domus 3F y 5F― que han pro- porcionado quizá una de las secuencias estratigráficas más amplias de L’Alcúdia, con el hallazgo de mate- riales tan representativos del sitio como el conjunto vascular de cerámica de estilo Elche I (Tortosa, 2006).

En concreto, los restos arquitectónicos y materiales arqueológicos documentados en la conocida como domus 5F, excavada por Rafael Ramos Fernández (Ramos Fernández, 1983), han proporcionado eviden- cias de la existencia de diversas fases constructivas (Sarabia y Cañavate, 2009). La más antigua viene representada por un conjunto de habitaciones datadas en época republicana, con la aparición del conocido como mosaico «helenístico» de Sailacos (Abad, 1986- 87), a la que le sigue la fase que define la planta de la supuesta domus altoimperial que, en realidad, queda enmascarada por una fase doméstica tardoantigua ligada al reempleo de materiales constructivos, a la construcción de alzados de barro sobre cimentacio- nes de guijarros y a la fragmentación de los espacios originales, con la construcción de estructuras que, por tanto, irán remontando y reconstruyendo parte de los muros romanos (Gutiérrez, 2004; Lorenzo, 2006) (fig.

9).10

Otro elemento a destacar es la existencia de una prospección geofísica realizada en 2006, bajo la coor- dinación de Feliciana Sala y Lorenzo Abad, que afecta a todo el sector occidental paralelo al conjunto de las domus, y que demostró la existencia de estructuras arqueológicas y quizá un cardo que permitiría delimitar una o dos insulae de la trama ortogonal de la colonia (Teixidó et al., 2006).

Es precisamente por la constatación de todas estas evidencias y la existencia de esta larga secuencia de ocupación en esta fachada oriental de la ciudad, por lo que decidimos plantear una actuación arqueológica en el sector conocido como 4F, ubicado entre las dos domus excavadas parcialmente en los sectores 3F y 5F (fig. 10). En este sector no había sido practicada nin- guna actuación arqueológica previa, por lo que, como era de esperar, las excavaciones realizadas en el marco del proyecto están proporcionado niveles altomedie- vales que parecen explicar el abandono del sitio en el contexto de la islamización y del Pacto de Teodomiro, así como lo que empieza a parecer una importante fase de urbanización relacionada con los contextos

10. Este tipo de transformaciones serán muy frecuentes en los contextos urbanos de finales del mundo antiguo e inicios del altomedievo y nos demuestran los procesos de adaptación de los espacios domésticos durante la Antigüedad tardía, definidos por la desaparición del modelo de domus, que ahora se fragmen- tará para dar cabida a espacios domésticos de tipo unifamiliar (Gutiérrez Lloret, 2013; Sarabia, 2018).

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tardoantiguos de la ciuitas, cuando funcionó como sede del obispado de Ilici.

Recientemente hemos finalizado la tercera campaña de intervenciones arqueológicas en este sector, en la que hemos empezado a definir algunos elementos de la trama urbana bajoimperial, como algunos espacios domésticos abiertos a una posible calle con orienta- ción este-oeste sobre la que hemos detectado diferentes niveles de frecuentación. No obstante, en esta ocasión nos centraremos en los datos obtenidos durante las dos primeras campañas (Gutiérrez et al., 2017 y 2018), que han puesto de relieve una secuencia estratigráfica que ilustra los usos relacionados con las fases postclásicas de la zona intervenida. El más moderno de estos usos corresponde a la transformación agrícola de la finca abordada a fines del siglo xix por el doctor Campe- llo, en cuyo contexto apareció, aunque en otro sector, el famoso busto de la Dama de Elche. Respecto a la estratigrafía infrapuesta, se han detectado diversos usos sucesivos, todos ellos de cronología muy tardía, que se caracterizan estructuralmente por la aparición de numerosos vertidos o basureros, que repletan fosas más o menos profundas y que en algunos casos suponen las huellas de expolios de estructuras murarias pre- vias. Asimismo, algunas de las fosas están asociadas a

estructuras de combustión que confirman la existencia de frecuentaciones en un contexto en el que no parece que exista ya una trama arquitectónica definida propia de un espacio construido en uso, sino más bien una zona abandonada que está siendo utilizada como cantera de material constructivo y como lugar de acumulación de desechos orgánicos de diversa naturaleza, destacando la abundancia de moluscos (fig. 11).

Todas estas fosas y vertidos fueron realizados sobre paquetes de tierra anaranjada que responden a los caídos de algunos alzados de barro procedentes de las estructu- ras de una fase que podríamos fechar provisionalmente entre el siglo vi y el viii d.n.e. Esta fase viene represen- tada por el reempleo de algunos espacios construidos en la fase tardorromana y que ahora se utilizan, o bien como espacios domésticos o bien como espacios de los que obtener materiales constructivos para su reempleo.

Asociados a estos ambientes hemos detectado los restos de varias fases de pavimentación que marcan niveles de ocupación y frecuentación de un espacio interpre- tado como calle, delimitado por una estructura previa realizada con sillares almohadillados reempleados y por un muro realizado en opus africanum del que solo quedan las cimentaciones de guijarros y alguno de los ortostatos de su alzado (fig. 12).

Figura 10. Plano de los sectores 5F, 4F y 3F.

Figura 9. Plano de las Domus del Sector 5F.

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Queda por establecer el contexto cronológico pre- ciso de todas estas fases a partir de las eventuales dataciones de restos orgánicos de vida corta, que se está llevando a cabo en la actualidad, y, por supuesto, a partir del estudio de los materiales cerámicos asocia- dos a la secuencia estratigráfica, qué, como veremos a continuación, presenta la peculiaridad de mostrar un porcentaje de materiales diagnósticos muy reducido (figs. 13 y 14).

Por el momento, se puede adelantar que en la práctica totalidad de los estratos exhumados se documentaron materiales cerámicos pertenecientes a diferentes esta- dios cronoculturales, que abarcan producciones desde el mundo ibérico hasta la época altomedieval, pasando por abundantes repertorios romanos e incluso orienta- lizantes, como una pequeña figurilla femenina romana que parece representar a la diosa Venus o colgante de aspecto orientalizante, ambos realizados en hueso (fig.

15).En esta secuencia estratigráfica donde predominan los materiales antiguos en deposición secundaria, la caracterización cronológica de los contextos viene determinada por la presencia de un reducido porcentaje

de materiales altomedievales (figs. 13 y 14), como se atestigua en la mayoría de los sectores donde se han acometido excavaciones estratigráficas fiables desde 2003. Así, tal y como decíamos al comienzo de este trabajo, la residualidad es una constante que requiere de metodología y exhaustividad, tanto en la recogida de las piezas como en su tratamiento posterior, ya que unas pocas de ellas son las que ofrecen la cronología final de los contextos, tal y como se observa en las figs. 13 y 14.

En este caso la presencia de marmitas de base plana y mamelón horizontal, junto a cazuelas de pared baja y base plana, permitiría aventurar una horquilla cronoló- gica que abarcaría todo el siglo viii y quizá principios de la siguiente centuria a tenor de ciertas producciones y formas de apariencia emiral.

CONCLUSIONES

Por todo lo expuesto y después de varios años de trabajo en el frente occidental de L’Alcúdia, concluimos que resulta necesario excavar con cautela desde los mismos niveles superficiales, registrando y documentando paso

Figura 11. Niveles altomedievales del Sector 4F.

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a paso todo cuanto acontece en secciones acumula- tivas, plantas, fotografías, etc., así como el empleo sistemático del cribado pues a veces, las piezas más ínfimas, rodadas o insignificantes, son las claves de datación de las secuencias estratigráficas. Además, es imprescindible conocer e identificar piezas de una amplia horquilla cronológica, en el caso de L’Alcúdia desde las fases prehistóricas hasta las más modernas, pues en ocasiones los objetos descontextualizados, per- tenecientes a fases más antiguas, se convierten en los únicos testimonios de unos momentos de hábitat que

después de varios siglos de ocupación de un mismo espacio arquitectónico y de las numerosas interfaces de construcción, reconstrucción, expolio o abandono, son el único vestigio que nos queda de momentos pre- téritos. Y, por último, la necesaria interdisciplinariedad y el contrastar los resultados del laboratorio con los de campo para comprender las secuencias e identificar con mayor fiabilidad los contextos que analizamos, pues la cronología no siempre viene dada por la mate- rialidad de los estratos, sino por la secuencia de los registros.

Figura 12. Niveles tardoantiguos del Sector 4F.

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Figura 13. Porcentajes de cerámica altomedieval y medieval en los contextos de la época en la excavación de 4F.

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Figura 14. Porcentajes de las producciones cerámicas documentadas de la UE 4071.

Figura 15. Figuras en hueso trabajado procedente de los contextos medievales/altomedievales y modernos/contemporáneos:

figurilla femenina romana que parece representar a la diosa Venus (izquierda), colgante de aspecto orientalizante (derecha).

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