Del Aire
Jesús Gómez Ceballos
No quiero en estas líneas liminares llamar la atención en lugares comunes, cuando de presentar un libro se trata, como son exaltar el hallazgo de una nueva voz, o de una obra hasta ayer inédita que vendrá a ocupar su sitial en el panorama vernáculo de la poesía colombia- na, tan dado a padrinazgos y a círculos de intelectuales cerrados, donde los cacicazgos regionales alcanzan sus tentáculos hasta las esferas nacionales, una especie de confederación de legisladores de las bellas letras que de- terminan qué es poesía y qué no lo es y, en consecuen- cia, quién es poeta y quién no. Lejos de las pretensiones de esas élites ridículas autoproclamadas autoridad cen- sora, crece un mundo simbólico posible en las periferias y en los extramuros de las grandes ciudades, que tam- bién han querido para sí ser la metrópoli que controle el pasado, el presente y el futuro de un arte indomeñable y libre como lo es la poesía, desconociendo adrede toda la creación que a diario se escribe en nuestro país y que escapa incluso a su intención panóptica y totalizante, ya por estar mirando siempre hacia el ombligo de los cogo- llitos literarios (para usar una expresión de Proust) que son ellos mismos con sus festivales y sus concursos, con
Del Aire:
el decir esencial de las cosas que respiran
Jesús Gómez Ceballos
sus revistas y antologías, con sus mataderos del espíritu que son las grandes editoriales y sus catálogos de figu- ras endiosadas por el rebaño, ya porque son inmunes a la belleza y no alcanzan a comprender de qué manera afuera de los cafés y de las librerías especializadas, de los bares esnobs y de los prestigiosos escenarios, la poesía camina a pie limpio las calles de la ciudad amada, los callejones donde la muerte es fiel consejera, y se alimen- ta de todas esas vivencias para hacernos partícipes del enigma y del canto.
Un libro manufacturado con la delicadeza de un or- febre, merece, más que epítetos y lisonjas, palabras que hagan justicia a la labor del poeta. Un libro hecho de aire, como bien su nombre lo indica, de puro aliento, de precisión en cada palabra puesta sobre el relieve de una geografía tallada en la inmanencia. Es el oficio de leer y de escribir, donde la vida y la muerte se conjugan de forma sorpresiva, sin reclamos ni quejas, más bien con la firmeza de los trazos hechos por una mano entrenada, quirúrgica, tal vez la mano experta de un tanatopráctico cuando revela con el filo de su bisturí la verdadera pro- fundidad, la realidad de un corpus poético como si de un cuerpo humano se tratara. Un texto hecho con pa- ciencia y disciplina, con una avidez lectora y con la ca- pacidad instintiva de su autor para la poesía, como una fuerza contemplativa de la naturaleza jamás desbocada,
Del Aire los días venideros y el viaje inexorable y sin retorno: el tiempo.
Del Aire posee la cualidad de una economía del len- guaje puesta en práctica en cada uno de los veintiocho poemas que forman este libro, no porque Jesús Gómez Ceballos tenga poco por decir, sino que en virtud de esa misma síntesis poética, dice con pocas palabras el uni- verso pleno de su existencia. No precisa de huracanes ni de tempestades para desvelar la tragedia antigua del ser y de su angustia. No es siquiera el viento, es el aire, vital e invisible soportado en el éter. No es un volcán o un in- cendio, mucho menos un río en su bravura. Es un agua de nacimiento, diáfana, que fluye entre líquenes, musgos y piedras. No se desborda. Modelado con el barro triste de lo cotidiano, levanta vuelo con alas dadas por obra del arte.
Los paisajes interiores aquí dibujados son delinea- dos con palabras cuando no es la vista la que colma todo el sentido que el poeta quiere decir en cada verso. El poeta-pintor es también un niño cuando juega con los elementos en la alquimia de la creación. Toma de la rea- lidad lo que sus órganos le informan y al mezclarlo todo con su particular manera de ver el mundo y las cosas, ese universo interior crece tanto que se desplaza hacia el afuera, mas no es la misma materia prima recibida la que así devuelve, sino transformada en el oro puro de las palabras. Un cofre dónde guardar las cenizas de sus muertos, de aquellos que han partido y que solo per- manecen en la memoria que los retiene en esa cápsula del tiempo que es el recuerdo. La poesía de Jesús Gó- mez Ceballos nos proporciona ese hálito que nos incita a respirar quizás por última vez, como estertor y pálpito
Jesús Gómez Ceballos
que anteceden al último desvanecimiento. Del Aire es un pájaro luminoso que ha volado solo entre las sombras por casi dos décadas y que ahora aparece en el aleteo del nuevo día, para que lo contemple todo ser que aún está despierto a escuchar el decir esencial de las cosas que respiran.
Jandey Marcel Solviyerte La Hélida, El Peñol.
Noviembre 27 y 2020.
Del aire
La palabra es el único pájaro que puede ser igual a su ausencia.
Roberto Juarroz
Del Aire
Ese pájaro que se posa en el muro tiene en su pecho y en sus alas el azul del cielo.
Su cabeza
como el segundero de un reloj picotazo
apicotazo
se come el día.
j
Pájaro reloj
De lo cotidiano
Del Aire
A veces el misterio de mis muertos me transporta a los abismos de la noche.
Me invitan a embriagarme con formol en cavas de legítima tristeza
e inyectan en mis venas un frío penetrante que congela las palabras.
Ante sus gestos de agonía me convierto en el artista que les pinta en el rostro una última sonrisa.
¡Oh! mis muertos han dejado en esta tierra un sentir de su presencia.
e
Oficio
De los alrededores
Del Aire
A Alexis Gutiérrez
1
Atrás de la casa muy cerca del patio pasa el río
su sonido es música que refresca el alma.
Río abajo sus aguas arrastran el grito de los ahogados que se pierde entre el follaje
en sus orillas los árboles extienden sus ramas como brazos que beben el agua fresca.
Las piedras son esculturas que el agua talla con el tiempo.
2
En la memoria
Villa Santiago
Jesús Gómez Ceballos trepando los árboles a veces como sombras
como fantasmas.
El sol reflejado en los ojos del perro que nadando río arriba
parece como si fuera al fondo del mar.
El agua pura fresca
desprendiéndose
de la montaña.
Con fuerza
limpiando las heridas profundas del corazón.
g
Partes del aire
Del Aire
Desnuda
con los ojos vendados viene descalza
y desterrada del sueño.
o
La sombra
Contenido
Del Aire: el decir esencial de las cosas que
respiran 7
Del Aire 11
Del aire 15
Pájaro reloj 19
Del Aire 20
Mensajero 21
Un canto para el amanecer 22
Recibo de la tierra 23
Atardeceres rojos 24
De lo cotidiano 25
Oficio 29
Y entonces me pregunto 30
Como una señal 31
Para rehacer la vida 32
In memoriam 33
La mujer transparente 35
Memoria de un día agridulce 37
De los alrededores 41
Villa Santiago 45
El río 47
Los vagones del tren 49
Sala de urgencias 51
Los días 65
Grafías en el aire 66
Aire afilado 67
Con la lluvia 68
El gato 69