• No se han encontrado resultados

Juan Valera, diplomático

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Juan Valera, diplomático"

Copied!
934
0
0

Texto completo

(1)

.

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

Departamento de Historia Contemporánea

JUAN VALERA: DIPLOMÁTICO.

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR

Elena Castelló Bocinos

Bajo la dirección de la doctora

Rosario de la Torre del Río

Madrid, 2009

ISBN: 978-84-692-8459-9

(2)

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DEPARTAMENTO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA

TESIS DOCTORAL

JUAN VALERA, DIPLOMÁTICO

TOMO I

ELENA CASTELLÓ BOCINOS

DIRECTORA:

(3)

ÍNDICE.

TOMO I.

INTRODUCCIÓN: EL MARCO HISTORIOGRÁFICO Y METODOLÓGICO, p.11.

1. De la historia diplomática a la historia de las relaciones internacionales, p.11.

2. Enfoque “macro” y enfoque “micro”, p.20.

3. La atención al individuo, p.28.

4. La narración en el discurso histórico, p.31.

5. El objeto de estudio, p.33.

CAPÍTULO PRIMERO: EL MINISTERIO DE ESTADO. SU ORIGEN Y FUNCIONAMIENTO HASTA 1896, p.49.

1. El origen del Ministerio de Estado, p.49.

2. La Primera Secretaría de Estado. Su cambio de nombre por el de Ministerio de Estado y sus competencias hasta 1896, p.51.

3. Evolución de la organización, p.59.

CAPÍTULO SEGUNDO: LA ORGANIZACIÓN DE LA CARRERA DIPLOMÁTICA EN EL SIGLO XIX, p.63.

1. La diplomacia clásica: Formación y evolución, p.64.

2. La carrera diplomática en España en el siglo XIX, p.73.

2.1. El cuerpo diplomático, p.75.

2.2. La entrada en el cuerpo diplomático, p.81.

2.3. El ascenso en la carrera diplomática, p.87.

2.4. Los viáticos y habilitaciones, p.89.

2.5. Las licencias, p.96.

(4)

CAPÍTULO TERCERO: BIOGRAFÍA DIPLOMÁTICA DE DON JUAN VALERA, p.101.

1. Desde su nacimiento hasta su primer destino, p.101.

2. Su primer destino: Agregado diplomático en Nápoles (del 14 de enero de 1847 al 10 de noviembre de 1849), p.104.

3. De sus titubeos iniciales a su nombramiento como agregado de número, p.111.

4. Agregado de número en Lisboa (del 29 de mayo de 1850 al 11 de agosto de 1851), p.115.

5. Sus servicios como secretario de 2ª: Río de Janeiro (del 11 de agosto de 1851 al 17 de agosto de 1854) y Dresde (del 2 de octubre de 1854 al 7 de septiembre de 1855), p.116.

6. Sus servicios como oficial de la Primera Secretaría de Estado (del 16 de agosto de 1855 al 31 de diciembre de 1858), p.123.

7. Secretario del duque de Osuna en la embajada extraordinaria a Rusia (del 30 de octubre de 1856 al 16 de mayo de 1857), p.126.

8. De nuevo en la corte, es elegido diputado y dimite del cargo de oficial de la Primera Secretaría, p.129.

9. Ministro plenipotenciario en Frankfurt (del 24 de julio de 1865 al 23 de julio de 1866), p.134.

10. Su alejamiento de la diplomacia activa: Más de catorce años cesante, p.139.

11. Su regreso a la diplomacia activa: Ministro plenipotenciario en Lisboa (del 21 de febrero de 1881 al 23 de julio de 1883), p.148.

12. Ministro plenipotenciario en Washington (del 22 de noviembre de 1883 al 24 de enero de 1886), p.152.

13. Ministro plenipotenciario en Bruselas (del 25 de enero de 1886 al 11 de agosto de 1888), p.158.

14. Embajador en Viena (del 16 de enero de 1893 al 3 de junio de 1895), p.164.

15. Los últimos años de su vida, tras la jubilación, p.169.

(5)

CAPÍTULO CUARTO: NÁPOLES, LISBOA, RÍO DE JANEIRO Y RUSIA. SUS PRIMEROS DESTINOS, p.171.

1. 1847-1849, el Nápoles de don Juan Valera, p.171.

1.1. El contexto político, p.171.

1.2. Juan Valera: Su vida cotidiana en la embajada del duque de Rivas, p.180.

1.2.1. El ambiente de la embajada: Sus compañeros y el desempeño de su trabajo, p.181.

1.2.2. El trato con su jefe, el duque de Rivas, p.184.

1.2.3. Su tiempo libre: Estudios, excursiones y entretenimientos, p.186.

1.2.4. Su opinión ante las revoluciones del 48 en el reino de las Dos Sicilias, p.189.

2. 1850-1851, Valera en Lisboa como agregado de número, p.191.

2.1. El contexto político: Portugal y el camino al liberalismo, p.192.

2.2. La composición de la legación, p.197.

2.3. Su intimidad: Vivienda y economía doméstica, p.199.

2.4. Sus expectativas laborales, la necesidad de seguir estudiando y ascender, p.202.

2.5. Su trabajo de agregado en la legación de Lisboa, p.204.

2.6. Su tiempo libre: Entretenimientos, diversiones, amoríos, p.209.

2.7. El iberismo y la imagen de España. Su opinión sobre Portugal y los sucesos de 1851, p.216.

(6)

3. 1851-1855, secretario de 2ª en Río de Janeiro, p.222. 3.1. Brasil, el marco geográfico e institucional,

p.222.

3.2. La vida cotidiana de Valera en Río de Janeiro, p.226.

3.2.1. Su llegada a Río de Janeiro, p.226. 3.2.2. La composición de la legación, p.228.

3.2.3. Su intimidad: Vivienda y economía doméstica, p.230.

3.2.4. Sus expectativas laborales, la necesidad de seguir estudiando y ascender, p.231.

3.2.5. Su trabajo de secretario de legación, p.233. 3.2.6. Su tiempo libre: Entretenimientos,

diversiones, amoríos. La sociedad diplomática, p.234.

3.2.7. El iberismo y la imagen de España, p.240.

4. 1856-1857, Valera en Rusia, secretario en la embajada extraordinaria del duque de Osuna, p.241.

4.1. El contexto socio-político, p.242.

4.2. La composición de la embajada. Su viaje hasta San Petersburgo, p.243.

4.3. Su intimidad: Vivienda y economía doméstica, p.245.

4.4. Su trabajo como secretario del duque de Osuna, p.246.

4.5. Su tiempo libre: Entretenimientos, diversiones, p.253.

(7)

CAPÍTULO QUINTO: 1865-1866, DON JUAN VALERA, MINISTRO PLENIPOTENCIARIO EN LA CONFEDERACIÓN GERMÁNICA, p.269.

1. Alemania en 1865: La Confederación Germánica, Prusia y el Imperio Austriaco, p.269.

1.1. El marco geográfico: La Confederación Germánica, p.269.

1.1.1. La formación de la Confederación Germánica: Composición, instituciones y funciones, p.272.

1.2. Bismarck y el liberal-nacionalismo alemán hasta 1865, p.276.

1.3. La cuestión del Schleswig-Holstein: Origen y desarrollo hasta 1865, p.284.

1.3.1. El planteamiento del problema, p.284.

1.3.2. La política bismarckiana en la cuestión del Schleswig-Holstein, hasta 1865, p.289.

2. Política del gobierno de O’Donell ante la Confederación Germánica, p.293.

2.1. Primera toma de contactos: La presentación de credenciales, p.293.

2.2. Los asuntos políticos: El problema del Schleswig-Holstein y la unidad alemana, p.299.

2.2.1. El acuerdo de Gastein, p.300.

2.2.2. Las nuevas condiciones económicas y sociales y su expresión política: Los partidos y asambleas políticas, el Nationalverein y el Reformverein, p.301.

2.2.3. El desarrollo del nacionalismo alemán desde 1865, p.311.

2.2.4. El camino hacia la guerra austro-prusiana: El problema del Schleswig-Holstein, p.319.

2.2.5. La guerra austro-prusiana: La expulsión de Austria del cuerpo germánico, p.356.

(8)

3. La vida cotidiana de don Juan Valera como ministro plenipotenciario ante la Confederación Germánica, p.387.

3.1. Su entorno social: La alta burguesía alemana, p.388.

3.2. Su vida cotidiana: Vivienda, entretenimientos, hábitos, p.390.

3.3. Su actividad laboral y sus opiniones sobre sus subordinados. Los gastos de representación, p.393. 3.4. Alemania y España, imágenes y estereotipos, p.395.

TOMO II.

CAPÍTULO SEXTO: 1881-1883, DON JUAN VALERA, MINISTRO PLENIPOTENCIARIO EN LISBOA, p.409.

1. Contexto histórico: Portugal hacia la década de los 80, p.409.

2. Política portuguesa del gobierno de Sagasta durante la estancia de Valera en Lisboa, p.416.

2.1. Su llegada a la corte lisboeta y la presentación de credenciales, p.417.

2.2. Los asuntos de política interior: Las crisis de gobierno en Portugal, p.418.

2.3. La evolución del iberismo en las tesis de don Juan Valera, p.437.

2.4. La política colonial portuguesa, p.460.

2.5. La protección de los intereses españoles, p.472.

3. La vida cotidiana de don Juan Valera como ministro plenipotenciario en Lisboa, p.483.

3.1. Su llegada a Lisboa y la instalación en la vivienda. Las relaciones con su familia, p.483.

3.2. La “familia diplomática”: El personal de la legación. Sus contactos con la sociedad de Lisboa, p.508.

3.3. El tiempo libre: Distracciones y entretenimientos de Valera y su familia, p.513.

(9)

3.4. Su actividad profesional. La toma de contacto con la sociedad diplomática y la presentación de las credenciales al rey de Portugal. Su trabajo como diplomático. Las relaciones políticas con la elite madrileña. El iberismo, p.520.

3.5. El final de su destino en Lisboa, p.538.

CAPÍTULO SÉPTIMO: 1883-1886, DON JUAN VALERA, MINISTRO PLENIPOTENCIARIO EN WASHINGTON, p.541.

1. Los Estados Unidos: El factor geográfico y el marco institucional. Las líneas generales de su política exterior, p.541.

2. La política del gobierno de Cánovas ante los Estados Unidos de América, durante la estancia de Valera en Washington, p.546.

2.1. El planteamiento de la cuestión cubana: La forma de gobierno de la Gran Antilla, p.547.

2.2. Valera en Washington. Su llegada a la capital y la presentación de credenciales, p.555.

2.3. Los asuntos de política interior: La subida al poder del demócrata Cleveland, p.558.

2.4. Cuba y América Central: Diplomacia estadounidense versus española, p.568.

2.4.1. El problema de la imparcialidad de la prensa, p.568.

2.4.2. La estabilidad política en el área del Caribe, p.572.

2.4.3. La isla de Cuba y la “diplomacia del dollar”, p.583.

2.4.4. La actividad de los separatistas cubanos en el territorio de los Estados Unidos, p.595.

3. La vida cotidiana de don Juan Valera en Washington, p.628.

3.1. La llegada a Washington y la instalación en la legación. Las relaciones con su familia, p.628.

(10)

3.2. La “familia diplomática”: El personal de la legación. Sus contactos con la alta sociedad de Washington, p.668.

3.3. El tiempo libre: Distracciones y entretenimientos, p.676.

3.4. Su actividad profesional y las relaciones políticas con la elite madrileña, p.696.

3.5. El final de su destino y la organización de su traslado, p.708.

CAPÍTULO OCTAVO: 1886-1888, DON JUAN VALERA, MINISTRO PLENIPOTENCIARIO EN BRUSELAS, p.713.

1. Bélgica: El marco geográfico e institucional. El contexto político de la labor diplomática de Valera, p.713.

2. La política del gobierno de Sagasta ante Bélgica, durante la estancia de Valera en Bruselas, p.715.

2.1. Valera en Bruselas: Su llegada a la capital y la presentación de credenciales, p.716.

2.2. Los asuntos de política interior, p.717.

2.3. Los asuntos de política exterior, p.726.

CAPÍTULO NOVENO: 1893-1895, DON JUAN VALERA, EMBAJADOR EN VIENA, p.739.

1. El marco geográfico: El Imperio Austro-Húngaro, un Estado plurinacional, p.739.

1.1. La forma de gobierno del Imperio Austro-Húngaro, p.740.

1.2. Naciones “históricas” y “naciones sin historia” en el Imperio Austro-Húngaro, p.742.

1.3. Las nacionalidades y el Compromiso de 1867, p.748.

1.3.1. La cuestión nacional, p.748.

(11)

2. La política internacional: El Imperio Austro-Húngaro y los sistemas de alianzas, p.752.

3. La política del gobierno de Sagasta ante el Imperio Austro-Húngaro, p.759.

3.1. La orientación diplomática de España hacia el Imperio Alemán y los vínculos diplomáticos con el Imperio Austro-Húngaro, p.760.

3.2. Su nuevo destino. Primera toma de contactos: La presentación de credenciales, p.762.

3.3. El uso de los instrumentos de la política exterior: Prensa y relaciones culturales, p.766.

3.4. El problema de las nacionalidades, según queda reflejado en los despachos de don Juan Valera, p.769.

3.4.1. El problema de las nacionalidades en la Cisleitania, p.773.

3.4.2. El problema de las nacionalidades en la Transleitania, p.779.

3.4.3. El irredentismo, p.784.

3.5. Los asuntos de política interior, p.787.

3.5.1. Las crisis gubernamentales en Austria, p.787.

3.5.2. Las crisis ministeriales en Hungría, p.799.

3.6. Los asuntos de política exterior, p.817.

3.6.1. El Imperio Austro-Húngaro y los sistemas de alianzas, p.817.

3.6.2. Los asuntos coloniales, p.827.

4. La vida cotidiana en la embajada de don Juan Valera, p.833.

4.1. La llegada a Viena y la instalación en la vivienda de la embajada. Las relaciones con su familia. El papel de su esposa, como organizadora de la casa y mujer de diplomático, p.833.

4.2. La “familia diplomática”: El personal de la embajada. El aislamiento cotidiano del diplomático y sus contactos con la alta sociedad vienesa, p.854.

(12)

4.3. El tiempo libre: Distracciones y entretenimientos del embajador y su familia, p.863.

4.4. Su actividad laboral: Su toma de contacto con la sociedad diplomática y la presentación al emperador Francisco José I y al resto de la familia imperial. Su trabajo como diplomático. Las relaciones políticas con la elite madrileña, p.874.

4.5. El final de su embajada y la organización de su traslado. Su preocupación por el futuro de sus hijos, p.884.

CONCLUSIONES, p.891.

FUENTES CONSULTADAS, p.921.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA, p.925.

(13)

INTRODUCCIÓN: EL MARCO HISTORIOGRÁFICO Y

METODOLÓGICO.

1. De la historia diplomática a la historia de las relaciones internacionales.

La historia de las relaciones internacionales de España en el siglo XIX ha sido, realmente, un campo de estudio poco frecuentado por los historiadores españoles del siglo XX. Por varios motivos; en primer lugar, porque este término, “historia de las relaciones internacionales”, implica una redefinición del objeto de estudio, basada en una renovación temática y metodológica que no llegará a España hasta la década de los sesenta. Pero también porque la tradición historiográfica española ofrecía una visión de la política exterior ochocentista ajena a los acontecimientos europeos.

En este sentido, Jover señala:

“Ya la historiografía de preguerra y, en general, toda la historiografía clásica relativa a nuestro XIX -los Lafuente,los Pirala, los Pi y Margall...- habían partido de un supuesto tácito, pero bien evidente en sus páginas: la identificación de la política exterior de España con los problemas ultramarinos; la atención mínima, y siempre en función de la evolución política interna, a las relaciones con Europa. Se diría que el sustrato mental de los historiadores generales que abordan las relaciones exteriores de España en el siglo XIX cuenta como obvio con el hecho de que España sella, con la guerra de la Independencia, su voluntad y su capacidad de marginación con respecto a los destinos del continente europeo”.1

En el caso de los historiadores “clásicos” esta selección temática se comprende, en cierto modo, porque “los historiadores españoles viven, durante todo el último tercio

1

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía española contemporánea (1939-1972)”, en J.M. JOVER ZAMORA (dir.) El siglo XIX en

(14)

del XIX -desde 1868, con el comienzo de la <<guerra larga>>-, pendienteslarga>>-, [...]larga>>-, del gran problema cubano y colonial”.2

Si bien es cierto que Bécker3 logra superar este punto de partida, también lo es que su labor no tiene continuadores y, que tras la guerra civil, en unos años caracterizados por la falta de comunicación con Europa, siguen siendo las relaciones con América las que absorben el interés de los historiadores.4 A esta selección temática se añaden unos condicionamientos metodológicos: En los años 40, el conjunto de la producción historiográfica relativa al XIX se ve influida, salvo excepciones, por “la resistencia [...] a considerar materia historiable aquella que utilizaba como fuentes no viejos pergaminos ni añejos documentos manuscritos, sino libros, revistas, periódicos, estadísticas”.5 Además, la falta de perspectiva era el argumento esgrimido para justificar el estudio tan solo de los hechos políticos (historie événementielle), quedando así incompleto el análisis de la realidad histórica. Predominaba, de este modo, la historia diplomática, cuyos objetivos básicos eran “la recopilación y comentario de los

2

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p. 134.

3

J. BÉCKER, Historia de las relaciones exteriores de España durante el

siglo XIX. Apuntes para una historia diplomática. Imprenta de Jaime

Ratés, Madrid, 1924-1926, 3 vols.

4

Como señala Jover, América siguió siendo el principal campo de investigación, a través del estudio de la Emancipación y de los sucesos del 98, en el marco del cincuentenario de la guerra hispano-norteamericana, en J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p. 134. Por otra parte, Barraclough al afirmar que <<las potencias flanqueantes, particularmente las potencias navales, cuyo poderío mana de recursos extraeuropeos, obedecen a leyes propias, que no son las leyes del equilibrio europeo>>, en G. BARRACLOUGH, La historia desde el mundo actual, ed. Revista de Occidente, Madrid, 1959, p. 217, está justificando teóricamente esta selección temática, citado por J.M. JOVER ZAMORA, ibidem.

5

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.17.

(15)

documentos oficiales y secretos por medio de los cuales los monarcas o los jefes de Estado se comunicaban entre sí y entre sus representantes, así como de los tratados firmados entre los Estados” y “el estudio de las iniciativas o actitudes de los gobiernos, sus decisiones y el resultado de las mismas, es decir, el estudio de las relaciones entre los Estados”.6

Hacia los años cincuenta, la historiografía nacionalista, simbolizada por Menéndez Pelayo, que concedía gran importancia a la historia de los siglos XVI y XVII, entró en crisis, debido a una serie de causas entre las que destacan la aceptación y aplicación en España, por parte de un concreto grupo de historiadores dirigidos por Vicens, de las innovaciones metodológicas introducidas en Francia por el grupo de los Annales, para cuya difusión constituye un hito el IX Congreso Internacional de Ciencias Históricas celebrado en París, en 1950.7

La influencia de la nueva escuela francesa fue muy grande en España.8 En concreto, en el campo de la historia de la

6

J.C. PEREIRA CASTAÑARES, “De la historia diplomática a la historia de las relaciones internacionales: algo más que el cambio de un término”, en Revista de Historia Contemporánea, 7, 1992, p. 156.

7

Las características de esta nueva historia son: Integración del paisaje, de la geografía humana, en lo histórico; atención preferente a lo económico y social, a las muchedumbres como protagonistas de la historia; utilización del método estadístico; atención a la difícil y compleja relación existente entre las diversas variables.

8

La nueva escuela francesa no se limitó a exportar modelos y métodos, sino que investigando la historia española, formuló una visión inédita precisamente de sus siglos XVI y XVII. En este sentido, señala Jover: “Ya el patriarca del grupo, Lucien Febvre, había dedicado antaño su obra maestra -su primera gran obra- a Philippe II et la Franche-Comté (1911): un tema, en efecto, de la España imperial. Pero, a la altura de 1950, no es pura coincidencia que las grandes figuras del modernismo francés se consagren con sendas obras monumentales dedicadas al tema español. [...] fue una revelación la obra de Braudel sobre La Méditerranée et le monde

méditerranéen à l'époque de Philippe II (1949), [...]. Poco después, la

(16)

política exterior hay, en la década de los cincuenta, una renovación temática en la que influyen factores internos y externos. En efecto hay, desde la propia realidad española, una aproximación a Europa, un acercamiento socio-cultural, promovido por el turismo, la emigración, las traducciones. Pero, además, se produce la asimilación de la obra de Braudel, La Méditerranée et le monde méditerranéen à

l'époque de Philippe II (1949, traducida al español en

1953)9 que, al ofrecer un modelo de análisis, permite asumir la realidad española como parte integrante del mundo mediterráneo, independientemente del período histórico estudiado:

“En consecuencia, una imagen real de la posición internacional de España en el siglo XIX ha de tender necesariamente a poner de manifiesto no sólo el ocaso de una referencia ultramarina directa -de la Emancipación al 98-, sino paralelamente la conformación y las dificultades de una integración en un <<sistema europeo de Estados>>, y de manera más inmediata en el mundo mediterráneo del siglo XIX”.10

En este contexto, Gay de Montellá en su libro Valoración

hispánica en el Mediterráneo. Estudios de política internacional (1952)11 destaca “la vertebración mediterránea catalana cristalizará en otro gran libro, La Catalogne dans l'Espagne

moderne (1962), cuyo centro de gravedad recae ciertamente sobre el siglo

XVIII, pero en el que viene a incidir [...] un inmenso caudal de conocimientos acerca del conjunto de nuestra historia, [...]”, en J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.11. Del mismo modo, continúa señalando que, aunque la nueva escuela francesa no producirá ningún libro de alcance semejante a los mencionados en relación con la España de los siglos XIX y XX, fue muy grande la influencia de Braudel sobre los historiadores españoles de posguerra (Vicens, Reglá, Felipe Ruiz, Vázquez de Prada) y la de Vilar, sobre las generaciones más jóvenes. Sin olvidar a Chaunu, Lapeyre, Bennassar, Salomon..., ibidem.

9

F. BRAUDEL, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de

Felipe II, FCE, Méjico, 1953, citado por J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo

XIX en la historiografía...”, op. cit., p. 136.

10

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.137.

11

R. GAY DE MONTELLÀ, Valoración hispánica en el Mediterráneo. Estudios

(17)

de la política exterior de España, desde los orígenes hasta la segunda guerra mundial”.12 A pesar de todo, la atención prestada al siglo XIX sigue siendo minúscula, lo que refleja el vacío historiográfico existente.

No es de extrañar que Jover destaque como un hito la tesis doctoral de Salom Costa sobre España en la Europa de

Bismarck,13 realizada en los años 50 y publicada en 1967 y sólo en parte.14 Su importancia radica en que “nunca hasta entonces había sido abordado tema alguno de la política exterior de España en el siglo XIX en una tan amplia y rigurosa perspectiva europea, ni con un tan profundo y denso recurso a las fuentes documentales”.15 En el plano metodológico, la obra de Salom representa una puesta al día de la historia diplomática, “purgada de toda rutina

événementielle, de toda menguada identificación de aquella

con el minucioso proceso de unas negociaciones sin relieve, principio ni fin,...”.16

Sin embargo, desde mediados de siglo se estaba gestando en la historiografía europea una renovación metodológica que ponía en cuestión la identificación entre historia J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.137.

12

Ibidem.

13

J. SALOM COSTA, España en la Europa de Bismarck: la política

exterior de Canovas (1871-1881), CSIC, Madrid, 1967, citado por J.M.

JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.137.

14

Sobre este particular, J.M. JOVER ZAMORA señala: “... lo entonces publicado afectará a <<la política exterior de Canovas>>, y cubrirá la década 1871-1881, mientras que el resto (el conflicto colonial, 1876-1885; España en el sistema bismarckiano, 1885-1888) quedará inédito hasta la fecha”, ibidem.

15

Ibidem.

16

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p. 138.

(18)

diplomática e historia de las relaciones internacionales. Las nuevas orientaciones procedían de la historiografía francesa. Aunque es importante la contribución de Chabod,17 serán Pierre Renouvin y Jean Baptiste Duroselle18 los encargados de establecer los fundamentos metodológicos de la historia de las relaciones internacionales. En efecto, para Duroselle las “relaciones internacionales” son:

<<Todo lo que atañe a las relaciones de un Estado con otro Estado, o de varios Estados entre sí, en los ámbitos político, económico, social, demográfico, cultural, psicológico puede incluirse en él, e incluso, por vía de generalización, todo lo que atañe a las relaciones entre grupos de una y otra parte de las fronteras nacionales. Si se trata de las relaciones de los Estados podemos hablar de “política exterior”. Si se trata de las relaciones de los grupos podemos hablar de “vida internacional”. El conjunto de dichos

fenómenos constituye las “relaciones internacionales”>>.19

Ambos autores, en colaboración, escribirán Introduction à

l'historie des relations internationales,20 estudio de carácter metodológico en el que se destacan la influencia de

17

F. CHABOD, Storia della politica estera italiana dal 1870 al 1896.

vol. I. Le premesse, Bari, 1951, citado por J.M. JOVER ZAMORA, “El

siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.138.

18

Ambos se preocupan, desde comienzos de los años cincuenta, por la conceptualización de la historia de las relaciones internacionales, lo que se refleja en sus publicaciones: J.B. DUROSELLE, “L'étude des relations internátionales: objet, methode, perspectives”, en Revue

Française de Science Politique, vol. 2, 1952, pp.676-701, citado por C.

DEL ARENAL, Introducción a las relaciones internacionales, ed. Tecnos, Madrid, 1994, p.192; P. RENOUVIN, “L'orientation actuelle des travaux d'historie contemporaine”, en Relazioni del X Congreso Internacional de

Ciencias Históricas, VI, Florencia, 1955, pp. 331-388, citado por J.M.

JOVER ZAMORA en “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p. 138.

19

J.B. DUROSELLE, “L'étude des relations internationales...”, op. cit., p.677-678, citado por C. DEL ARENAL, Introducción a las relaciones...,

op. cit., p.192.

20

P. RENOUVIN y J.B. DUROSELLE, Introduction à l'historie des relations

internationales, París, 1964, traducida al castellano por M. Camacho de

Liria, bajo el título Introducción a la política internacional, ed. Rialp, Madrid, 1968, con un cambio de nombre que muestra la lejanía española de entonces a la expresión “relaciones internacionales”.

(19)

las llamadas “fuerzas profundas” y de los hombres de Estado en las relaciones internacionales, concebidas como “relaciones entre Estados”:

“El estudio de las relaciones internacionales se ocupa sobre todo de analizar y explicar las relaciones entre las comunidades políticas organizadas en el ámbito de un territorio; es decir, entre los Estados. [...]. La acción del Estado, por consiguiente, viene a insertarse <<en el centro de las relaciones internacionales>>. Tal es la perspectiva general en que nos situamos en esta obra”.21

Sin embargo, ello no constituye una vuelta a la historia diplomática, puesto que se están teniendo en cuenta elementos de análisis ignorados por aquella: Los factores geográficos, demográficos, económicos y financieros, la psicología colectiva, y sus relaciones con la toma de decisiones por parte del hombre de Estado. Aunque con algunas carencias, señaladas incluso en el prólogo, los autores cumplen ampliamente su objetivo: “Suscitar interrogantes, acusar lagunas en la información histórica y sugerir así nuevos trabajos”.22

Partidario de esta corriente metodológica, Jover realiza las siguientes precisiones:

“Una <<relación internacional>> es, ciertamente, una negociación diplomática, una contienda bélica o una convención plurinacional de carácter político. Pero

21

P. RENOUVIN y J.B. DUROSELLE, Introducción a la política

internacional, op. cit., p.1-2.

22

P. RENOUVIN y J. B. DUROSELLE, Introducción a la política

internacional, op. cit. p.5. Como señala Pereira, J.B. DUROSELLE realiza

una revisión metodológica en su obra Tout empire périra. Une vision

théorique des relations internationales, París, 1981. Del mismo modo,

los números 41 y 42 (1985) de la revista Relations Internationales, publicados a raíz de la conmemoración del vigésimo aniversario de la publicación de la Introduction á l'historie des relations

internationales (1964), contienen una revisión de la historia de las

relaciones internacionales en Francia, “así como un análisis individualizado sobre la situación de la misma en varios países, entre ellos España”, en J.C. PEREIRA CASTAÑARES, “De la historia diplomática...”, op. cit., p.161.

(20)

también lo es un intercambio comercial, un empréstito o una inversión financiera; lo es un intercambio o un influjo cultural, intervenga o no en él la acción del Estado; lo son las corrientes migratorias, cualquiera que sea su carácter; lo son, incluso, tanto el hecho de masas constituido por la imagen que los miembros de una colectividad nacional se forman de los pertenecientes a otra, como la corriente de opinión pública que, en materia de política exterior, alimenta o es alimentada por una campaña de prensa. La posición internacional de un país en un momento dado vendría significada por el complejo de relaciones que queda aludido. Es preciso, sin embargo, dejar sentada la primacía de lo político [...]. Ahora bien, esta evidente primacía de las relaciones entre Estado y Estado, de lo específicamente político en materia de relaciones internacionales, no reconduce hoy a una primacía de la <<historia diplomática>> clásica, sino a un análisis político y jurídico de las situaciones; y a un análisis del proceso de adopción y transmisión de decisiones, en que ha de jugar el recurso a la sociología política y a una buena gama de disciplinas afines”.23

Esta renovación metodológica llegará a España ya en los años sesenta, colaborando en el enriquecimiento historiográfico del ochocentismo español. Son varios los factores que influyen en esta situación. Según Jover, al mejor conocimiento de los modelos y métodos de la historiografía europea se añade un clima de distensión interior que colabora, junto con las innovaciones introducidas por el Concilio Vaticano II, en la modificación de la conciencia histórica24 de los españoles, en el esquema mental que los españoles tenían de su propia historia.

Como primera manifestación de este cambio, tiene lugar una disminución en la atención prestada a los grandes símbolos

23

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.138-139.

24

“...y al decir <<conciencia histórica de los españoles>> quiero decir la imagen más o menos somera que de la historia de su país, y de la significación del momento vivido contemporáneamente con respecto a aquélla, tenía formada el español medio”, en J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía...”, op. cit., p.47.

(21)

de la historiografía nacionalista: Los Reyes Católicos, el Imperio, el Concilio de Trento, el Siglo de Oro o la colonización americana. Paralelamente aumenta el interés por el siglo XIX entre los historiadores españoles, a la vez que la Historia Contemporánea, en cuanto disciplina académica, adquiere autonomía como asignatura universitaria. Por último, el siglo XX cobra interés historiográfico: La época de Alfonso XIII, la Segunda República y, con ciertas limitaciones, la Guerra Civil, aparecen como un área de investigación bien diferenciada del ochocentismo, basada en el estudio de fuentes documentales a las que se aplican técnicas de investigación procedentes de las ciencias sociales. Como consecuencia, “el siglo XIX se abría, para lo sucesivo, al trabajo de los historiadores españoles como un segmento de nuestra historia acerca del cual ellos y sólo ellos están en condiciones materiales y morales de reconstruir y de valorar: de establecer su significación real en el contexto de la historia del pueblo español”.25

Fuera de España también aumenta el interés por la historia contemporánea española, en concreto alrededor de dos temas: La cultura española durante su “Edad de Plata” y la guerra civil de 1936-39. En Europa, destacan los núcleos de trabajo de Oxford, dirigido por Raymond Carr, y la escuela de Pau, encabezada por Tuñón de Lara. En Estados Unidos destaca la labor de Richard Herr en la Universidad de California y en Argentina, Nicolás Sánchez-Albornoz se afirma como especialista en la historia económica del ochocientos.

Llegados a este punto, es necesario señalar que, en las últimas décadas, han sido muchas las aportaciones realizadas

25

J.M. JOVER ZAMORA, “El siglo XIX en la historiografía ...”, op. cit., p.51.

(22)

al estudio de las relaciones internacionales de España, destacando la aportación de Ochoa Brun26 y aun más si se considera la Edad Moderna, como recoge López-Cordón.27 Pero no disponemos de un conocimiento mínimamente construido, que considere, en profundidad, el papel de la diplomacia y los diplomáticos en el proceso de toma de decisiones durante el siglo XIX y en la elaboración de una política exterior, por muy meritorios que sean los trabajos de Jover o de López-Cordón, por citar algún autor. Hay que insistir en que la falta de estudios alcanza no sólo a la diplomacia sino incluso al funcionamiento del Ministerio de Estado en el siglo XIX o la reglamentación de la carrera diplomática a lo largo de esa centuria. Y no son sólo historiadores los que señalan su importancia, sino también los propios teóricos de las relaciones internacionales.28

2. Enfoque “macro” y enfoque “micro”.

En efecto, la importancia de los individuos que formulan, dirigen y ejecutan la política exterior de un Estado, en la Europa ochocentista, ha sido puesta de manifiesto, de modo rotundo, por los teóricos de las relaciones internacionales. Destaca, en este sentido, la aportación de Reynolds, que plantea su estudio desde una perspectiva “micro”.

Cualquier análisis sobre relaciones internacionales puede realizarse -siguiendo a este último autor- desde una

26

M.A. OCHOA BRUN, Historia de la diplomacia española, 3ª ed, Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 2003-2006, 8 vols. y

Embajadas y embajadores en la Historia de España, ed. Aguilar, Madrid,

2002.

27

M. V. LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, “Cuestiones metodológicas de historia diplomática: el modelo español a finales del Antiguo Régimen”, en Z. OSÓRIO DE CASTRO (coord.), Diplomatas e Diplomacia. Retratos,

Cerimmónias e Prácticas, ed. Livros Horizonte, Lisboa, 2004, p. 104.

28

Hay que recordar el concepto de “relación internacional” que tienen P. Renouvin y J. B. Duroselle, así como el propio J. M. Jover, vid. supra.

(23)

perspectiva “micro”, centrándonos “en el estudio del comportamiento de los individuos, grupos y organizaciones que desempeñan un papel de importancia en la escena internacional”29 y desde una perspectiva “macro”, concibiendo “las relaciones internacionales como un conjunto de interacciones de muy diversas clases”, cuyo estudio se ocupa “de la naturaleza de esas interacciones y de su relación entre sí, así como de la forma, las causas y el sentido en que cambian o permanecen estables”.30 Como señala Jover,

“...creo que la historia de la política exterior de una pequeña potencia – o de una <<potencia media>>, [...]-, no sólo es algo más que la suma de una serie de relaciones bilaterales, sino que requiere para su comprensión una previa consideración del sistema de Estados, de ámbito regional o continental, presidido por una o más potencias hegemónicas, en el cual se integra funcionalmente tal política exterior”.31

Si bien la perspectiva “macro” será utilizada al analizar la situación de España en el sistema de Estados internacional, en relación con los destinos diplomáticos de don Juan Valera, será la perspectiva “micro” la que ocupará las siguientes líneas, ya que es la más adecuada para realizar un estudio de la carrera diplomática en España en el siglo XIX, así como de la actuación de don Juan Valera a lo largo de toda su actividad profesional.

Si bien Reynolds distingue, como actores internacionales, a los Estados, gobiernos, naciones, grupos internacionales,

29

P. A. REYNOLDS, Introducción al estudio de las relaciones

internacionales, ed. Tecnos, Madrid, 1977, p. 16.

30

Ibidem.

31

J.M. JOVER ZAMORA, “Después del 98. Horizonte internacional de la España de Alfonso XIII”, en J.M. JOVER ZAMORA (dir.), Historia de

España Menéndez Pidal, t. XXXVIII, La España de Alfonso XIII. El Estado y la política (1902-1931), vol. I, De los comienzos del reinado a los problemas de la posguerra, 1902-1922, ed. Espasa Calpe, Madrid,

(24)

supranacionales, así como individuos, serán éstos últimos los que desempeñen un papel clave en el proceso de toma de decisiones.

La actuación del Estado fue definitiva en la elaboración y ejecución de la política exterior en la Europa del ochocientos. En efecto, los Estados “detentan, de pleno derecho, la plenitud de las competencias internacionales: derecho de hacer la guerra y la paz, derecho de hacer tratados, derecho de legación (o de representación mutua por medio de misiones diplomáticas), derecho de dictar justicia”.32

Junto a los Estados, los gobiernos,33 es decir, el poder ejecutivo, ocupan el primer plano de la escena internacional, siempre en estrecha relación. Actúan en nombre del Estado, elaborando y llevando a la práctica la política exterior, “que consiste en recibir información (mucha de ella secreta) y decidir, a la luz de esa

32

M. MERLE, Sociología de las relaciones internacionales, ed. Alianza, Madrid, 2ª edición, 1991, p. 344. Cabe definir el Estado “como una entidad jurídica abstracta, representante de la unidad de una población con un territorio determinado, jurídicamente soberana y dotada de un gobierno que actúa en su nombre para servir a los fines generales de la población”, en P. A. REYNOLDS, Introducción al estudio..., op. cit., p.26.

33

Según afirma Reynolds, “el gobierno de un estado está formado por aquellas personas que constituyen los órganos que dictan y hacen cumplir las leyes y determinan la política”, en P. A. REYNOLDS, Introducción al

estudio..., op. cit., p. 27. Pero “si se considera que <<el gobierno>>

consiste en todo el mecanismo de control del Estado, cabe afirmar que la política exterior es llevada a cabo por una parte del gobierno. Esta parte del gobierno puede no ser fácilmente identificable, ni ser permanente o invariable. [...]. La composición de la parte del gobierno que actúa y toma decisiones cambia constantemente. [...]”, en P. A. REYNOLDS, Introducción al estudio..., op. cit., p. 29. Sobre la importancia de su actuación, insiste el mismo autor: “Los gobiernos de los estados son los agentes que, de hecho, toman las decisiones, elaboran la política y reaccionan ante las decisiones y la política de los demás gobiernos, aunque distintas partes del poder ejecutivo, según la cuestión de que se trate, se hallen implicadas en estos procesos”,

(25)

información, la acción más adecuada, que puede consistir en, por ejemplo, no hacer nada, enviar mensajes, abrir una negociación o intentar sobornar o amenazar”.34 El gobierno desempeña funciones tan importantes como delimitar los fines de la política exterior y tomar las decisiones necesarias para conseguirlos. Por lo tanto, para comprender una política exterior, para analizarla e interpretarla es necesario determinar quién compone el gobierno y quien ejecuta las decisiones. En efecto, “una política exterior puede estar bien concebida en cuanto a sus objetivos y ser, sin embargo, mal ejecutada, [...]. Una prudente y acertada selección de los objetivos de poco sirve si la acción para conseguirlos es ineficaz...”.35 Es tanta la importancia de la actividad de los gobiernos que, en opinión de Reynolds, “parece adecuado centrar el estudio de las micro-relaciones internacionales en el comportamiento de los gobiernos en nombre de los estados, considerando el comportamiento de otros actores, sobre todo en cuanto afecta a dichos gobiernos”.36

Ahora bien, cualquier política exterior se sirve de unos medios precisos, que son seleccionados por las personas concretas que toman las decisiones. Reynolds distingue, como medios fundamentales, la diplomacia y el recurso directo a cualquier forma de presión independiente de la diplomacia. En nuestro caso concreto es de especial interés prestar atención al primero de estos dos medios.

34

P. A. REYNOLDS, Introducción al estudio..., op. cit., p. 28.

35

P. A. REYNOLDS, Introducción al estudio..., op. cit., p. 45.

36

(26)

La diplomacia, actividad tan antigua como el hombre según Nicolson,37 se generalizó en Europa en el siglo XVIII, a la vez que se establecían las bases de la llamada “diplomacia clásica”, en la que los diplomáticos “gozaron de gran libertad de maniobra, dentro del marco de las directrices generales de la política de sus gobiernos, porque no era posible enviar ni recibir instrucciones detalladas con la bastante rapidez para que fueran útiles en situaciones cambiantes”.38 Las embajadas eran la fuente más importante de información sobre la que se basaba la política exterior de los Estados; además, de la habilidad con que el embajador cumpliera sus instrucciones dependía la consecución de los objetivos; por último, porque las recomendaciones de quien se hallaba sobre el terreno podían tener una importancia decisiva. Resulta evidente la importancia de los diplomáticos en el proceso de toma de decisiones, pues eran los encargados de informar al gobierno y, en la mayoría de los casos, de ejecutar sus decisiones.

La información procedente de los agentes diplomáticos varía, de acuerdo con sus predilecciones, su formación y su personalidad. También se ve influida por el número de legaciones diplomáticas que tenga el Estado y por las relaciones entre su gobierno y aquél ante el que están acreditados. Cualquier agente diplomático destinado en el exterior debe realizar una selección de la información, que enviará al Estado al que representa, en la cual influirá su capacidad de comprensión de la realidad circundante, sus condicionamientos culturales, sus opiniones personales y preferencias. Es decir, la información de la que se dispone es filtrada antes de llegar a su destinatario, y la

37

H. NICOLSON, La diplomacia, FCE, México, 4ª ed., 1967, p. 15.

38

(27)

interpretación del mensaje se ve influida por el hecho de que el lenguaje puede ser un medio de comunicación poco preciso. Además, los recuerdos, deseos y el sistema de valores del receptor influyen en la percepción de la información, provocando “una cierta predisposición a aceptarla o rechazarla por considerarla o no conforme a la realidad”,39 en relación, también, con la opinión que se tenga del emisor. Del mismo modo caben malentendidos, relacionados con el hecho de que, en la mayoría de las ocasiones, las culturas de los interlocutores son diferentes, con la necesidad de recurrir a la traducción o con la existencia de cuestiones complejas que requieran informes técnicos, difíciles de entender para los menos expertos. Por último destaca Reynolds la “disonancia cognoscitiva” como causa de una comprensión inadecuada:

“Las creencias que un pueblo tiene sobre las condiciones de su existencia, los valores que aprecia y las necesidades cuya satisfacción busca, crean en su mente ciertas expectativas y deseos sobre la información referente a su medio, de suerte que toda información que esté en contradicción con ellos provoca una disonancia cognoscitiva cuyo resultado puede ser el rechazo de la información, la respuesta irracional o la revisión de sus expectativas y deseos. [...]. De la misma manera, en el campo de la política internacional, los dirigentes reaccionan con absoluta desconfianza o irracionalmente cuando la información que reciben crea una <<disonancia cognoscitiva>>”.40

En lo referente a la transmisión, a veces la información no llega a las personas adecuadas o llega tarde, sobre todo si se consideró necesario mantenerla en secreto.

Así pues, en lo referente a la toma de decisiones, Reynolds distingue entre la “circunstancia psicológica” de quien toma

39

P.A. REYNOLDS, Introducción al estudio..., op. cit., p. 177-178.

40

(28)

las decisiones y la “circunstancia operacional”:41 “La circunstancia psicológica consiste en la visión que se tiene de la situación y la operacional en la situación tal como es”.42 A veces decide un solo individuo, pero es frecuente que las decisiones sean tomadas por grupos, formados por personas con una psicología diferente y, posiblemente, con diferente grado de influencia y distintas competencias. Todos estos factores también pueden influir en la decisión final, que así se presenta como el resultado de un proceso complejo:

“Las decisiones surgen de un proceso que comprende la recepción de información, la selección y la comunicación de una parte de esa información, y la actuación, en relación con la misma, de una persona, en razón del cargo que ocupa, o de los miembros de un grupo, formal o informalmente constituido, que examinan la información transmitida y se pronuncian sobre ella individualmente (de palabra o por escrito) o reunidos en conferencia. La decisión que surge está, en mayor o menor medida, condicionada por lo ocurrido en cada fase del proceso, de suerte que es posible que se llegue a una decisión sin tener en cuenta más líneas de acción que aquellas en que se ha pensado o que han parecido más factibles. A veces, puede ser difícil, incluso para los participantes, determinar cómo se ha llegado a tomar una decisión. Por ello la adopción de decisiones ha de ser sobre todo considerada como un proceso”43.

41

Según señala Reynolds en la nota nº 7 del capítulo 7, “esta terminología es empleada por J. FRANKEL en The Making of Foreign Policy ,Oxford University Press, 1963”, en P.A. REYNOLDS, Introducción al

estudio..., op. cit., p. 180.

42

Ibidem. En lo referente a la circunstancia psicológica, este autor

explica: “La información en que se basan los gobernantes para determinar su política es pues siempre incompleta y, en distintos grados, imprecisa. Actúan partiendo de la idea de que la situación es como ellos creen que es, no de cómo es en realidad. Ninguna de las <<influencias>> sobre la política exterior examinadas [...] produce efecto alguno por sí misma, sino que sus efectos dependen de la medida en que las aprecien los gobernantes”, ibidem.

43

(29)

En la mayoría de los casos, son los diplomáticos44 los encargados de ejecutar las decisiones. Se trata de “un personal especializado compuesto por <<profesionales>>, mejor cualificados que los políticos y que los aficionados para tratar con las potencias extranjeras”,45 dirigido por el ministro de Asuntos Exteriores.

En este marco teórico debe entenderse el planteamiento del tema de mi investigación, Juan Valera, diplomático. En efecto, su vertiente profesional, poco conocida hasta ahora, permite comprender, a lo largo de una secuencia cronológica muy amplia, la evolución de la organización de la carrera diplomática en España y el papel que el diplomático profesional, a lo largo de toda su carrera, cumplía en el proceso de toma de decisiones, desde el primer puesto en el escalafón diplomático, como agregado sin sueldo hasta su jubilación, una vez alcanzada la categoría de embajador. En definitiva, como señala López-Cordón, en lo referente a la historia de las relaciones internacionales,

“no quiere esto decir que se dejen de lado las denominadas <<fuerzas profundas>> de que hablara Renouvin, ni que los factores coyunturales queden diluidos por la toma en consideración de condicionamientos menos explícitos, como las comunicaciones, la organización de las legaciones o la personalidad de los negociadores, sino que los problemas, los conflictos y las opciones nos parecen hoy como menos inevitables y, por tanto, más sujetos a coordenadas de carácter múltiple que resultan más

44

Según L. NOËL, la diplomacia es <<el arte de asegurar la ejecución y, si es posible, la feliz aplicación del programa trazado, en aplicación metódica y cotidiana, por medio de negociaciones o, cuando menos, de conversaciones, ya entre diplomáticos, ya entre diplomáticos y ministros de Asuntos Exteriores>>, en “Politique et diplomatie”, Les Affaires

étrangères, Paris, PUF, 1959, p. 99, citado por M. MERLE, Sociología..., op. cit., p. 359.

45

(30)

próximas a la historia sociocultural que a la geopolítica”.46

Además, hay que tener en cuenta la atención que prestan al individuo las últimas corrientes metodológicas.

3. La atención al individuo.

Como señala Morales Moya, en la actualidad, la disciplina histórica “muestra una tendencia creciente, no necesariamente opuesta a los enfoques <<globalizadores>>, a la individuación, a ocuparse de personas singulares, de acontecimientos”.47 En este sentido, hay que insistir en la libertad del individuo como agente del cambio histórico, protagonista consciente de la historia, “condicionado, sí, por estructuras, mas no determinado por ellas”.48

En opinión de Morales Moya, “la tendencia a la individuación responde a la vigencia actual, visible en los más varios campos, de un <<paradigma>> individualista que, en el ámbito socio-histórico, podría resumirse en una vuelta a Max Weber, a su <<sociología de la acción>>, formulada, en el plano teórico, en Economía y Sociedad”.49 Según la teoría de la comprensión de Max Weber, fundada en Jaspers, los fenómenos sociales serían una suma de comportamientos individuales, no ajenos a una cierta racionalidad, que sólo pueden ser entendidos desde su comprensión, colocándose en el lugar del sujeto de la acción, sin que sea posible situarse en el

46

M. V. LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, “Cuestiones metodológicas...”, op. cit., p. 102.

47

A. MORALES MOYA, “Biografía y narración en la historiografía actual”, en J.M. SÁNCHEZ NISTAL ET ALII, Problemas actuales de la historia, Universidad de Salamanca, Salamanca, 1993, p. 233.

48

A. MORALES MOYA, “Biografía y narración...”, op. cit., p. 234.

49

(31)

lugar de una clase o pueblo.50 Ahora bien, la comprensión no implica la aprehensión intuitiva del las experiencias o de los comportamientos de los demás; “como señala Raymond Aron: <<Para un Max Weber, por ejemplo, la comprensión de un <<ethos>>, de una manera de sentir y de vivir, la familiaridad con una humanidad distinta, constituye la suprema recompensa, duramente pagada en esfuerzo y tiempo, de una reconstrucción paciente, a partir de huellas, de documentos y de monumentos>>”.51 Además, a partir de la comprensión se puede llegar a una explicación causal de la acción social:

“...la sociología -o la historia- para Max Weber, no termina en la comprensión interpretativa, que, además, [...], incluye la referencia a lo macrosocial para entender el emplazamiento del sujeto de la acción, ya que es a partir de la comprensión como la sociología alcanza su finalidad última: llegar a una explicación causal del sentido y efectos de la acción social. La realidad social no es, pues, simplemente, el ámbito de los sensitivo, sino que es un contexto de acción comprensible por sus causas”.52

Ahora bien, en lo referente a ese retorno al individuo, Morales Moya se plantea la siguiente pregunta: “¿Nos encontramos con una vuelta al individuo, reflejo quizás de un cambio de valores, o se trata más bien de aclarar a través del individuo algo que le transciende y que va mucho más allá de la historia particular y de sus personajes?”.53 En realidad, ambas perspectivas se complementan: Es cierto que se vuelve a resaltar el papel que las personalidades

50

En este sentido, añade A. MORALES MOYA: “La noción de conciencia de clase sólo es admisible si se refiere al sentimiento, más o menos preciso, con que un hombre concreto vive su pertenencia a una clase social, y en cuando a expresiones como las de conciencia colectiva, psicología de las naciones, etc., cargadas de sentido metafísico, de retórica, son en extremo inciertas”, ibidem.

51

A. MORALES MOYA, “Biografía y narración...”, op. cit., p.235.

52

A. MORALES MOYA, “Biografía y narración...”, op. cit., p.235-236.

53

(32)

relevantes, muchas veces parte integrante de las elites, tienen en la historia, y también se presta atención a los individuos de las clases inferiores, en busca de “lo excepcional normal”; de ahí la importancia de la biografía -sobre la que volveremos más tarde-, la prosopografía y la microhistoria. Pero no hay que olvidar que “el acercamiento biográfico a la historia intenta, seguramente con más frecuencia que la acentuación del factor personal en la misma, acceder al conocimiento de la realidad social de una época, transcendiendo, por tanto, lo individual, al concebirse aquél como elemento de una demostración más amplia”.54 El acceso a las fuentes, a los documentos (notas íntimas, diarios, memorias, epistolarios etc.) permite obtener tanto el contexto histórico-social del personaje como su verdad como sujeto.55

Es así como encuentra sentido el retorno ya mencionado. En efecto, se observa una renovación en el género biográfico que, centrándonos ya en el tema que nos ocupa, “encuentra su paralelo en el interés que otorga el discurso político contemporáneo a la personalidad de los Jefes de Estado”.56 En este sentido afirma Strozzi:

“Esa atracción específica por la cuestión del poder y sus relaciones con el individuo o, dicho de otra manera, la influencia del individuo (éste o aquel personaje) en el curso de los acontecimientos, parece ser lo que se inscribe, entonces, en el meollo de la cuestión. Todo podría pasar por una cuestión de moda, pensable en términos de difusión cultural y de mercado, inclusive como fenómeno de moda intelectual. Sin embargo, en términos estrictamente historiográficos, el hecho se muestra como una curiosa vuelta de tuerca que

54

A. MORALES MOYA, “Biografía y narración...”, op. cit., p. 240.

55

S. STROZZI, “La lógica de los discursos y la cuestión del sujeto en la biografía histórica”, en Actas 17º Congreso de Ciencias Históricas, tomo II, Madrid, 1990, p. 1.126.

56

(33)

sólo parece inteligible, a primera vista, desde una crítica a la escuela de los Anales y también, en parte, a la <<nueva historia>>, las cuales, con su énfasis en las estructuras, en la larga duración, y en la reconstrucción de la vida colectiva y anónima de los grupos sociales sumergidos, llevaron a la pérdida inevitable del acontecimiento y con él de los hombres que son sus protagonistas”.57

El historiador recupera, así, el personaje, el individuo, “sobre todo cuando se trata de análisis político, es decir, de relaciones entre hombres concretos en términos de poder”.58

4. La narración en el discurso histórico.

Una vez comentada la atracción contemporánea por los personajes y sus hechos, la pregunta es cómo abordar su estudio. En este sentido, no se pueden dejar de señalar los recursos que ofrece la narración en el discurso histórico.

Paralelamente al redescubrimiento del individuo, se observa un resurgimiento de la historia narrativa, “una vez perdida la fe en los modelos deterministas de explicación”.59 Se trata de lo que Stone denomina la vuelta a la narración, la vuelta al relato. Pero, ¿qué entiende este autor por narración?:

“En nuestra acepción, la narración consiste en organizar la materia según el orden continuo de la cronología, y en poner la imagen a punto de tal manera que, por la convergencia de los hechos, lo narrado se presentará sin solución de continuidad, aunque haya intrigas secundarias [...]. La clase de narración en la que yo pienso no es la del simple relator de antigüedades o el analista. Es una narración orientada por un <<principio pregnans>> y que posee un tema y un argumento. El tema de Tucídides eran las guerras del

57

Ibidem.

58

S. STROZZI, “La lógica de los discursos...”, op. cit., p. 1.122.

59

(34)

Peloponeso y sus funestos efectos sobre la sociedad griega y su política [...]. El historiador narrador, en nuestra definición, no evita nunca el análisis, pero no es esa la armazón alrededor de la cual levanta su obra. En resumen, éste se interesa profundamente por los aspectos teóricos de la presentación de los hechos. [...], pero lo que es seguro es que tiende a la elegancia de estilo, a la vivacidad de ingenio, al aforismo”.60

Esta vuelta al relato guarda relación con el <<paradigma individualista>> al que hacía referencia Morales Moya y al intento de sustituir la explicación por la comprensión. En este sentido, este autor afirma: “Cabe decir que <<comprender>> la época, el ambiente, las intenciones y sensaciones de los personajes, puede muy bien realizarse a través de instrumentos literarios. <<Explicar>>, en términos científicos, pide el recurso de métodos analíticos”.61 Es decir, toman carta de naturaleza en nuestra disciplina nuevos temas y una nueva concepción del discurso histórico, motivado por la mayor atención que se presta a lo concreto, que permite considerar la narración como un medio para “explicar” los acontecimientos al contarlos: “Simplemente sucede que, los historiadores, llegamos a contar lo que pasó, encadenando sus motivaciones y sus consecuencias”.62 Así pues, la narración “contiene en sí, implícitamente, la explicación, en cuanto que expresa la estructura lógica de una sucesión de acontecimientos”.63 En este sentido destaca la aportación de Ricoeur, según el cual “todo producto historiográfico, [...], incluso la manera de escribir

60

L. STONE, “The Revival of Narrative: Reflections on a New Old History”, Past and Present 85 ,nov. 1979, pp. 3-24. Cito por la versión castellana, Debats, 4, 1982, p. 92.

61

A. MORALES MOYA, “Biografía y narración...”, op. cit., p. 235.

62

E. HERNÁNDEZ SANDOICA, Los caminos de la historia. Cuestiones de

historiografía y método, ed. Síntesis, Madrid, 1995, p. 47.

63

(35)

historia menos narrativa (incluso la más estructural que imaginarse pueda), se halla siempre construida a partir de fórmulas retóricas que gobiernan invariablemente la producción de los relatos”.64 En concreto, Hernández Sandoica destaca entre las nuevas corrientes historiográficas aquellas que se decantan por un relato historiográfico construido a partir de evidencias, pero también de indicios y de suposiciones intuitivas, con un discurso más narrativo que explicativo.65

5. El objeto de estudio.

Parece conveniente plantearse la elección de un tema de tesis doctoral sobre la base de la confluencia entre tres elementos: Uno, el estado de la cuestión, en cuanto que nos presenta problemas sin resolver; en segundo lugar, los caminos seguidos por la reflexión teórica y metodológica, en cuanto que marcan cuestiones significativas; en tercer lugar, la opción personal que lleva a un doctorando a elegir un tema de su gusto.

A la hora de elaborar lo que en la ciencia histórica se entiende por “estado de la cuestión” sobre el tema de este trabajo, parece lo más razonable no realizar una reseña completa de todos los trabajos publicados sobre la persona y obra de don Juan Valera, sino ceñirnos a aquellos estudios relacionados con su actividad como diplomático.

No son muchos los estudios biográficos de carácter general. Como el más antiguo destaca el de Azaña, Ensayos sobre

Valera.66 A la obra de Bravo-Villasante67 se puede añadir

64

E. HERNÁNDEZ SANDOICA, Los caminos de la historia..., op. cit., p. 51.

65

E. HERNÁNDEZ SANDOICA, Tendencias historiográficas actuales, ed. Akal, Madrid, 2004, p. 43.

66

(36)

el estudio de Galera Sánchez,68 centrado éste en su actividad como político. Sobre este mismo tema Jiménez Martos escribe una pequeña colaboración titulada “Valera, un liberal entre dos fuegos”.69 Cuenca Toribio realiza una breve semblanza de Valera en “D. Juan Valera y la política: ¿Necesidad o inclinación?”.70 También hay que mencionar las distintas colaboraciones publicadas en las Actas del Primer

Congreso Internacional sobre don Juan Valera,71 entre las que destaca por su relación con el objeto de estudio “La gestión diplomática de don Juan Valera” de Galera, y en las Actas del II Congreso Internacional sobre Valera,72 “Don Juan Valera diplomático” de Navarro. Del mismo modo, la evolución familiar de los Valera es analizada por Gómez Pérez y Sánchez Romero, en Juan Valera y Doña Mencía.73 García García publica un artículo de carácter general bajo

67

C. BRAVO-VILLASANTE, Biografía de don Juan Valera, ed. Aedos, Barcelona, 1959. Esta obra será publicada de nuevo unos años más tarde bajo el título Vida de Juan Valera, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1989.

68

M. GALERA SÁNCHEZ, Juan Valera, político, Excma. Diputación Provincial de Córdoba e Iltmo. Ayuntamiento de Cabra, Córdoba, 1983.

69

L. JIMÉNEZ MARTOS, “Valera, un liberal entre dos fuegos”, en L. JIMÉNEZ MARTOS ET ALII, Juan Valera y Doña Mencía, Diputación Provincial de Córdoba y Ayuntamiento de Doña Mencía, Córdoba, 1990.

70

J.M. CUENCA TORIBIO, “D. Juan Valera y la política: ¿Necesidad o inclinación”, en Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y

Políticas, año LIX, nº84, Madrid, 2007, pp.495-509.

71

M. GALERA SÁNCHEZ (coord.), Actas del Primer Congreso Internacional

sobre don Juan Valera, Excma. Diputación Provincial de Córdoba e

Iltmo. Ayuntamiento de Cabra, Córdoba, 1997.

72

R. BONILLA ET ALII (coord.), Actas del II Congreso Internacional

sobre don Juan Valera, Ayuntamiento de Cabra, Cabra (Córdoba), 2006.

73

A. GÓMEZ PÉREZ, “Doña Mencía y la familia Valera en el siglo XVIII” y C. SÁNCHEZ ROMERO, “Genealogía de los Valera y los Alcalá-Galiano”, en L. JIMÉNEZ MARTOS ET ALII, Juan Valera y Doña Mencía, Diputación Provincial de Córdoba y Ayuntamiento de Doña Mencía, Córdoba, 1990.

(37)

el título “Don Juan Valera, político y diplomático”.74 Su particular relación con Azaña es analizada por Peña González.75

En lo referente a su actividad diplomática, ya en 1956 DeCoster escribe un artículo sobre su primera estancia en Lisboa.76 Su estancia en Brasil es analizada por Piñero;77 sobre sus años de Brasil y Portugal y su relación con Estébanez Calderón escribe Echanove Guzmán un breve artículo;78 y Cano, un breve artículo también sobre su experiencia brasileña.79 Sus meses de estancia en Rusia son analizados por Beladiez.80 La estancia de Valera en los Estados Unidos ha sido estudiada desde diferentes perspectivas. En lo que he podido consultar, el primer trabajo sobre este tema lo lleva a cabo DeCoster publicando en la revista Arbor, en 1954, un breve artículo, “Valera en Washington”,81 en el que presta especial atención a los datos biográficos. Hay que esperar para encontrar otro análisis de este tema a 1970, cuando Sáenz de Tejada

74

J. GARCÍA GARCÍA, “Don Juan Valera, político y diplomático”, en

Boletín de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, año LXXVII, enero-junio 1999, núm. 136, pp. 153-165.

75

J. PEÑA GONZÁLEZ, “Don Antonio Canovas visto por don Juan Valera”, en A. BULLÓN DE MENDOZA (coord.), Actas del Congreso Canovas y su

época, tomo I, Fundación Canovas del Castillo, Madrid, 1999,

pp.121-133.

76

C.C. DECOSTER, “Valera y Portugal”, Arbor, XXXIII, 1956, pp. 398-410.

77

C. PIÑERO VALVERDE, Juan Valera y Brasil: Un encuentro pionero, Qüasyeditorial, Sevilla, 1995.

78

J. DE ECHANOVE GUZMÁN, “Juan Valera en Brasil y en Portugal”, en

Cuadernos Hispanoamericanos, nº 184, 1965, pp.189-195.

79

J.L. CANO, “Don Juan Valera en el Brasil”, Cuadernos Americanos, XXII, núm. 5, 1963, pp. 279-284.

80

E. BELADIEZ, Dos españoles en Rusia, el marqués de Almodóvar

1761-1763 y don Juan Valera 1856-1857, ed. Prensa Española, Madrid, 1969.

81

C.C. DECOSTER, “Valera en Washington”, en Arbor, XXVII, 1954, pp. 215-223.

(38)

defiende su tesis doctoral bajo el título La misión

diplomática de don Juan Valera en Washington y la problemática americana. 1884-1886,82 enfocando su análisis al estudio de las políticas exteriores puestas en práctica en relación con la cuestión cubana. En junio de 1972, la revista Cuadernos Hispanoamericanos publica el artículo de Ibarra “Don Juan Valera, por dentro, en Washington”,83 cuyo hilo conductor es el desagrado del diplomático ante lo enojoso de su trabajo, los problemas económicos a los que tiene que hacer frente y su sentimiento de soledad ante la ausencia de su familia. De 1990 es la publicación de Galera “Don Juan Valera y las elecciones en Estados Unidos”,84 en

Juan Valera y Doña Mencía, libro del que fue coautora; en

esta publicación, Galera se centra en el proceso electoral que se vivió en este Estado durante las elecciones presidenciales de 1884. En 1993, la misma autora publica “La gestión diplomática de D. Juan Valera en Washington: Centroamérica y la cuesta de Cuba”,85 cuya temática resume su título, en el Boletín de la Real Academia de Córdoba. En el año 2003, Moreno Alonso en Las ilusiones americanas de

don Juan Valera y otros estudios sobre España y América86

perfila las influencias que las vivencias de Brasil y

82

C. SÁENZ DE TEJADA, La misión diplomática de don Juan Valera en

Washington y la problemática americana 1884-1886, tesis doctoral,

Facultad de Filosofía y Letras, Madrid, 1970.

83

F. IBARRA, “Don Juan Valera, por dentro, en Washington”, en

Cuadernos Hispanoamericanos, núms. 263-264, mayo-junio 1972, pp.

571-589.

84

M. GALERA SÁNCHEZ, “Don Juan Valera y las elecciones en Estados Unidos”, en L. JIMÉNEZ MARTOS ET ALII, Juan Valera y Doña Mencía, Diputación Provincial de Córdoba y Ayuntamiento de Doña Mencía, Córdoba, 1990.

85

M. GALERA SÁNCHEZ, “La gestión diplomática de don Juan Valera en Washington: Centroamérica y la cuesta de Cuba”, en Boletín de la Real

Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, año

LXIV, julio-diciembre 1993, núm. 125, pp. 143-159.

86

M. MORENO ALONSO, Las ilusiones americanas de don Juan Valera y

(39)

Washington ejercen sobre los escritos del diplomático. Este trabajo pretende llenar el amplio vacío historiográfico que hay en lo referente a la labor como diplomático de don Juan Valera.

En otro orden de cosas, en el contexto de la teoría historiográfica, el repaso somero de la teoría de las relaciones internacionales muestra la importancia del papel jugado por los diplomáticos en la formulación y ejecución de una determinada política exterior. Sin embargo, son mínimos los análisis históricos sobre el funcionamiento del Ministerio de Estado o sobre la organización de la carrera diplomática en España. Del mismo modo, faltan también las necesarias aproximaciones a la práctica diplomática ochocentista.

En este marco, un análisis de la biografía diplomática de don Juan Valera resulta doblemente enriquecedor. En primer lugar, porque desde su ingreso como agregado sin sueldo hasta la llegada de su jubilación como embajador, recorrió todos los puestos del escalafón de la carrera diplomática, y su estudio hace accesible a nuestra comprensión la puesta en práctica de la profesión de diplomático en su marco institucional. En segundo lugar, porque la contextualización de cada uno de sus destinos conduce directamente a analizar el marco político en el que se desarrollaba su trabajo, es decir, el papel de España en el sistema de Estados internacional. Queda así justificada la expresión “enfoque <<micro>>” y “enfoque <<macro>>” que utilizaba en otro lugar de esta introducción. En tercer lugar, pero no menos importante, la documentación existente nos permitirá conocer cómo era el modo de vida de un diplomático profesional, aspecto éste sobre el que volveremos en las siguientes líneas.

Referencias

Documento similar